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Tres Grados de Humildad Ignaciana

Este documento presenta una introducción a las "Tres maneras de humildad" de San Ignacio de Loyola. Explica que estas tres maneras de humildad compendian el espíritu ignaciano y son cruciales para hacer exégesis de su pensamiento. Antes de tomar decisiones importantes como la elección de un estado de vida, es útil considerar estas tres maneras de humildad a lo largo del día para recibir inspiración divina. Luego, introduce brevemente cada uno de los tres grados de humildad.

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Tres Grados de Humildad Ignaciana

Este documento presenta una introducción a las "Tres maneras de humildad" de San Ignacio de Loyola. Explica que estas tres maneras de humildad compendian el espíritu ignaciano y son cruciales para hacer exégesis de su pensamiento. Antes de tomar decisiones importantes como la elección de un estado de vida, es útil considerar estas tres maneras de humildad a lo largo del día para recibir inspiración divina. Luego, introduce brevemente cada uno de los tres grados de humildad.

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IVE – Ejercicios Espirituales 1

Segunda Semana

TRES MANERAS DE HUMILDAD


[164-168]

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu Amor.
Envía Señor tu Espíritu y serán creadas las cosas y renovarás la Faz de la tierra.

Oh Dios que habéis adoctrinado los corazones de tus fieles con las luces de tu Espíritu Santo,
danos a gustar todo lo recto y bueno según ese mismo Espíritu y gozar para siempre de tus celestiales
consuelos. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

Ave María.

San Ignacio de Loyola, ruega por nosotros.

♦ Introducción

El Padre Pedro Isla, Jesuita, que hace la introducción al prólogo del libro de Casanovas dice: “Los
documentos sobre las Elecciones y sobre las Tres maneras de humildad, son capítulos magistrales y de un
valor extraordinario. ¡Eso sí que es una exégesis completa del pensamiento ignaciano!”. Porque en estas
tres maneras de humildad está compendiado el espíritu ignaciano, y hacer exégesis de esto, es hacer
exégesis de la médula de su pensamiento.

Dice San Ignacio [164] “Antes de entrar en las elecciones, para el hombre afectarse a la vera
doctrina de Cristo nuestro Señor, aprovecha mucho considerar y advertir en las siguientes tres maneras de
humildad, y en ellas considerando a ratos por todo el día, y asimismo haciendo los coloquios según que
adelante se dirá”.

Explica Casanovas que las elecciones, ya sean de estado de vida, ya sea elección de algo concreto,
o ya sea la reforma que también implica elecciones, están divididas en tres tiempos:

En primer lugar, decía San Ignacio, en aquel preámbulo de dos banderas: Ir investigando, ir
preguntándose qué quiere Nuestro Señor, pero ya ir sabiendo que para una cosa u otra que me llame, o
sea lo que sea que haga en la reforma de vida, Dios quiere que siga a Cristo, que sea santo, quiere que
lleve ese camino de humildad, de oprobios, de dolor.

En segundo lugar: Investiga la materia de las elecciones; [135] «juntamente contemplando la vida
de Jesucristo, investigar y demandar en qué vida o estado de nosotros se quiere servir a su divina
majestad»

En último lugar: es cuando propiamente se tienen que hacer las elecciones, o la reforma de vida.
Dice San Ignacio: “antes de entrar en las elecciones, −se refiere al último momento, antes de sentarse a
considerar lo que hay que elegir, o reformar− […] aprovecha mucho considerar y advertir en la siguientes

