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La ambivalencia de Franz Kafka

Franz Kafka nació en 1883 en Praga en el seno de una familia judía. Tuvo una relación conflictiva con su padre y vivió en constante lucha entre su deseo de escribir y las demandas de su trabajo en una oficina de seguros, lo que le causaba gran agotamiento. A pesar de publicar pocas obras en vida, tras su muerte su amigo Max Brod decidió publicar el resto de su obra, convirtiéndolo en un escritor de culto reconocido por obras maestras como "La metamorfosis".

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La ambivalencia de Franz Kafka

Franz Kafka nació en 1883 en Praga en el seno de una familia judía. Tuvo una relación conflictiva con su padre y vivió en constante lucha entre su deseo de escribir y las demandas de su trabajo en una oficina de seguros, lo que le causaba gran agotamiento. A pesar de publicar pocas obras en vida, tras su muerte su amigo Max Brod decidió publicar el resto de su obra, convirtiéndolo en un escritor de culto reconocido por obras maestras como "La metamorfosis".

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FRANZ KAFKA, una perfecta confusin (amarga soledad)

Franz Kafka naci en Praga el 3 de julio de 1883 en el seno de una familia juda. No podra incluirlo dentro de los artistas psicticos, sin embargo el mundo creado por l, ese universo que la posteridad nominar como kafkiano, tiene vivencias de alucinaciones cenestsicas (referidas al cuerpo) y de encierro, ideas paranoides, sometimiento al autoritarismo paterno, fantasas de autoeliminacin, dismorfofobias (trastornos que se caracterizan por temores exagerados a la fealdad, que llegan a magnificar defectos fsicos, incluso a imaginarlos o alucinarlos), que podran hacer pensar en un trastorno esquizoide de la personalidad. El Dr. Franz Kafka, abogado, fue el paradigma de la ambivalencia: deca que quera ser escritor pero nunca dej el oscuro puesto en una oficina de Seguros, adems de trabajar un tiempo en la empresa textil que posea el padre; tena aspectos sombros, obsesivos, paranoides, autistas (un amigo de Praga lo llamaba el taciturno o el coloso del silencio) y, en otros momentos, haca rer a sus amigos con un humor exultante (esto ha llevado a pensar en un bipolar) lo que se detecta en algunas de sus obras cortas; viva enamorado de distintas mujeres pero tena miedo del matrimonio (cinco tentativas frustradas de casamiento, nunca tuvo hijos); mantena una relacin conflictiva con su padre, que era la medida de todas sus cosas, de quien ansiaba independizarse, mas nunca pudo separarse de l, incluso estn enterrados juntos en el cementerio judo de Praga-Straschnitz; se aferraba con fuerzas a la vida pero lo invadan ideas suicidas; no pretenda ser famoso pero luego de su muerte se convirti, muchos aos despus, en una celebridad, en un genio literario.
La creacin

Adrin Sapetti: Franz, publicaste pocas obras en vida (algunas de ellas en revistas de la poca) y te convertiste en un escritor de culto muchos aos despus de tu muerte gracias a tu amigo Max Brod, quien no acat tu pedido de quemar toda tu obra, y en cambio, decidi publicarla. Aunque, querido Franz, si hubieses deseado que tu enorme legado literario se destruyera, tal vez, lo hubieras hecho personalmente.
Franz Kafka: no podra desmentirlo, tu lgica es indiscutible. Aunque yo mismo he quemado gran parte de lo que he escrito.

AS: ni quiero pensar en las joyas literarias que se perdieron entre las llamas!
FK: todas de oro falso.

AS: estuve reflexionando en las amenazas a las que te someta tu padre. Una de ellas era decirte: te matar como a un insecto. Recordemos que, en La metamorfosis, el protagonista se convierte en un enorme insecto: all describes -con una lucidez digna de un experto en semiologa psiquitrica- las ideas de despersonalizacin, las sensaciones de cambios corporales y las alucinaciones cenestsicas similares a las de los esquizofrnicos, cuando se miran horas frente al espejo, se notan con deformidades en el rostro o en otras partes del cuerpo y llegan a mutilarse o castrarse, por el rechazo que sus percepciones delirantes les producen. Esta transformacin (que bien podra ser un ttulo alternativo para tu relato) tambin produce cambios en la familia de Gregorio el protagonista-. As es el comienzo de tu obra, veamos:
Cuando Gregorio Samsa se despert una maana despus de un sueo intranquilo, se encontr sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazn y, al levantar un poco la cabeza vea un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas poda mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo. Sus muchas patas, ridculamente pequeas en comparacin con el resto de su tamao, le vibraban desamparadas ante los ojos. Qu me ha ocurrido?, pens.

No era un sueo. Su habitacin, una autntica habitacin humana, si bien algo pequea, permaneca tranquila entre las cuatro paredes harto conocidas. Por encima de la mesa, sobre la que se encontraba extendido un muestrario de paos desempaquetados -Samsa era viajante de comercio-, estaba colgado aquel cuadro que haca poco haba recortado de una revista y haba colocado en un bonito marco dorado. Representaba a una dama ataviada con un sombrero y una boa de piel, que estaba all, sentada muy erguida y levantaba hacia el observador un pesado manguito de piel, en el cual haba desaparecido su antebrazo. La mirada de Gregorio se dirigi despus hacia la ventana, y el tiempo lluvioso -se oan caer gotas de lluvia sobre la chapa del alfizar de la ventana- lo pona muy melanclico. Qu pasara -pens- si durmiese un poco ms y olvidase todas las locuras?. FK: no leas ms. Siento una gran antipata por La metamorfosis, el final es ilegible, es una obra imperfecta hasta sus mismas races. Tambin debera ser quemada!

AS: ests enloqueciendo o jugando a soy un pobrecito, nada de lo que escribo vale la pena. La metamorfosis es una obra maestra. Borges dice que tu virtud indiscutible es la invencin de situaciones intolerables.
FK: no me importa lo que diga ese seor que ni conozco. Mira, te cuento algo: una tarde no pude contener el deseo de repasar lo que haba escrito el da anterior, de leer la basura que haba producido. El texto era desagradable y me dio dolor de cabeza: era malo, pedante, mecnico, como un pez que apenas respira sobre un banco de arena. El hecho de haber tirado y tachado la mayor parte de lo que escrib durante ese ao -en realidad casi todo- me resulta ahora un obstculo para seguir escribiendo. Es en verdad una montaa cinco veces ms voluminosa que todo lo que haba escrito hasta ahora y su magnitud basta para arrastrar hacia s todo lo que mi pluma escribe. Hay un problema insoluble: estoy quebrado, roto? Estoy en decadencia? Casi todo parece afirmarlo: apata, frialdad, nerviosismo, distraccin, incompetencia en el trabajo, cefaleas, mal dormir. La esperanza es lo nico que lo desmiente.

AS: te describes de un modo impiadoso.


FK: lo que mejor me describe es el trmino amargo. Y yo pretendo construir un cuento que entusiasme, soldando pedazos rotos? Olvidar todo, abrir las ventanas, vaciar el cuarto. El viento lo atraviesa. Slo veo el vaco, me busco en todas partes y no me encuentro. Qu soy? Un miserable. Tengo como dos planchas atornilladas contra las sienes.

