La ambivalencia de Franz Kafka
La ambivalencia de Franz Kafka
Franz Kafka naci en Praga el 3 de julio de 1883 en el seno de una familia juda. No podra incluirlo dentro de los artistas psicticos, sin embargo el mundo creado por l, ese universo que la posteridad nominar como kafkiano, tiene vivencias de alucinaciones cenestsicas (referidas al cuerpo) y de encierro, ideas paranoides, sometimiento al autoritarismo paterno, fantasas de autoeliminacin, dismorfofobias (trastornos que se caracterizan por temores exagerados a la fealdad, que llegan a magnificar defectos fsicos, incluso a imaginarlos o alucinarlos), que podran hacer pensar en un trastorno esquizoide de la personalidad. El Dr. Franz Kafka, abogado, fue el paradigma de la ambivalencia: deca que quera ser escritor pero nunca dej el oscuro puesto en una oficina de Seguros, adems de trabajar un tiempo en la empresa textil que posea el padre; tena aspectos sombros, obsesivos, paranoides, autistas (un amigo de Praga lo llamaba el taciturno o el coloso del silencio) y, en otros momentos, haca rer a sus amigos con un humor exultante (esto ha llevado a pensar en un bipolar) lo que se detecta en algunas de sus obras cortas; viva enamorado de distintas mujeres pero tena miedo del matrimonio (cinco tentativas frustradas de casamiento, nunca tuvo hijos); mantena una relacin conflictiva con su padre, que era la medida de todas sus cosas, de quien ansiaba independizarse, mas nunca pudo separarse de l, incluso estn enterrados juntos en el cementerio judo de Praga-Straschnitz; se aferraba con fuerzas a la vida pero lo invadan ideas suicidas; no pretenda ser famoso pero luego de su muerte se convirti, muchos aos despus, en una celebridad, en un genio literario.
La creacin
Adrin Sapetti: Franz, publicaste pocas obras en vida (algunas de ellas en revistas de la poca) y te convertiste en un escritor de culto muchos aos despus de tu muerte gracias a tu amigo Max Brod, quien no acat tu pedido de quemar toda tu obra, y en cambio, decidi publicarla. Aunque, querido Franz, si hubieses deseado que tu enorme legado literario se destruyera, tal vez, lo hubieras hecho personalmente.
Franz Kafka: no podra desmentirlo, tu lgica es indiscutible. Aunque yo mismo he quemado gran parte de lo que he escrito.
AS: ni quiero pensar en las joyas literarias que se perdieron entre las llamas!
FK: todas de oro falso.
AS: estuve reflexionando en las amenazas a las que te someta tu padre. Una de ellas era decirte: te matar como a un insecto. Recordemos que, en La metamorfosis, el protagonista se convierte en un enorme insecto: all describes -con una lucidez digna de un experto en semiologa psiquitrica- las ideas de despersonalizacin, las sensaciones de cambios corporales y las alucinaciones cenestsicas similares a las de los esquizofrnicos, cuando se miran horas frente al espejo, se notan con deformidades en el rostro o en otras partes del cuerpo y llegan a mutilarse o castrarse, por el rechazo que sus percepciones delirantes les producen. Esta transformacin (que bien podra ser un ttulo alternativo para tu relato) tambin produce cambios en la familia de Gregorio el protagonista-. As es el comienzo de tu obra, veamos:
Cuando Gregorio Samsa se despert una maana despus de un sueo intranquilo, se encontr sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazn y, al levantar un poco la cabeza vea un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas poda mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo. Sus muchas patas, ridculamente pequeas en comparacin con el resto de su tamao, le vibraban desamparadas ante los ojos. Qu me ha ocurrido?, pens.
No era un sueo. Su habitacin, una autntica habitacin humana, si bien algo pequea, permaneca tranquila entre las cuatro paredes harto conocidas. Por encima de la mesa, sobre la que se encontraba extendido un muestrario de paos desempaquetados -Samsa era viajante de comercio-, estaba colgado aquel cuadro que haca poco haba recortado de una revista y haba colocado en un bonito marco dorado. Representaba a una dama ataviada con un sombrero y una boa de piel, que estaba all, sentada muy erguida y levantaba hacia el observador un pesado manguito de piel, en el cual haba desaparecido su antebrazo. La mirada de Gregorio se dirigi despus hacia la ventana, y el tiempo lluvioso -se oan caer gotas de lluvia sobre la chapa del alfizar de la ventana- lo pona muy melanclico. Qu pasara -pens- si durmiese un poco ms y olvidase todas las locuras?. FK: no leas ms. Siento una gran antipata por La metamorfosis, el final es ilegible, es una obra imperfecta hasta sus mismas races. Tambin debera ser quemada!
AS: ests enloqueciendo o jugando a soy un pobrecito, nada de lo que escribo vale la pena. La metamorfosis es una obra maestra. Borges dice que tu virtud indiscutible es la invencin de situaciones intolerables.
