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Polémica y Pasión en Hillman

El documento resume las polémicas y la personalidad paranoica de James Hillman, fundador de la psicología arquetipal. Hillman se describe a sí mismo como guiado por Marte, el dios de la guerra, y dice que escribir libros es como llevar a cabo campañas militares. Se ha ganado enemigos al desafiar las ideas convencionales del pensamiento junguiano y al destruir la "estupidez". Su estilo ácido ha creado grietas y polémicas con figuras de la comunidad junguiana.

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Polémica y Pasión en Hillman

El documento resume las polémicas y la personalidad paranoica de James Hillman, fundador de la psicología arquetipal. Hillman se describe a sí mismo como guiado por Marte, el dios de la guerra, y dice que escribir libros es como llevar a cabo campañas militares. Se ha ganado enemigos al desafiar las ideas convencionales del pensamiento junguiano y al destruir la "estupidez". Su estilo ácido ha creado grietas y polémicas con figuras de la comunidad junguiana.

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Hillman revisando a Hillman: polmica y paranoia Por Marcus Quintaes Traduccin del portugus de Enrique Galn

Creo en mi rabia. Es mi demonio favorito. Ser valiente y escribir van juntos James Hillman

Quiero comenzar con tres imgenes.

En una reciente entrevista, concedida a la revista de la Asociacin Internacional de Psicologa Analtica -un nmero especial dedicado a sus cincuenta aos de existencia-, al ser preguntado sobre cundo cay en la cuenta de que sus ideas y libros haban innovado el pensamiento junguiano, James Hillman responde:

No tengo una idea muy confortable de esa situacin. Yo no decid en un momento dado innovar. No lo tena previsto. No soy prudente. Trabajo a partir de la rabia cuando algo se siente insultado. Cuando o a von Franz atacar al puer aeternus en sus conferencias de los aos 50, a Esther Harding criticar de forma tan moralista la inercia a favor del hroe matador de dragones, a Neumann hablando y hablando de la Gran Madre hasta sentirme engullido por todo aquello, a otros conferenciantes agrediendo a Freud, aquella atmsfera de profesores elogiando la tierra, la tradicin y la introversin, me sent insultado. Yo era el puer, vengo de Atlantic City, New Jersey, donde se acaba la tierra. Todo ese moralismo era ofensivo con una vida que haba conocido antes en la India, en Pars, en Dubln entre todo tipo de personas extraordinarias. Mi amigo Robert Stein fue a Londres en 1957 para hacer un periodo de anlisis y volvi destruido por el cuadro transferencial y por la opresin de su espontaneidad y su locura. Le haban insultado, estaba furioso. La primera ponencia que escrib la present oficialmente en Londres, en el Club Junguiano de Londres de comienzos de los aos sesenta. Se titulaba Amigos y enemigos y defenda la idea de que no se puede tener amigos sin tener a la vez enemigos, y que la amistad es una de las emociones ms antiguas que conocemos, precede a la propia transferencia y es ms arquetpica () Esto es una innovacin, pero slo surgi porque estaba furioso, rabioso y quera destruir algo. Desde esta perspectiva, todo lo que he sido nace de esta necesidad de destruir.

En otro texto, Sobre cosmologa, Hillman revela:

Marte me gua ms que Saturno, Hermes ms que Atenea. Me produce claustrofobia verme sometido a generalizaciones, y grito paranoico en cuanto me veo requerido a entrar en algn sistema unificador

En su ltimo libro, El terrible amor por la guerra, sin duda el ms confesional de los veintisiete que ha publicado, Hillman escribe:

He reconocido recientemente ser un hijo de Marte, al modo de los humanistas del Renacimiento cuando describen ciertos personajes bsicos con los nombres de los dioses planetarios. Una afinidad con la teora marcial del dios de la guerra es natural a mi mtodo. Mi camino en la vida y mi manera de atraer enemigos. Me gusta estimular la oposicin e incendiar las pasiones del pensamiento. Me produce placer destruir la estupidez -Marte encuentra idiotas en todas partes por ser l mismo tan idiota. Es como si tuviese una necesidad innata de estar en guerra, como si tuviese que desempear el papel de Herclito y no considerar sus palabras slo cosmologa griega antigua. En consecuencia, la guerra se ha vuelto mi primavera constante, mi abril, mi mes de Marte.

Y unos prrafos ms adelante, contina:

Para m, escribir libros es muy parecido a una campaa militar. Confieso que me abro camino a la fuerza utilizando metforas militares. Hay una estrategia, un concepto general, y existen tcticas a lo largo de todo el camino. Cuando no pueda avanzar, no cave una trinchera, siga adelante. No se obceque en eliminar una fortaleza de un solo golpe o si eso le obliga a desviarse. Aslela y caer sola. No entre en batallas con las voces interiores de saboteadores, crticos o adversarios. Una pequea batalla, una lluvia de flechas, todo esto desaparecer en el prrafo siguiente. Camufle sus flaquezas, su falta de reservas exhibindose ostentosamente en desfiles al son del clarn. Acurdese de que todos son tan vulnerables como usted. Saquee el almacn de las ideas, recupere materiales antiguos para reforzar sus lneas. Abandone el terreno que no puede explorar y, en cuanto aparezca un problema, avance todo el territorio que pueda () Este desafo permanece en mi vida debido a mi historia de orgullo y placer, soy un viejo veterano desfilando cuyas guerras fueron siempre slo psicolgicas.

Fijmonos en las imgenes, segn propone como regla nica la psicologa arquetipal: rabia, insulto, furia, enemigos, destruir, guerra, Ares, Marte. Este es James Hillman.

Un hombre que se presenta como un pensador para quien la pasin violenta de las guerras de ideas es preferible a un pacifismo ingenuo y pasivo que acaba por embotar el pensamiento. Leyendo con cuidado y atencin los escritos de Hillman, podemos afirmar que si la psicologa arquetipal presupone la existencia de uno o ms dioses, una psicologa politesta, entonces necesariamente sostiene que la paz, en cuanto condicin de estabilidad y seguridad, se encuentra seriamente amenazada.

