Marzo llega y, con él, miles de jóvenes enfrentan uno de los cambios más importantes de sus vidas: entrar a la universidad. A muchos se les junta conocer una nueva ciudad, nuevos compañeros, una nueva forma de estudiar y, sobre todo, la presión de haber elegido lo que harán por el resto de sus vidas. Pero los universitarios de hoy no son los mismos de antes. La Dra. Viviana Guajardo, psiquiatra del Hospital Clínico Universidad de Chile, explica que estamos insertos en un contexto particular: “Hay un término que se llama adultez emergente, que en el fondo habla de esta transición que se produce justamente en los adolescentes. Esta adultez emergente se ha ido extendiendo a lo largo de los años, por lo que tenemos adultos ya universitarios que tienen características de adolescentes”.
Según explica, “muchos de estos estudiantes pasaron el colegio en pandemia y, por lo tanto, este aislamiento ha sido gatillante de sintomatología que tiene que ver con una disminución de la interacción social. Los jóvenes tienen muchas más dificultades para relacionarse, socializar y eso ha afectado también cuando tienen que estar expuestos a un nuevo componente social”. A esto se suma el mundo hiperconectado en el que han crecido, en el cual la tecnología media gran parte de las relaciones interpersonales, así como el acceso a la información y el mundo de las redes sociales.
Entonces, ¿qué hacer ante estas emociones? Lo primero es entender que la ansiedad no es mala en sí misma, ya que es una respuesta natural del cuerpo para mantenerse con vida. El problema aparece cuando esta u otra emoción se vuelven desproporcionadas al estímulo que las provoca. “Esto empieza a ser patológico cuando ese estrés o ansiedad tiene un gatillante que no sea suficientemente alto. Uno puede esperar un poquito de dolor de guata, sensación de opresión en el pecho leve, pero eso debiera ceder y eso hace la diferencia. En el fondo, la clave está en observar si te impide estudiar, movilizarte, salir de la casa o socializar”, explicó la doctora.
Si bien cada persona es diferente y algunas situaciones requieren apoyo profesional desde el inicio, cuando los síntomas son leves existen estrategias de autocuidado que pueden ser útiles. La Dra. Guajardo identifica tres pilares que pueden marcar la diferencia: el autoconocimiento, generar hábitos saludables y el manejo de emociones.
En primer lugar, la doctora habla de autoconocimiento, es decir, saber qué situaciones generan más estrés y/o ansiedad frente a un cambio, e indica que: “En una transición de este tipo, hay personas más tímidas o a las que les cuesta más socializar por una cuestión de personalidad. Si se me dificulta, la idea no es aislarse o alejarse, sino buscar estrategias para integrarse en espacios con sentido. Por ejemplo, buscar actividades dentro de la universidad con otros estudiantes nuevos que me permitan romper el hielo. Si sé qué cosas me incomodan, sé qué puedo hacer para que se me haga más fácil”.
El generar una rutina estructurada también juega un papel fundamental, pues al tomar el control de lo que sí se puede controlar, se va reduciendo la ansiedad frente a lo que no. La especialista menciona que “tener un buen sueño, una buena alimentación, llegar temprano y salir con tiempo va a hacer que los escenarios que están más inciertos se vuelvan más ciertos. Eso baja la ansiedad o la angustia”.
Por último, el tercer punto tiene que ver con el manejo de las emociones. La psiquiatra recomienda seguir ejercicios de respiración que se pueden encontrar justamente en plataformas como YouTube, TikTok o incluso páginas educativas. “La Universidad de Chile también dispone de dos plataformas de salud mental: ‘Aquí Contigo’ y ‘Conciencia Saludable’. Las pueden buscar. Entregan varias herramientas de autocuidado en cuanto al manejo de la salud mental. Estos son recursos que a veces los estudiantes no conocen y que pueden favorecer una transición de mejor manera”.
Rol de los padres
En cuanto al apoyo familiar durante esta etapa, los padres también tienen una tarea importante: acompañar sin asfixiar. “Los papás quieren que a los hijos les vaya bien. A veces pensamos que, como lo hicimos nosotros, también les debiese resultar a ellos y no necesariamente es así”, advierte la doctora. El fenómeno de los “papás helicóptero” puede ser contraproducente porque “no da espacio a probar la independencia y hacerlos sentir capaces”. El mensaje que deben transmitir es: “Tú vas a poder, eres capaz, y te puedo acompañar en esto. Acompañar no es hacerlo por ti, eso sí”.
Los primeros meses son de adaptación y es normal que haya dificultades. Sin embargo, hay señales que ameritan atención: “Si este estudiante tiene dificultades importantes para dormir, es decir, pasa más de dos semanas con problemas de insomnio, o tiene dificultades porque no puede salir de la casa por esta sintomatología, obviamente va a requerir un acompañamiento”.
Finalmente, la especialista hace un llamado a normalizar el proceso de exploración vocacional. A los 17 o 18 años no siempre está clara la verdadera vocación, y eso está bien. “También está el tener la flexibilidad de ajustarse, cambiarse, explorar. La flexibilidad es un elemento fundamental porque en estos dos primeros años, incluso de universidad, muchos pueden también decidir, a lo mejor, por otra carrera”, concluye la doctora, recordando que, especialmente para estudiantes de primera generación universitaria, la presión puede ser agobiante.