DISCÍPULOS 2
Venid y ved
¿Qué buscas? Fue la pregunta que Jesú s le hizo a sus dos primeros discípulos. Y es la misma
pregunta que Jesú s nos hace hoy. ¿Qué buscas? Otra manera de hacer esta pregunta es: ¿para qué
vives? ¿qué te despierta cada mañ ana? ¿cuá l es tú razó n para vivir? ¿qué sueñ os persigues? Es
interesante que en este mundo las cosas má s valiosas está n escondidas y hay que buscarlas. La
basura la encuentras tirada en la calle. Pero, como dicen las mamá s, el dinero no se barre con la
escoba ni se da en los á rboles. El oro y todas las piedras preciosas está n en las profundidades de la
tierra, los diamantes está n escondidos en las minas. Los tesoros hay que buscarlos con vehemencia.
Para extraer petró leo hay que hacer un gran trabajo industrial. Y lo mismo pasa con las cosas que
uno quiere lograr en la vida. Una medalla olímpica no se la dan al que ve Netflix todo el día. Y un
título académico no se lo gana el que nunca va a la escuela. Las cosas má s valiosas de la vida hay que
buscarlas con disciplina. Lo má s valioso de este mundo es seguir a Cristo, y es una empresa que
requiere entregarlo todo para seguirlo. Pero vale la pena absolutamente. La semana pasada
estudiamos la historia de los primeros discípulos de Jesú s. Hoy seguiremos siendo desafiados a
venir y ver, o sea, a seguir a Cristo.
Al día siguiente, Jesús decidió salir hacia Galilea. Se encontró con Felipe y lo llamó: «Sígueme».
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Felipe era del pueblo de Betsaida, lo mismo que Andrés y Pedro. 45 Felipe buscó a Natanael y le dijo:
—Hemos encontrado a Jesús de Nazaret, el hijo de José, aquel de quien escribió Moisés en la Ley y de
quien escribieron los profetas. 46 —¡De Nazaret! —respondió Natanael—. ¿Acaso de allí puede salir
algo bueno? —Ven a ver —contestó Felipe. 47 Cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, comentó: —
Aquí tienen a un verdadero israelita en quien no hay falsedad. 48 —¿De dónde me conoces? —preguntó
Natanael. Jesús respondió: —Antes de que Felipe te llamara, cuando aún estabas bajo la higuera, ya te
había visto. 49 —Rabí, ¡tú eres el Hijo de Dios! ¡Tú eres el Rey de Israel! —declaró Natanael. 50 Jesús le
dijo: —¿Lo crees porque te dije que te vi cuando estabas debajo de la higuera? ¡Vas a ver aún cosas
más grandes que estas! 51 Y añadió con firmeza: —Les aseguro que ustedes verán abrirse el cielo, y a
los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre. Juan 1:43-51
Un discípulo es uno que es buscado por Dios
Al día siguiente, Jesús decidió salir hacia Galilea. Se encontró con Felipe y lo llamó: «Sígueme». Felipe
era del pueblo de Betsaida, lo mismo que Andrés y Pedro. Juan 1:43-44
En esta historia es Jesú s quien toma la iniciativa de ir a Galilea, encontrar a Felipe, y llamarlo al
seguimiento. Así, es Dios el que nos está buscando para invitarnos a seguirlo. No somos nosotros
quienes lo buscan a él sino él quien nos busca a nosotros. Má s adelante Jesú s dice: No me escogieron
ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes. Juan 15:16. Esto significa que nadie viene a Cristo
Jesú s por ocurrencia propia. No somos discípulos porque fuimos muy inteligentes para tomar esa
decisió n. Somos discípulos por su gracia. Nadie viene a Cristo sin que él nos esté buscando
primero. De hecho, si estamos aquí no es por casualidad, es porque él nos ha estado buscando. Dios
te está buscando. Y él te está llamando a seguirle. Recibe este llamado de la gracia de Dios y
síguelo.
