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Metodología de la Historia Económica | Econometic [Link]

Econometic

INTRODUCCIÓN A LA METODOLOGÍA ECONÓMICA

METODOLOGÍA DE LA HISTORIA
ECONÓMICA
3 NOVIEMBRE, 2020 | ECONOMETIC | DEJA UN COMENTARIO

Por Alejandra Arredondo

La metodología en la historia económica, al igual que sucede con otras corrientes de pensamiento
económico, ha evolucionado con el tiempo. Por ello, a �n de explicar en qué consisten los métodos
empleados por los historiadores económicos, en este texto se describen los procesos de formación y
consolidación de la metodología en la historia económica, así como el estado en que actualmente se
encuentra.

La comprensión adecuada de un fenómeno económico precisa profundizar en el contexto histórico


en que se suscitó, y en las causas sociales, políticas y culturales que sobre éste in�uyeron. Por ello,
más allá de los modelos de estática comparativa (que se valen de múltiples supuestos, no siempre
acordes con la realidad observada), de la economía clásica y neoclásica; el movimiento historicista
alemán que surgió a mediados del siglo XIX buscó ofrecer un análisis de la dinámica social para expli-
car el cambio económico (Gil, 2012).

Escuela histórica alemana

La proposición de que el desarrollo histórico y económico podía ser explicado como una progresión
de etapas, comenzó con los planteamientos de Henri Saint-Simon, Simonde de Sismondi y Friedrich
List. Aunque la corriente histórica no inició formalmente con sus escritos, se consideran un preámbu-
lo a su desarrollo. De igual modo, la �losofía alemana —e.g. Hegel— propugnaba por el uso de una
aproximación “orgánica” —e.g. F. Karl von Savigny— al estudio de los fenómenos en lugar del tradicio-
nal enfoque individualista. Con estas bases, la escuela histórica alemana nacerá como una búsqueda
de leyes explicativas de las realidades observadas mediante “el análisis orgánico y biológico, y las es-

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tadísticas de todas clases” (Ekelund y Hébert, 2005, pp. 265-266).

Se distinguen dos etapas de consolidación de esta escuela de pensamiento, la primera —más tradicio-
nal— con Wilhelm Roscher como fundador, Karl Knies y Bruno Hildebrand; y la segunda —más radi-
cal— con Gustav Schmoller como principal representante.

La publicación más in�uyente del profesor de la Universidad de Leipzig, Wilhelm Roscher, System der
Volkswirtschaft (Sistema de Economía Política) de 1854, buscó complementar la teoría ricardiana más
que rechazarla de modo absoluto. En el System, Roscher consideraba que, aunque en un primer mo-
mento los investigadores podían hacer uso de supuestos para mantener inalteradas algunas variables
al analizar un aspecto especí�co de un fenómeno económico, la solución vendría dada como una ex-
plicación histórica de los diferentes aspectos que in�uyeren sobre dicho fenómeno; es decir, solo me-
diante el empirismo se podrían aproximar a las respuestas de las incógnitas en cuestión, aunque
“nunca sería posible llegar a conocer el signi�cado último y el �n de la historia” (Ramos, 2008, p. 426).
Por su parte, Bruno Hildebrand y Karl Knies siguieron la crítica a la escuela clásica de Roscher, aun-
que la llevaron a un nivel más profundo.

Al respecto de la “nueva” escuela histórica, el in�uyente catedrático de la Universidad de Berlín,


Gustav Schmoller, consideraba que:

El método axiomático-deductivo sólo sería apropiado en una fase futura del pensamiento económico, después
de un largo periodo —de duración indeterminada— dedicado a la observación de los hechos y a la recogida de
datos concretos sobre el mundo socioeconómico. En de�nitiva, la historia y el estudio empírico, y por tanto, la
inducción, estaban en el origen de todo conocimiento cientí�co, si bien la deducción debía desempeñar un pa-
pel importante —a posteriori— en el desarrollo del mismo (Ramos, 2008, p. 428).

