Dengue: revisión y experiencia en pediatría
Dengue fever: a review article and experience in Pediatrics
Viviana Pavlicich1
1. Jefe Depto. Emergencia.
Hospital General Pediátrico Niños de Acosta Ñu
Declaro no tener conflicto de intereses.
Actualización del trabajo de revisión “Infección por Dengue en pediatría” realizado en
el 2012 para el curso de educación virtual ECRI- SAP (No publicado en revistas
indexadas y no indexadas).
Resumen
El fracaso en controlar la expansión del Aedes aegypti en el mundo y de evitar la
diseminación de enfermedades transmitidas por mosquitos, entre ellas el dengue,
otorga relevancia al abordaje detallado de este tema. El dengue, una patología de
inicio agudo y sintomatología sumamente variada pero con un patrón de fases bien
definido, ha sido protocolizado para su manejo. La clasificación actual en dengue y
dengue grave, la identificación de los signos clínicos que anticipan el agravamiento:
signos de alarma, y la identificación de las condiciones o factores de riesgo para el
desarrollo de una enfermedad severa, otorgan herramientas esenciales para el manejo
clínico de los casos. El desafío consiste en reconocerlo inicialmente entre las patologías
comunes de la infancia, a pesar de presentar signos clínicos inespecíficos y tomar la
decisión oportuna cuando existe riesgo de severidad. El diagnóstico de la enfermedad
puede ser establecido dentro de los cinco primeros días por la detección directa de
componentes virales en el suero. El tratamiento es de soporte, con un estrecho
monitoreo de la evolución, dado que no existe una terapéutica especifica. La vacuna
podría ser el elemento clave para disminuir la carga de la enfermedad.
Palabras clave:
DENGUE
DENGUE GRAVE
REVISIÓN
Summary
Failure to control the expansion of Aedes Aegypti in the world and to avoid the
dissemination of diseases transmitted by mosquitoes, being dengue fever among these
conditions, results in a relevant detailed approach to this topic. A protocol has been
written to handle dengue fever, a pathology that initiates in an acute manner and
whose symptoms are extremely varied, although it follows a well-defined pattern of
stages. The current classification of dengue fever, dengue fever /SIC/ and severe
dengue fever, identification of clinical signs that anticipate worsening of the disease:
alarm signs and identification of risk conditions or factors for the development of a
severe disease, provide essential tools for the clinical handling of cases. The constant
challenge lies in being able to recognize it in initial stages, among other conditions that
are frequent during childhood, in spite of its presenting non-specific clinical signs, and
making a timely decision when there is a risk of it being severe. The disease may be
diagnosed in the first five days by directly identifying viral components in the serum.
Treatment consists of support, with a close monitoring of evolution, since there is no
specific therapy. Vaccinations may be a key element to reduce the burden of the
disease.
Key words:
DENGUE
SEVERE DENGUE
REVIEW
Introducción
El dengue es una infección viral sistémica trasmitida por mosquitos. Su expansión
global implica un problema de salud pública para dos tercios de la población mundial.
Es una enfermedad emergente, está en aumento el número de casos en las regiones
endémicas y su expansión a nuevas regiones, convirtiéndose en una amenaza para
muchos países. La diseminación por América del Sur recién se inicia después del año
1981 y se han calculado 5 a 9 millones de casos en el año 2013. El dengue es una de
las enfermedades con mayor aumento de las tasas de incidencia estandarizada por
edad, lo que contrarresta la tendencia mundial de la disminución de las
enfermedades transmisibles(1).
En los últimos 30 años el dengue en las Américas ha tenido una tendencia ascendente,
con picos epidémicos que se repiten cada 3 a 5 años casi de manera estable. Cada pico
epidémico ha sido regularmente mayor al que le precedió. La causa de este
comportamiento podría estar relacionada con la acumulación en esos períodos de
tiempo de susceptibles asociado a la combinación de los diferentes serotipos del virus,
e incluso a fenómenos propios de las cepas circulantes en su virulencia
y patogenicidad. Sin dejar de estar presentes factores medioambientales que hacen
que se incremente la presencia del vector transmisor.
Los factores medioambientales y socioeconómicos que básicamente contribuyen a este
incremento son un crecimiento poblacional sin precedentes, una urbanización no
planificada, las migraciones, el aumento de la pobreza y el desconocimiento del riesgo.
Los viajeros tienen una participación esencial en la epidemiología mundial de las
infecciones por dengue, ya que aquellos con viremia pueden transportar los serotipos y
cepas del dengue hacia áreas con mosquitos que pueden transmitir la infección(2).
En los primeros meses de este año se detectaron en Uruguay 26 casos de dengue
autóctonos. Esta situación era previsible debido a la existencia del vector a lo largo de
todo el territorio nacional y a la alta prevalencia de la infección en los países vecinos.
La mayoría de los casos se han producido en tres departamentos: Montevideo (59%),
Canelones (17%) y Salto (4%). Todos los casos confirmados dieron positivo para el
virus del dengue mediante RCP-RT (reacción en cadena de la polimerasa
con retrotranscriptasa). El serotipo circulante fue el DEN-1 (3).
