Dos modalidades de pensamiento
UNIDAD SEIS
TEXTO FUENTE
JEROME BRUNER. REALIDAD MENTAL Y MUNDOS POSIBLES, GEDISA, BARCELONA, 1980.
CAPÍTULO 2, “DOS MODALIDADES DE PENSAMIENTO”
Adaptación de la cátedra.
Hay dos modalidades de funcionamiento cognitivo, dos modalidades de pensamiento, y
cada una de ellas brinda modos característicos de ordenar la experiencia, de construir la
realidad. Las dos, si bien son complementarias, son irreductibles entre sí. Los intentos de
reducir una modalidad a la otra o de ignorar una a expensas de la otra hacen perder
inevitablemente la rica diversidad que encierra el pensamiento.
Además, esas dos maneras de conocer tienen principios funcionales propios y sus propios
criterios de corrección. Difieren fundamentalmente en sus procesos de verificación. Un
buen relato y un argumento son clases naturales diferentes. Los dos pueden usarse como
un medio para convencer a otro.
Empero, aquello de lo que convencen es completamente diferente:
los argumentos convencen de su verdad,
los relatos de su semejanza con la vida.
En uno, la verificación se realiza mediante procedimientos que permiten establecer una
prueba formal y empírica. En el otro no se establece la verdad sino la verosimilitud. Se ha
afirmado que uno es un perfeccionamiento o una abstracción del otro. Pero esto debe ser
falso o verdadero tan sólo en la manera menos esclarecedora.
Funcionan de modos diferentes, como ya se observó, y la estructura de un argumento
lógico bien formulado difiere fundamentalmente de la de un relato bien construido. Con un
argumento lógico se realiza una búsqueda de verdades universales; con un relato se
buscan conexiones probablemente particulares entre dos sucesos: una pena mortal, un
suicidio, un juego sucio. Si bien es cierto que el mundo de un relato (para lograr
verosimilitud) tiene que ajustarse a las reglas de una coherencia lógica puede transgredir
esa coherencia para constituir la base del drama. Como en las novelas de Kafka, en las
que una arbitrariedad no lógica en el orden social proporciona el motor del drama.
La modalidad del argumento lógico, modalidad paradigmática o lógico científica, trata de
cumplir el ideal de un sistema matemático, formal, de descripción y explicación. Se ocupa
de causas generales, y de su determinación, y emplea procedimientos para asegurar
referencias verificables y para verificar la verdad empírica. Su lenguaje está regulado por
requisitos de coherencia y no contradicción. Su ámbito está definido no sólo por entidades
observables a las cuales se refieren sus enunciados básicos, sino también por la serie de
mundos posibles que pueden generarse lógicamente y verificarse frente a las entidades
observables; es decir, está dirigida por hipótesis de principios.
La modalidad narrativa del pensamiento produce buenos relatos, obras dramáticas
interesantes, crónicas históricas creíbles (aunque no necesariamente “verdaderas”). Se
ocupa de las intenciones y las acciones humanas y de las vicisitudes y consecuencias que
marcan su transcurso. Trata de situar sus milagros atemporales en los sucesos de la
experiencia y de situar la experiencia en el tiempo y el espacio.
Paul Ricoeur sostiene que la narrativa se basa en la preocupación por la condición
humana: los relatos tienen desenlaces tristes o cómicos o absurdos, mientras que los
argumentos teóricos son sencillamente convincentes o no convincentes. A diferencia de
los vastos conocimientos que tenemos sobre el funcionamiento del razonamiento lógico y
científico, sabemos muy poco en cualquier sentido formal sobre la manera de hacer
buenos relatos.
Al final, lo narrativo y lo paradigmático existen uno junto al otro. Razón de más para que
tratemos de comprender e interpretar grandes relatos y cómo éstos crean una realidad
que les pertenece, tanto en la vida como en el arte.
SOBRE LA NARRACION
En un relato deben construirse dos panoramas simultáneamente.
Uno es el panorama de la acción, donde los constituyentes son los argumentos de la
acción: agente, intención o meta, situación, instrumento; algo equivalente a una
“gramática del relato”.
El otro es el panorama de la conciencia: lo que saben, piensan o sienten, o dejan de saber,
pensar o sentir los que intervienen en la acción.
Los dos panoramas son esenciales y distintos: es la diferencia que media entre el
momento en que Edipo comparte el lecho con Yocasta antes de enterarse por el
mensajero de que es su madre y después de enterarse.
En este sentido, la realidad psíquica predomina en la narración y toda realidad que exista
más allá del conocimiento de los que intervienen en la historia es puesta allí por el autor
con el objeto de crear un efecto dramático.
En realidad, es un invento de los novelistas y dramaturgos modernos la creación de un
mundo compuesto totalmente con las realidades psíquicas de los protagonistas, dejando
el conocimiento del mundo “real” en el dominio de lo implícito.
El objeto de la narrativa son las vicisitudes de las intenciones humanas. Y puesto que hay
millares de intenciones e infinitas maneras de que entren en conflicto –o así parecería-
debería haber infinitas clases de relatos. Pero, extrañamente, no es éste el caso.
Según un punto de vista, las narraciones realistas comienzan con un estado calmo,
canónico o “legítimo” que es interrumpido, con lo cual se produce una crisis que termina
con la restitución de la calma, dejando abierta la posibilidad de que el ciclo se repita.
Una definición flexible que permite determinar cuando un relato “es” un relato es la que
ya se mencionó: la narrativa se ocupa de las vicisitudes de la intención. La intención es
inmediata e intuitivamente reconocible: no parece requerir para su reconocimiento ningún
acto interpretativo complejo por parte del espectador.
La narración elabora un modelo de mundo posible que existe en la mente del destinatario
que le permite reconocer una gran cantidad y variedad de fábulas y relatos, cualquiera
que sea la expresión en que se encuentran.