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Depresión y Melancolía en Psicología

Este documento trata sobre la depresión y la melancolía desde una perspectiva psicoanalítica. Explica las diferencias en la manifestación de un cuadro depresivo en las diferentes estructuras psíquicas según la teoría de Kernberg. También describe los cambios en la psicomotricidad, esfera afectiva y pulsional que caracterizan un estado depresivo a nivel fenomenológico.
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Depresión y Melancolía en Psicología

Este documento trata sobre la depresión y la melancolía desde una perspectiva psicoanalítica. Explica las diferencias en la manifestación de un cuadro depresivo en las diferentes estructuras psíquicas según la teoría de Kernberg. También describe los cambios en la psicomotricidad, esfera afectiva y pulsional que caracterizan un estado depresivo a nivel fenomenológico.
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UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA

FACULTAD DE PSICOLOGÍA
PSICODIAGNÓSTICO
AÑO 2014

Prof. Adjunta Ordinaria: Psic. Marta García de la Fuente.


Prof. Jefe de Trabajos Prácticos: Psic. Diana M. Elías.
Prof. de Monografía: Ma. Laura López Falcón.

MONOGRAFÍA DEPRESIÓN Y MELANCOLÍA

Colombo, Indira (92610/9) indiracolombo@[Link]


Jacobs, María Josefina (91467/0) mariaja_@[Link]
Pallero, Dulce Ma. (79784/6) dulcemariapallero@[Link]
Peralta, Silvina (91922/9) b_colo75@[Link]
Perelló, María Victoria (92150/2) mvictoriaperello@[Link]
Rufach, Mariángeles (91953/7) mariangeles_R@[Link]
MARCO TEÓRICO

Cuando hablamos de depresión vale resaltar que estamos en presencia de


un cuadro clínico, que puede hacerse presente en las tres estructuras propuestas
por Otto Kernberg, neurosis, estructura límite (borderline) y psicosis. Teniendo en
cuenta para esta diferenciación tres criterios: capacidad para la prueba de realidad,
grado de integración de la identidad y relaciones objetales y tipos de operaciones
defensivas.
El autor define a la estructura como una “configuración relativamente
estable de los procesos mentales”. Dicha estabilidad implica que no es posible el
pasaje estructural, es un modo instalado y característico de la subjetividad. La
noción de cuadro alude a una configuración sintomática que puede presentarse en
las distintas estructuras tiñéndolas, es decir que produce desdibujamientos de sus
rasgos característicos, pudiendo dar lugar a confusiones diagnósticas.
En relación a la depresión, al tratarse de un cuadro sintomatológico, se
manifiesta con determinadas particularidades en las diferentes estructuras. De allí
que la bibliografía nos hable de diferentes nominaciones.
En el caso de las estructuras neuróticas, se vinculará la estructura al cuadro
de depresión psicógena o reactiva. En las psicosis, se hará referencia a la
presentación maníaco-depresiva o bipolar. Y en relación a las estructuras border,
debido a su gran heterogeneidad, dependerá del grado de mentalización alcanzada
por el sujeto particular, y el grado consiguiente de elaboración de la pérdida de
objeto, en cómo se teñirá el cuadro depresivo. Por este motivo, el encasillamiento
en una presentación más tipificada de acuerdo a las descripciones clásicas de la
psiquiatría, será dificultoso.
Sin embargo podemos decir que un sujeto que tenga las características de
un border actuador, será más propenso a la configuración de un cuadro
hipomaníaco que un border anaclítico, que tiene una capacidad de elaboración
psíquica mucho más pobre.

En un nivel fenomenológico, la depresión aparece como un estado general


del organismo caracterizado por la presencia de cambios en:
1. La psicomotricidad, disminución o inhibición de la iniciativa, de la
espontaneidad y de la reactividad psicomotoras, lentificación e inhibición de
las funciones psíquicas de atención e ideación. Anorexia, insomnio, fatiga,
debilidad.
2. La esfera afectivo-vital, con predominio relativo de afectos penosos o
negativos (tristeza, apatía, desesperanza), disminución de la autoestima,
sensación de empobrecimiento o vaciamiento, sentimientos de culpa,

2
incapacidad para amar, sentimiento de malestar, pérdida del sentimiento de
bienestar y de salud.
3. La esfera de los impulsos: disminución, inhibición o pérdida de la expresión y
reactividad de una o de todas las tendencias instintivas y modificaciones
cualitativas distorsionadas de las mismas, por la importante restricción
energética.

En relación al primer criterio de diferenciación clínica (integración de la


identidad) es esperable encontrar algún tipo de alteración, que será más o menos
grave de acuerdo a la estructura de base.
“En la organización límite de la personalidad hay suficiente diferenciación
del si mismo y de las representaciones de objetos, para permitir el mantenimiento
de las frontera (o sea, una clara delimitación entre el sí mismo y los otros).”
(Kernberg, 1987: 9).
Tendrán una buena y rápida percepción de la situación total –“agudeza” y
“golpe de vista”-, pero por la ansiedad no podrán analizarla en detalle.
Esta dificultad para el análisis e integración de las asociaciones y
proyecciones –que nos remite a la función sintética del yo-, se reflejará en
asociaciones múltiples, o varias líneas asociativas en lo que respecta a la
construcción del sí mismo y los otros en la construcción de historias, la entrevista y
respuestas a las láminas del Rorschach. Tiempos de reacción muy rápidos.
Las proyecciones de los otros son divididos en aquellos con cierto grado de
destrucción, pobreza, incertidumbre –despreciados-, que se imponen y logran por
su propio esfuerzo y “voluntad” superarse; o son ayudados y salvados por
representantes del Ideal del Yo.
Se teme al enfrentamiento de situaciones de desamparo por pérdida de
objeto y reactivación de sentimientos de culpa, sufrimiento y pena. Hay ilusión de
unidad con el objeto idealizado, poder, riqueza, potencia, absoluta independencia,
logro de identificación a partir del contacto oral y corporal con un sujeto dado
incondicional. Reparación maníaca del objeto y del yo (Grasano de Piccolo,
1977:290).
“En las estructuras psicóticas (…) está presente una refusión regresiva o
falta de diferenciación entre las representaciones del sí mismo y de los objetos. En
contraste con las estructuras neuróticas, en donde todas las imágenes del si mismo
(buenas y malas) han sido integradas en un sí mismo comprensivo, y donde las
imágenes ‘buenas’ y ‘malas’ de los otros pueden integrarse en conceptos
comprensivos de los demás, en la organización límite de la personalidad, dicha
integración falla, y tanto las representaciones del sí mismo como los objetos
permanecen como representaciones afectivo-cognoscitivas del sí mismo y de los
otros, múltiples y contradictorias.” (Kernberg, 1987:10).

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Confusión e imposibilidad de síntesis. Estereotipia de la ideación y tiempo de
reacción aumentado. Restricción yoica, dificultad de captación simbólica de la
consigna y para abandonar en la fantasía la identidad humana en el Cuestionario
Desiderativo. Reiteración de temáticas de castigo y culpa de tinte delirante. Los
otros –en el caso de los personajes-, tienen características míticas, religiosas, son
almas o espíritus percibidos como quietos, detenidos –ausencia de corporeidad y
de respuestas al movimiento: pasivos desvitalizados, automatizados, regidos por
fuerzas superiores e inmanejables-. Hay una depositación de poder mágico
omnipotente de los primitivos objetos superyoicos frente a los que el yo se
encuentra totalmente desvalido.
Los otros son altamente idealizados –con características de deidad
benevolente-, o peyorizados –con características de demonios-. El clima emocional
es de desesperanza e intensos sentimientos de culpa persecutoria delirante.
Desesperanza e impotencia. Sadismo e irrealidad. Inadecuación, irritabilidad y
pasividad negativista. Se teme el enfrentamiento con los objetos dañados, crueles,
persecutorios –demonio o la propia conciencia-. Temor al desbloqueo de los
propios impulsos agresivos, que ponen el peligro al yo con la amenaza de su
desintegración. (Grasano de Piccolo, 1977: 285).

En otro de los criterios de Kernberg que encontraremos alteraciones, es en


de las operaciones defensivas.
“En la estructura neurótica, la organización defensiva está centrada en la
represión y otras operaciones de alto nivel (…) Protegen al yo de los conflictos
psíquicos por medio del rechazo del yo conciente de una derivación del impulso, de
su representación ideacional o de ambas” (Kernberg, 1987:12). Dominan
mecanismos de formación reactiva –frente a la agresión control de la
ambivalencia-, reparación maniaca y restricción del yo –inhibición-. Bloqueo del
afecto –expresión del amor por sometimiento y del odio por desprecio-.
Identificación introyectiva patológica (Grasano de Piccolo, 1977: 281).
En las estructuras límites y psicóticas, las operaciones defensivas son
primitivas, el mecanismo de escisión predomina: protegen al yo mediante la
disociación o manteniendo activamente a parte las experiencias contradictorias del
si mismo y de los demás significantes. Estas defensas protegen al paciente límite
del conflicto intrapsíquico, pero al costo de debilitar el funcionamiento de su yo,
reduciendo por lo tanto su efectividad adaptativa y flexibilidad. Estas mismas
operaciones defensivas primitivas cuando se encuentran en la organización
psicótica protegen al paciente de mayor desintegración de los límites entre el si
mismo y el objeto.” (Kernberg, 1987:12).
En la hipomanía, escisión de los aspectos sufrientes y desvalidos, negación
de los sentimientos de necesidad, culpa y dependencia, idealización y
omnipotencia. Tendencia a negar los elementos conflictivos inherentes a los

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estímulos en las pruebas. Necesidad de evitar la reactivación de situaciones de
carencia, perdida y sentimientos depresivos realizando adiciones de color,
contexto, luz; personajes gratificantes; omisión de elementos contextuales
conectados al abandono y tristeza; distorsiones perceptuales; temas emocionales
discordantes con los estímulos.
En la melancolía, fracaso de las defensas maniacas y obsesivas fallidas –
mecanismos de anulación fallidos-, la destrucción y la depresión se imponen;
fracasando la capacidad de cotejo y test de la realidad. Identificación introyectiva
patológica: autorreproche, autoacusaciones, actitud moralista, identificación con
aspectos crueles y perseguidores del superyó primitivo. Paralización, confusión yo-
objeto persecutorio. Actitudes masoquistas. Falta de juicio de realidad. (Grasano de
Piccolo, 1977:283).

En relación un tercer criterio de diferenciación clínica (prueba de realidad)


esta se encontrará conservada, aunque con mayor o menor grado de alteración
propia del repliegue narcisistico que genera dificultades para diferenciar pasado y
presente, donde las percepciones son buenas pero hay un gran control de la
imaginación –ajuste formal en el caso de la neurosis-. Salvo en aquellos cuadros
donde subyace una estructuración psicótica, donde existe un exceso de
identificación y pérdida total de la distancia frente a las consignas, con posibles
fracasos –bloqueo o reacciones llorosas y rechazos-, asunción de conductas
abiertamente criticas y condenatorias frente a personajes –identificación con un
objeto superyoico cruel y punitivo-. Proyecciones masivas que distorsionan los
estímulos de las pruebas; pudiendo presentarse respuestas demoradas,
confabulaciones, ilusiones perceptuales, adiciones u omisiones poco habituales
ideaciones de tipo delirantes con contenidos persecutorios y altamente punitorios.
(Grasano de Piccolo, 1977:284).

Diferentes autores intentan explicar el cuadro de la depresión desde


diferentes posiciones teóricas:
Según Grinberg en la depresión, a diferencia de la angustia, el yo se
encuentra paralizado porque se siente incapaz de enfrentarse con el peligro. Por su
parte, en un gran número de casos el deseo de vivir se encuentra reemplazo por el
deseo de morir, ya que la persona se considera impotente para superar el riesgo
que lo amenaza. Este autor considera que la depresión se exterioriza mediante la
apatía, tristeza, decaimiento moral y físico, manifestándose a través de la
impotencia y la desesperanza.
La depresión y el sentimiento de culpa, el cual es su causa y síntoma
fundamental, proviene de ataques reales o fantaseados realizados por el yo contra
los demás. A diferencia de la angustia, la cual se encuentra más enlazada con el
futuro, debido a que es la respuesta frente a un peligro; la depresión estaría más

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vinculada a vivencias pasadas del sujeto. Vemos como dicho autor más afín a los
postulados de la Teoría de las relaciones objetales, le otorga al sentimiento culpa
una importancia fundamental en la descripción de estos cuadros clínicos.

