Para Alberto, mi lealtad. a Antonio y cuando está con él me extrafra a mÍ.
Es una tarea
difícil esa de Ia satisfacción, de la felicidad. pero hasta ahorar
.. T\tme tres razones para no matarme, que si lo haces, yo yo pensaba que Antonio era feliz. «Vamos a entat, que nos
(( I-fme corto los dedos., Antonio está sentado en el jardín, esperan», y me exige que sonrÍa sin decirlo. Me lo exijo yo sin
conmigo, con los dedos puestos sobre el borde de la mesa. Una
copa de vino en mi mano y una botella de anejo blanco tam-
que lo diga, porque hay que sonreÍr en la mesa, hablar un poco,
más de la cuenta; mirar a mi mamá sin saber cómo mirar, cómo
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bién sobre la mesa. La botella está casi vacía. «Tiempo atrás salvarla de Io que quizás Antonio haga esta noche.
yo tomaba mucho, ahora una botella me alcanza para llegar Suena el teléfono y él responde con esa voz que asusta a
al final de la semana. Pero antes me tomaba una o dos, y me los extrafros. Me imagino que le pregunten: ecómo estás? En
iba con una alumna a alguna habitación. Después estaba feliz, el mejor de los mundos posibles, dice cada vez que lo llamo. y
relajado, Iisto para llegar a casa y subir al solarium, enredarme yo me lo creía. Hoy es l5 de abril, Antonio ha sonreÍdo por tres
entre la uva y cortar la picuala, para juslrficar los araíazos ante afros, y mi madre descubre que puede amar como jamás pensó.
Ciselle.» Yo le iba a decir que mi madre era la razón paru no uEn el mejor de los mundos posibles, ay tú cómo estás, mi hijo?»
morir; mi madre y su hijo, que está en Espafra, solo. pero mi Solo puede ser una persona. El otro Antonio. Hace más de dos
hermana llega, con su sonrisa de diecisiete anos, y le pregunta meses que no se sabía nada de é1. Escribió todos los días y
por qué está triste. Antonio no es ya una figura triste delante mandó fotos de Madrid hasta que se le olvidaron las palabras.
de sus ojos; ella se va, tranquila, entra a la casa a ayudar a mi Antonio cuelga el teléfono y vuelve a la mesa. ya no
Se sienta y
mamá que está en la cocina. Es lunes por la tarde y los lunes come. Mi mamáy mi hermana le critican su rigor, que a veces
siempre comemos juntos. Y mi mamá está contenta, porque yo se le debe dar una oportunidad a la gente que se quiere. Mi
estoy aquí y así no me extrafra. Porque a veces no sabe qué mamá no lo ve de otra forma entre un padre y su hijo. pero yo
hacer ni qué sentir; cuando está en la casa me dice que extrafra no sé a quién quiere Antonio. Yo estoy en silencio. No vivo en
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esta casa, no soy su hija, y no me atrevo a decir. Él es el que He parado de mirar hacia arriba, de ojear la botella, y me
habla. uGolpeas a un perro y regresa. Échale agua hirviente a hundo en la acera de enfrente. La hierba que separa laAcera
un gato y verás que no vuelve. Yo soy gato.» De cualquier forma, y la calle. El contén. El mismo contén y la misma casa. Fero el
Antonio le escribirá mafrana. Mi mamá le va a decir que lo tiempo ha hecho lo suyo. El tiempo y los rencores lo corrompen
E hagay él no va a oponerse ni a seguirlo. Simulará que es para todo. A mis diecisiete afros yo creÍa que Antonio lo inventaba,
que su mundo era de papel. Pero ahora me imagino a César
complacerla, aunque en el fondo pienso que quiere que suceda.
