Técnicas de Crisopía: Fusión y Purificación
Técnicas de Crisopía: Fusión y Purificación
TECNICA
La crisopeya comprende cinco operaciones esenciales:
1. Fusión o matrimonio.
2. Purificación o iluminación
3. Las águilas o extracción del mercurio; el conjunto es la vía húmeda.
4. La cocción, conocida como vía seca, que se divide en varias fases para obtener primero el
azufre, luego el elixir y hacer las multiplicaciones que no son más que una serie de repeticiones
de la vía seca por medio de los azufres y la tierra elevada a una potencia mayor.
5. La proyección, que no es propiamente una operación hermética, ya que cualquiera
puede realizarla utilizando polvos de transmutación.
fer, les matières suivantes, mélangées de manière à ce qu'elles soient bien brassées ensemble
(3) : Cuando el crisol está lleno y la masa se vuelve pastosa, se da una explosión a través del
:
tiro y todo se vuelve líquido como el agua. De la tapa salen llamas verdes.
1. Comenzamos a trabajar en el primer cuarto, pero especialmente alrededor de la luna llena; pero cuando la
media luna del primer cuarto está en su fuerza, podemos operar en un lugar seco (lejos de bosques, cursos de
agua y tierras bajas húmedas); Tienes que trabajar con las ventanas bien abiertas.
2. El manuscrito original tenía un espacio en blanco. Puede sustituirse por el nombre de un sulfuro: galena,
oropimente, estibina, rejalgar. Si nuestro lector es un químico suficientemente bueno, podrá descubrir fácilmente
de qué cuerpo habla Dujols.
3. El manuscrito deja un espacio en blanco de unas 3 líneas. Aconsejamos a nuestros lectores que consulten el
Kerdanek de Pornic, aunque con precaución, ya que este texto contiene errores.
2
(1). Tras media hora de fusión, se agita la mezcla con una varilla de hierro y se retira
rápidamente el crisol del fuego. A continuación, se levanta con unas pinzas y se golpea con la
barra de hierro el fondo y los lados del crisol para que el reguero se acumule en una bolita
metálica en el fondo del vaso. Se deja enfriar el crisol y se rompe. Aparece el regulo, rodeado de
una ganga negra que hay que aplastar con un martillo (2). Está apagada, sin brillo y sucia por
las vetas o redes que la atraviesan en todas direcciones. Es sin embargo la piedra de los filósofos,
pero todavía demasiado impura. Esta base es quebradiza y no maleable; si se aplanara con un
martillo, sería señal de que la operación había fracasado. Por tanto, el material se perdería y
sería inutilizable. Una vez fabricada la base, hay que rectificarla.
LA ILUMINACION - LA PURIFICACION
El régulo, una vez librado de su azufre malo, contiene, como dicen los filósofos, un arsénico.
Debe ser expulsado. Aquí tendrá lugar la furiosa batalla de los dos dragones.
Después de reducir el régulo a polvo, se calienta un nuevo crisol, es decir, uno limpio, hasta que
adquiera un color blanco rojizo. También se tienen a mano pequeños paquetes de (salpetre)
salitre puro, no hidratado y no húmedo, conocido como nieve de salitre, en papel. El peso total
del salitre es la mitad del peso del régulo que se desea purificar (3).
A continuación, se echan fracciones del régulo en el crisol al rojo vivo. Se espera a que se funda
la porción anterior antes de añadir más. Cuando se añade la última porción, se sube el fuego
violentamente después de tapar el recipiente, para llevar la masa a ebullición (a unos 1200°C).
Mientras se enciende el fuego, se prepara un recipiente grande con agua fría, se hace un
molde de hierro fundido y se cubren los ojos con gafas oscuras y las manos con guantes de
lana mojados. Cuando se ha alcanzado la temperatura, que se reconoce por el torrente de
humo blanco y venenoso que escapa del crisol, se agarra la tapa del crisol con las pinzas de la
mano izquierda, se echa con brío un paquete de salitre de unos 10 a 12 gramos (4), se tapa el
crisol y se sujeta la tapa con ambas manos. Se oyen zumbidos, seguidos pronto de explosiones
internas, un ruido sordo, luego claro y rápido, como los de motor de un automóvil; a veces la
fuerza desarrollada es tan grande que se necesita toda la energía y todo el peso sobre la tapa
para mantenerla en su sitio. Sin embargo, el combate termina con bastante rapidez, y el ruido
cesa pronto junto con las proyecciones de llamas. La masa fundida aparece lechosa, agitada por
convulsiones internas que proyectan bolas transparentes sobre la superficie del baño, verdes en
el centro, rojo oscuro en los bordes, que a veces empiezan a rodar por el suelo a gran velocidad,
pero pronto se apagan sin peligro de incendio.
A continuación, volvemos a empezar echando un segundo paquete de salitre en el
crisol, y una vez completada la efervescencia, un tercero, luego un cuarto paquete,
y así sucesivamente.
I. Las llamas verdes pueden indicar la presencia de cobre.
2. Bajo el martillo, el producto se divide en dos. La parte superior, que es un residuo de hierro, debe desecharse;
sólo debe conservarse la parte inferior, la base. Evidentemente, no hay que romper la base, sólo la ganga que la
rodea, y tirarla junto con la caperuza..
3. Si tenemos en cuenta lo que dice Heródoto sobre el Fénix, que vacía su nido y lo llena de mirra nueva,
tendríamos que pesar todas las bolitas impuras para determinar el peso de azotato necesario para las
águilas y, por tanto, pesar cuidadosamente todas las bolitas rechazadas durante la purificación.
4. Para 1,5 kg de régulo, se utilizan 7 paquetes de nitrato de 10 a 12 gramos para la primera purificación, 6
paquetes para la segunda y 5 para la tercera, es decir, unos 200 gramos. Pero se puede utilizar más, ya que la
teoría llega hasta la mitad del peso del azotato del régulo. Pero en todo hay que tener temple, y si la tierra sale
bastante negra, atenerse a la medida indicada, de lo contrario aumentarla.
3
La proporción de nitro así dividida debe agotarse para evitar cualquier accidente, ya que si se
arrojase en masa, haría explotar el crisol y se dispersaría el regulo ardiente. Varios
inquisidores científicos han muerto por no haber tomado la precaución de arrojar y
administrar el nitro en fracciones ligeras, como el abate Chapaty de Aviñón, que sufrió
crueles quemaduras en el siglo XVIII por el metal fundido que le salpicó por todas partes.
Una vez agotada la dosis total de nitrato, se deja actuar el fuego durante un rato más por
digestión y, a continuación, se vierte el metal en el molde previamente ensuciado. Una vez
enfriado, se extrae del molde un lingote de color marrón por fuera, una especie de
caparazón formado por la unión de salitre y arsénico; el Perro de Corascène de Philalèthe.
Esta ganga es muy tenue y muy cáustica. Para evitar en lo posible que se queme, se rompe
con un martillo en agua fría. La tapa del lingote, menos tenaz, se separa en una sola pieza. Es
un tapón de tierra negra y, si la operación tiene éxito, el lingote ya lleva en su parte superior
las primeras líneas de la Estrella de los Sabios. El capuchon negro se desecha.
Esta operación debe repetirse dos veces más, reduciendo cada vez la dosis total de salitre.
Al final de la segunda purificación, la ganga y la caperuza presentan su color amarillo
serina. Ésta, a diferencia de las otras, se disuelve en agua caliente y efervesce. Pero es un
material inútil e impuro. Después de la tercera purificación, el regulo, liberado de su
ganga, aparece brillante, como la plata pura, y signado con una estrella más o menos
regular, pero siempre profundamente grabada. Es la chymica vanta, la vanta química, la
cesta de Baco, el enrejado de Notre Dame, pues el lingote está rodeado de una fina red
tejida como una cesta. Es el libro del Apocalipsis, el vaso del sol, porque en su cuna nace y
reposa el niño real del que habla Filaleteo. Si abres el lingote longitudinalmente con un
golpe afortunado de martillo y lo partes de arriba abajo, verás el tallo de un árbol y su
follaje en la parte superior. Se trata del roble filosofal, la palmera o el Fénix, la rama
dorada que debe quemarse para resurgir de sus cenizas. Por último, esta rama es la
famosa Betyl (1), la Casa de Salomón, el Templo del Sol, etc.
Si la estrella no apareciera después de la tercera purificación, el material carecería de valor,
porque Cristo no habría nacido; en otras palabras, la cristalización no se habría producido,
y el lingote fallido tendría que ser abandonado. En cambio, cuando está estrellado, muestra
en su borde, al dividirlo en dos, un magnífico sol interior, anunciado desde el exterior por la
estrella de Venus, llamada "lucran" en bearnesa, del latín lucrum, grano, riqueza, porque
es el sello del tesoro del sabio, el cofre del pequeño agricultor, del buen labrador. El filósofo
sostiene la rama de oro (2). Antes de seguir adelante, conviene hacer algunas
consideraciones filosóficas o religiosas. Cuenta la leyenda cristiana que tres grandes reyes
vinieron de Oriente para adorar a Jesús en el pesebre. Uno era blanco y llevaba incienso, el
otro era rubio y llevaba oro, y el otro era negro y llevaba mirra. Estos tres magos
representan los tres materiales de la obra, que trabajan juntos para el nacimiento del niño
divino, a saber, el nitro, que es el fuego, el rayo del que se hace el polvo, representado por el
incienso, en griego o- 1 ibanoç ( 3)
1. En hebreo, beth-el significa "casa de Dios", y bétel significa "virgen": los betoulons son los signos de la
virginidad. Gougenot des Mousseaux, en su erudito libro "Dieu et les die-u "x escribe con razón, p. 52, que el betel
es el signo de la revelación. En efecto, en la fiesta de la Candelaria o Betyl, la Iglesia canta "lumen ad revelatis".
Betyl es el griego pa t r-I-12 t o "la tienda del sol".
2. La rama dorada es el signo de que el oro de los sabios, conocido como el caos del rey, está enterrado en el
vaso de galena, que es la madre, virgo paritura, la virgen que está embarazada, en proceso de dar a luz. De
hecho, el embrión humano es un auténtico caos en el que la vida se desarrolla y organiza hasta convertirse en
un niño perfecto y viable.