Otro autor que se ha ocupado de conceptualizar la depresión ha sido


Liberman, quien plantea que las personas en general presentan día a día
oscilaciones del humor, que son expresión de estados cambiantes de un proceso
que conocemos con el nombre de autoestima. En la persona depresiva este
proceso adquiere marcada intensidad, y unida a esta, presenta un grado de
sensibilidad extrema ante dichas oscilaciones.
Las oscilaciones del humor a las que se refiere no son la de los pequeños
avatares cotidianos; sino que se remite a los avatares del proceso de identificación,
que dan cuenta del desarrollo del sentimiento de sí mismo. Estas personas están
muy a merced de estos duelos propios de los ciclos vitales, debido a que los
recursos narcisisticos no se encuentran bien integrados para el sostenimiento del
sentimiento de sí, de allí la alta dependencia de los objetos para su sostenimiento.
En términos de la Teoría de la Comunicación se puede decir que en los
depresivos la relación con los objetos externos tiene como finalidad la regulación
de los conflictos con objetos internos representantes del superyó, para lo cual
realizan inconcientemente una trasposición entre comunicación intrapersonal y
comunicación interpersonal; intercambiando la relación consigo mismo (o sea con
el superyó) por la relación con las demás personas, apaciguando al superyó cruel y
exigente, provocando alteraciones en el humor mediante la búsqueda de atención
de personas para ellos valiosas.
Según el autor, el común denominador de las situaciones que desencadenan
estos estados depresivos es la pérdida de ciertas situaciones que habían oficiado
hasta el momento como reaseguramiento externo para preservar un equilibrio
narcisista. El colapso depresivo estaría dado según dicha perspectiva a la pérdida
de: poder, bienes materiales, afecto de las demás personas, o lucha por el logro de
metas elevadas ya sea debido a factores externos o por un cúmulo de frustración
interior.
Por correlato, sostiene que las personas depresivas desarrollan ante estas
pérdidas fantasías defensivas tendientes a reestablecer el equilibrio dañado,
sentimientos de odio, humillación, y tristeza dan cuenta de la identificación del
sujeto con el objeto malo que toma represalias sobre los otros debido a lo que él
siente haber sufrido por parte de otro.
La pérdida de objeto desencadenante de la depresión según estas teorías
significa la repetición primitiva de la pérdida objetal con el pecho materno.
Desde la Teoría de la Comunicación se sustenta que mientras las personas
depresivas no están situación de colapso, coordinan bien pensamiento, imagen,
sentimiento y acción. En situaciones de colapso depresivo los sistemas verbales y

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no verbales pierden su sincronía. De ahí que se comprenda según el autor que el
depresivo conoce las palabras pero no puede pronunciarlas, o si las pronuncia se
encuentra confundido respecto de su significado; su discurso refleja un
pensamiento en “voz alta” que no se dirige a otro, no tiene como finalidad última ser
comprendido por este otro, por ende al no haber pretensión de exactitud o claridad
la baja en la energía libidinal hace que las verbalizaciones se presenten poco
claras, o poco comprensivas.
Otro rasgo característico que se menciona, es que en los depresivos se hace
presente una constante rumiación, que sustituye a la acción. Dicha rumiación altera
la percepción de sus necesidades básicas internas lo que conduce a un descuido
de situaciones vitales, volviéndose así esto, un nuevo estímulo para la depresión.

Desde una línea freudiana, Fenichel sostiene que los acontecimientos que
dan lugar a una depresión, representan o una pérdida de autoestima o una pérdida
de suministros que el sujeto consideraba que asegurarían o elevarían su
autoestima. El autor sostiene que rasgos característicos de los depresivos es la
marcada ambivalencia tanto consigo mismo como hacia los objetos y que a su vez,
se muestra una hostilidad hacia los objetos frustradores, la cual se transforma
luego en hostilidad hacia su propio yo. (Vía mecanismo de introyección).
El autor va a distinguir la depresión neurótica de la depresión psicótica,
señalando que mientras en la primera el conflicto ambivalente es entre el sujeto y
los objetos en función de los suministros narcisisticos, en las depresiones
psicóticas el conflicto ha sido internalizado y la ambivalencia no es muy neta.
Siguiendo con esta diferencia, en la depresión neurótica se hayan intentos de
obligar a un objeto a otorgar los suministros necesarios, mientras que en las
psicóticas, ya se ha producido una pérdida efectiva y las posibilidades de
regulación se dirigen al súper yo. Conviene aclarar que el superyó en la psicosis
tiene la peculiaridad de un deterioro en su integración y se caracteriza por
precursores no integrados del mismo.
En las depresiones psicóticas los intentos de restablecer el equilibrio
narcisistico perdido, por medio de la introyección de los objetos, están destinados
al fracaso. Debido al carácter sádico, la introyección es percibida como un peligro o
como culpa, y las luchas anteriormente mantenidas con objetos externos se
prolongan dentro de la persona, con los objetos introyectados. La diferencia entre
la depresión neurótica y la depresión psicótica esta dada por la regresión narcisista,
es decir que las relaciones de objeto son reemplazadas por relaciones dentro de la
personalidad, en la psicosis, la idea de objetos, y la estructura del yo, se hayan
perturbadas por la regresión a una época anterior a la instauración de yo.

Como se puede observar, en líneas generales la mayoría de los autores


coinciden en la descripción fenomenológica del cuadro depresivo, pero las

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diferencias entre ellos las encontraremos a nivel de su conceptualización sobre la
etiología, el o los síntomas que consideran fundamentales y su explicación
consecuente. En este punto, es Hugo Bleichmar, desde una perspectiva
psicoanalítica, quien hace una descripción detallada sosteniendo que si bien es
frecuente encontrar en estos cuadros la presencia sintomatológica de tristeza,
inhibición psicomotriz, autorreproches entre otras manifestaciones del cuadro, es
posible prescindir de algunas de ellas y sin embargo seguir estando en presencia
de una depresión.
Dado que este autor considera, que dichas manifestaciones no serian sino
más que consecuencias de una entidad subyacente que las explica, y es lo que él
denomina como estructura cognitivo- afectiva, en los que el afecto remite a una
clase determina de ideas y viceversa. Cuya tesis fundamental consiste en que el
núcleo común de todas las presentaciones depresivas radica en que se halla un
deseo inalcanzable que ocupa un lugar central en la economía libidinal del sujeto,
pues esta definición no basta para explicarla porque estaría describiendo la
naturaleza misma del deseo, sino que además agrega que lo esencial para que
podamos hablar de un estado depresivo es que se constituya una representación
del deseo como inalcanzable, deseo monopólico al que el sujeto se encuentra
intensamente fijado sin poder permutar ese deseo por otro, y sentimientos de
impotencia para su realización ya se presente o futura; esta es la característica
fundamental para el autor cualquiera sea la forma que asuma este cuadro o aun
prescindiendo de algunas de sus consecuencias motivacionales como abulia,
tristeza, inhibición o autorreproches.
Este deseo podrá variar en su contenido temático, en lo que constituye su
meta, y consistir, entre otros, en los siguientes tipos:
1) Deseos de satisfacción pulsional y de disminución del nivel de tensión física
y mental
2) Deseos de apego, que varían desde los más normales de estar en contacto
físico con el objeto, de compartir estados emocionales, hasta los deseos
más patológicos de fusión absoluta con el objeto.
3) Deseos narcisistas: de reconocimiento y valoración. Deseos narcisista que
van desde el orgullo de sentir que se dominan los propios impulsos, las
emociones, el funcionamiento mental, el medio circundante, o de ser amado
o apreciado, etc., hasta a aquellos que caracterizan las formas patológicas
del narcisismo: ser un self ideal de perfección física, mental o moral, recibir
admiración incondicional, tener control omnipotente sobre uno mismo o los
objetos. La no racionalización de este tipo de deseos narcisistas da lugar a
depresiones en que predomina el sufrimiento narcisista.
4) Deseos relacionados con el bienestar del objeto. Si el sujeto se atribuye a si
mismo ser el causante del daño o sufrimiento del objeto, puede sobrevenir

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una depresión en que predominen los sentimientos de culpa. (Bleichmar,
2008).
Estos tipos no son excluyentes entre si, sino que pueden superponerse o
coexistir en una misma persona.
Por su parte, Bleichmar también hace una distinción entre el cuadro y el
afecto depresivo. El primero estaría dado por estas características que previamente
hemos mencionado y su propiedad de permanencia o continuidad en el tiempo,
mientras que el afecto depresivo, que puede estar o no presente junto con el
estado, no presenta esta característica de persistencia y donde el sujeto puede
cambiar su deseo por otro.
Continúa postulando que se podrá llegar al cuadro de la depresión por dos
caminos: desde las ideas, y en dicho caso estaríamos en el terreno de las
depresiones psicógenas, y desde los afectos, vía que correspondería a las
depresiones han sido llamadas orgánicas.
Se podría entender que la depresión de causa orgánica es desencadenada
por alteraciones a nivel de los esquemas afectivos que incidirán en el surgimiento
de ideas específicas, que son las que se encuentran en la melancolía llamada
endógena. Los cuadros así clasificados corresponden a dos entidades diferentes:
1- Aquellos en los que pese a no aparecer en el relato del paciente un
factor psicológico que justifique la depresión, se lo encuentra como
elemento inconsciente.
2- Aquellos en que el análisis no encuentra como punto de partida
conflictos inconscientes que justifiquen el cuadro. Según el autor estas
depresiones muchas veces han llevado su titulo por la negativa en el
campo psiquiátrico, es decir, debido a la ausencia de entidades psíquicas
que lo justifiquen, se infiere una depresión orgánica quedando siempre la
incertidumbre por parte del profesional si ha profundizado lo suficiente en la
comprensión del cuadro.
Un reducido número de depresiones comienza por trastornos de base
material de los esquemas afectivos, las llamadas endógenas, mientras que la
mayoría lo hace por el lado ideativo. Es decir, puede suceder que estos afectos de
tristeza, desgano o enojo surjan sin que la persona sepa por qué o que no
disponga de determinadas ideas asociadas a estos afectos, o bien puede suceder
su opuesto, ideas que se encuentran en los fenómenos depresivos quedando
ausentes la génesis de determinados esquemas afectivos, o aun existiendo estos
estados puede estar bloqueada su puesta en acción.
Si estas ideas el autor las sitúa como causantes de la depresión ello se debe
a que, y recapitulando lo que dijimos anteriormente, implican una representación
que el sujeto se hace de la no realizabilidad de un deseo que alcanzaría un ideal,
por correlato se siente arruinado, fracasado, inferior o culpable.

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Por otro lado, otra distinción que algunos autores efectúan es la distinción
entre Depresión narcisista y la Depresión culposa, en la primera el sujeto siente
que en vez de ser el yo ideal, es el negativo de éste. Significando para el sujeto
que si siendo el yo ideal tiene el amor del objeto externo y del superyó, no serlo
adquiere el sentido de perder el amor de uno y otro, y por lo tanto, la no realización
de un deseo de amor. De ahí la depresión.
En la depresión culposa –consecutiva al sentimiento de que se ha atacado
al objeto y se lo ha dañado- se da también el hecho de que se sienta perdido al
objeto de amor -por estar dañado- y además se viva como perdido el amor que
podría brindar el objeto externo y el superyó, ya que se es agresivo.
Depresión con sentimientos de culpabilidad o depresión puramente
narcisista, en cualquiera de las dos hay un deseo que se siente como irrealizable:
bienestar del objeto más un sentimiento de valía moral del sujeto-depresión
culposa- o deseo de identificación con el yo ideal-depresión narcisista.
En el neurótico se siente como inalcanzable su anhelo de ser el yo ideal ante
los ojos de él mismo y de los demás, o sea, se siente no amado por su superyó y
los personajes externos; el psicótico melancólico, llevado por su convección
delirante, cree inalcanzable el anhelo de bienestar para sus seres queridos y de ser
él, a su vez, digno de amor por su bondad. Todos estos individuos, afectados de
depresión, cualquiera sean las diferencias que se presenten, sienten que algo se
ha perdido.

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NOCIÓN DE DUELO

Teniendo en cuenta los aportes de diferentes autores se puede decir en


líneas generales que el duelo es un proceso que ocurre constantemente a lo largo
de la vida, desde el nacimiento hasta la muerte. Según Liberman el primer año de
vida donde ocurren los primeros procesos de duelo como el nacimiento y el
destete, será fundamental para poder elaborar duelos en adelante. Para Freud este
proceso es un fenómeno normal y le dio el nombre de “trabajo de duelo”.
Si se ha dicho entonces que para la mayoría de los autores la pérdida de
objeto, es la condición de depresión, y hemos postulado además, siguiendo a Hugo
Bleichmar, que la imposibilidad de realización de deseo constituye el cuadro
depresivo, basta considerar qué relación se guarda con ese deseo y cuál es la
peculiaridad de la relación con ese objeto para que dicha pérdida se constituya en
la esencia misma de estos cuadros. Esto no hace más que remitirnos a los escritos
de Freud quien en “Duelo y Melancolía” fundamenta los mecanismos sobre los
cuales se lleva a cabo el duelo, haciendo una distinción entre éste, el duelo
patológico y la melancolía.

Según Freud el duelo es la reacción frente a la pérdida de una persona


amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la libertad, un
ideal, etc. Considerando que no necesariamente el objeto tiene que estar realmente
muerto sino que basta con que se haya perdido como objeto de amor. Freud
sostiene que a pesar de que el duelo produce grandes perturbación en la vida del
sujeto, no se considera un estado patológico, sino un afecto normal que cesará
cuando la libido se encuentre otra vez libre para poder investir a otros objetos,
culminando así el trabajo de duelo. Pero aclara que en algunas personas en vez de
observarse el duelo, se produce por una disposición enfermiza, una melancolía.
La melancolía comparte grandes características con el duelo como la
desazón profundamente dolida, la cancelación del interés por el mundo circundante
en todo lo que no recuerde al objeto, la pérdida de la capacidad de amar y la
inhibición de toda productividad pero se diferencia del duelo en este punto: existe
en ella una rebaja del sentimiento de si que se exterioriza según Freud en
autorreproches y autodenigraciones y se extrema hasta una delirante expectativa
de castigo. En el duelo normal no existe tal perturbación del sentimiento de si. En el
duelo el mundo se ha vuelto pobre y vacío, mientras que en la melancolía esto le
sucede al yo.
La melancolía toma prestados una parte de sus caracteres al duelo, y la
otra parte a la regresión desde la elección narcisista de objeto hasta el narcisismo.
Por un lado, como el duelo, es reacción frente a la pérdida real del objeto de amor,
pero además depende de una condición que falta al duelo normal o lo convierte,

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toda vez que se presenta, en un duelo patológico. La pérdida del objeto de amor es
una ocasión privilegiada para que salga a la luz la ambivalencia de los vínculos de
amor. Y por eso, cuando preexiste la disposición a la neurosis obsesiva, el conflicto
de ambivalencia presta al duelo una conformación patológica y lo fuerza a
exteriorizarse en la forma de unos autorreproches, a saber, que uno mismo es
culpable de la pérdida del objeto de amor, vale decir, que la quiso.