Considerar la posibilidad de varios dioses, esto es, el politesmo, implica afirmar la tolerancia hacia las diferencias y la aceptacin de la diversidad, representada por los propios dioses. El politesmo es la condicin necesaria para la polmica. El discurso politesta est regido por la retrica de la polmica y caracterizado por la huida y evitacin de cualquier tipo de pensamiento marcado por un deseo de totalitarismo y unificacin en torno a un nico centro, un nico modo, un nico discurso o una nica verdad. All donde impera un Dios nico no hay espacio para la polmica.

El monotesmo, el culto exclusivo a un nico Dios se confunde con el narcisismo, y como bien dice Caetano Veloso, Narciso se encuentra feo y no tiene a mano un espejo. Abandonar el reflejo narcisista del espejo, ese espacio donde las diferencias son substradas o apagadas, es adentrarse en el terreno rico y frtil de la diversidad del otro, una de las posibles intenciones de la psicologa arquetipal de James Hillman. Politesmo es considerar al otro en su radical diferencia. Es dilogo con la alteridad, y la polmica es una de las formas que puede asumir ese dilogo. En este sentido, polemizar es afirmar la identidad, y no someterse a los designios del otro, condicin de individuacin. Polemizar es declarar la guerra a lo mismo, provocar fricciones, crear resistencias. Pienso que Hillman y la psicologa arquetipal son herederos directos del pensador presocrtico Herclito, cuando afirma en uno de sus fragmentos: Guerra es padre de todas las cosas

Dejmonos guiar por estas ideas: polmica como ruptura, polmica como transgresin, polmica como fundacin, polmica como gesto inicial. Si observamos la historia de la psicologa arquetipal, percibiremos que si alguien posee el arte retrico de la polmica es sin duda James Hillman.

El estilo de Hillman se asemeja a la potencia furiosa de un cido. Un cido que se desliza marcando el camino por donde pasa, corroyendo las superficies, engaosamente planas y brillantes, creando surcos, abriendo grietas, haciendo aflorar los pliegues, destruyendo para crear. En Hillman y sus escritos se conjuga un panten de posibilidades mticas. De la violencia argumentativa de Ares al sentido esttico de Afrodita, de las trampas intelectuales de Hermes al aspecto nmada y errante de Dioniso, del amor ertico por las ideas al carcter apolneo de su erudicin. Sus textos son escenarios y paisajes por donde desfilan los dioses que componen su particular politesmo.

Desde su salida intempestiva del Instituto Jung de Zrich, del que fue director de su centro de estudios durante diez aos, Hillman ha ido coleccionando calurosos embates polmicos con diversas figuras del mundo junguiano y, sin duda, con la propia comunidad junguiana.

La relacin de Hillman con los junguianos est marcada por algo que podramos definir como una extrema tensin delicada. Por parte de la comunidad junguiana, la obra de Hillman siempre es vista con desconfianza y reservas. Es explcito el intento de aislar su pensamiento, y de ese modo intentar disminuir y despotenciar su impacto. Uno de los motivos que pueden justificar esta actitud frente a Hillman y sus escritos tal vez sea que ciertamente sacude violentamente algunas certezas que los junguianos se esfuerzan arduamente en preservar.

Uno de los principales objetivos de la psicologa arquetipal de James Hillman es llevar el trabajo y el pensamiento de Jung ms all de los pequeos crculos de iniciados y de los institutos de formacin clnica, considerar las principales corrientes intelectuales de nuestra cultura y dialogar con ellas. La psicologa arquetipal encuentra en la tradicin intelectual posmoderna un gran interlocutora. A lo largo de su obra, Hillman dialoga con Heidegger, Nietzsche, Bachelard, Freud, Deleuze, Lvinas. En varias entrevistas menciona los trabajos de Foucault, Derrida y Lacan. Independientemente de concordar o no con el punto de vista de estos autores, lo importante es el hecho de saber que son referencias ledas y trabajadas por el propio Hillman. En los ltimos aos, Hillman viene presentndose como un terapeuta de las ideas, alguien que trabaja ms con teoras e ideas que con clientes o casos clnicos. Para un analista clnico que ponga su atencin e inters slo en el campo de la prctica clnica y est poco dispuesto a las aventuras del pensamiento filosfico, Hillman ser, sin duda, un plato indigesto.

Hillman colecciona una serie de polmicas con personajes del mundo junguiano. Polemiz con Rafael Lpez-Pedraza, uno de los padres junto a l de la psicologa arquetipal, con Carl Meier, famoso y tradicional analista clsico junguiano (descrito por Hillman como su enemigo preferido), con Richard Noll y Wolfgang Giegerich. Quiero detenerme en la famosa polmica con Giegerich, pues gracias a ella podremos entender con mayor claridad que el acto de polemizar, condicin fundamental del politesmo, no significa en ningn momento cancelar la existencia del otro y s convivir con la diversidad.

En julio de 1992 se celebr el primer festival del psicologa arquetipal en homenaje a James Hillman. El evento tuvo lugar en la universidad de Ntre Dame y reuni a cerca de 500 personas, entre analistas junguianos, artistas, filsofos, estudiantes y escritores, con el objetivo de examinar

la obra de Hillman y su influencia en los campos de la cultura, el arte, la poltica, la ciudad y la psicoterapia. En la inauguracin del festival, Hillman dice que esperaba ansioso la oportunidad de estar juntos durante una semana en esta comunidad en torno al alma, pues la prctica de la psicologa tiene el insidioso efecto de aislarnos, haciendo que permanezcamos encadenados en el gueto de la mente observadora.

