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Desigualdad de Género en Guatemala

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Desigualdad de genero

La desigualdad de género en Guatemala es un fenómeno arraigado en su


historia, cultura y estructuras socioeconómicas. A pesar de los esfuerzos por
promover la igualdad de género, persisten profundas disparidades que afectan a
las mujeres y niñas en diversas esferas de la vida.

En términos de participación política, aunque se han implementado leyes para


promover la igualdad de género y aumentar la representación de las mujeres en
cargos políticos, aún existe una subrepresentación significativa en comparación
con los hombres. Las barreras culturales, la violencia política de género y la falta
de recursos para las campañas electorales siguen siendo obstáculos importantes
para el acceso equitativo al poder político.

En el ámbito laboral, las mujeres enfrentan desafíos como la discriminación


salarial, la falta de oportunidades de empleo digno y la segregación ocupacional.
Muchas mujeres, especialmente en áreas rurales, trabajan en el sector informal
con bajos ingresos y sin protección social. Además, la maternidad y las
responsabilidades familiares a menudo limitan las oportunidades de las mujeres
para avanzar en sus carreras profesionales.

La violencia de género es otro aspecto crítico de la desigualdad en Guatemala.


Altos índices de violencia doméstica, agresiones sexuales y feminicidios continúan
siendo problemas alarmantes. La impunidad y la falta de acceso a la justicia para
las víctimas agravan aún más esta situación, perpetuando un ciclo de violencia y
desigualdad.

En cuanto al acceso a la educación y la salud, si bien se han realizado


avances en la expansión de la educación primaria para niñas, persisten
disparidades en el acceso a niveles superiores de educación y en la calidad de la
atención médica, especialmente en áreas rurales y para mujeres indígenas.

La desigualdad de genero

Cada día, las mujeres de todos los países del mundo sufren desigualdad y
discriminación. Se enfrentan a situaciones de violencia, abusos y un trato desigual
tanto en su hogar, como en su entorno de trabajo y sus comunidades solo por el
hecho de ser mujeres. También se les niegan oportunidades para aprender,
obtener ingresos, hacer oír su voz y liderar.

La mayor parte de las personas que viven en situación de pobreza son


mujeres. En comparación con los hombres, tienen un menor acceso a recursos,
poder e influencia, y pueden experimentar una mayor desigualdad debido a su
clase, etnia o edad, así como debido a creencias religiosas y fundamentalistas.

La desigualdad de género es un factor clave de la pobreza y menoscaba


gravemente los derechos de las mujeres.

Las causas de la desigualdad de género son diversas, además de


transversales, es decir, afectan en todos los ámbitos de la sociedad; en este
artículo nos centraremos en aquellas relacionadas directamente con el ámbito
laboral.

Las causas de la desigualdad de género son variadas y complejas, si bien


muchas de ellas se pueden rastrear hasta el proceso de socialización diferencial y
en la interiorización de roles y estereotipos durante las etapas formativas y
educativas de los niños y en cómo la educación, la familia, los medios de
comunicación, la publicidad, etc., siguen perpetuando

Es cierto que la situación no es igual en todo el mundo y que el lugar de


origen, la raza, la religión y otros factores influyen en agravar más o menos esa
desigualdad de género, pero es un problema transversal, que afecta en todos los
ámbitos de la sociedad. Por lo que preguntarnos ¿qué causa la desigualdad de
género?, es una cuestión cuya respuesta, como decimos, es compleja.

Los estereotipos de género son aquellas ideas y creencias comúnmente


aceptadas en la sociedad sobre cómo deben comportarse hombres y mujeres y
qué se espera de cada uno de ellos.
Estos estereotipos hacen que no se tenga en cuenta a las mujeres para
determinados puestos de trabajos o profesiones, se infravaloren los trabajos
tradicionalmente feminizados, se espere de ellas que también se hagan cargo del
cuidado del hogar y los hijos, etc. Por ejemplo, están detrás de la desigualdad de
la mujer en el deporte.

Pese a los avances hechos en lo que al fomento de la corresponsabilidad se


refiere, los estereotipos influyen a su vez en cargar mayoritariamente a la mujer
con el cuidado del hogar y los hijos o familiares dependientes, pues se espera que
sean ellas las que se hagan cargo de estas tareas (mandato de género),
especialmente cuando por motivos económicos, no se pueden contratar servicios
externos para ello.