Fenichel, siguiendo las conceptualizaciones freudianas, sostiene que el


duelo se compone de dos pasos: el primero consiste en llevar a cabo una
introyección, el segundo en poner fin a la “ligazón” con el objeto introyectado.
Según este autor, el duelo se convierte en patológico cuando la relación de
la persona con el objeto perdido ha sido extremadamente ambivalente. En este
caso la introyección adquiere un significado sádico. La incorporación del objeto
representa no sólo un intento de conservar el objeto amado, sino también un
intento de destruir el objeto odiado. Sucede así que cuando un significado hostil se
halla en primer plano, la introyección creará nuevos sentimientos de culpa.
Según el autor todo caso de muerte tiene probabilidades de movilizar la
ambivalencia. El fallecimiento de una persona a quien por alguna razón
previamente se le había deseado la muerte puede ser sentido como la realización
de ese deseo. Así el proceso se da con una introyección ambivalente del objeto
perdido, unidos a sentimientos de culpa, por sentimientos que alguna vez fueron
dirigidos hacia el objeto. Este autor, retomando a Freud, aclara que el proceso de
duelo no se debe limitar al caso de una pérdida por fallecimiento, sino que también
es válido en el caso de una pérdida imaginaria.
En determinadas ocasiones la necesidad narcisistica y los conflictos que
giran alrededor de la introyección, en una persona que está de duelo, serán más
intensos de lo usual. Este será el caso si:
a) el objeto perdido no ha sido amado en un nivel maduro, sino utilizado
como un proveedor de suministros narcisisticos.
b) si la previa relación con el objeto ha sido ambivalente; y
c) si la persona tenía una fijación oral y tuvo vehementes deseos
inconscientes (sexualizados) de “comer”.
Estos tipos descritos como predispuestos al desarrollo d una depresión,
reúnen las tres características citadas: una necesidad narcisistica aumentada, una
ambivalencia aumentada y una oralidad aumentada.
Por lo tanto, según Fenichel, el duelo se caracteriza por una introyección
ambivalente del objeto perdido, la persistencia, en relación a los objetos
introyectados, de sentimientos que alguna vez fueron dirigidos al objeto y la
participación de sentimientos de culpa a lo largo del proceso.

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Desde la Teoría de la Comunicación, Liberman sostiene que todo sujeto en
el transcurso de su vida debe aprender a abandonar cosas, y para ello requiere de
un proceso bastante complicado, llamado: duelo.
Sostiene que la palabra “duelo” etimológicamente significa “lucha”, es por
eso que se lo puede considerar como algo dificultoso, aún en aquellos casos mejor
elaborados. Dirá que hay una verdadera “lucha interior” por despegarse de la
representación de la persona amada, por asimilar sus partes buenas y atacar sus
partes malas, para por fin poder desprenderse. Dicha pérdida debe ser
favorablemente elaborada para que el sujeto resulte enriquecido con dicha
experiencia y a la vez pueda discriminar todos los aspectos malos de la relación
vivida con dicho objeto.
Según este autor, las características del duelo infantil serán el modelo de
todos los duelos en adelante y su no resolución será la que configure todos los
fenómenos depresivos. El “yo” al nacer, está muy inmaduro e indefenso. El hambre
puede ser vivida de dos maneras: como objeto bueno (en ese caso, el niño tendrá
apetito); y como objeto malo, por conflictos internos (sentirá como una tensión, un
malestar, por lo tanto habrá tendencia a bostezar, al malhumor, a la irritabilidad y a
la agresividad). Los mecanismos defensivos que utiliza el yo en ese momento son
muy rudimentarios (alucina el pecho, negando el malestar), es por ello que
fracasan. Más adelante el niño podrá unificar esos objetos, dándose cuenta que la
madre tiene un cuerpo total, el cual en algunos momentos lo gratifica y en otros, lo
hace sufrir.
Para que este proceso normal sea entorpecido se tienen que dar dos
elementos: uno de ellos, es una frustración exógena muy grande, y el otro, la
presencia de elementos constitucionales muy fuertes.
El duelo se asemeja a una despedida interna, en la cual no sólo se reconoce
lo bueno del objeto, sino también que se le reprocha lo malo. Se debe incorporar al
objeto, para rememorarlo, recrearlo, para poder aceptar la pérdida, lo que permitirá
luego ir en busca de otros objetos. Esto sería la solución normal. Sin embargo,
cuando el yo no se encuentra preparado, se da una situación de pánico, en donde
queda inmovilizado el objeto dentro del aparato psíquico. Esta situación puede
precipitar una crisis melancólica. Por lo tanto, se podría entender a la depresión
melancólica como una brusca privación de autoestima, la cual no ha encontrado al
“yo” bien preparado para cicatrizar correctamente, quedando de este modo un
estado de tensión y de malestar interior, que se asemeja al del yo indefenso
cuando era amenazado por perseguidores internos.

Siguiendo a Hugo Bleichmar, quien sostiene que la inhibición por pérdida de


objetos no es simplemente la falta de la motivación de acercamiento a ese objeto,
sino también esta misma falta de motivación hacia otros objetos, otros intereses; se
puede decir que la inhibición depresiva no se restringe al objeto perdido sino que

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se extiende a todos los demás objetos, debido a que el deseo respecto del objeto
perdido llena todo el horizonte mental del sujeto que no puede sino girar en torno a
él. Hay una fijación del sujeto a ese deseo y por lo tanto lo siente como irrealizable.
De estos postulados, se desprende que la inhibición depresiva se da a partir
de la convergencia de dos variables: la primera, de que haya o no expectativa de
recuperar el objeto perdido, y la segunda, del grado de fijación, es decir, de la
posibilidad o imposibilidad que tenga el sujeto de pasar a otro objeto.
Teniendo en cuenta estas dos variables antes mencionadas, se pueden
observar los distintos desencadenamientos de esa pérdida. Por un lado, si la
fijación a un objeto no es grande y la expectativa de irrecuperabilidad en cambio es
enorme (se siente al objeto como irremediablemente perdido), la inhibición será
pequeña. Esto quiere decir, que el sujeto al perder el objeto y al no estar tan fijado
a ese mismo, estará en condiciones de pasar a otro objeto sin mayores dificultades.
En cambio, cuando la fijación es grande pero la expectativa de irrecuperabilidad es
mínima, constituye el primer tiempo de la pérdida de objeto, mencionado
anteriormente. En este momento el objeto no está todavía constituido como perdido
(como irreversiblemente ausente), por lo tanto, se intentará recuperarlo. Aquí
tenemos el primer momento de la pérdida y se le da el nombre de depresión
agitada. También en este momento proviene la desesperación y se podría decir
que se está a mitad de camino de construir al objeto como perdido. Por último,
cuando se ha perdido la esperanza de recuperar al objeto, aparece la inhibición,
como un segundo tiempo.

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LA PRODUCCIÓN EN LAS TÉCNICAS GRÁFICAS Y VERBALES

Siguiendo a Grassano de Piccolo pasaremos a mencionar los distintos


indicadores que se hacen presentes en los cuadros depresivos tanto en técnicas
gráficas como verbales.
La autora nos ofrece un recorrido detallado del cuadro depresivo en
personalidades neuróticas como en la melancolía y en la hipomanía.
A grandes rasgos, pero no olvidando que cada caso presenta siempre su
peculiaridad, podría decirse que el trazo en los gráficos realizados tanto en los
depresivos neuróticos como en los melancólicos tienen la características de ser
débiles, inseguros, cortos, inhibidos y vacilantes. Mientras que en las
presentaciones hipomaniacas se observa frecuentemente una tendencia a efectuar
trazados más bien fuertes y gruesos.

En lo que refiere al H.T.P. los dibujos tienden a ser desvitalizados.


Particularmente el gráfico de la casa se presenta generalmente simple, vacío,
dando la idea de un ambiente inhóspito y frío, con falta de caminos de accesos en
algunos casos. Por su parte, en los casos de hipomanía puede observarse un
mayor énfasis en puertas y ventanas.
En lo que respecta al árbol también comparte con el anterior su aspecto
desvitalizado, aunque habitualmente en los casos de neurosis y de melancolía su
tamaño suele ser más bien pequeño mientras que en la hipomanía tienden a ser
más grandes con una mayor utilización del papel.
Por otra parte, la realización de la figura humana se presenta con mayores
variaciones según el caso, pero se comparte su acentuación en la realización del
rostro y el tronco. En el caso de las neurosis depresivas y las melancolías las
personas se perciben estáticas, sin vida o con actitud pasiva, sin fuerza, débiles,
inseguras y con expresión de tristeza, cuando no opera un mecanismo maníaco
compensatorio, en este último caso suelen hallarse sonrisas exageradas. El
tamaño de los mismos suele ser variable, en el caso de la hipomanía puede haber
un mayor predominio de producciones grandes, y cuyo aspecto suele ser triunfal o
con sonrisas forzadas.

En cuanto al Cuestionario Desiderativo en las neurosis depresivas la


diferencia entre las catexias positivas y negativas está marcada por la polarización
de elecciones basadas en la bondad y la maldad. En cuanto al estilo de
verbalización a veces se escucha una pérdida de la distancia emocional con el
símbolo escogido, así el sujeto responde en primera persona bajo la forma “yo
sería” o “yo haría”.

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Según la autora las cualidades fuertemente valoradas por estos sujetos
responden a la elección de símbolos sobre la base de:
- objetos elegidos que contienen dentro de sí aspectos buenos u objetos
buenos
- el símbolo elegido connota en sí mismo lo bueno, lo no dañino
- aquellos que están en contacto o dentro de (personas o continentes para
ser, o porque así son cuidados, protegidos).
Mientras que la elección de objetos negativos se da sobre la base de:
- objetos que pinchan, muerden, destruyen, envenenan
- objetos que hacen daño a otros

Por otra parte, el tipo de verbalización que se encuentra en la melancolía


es pobre, escueto, con pausas marcadas y una actitud pasiva, sometida y
autodesvalorizada. Según la autora se puede producir una reiteración de las
mismas racionalizaciones en distintas elecciones, o la estereotipia de contenido,
que es usada para reiterar ideas delirantes sobre la bondad y la maldad. Los
símbolos elegidos por estos sujetos tienen la característica de ser objetos pasivos
carente de vida propia y de movimiento, o personajes religiosos que carecen de
corporeidad y por lo tanto de “maldad instintiva”, o cualidades abstractas como “la
bondad”, “lo blanco” o “lo puro”. Dichas elecciones evitan incluir cualquier tipo de
vivencia emocional o de contacto corporal por parte de estas personas.
Mientras que los objetos altamente rechazados son aquellos que simbolizan
lo violento, destructivo o desintegrante (cáncer, bombas, armas de fuego),
abstracciones del tipo “maldad”, “enfermedad”, “diablo” u objetos que simbolizan la
destrucción del mundo interno o la disminución de la autoestima.
Por último, en la hipomanía se enfatiza sobre los aspectos vitales de los
objetos, su capacidad de ser alegres o alegrar, ser fuente de vida o alimento. La
elección de estos símbolos se basa en sus propiedades de ayudar, alegrar a otros,
por su cualidad de ser simpáticos o divertidos, o porque están en permanente
moviendo (mariposa, picaflor). Los objetos idealizados son objetos enteros,
completos, perfectos en su forma o estructura; mientras que los rechazados son
aquellos rotos, despedazados, sucios, críticos o que necesitan de otros para
sobrevivir. De aquí se comprende el par de cualidades disociadas, por un lado el
autoabastecimiento y control en contraposición al desamparo, la necesidad y el
sometimiento.