Se estima que en el mundo es endémico en al menos 100 países. La OMS comunicó
que 50 a 100 millones de personas se enferman anualmente, 500.000 requieren
hospitalización y 22000 mueren, siendo en una gran proporción niños(4).
En los países sin endemia o con una corta historia se reportan casos principalmente en
adolescente o adultos. La distribución de la edad en un determinado país y año tendrá
una tendencia a cumplir un patrón de cambio de afección hacia los más jóvenes en las
sucesivas epidemias.
El virus y el huésped
El virus del dengue (DEN) es un virus pequeño ARN monocatenario, que comprende 4
tipos diferentes de serotipos, (DEN-1 a DEN-4). Estos serotipos están estrechamente
relacionados y pertenecen al género Flavivirus de la familia Flaviviridae.
Cada serotipo confiere inmunidad permanente específica contra el mismo, así como
también inmunidad de corto plazo cruzada contra los otros tres serotipos que puede
durar algunos meses. El virus y el antígeno NS1 están presentes en la sangre durante
la fase aguda y altos niveles de viremia y de NS1 antigenemia han sido asociados con
presentaciones clínicas más graves. La detección del NS1 es también la base de
pruebas diagnósticas(5,6).
Los diferentes serotipos del virus del dengue se transmiten a los humanos mediante
picaduras de mosquitos Aedes infectados, principalmente el Aedes aegypti.
El Aedes aegypti es relativamente raro por arriba de los 1.000 metros sobre el nivel del
mar debido a las bajas temperaturas. Las etapas inmaduras se encuentran en hábitats
cubiertos de agua, principalmente en recipientes artificiales estrechamente asociados
con viviendas humanas y, a menudo, bajo techo. Los estudios sugieren que la mayoría
de las hembras de Aedes aegypti pasan su período de vida en las casas o alrededor de
ellas donde emergen como adultos. Esto significa que las personas, y no los
mosquitos, trasladan rápidamente el virus dentro de las comunidades y entre ellas. Los
brotes de dengue también se han atribuido a Aedes albopictus, Aedes polynesiensis y
varias especies del complejo Aedes scutellaris. Cada una de estas especies tiene
ecología, conducta y distribución geográfica determinadas(7).
La transmisión de la enfermedad se produce cuando un mosquito no infectado pica a
un hombre enfermo, se contamina con el virus y al picar a un hombre sano le trasmite
la enfermedad. El virus del dengue que circula en la sangre de humanos con viremia es
ingerido por los mosquitos hembra durante la alimentación, de este modo el virus
infecta el intestino medio y se produce una propagación sistémica durante un período
de 8 a 12 días. Después de este período de incubación extrínseco, el virus se puede
transmitir a otros seres humanos.
También están descriptas la transmisión durante el embarazo y la vía transfusional.
Las personas infectadas presentan viremia desde un día antes y hasta cinco o seis días
posteriores a la aparición de la fiebre.
Después de un período de incubación de 4 a 10 días, la infección causada por
cualquiera de los cuatro serotipos del virus puede producir una gran variedad de
alteraciones, aunque la mayoría de las infecciones son asintomáticas o subclínicas.
Los factores individuales de riesgo determinan la gravedad de la enfermedad e
incluyen: infección secundaria(8-10), edad, raza y posibles enfermedades crónicas (asma
bronquial, anemia de células falciformes y diabetes mellitus). Los niños pequeños, en
particular, pueden tener menor capacidad que los adultos para compensar la
extravasación de plasma capilar y, por consiguiente, están en mayor riesgo de shock
por dengue. También han sido identificados como factores de riesgo el sexo femenino,
el índice alto de masa corporal, la cepa viral y variantes del complejo humano mayor
de histocompatibilidad tipo I(11,12).
Cuadro clínico
El dengue es una enfermedad de presentación clínica variable pero de manejo sencillo
en la gran mayoría de las veces que ocasiona un enorme desafío a los sistemas de
salud cuando se presenta en epidemias.
Es una enfermedad sistémica, dinámica y presenta un amplio espectro clínico que
incluye manifestaciones clínicas graves y no graves(13). Puede, en ocasiones,
presentarse como un cuadro febril indiferenciado(14).
La evolución clínica es impredecible. Luego de un período de 3 a 7 días de incubación
los síntomas comienzan súbitamente, pudiéndose diferenciar tres fases: febril, crítica y
de recuperación.
Fase febril
Suele durar de 2 a 7 días. Se caracteriza por fiebre, acompañada por cefalea, vómitos,
mialgias, dolor articular, a veces acompañada también por un rash macular. Los niños
tienen fiebre alta, pero generalmente son menos sintomáticos que los adultos durante
esta fase de la enfermedad. Pueden tener manifestaciones hemorrágicas leves como
petequias y equimosis en los sitios de punción. Los hallazgos de laboratorio incluyen:
leucopenia, leve trombocitopenia y aumento moderado de las transaminasas.
