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Glosario de Romano

El documento contiene definiciones y descripciones de varios términos legales e históricos relacionados con el derecho en la antigua Roma. Incluye explicaciones sobre la jurisprudencia pontifical y laica, las funciones de los juristas romanos antiguos como responder preguntas y asesorar, y el proceso de divinización de los emperadores romanos después de su muerte.
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Glosario de Romano

El documento contiene definiciones y descripciones de varios términos legales e históricos relacionados con el derecho en la antigua Roma. Incluye explicaciones sobre la jurisprudencia pontifical y laica, las funciones de los juristas romanos antiguos como responder preguntas y asesorar, y el proceso de divinización de los emperadores romanos después de su muerte.
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MOTU PROPIO: Es un documento de la Iglesia Católica emanado directamente

del Papa, por su propia iniciativa y autoridad. Contiene la promulgación de una


ley particular, que modifica y perfecciona la Constitución Apostólica.

ANTINOMAS: Palabra griega, compuesta de anti, contra, y de nomos, ley. Es,


pues, la contradicción real o aparente entre dos leyes, o entre dos pasajes de
una misma ley.

RITUALIDAD: Observancia de los ritos o formalidades establecidos en la


realización de algo. La definición de ritualidad a la constitución,
índole, particularidad, aspecto, condición, naturaleza, cualidad, esencia,
atributo, estado, virtud, naturaleza, calidad, propiedad y característica de
ritual, lo relacionado con el rito como costumbre o ceremonia.

TEÓFANES: llamado el Confesor o el Isauro, fue un aristócrata bizantino que,


tras un breve matrimonio, abandonó sus privilegios para hacerse monje y asceta.
Tomó partido contra los iconoclastas y fue por ello encarcelado en una prisión
del Bósforo y posteriormente debió exilarse por orden de León V el Armenio.
Teófanes es famoso por haber escrito una Crónica que continúa la de Jorge
Sincelo, en la que narra la historia del Imperio
romano desde Diocleciano hasta Miguel I Rangabé. Se le venera como santo.
IUS PUBLICE RESPONDENDI: La actividad de los juristas, quienes daban consejo y
asistencia jurídica (responsa prudentium) fue una constante en la historia de
Roma, siendo una actividad que al principio, en la época monárquica y gran parte
de la republicana, estuvo a cargo de los Pontífices. Dictada la ley de las XII
Tablas, hechas públicas las fórmulas secretas, y con Tiberio Coruncanio, primer
plebeyo en llegar al pontificado máximo que comenzó a enseñar el Derecho y su
interpretación, comenzó una etapa donde el Derecho inicia un proceso de
secularización, y surgen los primeros juristas laicos, como Publio Papirio, Appio
Claudio, Marco Porcio Catón, Publio Mucio Scaevola, Servio Sulpicio Rufo, siendo
el último enumerado por Pomponio en el Digesto, Salvio Juliano, que fue el
encargado por el emperador Adriano, de redactar el Edicto Perpetuo.
APOTEOSIS: Es un término que deriva del latín apotheōsis y que encuentra su
origen más remoto en un vocablo griego que puede traducirse
como “deificación”. El concepto puede referirse a la concesión de la dignidad de
los dioses a los héroes.
DIVINIZACIÓN: Divinización o consecratio, en la religión de la Antigua Roma, era
un acto ritual por la que un mortal era elevado al estado de divinidad, era subido
al cielo (apoteosis) y era llamado a participar de los honores a ellos dedicados.
Este culto imperial se rendía a los emperadores y a los miembros de la familia
imperial fallecidos y divinizados oficialmente por un decreto del senado romano.
La consecratio era desconocida durante la República romana. Para adquirir esta
nueva naturaleza divina, era necesario que el Senado decretase la consecratio,
en función de los méritos y de la obra del emperador o de los miembros de la
familia imperial.
Conseguían el apodo de divus (divinos, deificados), en el caso de los hombres
o diva (divinas, deificadas), en el de las mujeres, como tales divinidades y
contaban con su propio sacerdocio y se realizaban ceremonias regularmente en
su honor.
Fue muy común acuñar monedas conmemorativas de los fallecidos divinizados,
desde Julio César, que solían representar en su reverso un motivo que hiciera
referencia al ritual, como el águila, símbolo de Júpiter, que transporta el alma
del fallecido, una pira funeraria o un ave fénix, y la leyenda CONSECRATIO.
La parte principal de la ceremonia se llevaba a cabo en el Campo de Marte,
donde había una pira (rogus) de leña, pero que hábilmente dispuesta
exteriormente, se asemejaba a un altar o plataforma de tres o cuatro plantas
con sus secciones disminuyendo con la altura. Exteriormente se decoraba con
estatuas, cortinajes y otros ornamentos. En la segunda planta se situaba un diván
incluyendo la imagen de cera del difunto rodeada de todo tipo de hierbas
aromáticas.
Esta ceremonia intentaba hacer del funus imperatorium una especie
de triunfo del divinizado, donde participaban el Senado, el ejército y el pueblo.
Se prendía fuego a la pira y se realizaba una parada de caballería para rendir
honores al nuevo divinizado, se soltaba un águila desde la parte superior de la
pira, como apareciendo de entre las llamas, que en vuelo ascendente se dirigía
hacia el cielo portando el alma del difunto. Era el águila que simbolizaba a
Júpiter que representaba la victoria sobre la muerte. Finalmente, un testigo, ya
fuese un senador o un sacerdote, debía confirmar haber visto al espíritu del
fallecido abandonar la pira y subir hacia el cielo.
JURISPRUDENCIA: El concepto IURISPRUDENTIA en su origen latino proveniente
de “iuris” (Derecho) y “prudentia” (conocimiento o sabiduría). El jurista romano
Ulpiano definía la jurisprudencia como el conocimiento de las cosas tanto divinas
como humanas, y también como la ciencia de lo justo y lo injusto. En este
sentido jurisprudencia significaba lo que hoy llamamos doctrina, o sea, el
conocimiento de la ciencia del Derecho. Quien ejercía este rol de conocedor del
Derecho recibía la denominación de jurisconsulto, que era aquel capaz, al
conocer profundamente las cosas divinas y humanas, de discernir lo justo de lo
injusto. Actualmente se entiende por jurisprudencia a los fallos que se reiteran
sobre un asunto determinado, y que se convierten en fuente del Derecho al
poder ser invocados por las partes para defender sus derechos, y tenidos en
cuenta por el Juez al dictar sus sentencias.
La jurisprudencia es la ciencia del derecho, tanto público como privado y el
jurisconsulto romano del siglo III,Domicio Ulpiano define la jurisprudencia del
siguiente modo: una justa noticia de las cosas divinas y humanas y una ciencia de
lo justo y de lo injusto.
En Roma la calidad de legislador no fue confundida como en otras partes, con la
del jurisconsulto:
 La primera pertenecía a aquellos que gozaban del poder público
 La segunda pertenecía o se daba a aquellos ciudadanos que solo se
ocupaban en el estudio y en la interpretación de las leyes
JURISPRUDENCIA PONTIFICIAL: La jurisprudencia se consideraba labor de los
pontífices. Éstos formaban el más importante de los cuatro colegios sacerdotales,
tenían competencia en cuestiones de derecho sagrado y también de derecho
civil, ya que el derecho estaba vinculado a la religión.
Los pontífices eran los intérpretes supremos del fas o voluntad de los dioses y de
las antiguas mores o costumbres que formaban el núcleo principal del derecho
arcaico.
En el régimen político de la antigua Monarquía, los pontífices eran miembros de
la clase patricia y gobernante; podían dedicarse a desempeñar cargos públicos
sin recibir una compensación económica.
En el proceso de liberalización y democracia que de la Monarquía lleva a la
República, la clase patricia que era la única que tenía acceso al colegio
pontifical, tuvo que compartir también el alto sacerdocio con los plebeyos. Esto
se debe a Tiberio Coruncanio, que fue el primer pontífice máximo plebeyo.
Los primeros juristas laicos que menciona la tradición son Sexto y Publio Elio
Peto, que fueron cónsules y censores. Sexto Elio publicó unos Commentaria
atripartita que fue la primera obra jurídica, que contenía los elementos del
derecho, es decir, el texto de la ley de las XII tablas, la interpretatio a esta ley y
las fórmulas procesales.
Los pontífices, como los magistrados, formaban una clase aristocrática que
gozaba de prestigio y autoridad ante sus conciudadanos. Los pontífices daban
opiniones y respuestas sobre actos y respuestas o sobre las fórmulas del
procedimiento.
Por su carácter aristocrático, las respuestas de los pontífices se basaban en su
propio prestigio o auctoritas, más que en razonamientos o argumentos, no
aceptaban compensaciones económicas por sus respuestas, tampoco se
dedicaban a la enseñanza, considerada como una ocupación de rango inferior.
Su actividad fue creadora ya que extendieron los rígidos formularios negociables
a otros supuestos y circunstancias, regulando nuevas fórmulas para las
necesidades de la práctica. Así ocurre con la mancipatio utilizada como acto
abstracto para alcanzar diversos fines, con la stipulatio, la solutio y otros.
JURISPRUDENCIA LAICA: Esta siguió después de la pontificial, esto sucedió no
solo porque el derecho se secularizo si no por los hechos. La ley de las doce
tablas hizo también obligar a los pontífices a seguirla.
En el siglo III a.C podemos considerar existente una jurisprudencia laica que
consolida la distinción entre las fas, licitud de un acto conforme a la voluntad de
los dioses, el ius, el derecho objetivo, la norma abstracta y la lex, referida a
disposiciones concretas reguladoras de una determinada materia.
La defensa de los litigantes en los procesos se encomendaba a retóricos y