En lo que refiere al Test de H. Phillipson, en la depresión neurótica y


teniendo en cuenta la percepción que el sujeto hace de la situación de la lámina, se
puede observar una lentificación e inhibición de las funciones mentales y de la
acción, así también como una estereotipia de la ideación. También se puede
observar la presencia de un retardo de los procesos tanto perceptivos como

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asociativos, en los cuales se puede notar bloqueo, lentitud, pocas respuestas,
escasas asociaciones, pobreza del estímulo. También puede aparecer el énfasis
centrado en algún personaje de tipo humano con alguna emoción proveniente de
los datos de la realidad. Así como también, presentan dificultad para interrelacionar
los distintos personajes, tratando de unirlos a través de una emoción en común.
Estos son vistos con una actitud pasiva, como quietos, sin movimiento espacial, no
se observa ningún esfuerzo activo motor e intelectual para resolver un conflicto.
Pueden aparecer personajes desvitalizados, sin identidad, sin cuerpo y una falta de
vinculación entre ellos. Se acentúan sólo los sentimientos de soledad, de tristeza,
de desesperanza, entre otros de este tipo.
En relación a la estructura de la historia, se puede observar cuando la
depresión es clínica que las historias son cortas, incompletas, vagas,
estereotipadas. Cuando se trata de un cuadro depresivo, sin embargo, las historias
pueden ser largas, dramáticas y muy centradas en sus propios sentimientos.
Generalmente hacen una asociación a partir de la lámina con recuerdos propios,
los relatan y se entristecen. Aquí se puede notar una pérdida de la distancia
emocional. También se puede observar una dificultad para diferenciar entre pasado
y presente. El pasado parece pesar mucho sobre el presente, generalmente no
desarrollándose de este modo el futuro, quedando suspendido, a la espera. En la
explicación del conflicto, generalmente hay un estado de ánimo central (triste,
preocupado) pero no una explicación clara del porqué.
Se puede decir que las percepciones en general son buenas, aunque
presentan un gran control de la imaginación y dificultad para integrar lo perceptual
debido a las dificultades de síntesis (duelo patológico).
En lo que respecta a la tonalidades y colores, tienden a dar respuestas
simbólicas del claroscuro y en algunos casos del color, las cuales hacen referencia
a estados emocionales del presente, pasado o futuro. Las zonas claras se
relacionan o asocian con sentimientos de esperanza, pureza, etc. y con objetos
buenos e idealizados que aceptan al sujeto y lo salvan de estados afectivos
dolorosos (Dios, iglesias). Las zonas oscuras representan agobio, tristeza y
desamparo, un pasado oscuro, sentimientos que pesan en su personalidad. El
color rojo, por lo general es omitido, pero cuando es integrado, hace alusión a la
violencia o crueldad. En relación a las tonalidades azules y marrones pueden
indicar ambientes fríos y tristes. En general omiten explicitar el color o el objeto de
color, y si lo mencionan, tienen dificultad para integrarlo en la historia, es decir, no
entienden su presencia, no saben qué es. Esto da cuenta de un bloqueo afectivo,
en especial de la agresión.
Teniendo en cuenta este interés que tienen en el contexto, se relaciona con
la preocupación central en la depresión, que es la búsqueda de indicios en el
mundo externo acerca de si son queridos, aumentando de este modo los
sentimientos de autoestima; o si por el contrario, no son queridos, provocando

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sentimientos de minusvalía y disminución de la autoestima. Otro fenómeno de la
depresión es la pérdida de distancia emocional respecto de la lámina. El sujeto se
ve, se reconoce a sí mismo, aunque por otro lado, sabe que esto no es así. Esto
trae aparejado reacciones emocionales intensas (llanto) o por el contrario bloqueos
defensivos. Esto se debe a la dificultad que aparece en este cuadro, de lograr una
adecuada diferenciación entre el yo y los objetos externos, y sobre éstos y el
superyó. Por lo tanto la lámina es confundida con partes del yo y con objetos
internos.
En la melancolía, como diferencia central con respecto a la depresión, se
encuentra: un fracaso de las defensas maníacas y obsesivas adaptativas
(mecanismos de anulación fallidos); distorsiones perceptuales groseras, ilusiones
perceptuales. Respuestas confabuladas. Los personajes son enteros, pero sin
corporeidad humana (Dios, Diablo, espíritus, almas); estereotipia de la ideación.
Reiteración de temas, castigo y culpa; sentimientos de culpa delirantes; pérdida
absoluta de distancia frente a las láminas. Predominio de identificación proyectiva
masiva, que borra las características reales del estímulo.
En relación a la percepción de la situación de la lámina, se observa una
lentificación en cuanto al tiempo de reacción, repetición del mismo contenido en las
distintas láminas, exceso de identificación (pérdida de distancia con la lámina),
personajes con ausencia de corporeidad y movimiento, conductas moralistas, falta
de juicio de la realidad, verbalizaciones demoradas y confabulaciones, ilusiones
perceptuales, adiciones y omisiones, bloqueo-falta de asociaciones.
En relación a la gente incluida en la historia, pueden aparecer tres tipos de
personajes: los primeros son pasivos, desvitalizados, automatizados, no tienen
cuerpo ni movimientos propios, regidos por fuerzas superiores. También pueden
aparecer personajes divinos, poderosos, que tienen en sus manos la vida de los
hombres. Y el tercer tipo, se trata de personajes en ruinas, destruidos, torturados
por pecados. El clima emocional es de desesperanza, culpa persecutoria, sadismo
e irrealidad. Hay una búsqueda de perdón frente a objetos todopoderosos que
reprochan y juzgan, pero no es conseguido.
Por otro lado, hay un intento permanente de control de la agresividad pero
este es fallido. En cuanto a las defensas son del tipo maníacas y también fallidas
(depresión y destrucción se oponen), hay un fracaso de los mecanismos obsesivos
adaptativos y por último una identificación introyectiva patológica: autorreproches,
actitud moralista, suicidio (identificación con aspectos crueles y perseguidores del
superyó primitivo). La actitud yoica se encuentra paralizada, hay una confusión yo-
objeto persecutorio, actitudes masoquistas, falta de juicio de la realidad,
sentimientos de culpa delirantes, confusión e imposibilidad de síntesis.
En cuanto a la estructura de la historia, las descripciones son monosilábicas,
se encuentran reacciones agitadas y llorosas, una reiteración de los mismos temas.
Los personajes viven en un clima de irrealidad donde no hay delimitaciones ni

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espaciales ni temporales. Hay una falta de concepción de la temporalidad, el
tiempo es vivido como un largo estado emocional doloroso. Es un tiempo infinito,
un pasado doloroso que se extiende al presente sin demarcación clara de pasado,
presente y futuro.

En cuanto a la hipomanía, en la percepción de la situación de la lámina, el


tiempo de reacción es muy rápido y hay un alto número de asociaciones, aunque
dificultad de síntesis e integración. Hay una buena percepción de la situación total
pero dificultad de analizarlas en detalle. Debido a que necesitan evitar la
reactivación de situaciones de carencia, pérdida, sentimientos depresivos, etc.,
realizan adiciones, omisiones y distorsiones. Hay un shock al claroscuro, huyendo y
apoyándose en las zonas claras de las láminas.
En relación a los personajes en la historia, éstos luchan por mantenerse
indemnes afectivamente frente a situaciones de pérdida y dolor. Las situaciones de
depresión que imponen, se esclarecen en forma mágica y rápida. Los personajes
se dividen en personas que son despreciadas pero que se imponen y logran por su
propio esfuerzo y voluntad superarse o son ayudados y salvados por personajes
poderosos. Los personajes tienen permanente movilidad física y de búsqueda, en
situaciones confortables como de relaciones interpersonales y lugares. La
movilidad es central y a veces excede los márgenes de la lámina.
En la estructura de la historia, se puede observar una evasión, negación del
problema planteado. Debido al monto de ansiedad y evitación reiterada de la
depresión, el ritmo de la historia es rápido, pero no hay coherencia entre
asociaciones (“se van por las ramas”). Las zonas oscuras implican la sensación de
agobio y tristeza (como en la depresión) es por eso que huyen hacia zonas claras,
para desarrollar historias más alegres. Al igual que las zonas vacías, sin personas,
los inundan de tristeza, por ello surge la necesidad de llenar la lámina con
personajes o elementos adicionales. Estos sujetos, en relación a la temporalidad,
tratan de huir del presente, no se detienen demasiado en él, omiten el pasado o lo
describen brevemente y huyen hacia un futuro ideal en el que todo tiende a
resolverse. En cuanto al conflicto, puede aparecer implícito, o se lo explicita y luego
se lo niega. Es una manera de borrar las implicaciones emocionales del conflicto a
través de la negación y la omnipotencia, recuperando de este modo el estado de
equilibrio psíquico.

19
LA PRODUCCIÓN RORSCHACH

Introyección y proyección, según Melanie Klein, son dos mecanismos


psíquicos que funcionan desde el comienzo de la vida, primeras actividades yoicas.
Mediante la introyección, los objetos del mundo externo, son experimentados como
tales, y además llegan a formar parte del mundo interno introduciéndose en el Self.
La proyección, en cambio, implica la capacidad para atribuir a otros cercanos
sentimientos de diversas clases, entre los que van a predominar el amor y el odio.
Será el doble proceso introyección-proyección, el que contribuye a la
interacción entre factores internos y externos, lo cual es algo que se mantiene a lo
largo de toda la vida. De este modo, la percepción de la realidad, jamás se libera
por completo de la influencia del mundo interno.
De acuerdo a lo postulado por Klein, toda conducta debe ser entendida
como vínculo, porque está siempre ligada a un objeto, contiene “Es la acción
combinada de la introyección y la proyección, la que explica la transformación de
una parte del Ello en Yo, de modo que, toda perturbación de este interjuego
conduce a una falla en el desarrollo”. (Klein; 1971:122). En el caso de un estado de
intensa depresión (la cual implica una regresión a la fase oral del desarrollo), se
puede ver como las fantasías sobre el objeto introyectado comprenden un
elemento de “yo”, y cuan fluidos son los sentimientos sobre lo que es “yo” y lo que
es objeto. El análisis de estos estados da un cuadro de las oscilaciones entre el yo
y los objetos, internos y externos. (Klein; 1971:134).
Del funcionamiento y devenir de estos dos mecanismos psíquicos
primordiales, dependerán las características del grado de integración de la
identidad y las relaciones objetales; y el tipo de operaciones defensivas que las
conformen. Como ya mencionáramos, el tipo de mentalización que el sujeto pueda
realizar será decisivo para lo que pueda desplegar a nivel defensivo en relación al
estímulo Rorschach. Si bien es cierto que no hay indicadores patognomónicos de la
depresión para dicha prueba, por ser este un cuadro; encontraremos sí,
determinados indicadores cuantitativos que se darán con una alta frecuencia.
El primero de ellos es el fenómeno especial de desvitalización. Consiste en
que a una respuesta H o A, que en un principio tenía asignadas características
vitales, en un segundo momento le son quitadas. Las características vitales no
necesariamente son explícitas o incluyen el determinante del movimiento
proyectado por el sujeto.
Passalacqua señala que este fenómeno se presenta en protocolos donde
hay angustia y/o depresión; especialmente en personas fóbicas que desvitalizan los
contenidos como forma de controlar el miedo. Como así también en personas
deprimidas e inseguras. Dirá que es un fenómeno indicador de defensas por
aislamiento. Según Schafer, se refiere a la fragmentación de la experiencia que

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puede mantener separadas ideas que están unidas emocionalmente; como así
ideas y sus afectos correspondientes. La desvitalización busca aislar el impulso
amenazante del Ello del cual deriva la carga emocional perteneciente a la idea
desplazada o reprimida.
En el caso de la depresión, la hipótesis interpretativa en relación a este
mecanismo defensivo, está en relación a la quita del afecto que es desplazado
catectizando el yo. A diferencia de lo que ocurre en el aislamiento más
característico de la neurosis obsesiva, hay una introversión de la libido, por eso el
mundo pierde vida, pierde movimiento.
Lunazzi, llevando a cabo una aproximación a la problemática Rorschach,
advierte que a la hora de evaluar el establecimiento de relaciones objetales
maduras en los sujetos, será importante entre otras cuestiones, atender a la
capacidad de expresar los afectos, lo cual implica un control maduro de los
impulsos, además de haber arribado a una tolerancia a la frustración y ansiedades
concomitantes y el logro de una adecuada y flexible adaptación a la realidad.
Advirtiendo que por adaptación a la realidad no es sólo ausencia de distorsiones de
la percepción, sino que además es preciso evaluar la rigidez, flexibilidad, amplitud,
profundidad, superficialidad, etc., del vínculo con los demás y con el mundo
exterior.
Este tipo de modalidades conductuales, la autora explica, pueden verse
reflejadas en los distintos tipos de respuestas al Color en el Rorschach. Puesto
que de acuerdo a lo que indica la autora, las respuestas al Color, reflejarán
aspectos de la organización perceptual, mental, y debido a que se relacionan
específicamente con la resonancia afectiva y su manejo en la conducta manifiesta,
la relación Color-afecto, debe ser considerada como un aspecto especial, dentro de
un fenómeno más general. Los colores dan vida, tibieza, expresión y cualidades
sentimentales a las escenas. Aluden entonces, a un circulante vital y expresan la
capacidad de dejarse afectar y al mismo tiempo reconocer los fuertes impactos
sensoriales y emocionales presentes en las láminas, manifestándolo
simbólicamente en la construcción de una respuesta al estímulo Rorschach.
La autora citará a Schantel, quien ha trabajado acerca de la relación entre
color y afecto en las diferentes lenguas. Y lo que este autor evidencia es que a
través de una investigación etimológica de la palabra “afecto”, lo que esta expresa
es la pasividad del sujeto, quien es movido o afectado. El autor dirá, el sujeto no se
mueve, es movido, el no hace, se le hace, el sujeto “es tocado por la piedad,
capturado o aprisionado por la rabia, es dominado por el enojo”. En relación a esto,
Lunazzi explica que psicoanalíticamente, esta pasividad del sujeto frente a los
afectos, es posible de ser comprendida, en relación al Yo. Puesto que será
resultado del “éxito” del “trabajo” del Yo frente a la demanda o impacto emocional,
que la experiencia de pasividad sea extrema con fuerte invasión afectiva y
descarga, o que en vez se halle un “manejo” adecuado de la respectiva respuesta.

