Paleosuelos
Definición
El término paleosuelo se aplica a un suelo que se ha formado en un paisaje del
pasado (Ruhe, 1956; 1965; Yaalon, 1971; Catt, 1991) o que se ha formado bajo
condiciones ambientales distintas, principalmente climáticas, con el consiguiente
cambio de vegetación. Esta definición incluye no sólo a los suelos enterrados o fósiles,
sino también a los suelos relícticos que comenzaron su desarrollo bajo condiciones
distintas a las actuales, pero que todavía continúan evolucionando hoy en día.
Por otra parte, los paleosuelos indican un período de estabilidad geomorfológica,
de no depositación ni erosión, al menos de una manera significativa. Por tal razón, son
excelentes indicadores de cambios climáticos del pasado, especialmente de datos sobre
temperaturas y precipitación, y consecuentemente de la vegetación y las condiciones de
drenaje que existían en el momento de formación (Morrison, 1978).
Para el caso de los suelos enterrados, hay considerable acuerdo en que éstos se
encuentren cubiertos por sedimentos más jóvenes, de espesor suficiente, para evitar que
la siguiente pedogénesis no los afecte en su totalidad. Por lo tanto, dicha pedogénesis no
tiene influencia sobre el suelo subyacente.
Los suelos enterrados presentan normalmente el inconveniente de que los procesos
diagenéticos transforman o afectan significativamente sus características, originando
dificultades en las interpretaciones paleoambientales y estratigráficas. Los relícticos son
menos afectados, pero contienen rasgos de dos o más cambios ambientales, por lo que
se los considera poligenéticos (Retallak, 1990).
Paleosuelos y tiempo geológico
El tipo de paleosuelo que se forma en el registro sedimentario depende de la
velocidad a la que se acumulan los sedimentos y de la existencia de interrupciones en la
sedimentación. A su vez, la duración de los intervalos de no sedimentación pueden
favorecer su desarrollo, hecho que remarca su importancia como indicadores de
condensación estratigráfica. Paleosuelos múltiples o superposición de paleosuelos
implican etapas de prolongada agradación. Varios procesos autogénicos y alogénicos,
producen episodios de estabilidad en la llanura de inundación que contribuyen a la
formación de suelos que pueden quedar preservados como paleosuelos.
Paleosuelos en sistemas agradacionales
Los paleosuelos pueden ser clasificados de acuerdo con el balance entre
sedimentos acumulados y tasa de pedogénesis.
Si la sedimentación es rápida y discontinua y no median etapas erosivas
significativas se forman paleosuelos compuestos, pobremente desarrollados.
Verticalmente estos perfiles son separados por sedimentos levemente modificados por
pedogénesis. En contraste si la sedimentación es continua, se forman gruesos suelos
acumulativos.
Utilizando los sistemas fluviales como ejemplo, los depósitos de canal pueden
mostrar sutiles evidencias de pedogénesis o pueden contener suelos compuestos cuando
la sedimentación es muy rápida (e.g., Kraus y Aslan, 1999). Como el canal migra
lateralmente en forma continua, suelos compuestos con horizontes Bt pueden formarse
en los tramos cuspidales de las barras de espolón o depósitos de derrame. La
depositación en la llanura de inundación se produce con bajas tasas, comúnmente en el
orden de 1/10 mm/año (Marriott, 1996). Dichos depósitos tienden a ser finos y
granodecrecientes a medida que nos alejamos del canal activo. Como resultado, suelos
compuestos con pobres perfiles tienden a formarse en la zona de albardón, así como
perfiles acumulativos se desarrollan en la planicie de inundación, en áreas más alejadas
del canal activo.
Procesos autogénicos y alogénicos que operan sobre periodos intermedios en la
escala de tiempo (1000 a 10000 años) pueden producir pequeñas pausas en la
depositación, así como erosión local, lo cual influye directamente en el desarrollo del
suelo. Un ejemplo de los efectos autogénicos es la avulsión en un sistema fluvial por
causa de la deriva o del desvío repentino del canal dentro de la planicie. La avulsión
puede determinar el cese de la sedimentación en una zona particular de la llanura por
periodos de tiempo que están en el orden de los 1000 años, que es la periodicidad de
avulsión (e.g., Bridge y Leeder, 1979). Esto propicia la generación de paleosuelos con
distinto grado de desarrollo dentro de la planicie de inundación.
