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Paradigmas de Políticas Culturales en AL

Políticas culturales en América Latina. Néstor García Canclini III. Los paradigmas políticos de la acción cultural Presentaremos las bases doctrinarias de las concepciones y modelos (paradigmas) de las políticas culturales, las situaremos brevemente en sus condiciones de aparición y examinaremos sus consecuencias en la política cultural.

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Políticas culturales en América Latina. Néstor García Canclini III. Los paradigmas políticos de la acción cultural Presentaremos las bases doctrinarias de las concepciones y modelos (paradigmas) de las políticas culturales, las situaremos brevemente en sus condiciones de aparición y examinaremos sus consecuencias en la política cultural.

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Políticas culturales en América Latina.

Néstor García Canclini


III. Los paradigmas políticos de la acción cultural

Presentaremos las bases doctrinarias de las concepciones y modelos (paradigmas) de las políticas
culturales, las situaremos brevemente en sus condiciones de aparición y examinaremos sus
consecuencias en la política cultural.

a) El mecenazgo liberal

Es laprimeraforma de promoción moderna de la [Link] origen se remonta a los encargos de los


papas, reyes y príncipes. El mecenazgo moderno impone menos indicaciones precisas sobre el
contenido y el estilo del arte porque la burguesía no exige relaciones dedependencia al modo de
los señores feudales.
Esta forma de promover la cultura subsiste en [Link] y otros centrales en los que el Estado no es el
impulsor predominante de la producción cultural. En América Latina, la debilidad del mercado
artístico sigue dejando espacio a muchas fundaciones culturales promovidas por una persona o
familia, que sostienen algunas actividades más costosas o con menor capacidad de
autofinanciamiento. Estas familias donan altas sumas de dinero para la creación artística, basados
en gustos y criterios de selección personales. El desarrollo de la cultura no es visto como una
cuestión colectiva, si no como el resultado de relaciones individuales: es una decisión personal la
de financiar ciertos gastos culturales. Si bien esta promoción del arte toma en cuenta a veces la
difusión a un público más amplio, es más para reubicar la acción mecenal en la dimensión masiva
de la cultura que por un intento de responder a demandas sociales.
En ocasiones esta concepción mecenal se encuentra dentro del aparato estatal, sobre todo en
países que no cuentan con las instituciones adecuadas. Se encarga entonces a una persona culta
de confianza la administración de los fondos para la cultura.
Si bien el mecenazgo suele reducirse a la alta cultura y no pretende fijar estrategias globales de
desarrollo cultural, se lo considera una forma de política cultural porque ha servido para normar
las relaciones en este campo, distribuir fondos y establecer líneas prioritarias.

b) El tradicionalismo patrimonialista
Ha surgido especialmente en los estados oligárquicos y en los movimientos nacionalistas de
derecha. Define a la nación como un conjunto de individuos unidos por lazos naturales (espacio
geográfico, raza) e irracionales (amor a la misma tierra, religión) sin tomar en cuenta las
diferencias sociales. Desprecia los criterios históricos para definir lo nacional y se apoya en
componentes biológicos y telúricos. La dinámica histórica se diluye en la tradición. Se olvidan los
conflictos en medio de los cuales se formaron las tradiciones nacionales o se los narra como
trámites para configurar las instituciones que garantizarían la esencia de la Nación: la Iglesia, el
Ejército, la Familia y la Propiedad.
Si bien la oligarquía aristocrática ha sido la principal portadora del tradicionalismo, muchos de sus
rasgos son reasumidos por corrientes populistas. Su política cultural consiste en la preservación
del patrimonio folclórico. Este folclor se constituye a veces en torno a la esencia prehispánica,
otras mezclando características indígenas. Tales tendencias coinciden al pretender encontrar la
cultura nacional en algún origen quimérico de nuestro ser desprendido de los procesos sociales
que las engendraron.
En argentina fue elaborada por Julio Irazusta y Leopoldo Lugones, pero sectores del peronismo
retomaron sus ppales. ideas.

c) Estatismo populista

Para esta concepción la identidad no está en la raza, ni en las virtudes geográficas, ni en el


pasado o la tradición. Se aloja en el Estado, el cual aparece como el lugar en que se condesan
los valores nacionales, el orden que reúne las partes de la sociedad y regula sus conflictos.
Esto puede estar sostenido por la figura de un lídero por una estructura partidaria-estatal
organizada jerárquicamente.