Un discípulo es uno que entiende el valor del evangelio
Felipe buscó a Natanael y le dijo: —Hemos encontrado a Jesús de Nazaret, el hijo de José, aquel de
quien escribió Moisés en la Ley y de quien escribieron los profetas. Juan 1:45
Cuando Felipe recibió el llamado de Jesú s fue inmediatamente a contá rselo a su amigo Natanael. Fue
con él porque Natanael era un judío interesado en la palabra de Dios, y me imagino que Felipe
pensó “si a alguien le va a dar gusto conocer al Mesías es a mi amigo el Nata.” Esto es lo que hace un
discípulo, compartirlo con otros. El día de hoy hay gente que se avergü enza de ser cristianos. Me he
encontrado gente en la calle que me presenta con su familia como “una amistad” porque les da pena
decir que soy el pastor. Hace falta gente como Felipe, que no se avergonzó del evangelio. Así dice la
Biblia: Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel
que cree; al judío primeramente, y también al griego. Romanos 1:16. Dice primero al judío porque el
Mesías vino al pueblo de Dios, pero vino para salvar a todos. Es interesante que Felipe siguió este
modelo, fue primero a compartir la llegada del Mesías precisamente con su amigo que era un judío
muy devoto. Sabía a quien le iba a interesar. Estoy seguro de que cada uno de nosotros tiene uno o
varios amigos que sabemos que les puede interesar el evangelio y que sin duda lo necesitan. Pero a
veces no lo compartimos porque no lo consideramos tan importante. Un discípulo es uno que
entiende el valor del evangelio. Cuando de verdad comprendemos lo valioso y trascendente que es
seguir a Cristo lo queremos compartir a todo el mundo. Así me dijo la hermana Edith Flores esta
semana en el funeral de su madre. “Quiero que todos vengan a la iglesia a conocer a Cristo para que
encuentren la felicidad que yo encontré.” Cuando hemos probado algo bueno queremos que todos lo
prueben. Comprende lo valioso que es el evangelio y compártelo con otros.
Un discípulo es uno que está dispuesto a la renovación
—¡De Nazaret! —respondió Natanael—. ¿Acaso de allí puede salir algo bueno? —Ven a ver —contestó
Felipe. Cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, comentó: —Aquí tienen a un verdadero israelita en
quien no hay falsedad. —¿De dónde me conoces? —preguntó Natanael. Jesús respondió: —Antes de
que Felipe te llamara, cuando aún estabas bajo la higuera, ya te había visto. Juan 1:46-47
Natanael es un discípulo de Jesú s cuyo nombre solamente aparece en el evangelio de Juan. Nunca
aparece en la lista de los 12 discípulos en los otros evangelios. Esto ha llevado a especulaciones
sobre quién es. Aquí algunas teorías:
Mateo. Sus nombres significan lo mismo “regalo de Dios.” Pero Mateo era publicano.
Una creación literaria. Que el autor usó para representar a los judíos que sí creen.
El discípulo amado. En el evangelio de Juan se menciona a un discípulo sin nombre.
Bartolomé. Significa hijo de Tolomé, y en los sinó pticos siempre aparece junto a Felipe.
En cualquier caso, Natanael representa al Israelita cuyo corazó n ha sido limpiado de orgullo y
prejuicios y que ha podido reconocer a Jesú s como el Mesías. La gran mayoría de los judíos no
creyeron en Jesú s porque se aferraron má s a sus tradiciones que al cumplimiento de ellas. Natanael
comienza con esa misma actitud con su pregunta “¿de Nazareth puede venir algo bueno?” Toda la
regió n de Galilea y la ciudad de Nazaret en específico eran vistas con desprecio por los judíos por la
abundante presencia de Gentiles. Pero después de encontrar a Jesú s, Natanael supo cambiar su
forma de pensar y creer en Cristo. Para seguir a Cristo hace falta esa flexibilidad. Hace falta
reconocer que lo que creíamos antes no era correcto. De hecho, por esta razó n mucha gente no
quiere entregarse a Cristo, porque no quieren dejar atrá s sus tradiciones. Pero para ser un discípulo
de Jesú s hace falta estar dispuesto a la renovació n:
A un cambio de creencias. Lo importante no es mantener y perpetuar las creencias de
nuestros antepasados sino creer la verdad. Creer en Cristo significa darle la espalda al error
y caminar en la verdad. Esto no es traició n al pasado, sino un encuentro con la verdad.
A un cambio de actitudes. Seguir a Jesú s cambia la manera en que vemos el mundo. Nos
quita el rencor, las envidias, la tristeza, la amargura, la apatía y nos hace cada vez má s
parecidos a Jesú s con gozo, amor, gracia, esperanza, y fe.
A un cambio de acciones. Definitivamente uno que sigue a Cristo ya no hace las cosas que
hacía antes, y hace cosas nuevas que antes no hacía. Solo él tiene el poder para que dejemos
los vicios, adicciones, odios y rencores, y tengamos buenos há bitos nuevos.
