Viktor E. Frankl
ANTE EL VACIO
EXISTENCIAL
Hacia una humanizacion
de Ja psicoterapia
herderINTRODUGCION
EL SUFRIMI
'TO DE LA VIDA SIN SENTIDO*
Cada época tiene sus neurosis y cada tiempo necesita su
psicoterapia.
En realidad, hoy no nos enfrentamos ya, como en los
tiempos de Freud, con una frustracién sexual, sino con
‘una frustracién existencial, El paciente tipico de nuestros
dias no sufte tanto, como en los tiempos de Adler, bajo
un complejo de inferioridad, sino bajo un abismal com
plejo de falta de sentido, acompafiado de un sentimiento
de vacfo, razén pot la que me inclino a hablar de un va:
cio existencial ?,
Tomemos una carta que me escribié un estudiante
americano y de la que me limitaré a citar un par de frases:
«Aguf, en América, me hallo rodeado por doquier de jé-
venes ‘de mi edad, que buscan desesperadamente un sen-
tido a su existencia, No hace mucho murié uno de mis
mejores amigos, porque no pudo descubrir este sentido.»
Mis experiencias respecto de las universidades americanas
—hasta el momento he pronunciado, sdlo en los Estados
Unidos, 129 conferencias, que me han proporcionado oca
sién para entrar en contacto con los estudiantes — corro-
boran que los pasajes de la citada carta son representati-
vos, en el sentido de que reflejan el estado de dnimo y el
9Introduccién
sentimiento de la vida predominantes en la actual juven-
tud universitaria,
Pero no sélo en esta juventud, Por lo que hace a la
generacién de los adultos, me limitaré a remitirme a los
resultados de las investigaciones llevadas a cabo por Rolf
von Eckartsberg entre los ex alumnos de la Harvard U:
versity. Veinte afios después de haber concluido los estu-
dios universitarios, un notable porcentaje de ellos — que,
mientras tanto, habian escalado posiciones acordes con
su carrera y que, ademés, y de cara al exterior, Mevaban
tun género de vida acomodade y feli2 — se quejaban de un
abismal sentimiento de vacuidad definitiva.
Y se multiplican los signos de que el complejo de va-
cuidad adquiere una creciente difusién, Su presencia es
hoy atestiguada también por los colegas consagrados exclu-
sivamente al mbito psicoanalitico, incluidos los del campo
marxista, Asi, en un reciente encuentro internacional de
psicoanalistas freudianos, todos ellos estuvieron de acuer-
do en destacar que hoy dia se ven cada ver mis confron-
tados con pacientes cuyas dificultades dimanan esencial-
mente de un sentimiento de inconsistencia total que corroe
sus vidas, Ms atin, estos psicoanalistas Hlegaron incluso a
aventurar la opinién de que, en no pacos casos de los lla
mados andlisis inacabables, el tratamiento psicoanalitico
en cuanto tal habfa acabado por convertirse, por ast de-
citlo faute de mieux, en el tnico contenido de la vida de
sus pacientes
Por lo que hace al campo marxista, mencionaremos
tan sdlo el testimonio de Vymetal, antiguo director de la
Clinica psiquidtrica de la Universidad de Olmiitz (Che-
coslovaquia), Este autor — apoyéndose en el testimonio
de otros colegas, tanto de Checoslovaquia como de la Re-
piblica Democritica Alemana— Iamé expresamente a
10
El sufrimiento de la vida sin sentido
atencién sobre la presencia de la frustracién existencial en
Jos paises comunistas y pidié nuevos planteamientos tera-
péuticos, para poder hacer frente a este fenémeno.