abogados que argumentaban sobre los hechos que habían originado el pleito: si
no era cierto, los hechos alegados por las partes y los medios de prueba referidos
a tales hechos.
La actividad de los juristas puede concretarse en el desarrollo de las siguientes
funciones:
Respondere: Responder a las cuestiones o dudas planteadas por
particulares, magistrados y jueces. Es la actividad más importante y
constante en el tiempo de los juristas.
Cavere: El tecnicismo y formalismo en los negocios. Hace referencia a las
garantías y cautelas que se introducían en los negocios para mayor
seguridad en su cumplimiento.
Agere: Asesoramiento relativo a fórmulas o normas procesales. Son
características de la jurisprudencia laica la publicidad y gratuidad que
nacía en la práctica, no todas las familias podían apoyar la vocación a la
dedicación a la jurisprudencia de sus componentes. El jurista ganaba honra
y popularidad, lo que suponía una buena base para iniciar una carrera
política para empeñar cargos públicos.
CNEO FLAVIO: Era hijo de un liberto y en el año 304 fue elegido edil, lo que
suponía todo un triunfo para la nueva clase de comerciantes y artesanos que se
había ido fraguando en los últimos años. Su labor legislativa continúa la línea
reformista marcada por Apio Claudio Caudex al intentar recortar los poderes de
la clase patricia. Publicó un calendario donde aparecían los días de fiesta y los
que no lo eran y reguló las fórmulas relacionadas con el procedimiento judicial,
publicando en el foro una lista que contenía los días de los juicios. El golpe
asestado a la aristocracia patricia y a los colegios sacerdotales marcará una
nueva tendencia que limitará, paulatinamente, los privilegios del patriciado
TIBERIO CORUNCANIO: (en latín, Tiberius Coruncanius), muerto en 241 a.  C.,
fue un político y militar de la República romana que ocupó el consulado en el año
280 a.  C. Es conocido por su participación en la guerra contra el rey Pirro de
Epiro y por haber sido el primer Pontifex Maximus de origen plebeyo de la
República. Es posible que también fuese el primer profesor de Derecho romano.
Se cree que Tiberio Coruncanio procedía de una familia plebeya que podría
proceder de Tusculum.
Fue elegido cónsul en 280 a. C. junto con Publio Valerio Levino, dirigió
una expedición militar en Etruria contra las ciudades etruscas de los vulsinienses
y vulcientes. Por estas victorias fue honrado con un triunfo a principios del año
siguiente.
Cuando Pirro de Epiro invadió la península itálica y derrotó a las legiones
romanas de Levino en la batalla de Heraclea, las legiones de Tiberio fueron
llamadas de vuelta a Roma para preparar la defensa del territorio romano.
En el año 270 a. C. parece haber sido censor con Cayo Claudio Canina.
Entre los años 254 y 253 a. C. fue elegido pontifex maximus, principal sacerdocio
de la República romana. Fue la primera ocasión en que un plebeyo ocupaba dicho
cargo. En 246 a. C. fue nombrado dictador para celebrar los comicios para evitar
la necesidad de llamar a los cónsules, que estaban destinados en Sicilia.
Murió en 241 a. C., siendo sustituido como pontifex maximus por Lucio Cecilio
Metelo.
TERENTILIO ARSA: Fue un tribuno de la plebe de la República romana en
462 a. C. cuenta la leyenda que en el 461 propuso el nombramiento de unos
Magistrados especiales para la redacción y publicación de unas leyes que
resolviesen la situación de desventaja jurídica, por así decirlo, de los plebeyos.
Inicialmente, el Senado se opuso a tal propuesta, pero al fin, fueron enviados a
Atenas tres ciudadanos romanos con el fin de conocer las leyes de esta ciudad,
que eran las leyes elaboradas por el sabio Solón, la embajada regresó a Roma en
el 451, se suprimieron las magistraturas ordinarias, incluida la del tribunado de
la plebe y se nombró una Magistratura extraordinaria denominada el colegio de
los decemviros integrado por diez varones patricios.
Estas Magistratura (decemviros) redactó diez tablas de normas que después
fueron aprobadas por los comicios centuriados, más tarde se nombró un segundo
decemvirato del que formaban parte ya tres plebeyos, éste redactó otras dos
tablas de normas que, arbitrariamente, ya no fueron sometidas a consideración
de los comicios. En efecto, Las doce tablas quedaron expuestas en el foro.
La ley de las XII tablas es ya un hecho histórico; como lo es la existencia de sus
autores, los decemviros, pero la leyenda de Terentilio Arsa no es digna de
crédito, se explica, sin embargo, si tenemos en cuenta que la publicación de la
ley de las XII tablas significó que el derecho hasta entonces monopolizado por el
colegio de los pontífices que estaba integrado en su totalidad por patricios
quedara expuesto al conocimiento de todos, también de los plebeyos, en ese
sentido, la ley de las XII tablas bien puede presentarse como una conquista de la
plebe.
CÓNSULES: Los cónsules romanos fueron los máximos gobernantes de
la República romana, elegidos de a pares, tenían la tarea de gobernar a Roma y
reportar sus decisiones y acciones ante el Senado. En el campo político de la
República el cónsul era el último escalafón del Cursus Honorum, y su poder e
influencia eran tan grandes que los años en sí mismos se nombran en relación a
los cónsules que ocupaban el cargo.
Desde los inicios de la República los cónsules alcanzaron un poder muy superior
al de cualquier otro magistrado romano, de hecho, eran la cabeza política de la
República. Según nos relata Polibio de Megalopolis en su trabajo Historia del
mundo, estos hombres eran muy similares en sus poderes y responsabilidades a
un rey. No obstante, con la gran diferencia de poseer un cargo temporal y deber
ejercerlo de a pares (lo que llevaba a que exista un control y balance mutuo de
poder entre ambos cónsules)
El poder de los cónsules romanos disminuyó considerablemente en la era
imperial. De ser un cargo de poder máximo pasó, como muchas otras
magistraturas de importancia en la República, a convertirse simplemente en un
cargo honorifico. Es decir, a convertirse en un título que otorgaba prestigio, pero
no conllevaba una posición de poder importante consigo. Por fortuna son muchas
las fuentes históricas que poseemos a nuestra disposición sobre las
características de esta magistratura a lo largo del tiempo, razón por la cual se ha
podido reconstruir y entender con exactitud el alcance y significado de dicho
cargo y como fue evolucionando con el pasar de los siglos.
PRETOR: Es un término que se utilizaba en el Imperio Romano para nombrar a
un magistrado ubicado, en la escala jerárquica de la administración pública, por
debajo del cónsul. Los pretores se encargaban de desarrollar interdictos para
mantener la armonía en los vínculos entre privados, organizar las primeras
etapas de un juicio y realizar otras funciones judiciales.
Magistrado romano que ejercía jurisdicción en todo tipo de pleitos tanto
en Roma como en las provincias. En los primeros tiempos de la república romana,
el término pretor, que en general significaba persona que tenía mando, servía
para designar a los cónsules, porque estaban colocados al frente de los ejércitos
y por tanto significó en los primeros tiempos de Roma, el cónsul, comandante en
jefe del ejército.
Pero en el año 366 se creó en Roma con el título particular de pretor, una nueva
magistratura, cuya función consistía en administrar justicia. Los plebeyos no
llegaron a la pretura sino hasta el 337.
EDILES: Esta es una magistratura que no simplemente fue un cargo más de los
tantos que existieron en el estado Romano, es un mapa, un testamento histórico.
En sus cambios y variaciones a lo largo de los siglos podemos obtener un
panorama claro y concreto de las varias transformaciones que fue
sufriendo Roma durante sus distintos períodos.
Magistratura nacida del calor reinante producto de las luchas entre plebeyos y
patricios fue convirtiéndose, gradualmente, en una oficina tan necesaria para el
correcto funcionamiento urbano de Roma que es irónico y llamativo lo rápido y
sagaz de los eventos y decisiones que esfumaron su importancia con el nacer el
Imperio.
De todas maneras, y a pesar de la llamativa cantidad de tareas realizadas por
éstos oficiales, pasaron a la historia como los encargados de velar por la
integridad de los edificios y templos, así también como la de ser los
organizadores de infinidad de juegos y festivales. Sin embargo, las ambigüedades
de este cargo se hacen más cuantiosas y notables al ver que en realidad era una
magistratura menor, a la cual, irónicamente, aspiraban con altos deseos todos
los hombres ambiciosos quienes pretendían ganarse el apoyo popular pagando los
juegos y festivales de su bolsillo.
CUESTOR: Apareció Roma con el consulado y constituyó una magistratura de
rango menor, ya que los cuestores fueron meros auxiliares de los cónsules, que
estos elegían libremente. En un principio fueron cuatro, dos por cada cónsul,
pero este número se fue elevando para llegar a cuarenta en la época de Cesar.
Además de su función de ayudantes de campo de los cónsules, los cuestores
tuvieron el ejercicio de la jurisdicción criminal en las causas que podían implicar
pena capital, como el parricidio (quaestores parricidii). Desempeñaron también
un papel de importancia en la administración del tesoro público (aerarium populi
romaní).
Es un tipo de magistrado de la antigua Roma perteneciente a las magistraturas
menores, llamadas así por ser un funcionario electo por los comicios tribunados.
Los primeros cuestores fueron jueces encargados de los casos de asesinato y de
insurrección o alta traición. Con el tiempo su denominación más común fue
Decumviri Perduillionis et parricidii.
CENSOR: En Roma, durante la época de la república, magistratura ordinaria
mayor, sin imperio, integrada por dos censores elegidos cada cinco años, por
los comicios centuriados a propuesta de los cónsules.

