Capítulo La Complejidad Límites y Desafios-Rivera
Capítulo La Complejidad Límites y Desafios-Rivera
Reflexiones sobre
investigación integrativa.
Una perspectiva inter y transdisciplinar
© Colombia 2019
Reflexiones sobre investigación integrativa. Una perspectiva inter y transdisciplinar
Sello editorial:
ISBN Digital: 978-958-56924-7-3
Autores:
Roberto Rivera Pérez; José Alonso Andrade Salazar; José Gustavo Casas Álvarez; Pedro Antonio
Ortiz Báez; Alfredo Delgado Rodríguez; Alexandre de Pomposo García-Cohen; Michelle Vyoleta
Romero Gallardo. (Creative Commons)
Compiladores.
Roberto Rivera Pérez
José Alonso Andrade Salazar
Coordinación Editorial:
Alfonso Insuasty
Eulalia Borja
Revisión de estilo:
Leider Restrepo
Agradecimientos especiales a:
Multiversidad Mundo Real Edgar Morin (México)
Grupo GIDPAD (Colombia)
Grupo [Link] (Colombia)
REDIPAZ (Colombia)
Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales - CLACSO
Diseño y Diagramación:
Piermont, Leider Restrepo
[Link] - [Link]
Primera edición
Medellín, septiembre de 2019
Capítulo I.
Contenido
Capítulo II.
¿Es Dios un fenómeno emergente del cerebro humano?
La transdisciplinariedad de un asunto mayor .............. 43
Capítulo III.
La investigación relacional y sus pilares:
complejidad, rizoma y transdisciplina ......................... 65
Capítulo IV.
Sujeto transdisciplinario y sujeto cualitativo .............. 90
Capítulo V.
Dialógica bioculturalidad-sustentabilidad
para la investigación territorial ................................... 107
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Introducción
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La investigación en ciencias humanas y sociales ha propendido hacia
la integración de múltiples objetos de estudio, métodos y disciplinas;
evento que podría ser recuperado a modo de complexus, escenario
integracional en el que se generan campos relacionales del conocimiento,
que emergen de la no-insularidad y no-linealidad de los problemas
de investigación. Por ende, no existe un solo problema, insular o
monolítico, reducido a un solo tópico, o una sola disciplina o corriente
de pensamiento. Y por ello, se reconocen las virtudes y alcances del
poliglotismo científico, la ecología y el diálogo de saberes que sugieren
la categoría de policentrismos problémicos, cuya tendencia al cambio
permanente vinculado al diálogo de saberes, la actitud dialógica, la
integración narrativa y los flujos de sentido propios de los fenómenos
sociales y antropoéticos, permitirían ubicar a la investigación en un
territorio en el que converge lo global, parcial, caótico, la incertidumbre,
la linealidad y no-linealidad, o sea, en un escenario donde lo exploratorio
se adecúa de forma más amplia y generosa, a las necesidades,
expectativas y reflexiones de los investigadores en ciencias humanas
y sociales, evitando caer en una anarquía o relativismo epistémico e
investigativo, pero a su vez, haciéndose consciente de este constante
riesgo y la adopción del error, como una experiencia propositiva, más
allá de una pérdida de tiempo al interior de la investigación; como
oportunamente lo deja entrever Rivera en su aporte.
Resulta importante mencionar, que antes que centrarse en
métodos implementados en investigación, son los diversos objetos de
estudio los que brindan luces para la elección de estos, de allí que sea
relevante aprender a aprehender la interrelación entre los diversos objetos
que fluyen y emergen de la inter-retro-acción entre los fenómenos
indagados. En ese sentido, una mirada amplia y relacional a los métodos
de investigación, evita la polarización insular-destructiva, y se esfuerza
colectivamente por respetar, valorar y rescatar, los alcances y aportes
a la construcción conjunta y ordenada de conocimiento, aunado a la
intervención directa del sujeto investigador, el cual, es una de tantas
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manifestaciones caóticas de los diferentes procesos evolutivos de larga
duración que acontecieron, y que particularmente este (el ser humano)
en su ámbito del cambio neuronal, le han permitido el desarrollo de la
curiosidad, la reflexión y una posible necesidad de plantearse una serie
de premisas sobre su actuar y permanencia en el mundo, así como el
requerimiento de la existencia metafísica de compañías espirituales,
como oportunamente lo apunta De Pomposo, lo que también lo ha
vuelto un sujeto transdisciplinar que recurre al análisis de múltiples
aristas de un solo problema, como lo sugiere el aporte de Romero.