La fiebre es un marcador del inicio de la enfermedad. Su aparición es brusca, puede
llegar a 40ºC, y remitir en meseta después del tercer día. En los primeros días hay
escasa respuesta a antipiréticos. Los pacientes que ya han padecido la enfermedad
tienden a tener un período febril más corto. La fiebre puede presentarse en forma
bifásica. La cefalea es holocraneana e intensa, el dolor retro-ocular característico de
esta enfermedad, puede empeorar con el movimiento de los ojos y se asocia a
fotofobia.
Las artralgias son de pequeñas y grandes articulaciones, también suelen doler los
huesos largos. Predominan las mialgias en la región lumbar y en los miembros
inferiores.
El primer rash puede aparecer entre el tercer y cuarto día, siendo de
característica maculopapular o escarlatitiforme generalizado, pudiendo a afectar la
región palmoplantar.
Muchos pacientes se recuperan luego de esta fase sin complicaciones.
Fase crítica
Puede ocurrir en cualquier momento entre los 3 y 7 días de la enfermedad. En algunos
pacientes se produce fuga capilar durante la defervescencia, evidenciado por
hemoconcentración (aumento del hematocrito), hipoalbuminemia y por la presencia de
derrame pleural, ascitis y edemas generalizados. Esta fuga capilar puede ocasionar el
síndrome de shock por dengue (SSD).
Antes que se establezca el shock aparecen signos clínicos que fueron reconocidos
como signos de alarma, estos signos preceden al deterioro clínico. Identificarlos
permite iniciar precozmente los líquidos endovenosos y prevenir el shock. Es
importante informar a los pacientes, a su familia y al equipo de salud para que los
reconozca. Signos de alarma:
Dolor abdominal continuo e intenso
Vómitos persistentes.
Derrames serosos en peritoneo, pleura y/o pericardio, detectados clínicamente
y/o por imágenes.
Sangrados de mucosas.
Somnolencia o irritabilidad.
Hepatomegalia mayor de 2 cm.
Incremento brusco del hematocrito asociado a un rápido descenso en el
recuento de plaquetas.
Las manifestaciones hemorrágicas generalmente ocurren durante la fase crítica, son
menos frecuentes en los niños, usualmente asociadas con shock profundo y
prolongado. Sin embargo en adultos puede presentarse severas hemorragias con
signos menores de fuga capilar(15). Un aumento del tiempo de tromboplastina parcial
activada y una disminución de los niveles de fibrinógeno están
frecuentemente presentes(16,17).
Manifestaciones graves incluyen falla hepática, miocarditis y encefalopatía, estos
cuadros se caracterizan por acompañarse con mínima fuga plasmática.
En una cohorte retrospectiva de niños hospitalizados en Brasil, los signos de alarma de
WHO fueron sometidos a un análisis multivariado siendo el dolor abdominal y
la letargia los que se asociaron con dengue severo(18). El dolor abdominal y la
disminución brusca de las plaquetas también fueron asociados con progresión a
la serositis y shock(19,20).
Aunque las publicaciones citan que el shock es el desencadenante de la muerte por
dengue en niños, y que las otras complicaciones son en realidad consecuencia del
shock prolongado y recurrente, en Paraguay existe la experiencia aun no publicada de
encefalitis por dengue sin shock como causa de muerte en niños(21).
Fase de recuperación
Dura 2 o 3 días, terminada la fase crítica. Existe una rápida recuperación de
la plaquetopenia durante esta fase. La alteración de la permeabilidad es corta, dura
aproximadamente 48 a 72 horas y es simultáneo a la rápida mejoría clínica del
paciente. Un segundo rash de características maculopapular y pruriginosas suele
aparecer en esta fase (figura 1).
Fisiopatología del dengue grave
En el dengue existe una disfunción endotelial, pero no hay evidencias que el virus
infecte directamente las células endoteliales y solo se han detectado cambios menores
en la microvasculatura(22). Sin embargo han sido identificados
eventos inmunopatogénicos con efecto definitivo sobre la
permeabilidad microvascular (figura 2).
Datos preliminares sugieren que se produce una alteración transitoria en la función
del glicocálix endotelial(23,24). Se sabe que tanto el propio virus, como el NS1 (proteína
no estructural 1), se adhieren al heparán sulfato del glicocálix(25,26). Esta capa funciona
como un tamiz molecular, restringiendo selectivamente las moléculas dentro del
plasma de acuerdo a su forma, tamaño y carga. Debido a esto, son
encontradas hipoalbuminemia y proteinuria en la infección por dengue, las proteínas
más pequeñas y hasta del tamaño de la albumina son filtradas a través del glicocálix.
Suele producirse dengue grave en infecciones secundarias, así como en infecciones
primarias de lactantes de madres que han padecido dengue. Esto hipotéticamente es
debido a una amplificación de la respuesta inmunológica.
Un desequilibrio transitorio y reversible de mediadores inflamatorios
como citoquinas y quimiocinas, se produce durante el dengue grave, probablemente
debido a una alta carga viral, esto conduce a la disfunción de las células endoteliales
vasculares y a un trastorno del sistema de coagulación resultante en pérdida de
plasma, shock y hemorragias(27).