Los cambios climáticos, como agentes alogénicos o extrínsecos, pueden también
influir en el desarrollo del suelo a una escala intermedia de tiempo. Se cree que los
paleosuelos son formados durante períodos de estabilidad en la llanura de inundación
con reducida sedimentación y condiciones climáticas relativamente húmedas (Kraus,
1999). Estas últimas propician el asentamiento de biotas que favorecen los procesos de
pedogénesis y, a la vez, contribuyen a generar traslocación de arcillas. Por el contrario,
durante períodos secos con altas tasas de sedimentación no se forman suelos. Asimismo,
cambios climáticos rápidos pueden producir perfiles de suelos truncados, debido a
erosión superficial.
En el registro sedimentario, episodios de truncamiento son eventualmente
seguidos por una renovada sedimentación. Si la sedimentación es lenta y continua,
puede resultar un perfil acumulativo-truncado; aunque si la sedimentación es rápida
puede desarrollarse un suelo compuesto-truncado (Marriott y Wright, 1993).
En sistemas fluviales los cambios climáticos pueden también causar incisión del
canal activo y desarrollo de terrazas. Comúnmente en sistemas cuaternarios, estos
episodios previos de incisión y aterrazamiento, son mayormente inferidos, más que
directamente observados. Kraus (1999) establece que presumiblemente sea un problema
de escala, ya que muchos afloramientos están probablemente restringidos a figuras de
corte y relleno ubicadas en posiciones alejadas en forma lateral. Por todo esto, los
paleosuelos podrían ser especialmente utilizados para reconocer antiguos episodios de
incisión y aterrazamiento.
Análisis estratigráfico
Estudios recientes han demostrado la utilidad de los paleosuelos para subdividir
gruesas sucesiones continentales en secuencias genéticas y resolver problemas de
correlación tanto locales como globales. Estos estudios también demuestran que los
carbonatos pedogénicos son potencialmente importantes para efectuar dataciones
absolutas en rocas continentales.
Hanneman et al.,(1994) hizo un estudio en el Grupo Bozeman (Estados Unidos
de Norteamérica), que constituye una espesa sucesión continental y en la que evidenció
que los problemas con las relaciones estratigráficas de este grupo pudieron ser
clarificadas usando calcretes para delimitar discontinuidades de magnitud cuencal y
para subdividir la sucesión en cinco secuencias. Similarmente, Ye (1995) usó
paleosuelos para correlacionar estratos miocénos en la subsuperficie y para definir la
posición de un reservorio de petróleo.
Koch et al. (1992) demostró que algunos paleosuelos tienen gran potencial para
efectuar correlaciones globales empleando relaciones isotópicas de 13C/ 12C. En cuanto
a las dataciones absolutas en este tipo de rocas, recientemente hay trabajos que indican
que la relación U/ Pb puede ser empleada para datar carbonatos pedogénicos (Rasbury
et al., 1998). Estas relaciones fueron empleadas exitosamente en estratos
neopaleozoicos.
Finalmente Wright y Marrriott, (1993) desarrollaron un modelo que predice
cómo se desarrollan etapas de madurez pedogénica y drenaje del suelo en planicies
próximas a la costa en función de los ciclos del nivel del mar. Este modelo sugiere que
durante los períodos en que el nivel del mar es bajo los suelos maduros y bien drenados
deberían formarse en terrazas que son producidas por la incisión del canal, debido al
descenso del nivel y que las llanuras de inundación no reciben sedimentos (figura 4).
Cuando el nivel del mar comienza a subir, se desarrollan suelos hidromórficos. Al
continuar este ascenso el espacio de acomodación se incrementa y la sedimentación en
la llanura aluvial es rápida conduciendo a un pobre desarrollo de paleosuelos.
Posteriormente, durante el período temprano de mar alto (highstand) la tasa de
agradación comienza a decrecer y los suelos deberían desarrollarse más fuertemente.
