Rosa de Dos Aromas
Rosa de Dos Aromas
de Emilio Carballido
Personajes:
Gabriela
Marlene
Ocurre en un foro prácticamente vacío. Es posible tener un fondo distinto para cada lugar que se sugiera.
(En sendas sillas, dos mujeres esperan. La primera lee, toma notas en una libretita o subraya en el libro. La otra
no tiene nada que hacer. Se ve al espejo, se retoca. Se ve las uñas, se sienta y se observa el peinado.)
(Libreros, escritorio y sillón. Gabriela escribe a máquina, traduciendo su mismo librote. Entra Marlene. Se ven.
Silencio)
GABRIELA.- Mico. Caca. Infeliz de mierda. Lo conozco. Lo habrá paseado en sus dos coches. Le encanta la
exhibición al imbécil. Por lucirse, por presumir de que ya cayó la chamaca con él. Por contárselo a sus amigos. Y
si la niña tiene influencias, seguro pensó usarlas. Es un imbécil. ¡Pero lo de esta peluquera! Un niño. Dos años.
Qué bárbaro. Qué bárbaro. (BEBE) un millón. Fácil, muy fácil. Cinco mil pesos nada más por emborracharse
decentemente. Cada trago es un buche de sol. Si bebiera ron mexicano mañana estaría muerta. Eso se llama
corrupción nacional: hacen las porquerías del mundo con el ron, como con todo. ¿Cuál control de calidad?
Igualito a la cárcel de este infeliz: en la cárcel tampoco hay control de calidad. ¿Cómo va a ser? Hay ron exquisito
en cualquier país del Caribe; en toda Centroamérica ron divino. ¿Y aquí las porquerías? (BEBE) no duran nada
cinco mil pesos. Miren dónde va ya la botella: se acaba sola. Mh… tan delicioso. Pero mañana no estaré cruda,
tendré la figura humana casi intacta… y digo, ¿de verdad quiero que salga? ¿De veras quiero que no salga? Mh…
no es bonito tener la casa llena de hijos de presidiario. Huérfanos sí sería bonito. Es elegante ser viuda. Qué
ilusión, toda de negro, muy respetable. ¡Maravillosa la viudez! Porque vivir soltera, es una vergüenza; casada…
ya sabemos. Divorciada… eso no dura; y puros corajes, pleitos legales, como despegar resistol. Arrejuntada; eso
está bien para viejas patanas, como la peluquera. Lo único limpio y bello es la viudez. ¿Dónde está papá? En el
cielo, hijito. Muy diferente a decir: en la cárcel, hijito, por caliente y estúpido y sinvergüenza. Suponiendo que
me hicieran un adelanto por… dos libros. Y que vendiera la maquina eléctrica… total, puedo usar la dinosaurio.
Le falta una tecla y es dura, pero en fin, componerla… allí escribí muchos años. Con todo eso no llego al medio
millón. Como trescientos mil, si acaso, tal vez cuatrocientos… ¿Para qué quiero que salga? Bueno, niños varones,
deben tener junto una imagen paterna. Aunque sea ésa. Niños que sólo tienen mamá, fácil se vuelven
maricones. Claro, también los que tiene un padre horroroso. Maco no es mal padre. Digo, bueno tampoco,
pero… ¡Pues que sirva de bulto, de adorno, de maniquí paterno, para que estos tres infelices tengan con quién
identificarse! Mh, Adrián… pero Adrián sale a veces con su papá… ay (llora) yo no quiero hijitos maricones. No
es que eso sea malo, no, pero sufren más, y no encuentran pareja nunca… andan con unas locas horrorosas… o
con uso mayates patibularios, ya he visto los novios que se consiguen mis alumnos. Si con mujeres es difícil que
hallen pareja, pues luego con otro hombre… todavía cuando son dos mujeres… eso también es horrible: siempre
hay una violenta y que fuma puro. Las relaciones de dos mujeres son horribles. Las de dos hombres peor. ¡Y
miren nomás a mi marido! Peor que cinco lesbianas. No : la verdad: un hombre es un hombre, ya lo dijo Brecht…
(con deleite) mh, un hombre… maco, a veces, es muy capaz. Nomás para eso. Y ni siguiera muy a menudo…
¡Todas las relaciones son horribles! ¡Todas las parejas son asquerosas! Qué cosa tan fea se vuelven los varones
cuando crecen. Quisiera haber tenido siquiera una niñita, una Gabrielita, que no se llamaría Gabriela, sino… algo
muy lindo, muy… ¡esplendoroso! Como… Oropéndola… quiero decir, un nombre así, que no fuera ése… Ave del
Paraíso, Flor, Quetzal… “Quetzalina, ven a desayunar” “Esplendor ¿ya hiciste tu tarea?” no, tampoco. Hablo
pendejadas para ver si se me olvida… me emborraché para no recordar. Qué bueno que no quiero a ese imbécil,
ni tantito. Nomás estoy furiosa con él. La verdad, estoy contenta de que esté en la cárcel. Contentísima. Se lo
merece de sobra. Diez años, muy bien. Eso quiere decir que hay justicia. ¡Ay, nuestra justicia! Igual que el ron,
sin control de calidad. Violación. Y con alumna menor de edad, rica y bruta. Qué imbécil. Según José Agustín,
en la cárcel deben pagar para que no los violen. Pues bonito castigo iba a ser ése, ojo por ojo, muy textualmente.
Al que van a volver marica, va a ser a él. Sí, Isla de los hombres solos, eso piensa la estúpida peluquera. Que no
es ninguna estúpida. No sé para qué leemos al maldito Freíd, y lo que dice del donjuanismo y de … y encima de
todo, traduje nada más quince páginas. Adobe, cemento, ¡piedra! ¡condenación! Ya me vomito con el maldito
libro. Y gasté cinco mil pesos en ron… que está exquisito, pero no sirve para nada… (Llora) no sirve. (Se pone a
teclear, leyendo el libro y se limpia las lágrimas, se suena, sigue…)
(Un salón de té no muy céntrico. Viene Marlene con una charola, la acomoda en la mesa y aconseja a la otra,
que está fuera)
MARLENE.- Estos de la rejita encima, dicen que son de nuez y chocolate… claro, engordan a la que esté a dieta.