Los mecanismos que conducen a una enfermedad severa no están bien definidos, pero
la respuesta inmune, las características genéticas del huésped y las variaciones del
virus son los elementos que podrían estar implicados en el desarrollo de enfermedad
grave
La pérdida de proteínas esenciales de la coagulación probablemente juega un papel
importante en el desarrollo de la típica coagulopatía, que generalmente se manifiesta
como un aumento en el tiempo parcial de tromboplastina acompañado de una
disminución de los niveles de fibrinógeno, pero con poca evidencia de
activación procoagulante. El heparán sulfato puede funcionar también como
anticoagulante y contribuir a la coagulopatía (figura 3) (28,29).
Se ha postulado La hipótesis de la persistencia de anticuerpos
maternos IgG subneutralizantes para el virus del dengue provenientes de madres
previamente sensibilizadas en la patogénesis de enfermedad severa en niños pequeños
por el efecto ADE (antibody-dependent enhancement)(30,31).
Clasificación: dengue y dengue grave
El Programa de Adiestramiento e Investigación en Enfermedades Transmisibles de la
Organización Mundial de la Salud (TDR/OMS) auspició un estudio internacional,
llamado DENCO (Dengue Control), uno de cuyos componentes era de clínica y su
objetivo principal fue obtener información de un número elevado de enfermos con
dengue confirmado, y encontrar una forma adecuada de clasificarlos, así como
identificar signos de alarma que fueran útiles para mejorar el protocolo de manejo de
casos de dengue.
Se obtuvo información clínica de casi 2.000 enfermos con dengue confirmado,
procedentes de siete países de dos continentes.
El estudio DENCO también permitió identificar algunos signos y síntomas que estaban
presentes en los enfermos un día antes de agravarse. Estos signos de alarma permiten
identificar tempranamente el enfermo de dengue que va a evolucionar a Dengue
severo y, sobre todo permite al médico iniciar de manera precoz el tratamiento con
reposición de líquidos por vía intravenosa, mejorando así el pronóstico del enfermo.
El dolor abdominal a la palpación, o referido por el enfermo fue identificado como un
factor de riesgo significativo para adultos y niños.
El estudio DENCO fue capaz de distinguir entre dengue grave y no grave con una
sensibilidad y especificidad mayor del 95%. Identificó signos que estaban presentes
antes de agravarse y la importancia de la comorbilidad(22).
Como resultado de este estudio se arribó a una clasificación binaria de la enfermedad:
dengue y dengue grave (figura 4).
Un estudio multicéntrico llevado a cabo en 18 países, evaluó la utilidad de la
clasificación revisada de dengue y concluyó que tiene un alto potencial para facilitar el
manejo de los casos y mejorar la sobrevida(32).
Definición de caso sospechoso
La definición consta de un aspecto clínico y un aspecto epidemiológico: “Enfermedad
febril aguda con un máximo de siete días de evolución que presenta dos o más de los
siguientes síntomas: dolor de cabeza, dolor retroorbitario, mialgias, artralgias,
postración o erupción cutánea. Con o sin la presencia de sangrado, leucopenia, y
cualquier signo de alarma en un paciente que estuvo en los últimos 15 días en una
región con presencia de Aedes aegypti y transmisión del virus del dengue.”
Manejo de casos
El diagnóstico clínico del dengue en niños es difícil porque los signos y síntomas
tempranos de la enfermedad son inespecíficos e indiferenciado de otras enfermedades
febriles agudas. Por otro lado, la presentación clínica cambia durante el curso de la
enfermedad y varía según la gravedad de la misma. El conocimiento de las
manifestaciones y del laboratorio en cada fase de la enfermedad es importante para
resolverla.
Para una enfermedad que tiene manifestaciones complejas, el manejo es relativamente
simple, barato y muy efectivo para salvar vidas, siempre y cuando las intervenciones
sean correctas y oportunas. La clave es el reconocimiento temprano y la comprensión
de los problemas clínicos durante las diferentes fases de la enfermedad. En otras
palabras, evaluar la secuencia de las manifestaciones clínicas y de laboratorio para
detectar en qué momento el paciente con dengue puede evolucionar a formas graves.
El futuro de los casos graves de dengue se deciden por lo general no en la Unidad de
Cuidados Intensivos sino mucho antes, en la Unidad de Atención Primaria, el
Departamento de Urgencias Médicas o la sala del hospital(33).
Para cumplir con el objetivo principal que es evitar la muerte por dengue es necesario:
reconocer precozmente la dolencia, conocer su clasificación, comprender las
alteraciones clínicas en las diferentes fases y adoptar una la conducta ajustada a la
clasificación y a cada paciente en el tiempo apropiado.
Se considera población de riesgo:
Menores de 2 años de edad*
Mayores de 65 años de edad
Embarazadas
Adultos y niños con hipertensión, obesidad, diabetes o enfermedades crónicas.
Incapaz de autocuidado que viva solo o no tenga cuidador.
Falta de acceso a servicios de salud.
* Hemos estudiado esta población encontrando que el verdadero grupo de riesgo
pareciera encontrarse en los menores de 1 año, especialmente los menores de 6
meses.