FK: no me importa lo que diga ese seor que ni conozco. Mira, te cuento algo: una tarde no pude contener el deseo de repasar lo que haba escrito el da anterior, de leer la basura que haba producido. El texto era desagradable y me dio dolor de cabeza: era malo, pedante, mecnico, como un pez que apenas respira sobre un banco de arena. El hecho de haber tirado y tachado la mayor parte de lo que escrib durante ese ao -en realidad casi todo- me resulta ahora un obstculo para seguir escribiendo. Es en verdad una montaa cinco veces ms voluminosa que todo lo que haba escrito hasta ahora y su magnitud basta para arrastrar hacia s todo lo que mi pluma escribe. Hay un problema insoluble: estoy quebrado, roto? Estoy en decadencia? Casi todo parece afirmarlo: apata, frialdad, nerviosismo, distraccin, incompetencia en el trabajo, cefaleas, mal dormir. La esperanza es lo nico que lo desmiente.
AS: y todo lo que has escrito: tus novelas, los cuentos que figuran en tantas antologas-, La carta al padre que es algo excepcional-, tus Diarios?
FK: no trates de adularme. Todo lo que se me ha ocurrido hasta ahora, an con un excelente estado espiritual, cuando trato de escribirlo, resulta seco, equivocado, insensible, molesto para todos los que me rodean, tibio, pero sobre todo incompleto Naturalmente, esto se debe en parte a que yo slo concibo algo bueno lejos del papel, en momentos de exaltacin, ms temibles que deseables, aunque tambin los deseo ansiosamente; pero entonces la plenitud es tal, que tengo que darme por vencido; ciegamente, al azar, aferro lo que puedo de ese torrente, de modo que lo que consigo al escribir no se puede comparar con la plenitud de la exaltacin, es incapaz de reproducir esa plenitud, y por lo tanto es malo, y perturba, porque seduce intilmente.
AS: tanto el puesto de trabajo en la empresa de tu padre como en la oficina me parece que te debieron sacar energas y creatividad.
FK: cmo me torturaba trabajar en el negocio de mi padre!, por suerte lo dej. Pero si no me libero de la oficina estoy simplemente perdido, es para m una verdad de claridad meridiana; slo se trata de mantener mi cabeza erguida para no ahogarme. Hasta qu punto esto ser difcil, la cantidad de energas que esto me absorber, lo demuestra desde ya el hecho de que hoy no haya podido cumplir con mi nueva resolucin de escribir desde las ocho hasta las once, de que en este momento ni siquiera lo considere un desastre tan grande, y de que slo escriba rpidamente estas pocas lneas para poder ir a acostarme.
FK: por ejemplo: anoche, ya con un presentimiento, corr la frazada de mi cama, me acost y volv a tener conciencia de todas mis facultades, como si las tuviera en la mano; distendan mi pecho, inflamaban mi cabeza; durante un momento, para consolarme porque no me levantaba para trabajar, me repet: "Eso no puede ser sano, no puede ser sano" y quise correr un manto de sueo sobre mi cabeza.
AS: te veo como alguien predestinado a escribir de manera absorbente, dejando todo lo dems de lado.
FK: contemplado desde el punto de vista de la literatura, mi destino parece bastante simple. El deseo de representar mi fantstica vida interior ha desplazado todo lo dems, adems la ha agotado terriblemente, y sigue agotndola. Ninguna otra cosa podr jams conformarme. Por eso titubeo, vuelo incesantemente hasta la cima de la montaa, pero no consigo sostenerme ni un momento. Yo vacilo all arriba; por desgracia no es la muerte, sino el tormento eterno de morir.
AS: en el momento de escribir, es fcil imaginar en ti una gran concentracin de libido sublimada nicamente al servicio de la literatura y as exorcizar tus fantasmas
FK: veo que te gustan las teoras psicolgicas, has ledo a Freud?
De todos modos, no debo quejarme si no puedo soportar a una novia, si entiendo de amor exactamente casi tan poco como de msica, y me veo obligado a satisfacerme con los afectos ms pasajeros y superficiales.
AS: en algn momento en tus Diarios (Tagebcher) citas a Flaubert: Mi novela es la roca donde me aferro y no s nada de lo que ocurre en el mundo.
FK: es algo parecido a lo que siento. Tengo un mundo prodigioso en la cabeza, mas cmo liberarme o liberarlo sin destrozarme? Preferira mil veces destrozarme, antes que retenerlo o enterrarlo en mi interior. Me parece que para eso estoy aqu, en este rincn del universo Entonces me pusieron la mordaza, me ataron las manos y los pies, me colocaron un pauelo ante los ojos... Hicieron trizas las pocas condiciones que posea.
La noche en vela
AS: de qu puedes servirles, qu eres para ellos, aun siendo el hijo del viejo propietario de la finca? Por qu no llamas a la puerta?
FK: no me atrevo y slo escucho desde lejos, tenso, sobre mis pies, pero de manera tal que no pudiera ser sorprendido escuchando. Y porque escucho desde lejos, no oigo nada, salvo una leve campanada de reloj, que oigo o que quizs slo creo or, llegndome desde los das de infancia.
Qu tal si ahora alguien la abriese y me hiciese una pregunta? Acaso yo mismo no estara entonces como alguien que tambin quiere ocultar su secreto? Me despierto, y tengo la sensacin de no haber dormido en absoluto o de haber dormido slo bajo una delgada pelcula; me veo abocado a la tarea de volver a dormirme y me siento rechazado por el sueo. Y desde ese momento y durante toda la noche hasta cerca de las cinco, sigo en ese estado, durmiendo en realidad, pero al mismo tiempo despierto por la presencia de vvidos sueos y cuando...