3. 21 a )3 avoç par Lebane, la lumière de la Lune. Laban est le Liban, le pays phénicien aux cimes neigeuses,
placé auprès de Syria, le pays du Soleil. Sour, en phénicien, est Tyr, la pourpre syrienne dont parlent les textes.
La pourpre de Cassius utilisée par les céramistes est proche, dans son aspect, du soufre hermétique.
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El oro es el de los filósofos, o el hierro (1), el sol caído o terrestre. La galena es la verdadera
mirra; es un cuerpo graso, aceitoso y negro. La unión de estos tres elementos en el grano fijo
constituye el ternario mágico, el trinum magicum, figura rudimentaria de la gran trinidad
universal que rige el mundo. Este grano fijo formado por las tres sustancias mencionadas es
el mercurio; está encerrado en una torta metálica. Siguiendo este ejemplo, entre Navidad y
Purificación se hornea el roscón de Reyes, en el que se esconden un haba, o un bebé de
porcelana llamado el "bañador", traducción mal entendida de un juego de palabras griego, ,
bather, por (2) que significa la bellota, el sarmiento y la trufa de la encina. Este rito se basa en
la ciencia hermética, que sólo puede ser explicada por la ciencia hermética. La persona a la
que le corresponde la porción que contiene el haba o el bebé ha atraído al rey, y es
proclamado rey, pues el adepto es un verdadero soberano en la tierra. Por su conocimiento
universal, su poder de hacer oro a voluntad y su medicina universal, está por encima de los
humanos profanos; se deja ignorar por las multitudes, pero es tanto más grande ante Dios.
Les confrères du Puits d' Amour, grands hermétistes, célébraient autrefois en grande pompe
la fiesta de la purificación de la Virgen, y ese día ofrecieron a Notre-Dame-du-Puy un
cuadro simbólico que representaba una de las fases de la gran obra, como aún puede verse
en el museo de Amiens. Era precisamente este día cuando se dibujaban los reyes y se
repartía el pastel llamado "del reino", en el que el pequeño rey estaba escondido bajo las
especies habituales. La fiesta de la purificación recibió el nombre de Chandeleur. ¿Por qué
se llamaba Candelaria? Porque, dice la gente sencilla, se distribuyen velas de diferentes
colores. Pero les preguntaremos ¿por qué se distribuyen también velas? No habrá respuesta.
Nosotros mismos les daremos la respuesta. La Candelaria, o la fabricación de velas, es una
ceremonia mística basada en la purificación de la virgen química, porque antes de que el
material purificado se vierta en un molde, se vacía de todas sus impurezas, como el Fénix
que menciona Heródoto. La parte gruesa del hierro oxidado se convierte en tierra, mientras
que su parte sutil, el tinte, permanece en el molde. El lingote que sale del molde tiene la
forma de una vela, bastante gruesa en la parte superior, y podemos ver profundamente
grabado en él el signo de la luz, el "tsimtsum" de la Cábala, del griego sanjou, la púrpura
(3) que es el crisma o navidad, la estrella de seis rayos. En resumen, el capuchón tiene la
siguiente forma:
[Link] filósofos llaman al hierro "oro común", mientras que el oro filosófico se denomina "nuestro oro" . Es el
alma del hierro, su tintura, la que permanece en el vaso de galena como un botón o un pequeño guijarro
parecido al pedernal. Pudimos comprobarlo evaporando la galena. Ahora que el artista es consciente de ello,
debe tener cuidado de no extraer este botón por la fuerza bruta; esta extracción es obra de las águilas que lo
sacan del pozo.
Todos los metalúrgicos saben que el hierro puede unirse con todos los metales o metaloides, excepto con el
nitrógeno [la afirmación de Dujols es falsa: el nitruro de hierro es conocido por los químicos y bastante fácil de
obtener]. Es precisamente esta imposibilidad la que el filósofo debe superar. El hierro contiene en su interior un
elemento muy puro, que es el acero de los sabios. Es necesario, pues, destruir la corteza de hierro, que es el Perro
Loco de Corascene del que habla Philalèthe, destruyéndola con galena. Este cuerpo desnudo, quitada su envoltura,
el azotato, se une inmediatamente con nuestro acero filosófico en el vaso de galena.
[Link] Epifanía es la manifestación de la luz a través del baño, y no la circuncisión, que es una persiflación
metafórica de la tradición hebrea en la que la bellota pahanoe se libera mediante la mutilación rabínica,
semejante a la práctica africana de la escisión. Véase también el símbolo dionisíaco del furgón que contiene
un falo.
[Link] es una palabra de origen asirio que significa "piedra roja", "bermellón".
5
Está realizado por:
Sigue pareciendo el brocal de un pozo con su polea, de ahí el nombre de "pozo del amor".
El anciano Simeón es el corazón de la fijación de la luz, la semilla situada en el centro del Eón alquímico. En
griego, la letra x es la letra de la luz. Chiméon es el Eón luminoso, el Eón químico. x designa también la cruz,
en relación con el crisol.
El monograma en el centro del triángulo reza :
Première aigle
Nous allons, au moyen des aigles, suivre l'enfant royal jusqu'à son berceau, comme le prescrit
Philalèthe, car nous avons fait voir que c'est l'aigle qui remonte peu à peu Jean de l'ourse, ou
fond du puits. Elle s'y reprend de 7 à 9 fois, mais 7 fois suffisent. La technique de Cyliani, en
son Hermès dévoilé, est ici d'un grand secours, si on le lit avec intelligence, et aussi
Philalèthe.
Le feu étant dissout et ayant abandonné sa semence aurifique dans le vase de galène, cette
semence est comme une âme sans corps, puisque l'écorce rude et grossière du feu a été
expulsée par les purifications. il faut donc lui donner, ou substituer, un corps plus homogène,
qui est le nitre, lequel d'ailleurs abandonna aussi ses impuretés dans le vase de plomb, et
l'aigle-nitre et le lion, la semence du fer, s'embrasseront alors dans un véritable noeud
gordien après le long combat qu'ils vont se livrer. Philalèthe appelle le corps ainsi obtenu les
«colombes de Diane ».
y a deux grandes difficultés pour conduire l'opération des aigles: la connaissance du poids
de nitre à employer et la manière et les proportions de son emploi (1). Pour ce qui est du
poids, aucun auteur ne le fait connaître. C'est à l'artiste de le déterminer. Il est dit seulement
qu'un trop grand feu brûle le composé, et qu'un feu médiocre le laisse languissant. Il semble
que la nature ait voulu d'elle-même le désigner car, dit le proverbe, elle a horreur du vide.
Nous avons vu que le président d'Espagnet enseigne que la sublimation s'accomplit en faisant
sortir ce qui est superflu, et en y faisant entrer ce qui y manquait. Philalèthe fait observer à qui
l'entend bien que ce superflu est le Chien enragé de Corascène, qui s'interpose entre l'esprit
fécondateur et le produit qui doit recevoir la teinture. Enfin, Hérodote rapporte que le Phénix
vide son nid et compense ce vide par un poids de myrrhe égal à la matière qu'il a extraite.
1. Au cas où, par impossible, les bouchons d'azote replongés dans le régule ne pourraient plus sortir au
refroidissement dans la lingotière, malgré la force de la jonction d' azotate neuf n' ayant pas servi, c'est qu'
alors il faudrait mettre à part chaque bouchon après chaque aigle et, après la neuvième, réunir tous les
bouchons en un creuset pour les cuire et en isoler le grain fixe ou soufre. Les auteurs disent que, dans l'oeuvre,
il faut toujours naviguer avec prudence entre Charybde et Scylla. En effet, les deux terres reviennent à ceci :
salve et coagula, c'est-à-dire "fonds ton composé et refroidis-le". Dans un manuscrit intitulé Sapientia veterum,
"La Sapience des Sages", on lit, au début du chapitre V intitulé "La préparation", De preparatione physica
Dans cette science, on ne doit rien faire d'autre que d'enlever le superflu et d'augmenter et remplir le vide ainsi
causé (faire le plein) en décroissant. Car les choses lourdes ne peuvent s'élever, se sublimer sans les légères, les
choses légères ne peuvent se fixer qu'au moyen des lourdes. » Ce decrescendo concorde bien avec l'escalier des
sages.
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Nous avons donc vidé le nid du Phénix par nos purifications; Hercule a nettoyé les écuries
d'Augias et a rejeté le fumier. Nous avons dit qu'il fallait peser exactement le produit expulsé.
Admettons que son poids soit de 100 grammes. Nous devons donc lui substituer 100 grammes
de nitre. Mais comment ? Les auteurs mentionnent cette graduation par une figure, dite
l'escalier des sages, qui va en décroissant. Il faut donc suivre cette indication pour redistribuer
ce qu'on appelle le feu extérieur dans le travail des aigles. Voici comment devra s'opérer cette
répartition du nitre à chaque fusion.
Nous commençons par doser notre poids total de nitre de 100 grammes en 7 paquets d'un
poids décroissant:
1.22 grammes.
2.20 grammes
3.18 grammes
4.15 grammes
5.11 grammes
6.8 grammes
7.6 grammes, soit un total de 100 grammes.
Nous commençons alors notre première aigle en fondant dans un creuset notre régule étoilé
mis en petits morceaux. Le feu doit être vif pour bien ouvrir et émouvoir la matière dans tous
ses atomes. On verse alors le poids de nitre de 22 grammes, divisé en deux paquets de 11
grammes, mais à un certain intervalle. On laisse agir en tenant le vase bien couvert, car alors
l'aigle commence à attaquer le lion. La matière noircit dans le creuset peu à peu, et se gonfle
comme de la pâte, enfermant le levain, et une croûte se forme sur le bain. Lorsque le composé
a retrouvé son calme, la réaction terminée, on coule la matière dans une lingotière suiffée et
on laisse refroidir. Le culot refroidi porte à son sommet une mince pas tille de nitre modifié. Il
faut la conserver précieusement, car c'est l'huile aurifique qui va nous servir pour la
deuxième aigle.