En ese sendero, no se trata de situar y apuntalar una fractura,
atomización o pelea por oposición destructiva entre modelos, diseños o
metodologías, que surja acorde al cuestionamiento sobre qué método es
mejor o tiene mayor validez explicativa, sino de la utilidad comprensiva
para resolver las preguntas, percibir los flujos y fluctuaciones, acoger la
incertidumbre y bifurcación del entorno, brindar respuestas relativas y
en contexto, y reconocer la complejidad fenoménica de lo investigado.
Argumento que en esencia está presente en cada uno de los diferentes
aportes que integran esta obra.
Por ende, se debe comenzar a considerar que la investigación
relacional debería tener como objetivo la exploración de las múltiples
interrelaciones y sus emergencias de sentido, derivadas de la interacción
reticular, entramada y rizomática entre dichos sentidos, paradigmas, posturas
y teorías, por lo que su comprensión e indagación aparenta ser relativa,
por ser altamente acorde a los contextos en que se diseñan, planifican
e implementan las prácticas investigativas. De suyo, es notable que la
investigación relacional se esfuerza por transitar entre dos grandes
derivas emergentes: 1) las dinámicas de los flujos que le dan forma a
la variabilidad de lo investigado; y, 2) la búsqueda relacional, colectiva,
integral-integrada, dialógica-compleja del sentido; mismo que deviene
de la reflexividad que se imprime a los hallazgos y emergencias
derivadas de la investigación. En este aspecto, los escenarios de
investigación son en realidad contextos dinámicos no-lineales dotados
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de multiplicidad de interacciones y fenómenos emergentes, cuya
interrelación permite reconsiderar la lógica con que dichos contextos
son percibidos y observados en una primera instancia, de allí que la
movilidad invite a los investigadores a percibir los flujos, generar y
comprender colectivamente los sentidos, y propender por concebir y
reformular sus modelos explicativos, al igual que las interpretaciones
de las realidades investigadas, como bien lo ilustra Andrade tras
sugerir la propuesta del modelo de rizoma, a fin de que se considere en
la investigación relacional e integrativa.
Por su parte Casas-Ortiz-Delgado, presentarán una propuesta que
permite reconsiderar la crisis de la explotación de los recursos naturales
sobre la base de la propuesta teórica en la integración conceptual del
metabolismo, la biocultura y el calentamiento global, acciones que se
están generando al interior de un grupo de investigación específico.
Por la descripción anterior, no se debe perder de cuenta que este libro
en general, buscó rescatar y sugerir distintas maneras e ideas del cómo
es que se puede acercar el investigador al análisis cualitativo integral,
ya sea desde los aportes teóricos, la presentación de modelos, la
reconsideración de su actuar en la investigación, y la implementación
de la metodología en distintos campos de investigación, que no
necesariamente tienen un origen curricular o de formación académica,
sino que también pueden ser resultados de prácticas y experiencias
autodidactas. Pues a fin de cuentas, y parafraseando a Ilya Prigogine
(premio Nobel de Química): “Se debe transitar por sendas y abrir
caminos en territorios en donde no hay rutas, y no existen los mapas”.