AS: en resumen, te pasas la noche entera en el estado en que se encuentra una persona normal algunos instantes antes de dormirse, en un estado crepuscular
FK: deja de interrumpirme! y cuando me despierto, todos los sueos me rodean, pero trato de no recordarlos. Hacia el amanecer suspiro sobre mi almohada, porque por esa noche toda esperanza ha desaparecido. Pienso en aquellas noches cuyo amanecer me arrancaba a un profundo sueo y al despertarme me senta como si hubiera dormido metido en una nuez. Esta noche, despus de haber estudiado todo el da desde las seis de la maana hasta ahora, advierto que desde hace un rato mi mano izquierda ha aferrado la derecha por los dedos
AS: tal vez este insomnio slo se deba al hecho de escribir y a tus obsesiones.
FK: ests hablando como un psiclogo.
AS: psiquiatra.
FK: lo mismo da. Por poco o mal que escriba, esos estremecimientos me vuelven ms sensible; siento sobre todo hacia la noche y aun ms por la maana la inminente posibilidad de estados ms desgarradores, que me capacitaran para realizar cualquier cosa y, en medio del estrpito general de mi ser interno, que no tengo tiempo de dirigir, no encuentro reposo. Pero por ahora ese estado slo me hace dao, al suscitar dbiles esperanzas, ya que mi ser no posee la fuerza suficiente para soportar la mescolanza
AS: (por lo bajo, como hablando para m mismo) menos mal que no te dieron psicofrmacos hubieras dormido sin escribir nada
FK: qu dijiste?, me distraes con tus interrupciones. Sigo explicando: ayer dorm despus de medianoche, me despert a las cinco, un xito extraordinario, una dicha sin igual, y adems segu con sueo. La dicha sin embargo fue mi desdicha, porque entonces reapareci el pensamiento que no me abandona: no mereces tanta dicha; todos los dioses de la venganza se abalanzaron sobre m, vi cmo sus jefes enfurecidos abran salvajemente las manos y me amenazaban o hacan sonar terriblemente las campanillas. La agitacin de esas dos horas, hasta las siete, no slo destruy la ganancia de la noche, sino que adems me mantuvo todo el da trmulo e inquieto.
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AS: esto lo asocio con algo que cuentas en la carta a tu padre cundo ste te encerr en
FK: ya s lo que me vas a decir. Fue cuando una noche, siendo yo pequeo, como a mi padre le molestaba mi llanto y no le haban resultado algunas amenazas para que parara, me sac de la cama, me llev al balcn dejndome solo, en camisn, con la puerta cerrada. No pretendo decir que fue indebido, aunque tal vez mi padre hubiera podido lograr el descanso de otra manera. Es indudable que esa vez me volv obediente, pero haba sufrido un dao interior. Quizs esa vez pens en tirarme del balcn, como ahora. S que mi lugar es all abajo, no encuentro otra solucin, F. es simplemente la persona que pone en evidencia mi destino; no soy capaz de vivir sin ella, y por eso debo arrojarme por la ventana, pero tambin sera incapaz de vivir con ella. Por qu no aprovechar esta misma noche y terminar todo de una vez?
AS: querido Franz, no lo hagas. La posteridad te espera, aun tienes mucho para crear, cumplir con tu mandato.
FK: la destruccin sistemtica de mi persona, al correr de los aos, me parece asombrosa!; ha sido como el lento ensancharse de una grieta en un dique, una actividad perfectamente intencional. El espritu que la ha llevado a trmino debe estar celebrando sus triunfos: por qu no me deja compartirlos? Eterna infancia. De nuevo el llamado de la vida. Durante la semana pasada sufr una especie de derrumbe total; no pas nunca por una experiencia semejante. Todo pareca haber terminado y todava hoy no
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creo que haya mejorado mucho. Se lo puede interpretar de dos maneras y es probable que las dos interpretaciones sean vlidas. Una es debido al agotamiento, imposibilidad de dormir, imposibilidad de estar despierto, imposibilidad de vivir o, ms exactamente, de soportar el curso de la vida.
AS: y la otra?
FK: es esta persecucin que me desva de la humanidad. La soledad, que en gran parte hasta ahora me fue impuesta y en parte tambin buscada por m pero acaso esto no era tambin una imposicin?- est perdiendo ya toda ambigedad y llega a su mximo. Hacia dnde tiende? Lo ms probable es que tienda a la locura; en ese sentido no puedo decir otra cosa, la persecucin se desarrolla dentro de m y me destroza.
AS: tengo entendido que frecuentabas cabarets y mujeres pagas antes de tu etapa de encierro, taciturna y autista.
FK: an hoy, me paseo adrede por las calles donde hay prostitutas. Pasar a su lado me excita. Esa posibilidad lejana pero siempre concreta de acostarme con una de ellas, ser una vulgaridad? No conozco nada mejor y en el fondo el hecho me parece inocente y no me provoca casi ningn remordimiento. Slo deseo a las gordas y viejas, de vestidos anticuados pero en cierto sentido lujosos gracias a ciertos adornos. Es probable que una de estas mujeres ya me conozca. Me encontr con ella esta tarde, todava no se haba vestido para la noche, tena el pelo lacio y pegado a la cabeza, iba sin sombrero, con una blusa de trabajo como las cocineras. Ningn hombre habra encontrado en ella nada atractivo, slo yo.
