EL MINISTRO Y SU RELACIÓN CON LA IGLESIA
Por Gilber Fauss G.
Ministrar en la iglesia constituye el más alto privilegio. Nada podría ser más honorable o tener mayor
significado eterno que servir a nuestro Señor Jesucristo en su obra. Este privilegio es también la más
seria responsabilidad que una persona puede tomar porque el desempeño de su labor no solo
determina la salud del creyente en esta vida, si no que las implicancias de esta trasciende hasta la
vida eterna. Aunque la tarea pastoral es amplia y cubre diversos campos desde el llamamiento,
capacitación divina, desarrollo de competencias e integridad; el presente trabajo trata de sintetizar
en primer lugar, los tres roles principales de la labor pastoral en relación con la Iglesia, para luego
enfatizar la manera como deben cumplirse estos roles; pues en la tarea pastoral, no solo cuenta el
¿qué debo hacer?, sino también la forma ¿cómo debo hacer?
Roles del Pastor:
Pablo dirigiéndose a los creyentes de Tesalónica, ruega valorar a un grupo de personas especiales
dentro del cuerpo de Cristo, “Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre
vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; (1Tesalonicenses 5:12-13)”, señala que ellos
cumplen tres valiosas tareas; trabajan, presiden y amonestan. Sin duda alguna, el apóstol está
refiriéndose a los pastores que velan por el rebaño del Señor. En ese sentido, podemos inferir que
los tres roles más importantes del ministro frente a la Iglesia son: El pastor como obrero, el pastor
como líder y el pastor como consejero.
El Pastor como obrero: Pablo utiliza la palabra “kopiáo” para referirse al trabajo que realiza el pastor
a favor de la vida espiritual de los hermanos. Pablo usó a menudo este verbo cuando pensaba en
trabajo que requería esfuerzo extremado y que a su vez provocaba agotamiento. Lo usó en conexión
con trabajo manual (1 Co. 4:12; Ef. 4:28; 2 Ti. 2:6; cf. el nombre en 1 Ts. 1:3; 2:9; 2 Ts. 3:8) y también
con referencia a la obra religiosa (Ro. 16:12 dos veces; 1 Co. 5:10; Gá. 4:11; Fil. 2:16; 3:16; 1 Ti. 4:10;
5:17), es decir nos habla de un trabajo duro, arduo que exige gran esfuerzo al punto de quedar
exhausto. En efecto cuidar de los hermanos de la congregación demanda, entre otras cosas, dedicar
horas al estudio concienzudo de la palabra de Dios con el propósito de alimentar la Iglesia mediante,
la predicción y la enseñanza de la palabra de Dios, debe meditar cuidadosamente la aplicación de
esta palabra a las situaciones particulares de los creyentes, a fin de responder a problemas álgidos
que atraviesan los creyentes, tales como: crisis familiares, enfermedades, muerte, entre otros.
Además, requiere tiempos de oración y ayunos personales a favor de los creyentes, y este arduo
trabajo, muchas veces , se realiza en un contexto de escases de recursos, presión emocional y
espiritual, tal como lo señala Pablo en 2 Co 11:27-29 “ …en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en
hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí
se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias. ¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿A
quién se le hace tropezar, y yo no me indigno?”. La función del pastor como obrero, es atender a los
miembros de la congregación en sus necesidades espirituales, manteniendo contacto cercano,
visitando sus casas, y cuando están en los hospitales, compartiendo las tristezas y alegrías en medio
de la bendición y la prueba. El estilo del pastorado de Pablo era ampliamente conocido y estaba
marcado por una vida de servicio al creyente en el campo, en el contacto personal , por esta razón
escribe: “ Cuando vinieron a él, les dijo: Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros
todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia, sirviendo al Señor con toda humildad, y con
muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos; y cómo nada que
fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas”. Hch 20:18-20. El
pastor como Obrero del Señor debe estar orientado a servir a los creyentes.