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Ejemplificando posibles conductas frente al estímulo de Color, se describe a
la conducta “racional”, la cual indica una evitación defensiva con un fuerte control
represivo del Yo. Luego otra posible conducta será, la pasividad o la actividad del
Yo. En el caso de la pasividad lo que se encontraría sería una invasión afectiva y
descarga emocional masiva, un ejemplo de lo que podría acontecer en una
Situación Rorschach, es el rechazo a producir respuestas. En el caso de la
actividad del Yo, lo que será posible hallar, es la recepción seguida de “manejo” del
impacto emocional. Una respuesta de este tipo en una Situación Rorschach, es
aquella en donde el Yo del sujeto, pueda llevar a cabo una integración del afecto y
la idea que pretende transmitir. Así, la Actividad y Pasividad del Yo, se refieren en
especial a una de las más importantes Funciones yoicas vinculadas a la regulación
y control de los impulsos afectos.
Lunazzi indica que en la experiencia del afecto, el color y el funcionamiento
del Yo, la aparición del color, como demanda en las situaciones interpersonales,
muestra congruencia dinámica en la Situación Rorschach, con el manejo de los
afectos y el estado del Yo para realizar la recepción y manejo de dicha demanda.
Indica además que la Pasividad o la Actividad del Yo, depende de los medios de
ajuste del Yo. Y también, que el funcionamiento de Yo, mostrará el estado de los
procesos de pensamiento, prueba de realidad y juicio, y el estado de las relaciones
interpersonales u objetales, clase de relación y compromiso con los otros,
relaciones que se hallen fijadas sobre pautas arcaicas e inconciente o más
conciente y actuales, relaciones donde prime, o no, la percepción de los otros como
entidades separadas y que incluyen o no, tolerancia a la ansiedad y hostilidad
provenientes del objeto.
Las respuestas al color se hallan ausentes en las depresiones psicóticas, y
en las depresiones neuróticas son escasas; en tanto la depresión se caracteriza
por una disminución de la energía psíquica circulante y una importante
descatectización del mundo externo. Sin embargo es importante lo que la Dra. Vera
Campo remarca que la ausencia de color cromático es menos frecuente, llama
mucho más la atención y tiene mayor implicancia psicológica y diagnóstica que la
ausencia de Color Acromático.
En relación a las respuestas acromáticas, Lunazzi señala que las mismas
parecieran estar asociadas a formas de experiencia emocional amortiguadas, a
reacciones emocionales reprimidas, sofocadas, ahogadas, que no osan
manifestarse. Por ello pueden considerarse representantes de modalidades de
expresión, donde lo que acontece es una restricción afectiva. Advierte que además
son un reflejo de cautela a efectos mórbidos vinculados también a depresión,
disforia (gris y negro) o a intentos de negar maníacamente tales afectos (blanco).
Este tipo de respuestas se relaciona con la idea de ansiedad, que se
caracteriza por una falta de sostén, una severa desintegración del lugar seguro en
relación al medio y a los otros.

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Implica reacciones menos diferenciadas y más regresivas que las
respuestas al color cromático, reflejando un tono emocional relacionado con la
angustia depresiva. Por eso es esperable que este tipo de respuesta prime en
cuadros depresivos en relación al color cromático. Sin embargo, tal amortiguación –
según Vera Campo retomando a Oberholzer-, correspondería en realidad a la
ansiedad persecutoria que es la que no permite la libre expansión afectiva, y no
necesariamente a la depresión. La C’ hablaría de una actitud defensiva
generalizada que oscila entre los polos paranoide y depresivo. No se trataría sólo
de una disminución de la capacidad de respuesta emocional, sino otro tipo de
respuesta. Dichas vertientes, son ansiedades y afectos a menudo coexistentes o
alternantes en los estados depresivos. Alternancia entre tristeza y mal humor, pena
y culpa que persigue –autorreproche-, duelo por, y odio hacia el objeto que
abandona.
Cuando hay un predominio de respuestas acromáticas sobre las respuestas
al sombreado, implica un proceso perceptual mas primario, inmediato y de menor
nivel de estimulación que cuando si se lo utiliza en sus diferentes tonalidades
construyendo conceptos que aludan a perspectiva, textura, cualidades de
superficie.
Por otro lado, Vera Campo indica que la ausencia total de respuestas de
color acromático en pacientes melancólicos por ejemplo, parece tan significativa
como el exceso de ellas en cualquier protocolo.
Otra observación importante en relación a este indicador es que, no
necesariamente el color acromático es patognomónico para el diagnóstico
diferencial de los cuadros depresivos, porque el determinante condiciona al
contenido y viceversa. Un mismo contenido tendrá diversos significados según el
cuadro en el que esté inserto. Recordando además que este tipo de respuestas se
encuentran ausentes en las depresiones psicóticas. Lo que sería predominante
para el diagnóstico diferencial de la depresión son las respuestas de tipo MOR.
Los contenidos mórbidos son característicos en las producciones
Rorschach de los cuadros depresivos, y es necesario poder diferenciarlos de los
contenidos desvitalizados. Contenidos rotos, destruidos o con temas de ruina, que
pueden ser considerados expresión del mecanismo de introyección. Que no
siempre, aunque muy a menudo si lo hacen, acompañan a las desvitalizaciones.
La incorporación de objetos parciales destruidos, dañados, característica de
este cuadro, se refleja a través de estos contenidos: modo en que el sujeto se
percibiría a sí mismo; y el estado en el que queda el Yo: vacío, empobrecido, etc.
Contenidos que se encontrarán a lo largo de todo el proceso psicodiagnóstico, no
sólo en esta técnica.
Según el sistema comprensivo de Exner, se utiliza la clasificación contenido
mórbido cuando en una repuesta el objeto se caracteriza por la identificación de un
objeto como muerto, destruido, arruinado, estropeado, herido o roto; o por la

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atribución a un objeto de sentimientos o características disfóricas. Es importante
aclarar que estos contenidos dañados son tales por haber sufrido un deterioro; no
tanto por lo grotesco o violento. Esta clasificación se la relaciona con estados
depresivos graves.
Tanto en los contenidos MOR, como en la desvitalización, estos fenómenos
no se dan por lo conflictivo de la afectividad como en la neurosis. Lo que se
proyecta es el yo dañado del sujeto, que tiende a lo mortífero. En el caso de los
contenidos MOR, se proyecta el daño experimentado directamente en el yo, por las
pulsiones agresivas. Y en segundo, es la desvitalización de los objetos como
consecuencia del repliegue narcisístico. En el caso Soledad, puede verse como en
la respuesta IV del Rorschach, se observa desde el principio operando la defensa
de desvitalización. Recién en el interrogatorio se devela el contenido siniestro del
cual ella se defiende.

En cuanto al discurso, en esta prueba se observan las mismas


características que Liberman aborda de manera general sobre este cuadro. Puede
observarse una actitud particular frente al examinador. Se establece entre ellos una
relación transferencial donde la persona depresiva es exigente y sensible, sin
embargo pueden observarse actitudes de sumisión.
El paciente muchas veces no logra una objetividad para comprender las
afirmaciones provenientes del psicólogo contenidas en la interpretación. Esto lleva
a sostener que el sujeto carece de un Yo observador solidario con los propósitos
terapéuticos. Estos sujetos proyectan su Súper Yo sobre el terapeuta. Ocurren así,
en esta relación transferencial, fenómenos emotivos y afectivos cada vez que esta
relación bipersonal es equiparada por el paciente con lo que ocurre dentro de su
propia persona.
En cuanto a la reacción de la prueba, como ha sido mencionado
anteriormente, hay una fuerte tendencia al rechazo a dar respuestas.
De modo general se puede sostener que las temáticas de estos pacientes
aparecen en el Rorschach es muerte, soledad, sujetos abatidos y sometidos, y esto
mismo proyectado en animales. Se observa además un gran contenido mórbido
como objetos muertos, destruidos u objetos de sentimientos y características
disfóricas, esto puede darse debido a que el sujeto está proyectando las
consecuencias que ha sufrido su yo de los ataques por las mociones destructivas.
En cuanto al discurso, en esta prueba se observan las mismas características que
Liberman aborda de manera general sobre este cuadro. Ejemplos de este tipo
pueden observarse en el discurso de Soledad, el cual será trabajado
posteriormente.
Por otro lado, puede observarse una actitud particular frente al examinador.
Se establece entre ellos una relación transferencial donde la persona depresiva es

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exigente y sensible, sin embargo pueden observarse actitudes de sumisión. Un
ejemplo de ello suele ser “no sé... qué tengo que decir?...”
El paciente muchas veces no logra una objetividad para comprender las
afirmaciones provenientes del psicólogo contenidas en la interpretación. Esto lleva
a sostener que el sujeto carece de un Yo observador solidario con los propósitos
terapéuticos. Estos sujetos proyectan su Súper Yo sobre el terapeuta. Ocurren así,
en esta relación transferencial, fenómenos emotivos y afectivos cada vez que esta
relación bipersonal es equiparada por el paciente con lo que ocurre dentro de su
propia persona.
En cuanto a la reacción de la prueba, como ha sido mencionado
anteriormente, hay una fuerte tendencia al rechazo a dar respuestas. Al observar la
lámina estos paciente suelen no ver nada, y esto lo reafirman con una actitud
muchas veces de desinterés hacia la tarea propuesta.
De modo general se puede sostener que las temáticas de estos pacientes
aparecen en el Rorschach es muerte, soledad, sujetos abatidos y sometidos, y esto
mismo proyectado en animales (suelen aparecer respuestas como un hombre solo,
desierto, entre otros). Se observa además un gran contenido mórbido como objetos
muertos, destruidos u objetos de sentimientos y características disfóricas, esto
puede darse debido a que el sujeto está proyectando las consecuencias que ha
sufrido su yo de los ataques por las mociones destructivas. Ejemplos de ello suelen
ser; una mariposa con alas rotas, un pájaro muerto, un árbol triste, personas
llorando, entre otros. También suelen aparecer personas o animales desvitalizados,
sin identidad, sin cuerpo, respuestas de estas temáticas son “alma en pena”,
“espíritu”, entre otros.

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CASO SOLEDAD

Según las características que propone Liberman para la presentación clínica


de la depresión, y teniendo en cuenta el discurso de Soledad, se puede apreciar
como se presentan lo que él denomina oscilaciones del humor, estados cambiantes
de la autoestima. Podemos observar como dichas oscilaciones se presentan a nivel
afectivo, cuando a lo largo del proceso psicodiagnóstico la entrevistada llora en
varias oportunidades y se muestra a gusto e incluso alegre en otras.
Estas oscilaciones también se presentan a nivel discursivo, por momentos
afirma: “me tendría que morir estando así, sin nada adentro”, “cuando me siento
bien empujo la…”, “no quiero hacer nada más”, “la vida es como una la hace, es
linda, es todo…”, “…después me sobrepongo… me podría sobreponer pero no
quiero… puedo rescatar mucho… si me pongo a escarbar me debilito”.
También se observa en determinadas oportunidades como el mundo externo
ha perdido brillo para ella, Soledad lo descatectiza, y esta desafección se produce
no porque el mundo se ha vuelto conflictivo, sino porque aparece carente de
sentido; “no estoy con mucha gente… me siento que no tengo nada”, “cortar todos
los vínculos”, “me banco muy sola, huraña de adentro y me retiro del campo de
batalla”. Pero a su vez, este mundo externo, por momentos se vuelve indispensable
para sostener su persona: “se acaba para ellos, se acaba para mí”, “la más
dependiente”.
El autor propone que los procesos de comunicación inciden en la regulación
de la autoestima de la persona depresiva, y podemos suponer que en el caso de
Soledad es eso mismo lo que acontece. Liberman sostiene que durante las fases
depresivas, contrario a las maníacas, disminuyen cuantitativamente los mensajes
que la persona recibe y transmite. A su vez afirma que cuando la comunicación
tiene como motivo predominante la regulación de la autoestima, es posible pensar
que allí la comunicación verbal está trastocada y que en esas condiciones los
pacientes en lugar de dirigirse al analista, en verdad lo que están haciendo es una
expresión verbal acerca de ellos, como si pensasen en voz alta. Pensamiento que
caracteriza como reflexivo.
Liberman plantea que durante la situación transferencial puede presentarse
un retardo en la comunicación debido a las fantasías que el depresivo tiene con el
pecho malo, las cuales cuando entran en actividad perturban tanto la acción como
el pensamiento. Durante la entrevista Soledad pareciera estar mostrando lo que
señala como retardo en la comunicación. A lo largo de la misma se ven varios
puntos suspensivos, pausas, silencios prolongados, llora, se recupera, habla,
vuelve a hacer silencio, y nuevamente retoma. Dicha lentitud se debería a que las
fantasías inconcientes perturban el pensamiento y la acción.

