ESTUDIOS ECONÓMICOS Y SOCIALES.
SOCIEDAD DE CONSUMO/CONSUMISTA
“El imperio del consumo”, Eduardo Galeano.
“La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más
alboroto que todos los carnavales. ...
Pero la cultura de consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la
verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por
su sombra y por los platos rotos que debe pagar.
El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y
te diré cuánto vales.
Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar.
Invisible violencia del mercado: la diversidad es enemiga de la rentabilidad, y la uniformidad
manda. La producción en serie, en escala gigantesca, impone en todas partes sus obligatorias
pautas de consumo. Esta dictadura de la uniformización obligatoria es más devastadora que
cualquier dictadura del partido único: impone, en el mundo entero, un modo de vida que
reproduce a los seres humanos como fotocopias del consumidor ejemplar.
El campeonato mundial de fútbol del 98 nos confirmó, entre otras cosas, que la tarjeta MasterCard
tonifica los músculos, que la Coca-Cola brinda eterna juventud y que el menú de McDonald’s no
puede faltar en la barriga de un buen atleta.
Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal… Cualquiera entiende, en
cualquier lugar, los mensajes que el televisor transmite. En el último cuarto de siglo, los gastos de
publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más
Coca-Cola y cada vez menos leche, y el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo
obligatorio. Tiempo libre, tiempo prisionero: las casas muy pobres no tienen cama, pero tienen
televisor, y el televisor tiene la palabra. Comprado a plazos, ese animalito prueba la vocación
democrática del progreso: a nadie escucha, pero habla para todos. Pobres y ricos conocen, así, las
virtudes de los automóviles último modelo, y pobres y ricos se enteran de las ventajosas tasas de
interés que tal o cual banco ofrece.
Los expertos saben convertir a las mercancías en mágicos conjuntos contra la soledad. Las cosas
tienen atributos humanos: acarician, acompañan, comprenden, ayudan, el perfume te besa y el
auto es el amigo que nunca falla. La cultura del consumo ha hecho de la soledad el más lucrativo
de los mercados.
La publicidad no informa sobre el producto que vende, o rara vez lo hace. Eso es lo de menos. Su
función primordial consiste en compensar frustraciones y alimentar fantasías: ¿En quién quiere
usted convertirse comprando esta loción de afeitar?
El criminólogo Anthony Platt ha observado que los delitos de la calle no son solamente fruto de la
pobreza extrema. También son fruto de la ética individualista. La obsesión social del éxito, dice
Platt, incide decisivamente sobre la apropiación ilegal de las cosas. Yo siempre he escuchado decir
que el dinero no produce la felicidad; pero cualquier televidente pobre tiene motivos de sobra para
creer que el dinero produce algo tan parecido, que la diferencia es asunto de especialistas.
El shopping center, o shopping mall, vidriera de todas las vidrieras, impone su presencia
avasallante. Las multitudes acuden, en peregrinación, a este templo mayor de las misas del
consumo. La mayoría de los devotos contempla, en éxtasis, las cosas que sus bolsillos no pueden
pagar, mientras la minoría compradora se somete al bombardeo de la oferta incesante y
extenuante.
La cultura del consumo, cultura de lo efímero, condena todo al desuso mediático. Todo cambia al
ritmo vertiginoso de la moda, puesta al servicio de la necesidad de vender. Las cosas envejecen en
un parpadeo, para ser reemplazadas por otras cosas de vida fugaz…
ACTIVIDAD:
1.- ¿Qué imagen de sociedad nos trasmite Galeano en el texto?
Fundamenta.
2.- ¿Qué lugar ocupa la globalización en una sociedad de consumo?
3.- Lee el siguiente fragmento de noticia y argumenta tu opinión al
respecto.
“(…) la verdad es que no somos una sociedad consumista. Es cierto
que las clases medias han accedido a un mayor nivel de consumo en
esta década. Pero también es cierto que estamos muy lejos de los
altos niveles que se verifican en las sociedades desarrolladas. En
Uruguay, con niveles de ingreso medio por hogar según el INE de algo
más de $ 43.000 pesos al mes a fines de 2014, nadie puede decir que
las familias se puedan permitir alocadas carreras consumistas. A
pesar del boom de ventas de automóviles de estos años, por ejemplo,
la mayoría de los hogares siguen sin tener vehículo propio.
No está mal que la gente consuma. No es pecado. Al contrario, es un
motor fundamental de la economía que permite acceder muchas veces
a un mayor confort cotidiano gracias a ciertos bienes de equipamiento
del hogar, o también a un mayor esparcimiento.
(…) No somos una sociedad consumista. Simplemente, tenemos un
poco más de bienestar que antes. Y eso no está mal.
Fuente: Diario El País, columna de opinión, marzo de 2015, disponible
en www.elpais.com.uy/opinion/editorial/sociedad-consumista.html
4.1- Analiza y reflexiona sobre la siguiente frase:
“Además de tratarse de una economía del exceso y los desechos, el
consumismo es también, y justamente por esa razón, una economía
del engaño.
Apuesta a la irracionalidad de los consumidores, y no a sus decisiones
bien informadas tomadas en frío; apuesta a despertar la emoción
consumista, y no a cultivar la razón.” Z. Bauman.
4.2.- ¿Qué peligros encierra el consumismo y cuáles son sus posibles
daños colaterales?