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Materialismo Histórico de Karl Marx

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KARL MARX (1818-1883)

EL PROBLEMA DE LA SOCIEDAD: POLÍTICA/ PROBLEMA DEL SER


HUMANO.

El marxismo (con el beneplácito de Marx, pero con la insistencia de Engels)


distingue entre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico.
El materialismo dialéctico y el materialismo histórico coinciden en que ambos
suponen una inversión del Idealismo de Hegel, ya no es el pensamiento el que
determina la realidad sino las condiciones materiales de vida. Mientras que en el
idealismo se le otorga la prioridad al pensamiento y al espíritu, en el materialismo lo
importante es la realidad material y la naturaleza.
Engels es el creador del materialismo dialéctico y Marx del materialismo histórico.
El materialismo dialéctico es más filosófico, metafísico y más teórico que el
materialismo histórico. El materialismo dialéctico es una teoría que explica la realidad
como un proceso dialéctico, dinámico, que consta de tres pasos: tesis (afirmación),
antítesis (negación) y síntesis o superación (negación de la negación). Según esta teoría
son las contradicciones internas las que originan los cambios en la realidad.
El materialismo histórico es un análisis crítico de la sociedad, con el que se
pretende explicar y transformar el mundo. Se trata de una prolongación del
materialismo dialéctico en el terreno de la historia humana. Más exactamente, el
materialismo histórico aplica los principios del materialismo dialéctico a los fenómenos
históricos y sociales. Así, un sistema económico concreto (tesis), a causa de sus
incoherencias internas, genera su propio opuesto, su negación (antítesis). Del
enfrentamiento entre uno y otro surge una situación económica y social nueva (síntesis).
Aplicado, como veremos, al momento histórico que le tocó vivir a Marx, el capitalismo
se toma como tesis, y el materialismo histórico descubre las contradicciones que se
generan en las relaciones de producción. Estas son relaciones de explotación y opresión
que provocan la negación de la tesis y, posteriormente su superación. Es decir, la clase
de los obreros se revelan contra la clase de los propietarios e instauran la dictadura del
proletario (antítesis). De esta oposición surge una nueva situación económica y social, el
comunismo (síntesis).
La primera formulación del materialismo histórico aparece en su obra La Ideología
alemana (1.845); y más tarde en otra de sus obras Contribución a la Crítica de la
Economía Política (1.859) encontramos su formulación definitiva.
El materialismo histórico pretende realizar una anatomía de la sociedad, un estudio
sistemático de las relaciones sociales relativas a la producción y a la distribución de
bienes para descubrir o desvelar las contradicciones internas que subyacen en el sistema
económico capitalista. Y la idea central es que el mundo material y lo que hacen los
seres humanos en él constituyen la base para entender la historia de las sociedades.
Para Marx la historia de las sociedades es siempre la historia de las luchas de clases.
Concibe la historia occidental como una sucesión de modos de producción: 1)
comunismo primitivo; 2) esclavista; 3) feudal; 4) capitalista. Y su objetivo se centra en
transformar la sociedad actual: el modo de producción capitalista.
El materialismo histórico es una teoría que pretende explicar las transformaciones
sociales mediante la distinción en toda sociedad de una infraestructura (o “base”
económica) y una “superestructura” ideológica, que son los componentes que
constituyen un determinado modo de producción.
La infraestructura o estructura económica es para Marx la base real de la sociedad,
el fundamento que condiciona la superestructura. En la infraestructura destaca los