Natanael fue identificado por Jesú s como un “verdadero” Israelita porque supo creer en Jesú s. El
pueblo de Dios no es un país o una raza, es toda persona que cree en él. Nosotros somos el
verdadero Israel de Dios. Natanael, con todo y su ímpetu nacionalista, dejó que Jesú s le cambiara su
mente. Seguir a Cristo definitivamente implica una renovació n de nuestro ser. No nos gusta cambiar,
no es lo má s có modo, pero es algo que todos necesitamos. Cuando seguimos a Jesú s él nos cambia
por completo. No se trata de cambiar de religió n, se trata de seguir a una persona que es el camino,
la verdad y la vida. Disponte a la renovación y deja que Jesús cambie tu vida por completo.
Un discípulo es uno que tiene una relación con Jesús
—¿De dónde me conoces? —preguntó Natanael. Jesús respondió: —Antes de que Felipe te llamara,
cuando aún estabas bajo la higuera, ya te había visto. Juan 1:48
Como ya vimos, Natanael estuvo dispuesto a renovar sus ideas y a reconocer a Jesú s como el Mesías.
No se aferró a su tradició n, sino que creyó en Cristo y dejó que él lo transformara. Lo interesante es
que, antes de que eso pasara, Jesú s ya lo había identificado cuando estaba bajo la higuera. Para
Natanael, esto fue tremendamente sorprendente. No queda claro por qué. Quizá porque la higuera
quedaba muy lejos y no había manera que Jesú s lo hubiera visto de no ser por una revelació n divina.
El punto es que Natanael se supo conocido por Jesú s y se convirtió en su discípulo. ¿Qué nos enseñ a
este encuentro?
El discipulado es ser conocido por Cristo. Sería aterrador que la gente pudiera leer los
pensamientos de los demá s. Lo que ellas quieren es una película que muestra, de manera
có mica, lo que pudiera pasar si un hombre leyera el pensamiento de las mujeres. Por su puesto,
es una fantasía. Lo que es completamente realidad es que Jesú s nos conoce por completo. É l
nos creó . No solo eso, sino que puede leer nuestros pensamientos, y conoce profundamente
cada parte de nuestro corazó n. Conoce nuestros pecados y nuestras intenciones. Está ahí
cuando nos equivocamos. Y aun así nos ama y quiere tener una relació n con nosotros.
El discipulado es conocer Cristo. No solo es ser conocido sino también conocer
profundamente a Cristo. Creo que una de las razones por las que Natanael pudo reconocer al
Mesías tan rá pido, es porque estaba en contacto sincero con las Escrituras. Era un hombre que
se sumergía en la Palabra de Dios constantemente con un corazó n dispuesto para escuchar a
Dios. Por eso, cuando el Mesías estuvo frente a él, tuvo la capacidad de reconocerlo.
Uno de los salmos má s hermosos de la Biblia habla sobre este asunto de ser conocidos por Dios:
Señor, tú me examinas y me conoces. Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; aun a la distancia
me lees el pensamiento. No me llega aún la palabra a la lengua cuando tú, Señor, ya la sabes toda.
Conocimiento tan maravilloso rebasa mi comprensión; tan sublime es que no puedo entenderlo. ¿A
dónde podría alejarme de tu Espíritu? ¿A dónde podría huir de tu presencia? Tú creaste mis entrañas;
me formaste en el vientre de mi madre. Mis huesos no te fueron desconocidos cuando en lo más
recóndito era yo formado, cuando en lo más profundo de la tierra era yo entretejido. Tus ojos vieron
mi cuerpo en gestación. Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis
ansiedades. Fíjate si voy por un camino que te ofende y guíame por el camino eterno. Salmo 139:1-2,
4, 6-7, 13, 15-16, 23-24. Déjate conocer por Jesús y conócelo íntima y profundamente.
Un discípulo es uno que cree en la divinidad de Cristo
—Rabí, ¡tú eres el Hijo de Dios! ¡Tú eres el Rey de Israel! —declaró Natanael. Juan 1:49
Juan nos quiere presentar a un judío estudioso y expectante de las promesas del Antiguo
Testamento que se encuentra con el cumplimiento de las escrituras en Jesú s. No es evidente en una
lectura superficial, pero este pasaje guarda una conexió n cercana con la historia de Jacob en
Génesis.
