0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 63 vistas29 páginasCaggiano - El Sentido Común Visual Parte 1
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“
SERGIO CAGGIANO |
El sentido comin visual
| DISPUTAS EN TORNO A GENERO,
“RAZA” Y CLASE EN IMAGENES
DE CIRCULACION PUBLICA
) | PROLOGO DE
4 ELIZABETH JELIN
ASINO s DAVILA,12 | AGRADECIMIENTOS
Grimson, porsu parte, han hecho observaciones sustanciales en
aquella y en otras ocasiones. Desde hace afios los encuentros y
reencuentros con cada uno han resultado de enorme importancia
para mi formacién. Gracias a Rossana por sus s6lidas ensefianzas
y a Alejandro por los intercambios siempre estimulantes.
Agradezco a los/as autores/as u organizaciones responsables
de las imagenes reproducidas en el libro por su gentileza al per-
mitir su publicacién. Asimismo, quiero reconocer especialmente
el buen trato y la colaboracién recibidos en el Archivo General de
la Naci6n y la disposicién del personal de la Biblioteca del Museo
de Ciencias Naturales de La Plata, del Archivo Estanislao Zeba-
llos del Complejo Museografico Enrique Udaondo y del Museo
Etnografico Juan B. Ambrosetti.
Agradezco a mis amigos colegas mas queridos. A Néstor Ar-
tiflano, Mariana Speroni y Mariana Chaves por las biisquedas
comunes y por las otras. A Moncho Burgos y Alejandra Garcia
Vargas por estar siempre tan cerca a la distancia. A Ramiro Se-
gura, amigo permanente con quien nunca concluimos una larga
charla, grandiosamente diversificada y renovada, que creo que
comenz6 siendo sobre marxismo inglés...
Gracias a Fernanda por lo que hemos podido construir y por
lo que viene. Por compartir nuestras tribulaciones —pertinaces
algunas de las mfas en estos tiempos~ y nuestras dichas respec-
tivas, y por inventar juntos las alegrias de los dos.
PROLOGO
Visualidades, invisibilidades
y luchas por el poder
por Elizabeth Jelin
EX es un libro que habla de disputas por el poder, de hege-
monias y contra hegemonifas. Lo hace a través del andlisis de
imagenes, considerando su lugar en la conformacién de “culturas
visuales” ancladas en un periodo histérico y en una localizacion
especifica. El foco es el andlisis de esas culturas visuales en la
Argentina contempordnea, con un modelo de andlisis que puede
ser aplicado en otros contextos.
Sergio Caggiano analiza como, a través de los repertorios usa-
dos y de las selecciones que recortan, muestran y dejan de mostrar
imagenes, los actores sociales y politicos se ubican y actiian en los
escenarios donde se disputa el poder. La disputa, en estos escena-
tios, es de cardcter simbélico: los sectores dominantes intentan
construir un sentido comin visual, segin el cual se instala una
manera de representar las jerarquias sociales que es visto como
“natural” o inherente a la realidad misma. E] intento de hegemo-
nfa —proceso hist6rico que se desenvuelve en el tiempo- podra
ser enfrentado por otros actores, con repertorios de imagenes
alternativas 0 contestatarias. Porque la hegemonfa en la cultura
visual se contesta y se critica mostrando y presentando image-
nes. Lo que las/os lectoras/es van a encontrar en este libro es el
proceso de constitucién de un escenario de luchas sociales por
el poder, el escenario simbélico de las imagenes. Poder de élase,
poder de género, poder étnico y racial, poderes productores de
desigualdades. El eje organizador es la hegemonia ~y lo que se
trata de mostrar es la constitucién de repertorios hegeménicos
con ciertas imagenes y no con otras, que son movilizadas por
grupos que toman posturas contrahegeménicas.
13 | ELSENTIDO COMIN VISUAL | Sergio Caggiano14 | pRéLoco
Como nos ensefié Ch. Tilly, es en la elaboracién y aplicaci6n
de categorizaciones sociales donde se construyen y refuerzan las
desigualdades persistentes. Uno de los mecanismos centrales de
este proceso es el acaparamiento de recursos. En este lenguaje,
podria decirse que este libro habla del acaparamiento de recursos
simbélicos a través de las maneras visuales de presentar, pero
también de silenciar y ocultar, a grupos y categorfas sociales. Es,
en realidad, a lo que se refiere Deborah Poole cuando habla de
Ja “economfa visual”.
Trabajar con imagenes no es sencillo. Porque las imagenes
requieren palabras. Sergio Caggiano selecciona conjuntos o
series de imagenes a partir de una diversidad de fuentes, para
hablar de categorias y categorizaciones sociales. M4s que de las
imagenes en si mismas, de lo que se trata es de analizar como
ellas co-constituyen discursos sociales sobre el género, la clase,
la etnicidad y la raza. Para ello, se hace necesario incorporar
en el andlisis las palabras que aparecen ligadas a las imagenes:
epigrafes en publicaciones, textos en libros, informaciones en
paginas web.
Metodolégicamente, la operacién es compleja. Como si fuera
una matrioska o mufieca rusa, lo que se nos presenta es un jue-
go de cajas donde al abrir cada una se descubre otra, y dentro
de esa, otra mas. La seleccién e interpretacién que hace Sergio
Caggiano estAn ancladas en selecciones e interpretaciones de
los actores que analiza. Porque cada caja esta armada por una
o mas imagenes, pero también por una interpretacién verbal,
en epigrafes y textos, sobre esas imagenes, con sus referencias
histéricas, contextuales, especificas y generales al mismo tiem-
po. Alguien —a veces identificado y otras veces con identidades
perdidas en el tiempo, en la historia y en la geografia— tomé
fotografias, dibujé o pint6 imagenes de personas. Fotografias
—también dibujos y pinturas~ que, como toda imagen, no son
retratos o representaciones inmediatas de una realidad externa,
sino que siempre implican un encuadre, una seleccién de punto
de mira, de poses, de contenidos, de luces y sombras, de visibi-
lizaciones y ocultamientos. En un segundo (y a veces también en
un tercero o aun cuarto tiempo 0 contexto), alguien tomé esas
imagenes y las ubicé en un archivo o en un texto, clasificando
y rotulando, enmarcando, ubicando en series, en catdlogos o
en colecciones. Con todas las interpretaciones y explicaciones
implicitas y explicitas del caso, ese actor construyé una narra-
tiva con su propio sentido. Y esta combinacién de imagenes y
palabras en la construcci6n de interpretaciones de sentido se va
superponiendo a las anteriores hasta llegar a la caja o mufieca
mayor, que contiene y reestructura el conjunto. Esto es lo que
vamos a encontrar en este libro.
Sergio Caggiano nos invita a transitar las imagenes que él
seleccioné, y nos ofrece su interpretacién sobre ellas y sobre lo
que hicieron quienes lo precedieron en la tarea de seleccién e
interpretacién. En este operativo, nos muestra el sentido que
dieron esos actores a lo que usaron en sus luchas por el poder
o en la reafirmacién de sus posiciones sociales (de privilegio 0
de contestacién). En ese mismo anilisis, nos muestra, 0 mejor
dicho nos devela, los ocultamientos y los silencios, herramientas
tan fundamentales en esas luchas por el poder. Porque todos
estos pasos reflejan sobreentendidos culturales (u ocultamientos
con fines politicos), que se despliegan dentro de marcos socia-
les que tornan aparentemente incuestionables a las acciones y
las representaciones. Hasta que viene alguien —nuestro amigo
Sergio~ y pone en cuestién todas esas operaciones e interpre-
taciones. Entonces las cajas y las mujiecas se despliegan, y el
encadenamiento cobra sentido. En el camino, se revelan creencias
y sobreentendidos subyacentes, que forman parte de ese sentido
comin (constitutivo de la hegemonia) que habia convertido en
“natural” lo que en realidad es una trama social y politica que
se desenvuelve en la historia. En ese proceso, la historicidad de
los sistemas de categorias y clasificaciones sociales muestra su
productividad, muestra que no se trata de categorias ahistéricas y
neutras sino de herramientas de poder que tienen consecuencias
en la vida de la gente involucrada. Quienes tomaron las fotos y
las reprodujeron, quienes las guardaron y archivaron, y después
quienes eligieron algunas y armaron una serie, constituyen un
encadenamiento complejo, no lineal, de construccién de sentidos
y sobreentendidos sociales, culturales y politicos. Develarlos es
cl objetivo de este libro.
He tenido el privilegio de seguir el itinerario de Sergio Caggia-
no en Ja trayectoria que aqui culmina, desde sus vagas y amorfas
primeras ideas hasta su materializaci6n en este volumen. Sergio
venia trabajando sobre migracién, centrando su atencién sobre
Ja manera en que, en distintos campos de la sociedad argentina,
se establece la relacién de alteridad con ese otro/a migrante, con
especial atencién a la migracién de Bolivia. Su trabajo estaba
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a16 | PROLOGO
anclado en la palabra: el tratamiento mediatico, las identidades
auto- y hetero- referidas a través de entrevistas y documentos.
En esos trabajos, el investigador se topa con la presencia de cla-
sificaciones ancladas en el fenotipo. Recordemos que la discrimi-
nacién que domina el panorama de la vida cotidiana en Buenos
Aires y en otras grandes ciudades argentinas esta anclada en el
fenotipo, en la “portacién de cara”, con complejos mecanismos
que condensan diversas categorizaciones superpuestas en inte-
racci6n: el sujeto joven, var6n, de tez morena y pelo negro, se
torna sospechoso; la mujer boliviana y con cierta vestimenta
“es” pobre y no habla. En esta construccién de realidades, la
imagen visual del cuerpo aparece aunque uno no la busque, y se
torna central. Ya que a través de ella se transmiten sentidos de
pertenencia y de alteridad; también se erigen las barreras entre
los “nosotros/as” y los otros.
Hubo algo mas en ese itinerario de Sergio. En algunos momen-
tos de su trabajo de campo con hombres y con mujeres bolivianas,
su propio cuerpo se volvié motivo de interrogaci6n. éQué veia
élen aquellos hombres y mujeres?, équé verfan esos hombres y
esas mujeres bolivianas en su propio cuerpo —blanco, masculi-
no, alto y flaco, con el pelo hasta los hombros?, équé miradas y
qué imagenes comparecian en esos intercambios, en los juegos
sociales de clasificacién y calificacién? De la construcci6n de al-
teridades, pasando por la relevancia social del cuerpo, llegé a
la pregunta por la circulacién publica de imagenes. A partir de
esos pasos iniciales, la propuesta fue centrarse en las imagenes
yen lo que ellas dicen.
Aqui vuelve a aparecer la complejidad del tema: las dimen-
siones de la “diversidad/desigualdad” no pueden ser tomadas de
manera separada, una por una. Aunque los actores sociales y po-
liticos —el feminismo 0 el movimiento de afirmacién de derechos
de los pueblos originarios— trabajen solamente sobre una de esas
dimensiones las otras dimensiones intersectan y se entrelazan.
La clase social, el género yla etnicidad estan en el corazon de las
imagenes que usan las organizaciones de pueblos originarios y las
feministas. Dificil es superar las diferencias de clase, de género
y de raza, De modo que la critica a la hegemonia del hombre
(blanco) puede, de manera paradéjica, transmitir estereotipos
de clase, a menudo contradiciendo los propios propésitos expli-
citos de quienes las presentan. Para dar solamente un ejemplo,
Ja distancia de clase (y la figura idealizada de la mujer blanca)
no desaparecen, y pueden Hlegar a reforzarse como en el juego
propuesto por una organizacién feminista, que presenta como
imagen de mujer “neutra y vacia” un contorno de cara de mujer
perfectamente ovalada. La masculinidad blanca “bien vestida”
puede ser la norma y el pardmetro, con lo cual las relaciones de
género, de clase y de etnicidad se combinan. De ahi la necesi-
dad, como se hace en este libro, de hablar de la “racializacién de
relaciones de clase”, el “enclasamiento de relaciones raciales”
y la generizacién de ambas. La necesidad de interpretar con-
juntamente estas diversas dimensiones de las desigualdades es
siempre declamada como propésito en la investigacién. Pocas
veces se logra mostrar cémo funcionan esos entrelazamientos
enanélisis concretos, como ocurre aqui.