Yo no estoy, nunca aumento. Bueno, un poquito de aquí, y de… acá… ah, no traje azúcar. (Sale un momento,
vuelve con el azúcar. Entra Gabriela con su charola)
MARLENE.- Va a tomar galletitas de avena… no son feas. Y no engordan.
GABRIELA.- Son deliciosas, con un saborcito muy refinado. Esos pasteles empalagan, es lo que pasa. No es que
esté a dieta, pero las cosas muy dulces no me gustan. ¿Quiere crema?
MARLENE.- Si, gracias. ¿Le pongo?
GABRIELA.- Yo no tomo. Ni azúcar, gracias. (Toman sus tés en silencio, con poco agrado)
GABRIELA.- Se me ocurrió aquí, porque… este saloncito queda muy a la mano, hay metro cerca y… todo aquí es
delicioso.
MARLENE.- Sí, muy agradable ambiente…
GABRIELA.- Al rato va a llenarse, vinimos a muy buena hora, ya ve: nadie. Y tienen tés muy ricos, de muchas
partes.
MARLENE.- Sí, vi las latas.
GABRIELA.- Chino, indio, ceilanés… todo importado.
MARLENE.- ¿De tantas partes?
GABRIELA.- Sí. ¿De cuál está bebiendo?
MARLENE.- De toalla vieja. ¿Y usted?
GABRIELA.- De olla sucia. Esto era bueno hace años, pero se ha vuelto una porquería, por eso no viene nadie.
Así que pensé: allí podemos hablar. Estas galletas saben a polilla.
MARLENE.- Mi pastelito parece asfalto. Pero sí se puede hablar.
GABRIELA.- Eso. Hablar.
MARLENE.- Bueno. Aquí me tiene.
GABRIELA.- Sí. La llamé.
MARLENE.- Sí, como le di mi tarjeta… habrá sido fácil.
GABRIELA.- Yo no se la di y ya ve qué bien llegó a mi casa.
MARLENE.- Enrique Ramírez me dio la dirección.
GABRIELA.- Qué amable.
MARLENE.- Sí. (Silencio, más tragos de té atroz)
GABRIELA.- Usted dijo algo de… vender unos aparatos de… fayuca ¿no?
MARLENE.- Sí, de mi salón.
GABRIELA.- Yo tengo una máquina de escribir eléctrica. Muy buena. Y… puedo sacar un anticipo de dos libros,
tal vez de tres, con dos editoriales.
MARLENE.- ¿Cómo cuánto es eso?
GABRIELA.- La máquina está muy flamante, pero claro, no es nueva. Más los libros… Pues… trescientos cincuenta
o poco más.
MARLENE.- Y yo, como cuatrocientos. Nos falta.
GABRIELA.- ¿Faltan… trescientos?
MARLENE.- Ajá. (toman té, silencio) Trescientos.
GABRIELA.- Y eso, suponiendo que paguen bien sus aparatos y mi máquina.
MARLENE.- Pues sí, porque ven el apuro y se aprovechan. Vender en apuros, sale peor que regalar.
GABRIELA.- Voy a decir que me compré otra máquina mejor y que por eso. ¿Usted habló con el abogado?
MARLENE.- Es de la pandilla de Tony. Molina, el que trabaja en la procuraduría.
GABRIELA.- Molina es muy sinvergüenza.
MARLENE.- Pues sí por eso se sabe las movidas. Se trata de dar dinero por debajo y sacar a Tony cuando los
otros no se den cuenta. Dice que él no cobra, pero ¿usted cree?
GABRIELA.- ¡Ja! Que Molina no cobra… A su madre le cobra por darle los buenos días. Pero, pues… legalmente
no iba a poderse.
MARLENE.- Pues no. Y por eso hay que tener el dinero todo junto.
GABRIELA.- Mm… Va a faltarnos…
MARLENE.- No alcanza. (En silencio toman té)
MARLENE.- Luego en mi barrio hacen tandas…
GABRIELA.- ¿Tandas de teatro?
MARLENE.- Son como rifas, pero todas ganan. Como alcancía, entre muchas. Da usted un tanto cada mes.
Digamos… 100 mujeres de a mil. Y recibe cien mil pesos, de golpe, cuando le toque. Usted escoge la fecha, o por
sorteo. Si organizo una tanda, puedo ponerme la primera.
GABRIELA.- ¿Y a poco es fácil organizarla?
MARLENE.- Con las viejas vagas que van a mi salón.
GABRIELA.- Pues eso está bien. ¡Pero, cien meses! Casi 10 años.
MARLENE.- Cada quincena. O de plano, cada semana.
GABRIELA.- Eso sí saldría bien. Cien mil más… también podría hacerse una rifa.
MARLENE.- ¿Rifa de qué?
GRABRIELA.- Tengo amigos pintores. Si me dieran un cuadrito, aunque fuera feo... son conocidos, la firma vale.
Rifar dos cuadros… tal vez salieran… 100 boletos, a mil.
MARLENE.- Y se juntan doscientos más, con su rifa y mi tanda…
GABRIELA.- No está fácil vender cien boletos. Claro, viendo un buen cuadro, y una cerámica. ¡Tengo una amiga
ceramista que hace cosas divinas!
MARLENE.- Mejor haga tres rifas, entonces.
GABRIELA.- Con tres premios, la gente se ilusiona más. pero encontrar cien gentes…
MARLENE.- Cien cada una. Las de su rifa…
GABRIELA.- Y las de su tanda.
MARLENE.- Cien… no es tan fácil.
GABRIELA.- Y… las secretarias de las editoriales, algunas podrían entrar a su tanda… MARLENE.- Y de mis clientas
gordas, hay algunas riquillas. Que pueden querer cuadros… de esos buenos. ¿De veras van a ser buenos?
GABRIELA.- ¡De grandes firmas! Digo, de bastante buenas firmas. Pintores muy conocidos… de los conocedores.
MARLENE.- Ah. (Silencio, beben)
GABRIELA.- Ya nada más faltarían… cien mil.
MARLENE.- Es poco. Ya verá que inventamos algo fácil. (Beben)
MARLENE.- Esto nos pasa por decentes.
GABRIELA.- ¿Sí?
MARLENE.- Un padrote de lujo, de los más primorosos, no nos saldría tan caro. GABRIELA- Yo no conozco precios
de padrotes.