El Pastor como Líder: la palabra “presiden”, indica literalmente “pararse ante”, implica liderar,
dirigir con autoridad, supervisar, tomar decisiones, dar dirección a la iglesia, y en el buen sentido es
“gobernar”. El responsable directo de la marcha de la Iglesia es el pastor. El pastor como líder,
necesita tener claro el rumbo a donde conduce la Iglesia, saber administrar los recursos , en especial
debe entender que su labor es trabajar con las personas, a las que debe inspirar con su ejemplo
(1Timoteo 4:12, 1Corintios 11:1, Hebreos 13:7), entrenarlas, y crear espacio para que cumplan el
ministerio que Dios les ha dado, tal como dice Efesios 4:11 y 12 : “El dio a algunos el ser apóstoles,
a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos
para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo. El pastor como líder de la
congregación debe estar orientado a desarrollar a los creyentes a fin de que estos sean útiles en la
obra del Señor.
El Pastor como consejero: “Os amonestan”, el Apóstol Pablo emplea la palabra “noudseleo”,
significa hacer entender algo a alguien; en sentido positivo: enseñarle, en sentido negativo:
corregirlo. En ambos casos no se trata del intelecto sino del alma o voluntad con el único propósito
de recuperar a la persona en el plano espiritual. Aunque el ministro se esfuerza en explicar de la
manera más didáctica posible las verdades del evangelio, muchas veces se hace necesario
confrontar y aconsejar personalmente al creyente con el propósito de corregir una conducta
inadecuada que podría llevarlo a la perdición (1Tesalonicenses 5:14, 2Tesalonicences 3:11-15,
Gálatas 4:16). El Pastor como consejero debe estar orientado a formar el carácter del creyente.
Las Motivaciones del Pastor
El Apóstol Pedro dirigiendo también a pastores, señala tanto la labor que deben desempeñar así
como las correctas motivaciones que debe tener los ministros en el servicio, “Ruego a los ancianos
que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo,
que soy también participante de la gloria que será revelada. Apacentad la grey de Dios que está
entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta,
sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo
ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona
incorruptible de gloria (1Pedro 5:1-4)
Servicio motivado por amor a Jesucristo y no por obligación: En primer lugar consideramos la
declaración negativa “no por obligación”. En griego, la expresión adverbial que en el Nuevo
Testamento aparece solamente aquí, significa “por coerción” o “por fuerza o restricción”. La actitud
deseada es semejante a la de una persona que entrega sus donaciones: “cada persona dé como
propuso en su corazón, no con tristeza, ni por necesidad, porque el Señor ama al dador alegre” (2
Co. 9:7). Desde el punto de vista positivo, un pastor debe servir voluntaria y espontáneamente para
agradar a Dios (comparar con Filemón 14). Lo hace libremente, con el único propósito de cumplir
con la voluntad de Dios. Al hacerlo, demuestra su amor y su gratitud hacia Dios. Sin duda alguna, el
apóstol Pedro está recordando la conversación que tuvo con el Cristo resucitado: “Cuando
hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le
respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos” (Juan 21:15).
Servicio motivado por el entusiasmo y no por ambición al dinero: “No por ganancia deshonestas”,
En segundo lugar, la prohibición ni por ambición de dinero es reveladora, ya que este es uno de los
vicios que los ancianos deben evitar (1 Ti. 3:3, 8; Tit. 1:7, y véase 11). Durante su ministerio terrenal,
Jesús instruyó a los discípulos al decirles: “El obrero es digno de su salario” (Lc. 10:7). Pablo amplía
este pensamiento cuando escribe acerca del sostén material del predicador. Él dice: “…los que
anuncian el evangelio que vivan del evangelio” (1 Co. 9:14). Y en las epístolas pastorales Pablo indica
que los ancianos recibían remuneración por sus tareas en la iglesia. “Los ancianos que gobiernan
bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar”
(1 Ti. 5:17) En el versículo siguiente, Pablo cita el dicho de Jesús:”…digno es el obrero de su salario”,
para demostrar que el término honor incluye el sostén financiero. Los ministros, sin embargo, deben
evitar todo deseo de enriquecerse. Si se dieran a este deseo, cometerían el pecado de avaricia, “que
es idolatría” (Col. 3:5). “Lo que se prohíbe no es el deseo de una remuneración adecuada, sino una
ambición sórdida de ganancia”. Pedro dice a los ancianos que no sean avaros, sino que deben tener
“afán de servir”. Dice que deben estar llenos de entusiasmo en su tarea de servir al pueblo de Dios.
