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FILOSOFÍA CONTEMPORÁNEA (SIGLO XIX) 1
TEMA 9. KARL MARX: TEMA
INTRODUCCION
Características del pensamiento de Marx
Karl Marx (1818-1883) es uno de los principales pensadores
de la filosofía contemporánea del siglo XIX y su filosofía
supone la culminación de la reacción crítica contra el
idealismo absoluto de Hegel que se inició con el movimiento
denominado izquierda hegeliana. El pensamiento de Marx
toma como fuentes la filosofía de Hegel, la izquierda
hegeliana, la economía política inglesa y el socialismo
utópico francés, pero lo hace ejerciendo una profunda crítica
de todas estas corrientes con el fin de superar sus
limitaciones.
La obra de Marx es difícilmente catalogable, pues, lejos de ser exclusivamente filosófica, contiene
muchos elementos que pertenecen al ámbito de la economía, la historia, la política y la sociología.
Por otra parte, Marx realizó su obra en estrecha colaboración con Friedrich Engels, siendo muchas
veces difícil distinguir las aportaciones de uno y otro, aunque, en general, puede considerarse que la
principal aportación de Marx es su teoría de la historia llamada materialismo histórico, mientras que
la de Engels es su teoría de la naturaleza denominada materialismo dialéctico. Por último, cabe
mencionar que la filosofía de Marx generó la corriente de pensamiento denominada marxismo,
dentro de la cual se encuentran diversas interpretaciones y aplicaciones prácticas de la obra de
Marx, algunas de ellas difícilmente compatibles.
Las obras de Marx y la evolución de su pensamiento
Marx escribió muchas obras y gran parte de ellas las redactó en colaboración con Engels. Por otro
lado, su pensamiento evolucionó constantemente y tuvo un carácter predominantemente crítico.
Por ello, resulta extremadamente difícil dividir la producción intelectual de Marx en períodos
claramente definidos. Sin negar la continuidad entre las etapas del pensamiento de Marx, cabe
considerar dos grandes períodos dentro de su obra. El primero es el denominado el «joven Marx» y
se caracteriza por una preocupación predominantemente humanista y crítica (Manuscritos
económico-filosóficos, Tesis sobre Feuerbach, La ideología alemana, etc.). El segundo se conoce
como el «Marx maduro» y distingue por una tendencia más científica que se concreta en el
desarrollo y formulación madura del materialismo histórico (El Capital, Contribución a la crítica de la
economía política, etc.). Finalmente, hay que mencionar el famoso Manifiesto del partido comunista,
obra que muestra la estrecha relación que mantuvieron Marx y Engels con el movimiento
revolucionario de la clase obrera de la segunda mitad del siglo XIX.
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1. EL MATERIALISMO HISTÓRICO. REALIDAD Y SOCIEDAD-EL COMUNISMO.
1.1. El materialismo histórico
El materialismo marxista parte de la relación entre el hombre y la naturaleza. Consiste, pues, en
interpretar la realidad como el proceso real de producción o actividad práctica. Este proceso no es
espiritual, sino que radica en el trabajo o actividad productiva del hombre con y en la naturaleza. El
materialismo marxista se opone así tanto al idealismo hegeliano que da la primacía al pensar y al
espíritu como al materialismo de Feuerbach que considera al hombre como un ser meramente
contemplativo. Para Marx, la realidad es la actividad productiva que ni es espiritual ni es meramente
contemplación.
Marx adopta la dialéctica de la filosofía hegeliana, porque expresa el carácter histórico de la
realidad, así como la concepción de ésta como una totalidad dinámica de elementos
interrelacionados cuyo motor es la contradicción y su superación. Sin embargo, Marx separa la
dialéctica del idealismo hegeliano para convertirla en una dialéctica material, esto es, aplicada a la
relación entre el hombre y la naturaleza en que consiste la actividad productiva y su desarrollo
histórico. Por tanto, Marx aplicó la dialéctica a la historia, la economía y la sociedad. En cambio, su
colaborador Engels empleó la dialéctica para proponer una teoría materialista de la naturaleza.