Hillman desafi a los participantes a transgredir, a invocar a Dioniso, pues cuando Dioniso aparece, no estar detrs tambin Eros? Hillman convoc a los participantes a ir ms all de lo usualmente correcto, y el modo que encontr para alcanzar su objetivo fue hacer de la pornografa el tema principal de su conferencia inaugural del festival. Uno de los momentos principales del festival y, ciertamente, tambin uno de los ms polmicos, fue la participacin del analista junguiano Wofgang Giegerich.

Si Hillman invit a ir ms all de lo usualmente correcto, Giegerich no se hizo rogar e inici su conferencia, titulada Matanza: el platonismo de la psicologa y el eslabn perdido con la realidad, preguntando si la psicologa arquetipal es de hecho una psicologa con dioses o la palabrera sobre los dioses en la psicologa arquetipal es slo un tipo de jerga glamurosa, distante en lo fundamental de la realidad a la que antes remita la palabra dioses . Giegerich argumenta que no se puede desistir de sacrificar toros y continuar afirmando que se cree en Zeus. Si se hace un festival para celebrar a los dioses es necesaria una matanza sacrificial, pues es sta la que trae la presencia divina que transforma el da en festivo o sagrado.

La polmica cuestin que trae Giegerich a colacin es si puede haber sacrificios sin matanza. Su crtica y cuestionamiento se refieren a que la psicologa arquetipal reduce la experiencia del sacrificio a una simple metfora, a un mero smbolo. Alerta que sin sacrificios, esto es, sin matar algo real, la psicologa arquetipal permanecer inevitablemente en lo que l llama burbuja de irrealidad.

La conferencia de Giegerich caus una enorme polmica en el festival. Aunque varios participantes queran discutir las cuestiones planteadas por el tema propuesto por Giegerich, los organizadores del festival optaron por seguir con la programacin oficial. En varias de las conferencias que siguieron se oyeron desde el patio de butacas gritos que decan queremos discutir las cuestiones presentadas por Giegerich. Algo se haba constelado y los organizadores del festival, en vez de ser fieles a la regla nmero uno de la psicologa arquetipal -fijarse en la imagen- optaron por seguir con la programacin oficial sin abrir un espacio a la discusin de las cuestiones suscitadas por la conferencia de Giegerich.

Entre tanto, para muchos de los participantes en el festival, la verdadera vctima sacrificial del festival fue el propio Hillman. Esta vez, Hillman, el polmico por excelencia, prob su propio veneno. Ahora era l el blanco de la polmica. Un mes despus de realizado el evento, Hillman envi una carta a todos los participantes, en la que daba su opinin sobre las diferentes divisiones que se dieron en el festival. Dice Hillman: Pienso que estas divisiones derivan en parte de los mltiples lados que componen el trasfondo politesta de la psicologa arquetipal, que nos invita a un pandemonium. Querra subrayar las expresiones usadas por Hillman: divisiones, mltiples lados, politesmo.

Sin embargo, la respuesta definitiva de Hillman a este polmico episodio despertado por W. Giegerich slo aparecer dos aos ms tarde. En 1994, Hillman publica su artculo Una vez ms en la brecha, donde usa toda su irona, erudicin y refinada calidad literaria para deconstruir y responder a cada una de las acusaciones de Giegerich a la psicologa arquetipal. Su principal argumento es que Giegerich se dej engaar por tres falacias fundamentales: la falacia de los modelos histricos, la falacia ontolgica y la falacia del concretismo. El debate prosigue con la rplica de Giegerich al artculo de Hillman y tambin con la publicacin de su ltimo libro, La vida lgica del alma, una severa y consistente crtica a los mtodos de la psicologa arquetipal.

Por otro lado, es fundamental destacar que Hillman y Giegerich, a pesar de las divergencias que los caracterizan, son profundos amigos y fecundos colaboradores de la psicologa arquetipal. El debate transcurre en el campo de las ideas, sin ninguna intencin de declararse fiel al pensamiento del fundador, que es al final lo que significa ser leal a alguien en el campo de las ideas. Pensar politesticamente es deslizarse por varios lugares distintos, ocupar nuevas posiciones y crear lugares inditos a ocupar.

De todos modos, continuemos nuestro camino preguntndonos por el curso de este polmico pensador. Si tenemos cien aos de psicoterapia y el mundo va a peor, tenemos ochenta aos de Hillman y podemos dividir su inmensa obra en cuatro momentos especficos. Voy a utilizar aqu una divisin propuesta por David Tacey, en un artculo titulado Serpenteando y girando con James Hillman: Del nima al alma del mundo, de la Academia al pop. David Tacey es profesor de literatura de la universidad La Trobe en Melbourne, Australia, y durante varios aos, el periodo en que estuvo estudiando en Dallas, Estados Unidos, fue analizando de Hillman. Esos cuatro momentos son:

Primer momento

Hillman como analista junguiano. Director de estudios del Instituto C.G.Jung de Zrich durante diez aos (1959-1969), y ya entonces autor de numerosos trabajos donde demostraba todo su inmensamente vigoroso y articulado pensamiento. Hillman, en esa poca, ya evidenciaba toda su originalidad, que destacaba dentro de los lmites de la psicologa junguiana clsica. De esa poca son Emocin, Suicidio y el alma, Psicologa y religin: una bsqueda interior.

Pertenece tambin a esta poca un episodio sombro en la historia de la psicologa analtica, que ha salido a la luz recientemente en Los junguianos, del analista junguiano Thomas Kirsch. En este libro se hace un anlisis histrico y en perspectiva del movimiento junguiano desde sus orgenes. Se menciona el polmico episodio que envuelve a Hillman en un asunto sexual con una paciente, y cmo ese episodio, que culmin con la salida de Hillman de Zrich, moviliz a todo el Instituto Jung. Se evidenci una divisin latente que ya exista en el Instituto. En un lado, Jolande Jacobi y otros pedan la expulsin de Hillman, en el otro, gran parte del Instituto Jung defenda a Hillman, incluyendo al Presidente del Instituto en esa poca, Franz Riklin.