En el término de dieciocho meses debían confeccionar el censo con


la estimación de bienes necesaria para la integración de las clases y
la imposición del tributum.

Tenían a su cargo el ejercicio de la cura morum, es decir del cuidado de


las costumbres, con el objeto de castigar toda conducta inmoral y perniciosa
para Roma con una sanción, la nota censoria, que consistía, según la gravedad de
la falta cometida, en expulsar del senado o no admitir en su seno, en rebajar de
clase, en transferir de tribu o bien en la privación de participar en los comicios
curiados.

Se estima que los plebeyos pudieron llegar a la censura en el mismo año que


tuvieron acceso al consulado, pero al primer censor plebeyo recién se lo ve
figurar en el año 351 A. C. Y dos siglos después el tribunal censorial fue ocupado
por dos plebeyos

ESTOICISMO DE ROMA: Es una escuela filosófica fundada por Zenón de Citio en


el 301 a. C. Su doctrina filosófica estaba basada en el dominio y control de los
hechos, cosas y pasiones que perturban la vida, valiéndose de la valentía y la
razón del carácter personal. Su objetivo era alcanzar la felicidad y la sabiduría
prescindiendo de los bienes materiales.
Durante el período helenístico adquirió mayor importancia y difusión, ganando
gran popularidad por todo el mundo grecorromano, especialmente entre las
élites romanas. Su período de preeminencia va del siglo III a. C. hasta finales del
siglo II d. C. Tras esto, dio signos de agotamiento que coincidieron con la
descomposición social del alto Imperio romano y el auge del cristianismo.
La escuela estoica fue fundada por Zenón de Citio en el 301 a.C. y surgió
paralelamente con otros nuevos postulados filosóficos como el epicureísmo, el
escepticismo, el cinismo o el neopitagorismo en respuesta a los profundos
cambios que convulsionaban la Grecia de finales del siglo IV a.C. (la crisis de la
Polis en tanto en cuanto agente socializador de una comunidad de habitantes
tras su pérdida de autonomía frente al dominio macedónico, y la crisis de
identidad entre el nuevo cosmopolitismo heleno que integraba a los diversos
pueblos de las tierras conquistadas por Alejandro y el viejo etnocentrismo griego)
y, en consecuencia, una respuesta a las corrientes de pensamiento dominantes
en el período clásico tardío: el platonismo y el peripatetismo. Roma, al entrar en
contacto con Grecia, irá retomando para sí estas nuevas ideas, al principio, de
forma ecléctica, pero será el estoicismo, sobre todo en la primera etapa de
época imperial, la base del pensamiento romano al ser la filosofía favorita entre
las clases dirigentes (si bien no era un estoicismo del todo ortodoxo e incluía
ideas influidas por otras ramas filosóficas. Algunos de los autores latinos más
importantes del ideario estoico fueron: Séneca, Epicteto y el emperador Marco
Aurelio.
El objetivo del estoicismo era la búsqueda de la felicidad individual, pero no era
el espiritualismo el medio desde el cual se enfocaba esta meta sino el
racionalismo. Así, a partir de unos axiomas físicos a propósito de la naturaleza
del universo se derivaban unos razonamientos lógicos que a su vez concluían en
unas normas éticas óptimas para la consecución de ese bienestar y felicidad
interiores. Luego Física, Lógica y Ética serán los apartados en los que el
estoicismo se diferencie del resto de escuelas filosóficas.
MARCO TULIO CICERÓN: (Arpino, actual Italia, 106 a.C. - Formies, id., 43 a.C.)
Orador, político y filósofo latino. Perteneciente a una familia plebeya de rango
ecuestre, desde muy joven se trasladó a Roma, donde asistió a lecciones de
famosos oradores y jurisconsultos y, finalizada la guerra civil (82 a.C.), inició su
carrera de abogado, para convertirse pronto en uno de los más famosos de Roma.
Posteriormente se embarcó rumbo a Grecia con
el objetivo de continuar su formación filosófica
y política. Abierto a todas las tendencias, fue
discípulo del epicúreo Fedro y del estoico
Diodoto, siguió lecciones en la Academia y fue
a encontrar a Rodas al maestro de la oratoria,
Molón de Rodas, y al estoico Posidonio.
De vuelta en Roma, prosiguió su carrera política, y en el lapso de trece años
consiguió las más altas distinciones. Empezó como cuestor en Sicilia en el 76
a.C., y en el 70 a.C. aceptó defender a los sicilianos oprimidos por el antiguo
magistrado Verres, para quien sus alegatos (Verrinaes) supusieron la condena, lo
cual lo hizo muy popular entre la plebe y contribuyó a consolidar su fama de
abogado.
Decidido partidario del republicanismo, admitía la necesidad de un hombre
fuerte para dotar de estabilidad al Estado, figura que reconocía en Pompeyo; sus
simpatías por él, sin embargo, no fueron siempre correspondidas. Su carrera
política fue fulgurante: en un año fue elegido edil, en el 66 a.C. pretor, cargo
desde el que propulsó un acercamiento entre caballeros y senadores (concordia
ordinum), y dos años después obtuvo la elección de cónsul del Senado.
Desde esta posición, hizo fracasar la reforma agraria propuesta por Rullo, hizo
frente a los populares, liderados por Craso y Julio César, y llevó a cabo una de
las batallas más dramáticas y peligrosas de su carrera: su oposición a la
conspiración de Catilina. Derrotado en las elecciones, Catilina se disponía a
promover levantamientos para instaurar una dictadura. Los cuatro discursos
(Catilinarias) pronunciados por Cicerón ante el Senado a fin de conseguir la
ejecución de los conspiradores constituyen la muestra más célebre de su
brillante oratoria, de gran poder emotivo.
Sin embargo, su actuación acabó por significarle el exilio años más tarde, cuando
Clodio, elegido tribuno de la plebe (58 a.C.) gracias a César, consiguió el
reconocimiento de una ley que sancionaba con la pena de muerte a todo
ciudadano romano que hubiera hecho ejecutar a otro sin el previo
consentimiento del pueblo. Tras buscar, sin éxito, el apoyo de Pompeyo, Cicerón
marchó al exilio.
Regresó a Roma apenas un año y medio más tarde, pero para entonces su carrera
política estaba prácticamente acabada, situación que pareció hacerse definitiva
con la dictadura de Julio César (48-44 a.C.). Sólo cuando Julio César fue
asesinado, Cicerón volvió a la escena política para promover la restauración del
régimen republicano. En un principio, mientras Marco Antonio aún no se había
afianzado en el cargo, gozó de cierto poder y consiguió la amnistía para los
asesinos de César, pero apenas aquél se sintió seguro, Cicerón se encontró con
una fuerte resistencia, a la que hizo frente verbalmente con las catorce Filípicas.
En vano intentó entonces aliarse con Octavio Augusto, hijo de César, contra
Marco Antonio: tras la batalla de Módena, Octavio se reconcilió con Marco
Antonio y unió sus fuerzas con las de éste y con el ejército de Lépido para la
formación del segundo triunvirato (43 a.C.). Ese mismo año, Cicerón fue
apresado y ejecutado.
Formado en las principales escuelas filosóficas de su tiempo, Cicerón mostró
siempre una actitud antidogmática y recogió aspectos de las diversas corrientes.
La originalidad de sus obras filosóficas es escasa, aunque con sus sincréticas
exposiciones se convirtió en un elemento crucial para la transmisión del
pensamiento griego. Al final de su De Republica contrasta su probabilismo con
una exaltación religiosa de signo neoplatónico. Como literato, se convirtió en el
modelo de la prosa latina clásica, con un estilo equilibrado y de largos y
complejos períodos, aunque perfectamente enlazados (De divinatione).
CONSTITUCIONES IMPERIALES: Las Constituciones Imperiales o “leges” eran
las normas jurídicas emanadas de los emperadores, las que adquirieron gran
primacía, sobre todos los edictos, durante el Bajo Imperio o Dominado, período
iniciado con el reinado del emperador Diocleciano en el año 284 hasta el año
565, donde el emperador estaba investido de poderes divinos. Es un “dominus”,
que significa dueño, amo o señor. En el Bajo Imperio, el emperador se halla
investido de potestad legislativa, y las Constituciones Imperiales fueron la
única fuente de derecho.
Las constituciones imperiales (constitutio principis) son actos por medio de los
cuales los emperadores crean normas jurídicas. “La constitución imperial es lo
que el emperador manda por edicto o por epístola”, ‘Constitutio principis est
quod imperator decreto vel edicto vel epístula constituit” (Gayo)
Éstas se clasifican en:
Edicto: dirigidas a toda o parte de la población, son aquellas que derivan
del derecho de ordenar (jus edicendi) del emperador, el que posee como
consecuencia de tener ya el mando (imperium) proconsular.
Decreta: son las decisiones de controversias judiciales, referidas extra
ordinem al conocimiento de los emperadores, en primera instancia o en
apelación.
Rescripta: son respuestas que otorgan los emperadores sobre cuestiones
de derecho que les son sometidas a su consideración por oficiales públicos
y privados.
Mandata: son las instrucciones impartidas por los emperadores a los
órganos de la administración periférica, gobernadores de provincia, tanto
de las provincias senaturiales como de las imperiales. Nunca están
explícitamente enumeradas como constituciones, pero no hay duda alguna
de que son también fuentes de derecho.
Algunas normas de derecho privado son introducidas a través de ellas. A
diferencia de otras constituciones, tienen vigor mientras el príncipe de quien
emanan, permanece en el poder. El sucesor suele confirmarla. Cada provincia
tiene su colección, llevada de acuerdo a un orden cronológico, la que constituye
el estatuto de su organización administrativa.
NOTA CENSORIA: Marca de censura, con la que el censor calificaba a los
ciudadanos cuya conducta era contraria a las costumbres.
Represión pública que el Censor Romano infligía, durante la república y en los
primeros tiempos del imperio, contra el hombre o la mujer que hubiera realizado
algún acto contrario a las buenas costumbres, contra los ciudadanos o senadores
perjuros contra los aficionados al lujo o contra los que despilfarraban su
patrimonio o no lo cuidaban con diligencia.
DERECHO HONORÍFICO: ius honorarium o derecho pretorio, tuvo su origen
durante la época de la República en Roma. Fue el Derecho creado por el pretor
para corroborar, suplir o corregir el derecho civil ya existente en Roma. Durante
el Imperio alcanzó su desarrollo y llegó a su fin marcado por la influencia del
Edicto Perpetuo de uno de los más ilustres jurisconsultos, Salvio Juliano.  
DERECHO DE GENTES: El término ius gentium o derecho de gentes, fue utilizado
en el antiguo derecho romano para describir las leyes que regían las
interacciones entre los romanos y no romanos, con base en los principios de la
justicia natural que no dependían del estado de ambas partes sino en la de un
ciudadano romano. Esto fue significativo en el derecho romano antiguo, donde la
ley y el estado estaban entrelazados, para sugerir que había una norma universal
de la justicia. Este término fue por primera vez modulado en Institutos de Gaius,
el texto estándar y comentario de las Doce Tablas de la ley romana, que fue
terminado alrededor de 160 AD.
En sentido general el ius gentium o de los pueblos, puede observarse entre todos
los pueblos sin distinción de nacionalidades. Ya que eran aquel grupo de normas
habituales que regían a todos los ciudadanos romanos y a los extranjeros. Cabe
destacar que el derecho de gentes se acerca al derecho natural, pero estos no
deben confundirse ya que por ejemplo la esclavitud que era aceptada por todos
los pueblos de la antigüedad como derecho de gentes, pero por los juristas
clásicos era reconocida como contrario al derecho natural.
En la teoría jurídica, la ley que la razón natural establece para todos los
hombres, a diferencia de jus civile, o el derecho civil propio de un estado o
pueblo. Abogados y magistrados romanos idearon originalmente jus gentium
como un sistema de equidad de la aplicación a los casos entre los extranjeros y
los ciudadanos romanos. El concepto se originó en la asunción de los romanos que
cualquier estado de derecho común a todas las naciones debe ser
fundamentalmente válida y justa. Ellos ampliaron el concepto para referirse a
cualquier norma que instintivamente elogió a su propio sentido de la justicia.
Con el tiempo el término se convirtió en sinónimo de equidad, o la ley del
pretorio. En el derecho moderno, hay una distinción entre privatum jus gentium,
que denota el derecho internacional privado, también conocido como conflicto
de leyes, y publicum jus gentium, que denota el sistema de reglas que rigen la
relaciones entre las naciones.
EDICTOS DE LOS MAGISTRADOS: Es el mandato o decreto publicado con
autoridad de un Magistrado. El concepto procede del latín edictum, un vocablo
que se utilizaba para nombrar al pronunciamiento de los Magistrados Romanos
sobre cuestiones relativas a su competencia.
En la Antigua Roma, los pretores eran los principales emisores de edictos. El
pretor era un Magistrado que se encargaba de administrar justicia. Podía tratarse
de un pretor urbano (dedicado a resolver asuntos entre los ciudadanos romanos)
o de un pretor peregrino (quien dirimía litigios entre ciudadanos romanos y
extranjeros o peregrinos).
Al iniciar su mandato, los Magistrados emitían un edicto para informar cómo iban
a desarrollar su tarea. Cada edicto era publicado a la vista de los ciudadanos y
constaba de tres partes: una introducción (donde asegura la obediencia de
las personas), una parte central (con las modificaciones respecto al pretor
anterior) y un apéndice.
Los edictos podían ser perpetuos (que tenían validez durante todo el mandato
del pretor) o repentinos (emitidos para un caso concreto y con validez exclusiva
para él). Otra clasificación habla de edictos traslaticium (redactados por el
pretor antiguo y utilizados por el nuevo sin ningún tipo de modificación) y edictos
novum (difundidos por el pretor anterior y reutilizados por el nuevo con algunos
cambios).
A lo largo de la Historia han existido muchos edictos importantes que han
significado un hito por determinados motivos. Así, por ejemplo, tendríamos que
hacer referencia al conocido Edicto de Milán, que se promulgó en el año 313 en
la misma ciudad que le da nombre. Ha pasado a ser llamado también como “La
tolerancia del cristianismo” ya que en él se determinaba la libertad y la
tolerancia religiosa en el Imperio Romano.
Los emperadores Licinio y Constantino I fueron los que se encargaron de rubricar
a aquel documento que permitió así que se pusiera fin a las interminables,
trágicas y multitudinarias persecuciones que se realizaban por culpa de la
religión, principalmente a los cristianos. Gracias a él empezaría la llamada Paz
de la Iglesia.
No obstante, tampoco hay que olvidarse de otros importantes edictos como el de
Nantes. Este se promulgó a finales del siglo XVI, concretamente en el año 1598,
por orden del rey Enrique IV de Francia. Gracias a él también se pusieron fin a las
guerras religiosas que estaban asolando el país y que habían traído consigo
numerosas víctimas que habían muerto por su fe.
Y es que lo que se establecía en aquel era la libertad de culto, especialmente
referida a los protestantes. Así, lo demuestra el hecho de que en los casi 100
artículos que daban forma al edicto, se establecía que incluso aquellos podían
estar protegidos de las acciones de la Santa Inquisición cuando viajaran fuera de
Francia y además podían formar parte de las altas autoridades del país.
En la actualidad, la noción de edicto hace referencia a una comunicación
judicial que se hace pública para dar noticia de algo que debe ser notorio para
todos.
HURTO: El origen de la expresión se remonta al derecho romano – FURTUM
FAMELICUS. El llamado hurto famélico, necesario o miserable, constituye una
figura que se remonta a los más antiguos sistemas jurídicos, habiendo alcanzado
un constatable desarrollo en el Derecho Canónico de la Edad Media. Su origen se
remonta en el derecho romano, sustentándose en el proverbio latino Necessitas
non habet legem (la necesidad no tiene ley).
El hurto famélico es la sustracción de productos de primera necesidad por un
individuo sin emplear los medios de violencia física o moral, para satisfacer sus
necesidades personales o familiares del momento. En el derecho puede actuar
como causa de justificación, dentro del estado de necesidad.
CONSTANTINO: Flavius Valerius Aurelius Constantinus, conocido como
Constantino I o Constantino el Grande,
nació en Yugoslavia el 27 de febrero
entre el 270 y el año 288 después de
Cristo. Era hijo del militar Constancio
Cloro y su esposa Elena.
Pasó la mayor parte de su infancia
junto a su padre en los campamentos
militares romanos hasta que su padre
fue nombrado como sucesor del
emperador en el año 293 d.C.,
entonces pasó a estar a cargo de
Diocleciano, a quien acompañó a
diferentes campañas militares y a
persecuciones contra los cristianos.
Cuando el emperador abdicó, su padre
empezó a gobernar la mitad del
imperio junto a otro gobernador
llamado Galerio, que gobernaba la otra mitad. Esto produjo una serie de guerras
civiles hasta que el padre de Constantino murió y él quiso ocupar su lugar.
Galerio no quería que Constantino reinara, así que le otorgó un cargo mucho más
bajo que un emperador, hasta que el emperador que había abdicado le reconoció
como gobernante y le dejó casarse con su hija Fausta.
El resto de gobernadores del imperio nunca estuvieron de acuerdo con esta
decisión y trataron de quitarle el título, así que, ante tal amenaza, Constantino
reforzó su poder en los territorios que gobernaba y se dispuso a conquistar su
propio imperio.
Primero derrocó a Maximiano, después al hijo de Maximiano, llamado Majencio,
quien era su principal enemigo respecto al control del territorio. Así logró
hacerse con el control del imperio de Occidente como único gobernador, y había
pactado una alianza de paz con el gobernador del imperio de Oriente, Licinio. El
senado reconoció a Constantino como único y máximo dirigente del imperio
romano de Occidente.
Constantino estableció entonces el derecho al libre culto en su imperio, por
tanto, los cristianos dejaron de ser perseguidos y los sacerdotes pasaron a ser de
gran importancia y a poder participar en las actividades del senado romano y en
la toma de decisiones, además de administrar el imperio. Fue el primer
emperador romano cristiano.
Años más tarde Constantino exilió a Licio con la excusa de su persecución contra
los cristianos y se hizo con todo el imperio.
El 11 de mayo del año 330 después de Cristo, inauguró su nueva capital a la que
llamó Constantinopla. La llenó con edificios monumentales y obras públicas.
Constantinopla significa la unión entre Asia y Europa.
Constantino quería empezar una gran campaña militar, la cual dejó a medias y
finalmente se abandonó después de su muerte en el 337, después de caer
enfermo unos meses antes.
Sus hijos le sucedieron en el trono.
HERESIARCA: Sustantivo masculino, este término se refiere a un fundador o
persona que establece una herejía o un grupo de sectarios o doctrina que niegan
o se opone de una manera contradictoria la verdad revelada por Dios y de
alguna creencia establecida por una religión y que puede generar alguna
polémica y controversia.