El techo de cristal sigue siendo una realidad que refleja la desigualdad de


género, especialmente en lo que al reconocimiento de autoridad y liderazgo de las
mujeres se refiere.

Los estereotipos de género siguen siendo relevantes, porque en muchas


ocasiones son el causante de que a las mujeres se las proponga menos para
ascensos a puestos directivos, de toma de decisiones o de representación dentro
de las organizaciones. Se considera que las mujeres tienen menos capacidades
para liderar que los hombres y, en caso de tener familia, se presupone que no
dedicarán a la empresa el nivel de atención necesario (al contrario que con los
hombres, cuya paternidad se valora de forma positiva dentro de la empresa).

El mundo empresarial refleja y reproduce el sexismo de la sociedad,


perpetuando así la desigualdad de género dentro y fuera de la empresa.

Esta cultura empresarial sexista afecta tanto a la hora de entrar en el mercado


laboral, con ofertas de empleo que muchas veces vinculan aptitudes y
capacidades al género y no al puesto de trabajo y la experiencia, como a la vida
en la empresa como empleadas (situaciones de acoso laboral, brecha salarial,
etc.), así como a las mujeres empresarias, que enfrentan diferentes obstáculos a
la hora de crear sus empresas y hacerlas crecer en un entorno que todavía está
muy masculinizado.

Ausencia de perspectiva de género en las políticas de empleo

Hasta hace poco tiempo, la perspectiva de género no se tenía en cuenta en el


desarrollo de las políticas de empleo de las Administraciones, por lo que estas
reproducían las desigualdades de género. Este factor ha cambiado y actualmente,
sí se aplica la perspectiva de género precisamente para conseguir que muchas de
las desigualdades presentes en el ámbito laboral empiecen a reducirse y
desaparecer, así como la aprobación de nuevas normativas enfocadas a acabar
con estas desigualdades.

Por ejemplo, estudiar cuáles son las causas de la desigualdad de género en el


sector rural, aplicando dicha perspectiva de género, puede ayudar a crear políticas
que fomenten la presencia de la mujer emprendedora en este ámbito.

Las causas detrás de la desigualdad de género están enraizadas en los roles y


estereotipos de género que la socialización diferencial nos ha llevado a interiorizar
tanto a mujeres como a hombres y que hemos seguido perpetuando también en el
ámbito laboral. Si queremos solucionar las consecuencias de la desigualdad de
género en este ámbito, es necesario que seamos conscientes de ellas y
adoptemos medidas que lleven a la eliminación de sus causantes.

Principales áreas donde afecta la desigualdad de genero

Estudios

Las mujeres que superan el acceso a la universidad son casi el 60%, mientras
que la cifra en los hombres es de un 41%. En cuanto a los resultados, ellas
aprueban un 82%; ellos, un 72%. Unos datos que contrastan con las cifras de
brecha salarial que veremos a continuación.

Empleo

El salario medio anual de una mujer es un 22,17% más bajo que el de un


hombre, un buen ejemplo de la desigualdad de género. La tasa de empleo en
mujeres es del 44% mientras que la de los hombres es del 55,7%.

Por otra parte, las mujeres invierten 26,5 horas en trabajo no remunerado,
mientras que los hombres solo dedican 14 h horas a estos trabajos.

En el caso de las pensiones, según datos de 2018, la diferencia también es


significativa. Una pensionista recibe una media de 740,2 euros mensuales,
mientras que su equivalente masculino cobra alrededor de 1.162,3 euros.

Conciliación

En cuestiones de conciliación también se aprecia desigualdad de género. De


entre las personas que no han podido costear servicios para el cuidado de los
hijos y, por ello, no buscan empleo, el 35,8% son mujeres y solo el 9% son
hombres. En el caso de que solo decidan realizar un recorte de jornada, el 95% de
los ocupados a tiempo parcial por estos motivos son mujeres. Además, las cifras
relativas a trabajadores que han dejado de ejercer por un periodo mayor de un año
con motivo del nacimiento de un hijo también son esclarecedoras: en el caso de
los hombres, el porcentaje es de un 7,4%, mientras que el de mujeres es de un
38,2%

Hogar

Las tareas del hogar se reparten también de forma poco equitativa. En


general, las mujeres dedican una media semanal de 20 horas a poner a punto su
casa, mientras que los hombres solamente una media de 11 horas. Además, la
tasa de riesgo de pobreza también es mayor en la población femenina, un 21,3%
frente al 20,1% de los hombres.