En las Américas la incidencia de dengue grave tiene un comportamiento bimodal,
afectando a niños menores de 1 año de edad, escolares entre 5 a 9 años y adultos
jóvenes. El grupo etario entre 1-4 años al parecer sería el menos susceptible de
evolucionar a formas severas de la enfermedad.
Ante un paciente con sospecha de dengue deben plantearse las siguientes preguntas
básicas:
1. ¿Tiene dengue? (Cumple criterios de definición de caso sospechosos).
2. ¿En qué fase se encuentra? (febril, critica o recuperación).
3. ¿Tiene signos de alarma?
4. ¿Tiene shock?
5. ¿Tiene comorbilidad?
6. ¿Pertenece a algún grupo especial?
7. ¿Tiene riesgo social?
Respondiendo estas cuestiones, el paciente puede clasificarse en las categorías de
riesgo que se presentan en la tabla 1.
Grupo A
Es aquel paciente que cumple con la definición de sospecha de caso sin ningún otro
factor que implique riesgo (edad, situación social, signos de shock, signos de alarma ni
enfermedades crónicas).
Deben ser evaluados diariamente luego de tres días de iniciada la enfermedad para
determinar progresión de la enfermedad y la aparición de signos de alarma hasta que
estén fuera del periodo crítico. Se les debe animar a tomar por vía oral solución de
rehidratación y jugos de fruta para reponer las pérdidas de la fiebre y vómitos, y
reducir el riesgo de hospitalización.
El paracetamol es el antipirético de elección con un mínimo intervalo de dosificación de
6 horas. No se deben indicar esteroides ni antiinflamatorios no esteroideos ya que
pueden agravar la gastritis y/o sangrado.
Los cuidadores deben ser informados de que el paciente debe ser trasladado al hospital
de inmediato si se presenta alguna de las siguientes situaciones:
No hay mejoría clínica.
Deterioro en el momento de desaparición de la fiebre.
Dolor abdominal intenso.
Vómitos persistentes.
Extremidades frías y húmedas.
Letargo o irritabilidad / agitación.
Sangrados (por ejemplo, heces negras o vómitos).
No orina por más de 4-6 horas.
Grupo B
Deben ser ingresados en el hospital. Este grupo incluye aquellos pacientes con
condiciones comórbidas o sociales, situaciones en que la atención domiciliaria no es
adecuada por lo que los líquidos por vía oral pueden no ser suficientes y deben ser
vigilados estrechamente (B1) y a aquellos pacientes con signos de alarma (B2). Esta
subdivisión del grupo B se debe a que todos estos pacientes deben ser hospitalizados
pero cada subgrupo merece una conducta terapéutica diferente (OPS 2011).
El paciente B1 básicamente se hospitaliza para realizar una monitorización cercana e
intervención oportuna.
El paciente B2 o con signos de alarma, se interpreta como en una etapa precoz de la
fuga capilar y se recomienda:
Iniciar la administración de cristaloides a 10 ml/Kg en una hora.
Reevaluar y si persisten los signos de alarma y la diuresis es < 1 ml/kg/h
repetir carga 1 o 2 veces más.
Reevaluar si hay mejoría clínica y la diuresis es ³ 1 ml/kg/h reducir el goteo a
5-7 ml/kg/h, por 2 a 4 h.
Continuar la reducción a 3-5 ml/kg/h por 2-4 h.
Continuar según necesidades del paciente.
Grupo C
Corresponde a los pacientes con fuga plasmática severa, hemorragias, o falla de
órganos y deben ser manejados en hospitales con posibilidades de cuidados
intensivos.
Los niños del grupo C requieren una urgente resucitación con cristaloides o coloides
intravenosos con la finalidad de mantener una perfusión y diuresis adecuada y mejoría
de la taquicardia.
En los pacientes con shock compensado (normotensos) los líquidos son iniciados a 10
ml/kg/h y luego ajustados basándose en la respuesta clínica y en mediciones seriadas
del hematocrito. La mejoría está establecida cuando se recupera la perfusión, el flujo
urinario y desciende el hematocrito.
En los pacientes con shock hipotensivo, se utilizan bolos de 20 ml/kg en 10 a 15
minutos. Luego los líquidos son ajustados según respuesta.
La falta de mejoría se evidencia por la persistencia del shock, disminución de la presión
del pulso, empeoramiento de la acidosis metabólica y aumento del hematocrito.
Una caída del hematocrito durante un shock persistente puede indicar hemorragia y
debe ser tratado con transfusión de plasma y glóbulos rojos.
Los pacientes de los grupos B y C requieren durante la hospitalización:
Monitorización del estado hemodinámico, de la ingesta y balance de ingresos y
egresos.
Utilizar fluidos isotónicos (suero salino o Ringer lactato) si se requiere restaurar
el volumen plasmático.
Controlar la presencia de sangrados.
Realizamos un análisis para predecir en la emergencia, que niños del grupo B (Dengue
con signos de alarma) progresarán al Grupo C (Dengue Grave), arrojó que la
hemoconcentración con descenso de plaquetas aumentó 3,3 veces la posibilidad de
tener Dengue Grave cuando está presente, pero su ausencia no implicó que no lo
desarrollarían. Ninguna de las variables permitió predecir con suficiente solvencia la
evolución a dengue grave en el momento del ingreso hospitalario(32).