26
Los procesos de proyección e introyección, indispensables para la
transmisión y la recepción con el terapeuta se encuentran lentificados. Señala que
los sentimientos como la tristeza o los autorreproches entre otros, dan lugar a una
inaccesibilidad parcial o total para determinados estímulos, lo cual acontece por
dos motivos: en principio por una inaccesibilidad producto de una desconfianza
defensiva, y luego además porque el “yo” se encuentra debilitado, su voluntad está
dañada. De aquí que presenta falta de iniciativa para entablar comunicación.
Agrega Liberman, que el único medio de mejorar este estado de cosas es la
interpretación de las fantasías inconcientes y de las cualidades frustrantes del
objeto proyectado en el terapeuta, lo cual puede conducir a un restablecimiento de
la autoestima.
Considerando el modo en que se manifiesta Soledad, creemos posible
suponer que tanto su accionar como sus pensamientos están perturbados, y que su
“yo” está debilitado. Podría deberse a estos motivos que la entrevistada no
concluye ideas claras en su discurso. Puede observarse un discurso entrecortado,
poco claro, poco preciso, que por momentos pareciera no estar contestando las
preguntas del entrevistador. A partir de la lectura de la misma, es posible suponer
sentimientos de tristeza, humillación, pesimismo y desesperanza, los cuales
pueden ser entendidos a la luz de lo que explica Liberman. Señalará que dichos
sentimientos emergidos debidos a la depresión, dan lugar a la búsqueda activa y
vengativa de indemnización, por medio de la cual el paciente identificado
activamente con el objeto malo, hace sufrir a otro lo que él siente haber sufrido a
causa de otra persona.
Siguiendo este desarrollo, y tomando en consideración lo postulado por
Freud en “Duelo y Melancolía” –texto en donde explica que el malestar del enfermo
(refiriéndose al melancólico)-, es muchas veces una venganza hacia alguien muy
cercano a la vida afectiva de la persona. Ese mal que la persona padece, está en
verdad dirigido a aquel a quien se estima, pero que por algún motivo se le profiere
esta “venganza” “indirecta”.
Según Liberman, la pérdida que desencadena la depresión, significa para el
paciente la repetición de una primitiva pérdida objetal con el pecho, lo cual origina
tanto sentimientos de tristeza como de odio, ambos de forma simultánea. El odio
hacia el pecho que priva desencadena sentimientos de culpa, tras lo cual aparecen
fantasías en relación al pecho devorador, fantasías caníbales oral sádicas, las
cuales representan un ataque que desintegra al “yo”, despedazándolo y dando
lugar a sentimientos de extrañamiento, despersonalización y desrealización. Y de
este modo, los sentimientos de humillación que alberga el “yo” son, en
contrapartida, del orgullo que va a contener el objeto que despoja. Los sentimientos
de pesimismo, resentimiento y desesperanza constituyen para Liberman la etapa
final, sesgada por la persecución del objeto en el “yo”. En esta etapa las fantasías
son de un pecho que envenena y asfixia.

27
Gran parte del problema de la comunicación en la situación transferencial,
depende de la comunicación verbal. El lenguaje está erotizado, el acto de hablar y
de escuchar significa un acto alimenticio. Así, las palabras pueden significar según
el momento de la situación transferencial, desde “leche buena” hasta “leche que
asfixia”. Consideramos importante señalar que el discurso de Soledad está dentro
del marco de una entrevista inicial, señalamos esto para tener en cuenta que no se
trata aquí de una transferencia de larga data. De todas maneras, sería ingenuo
suponer que algo de la transferencia con el entrevistador no afectó el estilo de su
discurso.
Liberman advierte que el daño en la autoestima incita fantasías con el pecho
malo, las cuales son proyectadas sobre los demás. Esto explica por qué la persona
depresiva es incapaz de utilizar la información que recibe de los demás para
desarrollar alguna acción para satisfacer sus necesidades. El autor relaciona esto
con la rumiación a la que están sometidos los sujetos depresivos, la cual sustituye
a la acción e interfiere en la percepción de necesidades básicas internas,
descuidando situaciones vitales para él. Esto conduce al sentimiento de nuevas
pérdidas de objeto, y por tanto, nuevos estímulos para la depresión. Es posible
suponer, que sea producto de la rumiación interna el decir tan entrecortado de la
entrevistada, el cual por momentos pareciera no seguir un hilo coherente en cuanto
al mensaje que quiere ofrecer.
Para el autor, las fantasías inconcientes que asedian al paciente, intervienen
también en la capacidad para seleccionar los mensajes que recibe, como también
en la posibilidad de seleccionar cuál de ellos emitir. A su vez, señala las fantasías
inconcientes como interviniendo en la falta de sincronía entre los medios de
expresión verbales y no verbales, y en la falta de empatía con los demás. Advierte
que se debe a esto el hecho de que el sujeto depresivo no percibe los signos con
los que otras personas le expresan, y si han comprendido o no. Esta incapacidad
para hacer una “buena selección” de los mensajes a expresar es bastante
representativa del discurso de Soledad.
A la luz de la teoría de la comunicación, señala en qué consisten los
mecanismos de defensa que intervienen en la depresión, los cuales explican en
qué consiste la defensa maníaca, la cual es señalada como el medio a través del
cual el depresivo intenta compensar con sus receptores distales el sufrimiento y su
negación que vivencia al nivel de los receptores proximales. Y que es en estas
condiciones cuando los procesos de proyección tienen lugar en mayor número, lo
cual es expresado por la superficialidad de los mismos. Es por ellos que cuando
predominan las defensas maníacas, son más bien actividades repetitivas las que
lleva a cabo el paciente. Las cuales por lo general van a quedar inconclusas o
nulas. Sin embargo al leer la entrevista de Soledad, esta última no pareciera
intentar negar su sufrimiento, sino todo lo contrario. Se observa que con cierta
recurrencia, ella ubica “en su interior” la “fuente” de lo que para ella es el problema.

28
Habla de un interior vacío, de no tener nada y de tener miedo, señala varias veces
durante la entrevista que esa es su sensación. “… se rompió algo dentro… cosas,
lo menos que yo las crea trascendentes… Si, algo conectado con mi vida… si
pienso en el futuro no me agarra miedo, no tengo entusiasmo, como si acá dentro
no tuviera nada…”; “… se me escapa todo…”.
Liberman en su texto plantea el interrogante de cómo puede ser posible que
personas que parecen haber madurado eficazmente en diferentes aspectos de sus
vidas, luego, en la adultez sólo logren alcanzar fracasos al intentar construir una
relación estable. Para explicar esto hace mención a los llamados “niños adultos”.
Explica que en la temprana infancia estos niños huyeron de la posibilidad de tener
conflictos con sus padres, forzándose a ser niños adultos, lograron despertar en
otras personas gran interés, a costa de eludir todo acercamiento efectivo y
estrecho. Esta huida precoz hacia una falsa maduración es lo que en la vida adulta
impide tener una vida armónica con sujetos con quienes se debe establecer un
vínculo íntimo. Observamos en Soledad, de acuerdo a lo que ha comentado, que
puede verse como ella se hacía cargo de cuestiones que quizás no le
correspondían, por ejemplo cuando ella menciona “de chica… tengo una hermana
tres años menor, la re protegía”; “poder hacer lo que mamá no podía… todo era
carga encima mío, mantener el humor, atender, escuchar, ser y servir…”.
En relación a lo expuesto, se podría pensar que en esta posición ocupada
por Soledad ante su familia, una joven que no entraba en conflictos, ayudaba a su
madre, protegía a su hermana, asumía responsabilidades que le excedían y este
no pesar sobre los padres conduciría a la constitución –según Liberman- de los
fracasos en la consolidación de vínculos íntimos en la vida adulta, debido a que
entran en juego las identificaciones proyectivas parentales. Esto se observa cuando
ella afirma que los demás no pueden acercase a ella, o sus verbalizaciones finales
acerca de la imposibilidad de entablar una relación amorosa.

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RECURRENCIAS Y CONVERGENCIAS

En este apartado pasaremos a intentar dar cuenta de aquellos indicadores


diagnósticos que permiten justificar en este caso en particular la presencia de un
cuadro depresivo.
Encontramos en Soledad una marcada inhibición, disminución de la iniciativa
y escasa espontaneidad, lo cual podría dar cuenta de una lentificación e inhibición
de las funciones mentales y de la acción. Esto queda plasmado en la entrevista,
cuando dice: “no quiero hacer nada más”; “comienza el día, tratar de hacer todo lo
mejor… apunto y de repente, cambio, no los objetivos, después como que me
quedo ahí y vuelve”; “me podría sobreponer pero no quiero”; “algo está tan
detenido”; “aparece un… tiempo de parálisis… no puedo hacer nada…”. Así como
en el P.D.I. cuando menciona la estaticidad de las figuras humanas: “…no
trasmiten mucho, son muy estáticas”; “nada más que un dibujo, no tiene historia,
nada…”. El relato se puede considerar pobre, con pausas marcadas y con una
actitud pasiva e incluso autodesvalorizada.
Esta inhibición puede verse también reflejada en los altos tiempos de
reacción en el Rorschach. Y en cuanto al TRO, se puede ver como en las historias
relatadas, algunas de ellas hacen alusión a actividades pasivas como descansar,
mirar, contemplar, pensar, estar callados. También en este test se puede notar
lentitud, bloqueo, pocas respuestas y escasas asociaciones, las historias son
cortas, algunas incompletas, y otras vagas. Se encuentran también, recurrencias
en relación a sentimientos disfóricos, de tristeza, dolor, apatía, desesperanza,
sensaciones de empobrecimiento, vaciamiento y de disminución de la autoestima.
En la entrevista se puede observar un discurso marcado por el llanto y una
comunicación marcada por una falta de cohesión entre frases e ideas. Por otro
lado, aparece un estado de angustia, tristeza, siente dolor de cabeza. En frases
tales como “queda un vacío muy grande…”; “…nunca estoy completa…” y “estoy
perdida…” se puede inferir que se encuentra muy movilizada por lo que le
acontece, incluso a veces con un sentimiento de extrañamiento de sí misma. Así
como también en frases como: “…no tengo derecho a estar, a reclamar, a
descansar”, “no tengo entusiasmo”; dan cuenta de la pérdida de autoestima por
parte de ella, con sentimientos de debilidad y desesperanza.
En el H.T.P. los dibujos tienen la característica de ser rígidos y poco
expresivos, de trazo inseguro y cortado. La casa da la impresión de estar
deshabitada, no se halla camino que conduzca a la puerta de entrada y el árbol da
la impresión de ser otoñal cuyas hojas y frutos se encuentran ausentes; además
creemos interesante destacar el hueco en el tronco. Según Koch, este espacio
vacío expresaría una falta, una carencia sentida con bastante gravedad:

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sentimientos de inferioridad o culpa, expresados en “la sustancia del árbol, o sea el
estrato pulsional” (Koch, 1962: 154).
Por otro lado, la persona dibujada, si bien se encuentra emplazada en el
espacio central de la hoja, recurre también en una actitud de rigidez, con una
expresión semejante a una risa que genera la sensación de ser forzada, y ojos
vacíos, dando cuenta de una mirada hueca. Del mismo modo el test de las
personas, sostiene ese aire rígido e inestable por el trazo entrecortado, las manos
de dedos en garra y los ojos vacíos. Sabemos por Hammer, que las manos, los
brazos y el cuerpo en general son los encargados de establecer contacto, castigar
o defenderse. Además de que los trazos cortos nos dan cuenta de problemas para
controlar los impulsos.
La hostilidad proyectada en las figuras humanas, nos mantienen sobre las
mismas hipótesis interpretativas que sustentan el cuadro depresivo en relación a la
conflictiva con los objetos y el sí mismo, y el temor al ataque por retaliación propia
de la identificación proyectiva con el objeto malo. En este mismo sentido se puede
pensar la discordancia de la historia armada en el test de las personas y los
gráficos en sí, tal y como fueron descriptos. La activación de la defensa maníaca en
esta ocasión sería en la medida en que Soledad intenta deshacerse de dichos
impulsos expresados.
En el Cuestionario Desiderativo, la primer catexia positiva “pájaro” –animal
con quien más se identifica-, es valorado como más deseable en tanto es lo más
cercano a la persona, atribuyéndole la cualidad de “doméstico”. Esto se
corresponde con lo que Grassano de Piccolo explica sobre las elecciones
simbólicas que se dan sobre la base de una relación de cercanía y contacto
corporal con el mundo de lo humano. En cuanto a las catexias negativas “edificio” y
“máquina”: justifica que no tienen vida propia, ya que son construidos por el
hombre. La racionalización de la tercer catexia negativa: “una piedra”, -porque no
conoce mucho las piedras- da cuenta de una distancia con el objeto escogido que
se vuelve escasa por una clara falla defensiva en lo que respecta a la
racionalización. Se puede observar una recurrencia en los que respecta a catexias
positivas y negativas: elementos con vida propia y sin vida propia; o elementos
naturales (con vida) o construidos (sin vida), respectivamente. Dado este punto no
es llamativo que Soledad haya escogido en sus tres catexias negativas objetos
pertenecientes al mundo de lo inanimado. Las perseveraciones son comunes
cuando fallan las defensas en lo que respecta a las identificaciones más
peyorizadas; el yo en la depresión sucumbe a la culpa superyoica que despierta la
identificación con el objeto malo.
En el Rorschach, si bien recurre alguna verbalización del tipo mórbido: “se
ha deteriorado un poco”, “…tiene roto acá en las alas de afuera”, “se le ha salido la
cabeza”; se encuentran más elementos desvitalizados como por ejemplo: “una
mariposa… seca” y “un dibujo tipo caricatura”. Aquí se ve como los pacientes