Finalmente, cada una de las temáticas que se presentan, destacan
la importancia de trabajar conjuntamente, acudiendo al principio
dialógico que reúne antagónicos y elementos complementarios, la
bifurcación y la no-linealidad, la lógica del tercero incluido que reconoce
lo emergente de la diversidad de contenidos y discursos, ubicándolos
en un plano de la realidad donde la complementariedad permite
nuevos flujos de sentidos (nuevas ópticas para la reflexión). Y a su vez,
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consintieron, a partir de un poliglotismo científico, que se construyeran
oportunos puentes conceptuales supeditados a los diálogos de
saberes entre los autores, con el fin de sugerir propuestas teóricas,
metodológicas y de implementación, como resultado de las diferentes
miradas de los disimiles fenómenos que se estaban analizando de
manera individual o colectiva, pero contemporáneamente. Y que
oportunamente se lograron recuperar en este documento.
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Capítulo I.
La complejidad: límites y desafíos
en la investigación contemporánea
Introducción
El desarrollo y demás avances científicos, tecnológicos y sus
metodologías, se encuentran en un momento de constante cambio. La
necesidad de explorar nuevos senderos investigativos y el análisis de
fenómenos cada vez más extraños, invitan a recuestionar los principios,
paradigmas, teorías y leyes que nos han acompañado hasta este
momento.
En ese sentido, surge una oportunidad para replantear “la finalidad”
de la ciencia, revalorizar los saberes tradicionales, pero también para
cuestionar el papel del científico en este proceso. Tras considerar
este contexto, es completamente válido preguntarse: ¿El paradigma
de la complejidad y sus metodologías, serán una vía correcta para la
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reformulación de la ciencia? Por ende, el presente ensayo tiene por
objetivo general: Establecer un oportuno diálogo de saberes, que vislumbre
algunos de los alcances y las limitaciones que caracterizan a las investigaciones
versadas en las teorías de la complejidad, con la intención de que sirva como un
referente para futuras reflexiones teórico-metodológicas en estos rubros.
Con el propósito de lograr lo anterior, se desarrollarán los siguientes
apartados.
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le facilitó el acceso al público negado, que por distintas razones, deseos,
decisiones personales o simplemente desconocimiento del idioma o de
la temática, no accedían a este tipo de aportes científicos.
Parte de los orígenes de los actuales estudios de la complejidad, se
desarrollan en el ejercicio recurrente, casi cotidiano, consciente –y en
ocasiones hasta inconsciente–, que exige el establecer las relaciones
diádicas o los pares de oposición, es decir, el determinar un objeto y
contraste. Por ejemplo: arriba/abajo, alto/bajo, izquierda/derecha, caer/
ascender, bueno/malo, posible/imposible, gusto popular/gusto refinado,
autorizado/negado, correcto/erróneo, científico/acientífico, etcétera,
las cuales, se pueden considerar como una de las formas elementales
que el ser humano utilizó para poder explicar el entorno en donde
se encontraba, y que posteriormente se supeditaron a los principios
de la mitología, las leyendas y cosmovisiones, no como elementos
precientíficos –como sostendría Comte y otros precursores–, sino como
alternativas para la explicación del mundo, que a su vez permitieron
plantear las interrogantes “más básicas y sencillas” que abrieron la puerta
a los resultados y aportes que hoy en día gozan las ciencias clásicas o
disciplinares. En ese sentido, no se puede olvidar el papel de las Ágoras
en la época helénica, o el ejercicio de reflexión propio de la mayéutica
que desarrollaba Sócrates con sus discípulos, y cuyas evidencias están
relatadas en los Diálogos de Platón; pedagogía que posteriormente fue
parcialmente retomada por Aristóteles, dando un peso fundamental al
valor de la pregunta y a la reflexión. Siguiendo ese sendero –y muchos
siglos después–, contextualizados por los grandes descubrimientos
territoriales y los deseos expansionistas de los siglos xvii-xviii, aparecen
entre otras figuras: René Descartes y Sir Isaac Newton. El primero,
tras hacer preguntas y reflexiones sobre la verdad, desconociendo y
cuestionando lo que “otros” (doctos, autoridades de la época y personas en
común) afirmaban o refutaban, busca construir su propio conocimiento
y establecer la verdad de lo que él personalmente haya comprobado
hasta su última prueba, por ende, elabora para sí mismo un método, el
21
cual llega hasta nuestros días a razón de la publicación del Discurso del
método, el cual consta de cuatro pasos centrales:
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que permitiría cuestionar, comprender y establecer las leyes básicas del
orden de la naturaleza.