En resumen, el materialismo histórico es la concepción materialista de la historia desarrollada por
Marx según la cual la historia se reduce, en último término, a la sucesión de modos de producción o
formas de producir los bienes materiales, es decir, al proceso real de producción. El análisis de este
proceso real de producción constituye, por tanto, la esencia de la teoría de la sociedad y de la
historia denominada materialismo histórico.
1.2. La infraestructura económica y la superestructura ideológica
La acción histórica fundamental del hombre es la producción de los medios para satisfacer sus
necesidades materiales, es decir, la producción de su vida material. Ahora bien, esta producción es
una producción social, pues en ella el hombre establece relaciones sociales con otros hombres
independientemente de su voluntad. Estas relaciones sociales son relaciones de producción, ya que
su fundamento es la producción de los bienes materiales necesarios para su subsistencia. Las
relaciones de producción se expresan en las relaciones de propiedad y son así las relaciones entre los
propietarios de los medios de producción (maquinaria, instrumentos, materia, tierra, ganado,
industria, etc.) y los productores directos de un determinado proceso de producción (los
trabajadores). Por tanto, las relaciones de producción consisten en las relaciones entre la clase
dominante y la clase dominada. Las relaciones de producción se corresponden a su vez con el
desarrollo de las fuerzas productivas, que son el conjunto de los medios de producción y la fuerza de
trabajo o capacidad de producción de los trabajadores. Las relaciones de producción junto con las
fuerzas productivas constituyen la estructura económica o infraestructura, es decir, la base
económica de la sociedad.
Sobre la estructura económica se levanta la superestructura, es decir, la estructura jurídica, la
estructura política y la ideología o conjunto de representaciones e ideas que forman la conciencia
social (religión, filosofía, arte, ciencia). La ideología dominante es la de la clase dominante y, por ello,
constituye una imagen falsa de la realidad que justifica la estructura económica vigente.
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1.3. La relación entre la infraestructura y la superestructura
La tesis fundamental del materialismo histórico es que el modo de producción de la vida material o
infraestructura económica determina o condiciona la superestructura, esto es, el proceso de la vida
social, política y espiritual. En palabras del propio Marx, no es la conciencia del hombre (la
superestructura ideológica) la que determina su ser (la infraestructura) sino el ser social (la
infraestructura) la que determina su conciencia (la superestructura ideológica). Es decir, el
fundamento económico condiciona el desarrollo de la historia y, por ello, la teoría marxista de la
historia es un materialismo histórico. No obstante, esta tesis según la cual el fundamento económico
determina el proceso histórico y la superestructura tiene al menos dos interpretaciones. La primera
sostiene que la infraestructura determina por completo la superestructura y, por ello, es
denominada determinismo económico. La segunda afirma que la infraestructura y la superestructura
se relacionan dialécticamente, es decir, se condicionan recíprocamente aunque el factor económico
sea el principio explicativo de la historia.
1.4. La lucha de clases como motor de la historia
En ciertos momentos de la historia, el desarrollo de las fuerzas productivas llega a un estado en el
que entra en contradicción con las relaciones de producción existentes o relaciones de propiedad.
Esta contradicción consiste en que las relaciones de producción, que antes habían favorecido la
evolución de las fuerzas productivas, resultan ser ahora un obstáculo para el progreso de éstas. Esta
contradicción entre relaciones de producción y fuerza productiva consiste en la lucha de clases.
Al darse esta contradicción en la infraestructura económica, se entra en una época de revolución
social, es decir, tiene lugar una transformación las relaciones de producción (las relaciones entre las
clases sociales) y, como consecuencia, de la superestructura. La transformación de la
superestructura ideológica (jurídica, política, artística, religiosa, filosófica, etc.) ha de ser explicada
por las contradicciones y la transformación de las condiciones materiales que constituyen la
infraestructura, es decir, por el conflicto dialéctico entre las relaciones de producción y las fuerzas
productivas, o lo que es lo mismo, por la lucha de clases.
Por otra parte, una formación social o tipo de sociedad (el todo formado por la infraestructura y la
superestructura jurídica, política e ideológica) no desaparece hasta que no se hayan desarrollado
todo lo posible en ella las fuerzas productivas. Del mismo modo, no aparecen nuevas relaciones de
producción antes de que en la sociedad anterior se hayan hecho posibles las sus condiciones
materiales o económicas.
