Cuando callaron las armas
Edna Iturralderae 18.
“Combats! Ew Ide cone
(ps La Aen = Bae =O Ec Kern 307
ep ak: 30cm (Cee Tc depp Treat
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‘Cemno e Rapsen anes Lait Ange Ange
Copyright @ Edna ede, 2086
ibiesda de suc ot noes,
‘Coppngit © Edie Noo, §.A 2007, pr Estados
‘Cason, Méuco, Ganemala, Peo Ric, Cor Rica,
‘Niarua, Honduran EI Saar, epics Donicana,
Panur Colonia, Vaerats, Pet, Bava, Parag,
‘Uruguay Arg y Chile
‘A.A 51530, Hopes Colin
Rescrrnon tdi os desk
Prohibit veyed tao pci de ea abe in
permis ects de Etna
lenero por ato Boena Scns
tepren ca Colombia rise Colaba
‘At, 2010
Aheiaciomes: a Licla Alin
git: Cities Pett Dior
igs y td: Blanes IRS P
Eistracin ecuses: Paula Gunes
coum
Isa areoas.o7480.
Contenido
Cuando callaron ls armas
Mariposas
‘Unos segundos mis de vida
Cumpht con una mision
Puentes
La magia del len
Pirdmides
Lacana
Aleluya
La medalla de oro
Los tigres no tienen alas
gual, higa de la Tierra
Problemas bélicas
7
3
3
al
51
6
B
1
109
ng‘Allosniiasyninas del mundo que no
eden prowestar por los eimenes de las ghee
1 como reflexion para tds aquellos
adleos que cemen hacerio.
Edna IturraldeCuando callaron las armas
‘nos en ls boils de Ta Targa gabardina os-
cura que rocaha sus tobillos y se abria, como
falas, con eada paso. que daba, Un puduelo
negro de seda ocultaba sus cabellos y cubria,
su frente, bordeande las pobladas cejas. Sus
jos grandes y alenideados miraban sin ver
cl astalto de la calle.
Era una mujer de medina edad, robusta
sin sor ganda, se tez pia ligetamenteoliva.
Sacé el uno del bolsillo, mir la hata en ss
reloj de pulseray luego Iles la mano, de de-
dos lasgos y delicados, su pecha. Respite
profunda, Adm sentia el trepidat de su eora-‘tn. exe palpitar ripido y angustioso que se
producfa cada ver que tenfa que pasar por el
conaral entre Iss dos sonas. Hoy habla sido
peor que otras veces. El guandia, renso, sin
oder seubean ia iersicalets We tctonad
con mucha desconanza mientras examinaba
sus papeles, demor‘ndola mis de la cuenta,
para dar el visto buco y permitir su paso ha-
cia lotto lado.
El dia anterior, en tertoriossraet, un coche
bomba habfa esallado junto aun restaurante
yhabla matado acatoree personas, entre ells,
varios nifos. Fétima reenrdd au propia hijita
¥ aquella noche de terror cuando sti harreo,
6h teritorio palestino, fue bombardeako por
el ejgrcito israeli en retaliactin a otro stage
jecutado por los miembros de tas. fuereas
palestinas, La mujer sintié un escozor en sus
jes, pero no se permit lorar..Noen ese mo
mento. Ya casi legaba a la casa donde darts
fa leccién de piano y sabfa lo sensible que era
Sara, su alumna, Seguro que lanifia caerta en
cuenta, de inmediato, de sus Higrimas.
Entr6 por una calle angosta con filas de
cdifiios pequefios, de ruéxina ocho pits 8
cada lado, Estaban pintados todos de Blanco
[Link] que los dferenciaka unt de otros
cra las distineas formias de las ventanas, Bue
no, casi toxls porque uno de ellos tena. pe
quefios balcones de cemento delante de las
ventanas, mas por adorno que por urilidad,
Fim se cncaminé hacia ese edificio. A
ta lianla ecu luda de area, dea
tiller
Se deruvo delante de una puerta de hierra
sss, Junto estaba el panel deo timbres. Nie
“gun renfa nombre. Escogiéel cuarto timire,
{p presiond dos veces seguilas y una tercera
luego de una ligera pausa, Esa era la manera
acordada en la que debfatimbrar, por precau-
iin,
‘Una wor de mujer salié enue por el pare
dante preguntd si era Fétima.
Si, soy yo. Fatima.