31
depresivos proyectan sus propios sentimientos y estados a objetos o cosas del
mundo externo como rotos, destruidos o cortados dando cuenta el daño que
experimenta el yo.
Por último encontramos recurrencias en relación a la disminución e inhibición
en cuanto a la expresión y reactividad con respecto a las tendencias instintivas. Por
un lado en la entrevista vemos cómo Soledad pareciera tener cierta dependencia
en cuanto a sus vínculos. Esto se puede observar en su discurso “la más
dependiente”; “se acaba para ellos, se acaba para mí”. Esto se acompaña de
relaciones de dependencia con sus vínculos más cercanos, por ejemplo en lo que
respecta a la anteriormente mencionada catexia “pájaro doméstico” en el
Cuestionario Desiderativo. Por otro lado, en sus catexias negativas, da tres
contenidos “sin vida”. Y en cuanto a su elección del “agua” porque “es natural, es lo
que más vida tiene”, aunque ella atribuye vida este elemento, esta elección
desiderativa es sobre un objeto sin forma, perteneciente al reino de lo inanimado.
Esta característica “difusa” y lo inercial del movimiento del agua, nos dejan pensar
la relación que establece Soledad con sus otros significativos. Esta posición
pasivizada que mencionáramos al hablar de su inhibición, presupondría la
ambivalencia propia de los cuadros depresivos en lo que refiere a los objetos y el sí
mismo.
Además, se deben tener en cuenta las fórmulas del Rorschach, como F%
(21%) la cual está casi al límite en cuanto a lo esperable (20-50%), y da cuenta de
la capacidad del sujeto para interpretar la realidad con independencia de los
afectos y la fórmula Proporción C (42,1%), la cual se encuentra aumentada, lo que
daría cuenta de un aumento en la reacción frente a los estímulos afectivos, pero
con un gran intento de control racional, como lo refleja el porcentaje de F% ext.
Los intentos de control por parte de Soledad son abundantes, incluso
sobrepasa un poco el límite de lo esperado. Aunque, pareciera que estos no son
del todo eficaces en algunos momentos. Se puede ver también que la fórmula
FK+F+Fc (31,57%) está muy por debajo de lo esperable (50-75%), dando cuenta
esta relación básica del control intelectual de capacidades que implican recursos de
conexión con el mundo externo e interno. En Soledad este porcentaje se ve
claramente disminuido. La relación W: M (8:7) en relación a lo esperable (2:1), da
cuenta que Soledad pareciera tener recursos del orden cognitivo, el cual casi se
equipara a la relación que muestra las aspiraciones que ella tiene. Habría escases
de metas que concrete en la realidad. Soledad persigue ciertas metas pero existe
una incapacidad para lograrlas, esta característica se encuentra muy presente en
los cuadros depresivos. Esto queda plasmado en su discurso “Me podría
sobreponer pero no quiero”; “no tengo entusiasmo”, “no lo puedo proyectar para el
futuro”, “me retiro del campo de batalla”. Sin embargo, a pesar de esto, se puede
ver cómo en el Bender, Soledad logra responder a la consigna correctamente, logra
planificar y anticipar cada uno de los dibujos, pudiendo controlar de esta manera

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sus impulsos y ansiedades, logrando que éstos no irrumpan en la tarea. Esto
demuestra, en este test en particular, un control eficaz de la afectividad.
En cuanto al TRO, en la última lámina, podemos ver cómo hay una falta de
separación entre sus propios sentimientos y la imagen; hay una asociación a partir
del estímulo –lámina en blanco-, con sentimientos propios y afirma “no me tengo
que preguntar cómo me siento porque si no siempre voy a estar contando lo
mismo… (Llora)… los peores personajes… todo es feo….cosas lindas que no
puedo alcanzar…”. Observándose de este modo, una pérdida de distancia
emocional con respecto a la lámina.
También se observa una recurrencia a lo largo del test de Rorschach el
recurso de la racionalización de que son cosas “fantásticas”, “de la ficción” cuando
por ejemplo menciona: “un bicho con cara de fantasía”; “máscara de fantasía”;
“como es fantástico está todo inventado”. Así como en los gráficos lo que converge
con las localizaciones fundamentalmente del árbol y la casa en un plano superior-
izquierdo más abocado al plano de la fantasía y al pasado que a lo terrenal y
tiempo futuro.
La relación de Soledad con el mundo externo, se puede apreciar en la
fórmula del Rorschach M: C: 7:0,5; la cual da cuenta de personas que se
independizan del mundo externo recluyéndose en su mundo interior. Los
contenidos vitales, se encuentran casi dentro de los parámetros esperables
(67,42%), aunque los amortiguadores están disminuidos (15,7%) y por el contrario
los perturbadores se encuentran aumentados (15,7%), dando cuenta de una
vulnerabilidad defensiva tal y como se evidencia en las pruebas graficas con el
trazo, en las verbalizaciones difíciles de seguir y con muchas irrupciones de
angustia, y con las complicaciones para seleccionar las catexias desiderativas.

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DIAGNÓSTICO ESTRUCTURAL SEGÚN LOS CRITERIOS DE OTTO KERNBERG.

Para comenzar una aproximación de diagnóstico estructural, en relación al


primer indicador que postula Kernberg –prueba de realidad-, sostenemos que
Soledad es una persona que presenta una adecuada diferenciación yo-no yo;
realidad interna-mundo externo. Puede diferenciar claramente lo que en ella
acontece y lo que proviene del campo de los otros, distingue entre estímulos
externos e internos. La precisión de su percepción es buena ya que siempre da
cuenta de estar orientada en el tiempo y en el espacio.
Si bien por momentos la organización estructural se oscurece con la
presentación del cuadro clínico, no debemos confundirnos ya que en la
entrevistada no se hallan fenómenos que nos presenten grandes extrañezas.
Podemos observar que se encuentra muy movilizada por lo que le acontece, tal vez
su sentido de la realidad si se encuentre un poco alterado, pero esto no la conduce
a un desconocimiento del mundo externo, sino que más bien su conducta en
comparación con otros tiempos de su vida no le resulta familiar. Soledad reconoce
que algo en ella ha cambiado, aunque no puede localizar con precisión cuál fue el
punto de inflexión o el período de transe de estas modificaciones.
En cuanto a la realización de las tareas, comprende muy adecuadamente lo
que se le demanda, puede responder a las consignas gráficas, presenta capacidad
de anticipación y distribución. En el Bender no se hallan inadecuaciones en la
respuesta a la consigna (congruencia con el estímulo observado), ni alteraciones
en la Gestalt. Y sus producciones tanto en el H.T.P como en el Test de las dos
personas conservan sus partes, y hay una integración de las diferentes zonas del
gráfico.
En el Rorschach se observa un mantenimiento de la conciencia de
interpretación, donde el sujeto interactúa con la lámina sobre el marco de lo posible
y no de la certeza y el reconocimiento, esto se refleja en respuestas tales como
“podría ser”, “como si hubiera...”, “esto parece”. Se puede ver un esperable
porcentaje de respuestas populares, un adecuado índice de realidad, ausencia de
fenómenos especiales que indiquen trastorno del pensamiento y respuestas de M
en porcentaje esperado en tanto componentes de orden ideacional para entender y
dar sentido a una situación. El F+% y F+% extendido, que expresan la calidad de la
evaluación de la realidad, en Soledad se encuentran disminuidas. Esto, creemos,
da cuenta de las características propias del cuadro depresivo. En tanto los datos
que arroja el análisis de la dinámica defensiva así lo marcarían.
Por su parte, en el TRO también se proyectan relatos y situaciones por
opuesto al reconocimiento de relatos y situaciones. Si bien es cierto que en este
último test hay fallas en la adecuación a la consigna, es ella misma la que lo
menciona, y se lo marca al entrevistador en la lámina X.

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En relación a lo antes dicho se puede concluir lo siguiente: Soledad presenta
una buena orientación temporoespacial, reconoce sus estados de ánimo, hay
buena adecuación a las consignas. Se nota un predominio de proceso secundario
de pensamiento en tanto se organiza sobre la demora, funciona bajo la lógica y la
realidad y no es indiferente a ella. De todo esto se concluye que la prueba de
realidad se encuentra conservada.

En cuanto al segundo criterio de diferenciación clínica: integración de la


identidad, siguiendo los postulados de Otto Kernberg, decimos que la identidad del
yo representa el más alto nivel de organización de los procesos de internalización y
se refiere a la organización de las identificaciones e introyecciones bajo el principio
orientador de la función sintética del Yo.
Vemos como en Soledad las representaciones buenas y malas del sí mismo
y de los demás se encuentran integradas en un todo comprensivo, lo que nos
acerca a una identidad integrada a diferencia de lo que ocurre en presencia de una
identidad fragmentada o difusa, donde prevalecen partes disociadas del yo y de los
objetos, marcada por la imposibilidad de empalizar, con relatos y descripción de los
otros significativos contradictorios. No se encuentra en la entrevistada una
representación disociada de los demás ni de sí misma, reconoce que en ella algo
ha cambiado, que no se siente bien pero esto es integrado a una representación de
sí que se vuelve comprensiva, junto con una posibilidad de historización, con los
matices propios de un cuadro depresivo.
A lo largo del proceso se pudo ver que sus producciones gráficas se
presentan más bien armónicas, en el Bender hay una adecuada capacidad de
distribución espacial, no se presentan choques o superposiciones a excepción de la
figura 1 y 2 que se encuentran bastante próximas una de otra. En líneas generales,
y a pesar de lo antes observado, sus ansiedades y angustias no provocan
modificaciones groseras en las copias de los estímulos. En el resto de los gráficos
las partes que constituyen la totalidad de las producciones se encuentran más
teñidas por cualidades afectivas, como ya mencionáramos en relación al trazo
entrecortado y la impresión de rigidez que da el contenido. No obstante se
observan que son estructuras gestálticas delimitadas y diferenciadas, con una
acentuada simetría. Pueden aparecer laxitudes pero esto no implica distorsiones.
Agregado a esto, el protocolo de Soledad da cuenta de la utilización de
movimiento humano en las respuestas de Rorschach, cuyo porcentaje esperable es
uno de los principales indicadores para evaluar la integración de la identidad debido
a que da cuenta de zonas integradas y sublimadas del yo, como integración de las
funciones perceptivas y cognitivas y capacidad de simbolización. Junto con un
índice de estereotipia de pensamiento menor al 40% como hallamos en la
entrevistada, lo que no indicaría estereotipia de pensamiento. La presencia de
contenidos enteros por sobre encima de las partes (12:1) es indicador de una

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identidad integrada y ausencia de formas vagas dado que su mayoría son de
buena calidad formal.
Como dijimos en relación al Cuestionario Desiderativo, sus elecciones
presentan particularidades en relación a lo vitalizado y desvitalizado esto marca la
elección de aquello idealizado y peyorativizado, que guardan una consistencia
interna en relación a lo valorado a nivel vincular por ella, sin caer en arbitrariedades
fuera de lo comúnmente aceptado, ni incluyen bizarrerías u otro tipo de indicador
de lógicas mas autísticas.
Consideramos que estas extrapolaciones pobremente racionalizadas
responden más bien al cuadro clínico que a la organización estructural.
En cuanto a las catexias elegidas por Soledad podría dar cuenta de una
dependencia hacia los objetos externos, por ejemplo cuando elige en la primera
positiva “un pájaro” atribuyéndole la cualidad de doméstico. Del mismo modo que
en la entrevista da cuenta de esta dependencia vincular cuando refiere a lo mal que
le hace a su familia que ella este mal, podría pensarse la elección desiderativa de
“agua”, siendo un indicador difuso, sin forma, da cuenta de una vulnerabilidad y
permeabilidad que expresa tanto el deseo como el rechazo por vínculos
fusionados, simbióticos, poco diferenciados.
De esto se concluye que estamos en presencia de un sujeto con una
identidad integrada, pero con inestabilidad en lo que respecta a su autoestima, y la
consiguiente dependencia a los objetos externos para sostenerla.

En cuanto al criterio clínico de defensas, de acuerdo a lo explicado por


Lunazzi, estas operaciones constituyen no sólo un criterio de diferenciación clínica-
estructural, sino que a su vez, deben considerarse un componente muy importante
a la hora de considerar la situación subjetiva de un sujeto. Dichas operaciones van
a tener como propósito proteger al yo del displacer, del peligro o angustia
provenientes tanto del mundo interno como del mundo externo, para así
mantenerlo en un estado de equilibrio.
En Soledad podemos inferir defensas de alto nivel, como la represión. Se
entiende por ésta, propósito inconciente de olvidar o no tomar conciencia de
impulsos internos o hechos externos que representan demandas instintivas
objetales. Ello implica, en caso de ser utilizada de forma rígida, una baja de
producción debido a que el yo está intentando controlar el afecto.
Durante la entrevista se destaca que Soledad estuvo permanentemente bajo
la presión de lo que suponemos impulsos amenazantes, que la condujeron a
sostener a lo largo de la entrevista un discurso poco claro y entrecortado. A
diferencia de lo que hubiese ocurrido de haber primado la escisión: cuestiones
relativas a la peyorativización o idealización extremas, negación de bajo nivel u
omnipotencia.