P. Gustavo Lombardo
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IVE – Ejercicios Espirituales 2
Segunda Semana

tres maneras de humildad, y en ellas considerando a ratos por todo el día”. Dice Casanovas:
“«Considerando a ratos todo el día». Semejante manera de considerar las cosas, tiene en el terreno
psicológico una gran importancia. Muchas veces aquella luz nacida del «advertir» se da como una gracia
repentina, no tanto al que se esfuerza por alcanzarla mediante una meditación empeñada y violentamente,
como al que frecuentemente vuelve a considerar una misma cosa, como acariciándola. Así nos lo dice la
experiencia, la cual nos asegura por otra parte que también el Señor en materias sobrenaturales suele
darnos sus luces a la hora menos pensada, cuando nosotros ponemos de nuestra cosecha los medios
ordinarios para conseguirlo. A esto llamamos «inspiración»; palabra que casi tiene el mismo sentido en los
dos órdenes, natural y sobrenatural.” Psicológicamente entonces y sobrenaturalmente, es muy importante
esto de considerar varias veces el tema, de a ratos. De hacer la meditación ahora, pero no olvidarse
durante el día, (y durante los días que quedan del ejercicio). Y cuando hablemos de la Cruz de Cristo
considerar lo mismo, pero de otro modo. Pero hoy sobre todo es muy importante, ir considerando de a
ratos y también ir pidiendo en los coloquios (que es muy importante).

Dice San Ignacio: “Considerar” y “advertir”, parecieran la misma palabra. Casanovas dice: la
primera palabra, «considerar» se refiere a la meditación y «advertir» a la contemplación; “«Considerar» es
lo mismo que rumiar, analizando la cosa en sí misma, o buscando sus causas, los efectos y las
circunstancias, «Advertir» es fijar la atención y caer en la cuenta de la verdad o importancia de una cosa
que tal vez sabíamos ya de una manera rutinaria y sin haber reparado en ella”.

Vendría a ser también como el razonar una cosa sería el “considerar” y el “advertir” el entenderla.
Es decir, razonar, hasta que realmente me dé cuenta todo lo que eso implica, todas las consecuencias que
eso tiene para mi vida.

“Por esto dice Balmes que lo importante no es saber las cosas, sino advertir en ellas; lo cual a veces
tiene lugar súbitamente, como ocurre con la invención o la inspiración. Considerando las tres maneras de
humildad, fácilmente se cree y admite su verdad porque es cosa evidente: pero es necesario rasgar esa
envoltura de rutina merced a la cual muchas cosas, a fuerza de oírlas, se nos presentan como evidentes, y
así lograremos que brille ante nuestros ojos toda su luz, belleza y bondad interna”.

Es decir, por más de que ya haya meditado este tema otras veces, por más de que lo sepa, y hasta
de memoria tal vez, no significa que hayamos entendido todo, ni que nos hayamos abrazado a esta vera
doctrina de Cristo, tanto como Él quiere que lo hagamos.

Por último dice San Ignacio “Y asimismo haciendo los coloquios”. Los coloquios van a ser los
mismos tres que se hicieron para dos banderas y tres binarios.

“Según esto−dice Casanovas− la consideración debe ir acompañada de afectos y súplicas y


pertenece por lo tanto a la categoría de la verdadera oración”. Es oración, por eso se hace meditación
sobre esto.

“Lo que nos pide, pues, San Ignacio, es que ocupemos suavemente todo el día en una verdadera
oración sobre las tres maneras de humildad; oración que unas veces se asemejará a la consideración, otras
será una sencilla mirada o contemplación, o bien un coloquio con Dios nuestro Señor, con Jesucristo nuestro
Redentor o con la Virgen Santísima, Abogada nuestra. ¿Es posible que una serie de actos como éste no
tenga sobre nosotros una eficacia natural y sobrenatural verdaderamente extraordinaria, mayormente
queriendo «afectarnos a la vera doctrina de Cristo nuestro Señor»? Le sobra razón a San Ignacio para decir
que «aprovecha mucho»”.

P. Gustavo Lombardo
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IVE – Ejercicios Espirituales 3
Segunda Semana

Como vamos a hacer meditación de esto podemos hacer tres preámbulos:

El primer preámbulo: oración preparatoria, ponerse en presencia de Dios.