En nuestros pacientes se produjo con más frecuencia shock precoz en niños escolares.
Sin embargo el shock fue más frecuentemente refractario en lactantes(34).
Líquidos intravenosos
En el dengue existen algunas recomendaciones específicas respecto al manejo de las
infusiones EV. Es importante infundir tipos de fluidos intravenosos (FIV) que tengan
más probabilidades de permanecer en la vasculatura y no administrar líquidos más allá
de lo necesario para evitar el acumulo extravascular. Por lo tanto se recomienda:
Limitar los FIV en la fase febril a los pacientes que están deshidratados y no
ingieren suficiente líquido por la boca.
No usar soluciones cristaloides hipotónicas para la hidratación de
mantenimiento ni aun entre los bolos.
Dar la cantidad justa de FIV para mantener una buena perfusión y la producción
de orina de al menos 0,5 ml/kg/h durante la fase crítica. Si el paciente tiene
exceso de peso, el volumen se basa en el peso corporal ideal (PCI).
Controlar el volumen de FIV con los HTO y los signos vitales. Vigilar la ingesta
de líquidos y los egresos.
Reducir los FIV en la medida que disminuye la tasa de fugas de plasma, esto
ocurre cerca del final de la fase crítica y se evidencia mediante el aumento de la
producción de orina, la ingesta adecuada de líquidos por vía oral y la
disminución del valor HTO por debajo del nivel basal en un paciente estable.
Por otro lado en el shock refractario pueden utilizarse coloides luego del curso de
cristaloides isotónicos. Los coloides permanecen en el intravascular a diferencia de los
cristaloides, y han sido asociados con un ligero aumento de reacciones adversas.
En el lactante que no se alimenta se debe añadir una solución con dextrosa.
Los niños del grupo C requieren una urgente resucitación con cristaloides o coloides
intravenosos con la finalidad de mantener una perfusión y diuresis adecuada y mejoría
de la taquicardia.
En los pacientes con shock compensado (normotensos) los líquidos son iniciados a 10
ml/kg/h y luego ajustados basándose en la respuesta clínica y en mediciones seriadas
del hematocrito. La mejoría está establecida cuando se recupera la perfusión, el flujo
urinario y desciende el hematocrito.
A pesar de que las guías de la WHO recomiendan realizar un HTO luego de cada
intervención, en estos pacientes estables lo realizamos cada 12 o 24 horas,
guiándonos por parámetros clínicos, con buenos resultados.
Si el niño se encuentra en shock hipotensivo o descompensado se realiza la
reanimación hídrica vigorosa con bolos de 20 ml/kg de cristaloide, seguido de coloide
(nosotros utilizamos albumina al 0,5%), e inicio de inotrópicos y/o vasopresores según
corresponda. La falta de mejoría se evidencia por la persistencia del shock,
disminución de la presión del pulso, empeoramiento de la acidosis metabólica y
aumento del hematocrito(35-37).
En niños hospitalizados por dengue con signos de alarma, el descenso de plaquetas al
5to día de enfermedad y el requerimiento de expansiones por dolor abdominal y/o
signos tempranos de shock permiten identificar a pacientes que evolucionaran a grave
en las próximas horas(38).
Una caída del hematocrito durante un shock persistente puede indicar hemorragia y
debe ser tratado con transfusión de plasma y glóbulos rojos.
De esta forma el control seriado del HTO es orientador de los cambios fisiopatológicos
y de las conductas terapéuticas en el paciente crítico.
Monitorización de los signos de sangrados
Hemos visto con cierta frecuencia sangrados vaginales en adolescentes, y hemorragias
digestivas en algunos pacientes. Se debe tener especial cuidado en aquellos pacientes
con ulcera péptica preexistente, anticoagulados, que utilizan AINEs o que han sufrido
alguna forma de trauma.
Los factores de riesgo para las hemorragias importantes son el shock prolongado con
hipotensión, acidosis metabólica y falla hepática y/o renal.
Las hemorragias de mucosas pueden presentarse en cualquier caso de dengue con
independencia de su gravedad, pero generalmente mejoran rápidamente en la fase de
recuperación.
Comparación del síndrome de shock dengue (SSD) con el shock séptico (SS)
Los pacientes con SSD fueron menos propensos a tener un síndrome de respuesta
inflamatoria sistémica, sin embargo presentaron más frecuentemente estrechamiento
de la presión del pulso, sangrados y un estado del sensorio preservado en relación a
los pacientes con shock séptico. Estos resultados probablemente se deban al estado
predominantemente vasodilatador en el shock séptico en comparación con el estado
vasoconstrictor de la respuesta inicial en el DSS(39).
El SSD presenta algunas peculiaridades fisiopatológicas, especialmente relacionadas
con el aumento significativo y precoz de la permeabilidad vascular y los relacionados
con la coagulabilidad sanguínea.