En suma, tras la unión del determinismo newtoniano y el
reduccionismo descartesiano, y su reconocimiento e incorporación al
interior de los círculos académicos y científicos, para posteriormente
integrarse a las curriculas universitarias y profesionales. El resultado
fue la herencia que por varios siglos estuvo vigente como el paradigma
simplificador, mismo que se caracteriza por: a) La búsqueda y el
establecimiento de leyes y teorías únicas, que sean el claro reflejo y
explicación del orden de la naturaleza –como lo sugieren Hawking-
Mlodinow (2015) y Hawking (2016)–; b) La necesidad de la cuantificación
y comprobación de los resultados matemáticos en el proceso de
análisis de los fenómenos naturales; c) Identificar los conocimientos
y explicaciones erróneas, para lograr la certidumbre de las leyes y
teorías; d) El olvido del papel del tiempo en los procesos de cambio y
transformación, y e) La ruptura en la relación entre los fenómenos de la
naturaleza y el actuar del ser humano, supeditada a la objetividad de la
investigación, provocando la idea del dominio del entorno y explotación
de los recursos. Cito de Prigogine y Stengers (2004):
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no conoce. El verdadero conocimiento se encuentra así, por esencia,
fuera del alcance de la ciencia. (2004, p.119).
La lógica de la monocultura del saber y del rigor científico, tiene que ser
cuestionada por la identificación de saberes y de otros criterios de rigor
que operan increíblemente en las prácticas sociales. Esa credibilidad
contextual debe ser considerada suficiente para que el saber en cuestión
tenga legitimidad a la hora de participar en debates epistemológicos
con otros saberes, sobre todo, con el saber científico […] en una ecología
de los saberes la ignorancia no es necesariamente un estadio inicial o un
punto de partida […] La ignorancia es solo una forma de descualificación
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cuando lo que está por ser aprendido es más valioso que lo que se está
por olvidar (De Sousa Santos, 2009, pp.113-114).
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clásico se desecharon; a fin de reincorporar a los seleccionados en los
senderos de la metamorfosis de la ciencia contemporánea, es decir los
estudios de la complejidad.
Algunas de las probables limitantes que tiene este tipo de estudios
y su naciente paradigma, han sido: 1) El centrar la atención en tratar
de identificar cuál es, concretamente su objeto de investigación, 2)
El intentar establecer un lenguaje científico específico, 3) Delimitar
las posturas teóricas para su análisis (teoría de sistemas y modelado,
fenómenos de tercer orden, termodinámica, entre otras). Sin embargo,
el papel de la incertidumbre científica y el reconocimiento caótico de
los fenómenos naturales, acompañado de las apreciaciones culturales,
permitiría sostener:
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centrado en la especialización y alineación disciplinar de las personas
que se adscriben a esta, lo que no resta valor a la formación autodidacta
que otros individuos han desarrollado y perfeccionado, al grado de
que quizá puedan ubicarse a la par de los más grandes investigadores
contemporáneos, sin haber tenido la oportunidad de cursar parcial
o totalmente la educación formal escolarizada y profesionalizante.
El punto es, que los estudios de la complejidad, reconocen su origen
disciplinario, simplificador, determinista y totalizador; no lo destierran
de sus ámbitos de investigación, al contrario, le podrían sumar los
errores, discursos e incertidumbres que las ciencias clásicas alguna
vez omitieron o, fueron negadas frente a estos –como ya se ha ido
expresando, pero será desarrollado en el siguiente apartado–.