Toda esta explicación del proceso histórico constituye otras de las tesis fundamentales del
materialismo histórico: el motor de la historia es la contradicción entre las fuerzas productivas y las
relaciones de producción, es decir, la lucha de clases entre la clase dominante que posee los medios
de producción y la clase dominada que aporta la fuerza de trabajo. De igual manera que la
infraestructura determina la superestructura, la contradicción y transformación de la infraestructura
determina la transformación en la superestructura dando lugar a una revolución social.
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1.5. El comunismo
En el desarrollo de la historia, se han dado cuatro modos
de producción fundamentales que son etapas
progresivas de la evolución de la formación social, es
decir, sociedad. Dichos modos de producción o sistemas
económicos son: el asiático, el antiguo, el feudal y el
burgués moderno o capitalista. El modo de producción
burgués da lugar a la última formación social existente.
En ella se da un antagonismo o contradicción entre la
clase burguesa y la clase proletaria. El mismo desarrollo de las fuerzas de producción en la sociedad
capitalista producirá las condiciones materiales necesarias para la superación de dicha contradicción.
Así pues, la verdadera historia de la humanidad, es decir, la época en la que ya no exista la opresión
ni la explotación de una clase por otra, comenzará cuando desaparezca el capitalismo.
Por tanto, el fin al que se dirige la historia es la desaparición de las clases sociales y la instauración
del comunismo, cuyo advenimiento surgirá del propio desarrollo interno del capitalismo, aunque la
clase proletaria acelere este proceso mediante la acción revolucionaria y la una provisional dictadura
del proletariado que estatalice los medios de producción. En la sociedad comunista desaparecerán
la propiedad privada, las clases sociales, las alienaciones y, por tanto, tendrá lugar la plena
realización del hombre. En ella las personas trabajarán según sus capacidades y con sus necesidades.
En este sentido, el marxismo puede considerarse un pensamiento humanista y utópico que
considera que la plenitud humana se logrará dentro de la historia y no más allá de ella.
1.6. El análisis económico del capitalismo
Para explicar la situación de alienación del proletariado en la sociedad capitalista, así como la
necesidad de que este modo de producción sea superado, Marx realizó un análisis económico del
capitalismo. En primer lugar, es necesario distinguir entre el valor de uso de un producto, que es su
capacidad para satisfacer determinadas necesidades, de su valor de cambio, que consiste en su valor
dentro del mercado según la ley de la oferta y la demanda. Con la aparición del capitalismo, éste
dejó de convertirse en instrumento para el intercambio de mercancías (M-D-M) y se convirtió en el
fin del sistema económico (D-M-D) y se transformó así en un «fetiche». Ahora bien, la única manera
de ganar dinero en el proceso de producción es pagar al obrero con un salario inferior al valor de su
trabajo, pues el coste de las materias primas y los medios de producción es más o menos constante.
Sin embargo, la obtención de esta plusvalía supone la explotación del obrero, cuyo trabajo no sólo
queda reducido a una pura mercancía, sino que, además, no es remunerado conforme a su valor.
Para que esto sea posible es necesario que la demanda de mano de obra sea inferior a su oferta,
cosa que la división del trabajo y la inversión en máquinas favorecen. Pero a su vez ello conduce al
proletariado a una situación de miseria y, por consiguiente, a la pérdida de su poder adquisitivo. Así
que, al ser la demanda de productos inferior a su oferta, se reduce la posibilidad de la plusvalía.
Además, ésta ha ser a su vez invertida en su totalidad para poder obtener más plusvalía y competir
en el libre mercado. Estas contradicciones internas del capitalismo implican necesariamente su
superación, que puede ser acelerada por la conciencia de clase por parte del proletariado 1.