El segundo preámbulo es la composición de lugar: Jesucristo en el calvario diciéndome: “si quieres


ser perfecto ven y sígueme”; a sus pies la Virgen Santísima, que ha vivido el tercer grado de humildad de
modo perfecto; y en el cielo El Padre ante el cual vamos a implorar la gracia de adquirirle también nosotros
por los méritos de su Hijo.

El tercer preámbulo es la petición: pedir conocimiento verdadero de la vida verdadera que


muestra el sumo y verdadero Capitán y gracia para adherirme a ella Que sería afectarse a la vera doctrina
de Cristo que dice San Ignacio.

Antes de entrar en el primer grado de humildad, debemos tener en cuenta que estas tres maneras
de humildad es lo mismo que decir “tres grados de santidad”.

“San Ignacio− dice Casanovas− quiere que el ejercitante no halle, como vulgarmente se dice,
camino por donde escaparse cuando puesto ya a elegir, o su estado de vida o alguna otra cosa importante
referente a la misma, descubra y vea que ha de elegir un grado superior de perfección, que repugna a su
naturaleza. − ¡Que no se escape de eso! cuando vea que va a tener que elegir algo que va en contra de su
naturaleza, porque es lo más perfecto, lo que busca San Ignacio es que uno no se escape, sino que lo
enfrente, que lo acepte, que imite a Jesucristo.− En este caso únicamente le debe detener para no
abrazarse con ese grado de santidad, la voluntad divina claramente manifestada”.

Es decir, que no hay nada que nos pueda detener, porque Dios quiere que todos seamos santos, y
nunca la Voluntad Divina va a hacer que no lo seamos.

Es el último escalón, el último esfuerzo que hace San Ignacio para que nos determinemos a hacer
la voluntad de Dios, sin tener reparo en ninguna cosa, y afectándonos mucho con la vida y ejemplo de
Jesucristo.

♦ Primer grado de humildad

Dice San Ignacio: [165] “1ª humildad. La primera manera de humildad es necesaria para la salud
eterna, es a saber, que así me baje y así me humille cuanto a mí me sea posible, para que en todo obedezca
a la ley de Dios nuestro Señor, de tal suerte que aunque me hiciesen señor de todas las cosas criadas en
este mundo, ni por la propia vida temporal, no sea en deliberar de quebrantar un mandamiento, ya sea
divino, ya sea humano, que me obligue a pecado mortal”.

Este primer grado de humildad, es la primera manera de abajarme y humillarme cuanto a mí me


sea posible. Y lo que nos propone hacer, es lo que es necesario para salvarnos.

P. Gustavo Lombardo
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IVE – Ejercicios Espirituales 4
Segunda Semana

Por todo el mundo creado, o porque me quiten todo lo que tengo, hasta sea la vida que es lo más
valioso que tenemos, no nos pongamos a deliberar, es decir, preguntarnos “¿hago este pecado o no lo
hago?”; ni siquiera eso; no deliberar en cometer pecado mortal.

Esta manera de humildad cierra la puerta del infierno. Sufre la humillación, la persona, necesaria
para alcanzar el cielo. Aunque quizás con tristeza todavía, porque falta perfección.

♦ Segundo grado de humildad

[166] “2ª humildad. La 2ª es más perfecta humildad que la primera, es a saber, si yo me hallo en tal
punto que no quiero ni me inclino más a tener riqueza que pobreza, a querer honor que deshonor, a desear
vida larga que corta, siendo igual servicio de Dios nuestro Señor y salud de mi ánima; y con esto, que por
todo lo criado, ni porque la vida me quitasen, no sea en deliberar de hacer un pecado venial”.

Indiferencia absoluta, perfecta y voluntad de tercer binario, de no cometer, ni deliberar siquiera


en cometer un pecado venial.

La primera manera de humildad correspondía a la vida purgativa, pero esta es ya la vida


iluminativa.