Son características particulares del SSD(40):
El sensorio frecuentemente inalterado, (no concordante con la alteración
hemodinámica observada). En general no dura más de 24 a 48 horas y se
producen recurrencias durante este periodo.
La ausencia de fiebre (establecer un monitoreo cercano cuando el paciente se
torna afebril).
El aumento del hematocrito.
La disminución de la albúmina.
Puede acompañarse de bradicardia sinusal.
Es precedido por una rápida caída de plaquetas
El shock séptico usualmente tiene una evolución más prolongada, mayor requerimiento
de ventilación mecánica y de drogas vasoactivas.
Transfusión de plaquetas
Los pacientes con dengue y trombocitopenia profunda no son infrecuentes. Estos
pacientes necesitan un estricto reposo en cama y deben ser protegidos de daño para
reducir el riesgo de sangrado. No dar inyecciones intramusculares para evitar
hematomas. No es necesario la transfusión de plaquetas profilácticas para
la trombocitopenia grave en pacientes hemodinámicamente estables que no tienen
hemorragia clínicamente significativa(41).
La práctica de la transfusión de plaquetas profiláctica NO se recomienda por las
siguientes razones:
Los estudios sugieren que el riesgo de sangrado no se correlaciona con el
recuento de plaquetas. Más bien, shock prolongado puede aumentar el riesgo
de hemorragia de un paciente.
Las transfusiones de plaquetas no acortan el período de la trombocitopenia en
pacientes con dengue, probablemente debido a la destrucción de las plaquetas.
La transfusión de plaquetas puede provocar sobrecarga de fluidos y extensión
de la hospitalización.
La transfusión está indicada en pacientes con trombocitopenia y sangrados activos que
ponen en riesgo la vida. Petequias y equimosis, presentes con frecuencia en el dengue,
no son considerados sangrados activos que requieran transfusión plaquetaria.
Pruebas diagnósticas
El diagnóstico de dengue puede ser establecido directamente por la detección de
componentes virales en el suero o indirectamente por análisis serológicos.
La sensibilidad de cada una de estas pruebas está determinada por los días de
evolución de la enfermedad que lleva el paciente(42).
Al ordenar pruebas diagnósticas de un caso sospechoso de dengue, el médico debe
tener en cuenta cuando el virus está presente en la sangre y cuando se producen los
anticuerpos.
En la fase aguda, cuando el paciente está febril, aproximadamente en los primeros 5
días después de la aparición de los síntomas se puede detectar el ácido nucleico viral
en suero por medio de la reverse-transcriptase–polymerase-chain reaction (RT-PCR), o
por la detección de la proteína 1 no estructural (NS1) por medio de ELISA (enzyme-
linked immunosorbent assay) o del test rápido.
En las personas que no han sido infectadas previamente la sensibilidad diagnóstica de
la detección de NS1 en el periodo febril es mayor del 90%, disminuyendo a un 60 a
80% en la infección secundaria(43,44).
Existe diferencia en la sensibilidad y especificidad de diferentes marcas comerciales
para la detección de NS1(45-48).
El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) ha desarrollado el test
CDC DENV-1-4 Real Time RT PCR Assay, puede ser realizado con el mismo equipo que
muchos laboratorios de Salud Publica utilizan para diagnosticar influenza y puede
identificar los 4 tipos de virus(47,48).
En la fase de convalecencia se debe solicitar el anticuerpo Inmunoglobulina M anti
dengue (IgM anti-DENV ELISA). Se encuentra detectable una vez que desaparece la
fiebre, generalmente entre los días 4 y 7 de evolución y se mantiene por
aproximadamente 3 meses. Se considera diagnostico cuando se produce
seroconversión entre dos muestras pareadas obtenidas en las fases aguda y de
convalecencia respectivamente.
La detección de IgG en suero no es útil como test diagnóstico de dengue, se vuelve
positiva generalmente recién luego del noveno día de enfermedad en la infección
primaria, estando detectable desde el primer día en una infección secundaria. Puede
dar reacción cruzada con otros flavivirus y en pacientes vacunados por fiebre amarilla
(figura 5).
Valor de los exámenes complementarios en dengue
Hematocrito: guía la terapéutica hídrica, un aumento del 20% por encima del basal
se considera hemoconcentración y cuando se asocia a disminución brusca de plaquetas
es un signo de alarma que predice el desarrollo de dengue grave. En la mayoría de las
guías se le ha dado un asignado valor a la determinación seriada para estimar la fuga
capilar, actualmente esta evaluación está siendo reemplazada por otros métodos(49).
Recuento de plaquetas: suelen disminuir sin necesariamente implicar un aumento
del riesgo de sangrado.
Leucopenia: muy frecuente, aunque su ausencia no excluye la enfermedad.
En nuestra experiencia, los lactantes presentan leucopenia más tardía que otras
edades, esto puede dificultar el diagnostico al inicio de la enfermedad y denota la
necesidad de pruebas de antigenemia para el diagnóstico(50).
Hipoalbuminemia: denota la existencia de fuga capilar, está presente durante la fase
crítica en el dengue grave.
Hiponatremia: está presente con relativa frecuencia en pacientes con dengue.