Deuxième aigle
On prend la pastille qui surmonte le culot refroidi du régule, laquelle pastille est notre huile
aurifique, ainsi nommée parce qu'imprégnée de l'or intérieur. Elle vient toujours au-dessus
après refroidissement. On la met en poudre, ou en menus morceaux; on met dans le creuset à
fusion le régule (le culot) concassé et on le fait dissoudre. Lorsque la fusion est complète, on y
verse petit à petit les fragments de notre pastille d'huile aurifique, c'est-à-dire la terre qui
surmontait notre culot métallique refroidi. C'est par cette opération qu'on remet l'enfant dans
le ventre de sa mère, selon la maxime des sages (1) .
On prend ensuite la seconde dose de salpêtre, qui dans notre exemple est de 20 grammes. On
en fait deux paquets qu'on jette dans la matière en fusion à un certain intervalle (car il nous
faut dire que, notre dose étant de 20 grammes, chaque paquet doit être de 10 grammes). On
laisse ensuite le nitre agir pendant quelque temps et, la réaction achevée, on coule la matière
dans le moule suiffé et on la laisse refroidir.
J. C'est ce qu'on appelle travailler à l'envers ou à rebours. On dit qu'alors la roue tourne en sens inverse, sans
doute parce que, jusqu'ici, nous avons vidé l'écorce de ses impuretés et que, maintenant, nous remplissons avec
le nitre, malgré son emploi décroissant indiqué dans le texte.
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il semble, à lire certains auteurs, que l'emploi du salpêtre se fait à même dose dans toutes les aigles à raison de
10 pour l; ce serait 10 fois le poids de la violette. L'échelle décroissante ne s'applique qu'à l'emploi des soufres
parfaits; c'est là ce qu'on entend par "diminuer le feu".
Troisième aigle
On prend la pastille qui surmonte le culot refroidi. On remet le culot en fusion par petits
morceaux, la fusion étant parfaite, on prend la dose n° 3 de nitre, soit en l'espèce 18 grammes,
dont on fait des paquets de 9 grammes, et on les jette l'un après l'autre, après un bon
intervalle entre les deux, dans le bain métallique. On laisse à l'azotate le temps d'agir et, son
action terminée, on coule sa fusion dans le moule suiffé (durée de fusion : 45 mn).
Quatrième aigle
On met en répétition les manipulations précédentes : mise en fusion du culot métallique,
dissolution ensuite de la pastille surmontant le culot refroidi, puis répartition de la quatrième
dose de nitre de 15 grammes en deux paquets successifs, réaction, digestion et coulage dans le
moule (durée de fusion 3Omn).
Cinquième aigle
Toujours la même opération infusion du culot métallique, infusion de la pastille qui coiffait le
culot à froid, distribution en une seule fois de la cinquième dose de nitre, qui serait de 11
grammes. Après un temps de digestion, coulage dans le moule et refroidissement (15 mn).
Sixième aigle
Réitération de la fusion du culot de métal où l'on dissout la pastille du culot refroidi;
introduction de la sixième dose de nitre de 8 grammes en une seule fois, au moment de la
digestion. Coulage dans le moule et refroidissement (10 à 15 mn).
Septième aigle
Dernière fusion du culot métallique où l'on dissout la pastille précédemment refroidie; on y
verse la dernière dose de nitre, soit 6 grammes. On laisse réagir et digérer, puis on coule dans
le moule. La pastille qui surmonte le culot froid est la cendre du Phénix qui contient le
diadème royal dont parle le philosophe Morien. En d'autres termes, cette terre des aigles a
extrait de son puits Jean de l'ourse ou de Patmos. Il n'en faut rien perdre. De même, nous
devons précieusement conserver notre culot métallique, qui nous servira à faire monter la
matière au rouge, c'est-à-dire à l'élixir. Si l'on voulait travailler au blanc, autrement dit à
l'argent, on prendrait un autre culot, neuf, de régule étoilé, mais pour travailler à l'or, qu'on se
garde bien de faire des aigles de l'élixir avec un nouveau culot. C'est ce que dans l'art on
appelle refroidir la matière qui ne pourrait plus monter jusqu'au rouge.
VOIE SÈCHE (1)
Première coction
Jusqu'ici nous avons, selon le voeu de Philalèthe, suivi l'enfant royal jusqu'à son berceau, et
nous l'en avons extrait par l'art ou par les aigles. Mais l'auteur nous dit que cet enfant est
encore enveloppé d'impuretés dont nous devons l'isoler. Par conséquent, nous devons rôtir,
selon la formule philosophique. C'est pour cela qu'on appelait Rôtisserie de la Reine
Pédauque, du grec ria u 6 c La, qui signifie éducation de son enfant. Or nous devons d'abord
1. La voie sèche est appelée par les anciens philosophes » via pauperum », la voie des; pauvres. Mais c'est
un jeu de mots subtil pour « via papaverum », la voie des pavots, et aussi la voie des pépins, des grains
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fixes. Papavere est le pavot et le grain. Or, notre pierre est assimilée, par sa couleur, au pavot sauvage,
le coquelicot, qui joue avec le latin colchis et eligo, "arracher", "extraire", qui fait par contraction
"coqueligo", d'où coquelicot.
faire l'enfant, puis l'éduquer et le mener à sa majorité.
Pour l'opération de la voie sèche, ou rôtissement du poulet d'Hermogène, il faut prendre un
petit creuset neuf, bien net, dans lequel on met toute la terre des aigles, et la septième pas tille
recueillie sur le culot métallique refroidi de la dernière aigle. On coiffe le creuset avec un
autre creuset plus grand, de telle sorte qu'aucune cendre ou scorie de charbon ne puisse se
mélanger à notre matière. On met le creuset ainsi emboîté dans un support de terre appelé
coffret, pour ne pas perdre notre produit en cas de rupture de notre vase. On place le tout dans
un feu vif, mais cependant modéré.
Cette coction à sec, suivant d'Espagnet, doit durer un certain temps qui, dit-il, dépasse les
opérations précédentes. Dans tous les cas, on ne risque rien de prolonger un peu la coction,
car notre matière n'a rien à. craindre du feu. Cette opération a pour but d'éliminer l'humidité
superflue et d'accomplir la concentration du soufre en grains fixes, que nous devons voir
apparaître après avoir rôti le compost au milieu de la terre damnée de la pierre. Il faut rejeter
ces excréments, et prendre seulement l'enfant royal, qui est une petite bille de soufre jaune, le
fameux or potable, la médecine universelle qu'il faut employer avec beaucoup de prudence,
car si elle guérit prise à faible dose, elle tue irrémédiablement si on la dépasse. Nous
donnerons plus loin la manière de l'administrer. L'élixir ou le soufre rouge est la même
médecine, à un degré supérieur.
Cette bille jaune rouge est la première rose ou rosette. Elle est signée d'une étoile en
hexagramme, comme la rosette de la Légion d'Honneur, qu'on appelle la tomate. C'est en
effet la pomme d'amour, nom donné dans le Midi à la tomate culinaire. Les Espagnols du
Mexique l'appellent « ki tomate », à cause de la lettre grecque ki, le kiu chi inscrit dans la
partie adhérant â la plante après la cueillette. Remarquez que certains pavés ou hexagones
pour paver les appartements sont appelés tomettes. La raison en est que le premier soufre, le
second, le troisième, etc. sont dits le miracle du monde, du grec ❑ceutpa (toma, tomatos);
c'est le sauveur ressuscité, et comme c'est une chose incroyable, on fait intervenir dans
l'Evangile un disciple incrédule nommé Thomas, appelé également Didyme, en hébreu le
jumeau, car c'est notre hermaphrodite; en grec, H ppoe-cDpioè,i z oç signifie le double. C'est
donc le double mercure ou rebis.
sortiront glorifiés. Arrivés au point où nous en sommes, que les uns appellent conjonction,
d'autres, fermentation, certaines difficultés se présentent, contre lesquelles nous avons à nous
précautionner. C'est qu'en effet le soufre semble éprouver une véritable aversion pour rentrer
de nouveau dans le ventre de sa mère, car il s'agit en effet de le replacer dans le culot qui
nous a servi à faire les aigles, et que nous avons soigneusement conservé. Cyliani attire
l'attention de l'artiste sur cette opération délicate et le Cosmopolite fait la même remarque
sous forme d'apologue, en disant que le maître du Petit Paysan, ne pouvant arriver à
conjoindre son or avec son mercure, parce que l'or flottait toujours sur le bain, doit entre
prendre de longs voyages pour s'instruire davantage. Nous suivons Philalèthe, qui décrit
nettement le procédé à adopter; il est rationnel et solutionne la difficulté. La pratique de
Philalèthe n'est pas sans obscurité. Cyliani est plus clair. D'après lui, il faut dissoudre la moitié
du soufre jaune obtenu dans la galène très pure qui a servi aux aigles, et qu'il appelle
mercure philosophique, pour faire les imbibitions de l'autre moitié. Cette seconde moitié doit
être dissoute dans le culot de galène des aigles. La fusion faite, on imbibe peu à peu avec la
moitié du soufre uni au fragment du culot des aigles, qui doit avoir deux fois le poids de cette
moitié de soufre. Les réactions terminées, on verse au moule et on recueille la pastille. Ainsi se
termine la huitième aigle.
Neuvième aigle
On prend cette poudre qu'on partage en deux parties égales. On en dissout une moitié dans
quatre fois son poids du culot des aigles, avec laquelle on imbibe l'autre moitié de poudre,
qu'on dissout d'abord dans ce qu'il doit rester du culot des aigles. Puis on coule dans le
moule, et on trouve â froid la pastille qui est le soufre parfait (1). Pour faire monter le soufre
jaune au rouge, l'élixir: «Prends, dit-il, trois parties d'or, très pur, et une de soufre ardent.