Fue Franz Riklin quien, para defender la permanencia de Hillman en el Instituto, trajo a colacin de nuevo la figura de Jung, refirindose a la relacin que mantuvo con una paciente suya, Toni Wolff, episodio relegado por muchos a la sombra de la psicologa analtica. Thomas Kirsch defiende que ms importante que castigar a Hillman sera privilegiar el debate de las cuestiones ticas y clnicas que suscitaba este caso. Kirsch contina su relato afirmando que toda esta polmica fue extremadamente severa y dura con Hillman, quien dimiti como director de estudios del Instituto y abandon Zrich. Es importante mencionar que Hillman, posteriormente, se cas con esta expaciente llamada Patricia Berry, ms tarde una de las tericas ms famosas de la psicologa arquetipal.

Segundo momento

Hillman y la psicologa arquetipal. Creacin de la psicologa arquetipal. Profunda revisin del pensamiento junguiano. El primer movimiento posjunguiano de verdad. Aparicin de importantes innovaciones tericas en vez de la repeticin estril de lo mismo. Aqu quisiera destacar que considero a James Hillman y Michael Fordham los dos grandes innovadores y pensadores originales del pensamiento posjunguiano. Las grandes obras de Hillman en ese periodo son Reimaginando la psicologa, Los sueos y el inframundo, Ficciones curativas, El mito del anlisis.

En ese momento se produce una aproximacin de Hillman al movimiento posmoderno, que privilegia la pluralidad y la multiplicidad, la fragmentacin, la renuncia a los metadiscursos y las narraciones totalizadoras. Hillman se aparta de la literatura metafsica de los arquetipos y su esencialismo; propone la fenomenologa como mtodo para lidiar con las imgenes. Si la regla de oro del psicoanlisis es la asociacin libre, Hillman sigue las orientaciones de Rafael Lpez-Pedraza al sealar que la regla de oro de la psicologa arquetipal es fijarse en la imagen.

En ese periodo publica tres artculos fundamentales en la revista Spring sobre la cuestin de las imgenes: Investigacin sobre la imagen (1977), Nuevas notas sobre la imagen (1978) e Imagen y sentido (1979). En estos artculos, ya clsicos en la literatura de la psicologa arquetipal, Hillman propone una nueva conceptualizacin del trmino arquetpico, priorizando su aspecto adjetivo ms que el sustantivo. El arquetipo ser pensado como un valor, un atributo, algo que se hace con la imagen, una cualidad que se confiere a la imagen. Desde esta perspectiva, pensar y considerar la nocin de arquetpico implica renunciar a cualquier intento de contar con una lista preestablecida de imgenes arquetpicas o no, a cualquier intento de significacin a priori y universalizante, como en los diccionarios de smbolos.

Textos fundamentales donde Hillman busca, cada vez de modo ms radical y consistente, deconstruir la nocin actual de imagen con la que tiende a trabajar la escuela clsica junguiana. Propone una revisin terica, trasladando el trabajo con la imagen desde la perspectiva visual a una apreciacin y tica literarias. El trabajo con las imgenes es literario, no literal. Hay un descenso del inters por la busca de los orgenes o los patrones formadores, de las estructuras llamadas arquetipos, a favor del elogio y el privilegio del fenmeno, la imagen. Una clnica de las imgenes no se confunde con una clnica de los arquetipos. Tal es la propuesta de la psicologa arquetipal: relacin imaginativa y tica con las imgenes a las que se atribuye valor arquetpico. Ms all de la tendencia esencialista, normativista, ahistrica y uniformizante de la teora de los arquetipos, se opta por la primaca de las diferencias, de la peculiaridad, del contexto, de la trama que las imgenes presentan.

En ese mismo periodo, Hillman demuestra un inmenso inters por la Universidad e intenta introducir el discurso de la psicologa arquetipal en la Academia. Da clases en las universidades de Yale, Chicago, Syracuse y Dallas. El pensamiento de Hillman en esa poca interesa a pensadores junguianos directamente ligados al pensamiento contemporneo, la posmodernidad y la cuestin del lenguaje. Cito algunos: Michael Vannoy Adams, analista junguiano que compara y encuentra analogas entre la psicologa arquetipal y la filosofa de la deconstruccin, estableciendo semejanzas entre las ideas de James Hillman y el filsofo francs Jacques Derrida. Michael Vannoy Adams considera que las ideas que sustentan la psicologa arquetipal se aproximan mucho al ejercicio filosfico de la deconstruccin propuesto por Derrida.

Paul Kluger es otro analista junguiano que utiliza ampliamente las ideas de Hillman en su aproximacin al lenguaje desde una perspectiva arquetipal. En su libro La alquimia del discurso, originalmente su tesis de habilitacin en el Instituto Jung de Zrich, Paul Kluger se sirve del pensamiento de Jung y Hillman, junto a las ideas de Jacques Lacan, para profundizar en el estudio de la relacin entre inconsciente y lenguaje. Destacan otros nombres en ese momento: David Miller, con su prolongado y riguroso inters por la cuestin de la posmodernidad, y Edward Casey, con su estudio de la fenomenologa de los lugares basndose en la fenomenologa de Heidegger. Ambos inseparables de Hillman en su intento de ampliar los horizontes de la psicologa arquetipal ms all de los estrechos crculos de la psicologa analtica. Estos pensadores buscan en Hillman puntos de articulacin, puntos de convergencia entre la psicologa arquetipal y el pensamiento contemporneo entonces vigente.

Tercer momento

Es el momento del Anima mundi, una nueva revuelta del pensamiento de Hillman. Caracterizada por el intenso rescate de la idea neoplatnica del Anima mundi, es la creacin de un discurso ecopoltico y un ataque innovador y furioso de Hillman al aspecto subjetivo e intrapsquico existente en toda psicoterapia. Una crtica al nfasis hipervalorador de la subjetividad en detrimento de los problemas reales del mundo. Al personalizar y subjetivar todas las cuestiones del mundo, la psicoterapia acaba despolitizando al sujeto, retirndole la condicin de ciudadano.