Transaminasas: habitualmente aumentan 2 a 4 veces del valor normal. El aumento
superior a 1.000 UI es propio de hepatitis por dengue y es un cuadro grave.
Enzimas cardiacas y troponina I cuantitativa ultrasensible: útiles para evaluar
una posible miocarditis dentro de un contexto clínico sugerente.
Ecocardiografía: monitoreo de la función ventricular en el paciente grave, detección
de derrame.
Acidosis metabólica: presente en el shock, debe corregirse con volumen
oportunamente.
Electrocardiograma: puede observarse bradicardia sinusal marcada, frecuentemente
asintomática que desaparece al finalizar la etapa de convalecencia.
Radiografía de tórax y ecografía: útiles para detectar y cuantificar los derrames
serosos durante la fase crítica cuando existe fuga capilar. La colecistitis alitiásica debe
buscarse en todos los enfermos con dolor abdominal, se puede ver en estos casos una
vesícula distendida con paredes engrosadas sin cálculos en su interior (figura 6). Este
hallazgo ha sido descripto en numerosos estudios como predictor de dengue grave.
Diagnóstico diferencial
El diagnóstico clínico fuera de epidemias puede ser difícil porque los signos y síntomas
iniciales son inespecíficos y porque la presentación clínica puede diferir según la fase
de la enfermedad en la que se encuentre (véase ejemplos en la tabla 2).
Dependiendo de la presentación clínica y de la historia de exposición se pueden valorar
distintos diagnósticos diferenciales (tabla 3).
Complicaciones y causas de muerte.
Las causas de muerte incluyen las siguientes:
No reconocer la enfermedad.
No reconocer el shock o que el mismo sea prolongado.
No diagnosticar hemorragias ocultas.
Hipervolemia y edema pulmonar por exceso de fluidos EV.
Infecciones nosocomiales.
Falla hepática.
Los estudios han demostrado que el mayor factor de riesgo para el desarrollo de
dengue grave es una infección secundaria con un serotipo de dengue diferente del
virus infectante original.
Los niños con dengue severo pueden tener disfunción miocárdica, evidenciándose
clínicamente con hepatomegalia y taquicardia que no responde a la infusión de
líquidos. Estos pacientes pueden responder al uso cuidadoso de agentes inotrópicos y
vasodilatadores, después de una adecuada reanimación con líquidos. La disfunción
miocárdica en el dengue es transitoria y la función cardíaca regresa a
la normalidad(51).
Los pacientes que desarrollan distrés respiratorio debido al shock o a la fuga capilar
pueden beneficiarse con presión positiva nasal continua en la vía aérea. Si esta
modalidad fracasa, deben ser ventilados tempranamente(52).
En ocasiones los derrames pleurales importantes pueden requerir ser drenados con
catéter de pequeño calibre.
Las complicaciones observadas en la infección por dengue se observan en la figura 7,
siendo infrecuentes algunas de ellas(53).
Prevención
Las estrategias de prevención en lo que respecta al combate del vector y las medidas a
adoptar por viajeros en zonas endémicas no serán desarrolladas en esta revisión.
Respecto a la vacuna, CYD-TDV es la primera vacuna contra el dengue que ha
completado la Fase 3 en ensayos de eficacia. Los ensayos multicéntricos en Asia y
América Latina han mostrado una eficacia desigual en diversos factores: la
seropositividad basal, el serotipo, y la edad
La eficacia fue consistentemente mayor en los mayores de los 9 años de edad
en todas las variables estudiadas: eficacia contra el dengue
confirmados virológicamente de cualquier gravedad y serotipo.
La comprensión de las razones de la relación riesgo / beneficio transitoria en el
tercer año después de la vacunación en niños muy pequeños es crítica para el
desarrollo de futuras vacunas contra el dengue(54,55).
Conclusiones
El diagnóstico de dengue en niños, especialmente en lactantes, es un verdadero
desafío debido a la presentación clínica inespecífica. Los datos epidemiológicos son de
gran utilidad para establecer la sospecha. Aunque la enfermedad es leve en la mayoría
de los casos, algunos evolucionan a formas graves y solamente el monitoreo cuidadoso
posibilita una intervención oportuna. Reconocer los signos de alarma es importante
para identificar posibles evoluciones a dengue grave. Aunque diferentes aspectos de la
fisiopatología siguen siendo investigados, es claro que la fuga capilar en pacientes con
y sin shock es un evento frecuente en el dengue.
Las epidemias suponen una enorme presión asistencial en los servicios de salud y
requieren de la planificación e implementación de estrategias específicas. La extensión
de la enfermedad en América Latina hace necesario que los médicos de la región estén
familiarizados con las manifestaciones clínicas, los métodos diagnósticos y las
recomendaciones para el manejo. Una vacuna contra el dengue segura y eficaz será la
piedra angular de cualquier programa de control de éxito. Hasta que esté
universalmente disponible, deben continuar los esfuerzos para mejorar el tratamiento
a través de la aplicación de las mejores prácticas existentes, un triaje eficiente y el
manejo apropiado de los líquidos.