Un iltimo comentario sobre la relacién entre las imagenes
y las luchas por el poder. El libro muestra claramente como la
“cultura visual” es escenario de esas luchas. Provee también de
herramientas o recursos para esas luchas. Quienes se apropian
de la imagen y la ubican en su propia interpretacién y propuesta
de sentido en el campo de las luchas simbélicas por el poder y la
hegemonfa intentan “dar forma al mundo”. Porque con un sentido
eritico se puede percibir lo oculto y hacer visible lo invisible, pero
también, con otros sentidos, se puede ocultar lo visible, silenciar
lo que podria ser percibido y resulta amenazante.
En esta linea, se puede pensar en este libro como algo mas
que un ejercicio académico, ya que entra también en el campo de
las Iuchas sociales y politicas contempordneas por la igualdad.
Desde una perspectiva critico-normativa, leo en este libroy en la
postura de Sergio una critica a la descontextualizaci6n histérica
y humana en los usos hegemonicos de las imagenes. Servira para
ello Ja cita a John Berger referida a las fotografias,
Las fotografias son reliquias del pasado, huellas de lo que
ocurri6. Silos vivos se hacen cargo del pasado, si el pasado se
torna una parte integral del proceso en el que la gente hace su
propia historia, en ese caso todas las fotografias podrian recu-
perar un contexto vivo, continuarian existiendo en el tiempo
en vez de ser momentos detenidos o arrestados. Quizds sea
posible ver a Ja fotografia como la profecia de una memoria
humana que debe ser alcanzada social y politicamente... La
tarea de esta fotografia alternativa es incorporarla a la me-
moria social y politica, en vez de usarla como sustituto que
promueyve la atrofia de cualquier memoria de ese tipo (Berger
1980: 57-58).
17 | BLSENTIDO COMUIN VISUAL | Sergin Caggiano18 | PROLOGO
Referencias
Berger, John, 1980. About looking. Nueva York: Pantheon Books.
Poole, Deborah. 2000. Visién, raza y modernidad. Una economia vi-
sual del mundo andino de imagenes. Lima: Sur Casa de Estudios del
Socialismo y Consejeria en Proyectos.
Tilly, Charles. 2000. La desigualdad persistente, Buenos Aires: Ma-~
nantial.
CAPITULO INTRODUCTORIO
yoy
Imagenes de bolivianos/as en la prensa
L® imagenes visuales juegan un papel clave en nuestra percep-
icién y valoracién del entorno social y de las demas personas.
Medios de comunicacién, libros ilustrados, carteleras en la calle,
exposiciones y sitios de Internet son apenas algunos de los dis-
positivos que nos ofrecen un mundo de imagenes publicas en el
que vernos y ver a los/as otros/as. Quién es quién en esos pai-
sajes visuales? éQué caras y qué cuerpos son mostrados y de qué
manera? éComo se atribuyen caracteristicas tipicas a ciertos/as
actores/as sociales? ¢Qué vinculaciones se establecen entre
ellos/as y determinados espacios, circunstancias y practicas (y
no otros)?, écémo son asociados/as a esferas de la vida como la
politica, la doméstica o la laboral? éQué factores estructuran la
produccién y circulacién de imagenes?
Al intentar responder tales preguntas, este libro se ocupa de
la manera en que ese mundo de imagenes esta atravesado por el
m entre otras -
De
e qué manera la cultura visual en Argen-
lina est atravesada por estas dimensiones?, équé legitimidades
¢ ilegitimidades se construyen alrededor de ellas? ¢Es posible
reconocer miradas racistas, sexistas y clasistas en las formas de
mostrar el presente y la historia? éQué puntos de vista y modos
de mirar estructuran las imagenes ptblicas?
El libro trata sobre las relaciones de fuerza en la cultura visual
0, en otros términos, sobre tea
pile Se iaseenss Se interroga acerca de los paisajes visuales
antropolégic lecir, de personas, grupos, sectores sociales—,
yacerea de la intervencion de distintos actores e instituciones en
19 | ELSENTIDO COMEEN VISUAL | Sergin Cogs20 | cartruto
la construccién conflictiva de estos paisajes heterogéneos'. En la
prensa grafica comercial, en un Album de fotografias histéricas
distribuido masivamente por el mayor grupo multimedia del pais
y en manuales escolares de grandes empresas editoriales naciona-
les y transnacionales encontramos
éCémo son
mostrados los inmigrantes de paises vecinos?, équé lugar tienen
“negros” e “indios”?, équé Ambitos y actividades son reservados a
las mujeres? Desde espacios que suelen requerir menores costos
de produceién y exposicién, otros actores entregan i imagenes con
las cuales impugnan o desatienden las le
visualizaei6n y ocultamiento, y proponen otras. Agrupaciones
de mujeres y organizaciones indigenas elaboran en numerosos
sitios de Internet algunos de estos repertorios alternativos con
los cuales dar forma a asivsiones dal mute}
La preocupacién general del libro sobre lo visual asume “la
naturaleza simulténeamente material y social de la vision y la
representaci6n.
No «vemos» simplemente lo que esta al i ante nosotros. Mas
bien,
y,alha-
cerlo, creamos lo que ese mundo es. Igualmente, es alli donde la
naturaleza social de la vision entra en juego, dado que tanto
pecifias de relaciones sociales’ (Pocle, 2000: 15).
Esta preocupacion por lo visual implica también el intento
por ir mas alla de la circunscripcién a una técnica 0 dispositivo
particular de imagenes. E] libro aborda una diversidad de mate-
riales visuales que tienen como tinica especificacion genérica la
de ser imagenes fijas, incluyendo algunas animaciones que re-
1, Enel sentido que le diera Appadurai, esta formacién de paisajes es parte
de un proceso general de “imaginacién social” que, en una acepeién amplia
pero precisa, combina tres elementos: la idea de imaginario o de represen-
taciones en el sentido de Durkheim, la idea més habitual de las imagenes
como producciones visuales concretas en diferentes soportes y la idea que
esté presente en usos adjetivados como el de “comunidad imaginada”, de
Benedict Anderson (Appadurai, 2001: 44 yss.). Enalgunos pasajes escribiré
“{maginacién” o conjugaciones del verbo imaginar en itdlica para indicar que
aludo puntualmente al uso de imagenes visuales como parte de este proceso
de imaginacién.
sultan de la sucesi6n de cuadros individuales, Cuantitativamente
destacan las fotografias, pero los materiales incluyen dibujos e
historietas, reproducciones de pinturas y grabados, imagenes
tratadas o producidas con programas de computacién y otras.
Busco escapar asi a una de las trampas del campo sobre la que
advirtiera Berger. “Esta muy extendida la opinién de que sia uno
le interesa lo visual, su interés ha de limitarse a una técnica de
tratar lo visual. Asi, se establecen categorias de interés especial:
pintura, fotografia, apariciones reales, suefios y muchas otras
més. Y lo que se olvida —como todas las cuestiones esenci
una cultura positivista—
(Berger, 2004: 59).
‘Tratar con lo visual entraiia interrogarse por lo que se mues-
tra y lo que se oculta o, para ser més riguroso, por lo que unos
actores muestran y otros no, o por lo que se muestra en un deter-
minado momento y ya no posteriormente; estos son los caminos
para apreciar tales ocultamientos. Y desde luego entraiia una
pregunta sobre cémo se lo hace, es decir, cémo se muestran, se
ocultan, se instituyen o se restituyen im4genes. Se derivan de
ello problemas que atenderé paulatinamente ms adelante. Aqui
quiero (nicamente tomar nota del mas general, que constituye
uno de los desafios del libro y est4 dado por la especificidad de
lo visual en la construccién social de sentidos. El reto consiste
en dar cuenta de
in los términos de algunas de las preguntas presentadas,
équé querria decir que en una imagen se ven “negros” o “indige-
nas” o “trabajadores”? Reiteradamente comprobaremos que las
imagenes
Se anuda con éste el otro gran desafio del libro. En las ciencias
sociales hace varios afios se insiste en la necesidad de atender las
miltiples dimensiones imbricadas en las relaciones de poder y
desigualdad: que la clase social 0 el género o la etnia, entre otras
muchas, tomadas por separado y en su unicidad no alcanzan a
dar cuenta de fendmenos complejos, que para comprender o
explicar estos fenémenos es preciso atender las intersecciones 0
entrelazamientos entre ellas, etc. No obstante, no es comiim en-
contrar investigaciones que consigan ir mas alld de la enunciacién
de la dificultad y que pongan de manifiesto el funcionamiento
concreto de tales intersecciones. El trabajo con imagenes coloca22 | captruco vTRoDUCTORIO
este desaffo desde el inicio. Es que, como se vera luego, las ima-
en términos de clase, en términos de género, de “raza” o de etnia.
Los componentes de esos aetna — no ne-
cesariamente se complementan en “una misma direccién”. Una
imagen con rasgos conservadores en cuanto a la clase no pre-
sentard fatalmente rasgos también conservadores en cuanto al
género. ¥ ello sucede también en las producciones visuales
proponen como contrahegeménicas 0 alternativas. ae,
por i
El libro comienza con un “Capitulo Introductorio” y no con
una “Introduccién’” en sentido estricto. Presento un anilisis re-
lativamente extenso de material empirico y, recién después, una
“Introduccién propiamente dicha”, con algunas consideraciones
tedricas y metodolégicas y con un anticipo de lo que se puede
hallar en cada capitulo. Dicho anilisis, sobre imagenes de bolivia-
nos y bolivianas en la prensa, repone el proceso de maduracién
de una problematica al reconstruir el modo en que la cuestién.
de las intersecciones fue imponiéndose en la investigacién, es
decir, el modo en que el género, la clase y la “raza” tuvieron que
incorporarse a un estudio que partié de interrogar nacionalidades
y extranjerfas, Asi, las paginas siguientes permiten apreciar la
gestacién de las preguntas presentadas hasta aqui y de otras que
se desenvolveran a lo largo del libro.
El germen de un problema
La asistencia a una obra de teatro y el contraste azaroso con
otra configuraron las inquietudes preliminares de este texto in-
troductorio. A comienzos de 2005 presencié en Costa Rica una
pieza exitosa en ese pais, “El Nica” (0 “El Inmigrante”), un mo-
ndlogo en un acto escrito, protagonizado y dirigido por César
Meléndez, un nicaragiiense llegado a Costa Rica siendo nifio. El
personaje a quien encarna dialoga con humor, con tristeza, con
esperanza y con ira con una imagen de Cristo crucificado que
tiene en su cuarto. Segtin el momento pide, confia o recrimina
al Cristo sobre los avatares de su propia vida como inmigrante
y de la de su familia. El Nica lena toda la escena y sus palabras
despliegan todo el libreto.
Algunos meses més tarde concurri en Buenos Aires a una de
las varias reposiciones que desde 2003 ha tenido “Grasa”, una
obra escrita y dirigida por José Maria Muscari, dramaturgo “con-
trovertido” o “no convencional”, como suele calificarlo la critica
especializada. De acuerdo con lo dicho por el propio autor y por
varios comentadores, “Grasa” trata sobre la xenofobia. En un
Buenos Aires del futuro, unos pocos sobrevivientes se ocultan,
encerrados, y resisten la invasion triunfante y el dominio de “los
bolivianos”.