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Para explicar la situación de alienación del proletariado en la sociedad capitalista, así como la necesidad de
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2. EL SER HUMANO
A) EL HUMANISMO MARXISTA
2.1. La concepción marxista del hombre
Frente al idealismo hegeliano que consideraba que la esencia del hombre es la autoconciencia, Marx
sostiene que el hombre es un ser natural. Sin embargo, su naturaleza no es fija ni está dada de
antemano, sino que tiene realizarse en la historia y, por consiguiente, en desacuerdo con Feuerbach,
Marx afirma que el hombre es un ser histórico. También en oposición a Feuerbach, que comprendía
al hombre como un ser teórico, Marx sostiene que el hombre es un ser activo o productivo cuya
esencia es la praxis. La principal actividad el hombre es el trabajo mediante el cual el hombre se
realiza a sí mismo y desarrolla su naturaleza en la historia. Al consistir la naturaleza humana en la
producción de su vida, el hombre es un ser relacional, pues mediante la actividad productiva el
hombre se relaciona con la naturaleza al transformarla y con los otros hombres. Por ello, el hombre
es ser social cuya esencia es el conjunto de sus relaciones sociales. Marx critica a Feuerbach por
desvincular al individuo de sus relaciones económicas y sociales admitiendo que existe una esencia
humana genérica, abstracta e independiente de ellas.
2. 2. La cuestión del humanismo marxista
Si el marxismo es un humanismo o no es una cuestión muy discutida. En primer lugar, no cabe duda
de que en las obras de la etapa denominada el «joven Marx» se elabora un pensamiento claramente
humanista cuya preocupación esencial es la plana realización del hombre y la eliminación de toda
forma de alienación. Sin embargo, en las obras del período que recibe el nombre de «Marx
maduro», Marx parece alejarse de tal planteamiento para centrarse en un análisis científico del
capitalismo. En general, el marxismo puede considerarse un humanismo porque desarrolla una
crítica y lucha contra la alienación del hombre con el fin de acabar con su explotación y alcanzar su
liberación, y también porque niega la existencia de un ser distinto y superior a la naturaleza y al
hombre al defender el ateísmo en favor de la autonomía y la primacía del ser humano. Sin embargo,
es posible encontrar ciertos aspectos antihumanistas en el pensamiento del Marx maduro al reducir
el hombre al conjunto de sus relaciones sociales y considerarlo el resultado de la sociedad y el
proceso histórico. Por ello, algunos intérpretes de Marx han considerado que el marxismo es un
antihumanismo.
B. LA ALIENACIÓN
2.3. La alienación económica
El concepto de «alienación» es utilizado tanto por Hegel como por Feuerbach. Sin embargo, Marx lo
dota de un nuevo sentido que muestra su desacuerdo con las filosofías de dichos pensadores. Marx
considera que la crítica de la religión realizada por Feuerbach es insuficiente, porque ni descubre ni
que este modo de producción sea forzosamente superado, Marx realizó un minucioso análisis económico del
capitalismo basado en las contradicciones que genera la obtención de la plusvalía a costa de la exploración
del proletariado, cuya miseria acabará haciendo imposible el propio sistema capitalista.
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critica las condiciones económicas y sociales que generan la alienación religiosa al impedir la
realización de su humanidad.
La alienación radical del hombre es, según Marx, la alienación económica, es decir, la alienación del
trabajo. Mediante el trabajo el hombre debería realizarse apropiándose de la naturaleza,
humanizándola y satisfaciendo sus necesidades, pero las condiciones del trabajo asalariado propias
del capitalismo hacen que el trabajo sea una actividad alienante. En primer lugar, el producto del
trabajo del hombre pasa a ser propiedad de otro y con ello se convierte en algo extraño y ajeno al
trabajador. La alienación consiste, pues, en la relación del trabajador con su producto como una cosa
extraña y ajena a él mismo (reificación o cosificación del trabajo). En segundo lugar, el trabajador se
aliena con respecto a sí mismo, ya que el hombre se manifiesta en el producto de su trabajo y, al
convertirse el producto una mercancía extraña al trabajador, la actividad productiva y el propio
trabajador se convierten también en una mercancía extraña que pertenece a otro (reificación o
cosificación del trabajador). Por último, la relación del trabajador con la Naturaleza y los otros
hombres también se transforma en alienación, pues la Naturaleza pasa a ser algo hostil al
trabajador, y los otros hombres se convierten en seres extraños a los que pertenece el trabajo y su
producto.
