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Ciclo de Vida del Camarón Blanco

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3.

Introducción
El grupo de los camarones peneidos incluye una gran cantidad de especies de

importancia económica tanto de los trópicos como en los subtrópicos. Muchas de estas

especies son indispensables dentro de las cadenas tróficas de los océanos, ya que

constituyen una fuente de alimento para otras que a la vez que forman eslabones

importantes en la transferencia de materia y energía en estos sistemas.

Los peneidos están constituidos por dos superfamilias: los Penaeoidea con las familias

Aristeidae, Benthesicymidae, Penaeidae, Sicyoniidae y Solenoceridae. La otra

superfamilia Sergestoidea, está integrada por las familias Luciferidae y Sergestidae. Los

géneros de cada familia se encuentran enlistados en el anexo 1. Recientemente, cinco

subgéneros de la familia Peneidae subieron a un nivel genérico: Farfantepenaeus,

Fenneropenaeus, Marsupenaeus, Melicertus y Litopenaeus. A este último género

pertenece Litopenaeus setiferus (Pérez y Kensley, 1997).

La primera referencia del camarón blanco del Golfo fue en 1759 por Seba como

Astacus fluviatilis americanus. Poco tiempo después en 1767 como Cancer setiferus por

Linneo. Ese mismo año, Linneo cambió el género a Penaeus setiferus. Como se

mencionó anteriormente, el género Penaeus se modificó a Litopenaeus por Pérez

Farfante en 1969 (Pérez y Kensley, 1997).

3.1 Ciclos de Vida y Hábitat

El ciclo de vida de los peneidos está dividido en seis fases: embrión, larva, juvenil,

adolescente, sub-adulto y adulto (Figura 1) Estos organismos liberan sus huevos

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directamente al mar. El estado larvario es planctónico y ocurre en cerca de la costa. La

etapa juvenil temprana tradicionalmente es conocida como postlarva. En esta etapa el

cuerpo del camarón es transparente, con venas cafés o negras que van del flagelo

antenular hacia el telson (Kong y Williams, 1988).

Figura 1. Ciclo de vida de Litopenaeus setiferus.

L. setiferus habita fondos limosos o fango-arenosos y en general en substratos terrígenos

con una gran cantidad de material orgánico. Su reproducción se lleva acabo en el mar y

las larvas se dispersan en el ambiente pelágico, las postlarvas adquieren hábito

bentónico e ingresan a los esteros y lagunas costeras. Después los juveniles emigran al

mar donde se convierten en adultos. La especie prefiere aguas poco profundas hasta con

una profundidad de 90 metros (Secretaría de Agricultura, 2004).

Para que alcancen la etapa juvenil, los organismos de esta especie requieren una menor

salinidad al igual que aguas protegidas que le proporcionan los esteros. El ingreso de los

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reproductores ocurre a los seis o siete meses de edad y presentan una longitud total

promedio de 140 mm. Las hembras se presentan totalmente maduras de abril a mayo y

se producen dos picos de reproducción, uno en primavera (abril-mayo) y uno en verano

(agosto) (Secretaría de Agricultura, 2004).

3.2 Anatomía

El cuerpo de un camarón está dividido en dos partes, el caparazón, que es el escudo

sobre el cefalotórax y el abdomen (Figura 2). El caparazón es conocido como la cabeza

y el abdomen como la cola. El caparazón contiene la cabeza y los órganos vitales,

incluyendo el estómago. La cresta en lo alto de la cabeza y el rostrum que en muchas

especies se extiende por delante de la cabeza son estructuras muy importantes para

distinguir especies. El abdomen está dividido en seis segmentos, el último segmento

termina en una estructura puntiaguda llamada telson.

La frecuencia de muda del exoesqueleto varía entre las especies, el tamaño y la edad.

Sin embargo los camarones jóvenes mudan dos o tres veces al día, mientras que los

juveniles dependiendo de la temperatura en un intevalo de 3-25 días. Los adultos mudan

una vez cada uno o dos años (Wickins 2002)

En L. setiferus los sexos están separados. Esta especie es muy similar a L. vannamei, y

pueden ser distinguidas por la diferencia en la forma de los genitales. Por su gran

variedad de colores, es también confundido con los camarones cafés (L. aztecus), sin

embargo el camarón café tiene un surco ancho en el último segmento de la cola (Dore y

Frimodt, 1987).

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Figura 2. Anatomía de Litopenaeus setiferus.

3.3 Distribución

L. setiferus puede ser encontrado a lo largo de la costa Atlántica de Estados Unidos,

desde Nueva Jersey hasta Florida y a lo largo de todo el Golfo de México. Muy pocos

son encontrados al norte de Carolina. Existe una mayor abundancia en las costas del

Golfo. Es decir, se puede encontrar esta especie de camarón desde el sur de Nueva

York hasta la Península de Yucatán (Figura 3) (Dore y Frimodt, 1987, Pérez y Kensley,

1997).