En ese momento, Hillman propone una nueva conceptualizacin del s-mismo. Imagina al s-mismo como interiorizacin de la comunidad. Propone tambin una nueva relectura de la psicologa arquetipal, afirmando que lo que desea en ese momento, basndose en las ideas de la retrica del Anima mundi, es belleza, esttica, profundidad, interioridad, ejercicio poltico y crear una psicologa profunda de la extraversin. Las obras fundamentales de ese momento son El pensamiento del corazn y el alma del mundo, nima: anatoma de una nocin personificada, un bellsimo artculo publicado en Spring en 1989, Del espejo a la ventana. Curando al psicoanlisis de su narcisismo y su polmico libro Cien aos de psicoterapia y el mundo va peor.

En ese periodo Hillman da a conocer su texto, su canto de cisne, titulado El amarillear de la obra, su ponencia en el congreso de la IAAP, celebrado en Pars en 1989, cuando comunica a la comunidad junguiana el final de sus actividades como analista. Hillman abandona la prctica clnica y contina sus actividades como escritor y conferenciante, practicando la psicologa en grupos amplios.

Cuarto momento

Finalmente, segn la definicin de David Tacey, Hillman entra en su fase pop. Vuelve al esencialismo platnico y las categoras metafsicas en El cdigo del alma. Segn Tacey, independiente de estar o no de acuerdo con su opinin -algo a discutir atentamente-, Hillman cede aqu al deseo de ser ampliamente reconocido y aumentar el nmero de lectores. No es una tontera que El cdigo del alma fuera durante un ao best seller en The New York Times en la seccin de libros ms vendidos y el libro ms vendido de toda la carrera de Hillman.

Hillman entra en un circuito internacional de conferencias y entrevistas. Hace uso de un lenguaje ms accesible y menos erudito. El cdigo del alma y Formas de poder corresponden a esa fase. Es un momento delicado en la obra de este pensador, pues ya no es considerado por los junguianos clsicos, que lo haban abandonado hace mucho, mientras los junguianos posmodernos confusos se sienten atrados por l. Nada ms coherente que la trayectoria de Hillman, un hombre movido por el signo de Hermes/Mercurio: en un libro defiende con ardor una idea, en otro revisa sus conceptos y apunta en otra direccin, sus pensamientos se resisten siempre a ser coagulados en sentidos determinados. Nada ms coherente con su espritu puer, innovador y creativo.

Aqu Hillman revela otra faceta de su daimon. Se resiste a ser seguido, a ser tomado como un lder, mudando siempre de direccin, con lo que frustra a quienes le siguen, obligados a atender adnde se fue o en qu se torn. Temas que antes ha despreciado deliberadamente pueden sbitamente convertirse en objeto de su inters y piedra angular de nuevos trabajos. Una idea amplia e intensamente defendida en un libro puede no ser ms que un breve recuerdo tras algn tiempo. Estos son los efectos de alguien que escribe impelido por la obediencia a su espritu mercurial. Fiel a una retrica plural y mltiple, tan caracterstica de la psicologa arquetipal, Hillman se niega, astutamente a mi ver, a ocupar un lugar de verdad absoluta, lugar de referencia ltima, lugar del Padre Fundador o del Maestro Originario

Hillman se niega a ser el poseedor de una palabra final definitiva, esto es, rechaza ocupar un lugar central en esos encuentros. Hillman funciona menos con una imagen fija del s-mismo, esttica, centralizadora y estabilizadora de los sentidos, ponindose enteramente a disposicin de las fuerzas arquetpicas de Hermes. Hillman es un verdadero aprendiz de Hermes: oscilante en los pensamientos, enigmtico en su lenguaje, voltil con las ideas, imposible capturarle en cualquier definicin, proposicin fija.

En este sentido, pretendo demostrar tres momentos especficos donde Hillman polemiza con su propio trabajo, en donde l mismo se toma como blanco de su mtodo. En otras palabras, Hillman revisando a Hillman.

En 1992, Hillman publica Cien aos de psicoterapia y el mundo va peor, un dilogo y correspondencia con el escritor de Los ngeles, Michael Ventura. En este libro, Hillman vuelve sus bateras contra el lema que durante quince aos orient y sustent las principales ideas de la psicologa arquetipal, esto es, la frase del poeta John Keats Por favor, llamad al mundo valle de la creacin del alma. Descubriris entonces la utilidad del mundo.

Cito a Hillman:

Quiero dejar claro que la frase de Keats, que sustent mi terapia durante tanto tiempo, contiene un error bsico. Realmente desdea el mundo, a pesar de encontrarle una utilidad anmica. Usted pasa por el mundo y crea su propia alma. Pero es el alma del mundo? Qu hace el Anima mundi?

En este libro Hillman reconoce la equivocacin de lo que fue el norte de su prctica clnica durante mucho tiempo e intenta corregirse. El anlisis, al dirigir todas las emociones de la vida a s misma desva la libido objetal hacia una reflexin narcisisita de s misma. Para Hillman, la salida es hacer que el contenedor del anlisis pueda romperse para que la libido objetal se vuelva, nuevamente, al exterior. Pues para Hillman, la libido objetal es solamente un nombre psicoanaltico para el impulso que ama al mundo, el deseo ertico por el Anima mundi, por el alma del mundo

Proponer una psicologa del Anima mundi es invitar al sujeto a iniciar una relacin ntima con el alma del mundo y sus objetos, sean naturales o hechos por el hombre. No slo los objetos, tambin las situaciones y los acontecimientos poseen alma. Desde una perspectiva de rubedo, la realidad psquica del alma del mundo se hace disponible para nosotros imaginalmente. No hay que separar el alma en nosotros del alma de los otros -otros significa aqu no slo las personas, sino todo el medio ambiente. En consecuencia, desde esta perspectiva ya no es posible trabajar con la nocin clsica de individuacin y sus retricas, como mi viaje, mi proceso o mi periplo en busca ciega de un s-mismo interior, ignorando la individuacin del alma del mundo y de las cosas del mundo. El cultivo del alma no debe ser necesariamente identificado con la introversin o con

la negacin de la realidad del mundo de la materia y los objetos. No hay posibilidad de cultivar el alma si nos centramos exclusivamente en el s-mismo y excluimos al mundo.

