FENOMENOLOGÍA
Integrantes:
Delfina Lanusse
Micaela Ledesma
Matilde Cajal
Agustina Zerda
INTRODUCCIÓN
El siguiente trabajo tiene como finalidad abordar la corriente filosófica “Fenomenología” y sus
respectivos representantes: Edmund Husserl y Max Scheler.
Previamente a desarrollar las posturas de los ya denominados filósofos, es necesario postular que es
la fenomenología y los elementos que la componen.
La fenomenología Es una corriente filosófica relacionada con el neokantismo, el historicismo y la
filosofía vitalista, la cual pretende ser ciencia de esencias y no de datos de hecho. Es fenomenología,
ciencia de los fenómenos, pero su finalidad reside en describir los modos típicos a través de los
cuales los fenómenos se presentan a la conciencia. Es una ciencia de esencias y no de datos de
hecho.
Esta corriente fue fundada en los primeros años del siglo XX por Edmund Husserl. También es
necesario establecer que la misma coincide con el pragmatismo de William James y con el
pensamiento de Bergson, las concepciones existencialistas de Heidegger, entre otros. Este último la
describe como el “volver a las cosas mismas”.
Desde la etimología del término, dicha línea filosófica puede ser definida como la ciencia que estudia
a los fenómenos.
Con respecto al tema “sin evidencias no habrá ciencia”, Husserl afirma que para poder generar una
correcta filosofía es necesario partir de datos indudables, que sirvan de base para construir después
el edificio teórico. En suma, hay que buscar evidencias estables como cimientos de la filosofía,
fenómenos tan evidentes que nos sean imposibles de negar.
Caracteristicas principales de la fenomenologia
La fenomenología se basa en la descripción de los fenómenos que se anuncian y se presentan ante la
conciencia. Estos modos típicos a través de los fenómenos se presentan son las denominadas
“esencias”. Estas esencias se convierten en objeto de estudio cuando el investigador, colocándose
en la situación de espectador desinteresado, liberándose de todas aquellas opiniones
preconcebidas, logra intuir y describir aquello universal por lo cual un hecho es de una manera y no
de otra. Este conocimiento “universal” es el producto de aquellos datos que resisten a los reiterados
embates de la epoche. La fenomenología aspira a ser precisamente esto: una ciencia con un
fundamento estable, dedicada al análisis y a la descripción de las esencias
El fenomenólogo realiza funciones muy distintas a las de los científicos. La conciencia es intencional,
siempre es conciencia de algo que se presenta de un modo típico: el análisis de estos modos típicos
es la tarea propia del fenomenólogo, que se pregunta e indaga acerca de qué es lo que la conciencia
trascendental entiende por ejemplo del amor, percepción, religiosidad, justicia, comunidad,
simpatía, y así sucesivamente.
Otra característica digna de resaltar es la noción de intencionalidad de la conciencia, con respecto a
este punto Husserl se remite a dos pensadores de gran talla: Bernhard Bolzano y Franz Brentano.
Según Brentano, la intencionalidad es lo que caracteriza los fenómenos psíquicos: éstos siempre se
refieren a otro. Se dividen en tres clases fundamentales: la representación, el juicio y el sentimiento.
En la representación el objeto se halla meramente presente, en el juicio, se afirma o se niega; en el
sentimiento, se lo ama o se lo odia
A partir de esta breve conceptualización sobre la fenomenología, podemos abordar aquellas dos
perspectivas producto de la misma: una de tipo idealista, y la otra, realista. Aquí se separan, los
caminos de Husserl y de Scheler.
La perspectiva Idealista de Edmund Husserl
Edmund Husserl nació en Prossnitz (Moravia) en 1859. Estudió matemática en Berlín. Se doctoró
en1883 con una tesis acerca del cálculo de las variaciones. En Viena siguió los cursos de Brentano.