MARLENE.- Hay para todas las economías.
GABRIELA.- A mí no me gustaría. Ni barato ni caro. No pago por esas… digo, pues… no pago… así.
MARLENE.- No, ¿verdad? Nos gusta que nos cobren con disimulo. (Silencio)
GABRIELA.- A juntar dinero, el par de estúpidas. Usted y yo. ¿Tiene un kleenex?
MARLENE.- Sí. No lo ensucie mucho, es el último. Me lo pasa luego.
GABRIELA.- ¿Cómo va a ser que no haya ni servilletas?
MARLENE.- Deje que yo la invite.
GABRIELA.- No. Yo le hablé a usted.
MARLENE.- Ay, mire: pagamos a medias. (Salen)
(A la derecha, el escritorio de Gabriela, con su teléfono. A la izquierda, el salón de Marlene. Tiene una clienta a
la que vemos de espaldas: con secador, sábanas, podría ser un bulto o maniquí)
MARLENE: Hay unos colores nuevos, preciosos. Mire: las uñas a juego con los labios y luego la sombra de los
ojos, también a tono, como antifaz. ¡Va a parecer gatita siamesa! Este le iría muy bien, orquídea africana, es
para morenitas claras, aunque usted es más bien… canela… tostadita. ¡Pues puede usar Tánger! O para estar
muy audaz, infierno, que hay tres tonos, el más oscuro está precioso, infierno profundo. ¿Cuál le pongo? ¡Claro!
A usted este infierno le va a quedar divino. A ver esa manita. (Chillido de la clienta)
MARLENE: Es que la cutícula está muy dura. Y crecida. Pero la voy a dejar como para que se vaya a Cancún y la
secuestren. ¡Y con los rayos que le voy a poner en su pelito…! ¡Matadora! Sale con su bikini… ¡Los tumba! Lo
que le haría falta, unos cien mil pesos. Acabo de estar en Vallarta y eso me costó, un paseadón de miedo. ¿Y
sabe cómo? Una amiga mía hace tandas, me tocó enseguidita. Yo, dando mi cuota de a poquitos, que ni se
siente. ¡Y de golpe, cien mil pesos! ¡A disfrutar! El mar… ¡Los galanes!... ni le cuento. Oiga ¿y cómo no le entra
usted a una tanda? (Luz sobre Gabriela)
GABRIELA.- (Al teléfono) ¿Adelaida? Mi amor, cómo te va, qué gusto oírte. -¿estás muy ocupada?- no, te hablé
nada más para platicar, no sé de ti, ¿qué te has hecho? – ah… aaah… aaah… ah, pues yo… ¿no me digas?... ah,
mmmh… mjú… ¿pues qué crees? Vale la pena avisarte, hay una gran oportunidad, una rifa de… ¡deja que te
diga!. Mira, que están rifando un cuadro de Tamayo Ruiz, un grabado de Leoncio Ramírez y una cerámica de
Laura Puig, ¡las tres obras firmadas! Te las ganas con el mismo boleto… no, no te dan las tres cosas, son tres
oportunidades, tres premios… no, no es Rufino Tamayo. Es José Tamayo Ruíz. Un gran pintor… ¿cómo no vas a
conocerlo? Acaba de exponer en la Dionisos. ¡La galería de Topo Dumont, caray! ¿Qué ya no sales ni te enteras?
Tamayo Ruiz está en la cumbre de la ola, oye. Le han hecho un tremendo reportaje en Paris Match. El cuadro
que rifan está divino. Grande. ¡No sabes qué color! De sus famosos rojos, toda la gama… un poco figurativo,
sí…” gatos peleándose con calavera… ¿la rifa? Ah, es… a… beneficio de una pobre mujer que… tiene al marido
en la cárcel… sí, igual que yo, ¿ya te enteraste?... ¿Y cómo si no ha salido en el periódico?... ah, ellos… qué
comunicativos… mira, fue un accidente. ¡No me cuentes lo que te contaron, mejor que yo no me entere!... y
pues, bueno, sí, yo.. hago… la… rifa…claro, claro. Ay, qué buena eres. Te voy a pasar unos veinte boletos… a mil
el boleto… ¿nada más cinco?... bueno mi amor, claro. Yo te los llevo y… a ver si me vendes otros. Ay, gracias, sí,
mi vida. Besos (cuelga) perra maldita, púdrete y muérete. Me lo merezco por idiota. Claro que ya lo sabe todo
mundo, claro. Y yo de… estúpida… (respira, se calma, consulta una lista, le hace una señal) cinco, siquiera. (Marca
otro número) (Marlene con otra clienta de la que sólo vemos una enorme mata de pelo)
MARLENE.- Ay chulita. Qué pelito más maltratado. Va a haber que ponerle un buen aceite… su champú, su
masaje, y… déjeselo sin pintar, nada más un enjuague para emparejarlo. Qué bien le caerían ahora unos baños
de mar y un poco de sol de costa, directo. Eso fortalece la raíz, acaba la orzuela, vitaliza los aceites naturales.
Uh, beneficia tanto… ¡la naturaleza es lo máximo para la belleza! Ya me lo imagino, doradita de sol y con su
pelito matizado de yodo y oxígeno naturales, masajeado por la brisa… claro, sale carísimo ir al mar, ¿pero viera
qué paseadón acabo de darme en puesto ángel? Ni se imagina cómo…
GABRIELA.- (Al teléfono) Doris, mi amor, ¿cómo has estado?... yo, ya supondrás, con Maco encerrado en la
cárcel… ah, pues ya sabes que él es marxista… ¿cómo que teórico? Eso serán sus otros compañeros marxistas
de la universidad, que además todos se han metido al PRI. Maco es de… mucha acción. Lo encerraron por… unos
movimientos que hizo… en la universidad, ahí los hizo… claro, ya lo sabías. ¡Pero le han inventado cada
calumnia!... sí, eso han dicho. Y otras cosas peores… eso no lo había oído… ya mejor no me cuentes… pues hago
una rifa para lo de su fianza. ¡Tamayo nos regaló un cuadro divino!... no, no Rufino: José, José Tamayo Ruíz.