La vor volvié a peeguntar,
—Sefora Rosemberg, soy yo, Fatima, la
profesora de plano, No hay cuidado, por favor
ejeme pasar-
FEtima se impacienté, pero al rato se saree
iid de hacer. Todas se sentietn merviosos
quel dia. ¥estaban jusificados, Pero... qué
di nomereefa laexcusade losnervios ye te-
‘mor en esa guerra continua en laque vivian?
La puerta se abrié con un clic seco y Fax
tima subié Tas esealeras de Tos cuatro pisos,
Una mujer pecosa, de cabellos rojas y ra
dlos la espetaba debajo del intel de In puer-
ta abjerta Sonris con amabilidad y extends
amas manos con fas palmas hacia arriba.
‘halon, Fatima —forrulé en hebeo el
saludo dep:
atrece alos, pero su pequetio cuerpo parcela el
de una eratura de seis. Llevaba el pelo 10,
como el de su madre, peinado en una larga
tenia [Link] lado, amarrada con un cordén de
apatos.
‘Las das mujeres se apioximaron a ella,
Fatima se adelane6 y poniéndose en cvcills
toms las manos de la nifiaen las suyas,
Sara, qué bien luces can este nuevo
peinado. Dime, iqué sorptesa me tlenes este
dial
Antesde que la nifia pudiera contest, es
uch6 nuevamente el ruido de artillerta mss
intenso. La nifia se qued6 en silencio, Fétima
se pusode piey te acereé ala ventana, nervio.
sa. En la lena se velan columnas de humo
clevarse sobre la sona donde ella vivta
—Ercucha lo que ya puedo tocar —ahijo
Sara Movig su slla de ruedas hasta quedar
fente al péano, y puso sus manes tabre las te-
clas Hlancas [Link] un piano de paredde
‘una madera hermosa, crazada por vetasde dis
tintos tonos mattones. Tenta dos candelabros
de bronce que sslian de la tapa vertical donde
adn quedoan restos de unas velas rojas.
Sara ensayé unos acordes en el piana y
volted 2 vera sumaestra con una mirada bri
are. Fatima regress asu lado y 4 senné en
‘un banquite de madera, junto a fa nif.
LasefioraRosemberg te aceres aellas.
Pero ahora el ruido de armas, de disparos
yexplosiones, son muy eetea del edificio. A
‘Sara se le oscurecieron los fos,
Fatima recordé los de su hija y vio el mise
m0 miedo, Pens en el miedo que opeea la
‘mirada de ls seres humans como loda sobre
el -crstal, pero sscudié la cabeza para disipar
208 pensamientos
—iMuy bien, Sara! Ahora podremos tocar
juntas —sonrié—. 1A cuatro manos!
—Pero las dispatos... Sara se incerrum:
Pid. Le temblaban los labs.
La seftora Rosemberg puso con serenidad
‘una mano sobre el homnbro de Sara y otra sor
bred dela profesora.
Fitima colocé tas manos de la niia sobre
tas teelas de la tequietda, las de la seals alea
Laego, ala las suyas con gracia mientras con
taba hasta tres y con un movimiento de ca-
besa indice a Sara que comensara a tocar el
planoal mismo tiempo que ella
‘La misiea se esparei6 por toda Ia habi
«ibn,
Yen ese instante callaran las armas.
6Mariposas
Lgainaetieeceriees
tad a trnvés de los vidios sucios de In ven«
tana, resaltando los dibujos geométricos de
In alferbra. No habla muchos muebles en la
he ascortas
‘comuna tetera de
uur hornilo y doscatres de madera —con cole
‘chones eubtertos par cabertores de telas bor-
dadas— a lo largo de las paredes. La gruesa
alfembra en tonos escarlatas, que cubria el
Piso cast por entero, era donde se servi la
comida, A un lado se hallaban grandes v pe-
quedos altsohadones amontonados. Er unasesquina, wna peda eortina de lana separaba
‘esta estancia del resto de la vivienda.
Era uns cats carpesina ubieada en ta re-
aién de Nuristén, en lo profunda de las mon-
tafias del Hindu Kush, al moreste de Aganis-
‘fn, Declan que los ciméentos de piedra de
Ja casa cran casi tan antiguos como el origen
de la fama que la habstabs, ys que te pro
clamaban descendiemes en linea directa de
‘Alejandeo: Magno, conocido con el. nambee
ide Sekandar Kabir, Alejandro Magno, rey de
Macedonia, habia conquistado ese terrtorio,
sips ate, en su pato para ometer India
Si bien los otros habitantes del poblado de
Derapech, en la provineia de Kunathar, no
‘aspiraban a tener sangre real, si ascguraban,
‘orgullosamente, ser descendientes de los ri
litares gricgos que acompafiaron a Alejandro
‘Magno, y afirmaban que esa era la razén del
calor claro de su piel y el arul-verdosa de sus
js, caracteristicassobresalientes dela gente
de la repon.