La puesta genera un efecto de tension, para el cual colaboran
la misica electrénica original, tocada en vivo por uno de los ac-
tores, y la iluminaci6n de tubo fluorescente, que deja en la oscu-
ridad algunas zonas del escenario. La escenografia es sintética y
el espacio prolijo y austero; las ropas del vestuario futurista son
negras. La obra no gira en torno a una historia sino a una situa-
cién de encierro en la que la intranquilidad respecto del afuera
alterna con el deterioro creciente de las relaciones entre los ocho
sobrevivientes, y acaba dramaticamente cuando el tinico nifio
del grupo, de doce afios, mata a seis de sus siete compaiieros y
compafieras rociandolos con una espuma letal.
El humorirénico, no exento de toques de cinismo, sobrevuela
los didlogos. Hay alusiones a la historia nacional, como cuando
una de las mujeres, recurriendo a uno de los apellidos mas con-
troversiales del pasado argentino, superponiendo categorias de
identificacion, grita: “Yo soy de aca, soy gaucha, quiero ocupar
milugar en la tierra, éme entienden?, bueno, soy criolla [...]iSoy
‘Trisha Rosas, descendiente de europeos, criolla!” Por su parte, la
mencién de los bolivianos invasores como “cabecitas negras” y el
titulo mismo dela obra, “Grasd”, invocan dos estigmas/emblemas
fundamentales del lenguaje politico del (y sobre el) peronismo.
Acaso el recuerdo contrastante de “El Nica” colaboré a que un
aspecto de“Grasa” me resultara particularmente significative. Me
refiero al hecho de que una obra que trata la xenofobia a partir
del planteo de una supuesta futura invasi6n boliviana pudiera
realizarse sin mostrar un solo personaje boliviano. Es sugerente
queen la obra una sola persona del grupo de sobrevivientes tenga
permitido atravesar la tinica pequefia puerta del cuarto hacia el
exterior, y que esta persona sea una mujer ciega. Si bien podria
Hegar a aceptarse que un muy sofisticado juego de reenvios in-
23 | EL SENTIDO COMIN VISUAL | Sergio Caggiano24 | captruto wraopucToRIO
ternos de la obra hiciera de esta misma des-aparicién el objeto
de la reflexién del puiblico, no se encuentra en la obra indicacién
alguna para estos reenvios. Nien las vastas criticas y comentarios
gue la obra ha recibido ni en las entrevistas dadas por su autor y
director hay referen una a este elemento. Lo cierto es que
los bolivianos ae No pueden ser vistos.
Este aspecto de la obra teatral disparé en mf interrogantes més
generales acerca de los modos de visualizacién pablica de los/as
bolivianos/as en Buenos Aires y la regién central de Argentina.
Las imagenes visuales ocupan un lugar central en las dinémicas
conflictivas de la imaginacién social (Appadurai, 2001), es decir,
juegan un papel importante en las formas en que percibimos e
interpretamos pertenencias y exclusiones, formas de la diferencia
y de la desigualdad. ¢Qué imagenes de bolivianos/as es comtin
ver en Ja esfera piblica?, écon qué otras personas aparecen rela-
cionados/as y de qué modo?, ¢a qué actividades y areas de la vida
tefieren estas imagenes?, ¢poseen caracteristicas formales que
resulten particularmente significativas? Acoté la btisqueda a las
imagenes de medios masivos, mas particularmente de prensa gré-
fica de las ciudades de Buenos Aires y La Plata, desde comienzos
de 1990 hasta comienzos de 2009, incluyendo tanto fotografias
como dibujos y caricaturas’. El paisaje visual de rostros y cuerpos
humanos que se disefia a lo largo de estas numerosas publicacio-
nes diarias, apenas cambiante durante estos afios, permite una
eproximacién fundamentada a los modos de visualizacién de los
mismos y los otros, de los diferentes y los desiguales.
Los afios noventa, el Primer Mundo y los rostros
ocultados
Es posible identificar tres momentos principales de puesta en
agenda de la inmigracién boliviana durante la década del noventa:
2. Realicé una exploracién preliminar de los diarios Clarin, La Nacién, PAgi-
na 12, El Dia y Hoy durante el perfodo mencionado y, de acuerdo con los
resultados de esa exploracién, la revisién fue sistematica y exhaustiva en
algunos periodos: afios 1992, 1994, 1998-99, 2001-02, segunda mitad de 2003
y primera de 2004, afio 2006 y segunda mitad de 2007. Algunas secciones
fueron consultadas durante 2008, 2009 y primeros meses de 2010. Si bien
mi béisqueda apuntaba a inmigrantes bolivianos/as, algunas de las fotografias
consideradas no distinguen entre bolivianos/as, peruanos/as 0 paraguayos/as,
puesto que es justamente la prensa Ja que suele no distinguir dentro del
conjunto presentado como “inmigrantes latinoamericanos”.
a) 1992, con la crisis del sistema de salud y de potabilizacién del
agua y la deteccién de casos de célera y de enfermedades que
se suponfan desaparecidas del pais desde hacia muchos afios;
b) 1994, con el crecimiento del {ndice de desocupacién que al-
canz6 ese afio el 18%; c) 1999, con las “explosiones delictivas”
en Buenos Aires y la reciente tematizacién de la “inseguridad
urbana” (Caggiano y Halpern, 2005). La constitucién de esos tres
escenarios fue producto de los discursos de dirigentes politicos
y funcionarios estatales, y de la intervencién de los medios ma-
sivos que operaron como caja de resonancia de dichos discursos
y produjeron, a su vez, datos e informacién a los que aquellos
dirigentes podian recurrir luego. En cada uno de estos momentos
los “inmigrantes limitrofes”, en especial bolivianos, peruanos y
paraguayos fueron visibilizados? como responsables o culpables
de los problemas. Presuntamente el c6lera se originaba en Bolivia,
el desempleo en la “inmigracién ilegal” y la violencia urbana en
la “extranjerizacién de la delincuencia”. Crisis propias del pro-
yvama neoliberal de reestructuracién del Estado impulsado en
esa década en Argentina y gran parte de América Latina encontré
en los/as inmigrantes un chivo expiatorio.
Por otro lado, no fue tnicamente en estos escenarios de co-
yuntura que los/as inmigrantes adquirieron presencia mediatica.
Como mostré en otro trabajo (Caggiano, 2005), mAs alld de esas
coyunturas especfficas que ponian explicitamente el foco sobre la
migraci6n, esa presencia podia ser rastreada en un tipo particular
de notas que no declaraban referirse a los/as inmigrantes pero
solfan tenerlos/as como actores protagénicos: las cronicas de de-
litos comunes y hechos de sangre y las noticias sobre explotacién
laboral, presentada siempre a partir de casos particulares mas 0
menos aislados y como una violaci6n de las leyes y de la moral
local. Haciendo aparecer solamente alli a los/as inmigrantes, los
medios elaboraban la figura tipica (Zizek, 1998) del boliviano.
Las fotografias no se limitan a ilustrar los textos periodisti-
cos, aunque en ciertos casos puedan hacerlo (Santaella y Noth,
1996), sino que con sus propios recursos construyen y proponen.
una representaci6n visual cuya importancia se pone de relieve si
consideramos que comtinmente se ve la fotografia antes de leer
ibilizaci6n” para referirme a una puesta en agenda que articula
heterogéneos y en la cual tiene gran relevancia la palabra oral y
alizaci6n’” para referirme particularmente al uso de
25 | ELSENTIDO COMUN VISUAL | Serg26 | caPtruo inTRODUCTORIO
el texto, o que incluso una revision rapida del periddico se acota
a los titulares con sus bajadas y volantas y a las imagenes con
sus epigrafes y pies de foto.
En el material analizado, un primer conjunto de fotografias
que acompajfian informes especiales o notas referidas a la in-
migracién, la situacion socioeconémica del pais, el impacto de
aquella en el nivel de empleo, etc., muestra trabajadores inmi-
grantes en situacién de trabajo (fs. 1 y 2). Las actividades que
pueden verse allf son tareas manuales en contextos diversos.
Los fotografiados son hombres de tez cobriza y cabello oscuro
que llevan vestimenta econdmica 0 de trabajo. No dan muestras
de saber que estan siendo fotografiados; concentrados en sus
quehaceres, miran siempre en una direccion distinta a la de la
cAmara. En cada caso es posible ver el cuerpo entero y el rostro
apenas se percibe, bien porque esta semioculto por un casco 0
bien por la inclinacién de la cabeza. Si como ha sefialado Vale
de Almeida en su estudio sobre las secciones “policiales” y “so-
ciales” de periédicos brasilefios, el retrato “con Ja composicién
de la imagen enfocando el rostro” es “el lugar por excelencia de
la individualizacién” y enfocando el cuerpo “el lugar por exce-
lencia de la marcacién de tipologias sociales” (Vale de Almeida,
2000: 131-1324), este conjunto de imagenes propicia, oa
nado
Este elemento se vuelve aun mas claro en un segundo grupo
de fotografias que captan precisamente el momento de la ocul-
ineiindelroctudelociamtncante. Son imagenes de operativos
policiales que acompajian crénicas en las cuales se destaca la na-
cionalidad extranjera de los detenidos. En la figura 3, por ejemplo,
cuatro policias en semicirculo rodean a un “extranjero” que ha
sido detenido y ocupa el centro de la escena, sentado delante de
ellos con la cabeza cubierta con una prenda de tela. Los policias
saben que les estan tomando la foto y posan, todos parados con
el cuerpo erguido, uno de ellos con las manos en el cinturén, otro
en la espalda, otro mirando a la cémaray el cuarto hablando por
un teléfono celular. En una fotografia del dia siguiente referida al
mismo “caso”, uno de estos policias uniformados traslada al hom-
bre con la cabeza tapada y el rostro cubierto porla tela, tomandolo
4, Todas las citas en castellano de textos en otro idioma son traducciones pro-
pias.
por un hombro, probablemente hacia el mévil policial. El rostro
de los policias nuevamente esté a la vista y puede apreciarse que
tanto el que realiza el traslado como otros tres que aparecen en
el cuadro sonrien distendidos. Otras fotografias de este grupo
muestran también inmigrantes detenidos, extendidos boca abajo
y de cara al piso, con las manos en la espalda, o sentados con el
rostro oculto por sus propios brazos (f. 4), ante la mirada de un
agente policial que los vigila de cerca y la del camarégrafo que
registra el momento.
En tercer lugar encontramos fotografias en las que el
En estos casos es manifiesta
la intervencién del medio en la construccién de este cuerpo con
rostro oculto. A veces, el momento crucial de esta intervencién es
el de la toma misma y la composicién de laimagen. Un ejemplo
sencillo de esto es el
. General-
ae
fee eye
Figura 2, El Dia,
28/10/1998, p. 18
Figura 3, El Dia, 07/01/1999, p. 16
27 | ELSENTIDO COMUNVISUAL | Sergio Caggiano28 | caPtruLo mrRODUCTORIO
mente acompaiiadas de titulares sobre “los indocumentados”,
o de epigrafes referidos a esa problemiatica, las tomas parecen
simplemente haber captado de improviso a alguien que no es
consciente de ser su objeto; la persona de espaldas o de costado
suele estar alejada unos metros de quien presioné el obturador.