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No volveré más un lunes. No voy a volver más de noche a parado en la acera. Escucho sus gritos. En el recibidor, sobre
esta casa. Son las tres de la mafrana y me paro afuera. Miro la mesita, cerca de la salida hacia el jardín desde donde yo
hacia arriba. No puedo dormir. La botella está todavÍa sobre miro la acera, está su foto. El hombre que yo le pregunté a
la mesa. La condénsación ha hecho lo suyo y muestra la mala mi mamá si era Antonio, y ella me dijo que sÍ, de tan iguales.
calidad de la etiqueta. 0 quizás sea el sereno. El papel donde Aunque él dice que César es más alto, y si no fuera por lo que
dice Afrejo Blanco casi se despega del cristal, casi cae sobre la trae el pasado, yo pensara que habla con orgullo. nCésar es el
mesa. Y cuando la noche deja de ser lunes se cae al suelo mi hijo que más quise.o eY dónde está ahora? rVive en Sevilla; me
tranquilidad. Miramar es un barrio de silencio. No veo a nadie dijeron que se ha casado y tiene un hijo, que es un buen padre...
que camine por esta calle. Aquí el silencio tiene dientes' Aquí Las mujeres se volteaban a mirarlo cuando yo lo llevaba de la
no puedo dormir, porque cada lunes, antes de la cena, hay un mano en las calles de París., Una francesa se lo dejó a Antonio
momento en que Antonio y yo nos quedamos solos, y él me dice cuando él tenía veinticuatro. Se lo dejó sin preguntar. Pero César
que no piense que soy un cable a tierra, que él ya ,o fr1sn2, «por siempre mencionó a su madre, de tan inexistente la idealizaba
favor, no tomes partidoo, cuando me habla del odio que existe demasiado. Mi padre es un nhijoputa» y mi madre es una santa,
entre mi mamá y el otro Antonio. Y conversar mientras se escu- decia cada noche, parado en la acera que yo miro, borracho.
chan cosas inusuales en la voz de é1, que es mi padrastro y yo Antonio no llega a contarme todo lo que piensa. César quiso
no sé cómo llamarlo, es el tipo de suceso que luego no me deja golpear a Ciselle y no sé si quiso matarla, mientras él estaba de
dormir. A pesar de todo, me gusta que suceda. Que me hable viaje. Él presentaba uno de sus libros y una lavadora salvó a la
como si yo fuera é1, como si se estuviera hablando a sí mismo. madre del otro Antonio. La misma lavadora que aguantaba una
Aunque a veces siento que es un pecado tener mis veinte afros puerta de madera. La puerta de madera [Link] no estaba fija
cuando dice todo lo que sé es debido a ellas, y me sefrala las al marco, por los golpes, que venían del otro lado, que salían de
hebras blancas que le salen arriba. En Antonio yo no las llamo la relación entre él y una mujer que no era su madre; las esce-
conas. tJna llamada para avisar que voy, y él indica que puedo nas de hogar que desconozco. César jamás volvió a esta casa.
ir cuando quiera, sin avisar. Esta es tu casa, me dice. Y yo trato Antonio escuchó sus gritos cada noche. Luego supo que él se
de alejarme, pero no puedo dejar de venir aquí los lunes. había ido. Y yo supe que iba a l*ataÍ de encontrarlo, de hablar
con ese hombre gigante, de hacer algo por Antonio. pero ese caio. Le digo que en La Habana puedo caminar por las calles
día es otro de los lunes donde él apaga el aire acondicionado de madrugada porque sé de antemano que es seguro; yo quiéro
para indicar que vamos a terminar la charla, porque es hora de
huir de tanta seguridad. upero no sabes lo que es tener hambre.
irnos a comer, sonreír un poco afuera. Me dice que no quiere ver Aquí la gente piensa que pasa hambre. pero el hambre es mirar
a César, serÍa demasiado lamentable el hecho de que viniera
disculparse, nipara qué?,.Yyo decido no ir a Sevilla, dejartran-
a un pedazo de pared en una esquina y tratil de inventarte la
manera de poder comerlo., yo sé que él habla así porque no
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quilos los rencores de esta casa; como cuando quise pintar las
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puede desprenderse de su vida en New york. Cuando era un
paredes de su cuarto, que siguen descascaradas, porque luego
adolescente y volvía a los mismos hoteles que había visitado
entendí que a él le gustaban de esa forma. como huésped, y volvía entonces para pedir trabajo, para set
Mi mamá está del otro lado de la puerta. A la orilla de An- un bellboy. Se fue a los Estados Unidos después de la pelea
tonio, en la cama. Debe estar dormida. En el mismo cuarto de con sus padres.,,Ya habÍa estado en Newyork, pensaba que era
las paredes que yo no pinté hace un afro atrás. He vuelto a la una ciudad muy fácil., Pero ser un bellboy no fue fácil, Antonio.