Fonds l'or dans un creuset neuf, et lorsqu'il sera en fusion, jettes-y peu à peu ton soufre, le
tiers du poids de l'or, mais pas la totalité du soufre. Agis avec pré caution, de peur qu'il ne
soit gâté, et perdu par la fumée du charbon.» On peut opérer sur un four à gaz ou à pétrole, car
l'or dont parle Philalèthe est l'or blanc des philosophes, ou le salpêtre qui, mis sur un feu
doux, va se convertir tout de suite en eau. «Lorsque donc le salpêtre (l'or) et la partie de
soufre sont en parfaite fusion, verse ta solution dans la lingotière suiffée; au refroidissement,
tu auras une masse friable d'un rouge très vif, mais un peu opaque. Il faut mettre cette masse
en poudre imperceptible. Prends une partie de cette poudre et joins-y deux parties de ton
mercure philosophique, c'est -à- dire du culot qui nous a servi à faire les aigles, car il est très
pur. Mélange ces produits ensemble, en broyant en poudre les fragments du culot métallique.
(2) » Cette dernière opération a pour but d'empêcher notre soufre jaune de flotter sur le bain,
parce que les particules métalliques, en fondant, entraînent la fusion des particules du soufre
avec lesquelles sont mélangées celles du culot de métal.
On prend alors le culot métallique entier, avec lequel nous avons fait les aigles précédentes; il
est encore entier, sauf les particules que nous lui avons empruntées pour le mélanger au soufre
et au nitre. Ce culot métallique dont on extrait l'enfant n'est plus maintenant que le fameux
lait de la Vierge dont parlent les philosophes, et qui déroute tous les artistes encore trop
novices.
1. Note corrective sur Cyliani ; il est certain, indéniablement, qu'il faut employer le salpêtre à toutes les
opérations, d'un bout à l'autre de l'oeuvre, car le nitre est la femme nécessaire à notre soufre. C'est le salpêtre
qui augmente et multiplie la pierre. Sans lui, il n'y aurait point d'accroissement possible. Cyliani se montre ici
ou inexact, ou "envieux", comme disent les philosophes. En effet, il faut teindre continuellement notre or blanc
qui est le nitre, et on ne peut le teindre qu'en l'unissant au soufre. L'or, en grec xpuo -oç , est de la lumière
fixée, la pierre philosophale est de la lumière forte ment concentrée et rendue fixe par notre travail. Du reste,
salpêtre vient du grec croA-rte rpa le soleil devenu pierre (coAoç-rte rpo, dans son sens étymologique, est un
disque de fer massD et du latin « sol petra ». le soleit-pierre.
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2.. Il ne faudrait donc plus à la huitième et neuvième aigles ajouter de salpêtre à l'état nature. Ce serait une
faute. La pratique éclairera l'artiste. Pourtant, il semblerait bien que le salpêtre soit nécessaire à cette sorte de
coction_
encore trop novices. En effet, si on projetait notre soufre, qui est notre enfant royal, dans le
culot étoilé neuf, ayant son grain fixe, nous donnerions â notre nourrisson un lait malsain de
femme enceinte. Nous fendons notre culot des aigles mis en fragment dans un creuset sec, et
nous commençons alors les régimes de Mars et du Soleil qui nécessitent deux autres aigles
pour avoir le soufre rouge ou élixir, ce qui nous fera un total de neuf aigles prescrit pour
l'opération complète du soufre. Ceux qui ne font que sept aigles en tout s'arrêtent à la
cinquième, qui est le régime de Vénus, et commence alors la voie sèche ou coction du soufre.
Mais on dit qu'il vaut mieux, pour plus de sécurité, faire neuf aigles. C'est pourquoi nous
avons placé le régime de Vénus du soufre à la septième.
Notre culot des aigles étant en fusion, nous y jetons peu à peu notre mélange de soufre rouge
et de culot de galène employé aux aigles; puis nous y ajoutons environ 10 grammes de nitre
ou salpêtre. Après la réaction de ces produits, nous laissons sur le feu un temps de digestion et
nous coulons la matière dans le moule suiffé. On recueille alors la pastille qui surmonte le
culot. Suivant Philalèthe, si je l'entends bien, on a là la matière qui donne le soufre rouge, le
premier élixir. Pour cela. il faudrait reprendre la voie sèche, et cuire cette pastille dans un petit
creuset enfermé dans un plus grand qui le coiffe et que soutient un coffret de terre. Cette
coction terminée, on a la pierre de second ordre. Evidemment, pour obtenir un résultat
sensible, il nous faudra au moins employer la moitié de notre premier soufre jaune, versé dans
trois fois son poids de nitre fondu. Le tout refroidi, en mêler une part, triturer avec deux fois
son poids de culot des aigles. Philalèthe parle alors d'une dernière aigle, qui porte le soufre
rouge ou élixir à sa troisième puissance. Il prescrit de verser trois parties de ce soufre dans
cinq de salpêtre fondu, on coule dans un moule chauffé, et on mélange encore une partie avec
deux parties de culot de l'aigle, après avoir bien trituré cette partie métallique.
On fait alors la neuvième aigle. On fond le culot des aigles et on y verse notre dernier
mélange petit à petit comme précédemment. Lorsque l'opération est terminée, on coule au
moule suiffé et au refroidissement on recueille la pastille qu'on fait passer par la voie sèche,
coction à sec dans un creuset neuf, recouvert d'un plus grand mis dans un coffret. Cette
coction achevée, on a, dit Philalèthe, la médecine du troisième ordre, dont une partie transmet
10000 fois son poids de métal en or. Nous avons donné, en cas de nécessité, une note de
Cyliani, auteur d'Hermès dévoilé, mais Philalèthe nous fait bien observer que l'or blanc est la
femelle, dans lequel or blanc doit pénétrer la semence du mâle, notre semence tirée du fer. Or,
il est dit que notre or, notre salpêtre, ne teint pas s'il n'est pas teint lui-même; c'est donc le
salpêtre qui s'empare de la teinture du fer et qui devient notre pierre transmutatoire qui teint
les métaux imparfaits. C'est pour cette raison que l'intervention du nitre nous paraît
nécessaire dans toutes les opérations de l'oeuvre pour le mener à bonne fin. Philalèthe est
vrai.
Technique pour aller du soufre jaune au soufre rouge, ou élixir, et faire les multiplications
Après avoir fait les sept premières aigles, nous avons recueilli, sous forme de pastille venant
du dessus du culot métallique refroidi, une certaine quantité de terre. Les uns appellent cette
terre lait de Vierge, d'autres huile aurifique, ou encore huile éthérée. Mais cette terre renferme
un soufre qu'il faut extraire de sa gangue. Mais pour cette opération, il ne faut pas employer
toute cette terre, car il nous faut en conserver une partie sous forme de terre pour nos
opérations subséquentes. Voici le procédé.
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On divise cette terre en deux parts. On cuit, on rôtit à sec, sans rien y ajouter, une moitié de
terre pour en extraire notre premier soufre citrin qui se dégage dans le creuset de sa
terrestréité appelée terre damnée. Le soufre étant alors obtenu, on en prend une part pour trois
parts de notre seconde moitié de terre des aigles. On fond d'abord trois parties de cette terre
dans un creuset neuf, et lorsqu'elle est en fusion, on y jette peu à peu la partie du soufre
réservée à cette opération. Il faut agir avec prudence, car tout pourrait être perdu par la fumée
du charbon. Lorsque la fusion est bien faite, on coule le mélange dans une lingotière. Cette
fusion se fait sans danger sur un fourneau à gaz. Il faut, avant de verser, chauffer
préalablement la lingotière. Lorsque le produit est refroidi, on a une masse rouge qu'on peut
mettre en poudre. On prend alors une part de cette matière, et deux parts de nitre ou azotate
naturel qu'on mélange et triture exactement, et l'on fait avec ce produit deux nouvelles aigles
dans l'ancien vase ou galène qui a déjà servi aux précédentes aigles. 11 est visible que
Philalèthe arrête le premier oeuvre à la cinquième aigle, et il en fait sept pour aller â l'élixir.
Philalèthe fait bien observer de donner le feu en décroissant pour ne point vitrifier la pierre.
Multiplications
n faut toujours employer le même vase de galène dans lequel on a fait toutes les opérations
précédentes, car il ne faudrait qu'un seul vase, une seule matière, un seul feu, disent les
philosophes.
Donc, lorsqu'on a poussé aux deux dernières aigles, on cuit la terre des deux dernières aigles
et on obtient le second soufre porté au rouge, qui est l'élixir. Pour multiplier le soufre rouge,
on en prend une part pour trois ou quatre parts de la première terre des aigles au blanc, la
cinquième ou la septième. On fond celle-ci comme nous l'avons déjà dit, en y ajoutant peu à
peu le soufre. La fusion parfaite, on coule le tout en lingotière chauffée. On mélange une
partie de cette poudre avec deux parties de nitre ordinaire, et on le met en faisant les aigles
dans le vase de galène. On recommence cette opération tant qu'on voudra; il ne faut donc
point recommencer les opérations initiales avec un nouveau culot de galène pour multiplier.
LA PROJECTION
Prendre une partie du dernier soufre, ou dernière pierre, au rouge si c'est pour l'or, au blanc si
c'est pour l'argent. Si l'on travaille pour l'or, il faut orienter notre pierre vers l'or. Ainsi donc,
il faut fondre dans un creuset neuf quatre fois le poids d'or pur des mines pour une de notre
pierre, et lorsqu'il est en fusion, jetez-y votre partie de la pierre philosophale. Lorsque l'union
des deux matières est accomplie, on coule le mélange dans un moule chauffé et suiffé.
Lorsque la matière est refroidie, on obtiendra une masse qui se pulvérisera facile ment. Prenez
alors dix parts de mercure commun de la mine, qu'on vend dans le commerce et tiré du
cinabre; mettez-le dans un creuset neuf, et lorsqu'il commence à pétiller â et à fumer, jetez-y
une part sur dix du mercure de votre poudre orientée vers l'or. Le mercure, dit Philalew, est
fixé en un clin d'oeil. Fondez à feu violent cette matière, et vous aurez une pierre d'une force
déjà amoindrie, mais trop forte encore pour faire projection, car il y aura une trop grande
déperdition de cette poudre projetée sur les métaux vulgaires. Il était donc nécessaire de
l' abaisser.