AS: y todo lo que has escrito: tus novelas, los cuentos que figuran en tantas antologas-, La carta al padre que es algo excepcional-, tus Diarios?
FK: no trates de adularme. Todo lo que se me ha ocurrido hasta ahora, an con un excelente estado espiritual, cuando trato de escribirlo, resulta seco, equivocado, insensible, molesto para todos los que me rodean, tibio, pero sobre todo incompleto Naturalmente, esto se debe en parte a que yo slo concibo algo bueno lejos del papel, en momentos de exaltacin, ms temibles que deseables, aunque tambin los deseo ansiosamente; pero entonces la plenitud es tal, que tengo que darme por vencido; ciegamente, al azar, aferro lo que puedo de ese torrente, de modo que lo que consigo al escribir no se puede comparar con la plenitud de la exaltacin, es incapaz de reproducir esa plenitud, y por lo tanto es malo, y perturba, porque seduce intilmente.

AS: tanto el puesto de trabajo en la empresa de tu padre como en la oficina me parece que te debieron sacar energas y creatividad.
FK: cmo me torturaba trabajar en el negocio de mi padre!, por suerte lo dej. Pero si no me libero de la oficina estoy simplemente perdido, es para m una verdad de claridad meridiana; slo se trata de mantener mi cabeza erguida para no ahogarme. Hasta qu punto esto ser difcil, la cantidad de energas que esto me absorber, lo demuestra desde ya el hecho de que hoy no haya podido cumplir con mi nueva resolucin de escribir desde las ocho hasta las once, de que en este momento ni siquiera lo considere un desastre tan grande, y de que slo escriba rpidamente estas pocas lneas para poder ir a acostarme.

AS: supongo que tendras momentos creativos

FK: por ejemplo: anoche, ya con un presentimiento, corr la frazada de mi cama, me acost y volv a tener conciencia de todas mis facultades, como si las tuviera en la mano; distendan mi pecho, inflamaban mi cabeza; durante un momento, para consolarme porque no me levantaba para trabajar, me repet: "Eso no puede ser sano, no puede ser sano" y quise correr un manto de sueo sobre mi cabeza.

AS: te veo como alguien predestinado a escribir de manera absorbente, dejando todo lo dems de lado.
FK: contemplado desde el punto de vista de la literatura, mi destino parece bastante simple. El deseo de representar mi fantstica vida interior ha desplazado todo lo dems, adems la ha agotado terriblemente, y sigue agotndola. Ninguna otra cosa podr jams conformarme. Por eso titubeo, vuelo incesantemente hasta la cima de la montaa, pero no consigo sostenerme ni un momento. Yo vacilo all arriba; por desgracia no es la muerte, sino el tormento eterno de morir.

AS: en el momento de escribir, es fcil imaginar en ti una gran concentracin de libido sublimada nicamente al servicio de la literatura y as exorcizar tus fantasmas
FK: veo que te gustan las teoras psicolgicas, has ledo a Freud?

AS: algo, pero sigue hablando de tu vocacin.


FK: cuando se hizo evidente que la literatura era la posibilidad ms productiva de mi ser, todo se encamin en esa direccin y dej vacas aquellas aptitudes que correspondan a las alegras del sexo, de la comida, de la bebida, de la reflexin filosfica y sobre todo de la msica. Me atrofi en todas esas direcciones.

AS: era necesario ese abandono, esa actitud excluyente?


FK: era estrictamente necesario, porque la suma total de mis fuerzas era tan escasa que aun todas reunidas no alcanzaban a satisfacer las exigencias de mis propsitos literarios. Naturalmente, yo no descubr estos propsitos de manera independiente y consciente; se descubrieron a s mismos, y actualmente slo mi trabajo mediocre de la oficina les impide realizarse; pero se lo impide totalmente.

De todos modos, no debo quejarme si no puedo soportar a una novia, si entiendo de amor exactamente casi tan poco como de msica, y me veo obligado a satisfacerme con los afectos ms pasajeros y superficiales.

AS: creo que deberas dejar la oficina.


FK: s, dejar el trabajo en la oficina para empezar mi verdadera vida, donde los progresos de mi obra permitirn por fin a mi cara envejecer de una forma natural.

AS: en algn momento en tus Diarios (Tagebcher) citas a Flaubert: Mi novela es la roca donde me aferro y no s nada de lo que ocurre en el mundo.
FK: es algo parecido a lo que siento. Tengo un mundo prodigioso en la cabeza, mas cmo liberarme o liberarlo sin destrozarme? Preferira mil veces destrozarme, antes que retenerlo o enterrarlo en mi interior. Me parece que para eso estoy aqu, en este rincn del universo Entonces me pusieron la mordaza, me ataron las manos y los pies, me colocaron un pauelo ante los ojos... Hicieron trizas las pocas condiciones que posea.

AS: siempre menospreciaste tus condiciones.


FK: por miserables que sean mis dotes (sobre todo considerando mi falta de voluntad) no me queda ms remedio que tratar de hacer con ellas lo mejor que se pueda (aunque sea lo que a m me parece lo mejor); y es un mero sofisma afirmar que con esas dotes slo se puede hacer una cosa y que por lo tanto sa es la mejor y que esa cosa es desesperarse. No quera verme distrado por la alegra de vivir de un hombre sano y til. Como si la enfermedad y la desesperacin no nos distrajeran tanto como la alegra de vivir!

La noche en vela

AS: uno de tus problemas siempre fue la dificultad de conciliar el sueo.


FK: noches de insomnio me duermo perfectamente, pero despus de una hora me despierto, como si hubiera metido la cabeza en un agujero equivocado. Anoche tuve un sueo

AS: te escucho atento.


FK: en el sueo regreso al hogar. Atravieso el zagun y miro en torno. Es la vieja finca de mi padre. El charco en el medio. Objetos viejos e inservibles entremezclados cierran el paso hacia la escalera del granero. El gato acecha desde la baranda. Un trapo desgarrado, atado alguna vez a una barra, mientras alguien jugaba, se agita al viento. He llegado. Quin habr de recibirme? Quin espera detrs de la puerta de la cocina? La chimenea humea, estn preparando el caf para la cena.

AS: sientes la intimidad, te encuentras como en tu casa?


FK: no lo s, no estoy seguro. Es la casa de mi padre, eso s que lo siento. Todos estn el uno junto al otro, framente, como si estuviesen ocupados en sus propios asuntos, que en parte he olvidado y en parte no he conocido jams.

AS: de qu puedes servirles, qu eres para ellos, aun siendo el hijo del viejo propietario de la finca? Por qu no llamas a la puerta?
FK: no me atrevo y slo escucho desde lejos, tenso, sobre mis pies, pero de manera tal que no pudiera ser sorprendido escuchando. Y porque escucho desde lejos, no oigo nada, salvo una leve campanada de reloj, que oigo o que quizs slo creo or, llegndome desde los das de infancia.

AS: Franz, qu es lo que est ocurriendo en esa escena?


FK: lo que ocurre en la cocina es un secreto de los que all estn sentados y que me ocultan. Cuanto ms titubeo ante la puerta, ms extrao me siento.

Qu tal si ahora alguien la abriese y me hiciese una pregunta? Acaso yo mismo no estara entonces como alguien que tambin quiere ocultar su secreto? Me despierto, y tengo la sensacin de no haber dormido en absoluto o de haber dormido slo bajo una delgada pelcula; me veo abocado a la tarea de volver a dormirme y me siento rechazado por el sueo. Y desde ese momento y durante toda la noche hasta cerca de las cinco, sigo en ese estado, durmiendo en realidad, pero al mismo tiempo despierto por la presencia de vvidos sueos y cuando...