TERTULIANO: (Quintus Septimius Florens Tertullianus; Cartago, hoy


desaparecida, actual Túnez, h. 160 - id., h. 220) Apologista cristiano considerado
el máximo representante de la literatura cristiana anterior a San Agustín. Los
pocos datos acerca de su vida provienen de algunas referencias en su obra y de
autores posteriores, por lo que están sometidos aún a debate. Al parecer, su
padre era centurión, y Tertuliano recibió una esmerada educación en derecho,
filosofía y retórica. Vivió un tiempo en Roma, donde probablemente ejerció
como abogado, y se interesó por el cristianismo, aunque su conversión tuvo lugar
a su regreso a Cartago, alrededor del 190. A partir de este momento desplegó
una notable actividad polémica contra los paganos y los herejes y en defensa del
cristianismo a través de numerosos escritos. Tertuliano se convirtió en una figura
destacada en la Iglesia del norte de África, aunque es dudoso que llegara a ser
ordenado sacerdote. En sus escritos elaboró una prosa latina original y desarrolló
el vocabulario que más tarde utilizaría el pensamiento cristiano.

La biografía de Tertuliano es
mucho menos conocida que el
desarrollo de su pensamiento,
atestiguado por unas treinta
obras doctrinales, apologéticas,
ascéticas y morales. Fue de
origen africano, e hijo de una
familia pagana. Se educó en
Cartago, animado centro
cultural, donde recibió una
formación que debió de ser al
mismo tiempo literaria y
jurídica. Su inteligencia, abierta
a la verdad y a la belleza y
exquisitamente dialéctica, le
facilitaba tanto el ejercicio de la retórica y una espléndida erudición como el
empleo de los recursos jurídicos más refinados. La fusión de ambos elementos
habría de permitirle poner un sello singular en la literatura apologética, que ya
anteriormente había alcanzado un notable desarrollo en lengua griega.
En sus obras se hallan algunos testimonios acerca de sus desviaciones juveniles:
Tertuliano confiesa haber sido pecador, frecuentador de espectáculos inmorales
y adúltero. No nos dice, o por lo menos no tan claramente, cómo se convirtió al
cristianismo: ello debió de ocurrir en torno al año 190, quizás en el curso de una
estancia en Roma o tras su regreso a Cartago. Ciertas alusiones del autor
permiten creer en una posible e intensa influencia en él de la heroica serenidad
de los cristianos en el martirio, unida a lo que Tertuliano denomina su poder de
exorcismo: los mártires son la simple verdad puesta ante los ojos, a la cual no se
puede resistir. Contrajo matrimonio, y pidió a su mujer, en un texto dirigido a
ella, que no celebrara segundas nupcias; esto supone ya uno de los rasgos de su
ideología rigurosa. Se supone que fue también sacerdote; abundan los
argumentos sólidos en favor de esta hipótesis, aunque no son concluyentes.
En torno a 213 se alejó de la Iglesia y se aproximó, atraído por su intransigencia y
su rigor moral, a la herejía de los apocalípticos de Montano (montanismo), que
propugnaba un retorno a la verdadera fe. Su austero ascetismo y su rigidez le
llevó, incluso dentro de la secta frigia, a establecer una facción que sería
llamada la de los tertulianistas, que perduró como una iglesia independiente
hasta el siglo V. No cabe pensar que Tertuliano volviera a la Iglesia, opinión
insinuada por algunos. Según San Jerónimo, falleció muy viejo (en torno al año
240), y fue "ejemplo famoso, en la Antigüedad cristiana, de la dolorosa caída a la
cual se hallan expuestas algunas inteligencias ilustres".
Tertuliano reconoció y apreció los valores de la cultura grecorromana como la
mayoría de los cristianos cultos de su época, y discriminó entre los que
consideraba aceptables y aquellos que debían rechazarse. Empleó el fervor de su
alma y la lucidez de su inteligencia en una serie de obras en las que muestra
brillantemente sus dotes de polemista, doctor y moralista bajo un aspecto formal
de tipo académico rico en medios expresivos, que a veces rayan en la pesadez,
pero que siempre son utilizados con vigor y originalidad. Su mensaje se
caracteriza por su rigorismo moral y su énfasis en la superioridad de la revelación
y la fe sobre la razón, manifestada en la afirmación de que, así como los profetas
son los patriarcas de los cristianos, los filósofos lo son de los herejes; sus escritos
sentaron asimismo la importante tesis de que las Sagradas Escrituras sólo podían
ser interpretadas por miembros cualificados de la iglesia.
El conjunto de estos escritos permite trazar su evolución espiritual, y se advierte
en ellos que el tránsito del africano desde la ortodoxia a la herejía arranca más
de la naturaleza de su ardoroso temperamento, inclinado más bien al exceso que
al equilibrio del justo medio, que de la profundización racional y real en las
verdades de la fe. La vasta obra de Tertuliano puede ser dividida en tres
períodos: el ortodoxo, el llamado semimontanista y el período montanista
propiamente dicho. Entre sus escritos cabe nombrar A las
naciones, Apologético y A los mártires, en los que manifestó la impresión que le
causaron ciertas actitudes y creencias cristianas, como el valor y determinación
de los mártires, el rigor moral, y la inflexible creencia en un solo Dios. En Sobre
los espectáculos trató la prohibición para los cristianos de participar en los
espectáculos públicos, considerados fuente de corrupción; en Contra los
judíos afirmó que el pueblo hebreo no es el pueblo elegido; en Contra
Marción criticó la herejía gnóstica de Marcion, que distinguía dualísticamente el
Dios del Antiguo Testamento del Dios bueno del Nuevo Testamento que había
enviado a Jesucristo para salvar a la humanidad. Tertuliano fue también autor
del primer libro cristiano sobre el bautismo.
En sus obras morales resulta singularmente clara la tendencia del autor al
montanismo: una ética particularmente rigurosa es ya visible en los textos
morales del periodo de ortodoxia, como en el citado Sobre los espectáculos, y se
acentúa luego hasta llegar a la proclamación de doctrinas francamente opuestas
a las de la Iglesia, como ocurre en Sobre la exhortación a la castidad (207), en la
que las segundas nupcias aparecen resueltamente condenadas como adulterio,
en De la corona del soldado (211), obra en la cual el autor niega la licitud del
servicio militar para el cristiano, o en Sobre la huida en la persecución (hacia
212), que, según las enseñanzas montanistas, afirma no estar permitida a los
adeptos del cristianismo la huida para librarse de la persecución, criterio del que
anteriormente no había sido partidario Tertuliano.
COMICIOS CENTURIADOS: Los comicios o asambleas romanas eran un grupo de
instituciones esenciales en el gobierno de la Antigua Roma y junto con el Senado
Romano, eran los principales órganos de representación política del pueblo
romano.
Entre las funciones de estas asambleas de la República romana estaban las
de elegir a los distintos magistrados, votar las leyes, decidir las declaraciones de
guerra y acordar las conclusiones de los tratados. Asimismo, contaban con
competencias en materia penal para crímenes contra el Estado en calidad de
máximo tribunal de apelación.
Los comicios centuriados eran las asambleas romanas más importantes de la
ciudadanía. Estaban basadas en el principio de organización de las centurias del
ejército, agrupadas en clases censitarias según la fortuna personal. De esta
manera, cuantos más recursos económicos pudieras aportar para servir en el
ejército, mayor era tu clase censitaria.
Aunque se desconoce con seguridad su origen, sí que sabemos que al menos
desde finales del siglo IV a.C. el número de centurias era de 193, 18 para los
caballeros y 175 para los infantes. Éstos últimos se agrupan en cinco clases
censitarias: 80 centurias en la primera clase, 20 de la segunda a la cuarta clase,
y 30 en la quinta clase. Si lo sumamos todo nos da 170 centurias, a las que se
suman las cinco restantes formadas por los auxiliares del ejército (herreros,
carpinteros y músicos) y los proletarii, es decir, los individuos que, al no poseer
ni un mínimo de fortuna, solo podían contribuir al Estado con el servicio militar
de sus hijos.
Como esta clasificación se sustentaba en la estimación que los censores hacían
de las fortunas de cada ciudadano, se comprende que las clases inferiores y sus
centurias contaran con muchos más individuos que las superiores. En otras
palabras, los grupos de mayor rango en el censo, que incluían a muchos menos
ciudadanos, tenían el mayor número de centurias. Además, cada grupo se
subdividía después en números iguales de centurias en base a la edad de sus
miembros. Así, los ciudadanos de 18 a 45 años constituían las centurias
de iuniores, mientras que los ciudadanos a partir de 46 años formaban las
centurias de los seniores. Si tenemos en cuenta que las votaciones no se hacían
por recuento simple de voto individual sino por centurias, es fácil entender por
qué una minoría de ciudadanos ricos tenía el dominio político sobre una minoría
de ciudadanos más humildes.
Así pues, dado que había 193 centurias, y, por tanto, 193 votos, la mayoría
absoluta se alcanzaba con 98. Si repasamos los números que ofrecí arriba, con
una sencilla suma veremos que este número era precisamente la suma de las
centurias de los caballeros y las de la primera clase de infantes. De este modo,
cualquier pacto entre los dos grupos más privilegiados hacía que cualquier
votación saliera adelante y ninguna votación de los demás grupos resultara
efectiva. Por ende, a nivel práctico eran pocas las veces en las que las centurias
de las clases inferiores llegaban a ejercer su derecho al voto.
EDICTO PERPETUO: En la Antigua Roma se llamó Edicto Perpetuo, a una muy
importante fuente de Derecho surgida de la labor del pretor, y en menor medida
de los ediles curules, funcionarios investidos del “ius edicendi”, facultad de
dictar normas, aun cuando no eran órganos legislativos. Al comienzo de su
mandato, que era anual, estos funcionarios dictaban su propio edicto tomando en
cuenta edictos anteriores que consideraban equitativos, y aportando sus propias
soluciones.
EDICTO PERPETUO DE SALVIO JULIANO: Desde el principio del Imperio, el
derecho honorario alcanzó todo su desarrollo; la obra de los pretores concluye al
final del siglo I de nuestra era, y sus edictos ya no se hacen notar por ninguna
reforma importante. Además, el emperador Adriano quiere fijar y codificar los
principios del derecho pretoriano. Salvio Juliano, fue encargado por el soberano
Adriano de esta misión.
Juliano, reúne en un solo cuerpo las reglas publicadas cada año por el pretor
urbano y los ediles curules. Después, su obra fue ratificada por un
senadoconsulto. Éste fue el edictum perpetuum por excelencia, el que, en lo
sucesivo, se cuenta entre las fuentes de derecho escrito, pero sin que el jus
honorarium se confundiese, sin embargo, con el jus civile.
 Mucho se ha discutido sobre el alcance de este trabajo. Dos puntos solamente
parecen ciertos: la inspiración de Adriano y la aprobación del senado. Más no
parece, si bien se ha pretendido, que este senadoconsulto haya retirado
oficialmente a los magistrados el derecho de publicar edictos.
 En efecto Gayo, que escribe después del reinado de Adriano, atestigua que, en
su tiempo, los magistrados tenían todavía el jus edicendi. De otra parte,
multitud de textos parecen demostrar que usaban de este derecho, si bien no
podrían modificar la composición en lo sucesivo fijada para el edicto perpetuo,
aunque alguna vez era añadido con reglas nuevas, edicta nova. Pero estas
adiciones fueron en realidad muy raras porque la autoridad y las atribuciones de
los pretores se disminuyeron hacia el fin de este período. Los más importantes
poderes de ellos pasan a los nuevos funcionarios creados por los emperadores: al
prefecto de la ciudad y al prefecto del pretorio.
 El edicto perpetuo fue consultado por muchos jurisconsultos, especialmente por
Paulo y Ulpiano. El mismo texto del edicto no ha llegado hasta nosotros, pero
numerosos fragmentos de comentarios acerca del mismo, insertos en el Digesto
de Justiniano, han movido a realizar ensayos de restitución, y han permitido
reconstituir el plan y las principales disposiciones.
EDICTO TRASLATICIO – EDICTO REPENTINO: El edicto, era la forma de
pronunciamiento de los Magistrados Romanos en cuestiones relativas a su
competencia y constituye una de las principales fuentes del derecho romano. Los
principales emisores de edictos eran los Pretores, Magistrados encargados de la
administración de justicia, que eran dos: el Pretor urbano encargado de los
asuntos entre ciudadanos romanos y el Pretor peregrino, creado en el año
242 a. C. para dirimir los asuntos entre los ciudadanos romanos y los peregrinos o
extranjeros.
Los magistrados emitían el edicto (asesorados por un jurista) al comienzo de su
mandato de 1 año a modo de programa que había de regir el mismo y lo hacían
público mediante su escritura en una tabla que se exponía a la vista de los
ciudadanos.
Había tres clases de edictos:
 Perpetuo (perpetuum): Dado por Adriano. Se daba al comienzo del
mandato del magistrado y tenía validez durante toda la duración del
mismo. Generalmente recogía lo ya establecido en el edicto del
magistrado precedente con ligeras modificaciones o añadidos, según lo
que la experiencia del mandato anterior aconsejaba.
 Repentino: Se emitía para un caso determinado y concreto y sólo tenía
validez para el mismo.
 Traslaticium: Edicto del Pretor antiguo en el que se fijaba el nuevo
pretor para realizar el suyo.
ESCUELA DE LOS PROCULEYANOS: La escuela de los proculeyanos fue una de las
dos escuelas jurídicas más importantes en la Roma antigua, durante el período
de Derecho clásico. Generalmente suele contraponerse a la escuela de
los sabinianos, pues ambas presentaban opiniones jurídicas diferentes con
relación a algunos asuntos puestos a su consideración.