Asimismo, se reconoce que la hiperespecialización, no alude
solamente a una formación disciplinar específica, pues supondría que
el comenzar una segunda o tercera carrera profesional “solventaría lo
anterior”; sino a la negación voluntaria, consciente o inconsciente que
tiene el investigador y demás estudiosos de fenómenos por salir de su
zona de confort, y por no romper el precepto de escribir solamente en
temáticas que conoce, domina y le generan adeptos.
Ahí está la particularidad de la investigación exploratoria que
amerita la metamorfosis de la ciencia, en tratar de encontrar nuevos
caminos por sitios en donde otros ya habían pasado, y que no habían
visto una oportunidad de cambio; pero también el tratar de abrir
senderos por donde solamente unos pocos, ¡o nadie!, se ha atrevido a
ingresar. Como lo sugiere Schrödinger en su introducción de ¿Qué es la
vida? O Prigogine en El nacimiento del tiempo, pero también la historia
de Howard Carter (descubridor de la tumba de Tutankamón en el año
de 1922) o Lee Rogers Berger (descubridor de los restos del hombre de
Naledi en Sudáfrica en el año 2015), quienes se atrevieron a revisar lo
que otros ya habían inspeccionado y desechado, por mencionar casos
concretos –pero evidentemente hay muchos más–.
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Lo que invita a pensar, ¿Qué es lo que hubiera ocurrido, si
particularmente Schrödinger y Prigogine no se arriesgan a la búsqueda
de datos fuera de sus áreas confort? ¿Qué es lo que los incitó para iniciar
una búsqueda ante lo desconocido, con las herramientas disponibles?
Lo más seguro –especulativa y optimistamente hablando–, es
que quizá otro u otros de sus colegas, y mucho tiempo después,
habrían encontrado los principios de lo que ahora se conoce como
la neguentropia y la irreversibilidad del tiempo en las estructuras
disipativas, respectivamente. Nociones que, en la actualidad, se suman
a la lista de nuevos y viejos argumentos redescubiertos, y que ahora
están obligando a la mayor parte de los científicos a replantearse
y, volverse a cuestionar sobre las verdades que ya se tenían casi por
absolutas y determinadas. Como ya ocurrió en el año de 1986, tras el
discurso inaugural de sir James Light-hill durante la sesión de la Unión
Internacional de Mecánica Pura y Aplicada (IUPAC, por sus siglas en
inglés), (como se citó en Prigogine, 2017):
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La vida comporta innumerables procesos de detección, de represión
del error, y el hecho extraordinario es que la vida también comporta
procesos de utilización del error, no solo para corregir los propios
errores, sino para favorecer la aparición de la diversidad y la posibilidad
de la evolución. En efecto, ocurre que el «error», en el momento de la
duplicación reproductora se manifiesta como fecundo en relación a la
repetición de la norma u ortodoxia genética, que sería la «verdad» (con
muchísimas comillas) de una especie, cuando determina la aparición de
cualidades nuevas que a su vez van a caracterizar una nueva especie. A
partir de ahí, el error con referencia a la antigua ortodoxia se convierte
en norma, es decir, «verdad» de la nueva (1984, p.276).
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donde el desarrollo particular de habilidades y conocimientos, pero sobre
todo la posibilidad reproductiva, podía ser la diferencia entre generar
o no las condiciones neguentrópicas, que alejara temporalmente a los
miembros de determinadas especies de los letales estados de equilibro.
En ese sentido, y si se juega con la categoría «verdad» y «error», se podría
suponer que las especies que se lograron adaptar (“verdad”) fue por el
desarrollo de conocimientos y habilidades cognitivas (como siempre
se ha sugerido para el homo sapiens sapiens); y las que han perecido
(“error”), fue por su incapacidad de adaptarse al medio y el entorno.