Deben hallar su satisfacción en servir a Cristo, no en servir al dinero.
Servicio subordinado a Cristo y no motivado por el poder
En tercer lugar, como pastores del rebaño, los ancianos reciben su autoridad directamente del Jefe
de los pastores (v. 4) por medio del Espíritu Santo (Hch. 20:28). Sin embargo, no deben abusar de
esta autoridad; de allí viene la advertencia: “no dominando a los que están a su cuidado”. Es decir,
Jesús les ha dado el encargo de servir al pueblo de su rebaño. Las palabras no dominando “hablan
de un gobierno autocrático y despreciativo sobre el rebaño”. Si bien Jesús delega autoridad en los
líderes de la iglesia (véase 1 Ti. 5:17) ningún anciano debe abusar del poder que ha recibido. Cuando
Pablo escribe a los cristianos de Corinto, él promueve su estabilidad espiritual. Les dice: “No que nos
enseñoreamos de vuestra fe, sino que colaboramos para vuestro gozo, porque es por la fe que
permanecéis firmes” (2 Co. 1:24, cf. también Ez. 34:4). Los apóstoles Pedro y Pablo nunca usaron su
oficio apostólico para ganancia personal. Se colocaron a la par de los miembros de la iglesia para
fortalecer al débil, sanar al enfermo y vendar al herido. Pedro nota que los ancianos deben servir al
pueblo que ha sido confiado a su cuidado. En griego, Pedro dice literalmente: “no dominando las
partes”. Las partes son “las diversas partes de la congregación que han sido asignadas como
‘porciones’ a los presbíteros en forma individual”. Jesús, entonces, confía diversas partes de su
iglesia a los ancianos y los considera responsables ante Dios por el trabajo que cumplen (véase Heb.
13:17). Los ancianos sirven al pueblo de Dios no por sus capacidades naturales de liderazgo ni
porque Pedro los haya ordenado como presbíteros. Sirven porque Jesús el Jefe de los pastores los
ha llamado a esta tarea. Los líderes de la iglesia deben “ser modelos del rebaño”. Pablo instruye a
Timoteo que sea ejemplo de los creyentes en el hablar, en la vida, en el amor, en la fe y en la pureza
(1 Ti. 4:12; y véase Tit. 2:7). Los ancianos deben instar a la gente a imitarlos en la verdadera
obediencia al evangelio de Cristo. Además, cuando estos líderes proclaman la Palabra con fidelidad
y viven en consonancia con ella, están realzando al nombre de Cristo y fortaleciendo asimismo su
propia autoridad. En suma, para los ancianos las palabras y los hechos deben ser sinónimos (1 Co.
11:1; Fil. 3:17).
Conclusión
El pastor de la iglesia tiene bajo su cargo una gran responsabilidad, es por ello necesario reflexionar
sobre los principios que sustentan su ministerio dentro de la Iglesia, teniendo a Jesús como modelo,
y contextualizando su desarrollo en la sociedad.
Los ministros de Dios deben ser líderes serviciales, humildes, con autoridad espiritual, con
capacidad para trabajar en equipo y para reconocer y potenciar capacidades y dones en otros.
La motivación principal del ministro Dios quien sirve a la iglesia debe estar basada en el servicio y
no buscar el beneficio propio.