En 1989, en un artculo titulado Volviendo al ms all. Sobre cosmologa, Hillman escribe acerca del lugar que ocupa la metafsica en las ideas que sustentan la construccin terica de la psicologa arquetipal. Cito a Hillman:

Hasta ahora he evitado la metafsica en mi trabajo. Me he mantenido dentro de la tradicin crtica. Un trabajo psicolgico que he denominado ver a travs y psicologizar. La psicologa profunda de la creacin del alma tal como la he formulado constituye su va negativa. Sin ontologa. Sin metafsica. Sin cosmologa. Un caballero errante, siempre en la batalla, iconoclasta. La reivindicacin de positividad en la psicologa arquetipal ha sido su insistencia paradjica en permitir que las sombras sean iluminadas por su propia luz vistas en su relacin con la psicopatologa: el mundo de las tinieblas, la depresin, el suicidio, el senex y las patologas del puer. La insistencia en el valle de la creacin del alma, posicionarse en el valle de la sombra ha estado a veces dirigido contra el iniciador de mi propia tradicin, Jung, contra su visin ascensional, sus pronunciamientos respecto al sentido de la vida desde la cima de la montaa, las visiones del mundo, las teoras tipolgicas generalizadoras, el s-mismo y los mndalas. Tiendo a seguir al Jung psiclogo del alma, no al Jung metafsico del espritu. Por su mpetu pueril y famoso del nima, mi trabajo se ha dedicado en rigor a las tcticas bsicas, a la disciplina de la imagen, del fenmeno, de las patologas, como una forma de cientificismo crtico. Por eso es necesario ir ms all, como llevo diciendo hace algn tiempo.

En el mismo texto, comentando los encuentros que tuvieron lugar en Crdoba, Andaluca, en 1979, bajo el lema Ciencia y consciencia, con la presencia de pensadores como David Miller, Gilbert Durand, David Bohm, entre otros, Hillman comenta:

Entend entonces por qu Corbin, durante los ltimos das de los encuentros en Espaa, se volvi tan prominente, y comprend lo que se esperaba de Jung: muchos recurren a l como metafsico, e indudablemente me desvo de esta lnea principal de intereses de Jung, y he evitado, incluso trabajado para anular, su metafsica a fin de no perder su psicologa. Por eso percib en Crdoba que psicologizar no era suficiente. La tradicin crtica de ver a travs, del perspectivismo, de la ambigedad metafrica, del relativismo y la desubstancializacin -mi va negativa en el valle de la creacin del alma- es necesario pero no suficiente. Es insuficiente tanto interna como externamente () En Crdoba me di cuenta de que lo que estaba haciendo era meramente seguir otra lnea occidental de cientificismo y nihilismo. Peor: por evitar entrar en la metafsica estaba incitando a la decadencia de la civilizacin dentro de la catstrofe del nihilismo concretizado. Mi

va negativa, incluso con un contenido distinto a la invocacin a crear el alma, la vivificacin de la imaginacin y la restauracin de los dioses, queda as retenida como mtodo crtico, un anlisis como los que encontramos en el existencialismo bsico, en la filosofa lingstica, en el operacionalismo y las teoras de la deconstruccin. Era tan diferente de aquellas a las que me opongo? Tenemos una cosa en comn: el fracaso en la lucha de forma constructiva y positiva contra la metafsica ().

Lo que el alma hace -fantasear imgenes- ha sido condenado por la metafsica como ausencia de verdad, irreal y amoral. Puede alguien estar en el alma y, an as, llevar en serio las necesidades del alma ms all? He escrito sobre la necesidad de cumplir con el alma estando preso del alma. En otras palabras, cmo entender la sugestiva frase de Jung esse in anima (OC6, 78-80) con una metafsica psicolgica?

Al revisar su posicin sobre la cuestin de la metafsica, considerndola a partir de ese momento como una necesidad legtima del alma a ir ms all, Hillman desarrolla en el resto del texto una propuesta de construccin de aquello que llama cosmologa psicolgica, basada en la idea de que aquello que los planetas son o hacen por s mismos, lo que acontece ms all de los asuntos humanos, puede ser calculado astronmica y astrolgicamente, es decir, la matemtica de los movimientos literales de los planetas de hecho. Tambin lo que va ms all puede ser imaginado psicolgicamente mediante ficciones mticas. El ms all es casi literalmente una regin mtica. Literalmente, una regin mtica de poiesis a travs de imgenes. Al contrario de otro tipo de principios primarios alcanzados mediante la intuicin de la autoevidencia o del raciocinio deductivo e inductivo, esa regin es accesible a la imaginacin. Ms que simplemente accesible: las ficciones mticas estimulan la imaginacin. Generan imaginaciones mitolgicas y, posteriormente, la libertad especulativa del alma.