On prend donc une partie de cette dernière matière qu'on projette sur du mercure ou plomb
purifié en fusion, et le tout se trouvera transmué en or de 24 carats, c'est-à-dire plus beau et
plus pur que celui de la nature. 11 est probable qu'en orientant la poudre ou pierre philosophale
sur le platine ou tous autres métaux précieux analogues, on obtiendrait du platine, etc. Mais,
dans ce cas, comme c'est un métal blanc, il faudrait employer la pierre au blanc et non au
rouge. On lit dans l'ouvrage intitulé Les sept chapitres de la Pierre des Philosophes : «L'or et
l'argent philosophiques (les soufres multipliés au rouge et au blanc) sont si purifiés qu'ils
peuvent en un instant purifier l'or et l'argent vulgaires, et les rendre friables et propres à
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communiquer la teinture qu'ils ont reçue.» Les effets de l'or et de l'argent philosophiques
sont bien plus surprenants encore. Faites projection d'un poids d'élixir parfait sur mille poids
de mercure vulgaire purifié. Tout sera changé en médecine pour les métaux. Faites encore
projection d'une partie de cette médecine sur cent parties de mercure vulgaire, le tout
deviendra une médecine. Faites une dernière projection d'une partie de cette dernière poudre
sur cent autres parties de mercure, et tout sera fixé en or ou en argent, c'est-à-dire transmué
suivant les qualités blanche ou rouge de l'élixir. En faisant votre calcul, vous verrez qu'une
seule drachme de poudre de votre élixir produira cent drachmes de médecine métallique;
chacune de ces cent drachmes projetée sur cent autres drachmes vous en produira 10 000, etc.
Que chacune de ces 10 000 drachmes projetée sur cent autres drachmes vous produira
1 000 000 de drachmes d'or ou d'argent.
Pour réussir cette opération, on enveloppe la poudre de projection dans de la cire, de
manière à assurer sa pénétration dans le métal, et éviter son évaporation. Certains se servent
de papier tout simplement. Pour l'argent, on oriente notre soufre parfait à l'argent en fondant
dans un creuset neuf quatre parties d'argent pour une partie de soufre blanc ou pierre
parfaite. Le métal étant en fusion, on y insère une partie sur les quatre d'argent de la pierre
parfaite au blanc. On coule à la lingotière chauffée et suiffée, et on fait fondre ensuite dix
parties de mercure purifié de la mine. Lorsqu'il pétille et fume, on y verse une part de
produit obtenu, puis on fond le tout à feu violent, et on a la poudre de projection au blanc
pour transmuer le plomb et le mercure en argent, médecine universelle pour guérir toutes les
maladies du corps humain.
Il faut être très prudent dans l'emploi de la médecine universelle. Paracelse déclare qu'on en
doit user discrètement, car notre teinture est un feu subtil et pénétrant qui pourrait tuer au lieu
de guérir. La quatrième partie d'un grain de médecine suffit pour donner la mort. Voici
comment on doit la préparer.
Prenez quatre grains à peser de l'or de notre médecine. Dissolvez-les dans une masse de bon
vin blanc bien clair, dans un grand vase de verre; le vin deviendra d'une couleur très rouge.
Laissez-le reposer quarante jours pour que la dissolution soit parfaite. Alors, la dissolution
étant complète, versez sur ce vin, d'intervalle à intervalle, une autre mesure du même vin
blanc, et continuez jusqu' à ce que le mélange devienne de couleur dorée. Remuez de temps
en temps la liqueur avec une spatule de bois. Tant qu'on voit dans le vin quelques rougeurs, la
dissolution de notre médecine n'est pas parfaite, et dans cet état elle brûlerait le corps et
enflammerait les esprits. Le vin ne sera parfaitement jaune que lorsqu'il aura été dépouillé
tout autour des petits filaments blancs. Alors on filtre sur papier Joseph et les filaments
resteront sur le papier, semblables à des perles ou à des marguerites. La liqueur qui passera
sera de couleur d'or, et dans cet état, elle n'est plus préjudiciable à la santé.
Manière de prendre la médecine
Le malade prendra tous les matins une cuillère de cette médecine. Elle chasse toutes les
maladies par une douce transpiration. Le malade gardera le lit pour que les sudations se fas
sent bien et pour éviter tout refroidissement.
Cette médecine purge toutes les parties du corps. Il faut en user pendant douze jours pour
toutes les maladies chroniques et de plusieurs années. Les maladies de peu de semaines seront
guéries dans les deux jours. Pour les plaies, le noli me tangere, les écrouelles, etc., il faut les
frotter avec la pierre sans la dissoudre, et la guérison arrivera dans peu de temps. On
n'administre la médecine blanche qu'aux frénétiques ou à ceux qui ont des vertiges. Nous
avons relevé dans un dictionnaire d'alchimie inédit, manuscrit in-folio de 642 pages sur deux
colonnes, sans nom d'auteur et postérieur à celui de Don Pernety à la fin du )(Ville, cette
fornlule de 1' Anglais Butler: «Un atome de la médecine pris dans un verre de vin ou de
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liqueur suffit, dit cet auteur, à la transmutation des métaux. 11 faut toujours dissoudre la
médecine ou pierre philosophale dans une liqueur spiritueuse. » (1)
1. Certains auteurs affirment que la médecine universelle se fait avec l'élixir au soufre et à la deuxième
puissance qui est l'or potable.
Observation: on peut évidemment réduire les proportions et ne faire dissoudre qu'un seul
grain ou un demi-grain de la médecine. Dans ce cas, on réduit la proportion de vin. Mais
comme il faut toujours avoir de l'élixir préparé en cas de maladie, et même bien portant pour
entretenir sa santé, il vaut mieux, du moment qu'on y est, en préparer plusieurs flacons. Je
crois qu'on peut partir sur la base d'un gramme pour plusieurs litres. On commence par le
dissoudre dans un litre de vin blanc très clair et, au bout de quarante jours, on augmente le vin
en suivant la formule ci-dessus de Butler.
Particuliers
Dans ses Douze clés, Basile Valentin assure que le pauvre homme qui connaît seulement
quelques clés de notre art peut très particulièrement gagner sa vie. Il y aurait donc un moyen
qu'on appelle les particuliers pour obtenir de l'or sans avoir la pierre parfaite. L'abbé Lenglet
Dufresnoy, (Tome 1, p. 101) de son Histoire de la philosophie hermétique, raconte un fait qui
semble correspondre à cette voie.
« Le faux adepte Aloys, dit-il, se rendit à Bruxelles en 1731. Il y connut Monsieur de Purcel,
mon frère. Il n'avait plus de poudre, mais comme il possédait encore environ 14 onces de
mercure philosophique, il y travailla, mais inutile ment. Et ce fut Monsieur de Purcel qui
perfectionna ce dont Aloys ne pouvait venir à bout, en y mettant le ferment philosophique. 11
en sortit 14 onces d'une espèce de régule fort aigre, couleur de cuivre. Ce régule fut porté
chez un orfèvre de la ville, qui d'abord ne jugea pas favorablement, mais enfin, après trois
fusions, cette matière devint extrêmement liante, et elle a même converti en or une once
environ d'argent », de telle sorte qu'Aloys eut de ce fait quatorze onces d'or, d'après Lenglet.
D'après nos propres expériences, il est très difficile, sinon impossible, de réaliser avec le
régule de galène l'opération ci-dessus décrite, car il empoisonne littéralement l'or et l'argent.
Mais si l'on évapore le régule et qu'on recueille son résidu qui est notre violette, à l'état
imparfait, peut-être donnerait-elle quelque heureux résultat, et c'est sans doute d'elle que veut
parler Lenglet Dufresnoy. En effet, la violette est aigre, cassante, couleur de cuivre, mais elle
résiste au feu où elle rougit comme l'or sans y fondre, à moins peut-être d'employer une
température très élevée. Il est plus vraisemblable d'admettre que Monsieur de Purcel fondit
d'abord l'argent et y fit dissoudre la violette. Nous avons fait une opération analogue avec l'or
de la monnaie, et la violette se dissout très bien dans le métal en fusion, mais celui-ci devient
aigre et très rouge. L' argent qui aurait dissout la violette serait donc devenu très aigre, mais
après trois fusions successives, il aurait pu peut-être devenir liant, malléable, et être
transformé en or, puisque la violette est la teinture, et que l'argent est le métal qui est tout près
de l'or. Il en faut sans doute bien peu pour le faire monter d'un degré au-dessus de la violette.
C'est un essai à tenter. S'il réussissait, il serait déjà d'un excellent rapport; dans tous les cas,
c'est le seul particulier qui nous semble réalisable. A notre avis, la violette devrait teindre son
poids d' argent. Lenglet Dufresnoy, par contre, semble admettre qu'il faut quatorze poids de
violette pour un poids égal d'argent, pour ne donner que quatorze poids d'or. C'est à vérifier.
Il faut savoir qu'un kilo de régule ne donne en moyenne que cinq à six grammes de violette.
NOTES CONWLEIVIENTAIRE
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alors que ce sel attirera à soi le flegme, qui embarrasse l'esprit, et ce sel se gonflera et sc
chargera de ce flegme qui abandonnera l'esprit, et par ce moyen cet esprit éthéré deviendra
plus léger et bien exalté. » Il est à remarquer que, quand on tire le sel de tartre de la cucurbite,
de même qu'on l'y a mis, sans être dissout, c'est signe qu'il n'y a plus de flegme parmi
l'esprit éthéré, et qu'ainsi cet esprit est suffisamment rectifié. Pourtant, il dit ailleurs de garder
l'esprit éthéré pour les multiplications; il s'agit donc de la pastille. Alors, ce sel de tartre est le
soufre.
La voie sèche
Quand on prend la voie sèche pour l'extraction du soufre, son exaltation et sa multiplication,
il ne faut plus du tout revenir à la voie humide des aigles, ce qui veut dire qu'on ne doit plus
replonger nos matières dans le vase de galène, ni employer le nitre naturel. C'est pourquoi
Philalèthe nous dit qu'il ne se sert plus de I 'Athanor lorsqu'il a le soufre. Et Gosset nous dit,
p. 136, que « lorsqu'on a enlevé la Toison d'Or, l'artiste a la science plus relevée que ne
l'avait Médée qu'il abandonne et, revenant sur ses pas, conduit par une lumière supérieure à la
raison, ... il marche avec certitude à la composition avec la Toison d'Or, qui est le vrai et
l'unique agent qui redonne la vie aux morts et rassemble toutes les parties du corps mis en
pièces par la solution. » Médée, de pcipEco, contenir, mesurer, est le vase, le chaudron où
est rajeuni le vieil Aeson, père de Jason, et ou le vieux Pélias est dépecé. C'est le fil d'Ariane,
abandonnée elle aussi par Thésée. C'est pour cela qu'il est dit que les Trois Mages, venus
pour adorer Jésus dans sa crèche, ne repassèrent plus au retour par le même chemin, afin
d'éviter Hérode, le héron, la huppe, qui a conduit les volatiles au Simorgh, c'est-à-dire le vase
de la voie humide.