Finalmente, cuando el highstand llega a una etapa final el espacio de acomodación es
bajo. Se formarían suelos maduros pero probablemente su preservación potencial sería
baja porque las tasas de agradación son tan bajas que los sedimentos son intensamente
retrabajados por el canal. Intentando delimitar las secuencias interfluviales McCarthy y
Plint (1998) hicieron hincapié en la micromorfología y la morfología de campo.
Encontraron que suelos de color gris y la presencia de siderita y materia orgánica
preservada indicaba que los suelos fueron formados bajo condiciones pobres de drenaje.
La presencia de películas de arcilla y acumulaciones ferruginosas sugieren que el
drenaje se incrementó, así como la presencia de pápulas (fragmentos de películas de
arcilla) y pedorelictos, indican que los interfluvios estuvieron sujetos a un episodio de
erosión. Estos autores, atribuyen estas figuras al descenso del nivel de base, lo que
produce la incisión de los canales y el descenso de las capas freáticas. Depósitos
limosos directamente por encima de la secuencia anterior reflejan una renovada
sedimentación en los interfluvios debido al nuevo ascenso del nivel de base.
Tasa de sedimentación
Retallack (1983, 1984) intentó realizar un análisis cuantitativo de las tasas de
acumulación estimando los tiempos de desarrollo de diferentes tipos de paleosuelos,
haciendo una analogía con suelos modernos. Usar paleosuelos para estimar en forma
cuantitativa las tasas de acumulación, sufre de numerosas limitaciones. Retallack (1983,
1984) asume que los tiempos de formación de los suelos han sido siempre los mismos al
realizar una analogía entre suelos modernos y antiguos. Un segundo problema es la
erosión o las tasas de sedimentación bajas que generan suelos compuestos. Con respecto
a la erosión, la tasa de acumulación puede ser subestimada, y en relación con los suelos
compuestos puede ser sobrestimada.
Reconstrucción de paleopaisajes
Los estudios de paleosuelos/ paisaje hacen foco en la distribución espacial de los
diferentes paleosuelos y los distintos elementos del paisaje, y los procesos que producen
estos paleosuelos.
Las asociaciones paleosuelos/paisaje pueden estudiarse a distintas escalas
espaciales, desde local (e.g., un canal y la llanura de inundación asociada; una duna y la
interduna asociada) hasta escala de cuenca (e.g., un sistema de drenaje; un mar de
arena). A una escala local, los cambios laterales en las propiedades de un paleosuelo
generalmente están asociados a un cambio en la topografía y/o la granulometría. A la
escala de cuenca sedimentaria, los paleosuelos en diferentes lugares de la misma
difieren debido a la topografía, granulometría, tasa de subsidencia, y variaciones
climáticas.
Reconstrucción a escala local
Estudios de este tipo se realizaron primeramente en sucesiones aluviales (e.g.,
Bown y Kraus, 1987; Kraus,1987), siendo comunes las realizadas sobre catenas y
pedofacies, a la escala de canal y su llanura de inundación asociada. Una llanura de
inundación puede mostrar una combinación de ambas. En una catena, suelos con buen
drenaje se forman en los depósitos marginales al canal (albardón, abanicos de
explayamiento), porque se encuentran en una posición elevada en relación con el resto
de la llanura, y porque generalmente consiste de materiales permeables. Los suelos
pueden mostrar rastros de condiciones de oxidación, incluyendo un horizonte A marrón
y Bw (meteorizado o B estructural), y materia orgánica dispersa. Colores grisáceos son
más comunes en las porciones inferiores (horizontes Bg y Cg, que son enriquecidos en
yeso), porque están más próximos a la freática y son más propensos a las condiciones
reductoras. A medida que nos alejamos del canal, los suelos se tornan progresivamente
más pobremente drenados, debido a que su posición topográfica es inferior y los
sedimentos son más finos y menos permeables. Zonas anegadas, en la que las
condiciones reductoras favorecen la acumulación y preservación de materia orgánica en
un horizonte Ag y el desarrollo de un grueso y gris horizonte Bg con numerosas figuras
redox.