Por ltimo, en 1996, en un artculo titulado Psicologa, monotesta o politesta?. Veinticinco aos despus, Hillman revisa uno de los textos clsicos y fundadores de la psicologa arquetipal. Ah comenta que el trabajo de hace veinticinco aos intentaba, por un lado, llevar la psicologa ms all de la consulta, hacia la filosofa y la mitologa, y, por otro, llamar la atencin de las teoras teraputicas sobre la grave escisin existente en el seno de la cultura occidental, la oposicin entre paganos y cristianos, entre politesmo y monotesmo. Hillman recuerda en el texto el camino recorrido por su pensamiento en esa poca. Afirma que este conflicto histrico ha permanecido durante siglos y nunca fue dejado de lado, resucitando en los poetas, pintores y compositores que intentaron restaurar los mitos de los dioses antiguos, en los festivales folclricos con sus evidentes huellas del paganismo mediterrneo y en la controversia teolgica respecto a las imgenes, promovida en los concilios de la Iglesia cristiana, y la condena de herejes. Este conflicto entre monotesmo y politesmo se ha constelado tambin dentro de la prctica psicolgica, donde las

fuerza paganas volvieron a surgir con toda su potencia, como bien sealaron Freud y Jung al basar las patologas en mitos y las dolencias en dioses.

Nuevamente, como estoy intentando demostrar, Hillman se revisa al escribir:

Como es bien sabido, en el trabajo de estos veinticinco aos he intentado rejuvenecer la consciencia apagada de la guerra entre el monotesmo y el politesmo, lanzndome enteramente a la batalla en el lado del politesmo pagano (). Lo que no reconoc entonces y ahora comienzo a ver es que una visin monotesta informaba mis propios ojos al leer e interpretar la posicin monotesta. En otras palabras, estaba luchando a mi manera marcial -intemperante, inflexible y ciega- no como un antiguo romano pagano, sino con las mismas actitudes, casi fanticas, que estaba atacando. Lidi con la Biblia con el mismo literalismo del que la acusaba. ()Cmo leera un pagano aquellas pginas?()

Quiero demostrar que podemos revisar las historias bblicas fundamentales de tal modo que nuestro mtodo de lectura y del significado que da origen a esa lectura concuerden con el sentimiento pagano. Por sentimiento pagano entiendo un estilo que celebre el mito, las personificaciones, la fantasa, la complejidad y, especialmente, el humor, en vez de la significacin nica que lleva al dogma. Ahora volvemos a la Biblia con una mirada renovada tras veinticinco aos de sensibilidad mtica y comprensin metafrica.

En estos tres momentos somos testigos, sorprendentemente, de la confesin de Hillman sobre su propia posicin terica. Es decir, James Hillman, el gran desliteralizador arquetpico del pensamiento junguiano, se reconoce capturado por el fervor del literalismo en alguno de sus textos y se ve ms identificado de lo que le gustara creer con aquellos que, en algunos momentos de su obra, fueron el blanco de su implacable furia marcial.

De esta observacin quiero privilegiar un aspecto que me interesa particularmente. Al operar esas revisiones de su propio trabajo, Hillman abre espacio e inaugura la posibilidad de pensar la psicologa arquetipal no como un sistema cerrado de ideas o como un bloque esttico de pensamientos que puedan funcionar con el estatuto de dogmas, sino que, por el contrario, nos invita a que la psicologa arquetipal pueda ser imaginada, re-imaginada, metaforizada a partir de diferentes lugares, trayectorias, puntos de vista, miradas e historias, abrindose a infinitas significaciones.

Con el coraje de revisar su texto, Hillman aplica a la psicologa arquetipal su propio veneno, phrmakon, transformndola en una imagen en sentido hillmaniano, esto es, hace de un evento una experiencia dotada de valor psicolgico. Liberando la imagen psicologa arquetipal de la prisin del significado fijo, Hillman permite a quien se interese por sus ideas establecer una relacin particular y singular con ese grupo de ideas llamado psicologa arquetipal. Propongo denominar esta tarea de creacin individuacin del texto.

Hasta aqu, mi interpretacin, un elogio de la posibilidad de tener mltiples transferencias con un autor y su obra. Es decir, a cada revisin, un nuevo texto, una nueva lectura, una nueva imagen, produciendo incesantemente nuevas redes polismicas que generan interpretaciones inditas, extendiendo y ampliando de modo rizomtico las fronteras de la psicologa arquetipal en sus infinitas metamorfosis de sentido. Diferentes interpretaciones del texto de Hillman producen y renuevan el propio texto de Hillman. Mercurius duplex como prctica y tica de lectura.

En el ao 2000 tuvo lugar en California un simposio coordinado por Hillman bajo el lema Psicologa arquetipal: retrospectiva y adquisiciones recientes. Preguntado sobre si se consideraba el fundador de una nueva escuela de pensamiento, Hillman respondi: No soy el fundador nico de una escuela. No hay una sola psicologa arquetipal. Existen varias psicologas arquetipales. Cita a varios exponentes: Paul Kluger, David Miller, Ginette Paris, Wolfgang Giegerich, Stanton Marlan, Noel Cobb, entre otros.

No ser esta la huella de pluralidad que tambin caracteriza la prctica y la enseanza de la psicologa arquetipal y de las propias ideas de James Hillman en Brasil? A fin de cuentas, cuntas lecturas de Hillman existen en Brasil?

La respuesta slo puede ser plural: muchas. Del trabajo de traduccin y enseanza de Gustavo Barcellos al de Farley Valentin, del grupo Sizigia, en Fortaleza, del proyecto pionero del tratamiento de las drogodependencias a partir de las ideas de la psicologa arquetipal propuesto por John Burns en Vila Serena, tambin en Sao Paulo, al conocimiento riguroso del pensamiento de Hillman y Giegerich de Joel Brinco Nascimento, en Vitoria, del trabajo del grupo Kairs, con los nombres de Ajax, Rosa, Wladia y otros del grupo Himma-Estudios de Psicologa Imaginal, a los trabajos de Santina Rodrigues, Andr Mendes, Aline Fiamenghi, Srgio Anaute y otros, como nuestro propio grupo Rubedo y su larga relacin con el pensamiento de Hillman. Varios grupos, diversas lecturas, diferentes interpretaciones, muchos Hillmans.