‘Abariesl Abedy entes ala habitaciGn em-
Pujandola pesada puerta de madera que pro~
test6 con un chiro. Era un mito de once
aos, de ojos profundamenteazules, hijo ma~
yor ¥ dnico varén dela familia que contaba
con euate nifias menoresque é.
‘Ahamed venta del pablado donde asta a
la excuel tres veces por semana para ettudiar
1 Corin, el iro sagrado de fos mavulanes,
Levaba cleeto tuncido por la preocupacién.
Su macsiro, que era también su tio preferido,
lant, les advirei sobre las exiraias minas te
nests, os explosivos que lopaviones de gue-
mu habian comensado 3 lanzar en los campos
¥ sue estallaban al tocarlos. Lo mis peigeoea
eri que estos explosivas eran pequefios, de
scobores-brilantes y en forma de mariposs, fo
auc les daba una apariencia de juguctes. Esto
tata espectalmente alos nifios y nifas qui
vies al tatar de rocogeries, moran « queda.
‘hun mutilades.
Elmuchseho sabia que debfa advertit asus
hetmanas apends tegresaran a casa, Se acerc
1 b mesa yverié un poco de t6 en un vaso
ale vidrio. Destaps el arucarero, s¢ sirvis va-
tus cucharadas, mecié despacio y tomé el sé
sr sarbitas para que no se regara. Cor el vaso
sn bs mano, s¢ senté sobre la alfombra apo-
‘ydindose en los almohadones. Tenia los pics
desclen, com una media 2 rapa roa. en
we talones.
Desdeel pobiado legs uno de losllamados
ab oracién que entonaba un mula el lider
religioso dela comunidad.
‘Ald Ah-Akbur, Dios es grande...
‘Ahamed bused debajo de la mesita y sacd
‘una alfomba pequefia sobre bs cual él rezaba,
‘Salidé de la casa. Se quité los calcetines, Extra-
Joapua de un balde con ura jarra ya puso en
una palangana. Se lavé manos y pies -—-como
exigia cl ritualde purificacién se arrodilla
‘con el rostro en direccidn a La Mec, lugar
91 muchacho records lo dicho por su to,
lesudaron las manos y se ec la boca
‘Ahamed Abed} ba)é corriendo por la la-
ddera junto al camino, Sabia que corria mis
répido que cualquiera de sus hermanas, pera
ells le aventajabanen distancia
‘Arai, sreasa, S4ansea — el gritosa-
ligsimermicente de su garganta.
Las nifias se detuvieton y lo miraron. Lue:
so, en medio de rsss,continuaron corriendo.
‘Querfan llegar antes que su hermano al lugar
donde hablan visio caer los ebjetes de cole-
res
Pero esa pausa habla sda sufcientey aho-
ra Abamed corr cast a su Indo, Una de sus
hhermanas se adelanté lend legs junto a
uno de los supuestosjuguetes. Era amarillo y
ppatecia una mariposa sobre la hierba. La nit
se detuvo jadeante y se agiché extendiendo
su mano, pero Abamed lle primero ¥ roms
la mariposa con una mano prosiguiendo st
foca carrera,
Finalmente, miles de mariposas amarilasy
resplandecientes volaron a su lado,
Milles de mariposes amarilas
Milesde mariposss.
Matiposas.
Unos segundos mas de vida
Livni anttnen si
1 posarse en las ramas de los drboles, para
marcar la hors [Link] bosque hiimedo tropical:
‘eran lasseis y treinta de ln tarde.
Jao dej6 de limpinr su fusil yLevancé ta
rmitada, “All extn”, pens6, “cuchicheando
‘como camadres en testa de pueblo”, Soni
sin proponérselo al escuchar los aleteosy uno
‘que otro chillido de las loras que se acomoda-
ton para dormir,
La noche leg6 de prisa, con algo de viento
fresco. Tres ocos amarillos para ahuyentar
las masquitos— te prendieton en el portalde wna casa de cemento cereana a la que se
encontrabsa Jato,
EI muchacho volvi6 si atencidn al arma.
Jairo estaba sentado sobre un bance rastico
de madera y su lado tenia una lata de aceite
de miquinas no es fo mejor, fe habla dicho su
comandante, aftadiendo que a falta de arepa
bueno ¢s el pan. “Aunque el retin sea die
rente, muchacho, icuida exe sil!”