Sin dudas Husserl es un autor rico en producciones filosóficas, tal hecho lo podemos observar en su
abanico de obras: En 1891 publicó “La Filosofía de la aritmética”. En 1901 publica “Las
Investigaciones lógicas”. Posteriormente “La Filosofía como ciencia rigurosa” en 1911, y en 1913
“Las Ideas para una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica”. “La lógica formal y la
lógica trascendental” apareció en 1929. Y en 1931 se publicaron sus conferencias dictadas en París,
con el título de “Meditaciones cartesianas”
Husserl, recorrerá la senda del idealismo. Así, el pensador que estableció como programa de la
fenomenología el retorno a las cosas mismas, acabará encontrándose con aquella única realidad que
está representada por la conciencia: la conciencia trascendental que constituye los significados de
las cosas, de las acciones, de las instituciones y el sentido del mundo. El termino “trascendental”
quiere decir, en sentido kantiano, aquello que está en nuestra conciencia en la medida en que es
independiente de la sensibilidad, y por lo tanto a priori, pero se encuentra funcionalmente ordenado
a la constitución de la experiencia.
La polémica contra el psicologismo
La fenomenología nace a partir de la postura antipsicologista de Husserl, el autor afirma que las
leyes lógicas son rigurosamente universales y necesarias, y por esta razón no pueden depender de
las leyes psicológicas, que no son en absoluto necesarias, porque constituyen generalizaciones
obtenidas por inducción. Husserl escribe: «Los hechos de conciencia son singularidades reales,
determinadas temporalmente, que surgen y desaparecen. No obstante, la verdad es eterna, o más
bien, es una idea, y como tal, supratemporal.
Hay verdades fácticas y verdades universales y necesarias. Estas últimas son las verdades lógicas,
que son comunes a todas las ciencias. Cada ciencia en particular tiene sus propias premisas, que le
sirven para organizar sus argumentaciones y demostraciones. una argumentación es válida cuando
las premisas son verdaderas y la deducción es correcta.
Los principios lógicos son los principios de la deducción correcta. Por ello, la lógica pura es «la teoría
de las teorías, la ciencia de las ciencias». No sólo son evidencias apodícticas los principios lógicos,
sino también las leyes que sirven de base a la matemática pura
La intuición eidética
Las proposiciones universales y necesarias son condiciones que hacen posible una teoría, y se
distinguen con respecto a las proposiciones que se obtienen inductivamente a partir de la
experiencia. En la base de estos dos tipos de proposiciones Husserl coloca la distinción entre
intuición de un dato de hecho e intuición de una esencia.
Husserl habla de la intuición de las esencias, en la segunda Investigación lógica y en el primer
capítulo de las Ideas para una fenomenología pura y para una filosofía fenomenológica, aunque en
las Investigaciones lógicas todavía no utiliza el término “esencia”. (Wesen) sino el de “especie”
El autor plantea que nuestro conocimiento comienza con la experiencia de cosas existentes, de
hechos. La experiencia nos ofrece de forma continuada datos de hecho, los cuales experimentamos
en la vida cotidiana y de los cuales se ocupa la ciencia también.
Un hecho es lo que sucede aquí y ahora; "un hecho es algo contingente, podría existir o no existir.
Cuando un hecho se presenta ante nuestra conciencia, junto con el hecho captamos una esencia. Lo
individual se anuncia a la conciencia mediante lo universal
El conocimiento de las esencias no es un conocimiento mediato, que se obtiene a través de la
abstracción o la comparación entre varios hechos, debido a que para comparar varios hechos es
preciso haber captado ya una esencia, un aspecto según el cual tales hechos son semejantes.
El conocimiento de las esencias es una intuición. Se trata de una intuición diferente de aquella que
nos permite captar los hechos particulares. Es lo que Husserl denominada como “intuición eidética”
o “intuición de la esencia”. Se trata de un conocimiento distinto al que es propio del hecho. Los
hechos singulares son casos de esencias eidéticas. Estas no son, por lo tanto, objetos misteriosos o
evanescentes. Los universales, las esencias, son conceptos, objetos ideales que sin embargo
permiten clasificar reconocer y distinguir los hechos individuales.
