Bendecidos de verdad 7
La verdadera Paz – Ayudantes de Dios
Hoy vamos a hablar de la paz. Este es un concepto muy importante para los seres
humanos. Decimos frases como “amor y paz”, “¡déjenme en paz!”, “la paz sea con
vosotros”, o “descansa en paz.” Se dice que todas las concursantes para Miss Universo
contestan lo mismo cuando les preguntan qué deseo pedirían: la paz mundial. Mahatma
Gandhi dijo “no hay camino para la paz, la paz es el camino.” Eleanor Roosevelt dijo
“No basta con hablar de la paz, es necesario trabajar para conseguirla.” Albert Camus
dijo “La paz es la ú nica batalla que vale la pena librar.” Benjamín Franklin dijo “nunca
existió una buena guerra, ni una mala paz.” Albert Einstein dijo “la paz no puede lograse
a través de la violencia sino solo a través de la comprensió n.” Y Benito Juárez dijo “el
respeto al derecho ajeno es la paz.” Pero ¿sabemos lo que es la verdadera paz? Hoy
seremos desafiados a ser verdaderamente bendecidos al ser pacificadores.
Bienaventurados los pacificadores porque ellos serán llamados hijos de Dios. Mateo 5:9
La paz es un concepto importantísimo en la Biblia. La bendició n del sumo sacerdote para
el pueblo decía Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz. Números 6:26. El profeta
Isaías nos dice que el Mesías sería: “...Príncipe de Paz.” Isaías 9:6. El apó stol Pablo dice
que: el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.
Romanos 14:17. Ademá s, hay muchas ó rdenes de estar en paz con todos: Por lo demás,
hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el
Dios de paz y de amor estará con vosotros. 2 Corintios 13:11. Muchas de las cartas
terminan con una bendició n de paz, por ejemplo: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro
Padre y del Señor Jesucristo. 1 Corintios 1:3. Jesú s prometió dejarnos su paz: La paz os
dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni
tenga miedo. Juan 14:27. Y hasta se dice que Jesú s es nuestra paz: Porque él es nuestra
paz, que de ambos pueblos hizo uno. Efesios 2:13-14.
Todo esto nos indica que la paz es algo muy profundo. Es mucho má s que
simplemente la ausencia de guerra. Por su puesto que hay muchas cosas que son
contrarias a la paz: la guerra, la violencia, la discriminació n, la desigualdad, la injusticia,
etc. Pero la paz no se define solamente en oposició n a lo que no es sino por la presencia
de justicia, bienestar, santidad, misericordia. La paz es la voluntad de Dios. Es la
realidad de que todo esté bien. Por eso en el hebreo antiguo se decía “shalom.” Y los
cristianos decimos “la paz de Cristo.” Es un deseo de que se haga la voluntad de Dios. Por
eso Jesú s dice que los pacificadores será n llamados hijos de Dios. Aquellos que buscan y
trabajan por la paz son ayudantes de Dios. Porque la paz es por lo que Dios vive, trabaja,
y sueñ a. Seamos ayudantes de Dios.
Pero ¿qué significa trabajar por la paz? He pedido a Dios con mucho fervor que este
sermó n nos enseñ e algo que se aplique a nuestras vidas. Má s allá de no hacer la guerra,
má s allá de no hacer violencia unos con otros. Trabajar por la paz de Dios es algo que
podemos hacer todos los días de nuestra vida desde las cosas má s pequeñ as y
cotidianas, hasta lo má s grande y especial.
1. Aceptar las culpas
Uno de los principales enemigos de la paz es la culpa. Los seres humanos somos muy
dados a echar la culpa en otros. Se nos dificulta profundamente aceptar nuestra
responsabilidad. Si llegas tarde es el trá fico. Si te enojas es que alguien má s te provocó .
Si te equivocas es culpa de otro. Siempre tenemos alguna excusa. Aceptar nuestra
responsabilidad es una de las cosas má s difíciles de hacer. Como pastor y líder por má s
de diez añ os me ha tocado en numerosas ocasiones tener plá ticas con ovejas y miembros
del ministerio para hacerles recomendaciones y exhortaciones. Y tengo que decir que,
tristemente, la gran mayoría de las veces las personas responden a la defensiva,
poniendo excusas, lanzando culpas a otros, y se nos dificulta mucho aceptar que
tenemos alguna responsabilidad. Pero cuando aceptan su responsabilidad hay siempre
un ambiente de paz y reconciliació n. Todos estamos expuestos a esto. Por eso aquí hay
una serie de actitudes a evitar:
El síndrome del tortillero. El que siempre echa la culpa al que lo acusa.