Jacob era un tramposo, Natanael un hombre íntegro. El nombre de Jacob significa
“tramposo”, y en la historia de Génesis Jacob engañ ó en varias ocasiones a sus familiares. Por el
contrario, Natanael es identificado por Jesú s como un “verdadero israelita en el cual no hay
engañ o.”
Jacob es Israel, Natanael un israelita. Dios le cambió el nombre de Jacob a Israel, y se
considera como el padre de todo el pueblo de Israel. Natanael era un descendiente de Israel y a
ojos de Jesú s un “verdadero” Israelita porque escudriñ aba las Escrituras y creyó en Cristo.
Natanael estaba estudiando la historia de Jacob. Dadas las referencias a la historia de Jacob,
es probable que Natanael haya estado estudiando esa historia. En el hebreo, la frase “bajo una
higuera” era una manera de decir que alguien estaba estudiando la Biblia. Quizá s Natanael se
sorprendió tanto de que Jesú s lo supiera porque notó que Jesú s sabía precisamente qué
historia leía.
Jesús refiere a la escalera de Jacob. Al final de esta historia Jesú s habla de una escalera
donde descienden y ascienden los á ngeles de Dios. Esta es una referencia clara a la visió n que
tuvo Jacob cuando Dios lo bendijo en Génesis 28.
A pesar de lo inesperado e increíble que era aquello, Natanael pudo creer en Cristo Jesú s como el
Mesías y como el hijo de Dios. Todas las Escrituras apuntaban a Cristo. É l es la má xima revelació n de
Dios. El cumplimiento de todas las promesas del Antiguo Testamento. El Mesías prometido. El
salvador y redentor de la humanidad. Dios con nosotros. El cordero de Dios. É l es esa escalera al
cielo que nos revela a Dios. Abre tu corazón y tu mente a la realidad de Jesús como Dios en la
carne.
Un discípulo es uno que experimenta lo sobrenatural
Jesús le dijo: —¿Lo crees porque te dije que te vi cuando estabas debajo de la higuera? ¡Vas a ver aún
cosas más grandes que estas! Y añadió con firmeza: —Les aseguro que ustedes verán abrirse el cielo, y
a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre. Juan 1:50-51
Natanael estaba sorprendido de que Jesú s lo conocía de manera cercana, pero no sabía que lo que lo
esperaba iba a ser aú n mucho má s extraordinario. “Verá s cosas má s grandes que esta” le dijo Jesú s.
Se refería a los milagros, las sanidades, caminar sobre las aguas, calmar la tormenta, y a tantas cosas
má s. Sin duda, lo má s extraordinario, la muerte y resurrecció n de Jesú s. Como seguidor cercano de
Jesú s, Natanael iba a ser testigo de todo eso. Así es seguir a Jesú s. Se trata de una aventura
extraordinaria. Y no sabemos qué tan extraordinaria es esa aventura hasta que la experimentamos.
No es algo que nos cuentan, es algo que tenemos que vivir en persona. Es una aventura
extraordinaria porque se trata de experimentar a Dios mismo, una amistad con él, y ser
transformados a su imagen. Adéntrate en la extraordinaria aventura que es seguir a Jesús de
cerca.
Desafío a ser un discípulo
“¿Dó nde moras?” Le preguntaron los primeros discípulos a Jesú s. Tal vez habían preparado
preguntas. A fin de cuentas, Juan el bautista les había dicho que él era el cordero de Dios. Quizá
tenían preguntas políticas, religiosas, o teoló gicas como: ¿eres tú el Mesías?, ¿cuá l es tu propuesta
religiosa?, ¿qué opinas de la ocupació n romana?, ¿está s de acuerdo con los fariseos?, ¿có mo
podemos ser salvos?, ¿qué opinas de la obligació n de pagar impuestos? Pero Jesú s les ganó la
partida e hizo una pregunta primero “¿qué buscan?” Sin saber qué responder, dijeron “¿dó nde
moras? Y sin querer, le dieron al clavo. De eso se trata el cristianismo. De estar donde está Jesú s, de
conocerle, de caminar con él, de seguirlo. De eso se trata ser un discípulo. Por eso la invitació n que
se repite es “ven y ve.” Se trata de una experiencia personal de primera mano. No de algo que te
cuentan. Es algo que se prueba. Ven y ve. Ven y experimenta a Jesús. Ven y comprueba la
maravillosa aventura que es ser un verdadero discípulo.
Elí Gutiérrez Briseño
PIB Garland
Domingo 14 de enero de 2024