Ontologías regionales y ontología formal
La finalidad de esta linea reside en describir los modos típicos a través de los cuales los fenómenos
se presentan a la conciencia. Estas modalidades típicas son justamente las esencias. Los objetos de la
fenomenología son las esencias de los datos de hecho, son los universales que intuye la conciencia
cuando los fenómenos se presentan ante ella. En esto consiste la reducción eidética: en la intuición
de las esencias, cuando en la descripción del fenómeno que aparece ante la conciencia sabemos
prescindir de los aspectos empíricos y de las preocupaciones que nos ligan a ellos. En este sentido,
las esencias son invariables. Se obtiene a través del método de la variación eidética, este se realiza
tomando determinado ejemplo de un concepto que se desea explicar, y luego se van introduciendo
de manera paulatina distintas variaciones en sus propiedades. Estas van variando hasta que se llega
a un punto en el que ya no se puede variar más, o del contrario ya no tendríamos el mismo
concepto.
Estas esencias no viven únicamente en el interior del mundo perceptible con los sentidos. También
los hechos como los recuerdos, las esperanzas o los deseos tienen su propia esencia, se presentan a
la conciencia de un modo típico.
Además, la distinción entre el hecho y una esencia permite a Husserl justificar la lógica y la
matemática. Las proposiciones lógicas y matemáticas son juicios universales y necesarios, porque
son relaciones entre esencias. Por serlo, las proposiciones lógicas y matemáticas no apelan a la
experiencia como fundamento de su validez.
El hecho de la referencia a las esencias ideales abre a la fenomenología la exploración y la
descripción de lo que Husserl denomina «ontologías regionales». El termino de Regional en este
sentido hace referencia a la naturaleza, la sociedad, la moral y la religión. El estudio de estas
ontologías regionales se propone captar y describir las esencias, es decir, las modalidades típicas con
que aparecen ante la conciencia los fenómenos morales o, por ejemplo, los religiosos.
La intencionalidad de la conciencia
La fenomenología, pues, es la ciencia de las esencias, de los modos típicos en que aparecen y se
manifiestan los fenómenos ante la conciencia, cuya característica fundamental es la intencionalidad.
La conciencia es siempre conciencia de algo. Esto demuestra, propone Husserl, que la distinción
entre sujeto y objeto es algo inmediatamente dado: el sujeto es un «yo» capaz de realizar actos de
conciencia, por ejemplo, percibir, imaginar, juzgar o recordar, mientras que el objeto, es aquello que
se manifiesta en estos actos: cuerpos coloreados, imágenes, pensamientos, recuerdos, etc. Por lo
tanto, hemos de distinguir entre el aparecer de un objeto y el objeto que aparece. Y si bien es
verdad que se conoce aquello que aparece, también es verdad -para Husserl- que se vive el aparecer
de lo que aparece.
Por lo tanto, la conciencia es intencional. Husserl escribe: «La intencionalidad es aquello que
caracteriza la conciencia de un modo cargado de contenido.» Nuestros actos psíquicos tienen el
rasgo de referirse siempre a un objeto.
Lo que cuenta, en cambio, es describir aquello que aparece ante la conciencia, lo que se manifiesta
en ella y dentro de los límites en que se manifiesta. El «principio de todos los principios» que Husserl
enuncia en las Ideas es el siguiente: «Cada intuición que originariamente presenta alguna cosa es de
derecho una fuente de conocimiento; todo lo que se ofrece a nosotros originariamente en la
intuición (lo que se nos ofrece, por así decirlo, en carne y hueso) hay que asumirlo tal como se nos
ofrece, pero únicamente dentro de los límites en los que se ofrece.»
La «epoche›› o reducción fenomenológica
Con la finalidad de hallar cosas tan evidentes que no puedan ponerse en duda, y sobre las cuales
pueda fundamentarse una concepción filosófica consistente, Husserl propone como método de la
filosofía la “epoche” o reducción fenomenológica
Dicha herramienta posee cierta analogía con la duda escéptica y con la duda metódica cartesiana.