AS: en resumen, te pasas la noche entera en el estado en que se encuentra una persona normal algunos instantes antes de dormirse, en un estado crepuscular
FK: deja de interrumpirme! y cuando me despierto, todos los sueos me rodean, pero trato de no recordarlos. Hacia el amanecer suspiro sobre mi almohada, porque por esa noche toda esperanza ha desaparecido. Pienso en aquellas noches cuyo amanecer me arrancaba a un profundo sueo y al despertarme me senta como si hubiera dormido metido en una nuez. Esta noche, despus de haber estudiado todo el da desde las seis de la maana hasta ahora, advierto que desde hace un rato mi mano izquierda ha aferrado la derecha por los dedos

AS: es como la ilusin de encontrar una mano amiga


FK: por compasin.

AS: tal vez este insomnio slo se deba al hecho de escribir y a tus obsesiones.
FK: ests hablando como un psiclogo.

AS: psiquiatra.
FK: lo mismo da. Por poco o mal que escriba, esos estremecimientos me vuelven ms sensible; siento sobre todo hacia la noche y aun ms por la maana la inminente posibilidad de estados ms desgarradores, que me capacitaran para realizar cualquier cosa y, en medio del estrpito general de mi ser interno, que no tengo tiempo de dirigir, no encuentro reposo. Pero por ahora ese estado slo me hace dao, al suscitar dbiles esperanzas, ya que mi ser no posee la fuerza suficiente para soportar la mescolanza

presente, de da el mundo visible me ayuda, de noche me destruye sin remisin

AS: (por lo bajo, como hablando para m mismo) menos mal que no te dieron psicofrmacos hubieras dormido sin escribir nada
FK: qu dijiste?, me distraes con tus interrupciones. Sigo explicando: ayer dorm despus de medianoche, me despert a las cinco, un xito extraordinario, una dicha sin igual, y adems segu con sueo. La dicha sin embargo fue mi desdicha, porque entonces reapareci el pensamiento que no me abandona: no mereces tanta dicha; todos los dioses de la venganza se abalanzaron sobre m, vi cmo sus jefes enfurecidos abran salvajemente las manos y me amenazaban o hacan sonar terriblemente las campanillas. La agitacin de esas dos horas, hasta las siete, no slo destruy la ganancia de la noche, sino que adems me mantuvo todo el da trmulo e inquieto.

AS: nunca una alegra, algn consuelo!


FK: mi nica alegra es la esperanza de poder dormir algo mejor a pesar de mi cabeza soolienta, casi dolorida de arriba abajo, por falta de reposo. Tal vez podra ser capaz de edificar algo grande, que me permita olvidarlo todo y llegar a ser conciente de lo mejor de m mismo. Mi consuelo -y con l me acuesto ahora- es que hace muchsimo tiempo que no escribo nada; que por lo tanto el hecho de escribir no ha podido acomodarse an a las circunstancias presentes; que sin embargo con un poco de vitalidad lo conseguir, por lo menos provisionalmente

AS: en qu ests pensando?, te noto como abstrado


FK: pienso en una maana de otoo, de luz amarillenta. Precipitarme por la ventana apenas entreabierta y flotar, con los brazos extendidos, con el vientre arqueado, las piernas curvadas hacia atrs, como los mascarones de proa de los barcos antiguos. Saltar de la ventana ms alta, pero hacia la tierra ablandada por la lluvia, para que el golpe no sea mortal. Girar eternamente con los ojos cerrados. Y gritar: recbeme en tus brazos, all est la profundidad, entonces recbeme en la profundidad, si no quieres ahora, entonces ms tarde. Recbeme, tejido de necedad y dolor.

AS: me preocupan tus tendencias autodestructivas.

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FK: otra vez apareci el psiclogo.

AS: psiquiatra, mdico psiquiatra. Te estaba hablando de tus ideas suicidas.


FK: si yo me suicidara, es indudable que absolutamente nadie tendra la culpa, aun cuando el motivo aparentemente ms inmediato fuera por ejemplo el proceder de F. (Nota: Felice Bauer, quien fuera una de sus novias). Ya una vez, semidormido, me imagin la escena que tendra lugar cuando previendo el final, con la carta de despedida en el bolsillo, yo llegara a su casa, fuera repudiado como pretendiente, dejara la carta sobre la mesa, me dirigiera al balcn, mientras todos acudan para impedrmelo, me deshiciera de ellos y saltando la balaustrada soltara una mano y despus la otra

AS: esto lo asocio con algo que cuentas en la carta a tu padre cundo ste te encerr en
FK: ya s lo que me vas a decir. Fue cuando una noche, siendo yo pequeo, como a mi padre le molestaba mi llanto y no le haban resultado algunas amenazas para que parara, me sac de la cama, me llev al balcn dejndome solo, en camisn, con la puerta cerrada. No pretendo decir que fue indebido, aunque tal vez mi padre hubiera podido lograr el descanso de otra manera. Es indudable que esa vez me volv obediente, pero haba sufrido un dao interior. Quizs esa vez pens en tirarme del balcn, como ahora. S que mi lugar es all abajo, no encuentro otra solucin, F. es simplemente la persona que pone en evidencia mi destino; no soy capaz de vivir sin ella, y por eso debo arrojarme por la ventana, pero tambin sera incapaz de vivir con ella. Por qu no aprovechar esta misma noche y terminar todo de una vez?

AS: querido Franz, no lo hagas. La posteridad te espera, aun tienes mucho para crear, cumplir con tu mandato.
FK: la destruccin sistemtica de mi persona, al correr de los aos, me parece asombrosa!; ha sido como el lento ensancharse de una grieta en un dique, una actividad perfectamente intencional. El espritu que la ha llevado a trmino debe estar celebrando sus triunfos: por qu no me deja compartirlos? Eterna infancia. De nuevo el llamado de la vida. Durante la semana pasada sufr una especie de derrumbe total; no pas nunca por una experiencia semejante. Todo pareca haber terminado y todava hoy no

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creo que haya mejorado mucho. Se lo puede interpretar de dos maneras y es probable que las dos interpretaciones sean vlidas. Una es debido al agotamiento, imposibilidad de dormir, imposibilidad de estar despierto, imposibilidad de vivir o, ms exactamente, de soportar el curso de la vida.

AS: y la otra?
FK: es esta persecucin que me desva de la humanidad. La soledad, que en gran parte hasta ahora me fue impuesta y en parte tambin buscada por m pero acaso esto no era tambin una imposicin?- est perdiendo ya toda ambigedad y llega a su mximo. Hacia dnde tiende? Lo ms probable es que tienda a la locura; en ese sentido no puedo decir otra cosa, la persecucin se desarrolla dentro de m y me destroza.