Los estudios de pedofacies focalizan en los cambios laterales y verticales de
acuerdo con el desarrollo pedogénico, que se produce con el incremento de la distancia
al antiguo canal (Bown y Kraus, 1987). Estos autores observaron un pobre desarrollo de
los paleosuelos en las zonas próximas al canal, y un incremento en la madurez de los
suelos junto con el distanciamiento del canal (figura 1). Los suelos pobremente
desarrollados (estadio 1) fueron encontrados en núcleos en los que predominan cuerpos
tabulares de arena (25% del espesor total del núcleo), y arenas de abanicos de
explayamiento (30% del espesor del núcleo). Los núcleos en los que la arena de
cualquier tipo es menos común fueron interpretados como distales al canal mayor. Estos
son dominados por paleosuelos con un desarrollo más marcado (estadios 2-3) como
puede predecirse en el modelo de pedofacies.
Poder identificar el estado de madurez de un suelo es importante: a) para
establecer una secuencia general de maduración, que permite identificar en una zona
cambios laterales, y entonces suelos de diferente madurez pueden ser relacionados a la
posición que habrían tenido dentro de la planicie aluvial y b) para documentar sucesivos
cambios (temporales) en la maduración del suelo compuestos y usados para determinar
cambios en cortos períodos de tiempo de las tasas de sedimentación (ver Kraus, 1987)
North (1996), especifica que el modelo de pedofacies puede ser apropiado
únicamente para sucesiones agradacionales gruesas que están dominadas por perfiles de
paleosuelos compuestos y acumulativos. A pesar que los ejemplos pre-cuaternarios en
ambientes eólicos son escasos, en el Cuaternario éstos son numerosos. Los depósitos de
loess se tornan de escaso espesor y granulometría más fina a medida que se aleja del
área de aporte, y esos cambios en el material parental producen cambios laterales en los
suelos acumulativos que se desarrollan. Estudios modernos de suelo muestran que las
diferencias composicionales están marcadas por las diferencias de tamaño de grano y
sugieren que aquellas también influyen en el desarrollo del suelo. En los sistemas
fluviales por ejemplo, las arenas que se acumulan en el ambiente canal-marginal
(albardón, canales de desborde) tienden a ser dominadas por cuarzo, feldespatos, y
fragmentos líticos (eg. Schumacher et al., 1988). En contraste, arcillas y limos, típicos
de zonas distales, están compuestas por minerales arcillosos como esmectita, illita,
caolinita, y clorita.
Reconstrucción a escala de cuenca
A esta escala los análisis de paleosuelos/paisaje pueden proveer información
sobre cambios globales o regionales en cuanto a clima, fluctuación en el nivel del mar y
aspectos tectónicos.
Alonso Zarza et al. (1992) describió paleosuelos miocenos desarrollados en
diferentes ambientes como conos aluviales, márgenes de lagos y llanuras de inundación.
Los paleosuelos fueron examinados en dos áreas contrastantes en las que las diferencias
fueron relacionadas a condiciones climáticas distintas y tasas de sedimentación.
Consecuentemente los autores pudieron usar los paleosuelos para interpretar variaciones
climáticas y de subsidencia en la cuenca.
En cuencas fluviales los cambios en los tipos de paleosuelo han sido
documentados en la dirección de la paleopendiente regional. Atkinson (1986), observó
más maduros y mejor drenados paleosuelos próximos al área de aporte. Superando una
distancia de 30 km pendiente abajo, los paleosuelos encontrados son progresivamente
menos maduros y más pobremente drenados. Atkinson (1986) atribuyó estos cambios a
la variación topográfica y al incremento de la tasa de acumulación. A distancias
superiores a los 75 km Platt y Keller (1992), también documentaron un incremento en la
madurez e hidromorfismo de los paleosuelos.
Interpretación de paleoclimas
Los paleosuelos son utilizados para interpretar los regímenes paleoclimáticos y
para cuantificar antiguos índices de precipitación media anual (MAP) e índices de
temperatura media anual (MAT). Las condiciones climáticas antiguas pueden ser
interpretadas a través de una clasificación de paleosuelos y usando analogías modernas
para inferir el régimen paleoclimático, o por identificación de propiedades pedogénicas
particulares que de acuerdo con estudios modernos tendrían significancia climática. Los
isótopos estables de carbón y oxígeno son también utilizados para interpretar climas
antiguos. Por último, la profundidad a la que los horizontes cálcicos fueron formados ha
sido utilizada para estimar paleo-precipitaciones.