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Nos miramos rpidamente. Esta noche haba refrescado mucho; la vi con un abrigo ajustado, pardo amarillento, del otro lado de una callecita estrecha donde suele pararse. Me volv dos veces para mirarla; vio que la miraba, pero entonces me fui; en realidad me escap. Como me escap de todas mis parejas.
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pesadez y pedantera. Pero ellas no son lo decisivo, aunque consumen como gusanos su tarea en el cadver. Las que me derriban definitivamente son otras causas: la presin general, el miedo, la debilidad, el menosprecio de m mismo.
AS: las relaciones tormentosas con varias mujeres son fundamentales en tu vida y en tu obra -en los Diarios o en Cartas a Milena-. La que sostuviste con Felice Bauer dio origen a una correspondencia reveladora de tu carcter.
FK: en una carta del 22 de agosto de 1913 le digo a F.: No te espera la vida de esa mujer feliz que ves caminar ante ti, no te espera la alegre charla, tomados del brazo, sino una vida monacal al lado de un hombre afligido, triste, callado, descontento, enfermizo, quien -cosa que podra parecerte una locura- est atado con cadenas invisibles a la literatura y que prorrumpe en gritos cuando uno se acerca a l, porque segn afirma, se tocan sus cadenas.
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serle daino. Tal vez tuviera razn; pero de todos modos mi vida actual de soltero ha terminado por anular esa razn. Hace un ao que no escribo nada. Tampoco creo que consiga escribir nada de aqu en adelante; slo he tenido y sigo teniendo en la mente un nico pensamiento, y ese pensamiento me devora. Adems, gracias a mi falta de independencia, que mi tren de vida por lo menos favorece, me acerco a todas las cosas con vacilacin, y no soy capaz de hacer nada al primer intento. Tambin ocurri eso con el asunto de mi matrimonio.
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Milena Jesensk AS: luego de la relacin con Felice, a principios de 1920, mantuvitse un vnculo amoroso con la escritora y periodista checa Milena Jesensk: la correspondencia que le envas en esos aos se la conoce como Cartas a Milena. Ella emiti un juicio terminante sobre ti: "Frank no tiene capacidad para vivir. Frank jams podr curarse. Es una persona obligada al ascetismo por su terrible lucidez, pureza e incapacidad de compromiso".
FK: me parece algo desmedido lo que dijo Milena. Sobre todo si escuchas lo que le escrib en esta carta: Qu fcil ser la vida cuando estemos juntos. Entindeme bien y sigue siendo buena conmigo. Antes de conocerte crea no poder soportar la vida, no poder soportar a los hombres y eso me avergonzaba. Pero t, Milena, me confirmas ahora que no era la vida lo que me pareca insoportable. Hoy me bastan unas pocas lneas tuyas, dos lneas, una sola palabra. Lo nico cierto es que lejos de ti no puedo vivir. No deseo otra cosa que hundir mi rostro en tu regazo, sentir tu mano sobre mi cabeza y permanecer as hasta la eternidad. La desdicha de la convivencia. Impuesta por el desconocimiento, la compasin, la sensualidad, la cobarda, la vanidad y slo en lo ms hondo, tal vez, un tenue arroyito digno del nombre del amor, inalcanzable para el que lo busca, resplandeciente de pronto en el instante de un instante.
AS: en 1923 te trasladaste a Berln, con la esperanza de distanciarte de la influencia familiar y poder concentrarte en tu obra. All conociste a Dora Dymant, una joven actriz de 25 aos descendiente de una familia juda ortodoxa, que haba huido de su pueblo natal.
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FK: Dora fue mi ltima compaera y haba logrado concitar en m el inters por el judasmo y el sionismo.
AS: tambin con Dora, como antes con Felice y con Milena, le escapaste al matrimonio.
FK: te podra enumerar argumentos a favor y en contra del matrimonio: primero la incapacidad de soportar solo la vida, lo que no es incapacidad de vivir, sino lo opuesto; tal vez sea improbable que soporte la vida con otra persona, pero soy incapaz de soportar a solas el asalto de mi propia vida, las exigencias de mi propia persona, las garras del tiempo y de la vejez, la vaga opresin del deseo de escribir, el insomnio, la proximidad de la locura. El temor de no estar nunca ms solo, pues yo todo lo que he producido ha sido simplemente un producto de la soledad.
AS: qu ms?
FK: odio todo lo que no se relaciona con la literatura; me aburre seguir una conversacin (aun cuando se hable de literatura), me aburre hacer visitas, las penas y las alegras de mis parientes me aburren hasta el fondo del alma. Las conversaciones me roban la importancia, la seriedad, la verdad de todo lo que pienso. Delante de mis hermanas, especialmente en otras pocas, soy a menudo muy distinto de lo que soy delante de los dems. Temerario, expuesto a todo, poderoso, sorprendente, conmovido, como slo lo soy cuando escribo. Si por lo menos pudiera aparecer as delante de todo el mundo, por obra y efecto de mi mujer! Pero entonces, no sera a expensas de lo que escribo? Eso no, eso s que no! Solo, quiz pudiera algn da renunciar realmente a mi empleo. Casado, ya me sera absolutamente imposible. Hasta ahora he crecido exclusivamente en medio de una dependencia y un bienestar exterior.