Las parejas de Kafka

AS: tengo entendido que frecuentabas cabarets y mujeres pagas antes de tu etapa de encierro, taciturna y autista.
FK: an hoy, me paseo adrede por las calles donde hay prostitutas. Pasar a su lado me excita. Esa posibilidad lejana pero siempre concreta de acostarme con una de ellas, ser una vulgaridad? No conozco nada mejor y en el fondo el hecho me parece inocente y no me provoca casi ningn remordimiento. Slo deseo a las gordas y viejas, de vestidos anticuados pero en cierto sentido lujosos gracias a ciertos adornos. Es probable que una de estas mujeres ya me conozca. Me encontr con ella esta tarde, todava no se haba vestido para la noche, tena el pelo lacio y pegado a la cabeza, iba sin sombrero, con una blusa de trabajo como las cocineras. Ningn hombre habra encontrado en ella nada atractivo, slo yo.

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Nos miramos rpidamente. Esta noche haba refrescado mucho; la vi con un abrigo ajustado, pardo amarillento, del otro lado de una callecita estrecha donde suele pararse. Me volv dos veces para mirarla; vio que la miraba, pero entonces me fui; en realidad me escap. Como me escap de todas mis parejas.

AS: un destino de soltern.


FK: me parece terrible quedarse soltero, ser un viejo que tratando trabajosamente de conservar su dignidad suplica una invitacin cada vez que quiere pasar una velada en compaa de otras personas. No tener a quien esperar ociosamente, con tranquila confianza; no poder hacer regalos sino con dificultad o con alguna vejacin; no poder jams subir corriendo una escalera al lado de su mujer; estar enfermo sin ms consuelo que lo que se ve por la ventana -si es que uno puede levantarse- en una habitacin con puertas laterales que dan a casas de desconocidos; admirar a los nios de los dems y seguir repitiendo: yo no tengo, y como nadie crece en torno de uno, sentir una invariable sensacin de vejez; modelar su aspecto y su proceder de acuerdo a uno o dos solterones que uno conoci cuando era nio.

AS: envidiabas a los casados.


FK: s, envidiaba a todas las parejas de casados. Incluso cuando fuera con una pareja determinada, en realidad envidiaba toda la felicidad matrimonial, en su infinita variedad; es probable que la felicidad que poda gozar una pareja, en el mejor de los casos, slo consiguiera desesperarme.

AS: por qu, entonces, no te casaste?


FK: haba, como siempre las hay, algunas dificultades, pero la vida consiste ciertamente en aceptarlas. La dificultad esencial, independiente por desgracia del caso en s, era que, a ojos vista, soy espiritualmente incapaz de casarme. Se manifiesta en el hecho de que, desde el momento en que adopto la decisin, ya no puedo dormir, la cabeza me arde da y noche, la vida ya no es vida y, desesperado, ando tambalendome de un lado a otro.

AS: describes una tpica reaccin fbica.


FK: acaba ya con la psiquiatra! No son en realidad las preocupaciones las que producen esto, si bien las acompaan inquietudes infinitas, surgidas de mi

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pesadez y pedantera. Pero ellas no son lo decisivo, aunque consumen como gusanos su tarea en el cadver. Las que me derriban definitivamente son otras causas: la presin general, el miedo, la debilidad, el menosprecio de m mismo.

AS: las relaciones tormentosas con varias mujeres son fundamentales en tu vida y en tu obra -en los Diarios o en Cartas a Milena-. La que sostuviste con Felice Bauer dio origen a una correspondencia reveladora de tu carcter.
FK: en una carta del 22 de agosto de 1913 le digo a F.: No te espera la vida de esa mujer feliz que ves caminar ante ti, no te espera la alegre charla, tomados del brazo, sino una vida monacal al lado de un hombre afligido, triste, callado, descontento, enfermizo, quien -cosa que podra parecerte una locura- est atado con cadenas invisibles a la literatura y que prorrumpe en gritos cuando uno se acerca a l, porque segn afirma, se tocan sus cadenas.

AS: veo que diste por perdida tu relacin con Felice


FK: jams podr olvidarla, igual no me casar. S, en este sentido no puedo equivocarme: ya tengo casi treinta y un aos y har dos que conozco a F.; por lo tanto puedo ver la situacin con cierta amplitud. Adems, la vida que llevo aqu no me permitira olvidarla, aun cuando ella no tuviera tanta importancia para m. La uniformidad, la regularidad, la comodidad y la falta de independencia de mi vida me inmovilizan irresistiblemente, dondequiera me encuentre. Adems, siento una inclinacin poco comn hacia la vida cmoda, dependiente de los dems, lo que naturalmente empeora todo lo que me es pernicioso. Finalmente, envejezco, cada da me resultan ms difciles los cambios. Pero todo esto slo tiende hacia una gran desdicha futura, duradera y sin remedio; me arrastrar por los aos, cada vez ms triste y solitario, suponiendo que pueda resistirlo mucho tiempo.

AS: no obstante, podras haberte casado.


FK: te digo que no. En esa poca no hubiera podido casarme; todo en m se opona, por ms que siempre am a F. Me abstuve sobre todo por consideracin hacia mi labor literaria, porque crea que el matrimonio poda

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serle daino. Tal vez tuviera razn; pero de todos modos mi vida actual de soltero ha terminado por anular esa razn. Hace un ao que no escribo nada. Tampoco creo que consiga escribir nada de aqu en adelante; slo he tenido y sigo teniendo en la mente un nico pensamiento, y ese pensamiento me devora. Adems, gracias a mi falta de independencia, que mi tren de vida por lo menos favorece, me acerco a todas las cosas con vacilacin, y no soy capaz de hacer nada al primer intento. Tambin ocurri eso con el asunto de mi matrimonio.

AS: por qu abandonaste la esperanza de llegar a poseer a Felice?


FK: ya intent todo tipo de humillacin de m mismo. Aun en las pocas en que nuestra relacin era ms afectuosa, como corresponde reconocer ahora que es el momento de poner todo en claro, yo ya tena a menudo presentimientos y temores fundados en nimiedades. Una vez le escrib: T me perteneces, me he apoderado de ti, no puedo creer que en ninguna leyenda alguien haya luchado por ninguna mujer ms y ms desesperadamente que yo por ti dentro de m, desde el principio, constantemente y, tal vez, eternamente. Por lo tanto, me perteneces; por eso mismo mi relacin con tus parientes es semejante a mi relacin con los mos, aunque por supuesto incomparablemente menos intenso, tanto en lo bueno como en lo malo. Constituyen un vnculo que me traba (que me trabara aunque no tuviera que hablar jams una palabra con ellos) y no son, en el sentido a que me he referido anteriormente, dignos. Hablo contigo tan francamente como conmigo, no quiero que lo tomes a mal ni tampoco que busques en esto ningn orgullo, por lo menos no lo encontrars donde t lo buscaras.

AS: evidentemente tenas un miedo desmesurado al compromiso.


FK: lo que tena era una total imposibilidad de vivir con F. Intolerabilidad de la convivencia con nadie, sea quien sea. No hay que quejarse de esto; hay que quejarse de la imposibilidad de no estar solo. Y sin embargo, qu insensato es quejarse, conformarse y finalmente comprender. Levntate del suelo, me dije. Dedcate al libro. Pero entonces, otra vez: el insomnio, los dolores de cabeza.

