Bernstein y Nietzel (1982) presentan una visión crítica e integradora
acerca de los diversos puntos de vista que intentan aclarar la
conducta y la psicopatología en las personas. Los escritores sostienen
que la psicología clínica no puede apoyarse en una única teoría, dado
que cada perspectiva ofrece un panorama parcial sobre la
complejidad humana. Por ende, recomiendan implementar una
perspectiva adaptable y ecléctica que posibilite al clínico utilizar
diferentes marcos teóricos en función de las necesidades del paciente
y de las características específicas del caso.
Uno de los argumentos principales que emplean para defender este
punto de vista es que cada enfoque aborda un aspecto distinto de la
realidad psicológica. El enfoque psicodinámico centra su atención en
las luchas del inconsciente y la infancia; el enfoque del aprendizaje
social enfatiza los comportamientos que son evidentes y cómo el
ambiente influye; por otro lado, el enfoque fenomenológico destaca la
experiencia individual y la búsqueda de sentido. Por lo tanto, es
esencial considerar sus aportaciones de forma complementaria, ya
que Bernstein y Nietzel sostienen que ningún enfoque por sí solo
puede ofrecer una explicación completa del comportamiento humano.
Un argumento importante es que la efectividad de un modelo
depende del ambiente clínico y de la naturaleza del problema
abordado. Los escritores describen este concepto al contrastar un
caso clínico particular desde tres perspectivas distintas. Esto
evidencia que un mismo suceso puede tener distintos significados
dependiendo del punto de vista que se adopte, lo cual enfatiza la
relevancia de una práctica clínica adaptable y contextualizada.
Asimismo, los autores sostienen que la psicología clínica debe
conciliar lo científico con lo humanístico en la valoración del ser
humano. Si bien valoran la validez empírica del método de
aprendizaje social debido a su capacidad de ser verificado mediante
experimentos, enfatizan también que el modelo fenomenológico es
importante porque aprecia la libertad y el punto de vista subjetivo de
los individuos. Esta fusión entre la ciencia y el entendimiento personal
constituye una de las bases de su método integrador.
Finalmente, los autores afirman que la formación del psicólogo en el
campo clínico tendría que promover una perspectiva crítica y abierta
hacia todas las teorías existentes. Se oponen a la lealtad
incondicional a una única perspectiva y al pensamiento rígido, porque
consideran que el verdadero profesional competente es aquel que
tiene la capacidad de analizar, comparar y adaptar sus recursos
conceptuales según las características particulares de cada persona.
Desde esta perspectiva, se percibe a la psicología clínica como un
área diversa, dinámica y en constante evolución.