¡gran pintor!... claro, cómo no ibas a conocerlo, tan famoso… y hay otros dos premios… (Marlene ante una mujer
llena de tubos y toallas)
MARLENE.- Ya me contaron, chulita, de su casa nueva. Qué gusto, la felicito. Lo bueno que no es lejos, seguirá
viniendo con nosotras. ¡Ya ve que me conozco su cutis pero al centavo! ¿Qué tal se lo tengo, eh?
GABRIELA.- (Al teléfono) ya estoy más tranquila, pero qué impresión, pobrecito Maco: lo capturaron en la calle,
se lo llevaron a golpes… sí, eso me han dicho, y cosas peores…
MARLENE.- Lo que ahora va a hacerle falta en su sala, es un buen cuadro original, firmado. Eso da mucha clase.
Fíjese que una amiga mía está rifando un Tamayo, ¿si ha visto de ese pintor en la tele? Y en el periódico, sale
mucho. Hasta un museo tiene…
GABRIELA.- yo, para sentirme un poco mejor, me fui unos días al mar. ¡A Cancún!... mira pude gracias a una
tanda, cien mil pesos que pude llevarme a gastar. ¿no sabes lo que es tanda?... nada de teatro, no, voy a
explicarte… (Hablan al mismo tiempo)
MARLENE.- Hay también otras cosas muy primorosas, un así como… adorno, de cerámica ¡firmado! Y un grabado
de otro artista muy bueno. Con la racha de suerte que ha tenido, ¡aproveche!
GABRIELA.- Mira, hasta podrías entrarle a una, es cosa de dar cada semana mil pesos, ni se siente, luego los
gasta una en babosadas, y de pronto te toca y ¡zas! ¡cien mil pesos! (Suspiran ambas, se ven, siguen)
MARLENE.- Compre siquiera unos diez boletitos, yo me compré cinco porque todo está precioso. Ay, el arte es
algo tan lindo… y es como una inversión, nunca se devalúa, al contrario…
GABRIELA.- Para gastar en lo que se le ocurra a una, como son extras, pues se los gasta una en lo que quiera,
alocarse, que si ropita, que si viaje, tú dices si le hablo a mi amiga y le entras…
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(El salón de te. Marlene, cansada y deprimida; trae charola con jarritas, tazas, pasteles y galletas. Se sienta y
espera, tomando sorbitos muy desganados. Entra Gabriela muy exaltada)
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(Comedor de Gabriela)
GABRIELA.- (Fuera) ¡Bajen el volumen de ese maldito aparato, que no están sordos!
MARLENE.- (Entrando) van a estar, y nosotras también. (Están arregladísimas, para salir)
GABRIELA.- (Entrando) Deja LA mesa en paz, por favor. Mañana la levanto.
MARLENE.- Es horrible despertar y encontrar chico tiradero. En un momento…
GABRIELA.- Te digo que mañana, yo lo hago en un suspiro, Adrián me ayuda.
MARLENE.- Adrián tiene que ir a cobrar tandas con Héctor. (Sale cargando platos)
GABRIELA.- Bueno. Sea. Te quedó exquisito el lomo. (Sale con cosas)
MARLENE.- (Entra, va a la mesa por más) le puse el resto de alcaparras. Es lo más caro y por eso siempre las
ando pichicatenado. ¡Pero ahora no! Y pasitas, tocino, aceitunas, almendras… Así, cuando lo cortas, salen en
cada rebanada trocitos de lo que caiga… (se relame, chasquea la boca) ¡Eso es lo que más me gusta! (Sale)
GABRIELA.- (Entra) Ojalá no les haga daño a los enanos. El cerdo es bien pesado, ¡y tragaron! Cual ogros
convalecientes. (Sale)
MARLENE.- (Entra) Ojalá no truenen. Pelones de hospicio. Un día siquiera que llenen la barriguita, ¿No? Tus
spaghettis estaban exquisitos. Qué bárbara, ¿qué le pones? Héctor tragó tanto que casi no llega al cerdo (Sale)
GABRIELA.- (Entra) no tiene misterio, todo el chiste es el queso, buen parmesano, y era importado, y el jitomate,
que sea natural, fresco. Bueno, claro, la pasta la consigo con unos italianos. Queda rico. Ay, mi mantelito, qué
cochinada hicieron aquí. A esos niños se les andaba trepando el vino. (Sale)
MARLENE.- (Entra) el pastel estaba de poca, pero habría sido bueno también hacer un flan. Ya le puse sal al
mantel, con eso no se te mancha. (Lo recoge de las cuatro puntas, con cuanto desperdicio hay. Al salir se da un
tope tremendo con Gabriela. Gritos y carcajadas de ambas)
MARLENE.- ¿Qué pasó? Ya estamos pedas, mana.
GABRIELA.- Nos hemos de creer Chaplin, mi hijita.
MARLENE.- Mira el tiradero. ¿Dónde vi una escoba?
GABRIELA.- Deja eso, fue culpa mía. ¿No te abollaste nada?
MARLENE.- (Entrando) Nada, muy poco. (Barre) Mi defensa pegó con algún hueso tuyo.
GABRIELA.- Con mi mofle.
MARLENE.- ¿Allí lo tienes? Qué mofle tan moderno. Ya: todo limpio. Luego lavamos platos, antes de que me
vaya. (Sale con la escoba)
GABRIELA.- Pareces enana de Blanca Nieves, no paras. Oye, te voy a invitar del diario.
MARLENE.-(entrando) Ya vas.
GABRIELA.- Olvida los trastes. ¿Quieres ron?
MARLENE.- ¿Otro? Mh. Bueno.
GABRIELA.- Sublime como el coñac. Puede que mejor. Después de comer, un ron bueno te asienta todo. Y como
aperitivo, en las rocas, es un don celestial. ¡Y a toda hora! Maco dice que parezco gata, con mi ron-ron. (Se
hielan las dos. Se ven. Beben. Se sientan, lobreguez, repentina. Un silencio. Dan varios tragos, esquivándose los
ojos) MARLENE.- Para qué nombraste al hijo de la chingada. Estábamos tan contentas.
GABRIELA.- Hijo de puta, sub-ojete.
MARLENE.- Pendejo de mierda.
GABRIELA.- Imbécil. Cabrón. Estúpido.
MARLENE.- Pinche degenerado.
GABRIELA.- Caliente, vividor, mantenido.
MARLENE.- Chaquetero, culero, malaentraña. Síguele te toca.
