Contra el espacio: lugar y movimiento
Contra el espacio: lugar y movimiento
Tim Ingold**
* Versión original: “Against Space: Place, Movement, Knowledge”. Publicado en Boundless worlds: an
anthropological approach to movement, 2011. Reproducido con permiso de Berghahn Books.
Este artículo fue traducido por Florencia Boasso y Michael Uzendosky (FLACSO Ecuador).
** Antropólogo e intelectual británico. Su primer trabajo de campo lo desarrolló entre los pastores de renos
en Siberia, logrando crear una perspectiva teórica de inmensa creatividad. Su relevancia en la actualidad
radica en entender la condición humana y al ser humano en su contexto antropológico, uno de los puntos
fundamentales de Ingold es la de eliminar la noción de que el ser humano nació moderno.
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Revista Latinoamericana de Políticas y Acción Pública • Vol.2 No 2
FLACSO Sede Ecuador • ISSN 1390-9193 • pp. 9-26
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dentro de límites en los que quedan encerrados. La vida, de acuerdo con esta lógica,
es reducida a la propiedad interna de las cosas que ocupan el mundo pero que, pro-
piamente dicho, no lo habitan. Un mundo que es ocupado pero no habitado, que
está lleno de cosas vivientes, más que de un entretejido de redes de nacimientos, es
un mundo de espacio. En lo que sigue, iré mostrando cómo la lógica de la inversión
transforma nuestra comprensión: primero del lugar, segundo del movimiento, y
tercero del conocimiento. Emplazamiento se transforma en encerramiento, viaje
se transforma en transporte, y modos de conocer se transforman en transmisión
cultural. Poniendo todo eso junto, somos llevados hacia una concepción peculiar
y modular del ser, que es un rasgo saliente de la modernidad, dentro de la que el
concepto de espacio es el corolario lógico.
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Lugar
No tengo nada contra la idea de lugar. Pienso, sin embargo, que hay algo equivo-
cado en la noción de que los lugares existen en el espacio. El hábito persistente de
contraponer espacio y lugar, como Doreen Massey reclama, nos lleva a imaginar
que la vida es vivida dentro de un torbellino del que la única vía de escape es ele-
varse y salir de la experiencia real, hacia niveles mucho más altos de abstracción
(Massey, 2005: 183). Una y otra vez, los filósofos nos han asegurado que como
seres terrenales, sólo podemos vivir y conocer en lugares (p.e. Casey, 1996:18).
Yo no vivo, sin embargo, en la sala de estar de mi casa. Cada día ordinario me
traslado entre la sala de estar, el comedor, la cocina, el baño, el dormitorio, el
escritorio y así, además del jardín. No me quedo confinado en mi casa, sino que
viajo diariamente a mi lugar de trabajo, a las tiendas y a otros lugares comerciales,
mientras mis niños van a la escuela. A esto los filósofos del lugar responden que,
por supuesto, los lugares existen como las muñecas rusas, en muchos niveles de
series anidadas, y que sea cual sea el lugar que uno pueda elegir, a él se le aplica la
calidad de contenedor de un número de lugares de menor nivel, al lado de otros
lugares de su nivel, contenidos dentro de un lugar de nivel mayor. Por lo tanto
mi casa es un lugar que contiene pequeños lugares comprendidos por los cuartos
y el jardín y es contenido dentro del espacio mayor de mi vecindario y del pue-
blo. Como J.E. Malpas escribe, “los lugares están siempre abiertos a revelar otros
lugares dentro de ellos, mientras desde dentro cualquier lugar particular puede
mirar hacia afuera para encontrarse a sí mismo dentro de uno de mucha mayor
envergadura (como uno puede ver desde el cuarto de la casa en el que uno vive)”
(1999: 170-71).