Poder
También en política podemos ver la desigualdad entre ambos géneros. La
participación de las mujeres en cargos ejecutivos de los principales partidos
políticos se cifra en un 38%. Y según datos de la ONU, el 90% de los jefes de
estado del mundo son hombres, y, en cuanto a las personas que conforman los
parlamentos, ¡encontramos que la cifra de hombres es del 76%!

Para algunos, las desigualdades de género se están reduciendo en todo el


mundo. Dorius y Firebaugh, en su estudio de 2010, examinaron las tendencias
mundiales en la desigualdad de género. Usando datos para investigar la evolución
en la desigualdad de género en las últimas décadas y en varias áreas, como la
economía, la representación política, la educación y la mortalidad, llegaron a la
conclusión de que se puede observar un descenso de las desigualdades de
género, con independencia de religiones y tradiciones culturales, aunque atenuado
por el crecimiento de la población; no en vano, el crecimiento demográfico es
mayor en países donde la desigualdad de género es más evidente. Sin embargo,
incluso los estudios optimistas como este reconocen que:

Hay dos razones para moderar el optimismo respecto al futuro de la igualdad


de género en el mundo. En primer lugar, como es obvio, porque nada garantiza
que las tendencias actuales vayan a continuar. En segundo, porque la desigualdad
de género se puede interpretar como un proceso en dos etapas que podríamos
resumir coloquialmente como «primero, entrar en el club y, después, conseguir la
igualdad dentro de este». La mayoría de indicadores que analizamos en esta obra
se centran en conseguir «entrar en el club»: matricularse en la universidad,
incorporarse a la población económicamente activa o convertirse en miembro del
parlamento nacional. La paridad de género en estos indicadores es solo parte de
la historia, porque, por citar un ejemplo, los hombres y las mujeres están entrando
en mercados laborales muy segregados por sexos, al menos en los países
industrializados (Charles y Grusky, 2004; Dorius y Firebaugh, 2010, p. 1959).

Hay abundantes pruebas para refutar tanto este como otros enfoques con una
perspectiva lineal del progreso en materia de género. El reciente World Inequality
Report (WIR, 2018; Avaredo et al., 2018), una evaluación sistémica de primer
orden sobre la globalización en términos de desigualdad de renta y de riqueza,
documenta un incremento acentuado de la desigualdad económica mundial desde
la década de 1980, pese al sólido crecimiento de muchas economías emergentes.
Es precisamente en este contexto donde hay que situar cualquier análisis de las
desigualdades de género. Por supuesto que los hombres pobres, los hombres de
color y los hombres homosexuales, por nombrar solo algunos grupos no
compuestos por mujeres, se ven afectados por la discriminación económica racial
y sexual. Sin embargo, en general, son las mujeres las que llevan la peor parte de
la pobreza, la desigualdad en el mercado de trabajo y la violencia, por ejemplo. De
hecho, en el mundo las mujeres ganan, de media, el 24% menos que los hombres
(UNWomen, 2015).

Factores

La desigualdad de género es un fenómeno complejo que tiene múltiples


factores que contribuyen a su persistencia.

1. Normas culturales y sociales: Las expectativas tradicionales de género,


como los roles de género predefinidos que dictan cómo deben comportarse
hombres y mujeres, contribuyen a perpetuar la desigualdad.
2. Acceso desigual a la educación: Aunque ha habido avances significativos
en la educación de las mujeres, todavía existen disparidades en el acceso a una
educación de calidad y a oportunidades educativas avanzadas en algunas
regiones del mundo.
3. Brecha salarial: Las mujeres suelen ganar menos que los hombres por el
mismo trabajo o por trabajos de igual valor. Esta brecha salarial se debe a
diversos factores, como la discriminación salarial y la segregación ocupacional.
4. Falta de representación en posiciones de poder:Las mujeres están
subrepresentadas en roles de liderazgo y toma de decisiones tanto en el ámbito
político como en el empresarial, lo que limita su influencia y capacidad para
abogar por cambios significativos.
5. Violencia de género: La violencia contra las mujeres, ya sea física, sexual,
emocional o económica, es una manifestación extrema de la desigualdad de
género y puede impedir que las mujeres alcancen su pleno potencial.
6. División del trabajo no remunerado: Las responsabilidades familiares y
domésticas siguen recayendo desproporcionadamente en las mujeres, lo que
limita su participación en el mercado laboral y su capacidad para avanzar en sus
carreras.
7. Acceso limitado a servicios de salud sexual y reproductiva: En algunos
lugares, las mujeres enfrentan barreras para acceder a servicios de salud sexual y
reproductiva, lo que afecta su autonomía y bienestar.