Habrfa que mencionar también, finalmente, a Klivz
ke, profesor americano invitado a dar algunos cursos en
una universidad africana, que un informe recientemente
publicado en ef «American Journal of Humanistic Psy-
chology (con el titulo de Students in Emerging Africa
Logotherapy in Tanzania) pudo confirma: que el vacio
existencial se percibe claramente y se esté imponiendo en
el Tercer Mundo, sobre todo, y por lo menos, entre la
juventud universitaria, Una indicacién andloga debemos a
Joseph L. Philbrick (A Cross-Cultural Study of Frankl’s
Theory of Meaning-in-Life)
Cuando se me pregunta cémo explico la génesis de
este vacio existencial, suelo ofrecer Ja siguiente férmula
abreviada: Contrariamente al animal, el hombre carece de
instintos que le digan lo que tiene que hacer y, a diferen-
cia de los hombres del pasado, el hombre actual ya no
tiene traditiones que le digan lo que debe ser. Entonces,
ignorando Jo que tiene que hacer e ignorando también lo
que debe ser, parece que muchas veces ya no sabe tampoco
To que quiere en el fondo. ¥ entonces sdlo quiere lo que los |
demas hacen (jconformismo!), o bien, sélo hacer lo que]
Jos otros quieren, lo que quieren de él (totalitarismo) *. |
Pero estas dos secuelas no deben inducimnos a pasar
por alto una tercera, Me refiero a un neurotismo esp
fico, a saber, a la presencia de Jo que he designado como
«neurosis nodgena». Al contrario que la neurosis en sen-
tido estricto, que presenta, por definicién, una enfermedad
psicdgena, la neurosis nodgena no se debe a complejos y
conflctos en el sentido tradicional, sino a conflictos de
conciencia, a colisiones de valores y, last but not least, a
uIntroduccion
tuna frustracién existencial que algunas veces puede expre-
sarse bajo la forma de sintomatologia neurética. Gracias
a James C. Crumbaugh, director de un Laboratorio psico-
égico de Mississippi, disponemos también de un test (el
llamado PIL 0 Purpose in Life-Test), elaborado por este
autor con la finalidad especifica de poder distinguir los
diagndsticos de las neurosis nodgenas de los de las psics-
genas (puede pedirse a Psychometric Affiliates, Post Office
Box 3167, Munster, Indiana 46321, EE,UU.), Tras haber
valorado Ios datos obtenidos con ayuda de una computa-
dora, Hlegé al resultado de que las neurosis nodgenas pre-
sentan una sintomatologia nueva, que desborda el marco
de Ja psiquiatrfa tradicional no sélo desde el punto de
vista del diagnéstico, sino también del terapéutico.
Respecto de la frecuencia de las neurosis nodgenas, nos
contentaremos con remitir a los resultados de las investi-
gaciones estadisticas realizadas por Niebauer y Lukas en
Viena, Frank M. Buckley en Worcester, Mass., EE.UU.,
Werner en Londres, Langen y Volhard en Tubinga, Prill
en Wurzburgo, Popielski en Polonia y Nina Toll en Midd-
Jetown, Conn., EE.UU. A tenor de los resultados concor
dantes de los tests Hevados a cabo, debemos contar con
‘un 20 por ciento de neurosis nodgenas,
Ultimamente, Elisabeth Lukas ha elaborado un nuevo
test con a finalidad especffica de llegar a un conocimiento
mds exacto de la frustracién existencial, que incluia tam
ién la intencién de descubrir posibilidades de accién no
sélo terapéutica sino, Hegado el caso, también profilictica
Es el Tamado «Logo-test» («Zur Validierung der Logo
therapie», en Frankl, Der Wille zum Sinn, Hans Huber,
Berna 1972).
Las estadisticas han demostrado que, entre los estu-
diantes americanos, el suicidio ocupa —a renglén segui-
2
El suftimiento de la vida sin sentido
do de los accidentes de tréfico — el segundo lugar entre
Jas causes més frecuentes de defunciones. El nimero de
intentos de suicidio (no seguidos de la muerte) es quince
veces mds elevado.
Me presentaron una notable estadistica, referida a 60
estudiantes de la Idaho State University, en la que se les
preguntaba con gran minuciosidad por el motivo que les
‘habia empujado al intento de suicidio. De ella se despren-
dia que el 85 por ciento de los &ncuestados no vefan ya
ningvin sentido en sus vidas. Lo eutioso es que el 93 pot
ciento gozaban de excelente salud fisica y psiquica, tenfan
Buena situacién econémica, se entendian perfectamente con,
su familia, desartollaban una activa vida social y estaban
satisfechos de sus progresos en los estudios. En cualquier
caso, no podia hablarse de una insuficiente ‘satisfaccién
de necesidades, Todo ello contribuye a hacer atin més acu-
ciante la pregunta de cusl fue la «condicién de posibili-
dad» de estos intentos de suicidio, qué es lo que debe
hallarse inserto en la condition humaine para que pueda
Ilegarse a un intento de suicidio a pesar de la satisfaccién
de las necesidades més generales. EI hecho sélo es expli- |
cable si se admite que el hombre tiende genuinamente
—y donde ya no, al menos tendia originariamente — a
descubrit un sentido en su vida ya Ilenarlo de contenido,
Esto es lo que intentamos describir en la logoterapia con
el concepto de motivacién tedrica de una «voluntad de
sentido» (Willen zum Sinn). A primera vista podria pare-
cer que se trata de una supravaloracién del hombre, como
si-quisiéramos colocarlo sobre un alto pedestal. A este
propésito, recuerdo siempre lo que una vez me dijo mi
profesor de vuelo californiano:
«Suponiendo que quiero volar hacia el Este mientras,
sopla un viento de costado del norte, mi avién se desvia-
BIntroduccién
14 hacia el sudeste, Si entonces pongo mi aparato rumbo
hacia noreste, volaré de hecho en direccién este y aterri-
zaré donde quiero aterrizar.» gNo ocurre lo mismo con
el hombre? Si lo tomamos simplemente como es, lo ha-
cemos peor. Si lo tomamos como debe ser, entonces lo con
vertimos en lo que puede Iegar a ser. Pero esto no me lo
dijo mi profesor de vuelo californiano. Esto es una senten-
cia de Goethe. *
Sabemos bien que existe una psicologiz que se da a si
misma el titulo de «profunday. Pero gdénde esté la
teralmente sus agresiones.