AS: no crees que ello ha sido completamente daino para tu naturaleza, por mejor intencin y cario que tuvieran quienes te procuraban ese bienestar?
FK: sin duda, hay quienes buscan asegurarse por doquier su independencia, pero yo no pertenezco a ese grupo. Hay, en cambio, otros que jams pierden
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su dependencia; no creo que me perjudique la tentativa de analizar si pertenezco o no a este grupo. Tampoco vale la objecin de que soy demasiado viejo para una tentativa de esa ndole. Soy ms joven de lo que parezco. En la oficina no alcanzar jams este mejoramiento, las tareas me resultan pesadas, inaguantables, me impiden escribir. Te confieso que quisiera alquilar con Dora, que cocina maravillosamente, un pequeo restaurante, en el cual yo me desempeara en calidad de mozo.
AS: eso me parece una de tus tantas bromas. Volviendo al tema anterior: la experiencia de casarte te hubiera ayudado a independizarte de tus padres.
FK: si alguna vez llegara a los cuarenta aos, probablemente me casara con una solterona de incisivos superiores protuberantes, parcialmente descubiertos por el labio de arriba. Pero es difcil que llegue a los cuarenta: me lo dice por ejemplo la tensin que a menudo siento en la mitad izquierda del crneo, que se me antoja una especie de lepra interna y que, si hago abstraccin del malestar y slo decido observarlo, me produce la sensacin de esos cortes trasversales del crneo en los libros de texto, o de una diseccin indolora del cuerpo vivo, donde el cuchillo, un poco refrescante, cuidadoso, detenindose a menudo, volvindose atrs, y de vez en cuando descansando, recortara constantemente membranas finas como papeles al lado mismo de las partes cerebrales en pleno funcionamiento.
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cuando creo que tengo el estmago enfermo o cuando no puedo dormir porque escribo demasiado.
AS: pocas personas conoc cuya situacin ntima fuera semejante a la tuya, sin embargo puedo imaginarme personas en esa situacin.
FK: pero seguro que el cuervo secreto que revolotee constantemente en torno de sus cabezas como revolotea en torno de la ma, eso ni siquiera puedes imaginrtelo. Sin antepasados, sin matrimonio, sin descendientes, con un anhelo salvaje de antepasados, de matrimonio, de descendientes. Todos ellos me tienden la mano pero demasiado lejos de m. El padre De nio pensaba que conservaba la vida gracias a tu favor y la llevaba como un regalo inmerecido... de tus amenazas haba una que me aterrorizaba: te matar como a un insecto.
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Con qu placer lo escuchara si hablara continuamente de su juventud y de sus padres!, pero escuchar eso mismo dicho en un tono de vanagloria y de reproche, es un tormento. A cada momento da una palmada con las manos: "Quin puede imaginarse hoy esas cosas? Qu saben los muchachos de hoy? Nadie ha pasado por esas! Hganselo comprender ahora a un hijo!".
AS: creo que exagerabas demasiado con lo de tu padre, magnificaste el poder de este personaje; llega un momento que uno debe hacerse cargo de independizarse de la familia.
FK: me senta aplastado por su presencia... Recuerdo cuando nos desnudbamos en la casilla del bao, yo delgado, dbil, pequeo; l fuerte, grande, ancho. Me senta un miserable, y no slo frente a l, si no frente al mundo entero, porque para m era la medida de todas las cosas. Hubiera tenido que huir de casa (en el supuesto caso de que uno hubiera tenido para esto la decisin y fuerza necesarias y que mi madre, por su parte, no las contrarrestara con otros medios). Y mi padre no deseaba esto de ninguna manera, lo consideraba ingratitud, desobediencia, locura. Me he ocultado de l en mi cuarto, con libros, ideas extravagantes y amigos absurdos. Yo poda gozar de lo que l me daba, pero con vergenza, cansancio, debilidad y sentimiento de culpa. Ellos hubieran podido fortalecer y estimular la capacidad de sufrir las mismas privaciones e incomodidades que mi padre. Pero esto no era lo que l quera. Gracias a sus esfuerzos yo no tena la necesidad de matarme trabajando como l lo ha hecho. Una situacin as slo hubiera podido crearse mediante la violencia y la revuelta.
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l y slo osaba moverme cuando estaba tan lejos que su poder, cuando menos directamente, ya no me alcanzaba. Y volva a ser ante l un ser que hua de la luz, el condenado, consciente de culpa, que a causa de su nulidad, solo poda alcanzar por caminos tortuosos aquello a lo que crea tener derecho. Lo que a su vez incrementaba el sentimiento de culpa. Entre nosotros no hubo realmente ninguna lucha. Yo de entrada estuve liquidado, derrotado; lo que qued era huida, amargura, tristeza, lucha interna.
AS: creo que quien no ha podido disfrutar del vnculo con su padre difcilmente pueda disfrutar de la idea de tener hijos. Como si se preguntaran: qu le encuentran de bueno, de atractivo, a la idea de tenerlos? As como tambin
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vemos la inversa: personas que han tenido un mal o ningn vnculo con su padre y lo reparan con sus hijos, dndoles amor, cuidados y estmulos.