El complejo de excusado. El que siempre tiene alguna justificació n para sus
faltas.
El mal del pato. El que se hace guaje y evade la recomendació n.
El delirio de perfección. El que cree que no tiene nada que cambiar.
La enfermedad del maquillista. El que es experto en que sus errores se vean
mejores.
En resumen, los que no aceptan sus errores ni dicen “sí me equivoqué” no son
bienaventurados. La Biblia dice: El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los
confiesa y se aparta alcanzará misericordia. Proverbios 28:13. Como dice la canció n “no
culpes a la noche, no culpes a la playa, no culpes a la lluvia…” Trabajemos por la paz
aceptando nuestras culpas.
2. Tolerar las diferencias
Una de las razones principales por las que hay falta de paz en el mundo es porque somos
diferentes. Unos votan por la derecha, otros por la izquierda. Unos son hombres, otras
mujeres. Unos extranjeros, otros nacionales. Y un largo etcétera. John Maxwell dice que
la má s grande dificultad del liderazgo es unir en un mismo objetivo a personas
diferentes. Y, curiosamente, eso fue exactamente lo que hizo Jesú s. Entre los 12
discípulos de Cristo había cuatro pescadores. Un cobrador de impuestos. Dos
revolucionarios. Unos extrovertidos, otros introvertidos. Unos arrojados, otros
miedosos. Y Jesú s logró unirlos para convertirse en el grupo de persona que cambiarían
al mundo. Así es la iglesia, somos diferentes, pero somos hermanos. Pero para poder
hacerlo, hay una serie de actitudes que se deben evitar por la paz.
El centro del universo. Este es el que cree que sus gustos, opiniones, e ideas son las
ú nicas correctas. Hasta busca razones teoló gicas para decir que así debe ser. En la
iglesia a veces hay conflictos porque unos quieren himnos y otros cantos modernos.
Pero la Biblia dice: cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e
himnos y cánticos espirituales. Colosenses 3:16. Desde los inicios de la iglesia había
conflictos sobre qué cantar y Pablo los exhorta a considerarse unos a otros teniendo
gracia en sus corazones.
El que nunca cede. Una de las prá cticas má s dañ inas contra la paz es la actitud del
que nunca cede. Las discusiones tó xicas se convierten en una lucha por ver quien
tiene la razó n. Llega el punto en el que ya no nos interesa dialogar, ni comprender,
sino ganar. Pero Jesú s dijo: Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo
el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Mateo 16:25. En una discusió n
estamos para entender al otro, no para ganar. Somos los dos contra el problema, no
el uno contra el otro.
El que siempre gana. Cuando acabó la Primera Guerra el presidente Woodrow
Wilson escribió un discurso titulado La Paz sin Victoria. En el que decía que si
querían que hubiera paz en el mundo no debería de haber un ganador que aplastara
al perdedor. Nadie le hizo caso. Los aliados culparon a Alemania de la guerra. Le
impusieron multas, límites comerciales y militares, y pérdidas de territorio. El
tratado de Versalles fue humillante para Alemania. Una generació n creció humillada
y alimentando un odio contra los demá s que terminaría con el deseo de venganza en
la Segunda Guerra Mundial.
Qué bendecidos son los pacificadores. Es lo que dijo Jesú s. Aquellos que a pesar de las
diferencias pueden hacer equipo con otros. Se requiere una dosis de humildad. Se
requiere renunciar a la victoria por el bien de la paz. Se requiere ceder y renunciar a la
victoria. Trabajemos por la paz renunciando a la victoria.
3. Construir las relaciones.
La paz es mucho má s que la ausencia de guerra es la construcció n de bienestar. Por eso
Jesú s dijo bienaventurados los pacificadores no los pasivos. Un pacificador es uno que
trabaja activamente por la paz. Se trata de ser un constructor de puentes. Tristemente
hay muchos que solo viven para construir murallas. Aquí algunos ejemplos a evitar:
El chismoso. El que le gusta sembrar discordia, divisiones, y detracció n.
El criticón. El que se cree juez de los demá s y siempre ve lo malo de otros.
El contreras. El que tiene un problema para cada solució n. Nunca concede nada.
El apático. El que no tiene ningú n interés por profundizar en sus relaciones.
La Biblia dice algo muy grave de aquellos que construyen murallas en vez de puentes.
Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma: los ojos altivos, la lengua
mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente, el corazón que maquina
pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal, el testigo falso que habla
mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos. Proverbios 6:16-19. Por el
contrario, el pacificador tiene una solució n para cada problema, algo bueno que decir,
una idea para mejorar. Pablo dijo: si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en
paz con todos los hombres. Romanos 12:18. Cuenta una historia que un hombre se peleó
con su hermano por los terrenos de su padre. Estaba tan enojado que mando construir
una muralla para no ver a su hermano, cuya casa estaba en el mismo terreno, al otro
lado del río. El albañ il que había sido contratado construyó un puente en vez de una
muralla. El otro hermano al ver el puente se conmovió y corrió a abrazar a su hermano y
pedir perdó n. Trabajemos por la paz construyendo puentes.
4. Saciar las necesidades
Los pacificadores son aquellos que se dedican a saciar las necesidades de los demá s. Los
que tienen una actitud “¿qué puedo hacer por ti?” en vez de la actitud “¿qué pueden
hacer los demá s por mí?” Esto es difícil de hacer porque cada uno tiene necesidades
diferentes. Un libro que explica esto muy bien es Los 5 lenguajes del amor. Gary
Chapman dice que todos mostramos nuestro amor y nos sentimos amados de manera
diferente. Cada uno habla un lenguaje del amor diferente. Estos son los 5 lenguajes del
amor:
Regalos que hablan. Los que se sienten amados cuando la otra persona les da
algú n detalle, no se trata de materialismo sino de pensar en el otro.
Toque corporal. Los que se sienten amados cuando hay cercanía física: un
abrazo, una caricia, o un beso.
Palabras de afirmación. Los que se sienten amados cuando les dicen cosas como
“te amo”, “lo hiciste muy bien”, “eres el mejor”, “estoy orgulloso de ti.”
Tiempo de calidad. Los que se sienten amados cuando les dedican tiempo con
toda la atenció n y sin distracció n.
Actos de servicio. Los que se sienten amados cuando hacen algo significativo por
ellos.
Un pacificador es uno que trabaja para decir “te amo” en el idioma del otro. Aun cuando
no sea tu idioma favorito. Eso es trabajar por la paz. Un necio es el que dice “así soy”
para no dar al otro el amor que necesita. Un pacificador es uno que sacia necesidades.
Trabajemos por la paz saciando necesidades.
5. Perdonar los errores
Por ú ltimo, uno que trabaja por la paz es uno que perdona. Si ser pacificador es ser un
hijo de Dios, o sea, ser como Dios entonces el perdó n debe ser una característica
principal de los pacificadores. Dios está en el negocio del Perdó n. Desde la cruz Jesú s dijo
“Padre perdó nalos porque no saben lo que hacen.” Si somos sus hijos también
perdonamos a otros. Por el contrario, evitemos estas actitudes:
El elefante. El que sigue guardando rencor por mucho tiempo.
El rumiante. El que tiene siempre en la mente lo que otros hicieron.
El contador. El que lleva un registro de las faltas cometidas.
La Palabra de Dios dice: Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor
cubrirá multitud de pecados. 1 Pedro 4:8. También, el maravilloso himno al amor dice
que el amor No se irrita ni lleva un registro de las ofensas recibidas. 1 Corintios 13:5. ¿Es
fá cil? No. Pero no es en nuestras fuerzas sino a través de su Espíritu Santo. Trabajemos
por la paz perdonando a otros.
Desafío a ser pacificadores
Un pacificador es un ayudante de Dios porque él se dedica a traer paz a este mundo.
Aquellos que trabajan por la paz son instrumentos de Dios. Francisco de Asís escribió
una oració n que podemos orarla hoy nosotros:
Señor, haz de mí un instrumento de tu paz: donde haya tristeza, ponga yo alegría.
donde haya odio, ponga yo amor, Oh Maestro, que no busque yo tanto
donde haya ofensa, ponga yo perdón, ser consolado como consolar,
donde haya discordia, ponga yo unión, ser comprendido como comprender,
donde haya error, ponga yo verdad, ser amado como amar.
donde haya duda, ponga yo la fe, Porque dando se recibe,
donde haya desesperación, ponga yo olvidando se encuentra,
esperanza, perdonando se es perdonado,
donde haya tinieblas, ponga yo luz, y muriendo se resucita a la vida eterna.
Terminemos este mensaje con una pregunta. ¿Eres un instrumento de la paz de Dios? Es
tu trabajo, en tu casa, en tu iglesia, en tu escuela, y en tu familia. ¿Tus palabras y tus
actos cooperan para establecer la paz o para crear conflicto? Vengamos a Dios,
pidá mosle perdó n por las veces que hemos sido instrumentos de la no paz. Y tomemos
una decisió n de ser instrumentos en sus manos para el establecimiento de la paz.
Seamos instrumentos de su paz. Seamos ayudantes de Dios. Seamos pacificadores.
Pastor Elí Gutiérrez
Primera Iglesia Bautista de Garland
Domingo 23 de abril de 2023