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¡Solamente un filósofo puede mirar desde su sala de estar y ver su casa com-
pleta! Para sus residentes comunes, la casa o departamento se va revelando proce-
sionalmente, como una serie temporal de perspectivas, oclusiones y transiciones
desplegadas a lo largo de la miríada de caminos que ellos tomen, de cuarto en
cuarto y de una a otra puerta, tal como ellos van a lo largo de sus tareas diarias.
Malpas, sin embargo, describe la salida desde su cuarto a su departamento, de su
departamento a su edificio y del edificio al vecindario en la ciudad en la que vive
como si pensara que cada paso de su camino no fuera un trayecto a lo largo de,
sino hacia arriba, de nivel en nivel, desde espacios pequeños y más exclusivos a
otros más grandes e inclusivos. Y mientras más él sube, tanto más alejado se siente
del fundamento del lugar y más atraído por un sentido abstracto del espacio. In-
versamente, al viaje de regreso al hogar lo toma como un movimiento descenden-
te, a través de niveles, desde el espacio de regreso al lugar (1999:71). Cada nivel, 11
aquí, es como una línea en una dirección que permite al cartero eventualmente
entregar la carta dentro del buzón en el nivel bajo en el que se encuentra aposta-
do. Cuando la carta baja hacia la puerta de entrada del filósofo es como si también
bajara un nivel, desde la calle hasta la casa. Y cuando él la recoge y la lleva a través
de su living (o da lo mismo decir su cocina), baja incluso a otro nivel. Aunque en
realidad la carta llegó a sus manos por haber sido vinculada en una red de trayec-
tos que se han tocado entre sí en varios lugares a lo largo del camino, tales como
el buzón, la oficina de correos y cosas así, la impresión es que su transporte se
la ha traído “abajo”, a través de una refinada escala progresiva del espacio, desde
cualquier parte a alguna parte, o desde el espacio al lugar.
Abriendo la carta en su living room, él puede detenerse a reflexionar sobre
cómo los conceptos de “vida” y “cuarto” han venido a aunarse en la denominación
de esa área de su casa. En inglés vernacular la palabra “cuarto”, en este contexto,
simplemente significa una parte interior del edificio encerrado dentro de paredes,
piso y techo. Y living significa un lugar de actividades comunes dentro de la casa
que pueden asumir los ocupantes de ese cuarto particular. Pero como Kenneth
Olwig ha señalado, cuando la “vida” y el “cuarto” son unidos en alemán, eso im-
plica un concepto completamente diferente, propiamente “lebensraum” (Olwig,
2002:3). Aquí el significado de la vida está cercano a lo que el filósofo Martin
Heidegger identificó como el sentido fundacional de la vivienda: no la ocupación
de un mundo ya construido, sino el proceso de habitar la tierra. La vida, en ese
sentido, es vivida al aire libre, más que contenida en estructuras del ambiente
construido (Heidegger, 1971). De allí también que el “cuarto” del “lebensraum”
no está cerrado sino abierto, y proporciona la libertad para crecer y moverse. No
tiene paredes, solo horizontes que se abren progresivamente al viajero conforme
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va pasando por el sendero; no tiene piso, solamente el suelo bajo sus pies; no tiene
techo, solamente el cielo pesando sobre su cabeza.
Mi razón para esta digresión sobre el significado de “cuarto” es abordar un pecu-
liar problema de traducción. El alemán “raum” o su pariente “rum” en las lenguas
escandinavas es en el presente el equivalente aceptado del concepto anglo america-
no de espacio. Aún cuando sus connotaciones están lejos de ser idénticas. En inglés
“espacio” y “cuarto” son completamente distintos, donde cuarto es concebido como
un compartimiento que contiene vida altamente localizado, dentro de la totali-
dad ilimitada del espacio. Sin embargo parece que su traducción como “espacio”,
“raum”/”rum” nunca pierde enteramente el sentido de contención o encierro que
corrientemente acompaña la noción de lugar. Quizás es por eso que, como sugiere
Olwig, una geografía que tiene sus raíces en las tradiciones intelectuales de los paí-
12 ses nórdicos y Alemania frecuentemente hace correr juntos espacio y lugar. En el
concepto moderno de “raum/”rum”, pareciera que las dos connotaciones contradic-
toras de apertura y encierro, de espacio absoluto y cuarto confinado (Olwig 2002:
7) están combinadas. Fue esta duplicidad la que permitió al propagandismo nazi,
avanzada la Segunda Guerra Mundial, aprovecharse de la noción de “lebensraum”
como justificación para la expansión ilimitada, al mismo tiempo que de la autosu-
ficiencia dentro de los límites de la nación germana.