Sin embargo, llevar a cabo una epoche no significa estrictamente dudar. Realizar una epoche se
orienta más a suspender el juicio sobre todo lo que nos dicen las doctrinas filosóficas con sus
debates metafísicos que carecen de conclusión, sobre lo que nos dicen las ciencias, sobre lo que
cada uno de nosotros afirma y supone en su vida cotidiana, en definitiva, sobre las creencias que
configuran lo que Husserl denomina «actitud natural». La cual se encuentra formada por diversas
convicciones, útiles y necesarias para la vida cotidiana.
Enzo Paci postula: “El objetivo de la epoche es el desocultamiento”. La epoche aspira a resolver el
problema: ¿cuál es el significado, la finalidad del mundo, para mí, antes que nada y originariamente,
y luego, para todos los sujetos?»
Nos preguntamos ¿existe acaso algo de lo que no se pueda dudar y que no se deje poner entre
paréntesis? Si es que existe, ¿qué es aquello que puede resistir a la epoche? Husserl, responda que
la conciencia, o subjetividad, es aquello que resiste ante los ataques de la epoche. Aquello cuya
existencia resulta absolutamente evidente.
La conciencia no es sólo la realidad más evidente, sino también una realidad absoluta. El mundo,
afirma Husserl, está constituido por la conciencia.
La antropología personalista (Scheller)
Scheler elabora una antropología personalista, de la que surge un sujeto un sujeto espiritual y la
persona.
El hombre es capaz de preguntarse qué es una cosa en sí misma, capaz de captar esencias
presenciando que las cosas pueden tener para alguien, algo particular. El hombre es capaz de
deslumbrarse del poder, de la presión y de lo que le pertenece, es un ser espiritual que se abre al
mundo. Es también persona, pero no es el yo tradicional, sino que es un individuo concreto. La
persona, para Scheler, no es un sujeto que considera la naturaleza desde un punto de vista
pragmático. Se halla en relación con el yo del otro. La forma inferior de vida social consiste en la
masa, que surge del contacto emocional; luego viene la sociedad, que nace de un contrato; a ésta le
sigue la comunidad vital o nación; tenemos luego la comunidad jurídico-cultural; y por último, la
comunidad de amor, la Iglesia.
Considera que la simpatía es el único fundamento auténtico de la relación interpersonal: en efecto,
la simpatía garantiza la autonomía de la persona y la posibilidad de la comunicación y de la
comprensión. Hay límites para la simpatía, es una forma de comprensión que se da dentro de las
relaciones que nos vinculan con otras personas. Solo el amor puede separar estos límites.
Relación con Dios
Escribió un libro conocido en el ámbito de la fenomenología de la religión. Su primera evidencia es
que “existe algo y no existe nada”. Mediante la experiencia religiosa se da la revelación de sagrado y
el hombre siempre responde con fe. La teología negativa es más profunda y auténtica que la teología
positiva.
Sociología del saber:
Scheler centra su atención en la omnipotencia practica de factores espirituales y en contra del
determinismo naturalista, y se reivindica en la inferencia del espíritu.
A raíz de esto se da la ley de los 3 estados:
a) El saber religioso: se refiere a la salvación definitiva de la persona a través de su relación con el
saber supremo y los valores. Es el saber de la salvación
b) El saber metafísico: pone al hombre en relación con la verdad y los valores. Es el saber formativo.
c) El saber técnico: permite que el hombre utilice la naturaleza y el dominio que se ofrece sobre ella.
La relación interfuncional entre cada una de estas formas es la más destacada. Por ejemplo: Por
ejemplo, entre realismo filosófico y sociedad feudal: entre nominalismo y crisis del feudalismo; entre
el triunfo de la burguesía y el racionalismo mecanicista; entre capitalismo y positivismo, y así
sucesivamente.