FK: el desdichado que no puede tener hijos, est espantosamente encerrado en su desdicha. En ninguna parte encuentra esperanzas de revivir, de salvarse por una conjuncin ms afortunada de estrellas. Tiene que seguir su camino, afligido por su desdicha y, cuando su ciclo se ha cerrado, entregarse calladamente, sin esperanzas de empezar de nuevo para ver si esa desdicha que ha soportado, en un camino ms largo, en otras circunstancias fsicas y temporales, podra desaparecer o aun producir algo valioso.
AS: tal vez tu hijo haya sido ese notable, misterioso, tal vez peligroso, tal vez redentor consuelo de escribir. En pocas palabras -y por lo tanto con una dureza que no corresponde totalmente a la verdad- puedo describir as tu posicin: casi nunca has sido independiente, tuviste un deseo infinito de serlo, de bastarte a ti mismo, un deseo de libertad en todo sentido que no has podido llevar a cabo.
FK: prefiero cubrirme los ojos y seguir hasta el final de mi camino, que verme rodeado por la noria familiar que me impide la visin. Por lo tanto, cada palabra que digo a mis padres o que me dicen ellos se vuelve fcilmente un obstculo ante mis pasos. El camino es largo, las fuerzas son escasas, hay bastantes motivos para el odio. Ahora bien, desciendo de mis padres, estoy unido a ellos y a mis hermanas por un vnculo de sangre; en la vida diaria no lo siento, y tampoco en mis actividades ntimas, a causa de la inevitable familiaridad, pero en el fondo lo respeto ms de lo que creo.
AS: puedes comprender que, a pesar de todo, nuestros padres constituyen un elemento indispensable del propio ser, un manantial constante donde renovar nuestras fuerzas; que nos pertenecen no slo como obstculos, sino tambin como esencia.
FK: en esos casos quiero considerarlos como se considera lo mejor de lo mejor; si con toda maldad, grosera, egosmo y falta de afecto he temblado hasta ahora ante ellos, y an hoy sigo temblando, ya que esas cosas no pueden evitarse. Si mi padre por un lado y mi madre por el otro han destruido adems
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(casi inevitablemente) mi voluntad, entonces tambin quiero que sean dignos de lo que han hecho. Y la aversin que senta mi padre por el hecho que yo escribiera, en ese caso me haca bien, me estimulaba. Me han defraudado y sin embargo no puedo, sin enloquecer, rebelarme contra la ley de la naturaleza; por lo tanto, ms odio, y solamente odio. A veces mi hermana Ottla me parece ser como yo quisiera desde lejos que una madre fuera: pura, veraz, honrada, consecuente. La humildad y el orgullo, la comprensin y el concepto de los lmites, la devocin y la independencia, la visin y el coraje en inequvoco equilibrio. Creo que tena razn Jonathan Swift cuando deca que los nios no deben estar agradecidos a sus progenitores por su existencia y que, entre todos los seres humanos, es a los padres a quienes menos debe confiarse la educacin de los hijos.
AS: me parece que Swift, en el viaje de Gulliver a Liliput, lo dice en tono satrico. En fin, como conclusin, veo que no toleras estar bien
FK: no soporto en m la aparicin del ms mnimo bienestar duradero y hago trizas la cama matrimonial aun antes de haberla tendido. Los terribles perodos de estos ltimos tiempos en que fui incapaz en todo, excepto sufrir. Aunque ayer estuve sentado en el Parque. El lugar ms hermoso de Praga. Los pjaros cantaban, el castillo con su galera, los viejos rboles, donde cuelgan las hojas del ao pasado, la penumbra. Pero me resulta imposible acostumbrarme al ruido de la tarde. De vez en cuando, el estrpito de algo que se cae en la cocina o en el corredor. Anoche, relativo silencio, trabaj con ciertas esperanzas; hoy empec complacido, de pronto, al lado o abajo, las voces de una reunin, tan fuertes y fluctuantes como si yo flotara en medio de ella. Luch un rato con el ruido; luego, con los nervios prcticamente deshechos, me acost en el sof; hacia las
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diez: silencio, pero ya no pude trabajar. Me sent tan vaco como una caracola en la playa, que espera que un pie la aplaste. La enfermedad de Franz
AS: el alejamiento de tu familia, a los 39 aos, te llev a un punto crtico y comienzas a preocuparte por tu salud mental.
FK: la semana pasada sufr un estado de abatimiento, de depresin, como jams me haba sucedido. Imposibilidad de soportar la vida o -ms exactamente- el transcurso de la vida. Dos relojes no estn de acuerdo: el reloj interior se entrega a una persecucin diablica, inhumana; el reloj exterior se mueve al ritmo vacilante de su marcha habitual. Lo que puede ocurrir es que esos dos mundos diferentes se separen, o hasta se tironeen entre s de una manera espantosa. La soledad, a la cual estuve, en gran medida, siempre atado -y en parte la busqu (pero sera otra cosa que una atadura?)-, esa soledad pierde ahora todo equvoco y va a alcanzar su punto extremo. Dnde me conducir? La hiptesis que se impone con ms fuerza es que puede conducirme a la locura.