casa, a sus adentros. Me acerco a la puerta y mi oído escucha Las propinas eran pocas y él debía tener dinero para no dormir
el sonido fuerte del aire acondicionado, sonido cómplice que en la calle, para no morirse. nElfrío de la noche de Newyork...»
nunca voy a olvidar. Trato de atravesar la puerta, de llegar a Y esta noehe, mientras estoy parada frente a su puerta, re_
la cama, de atravesar a Antonio cuando duerme para saber cuerdo la historia que me contó mi mamá sobre el río Hudson.
cómo hacerlo feliz. pero no puedo;aunque lo quiera. No pue_, Le propusieron un trabajo extra. El trabajo consistía en arrojar
do, porque también está mi madre. y yo quiero que ella siga unos'bultos al fondo del río, de madrugada. No preguntes por
creyendo que su vida es buena. Esa es una de las razones por los bultos, le advirtió el muchacho. Otro, para ayudarlo, le dijo
las que sonrío en la mesa, aunque me cueste mucho a veces, y que los bultos eran unos silly beggars de los que alguien quería
la abrazo muy fuerte, porque pienso en el tiempo en que ya no deshacerse. Mi mamá nunca me dijo si él lo hizo. Antonio, sin
pueda hacer lo que estoy haciendo. La abrazo muy fuerte y ella quererlo, me trasmitió esas ansias de peligro. La aventura es
me dice zestás bien?. yo quiero que seas feliz, me dice, y yo le peligrosa, pero sabe bien, como él dice. Me habló de su tiempo
digo que estoy bien, me gusta mucho estar aquí. Mi madre me en New York para hacerme desistir, no por é1, que ni siquiera
extrafra porque en unos meses ya yo me habré ido. No sabe qué se fijaba en mí en ese entonces, sino por mi madre; y yo me
hacer para comprarme una felicidad que está más allá del mar. aferraba más a la idea de irme de esta isla para vivir un poco.
Hace tiempo decidí irme para los Estados Unidos con mi padre. Me sirvo otra copa de vino. Es barato, pero tomarlo se vuelve
Me voy sola. Todos se quedan aquí. Antonio se queda aquí. una ceremonia. Muevo la copa, Io huelo, me imagino los afros
nZQué vas a hacer tú para no morirte de hambre?, y me puso que lleva el líquido encerrado en su botella, y no sé por qué
tan pequefra que pude haberme escurrido con el agua por un pero me imagino a Antonio encerrado en una botella, desde
hace afros. E imaginármelo me duele. Llevo la copa en la mano
mientras paso el comedor y como un reflejo mi pupila, que se
acerca a la parte izquierda de mi ojo, distingue la salita a un
costado del pasillo, y la puerta está abierta. Muevo el interrup_
tor y entro. Este es el lugar donde Antonio escribe. Hay una
frase sobre la mesa, en un papel pequeno que se inclina para
que se lea desde un ángulo exacto, cuando se está sentado en
la silla. No me atrevo a sentarme en su silla. No toco nada, pero
me doblo para leer lo que está escrito en el papel; Ia frase que
él ve a ratos cuando deja de mover el esfero. Me imagino que la
puso ahÍ para eso. Es una frase de Martí: nla queja es la pros-
titución del carácten. Los días en esta casa vienen a mi mente.