Se exige a las iniciativas populares que se subordinen a los intereses de la nación y se


descalifican los intentos de organización independientes de las masas. La política cultural de
esta tendencia identifica la continuidad de lo nacional con la preservación del Estado.
Promueve, entonces, las actividades que cohesionen al pueblo contra la oligarquía. Esta
política favoreció en el 1° gobierno peronista el desarrollo de la cultura subalterna y genero
una industria cultural bajo la protección del Estado. Sin embargo al finalizar el 2° gobierno del
peronismo surgió un proyecto de talleres barriales, experiencias de comunicación masiva, que
trascendían el control estatal. Se puede decir que el la pérdida o desvanecimiento de este
crecimiento cultural se debe a una caracterización inadecuada de lo popular que realizan los
estados; ya que lo entienden como el conjunto de hábitos espontáneos del pueblo sin
discriminar lo que representan sus intereses. Al no cuestionar las estructuras ideológicas de
dominación, los programas de democratización educativa del peronismo quedaron a mitad de
camino.

En varios movimientos populistas latinoamericanos encontramos que su política cultural trata


de reproducir las estructuras ideológicas y las relaciones sociales que legitiman la identidad
entre Estado y Nación. Esto no es un mecanismo repetitivo, sino que los componentes de la
nacionalidad son reformulados por el Estado para adecuarlos a nuevas etapas del desarrollo
capitalista.

d) Privatización neoconservadora

La corriente hegemónica en la actualidad es la que desarrolla una política coherente con la


reorganización monetarista de las sociedades latinoamericanas.

La última etapa de fortalecimiento de la acción cultural de los Estados fue durante la década
de los sesenta, cuando América Latina alcanzó un desarrollo más sostenido: creció la
producción y el mercado interno, se amplió el consumo, aumentó considerablemente el
ingreso a la educación superior, desarrollo de ciencias sociales y vanguardias estéticas, etc.
Aunque no fueron eliminadas las desigualdades en el acceso a la cultura, se extendió su
circulación, y encontramos una valoración creciente de las culturas populares.

A mediados de los setenta la crisis económica fue ahogando los proyectos desarrollistas. Para
enfrentar la crisis las corrientes neoconservadoras: reorganizan el modelo de acumulación,
eliminan áreas ineficientes, concentran la producción en monopolios, se restringe el gasto
público.

En América Latina el monetarismo continúo algunas de esas tendencias, con efectos diversos
según los países. El objetivo de la doctrina neoconservadora en la cultura es fundar nuevas
relaciones ideológicas entre las clases y un nuevo consenso que ocupe el espacio semivacío
que ha provocado la crisis de los proyectos oligárquicos, populistas y socialistas. Para lograrlo
los principales recursos son: transferir a las empresas privadas la iniciativa cultural, disminuir
la del Estado y controlar las de los sectores populares.
Análisis comparativo de dos casos: países del cono sur y México:

En México la crisis se manifiesta en 1982, en este momento se reorganiza la política


presupuestaria y comienza huna severa austeridad del gasto público. Como consecuencia se
observa la aplicación de políticas monetaristas: reducir fondos para educación y cultura,
eliminar el asistencialismo, ceder a empresas privados espacios del gobierno, se suprimen
instituciones estatales. Las formas de acceso a la cultura han sido afectadas por el incremento
de los costos y la baja de salarios. Por otro lado la iniciativa privada compite con el Estado con
el propósito de sustituirlo como constructor de hegemonía.