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Milena Jesensk AS: luego de la relacin con Felice, a principios de 1920, mantuvitse un vnculo amoroso con la escritora y periodista checa Milena Jesensk: la correspondencia que le envas en esos aos se la conoce como Cartas a Milena. Ella emiti un juicio terminante sobre ti: "Frank no tiene capacidad para vivir. Frank jams podr curarse. Es una persona obligada al ascetismo por su terrible lucidez, pureza e incapacidad de compromiso".
FK: me parece algo desmedido lo que dijo Milena. Sobre todo si escuchas lo que le escrib en esta carta: Qu fcil ser la vida cuando estemos juntos. Entindeme bien y sigue siendo buena conmigo. Antes de conocerte crea no poder soportar la vida, no poder soportar a los hombres y eso me avergonzaba. Pero t, Milena, me confirmas ahora que no era la vida lo que me pareca insoportable. Hoy me bastan unas pocas lneas tuyas, dos lneas, una sola palabra. Lo nico cierto es que lejos de ti no puedo vivir. No deseo otra cosa que hundir mi rostro en tu regazo, sentir tu mano sobre mi cabeza y permanecer as hasta la eternidad. La desdicha de la convivencia. Impuesta por el desconocimiento, la compasin, la sensualidad, la cobarda, la vanidad y slo en lo ms hondo, tal vez, un tenue arroyito digno del nombre del amor, inalcanzable para el que lo busca, resplandeciente de pronto en el instante de un instante.

AS: en 1923 te trasladaste a Berln, con la esperanza de distanciarte de la influencia familiar y poder concentrarte en tu obra. All conociste a Dora Dymant, una joven actriz de 25 aos descendiente de una familia juda ortodoxa, que haba huido de su pueblo natal.

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FK: Dora fue mi ltima compaera y haba logrado concitar en m el inters por el judasmo y el sionismo.

AS: tambin con Dora, como antes con Felice y con Milena, le escapaste al matrimonio.
FK: te podra enumerar argumentos a favor y en contra del matrimonio: primero la incapacidad de soportar solo la vida, lo que no es incapacidad de vivir, sino lo opuesto; tal vez sea improbable que soporte la vida con otra persona, pero soy incapaz de soportar a solas el asalto de mi propia vida, las exigencias de mi propia persona, las garras del tiempo y de la vejez, la vaga opresin del deseo de escribir, el insomnio, la proximidad de la locura. El temor de no estar nunca ms solo, pues yo todo lo que he producido ha sido simplemente un producto de la soledad.

AS: qu ms?
FK: odio todo lo que no se relaciona con la literatura; me aburre seguir una conversacin (aun cuando se hable de literatura), me aburre hacer visitas, las penas y las alegras de mis parientes me aburren hasta el fondo del alma. Las conversaciones me roban la importancia, la seriedad, la verdad de todo lo que pienso. Delante de mis hermanas, especialmente en otras pocas, soy a menudo muy distinto de lo que soy delante de los dems. Temerario, expuesto a todo, poderoso, sorprendente, conmovido, como slo lo soy cuando escribo. Si por lo menos pudiera aparecer as delante de todo el mundo, por obra y efecto de mi mujer! Pero entonces, no sera a expensas de lo que escribo? Eso no, eso s que no! Solo, quiz pudiera algn da renunciar realmente a mi empleo. Casado, ya me sera absolutamente imposible. Hasta ahora he crecido exclusivamente en medio de una dependencia y un bienestar exterior.

AS: no crees que ello ha sido completamente daino para tu naturaleza, por mejor intencin y cario que tuvieran quienes te procuraban ese bienestar?
FK: sin duda, hay quienes buscan asegurarse por doquier su independencia, pero yo no pertenezco a ese grupo. Hay, en cambio, otros que jams pierden

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su dependencia; no creo que me perjudique la tentativa de analizar si pertenezco o no a este grupo. Tampoco vale la objecin de que soy demasiado viejo para una tentativa de esa ndole. Soy ms joven de lo que parezco. En la oficina no alcanzar jams este mejoramiento, las tareas me resultan pesadas, inaguantables, me impiden escribir. Te confieso que quisiera alquilar con Dora, que cocina maravillosamente, un pequeo restaurante, en el cual yo me desempeara en calidad de mozo.

AS: eso me parece una de tus tantas bromas. Volviendo al tema anterior: la experiencia de casarte te hubiera ayudado a independizarte de tus padres.
FK: si alguna vez llegara a los cuarenta aos, probablemente me casara con una solterona de incisivos superiores protuberantes, parcialmente descubiertos por el labio de arriba. Pero es difcil que llegue a los cuarenta: me lo dice por ejemplo la tensin que a menudo siento en la mitad izquierda del crneo, que se me antoja una especie de lepra interna y que, si hago abstraccin del malestar y slo decido observarlo, me produce la sensacin de esos cortes trasversales del crneo en los libros de texto, o de una diseccin indolora del cuerpo vivo, donde el cuchillo, un poco refrescante, cuidadoso, detenindose a menudo, volvindose atrs, y de vez en cuando descansando, recortara constantemente membranas finas como papeles al lado mismo de las partes cerebrales en pleno funcionamiento.

AS: hablabas con tu madre de estos conflictos tuyos con la convivencia?


FK: hoy, durante el desayuno, habl por casualidad con mi madre sobre casamientos e hijos. Apenas unas palabras, pero por primera vez pude comprobar claramente qu falsa y pueril es la imagen que mi madre se forja de m. Me cree un joven sano, que padece a veces la ilusin de estar enfermo. Esta ilusin desaparecer por s sola con el tiempo. El casamiento, por supuesto, y los hijos, ya se encargarn de eso mejor que nadie. Entonces, tambin el inters en la literatura se reducir al inters tal vez natural en un hombre educado. Por lo tanto, no hay el ms mnimo motivo, ni la sombra de la sospecha de un motivo para una desesperacin duradera en lo que se refiere a mi porvenir. Hay oportunidad, s, para una desesperacin pasajera, aunque nada profunda,

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cuando creo que tengo el estmago enfermo o cuando no puedo dormir porque escribo demasiado.

AS: hay muchas soluciones probables


FK: la ms probable es que me enamore repentinamente de una muchacha y no quiera separarme ms de ella, ni saber de otra cosa. Mi madre me dijo: No era tu destino, triste consuelo, lo peor es que por ahora es casi el nico consuelo que necesito. Pero si me quedo soltero, tampoco ser una desgracia, porque con el buen juicio que tengo sabr arreglarme. Excepto una vez, nunca tuve gran intimidad con las mujeres, ella era una verdadera mujer y yo era un ser cargado de inocencia.

AS: y con aquella suiza que conociste en?


FK: ella era una nia y yo una perfecta confusin.

AS: pocas personas conoc cuya situacin ntima fuera semejante a la tuya, sin embargo puedo imaginarme personas en esa situacin.
FK: pero seguro que el cuervo secreto que revolotee constantemente en torno de sus cabezas como revolotea en torno de la ma, eso ni siquiera puedes imaginrtelo. Sin antepasados, sin matrimonio, sin descendientes, con un anhelo salvaje de antepasados, de matrimonio, de descendientes. Todos ellos me tienden la mano pero demasiado lejos de m. El padre De nio pensaba que conservaba la vida gracias a tu favor y la llevaba como un regalo inmerecido... de tus amenazas haba una que me aterrorizaba: te matar como a un insecto.

Franz Kafka, de Carta al padre


FK: mi padre se la pasa siempre enumerando las circunstancias innegables, como son las carencias y esfuerzos que l hizo en su infancia y juventud. Pero esto es lo que l no comprender jams: compararlas con la circunstancia de que yo no he pasado por nada de eso, no permiten de ninguna manera deducir que haya sido ms feliz que l; que yo no pueda apreciar sus padecimientos pasados y que, como no los he sufrido personalmente, tenga que sentirme ilimitadamente agradecido.