‘Aqui es donde veo yo un fructuoso punto de partida
para una investigacién de Ja paz, y no en las intermina
bles repeticiones de discursos sobre los potenciales agre-
sivos, concepto con el que se hace creer a los hombres
que la violencia y Ia guerra son su destino
He analizado ya este tema en otro lugar (Existen-
tielle Frustration als itiologischer Faktor in Féllen von
aggressivem Verbalten, en Festschrift fiir Ricbard Lange
‘cum 70. Geburtstag, Walter de Gruyter, Berlin 1976).
Me contentaré, pues, aquf, con remitirme a esta expos
in y conceder la palabra a Robert Jay Lifton — exper-
to internacional en este campo — que en su libro Histo-
ry and Human Survival ha escrito lo siguiente: «Los hom
bres se sienten inclinados a matar sobre todo cuando se
hallan en un vacfo de sentido.» De hecho, los impulsos
23Introduccién
agtesivos parecen proliferar, y no en t
donde se da un vacio existencial
Lo que se ha dicho de la delincuencia puede aplicar:
se también a la sexualidad. Sélo en un vacio existencial
prolifera la libido sexual. Esta hipertrofia en el vacio au-
menta la dispgsicién a las reack
Efectivamente, lo que antes se ha dicho sobre In felicidad
y sobre su carécter de «efecto» no es menos vélido res-
pecto del placer sexual: cuanto mds se concentra uno en
el placer, tanto mas se le niega. Basindonie en una expe-
riencia clinica de varios decenios, me atrevo a afirmar que
las perturbaciones de potencia y orgasmo deben atribuir-
se, en la mayoria de los casos, a este esquema de renc-
jin, es decir, al hecho de que la sexualidad queda dis-
torsionada en la misma exacta medida en que es domi:
nada por la intencidn preconcebida y Ia atencién centra-
da en ella, Cuanto mds se desvia Ia atencién del com-
pafiero para fijarla en el acto sexual en si, tanto més com-
prometido queda el mismo acto sexual. Observamos esto
por ejemplo en todos aquellos casos en que nuestros. pa-
cientes masculinos se sienten interesados por demostrar
ante todo, su potencia; 0 en los que nuestras pacientes
femeninas tienen interés, ante todo, en demostrarse a si
mismas que son capaces, también ellas, de tener un or-
gasmo completo y que no son frigidas, Vemos una vez
més que se trata de «atrapar» algo que normalmente es
un «efector, y que debe seguir siéndolo con tal que no
se haya destruido antes
Este peligro es tanto mas amenazante cuanto que, ya
de suyo, la sexualidad prolifera en mayor medida ‘en el
vacio existencial. En la actualidad nos enfrentamos con
una inflacién sexual que — como toda inflacién, incluida
Ja de Ja moneda— va acompafiada de una devaluacién.