Ala tenue elaridad amarillenta, Jairo puso
vunas goras de aceite en un trapo, lo pas6 gil
mente sobre la superficie de madera de la eu-
lata y lusgo por ef cain del arma. El metal
se calent6 con la friceidn, Colocd un lado
del caiiOn contra su mela y corr fos of,
‘Aguel olor del aceite le record la méquina
de coser de su madre, La vio tan elaramente,
sesteniendo la tela eon una mano ¥ traque:
teando el pedal de la mfquina, que al abrir
lot ojos esperd encontratla juntos 4), Se als6
de hombros. La echaba de menos... muchas
veces, pera saba que no podia ira wea,
Jairo exvendis su Susi horisontalmente,
agarrindolo con tas dos manos, para admi-
ratlo, Era un X42, lo habla reibide hacfa. dos
meses, cuando se unié a las combaticntcs.
(Una semana més tarde haba cumplido trece
Jairo se habia unido at grupo de insurgen
tes despuésde la muerte de su padre. Le insis-
tieton, él no pudo negarse ¥ acepté. Ahora se
encontraba en un eampamento militar rebel-de en ta Serrania de San Lucas, en In regién
Oeeidental de Colombia, el lugar donde los
‘Andes desoparecen y comicnsa una anura
tegada por el rio Magdalena en so recorrido
hacia el Atléntico,
Era una zona de guerra, de conflicto, don-
de todas las fusreas luchaban entre 6{ en
nombre de la usticia. Las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia, ef Ejérito de Li-
beracign Nacional, ls Autodefensas Unidas
de Colombia yel Ejército Colombiano. ‘Tan-
tos ideales, intereses y derechos revueltos ¥
antagénices! Alf todos tenfan un poco de
heroes yvillanos, de meértires y verdupos.
El nid x incorpor6, sostuvo el fusil por
Jaculata, apoyado contra su hombre derecho
en posieiGn firme y con ba mitado hija Bacla
adelante. Luego, apunt6 répidamente practi
ceanlo. De pronto, escuchs sas.
‘Des muchachos salieron entre Ia vegeta
‘ifn. Tban vestids con trajes militaresde cam:
pasa en tonot vetder y martones. Tambien
Hevaban fusiles colgados de los hombros.
—iQuiibole, pues, pareero! Miren quien
seth practicando... —entoné burlén el ms
alto, que tenta apariencia de ser un poca ma
yorque air.
Jaico se ruboriad ybaj6 el fst.
—Dijalo, Rubén —intervina el otto, un
muchacho de te plida que exhibia una Fanga
-cicatri, ati fresca, en a mefillatequterda.
Al, sisolo estoyembroméindolo, Samuel
—tepuso Rubén, colocande su rile contra un
Jarbol, Se sentd en barca de madera y apayé
el pie derecho sobre su rodila iquterda. Se
syuit6 una bota y se masc6 losdedos del pie—.
iCondenadas garrapatas! se quej6.
—La mejor manera de ibrarte de cllas es
hamuscindolas con ef pucho de un cigarri-
‘loo mejor quemindatas con fésforo... sexes
macho aclaré Jairocontentade poder cam
thar ba conversactin, Puso su fst junto al de
Rulbén, contra ef Sebo, y se senté en el suelo
ale tierra, frente a la bance Samuel loimit6 y
Je tres se quedaron slenciosos.
Escucharon una misica dela radio que so
ta de i casa,
iia mosieat Me patece peligzoto que
ta data la escuche tan alto —dio Jaira ref
Héndose als mujer que haefa ls comida.
Norte preocupes, hombre, No es ningtin
secrero que estamos aqui para cuidar nuestro,
sorreder, Si alguien quiere atacarmos, lo puede
hacer sin ningiin problema —apunté Rubén.
El coredor al que se referia ema Ia zona que
hojaba de ls cocdilerm y en la cual el grupo
sarmado actuaba,
Alguien aument6 mis el volumen y pu
sdieron escuchar la eancién con claridad
=A Dins le pile que si me mero sea de
1 Cancion del cantar colombiane Tuanes
2a)
‘Alito le ented una profunda nostalgia al
escuchar la caneién, Traté dereponerse desu
tristeza y sacudié la cabeza, tratando de qui-
tales iraportaneta a las palabras. (Qué amor
ni qué nadal EI ni siquiera sabia que ora el
amor, ese amor de las canctoneso de las pe-
Meulas.