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Con qu placer lo escuchara si hablara continuamente de su juventud y de sus padres!, pero escuchar eso mismo dicho en un tono de vanagloria y de reproche, es un tormento. A cada momento da una palmada con las manos: "Quin puede imaginarse hoy esas cosas? Qu saben los muchachos de hoy? Nadie ha pasado por esas! Hganselo comprender ahora a un hijo!".

AS: creo que exagerabas demasiado con lo de tu padre, magnificaste el poder de este personaje; llega un momento que uno debe hacerse cargo de independizarse de la familia.
FK: me senta aplastado por su presencia... Recuerdo cuando nos desnudbamos en la casilla del bao, yo delgado, dbil, pequeo; l fuerte, grande, ancho. Me senta un miserable, y no slo frente a l, si no frente al mundo entero, porque para m era la medida de todas las cosas. Hubiera tenido que huir de casa (en el supuesto caso de que uno hubiera tenido para esto la decisin y fuerza necesarias y que mi madre, por su parte, no las contrarrestara con otros medios). Y mi padre no deseaba esto de ninguna manera, lo consideraba ingratitud, desobediencia, locura. Me he ocultado de l en mi cuarto, con libros, ideas extravagantes y amigos absurdos. Yo poda gozar de lo que l me daba, pero con vergenza, cansancio, debilidad y sentimiento de culpa. Ellos hubieran podido fortalecer y estimular la capacidad de sufrir las mismas privaciones e incomodidades que mi padre. Pero esto no era lo que l quera. Gracias a sus esfuerzos yo no tena la necesidad de matarme trabajando como l lo ha hecho. Una situacin as slo hubiera podido crearse mediante la violencia y la revuelta.

AS: no deba ser fcil acercarse a un nio introvertido


FK: yo era un nio tmido pero no creo que haya sido difcil de manejar, ni creo que una palabra amable, un tomarme de la mano en silencio, una mirada bondadosa, no haya podido obtener de m todo lo que l deseaba... entonces ya habra necesitado de su estmulo

AS: hubo como una lucha entre ustedes...


FK: mi padre me deca: "Ni una palabra ms" y con ello quera acallar en m las fuerzas contrarias que le eran desagradables. Pero tal influjo era demasiado fuerte para m, yo era demasiado obediente y enmudec del todo, me ocult de

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l y slo osaba moverme cuando estaba tan lejos que su poder, cuando menos directamente, ya no me alcanzaba. Y volva a ser ante l un ser que hua de la luz, el condenado, consciente de culpa, que a causa de su nulidad, solo poda alcanzar por caminos tortuosos aquello a lo que crea tener derecho. Lo que a su vez incrementaba el sentimiento de culpa. Entre nosotros no hubo realmente ninguna lucha. Yo de entrada estuve liquidado, derrotado; lo que qued era huida, amargura, tristeza, lucha interna.

AS: muchos de tus escritos tratan sobre tu padre.


FK: solamente pona en ellos los lamentos que no poda alojar en su pecho.

AS: no pudiste rescatar nada de ese vnculo...


FK: no, no es as. Afortunadamente tambin hubo excepciones cuando mi padre sufra en silencio y la fuerza del amor y la bondad vencan a las que se les oponan. Esto suceda ciertamente muy poco, pero era maravilloso como durante mi ltima enfermedad, cuando mi padre se paraba en la puerta y estiraba la cabeza para verme en la cama y, por consideracin, me haca un saludo con la mano. En esos momentos yo me recostaba y lloraba de alegra, y hoy que lo cuento vuelvo a llorar.

AS: siempre tuviste la ilusin de un acercamiento con tu pap.


FK: es que nuestras necesidades eran totalmente opuestas: lo que a m me hera a l ni lo rozaba; lo que para l era inocencia era culpabilidad para m; lo que para l no tena consecuencias para m poda ser mi tumba. Yo quera liberarme de la culpa, si mi padre hubiera aceptado eso, entonces hubiramos podido, no digo haber empezado una nueva vida, para eso ramos demasiado viejos, pero s una esperanza de paz, con un aplacamiento de sus constantes recriminaciones. De todas maneras, la vida es algo ms que un juego de paciencia pero al final pude lograr, entre l y yo, a pesar de todo, una aproximacin, tan cercana a la verdad, que pudo tranquilizarnos un poco y hacernos ms fcil el vivir y el morir.

AS: creo que quien no ha podido disfrutar del vnculo con su padre difcilmente pueda disfrutar de la idea de tener hijos. Como si se preguntaran: qu le encuentran de bueno, de atractivo, a la idea de tenerlos? As como tambin

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vemos la inversa: personas que han tenido un mal o ningn vnculo con su padre y lo reparan con sus hijos, dndoles amor, cuidados y estmulos.
FK: el desdichado que no puede tener hijos, est espantosamente encerrado en su desdicha. En ninguna parte encuentra esperanzas de revivir, de salvarse por una conjuncin ms afortunada de estrellas. Tiene que seguir su camino, afligido por su desdicha y, cuando su ciclo se ha cerrado, entregarse calladamente, sin esperanzas de empezar de nuevo para ver si esa desdicha que ha soportado, en un camino ms largo, en otras circunstancias fsicas y temporales, podra desaparecer o aun producir algo valioso.

AS: tal vez tu hijo haya sido ese notable, misterioso, tal vez peligroso, tal vez redentor consuelo de escribir. En pocas palabras -y por lo tanto con una dureza que no corresponde totalmente a la verdad- puedo describir as tu posicin: casi nunca has sido independiente, tuviste un deseo infinito de serlo, de bastarte a ti mismo, un deseo de libertad en todo sentido que no has podido llevar a cabo.
FK: prefiero cubrirme los ojos y seguir hasta el final de mi camino, que verme rodeado por la noria familiar que me impide la visin. Por lo tanto, cada palabra que digo a mis padres o que me dicen ellos se vuelve fcilmente un obstculo ante mis pasos. El camino es largo, las fuerzas son escasas, hay bastantes motivos para el odio. Ahora bien, desciendo de mis padres, estoy unido a ellos y a mis hermanas por un vnculo de sangre; en la vida diaria no lo siento, y tampoco en mis actividades ntimas, a causa de la inevitable familiaridad, pero en el fondo lo respeto ms de lo que creo.

AS: puedes comprender que, a pesar de todo, nuestros padres constituyen un elemento indispensable del propio ser, un manantial constante donde renovar nuestras fuerzas; que nos pertenecen no slo como obstculos, sino tambin como esencia.
FK: en esos casos quiero considerarlos como se considera lo mejor de lo mejor; si con toda maldad, grosera, egosmo y falta de afecto he temblado hasta ahora ante ellos, y an hoy sigo temblando, ya que esas cosas no pueden evitarse. Si mi padre por un lado y mi madre por el otro han destruido adems

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(casi inevitablemente) mi voluntad, entonces tambin quiero que sean dignos de lo que han hecho. Y la aversin que senta mi padre por el hecho que yo escribiera, en ese caso me haca bien, me estimulaba. Me han defraudado y sin embargo no puedo, sin enloquecer, rebelarme contra la ley de la naturaleza; por lo tanto, ms odio, y solamente odio. A veces mi hermana Ottla me parece ser como yo quisiera desde lejos que una madre fuera: pura, veraz, honrada, consecuente. La humildad y el orgullo, la comprensin y el concepto de los lmites, la devocin y la independencia, la visin y el coraje en inequvoco equilibrio. Creo que tena razn Jonathan Swift cuando deca que los nios no deben estar agradecidos a sus progenitores por su existencia y que, entre todos los seres humanos, es a los padres a quienes menos debe confiarse la educacin de los hijos.