mo término,, alli
nes sexuales neurdticas
24
| suftimiento de la vida sin sentido
De hecho la sexualidad esté devaluada en cuanto que esté
deshumanizada. Y es que la sexualidad humana es més
que mera sexualidad, y lo es en la medida en que —en
un nivel humano— es vehiculo de relaciones transexua-
les, personales (que, por supuesto, no se dejan encade-
nar al Iecho de Procrusto, de clichés tales como «anhelos
de objetivo perturbado» © «meras sublimaciones», sélo
porque se prefiera negar Ja realidad en cuanto desborda
el marco de las simplificaciones populares). Eibesfeldt ha
podido demostrar que esta perturbacién del funciona
miento de Ia sexualidad se produce no sélo a nivel hu-
mano sino también en el nivel subhumano. También la
sexualidad animal puede ser algo més que mera sexuali
dad. Cierto que en este caso no se halla, como Ja humana,
Jaciones personales; pero !a copulacién d
mono americano zambo, por poner un ejemplo, sirve a
tun fin social, del mismo modo que, en términos genera-
les, alos comportamientos sexuales de los vertebrados se
hallan, bajo distintas formas, al servicio de la vinculacién
del grupo»
Redundarfa incluso en el més genuino interés de aque-
llos cuya tinica preocupacién es el placer y el goce sexual,
que procurasen que sus contactos sexuales quedaran in-
settos en el dmbito de las relaciones con el compafiero
que desbordan lo meramente sexual, es decir, que pro-
curasen ascender hasta un nivel humano. Ahora bien, en
este nivel la sexualidad tiene una funcién de expresién
es expresién de una relacién amorosa, de una «encarna-
cién>, de algo asi como el amor o el estar enamorado.
Uno de los resultados, y no ciertamente el de menos valor,
extrafdos de una encuesta Ievada a cabo por la revista
americana «Psychology Today» ha sido poner en claro
que la sexualidad sélo proporciona felicidad cuando cum
al servicio detroducciéa
ple las condiciones que se acaban de mencionar. De las
20 000 respuestas a la pregunta sobre qué era lo que
mas estimulaba la potencia y el orgasmo se dedujo que
el estimulo mas seguro era el «comanticismon, es decir,
estar enamorado del. compafiero, si no ya simplemente:
el amor a
Visto desde la perspectiva de wna profilaxis de las
neurosis sexuales, es deseable la méxima «personificacién>
posible de Ia sexualidad, no sélo respecto de Ix persona
del compafiero, sino también respecto de la propia per-
sona, El desarrollo y madurez sexual normal del ser hu-
mano tiende a una cteciente integracién de la sexualidad
en el entramado total ‘de Ja persona, Desde aquf se ve
claro que, a Ia inversa, todo aislamiento de la sexualidad
se opone a todas las’ tendencias de integracién y, por
ende, fomenta las tendencias neurotizantes. La desintegra-
zidn de la sexualidad — su exclusién del cohtexto tran-
sexual personal e interpersonal — significa una regresién.
ero es justamente en estas tendencias regresivas don-
de la industria del placer sexual tiene su excepcional opor-
runidad, su singular negocio. Se impone la danza en torno
al cerdo de oro, Visto, una vez més, desde la perspectiva
de Ia profilaxis de las neurosis sexuales, el aspecto fu-
resto se encuentra en la presién a la consumacion sexual
que surge de la industria de la informacién. Los psiquia-
tras sabemos a través de multiples experiencias hasta qué
punto nuestros pacientes se sienten incluso obligados, bajo
la presién de una opinién piblica manipulada por esta
industria de la informacién, a interesarse por lo sexual en
si mismo, en el sentido de una sexualidad despersonali-
vada y deshumanizada, Pero los psiquiatras sabemos tam-
bign cudnto ha contribuido todo esto a debilitar Ia poten-
cia y el orgasmo. Quien considera que su salvacién se
26
El sufrimiento de la vide sin sentido
encuentra en el refinamiento de una técnica del «amor»,
este tal no hace sino tirar por la borda el resto de aque-
a espontaneidad, de aquella inmediatez, de aquella. ni
turalidad y de aquella serenidad que son una de las con-
diciones y presupuestos de un comportamiento sexual nor-
mal, de que tan necesitados estén precisamente los ne
roticos sexuales. Todo esto no quiere decir que preten:
damos mantener tabties de ningiin tipo 0 que tomemos po-
sicién contra la libertad de ta vida sexual. Pero la liber-
tad a que se tefieren aquellos que tienen siempre en boca
esta palabra es, en iiltimo extremo, la libertad de hacer
negocios con ayuda de la llamada También podría gustarte
Logoterapia
Aún no hay calificaciones
Logoterapia
47 páginas
FRANKL
Aún no hay calificaciones
FRANKL
7 páginas
Logoretapia
Aún no hay calificaciones
Logoretapia
28 páginas
Logoterapia
Aún no hay calificaciones
Logoterapia
4 páginas