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Sacrificio y Misión: Historia de Fe

Juan Griffith took his 8-year-old son Greg to work at the railroad bridge he controlled. During lunch, Juan forgot to lower the bridge for an approaching train. Greg fell from the observation deck and was caught in the bridge's gears with his leg trapped. If Juan lowered the bridge to let the train pass, Greg would be crushed. Juan sacrificed his son to save the 400 passengers on the train by lowering the bridge. This illustrates God's agony in sacrificing his son Jesus to save humanity.
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Sacrificio y Misión: Historia de Fe

Juan Griffith took his 8-year-old son Greg to work at the railroad bridge he controlled. During lunch, Juan forgot to lower the bridge for an approaching train. Greg fell from the observation deck and was caught in the bridge's gears with his leg trapped. If Juan lowered the bridge to let the train pass, Greg would be crushed. Juan sacrificed his son to save the 400 passengers on the train by lowering the bridge. This illustrates God's agony in sacrificing his son Jesus to save humanity.
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1

YO IRÉ,
A DAR MI VIDA PARA SALVARTE

Para romper el hielo


¿Cuál es el país del mundo que te gustaría conocer? ¿Por
qué?
¿Cuál crees que es el presidente del mundo más amado y
recordado? ¿Qué sabes de él?
¿Cuál ha sido la noticia reciente que más les ha sorprendido
y por qué?

Introducción
Juan Griffith, al fin, encontró empleo como controlador
de un gran puente de ferrocarriles que atravesaban el río
Mississippi. Cada día, en horas determinadas, el puente era
levantado para que los barcos grandes pudieran pasar. En otros
horarios el puente se bajaba para que los grandes trenes pudieran
atravesarlo con sus pasajeros y cargamentos.
Durante el verano del año 1937 Juan llevó a Greg, su hijo de 8
años, a su trabajo por vez primera. El pequeño Greg se maravillaba
al ver el gran puente, y los excitantes trenes que rechinaban sobre
él. También se maravillaba de la casa de control, la cual estaba
llena de muchas diferentes palancas de mando, sobre las cuales
su papá tenía absoluto control. Su padre le llevó a una cubierta
de observación de donde podía ver los barcos y los trenes que

- 10 -
I WILL GO - YO IRÉ

pasaban. Al mediodía, Juan levantó el puente para que pudieran


pasar algunas barcas que se acercaban.
Como no pasaría ningún tren por un rato, se fue con su hijo
a la cubierta de observación. Allí abrió una bolsa color marrón
y almorzaron lo que llevaban en ella. Mientras comían, Juan le
contaba a su hijito algunas historias de varias barcas que habían
pasado y del gran temporal que provocó que el río Mississippi se
saliera de sus riberas. Cuando Juan estaba contando esta historia,
se asustó por el pitido de la bocina de un tren a la distancia. Miró
su reloj, marcaba las 13:07.  ¡Había olvidado el expreso para la
ciudad de Memphis! Con 400 personas a bordo, cruzaría el puente
en pocos momentos. De prisa se levantó Juan y corrió hasta la
casa de control. Puso su mano sobre la palanca de mando y el
puente comenzó a bajarse.
Al echar un vistazo hacia abajo para ver si no había alguna
barca, lo que vio, hizo que se le helara la sangre. ¡El pequeño
Greg había caído de la cubierta de observación y estaba colgando
entre los inmensos engranajes que hacían subir y bajar el puente!
La pierna izquierda del pequeño estaba entre los dientes de
los dos engranajes principales. Juan sabía que, si empujaba la
palanca para bajar el puente, su hijo moriría destrozado por los
400 kilos de acero de aquellos engranajes.
Su mente se estremeció de pánico y desesperación. No tuvo
manera de librar a su hijo antes que el tren llegara al puente. Otra
vez la bocina del ferrocarril sonó con fuerza. Pudo oír el traqueteo
de las ruedas de la locomotora y el rápido resoplido del motor,
mientras se acercaba más y más al puente, que aún estaba

52 Temas Misioneros para Grupos Pequeños


levantado. Traía 400 pasajeros, 400 almas a bordo, los cuales
morirían si él no bajaba el puente pronto.
Juan era el padre, y el que estaba en los engranajes era su
hijo. Él sabía lo que tenía que hacer. Empujó la palanca para hacer
que los engranajes bajaran el puente, y el “Expreso Memphis”
pasó tronando. Juan Griffith, este amante padre había sacrificado
a su hijo para salvar la vida de todos los pasajeros del tren.
La angustia y el profundo dolor de este padre, ilustra para
nosotros la agonía y el sufrimiento de nuestro Padre celestial
cuando permitió el sacrificio de su único Hijo para construir ese
puente que nos permitiese a todos nosotros en la tierra, obtener
la vida eterna.