Otro ejemplo elocuente es el de la figura 5, en la cual el recurso
principal es el juego de luces y sombras, Esta fotografia aparecié
en el Angulo superior derecho de una pagina, equiparando en
tamafio al titulo de la nota (“Polémica por ley antinmigratoria”),
a su izquierda. El centro de esta fotografia en blanco y negro es
el contorno oscuro de unasilueta masculina. Es un perfecto con-
traluz que sélo muestra la sombra del cuerpo, la claridad del sol
saliente se percibe detrds, Delante del cuerpo, en primer plano
aunque sobre los margenes del cuadro, se ven fragmentos de
vegetaciOn. Del torso opaco de Ja silueta, a la altura del hombro
izquierdo y en direccién oblicua, se dibuja hacia arriba la forma
inconfundible de un machete de gran tamafio, punctum (Barthes,
2005) de la foto que atrae la atencién. El epigrafe interroga: “«E]
trabajo para los argentinos» éLa delincuencia también?”. Otras
veces la intervencién del medio se vuelve fundamental en el mo-
mento de la edicién de la imagen. El mecanismo mas recurrente
en estas ocasiones es el desenfoque o filtrado de las fotografias,
es decir, el trabajo sobre los pixeles de la imagen digitalizada que
tiene como efecto la vision de pequefios cuadrados que vuelven
borrosa la representacién o una parte de ella’, En la figura 6 ve-
mos un hombre en el centro del cuadro, parado en una calle con
un paisaje urbano tras él. En perspectiva, hacia el fondo, a la de-
recha, se ordena una fila de automé6viles estacionados uno detras
de otro y, a la izquierda, otra fila de automéviles alejandose. El
hombre en el centro alza su mano derecha haciendo flamear un
trapo. La pagina es de un diario de La Plata, de octubre de 1998.
Por esas semanas los periédicos de esa ciudad trataban frecuente-
5. Sialgunos de los mecanismos vistos, como el del contraluz, se dejan ineluir en
la clasificacién de procedimientos de connotacién o “codificacién del analogo
fotografico” que distinguiera Barthes (1992), el del desenfoque, posibilitado
por el tratamiento digital de la imagen, parece exigir una ampliacién de la
clasificacién., La asociacién connotativa no est aqui en la modifieacién dela
realidad fotografiada o en el embellecimiento de la composicién. La asocia-
cidn es interna al mundo de lz fotografia; el lector podré asociar esa foto con
otras que requieren, como ella misma pareciera requerir, el ocultamiento por
desenfoque, por colocacién de un pequefio recténgulo negro en los ojos o por
alguna practica equivalente.
{Sag Figura 5, Hoy,
C +] 19/01/1999, p. 9
SS
Figura 6, El Dia, 20/10/1998, p. 13
mente acerca de los cuidadores de auto 0 “trapitos”, generalmente
de manera suspicaz®. El titulo sefiala que “[I]a organizacién de
cuidadores de autos crece cada vez mas”. En Ja foto se ve parte
«le los pantalones del hombre, el suéter que podria interpretarse
como de estilo nortefio, las manos y el cabello oscuros, pero la
se vuelve indescifrable por efecto del +, que acaso;
pretenderia estar “protegiéndolo” de ser identificado. En otras
fotos de contextos rurales los trabajadores también tienen la cara
desenfocada por esta misma técnica.
Es posible sintetizar algunos trazos comunes de estas ima-
syenes, Ciertos rasgos fisicos como color de piel y de cabello se
reiteran, lo mismo que la vestimenta modesta. Por otra parte,
ninguno de los fotografiados sabe que esta siendo objeto de la
toma, o al menos eso es lo que dejan ver las escenas. Estan siendo
capturados por la cdmara. Por el contrario, sus acompafiantes,
como en el caso nada insignificante de la policia, se muestran
cambio de una propina, los cuidadores ofrectan proteger el auto de cualquier
posible dafio hasta el regreso del duefio. Hubo quienes vieron en esta actividad
tuna suerte de extorsién encubierta y los medios rapidamente se hicieron eco
de este temory lo fomentaron, La prensa refirié en muchas oportunidades a
“mafia de los cuidadores” que organizaria a estos trabajadores
una supuest
informales.
29 | ELSENTIDO COMCN VISUAL | Sergio Caggiano30 | caPtruLo nrropucToRIO
conscientes de la toma y, a veces, la fotografia parece producto
de una suerte de colaboraci6n entre ellos y el fot6grafo o el re-
portero. En tercer lugar, la mostracién de un tipo social a través
de la mostracién de los cuerpos y el escamoteo de los rostros es
algo presente en toda esta serie de imagenes. Las actitudes de
Jos fotografiados son diferentes, evidentemente, segin se hallen
realizando algin trabajo o detenidos por la policia, y es preci-
samente en este punto donde el ocultamiento del rostro como
caracteristica comin devela toda su relevancia. El aire de familia
que la técnica del desenfoque presenta con la fotografia policial
es el elemento clave.
En los operativos policiales la cara de los sospechosos de cual-
quier delito es cubierta porque la ley presume su inocencia y,
de esta forma, se resguarda su intimidad. Pero aqui sucede que
Jas fotografias de situaciones de trabajo comparten este rasgo, y
no es nada clara la razon para que pase esto. ¢Por qué motivo el
rostro es evitado en las fotografias de trabajadores inmigrantes?,
épor qué en otras fotos el rostro es directamente ocultado a tra-
vés de procedimientos como el del contraluz o el desenfoque??
Mediante estos mecanismos algo del cardcter policial que tienen
Jas imagenes de personas con el rostro tapado se vuelve parte de
la visualizacién general de los/as inmigrantes. Asi, todas estas
fotografias, aun las de contextos laborales, contribuyen a la cons-
trucci6n visual de una infralegalidad de los cuerpos. Son cuerpos
cuya marcacién social parece requerir el rostro ocultado.
Condensaciones de un chiste visual
De igual forma que existen frases verbales generalmente bre-
ves que sintetizan y expresan valores y creencias de una sociedad
o de parte de ella, pueden hallarse en el campo visual productos
que desempeiian un papel semejante. Resulta productivo revisar
los dibujos, caricaturas y tiras cémicas que en la prensa grafica
7. Ciertamente, en algunas fotografias puede justificarse el ocultamiento del
rostro por la falta de autorizacién de los/as fotografiados/as. De todos modos,
en muchos de las ejemplos anteriores y otros que presentaré luego, se trata
de fotografias tomadas en lugares abiertos que podrian no requerir de tal
Por otra parte, eabria preguntarse si las personas han negado
suautorizacién o ésta no les ha sido solicitada; complementariamente, cabria
preguntarse si todas las personas que habitualmente aparecen con sus rostros
descubiertos en la prensa han dado la correspondiente autorizaci6n.
logran sintetizar y expre-
sar tales valores y creen-
cias generales siguiendo
el ritmo de los aconteci-
mientos diarios.
A finales de la década
del noventa, mas preci-
samente en octubre de
1998, el diario Hoy pre-
sent6 una vifieta suelta
bajo el titulo “Humor 2”
(debajo de otra, indepen-
diente, llamada “Humor
1”), sin mds comentario o
dato (£. 7). Se trata de una
vifieta coloreada que tiene
un dibujo que lena el espacio y unas pocas palabras que, en rigor,
son parte del dibujo. Hay una mujer en la escena, adelante y a
la izquierda, que retine varios de los atributos estereotipicos de
una vendedora ambulante boliviana. Lleva un sombrero hongo,
debajo del cual cuelgan largas trenzas negras. El vestido tiene
guardas que parecieran remedar disefios del altiplano. Tiene la
piel oscura. Esté sentada sobre sus piernas, que asoman debajo
del vestido dejando ver las alpargatas, y apoya sus manos entre-
lazadas a la altura del vientre, sobre su pollera. Delante de ella se
extiende en el piso una tela sobre la que unos pocos limones, ajos
y otros vegetales se exponen para su venta. Atrds y a la derecha,
sobre un recténgulo de piso de otro color, resaltan dos sensores
electrénicos. Detras de la mujer y de los objetos, sobre la pared,
puede leerse en un cartel con tipografia de molde “mercaderia
protegida electrénicamente”.
Asumiendo que este chiste grafico haya cumplido con su obje-
tivo, vale preguntar qué es lo que resulta gracioso del dibujo, qué
lo que pudo haber movido a risa a los lectores del periédico.
Vodemos reconocer la biisqueda de comicidad en el quiebre de
lo previsible que la vifieta propone. Hay una ruptura con nues-
tras expectativas y, como se ha sefialado muchas veces, esta es
la caracteristica primera de lo cémico en general (Freud, 1989:
173 y ss.). El dibujo nos sorprende y hay un momento inicial de
incomprensién que se resuelve rapida y graciosamente cuando
damos un sentido a eso que nos confundié en un principio.
Figura 7, Hoy, 19/09/1998, p. 32
31 | ELSENTIDO COMIN VISUAL | Sergin Caggiano32 | captruLo InrRODUCTORIO
Pero no es apenas comicidad lo que tenemos aqui. Estamos
mis precisamente ante un chiste visual o grafico’. Pueden ser
identificadas las “rupturas disyuntivas” que, de acuerdo con Mo-
rin, caracterizan este tipo de materiales, es decir, las rupturas que
tienen lugar “por la yuxtaposicién o la sucesién de elementos sé-
micos incompatibles” (Morin, 1970: 137) entre un trazo y otro del
dibujo. Los elementos incompatibles son aqui la mujer boliviana
en su pequefio puesto y los sensores electronicos. AdemAs, como
en cualquier chistey en particular en los “chistes hostiles” (Freud,
1989), entre los cuales hay que contar esta vifieta, lo gracioso
estd depositado sobre un tercero, y es el guifio al lector respecto
de este tercero y respecto de lo que haria risible a este tercero,
Jo que completa la secuencia comunicacional. Esto presupone y
reafirma una “complicidad de conocimientos entre el dibujante
y el espectador’, el dibujo sélo produce “un revés comico a quien
conoce el derecho” (Morin, 1970: 142). Esta complicidad, por
lo demas, alimenta un sentido de superioridad entre quienes
participan de ella respecto de quien no lo hace al ser el objeto
del chiste’.
éCual es el derecho de este revés, de estas rupturas, de este
quiebre de la previsibilidad?, o mejor, équé es lo que comparti-
rian, mas o menos conscientemente, quienes se sintieran inter-
pelados por la gracia de este chiste?, équé conocimientos, qué
valores y qué experiencias comunes harian posible compartir
esa gracia?
En primer lugar, existe un elemento cuya sencillez no debe
opacar su relevancia. Los sensores electrénicos que se ven aqui
fueron en los afios noventa un signo de modernizacién, apare-
8. Noestamos, ciertamente, ante una manifestacién de “humor”, como sefiala
el titulo de la pequefia seccién, si entendemos que éste conlleva la exhibicién
de un sufrimiento o una carencia en que est4 comprometido el propio enun-
ciador, que lo afecta directamente, y que se salva por un distanciamiento en
que el principio de placer es “capaz de afirmarse a pesar de lo desfavorable
de las circunstaneias reales” (Freud, 2001: 159). No tenemos en este caso la
exhibicién de tal carencia del enunciador. (Ver una aproximaeién al “humor
grAfico” en Steimberg, 2001.)
g. Como Gombrich sostiene justamente acerca de la satira pict6rica, “[I]o queen
nuestros dfas se llama sentido de identidad se apoya siempre en el supuesto
de superioridad sobre aquellos que no pertenecen al medio. Es esta funcién
a que ha cumplido siempre la satira [...] ha contribuido a este sentimiento
de superioridad [...] al reforzar el estereotipo que cualquier grupo tiene de si
mismo y de los demas” (Gombrich, 2003: 195-196).
ciendo y expandiéndose en las ciudades mas grandes del pais
en esos afios, junto con (y, en parte, a causa de) la instalacién
también creciente de grandes tiendas y firmas transnacionales de
comercializacién de productos de consumo minorista. Por otro
lado, la nocién comtin que habilita el contraste y las rupturas
es la de la boliviana/pobre/“en negro” /atrasada. La “boliviana
que vende ajos y limones” produjo la condensacién de mucho
de Jo que significaba entonces para las clases medias urbanas la
presencia de inmigrantes bolivianos/as en aquellas grandes ciu-
dades. E] contraste que permite la ruptura, el quiebre y la risa es,
entonces, el contraste entre la ilusién de formar parte del Primer
Mundo, que anunciaban como realidad efectiva las autoridades
politicas de entonces, y el Tercer Mundo insistente en la figura
de trabajadores y trabajadoras inmigrantes. Dicha ilusi6n parecia
actualizar en ciertos sectores sociales algunos suefios y mitos
recurrentes de la Argentina moderna y blanca. El contraste, en
definitiva, enfrentaba la moderidad y el avance, de un lado, y el
retraso no moderno boliviano y/o indigena, del otro.