GABRIELA.- Falso, traidor, mamón, padrote sin título.
MARLENE.- Poco hombre, huevón, creído, calienta-planchas.
GABRIELA.- Infraeneano, traidor, pseudomarxista, pedorro. Órale, tú sigues.
MARLENE.- No, mana, me la pusiste difícil. Besaculos de ricos, priísta, lambiscón, pocoshuevos. Vas tú.
GABRIELA.- Falso macho, falso marido, falso padre, ojos falsos, peso falso de a tres centavos. ¿Eh? ¡Me salió
bonito! ¡Vas!
MARLENE.- Pisaicorre, come-cuanto-hay, lambegüevos, chillón, entelerido, caguengue. Carcajada de ambas)
GABRIELA.- Galancete de última, vampiro de niñas, ladrón de alcancías, hoyo negro del universo, onanista,
zopilotón, muerciélago, paraguas descompuesto.
MARLENE.- Pesadilla, indigestión, cencerro, matraca rota, bola de caca.
GABRIELA.- Panzón, lombriciento, tiñoso.
MARLENE.- Cagón.
GABRIELA.- Pataflaca.
MARLENE.- Nalga guango. (Se ríen tanto que se ahogan, gritan, se palmean, beben más entre carcajada. Acaban
llorando a dúo. Con gemidos y sollozos. Se calman. Beben. Se suenan. Se arreglan)
MARLENE.- ¿Cuándo te acaban de pagar mis aparatos?
GABRIELA.- El martes que viene.
MARLENE.- Como que ya le avisamos a Molina.
GABRIELA.- Ya le avisé. (Silencio)
MARLENE.- Tú vas por él.
GABRIELA.- Ni muerta, vas tú.
MARLENE.- ¿Para qué, si se va a venir a tu casa?
GABRIELA.- ¡Yo no lo quiero aquí!
MARLENE.- ¡Yo tampoco lo quiero allá!
GABRIELA.- Que se largue con la pendeja que empanzonó.
MARLENE.- Brincos diera. Iba a ver la tanda de balazos con que lo recibían. (Pausa)
GABRIELA.- Marlene, en serio: ve por él. Llévalo contigo.
MARLENE.- Yo, a sabiendas, no le quito el marido a otra vieja.
GABRIELA.- Mi amor, no me quitas nada. Yo estoy dejándotelo.
MARLENE.- Qué buena eres, gracias. Claro que antes a él se le había ocurrido vivir conmigo. Ya no lo quiero. Es
todo tuyo.
GABRIELA.- Gracias, no. Métetelo por donde pueda.
MARLENE.- Eso he hecho siempre, con mucho éxito.
GABRIELA.- Pues sigue y si se te acaba, te convido supositorios.
MARLENE.- ¿De los que usas?
GABRIELA.- De los que usamos (Silencio)
MARLENE.- Te dije que estamos pedas.
GABRIELA.- Qué mala onda. Perdóname.
MARLENE.- Olvídalo mana. La verdad es…
GABRIELA.- ¿Si?
MARLENE.- Que es pura ilusión eso de resolver nosotras. Hay que dejarlo salir, solito… y ver a qué casa se va.
GABRIELA.- Puede tener otra, ¿sabes? Que ni tú ni yo imaginemos.
MARLENE.- Sí.
GABRIELA.- Dejarlo decidir a él… yo no quiero eso.
MARLENE.- Yo tampoco, pero… así es, ¿no?
GABRIELA.- Y dices que yo soy la cínica.
MARLENE.- ¿Qué tanto decide una?
GABRIELA.- Mi carrera… la decidió mi padre. Él vio mi don de idiomas. “Con eso te vas a hacer independiente”
sí, mucho. Independiente y libre para fregarme el lomo sobre la máquina, traduciendo cosas que no me
importan… para mantener a los hijos de dos desobligados y… la verdad, para mantener a los papás. Una casa de
huéspedes les saldría más cara que ésta.
MARLENE.- Pues yo no escogí el salón. Empecé por barrer pelos, detenerle a mamá los tubos que iba poniendo.
Cuando vi, ya sabía yo todo. Igual a la cocina: iba yo detrás de ella, viéndola hacer los guisos… y luego, por
sentirme capaz, hacerlo todo mejor que ella. Siempre me ha gustado sentirme capaz.
GABRIELA.- También a mí.
MARLENE.- Pero eso, no fue escoger mi vida. Tampoco escogí a Tony. Me sacó de la fiesta, se metió a mi cama
sin preguntarme… no es cariñoso. No ayuda nada, o casi nada. Da tantito, como para que no le reclamen…
bastante más barato que un burdel.
GABRIELA.- Y enseña luego la cartera, llena de billetes, y con eso se compra unos librotes que no lee, en un
idioma que no entiende, para adornar su cubículo. Y va a salir la semana entrante… el miércoles o el jueves.
MARLENE.- Y vamos a esperar lo que decida. No te hagas la que no. Vamos a esperar lo que decida.
GABRIELA.- Sí, ¿verdad? Marlene, yo estoy muy enojada con él, pero… ¡son muchos años juntos, mucha vida en
común, dos hijos…! Hasta Adrián lo considera un poco su padre. Bueno, está acostumbrado a él. ¡es horrible
pensar en vivir cambios, o en el vacío! ¡Es que puedo caer con otro igual, o peor! A éste, ya me lo sé. Tal vez
querer sea eso: saberse de antemano el repertorio de porquerías que te pueden hacer.
MARLENE.- También la calentura, chulita, no la olvides. Saberte el buen programa que tu Maco y mi Tony
guardan para entre sábanas… cuando se les da la gana. Yo no sé contigo, pero allí sí: mis respetos.
GABRIELA.- Allí sí, mis respetos también… cuando se le da la gana. ¿Y ves que a veces, por orgullo, le digo que
no quiero? Claro, si insiste un poco, me dejo convencer. ¿Y no habrá modo de que estos infelices dependan de
una vieja mañosa, mala y exigente?
MARLENE.- Claro, pero ésas no son gratis, y ser como son ellas no nos gustaría ni a ti ni a mí. Putas explotadoras
se llaman y todo el chiste está en que no quieren a nadie, se quieren ellas, se dan besitos en el espejo. Me llega
alguna que otra al salón. ¡Yo prefiero saber querer, aunque me vaya como me va!