Sin embargo, el estudio del condicionamiento social del saber no impide que Scheler analice los
vínculos interfuncionales que se dan entre las distintas formas de saber: teológico, metafísico y
científico. Sin duda alguna, posee un gran interés el examen que Scheler lleva a cabo con respecto a
la relación entre el monoteísmo judeocristiano y la ciencia.
La religión no tiene nada que temer de la ciencia. Una religión sólo puede entrar en conflicto con
otra religión o con una metafísica, pero no con la ciencia.
En la sociología del saber, En Sociología del saber, Scheler sostiene: «Mientras la naturaleza, para un
grupo determinado de personas, se encuentra repleta de fuerzas personales y voluntarias, divinas y
demoníacas, seguirá siendo un “tabú” para la ciencia. Quien considera que las estrellas son
divinidades visibles, todavía no está maduro para la astronomía científica”.
En la cultura de nuestro siglo Nicolai Hartmann (1882-1950) ocupa un lugar singular, debido a que
como hombre y como filósofo no se mostró dispuesto en ningún caso a ceder ante los intereses y las
problemáticas que estuviesen de moda, por así decirlo.
Siempre prefirió concentrar su atención en temas que consideró fundamentales en sí mismos, sin
dedicar tiempo a las exigencias y los debates que dominaron su época. Esto explica por qué ejerció
en la filosofía contemporánea un influjo probablemente inferior al que corresponde al valor real de
su pensamiento. Como es obvio, esto no significa que su especulación no posea una colocación
histórica concreta.
En efecto, siguiendo las huellas de sus maestros -Cohen y Natorp- adoptó en sus primeros escritos la
orientación neokantiana de Marburgo, a la que sin embargo no se adhirió en profundidad y muy
pronto la transformó en objeto de severas críticas y de polémica. Acabó por considerar que el
eriticismo se había condenado a sí mismo a encerrarse`en un «pensamiento-sistema››, en un nuevo
dogmatismo, en lugar de manifestarse como «pensamiento-problemática››, el único que representa
el auténtico espíritu de la filosofía.
Su reflexión sobre las principales obras de la fenomenología husserliana se remonta a la década de
1912-1921, y ayuda a que Hartmann se libere del supuesto de la primacía de la doctrina de la
conciencia y de cualquier otra forma de subjetivismo inmanentista e idealista, haciendo que se
interne por el sendero de la ontología. Aunque podemos considerarlo dentro del movimiento
fenomenológico, no se puede encuadrar a Hartmann en el interior de la fenomenología, ya que se
escapa de esta clasificación, al igual que de cualquier otra que sea demasiado rígida.
En su opinión, el análisis fenomenológico se dirige al ser en cuanto tal y no a la pura relación
intencional. En cualquier caso, no es más que el momento inicial -el de la constatación de aquello
que en primer lugar se presenta ante la conciencia- de una filosofía que se desarrolla a través del
descubrimiento de problemas (momento aporético), y concluye con la solución de dichos problemas.
Hartmann llega a este planteamiento en sus Principios de una metafísica del conocimiento (1921),
en los que recupera una concepción gnoseológica claramente realistas.
Los Principios de una metafísica del conocimiento, escribe Francesco Barone, «se enfrentan con el
carácter presuntamente antictafísico del subjetivismo postkantiano en su mismo núcleo central: la
teoría del conocimiento. El subjetivismo y el idealismo, incluso en sus versiones neocriticas
entendieron el conocimiento como una producción del objeto; en cambio, para Hartmann la
fenomenología del acto cognoscitivo muestra un aspecto netamente realista: conocer es
comprender algo que está antes de cualquier conocimiento y que es independiente de él».
Esta concepción realista de la gnoseología se verá profundizada y confirmada por un amplio y
cuidadoso replanteamiento de la filosofía postkantiana, que apareceen los dos volúmenes -de 1923
y 1929- dedicados a La filosofía del idealismo alemán.