Por ultimo, la vifieta hace una alusién al tema de la frontera.
U1 dibujo es justamente la representacién de una frontera, la
que divide en dos el cuadro, en una diagonal entre el 4ngulo
superior izquierdo y el angulo inferior derecho. La propuesta
visual de esta frontera podria producir evocaciones de fronteras
»cogréficas y politicas, y genera otra evocacién aun més clara y
rotunda: la de la frontera legal. Seguramente la mayor parte del
publico lector del periédico conocia, porque lo experimentaba a
diario, el hecho de que las vendedoras bolivianas comtinmente
cligieran la salida de los grandes supermercados como lugar para
instalar sus puestos. En el dibujo no hay ningiin supermercado
«© tienda detrds, pero no serfa dificil para el pttblico completar la
escena en su imaginacién, Esta pequefia satira redobla de este
modo el sefialamiento de que nila vendedora, nilas mercaderias
estan dentro de ese mundo protegido electrénicamente. Si bien
no es facil especular sobre los alcances que la fuerza evocatoria
de una imagen pueda tener en los lectores, lo que en este chiste
se observa es una frontera y un margen de la legalidad, a partir
de los cuales comienza el mundo de la infralegalidad en el que
los bolivianos/indigenas/trabajadores fueron mostrados y vistos
en la década del noventa.
33 | ELSENTIDO COMUN VISUAL | Sergio Caggiano34 | CaPhruLo InTRODUCTORIO
Pequeiias transformaciones y grandes
continuidades
La crisis econdmica, social y politica de fines de 2001 puso
de manifiesto la acumulacién de problemas que las reformas
neoliberales habia producido durante la década que concluia.
Dicha crisis, sus consecuencias y los reacomodos tendientes a
superarla impactaron en todos los 4mbitos de la vida. En térmi-
nos socioculturales, se ha visto en esta coyuntura un momento
de inflexién que podria haber dado lugar a la revisi6n de algunos
aspectos de la autopercepcién y, correlativamente, de la percep-
cién del otro, con efectos en la dindmica politica de la etnicidad
en Argentina (Grimson, 2003).
Respecto de los movimientos poblacionales, se destacé como
novedad la emigraci6n de argentinos y argentinas hacia Euro-
pa, Estados Unidos y otros destinos”. Este fenémeno fue rapida
y alarmistamente tematizado por los medios de comunicacién
masiva, por dirigentes politicos y sociales y por académicos. En
cuanto a la inmigracién desde paises vecinos hacia Argentina, si
bien algunos medios creyeron advertir un retorno de migrantes
a los paises de origen, ningiin estudio confirmé una tendencia
significativa en esta direcci6n; antes bien, los flujos parecen ha-
berse mantenido en un nivel estable. La politica migratoria, por
su parte, vari6 significativamente en este lapso de tiempo. En
diciembre de 2003 el Congreso Nacional sancioné la Ley Migra-
toria 25.871 que reemplazé ala anterior ley, promulgada durante
Ja tiltima dictadura militar y de claro corte expulsivo. La nueva
ley reconoce el derecho humano a migrar asi como una serie de
garantias para los inmigrantes".
10. Aunque este punto no sea objeto del presente trabajo, considero conveniente
relativizar el carécter de radical novedad que parecié adquirir !a cuestion en
diversos foros y contemplaria ala luz de desplazamientos anteriores (ver, por
ejemplo, Juliano, 2008)
11, Al Estado se le asigna el rol de asegurador de dicho derecho. La ley garantiza
cl derecho ala educacién y a la salud de todos los inmigrantes, cualquiera
sea su situacién migratoria. Ademds, el hecho de ser nativo de un Estado
Parte del Mercosur, Bolivia y Chile supone la “posibilidad de obtener una
residencia temporaria en el territorio nacional”. Estas medidas legislativas,
asf como otras tomadas por el Poder Ejecutivo en la misma direccion (como
la suspensién de las expulsiones de todos los extranjeros provenientes de
los paises limftrofes que se encontraran en situacién irregular), deben ser
entendidas en el marco de ciertas disposiciones del Mercosur sobre el tema
(Cenicacelaya, 2004; Domenech, 2010).
Alo largo de estos afios ha habido una visualizacién de la in-
migracion y de los inmigrantes que presenta algunas diferencias
y, ala vez, profundas continuidades respecto de lo sucedido en
Ja década anterior. Las fotografias y las notas de prensa sobre
ja tematica pertenecen a dos momentos y pueden agruparse,
correspondientemente, en dos conjuntos. El primero de ellos
abarca desde comienzos de 2002 hasta los primeros meses de
2004. Retine imagenes relativas a las cuestiones sociales, legales
yjuridicas en torno dela migracién. Algunas refieren ala proce-
dente de paises vecinos hacia aqui, pero en verdad casila totalidad
de estas fotografias corresponde a la migracién de argentinos/as
hacia Europa u otros destinos. Si las tomo en consideracién y
las trato conjuntamente con las de los/as bolivianos/as y otros
inmigrantes en Argentina es porque el contraste puede iluminar
algunos aspectos de éstas. Unas y otras fueron publicadas en los
mismos periédicos y durante las mismas fechas.
Dentro de este conjunto existen fotografias institucionales
ue acompaiian noticias sobre los avances o retrocesos de las
negociaciones politicas de representantes del gobierno argentino
en el extranjero, Otras fotografias muestran marchas y manifes-
taciones en Europa —mayoritariamente en Espaiia~ a favor de
los inmigrantes y, particularmente, de los argentinos, actividades
convocadas por organizaciones de migrantes 0 por organizaciones
locales de apoyo. Encontramos, finalmente, las imgenes que
buscan realizar un retrato de los propios emigrantes. Frecuente-
mente se pone en foco el momento del reagrupamiento familiar,
sea por regreso voluntario o por causa de una deportacién. No
obstante la imagen pueda trasuntar la tristeza por el tiempo dela
separacién, el retrato es arménico y dicha armonia parece estar
dada sustancialmente por la representaci6n de la uni6n familiar.
Aunque estas notas apelen, para referirse a los argentinos en el
exterior, a términos como “ilegal”, cudnto menos equivoco, la
presentacin visual de estos “ilegales” no se asemeja a la hallada
para el caso de los/as bolivianos/as algunos afios antes.
Kin febrero de 2004, Clarin presentaba “datos oficiales” que
le permitian afirmar en el titular mds importante de tapa “Ar-
gentinos: hoy vuelven mas de los que se van”. En el desarrollo
de la informacién, dos fotografias presentaban el regreso de los
omigrados. En la primera, un matrimonio joven y su bebé apare-
cian tomados en el preciso momento de ingresar a su casa (el pie
de foto indicaba: “Vuelta al hogar”), con sus maletas detras. La
=
5
8
836 | caPtruLo iNTRODUCTORIO
mujer, desapareciendo en el umbral de la puerta, volvia el rostro
hacia su esposo, elegante en su impermeable, quien en el centro
del cuadro giraba levemente la cabeza y el cuerpo hacia la camara,
dejando ver su rostro y el del pequefio en sus brazos. La restante,
reproducida aqui (f. 8), era la imagen de una familia en el living
de su casa, sentados en un sillén que no alcanza a verse, con un
tapiz como fondo. El matrimonio esta en el centro, el esposo
pasando su brazo por detras de la‘esposa hasta tomar su hombro,
flanqueado por su hija y su hijo. Las vestimentas, igual que en
el caso anterior, como también el tapiz, indican que se trata de
una familia de clase media urbana. Los cuatro estan mirando a
la camara y sonrien. En ninguna de estas fotografias hay rostros
ocultos ni ocultados, ni tiene presencia la policia ni otra fuerza
de seguridad, y nunca se representa un escenario laboral.
Como indiqué, las imagenes de inmigrantes limitrofes 0 veci-
nos son escasas en este periodo aunque hay numerosas noticias
que los involucran directamente. Las notas tratan sobre la nueva
ley migratoria y las reglamentaciones asociadas, ylo hacen gene-
ralmente con tono aprobatorio (la ley “garantiza la integracién
social”, significa “un final para el fantasma de Videla”) 0, al me-
nos, comprensivo (Ia ley procura “borrar fronteras burocraticas
y ordenar la situacién de los numerosos inmigrantes ilegales
en nuestro pais”). Incluso un informe de Clarin es titulado con
palabras que hasta poco tiempo antes pertenecfan al lenguaje
de intelectuales o dirigentes sociales criticos de las politicas mi-
gratorias de entonces, pero no al de los medios masivos: “Una
nueva ley para desactivar la «fAbrica» de inmigrantes ilegales”.
Elinforme ofrece en el centro de la pagina una “historia de vida”,
acompafiada por una de las pocas imagenes de inmigrantes de
paises limitrofes de este conjunto (f. 9). Un hombre mayor es el
protagonista dela toma. El hombre es de tez blanca y nose aprecia
mucho mas de él, ya que sélo se ve su cabeza, los antebrazos y
las manos encimadas a la altura del cuello para que el menton
se apoye en ellas. Es una composicién trabajada. Las dos terce-
ras partes del cuadro, comenzando desde abajo, son ocupadas
por la tapa de un escritorio cubierto de papeles, entre los que se
distinguen fotocopias de documentaciones personales, papeles
con membretes y sellos oficiales; tramites... En el tltimo tercio
superior del cuadro, en el centro, se ve la cabeza del hombre apo-
yada sobre los antebrazos, y atrds se divisa una fotocopiadora que
completa un ambiente de oficina. El angulo picado de la cAmara
Figura 8, Clarin, 15/02/2004, p. 37
hace que el eseritorio parezca a punto de sobrepasar y tapar al
hombre —quien probablemente ha debido arrodillarse tras el
mueble para facilitar la toma—. El inmigrante uruguayo (segin
informa el texto), blanco (segiin muestra la foto), es victima de
la “fabrica de ilegalidad”. Agobiado por los papeles, desde atras
del escritorio el hombre eleva la vista cansada directamente a
la camara.
El segundo momento de intensa visualizacién de los/as in-
migrantes durante este perfodo comienza y se concentra en el
mes de abril de 2006, y se extiende, perdiendo fuerza, hasta
septiembre u octubre de ese aiio. En ese mes de abril sucedié
lo que serfa conocido como “la tragedia” 0, menos enfAticamen-
te, “el incendio de Caballito”. El fuego consumié6 un taller textil
clandestino en ese barrio portefio y murieron en el hecho seis
personas de nacionalidad boliviana, entre nifios y adultos, que
trabajaban alli sometidos a un régimen de sobreexplotacién. El
acontecimiento dio lugar a un amplio tratamiento mediatico y
a una serie de medidas de gobierno, acciones de organizaciones
no gubernamentales y debates, todo lo cual, a su vez, recibié
cobertura. El tratamiento de los medios incluyé una importante
produccién de imagenes.