AS: esta crisis no desemboc en la locura, sino en otra patologa: comenzaste a sentir los primeros sntomas de tuberculosis.
FK: tengo la sensacin que mi cabeza le dio cita a mis pulmones detrs de mi espalda. Como no me senta seguro de nada, como a cada instante necesitaba confirmar mi existencia, como un hijo desheredado y no tena nada que pudiera considerar mo exclusivamente, lo ms cercano, mi propio cuerpo, se volvi inseguro para m.
Franz con su amigo Max Brod AS: has descripto, a travs de tus obras, las angustias opresivas de tu mundo interior, que a su vez fueron el germen de tus creaciones. Muchas de ellas
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semejaron la estructura de una pesadilla: El proceso, El castillo, La metamorfosis, Ante la ley. No por utilizar el corpus terico del psicoanlisis freudiano sino debido a tu intuicin, a tu sensibilidad y capacidad perceptiva, aunadas a tu sufrimiento personal. Tienes todas las posibilidades de
FK: es indudable que an existen posibilidades para m, mas debajo de qu piedras estarn sepultadas?
AS: quizs bajo el peso opresivo de tu relacin con la autoridad. Un padre que nunca evita menospreciar y denigrar a su hijo. De este conflicto y de tus elucubraciones sobre las exigencias superyoicas, proceden gran parte de tus escritos, incluyendo en particular la famosa Carta al padre, nunca publicada en vida, que tu madre esconde de la vista de su marido quien jams llega a enterarse. Extraa paradoja que, bien en tu estilo kafkiano!, una de las ms famosas cartas escritas en la literatura de todos los tiempos, nunca fuera leda por su destinatario. Carta que es un ejemplo del fracaso y de lo perecedero sin utilidad en vida de los protagonistas, pero que es inmortal en el arte.
FK: menos mal que le ped a Milena que nunca se publicara! Es una carta llena de contradicciones y de trucos aprendidos en mi labor como abogado.
AS: por suerte no te hicieron caso. Yo suelo aconsejar su lectura a alumnos y pacientes para comprender las complejas relaciones del vnculo paterno-filial, el sometimiento a la figura paterna y la opresin del peso de la ley que doblega a un ser humano indefenso ante ella.
FK: creo que tanta psicologa te ha hecho mal.
AS: no en este caso Otro tema caro a tus relatos es la imposibilidad del encuentro, donde todo se interpone entre dos seres que se buscan y necesitan. Hay tantas barreras y puertas que debes atravesar, tantos desencuentros, tantos esfuerzos que hacer en la vida, tantos obstculos y murallas, que nunca recibirs ese mensaje -tampoco sabrs que estaba destinado a ti-. En un mundo esquizoide, autista, impenetrable, donde las distancias jams se acortan, es imposible que recibas esa noticia. Como el destino de la carta que, con una lucidez desgarradora, le escribiste a tu padre y que ste jams lleg a leer!
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En este mismo sentido de la imposibilidad del encuentro me parece un ejemplo esclarecedor tu breve relato a su vez dentro del cuento La construccin de la muralla china- conocido como El mensaje imperial: en algn palacio de la China el Emperador se est muriendo El Emperador -as dicen- te ha enviado a ti, el solitario, el ms humilde de sus sbditos, que eres la insignificante sombra que ha huido a la ms distante lejana del sol imperial; justamente a ti, el Emperador te ha enviado un mensaje desde su lecho de muerte. Hizo arrodillar al mensajero junto a su cama y le susurr el mensaje al odo; tan importante le pareca, que se lo hizo repetir. Asintiendo con la cabeza, corrobor la exactitud de la repeticin. Y ante la muchedumbre reunida para contemplar su muerte -todas las paredes que interceptaban la vista haban sido derribadas, y sobre la amplia y alta curva de la gran escalinata formaban un crculo los grandes prncipes del Imperio-, ante todos, orden al mensajero que partiera. El mensajero parti en el acto; un hombre robusto e incansable; extendiendo primero un brazo, luego el otro, se abre paso a travs de la multitud; cuando encuentra un obstculo, se seala sobre el pecho el signo del sol; adelanta mucho ms fcilmente que ningn otro. Pero la multitud es muy grande; sus cantidades son infinitas. Si ante l se abriera el campo libre, cmo volara, qu pronto oiras el glorioso sonido de sus golpes que llaman a tu puerta. Pero, en cambio, qu vanos son sus esfuerzos; todava est abrindose paso a travs de las cmaras del palacio central; no acabar de atravesarlas nunca; y si terminara, no habra adelantado mucho; todava tendra que esforzarse para descender las escaleras. Y si lo consiguiera, tampoco habra adelantado mucho; tendra que cruzar los patios; y despus de los patios el segundo palacio circundante; y nuevamente las escaleras y los patios; y de nuevo otro palacio; y as durante miles de aos; y cuando finalmente atravesara la ltima puerta -pero esto nunca, nunca podra suceder-, todava le faltara cruzar la capital, el centro del mundo, donde la escoria se amontona prodigiosamente. Nadie podra abrirse paso a travs de
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ella, y menos an con el mensaje de un muerto. Pero t te sientas junto a la ventana, y te lo imaginas, en sueos, cuando cae la noche.