Abordar estos factores requiere un enfoque integral que incluya políticas


públicas, cambios culturales y acciones individuales para promover la igualdad de
género en todas las esferas de la sociedad.

Consecuencias de la desigualdad de género

La desigualdad de género es un componente estructurante de la pobreza que


es la principal consecuencia junto con problemas como la desnutrición o el
hambre y un freno al desarrollo, tanto en el ámbito personal como en el ámbito
social, según Selim Jahan Director de la oficina del Informe sobre Desarrollo
Humano, la falta de empoderamiento de las mujeres constituye una forma de
desigualdad crítica y si bien existen múltiples barreras para el empoderamiento de
las mujeres, la violencia contra mujeres y niñas es tanto una causa como una
consecuencia de la desigualdad de género.

La pobreza

El 60% de los mil millones de habitantes más pobres de nuestro planeta son
mujeres y niñas. El foso que separa a mujeres y hombres en el ciclo de la pobreza
se ha hecho más profundo en el último decenio, en comparación con los hombres,
tienen un menor acceso a recursos, poder e influencia, y pueden experimentar una
mayor desigualdad debido a su clase, etnia o edad, así como debido a creencias
religiosas y fundamentalistas.

El acceso al mundo laboral

Cerca de mil millones de mujeres no pueden aportar una contribución


económica debido a los obstáculos a los que se enfrentan en materia de toma de
decisiones, servicios financieros, educación o formación. En 2012, el Banco
Mundial afirmaba que la eliminación de todas las formas de discriminación contra
la mujer en materia de empleo podría incrementar la productividad en un 40% por
empleado. La FAO considera que, si las mujeres rurales tuvieran el mismo acceso
que los hombres a los abonos, las simientes, las herramientas y demás formas de
apoyo, la producción agrícola se incrementaría lo suficiente para alimentar de 100
a 150 millones de personas que tienen hambre.

Las mujeres no tienen educación

Desde el 2000: la proporción de niñas no escolarizadas ha bajado del 58 al


53¨ % en diez años en los países en desarrollo. A pesar de ello, en muchos países
no se alcanzará probablemente la paridad de género en la enseñanza primaria y
secundaria de aquí a 2015. Todavía hay demasiadas niñas (32%) que no terminan
un ciclo de educación; en 2012 había 39 millones de niñas de 11 a 15 años que no
estaban escolarizadas.

El matrimonio precoz

En los países en desarrollo, más de 60 millones de mujeres de 20 a 24 años


estaban casadas o vivían en pareja antes de cumplir 18 años. Más de 31 millones
de ellas viven en el Asia del Sur; entre 2011 y 2020 se habrán casado más de 140
millones de niñas.

Las violencias
Las mujeres sufren varias formas de violencia y son las primeras víctimas de
los conflictos armados, donde la violencia sexual se ha convertido en un arma de
guerra.

Existen consecuencias de desigualdad de género en el ámbito laboral

Menor tasa de actividad laboral

Una de las consecuencias de la reproducción todavía de los roles tradicionales


asociados al género es una menor tasa de actividad laboral en las mujeres.

Mayor tasa de desempleo

La tasa de paro es mayor entre las mujeres que entre los hombres, algo que,
además, hemos podido ver durante la pandemia de Covid-19, en la que el paro
femenino creció más que el masculino.

Condiciones laborales desiguales entre hombres y mujeres

La desigualdad laboral también la encontramos en las propias condiciones


laborales de las mujeres, que todavía tienden a ser peores que las de los
hombres, ya que estas acceden al empleo en condiciones de mayor temporalidad
y precariedad, además, son ellas, todavía, quienes mayoritariamente tienen
horarios de jornada reducida para poder dedicar tiempo al cuidado del hogar y los
hijos.