Pienso que con este elogio de la pluralidad y la multiplicidad, marcas identitarias del pensamiento de Hillman, la psicologa arquetipal puede protegerse de aquello que podra constituir el opuesto de su discurso, esto es, la paranoia. La paranoia, su discurso y su razn, son la muerte de la psicologa arquetipal.

No me parece fortuito que Hillman hiciera de este tema el objeto de uno de sus textos ms importantes, Paranoia, conferencia dictada en Eranos en 1986. En este escrito, Hillman apunta dos aspectos centrales presentes en la paranoia. El primero se refiere a que la paranoia es un desorden del significado, y si el arquetipo del significado es el s-mismo, la paranoia es entonces un desorden del s-mismo. El segundo aspecto es que en la paranoia se da una prevalencia del literalismo sobre la realidad metafrica presente en cada evento psquico, esto es, la paranoia es una demencia del literalismo y el fracaso en el arte de la metfora. Sin embargo, quiero ir ms all de estos dos trminos apuntados por Hillman y proponer que la paranoia es una tirana de la unificacin o la maldicin del Uno.

Lo que la clnica nos ensea es que a diferencia de la experiencia esquizofrnica, caracterizada por un alto grado de disociacin y fragmentacin, en la paranoia est siempre presente la cuestin del sentido. Es ms, la paranoia es el imperio del sentido, sentido que siempre se dirige contra el sujeto. Por eso resalto esta dimensin de sentido nico, invariable, fijo, unvoco. Podemos concluir entonces que todo paranoico es narcisista por excelencia, pues todo est siempre directamente remitido a su persona. El paranoico es auto-referencial, lo que muchas veces explica el carcter megalomaniaco de sus delirios.

Esta megalomana aparece en forma de varias imgenes en la paranoia, pues el sujeto se supone y cree ser el centro del mundo. Todos le miran, todos hablan de l, todos le odian, todos quieren destruirle, todos le aman. En consecuencia, para el sujeto paranoico la traicin es inminente, siempre hay espas por todas partes. No se puede descuidar, ni siquiera confiar, es preciso estar vigilante todo el tiempo a riesgo de ser traicionado en cualquier momento. El paranoico no confa, vigila.

Un detalle fundamental: el paranoico siempre manifiesta el sentimiento de ser nico, y creerse nico es siempre paranoico. Esta creencia de ser nico es lo que lleva al paranoico a quererse, siempre, modelo para los dems. El paranoico es aquel que sabe lo que es bueno para los otros, el conocedor de los mejores caminos, quien sabe actuar del modo ms correcto en las cuestiones cotidianas. Creerse nico tiene como inevitable consecuencia toda especie de fantasa de traicin, complots, desconfianzas y sospechas, pues para l todo aquel que no le admira querra destituirlo del lugar que cree ocupar.

Vemos ese fenmeno extremadamente presente en la dinmica paranoica, el delirio de traicin. Al designarse lder de un grupo, sea el que sea, el paranoico designa inevitablemente entre sus seguidores a aquel que lo traicionar, como en el delirio de celos. Podemos entender as toda la paranoia de masas y el ambiente de terror que puede desarrollarse en los grupos liderados por un sujeto paranoico, que interpretar, siempre a partir de la auto-referencia, toda accin de sus seguidores como si estuviera dirigida hostilmente contra l, un motivo de complots, conspiraciones y golpes para derribarlo de su poder.

No sera sta una de las causas de la interminable historia de escisiones y separaciones que han marcado el trayecto de los grandes pensadores de lo inconsciente, la relacin de Freud y Jung, la de Lacan con la IPA, y tantas otras?

No sera tambin de esta trampa paranoica de la que escapa Hillman al sealar que nunca fue su deseo fundar un instituto o cualquier otra especie oficial de institucin de formacin de psicologa arquetipal? Podramos pensar que la errancia y el nomadismo de Hillman, representados por sus sucesivos cambios de posicin -en la dcada de los setenta, en la Universidad de Dallas, junto a Robert Sardello, Patricia Berry y Gail Thomas, en los aos ochenta, en Londres, con Noel Cobb y Eva Loewe en el London Convivium for Archetypal Studies, y en los noventa, en el Pacifica Graduate Institute, con Mary Watkins, Ginette Paris y David Miller-, funcionaron como antdotos contra la trama paranoica de querer creerse modelo de excepcin para todos?

Al no querer fijarse en un determinado punto revisando su obra constantemente, Hillman escapa al literalismo paranoico de la lectura correcta, esto es, de la creencia paranoica en la existencia de la lectura correcta, definitiva, final y unvoca. La creencia en el sentido nico es la condicin para la muerte de la pluralidad de las diferencias. Al proponer diferentes perspectivas de lectura de su texto, al abrir el campo multifactico de significaciones, Hillman escapa de caer en la tentacin de la paranoia del Uno, de la tirana de la unificacin, de posicionarse como sujeto excepcional que se cree nico.

Si la razn paranoica es el lugar del discurso homogneo, centralizador, apagador de las diferencias y promulgador de un lugar de verdad y un saber nico, Hillman, mercurialmente, fiel a su espritu puer y a su descendencia astrolgica -Plutn en ascendente, Sol y Luna en Aries, un hijo de Marte- evita ser capturado en esa trama.

Luchar contra la paranoia es defender la multiplicidad y la diferencia como condiciones fundadoras de cualquier posibilidad de ejercicio del cultivo del alma, el amor por las imgenes. Se trata aqu de un imperativo tico en nombre de la libertad de expresin de las imgenes y del libre ejercicio del pensamiento y de las ideas. Esta es la batalla, este el combate.

Por ltimo, para luchar contra la paranoia de la tirana de la unificacin, del pensamiento nico, es necesario tener un verdadero amor por la guerra. Guerra no como aniquilacin del otro, sino como condicin de respeto por la alteridad, rescate de lo heterogneo, convivencia de las diferencias, amor por la diferencia del otro.

Eros y Marte juntos.

Esta es la invitacin: Bienvenidos a la guerra!

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