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I WILL GO - YO IRÉ

Texto para el estudio


“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su
Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna”. (Juan 3:16).

Interpretando el texto
El divino Hijo de Dios desmayaba y se moría. El Padre
envió a un mensajero de su presencia para que fortaleciera al
divino Doliente, y le ayudara a pisar la senda ensangrentada.
Si los mortales hubiesen podido ver el pesar y asombro de la
hueste angélica al contemplar en silencioso dolor cómo el Padre
separaba sus rayos de luz, su amor y gloria, del amado Hijo de su
seno, comprenderían mejor cuán ofensivo es el pecado a la vista
de Dios.
La espada de la justicia iba a ser desenvainada contra su
amado Hijo. Con un beso fue entregado en manos de sus enemigos
y llevado apresuradamente al tribunal terreno, donde había de
ser ridiculizado y condenado a muerte por mortales pecaminosos.
Allí, el glorioso Hijo de Dios fue “herido por nuestras rebeliones,
molido por nuestros pecados”. Isaías 53:5. Soportó burlas,
insultos e ignominiosos abusos, hasta que “fue desfigurado de los
hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de
los hombres”. 2TI, 186
52 Temas Misioneros para Grupos Pequeños

Tema
¡Oh! ¿Hubo alguna vez sufrimiento y pesar como el que
soportó el Salvador moribundo? Lo que hizo tan amarga su
copa fue la comprensión del desagrado de su Padre. No fue el
sufrimiento corporal lo que acabó tan prestamente con la vida
de Cristo en la cruz. Fue el peso abrumador de los pecados del
mundo y la sensación de la ira de su Padre. La gloria de Dios y su
presencia sostenedora le habían abandonado; la desesperación le
aplastaba con su peso tenebroso, y arrancó de sus labios pálidos
y temblorosos el grito angustiado: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué
me has desamparado?” Mateo 27:46. 2TI 188.
Jesús unido con el Padre, había hecho el mundo. Frente a los
sufrimientos agonizantes del Hijo de Dios, únicamente los hombres
ciegos y engañados permanecieron insensibles. Los príncipes de

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los sacerdotes y ancianos vilipendiaban al amado Hijo de Dios,
mientras éste agonizaba y moría. Pero la naturaleza inanimada
gemía y simpatizaba con su Autor que sangraba y perecía. La
tierra tembló. El sol se negó a contemplar la escena. Los cielos
se cubrieron de tinieblas. Los ángeles presenciaron la escena
del sufrimiento hasta que no pudieron mirarla más, y apartaron
sus rostros del horrendo espectáculo. ¡Cristo moría en medio de
la desesperación! Había desaparecido la sonrisa de aprobación
del Padre, y a los ángeles no se les permitía aliviar la lobreguez
de esta hora atroz. Sólo podían contemplar con asombro a su
amado General, la Majestad del cielo, que sufría la penalidad que
merecía la transgresión del hombre. 2TI, 189.

Conclusión
Cristo, adorado en el cielo, dejó la pureza, la paz y el gozo del
Paraíso para cumplir la misión divina en este mundo oscuro y lleno
de pecado. Su misión era clara: buscar y salvar a los perdidos.
Desde el comienzo, la misión divina sigue siendo la misma y, a
lo largo de los siglos, Dios ha enviado misioneros a cumplir sus
propósitos de salvación.

Actividad misionera para esta semana


Dilo a cinco. Que cada integrante del Grupo Pequeño escriba
en una tarjeta el nombre de cinco amigos y familiares que no
son adventistas y empiece a acercarse a ellos, mostrándoles
simpatía, ganándose su confianza, supliendo sus necesidades,
con el propósito de llevarlos a Cristo por medio del bautismo.

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