Incluso el propio Heidegger, cómplice en esa empresa, pensaba al “raum” como
algo claro para la vida que tenía sin embargo sus límites. Pero inmediatamente iba a
la explicación de que esos límites no eran una frontera sino un horizonte, “no algo
que pudiera detener sino... desde lo que algo comenzaba su presencia” (Heidegger
1971: 154). Parece que en la transición desde su antiguo sentido de claridad, aper-
tura o “abrirse paso”, al oxímoron moderno de “espacio y lugar”, el concepto “cuar-
to” ha sido llamado a realizar la trampa de la inversión, virando desde la morada
abierta a lo largo del sendero, a una cápsula cerrada para la vida, suspendida en el
vacío. La idea de que los lugares están situados en el espacio es producto de esa in-
versión y no está previamente determinada. En otras palabras, lejos de ser aplicado a
dos aspectos opuestos y aún complementarios de la realidad –el espacio y el lugar–,
el concepto de “cuarto” (room) está implicado centralmente en la configuración
de la distinción entre ambos. Esta no es una distinción que sea inmediatamente
reconocible a nuestra experiencia, la que como ahora estoy argumentando, se basa
en las vidas que no están nunca exclusivamente aquí o allí, vividas en este espacio o
aquél, sino que siempre van de un lugar a otro.
Déjenme introducir el argumento mediante un simple experimento. Tome un
pedazo de papel y un lápiz y dibuje un tosco círculo. Puede parecer algo como esto:
¿Cómo podríamos interpretar esta línea? Estrictamente hablando, es el trazo deja-
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Mi opinión es que las vidas no están dirigidas dentro de un lugar, sino a través, alre-
dedor hacia y desde él, desde y hacia lugares en cualquier parte (Ingold 2000:229).
Usaré el término caminante para describir la experiencia encarnada de este movi-
miento ambulatorio. Es como caminantes, entonces, que los seres humanos ha-
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Los lugares, entonces, son como nudos, y los hilos con los que están atados son lí-
neas de caminantes (wayfaring). Una casa, por ejemplo, es un lugar donde las líneas
de sus residentes están fuertemente tejidas entre sí. Esas líneas están tan contenidas
dentro de la casa, como lo están los hilos dentro del nudo. Ellas más bien dejan una
huella que se extiende más allá, solo para quedar atrapadas con otras líneas en otros
lugares, como sucede con los hilos en otros nudos.
Juntos ellos hacen lo que llamaré una malla de red (meshwork). Tomo prestado el
término de Henri Lefebvre, quien habla de los “patrones reticulares dejados por los
animales, tanto salvajes como domésticos, y por la gente (dentro y alrededor de las
casas del barrio, del pueblo, como de los pueblos vecinos)”, juntos crean la textura
del mundo. Atrapado en esas redes, el ambiente construido es más arqui-textural
que arquitectural (Lefebvre 1991:117-18).