Entre este material hallamos algunas fotografias que plantean
una novedad en relacién con las formas de visualizacion explora~
das anteriormente. Se trata de retratos de entrevistados/as boli-
vianos/as, todos/as involucrados/as mas 0 menos directamente
en los hechos, generalmente como victimas del incendio 0 de la
explotacién laboral. No obstante estas fotografias sean apenas
alrededor del 15% del total, dicha novedad vale su menci6n. Las
imagenes van desde el plano medio corto que concentra nuestra
atenci6n en Ja tez cobriza, los rasgos aindiados y la ropa modesta
37 | ELSENTIDO COMUN VISUAL | Sergio Caggiano38 | caPtruo mmopuctoRio
de una mujer, a la vez que presenta como fondo el contexto de
un taller (fuera de foco pero lo suficientemente claro para ver
mesas de trabajo, maquinas de coser, otras costureras), hasta el
primerfsimo primer plano del padre de uno de los nifios fallecidos
en el incendio del taller que, dada la cercania y las sombras en
el cuello y los ojos, consigue un matiz intimista’.
Una importante cantidad de imagenes, sin embargo, repite a
su manera el ocultamiento del rostro. Encontramos nuevamen-
te fotografias en las cuales las personas estan de espaldas a la
cAmara, como la figura 10, que muestra manifestantes frente a
uno de los talleres textiles acusado de explotacién, o imagenes
compuestas con cuidado que muestran, por ejemplo, el interior
de un taller con piezas de ropa, bobinas de hilo, herramientas y,
en el fondo, un hombre de espaldas mirando por una ventana.
Cumplen asimismo con esta caracteristica general las fotografias
de interiores pobres y desordenados, evidentemente orientadas a
producir la identificaci6n a simple vista de un cierto cuadro social,
partes de talleres que en el pasado habrian sido utilizados como
habitaciones, salas de clubes y otros espacios improvisados para
dar alojamiento a los trabajadores de los talleres intervenidos y
a sus hijos, etc. En estas fotos no se hace foco en las personas,
a veces porque la cantidad de nifios y adultos parece resultar
demasiado grande para ello, a veces porque en los cuartos no
aparece persona alguna. Aqui no se visualiza la familia nuclear
burguesa que observamos en el caso de los emigrados argentinos.
En la figura 11 se ve una de esas habitaciones improvisadas, con
los colchones en el suelo, un televisor a uno de los costados y
algunas sillas apiladas. Es posible divisar varias personas, sin que
pueda apreciarse claramente qué estan haciendo. Tres personas
estan en un plano mas cercano, que permitiria su individualiza-
cién. Sin embargo, una de ellas, una mujer adulta, es tomada en
el momento en que da la espalda a la cAmara, y las otras dos, un
par de nifios, tienen la cara movida y difuminada por efecto de
una apertura lenta del obturador. Vuelven a hacerse presentes
las fotografias con el rostro desenfocado o filtrado.
Finalmente, existe una serie de imagenes que, no obstan-
te diferir entre si en varios aspectos, tienen en comin uno que
permite su agrupamiento: la presencia policial como contexto y
12, Pueden hallarse algunas reflexiones interesantes acerca de las fotograffas de
personas en tanto que “victimas” en Crimp (1993).
Figura 10, Clarin,
09/09/2006, edicién online
Figura 12, Clarin,
09/04/2006,
edicién online
acompaiiamiento de la vida de los/as migrantes. Dicha presencia
policial se hace evidente, por ejemplo, en varias de las numerosas
fotografias de manifestaciones que tuvieron lugar luego del in-
cendio de Caballito, algunas en contra de la explotacion y otras en
contra de la intervencién del gobierno y de la clausura de talleres
que dejaba a muchos inmigrantes sin trabajo. La forma suele
ser coincidente; se ve a los manifestantes con algunas banderas
bolivianas, de un lado y, enfrente, corténdoles el paso aunque
sin tensién manifiesta, la policia (f. 12). Estas tomas se vuelven
mas llamativas si recordamos las numerosas fotografias de las
movilizaciones en Europa a favor de la inmigracién argentina;
en esas fotografias pueden verse manifestantes con banderas y
pancartas, pero en ninguna de ellas vemos a Ja policia. Las fuerzas
de seguridad co-protagonizan, en cambio, aquellas escenas con
bolivianos/as en Jas que, por ejemplo, los policfas indagan a los/as
migrantes o requieren datos que anotan en formularios. En tercer
lugar, la policia suele protagonizar con exclusividad varias image-
hes que acompafian notas sobre talleres clandestinos, migracién
y explotaci6n, custodiando desde la vereda un local que muestra
39 | ELSENTIDO COMEN VISUAL | Sergin CaSET Figura 12, Clarin,
5 AS 04/04/2006,
ad edicién online
Figura 13, Clarin,
20/04/2006,
edicién online
su puerta cerrada (£. 13), sacando por una puerta a la calle maqui-
narias y herramientas textiles que se acumulan alli, etc.
En sintesis, sila crisis desatada a finales de 2001 supuso algu-
na transformacién sociocultural, esta no parece haber afectado
radicalmente los modos en que la prensa puso en imagenes a los
ylas inmigrantes pobres procedentes de paises vecinos. Es cierto
que hubo una innovacién en la exhibicién de rostros de inmigran-
tes a partir de “la tragedia de Caballito”. Las victimas directas, y
quienes se involucraron como dirigentes 0 representantes en la
gestion del hecho y de sus consecuencias, pudieron —o tuvieron
que- mostrar la cara, lo cual implicé una mayor personificacién.
visual de ese sector social.
Pero mis alla de ello, no se dieron grandes cambios. Por el
contrario, se comprueba una continuidad que resulta aun mas
significativa si se toma en cuenta que tiene lugar a partir de un
problema diferente, “la mano de obra esclava”, tratado con un
tono moral distinto al que recibieran, por ejemplo, “el rebrote
del célera”, “el aumento del desempleo” o “el crecimiento de la
[Oo MONK? [are “vayom >
delincuencia”. La continuidad se observa en la composicién de
escenarios visuales de desorden y pobreza en los que la imagen de
las personas, ausentes o presentes con sus rostros ocultados, es
subordinada a la configuraci6n de un cuadro social de confusién.
Ademés, nuevamente los rostros no mostrados o desenfocados
desatan remisiones a la permanente presencia policial, acompa-
ante y co-protagonista de la vida de estos inmigrantes. El cuadro
social de los/as migrantes bolivianos/as contrasta fuertemente
con el cuadro de la familia “bien constituida” de los emigrados
argentinos. También contrasta, en otro aspecto, con la imagen del
inmigrante que ha podido convertirse en el rostro de “la fabrica
de ilegalidad”, el uruguayo blanco agobiado por los papeles.
Nuevas (y viejas) condensaciones en una historieta
Una casualidad —que acaso no sea tal~ organiza los apartados
de este capitulo. Desde septiembre de 2003 otra versi6n dibujada
de una vendedora boliviana como aquella con que conclui el repa-
so de la década del noventa gané un espacio en la prensa portefia.
Esta vez en una historieta o tira comica llamada “La Nelly”, en
la cual la vendedora es uno de los personajes. Hasta 2010 la tira
fue, de arriba hacia abajo, la primera de las que Clarin presenta
cada dia en su diltima pagina, para pasar ese afio al interior del
diario, a la seccién Ciudad“. La protagonista que da nombre a
la tira, “la Nelly”, es una sefiora “de barrio”, de clase media, que
vive su cotidianidad, sus suefios y frustraciones, sus proyectos y
recuerdos acompafiada de figuras ocasionales y de un pequefio
grupo de personajes secundarios recurrentes. Ellos son Selva, su
amiga, Klaus, un aleman tenedor de bonos de la deuda externa
argentina que se ha enamorado del pais, tres “pibes chorros”, un
chorizo con vida y Catalina, la vendedora boliviana. No describiré
en detalle Ja gran cantidad de historietas de las que participa
Catalina pero resumiré algunos de sus rasgos persistentes, asi
13, Los autores son Sergio Langer y Rubén Mira. El primero es un reconocido
autor, dibujante y guionista que proviene del mundo under de la historieta
de Buenos Aires, Trabajé en medios gréficos nacionales como Humor, Sex
Humor, La Prensa, Clarin, Pagina 12, Los Inrockuptibles y Rolling Stone, y
en medios extranjeros, Como escritor y guionista, Rubén Mira colaboré en
medios gréticos como Olé y los Inrockuptibles. Mi seguimiento de la tira
fue hasta mediados de 2010, poco antes de que cambiara su ubicacién en el
periddico.
41 | Ex seNTIDO COMEiNVISUAL | Sergio Caggans42 | CAPtrULO INTRODUCTORIO
como los trazos que, de igual forma que en el chiste visual del
diario Hoy, condensan algunos de los mecanismos y modalidades
generales de visualizacin de los/as inmigrantes.
“La Nelly” es en gran medida una historieta politicamente
correcta y tiene pinceladas de ironia que caen sobre la propia
Nelly y, por su intermedio, sobre algunos lectores y lectoras del
periddico, ya que la protagonista establece cédigos de identifica-
cién con su ptiblico y podria pensarse que su “tipo sociolégico”
es parte del target del periddico y de la tira. Nelly, en ocasiones
motu proprio aunque generalmente inducida por su amiga Selva,
respeta a Catalina. Cuando es grosera, desconfiada o malinten-
cionada lo es en tal medida y de manera tan manifiesta como
para que eso mismo constituya el elemento cémico, volviéndose
ridfcula ella misma. Por ejemplo, Nelly confunde insistentemente
Ja nacionalidad de Catalina y la cree peruana, aun cuando, segin
se nos informa, esta Ultima ya la habria corregido en su error. En
otro orden de cosas, Nelly suele intentar engafiar en transacciones
comerciales a la vendedora boliviana y ni siquiera lo consigue,
saliendo a veces ella misma perdedora. Ademis Catalina “se las
rebusca bien”, es decir, tiene ingenio para leer oportunidades y
hacer avanzar sus negocios. No es en las manifestaciones ideol6-
gicas de superficie donde reencontramos rasgos del tratamiento
que los inmigrantes recibieron en los afios noventa sino en las
continuidades silenciosas de la representacién visual.
Como comerciante, Catalina esté siempre en el limite de la
legalidad y es comin que ofrezca productos adulterados o falsifi-
cados. Nelly suele ser la contraparte para esta compra-venta y, de
este modo, queda involucrada en el intercambio, pero el circuito
de la ilegalidad se inicia en Catalina. De hecho es ella quien elige
colocarse en este margen cuando decide montar, en la esquina
donde tiene su puesto, un taller textil clandestino (f. 14). Esta
tira aparecié a pocos dias del incendio en el taller de Caballito.
Vemos que Nelly y Selva caminan y comparten su preocupacion
a propésito de “los talleres ilegales” y “la mano de obra esclava”,
y en la altima vifieta ambas se ven sorprendidas por encontrar
el puesto de verduras de Catalina convertido precisamente en
uno de estos talleres. La tira del dia siguiente juega con la idea
de que Catalina podré evitar inspecciones y multas (por evadir
impuestos, no tener documentacién personal, etc.) imprimiendo
en sus remeras los apellidos de los funcionarios adecuados para
cada caso.