Sus días se extienden más que los de nadie, porque siempre se
levanta a las cinco. Veo los libros publicados, sus diplomas; el
tiempo en que apenas dormía para poder escribir. Recuerdo lo
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que confesó Hemingway una vez, la misma frase que Antonio un hijo y tú sabes que está en Espana por la universidad, pero
menciona cuando le preguntan sobre su grafomanÍa, y él la no sé si se quede. Yo no puedo quererte porque tú te vas.» Y asÍ
justifica comoTen percent inspirotion and ninety percent perspi- se cerraron mis dudas y mis ilusiones una tarde. Hasta que un
[Link] hijos y una esposa. Esta ciudad viviendo su etapa de día de repente dejaron de ser besos las despedidas y empezaron
Período Especial y un profesor universitario que vendía naranjas los lunes. Yo no sé por qué, pero ojalá me quiera un poco.
en bicicleta. No había tiempo para la literatura, sólo quedaba Me parece que Antonio no engafra a mi madre. Que ya no
uno por sacrificar, el del sueno. Antonio aprendió a dormir de va a habitaciones con alumnas u otras mujeres. uMujeres y be-
pie. Y ahora veo sus libros; recuerdo que yo pensaba que debía bida, era la única forma de seguir viviendo., Ahora me pregunto
sentirse satisfecho, con uno de sus libros ya yo estarÍa tan cal- cómo sigue esto que se llama vida. Porque antes pensaba que él
mada que podría morir; pero siento que él no se regocija ni se era feliz, que el amor de mi mamá, los lunes y el no estar nunca
entristece. Creo que le da igual. Antes yo pensaba que Antonio solo le bastaban. Pensaba que me iba, dejando una familia que
era feliz. Ojalá esté equivocada sobre todo lo que he dicho. conozco, un lugar donde todo estaba bien, hasta el punto de
Salgo afuera. Me hace dafro estar demasiado tiempo en la no importarme el hambre con tal de que ellos pudieran comer
salita. Siento que me estoy apropiando de cosas que no me en las noches. Pero esta tarde Antonio sonríe y no sé si creer.
pertenecen. Lo sentí más hoy, cuando empecé a escribir esta Cuando lo hace delante de mí, cuando estamos solos. Sonríe an-
' mafrana. Hoy comencé a escribir mi novela. Un l5 de abrilde tes de pedirme las razones para no matarse. Y las pidió después
2008. Aunque veo la hora y ya la fecha se ha acabado. lgual de recordarme los sucesos entre César y Giselle. Tiene miedo de
alzo la copa y brindo poi mis tres páginas. Toco mi bolsillo dere- que todo se vuelva un deja vu.Y yo temo por mi madre. Por una
cho y algo metálico suena. Es una argolla con una llave distinta. emotividad que no puedo quitarle. Porque el hijo cuando entra
La que usé paru enfiar hoy a esta casa, por primera vez, desde no le dice hola, pero a ella a veces se le olvida que es el único
que fantaseo con ello cadavez que veía a mi hermana ulilizar que queda. nEl odio va a aumentar con el tiempo. Cuando mi
la suya. Mi novela en parte es sobre Antonio, pero no se lo he hijo llegue en julio, va a ser más grande., Yo tengo miedo de que
dicho. Sólo le dije que la había empezado hoy, como si le diera él sea como César,y Antonio me garanliza que el odio sí existe.
las buenas noches en el transcurso que va del baflo al cuarlo, ZQué hago con mi madre? ZQué hago cuando yo esté lejos y no
donde la gente se tropieza a veces. Y él es el único que lo sabe. pueda parar esto? Mi madre ama a Antonio más que a sí misma,
Creo que se alegró, que se alegró un poco. Me ofreció su ayuda y él me dice que ya no tiene tiempo para empezil de nuevo, umi
para refutarla. No sé si por eso me dio la llave. Pero me alcanzó tren va de regresoo. Le quiero dar diez afros de mi vida, aunque
cuando yo estaba al lado de la puerta, esperando a que mi tengan que ser esos que Ios viejos miran con nostalgia, el pasar
madre llegara para abrirme, y me la extendió. Sonrió ante la de mis veinte a los treinta sin vivirlos. Se los quiero dar para que
manera en que me quedaba inmóvil, ante un objeto metálico, de tiempo a que mi madre sea mayor y vea las cosas como é1.