¿Es necesaria para salvarse? Con la otra ya alcanzaba, pero quien no tiene este grado de humildad,
no puede hacer elecciones y reformas de vida con fruto, como lo señala uno de los directorios de San
Ignacio para los ejercicios.

Hay que pedirla entonces, si no hemos llegado a esta manera de humildad, y pedirla
insistentemente para hacer una buena elección.

Esta manera de humildad cierra las puertas del purgatorio. Hay que ser totalmente indiferente y
bajo ningún punto de vista deliberar el cometer un pecado venial.

♦ Tercer grado de humildad

[167] “3ª humildad. La 3ª es humildad perfectísima, es a saber, cuando incluyendo la primera y


segunda, siendo igual alabanza y gloria de la divina majestad, por imitar y parecer más actualmente a
Cristo nuestro Señor, quiero y elijo más pobreza con Cristo pobre que riqueza, oprobios con Cristo lleno de
ellos que honores, y desear más de ser estimado por vano y loco por Cristo que primero fue tenido por tal,
que por sabio ni prudente en este mundo”.

Va de la mano con aquella oblación del reino que hacíamos. A Dios le da lo mismo, la gloria ésta o
aquella y sin embargo elijo ésta por imitar a Cristo.

A Santa Gema de Galgani se le apareció Nuestro Señor y le ofreció dos caminos: en uno iba sufrir
mucho y en otro no iba a sufrir tanto. Y Él le dijo: “en los dos, vas a llegar al mismo grado de Santidad”.

P. Gustavo Lombardo
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IVE – Ejercicios Espirituales 5
Segunda Semana

Pero ella eligió el más difícil para imitar mejor a Jesucristo. Y después de que lo eligió dijo que tuvo una paz
en su alma, como nunca había tenido en toda su vida. La paz de haber elegido lo mejor, lo más perfecto.

Siendo la misma gloria y alabanza de Dios, aunque sin duda, difícilmente si uno elija la cruz, sea
igual gloria a Dios, sino siempre va ser más. Pero no importa eso, aún siendo igual, yo lo elijo por imitarlo y
parecerme más al modelo perfectísimo que es Jesucristo.

La primera, decíamos, cerraba las puertas del infierno, la segunda cerraba las puertas del
purgatorio. Las dos abrían las puertas del cielo. Esta tercera, ni mira el infierno, ni al purgatorio, ni al cielo,
sino que mira solo a Jesucristo crucificado.

Como decía aquel soneto, atribuido a Santa Teresa:

No me mueve mi Dios para quererte


el cielo que me tienes prometido
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte


clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muéveme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor en tal manera


que aunque no hubiera cielo, yo te amara;
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;


porque, aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

No importa el infierno, no importa el cielo, tanto se ama a Jesucristo que solamente por su Cruz se
mueve el alma a abrazarse a ella.

Entonces San Ignacio nos invita una vez más, porque ya lo hizo en aquella indiferencia ignaciana, a
vivir la locura de la cruz, la ciencia de la Cruz, la alegría de la cruz. Decía San Pablo de la Cruz: “Todo está en
la pasión; es allí donde se aprende la ciencia de los Santos”

Es aquello que San Juan de la Cruz magníficamente escribió: “Procure siempre inclinarse: no a lo
más fácil, sino a lo más dificultoso; no a lo más sabroso, sino a lo más desabrido; no a lo más gustoso, sino
antes a lo que da menos gusto; no a lo que es descanso, sino a lo trabajoso; no a lo que es consuelo, sino
antes al desconsuelo; no a lo más, sino a lo menos; no a lo más alto y precioso, sino a lo más bajo y
despreciado; no a lo que es querer algo, sino a no querer nada; no andar buscando lo mejor de las cosas

P. Gustavo Lombardo
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IVE – Ejercicios Espirituales 6
Segunda Semana

temporales, sino lo peor, y desear entrar en toda desnudez y vacío y pobreza por Cristo de todo cuanto hay
en el mundo” 1.