La alienación del trabajo es una situación negativa, puesto que supone la deshumanización tanto del
trabajo como del trabajador. Sin embargo, no se trata de una situación natural sino de una situación
histórica propia del capitalismo y, por ello, es posible superarla. Para hacerlo son necesarios un
conocimiento científico de la estructura socioeconómica y una transformación práctica de la
realidad, es decir, la vinculación de la teoría y la praxis. Por ser la alienación económica la alienación
estructural y radical del capitalismo justificada por la economía política clásica, Marx realiza una
crítica tanto de la alienación como de la economía política clásica en tanto que ideología que oculta y
justifica el modo de producción capitalista y las relaciones sociales que genera.
2.4. La alienación social y política
La alienación fundamental y primaria es la alienación económica. Sin embargo, la alienación del
trabajo no es la única forma de alienación, pues el fundamento de otras alienaciones tales como la
social y la política, y, junto con estas, de la alienación ideológica. La alienación social consiste en la
división de la sociedad en clases sociales enfrentadas, mientras que la alienación política radica en la
separación entre la sociedad y el Estado.
2.5. La alienación ideológica
Por último, la alienación ideológica consiste en el ocultamiento y justificación de la alienación
económica por parte del derecho, el Estado, la moral el arte, la religión, la filosofía y la cultura en
general. Según Marx, las alienaciones social y política, y, en último término, la alienación económica
originan un conjunto de representaciones ideológicas (ideas, mitos, símbolos, conceptos, etc.) que
ocultan, justifican y dan una imagen falsa de las condiciones reales en las que se desarrolla la vida de
los hombres. De este modo, la ideología enmascara y desfigura la situación real de alienación en la
que viven los hombres y se convierte, por ello, en alienación ideológica. Así pues, el examen
marxista de la alienación ideológica constituye, en cierto modo, una teoría crítica del conocimiento.
Las principales formas de alienación ideológica son la alienación religiosa y la alienación filosófica. La
religión no es constitutiva del hombre, sino que tiene una estrecha relación con la organización
económica, social y política. La raíz del hecho religioso es la alienación económica. En primer lugar, la
religión es la justificación ideológica del orden vigente y, en segundo lugar, le proporciona
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estabilidad en la medida en que la liberación que ofrece no tiene lugar en este mundo ni supone una
transformación de la realidad. La religión es, por tanto, una forma de alienación, porque conduce a
la resignación, la justificación trascendente de la injusticia económica y a la búsqueda de consuelo en
la promesa de una compensación en el más allá del sufrimiento, la opresión y la explotación
actuales. La crítica a la religión de Marx tiene, por consiguiente, un carácter económico, social y
político que Feuerbach no desarrolló. Para Marx, la supresión de la alienación religiosa sólo se
logrará mediante la transformación económica, es decir, con la praxis.
La filosofía, como conjunto de representaciones e ideas, también es una forma de alienación que
cumple, en opinión de Marx, una función ideologizadora dentro de la sociedad, pues se limita a
interpretar la realidad sin transformarla y, además, lo hace falsamente, como el idealismo o el
materialismo mecanicista
C. LA ALIENACIÓN. EL MARXISMO Y LA CRÍTICA A LAS IDEOLOGÍAS.
2.6. Crítica de las ideologías
Según Marx, la conciencia, lo que piensan los hombres, es un producto social. Asimismo, entiende
por ideología del modo restringido y negativo, es decir, como un conjunto de ideas falsas y
falsificadoras. Por otra parte, la ideología (religión, moral, política, etc) no tiene su historia ni
desarrollo propios, sino que se encuentra relacionada con la situación económica y social. Su función
es, pues, ocultar y justificar las circunstancias reales, sociales e históricas de los hombres que reciben
el nombre de alienación. Para eliminar dicha alienación es necesaria una crítica de las ideologías que
descubra la estructura y las leyes de la sociedad y la historia. Mediante esta crítica teórica se conoce
la conciencia «ideologizada» y el estado de alienación en que viven los hombres. Así, por ejemplo, la
crítica de la economía clásica revela que sus pretendidas leyes inmutables poseen tan sólo un
carácter histórico y contingente. No obstante, esta crítica para ser completa y auténtica ha de ser
también práctica. Por ello el materialismo histórico no sólo es un análisis teórico de la sociedad y la
historia que permite distinguir la ciencia real de la ideología, sino que también posee una dimensión
transformadora y política, pues sólo la superación de las ideologías sólo será posible con la supresión
de las condiciones materiales que las generan