Esto se traduce, además, en la desigualdad salarial entre hombres y mujeres.

Segregación ocupacional

Aunque la implantación de acciones de igualdad está contribuyendo a reducir


la segregación ocupacional en función del sexo, actualmente todavía se produce
tanto horizontal, con mayor presencia de mujeres en aquellas profesiones
asociadas tradicionalmente a lo «femenino» como vertical, con menos mujeres en
puestos directivos y de responsabilidad y toma de decisiones, porque todavía hay
muchas profesiones en las que las mujeres se encuentran con ese techo de cristal
que frena el desarrollo de su carrera profesional.

 Menor participación de mujeres en la actividad empresarial

Cada día son más las mujeres empresarias, pero las causas detrás de la
desigualdad de género todavía provocan que su presencia sea menor y que, en
general, las empresas creadas por mujeres se encuentren sobre todo en sectores
de actividad marcados por la segregación ocupacional de la que hablábamos en el
punto anterior.

Menor presencia en puestos de decisión y representación

Diferentes causas y factores contribuyen a que haya una menor presencia de


la mujer en puestos de toma de decisiones y representación, aunque poco a poco
vemos cómo va aumentando el número de mujeres directivas, todavía se está
lejos de lograr esa equidad.

Esta menor presencia de mujeres también la encontramos en otros ámbitos;


político, social, económico, cultural y de valores e influencia social, motivo que ha
llevado a promover políticas, precisamente, para aumentar la presencia de
mujeres en los mismos.

Mayor dedicación de tiempo a actividades no remuneradas

Otra de las consecuencias de la desigualdad de género la encontramos en que


las mujeres dedican más tiempo al desempeño de actividades y tareas no
remuneradas, en concreto aquellas relacionadas con las actividades domésticas y
de cuidados de hijos o familiares dependientes. Pese al fomento y avance de la
corresponsabilidad, como decíamos más arriba, todavía son ellas las que más
reducciones de jornada solicitan para poder dedicar tiempo a estas tareas, algo
que afecta también a sus posibilidades de promoción y ascenso profesional.

Las desigualdades repercuten en la esperanza de vida y el acceso a servicios


básicos, como la atención sanitaria, la educación, el agua y el saneamiento, y pueden
coartar los derechos humanos especialmente el de las mujeres, por ejemplo, debido a
la discriminación, el abuso y la falta de acceso a la justicia destruyen el sentimiento
de plenitud e integridad de los seres humanos. El temor a la violencia puede
impedir que continúen con su educación, trabajen o ejerzan sus derechos
políticos. Una reciente encuesta de Gallup muestra que, de manera consistente,
en todas las regiones del mundo, las mujeres se sienten menos seguras que los
hombres, aunque los niveles de inseguridad varían significativamente según la
zona geográfica. Pero la violencia de género no es solo una causa de
desigualdad, sino que también es consecuencia de ella. En muchos lugares, se ve
reforzada por leyes discriminatorias y normas sociales excluyentes que socavan la
independencia y las oportunidades en el ámbito de la educación y los ingresos de
mujeres y niñas. Algunas veces, la violencia de género se asocia a cambios en las
relaciones de poder dentro de los hogares y las comunidades, especialmente
cuando hay un resentimiento contra las mujeres que se alejan de los roles
convencionales.

Estadísticas

En Guatemala, las desigualdades entre hombres y mujeres son más altas que
en otros países de América Latina. El país registra un índice de desigualdad de
género de 0.49, que lo ubica en el percentil 72, según el último Informe Mundial
del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Esto significa
que Guatemala está en una situación más deficiente que el 72% de los países del
mundo.

Gustavo Arriola, coordinador del informe nacional del PNUD, explica que “los
puestos más altos todavía siguen estando predominantemente entre los hombres”.
Por cada dólar que los hombres guatemaltecos reciben, dice que, las mujeres
ganan 56 centavos, lo que también nos deja ver la desigualdad salarial.

Según los datos que maneja el PNUD, solo el 41% de las mujeres mayores de
15 años participan en la economía, lo cual oculta una forma no remunerada de
trabajo: el trabajo en el hogar. En cambio, el 85% de los hombres ya están
incorporado al mercado laboral desde los 15 años. La cifra supera el 90% a partir
de los 20 años, mientras que la de las mujeres apenas sube del 50%. Este dato se
extrae de analizar el ingreso nacional per cápita. Esto sin agregar el peso del
rechazo que muchas veces se da de la sociedad a ese pequeño porcentaje de
mujeres que se incorporan al mercado laboral.