Son todas aquellas cosas que repugnan a nuestra naturaleza y todas las cosas que vemos que
Cristo abrazó en la Cruz. Por eso Santo Tomás de Aquino decía: “para llevar una vida perfecta no se debe
más que despreciar lo que Cristo despreció en la Cruz y amar lo que Cristo amó en la Cruz”.

Santa Teresa decía: “Padecer o morir”. En otro lugar dice: “mirando a Cristo en la Cruz tan pobre y
desnudo, no podía tener paciencia en ser rica. Suplicábale con lágrimas que ordenase las cosas para que yo
me viese pobre como Él” 2.

Don Orione: “A Cristo se le ama en la Cruz y crucificado con Él”.

Charles de Foucauld escribe: “Dios mío, yo no sé si es posible a algunas almas verte pobre y seguir
siendo voluntariamente ricas[...] En cuanto a mí, no puedo concebir el amor sin una exigencia imperiosa de
semejanza, y sobre todo, de compartir todas las penas, todas las dificultades, todas las asperezas de la
vida[...] Ser rico, dueño de mis comodidades, vivir holgadamente de mis bienes, mientras Tú eres pobre, sin
recursos[...] en lo que a mí respecta no puedo amar así”.

San Claudio de la Colombiere escribía: “Como he conocido que mi pasión dominante es la


vanagloria, he hecho el firme propósito de no omitir ninguna humillación que yo me pueda procurar sin
quebrantar la regla, y de no huir jamás de las que se me presenten. He notado que el propósito continuo de
humillarse y mortificarse en todo, causa a veces tales tristezas a la naturaleza que la vuelven floja y menos
dispuesta a servir a Dios. Esta tentación me parece que se puede vencer atendiendo a que Dios no exige
esto de nosotros sino por amistad; que nos aprestamos a este ejercicio como un buen amigo se esfuerza en
complacer a su amigo en todas las cosas, o como un buen hijo intenta servir y agradar a su buen padre... se
hace con placer aquello con lo que se cree deber ser agradable a la persona amada”.

Se transforma en agradable entonces cuando se hace por amor, y se da cuenta que es una
tentación verlo como causa de tristeza.

Monseñor Canovai, que vivió varios años en la Argentina, era un diplomático eclesiástico, pero un
gran hombre de una gran espiritualidad. Escribió las siguientes letanías, las que habría que tratar de
decirlas, y de amarlas:

¡Aquí estoy Señor envíame!


Al dolor, envíame, Señor.
A la humillación, envíame, Señor.
A la ingratitud, envíame, Señor.
Al olvido, envíame, Señor.
Al fracaso exterior, envíame, Señor.
A la calumnia, envíame, Señor.
A la traición, envíame, Señor.
A la soledad, envíame, Señor.
A la abyección interna y externa, envíame, Señor.
A la oscuridad, envíame, Señor.
Al sufrimiento, envíame, Señor.

1 San Juan de la Cruz, Subida al Monte Carmelo , l. 1, c. 3, n. 6


2 San Teresa, Vida, 35, 3

P. Gustavo Lombardo
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IVE – Ejercicios Espirituales 7
Segunda Semana

Al trabajo escondido y penoso, envíame, Señor.


A la incomprensión de los otros, envíame, Señor.
A la donación silenciosa y continua, envíame, Señor.
Al sacrificio, envíame, Señor.
A la muerte, envíame, Señor.
Al martirio, envíame, Señor.
A la cruz, envíame, Señor.

[168] “Nota. Así para quien desea alcanzar esta tercera humildad, mucho aprovecha hacer los tres
coloquios de los binarios ya dichos [147 y 15], pidiendo que el Señor nuestro le quiera elegir en esta tercera
mayor y mejor humildad, para más le imitar y servir, si igual o mayor servicio y alabanza fuere a la su
divina majestad”.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

P. Gustavo Lombardo
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