Los lugares, entonces, son delineados por el movimiento, no por los límites ex-
ternos al movimiento. De hecho, es por esa precisa razón que he elegido referirme a
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la gente que frecuenta los espacios como “habitantes” antes que “locales”, y por eso
puede ser erróneo suponer que esa gente está confinada dentro de un lugar particular
o que su experiencia está circunscrita por horizontes restringidos, o una vida vivida
solo allí dentro. Los habitantes pueden de hecho haber viajado extensamente, como
descubrió David Anderson por ejemplo, en su trabajo de campo entre los pastores
de renos Evenki en Siberia. Cuando preguntó a su anfitrión sobre la localización de
las tierras originarias de su clan, él le respondió que en el pasado la gente viajaba –y
vivía– no en “alguna parte”, sino en “todas partes”. En el pasado los pastores Even-
ki no vivían en el espacio sino más bien en el lugar. Tuvimos una ilusión producto
de nuestras convenciones cartográficas que nos permitió imaginar la superficie de la
tierra dividida dentro de unas áreas mosaico, cada una ocupada por una nación con
nombre o grupo étnico. ¡Sobre un mapa dibujado de acuerdo con esas convenciones,
unos pocos miles de Evenki aparecen ocupando un área de casi el doble del tamaño de 15
Europa! Los Evenki, sin embargo, no ocupaban su país, lo habitaban. Y mientras que
la ocupación es en área, la habitación es lineal. Es decir, requiere que la gente no atra-
viese la superficie de la tierra, sino que transite los caminos que la llevan de un lugar a
otro. Desde esta perspectiva de los habitantes, por lo tanto, “todas partes” no está en el
espacio. Esta es la malla (meshwork) de senderos entrelazados por la que la gente lleva
adelante su vida. Mientras uno esté en el camino, está siempre en alguna parte. Pero
cada “alguna parte” está en el camino hacia alguna otra parte. Este es un momento
apropiado, por lo tanto para girar desde el lugar hacia el movimiento. ¿Cómo ha sido
transformada nuestra comprensión del movimiento por la lógica de la inversión?
Movimiento
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1 Basado en el trabajo de campo entre los Inuit de Igloolik, Claudio Aporta escribe que viajar no es una acti-
vidad transicional de un lugar a otro, sino un modo de ser... Uno se encuentra con otros viajeros, los niños
nacen, y se caza, se pesca y se realizan otras actividades de subsistencia (Aporta, 2004: 13).
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culo que usted dibujó antes, la línea permanece como el trazo de su gesto manual.
En la memorable frase del pintor Paul Klee, su línea se ha ido a caminar (Klee,
1961:105).
Pero ahora quiero que dibuje una línea de puntos. Para hacerlos usted tiene que
acercar su lápiz hasta entrar en contacto con el papel en un punto predeterminado
y entonces hacer una pequeña pirueta allí para formar el punto. Toda la energía y
todo el movimiento está focalizado abajo, en el punto, casi como si usted estuviera 17
en un agujero. Entonces usted tiene que mover su lápiz por el papel y cruzar al
siguiente punto donde hará lo mismo y así sucesivamente hasta que usted haya
marcado el papel con una serie de puntos.
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Las líneas enlazan esos destinos. Como en las de un mapa de carretera o aéreo, no
son trazos del movimiento, sino conectores de punto a punto. Esas son las líneas del
transporte. Y mientras el caminante afirma su presencia en la tierra con la creciente
suma de sus senderos, el pasajero transporta su firma sobre él mientras se transporta
de un lado a otro. Donde sea que él pueda estar, debe ser capaz de replicar este ges-
to en miniatura, altamente condensado, como una marca de su identidad única e
inmodificable. Una vez más encontramos la lógica de la inversión trabajando aquí,
transformando los caminos por los cuales la gente conduce sus vidas en propiedades
internas de los individuos auto-contenidos, limitados. Siempre que el individuo es
requerido a firmar sobre la línea de puntos, esta inversión es representada. Un ocu-
pante de cualquier lugar y un habitante de ninguna parte, el firmante declara por
ese acto su lealtad al espacio.