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Figura 3. Distribución de Litopenaeus setiferus a lo largo
de la costa este del continente americano.

En México, el camarón blanco se encuentra con mayor abundancia en la Laguna de

Términos y Campeche, pero de también se encuentra en cantidades elevadas en áreas de

Tabasco como Chiltepec y la desembocadura de los ríos Grijalva y San Pedro

(Secretaría de Agricultura, 2004).

3.4 Importancia

Los camarones peneidos en el Golfo de México juegan un papel importante como

especie presa para una gran variedad de peces comerciales como la perca Atlántica, la

perca plateada, lenguado sureño, trucha arenera, trucha manchada, y el pez lagarto

(Pérez y Kensley, 1999).

Las familias Penaeidae y Sicyoniidae contienen la mayor cantidad de especies

capturadas comercialmente alrededor del mundo. El camarón blanco es una de las

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especies más importante económicamente. En Estados Unidos el camarón blanco es un

marcador estándar para comparar otras especies de camarones importados. Su carne es

suave, firme y con un sabor agradable. Cuando es cocinada presenta un color rosado

uniforme (Dore y Frimodt, 1987).

En México las poblaciones del camarón blanco del Golfo se encontraban en un estado

de sobreexplotación debido a la pesquería secuencial y a la variedad de artes de pesca

utilizados para su captura. Del mimo modo su ciclo natural de renovación se vio

alterado por la pesca de reclutas y por la captura de reproductores por lo que se

implementaron vedas con el objetivo de contribuir a la conservación de las poblaciones

y favorecer a la pesca. El camarón blanco se explota con barcos y con lanchas de

arrastre (Secretaría de Agricultura, 2004).

3.5 Escapes

Las defensas que presentan las presas contra los depredadores se pueden dividir en dos

tipos. Las defensas primarias que están siempre presentes en los organismos

(morfológicas) y las defensas secundarias que aparecen cuando se presenta el

depredador como aumentar el tamaño del cuerpo o escapar (Neil, com. per.).

Dentro de estos mecanismos de defensa, los de carácter morfológico incluyen las púas

del puercoespín, el caparazón de las tortugas o coloraciones de advertencia. De igual

forma pueden ocultarse de sus depredadores confundiéndose con el entorno. También

pueden presentar adaptaciones fisiológicas como glándulas. El comportamiento es de

igual forma un mecanismo de defensa. Los animales escapan de los depredadores

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corriendo o formando grupos donde se reduce la probabilidad de que un depredador

tome por sorpresa a uno de los miembros del grupo (Ville, et al, 1998, Neil, com. per.).

Los animales evitan a los depredadores usando refugios en donde son menos

vulnerables a ser capturados, tal como lo hace la marmota corriendo hacia una

madriguera cuando escapa de un depredador. Sin embargo al salir a alimentarse o

realizar otras actividades abandonan esta protección. La distancia de reacción hacia el

refugio depende de la posición relativa tanto del depredador como del refugio (Kramer

y Bonenfant, 1996).

Otro tipo de comportamiento es evitar que el depredador lance algún tipo de ataque por

medio de la disminución de la actividad, cambiando su posición o ocultándose durante

un tiempo en su refugio (Neil, com. per.).

Si el depredador localiza a una presa individual y lanza un intento para capturarla, la

presa realiza diferentes mecanismos de evasión. La evasión incluye movimientos

rápidos de último minuto. Estos movimientos tienen el objetivo de prolongar el

encuentro hasta convertirlo en un gasto excesivo de energía por parte del depredador y

así poder escapar. La presa utiliza la rapidez de la respuesta, la dirección (ángulo de

escape), la impredecibilidad y el tiempo (ya que si la presa reacciona temprano el

depredador puede ajustar su ataque y por el contrario si reacciona tarde sería capturada)

(Neil y Ansell, 1995). Estos mecanismos pueden variar entre diferentes depredadores.

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3.6 Estudio e importancia de las trayectorias de escape

La respuesta de escape de un animal tiene como objetivo disminuir la probabilidad de

captura por parte de un depredador potencial. La etapa inicial del escape resulta en un

movimiento evasivo que mueva a la presa de la trayectoria del depredador. La

efectividad del escape depende tanto de la efectividad del animal para seguir una

trayectoria que minimice la posibilidad de un encuentro o de una captura, si el

depredador decide perseguirla (Arnott et al, 1999).