Cuando nunca se ha preguntado: ¿Qué hubiese pasado, si es que los
dados no se hubieran cargado tanto a nuestro favor, a diferencia de otros
miembros ahora extintos de la familia homínida, como el Neanderthal?
Ciertamente, el considerar a los científicos y a la humanidad en general,
como poseedores de la “verdad” sobre la base de las habilidades
cerebrales que supuestamente nos permitieron sobrevivir en la
evolución, solamente es una manera fácil y rápida de omitir preguntas
como la anterior, mismas que no nos permiten reconocernos como
una pieza más en el tablero de ajedrez; lo que evidentemente negaría
nuestra ascendencia y parentesco autoadjudicado con los dioses.
El Antropocentrismo en la investigación
A lo largo de la historia de las ciencias, ahora identificadas
como clásicas, disciplinares propias del paradigma simplificador
y determinista, se ha consolidado un imperio teórico y de leyes
predictivas, que no tiene más que la finalidad de conocer a la
naturaleza para controlar y explotar sus recursos, así como predecir
el cambio de los fenómenos ambientales; por ende, se ha establecido
una disrupción entre la ciencia, el ser humano y la naturaleza. Como
resultado de este divorcio, la especie humana se ha autoengrandecido,
a razón de los grandes desarrollos tecnocientíficos, a fin de consolidar
la búsqueda ilusoria del dominio absoluto de las especies, la Tierra, el
mismo hombre y posteriormente el universo.
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No obstante, poco se ha reflexionado sobre las tres humillaciones
científicas que el hombre ha recibido a lo largo de su propia historia. La
primera, es el resultado de las observaciones, indagaciones y registros
de los primeros astrónomos, como fue el caso de Hypatia; quien fue
secundada por Giordano Bruno; seguido por Copérnico, quien, a su
vez, rescató esas y otras propuestas de sus antecesores; y cuya labor
fue continuada por Galileo. Y estos dos últimos, son los que derrocan
la idea del geocentrismo, permitiéndonos conocer que la Tierra no es
el centro del universo, sino que es un simple satélite más en un vasto,
impredecible, aún desconocido y sorprendente espacio sideral.
La segunda. Herencia de trabajos e investigaciones previas y
contemporáneas a Charles Darwin, quien publicó El origen de las
especies. Y cuyo aporte principal, fue el principio de la selección natural,
el cual dicta cuáles son algunas de las cualidades y características
básicas que las especies y demás organismos deben tener para lograr
su supervivencia y reproducción en un entorno cada vez más incierto.
Donde la única afirmación que realizó Darwin sobre el hombre, dicta
lo siguiente (como se citó en Serrallonga, 2002): “Se arrojará mucha luz
sobre el origen del ser humano y su historia” (p.126).
Tras recibir las fuertes críticas e impugnaciones a su trabajo, sobre
todo por haber cuestionado directamente a Las Sagradas escrituras; no
le quedó otra opción más que escribir El origen del hombre. Manuscrito
que ahora sí, afirmaba que el ser humano era una especie más como
cualquier otra, cuyo origen se remontaba a un primate ahora extinto, que
radicó en el continente africano; mismo que tuvo que sortear una serie
de eventualidades para poder obtener un lugar en el tablero de la vida.
¡Que humillación más grande! Hacerse conocedores de ser una especie
más, que pudo o no haber sobrevivido, pero cuyo origen se remonta a uno
de los continentes más castigados y repudiados por la misma historia
de la humanidad, versus las grandes sociedades, industrias e imperios
militares que han caracterizado sobre todo al continente europeo.
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Finalmente, la tercera humillación, es el fruto del descubrimiento del
inconsciente que realizó Freud. Es decir, la incapacidad del ser humano
de controlar varios de sus pensamientos, actuares, pulsiones y deseos
(sobre todo libidinales), lo que no le permite escapar por completo
de un estado biológico, relacionado con los instintos animales sobre
todo en la pulsión sexual a razón de las feromonas o sus equivalentes
–como también lo sugiere Lévi-Strauss (2014)–, versus la ilusión de una
raciocinio profundo, meditado, calculador y negado de sentimientos,
resultado de la “objetividad” que caracteriza a las ciencias clásicas y el
paradigma simplificador.