El Derecho de Roma antigua evolucionó grandemente a lo largo de la civilización


romana, complejizándose y diversificándose grandemente. Durante el período
preclásico comenzaron a surgir estudiosos del Derecho, a los que se les llamaba
"prudentes del Derecho" (jurisprudentes), que ganaron en prestigio y
reconocimiento social. Ya a inicios del período clásico, llegaron a organizarse
varias escuelas jurídicas, de entre las cuales las dos más importantes fueron
la escuela de los sabinianos y la escuela de los proculeyanos.

La escuela de los proculeyanos fue fundada por el jurista Marco Antistio


Labeón (43 a.C - 20 d.C.), quien resultó crítico del príncipe César Augusto y
defensor de las ideas republicanas. Por esa razón, la escuela de los proculeyanos
tuvo un carácter independiente, contrario a la de los sabinianos que llegó a tener
el reconocimiento oficial de los emperadores. Por ello, los seguidores de la
escuela de los proculeyanos no fueron amparados con el ius publici respondendi,
que implicaba el aval imperial de sus dictámenes.

Entre los principales exponentes de la escuela se encuentran Próculo (su mayor


exponente, que da nombre a la escuela), Celso y Nerva.

Un ejemplo de posición contraria en los argumentos de ambas escuelas puede


encontrarse en la noción de mayoría de edad. Para los sabinianos, la mayoría de
edad debía dictaminarse mediante un examen físico, que demostrara la madurez
sexual del joven o la joven. Los proculeyanos, procurando estandarizar y brindar
seguridad jurídica, propusieron que se estableciera como mayoría de edad los 12
años para las muchachas, y los 14 para los muchachos1.

La escuela de los proculeyanos y la escuela de los sabinianos sostuvieron debates


doctrinales y oposiciones racionales de gran nivel académico hasta
aproximadamente finales del siglo II e inicios del siglo III de nuestra era, en el
que sus divergencias conceptuales fueron desapareciendo y finalmente termina
de tener relevancia la afiliación a una u otra.