Rebeca Arias, coordinadora residente del Sistema de las Naciones Unidas y


representante del PNUD, explica que la inequidad se observa también en
aspectos como la participación de las mujeres en la política o el acceso a la
educación y a la salud. “Uno de los datos que presenta el informe es el de la baja
participación de las mujeres en la política. El informe presenta un dato de 14% de
participación de las mujeres en el Congreso de la República. Esta información es
de 2015, pero los datos después de las elecciones no son muy diferentes. No ha
habido un cambio sustancial”, matiza. Incluso, añade, la participación en los
gobiernos locales no llega al 3%.

Soluciones-Desigualdad de género

Se realizó un estudio en el año 2017, en el cuál se dice que las mujeres solo
cuentan con el 68% por ciento de los derechos que los hombres poseen, y que, si
a este ritmo seguimos, se podrá contar con verdadera igualdad de aquí a 100
años. Es evidente que hay un largo camino por recorrer, pero como personas
pertenecientes a esta sociedad, podemos ir dando pequeños pasos, es decir,
avances, para que la desigualdad se vaya erradicando y borrando de nuestra
sociedad.

¿Cómo podemos promover la igualdad de género en nuestro día a día?


 Dividir las tareas del hogar: Creo que el problema empieza porque a la
mujer se le ha dado un “rol” que cumplir, y se sobrecarga de trabajo. Y este tema
abarca más en el ámbito matrimonial, en donde tanto el padre como la madre
deben involucrarse en la crianza y cuidado de sus hijos y hogar.
 Observar signos de violencia: Debemos ser personas conscientes y
denunciar cuando a alguien le esta sucediendo algún caso de violencia, ya sea
física, emocional o verbal. Y también por parte de la víctima, a darse cuenta
cuando se presenten señales de abuso y denunciar.
 Reprende actitudes machistas y racistas: No nos callemos ante comentarios
que puedan llegar a denigrar a la mujer, y tampoco lo veamos como algo “normal”.
 Votemos por mujeres: “Según datos de ONU Mujeres de 2017, solo hay 17
países con mujeres como jefes de Estado y/o de gobierno en el mundo. El
promedio mundial de mujeres en el Congreso es de apenas 23,4%”.

Estas cifras son alarmantes ya que nos muestran la poca participación de las
mujeres en el poder, siendo ellas completamente capaces de desempeñar un
cargo de poder en el Estado. Apoyemos a más mujeres con buenas propuestas,
para que así tengan más reconocimiento en este ámbito de la sociedad.

 No supongas; escucha: Muchas mujeres a lo largo de la historia han tenido


miedo de contar su historia de abuso, debido a que las personas suelen no
creerles y no han tenido apoyo. Una gran forma de romper con este ciclo es
creyéndole a la víctima y ayudándola a denunciar el abuso, junto con la ayuda
psicológica que necesite.

¿Cómo podemos promover la igualdad de género en las empresas?

 Contratar diversidad: Valorar el trabajo de las mujeres por su desempeño


intelectual. Con el fin de innovar en las empresas.
 Salarios iguales: Es muy triste observar como la sociedad tiene esta cultura
de pagarle mucho menos a la mujer, cuando esta desempeñando el mismo trabajo
que el hombre. A cada quien se le debe de dar lo que se merece sin importar el
género que tenga.
 Movilización y apoyo: En las empresas se debe contar con una red de
apoyo que cuide los derechos de las mujeres, que ellas se puedan sentir en la
libertad de denunciar algún abuso por parte de sus compañeros o superiores, solo
así se puede ir erradicando esta cultura machista en el área laboral.
 Formación integral: Capacitar a hombres y a mujeres acerca de los temas
de desigualdad de género, dar charlas y platicas que los ayuden a ya no ver como
algo “normal” actitudes misóginas y machistas.

Giovana nos dice que “Aunque todavía tenemos un largo camino por recorrer,
cada vez más el mundo se vuelve consciente de que es necesario actuar para
combatir la desigualdad de género, que, en muchas partes del mundo, se
potencializa por la asociación a otros tipos de discriminación, como racismo,
xenofobia, homofobia, etc.”

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