PATRIMONIO CULTURAL
Dr. Rómulo Pari Flores
Arqueólogo de la U.C.S.M.
¿QUÉ ES UN PATRIMONIO CULTURAL?
Cuando hablamos de patrimonio nos referimos a la herencia
de bienes materiales e inmateriales que nuestros padres y
antepasados nos han dejado a lo largo de la historia. Se
trata de bienes que nos ayudan a forjar una identidad como
nación y que nos permiten saber quiénes somos y de dónde
venimos, logrando así un mejor desarrollo como personas
dentro de la sociedad.
Todas las personas formamos parte de una familia pero
somos, al mismo tiempo, integrantes de una comunidad, de
una región, de un país. De la misma manera en que heredamos
bienes materiales y tradiciones familiares, recibimos
también el legado de la cultura que caracteriza a la
sociedad donde crecemos y nos desarrollamos. Estas
expresiones distintivas que tenemos en común como la
lengua, la religión, las costumbres, los valores, la
creatividad, la historia, la danza o la música son
manifestaciones culturales que nos permiten identificamos
entre nosotros y sentir que somos parte de una comunidad
determinada y no de otra. Esta herencia colectiva es el
patrimonio cultural.
PATRIMONIO CULTURAL Y PATRIMONIO NATURAL
Vivimos en un territorio que se distingue por la gran
diversidad que caracteriza todos los ámbitos de nuestra
existencia, y donde coexisten los más variados enclaves de
vida natural, infinidad de paisajes y las más distintas
formas de ser de sus gentes.
Para describir el Perú, por ejemplo, podríamos mencionar
Machu Picchu y Chan Chan, La cultura Chibaya, la marinera y
el huayno, el ceviche y Ia papa a la huancaína, la Reserva
Natural de Paracas, Punta de Coles, el Lago Titicaca y el
Huascarán, los Incas, el Señor de Sipán o héroes como Grau;
en fin, los ejemplos pueden ser infinitos.
El patrimonio cultural del Perú está constituido por todos
los bienes materiales e inmateriales que, por su valor
histórico, arqueológico, artístico, arquitectónico,
paleontológico, etnológico, documental, bibliográfico,
científico o técnico tienen una importancia relevante para
la identidad y permanencia de la nación a través del
tiempo. Es por todo esto que dichos bienes requieren de una
protección y defensa especiales, de manera que puedan ser
disfrutados, valorados y aprovechados adecuadamente por
todos los ciudadanos y transmitidos de la mejor manera
posible a nuestras futuras generaciones.
El patrimonio natural comprende los monumentos naturales,
las formaciones geológicas y fisiográficas, las zonas que
constituyen el hábitat de especies animales y vegetales,
muchas de ellas amenazadas, los lugres naturales o zonas
naturales estrictamente delimitadas, que tienen un valor
especial desde el punto de vista de la ciencia, de la
conservación o de la belleza natural.
La principal diferencia entre patrimonio cultural y
patrimonio natural es que el primero implica la
intervención del ser humano para la modificación del
paisaje y su entorno.
Este manual se centra específicamente en el tema de la
protección del patrimonio cultural. Sin embargo, los
principios en que se basa se aplican igualmente para la
conservación del patrimonio natural.
AL RESCATE DEL PATRIMONIO
El patrimonio cultural es sumamente frágil y está expuesto
a una serie de peligros. Puede ser afectado por desastres
naturales como terremotos, inundaciones, lluvias o
avalanchas; por factores climáticos como la humedad y las
variaciones de temperatura; por la acción de plagas y
pestes como los insectos, roedores, hongos y líquenes; y
por la acción humana, que incluye desde el descuido y
negligencia en la administración o cuidado de un bien,
hasta el robo y huaqueo.
Si dañamos o destruimos un objeto o una construcción que
fue creada hace cientos de años, ya no las podemos
recuperar. Podemos intentar reparar el daño a través de la
restauración, por ejemplo, pero el objeto nunca será el
mismo. Por eso decimos que el patrimonio cultural es un
recurso no renovable.
Debemos tener en cuenta que cada uno de los bienes que
integran nuestro patrimonio (pintura, danza, cerámica,
documentos, construcciones) tiene un valor cultural en sí
mismo, además del posible valor material. Este valor es
definido por la cantidad de información que nos proporciona
dicho bien sobre las personas que lo crearon.