Como ya he sugerido, la ocupación se hace en áreas mientras que habitar es li-
neal. Se entiende que los varios destinos son vinculados en un sistema de transporte
para ser distribuidos sobre una superficie isotrópica, cada ubicación especificada
por coordenadas globales. Las que conectan esos destinos comprenden una red que
se extiende cruzando la superficie y “atrapada” por cada uno de esos nodos. Para el
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2 Para mí, como usuario relativamente inexperto, navegar en el internet es materia de una activación de secuen-
cias de vínculos que me llevan, casi instantáneamente, de sitio a sitio. Cada vínculo es un conector, y la web
misma es una red de sitios interconectados. Viajar por el ciberespacio, así, se parece al transporte. Los usuarios
expertos, sin embargo, me dicen que ellos “surfean” la red, ellos siguen senderos como los caminantes, con
ningún destino particular en mente. Para ellos, la web puede parecer más como un enredo que una red. Cómo,
precisamente, ellos pueden entender “movimiento” por la internet es una cuestión interesante, pero está más
allá del ámbito de este capítulo, y ciertamente más allá de mi propia competencia, para abordarlo aquí.
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Conocimiento
3 El ejemplo que sigue está ligeramente basado en un proyecto del que participé marginalmente. Este fue el
proyecto financiado por los Estados Unidos TUNDRA (por sus siglas en inglés de Degradación de la Tundra
en el Ártico Ruso), que se llevó a cabo por tres años desde 1998 a 2000, coordinado por la Universidad del
Ártico Central de Laponia. El proyecto presenta una evaluación de la retroalimentación del ártico ruso al sis-
tema climático global, a través de los cambios por las emisiones de los gases invernadero y las pérdidas de agua
dulce, y la comprensión de las relaciones entre cambio climático, ciclos del carbón e hidrológicos, polución
industrial y conciencia social. El estudio se llevó a cabo en la cuenca del río Usa, en el noreste de la república
de Komi, justo al oeste de los Montes Urales.
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En este ejemplo, los datos se están recolectando de una serie de locaciones fi-
jas. Para el grupo de científicos esas locaciones comprenden un transecto de mil
kilómetros que corta a través de la superficie de la tierra. Pero el transecto no es un
camino: no es el rastro de un movimiento sino una cadena de conexiones punto a
punto. Unidas por esas conexiones, las locaciones constitutivas del transecto están
–podríamos decir– integradas lateralmente. Pero ¿qué de los datos obtenidos? Todo
dato es una “cosa dada”, un hecho. Aún cuando descubierto entre los contenidos
de un lugar, dónde está, o cómo fue a llegar allí, no forma parte de lo qué es. Como
un ejemplo o espécimen, cada hecho es considerado como algo de una clase. Y su
significado no radica en el relato de su descubrimiento sino en su yuxtaposición
y comparación con hechos de una clase similar –o cuyas propiedades intrínsecas
pueden ser medidas con el mismo patrón– que fueron recolectados en otros sitios.
22 Por lo tanto, el trabajo de campo de la temporada está completado, los miembros
del equipo enviarán los datos que han recogido a sus respectivos laboratorios, don-
de alimentarán una base de datos que, a su vez, les permitirá buscar correlaciones
sistemáticas con las cuales poder predecir modelos de cambio del ecosistema y cli-
máticos. Los datos, en efecto, son trasmitidos “hacia arriba” para el análisis, donde
alimentan marcos progresivamente más grandes y en última instancia universales.
En la construcción de una base de datos, en su clasificación y tabulación, los cientí-
ficos encuentran –podríamos decir– que están verticalmente integrados. A través de
ese proceso de integración, se produce el conocimiento.
En definitiva, a las locaciones geográficas lateralmente integradas, les corres-
ponde una clasificación integrada verticalmente de las cosas encontradas allí. Las
primeras están encadenadas a redes de conexiones punto a punto, las últimas por
las agregaciones taxonómicas y las divisiones de la base de datos. Pero ¿qué del co-
nocimiento de los habitantes? ¿Cómo es integrado eso? Consideremos el piloto del
helicóptero de nuestro ejemplo. Ha acumulado una buena cantidad de experiencia
de vuelo en aquellas partes. A diferencia de los científicos visitantes, el conoce el
terreno y cómo encontrar su camino bajo condiciones climáticas variables. Pero ese
conocimiento no deriva de las locaciones. Proviene en cambio de una historia de
vuelos previos, de despegues y aterrizajes, y de incidentes y encuentros en la ruta.