La voie humide est l'analyse ou la division des corps en leurs éléments; la voie sèche en est la
synthèse ou le regroupement en un seul corps. L'analyse est la décomposition et la synthèse,
la recomposition des corps. Dans la voie sèche, toutes les matières — il n'y en a qu'une, la
terre qui donne le soufre, lequel se recuit avec sa terre — toutes les matières sont purifiées,
et il faut bien se garder d'y ajouter du nitre naturel, qui est impur. La coction se fait sans
arrêt, jour et nuit, car le refroidissement perdrait tout, et c'est dans la conjonction du soufre
avec la terre qu'on voit les vraies couleurs de l'oeuvre.
La voie humide
Aigles en purification et rectification sur des matières. Proportions.
Gosset, p. 64-65. écrit: « Les premières rectifications en général de l'esprit éthéré sont au
nombre de quatre, auxquelles on n'ajoute rien au bain-marie, en sorte que l'on diminue la
chaleur à chaque distillation et, quand la liqueur distille insipide et que les venins ne
paraissent plus à l'alambic, on ôte le flegme de la cucurbite pour le joindre avec celui qu'on a
retiré des précédentes distillations. Après ces quatre premières distillations, il faut ajouter le
sel de tartre fixe, bien épuré par la calcination, filtration et évaporation. Et cettç dépuration
doit être réitérée après chaque distillation avec de l'eau distillée ou flegme du mixte,. La dose
du sel de tartre est d'une demi-livre d'esprit éthéré. Il arrivera alors que le sel attirera à soi le
flegme qui embarrasse l'esprit, et le sel se gonflera et se chargera de ce flegme qui
abandonnera l'esprit. Et par ce moyen, cet esprit éthéré deviendra plus léger et bien exalté.
Voilà ce qu'on appelle communément esprit de vin tartarisé, qui n'est point encore dans la
perfection de notre oeuvre. » Ce sel de tartre est la pastille de terre qui est au-dessus du culot
refroidi: le flegme est le vase saturnin dans lequel se font les opérations. C'est aussi le bain-
marie.
Les quatre premières opérations, où l'on n'ajoute rien, comprennent les trois premières qui
ont pour but de chasser la terre noire impure du composé; la quatrième, au contraire, nous
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donne notre premier sel de tartre. Alors on fait repasser six ou huit fois tout ce sel, en y
ajoutant à chaque fois trois fois de salpêtre naturel à chaque aigle.
Nota
«Il est à remarquer, dit Gosset, que, quand on tire le sel de tartre de la cucurbite, de même
qu'on l'y amis sans être dissout, c'est signe qu'il n'y a plus de flegme parmi l'esprit éthéré et
qu'ainsi cet esprit est suffisamment rectifié. » Et, p. 69 «Pour revenir à notre esprit éthéré ou
connaître que le nombre de rectifications sera suffisant, non seulement quand le sel fixe ne s'y
dissoudra plus comme nous l'avons dit, mais lorsque, brûlant un peu d'esprit sur la poudre à
fusil, elle s'enflammera après la consommation entière de cette huile. Et mettre la poudre dans
une écuelle de faïence ou de terre vernissée, car en le prenant avec une cuillère d'argent
comme j'ai fait, la cuillère se chauffant, a consommé le peu de flegme qui restait, mêlé à la
quintessence. La poudre a pris feu, quoique l'esprit n'ait point été parfait. On peut encore
l'éprouver en trempant un petit linge dans la liqueur, puis y mettre le feu. S'il brûle
totalement, l'esprit sera bon. »
On donne aux circulations ou rotations le nom d'aigles pour plusieurs raisons. L'aigle est un
oiseau de proie qui tourne en rond autour de sa proie avant de l'enlever. La fable, elle, montre
ce rapace enlevant un agneau, le bélier de la Toison d'Or, ce que ne peut faire le corbeau, qui
s'embarrasse dans sa toison. Or l'aigle, du grec ccea i a, est la lumière, le feu des
philosophes, et le corbeau est notre régule de galène noire. Pendant l'opération des aigles, on
voit en effet la matière tourner dans le creuset, d'où le terme de circulations, rotations. Les
sephiroth signifient les enveloppes de feu, les vases de la lumière. Ainsi, lorsqu'on emploie le
terme «aigles », on envisage la lumière qui descend dans notre vase, qui est aussi notre mère
où l'aigle se renouvelle; mais quand on adapte la terminologie des dix sephiroth de la
Cabbale, on envisage les dix opérations des aigles, pendant lesquelles on forme dix fois le
vase. Car, après chaque fusion, on coule la matière qui aura reçu l'infusion de l'esprit saint et
alors, en se refroidissant, notre matière devient le vase qui fixe chaque fois la lumière reçue.
En réalité, il faut douze sephiroth, car il y en a trois obscures dont on ne parle pas, et qui sont
les trois purifications initiales qui forment le grain fixe, ou la trinité, tri- unité. Les trois
sephiroth ne comptent que pour une, laquelle jointe aux neuf suivantes forme le nombre dix
assigné aux sephiroth. La première sephira est pour l'émission du germe dans le vase; les neuf
suivantes représentent les neuf mois de la gestation.
Jusqu'ici nous avons nettoyé et vidé l'oeuf d'Hermès de ses impuretés qui empêchaient
l'union de l'azotate, la vie, avec notre acier. Maintenant, nous allons travailler à combler
progressivement ce vide de manière à. remplacer par un poids égal celui des immondices
rejetés. Dans ce travail, nous ressuscitons le mort (le fer) qu'avait tué le vivant, l'azotate. Et
nous allons extraire Jean de l'ourse ou Patmos par le moyen de l'aigle, la lumière, le feu des
sages.
Première aigle
Nous avons pris comme base de composition de notre régule un kilo de galène et 500
grammes de limaille de fer, mais nos purifications ont décomposé ce métal et l'ont fait rejeter
en niasse, sauf le grain fixe, que nous savons par expérience peser environ 5 grammes pour
500 de limaille. Ce grain fixe est notre or. Il nous faut donc substituer à ce grain qui est l'âme
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du fer un autre corps plus spirituel pour remplacer le corps grossier dont nous l'avons
dépouillé.
Tous les adeptes conviennent que l'extraction du mercure du régule peut se faire au moyen de
sept aigles. et quelquefois neuf Nous allons prendre comme base des opérations le nombre de
sept aigles.
Il faut concasser notre régule purifié et étoilé dans un mortier, puis le faire dissoudre peu à
peu dans un creuset chauffé. Lorsque le bain est bien liquide, on jette dans le métal en fusion
le nitre divisé par petits paquets. Pour un régule initialement composé d'un kilo de galène et
500 grammes de fer, donnant un bouton d'or philosophique de 5 grammes environ, nous
employons 20 grammes de nitre. Nous devons tenir le métal au bain pendant deux heures, en
y projetant un paquet d'azotate de 10 grammes au cours des deux premières demi heures, et
nous laisserons le tout digérer une heure. La digestion finie, nous coulons la masse dans un
moule de fer suiffé. Nous démoulons alors, et nous voyons au sommet de notre cylindre une
pastille jaune, qui est notre nitre. Ce nitre purifié, transformé, est la matière d'or, l'eau régale
des philosophes. Opérer comme déjà indiqué ailleurs.
Deuxième aigle
Nous prenons notre pastille jaune qui surmontait notre cylindre métallique, qui doit toujours
être étoilé lorsqu'on l'a décapé. Lorsque notre galène concassée est de nouveau fondue dans
le creuset, nous y jetons par menus fragments notre pastille qui s'y dissout aussitôt. Cette
pastille, faite du poids initial de 20 grammes de nitre, doit être traitée par trois fois son poids
de nitre nouveau., soit 60 grammes pour 20 grammes déjà employés et formant notre pastille.
La durée de fusion doit être cette fois de une heure, au cours de laquelle on projette dans le
bain toutes les 10 minutes un paquet de nitre de 10 grammes, ce qui fait 6 paquets en une
heure, ou 60 grammes. Le nitre est notre feu; on ne doit jamais en augmenter, ni en diminuer
la dose. Après un bain d'une heure, on coule la matière comme pour la première aigle et,
après refroidissement, on retire la pas tille jaune qui est naturellement plus grosse que la
première.
Troisième aigle
Il faut refondre le régule concassé dans un creuset. On y dissout peu à peu notre second
bouton ou pastille qui coiffait le culot métallique refroidi, et on y ajoute, par petits paquets de
10 grammes, le nitre nouveau pesant un poids total et toujours invariable de 60 grammes. Le
temps de fusion du bain doit être de trois quarts d'heure. On pourrait mélanger intimement,
avec le nitre nature, la pastille broyée, ou encore jeter un fragment de pastille, puis un paquet
de nitre. Les résultats feront connaître par l'expérience quel est le mode préférable. En
principe, le travail des aigles est simple, puisque nous savons qu'il faut toujours ajouter au
nitre dissout et formant bouchon du nitre non encore dissout, c'est-à-dire neuf, nature. Du
reste, si l'on n'ajoutait pas chaque fois du nouveau nitre frais, la pastille resterait au fond du
vase et ne remonterait plus. C'est le nitre ou aigle qui déchire, morceau par morceau, la
Toison d'Or et l'élève enfin.
Quatrième aigle
Même opération décrite ci-dessus. Ajouter aussi 60 grammes de nitre neuf. L'ensemble de
cette opération doit durer une demi-heure environ. Après on coule la matière.