GABRIELA.- Saber querer, saber darse. Sí, es lindo, pero ¿cómo nos va? ¿Y los hombres qué? ¿Nunca van a
querernos de igual a igual?
MARLENE.- Yo nunca veo que nadie, de ningún sexo, se quiera de igual a igual. Al que sabe querer, le cae encima
una vieja lángara y se lo chupa.
GABRIELA.- Y si acaso, quererse mucho… sí, sucede, sí. Me ha sucedido. Y empieza uno a cambiar, la cama deja
de ser eléctrica, se vuelve rutinaria, y él ya es tantito diferente, y yo también, otro poquito… y una mañana al
despertar somos extraños, y ya es mejor que alguien se mude o van a empezar los pleitos.
MARLENE.- ¿Y siempre, siempre así?
GABRIELA.- Para que no suceda, hay que hacer el esfuerzo juntos. Y si uno lo hace y el otro no… ya no valió la
pena.
MARLENE.- ¿Estás diciendo que el amor es un esfuerzo de voluntad?
GABRIELA.- Eso estoy diciendo.
MARLENE.- Con suerte sí. Más fácil la amistad. Cuando la encuentras.
GABRIELA.- Que también es esfuerzo de voluntad, pero… un poco menos triste. (Pausa)
MARLENE.- ¿Tú le das el dinero a Molina?
GABRIELA.- Se lo damos las dos. (Pausa) que salga y haga lo que quiera. Salud, amiga.
MARLENE.- Salud… amiga (beben). Voy a despertar a Héctor y nos vamos. ¿No me llamas un coche? (Salen
abrazadas)
(Sala de Gabriela)
GABRIELA.- Ya lo sabía, siempre, siempre lo supe, que esos malditos patines no iban a traer nada bueno.
MARLENE.- Lo que pasa, que a ese niño infeliz nunca le dabas chance de correr por la calle y jugar normalmente.
GABRIELA.- Ya le di chance, ya se medio mató. También el tuyo.
MARLENE.- ¡Par de pendejos! ¡Dejándose remolcar por los coches! Y en un eje vial.
GABRIELA.- Y en un eje vial. Eso, no se le ocurrió al mío.
MARLENE.- Se les ocurrió a los dos, pero el mío sabe hacerlo, porque yo no lo traigo cosido a los calzones.
GABRIELA.- Yo no traigo cosido al mío.
MARLENE.- Flaco, blanquecino, asustadizo, falto de ejercicio. Y no quieres que salga nunca. No llores, no fue
grave.
GABRIELA.- Es que es cierto lo que me dices. Tango la culpa yo. Y casi se mata también el tuyo, por recoger a
Adrián.
MARLENE.- Hay que avisar a las escuelas.
GABRIELA.- A esta edad, sueldan pronto los huesos. ¿Quieres un librium?
MARLENE.- Dámelo. Doble. Deja ver cómo están. (Salen. Vuelven)
GABRIELA.- Dormiditos.
MARLENE.- Tranquilazos. Roncando. (Se sientan)
GABRIELA.- Ten tu librium.
MARLENE.- Gracias. No sé por qué no quisiste ir al seguro.
GABRIELA.- Fractura: te lo enyesan mal y se quedan inválidos para toda la vida.
MARLENE.- ¿Por qué cobran así de caro, van a enyesar mejor?
GABRIELA.- No, claro… ¡Y yo no tengo seguro!
MARLENE.- Yo sí.
GABRIELA.- Pero no iba a servir para el mío
MARLENE.- Casi doscientos mil pesos.
GABRIELA.- Agradece que los teníamos. (Silencio)
MARLENE.- Hay que hablarle a Molina.
GABRIELA.- Ya le hablé
MARLENE.- ¿En qué momento?
GABRIELA.- Estaban sacando las radiografías. ¡Esta mañana habíamos quedado de vernos!
MARLENE.- Qué bueno que te acordaste. ¿Y qué dijo?
GABRIELA.- ¿Qué ahora cuándo?
MARLENE.- ¡Qué le dijiste!
GABRIELA.- Que esta semana. Y él me dijo que hay que apurarse o luego ya no se va a poder.
MARLENE.- (Grita de pronto y se jala los cabellos.) ¡Otra vez doscientos mil pesos!
GABRIELA.- (Suave) Otra vez. Y hay que cobrar las tandas hoy.
MARLENE.- (A gritos) ¡Otra vez doscientos mil pesos! (Solloza, gime, golpea con los puños en los muebles
GABRIELA.- No te pongas así. Qué bueno que te di un librium.
MARLENE.- Y ese cabrón de Molina. ¿Ya le había avisado a Tony?
GABRIELA.- Ya le había dicho que iba a salir mañana. (Un silencio)
MARLENE.- ¿Y ahora de dónde? (Silencio)
GABRIELA.- Rifas, ya…
MARLENE.- Tandas, ya, y más de las que podemos cobrar.
GABRIELA.- Si tuviera yo un nombramiento de Universidad o de gobierno…
MARLENE.- ¿Para qué?
GABRIELA.- Para un préstamo de pensiones.
MARLENE.- ¿No que eres maestra?
GABRIELA.- De colegio particular: sueldo de muerta de hambre, sin nombramiento. (Silencio)
MARLENE.- Tony está en la Universidad.
GARIELA.- ¿Y qué? ¿Cómo va a pedir el préstamo? Está encerrado. ¡Pero hay gestores! ¡Sí se podría! Gestores y
funcionan mejor si les das algún dinero, un porcentaje chico… ¡Y Maco dejó aquí su credencial! Pero hay que ir
a Pensiones, pedir las hojas de préstamo. Hay que… mira, dando dinero a los empleados, sale aprisa el préstamo.
Quédate con los niños. Voy a buscar las formas, a llevárselas a Molina… ¡Marlene hay que hablarle a Molina!
Debe llevarle a firmar los papeles al imbécil. Si se apura, puede dar tiempo para que hoy mismo se empiece el
trámite.
MARLENE.- Qué bueno. Él mismo va a pagar un poco por su salida.
GABRIELA.- La quinta parte. Oye, hay que pedir más: como trescientos, por todo el dinero que habrá que ir
repartiendo, de mordidas.
MARLENE.- ¿Hasta cuánto puede pedirse?