ESCUELA DE LOS SABINIANOS: La escuela sabiniana era una de las dos escuelas


más importantes de derecho que había en Roma durante los siglos I y II. Estaba
formada por juristas que se dedicaban al derecho como profesión, a diferencia
de la escuela proculeyana que lo consideraba como un ejercicio libre de la
nobleza.
Los sabinianos tomaron su nombre de Masurio Sabino, pero luego fueron
conocidos como casianos, por uno de los estudiantes de Sabino, Cayo Casio
Longino. Los sabinianos basaban sus dictámenes en la doctrina de Cayo Ateyo
Capitón, instructor de Sabino y un simpatizante del conservatismo en el reinado
de Augusto.
Uno de los hechos más reprochables en la actitud de los sabinianos eran sus
reflexiones legales conservadoras, según la escuela opositora a ellos, los
proculeyanos. La rivalidad entre ellos terminó cuando se unieron a finales del
siglo II. El más famoso estudiante y director de la escuela fue Salvio Juliano, pero
también destacan como directores Javoleno Prisco y Lucio Fulvio Aburnio Valente
RESPUESTAS DE LOS PRUDENTES: Eran las Opiniones que se les daban a los
emperadores por los estudiosos del derecho. La consideración de que gozaban los
jurisconsultos no hizo más que progresar el Imperio. Sus respuestas adquieren
fuerza de Ley y llegan a constituir una fuente importante del derecho escrito.
Las personas que se sentían sabias de alguna ciencia podían prestar servicio al
Estado y sus respuestas se les daban un carácter oficial. Aun cuando no tenían
fuerza de Ley, el emperador podía servirse de esto para tomar alguna que otra
decisión. 
Según GAYO, son las sentencias y consultas de aquellos a quienes se ha concedido
crear el Derecho. Si sus opiniones concuerdan, su sentencia tiene fuerza de ley;
en caso contrario, el juez es libre de seguir la sentencia que quiere: Es lo que
decide un rescripto del Divino Adriano”.
Por su parte, JUSTINIANO en las Instituciones precisa: “las respuestas de los
prudentes son las opiniones y sentencias de los que habían recibido el poder de
fijar el Derecho. Porque se había establecido antiguamente que las leyes fuesen
públicamente interpretadas por ciertas personas, llamadas jurisconsultos, que
recibían del príncipe el Derecho de responder. Era tal la autoridad de sus
opiniones y sentencias unánimes, que, según las constituciones, no era permitido
al juez separarse de sus respuestas”.
CONCILIA PLEBIS: Asamblea de La plebe romana de la que estaban excluidos los
patricios; en ella se elegían sus representantes: los tribunos de la plebe y
los ediles y en la que se adoptaban decisiones denominadas PLEBISCITA, que en
un principio obligaban tan solo a la plebe hasta que a comienzos del siglo III a. C.
fueron equiparadas a las leyes surgidas de los COMITIA CENTURIATA Surgieron
como un órgano exclusivo de la plebe a comienzos del siglo V a C y se convirtió
en una forma más de las asambleas populares romanas con carácter decisorio
generalizado. Sus atribuciones electorales legislativas específicas desaparecieron
duran te el Imperio.
COMICIOS TRIBADOS: Los comicios tribados, por tribu o 'comitio tributa',
surgieron por el S. V a.C., en tiempos iniciales de la etapa de la república. Esto
en razón de que eran los tribunos de la plebe, surgidos después de la crisis social
del 493 a.C., quienes comenzaron a convocar a la clase plebeya para deliberar
los llamados plebiscitos, reuniones que tenían lugar en el Campo de Marte, hasta
que los patricios, advirtiendo peligro a sus intereses en ese tipo de asambleas,
decidieron imponer la modalidad de reunir a los plebeyos, pero bajo el esquema
tribal, dejándoles además asuntos considerados de menor importancia.
La modificación consistió en que el sistema de voto, de individual, pasó a ser
global por tribu, es decir que se obligó a cada tribu a obtener un voto
mayoritario sobre el asunto y ese sería representativo de cada asamblea o
comicio tribado.
Los 'comitio tributa' eran convocados y presididos por magistrados con ‘imperium’
para la elección de magistrados menores (edil curul y cuestor), para votar las
llamadas ‘leges tributa’, para intervenir en ciertas causas criminales y para
conocer de apelaciones contra ciertas condenas. Posteriormente los comicios por
tribus absorberían a los concilios de la plebe.
COMICIOS CURIADOS: Las curias, bajo el nombre de comicios calados (comitia
calata), se reunían en las calendas y nonas de cada mes (respectivamente,
primer día del mes y día quinto o séptimo) para atestiguar ciertos actos de
carácter religioso, como la comunicación del calendario anual por parte del rey,
las adopciones (adrogatio) y los testamentos (detestatio sacrorum).
Las curias, además, eran la base de la organización del primitivo ejército
romano. Cada curia debía contribuir con 100 soldados de infantería (milites) y 30
de caballería (celeres). De tal forma, cada tribu aportaba 1.000 milites y 300
celeres, contingentes que eran comandados por tribunos; respectivamente, por
el tribunus militum y el tribunus celerum. El conjunto del ejército romano
recibía el nombre de legión (legio).
Reunidas las curias, según la señalada organización militar, constituían
los comicios curiados (comitia curiata), asamblea de carácter político, cuya
función era sancionar las decisiones del rey, además de aprobar la elección del
mismo mediante la lex curiata de imperio
LAS CATILINARIAS: Son cuatro discursos de Cicerón. Fueron pronunciados entre
noviembre y diciembre del año 63 a. C., después de ser descubierta y reprimida
una conjura encabezada por Catilina para dar un golpe de estado.
Catilina, quien se había postulado para el cargo de cónsul tras haber perdido la
primera vez, intentó asegurarse la victoria mediante sobornos. Cicerón entonces
impulsó una ley prohibiendo maquinaciones de este tipo. Catilina, a su vez,
conspiró con sus partidarios para matar a Cicerón y a miembros clave del Senado
en el día de la elección. Cicerón descubrió el complot y pospuso la fecha de las
elecciones para dar tiempo al Senado para discutir el intento de golpe de estado.
Un día después de la fecha original de las elecciones, Cicerón habló al Senado
sobre ese tema y la respuesta de Catilina fue inmediata y violenta. En respuesta
al comportamiento de Catilina, el Senado emitió un senatus consultum
ultimum (medida similar al estado de sitio moderno) por el cual quedó
suspendida la ley regular y Cicerón, como cónsul, fue investido con poder
absoluto.
Cuando finalmente se realizaron las elecciones, Catilina volvió a perder.
Anticipando la derrota, los conspiradores ya habían juntado un ejército. El plan
era iniciar una insurrección en toda Italia, incendiar Roma y matar a tantos
miembros del Senado como fuera posible. Pero nuevamente Cicerón estaba al
tanto. El 8 de noviembre, convocó al Senado en el Templo de Júpiter Estator.
Catilina asistió también a la reunión. Fue entonces que Cicerón pronunció la
Primera Catilinaria, que comienza con la célebre frase ¿Hasta cuándo abusarás,
Catilina, de nuestra paciencia? 
Primera Catilinaria: Oratio in Catilinam Prima in Senatu Habita: En
contra de lo que era habitual en los discursos del Senado, la
primera Catilinaria es relativamente breve -aproximadamente 317
renglones en latín- y va directamente al grano, careciendo de exordio. El
discurso comienza con una de las frases más recordadas y famosas de
Cicerón:
¿Hasta cuándo abusarás, Catilina, de nuestra paciencia?
¿Hasta cuándo esta locura tuya seguirá riéndose de nosotros?
¿Cuándo acabará esta desenfrenada osadía tuya?
Catilina estaba presente cuando Cicerón pronunció el discurso en
el templo de Júpiter Stator: al entrar en el mismo, los demás senadores se
apartaron de él y lo dejaron solo en su escaño. Catilina trató de replicar el
discurso, pero los senadores lo interrumpieron una y otra vez acusándolo
de traidor. Tantos fueron los insultos que vertieron contra Catilina, que
éste tuvo que salir corriendo del Senado, y poco después abandonó la
ciudad y se dirigió al campamento de Manlio, quien estaba al mando del
ejército rebelde. Al día siguiente, Cicerón llamó a reunión al Senado, y
pronunció su Segunda catilinaria.
Segunda Catilinaria: Oratio in Catilinam Secunda ad Populum: En este
discurso, Cicerón informó a los habitantes de Roma que Catilina había
abandonado la ciudad, no partiendo hacia el exilio como se rumoreaba,
sino para unirse al ejército rebelde con el que pensaba derrocar el
gobierno del Senado y del Pueblo de Roma. Describió a los conspiradores
que apoyaban a Catilina como a hombres ricos endeudados, gente ansiosa
de poder y riquezas, veteranos seguidores de Sila, gente arruinada que
esperaba algún cambio, criminales, libertinos, y demás gente de la ralea
de Catilina. Aseguró al pueblo de Roma que no debían temer nada de
Catilina, pues él [Cicerón], el cónsul, y los dioses protegerían al Estado.
Mientras tanto, Catilina se había unido a Manlio, comandante de la fuerza
rebelde. Cuando el Senado fue informado de esto, declararon a ambos
enemigos públicos. Antonio, con tropas leales a Roma, fue enviado contra
Catilina, mientras Cicerón quedó al cargo de la defensa de Roma. Entre
este segundo discurso y el tercero, tuvo lugar la decisiva batalla entre las
tropas de Catilina y las de Antonio; Catilina, al ver que todo estaba
perdido, decidió suicidarse antes que entregarse al Senado romano. Esto
ocurrió a principios del año 62 A.C., y posteriormente Cicerón obtuvo
varios documentos y confesiones de los conspiradores, que presentó ante
el Pueblo en sus siguientes discursos.
Tercera Catilinaria: Oratio in Catilinam Tertia ad Populum: En este
discurso, Cicerón llamó al regocijo de la ciudad, pues había sido salvada
de la conspiración de Catilina. Presentó además las confesiones de todos
los cómplices de Catilina. Ante el entusiasmo general, que atribuía el éxito
a Cicerón, éste dijo no pedir nada para sí salvo la gratitud de Roma, y
reconoció que esta victoria había sido más complicada que cualquiera
ganada en el extranjero, pues los enemigos eran también ciudadanos de
Roma.
Cuarta Catilinaria: Oratio in Catilinam Quartum in Senatu Habita: En el
cuarto y último discurso, Cicerón estableció las bases de la argumentación
que subsiguientes oradores (principalmente Catón) emplearían en el juicio
y posterior ejecución de los conspiradores. Como cónsul del Senado
romano, reunido esta vez en el Templo de la Concordia (Roma), Cicerón no
podía legalmente expresar ninguna opinión al respecto, pero haciendo uso
de una sutil oratoria supo soslayar dicha prohibición. Aunque se conoce
muy poco sobre este debate en el Senado (salvo este discurso de Cicerón,
que muy probablemente fue alterado para su publicación), inicialmente el
Senado se opuso mayoritariamente a las condenas a muerte,
probablemente porque muchos de los acusados eran nobles patricios como
ellos, y el desprestigio en que caería el patriciado en caso de condena
sería grande. Por ejemplo, Cayo Julio César argumentó que el exilio y la
inhabilitación serían castigo suficiente para Catilina y sus cómplices. Sin
embargo, tras los esfuerzos combinados de Cicerón y de Catón, el Senado
acabó por condenarlos a muerte.
Aunque la mayoría de los historiadores reconocen que la gestión de
Cicerón durante la crisis fue impecable, y que sus discursos ante el Senado
salvaron la República romana, también suelen mencionar cómo tras su
éxito Cicerón comenzó a envanecerse, al tiempo que el mismo éxito que
había salvado a la república hizo que surgiera en contra de Cicerón una
gran envidia por parte de algunos elementos del Senado, envidia que
posiblemente surgía del hecho de que Cicerón era un homo novus (hombre
nuevo); es decir, un hombre que, sin pertenecer a una gens, siendo
plebeyo, llegó al consulado (recordemos que Cicerón era hijo de lo que
hoy llamaríamos terratenientes, sin relación con la nobleza urbana que
eran los patricios).
OCTAVIO AUGUSTO: César Augusto, conocido como Octavio, fue
el primer emperador romano, ya que con su antecesor murió la República que
había gobernado Roma. Además, fue el emperador romano que más tiempo
estuvo en el poder.
Nació el 23 de septiembre del año 63 antes de Cristo en Roma, en el seno de
una familia rica y acomodada; su padre era pretor de Macedonia y su madre era
sobrina-nieta de Julio César.
César Augusto, el primer Emperador
Tras su nacimiento tuvo
que trasladarse a la localidad de
donde era originario su padre,
Velletri. Durante su juventud
mostró grandes aptitudes para la
política y el ejército, por lo que Julio
César decidió adoptarle en el año 45
antes de Cristo y le convirtió en su
heredero.
Llevó a cabo varias campañas en
Hispania y tuvo que enfrentarse a los
partos en Epiro, donde recibió la
noticia de la muerte de Julio César en
el año 44 antes de Cristo. Acto
seguido puso rumbo a la capital y
cuando llegó se encontró con
que Marco Antonio y Lépido habían repartido el territorio.
Batallas de Octavio para obtener el poder: Tuvo que luchar contra Marco
Antonio para obtener el poder. Para ello, contó con el apoyo de Cicerón, los
republicanos del Senado y los grandes financieros, gracias a los cuales pudo
costearse un ejército propio.
Tras derrotar a Marco Antonio, volvió a Roma y exigió al Senado que le
nombrasen cónsul, pero debido a su edad, apenas 20 años, su petición fue
denegada.
Debido a este rechazo, marchó sobre Roma para tomar el poder. Lo hizo sin que
se produjera combate alguno, ya que todas las tropas, incluidas las que se
enviaron contra él, le apoyaron.
Una vez nombrado cónsul, decidió otorgarse poderes extraordinarios. Debido a la
resistencia de Bruto y Casio, que se negaban a aceptarle, se alió con sus antiguos
enemigos Marco Antonio y Lépido y formó un triunvirato.
Esto dio lugar a la continua persecución de los republicanos que terminaría en el
año 42 antes de Cristo en la batalla de Filipo en Macedonia.
MONEDAS CON LAS EFIGIES DE MARCO ANTONIO Y CÉSAR AUGUSTO
El reparto de poder: Hecho esto, decidió repartir el poder junto con Marco
Antonio, dejándole a éste la zona oriental mientras él controlaba la occidental.
Esto produjo un enfrentamiento entre ambos, la guerra de Perugia, en la que
Agripa, del lado de Octavio, derrotó a las tropas de Marco Antonio.
Acto seguido se hizo un nuevo acuerdo para repartir el poder. Octavio gobernaría
toda la parte occidental; Marco Antonio tendría el poder de la parte oriental,
pero hasta el río Drin; Lépido dominaría África; y por último Italia sería
gobernada por los tres conjuntamente. Para mantener la paz, Marco Antonio se
casó con la hermana de Octavio, Octavia la Menor.
Poco después, Marco Antonio había caído bajo la redes de la reina de
Egipto, Cleopatra, de quien se había enamorado. Ésta gobernaba con una política
más típicamente oriental, lo que no gustó nada a Augusto, pues iba en contra de