Fa siartrrucn ston
ppb 5H =H
Figura 14, Clarin, 11/04/2006,
Lo mas significativo en estas y otras tiras de esos dias es el
pasaje automatico del puesto de frutas y verduras al taller textil
“ilegal”. Ese pasaje magico, que en términos generales esta permi-
tido por las reglas de género del comic, en términos particulares
esta permitido por una determinada imaginacién local acerca de
los inmigrantes. En ella el taller ocupa un lugar mas 0 menos equi-
valente al del puesto callejero. La equivalencia esta sostenida en
la ilegalidad o la marginalidad que caracterizaria a este “mundo
boliviano”. En otra ocasién Catalina aparecié asociada a “los pibes
chorros” en un emprendimiento econémico, y en otras varias se
aludié a su incumplimiento con la AFIP (Administracién Federal
de Ingresos Piiblicos) y a su condicién de indocumentada.
Valdria preguntarse incluso si la eleccion de la imagen de
la vendedora del puesto callejero como estereotipo de la mujer
boliviana y de la inmigracién no tiene que ver desde un comien-
‘0 con la representaci6n visual de ese margen de la legalidad.
‘iempre ubicada en el espacio liminar de la vereda, que no es el
adentro de un hogar o de un comercio ni el simple afuera de la
calle abierta, la figura de la vendedora callejera parece facilitar
la representacién en imagenes de ese margen algo indefinido. Es
cierto que la historieta se caracteriza precisamente por un “es-
quema iterativo”, es decir que se estructura en base a un conjunto
de elementos recurrentes (Eco, 1968; Barbieri, 1993), pero en
cualquier caso permanece en pie el interrogante acerca de cudles
son los elementos particulares que se reiteran en una historieta
concreta, como esta. Quiz4 no haya sido una mera casualidad lo
que hizo que Catalina nos recordara varios elementos presentes
en el dibujo de la vendedora de ajos y limones de la figura 7.
La representaci6n visual del cuerpo de Catalina es significativa
ensi misma, En las cientos de veces que ha sido dibujada Catalina
43 | ELSENTIDO COMUIN VISUAL | Sergio Caggianog
2
5
3
a
esta casi siempre sentada. En otras circunstancias, principal-
mente cuando se desenvuelve alguna historia de corte surrealista
(un enfrentamiento naval en el Rio de La Plata, por ejemplo, o
situaciones de este tipo), puede vérsela de pie 0 en otra pose.
Pero lo mds coman es que esté sentada, entre sus cajones, con
jas manos cruzadas sobre el regazo. Incluso en alguna ocasién en
que es colocada en otro contexto, como en el interior dela casa de
Nelly el dia del cumpleajios de ésta, aparece una vez mas sentada
en el suelo sobre una lona extendida. La movilidad reducida no
se agota en el hecho de que Catalina se traslade muy raramente;
sentada en su puesto tampoco mueve mucho los brazos (apenas
para alcanzar lo que se le pide) ni la cabeza. Cuando es dibuja-
da parada o caminando, siempre lleva una bolsa rebosante de
verduras en cada mano. Esto es parte de la conformacién de un
estereotipo, y esto, a su vez, de la estructura de iteracién antes
mencionada. Sin embargo, la particular posicién del cuerpo y la
movilidad reducida dicen algo mas. Como sefialé en otro lado
(Caggiano, 2005), la “tranquilidad” es un topico muy complejo
en las representaciones locales sobre los inmigrantes bolivianos,
que tanto conduce a un ambivalente elogio de su resistencia y
obediencia ante condiciones duras de trabajo como a una critica
directa de su presunta lentitud para llevar adelante determinadas
tareas como interactuar, aprender, etc. Esa tranquilidad parece
estar alimentando las imagenes visuales de poco movimiento.
Otra imagen de suma extrafieza es la de Catalina sonriendo;
se la ve en esta actitud sélo en un par de oportunidades en todas
Jas vifietas. Mas aun, su rostro es en conjunto poco expresivo
si se lo compara con las carcajadas y los gestos, las bocas y los
ojos abiertos por la sorpresa, los cefios fruncidos y los rictus
por el enojo o la confusién de los otros personajes de la tira. La
vendedora boliviana no hace con su boca otra cosa que no sea
mantenerla cerrada, inexpresiva.
Esto es plenamente coherente con el hecho de que Catalina
no hable. En ninguna de todas las vifietas intercambia una sola
palabra con nadie. Los demas hablan entre si y le hablan, ella
piensa pefd no responde. Louis usual es que alguien, general-
mente Nelly, habley hable sola en las primeras vifietas mientras
ella mira en silencio hasta que, en el tiltimo delos cuadros, piensa
algo, que a veces podria entenderse como una respuesta, pero
siempre en silencio. E] globo 0 bocadillo que acompaiia a Catalina
no es nunca un globo de didlogo propiamente dicho porque con
ella nunea hay didlogo. Siempre cs un globo que imita a una nube
y cuyo apéndice, que no apunta a la boca sino a la sien, tiene la
forma de una cadena de globos pequeiios. Este tipo de globos
“denota el pensamiento no expresado en alta voz [...] los perso-
najes en cuestion tienen la boca cerrada y estan como absortos;
visiblemente, se hallan fuera del circuito de la comunicaci6n”
(Hresnault-Deruelle, 1970: 186). Resuena en esta imagen visual
otra nocién corriente en sectores de clase media de la sociedad.
“receptora”, aquella segiin la cual los bolivianos tienen dificul-
tades para comunicarse, para expresarse y para comprender lo
que se les dice.
Junto con la quietud del cuerpo, sus formas redondeadas, el
color oscuro de la piel, el cabello negro, largo, con raya al medio
y peinado con una o dos trenzas, la nariz ancha y los ojos algo
oblicuos, desde los bordes de la cara hacia adentro y hacia abajo,
constituyen el conjunto de rasgos que hacen que Catalina sea
facilmente confundible con cualquier otra boliviana mostrada
en Ja tira. Por mencionar un ejemplo, en un taller clandestino
de una vifieta de abril de 2006 hay un grupo de personas de tez
oscura, entre pilas de ropa recién confeccionada y m4quinas de
r. Entre ellas hay una mujer que noes, pero que a simple vista
podria ser Catalina, con la nariz amplia, los ojos en diagonal, el
cabello largo y oscuro recogido, la gran boca cerrada. Cuando en la
historieta aparece otra mujer de clase media, de la edad de Selva
o de Nelly, no se parece a ellas, quienes a su vez no se parecen
entre sf; cuando aparecen hombres jovenes ligados al mundo del
delito o de la marginalidad no se parecen a los “pibes chorros”,
quienes a su vez no se parecen entre sf. O sea, en el caso de los
otros personajes las similitudes sociales no llevan necesariamente
acontornos y trazos indistinguibles. El dibujo de “la boliviana”,
en cambio, parece ser un dibujo indistinto, se trate de “la boli-
viana” que se trate, sea un personaje habitual como Catalina, sea
una aparicién circunstancial en alguna historia. Cualquiera de
cllas es todas ellas, o el dibujo de cualquiera de ellas puede ser el
dibujo de todas; una muestra vale por el conjunto, un individuo
vale por el grupo". . .
cos
14. Miandlisis eritico de la historieta no apunta a las “intenciones” de sus autores,
porque una interpretacién sintomdtica de los productos culturales como parte
del proceso social total (Williams, 2000) y desu papel activo en la produceién
yreproduecién sociocultural no busca explicacfones en las “intenciones”, oal
menos nos i
tenta apreci
as alla del pos
tos trazos del sentido comin visual, que se hacen presentes
cionamiento de sus autores y de las interpelaciones, cierta~
apglane
45 | ELseNTiDO COMUNY46 | CAPITULO INTRODUCTORIO.
Criterios de visién y divisién social
Un rasgo fundamental en la visualizacién de los y las inmi-
grantes es la configuracién de una ilicitud o una infralegalidad en
imagenes. De manera directa, mediante la mostracién de deten-
ciones y arrestos de migrantes o mediante la presencia perma-
nente de la policia y las fuerzas de seguridad y control. De manera
indirecta, toda vez que en las imagenes de estos trabajadores y
trabajadoras se emplean modalidades y técnicas de ocultamiento
del rostro como el filtrado, los juegos de luces y sombras y otros
similares. En un mundo de trabajo que se muestra oscuro en.
varios sentidos, los trabajadores bolivianos a veces aparecen por
ausencia, otras veces como tipo social mas o menos genérico
(nuevamente, sin rostro que individualice) y otras componiendo
ellos mismos, con sus rostros ocultos (ocultados), una franja
liminar que hace de su mundo de trabajo un espacio que est4
siempre al margen. La recurrencia de estas imAgenes tiene entre
sus efectos la construcci6n visual de una ilicitud que incluye la
“criminalidad” en sentido estricto, pero que va mAs alla de ella
postulando un “campo de accién social ilegitima” al poner ante
nuestros ojos los “comportamientos desviantes en relacién con
la norma” y las “categorias sociales tenidas como propensas a
esos actos” (Vale de Almeida, 2000: 143). La imaginacién de
una zona infralegal difusa confirma la anomalfa de aquellos que
“irrumpen en el callado ejercicio de una ciudadania [...] que se
ejerce al margen o en suspensi6n de los criterios que otorgaban a
eada cuerpo humano un emplazamiento, una diferencia situada
y, por ende, un conflicto inteligible” (Reguillo, 2007).
mente muchas veces 4cidas, que ellos dirigen a sus lectores, En este sentido,
no tiene ninguna relacién con una breve polémica que tuvo lugar alrededor
de “La Nelly” en octubre de 2007. En ese momento la Embajada de B
N en Argentina envié una carta al editor general de Clarin protestando por tres
ejemplares de la serie, que referia como “ofensivas historietas emicas”, y eso
generé que a los pocos dfas Clarin publicase una respuesta del editor general
yuna de los autores. Podria resultar interesante un andlisis de la polémica y
del tono severo que adquirié, tanto en la carta que se inquietaba por la “xeno-
fobia” y la “actitud retrégrada” de los autores como en la respuesta del editor
que lamentaba que “el diplomatico [hubiera) hecho una lectura lineal de una
satira y {hubiera] confundido el absurdo con la realidad”, pero ese no es mi
objetivo aqui (ver Clarfn, 12 de octubre de 2007. Disponible en [Link]
[Link]/diario/2007/10/12/opinion/[Link]; éltima consulta
julio de 2012. También hasta enero de 2009 podian encontrarse referencias
enel sitio web de la Embajada de Bolivia en Argentina).
Dicho rasgo fundamental se ha mantenido a lo largo de la
década del noventa y de la del dos mil, a pesar de las diferencias
detectadas entre estos dos momentos. Las consecuencias econd-
micas, politicas y socioculturales de Ja crisis de 2001 implicaron
un tratamiento publico diferente de la inmigracién procedente
de paises vecinos. En un contexto en que la pobreza, el desem-
pleo e inclusive la desigualdad se impusieron por peso propio en
la agenda politica y mediatica, ya no fue posible una operacién
sencilla de sefialamiento de la inmigracién como responsable de
estos males. No obstante, la forma en que los inmigrantes fueron
mostrados en imagenes no presenta variaciones, con la excepcién
de los retratos de victimas en el incendio de Caballito. El mundo
oscuro de la marginalidad y la clandestinidad siguié siendo la
pintura habitual; los rostros ocultados, los cuadros sociales de
desorden y confusion, y la ubicuidad policial, los trazos siempre
presentes,
Para finalizar, quisiera recuperar cosas apenas dichas en las
paginas anteriores y ponerlas de relieve a la luz de algunas hip6-
tesis interpretativas que permitirdn plantear el problema central
dellibroy sus principales preguntas. Hemos observado a lo largo
de estas paginas juegos de pertenencias y exclusiones, posiciones
y ubicaciones sugeridas como normales o naturales, fragmentos
de una imaginacién de lo propio y de lo extrafio, de lo superior
y de lo inferior. Ahora bien, en ese juego no habia “solamente”
bolivianos (trabajadores) y argentinos; habia indigenas y habia
mujeres (bolivianas, trabajadoras). Lo que vimos fue un des-
pliegue de imagenes que estructuraba pertenencias y posiciones
atravesadas por la nacionalidad y por la clase social, de manera
clara, pero también por la “raza” y por el género.