En otras palabras, ha sido forjado en el movimiento, “en el paso de lugar a lugar y
el cambio de horizontes a lo largo del camino” (Ingold, 2000: 227). Por eso, como
habitante, el conocimiento geográfico del piloto no está lateralmente integrado, del
mismo modo que los lugares para él no son locaciones espaciales, ni están unidas
por conexiones punto a punto. Son más bien temas, que se suman a los escritos en
diarios de viajeros. Su conocimiento de las cosas no está verticalmente integrado.
Para el habitante las cosas que conoce no son hechos. Un hecho simplemente existe.
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Para los habitantes, las cosas no tanto existen como ocurren. Puestas en la confluen-
cia de acciones y respuestas, no son identificadas por sus atributos intrínsecos sino
por los recuerdos que pueden convocar. Por eso las cosas no son clasificadas como
hechos o tabuladas como datos, sino narradas como historias. Y cada lugar, como
una reunión de cosas, es un nudo de historias.
Los habitantes, en pocas palabras, saben como ir, en su viaje por el mundo a lo
largo de su ruta. Lejos de estar subordinado a una colección de datos punto a punto
que deben ser aprobados para su posterior procesamiento como conocimiento, el
movimiento es en sí mismo el modo de conocer del habitante. He rastreado en el
vocabulario inglés para encontrar una palabra, gramaticalmente equivalente a late-
ralmente y verticalmente, que pueda transmitir ese sentido de conocer “a lo largo”
más que “a través” o “sobre”. Pero no hallé nada. Tengo entonces que recurrir a un
neologismo raro. El conocimiento del habitante –podríamos decir– está integrado 23
enlargadamente4. Por eso, en lugar de la complementariedad de una ciencia de
la naturaleza verticalmente integrada, y una geografía de la locación lateralmen-
te integrada, el caminante produce un conocimiento integrado atravesadamente,
práctico, del mundo viviente. Semejante conocimiento ni es clasificado ni tampoco
conectado, sino en-mallado5.
En realidad, por supuesto, los científicos son humanos como cualquier otro. Y
también, como cualquiera, son caminantes. Por eso la foto presentada de la práctica
científica en el ejemplo de arriba está un tanto idealizada. Corresponde, si ustedes
quieren, a la mirada “oficial” de lo que se supone que pasa. En las investigaciones
científicas que se conducen actualmente, la investigación de los materiales recolec-
tados en el campo son enviados no hacia “arriba”, sino “a lo largo” al laboratorio,
que es, después de todo, sólo otro lugar donde se hace el trabajo. Más aún, no hay
marcos unificados dentro de los que las observaciones de toda clase y todos los con-
textos puedan ser acomodadas. La mayor parte de la labor científica, pareciera, yace
en intentar establecer la conmensurabilidad y conectividad que permita traducir
procedimientos desarrollados y resultados obtenidos en un lugar, para aplicarlos
a otro. Como el sociólogo David Turnbull (1991) ha mostrado, el conocimiento
científico no está integrado dentro de un gran edificio, sino más bien crece en un
campo de prácticas, constituido por los movimientos de los practicantes, aparatos,
mecanismos, medidas y resultados de un laboratorio a otro. “Todo conocimien-
to”, escribe Turnbull, “es como viajar, como un trayecto entre las partes dentro de
una matriz” (1991: 35). Así, contrariamente a la visión oficial, lo que vale para el
conocimiento del habitante, también vale para la ciencia. En ambos casos, el co-
4 Alongly en el original.
5 Meshworked en el original.
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