los intereses romanos. Debido a ello, le declaró la guerra a Cleopatra en el año
32 antes de Cristo.
Un año más tarde saldría victorioso de la batalla de Accio, tras la cual consiguió
entrar en Alejandría. Poco después, y viendo su derrota, Marco Antonio y
Cleopatra se suicidaron. Egipto se convirtió en una provincia romana, lo que
otorgó a Octavio el control de toda la zona mediterránea.
Emperador: Una vez regresó a Roma, decidió cambiar la forma de gobierno.
Trasformó la República en un sistema político más parecido a un Imperio, en el
que el poder se dividía en el Senado y el pueblo, por un lado, y el emperador y su
casa por otro.
Entre sus medidas, estaba la de renovarse a sí mismo el título de cónsul, además
de otorgarse nuevos títulos para aumentar su poder, como Princeps
senatus; Augustus, con un trasfondo divino; Imperator Proconsulare en algunos de
los territorios para tener poder militar; Tributo Vitalicio, Cónsul Vitalicio,
Prefecto de las costumbres, Gran Pontífice y finalmente Padre de la Patria.
Rechazó su divinización en vida, pero hizo instaurar el culto al emperador por
parte de todos los habitantes.
Una de sus principales misiones fuer mejorar la economía y estabilidad de Roma,
que se veía amenazada por la gran extensión de los territorios. Para
ello, reformó las instituciones y las adaptó a las necesidades del imperio,
creando el Consejo del Príncipe, del que formaron parte personas que contaban
con el favor del emperador, como Agripa.
También dividió las provincias en dos tipos de territorio; el primero, las
senatoriales, con el fin de que fueran gobernadas por una persona nombrada por
parte del Senado; por otro lado, estaban las imperiales, que serían gobernadas
por el propio emperador.
Asimismo, reorganizó el sistema fiscal, instaurando una gestión directa y menos
agresiva. Favoreció a los pertenecientes a la orden ecuestre de la que provenía
en lugar de a la aristocracia procedente del Senado.
También aseguró las fronteras del extenso territorio de los constantes
enfrentamientos con los partos y los germanos, además de seguir expandiendo el
imperio por la parte oriental. Debido a su falta de hijos, adoptó a Tiberio como
su sucesor.
Murió el 19 de agosto del año 14 en Nola. Tras su muerte, Tiberio consiguió el
poder sin problemas. Gracias a la gran labor que había realizado, el pueblo pidió
que se le divinizara, tras lo cual el nombre de Augusto sería utilizado como título
por los siguientes emperadores. Su cuerpo fue trasladado a Roma y quemado en
el Campo de Marte.
PLEBISCITOS: Decisión del pueblo. En la antigua Roma y en la época de la
República se llamaba plebiscitum a las decisiones de la Asamblea de la plebe o
Conclium Plebis que actuaba agrupada por tribus y en virtud de convocatoria del
Tribuno. Si bien en un principio los plebiscitum tenían fuerza de ley únicamente
para la plebe que los adoptaba posteriormente su fuerza legal se extendió a la
totalidad del pueblo romano. También en un principio la autoridad de la
Conclium Plebis dependía de su aprobación por el Senado, más desde los años
465 a 289 y 468 a 286, la ley hortensia equiparó la fuerza de los plebiscitos a la
de la ley y aún puede decirse que, a partir de tal momento, una gran parte del
derecho privado fue regulada no por leyes sino por plebiscitos y hoy el plebiscito
es en derecho público un mecanismo de participación.
LEY HORTENSIA: En el Derecho Romano se conocieron dos leyes bajo este
nombre. Una del año 287 a. C que confirmó las disposiciones de la Ley Valeria
Horatia que otorgaba fuerza de ley a los plebiscitos, y de otra ley Publilia, de
semejante tenor, aunque se cree que estas dos leyes requerían para obligar, la
aprobación senatorial, previa o posterior, requisito que la Lex Hortensia
suprimió.
La Lex Hortensia, fue sancionada por el dictador Quintus Hortensius. Los
plebiscitos pueden definirse como lo que la plebe ordena y establece. Eran las
decisiones que tomaban los concilios de la plebe interrogados por un tribuno. Si
fuera el pueblo el que ordena y establece se trataría de una ley (ley rogata).
Como los patricios no integraban la plebe, pero sí el populus, ellos consideraban
según consta en las Institutas de Gayo, que las disposiciones contenidas en los
plebiscitos no los obligaban, y sólo reconocían la autoridad de las leyes
comiciales.
Desde la ley Hortensia los plebiscitos tuvieron la misma fuerza obligatoria que las
leyes comprendiendo tanto a patricios como a plebeyos, contribuyendo a
equiparar los derechos y deberes de los plebeyos cuyos reclamos fueron tan
largamente postergados; a los de los patricios.
A partir de entonces todas fueron leyes (las leyes rogatas aprobadas en los
comicios por centurias, y los plebiscitos). Los plebiscitos fueron mucho más
numerosos y se convirtieron en gran fuente de Derecho, especialmente en la
regulación del Derecho Privado, tomando la denominación de ley. Así las leyes
Aquilia, Voconia, Icilia y Cincia, fueron en realidad plebiscitos.
Otra Ley Hortensia fue la que declaró que los días de mercado no eran aptos para
las reuniones comiciales.
LEY DE LAS XII TABLAS: La Ley de las Doce tablas, fue el hecho de plasmar, por
escrito en plena República Romana, de una forma legal y jurídica un antiguo
derecho consuetudinario, ya existente en tiempos pasados para la convivencia
entre patricios y plebeyos, igualando sus derechos, a propuesta de Terentilo Arsa
sobre el año 462 a.C, siendo la primera ley de derecho público y privado del que
se tenga noticia.
Para esta Ley de las Doce tablas, creó el Senado una comisión entre sus
magistrados patricios llamada “decenvirato” por estar compuesta por diez
miembros, aprobándose por el Senado las asambleas populares llamadas,
“Comicios centuriados”.
Ley I, II y III: dedicadas al “Derecho procesal privado”, por el cual el
magistrado presidía el proceso, y el juez era el encargado de dictar
sentencia, elegido este por ambas partes, dando a la República Romana,
nuevas fuerzas legales con que afianzarse ante sus súbditos.
Ley IV y V: sobre el “Derecho familiar y sucesiones”, legalizaciones
testamentarias, afianzando y regulando jurídicamente al paterfamilias,
como cabeza de la familia con potestad sobre todos sus miembros, aunque
también establecieron el divorcio a favor de la mujer.
Ley VI y VII: estableciendo en la República Romana, “Derecho penal
público y privado”, atendiendo con ello leyes hacia los crímenes,
parricidios, delitos de lesiones, daños a terceros, hurtos, como la
prohibición de privilegios al declarar la República Romana, con estas
“Doce Tablas” la igualdad que debía existir entre patricios y plebeyos, que
en la práctica no siempre era cumplida.
Ley VIII: De los derechos prediales del derecho público. Apuntan sobre la
reglamentación de los edificios, en cuanto a las distancias entre los
mismos en relación a un vecino. Así como el conflicto sobre las
construcciones entre campos limítrofes, al igual que los frutos derivados
en esos linderos y la manera de proceder con los mismos.
También sobre el agua pluvial que pueda ocasionar algún perjuicio al
vecino, a causa de alguna mala praxis en su construcción o maquinaria que
pueda ocasionar un daño a dicho morador. Hace igualmente referencia a
las vías de acceso como su reglamentación, que no pueda menoscabar a la
parte colindante. También trata sobre el derecho a la servidumbre de esos
pasos de forma equitativa. En cuanto a estos límites, el Pretor nombrará
tres árbitros para dilucidar el conflicto.
Ley IX: Del derecho público. A ningún ciudadano se le concederán
derechos especiales. Los deudores sujetos a límites hacia la ciudadanía,
pero que, habiendo saldado sus deudas, gozará de las mismas opciones que
los ciudadanos romanos libres.
Todo juez o árbitro que recibiese dinero a fin de favorecer a una u otra
parte en litigio, se le aplicará la pena capital.
Las condenas a muerte o sustituibles de algunos derechos de la ciudad, el
pueblo romano deberá hacer una declaración solemne, reuniéndose en
comicios por centurias.
Los questores parricidii, serán nombrados por el pueblo. Si alguien
promueve motines o graves alborotos, será condenado a muerte. Si algún
ciudadano instiga a los enemigos de Roma contra la nación, se le aplicará
la pena capital.
Ley X: a instancias de “Derecho Sacro”, esto es, regular jurídicamente la
vida interna de la ciudad, donde se debían cumplir por ley las
disposiciones, prohibitivas sobre la inhumación o incineración en el
interior de la ciudad, por motivos de salud pública, y en la evitación de
incendios, como así mismo vetar el excesivo de lujo en los funerales.
Ley XI y XII: reforzando por medio de estas dos últimas leyes, lo que ya
promulgó en las leyes I y II, castigando el concubinaje o matrimonios entre
patricios y plebeyos, llamadas, por este motivo “Tabulae inicua” (Tablas
de las injusticias). Quedando por tal motivo derogada la prohibición con la
“Ley Canuleya”, una de las disposiciones más conocidas de la República
Romana.
La Ley de las Doce tablas, presidieron como textos fundamentales en la
República Romana, hasta la época de Cicerón, aunque los patricios
siguieron dominando la política romana, por lo cual dos tribunos C.Licinio
Estolón y L.Sextio Laterano, lucharon por la igualdad entre patricios y
plebeyos, donde a partir de entonces los plebeyos fueron poco a poco
ganando terreno en este sentido, como el nombramiento de pretores
(administradores de justicia), y el Tribunado de la plebe, como
magistratura ordinaria, y funciones legislativas, denominándose la “Lex
Hortensia” en el año 286 a.C, para solucionar los conflictos entre patricios
y plebeyos.
En la República Romana, fue constituido un segundo “decenviro”, inspirado por
Apio Claudio, llamada “Leges Liciniae-Sextiae”, con la cual los plebeyos pudieran
obtener privilegios propios de los patricios, como eran la organización de los
juegos, eventos muy importantes en la vida de los romanos de la República
Romana.
Ocurrió un grave episodio en la República Romana, protagonizado por el galo
Brenno, donde en la aún incipiente vida romana, conquistó Etruria, pudiendo
entrar en Roma en el año 387 a.C, saqueándola e incendiándola, por lo que las
“Leyes de las Doce Tablas” escritas en madera y expuestas en el Foro Romano,
desaparecieron, se dice que volvieron a escribirse sobre unas tablas de piedra,
una vez pasada la razia de Brenno, pero ya es algo que no se ha podido probar
aun, entablándose una controversia entre diversos historiadores, dudando, que
alguna vez hubieran existido esas leyes escritas, y tan solo fueran, como algunos
afirman, antiguas normas consuetudinarias.
PAGANISMO: Es un concepto religioso genérico empleado por los cristianos desde
el siglo VI, en el Imperio Romano, para designar al conjunto de creencias que no
pertenecían ni al cristianismo, ni al judaísmo.
El término  en latín: paganus, significa «habitante del campo», «rústico», de
aldea o pagus) se utiliza por primera vez a principios del siglo V como un
apelativo vulgar para indicar a los adoradores de los dioses griegos, romanos o de
otros pueblos de Imperio y que, por ello, no admitían la creencia en el Dios que
cristianos y judíos consideraban el único y revelado a través de la Biblia.
Con el apoyo del emperador Constantino I, a comienzos del siglo IV, y más tarde
los edictos de Teodosio I, desde la década de 380, el cristianismo se convirtió en
la religión oficial del Imperio. Los cambios religiosos se produjeron de manera
inmediata en las grandes poblaciones de Roma, pero tardaron en llegar a los
lugares más alejados y menos poblados. Las zonas rurales eran llamadas pagus y
sus habitantes paganus.
El paganismo fue originalmente un término peyorativo y connotaba ampliamente
la "religión del campesinado". Durante y después de la Edad Media, el término
paganismo se aplicó a cualquier religión no abrahámica o desconocida, y el
término aludía una creencia en un dios falso.
La mayoría de las religiones paganas que existen hoy en día, el paganismo
moderno o neopaganismo, expresan una visión del mundo panteísta, politeísta o
animista; pero algunas son monoteístas.
CRISTIANISMO: Nombre de la religión bajo la que se agrupa a todos los cristianos
o creyentes que han depositado su fe en la muerte y resurrección de Jesús, el
hijo de Dios.
El cristianismo es la religión con más seguidores en todo el mundo. Se basa en las
enseñanzas y milagros de Jesús de Nazaret, quien también es conocido como
Cristo. En el cristianismo, Jesús es el hijo de Dios, una persona que ya
profetizaba el Antiguo Testamento, y que murió en la cruz sacrificándose por el
resto de seres humanos. Jesús enseño el cristianismo a sus apóstoles, que fueron
los que predicaron su palabra por el resto del mundo, expandiéndolo. Ahora bien,
el cristianismo ya desde esta parte comenzó a tener variaciones.
A través de uno de sus apóstoles, Pablo de Tarso, el cristianismo llegó al Imperio
Romano, estando prácticamente en cada rincón para el 300 d.C. El
emperador Constantino I el Grande fue quien la reconoció como religión legal,
haciendo que tuviese más fuerza para poder llegar a más personas.
Así llegó a convertirse en la religión oficial del Imperio con el Edicto de
Tesalónica, decretado por Teodosio en el año 380. Poco a poco fue calando
también en los pueblos bárbaros, que tendrían una gran importancia durante la
Edad Media.
Jesús de Nazaret y la Biblia las dos
figuras más importantes del cristianismo
Las creencias del cristianismo: Entre
las distintas variaciones hay ciertos
puntos que confluyen y son comunes.
Estas son:
 Dios es uno y al mismo tiempo
tres: Padre, Hijo y Espíritu Santo
 Dios creó el mundo y al hombre a
su imagen y semejanza, y que es
quien conserva el universo.
 Jesucristo fue la persona que
reveló la verdadera naturaleza
de Dios, como su padre y padre
de todos
D
i
o
s
está presente desde el origen de los
hombres, cuidando de ellos y dando vida
eterna a todos aquellos que buscan la
salvación mediante las buenas obras.
La Biblia es el libro más importante del cristianismo, pues recoge el Nuevo
Testamento y el Antiguo Testamento. Aunque sí es cierto que su contenido se
adapta según la iglesia. La Biblia ha ido modificándose a lo largo de los años,
como en el Concilio de Trento, por ejemplo.
JUDAÍSMO: Religión monoteísta que se basa en la Biblia y la Torá, que recogen el
contenido de la revelación de Dios al pueblo de Israel; se caracteriza por
respetar la voluntad de Dios para la humanidad, que se expresa en los
mandamientos de la Ley, y por esperar la venida de un Mesías, del que vendrá la
salvación y el triunfo del pueblo judío.
De las grandes religiones monoteístas existentes en la actualidad, el judaísmo es
la que posee más antiguas raíces. De su seno brotó el cristianismo, en tanto que
el Islam adoptó diversos elementos judaicos y reconoció como profetas a
Abraham y Moisés.