La radicalidad del pensamiento de Schmoller lo situaba en discrepancia total con el método


abstracto-deductivo —en especial de Carl Menger—, lo que lo llevó a rechazar de tal modo cualquier
incorporación de supuestos y abstracciones teóricas, al considerarlas irreales, que el historicismo
schmolleriano se volvió “antirracionalista” (Ekelund, 2005, p. 268). En su lugar, propuso el uso del mé-
todo histórico-inductivo, por medio del cual, según Schmoller, se aprehenderían leyes históricas del
desarrollo. Sin embargo, pese a criticar duramente la corriente ortodoxa, al punto de crear una am-
plia discusión académica entre Schmoller y Menger —mejor conocida como Methodenstreit—, el histo-
ricismo alemán se convirtió en “un pozo sin un manantial que lo alimentara”, porque no proporciona-
ba reglas de comportamiento ni aceptaba la existencia de leyes universales establecidas por medio de
la razón, proponiendo, en su lugar, el uso de la “observación y registro de lo único en su in�nita varia-
ción histórica” (Ekelund, 2005, p. 269). Por este motivo, los historicistas alemanes:

[No] sólo no pudieron descubrir las leyes del desarrollo histórico; también fracasaron en su intento de estable-
cer un método histórico. Aunque apoyaron decididamente la investigación de los hechos, no reunieron sus da-

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tos cuantitativos de tal manera que permitiesen la veri�cación de la teoría económica, sino más bien para que
hablasen por sí mismos. Esta era una tarea inútil, porque no puede existir una medición signi�cativa sin teoría
(Ekelund y Hébert, 2005, 270).

No obstante, la escuela alemana proporcionó importantes aportaciones. Por la buena fama de que las
universidades alemanas ya gozaban, muchos extranjeros se matricularon en ellas, entre los cuales se
hallaron estudiantes estadounidenses, quienes, al volver a su país, inaugurarían el institucionalismo
americano.

Escuela histórica británica

El reverendo Richard Jones, sucesor de Thomas Malthus en la cátedra de economía política, sostuvo
en la publicación An Essay on the Distribution of Wealth and on the Sources of Taxation de 1831 que la
tan alabada economía ricardiana tenía una limitación en la práctica, por lo que debía ampliarse me-
diante la determinación de supuestos empíricamente justi�cables que la historia proporcionase.
Aunque la crítica de R. Jones no fue atendida de manera inmediata, Walter Bagehot abanderará la
causa historicista, sosteniendo la existencia de una relación de interdependencia entre instituciones
y teoría, no incluida en el análisis ricardiano. La crítica de Bagehot estará in�uida por la �losofía evo-
lutiva de Spencer y Darwin, lo cual no fue seguido por otros historicistas británicos, como John Kells
Ingram, quien consideró en su obra History of Political Economy que los principios comtianos de la di-
námica social determinan el cambio económico. Así, la crítica británica se valdrá del carácter determi-
nista del pensamiento de Comte, Spencer y Darwin para realizar criticar el método abstracto deduc-
tivo de la corriente clásica (Ekelund y Hébert, 2004, p 476-478).

El institucionalismo americano

Por su propia naturaleza crítica, desde que fue inaugurada la historia económica se desarrolló de ma-
nera independiente a la teoría económica dominante. A mediados del siglo XX cuando los objetos de
análisis de los historiadores económicos fueron adoptados por “una nueva generación de teóricos,
que les aplicaron técnicas abstractas de modelización” (Eichengreen, 1994, p. 167). Así, a la investi-
gación histórica sobre los determinantes del crecimiento económico, el progreso técnico y la distri-
bución del ingreso, se fue incorporando el uso de técnicas matemáticas y estadísticas, lo que resultó
en una “Nueva Historia Económica” sujeta a mayor rigor cientí�co. De acuerdo con Barry
Eichengreen, este enlace entre historia económica y economía moderna produjo una amalgama ade-
cuada, que enriquecería el método de la ciencia económica al “trascender la estática”, el análisis no
institucional neoclásico y la forma tradicionalmente narrativa de hacer historia. Por ello, una clave
esencial para distinguir entre el método de la “vieja” y de la “nueva” historia económica —o cliome-
tría— se halla en “el uso de la teoría para estructurar el análisis histórico” (Eichengreen, 1994, p. 168).
Como aseguran Diebolt y Haupert:

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La cliometría ha transformado el estudio de la historia económica de un formato narrativo a uno matemático.