AS: me parece que Swift, en el viaje de Gulliver a Liliput, lo dice en tono satrico. En fin, como conclusin, veo que no toleras estar bien
FK: no soporto en m la aparicin del ms mnimo bienestar duradero y hago trizas la cama matrimonial aun antes de haberla tendido. Los terribles perodos de estos ltimos tiempos en que fui incapaz en todo, excepto sufrir. Aunque ayer estuve sentado en el Parque. El lugar ms hermoso de Praga. Los pjaros cantaban, el castillo con su galera, los viejos rboles, donde cuelgan las hojas del ao pasado, la penumbra. Pero me resulta imposible acostumbrarme al ruido de la tarde. De vez en cuando, el estrpito de algo que se cae en la cocina o en el corredor. Anoche, relativo silencio, trabaj con ciertas esperanzas; hoy empec complacido, de pronto, al lado o abajo, las voces de una reunin, tan fuertes y fluctuantes como si yo flotara en medio de ella. Luch un rato con el ruido; luego, con los nervios prcticamente deshechos, me acost en el sof; hacia las

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diez: silencio, pero ya no pude trabajar. Me sent tan vaco como una caracola en la playa, que espera que un pie la aplaste. La enfermedad de Franz

AS: el alejamiento de tu familia, a los 39 aos, te llev a un punto crtico y comienzas a preocuparte por tu salud mental.
FK: la semana pasada sufr un estado de abatimiento, de depresin, como jams me haba sucedido. Imposibilidad de soportar la vida o -ms exactamente- el transcurso de la vida. Dos relojes no estn de acuerdo: el reloj interior se entrega a una persecucin diablica, inhumana; el reloj exterior se mueve al ritmo vacilante de su marcha habitual. Lo que puede ocurrir es que esos dos mundos diferentes se separen, o hasta se tironeen entre s de una manera espantosa. La soledad, a la cual estuve, en gran medida, siempre atado -y en parte la busqu (pero sera otra cosa que una atadura?)-, esa soledad pierde ahora todo equvoco y va a alcanzar su punto extremo. Dnde me conducir? La hiptesis que se impone con ms fuerza es que puede conducirme a la locura.

AS: esta crisis no desemboc en la locura, sino en otra patologa: comenzaste a sentir los primeros sntomas de tuberculosis.
FK: tengo la sensacin que mi cabeza le dio cita a mis pulmones detrs de mi espalda. Como no me senta seguro de nada, como a cada instante necesitaba confirmar mi existencia, como un hijo desheredado y no tena nada que pudiera considerar mo exclusivamente, lo ms cercano, mi propio cuerpo, se volvi inseguro para m.

Franz con su amigo Max Brod AS: has descripto, a travs de tus obras, las angustias opresivas de tu mundo interior, que a su vez fueron el germen de tus creaciones. Muchas de ellas

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semejaron la estructura de una pesadilla: El proceso, El castillo, La metamorfosis, Ante la ley. No por utilizar el corpus terico del psicoanlisis freudiano sino debido a tu intuicin, a tu sensibilidad y capacidad perceptiva, aunadas a tu sufrimiento personal. Tienes todas las posibilidades de
FK: es indudable que an existen posibilidades para m, mas debajo de qu piedras estarn sepultadas?

AS: quizs bajo el peso opresivo de tu relacin con la autoridad. Un padre que nunca evita menospreciar y denigrar a su hijo. De este conflicto y de tus elucubraciones sobre las exigencias superyoicas, proceden gran parte de tus escritos, incluyendo en particular la famosa Carta al padre, nunca publicada en vida, que tu madre esconde de la vista de su marido quien jams llega a enterarse. Extraa paradoja que, bien en tu estilo kafkiano!, una de las ms famosas cartas escritas en la literatura de todos los tiempos, nunca fuera leda por su destinatario. Carta que es un ejemplo del fracaso y de lo perecedero sin utilidad en vida de los protagonistas, pero que es inmortal en el arte.
FK: menos mal que le ped a Milena que nunca se publicara! Es una carta llena de contradicciones y de trucos aprendidos en mi labor como abogado.

AS: por suerte no te hicieron caso. Yo suelo aconsejar su lectura a alumnos y pacientes para comprender las complejas relaciones del vnculo paterno-filial, el sometimiento a la figura paterna y la opresin del peso de la ley que doblega a un ser humano indefenso ante ella.
FK: creo que tanta psicologa te ha hecho mal.

AS: no en este caso Otro tema caro a tus relatos es la imposibilidad del encuentro, donde todo se interpone entre dos seres que se buscan y necesitan. Hay tantas barreras y puertas que debes atravesar, tantos desencuentros, tantos esfuerzos que hacer en la vida, tantos obstculos y murallas, que nunca recibirs ese mensaje -tampoco sabrs que estaba destinado a ti-. En un mundo esquizoide, autista, impenetrable, donde las distancias jams se acortan, es imposible que recibas esa noticia. Como el destino de la carta que, con una lucidez desgarradora, le escribiste a tu padre y que ste jams lleg a leer!

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En este mismo sentido de la imposibilidad del encuentro me parece un ejemplo esclarecedor tu breve relato a su vez dentro del cuento La construccin de la muralla china- conocido como El mensaje imperial: en algn palacio de la China el Emperador se est muriendo El Emperador -as dicen- te ha enviado a ti, el solitario, el ms humilde de sus sbditos, que eres la insignificante sombra que ha huido a la ms distante lejana del sol imperial; justamente a ti, el Emperador te ha enviado un mensaje desde su lecho de muerte. Hizo arrodillar al mensajero junto a su cama y le susurr el mensaje al odo; tan importante le pareca, que se lo hizo repetir. Asintiendo con la cabeza, corrobor la exactitud de la repeticin. Y ante la muchedumbre reunida para contemplar su muerte -todas las paredes que interceptaban la vista haban sido derribadas, y sobre la amplia y alta curva de la gran escalinata formaban un crculo los grandes prncipes del Imperio-, ante todos, orden al mensajero que partiera. El mensajero parti en el acto; un hombre robusto e incansable; extendiendo primero un brazo, luego el otro, se abre paso a travs de la multitud; cuando encuentra un obstculo, se seala sobre el pecho el signo del sol; adelanta mucho ms fcilmente que ningn otro. Pero la multitud es muy grande; sus cantidades son infinitas. Si ante l se abriera el campo libre, cmo volara, qu pronto oiras el glorioso sonido de sus golpes que llaman a tu puerta. Pero, en cambio, qu vanos son sus esfuerzos; todava est abrindose paso a travs de las cmaras del palacio central; no acabar de atravesarlas nunca; y si terminara, no habra adelantado mucho; todava tendra que esforzarse para descender las escaleras. Y si lo consiguiera, tampoco habra adelantado mucho; tendra que cruzar los patios; y despus de los patios el segundo palacio circundante; y nuevamente las escaleras y los patios; y de nuevo otro palacio; y as durante miles de aos; y cuando finalmente atravesara la ltima puerta -pero esto nunca, nunca podra suceder-, todava le faltara cruzar la capital, el centro del mundo, donde la escoria se amontona prodigiosamente. Nadie podra abrirse paso a travs de