Como si hubiera leido su pensamicnio,
Rubén dijo:
—No s€ ustedes, pero yo sf conozco de
amores.
‘Samuel rio, —No mse diga... pues de pron-
to usted se me hiso grande —eontinud, util
zando el wed carfoso.
St, si—insstié Rubén con aires de per-
sona adulta—. S{ soy mayor que ustedes... y
ss vive
Rubén tenia catoree aftos tecién cume
—A ver, Zcuiindo has estado enamorado?
—pregum6 Samuel
—Bueno, enamorado, enamorado —repi-
1ti6— no sé, pero una vez besé a una mucha-
cha/en el. cine de mi barrio.
Samuel aull6, burlndose,
‘El cine! A Jairo se le destaparan los re
suerdos. A él le gustaba wer peliculas... y
chuuparhetados comer palomitas de mate...
un segundo mas de vida, yo a. Dios le
pido. . —continud la misica de la radio
*y chocolates y andar en biccleta.
por os dts que me quedan y fas noches
“ie ain legan = —ta vor del cantante se
rneti6 en el corazén de Jairo.
=. ¥ Jos amigos del colegio y los partidos
Aetinhol en ef estado.
—. que mi pueblo no derrame tanta
sangre'y se levante ru gente
«-aquel partido cuando Colombia remind
“ut un gokazo a: Argentina y la handera de su
thnrda onde en cada mano de la hinchada.
por ks js de mis hijos'y Jos ios de
tos hes
ls tes muchachos eseuchasun en silen
+e msi pegajosa que se subi a Ins b9-
lovenvolviéndase en las rama
—Buceeno, me voy a dorms, parcera, La
rrinulla vende pronto y rie odenaron salir
‘mt ellos a medlianoche —bostexd Rubén in-
‘[Link] lo suis, Tomaron sas
tits que estaban apoyades contea ef drbol y
‘umimaran hacia I casa.
Jiro ls vio alejarsey volvi la mirada ha-
via su rife que habla resbalado ¥ yacta caido
cw suelo. Se agaché pars recogerlo, pero
combid de opinin y lo deié alll Su hermoso
tile K47 que brillaba, aun a media luz, deo
limpao y pulido que estaba,
~Toxies los das, a Bios le pido... que x
smawrsea de amor... un segundo msde vida.
dum le pidooor... —la canciin termin se
snukla por una musiquila de la publicidad de
hs gases
zlJai se senté en ta banca y se agarré to
cabera con lat manos, pensando, Tendrfaque
cevadir alas patrullasno solo de sugrupa, sino
de los otras bandos y encontrar el camino en
Ia oscutidad, Decfan que al que se entregaba
le perdonatan y le daban: ...una palabea di
fil que sonaba como... anvnis-tta. Bw era:
amnistfa, no sckosonalba dif sino peligrosa,
muy peligrosa porque si lo encontraban hu:
yendo lo que le darian era fa muerte. Y 30
Soriaba com: tematan.
Jhto se fous La nari eon ef put de una
mano, —...yooo le pido... —tatared suave
‘mente la letra de la cancion que acababa de
escuchar y pensé,
‘Se incorpor6, estreché los hombras hacia
ards y comeneé a caminar entre la vegeta
cid endireccién opuesta ala casa... alején
dose en ta noche,
Cumplir con una
N. me gusta clolor del ajo, porestrafion
aque parezca. Yesque anosotroslos chechenos
ros lacina ol ak nosoloct olor, sino comerto
en grandes cantidades; en nucstra comida..
© simplemente crudos. como si fueran cara-
rmelos, La mejor explicacién de este hecho
singulae me ta cant mi abuela, lyana: tos
chechenos habitaban, hace muchos, muchos
afios, en lo mis alto de las monraias y dentro
de animales salvajes, Nuestros antepasados
terd de que, durante esos primetos tres meses,
cochocientos mil tes fueron asesinados.
‘Apenas salié el sol y apravechando que los
soldados estaban distraidos poniendo en fila
a lagente, su podre la ayud6 a escapar hacia
la calle por una ventana de la sacristia donde
foltaba uno de las vidrios. Afuera la esperata
el amago que luegs la envié al extranjero para
ser adoptada por una familia europea. Recor-
daba el miedo que tuvo al despeenderse de los
brazos de sus padres incluso el dofor inso-
portable de los primeros meses sin su familia,
lejos de su hogar.
‘Ahora Janette habfa regresado a su patria