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siguientes elementos: las fuerzas productivas y las relaciones de producción. Las
fuerzas productivas hacen referencia a la capacidad tecnológica de la sociedad en un
momento histórico concreto. Son los medios de producción de una sociedad: las
materias primas, los medios técnicos o herramientas y la fuerza humana que ejerce el
trabajo. Y las relaciones de producción son las relaciones que se establecen entre los
distintos miembros de una sociedad histórico-concreta, en la realización de actividades
que aseguran “la producción social de la vida”, según una determinada forma o modo de
producción. Para Marx las relaciones de producción son relaciones de propiedad sobre
las personas y las fuerzas productivas, relaciones de dominio de un clase sobre otra
(explotadores-explotados). Se trata de una relación de control eficaz sobre el trabajo (la
persona) y los medios de producción. La sociedad queda, así, escindida en dos clases
opuestas: la de los propietarios de los medios de producción y la de los trabajadores
esclavizados por sus amos.
Toda infraestructura está acompañada de una superestructura que puede ser
político-jurídica (familia, Estado, partidos e Iglesia) o ideológica (filosofía, religión,
costumbres, etc). Es decir, un conjunto de instituciones o formas de conciencia que son
particulares de cada modo de producción.
Para Marx, es la realidad material la que determina nuestro modo de pensar, la
conciencia, la ideología y no al revés, como pretendía la filosofía idealista y
racionalista. Así, se está situando en las antípodas de Hegel al refutar la fe en la
conciencia y en las ideas para cambiar el mundo: “No es la conciencia la que determina
la vida, sino la vida la que determina la conciencia”. Y si se produjese un cambio en la
infraestructura, necesariamente se tendría que producir un cambio en la denomina
superestructura.
Dos conceptos claves en su materialismo histórico son la ideología y la alienación.
Marx entiende por ideología un sistema de representaciones del mundo (la filosofía,
el derecho, el arte, la religión, la economía política, la cultura de la época...) que los
hombres poseen en una sociedad determinada, se entiende más exactamente como
conciencia social dominante, y tiene las siguientes funciones:
 Reproducir deformadamente la realidad, nos da una visión falsa de la misma
(falsa conciencia).
 Cohesionar una estructura social.
 Servir a la clase dominante en el ejercicio de sometimiento de la clase dominada.
 Legitimar la situación de explotación y de alienación de las clases trabajadoras
de cada sociedad en cada momento histórico.
El término ideología tiene, por tanto, un sentido negativo y peyorativo: significa
falta de capacidad para captar el auténtico sentido de la realidad.
Por otro lado, puesto que la ideología es dependiente de la economía, quien controle
ésta, ha de controlar aquélla. En todas las sociedades, las clases económicamente
dominantes poseen una ideología concordante con sus intereses. Dado que en la
sociedad capitalista la clase burguesa es quien controla la economía, esta misma clase
controlará también la ideología.
Marx menciona diferentes tipos de ideologías, que coinciden todas en que falsean la
realidad; así, por ejemplo, la ideología política consiste en declarar a todos los
ciudadanos libres e iguales. El falseamiento es manifiesto: la libertad y la igualdad son
puramente formales porque no alcanzan al hombre real y concreto. El Estado no es un
organismo neutral sino que sirve a la clase dominante. Otros tipos de ideologías serían
la religiosa y la filosófica. Para Marx la religión y la filosofía representan el mundo de
lo imaginario, de lo irreal, pero que es presentado como real. La diferencia entre la
ideología religiosa y la filosófica es solo cuestión de grado, la religiosa es más

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primitiva, menos evolucionada, porque ambas son falsas conciencias. Al concebir a la
filosofía como ideología Marx está denunciando solamente a aquella filosofía que no
consigue salir de la mera especulación conceptual, y a la que él denomina “miseria de la
filosofía”; en su lugar, este pensador se propone, como veremos, elaborar una “filosofía
de la praxis” y acabar con la labor meramente interpretativa de los filósofos.
El concepto hegeliano de alienación es recogido por Feuerbach. Según Feuerbach,
Dios (la idea de Dios) es un producto humano, es decir, el ser humano proyecta y pone
sus cualidades (su esencia) en un ser extraño e inventado, al que se subordina y adora.
Este proceso lo denomina Feuerbach alienación que significa enajenación, “estar fuera
de sí”, que otro se adueñe y posea lo que es de uno. Este concepto de alienación
influyó, como veremos a continuación, en el pensamiento de Marx.
Marx reflexiona y profundiza sobre diferentes formas de alienación (económica,
política, social, religiosa y filosófica)
La alienación económica es para Marx la básica y fundamental y significa
desposesión, pérdida de algo que nos pertenece. Según él, el hombre se diferencia de los
animales en la medida en que comienza a producir sus medios de vida, esto es, el
trabajo o la actividad productiva constituye su esencia. Ahora bien, en el sistema
capitalista el obrero es desposeído por el capitalista del fruto de su trabajo y de su
actividad, o sea, de su propia esencia y se convierte en un medio más del sistema
productivo, en mera fuerza de trabajo, como cualquier otro animal, instrumento o
máquina, es decir, sus cualidades o valores humanos no cuentan, sólo cuenta su fuerza y
su utilidad. De este modo, el obrero con el trabajo no produce su humanización, sino su
propia alienación, su deshumanización. La forma en que se da el trabajo en la economía
capitalista es más bien una pérdida de humanidad. Alienarse para Marx es perder la
humanidad (incluir aquí también conceptos como plusvalor, plustrabajo, valor de uso y
valor de cambio de una mercancia, explicados en el libro de texto, páginas 169, 170 y
171).
La alienación política se da, según Marx, porque entre el Estado y el pueblo o clase
trabajadora no hay ninguna relación. El Estado no es un organismo neutral, sino
protector de la clase dominante. En Marx encontramos una crítica radical a todo tipo de
Estado, ya que el Estado siempre es poder de clase. Incluso el Estado obrero (dictadura
del proletariado) debe establecerse únicamente como una fase temporal para la
realización de la expropiación (eliminación de la propiedad privada) y la instauración
del comunismo. La aspiración de Marx consiste en poder eliminar toda clase de Estados
y convertir al mundo entero en patria de la humanidad.
La alienación social consiste en la división de la sociedad en clases: clases
superiores y clases inferiores, siendo el fundamento de esta división las relaciones de
propiedad.
Marx, al igual que Feuerbach, opina que el ser humano también se encuentra
alienado por la religión (alienación religiosa). Para Marx, la religión es un producto
histórico, dependiente de una determinada estructura económica a la que trata de
justificar. La religión no promueve la revolución social, sino que conduce a la
inactividad, al conformismo, a la resignación ante una situación social injusta, y fija un
más allá para compensar la miseria y el desgarramiento social padecido. Marx rechaza
todas las religiones y niega toda trascendencia, según él, Dios no existe y “la religión es
el opio del pueblo” porque tiende a adormecer la lucha revolucionaria y la liberación de
los seres humanos. Así, Dios es una invención y la religión se convierte en un consuelo.
Otra forma de alienación que critica Marx es la alienación filosófica que la
identifica con la filosofía abstracta y especulativa, que sólo interpreta la realidad, y
además la interpreta falsamente. En este sentido es necesario renunciar a este tipo de