GABRIELA.- Según lo que ganes. A Maco deben tocarle como… trescientos cincuenta mil.
MARLENE.- Pues pídelos, y más si se puede.
GABRIELA.- Claro. Que pague. Lo as que se pueda. ¿Qué horas son? ¡Siquiera estos niños decidieron que las
atropellaran temprano! Me va a dar tiempo. Háblale tú a Molina, explícale. Y que no vaya a largarse de su
despacho, como luego hace. Debe esperar allí, correr después al reclusorio sur… si el imbécil de Maco no firma
hoy, se va a quedar allí pudriéndose.
MARLENE.- (Al teléfono) ¿Chuchos? ¿Cómo va todo?... no, no me hagas citas todavía, trata de que se den los
tratamientos contigo… pues sí, claro que tienes mano dura, y a esa gorda Lolita le achicharraste el pelo… bueno,
hazme citas para… la semana entrante y que a las exigentes las atienda la Chiquis: les platica bonito y ni se fijan
lo que les hace.- oye, mándame a Odilia en un taxi con unos dos vestidos y unas mudas de todo. Me estoy
teniendo que vestir con ropa de mi amiga… ya está muy animado. Lo mismo que el niño de mi amiga… con todo
y yeso, brincan por todos lados… sí, gracias… y qué venga Odilia prontito. (Cuelga) ¡Ya los oí! Ya voy, estaba
hablando al salón. Les voy a llevar jugo, gelatina y… otras cosas muy buenas. A ver que hay, si se aburrieron de
jugar turista, prendan la tele. (Sale. Entra Gabriela, se desploma en el sillón)
GABRIELA.- ¡Marlene!
MARLENE.- (Fuera) Allá voy. Estoy alimentando a las fieras. ¿Qué pasó?
GABRIELA.- Ven y te cuento. (Abraza la bolsa de mano. La abre, revisa el contenido, sonríe. La cierra)
MARLENE.- (Entra) ¿Qué pasó?
GABRIELA.- Adivina.
MARLENE.- No dan préstamo (Gabriela sonríe, niega) O hay que esperar más días. (Gabriela sonríe, da
palmaditas a la bolsa) ¡No! ¡A poco! ¡Ya! Ay. Bendito sea Dios. ¿Cuánto?
GABRIELA.- Trescientos veinte cinco.
MARLENE.- ¿Y cuánto diste de mordidas?
GABRIELA.- Nada más veinticinco.
MARLENE.- Quedan trescientos.
GABRIELA.- ¡No! Prestaron trescientos cincuenta. Quedan trescientos veinticinco.
MARLENE.- ¿Sí? ¡Tanto! Hasta va a sobrar (Se abrazan, dan vueltas, risas palmadas)
GABRIELA.- Ten. Júntalo con lo otro. Vamos a contar cuánto hay.
MARLENE.- Hacemos la cuenta sumando.
GABRIELA.- Tú sumas muy mal y yo peor. Saca el dinero y vamos a contarlo, aquí.
MARLENE.- Y háblale a Molina, que ya.
GABRIELA. Sí. (Marca) Por favor con el licenciado Molina. Hablan las señoras de Lesur. (Risita de ambas)
MARLENE.- Del sultán Lesur.
GABRIELA.- Del hijo de puta Lesur. Molina, cómo estás. Ya tenemos el dinero completo, ¿te lo llevo ahorita? Son
las once, casi… bueno, estaré contigo a la una y media. Estaremos, vamos las dos. Pues sí, las dos juntamos el
dinero, las dos te lo entregamos. Sí, tiene mucha suerte… no, no vamos a ir al reclusorio… sácalo tú solito…
¿’cómo que dónde lo traes? … pues donde él diga… su ropa la tiene en las dos casas… que él solito te diga
dónde… como tú pienses, tú eres su abogado… gracias… a la una y media, sí. (Cuelga)
MARLENE.- Bueno, aquí está el dinero.
GABRIELA.- Y aquí lo de pensiones. Vamos a hacer fajos de a cien mil, para contar mejor. (Lo hacen)
MARLENE.- ¿Y cómo sería la vida en esos harenes? Tantas viejas para un hombre… ¿A poco podía con todas?
GABRIELA.- Esperaban turno, igual que nosotras. Esperaban que el sultancito tuviera ganas. Cien mil.
MARLENE.- Ay, pero mientras… habría por allí unos esclavos grandotes… Gabriela.- sí, pero eunucos.
MARLENE.- ¿Y qué? ¿Qué es eso?
GABRIELA.- Que les habían cortado los huevos. Pero no creas, a algunos se los cortaban mal. O les crecerían otra
vez, porque buenos rejuegos que hacían con las sultanas. Y claro, ellas también se entretenían unas con otras,
nixtamalito, tú sabes.
MARLENE.- Ay, qué aburrición, gallina con gallina. Más valía un eunuco, de perdida, de esos que les dejaron un
cachito. Cien mil. ¿Qué tanto les dejarían?
GABRIELA.- Tantito. Dijo, supongo. Me choca enterarme de cosas tan feas.
MARLENE.- Pues te las sabes muy bien. Pobres viejas, metidas con un solo tipo y sin poder largarse. ¿Y si les
caían con otro? (Gabriela hace ruido y gesto de decapitar)
MARLENE.- Hijos de puta. Yo, envenenaba al sultán.
GABRIELA- Claro, eso hacían muchas. Pero las vendían con otro, así que… cien mil. ¿Cuánto hay?
MARLENE.- Un millón, ciento veinticinco. ¡qué par de viejas chingonas somos! Mira la cantidad que hemos
juntado, ahí está.
GABRIELA.- ¿Queda ron? Hay que brindar. ¡Sí queda!
MARLENE.- Mana, te podemos comprar una caja. Sobran aquí ciento veinticinco mil pesos.
GABRIELA.- Claro que una caja. Y a ti, un vestido precioso.
MARLENE.- Pero aprisita, hoy mismo hay que gastar. Porque ese cabrón en cuanto salga va a querer quitarnos
todo.
GABRIELA.- Ciento veinticinco… hasta dos vestidos cada una.
MARLENE.- No, uno cada una, pero divinos de boutique.
GABRIELA.- Alcanza para ron y para trapos y… ¿qué más? estamos como la hormiga.