Cinquième aigle
Durée de l'opération: 15 minutes. 60 grammes de nitre.
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Sixième aigle
Durée de l'opération : 15 à 10 minutes. 60 grammes de nitre.
Septième aigle
Réitération des opérations précédentes : infusion du régule, etc. 60 grammes de nitre prescrits.
Durée de l'opération: 15 à 10 minutes. On reconnaît que notre matière, ou terre jaune, est
arrivée à maturité lorsqu'elle ne peut plus se dissoudre dans le bain, et qu'elle flotte au-dessus
du métal en fusion, comme dit le médecin Gosset; le Cosmopolite y fait aussi allusion. Or,
voici ce qu'il en est.
Lorsque notre pastille ou bouchon jaune, que Glauber appelle « la crème» et Cyliani «l'huile
aurifique », flotte sur le bain comme du liège, c'est que notre matière est parfaite dans son
genre, qu'elle ne contient plus de flegme, que notre or, ou Toison d'Or, est enlevé par les
aigles, et que Jean est sorti de la grotte de Patrnos. C'est le signe que la voie humide est
terminée et qu'il faut passer à la voie sèche.
A la cérémonie de la Chandeleur, qui comprend la purification et l'illumination, le vieillard
Siméon, x eupov, qui enveloppe, renferme la lumière, c'est-à-dire notre vase de galène ou de
plomb, Saturne personnifié, tient l'enfant qui vient de naître dans ses bras et dit : «
Maintenant, Seigneur, renvoie en paix ton serviteur... », ce qui veut dire que, dès ce moment,
le vase de plomb devient inutile pour le travail subséquent. En effet, c'est alors que, suivant
Philalèthe, on ne se sert plus de 1 'Athanor, c'est-à-dire de notre culot régulin que, d'après
Gosset (p. 176), on abandonne Médée, c'est-à-dire le vase, du grec 'JET pcca «contenir »,
«mesurer». Alors l'enfant est sorti vivant du ventre de sa mère et ne peut plus y retourner (1)
Mais si, après la septième aigle, le bouchon replongeait encore dans le bain, c'est-à-dire qu'il
faudrait réitérer encore quelques nouvelles aigles en faisant replonger chaque fois le bouchon
par morceaux et en y ajoutant chaque fois 60 grammes de nitre nouveau. Habituellement,
quand les aigles sont bien faites, il n'en faut pas plus de neuf, et au moins sept.
Nous ferons remarquer qu'ayant dissout initialement 20 grammes de nitre et six fois 60
grammes de la même matière (ou 6 x 60 + 20 grammes de nitre), nos sept aigles nous donnent
l'emploi total de 380 grammes de nitre, et neuf aigles (ou 8 x 60 + 20) nous fourniront 500
grammes. Or, nous avions mis dans notre vase 500 grammes de limaille de fer que nous avons
rejetés par les purifications, moins le grain fixe de 5 grammes. Il se trouve donc que nous
avons remplacé par 500 grammes de salpêtre ou d'esprit astral les 495 grammes de fer impur
dont nous avions vidé l'oeuf, et notre pratique correspond exactement à la théorie ci-devant d'
Hérodote, et à celle du président d'Espagnet_
Remarque importante: Gosset recommande de ne jamais ajouter de flegme, c'est-à-dire de
galène nouvelle, même purifiée et étoilée, pour accomplir les opérations des aigles. Notrevase
de plomb doit être invariablement le même, du début jusqu'à la fin.
voie SÈCHE
Dans la voie sèche que nous allons entreprendre, on n'emploie que la terre sèche, du moins
d'aspect, car elle renferme son humide radical. C'est là le sujet unique, indiqué obscurément
par les philosophes, mais qui est en réalité un composé des trois corps employés dans la voie
humide.
I. Un auteur dit: a Lorsque tu verras le signe (sans dire lequel) c'est que l'opération est terminée. » En effet,
l'enfant a accompli sa gestation et ne peut plus retourner dans le ventre de sa mère. Il est symbolisé par un
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cygne lumineux, nageant sur un lac, avec la légende rr cui lumen ei et amor, » "celui qui a le mercure illuminé
possède l'amour'', c'est-à-dire la pierre, le trésor. De là la légende du Chevalier au Cygne qui tire la nacelle du
Chevalier dans Lohengrin.
Notre terre est donc la trinité dans l'unité; elle est symbolisée par un triangle
équilatéral. (1)
Lors donc qu'à la fin des aigles, nous avons vu notre bouchon flotter comme du liège sur le
bain de galène, sans ne plus vouloir se dissoudre, c'est le signe que notre matière est bonne
pour la voie sèche, ou la coction. On l'assimile à un cygne lumineux nageant sur un lac.
Glaubert et d'autres artistes lui ont donné le nom de crème, car notre pastille surmonte le bain
de galène comme la crème vient au-dessus du lait. C'est là le véritable Saint Crème apporté
par la colombe pour sacrer notre roi. Le vase de galène est la sainte ampoule, latin ampela,
vase, formé du grec ecpri caca, envelopper, le vase du soleil. Gosset, médecin d'Amiens, a
déclaré un procédé pour contrôler si notre terre des aigles est à point pour la coction « On
connaîtra, dit-il, si le nombre de rectifications sera suffisant non seulement quand le sel fixe
ne se dissoudra plus, comme nous avons dit, mais lorsque, brûlant un peu de cet esprit sur la
poudre à fusil, elle s'enflammera après la consommation entière de cette huile, et mettre la
poudre dans une écuelle de faïence ou de terre vernissée, car en la prenant dans une cuillère
d'argent comme je l'ai fait, la cuillère en s'échauffant a consommé le peu de flegme qui
restait mêlé à la quintessence. La poudre a pris feu, quoique l'esprit n'ait point été parfait. On
peut encore tremper un petit linge dans la liqueur pour l'éprouver, puis y mettre le feu. S'il
brûle totale ment, l'esprit sera bon. » Il ne faut pas se laisser troubler ici, lorsque Gosset parie
de notre terre comme d'une liqueur. La pastille des aigles est du salpêtre rectifié. Or, le
salpêtre mis sur le feu dans un creuset se convertit immédiatement en eau. L'expérience de
l'artiste amiénois s'explique, car notre bouchon de nitre emporte toujours avec lui un peu de
galène du bain, mais de moins en moins au fur et à mesure que nous arrivons aux dernières
aigles. Il faut que la pastille n'en entraîne plus avec elle pour que notre terre soit menée à son
terme. Alors elle répugne au bain, et ne veut plus y retourner, pas plus que l'enfant nouveau- né
ne veut retourner dans le sein de sa mère jusqu'à ce que la période de gestation soit
révolue.
La technique de la voie sèche est simple. Philalèthe dit, p. 43, qu'a après l'opération des
aigles, vous trouverez le repos, n'ayant rien à faire que cuire simplement. Alors ce sera la plus
parfaite tranquillité, ou plutôt un jeu d'enfant, et un ouvrage de femme. En effet, avec la
fusion, la purification et les aigles finit le labeur pénible, appelé par les sages les travaux
d'Hercule », ce que l'on peut entendre aussi figurativement. Deux auteurs ont, chacun à leur
manière, décrit parfaitement les opérations de la voie sèche, Philalèthe, à partir de la p. 185
jusqu'à 259 de son traité capital, et Cyliani, au chapitre de la confection du soufre et à la
conjonction du soufre avec le mercure des philosophes de son Hermès dévoilé. ll est
préférable de suivre ce dernier, tout en consultant Philalèthe en manière de contrôle.
Tech-nique de la voie sèche. Oeuvre au blanc
Comme nous n'avons ici opéré que sur un seul sujet, qui est la terre jaune des aigles, nous ne
pouvons que commencer par la dissolution et la dissécation d'une partie de ladite terre pour
obtenir notre premier soufre citrin.
1. C'est dans la voie sèche que le dragon dévore sa queue, car la terre extraite des aigles mise au creuset se
dévore progressivement, et lorsque le soufre en est extrait, celui-ci continue à dévorer la terre qui reste, et ainsi
de suite. Le tout est de préparer à l'avance la provision de terre suffisante pour les multiplications. C'est sans
doute de là qu'est venue la légendaire tradition que les serpents se nourrissent de terre. Il ne s'agit que du
dragon hermétique. Le bouchon qui surmonte le culot métallique est le ciel des philosophes. Aux opérations de
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la nature, le ciel sert de chiipiteau, de vaisseau à distiller, sublimer, calciner, et la terre sert de filtre à purifier
la matière dissoute (Lebreton).
Production du soufre
Les auteurs sont unanimes à enseigner qu'il faut faire deux parties égales de la terre des
aigles. On met en réserve, dans un récipient bien bouché à l'émeri, une de ces deux moitiés,
qu'on tient en lieu sec pour éviter qu'elle s'humidifie. 11 faut l'isoler aussi de la lumière qui
lui reprendra son esprit. Cette moitié vous servira pour préparer l'huile aurifique et faire les
multiplications.