En el proceso, los cliómetras han contribuido al desarrollo tanto de la economía como de la historia al combinar
la teoría con los métodos cuantitativos, construyendo y revisando bases de datos, y añadiendo la variable de
tiempo a las teorías económicas tradicionales. Esto ha hecho posible cuestionarse y reelaborar los primeros
hallazgos, expandiendo, por tanto, la frontera de nuestro conocimiento del pasado y su habilidad para predecir
el futuro. El uso de la historia como un crisol para examinar la teoría económica ha profundizado nuestro cono-
cimiento de cómo, por qué y cuándo ocurre el crecimiento económico (2016, p. 972)

Un primer escalón de la “revolución cliométrica” se halla en las investigaciones llevadas a cabo en el


National Bureau of Economic Research (NBER), realizadas mediante la construcción de series históri-
cas para comprender la in�uencia del Estado sobre el desempeño económico —e.g. la construcción de
series del ingreso nacional del Nobel de economía Simon Kuznets—. De hecho, de las reuniones de la
Conferencia sobre Investigación e Ingreso de la NBER y las reuniones de la Economic History
Association provinieron las publicaciones de Alfred Conrad y John Meyer de 1957 — que por vez pri-
mera incorpora la cliometría— y de 1958 —que explica la metodología cliométrica (Diebold y
Haupert, 2015, p. 972).

El segundo escalón de esta revolución será la incorporación de pruebas de hipótesis (Eichengreen,


1994, p. 171). Asimismo, no obstante que el término cliometría ya se estuviera utilizando, es incorpo-
rado por primera ocasión en la publicación de 1960 de Davis, Hughes y Reiter. Ese mismo año tendrá
lugar una Conferencia en la Universidad Purdue, la cual se considera como primera reunión de la
Sociedad Cliométrica (Diebold y Haupert, 2015, p. 972).

Una �gura destacada en el desarrollo de la cliometría fue el también premio Nobel y discípulo de S.
Kuznets, Robert Fogel, quien a lo largo de su exitosa carrera académica defendió el uso sistemático
de la teoría, la matemática y la estadística para explicar los hechos históricos. Aunque Fogel no fue
quien introdujo el análisis contrafactual —consistente en evaluar el impacto de un fenómeno econó-
mico al medir cuál hubiese sido el desempeño de la economía en su ausencia—, el uso amplio que de
éste hizo en sus investigaciones fue una de sus aportes más relevantes, junto con los avances valiosos
en el conocimiento sobre el sistema económico esclavista, la revolución decimonónica de los trans-
portes, y la relación entre crecimiento económico y nivel de vida (Eichengreen, 1994, p. 168).

Además de las incursiones metodológicas de Fogel, esta amalgamación entre historia y teoría econó-
mica quedó enriquecida, a su vez, con las investigaciones sobre costos de transacción de Ronald
Coase y derechos de propiedad de autores como Alchian, Demsetz y Cheung, de las cuales Douglass
North, premio Nobel de economía de 1993, desarrolló su teoría sobre las instituciones con aplicación
a la historia económica. En la década de 1960, en que fue editor junto con W. Parker del Journal of
Economic History, North promovió ampliamente la Nueva Economía Institucional (Temin, 2014, p. 2), y
más adelante propuso que el objetivo de la historia económica consistía en “explicar la estructura y
desempeño de las economías a través del tiempo” (Myhrman y Weingast, 1994, p. 190). De acuerdo

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