Analogías con suelos modernos
Existen numerosos ejemplos de clasificaciones tendientes a interpretar
paleoclimas. Por ejemplo Mack (1992), utilizó paleosuelos aluviales para interpretar un
cambio de clima a través del límite Cretácico Inferior- Cretácico Superior en Nuevo
Méjico. Los Aridisoles fueron atribuidos a condiciones semiáridas o áridas. Éstos están
superpuestos por Inceptisoles y Alfisoles que sugieren climas sub-húmedos o húmedos.
Mack y James (1994) hicieron una analogía con el Soil map of the world.
Usando la clasificación de Mack et al. (1993), sugieren que los paleosuelos
meteorizados como son Oxisoles y Argillisoles deberían ser característicos de
paleoclimas húmedos ecuatoriales con escasas variaciones estacionales. Spodosoles y
Gleysoles son más aptos para formarse en climas húmedos (MAP > 1000 mm.), de
latitudes medias, y Calcisoles son indicativos de una zona subtropical seca (MAP <
1000 mm). Un segundo trabajo para lograr una reconstrucción paleoclimática esta
basado en estudios de suelos cuaternarios que muestran rasgos particulares, incluyendo
acumulación de arcillas y carbonato y profundidad de oxidación, pueden ser
cuantificados y relacionados con el clima (e.g., Harden y Taylor, 1983).
Profundidad del horizonte cálcico
Es una propiedad particular de los suelos que ha sido utilizada para estimar el
MAP en suelos que contienen una zona de nódulos calcáreos. Esta técnica fue
desarrollada por Retallack (1994) quién estableció una relación empírica con suelos
modernos con edades eocenas y oligocenas, para estimar paleoprecipitaciones. De todas
formas, como este autor indicó, esta técnica conlleva numerosos problemas. Primero, la
profundidad de horizonte cálcico varía con la presión y características del CO2
atmosférico, esto último ha variado a través del tiempo en forma significativa. Un
segundo problema es que el MAP puede ser subestimado en la parte superior del
paleosuelo cuando este ha sido truncado. Asimismo, influyen notablemente las
características texturales del suelo. Por último, existe el problema de los efectos de la
compactación de los sedimentos y la imposibilidad, a veces, de reconocer eventos
amalgamados.
Análisis isotópico
El valor de δ18 O de un suelo carbonático depende de la composición isotópica
del agua meteórica desde la cual se precipitó. La composición isotópica del agua
meteórica es, a su vez, influenciada por el MAT (Cerling y Quade, 1993). Por esta
relación entre composición isotópica y temperatura, los paleosuelos carbonáticos han
sido analizados para determinar cambios paleoclimáticos. Esta técnica sufre de
numerosos inconvenientes. Primero, la sobreimpresión climática, que ocurre cuando la
tasa de acumulación es pequeña, y el suelo se desarrolla bajo más de un régimen
climático (Cerling, 1984). En este caso, el carbonato tendrá una mezcla isotópica. En
segundo lugar, el oxígeno isotópico es más propenso a modificaciones diagenéticas que
el carbono.
Limitaciones
El mayor riesgo que se corre en la interpretación paleoclimática a partir de los
paleosuelos, es el impacto de las condiciones hidrológicas en el área de depositación.
Pimentel et al., (1996) encontró rasgos diagenéticos de alteración, similares a los rasgos
de suelos hidromórficos como moteados pseudogley y horizontes cálcicos. Advirtió que
los rasgos diagenéticos pueden ser confundidos con los de origen pedogénico y llevar a
interpretaciones paleoclimáticas incorrectas. A pesar que Caudill et al., (1996) afirma
que los Vertisoles calcáreos son una excelente herramienta para estimar antiguos MAP,
Aslan y Austin (1998) sugieren precaución cuando son estimadas las paleo-
precipitaciones a partir de la profundidad del horizonte cálcico, inclusive para los
Vertisoles. Estos autores concluyen que la posición de los carbonatos no es controlada
solo por el clima, sino que en buena parte lo es por la posición de la freática y que
precipita no por descenso sino por ascenso durante la estación húmeda.
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