Las trayectorias de escape han sido estudiadas en diferentes grupos de organismos como

los peces, cangrejos, cucarachas, renacuajos y ranas (Arnott et al, 1999). Los estudios

para entender los mecanismos de escape tienen una gran importancia para la ecología, la

fisiología y el comportamiento animal. En ecología, la elección de un ángulo específico

afectará variables importantes de escape como la velocidad. Fisiológicamente las

preferencias hacia ciertas trayectorias de escape implican mecanismos que controlan la

magnitud del movimiento relativo hacia un estímulo. La presencia de trayectorias de

escape múltiples previene que los depredadores aprendan un patrón de respuesta por

parte de la presa. Para aplicaciones prácticas, las trayectorias de escape pueden servir

para el diseño de redes de pesca. La trayectoria de escape se considera una variable

circular y es definida como el ángulo entre la dirección del estímulo y la dirección

tomada por el organismo al final de la respuesta (Domenici y Blake, 1993). El estudio

de las trayectorias de escape puede ocuparse para comparar especies y obtener

relaciones filogenéticas (Heitler et al, 1999).

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Los escapes rápidos son comportamientos comunes de los organismos marinos y son

componentes críticos en las interacciones depredador–presa. Sin embargo, la presencia

de distinto tipos de refugio puede afectar las trayectorias de escape. El organismo tiene

que tomar estrategias alternativas cuando no hay un refugio en el hábitat. Bajo esta

situación, las trayectorias que prolongan una persecución maximizarán el costo

energético del depredador, provocando que el ataque pueda ser abortado. Por eso la

incorporación de la impredecibilidad (conocido en inglés como ‘protean behaviour’) en

la respuesta de escape puede ser ventajosa en dichas circunstancias, ya que confunde al

depredador y previene que aprenda los movimientos de la presa (Arnott et al, 1999,

Nauen y Shadwick, 1999).

Cuando son atacados, los camarones intentan escapar mediante una respuesta conocida

como tail-flip (golpe o contracción de la cola) (Arnott et al, 1999). El tail-flip es un

comportamiento de escape, en el cual un rápido movimiento de contracción de la cola

hacia el caparazón mueve al animal tanto vertical como horizontalmente en la columna

de agua y lo acelera rápidamente hacia atrás (Figura 4). Sin embargo este tipo de

comportamiento también puede ocurrir en respuesta a sustancias nocivas, cuando se

alimenta o cuando se encuentra con otros camarones (Neil y Ansell, 1995, Arnot et al.

1998).

Este tipo de respuestas son exhibidas comúnmente por crustáceos, incluyendo

misidáceos, camarones, eufausiáceos, y langostas. En estos grupos existe una gran

diversidad morfológica, de tamaños del cuerpo, tipos de hábitat y estilos de vida, por lo

que las adaptaciones resultantes en el mecanismo con el que se produce el tail-flip son

distintas y, en general, poco conocidas. (Neil y Ansell, 1995)

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Figura 4. Imágenes de un tail-flip obtenidas utilizando una cámara
de alta velocidad (Arnott et al, 1998).

El tail-flip es controlado por redes neuronales que han sido estudiadas con gran detalle y

se presentan en todos los grupos de malacostracos. Las fibras responsables de la

contracción del abdomen en la fase inicial de un escape por la acción de un estímulo son

las fibras mediales gigantes y las fibras gigantes laterales. Ambos grupos de fibras se

encuentran en el cordón nervioso central. Los tail-flips subsecuentes en un escape son

generados por una red neuronal que no involucra fibras gigantes (Arnott et al. 1998,

Neil y Ansell, 1995). Este tipo de respuesta de escape debió aparecer temprano en la

evolución de los malacostracos, ya que especies primitivas de carideos realizan

diferentes tipos de flexión de la cola. (Heitler et al, 1999).

La propulsión que se genera durante un tail-flip es producida por la combinación de

una fuerza reactiva y una fuerza de resistencia. Otra fuerza que contribuye al final del

tail-flip es la fuerza hidrodinámica producida por un chorro de agua. Cuando la cola se

acerca al cuerpo, el fluido entre estas dos superficies es desplazado, lo que produce el

chorro de agua con una gran fuerza y dirección. La compresión del agua aporta una

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cantidad sustancial de energía al tail-flip, sobre todo cuando la cola se acerca al cuerpo.

La contribución de la fuerza de resistencia es hecha por la expansión de los urópodos

(Nauen y Shadwick, 2001, Neil y Ansell, 1995) generando una superficie mucho mayor

de resistencia al fluido. El centro de masa en estos organismos se encuentra en una

posición anterior al sito de producción de la fuerza, por lo que al momento en el que se

desarrolla el tail-flip el animal rota sobre su propio eje (Nauen y Shadwick, 2001).

En este estudio se investigaron principalmente las trayectorias de escape de Litopenaeus

setiferus en respuesta a un depredador natural, la jaiba azul Callinectes danae. De igual

forma se estudiaron dichas respuestas ante un estímulo artificial. Para interpretar los

resultados, fue necesario conocer el campo visual tanto de la jaiba como del camarón en

diferentes intensidades de luz y se reverenciaron los movimientos angulares al centro de

masa de las dos especies.

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