On doit dissoudre peu à peu l'autre moitié à feu doux dans un creuset, en employant les
proportions et la méthode suivantes. On prendra comme poids initial de 8 à 10 grammes au
plus de notre terre des aigles. Cette matière se dissoudra et sèchera en noircissant. On lui
ajoutera alors peu à peu 8 à 10 autres grammes de terre des aigles, c'est-à-dire le lait de la
Vierge et aussi le pain et le lait, que la première matière boira et desséchera en noircissant. Et
le produit entrera en fermentation et gonflera comme une pâte sous laquelle on entendra de
légers crépitements. Il ne faut pas que le feu soit trop fort, ni nos adjonctions de terre d'aigles
trop abondantes à la fois, car le gaz ou esprit crèverait la croûte du composé en s'évaporant,
ce qu'il ne faut pas. Lorsque la croûte s'affaisse et que la fermentation est terminée, le corps
étant bien sec, on y ajoute une troisième dose de terre des aigles par fragments. Cette dose
doit toujours être uniformément la même, de 8 à 10 grammes. Notre corps boit donc encore
l'humidité de cette nouvelle terre, et se l'assimile. Elle fermente, se gonfle et puis s'affaisse,
devenant de plus en plus noire à mesure, comme du charbon, au fond du vase. C'est ce que
Philalèthe appelle « le règne de Saturne ». Il dit que le roi, qui est notre terre, donne son
manteau d'or à Saturne, qui lui rend à la place un manteau de soie noire. On ajoute alors une
autre dose de 8 à 10 grammes de terre d'aigles, pour la quatrième fois, mais tou jours peu à
peu, c'est-à-dire lorsqu'on voit que le corps a bu la part d'humidité qu'on lui avait
administrée, et on laisse sécher le tout. Le noir commence à s'effacer graduellement, et le gris
ne tarde pas à se montrer. Pour la cinquième fois, on lui fait boire petit à petit une autre dose
de terre d'aigles de 8 â 10 grammes, au fur et à mesure que l'humidité est absorbée, et on
laisse bien se dessécher. Pour la sixième fois, on ajoute dans le creuset, par menues portions,
une nouvelle dose de 8 à 10 grammes de terre d'aigles, en suivant toujours les précautions
mentionnées plus haut, et notre matière doit alors arriver au jaune citrin, dit de safran, qu'elle
ne peut dépasser en suivant cette technique. C'est lorsqu'on fait la cinquième imbibition, dit
Philalèthe, qu'il faut dessécher la matière pour dégager le soufre et l'extraire pour l'oeuvre au
blanc. Nous possédons alors la matière dite au blanc pour l'oeuvre à l'argent, en continuant
pour l'élever en puissance au blanc la même méthode. Mais pour l'oeuvre au blanc, il ne faut
passer à la septième, il faut extraire le soufre après la cinquième. Ce travail se fait en tout
temps, de jour et de nuit, sans observer les phases de la lune. Seulement, il ne faut jamais
interrompre le feu en cours d'opération.
Nous ferons observer qu'en suivant ce dosage uniforme de la terre des aigles, nous avons
suivi l'échelle descendante de Cylianib qui prescrit d'ajouter la terre d'abord à partie égale,
puis à demi, tiers, quart, cinquième, sixième et septièmes de manière que la matière pèse
toujours davantage que la terre qu'on lui donne à absorber. C'est ce que les philosophes
appellent la diminution progressive du feu. Nous avons indiqué les proportions -ci-dessus
parce que les philosophes recommandent de ne pas traiter au total plus de deux onces de
matière, c'est-à-dire plus de 60 à 70 grammes de terre.
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Lorsque les sept opérations décrites ci-dessus sont accomplies, notre matière doit être
lapidifiée, en partie tout au moins, et c'est cette pierre qui est notre premier soufre jaune.
Alors on peut arrêter le feu, et on a l'or potable. Si l'on veut procéder à l'argent, on emploiera
tout entier ce soufre et on traitera avec la terre des aigles en lui ajoutant, toujours par
fractions, un poids de terre et l'on suit le même procédé de coction que ci-dessus. Mais il n'est
pas utile de réitérer les sept opérations, cinq suffiront. Lorsqu'on a le second soufre au blanc,
qui doit ressembler à un cristal, sans toutefois être cristallisé, car il sera insoluble, on peut le
multiplier à volonté en traitant toute cette pierre avec son poids de terre des aigles. La
première multiplication demandera seulement quatre opérations. La deuxième multiplication,
qui se fait comme la première, n'en exigera que trois, et la troisième multiplication ne
comportera que deux opérations. Les autres multiplications subséquentes s'accompliront en
une seule fois. Il ne faut prendre le soufre que lapidifié, et laisser la terre qui l'environne,
inutile, qui gâterait tout; c'est pourquoi on l'appelle « terre damnée ». Les multiplications au
blanc étant parachevées, il faut orienter la pierre à l'argent en la fermentant avec ce métal; on
suivra le même procédé que l'on a décrit plus loin.
Oeuvre au rouge ou élixir
Lorsque notre premier soufre jaune citrin est lapidifié, on le sépare de sa « terre damnée », et
on en dissout une partie dans quatre fois son poids de terre d'aigles, c'est-à-dire qu'on partage
notre soufre en deux parties, dont on dissout la moitié dans quatre fois son poids de terre
d'aigles pour faire l'huile aurifique, et c'est avec ce mélange que l'on cuit l'autre moitié du
soufre pour le faire monter au rouge rubis ou coquelicot, appelé élixir.
On place donc la moitié de notre soufre dans le creuset, et on lui fait absorber
progressivement le mélange de notre huile aurifique. On procède avec prudence, laissant
boire, puis des sécher, et ajoutant après chaque dissécation la nouvelle huile aurifique avec
une large mesure, goutte par goutte, dit Cyliani. Et lorsque le soufre atteint son plein rouge,
on en met un fragment sur une lame de métal chauffée. Si elle fond sans fumer, l'huile est
parfaite; sinon, c'est preuve qu'elle n'est pas assez sèche, et alors il faut la recuire encore un
peu.
Nous avons débrouillé l'imbroglio artificieux de Cyliani et expliqué les opérations des deux
soufres. On pourra néanmoins consulter Philalèthe, comme nous l'avons déclaré plus haut,
afin de suivre et observer en cas de besoin ses excellents conseils. Nous allons maintenant
décrire les multiplications au rouge.
Observation: nous avons dît qu'il fallait mettre le soufre à même le creuset, mais Cyliani dit
que ce soufre, qui n'est pas encore cuit, pourrait ainsi se gâter et devenir impropre au tra vail.
Il sera donc préférable de mettre au fond du creuset d'abord un peu d'huile aurifique pour
qu'il se dissolve dans l'humidité. De même, lorsque Cyliani nous recommande au début de
dissoudre notre or dans dix fois son poids de mercure, il veut tout simplement dire qu'il faut
commencer la voie sèche par un poids initial de 10 grammes de terre des aigles. C'est aussi la
base que nous avons adoptée.
Oeuvre au blanc
Pour l'oeuvre au blanc, dit Cyliani, il faut toujours employer tout le soufre blanc en totalité.
rouge. Nous faisons donc dissoudre 10 grammes de terre des aigles dans un creuset et nous y
dissolvons notre moitié de soufre-élixir que nous met tons de la sorte à reputréfier. Le tout
redevient noir comme du charbon. Nous y ajoutons, toujours petit à petit, pendant six autres
fois, la dose toujours égale de 10 grammes de terre d'aigles, humidifiant sans cesse et séchant
derechef notre matière. En somme, nous ne faisons ici que recommencer le travail précédent
pour obtenir notre premier soufre, et qui comporte sept opérations, pendant lesquelles on
ajoute à notre soufre chaque fois dix fois son poids de terre des aigles. C'est ce que les
philosophes appellent «faire boire son poids d'eau au soufre ». Lorsque celui-ci est de
nouveau réduit en pierre, et séparé de sa « terre damnée », on le partage encore en deux
moitiés. On dissout de nouveau une de ces moitiés dans quatre fois son poids de terre des
aigles. Ceci fait, on met un peu de ce dernier mélange dans le creuset, et on y dissout
doucement l'autre moitié du soufre. Alors on cuit cette seconde moitié de soufre en lui
ajoutant peu à peu la terre des aigles préparée avec la première moitié du soufre, jusqu'à ce
que notre produit ait atteint son état de perfection, c'est-à-dire son plus beau rouge. On en met
alors un fragment sur une lame de métal chauffée, et s'il fond sans fumer, le soufre est à
point; sinon, il faut encore chasser son humidité superflue.
Seconde multiplication et suivantes
On recommence exactement les deux mêmes opérations, mais à mesure que le soufre
multiplie sa puissance, on emploie de moins en moins d'opérations. Aussi, pour la deuxième
opération, il ne faudra ajouter que pendant six fois, et même seulement cinq fois, la dose de
10 grammes de terre d'aigles; pour la troisième multiplication, pendant cinq ou seulement
quatre fois, et pour les suivantes, on diminue toujours le nombre des opérations. Seulement, il
faut toujours, à la fin desdites opérations, partager en deux moitiés égales le dernier soufre
obtenu, dont on dissout une moitié dans quatre fois son poids de terre d'aigles pour faire
monter au rouge parfait l'autre moitié de soufre_par de légères imbibitions.
Multiplication en qualité
Pour multiplier en qualité, il suffit chaque fois de partager en deux moitiés le dernier soufre
obtenu. On dissout une moitié de ce soufre dans quatre fois son poids de terre d'aigles, pour
faire l'huile aurifique avec laquelle on cuit l'autre moitié de soufre. Et pour chaque nouvelle
multiplication, on partage le dernier soufre en deux moitiés; on dissout une moitié dans quatre
fois son poids de terre d'aigles pour cuire l'autre moitié de soufre, et l'on réitère toujours la
même opération.
terre des aigles
Il est facile de dornprendre que l'emploi constant de cette terre des aigles en consomme une
certaine abondance; il nous faudra donc, au début de nos travaux, préparer plusieurs culots de
régule Sur chacun desquels on refera le nombre voulu des aigles, afin d'en recueillir
'précieusement toute la terre sublimée et rectifiée, de manière à n'en jamais manquer pour
multiplier nos soufres et les porter au degré de puissance que nous pouvons désirer. C'est ce
que Cyliani fait très bien remarquer dans son songe allégorique, lorsqu'il dit qu'il n'avait pas
assez pris d'esprit astral. 11 faut foison d'eau4 dit Arnaud de Villeneuve, sans quoi nous nous
trouverions arrêtés à un moment donné dans nos multiplications.
orientatimi„ projection, transmutation
Pote orientef notre pierre à l'or ott à l'attent.,.il faut prendre notre soufre multiplié au rouge
putti' projeter à l'or, ou notre souere multiplié au blanc pour projeter à l'argent. Le mieux ici
est de -suivre la méthode de Philalèlhe. Prenez une partie de votre pierre parfaite, soit au
rouge, soit au blanc, puis raites fondre dans un creuset quatre parts de l'un des métaux fixes,
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savoir l'argent si c'est au blanc, l'or si c'est au rouge. Pour le reste, se reporter au traité de
Philalèthe.
Or potable
Cyliani affirme que le premier soufre jaune citrin est ce qu'on appelle l'or potable. On peut le
traiter comme il est indiqué au chapitre de la médecine universelle.