Si se toma en cuenta el conjunto de estas dimensiones, co-
bra otra relevancia la presencia de aquel inmigrante mostrado
para ilustrar lo que la prensa llamé recién en 2003 “la fabrica
de ilegalidad”. éPor qué un hombre uruguayo blanco para poner
en imagenes esta problematica? No hace falta aclarar que los
uruguayos no son sélo blancos (ni sélo varones), ni que son mi-
noritarios entre los inmigrantes limitrofes en Argentina, y mucho
mas minoritarios entre los que se encuentran en una situacién
documentaria irregular. Si son migrantes como Catalina quienes
conforman el estereotipo de la marginalidad y la ilegalidad de la
inmigraci6n, épor qué no es alguien como Catalina quien pueda
mirar a la camara desde atras de una agobiante pila de papeles
agian
47 | ELSENTIDO COMIN VISUAL | Serg48 | CAPITULO INTRODUCTORIO
que representa las dificultades burocraticas para su radicacion?
Una parte de la compleja respuesta a esta pregunta estd en la
“raza”, que en Argentina —acaso mAs que en otros lugares— “no
existe” pero funciona. La visualizacién diferencial participa de
un proceso de racializacin.
Volvamos a Catalina para lograr mayor claridad. La tira del
1g de octubre de 2003 comienza con Nelly preguntando a la ven-
dedora sentada en su puesto “éY Catalina cémo pasaste el dia
de la raza... tu dia... el dia que a ustedes los descubrieron... no?”
Catalina es el “elemento indigena” de la historieta; es extranjera
y es indigena, es indigena y es extranjera. Pero mas alld de esta
atribucién verbal, es visualmente que esta historieta deja ver
mejor el sutil proceso de racializaci6n de la imaginacién nacional.
Una tira aparecida el 09 de julio de 2007, el dfa dela independen-
cia argentina, nos ofrece una pista clave para interpretar quién
€s quién en los paisajes visuales locales y cémo la racializacién
opera alli.
Es una tira con dos vifietas, en vez de las cuatro habituales. La
~ primera, de tamafio normal, presenta el tema de la celebracién
de la independencia con bandera, escarapelas y cintas de color
celeste y blanco. La segunda ocupa tres cuartas partes de la tira
y constituye la escena (f. 15). Como fondo se ve la “Casa de Tu-
cumin”, simbolo de los hechos de aquel dia. Delante del edificio,
los personajes de la tira vestidos con indumentaria de la época
se mezclan con otros hombres —incluido el general Belgrano- y
mujeres que asisten a los acontecimientos. Nelly lleva peinetén y
un gran vestido celeste y blanco. Puede verse a Catalina sentada
en la calle, a un costado de la puerta de entrada de la casa, ven-
diendo “ajo, mazamorra y limones”. Hacia el centro del cuadro,
los pibes chorros dan vivas a Ja patria. Uno de ellos usa galera,
pero los otros dos visten las ropas populares de comienzos del
siglo XIX. Uno de estos dos personajes ha sido dibujado con los
rasgos fisicos de costumbre, pero con una diferencia fundamental
dada por el hecho de que su piel es aqui de color negro.
Los desplazamientos, sustituciones y alusiones de este dibu-
jo son inconfundibles, y dicen mucho (al mostrar) acerca de la
relacion entre clase y raza en la forma actual en que se imagina
el presente y el pasado de esta sociedad. Catalina, la boliviana,
indigena, trabajadora, vende en la calle ajos, limones... iy ma-
zamorra! Si hay un estereotipo en la rememoracién del pasado
colonial en la Argentina, ese es el de Ja mujer negra vendedora
de mazamorra, presente en el recuerdo de quienes la han repre-
sentado o han visto representar innumerables veces en los actos
cscolares durante décadas hasta la actualidad. De acuerdo con
esta tira, Catalina es el personaje de hoy que puede convertirse
en (oestar en el lugar de) la negra mazamorrera del pasado. Apa-
rentemente en Argentina la “raza” no organiza la percepcion yla
«istineién social. De la mano de esto, también aparentemente, en
Argentina “no hay negros” (hubo) y, si bien esto esta cambiando
en los tltimos aifios, no hay indios (hubo). En esta representacion
«del og de julio, sorprendentemente es la “raza” como dimension.
«ie comprensi6n de la sociedad la que hace de hilo que conecta a
la negra mazamorrera y a la boliviana indigena que vende ajos y
hmones. La “raza” y la clase. Ademés estan los pibes chorros, que
son pobres, marginales, peligrosos... y uno de ellos es negro. O
sea, un pibe chorro es el personaje de hoy que puede convertirse
en (o estar en el lugar de) el negro del pasado. Ahora es la clase
peligrosa— la que hace de hilo conductor que liga un personaje
4 otro. La clase y la “raza”.
15, Clarin, 09/07/2007
Parece incuestionable que existen relaciones positivas entre
clase social y “raza”, que tal vez s6io puedan nombrarse refirién-
dose conjuntamente a una racializacién de las relaciones de clase
(Margulis, 1998) y a un enclasamiento de las relaciones raciales.
{as representaciones visuales de la prensa parecen navegar sobre
as complejas articulaciones. Las imagenes de trabajadores/as
holivianos/as indigenas “negros/as” sin rostro “chorros” peli-
yrosos echan mano a trazos comunes, al punto que en algunas
oportunidades una Gnica imagen puede reunir en si misma a
8 estas figuras.
relaciones y las desigualdades sociales se han nombrado
hist6ricamente en la Argentina en clave politica y, en algunos ca-
sos, en clave clasista. En cambio, en la medida en que el proyecto
toda
TIDO COMLIN VISUAL | Sergio Caggiano50 | CAPfTuLO INTRODUCTORIO
de homogeneizacién cultural que fue correlato de la construccién
del Estado nacién moderno entre 1880 y 1930 tuvo éxito (Segato,
1997; Guber, 1997; Grimson, 2003), las dimensiones racial y
étnica perdieron la fuerza que pudieran haber tenido en el pa-
sado como criterios de clasificacién social. Dicho proyecto logré
producir un silenciamiento —diferente de un borramiento— de
Jas dimensiones racial y étnica que, al tiempo que las sustraia
del campo de lo politizable, las volvia operativas en su capaci-
dad de negar a los otros (“no hay negros”, “no hay indios”). En
este contexto, la “raza” y el racismo se instalaron en Argentina
“por debajo de la esfera de la normatividad” (Briones, 1997) y,
en consecuencia, no se habla el lenguaje politico de la “raza”.
Los repertorios visuales, acaso menos normativos aunque no
menos normalizados, que los discursos verbales institucionales,
activan, en cambio, la “raza” (y el racismo) en su vinculacién
con la clase.
Ya no hace falta responder por qué el retrato que acompafia
una nota de prensa critica sobre la “fabrica de ilegalidad” es el
de un uruguayo blanco. Mas dificil es entender por qué se trata
de un hombre y no, como me pregunté hace un instante, de una
mujer como Catalina. La respuesta a esa pregunta est4, desde
luego, en el género. Tanto este personaje de la tira de Clarin
como el del chiste visual del diario Hoy de fines de los noventa
son personas trabajadoras, pobres y, como nos ayudé a ver Nelly,
indias”, Ambas son, también, mujeres. éPor qué mujeres para
jar ese margen, esa frontera de la legalidad y el orden? Aun
go de especular, no puedo dejar de asociar estas imagenes
a las representaciones en torno a “la mujer boliviana que cruza
parir del lado argentino”, analizadas en otro tra-
bajo (Caggiano, 2007). Los temores y ansiedades que esa figura
generaba entre funcionarios y empleados estatales de la provincia
de Jujuy, en el norte argentino, eran de dos grandes tipos. De
un lado, estas mujeres aparecian como “peligrosas productoras
de ciudadanos” (Karasik, 2005: 198), porque teniendo hijos de
nacionalidad argentina —dada la vigencia del ius solis~, y pudien-
do tramitar ellas mismas y los padres de los nifios su ciudadania
a partir de ello, devenian potenciales desestabilizadoras de un
régimen laboral que requiere de la existencia de trabajadores/as
“sin papeles”. De otro lado, estas mujeres que cruzan la frontera
provocaban un sacudimiento de la imaginacién racial con que
suele experimentarse la divisién internacional. Dada la idea de
la continuidad intergeneracional de la “sangre boliviana” (para
un sector importante de la sociedad argentina los hijos de boli-
vianos son bolivianos, aun naciendo en Argentina), el parto de
Jas mujeres de este lado de Ja frontera restauraba temores de
contaminacién racial. En pocas palabras, era la necesidad de
control de las mujeres y del potencial disruptivo de su capacidad
reproductiva lo que aparecia detr4s de estos temores (Stolcke,
1982 y 1992; Fraser, 1997). Que sean mujeres quienes se con-
vierten en simbolo de esas zonas de margen o frontera estaria
relacionado con estas ansiedades y temores*.
No es posible en unos pocos parrafos dar cuenta en detalle
de las intrincadas relaciones entre clase social, raza y género.
Pueden pensarse provechosamente estas relaciones en términos
de interseecién y no como mera sumatoria o simple convergencia
(Stolcke, 1999; Moore, 1993) mostrando, como he intentado,
funcionamientos concretos y configuraciones especificas (Wade,
2009; Costa, 2011). Mi pregunta inicial acerca de la visualizaci6n
de los bolivianos sugerida por una representacién teatral que,
critica de la xenofobia en Buenos Aires, no acertaba a poner en
cuerpo y en imagen a quienes sufren dicha xenofobia, fue de-
velandose poco 0 poco como un interrogante que tenia que ser
llevado a otros campos de la cultura y que tenfa que incorporar
en su bisqueda de respuestas otras dimensiones analiticas, no
solo la nacionalidad y la condicién de extranjeria. O sea, aquella
dificultad que la obra de teatro enfrentaba y que “resolvia” sacan-
doa los discriminados de la escena, mostré tener implicaciones
que van mas alla de la relacion entre argentinos/as e inmigrantes
bolivianos/as.
Las desapariciones y los sesgos en las apariciones de los y las
inmigrantes operan construyendo un paisaje de jerarquias, de
ilicitudes y de marginalidades, y postulan ante nosotros cuerpos
construidos segtin unas coordenadas precisas. No involucran a
15, Entre las fotos reproducidas aqut hay otras mujeres como estas, y el modo
cn que son representadas abona esta hipétesis interpretativa. Si damos una
nueva mirada a la figura 11, por ejemplo, encontramos la larga cabellera ne~
ura atada cayendo sobre la espalda, la pollera y el calzado sencillos, ete, La
mujer esté al lado de dos nifios. Se encuentran en un ambiente desordenado,
con dos colchones muy cerca uno de otro y otras personas —ma mujer, un
hombre joven— detrs. Comparemos, como sugeri antes, esta escena u otras
nilias "bien constituidas” de los emigrados argentinos que
justamente cl retrato vivo de la institucién familiary advertiremos
que el desorden y la confusion saltan a la vista en el primero de los casos.
NTIDO COMTIN VISUAL [ Sergio Caggiano
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