La información es mayor si podemos relacionar los objetos
entre sí; es decir, determinar el contexto en el que fueron
creados puesto que toda obra, además de ser producto de un
individuo, es también parte de la sociedad donde fue creada
y puede decirnos mucho de la forma de vida de dicha
sociedad. Un investigador no estudiará el objeto de manera
aislada, sino en su conjunto, para poder formular hipótesis
sobre el pasado (quién lo hizo, cuándo, cómo, por qué y
para qué) y publicarlas, de manera que todos podamos
acceder a esa información, obtener mayores conocimientos
sobre nuestro pasado y valorar nuestra historia cada vez
más.
Cuando se destruye o se pierde un bien considerado
patrimonio cultural de la Nación, perdemos también el valor
cultural del mismo y la posibilidad de interpretar el
contexto en el que fue creado. Es como si, poco a poco,
fuéramos perdiendo la memoria y la experiencia de lo
vivido; nuestra nación se va vaciando de aquello que nos da
un significado e identidad comunes.
¿CÓMO CONTRIBUIR CON LA PROTECCIÓN DE NUESTRO PATRIMONIO
CULTURAL?
La protección y defensa del patrimonio cultural es, pues,
una tarea que compete no sólo al personal de las
instituciones culturales, sino también a cada ciudadano. La
tarea más importante es lograr un cambio de actitud en la
comunidad en general y sensibilizar a la población en tomo
a la importancia de nuestro legado: los monumentos incas,
aquella vieja iglesia o los antiguos y amarillentos papeles
son importantes vestigios del pasado, la memoria de nuestro
país que todos debemos contribuir a resguardar.
Los gobiernos, organizaciones e instituciones locales son
los líderes principales para conseguir este cambio de
conducta. A continuación, mencionamos algunas tareas
básicas para la adecuada gestión y protección del
patrimonio cultural de cada localidad:
• Identificar el patrimonio cultural. Es de gran
importancia saber con cuántos y cuáles bienes culturales
cuenta cada jurisdicción, para poder protegerlos y
cuidarlos eficazmente.
• Planificar una gestión adecuada. Es necesario establecer
una estrategia general de defensa y planes de manejo
para los sitios y monumentos más importantes.
• Estimular la participación ciudadana en el cuidado de
los bienes culturales. Para ello es indispensable la
educación, así como establecer incentivos para la
formación de grupos de apoyo y la inclusión de la
ciudadanía en la toma de decisiones, difundiendo las
necesidades de protección y sus posibles beneficios.
• Elaborar normativas de protección. Entre otras medidas,
incluye declarar zonas intangibles en y alrededor de los
sitios y monumentos, establecer zonas rígidas en los
centros históricos, aplicar normas en la construcción,
cuidar del ornato e higiene, etc.
• Establecer circuitos culturales. El turismo cultural,
adecuadamente planificado, implica ingresos no sólo para
el mantenimiento y preservación de los sitios y
monumentos, sino que brinda beneficios económicos para
la población en general.
• Favorecer la creación de museos y centros culturales.
Estas instituciones fomentan la difusión y promoción del
patrimonio cultural local, y contribuyen a la formación
y toma de conciencia de la población.
TURISMO CULTURAL
La gran diversidad cultural de nuestro territorio implica
también oportunidades de desarrollo económico y la
posibilidad de ofrecer servicios y productos distintivos en
un mundo cada vez más anónimo y globalizado. Nuestra
diversidad cultural se convierte en una ventaja competitiva
que nos permite, entre otras cosas, ofrecemos como un
destino turístico-cultural, aspecto que a su vez creará
empleo y generara ingresos económicos para asegurar el
desarrollo sostenible de la comunidad. El turismo cultural
es un segmento turístico que está en constante crecimiento,
según las tendencias mundiales que señala la Organización
Mundial de Turismo (OMT).
Además, sabemos que el 89% de los turistas extranjeros que
han visitado el Perú han realizado algún tipo de visita
cultural. Sin embargo, esto puede convenirse en un arma de
doble filo si la gestión del patrimonio cultural no es
adecuadamente supervisada.
Cuando planificamos rutas turísticas de manera informal o
precipitada, por ejemplo, existe el peligro de que los
bienes se deterioren por el exceso de tránsito, por la
contaminación o por una comercialización irresponsable. Es
necesario asegurarse, pues, de fomentar el turismo cultural
de manera responsable, asegurándonos que los visitantes
respeten las normas o la señalización establecidas. A
menudo vemos que los turistas se alejan de los senderos
permitidos y dañan restos arqueológicos, escriben en las
paredes, tocan las pinturas dejando huellas o desprendiendo
fragmentos, dejan restos de comida que atraen plagas de
insectos y roedores, etc. En menos tiempo del que
imaginamos el lugar o el objeto así maltratados pierden su
valor irremediablemente y, junto con el bien cultural,
desaparecen los visitantes, por supuesto. Recordemos que
sin cultura no hay turismo.