MARLENE.- ¿Cuál?
GABRIELA.- La que barriendo se encontró el centavito y no sabía cómo invertirlo.
MARLENE.- ¿Y cómo lo gastó?
GABRIELA.- En trapos y colorete para exhibirse en la ventana. Entonces, desfiló un ejército de galanes, pidiendo
su mano: el gato, el león, el perro, el… muchos galanes.
MARLENE.- ¡Qué regio! ¿Y cuál escogió?
GABRIELA.- Una rata asquerosa, con voz de pito, apellidada Pérez.
MARLENE.- Le fue mejor que a nosotras: tú y yo tenemos media rata. Pues no andamos tan mal, entonces,
comprando trapos, nomás nos falta la ventana.
GABRIELA.- Ay, sí qué desgracia.
MARLENE.- Y yo, no iba a escoger. Me quedaba con todos los galanes. Oye, Gabriela… nos podemos comprar
ventana.
GABRIELA.- ¿Cómo?
MARLENE.- Sí. Ventana al mar, tantas mentiras que dijimos para vender las tandas. ¡Que sean verdad! Nos
largamos, con los niños, a uno de esos lugares que inventábamos. ¡Salió como una tanda de cien mil! Y hasta
más.
GABRIELA.- ¿Irnos? Y cuando salga mañana el infeliz, no va a encontrar a nadie. Nosotras y los niños, tirados en
la playa.
MARLENE.- Vaya a donde vaya. Nadie. En las olas y al sol.
GABRIELA.- Y el sol de mar es divino para las fracturas. Les va a hacer muchísimo bien. Y cuando venga el
inmundo… ¡nadie!
MARLENE.- Nadie. (Se mueren de risa)
GABRIELA.- ¿Cuánto vale el avión a Acapulco? No, a Puerto Ángel
MARLENE.- Mh… como… quince o veinte mil.
GABRIELA.- Los tres míos, los dos tuyos, tú y yo… ciento cuarenta mil pesos. (Silencio)
MARLENE.- Y falta el hotel, y comidas, y pasear.
GABRIELA.- Esas mujeres que nos creyeron lo de la playa, han de ser muy pendejas.
MARLENE.- Y si compramos vestidos nuevos, ese infeliz va a creer que son para gustarle.
GABRIELA.- ¡Ay qué razón tienes! ¿y si nos fuéramos en camión?
MARLENE.- ¿Niños enyesados, en camión, siete o diez horas?
GABRIELA.- No, claro. En el avión, casi todos son de medio boleto. Pero ni así. Dos boletos y medio de ellos y los
de nosotras casi cien mil.
MARLENE.- (casi llora) ¡Es cómo una maldición que todo cueste tan caro! Un millón para librar a un cabrón de
mierda y las pobres estúpidas infelices no pueden irse con sus niños al mar. Ni siquiera un par de días. (Silencio
largo)
GABRIELA.- Marlene.
MARLENE.- ¿Qué?
GABRIELA.- Vámonos al mar.
MARLENE.- ¿Cómo?
GABRIELA.- En avión. Tomando cocteles durante el vuelo. Con la maleta llena de modelitos nuevos. Antes, me
pones divina en tu salón. Y trajecitos nuevos para los niños y zapatos. Que ya no tienen. También Héctor trae
patas de pordiosero. Y nos tendemos en la playa, muy doraditas, a ver pasar galanes.
MARLENE.- Pero eso nos va a costar…
GABRIELA.- Como trescientos veinticinco mil pesos… (Quedan viéndose, les empieza un ataque de risa creciente)
MARLENE.- ¡Ay, Gabriela! (con risa nerviosa) ¿qué estás pensando?
GABRIELA.- (Se sirve más ron) ¿A ti te sacó alguna vez a pasear?
MARLENE.-Jamás.
GABRIELA.- A mí tampoco.
MARLENE.- Ay, a mí sí. Una vez me llevó a Tehuacán, a una maldita convención y había una polvadera espantosa.
GABRIELA.- Bueno: ahora va a ser invitación suya.
MARLENE.- ¡Se está volviendo buen marido!
GABRIELA.- Podemos ponerle un telegrama, no vaya a preocuparse.
MARLENE.- “Maco-Tony querido, gracias por el paseo tan deliciosos. Firmado: nosotras” y todavía nos va a
sobrar mucho dinero.
GABRIELA.- Ochocientos mil pesos. ¡cuántas cosas se nos van a ocurrir al regreso!
MARLENE.- A Molina no le avisamos. Que se quede esperándonos.
GABRIELA.- Sí, esperándonos. ¡Como le va a doler! De ese millón seguro iba a robarse la mitad.
MARLENE.- Almejas gigantes, camarones, ostiones. 32 GABRIELA. Música tropical, chica, buena salsa caliente. Y
ron jamaiquino, cubano, puertorriqueño, haitiano. (Gabriela pone música, cantan y bailan)
MARLENE.- ¿Y ese pobre infeliz… se va a quedar ahí diez años?
GABRIELA.- Mira, no creo. Con muy buena conducta, pueden rebajárselos a ocho (Risa de ambas)
MARLENE.- Menos mal. ¡Le va a pasar lo mismo que en “la isla de los hombres solos”!
GABRIELA.- Ay, pobre. Ojalá que no le guste. Lo que sí puede hacer después, escribir sus memorias, a ver si le
sale un best-seller.
MARLENE.- ¿Escribir? ¿Ese?
GABRIELA.- No, verdad. Ya parece. Bruto y huevón
MARLENE.- Siempre he querido un traje de cóctel con lentejuelas.
GABRIELA.- Yo quiero uno con chaquiras, muy años veinte, que se me vea todo.
MARLENE.- ¡El mío, transparente! Y unos bikinis como confetis. (Ríen y bailan)
GABRIELA.- ¡Niños! ¡Ayúdennos a empacar! Nos vamos a la playa.
MARLENE.- Ya veremos a cuál. ¡Hay tantas playas! Debemos preguntar en una agencia.
GABRIELA.- (Canta) adonde el mar sea más azul.
MARLENE.- (Canta) y con arena muy acariciante.
GABRIELA.- (Canta) con los hoteles más lujosos.
MARLENE.- (Canta) y la que esté más llena…!
LAS DOS.- De galanes, de galanes, de galanes.
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