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También se consigna la presencia del mecanismo defensivo del aislamiento:
la fragmentación de la experiencia de la conciencia. Cuando Soledad hace mención
al estado de su padre, y expresa sus sentimientos al respecto: relata estar dolida y
sentir miedo. Luego, continúa hablando de sus sentimientos pero no directamente
enlazados a esto que acababa de decir del padre. Soledad llevaría a cabo –
mediante dicho mecanismo-, vía intelectualización, la separación de los afectos
correspondientes a aquellas ideas u afectos que le resultan conflictivos. Así dirá
“tengo que superarlo, no quiero trasmitir nada” seguido a que su papa “no es malo
sino enfermo”. Esto es resultado de la acción de otro mecanismo que es la
negación. Deducimos esto último en la medida en que generalmente, la
anteposición del no, marca la presencia de dicho mecanismo.
También podemos observar como la regresión narcisística que los autores
mencionan como mecanismo en el cuadro depresivo se da en Soledad, haciéndose
visible en su discurso un tinte superyoico hostil y culpógeno, lo cual consideramos
que es producto de la regresión. “Además yo me quedo mal, no quiero hacer nada
más… si me pongo triste, se ponen re mal mis viejos, se ponen re mal… se acaba
para ellos, se acaba para mi…”, frase que refleja la dependencia hacia sus figuras
parentales y hostilidad que presenta hacia sí misma. Tal y como plantea Shafer, la
ambivalencia es algo que aparece, pudiendo ser visibilizada en dichos tales como
“…Me banco muy sola” en contraposición a “Soy la más dependiente”. También
hace referencia a que: ella podría sobreponerse “…pero no quiero”; “No puedo
hacer nada”; “No me sobrepongo”. El repliegue narcisístico en detrimento del
vínculo se hace notoria a lo largo de toda la entrevista, y en algunas
verbalizaciones del TRO: “… cosas lindas que no puedo alcanzar. Gente que no la
veo y no la reconozco…”.
Tanto durante la entrevista como durante la administración de los test
Soledad se mantuvo en una actitud colaborativa. Mantuvo la conciencia de
interpretación y pudo cumplir con el total de las consignas. Aunque es posible
afirmar que tanto durante la administración del TRO como durante el Test de
Rorschach, Soledad mostró ciertas cuestiones que son entendidas por Lunazzi
como formas de violar las barreras de la censura: mecanismo que posibilita al
sujeto impedir la intrusión de estímulos y representaciones conflictivas.
Cuando la censura se hace presente, está conservada la conciencia de
interpretación, la capacidad de cumplimiento global de las consignas. En el caso
que analizamos, se observa que por ejemplo durante el relato de algunas de las
láminas, Soledad enseña lo que se describe como incapacidad para diferenciar la
experiencia interna del mundo externo; así como también imposibilidad de contener
la emergencia de angustias arcaicas o masivas. Como consecuencia, a punto de
llorar en varias oportunidades y es posible ver como la intrusión de sus afectos
durante el armado del relato, provocó algo similar a lo que se observó durante la
entrevista, es decir, un discurso poco claro, entrecortado e impreciso.

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En la lámina X del TRO, y VII de Rorschach Soledad muestra lo que se
denomina un comentario autorreferencial. Esto indicaría una falla en la
organización defensiva por disminución de la conciencia de interpretación.
Podríamos decir que “disminuyó su capacidad de simbolización”; o en otras
palabras que las dinámicas defensivas propias de Soledad se volcaron a procesos
de mentalización más arcaicos por irrupción de impulsos difíciles de domeñar para
su Yo. De todas maneras, Soledad pudo responder a la consigna. Con lo cual,
aunque a costa de un alto gasto energético, puede seguir adelante a pesar del
impacto afectivo.
En este sentido es interesante poder hacer mención a las dinámicas de
recuperación a los impactos afectivos que sufre Soledad. Consideramos que ello es
un dato esclarecedor para poder dar cuenta de su estructura, y diferenciarlo de
aquello propio del cuadro depresivo, que tiñe con determinados indicadores la
información que pudiera recabarse de las pruebas psicodiagnósticas. Durante la
administración del TRO, es ella misma quien verbaliza que no consigue responder
a la consigna: “No te cuento historias… momentos”; mediante el pedido del
administrador, ensaya una historia que cumple con las características de las
anteriores –lacunar, incompleta, con temáticas de dolor por la pérdida de un ser
significativo para los personajes, pero sin final-, “No puedo… hacer historia”. Sin
embargo, en la siguiente lámina consigue armar una historia con final feliz. Donde
los personajes inclusive proyectan un futuro y expectativas en el mismo. En la
lámina XII repite la temática donde se transmite una escena pacífica, pero algo la
molesta. Finalmente eso se expresa en la última lámina: pese al gran esfuerzo
imaginativo que Soledad realiza; los afectos disfóricos vuelven a irrumpir, tiñendo el
relato e inundándola a ella sin que pueda sostener la distancia con la lámina para
una apropiada respuesta al estímulo. “Siempre voy a estar contando lo mismo…”;
“… los peores personajes… Bajón… todo es feo, entristezco a mi mamá…”.
Soledad cuenta con otras estrategias de mentalización, con otras
herramientas para modular los impulsos activados frente a los estímulos ofrecidos;
pero no dispone de la administración energética yoica adecuada. La irrupción de
todas las ideas de tinte depresivo, son percibidas como algo ajeno, disruptivo, que
frustra su capacidad de rendimiento en las esferas de su vida, así como al
momento de desarrollar las tareas que demanda el proceso psicodiagnóstico en el
que está embarcada. En esta misma línea podemos pensar el hecho de que la
formula F+% extendido diese alta. Dicha fórmula expresa la capacidad de
conceptualizar adecuadamente, con eficiencia defensiva, todo tipo de situaciones
problemáticas cargadas emocionalmente. En el caso Soledad, esta fórmula aunque
al límite, supera lo que se considera esperable. Esta eficiencia defensiva,
concuerda con la capacidad de poder responder a la consigna a pesar de la
intrusión de sus afectos, y el esfuerzo anteriormente mostrado por mantener una

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producción acorde a la tarea… aún a costa de un gasto excesivo de energía
psíquica que no le es fácil recuperar.
Siguiendo lo propuesto por Shafer en cuanto a las operaciones defensivas
en el proceso de respuesta del Rorschach, en relación a las localizaciones, se
observa que Soledad brindó detalles raros pequeños y grandes, y un detalle interno
esto nos permitiría suponer la existencia de energía y cierta flexibilidad mental;
como también un alto nivel de diferenciación cognitivo afectiva. Pero en este caso,
más que a una meticulosidad y escrupulosidad, se debe a respuestas
cualitativamente arbitrarias –como es el caso de la lámina IX- en las que no son
tenidas en cuenta otros aspectos, agregando vaguedad a la fundamentación; o
bien haciendo remitencia a contenido autorreferencial –como en el caso de la
lámina VII-. En el caso de la respuesta a la lámina X, la fundamentación del Dr es
en tanto le resulta difícil encontrar figuras “como son” –en la realidad quizás-, y la
“falta de integración” de la lámina le dificulta sostener defensivamente una D o una
W convencionales.
La hipótesis que le cabe a este tipo de localizaciones, es que el sujeto
intenta la combinación de áreas con el fin de satisfacer el concepto al que remite la
respuesta de modo enriquecido. Lo esperado es el 10% en un protocolo, y en este
caso el porcentaje es del 20%. Vemos aquí un reflejo en los cómputos del esfuerzo
defensivo de Soledad por mantenerse frente a la desorganización propia de los
estímulos Rorschach: en la lámina II durante el interrogatorio dice “… sería el
cuerpo pero… como dibujado, no está dibujado perfecto… Colores para definir lo
que ocupaba… Cayó tinta y quedó estampado…”. Se justifica en base a
arbitrariedades: dos determinantes que se consideran en falta de relación con los
propios sentimientos: C/F, de expresión de simpatía forzada y espontaneidad
simulada; y F/C fachada afectiva, una superficialidad que responde un intento de
manejar la situación que implica el impacto emocional provocado por el estímulo,
sustrayéndose de comprometer los propios sentimientos.
Se puede hablar de un triunfo de la demora intelectual por sobre el impacto
afectivo en tanto creemos es una modalidad estructural; pero este funcionamiento
se ve arruinado por los componentes dinámicos del cuadro depresivo. De allí que
todo se vea teñido por los afectos dolidos, la culpa, y la pobreza simbólicas.

Finalmente, Lunazzi propone un cuarto criterio: “funcionamiento sublimatorio


y creatividad”, que si bien no se lo considera para establecer un diagnóstico
diferencial de la estructura, lo enriquece.
La sublimación consiste en retener la intensidad energética de las pulsiones,
desplazando su fin a metas desexualizadas a través de mecanismos de
desplazamiento, formación de síntomas, entre otros. De esta manera el yo se evita
el sufrimiento, puesto que la pulsión es satisfecha en la cultura (satisfacciones
sustitutivas de valor simbólico). De esta manera el funcionamiento sublimatorio

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favorece la estabilidad del funcionamiento mental y enriquecimiento cultural por
medio de la creación de áreas de descargas de la pulsión, que resulta no conflictiva
para ninguna instancia intrapsíquica. Según Freud y otros autores, el
funcionamiento sublimatorio y la capacidad creativa son esenciales a la salud
mental.
Para comprender los criterios que son útiles para evaluar el funcionamiento
sublimatorio y la creatividad, encontramos algunas conceptualizaciones sobre el
humor, capacidad de goce, capacidad de trabajo y evaluación de la eficacia de los
desempeños.
En cuanto al sentido del humor, se observa a lo largo del proceso
psicodiagnóstico que Soledad no muestra índices de humor, esto se debe al tinte
del cuadro en el cual transita. Las representaciones que en ella se crean son
explícitas (sin doble sentido) y de contenido angustiantes.
En cuanto a la capacidad de goce, Soledad se encuentra en un momento en
el cual no dispone de energía psíquica para “gozar de la vida”. Esto puede
observarse a lo largo de la entrevista donde si bien ella afirma que “la vida es linda”
parece no sostener esa idea, quedando en ella y en el entorno un vacío muy
grande. Encuentra al ambiente como insatisfactorio quedando inmovilizada y con
dificultades para relacionarse con los otros. Esto último se refleja en la entrevista
“… como complemento gente que me quiere en serio pero no pueden llegar, es
como que no se, afuera, me observan, están afuera… yo no dejaba llegar a la
gente...” El relato de su vida está teñido de sufrimiento, probablemente por el
cuadro que presenta. Esto está representado en frases como “pocas veces disfruté
de estar estudiando”, “sin entusiasmo, sin ilusión”.
Es necesario aclarar que la capacidad de goce no se encuentra totalmente
anulada, sino más bien obstaculizada. Esto puede observarse en la entrevista
donde ella afirma: “cursando una materia optativa, esta materia me entusiasmaba,
por lo menos mi único sostén, algo está ahora tan detenido.” En todas las técnicas,
Soledad muestra disposición en la realización de las mismas, pero no se ve
entusiasmada durante el desarrollo de ellas.
En lo que respecta a la capacidad de trabajo y eficacia, Soledad logra un
control de los impulsos para poder ejecutar la multiplicidad de actividades que
demanda la batería de test administrada. Esto alude al hecho de que ella dispone
de capacidades yoicas para de algún modo vérselas creativamente con los
desafíos impuestos por los impulsos despertados a lo largo de las tareas
realizadas. Sin embargo la energía puesta en juego está disminuida y la escasa
creatividad es puesta en juego para recomponer situaciones desorganizantes, y no
para configurar respuestas propiamente creativas.
En las pruebas gráficas, Soledad logra una síntesis de las figuras, mantiene
estabilidad en la presión del trazo. Hay un alcance adecuado –en cuanto a la
reproducción y producción- de las gestalts. Por otro lado, en todas las figuras

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consigue un mantenimiento de la proporcionalidad acorde al espacio de la hoja. En
la gran mayoría de los dibujos presenta el límite en relación a los márgenes,
excepto el árbol que parece continuar fuera del límite. En cuanto al emplazamiento
puede notarse que la mayoría de los dibujos se encuentran en el centro con un
tamaño constante.
En cuanto al Rorschach se puede observar que hay al menos tres
respuestas de movimiento (M=7) lo cual implica riqueza asociativa .Por otro lado se
puede observar que hay al menos una M en H, lo que implica que la sublimación de
impulsos no se da por completo. En cuanto a la calidad formal, se observa que F%
(21%) la cual está casi al límite en cuanto a lo esperable (20-50%), y da cuenta de
la capacidad del sujeto para interpretar la realidad con independencia de los
afectos y la fórmula Proporción. Como ya mencionáramos, el porcentaje de F%
extendido, los intentos de control por parte de Soledad son abundantes,
sobrepasando un poco el límite de lo esperado, no siendo del todo eficaces en
algunos momentos.
En cuanto a la relación M: C obtenemos un porcentaje mayor de movimiento
(M = 7) en relación a color (C = 0,5), lo cual significa que Soledad se dirige más a
utilizar su vida interior como modo de obtener gratificación, aunque el modo de
obtenerla se encuentra disminuido debido al cuadro que transita.
En función a la relación de color Acrom: Crom = (2,5: 3,) la suma de los
acromáticos no es mayor al doble de los cromáticos. El predominio de la afectividad
y buena disponibilidad para vincularse con el mundo externo, en el caso de
Soledad esto se ve algo obstaculizado.
Tomando el cuestionario desiderativo se puede observar que Soledad
responde adecuadamente a la consigna, prestándose al juego imaginativo que ésta
implica, lo que da cuenta de que conserva la actitud lúdica; aunque sus
producciones son poco creativas, con racionalizaciones pobres o semejantes entre
sí.
Las historias tienen modalidad de descripciones más que de desarrollo
narrativo (no hay un claro inicio, nudo y desenlace), el sujeto da cuenta de esto
cuando expresa: “Yo no te cuento historias…momentos”. Mostrando, una vez más,
como es el cuadro de depresión lo que coarta la capacidad de mentalización propia
de la estructura neurótica. No es que determinados contenidos se encuentren
ausentes en sus metabolizaciones psíquicas, sino que se encuentran
distorsionados u opacados por la dinámica propia del cuadro depresivo.
Por todo esto podemos afirmar que el diagnóstico estructural de Soledad
corresponde al de un cuadro depresivo en una estructura neurótica.

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