Los efectos de estas políticas en México comprados con Chile y Argentina son muy similares a
pesar de ser sociedades diferentes. En Argentina la inestabilidad política, la debilidad del
Estado en comparación con la sociedad, el avance de las guerrillas y los movimientos
populares hicieron que el reordenamiento monetarista solo pudiera cumplirse a través de una
violenta dictadura militar. Los Estados autoritarios desinteresados del consenso masivo
habiendo restringido la actividad política, dejan que la iniciativa privada sustituya al Estado, a
los partidos, y a organizaciones populares. Toman a los sujetos sociales ya no como
compañeros o ciudadanos si no como consumidores, ahorristas.

e) Democratización cultural

Este paradigma concibe la política cultural como un programa de distribución y popularización


del arte, el conocimiento científico y la alta cultura. Su hipótesis básica es que una mejor
difusión corregirá las desigualdades en el acceso a los bienes simbólicos.

A veces se usó el aparato estatal para desarrollar la democratización cultural (por ejemplo en
el peronismo, período de Velasco en Perú, la unión popular en Chile, etc.). En otros casos, este
paradigma orientó la acción de movimientos de la sociedad civil que no llegaron al poder o lo
obtuvieron por breves períodos, es el caso de grupos de artistas que buscaron nuevos canales
de comunicación con sectores populares. Debe hacerse una distinción entre quienes trabajan
por la democratización desde las instituciones del Estado, quienes lo hacen a través de
organismos independientes y la acción de las industrias culturales ejercida bajo la lógica
empresarial.
A pesar de que el éxito de este paradigma hasta el momento es más retórico que práctico, en
México la democratización y el acceso a los bienes simbólicos ha aumentado (por ejemplo se
han elevado las visitas a museos, los organismo estatales promueven más espectáculos, etc.).

En los últimos años se viene desarrollando un debate sobre esta concepción donde se
presentan dos grandes críticas. La primera dice que la democratización cuando consiste solo
en divulgar la alta cultura, implica una definición elitista del patrimonio simbólico y la
imposición paternalista al resto de la población. La otra objeción refiere a que el
distribucionismo ataca los efectos de la desigualdad entre las clases, pero no cambia
radicalmente las formas de producción y consumo.

Las investigaciones sobre consumo cultural demuestran que las diferencias en la apropiación
de la cultura tienen su origen en las desigualdades socioeconómicas y en la diversa formación
de hábitos y gustos. Estos hábitos no se cambian mediante acciones publicitarias si no a través
de programas que intervengan en las causas estructurales.

Si bien sabemos que la crisis económica y las restricciones al gasto público disminuyen los
recursos para producir esos cambios, si estamos convencidos de los derechos culturales, las
demandas en este campo deberían ser centrales. De lo contrario reincidimos en el prejuicio de
que la cultura es una cuestión secundaria.

f) Democracia participativa

Las críticas a la democratización difusionista han llevado a formular un paradigma alternativo.


A diferencia de las posiciones unidimensionales y elitistas que sostienen los paradigmas
mecenal, tradicionalista, estatal y privatizante, e incluso el democratizador, esta concepción
defiende la coexistencia de múltiples culturas en una misma sociedad. Puesto que no hay una
sola cultura legítima, la política cultural no debe dedicarse a difundir solo la hegemónica sino a
promover de desarrollo de todas las que sean representativas de los grupos que componen
una sociedad. Además de transmitir conocimientos y desarrollar la sensibilidad, procura
mejorar las condiciones sociales para desenvolver la creatividad colectiva.

Parecería lógico que los partidos de izquierda fueran los protagonistas de esta postura debido
a su preocupación por los intereses populares y por impulsar un modo más justo de las
relaciones sociales. Pero en gran medida esta lucha suele darse fuera de ellos. La democracia
sociocultural es el proyecto de grupos alternativos cuyo crecimiento en los últimos años es
signo de renovación de la escena política.

Desde los ochenta se vienen haciendo evaluaciones críticas sobre este paradigma alternativo.
Por una parte de señala que estos grupos idealizan a los sectores populares imaginándolos
ajenos al desarrollo capitalista. Por lo mismo estos movimientos ejercen cierta oposición en
ámbitos restringidos pero no logran construir alternativas culturales para disputar
efectivamente la hegemonía a los grupos dominantes.

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