¡Eh ahí las tres humillaciones científicas que ha recibido el ser
humano! Como una especie más que puede sucumbir a los cambios
climáticos y de las condiciones evolutivas, aún en la actualidad; que no
puede negar sus deseos sexuales y su carácter biológico, al igual que
otros animales, y que finalmente habita en un ordinario satélite en el
universo. Sin mencionar, que sigue sin reconocer (en la mayoría de los
casos), que la ciencia y tecnociencia debe reconciliarse con la naturaleza,
con el mismo ser humano y con el planeta Tierra.
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de sistemas, sistemas complejos, sus modelados y simulación por
computadora. Entendiendo por sistema complejo: “Una representación
de un recorte de esa realidad, conceptualizando como una totalidad
organizada, en la cual los elementos no son “separables” y, por tanto, no
pueden ser estudiados aisladamente” (García, 2013, p.21).
Tercera cualidad: conocedores de la necesidad de una nueva ciencia,
en la cual, algunos revalorizan el papel de la agencia del ser humano
(Prigogine, 1997; Prigogine y Stengers 2004; Morin, 1984, 1999; Byrne,
2005; De Pomposo, 2015; Andrade y Rivera, 2019), la ausencia de la
“objetividad” en las investigaciones cualitativas y cuantitativas, pero
también la imposibilidad de consolidar teorías totalizadoras, únicas
o sugerir verdades absolutas; postura compartida por algunos de los
estudiosos de las ciencias de la complejidad, pero en su mayoría por
el pensamiento complejo. Se considera que lo anterior, deberá ser
parte de la metamorfosis de la ciencia. Lo que es el “rostro de la misma
moneda”, de otros doctos particularmente asociados a las ciencias de la
complejidad –como es el caso de Maldonado (2007, 2009) y Reynoso
(2006), por mencionar solo algunos–, quienes están a la búsqueda de las
teorías únicas desde la mirada de este problemático paradigma. Donde
la objetividad y la ética en el sentido simplificador, no son elementos de
discusión.
Cuarta cualidad: Con la finalidad de establecer una disyunción
categórica con las ciencias simplificadoras y sus metodologías
(regularmente disciplinares, polidisciplinares y multidisciplinarias).
Las teorías de la complejidad, se centraron en el desarrollo inter y
transdisciplinario, tanto para las ciencias de la complejidad, como el
pensamiento complejo, respectivamente. En ese sentido, la investigación
interdisciplinaria debe ser entendida como –cito de Casas y Rivera
(2018)–:
El resultado del trabajo en un equipo pluridisciplinario a partir
de un marco epistémico común que conduzca al estudio sistémico,
al diagnóstico integrado y a la formación compartida de políticas
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alternativas en su proceder investigativo. En ese sentido, la metodología
interdisciplinaria, tendrá que lograr una síntesis de tres fuentes centrales:
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de la ética en la vida y en los estudios científicos. Por su parte Nicolescu
(1996), identifica tres elementos centrales para el acercamiento a este
tipo de metodología:
1) El reconocimiento de que los investigadores no están trabajando
con una sola y única realidad, sino que son varias realidades,
con múltiples niveles y distintas circunstancias de causa-efecto-
incertidumbre, es decir, resultados de procesos históricos de corta
y larga duración que se manifiestan en el plano local, pero cuyas
consecuencias pueden afectar el plano nacional, internacional y
global. Por ejemplo:
El paulatino ascenso de Partido Nacional Socialista en Alemania de
la década de los años treinta, seguido por la negación del acatamiento
del Tratado de Versalles firmado tras concluir la Primera Guerra
Mundial (1914-1918), y aunado de la indecisión de las potencias de esta
época (Inglaterra, Francia, Estados Unidos) por la ratificación y exigir el
cumplimiento del mismo; sin mencionar la anexión de territorios por
medio de plebiscitos (1938-1939), y la mediación y apoyo militarizado a
la España franquista (1938-1939). Fueron algunas de las características
y sucesos, que legitimaron el ascenso al poder y la consolidación del
Nazismo, para posteriormente desarrollar los planes expansionistas en
toda Europa y la ExUnión Soviética durante la Segunda Guerra (1939-
1945).