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ella, y menos an con el mensaje de un muerto. Pero t te sientas junto a la ventana, y te lo imaginas, en sueos, cuando cae la noche.
FK: entonces tal vez te guste este otro breve relato que escrib anoche aunque tambin vaya a quemarlo, te lo voy a leer:

Un incidente cotidiano, del que resulta una confusin cotidiana. A tiene que cerrar un negocio con B en H. Se traslada a H para una entrevista preliminar, pone diez minutos en ir y diez en volver, y se jacta en su casa de esa velocidad. Al otro da vuelve a H, esta vez para cerrar el negocio. Como probablemente eso le exigir muchas horas, A sale muy temprano. Aunque las circunstancias (al menos en opinin de A) son precisamente las de la vspera, tarda diez horas esta vez en llegar a H. Llega al atardecer, rendido. Le comunican que B, inquieto por su demora, ha partido hace poco para el pueblo de A y que deben haberse cruzado en el camino. Le aconsejan que espere. A, sin embargo, impaciente por el negocio, se va inmediatamente y vuelve a su casa. Esta vez, sin poner mayor atencin, hace el viaje en un momento. En su casa le dicen que B lleg muy temprano, inmediatamente despus de la salida de A, y que hasta se cruz con A en el umbral y quiso recordarle el negocio, pero que A le respondi que no tena tiempo y que deba salir en seguida. A pesar de esa incomprensible conducta, B entr en la casa a esperar su vuelta. Y ya haba preguntado muchas veces si no haba regresado an, pero segua esperndolo siempre en el cuarto de A. Feliz de hablar con B y de explicarle todo lo sucedido, A corre escaleras arriba. Casi al llegar tropieza, se tuerce un tendn y a punto de perder el sentido, incapaz de gritar, gimiendo en la oscuridad, oye a B -tal vez muy lejos ya, tal vez a su lado- que baja la escalera furioso y que se pierde para siempre.
Ahora que acabo de leerlo estoy ms convencido que hay que quemarlo, destruirlo por su mediocridad.

AS: Franz, por favor, no hagas eso! Me llama la atencin que en varios de tus relatos aparece el tema de bajar la escalera o
FK: cmo?, bajar una escalera en esta vida breve, presurosa, acompaada de un retumbar impaciente? El tiempo que te ha sido acordado es tan corto que

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t, cuando pierdes un segundo, pierdes tu vida entera; porque no es ms larga, sino slo tan larga como el tiempo que pierdes. Si has iniciado un camino, sigue adelante a despecho de toda circunstancia.

AS: mas corro el peligro de despearme.


FK: slo puedes ganar, no corres peligro alguno. Quizs al fin te despees, pero si te hubieras vuelto atrs al cabo de los primeros pasos mientras bajabas la escalera te habras despeado en el comienzo mismo; y no tal vez, sino con toda seguridad. Si no hallas nada aqu, en los pasillos, abre las puertas; si no hallas nada detrs de las puertas, tienes otros pisos; si no encuentras nada arriba, no importa; lnzate nuevamente escaleras arriba. Mientras no dejes de subir no tienen trmino los escalones; bajo tus pies que ascienden, crecen ellos hacia lo alto.

AS: as como hablas de crecer hacia lo alto, supongo que bien podras vivir como una ascensin el acto de escribir
FK: aunque todava puedo hallar satisfaccin momentnea en obras como El mdico rural o El mensaje imperial slo encontrara felicidad si pudiera elevar el mundo hacia lo puro, verdadero e inalterable. Ten piedad de m, soy culpable hasta el ltimo repliegue de mi ser. Sin embargo, tena algunas condiciones apreciables, pequeos talentos, pero yo, ser inexperto, los disip y ahora estoy casi en las ltimas, justamente en un momento en que al parecer todo poda volverse favorable para m. No me arrojes entre los perdidos.

AS: no es a m a quien tienes que pedir que se apiade de ti.


FK: si estoy condenado, entonces no estoy slo condenado a la muerte, sino a defenderme hasta la muerte. Concdeme el reposo durante la noche; lamento pueril. Ya que, segn parece, estoy totalmente acabado, de pies a cabeza, deber, da tras da, desear alejarme de una vez del mundo o, sin entrever en el intento ni siquiera la ms modesta esperanza, empezar desde el principio como una criatura.

AS: me apena profundamente tu imposibilidad de ser feliz.

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FK: a veces siento una infelicidad que casi me destroza y al mismo tiempo la conviccin de la necesidad de esa infelicidad y de una meta que se alcanza a travs de todas las formas que adopta. Un hombre, una sombra, un compaero, me acompaa constantemente; no s quin es. En realidad ni tengo tiempo de volverme y enfrentar mi sombra.

AS: es cierto que en tu ltima agona le pediste a tu mdico que te diera una sobredosis de morfina y, ante la negativa de ste, le dijiste: Mteme, o Ud. es un asesino?
FK: es estrictamente cierto. Ya no toleraba tanto sufrimiento, tanto dolor, tanta vergenza de m mismo. Ahora tengo sueo, intentar dormir y espero que no me despierte ninguna pesadilla. En el fondo de mi alma temo que esa vergenza an me sobreviva.

AS: djanos algunas palabras esperanzadas, por favor.


FK: ponte de cara a la fuerte lluvia, deja que sus rayos frreos te atraviesen, resbala por el agua que quiere arrastrarte consigo; pero, con todo, qudate, espera de pie el sol que entra sbita e interminablemente a raudales. Necesito descansar. Ahora me despido. Adis.

Dr. Franz Kafka, abogado, empleado, burcrata y escritor, fallece en el anonimato, en Viena, el 3 de junio de 1924, vctima de la tuberculosis, acompaado de unos pocos amigos; estaba por cumplir 41. Muy tarde para l su obra se esparci por todo el mundo como un hito fundamental

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en la literatura. Quizs desde algn lugar mire con escepticismo e incredulidad el xito obtenido y agradezca a su amigo Max Brod no haberle hecho caso de quemar sus escritos. Su hermana preferida, Ottla, fue asesinada en un campo de exterminio de Auschwitz. Las otras hermanas fueron enviadas al ghetto de Lodz y luego asesinadas por los nazis. Franz yace en el cementerio judo de PragaStraschnitz junto a sus padres. Cuando estuve all tambin yo le escrib una carta. ______________________________________ Para estos dilogos se utilizaron textos de Diarios (volmenes I y II, Editorial Marymar, Bs. As., 1978), La metamorfosis (NEED Ediciones, Bs. As., 1998) Carta al padre (Ediciones Mexicanos Unidos, Mxico, 1999), Cartas a Milena (Editorial Losada, Bs. As., 1978), La muralla china (Alianza editorial, Bs. As., 2008) todas obras de Franz Kafka. Como bibliografa adicional se utilizaron: -Kafka de Max Brod (Emec Editores, Bs. As., 2000) -Locura y Arte de Adrin Sapetti (Ediciones Lea, Bs. As., 2011).

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