pequefro, que no es peligroso. nPara que la uses la próxima vez., No quiero que la mujer de cuarenta y el hombre de setenta em-
A mi hermana se la entregó hace tanto que no recuerdo. Se la piecen a alejarse. No quiero que Antonio tenga que empezat a
dio como los abrazos antes de irse y el beso corto para mÍ, o la ser un punto entre su hijo y mi madre. No quiero que mi madre
manera seca en que decía hola y la sonrisa cuando llegaba ella. sea infeliz. Entonces, en el medio de la noche, escucho el ruido
Y yo había terminado creyendo o intentando creer que no me de un tren que se oye lejano, distante como los que duermen
importaba. Pero sí era importante, lo supe hoy. n55;e me queda dentro de la casa; ellos que están alejados de mí. Me siento sola
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en medio de esta noche. «Yo contemplo la noche silenciosa, /a algún tubo, para cuando suceda. Nuestros trenes son los más
solas con mi sombra y con mi pena» y siento el sonido de aquel tristes, los más oxidados por viejos, pot fiatil de retener esa
tren. El de la juventud. No sé si las locomotoras vomitaban humo época en que fueron trenes. No sé si el de Antonio exista to-
entonces. Ese tren se acerca y Antonio se prepara. Yo sé que le davÍa. Debe ser el más viejo, el menos tren. Y Antonio está a mi
gusta detenerse en ese punto donde la vida y la muerte están lado. Se puso a mi lado sin que lo sintiera. Yo miro las estrellas
tan cerca que se cruzan, el tren también lo sabe. Veo el humo y creo que sus ojos miran la botella de aflejo blanco. La eti-
de la locomotora.Él afinca las piernas. Me asusta porque tendrá queta ya está sobre la mesa. Se cae de nuevo mi tranquilidad,
que ser demasiado preciso. La humarada se hace más densa y de termina entre las flores del jardín. No puedo mirar a Antonio.
repente se ve el tren que sale de entre el humo, que lo parte, y Me imagino que la botella le recuerde la charla de esta tarde,
Antonio salta en el segundo que se necesita y yo sonrío mientras y quiera pegar su boca al vidrio para tener las últimas gotas,
él llega al otro lado del raí|, sin impedir que el tren siga. para asesinarlas y él salvarse un poco. lnclina la botella sobre
Sé que él se cortará los dedos. No puedo salvarlo de su pasado su boca y no quedan gotas para salvarlo. «aYa tienes las razones
y tengo que salvar a mi mamá de lo que él haga esta noche. rYo para darme?, SÍ las tengo. Pero no se las digo. Que no me voy
no estaré en La Habana cuando Antonio se muera.» EscribÍ esa de Cuba. Que él esté orgulloso de ser un .poco mi padre. yo
frase hoy al principio de las tres páginas. Pienso en su muerte y quiero quedarme en La Habana; qué difícil. Él sólo escucha el
no la veo cerca. Él me parece invulnerable. Que no me llegue la qué difícily me dice que todo es difícil. Y me asusta. «Allá tienes
noticia en un correo electrónico. Que yo no esté en La Habana que ser dura, no puedes derrumbarte.» Vuelve el silencio, con
cuando el tiempo avance para todos. Que Antonio no se muera. sus dientes. «aMe vas a pedir que siga viviendo?, No, Antonio.
Pero escucho el sonido del tren. Son las cuatro de la mafiana, nEntonces abre la puerta, que no traje mi llave.» Yo no tengo
o las cinco. No lo sé. No quiero fijarme en el reloj. Miro hacia Ia llave. «Sí Ia tienes. La pusiste en tu bolsillo.» Y me mira y lo
arriba y ahí están las estrellas, todavía. En esta ciudad nunca miro. No puedo preguntarle adónde va. Porque lo sé. Escucho
amanece. Sigue el silencio, con sus dientes, lo rompe el sonido el sonido de otro tren. tCuántos trenes se escucharán esta no-
de ese tren que suelta chispas verdes y da miedo quedarse en che? ZPor qué tienen que existir los trenes? Le abro la puerta
elasiento, porque parece que se sale de la lÍnea delanlo back con mi llave, sin decirle siquiera que ha sido un poco más que
and forth, y uno siente que debe estar de pie, agarrado de mipadre.r