El ejemplo anterior, el cual necesita enunciar muchos más elementos
y circunstancias que sistémicamente se van relacionando con este
fenómeno, solamente es un referente para demostrar los distintos
grados y niveles que tuvo este contexto parcial; en el cual, los momentos
de cisma y de cambio coyuntural o estructural, se aunaron a los procesos
de incertidumbre y de agencia de cada uno de los participantes.
2) El principio del tercer incluido. Es el resultado de los axiomas
obtenidos, por el análisis teórico de la mecánica cuántica, y cuyos
parámetros no podían ser del todo aceptados por sus propias
contradicciones con la ciencia clásica. En ese sentido, se supondría que:
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Diagrama 1. Axiomas del Tercero no incluido
A=A
A ≠ no-A
A ≠ no-A ≠ T
Fuente: Elaboración propia.
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Diagrama 2. Ejemplo de relación tríadica
Cielo / Infierno
Purgatorio / Elemento nulo
Fuente: Elaboración propia
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A modo de Corolario
La investigación interdisciplinaria (regularmente asociada a las
ciencias de la complejidad), requiere de equipos de trabajo y de
investigación –habitualmente de números impares–, que de manera
voluntaria busquen establecer los marcos epistémicos comunes
entre ellos. Lo que no descarta la posibilidad de desarrollar la
habilidad personal del poliglotismo científico, en alguno o en todos
los participantes. Ciertamente, el hecho de tener alguien con quien
intercambiar ideas, puntos de vista y comparar resultados, puede sugerir
trabajos investigativos más eficientes, y que prontamente se puedan
presentar frente al público evaluador.
En cambio, las investigaciones versadas en el Pensamiento
complejo, aluden a una metodología transdisciplinaria –como ya se ha
comentado–. Donde regularmente, la actividad y reflexión es de carácter
individual, personal, y ocasionalmente en equipos de trabajo. Lo que
quita o limita, a que el investigador pueda acercarse a conocer otros
puntos de vista y recibir comentarios de sus pares.
En todo caso, y sin importar que se realice una investigación con
una metodología inter o transdisciplinaria, toda la actividad científica
y sus resultados deberán estar bajo continuo escrutinio de sus pares,
pero también de sus generadores, a fin de que se evite por todos los
medios volver a caer en una ceguera del conocimiento, una práctica
neoscurantista o cientificista; ya que la única garantía que existe –
resultado de la revisión histórica de las ciencias–, es que el hecho
de investigar o indagar en aras de las teorías de la complejidad, no
garantizan o eximen de ser susceptibles a ninguna de las anteriores,
antes al contrario, probablemente hasta incita a caer en las mismas
redes que alguna vez cayó el paradigma simplificador, pero ahora con
nuevos escenarios.
¡Quizá en unos años o décadas más adelante!, probablemente exista
un nuevo paradigma que venga a refutar y criticar los aportes que ha
tenido las teorías de la complejidad hasta este momento. Ya que la única
seguridad, es que ¡No hay un futuro predecible!
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Referencias
40
Maldonado, C. (2007). El problema de una teoría general de la complejidad. En
Maldonado, C. (Ed.). Complejidad, ciencia, pensamiento y aplicaciones (101-132).
Bogotá, Colombia: Universidad Externado de Colombia.
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UNESCO-Multiversidad Mundo Real Edgar Morin.
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