FK: entonces tal vez te guste este otro breve relato que escrib anoche aunque tambin vaya a quemarlo, te lo voy a leer:
Un incidente cotidiano, del que resulta una confusin cotidiana. A tiene que cerrar un negocio con B en H. Se traslada a H para una entrevista preliminar, pone diez minutos en ir y diez en volver, y se jacta en su casa de esa velocidad. Al otro da vuelve a H, esta vez para cerrar el negocio. Como probablemente eso le exigir muchas horas, A sale muy temprano. Aunque las circunstancias (al menos en opinin de A) son precisamente las de la vspera, tarda diez horas esta vez en llegar a H. Llega al atardecer, rendido. Le comunican que B, inquieto por su demora, ha partido hace poco para el pueblo de A y que deben haberse cruzado en el camino. Le aconsejan que espere. A, sin embargo, impaciente por el negocio, se va inmediatamente y vuelve a su casa. Esta vez, sin poner mayor atencin, hace el viaje en un momento. En su casa le dicen que B lleg muy temprano, inmediatamente despus de la salida de A, y que hasta se cruz con A en el umbral y quiso recordarle el negocio, pero que A le respondi que no tena tiempo y que deba salir en seguida. A pesar de esa incomprensible conducta, B entr en la casa a esperar su vuelta. Y ya haba preguntado muchas veces si no haba regresado an, pero segua esperndolo siempre en el cuarto de A. Feliz de hablar con B y de explicarle todo lo sucedido, A corre escaleras arriba. Casi al llegar tropieza, se tuerce un tendn y a punto de perder el sentido, incapaz de gritar, gimiendo en la oscuridad, oye a B -tal vez muy lejos ya, tal vez a su lado- que baja la escalera furioso y que se pierde para siempre.
Ahora que acabo de leerlo estoy ms convencido que hay que quemarlo, destruirlo por su mediocridad.
AS: Franz, por favor, no hagas eso! Me llama la atencin que en varios de tus relatos aparece el tema de bajar la escalera o
FK: cmo?, bajar una escalera en esta vida breve, presurosa, acompaada de un retumbar impaciente? El tiempo que te ha sido acordado es tan corto que
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t, cuando pierdes un segundo, pierdes tu vida entera; porque no es ms larga, sino slo tan larga como el tiempo que pierdes. Si has iniciado un camino, sigue adelante a despecho de toda circunstancia.
AS: as como hablas de crecer hacia lo alto, supongo que bien podras vivir como una ascensin el acto de escribir
FK: aunque todava puedo hallar satisfaccin momentnea en obras como El mdico rural o El mensaje imperial slo encontrara felicidad si pudiera elevar el mundo hacia lo puro, verdadero e inalterable. Ten piedad de m, soy culpable hasta el ltimo repliegue de mi ser. Sin embargo, tena algunas condiciones apreciables, pequeos talentos, pero yo, ser inexperto, los disip y ahora estoy casi en las ltimas, justamente en un momento en que al parecer todo poda volverse favorable para m. No me arrojes entre los perdidos.
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FK: a veces siento una infelicidad que casi me destroza y al mismo tiempo la conviccin de la necesidad de esa infelicidad y de una meta que se alcanza a travs de todas las formas que adopta. Un hombre, una sombra, un compaero, me acompaa constantemente; no s quin es. En realidad ni tengo tiempo de volverme y enfrentar mi sombra.
AS: es cierto que en tu ltima agona le pediste a tu mdico que te diera una sobredosis de morfina y, ante la negativa de ste, le dijiste: Mteme, o Ud. es un asesino?
FK: es estrictamente cierto. Ya no toleraba tanto sufrimiento, tanto dolor, tanta vergenza de m mismo. Ahora tengo sueo, intentar dormir y espero que no me despierte ninguna pesadilla. En el fondo de mi alma temo que esa vergenza an me sobreviva.
Dr. Franz Kafka, abogado, empleado, burcrata y escritor, fallece en el anonimato, en Viena, el 3 de junio de 1924, vctima de la tuberculosis, acompaado de unos pocos amigos; estaba por cumplir 41. Muy tarde para l su obra se esparci por todo el mundo como un hito fundamental
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en la literatura. Quizs desde algn lugar mire con escepticismo e incredulidad el xito obtenido y agradezca a su amigo Max Brod no haberle hecho caso de quemar sus escritos. Su hermana preferida, Ottla, fue asesinada en un campo de exterminio de Auschwitz. Las otras hermanas fueron enviadas al ghetto de Lodz y luego asesinadas por los nazis. Franz yace en el cementerio judo de PragaStraschnitz junto a sus padres. Cuando estuve all tambin yo le escrib una carta. ______________________________________ Para estos dilogos se utilizaron textos de Diarios (volmenes I y II, Editorial Marymar, Bs. As., 1978), La metamorfosis (NEED Ediciones, Bs. As., 1998) Carta al padre (Ediciones Mexicanos Unidos, Mxico, 1999), Cartas a Milena (Editorial Losada, Bs. As., 1978), La muralla china (Alianza editorial, Bs. As., 2008) todas obras de Franz Kafka. Como bibliografa adicional se utilizaron: -Kafka de Max Brod (Emec Editores, Bs. As., 2000) -Locura y Arte de Adrin Sapetti (Ediciones Lea, Bs. As., 2011).