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filosofía para penetrar en la praxis (filosofía práctica) como medio de transformación
de la sociedad. El ser humano tiene que recuperar la capacidad de acción. Esto lo
enuncia en la undécima tesis de su obra Tesis sobre Feuerbach: “Los filósofos no han
hecho otra cosa que interpretar el mundo de diferentes maneras, pero de lo que se trata
es de transformarlo”.
Para poner fin a todas estas formas de alienación Marx propone como solución la
abolición de la propiedad privada de los medios de producción.
Para Marx, la fase de equilibrio de un determinado modo de producción se rompe
cuando el enorme despliegue de las fuerzas productivas provoca que se agrave la lucha
de clase (motor de la historia). Esto es, el despliegue o desarrollo de las fuerzas
productivas genera un aumento considerable de la producción, que en consonancia con
las relaciones de producción establecidas, trae consigo, en el caso del modo de
producción capitalista, un enriquecimiento cada vez mayor del capitalista o propietario
y un empobrecimiento progresivo del obrero. El desarrollo de las fuerzas productivas
produce, por tanto, el desajuste de las relaciones de producción, la lucha de clases.
Así, para Marx es la propia dinámica de la sociedad capitalista la que provoca la
acumulación progresiva del capital en manos del capitalista y la pauperización creciente
del proletariado; es esta contradicción en su interior la que la encamina a destruirse a sí
misma. Por ello, la destrucción de la sociedad capitalista es inevitable, y la revolución
social, que empieza con la dictadura del proletariado, lo único que va a hacer es acelerar
el proceso, adelantarlo. Pero la revolución sólo es posible porque la destrucción de la
sociedad capitalista es un proceso en marcha y con carácter irreversible.
Y si la propiedad privada es la fuente de explotación y de la existencia de las clases
sociales, el acto esencial de la revolución social será la supresión de la propiedad
privada de los medios de producción, supresión que acarreará evidentemente la
abolición de las clases, dando lugar a la sociedad comunista, esto es, una sociedad sin
clases sociales, sin propiedad privada y sin Estado, en la que cada uno aporta a la
sociedad según sus capacidades y recibe de ella según sus necesidades. En esta sociedad
los seres humanos serán libres, iguales y hermanos; los bienes se distribuirán “a cada
uno según su necesidad”; desaparecerá la burocracia, la policía, los tribunales, el
parlamento, los militares...; y el trabajo será aportación libre y voluntaria, y una
exigencia de autorrealización.
Marx, por tanto, cree en una patria definitiva, un paraíso armonioso, en el que
finalicen todas las tensiones y contradicciones. A decir verdad, una situación de este
tipo es una auténtica utopía; la historia no puede ser clausurada, las contradicciones, los
conflictos, en definitiva, la dialéctica ha de quedar siempre abierta.
Independientemente de esa creencia de Marx en esa patria definitiva, lo fundamental
de su pensamiento es su repercusión en la concepción de nuestro sistema democrático.
Las democracias occidentales que se fraguaron a finales del s. XIX y principios del XX
comenzaron a reconocer derechos fundamentales, que ya habían sido defendidos
fervientemente, entre otros autores, por Marx. Estos son el derecho a la igualdad y a la
libertad, más en concreto el hecho de que sin igualdad nunca se puede dar libertad: el
derecho a la igualdad como prioritario.

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