Es la religión de los judíos y abarca tanto las creencias como las costumbres y el
estilo de vida propios de esta comunidad mantenidos con constancia y
flexibilidad a través de las vicisitudes de cuarenta siglos de existencia.
Para el pueblo judío la historia no se limita a una sucesión de acontecimientos;
es una historia sagrada que comienza con la elección del pueblo por parte de
Dios y se orienta hacia el cumplimiento final de su promesa de que por mediación
de este pueblo Dios bendecirá a todas las naciones. En el curso de esa historia,
los sabios judíos incorporaron a los libros sagrados un amplio corpus de textos
que constituyen hoy el fundamento de su religión.
JUSTINIANO: (Flavius Petrus Sabbatius Justinianus; Tauresio, Macedonia, 482 -
Constantinopla, 565) Emperador bizantino. Procedía de una familia tracia muy
humilde, encabezada por su tío Justino, el cual había ascendido en el ejército
hasta ser nombrado emperador (518). Justino I no tuvo descendencia y designó
como sucesor a Justiniano, asociándole al trono en el 527 (el mismo año en que
murió).
Desde entonces hasta su
muerte, se aplicó con energía a
revitalizar el Imperio de
Oriente, contando con la
inestimable ayuda de su esposa,
la emperatriz Teodora (una ex
actriz de grandes cualidades
intelectuales, que participó en
tareas de gobierno hasta que
murió en el 548). Justiniano
centralizó y reformó la
Administración, reforzó el
absolutismo monárquico y el
ceremonial cortesano, sometió a
la jerarquía eclesiástica
convirtiéndola en instrumento
del poder imperial y emprendió grandes construcciones (como la basílica de
Santa Sofía de Constantinopla).
Tras asegurar la frontera oriental conteniendo a los persas («Paz Perpetua»,
532), se propuso la reunificación del Imperio Romano, reconquistando los amplios
territorios perdidos en Occidente con ayuda de sus generales Belisario y Narsés.
Aunque no lo consiguió del todo, sí recuperó de manos de los bárbaros el norte
de África (arrebatado a los vándalos en el 534), Italia (arrebatada a los
ostrogodos en el 540) y una franja del sureste de la península Ibérica (arrebatada
a los visigodos en el 554); restauró así la unidad imperial de las riberas del
Mediterráneo, a falta sólo de las costas de Marruecos, la Tarraconense y la Galia.
Tan importante o más que sus acciones de conquista fue el impulso que dio a la
codificación del derecho romano, controlando personalmente una comisión de
expertos que lo recopiló, simplificó, armonizó y unificó en un Corpus Iuris
Civilis (529). Estaba compuesto por un código de leyes imperiales vigentes
(el Código Justiniano), una recopilación de dictámenes jurídicos
(el Pandectas o Digesto) y un manual para la enseñanza del derecho
(Instituciones). Las leyes promulgadas por el propio Justiniano después de la
promulgación del Corpus Iuris Civilis (534) fueron recopiladas y añadidas a aquél
en las Novelas.
La importancia de estos códigos va más allá de lo que supuso de racionalización y
de reforzamiento del poder imperial en Bizancio: desde entonces constituyeron
la base del derecho imperial bizantino; pero fue también a través de ellos como
se produjo la recepción del derecho romano en Europa occidental a partir del
siglo XII, sentando las bases para una cultura jurídica común en gran parte de las
naciones europeas actuales (las que tienen un derecho civil de raíz romana).
Sin embargo, Justiniano fue un emperador impopular. Sus campañas exteriores y
sus grandes construcciones arquitectónicas incrementaron los gastos del Estado,
haciendo aumentar la presión fiscal. En el 532 estalló contra él una insurrección
popular (la Revuelta de Nika), que fue ahogada en sangre por Teodora
y Belisario (unos 30.000 muertos).
También existieron disidencias religiosas: Justiniano persiguió a los seguidores
de Arrio y de Nestorio, pero no se atrevió a hacer lo mismo con los monofisitas;
aunque era un ortodoxo convencido (partidario de las tesis del Concilio de
Nicea), no consiguió restablecer del todo la sintonía con el Papado, para no
enemistarse con las tendencias monofisitas, muy extendidas en Oriente y
especialmente en Siria y Egipto. A su muerte, recibida con júbilo por el pueblo,
gran parte de su obra se vino abajo, pues Bizancio perdió la mayor parte de los
territorios ganados en Occidente y se convirtió definitivamente en un Imperio
oriental.
DICTADOR ROMANO: La dictadura era en la Antigua Roma el gobierno
extraordinario que confería a una persona, el dictador (del latín dictator), una
autoridad suprema en los momentos difíciles, especialmente en los casos de
guerra.
La dictadura nació, al parecer, a propuesta de Tito Larcio, quien fue además el
primero en ejercer el cargo. El dictador era nombrado por uno de los cónsules en
virtud de una orden del senado que tenía la potestad de determinar cuándo era
necesario el nombramiento y quién debía ocupar el cargo. En un principio, sólo
los patricios podían ser nombrados dictadores, pero en el año 356 a. C. se les
reconoció ese mismo derecho a los plebeyos.
Origen: Cuando los cónsules, hacia 500 a. C. propusieron el alistamiento
de los plebeyos en el ejército para responder a la amenaza que suponía
para Roma la alianza entre los pueblos del Lacio y los Tarquinos, se
encontró con su negativa. Como todo el poder recaía en los patricios, eran
ellos los que poseían las riquezas y a ellos tenían que acudir los plebeyos
para obtener los préstamos con los que subsistir; sin embargo, los patricios
abusaban de las leyes contra los deudores insolventes que permitían al
acreedor incluso hacer esclavo suyo al deudor. No resulta extraño,
entonces, que los plebeyos se negaran a defender con su vida a aquellos
que tan mal les trataban, a no ser que fuera a cambio del perdón de todas
o parte de sus deudas. Ante esta situación, el Senado, para poder repeler
al enemigo exterior y satisfacer las demandas de los plebeyos propuso, por
iniciativa de Tito Larcio, el nombramiento de un magistrado superior a los
demás y a las mismas leyes, a lo que el pueblo accedió esperando quizá
algún alivio de la novedad.
Funciones y atribuciones: El Magistrado supremo recibía los títulos
de dictador y senador del pueblo (dictator, magister populi) y ejercía su
autoridad por espacio de seis meses a lo sumo, período en el que
quedaban en suspenso todos los procedimientos ordinarios, los
magistrados, excepto los tribunos de la plebe, se abstenían en el ejercicio
de su jurisdicción y nadie podía criticar, censurar ni discutir las órdenes
del dictador. Para demostrar su superior magisterio, el dictador marchaba
precedido de 24 lictores, frente a los 12 que acompañaban a los cónsules.
Aunque a lo largo del tiempo las atribuciones del dictador se fueron
ampliando, entre ellas se encontraban el hacer la paz y la guerra y
condenar a muerte sin posibilidad de apelación. No podía, sin embargo,
disponer del Tesoro Público sin la autorización previa del pueblo, ni
abandonar Italia, y estaba obligado a rendir cuentas de sus actos tan
pronto terminaba en el ejercicio de su autoridad. Además, durante su
mandato se hallaba bajo la vigilancia de los tribunos que conservaban toda
su autoridad y que, cabe esperar, se ocuparían con esmero y
escrupulosidad en la tarea de poner coto a la ambición y prepotencia de
los dictadores, especialmente cuando uno de ellos concentrara en sus
manos todos los poderes.
Esta institución fue sin duda alguna de gran importancia y utilidad en los
tiempos de la República, unas veces salvándola de la ruina y otras
facilitando grandes conquistas que sometieron a la Ciudad Eterna pueblos
más civilizados que los romanos y cuyos conocimientos científicos y
literarios contribuyeron a dar un fuerte impulso a la civilización romana.
Sin embargo, andando el tiempo, las virtudes cívicas y abnegación de los
primeros dictadores cedieron ante la corrupción de las costumbres y las
ambiciones desenfrenadas de poder convirtiendo la dictadura en
instrumento de tiranía en la persona de Sila y obrando la transformación
de la República en Imperio en la persona de Julio César.
FILIPICAS: Con el nombre de Filípicas se nos han conservado catorce discursos
pronunciados por Cicerón entre el 2 de septiembre del año 44 y el 21 de abril del
43, en los que pretende desenmascarar y poner coto a los intentos hegemónicos
de Marco Antonio. Si bien son catorce los discursos conservados, posiblemente no
sea éste el número total de los pronunciados por Cicerón sobre este tema, si
tenemos en cuenta que un gramático del siglo IV, Arusiano Mesio, cita dos frases
sacadas de unas supuestas Filípicas XVI y XVII. Con respecto a la denominación de
Filípicas, hay que decir que el nombre que cabría esperar que se les hubiese
aplicado a estos discursos sería el de Antonianas al ser Marco Antonio el
destinatario de ellas, de la misma manera que hablamos de Catilinarias con
respecto a los discursos dirigidos contra Catilina; y de hecho este nombre de
Antonianas es el que usan Séneca el rétor y Aulo Gelio y, seguramente, el
primero en el que pensaría Cicerón, ya que la denominación de Filípicas es una
sugerencia en tono de broma que le hizo Cicerón a su amigo y corresponsal Ático
y que éste aceptó tras haber leído la quinta y la décima. Y será precisamente
éste el nombre más divulgado en la transmisión del texto. No hace falta indicar
que el nombre de Filípicas es una imitación del nombre de los discursos
pronunciados por el orador griego Demóstenes (siglo IV a.d.C.) contra el rey
Filipo II de Macedonia por sus intentos expansionistas sobre Grecia. De las
catorce Filípicas conservadas, once lo fueron ante el Senado y dos ante el
pueblo; estas últimas, de ordinario más breves, suelen ser el resumen de una
intervención anterior ante el Senado ajustadas a las condiciones del nuevo
auditorio. Mención aparte merece el segundo de estos discursos contra Marco
Antonio, ya que no fue nunca pronunciado; y ciertamente hay que darle la razón
a Cicerón por su prevención por pronunciarla primero y por hacerla pública
después, ya que si las Filípicas suelen considerarse en su conjunto como la
culminación y compendio de la elocuencia de Cicerón, la segunda es la obra
maestra de la invectiva; en ella Cicerón usa extensamente todos los recursos
retóricos y todos los medios a su alcance para denigrar la figura de Marco Antonio
y la de todos sus seguidores. En consecuencia, no es de extrañar que sea esta
Filípica la que se ha beneficiado del mayor número de traducciones, incluso en
castellano, lengua poco favorecida por las traducciones de estos discursos
ciceronianos. Por lo demás, las Filípicas son un excelente documento para
conocer de primera mano los acontecimientos políticos sucedidos en Roma
durante los años 44 y 43 a.d.C., con independencia de que, al igual que sucedía
con las Catilinarias, muchas de ellas fueran retocadas antes de su publicación. De
ello tenemos además pruebas escritas en la correspondencia entre Ático y
Cicerón, en la que éste le aconseja la introducción aquí y allá de cambios de
estilo y de vez en cuando le comenta la conveniencia de silenciar el nombre o la
intervención de tal o cual personaje, no siendo raros los casos en que Cicerón le
hace caso. En cuanto a los antecedentes político-sociales de la situación aquí
descrita, puede decirse que se inician inmediatamente después del fracaso de la
conjuración de Catilina. Recordemos que Catilina había muerto en enero del 62;
pues bien, a finales de este año Pompeyo regresa a Roma, donde celebra en
honor de multitudes su triunfo, pero de forma imprevista rechaza, en contra de
lo que esperaba todo el mundo, hacerse con la dictadura. Esta indecisión de
Pompeyo acabó por resultarle fatal, pues a consecuencia de ella se llega en el
año 60 a un reparto del poder e influencias entre César, Pompeyo y Craso en lo
que se conoce como el primer triunvirato; de esta situación sacará más ventajas
que nadie Julio César que de esa forma consigue el consulado del año 59 y luego
el gobierno de la Galia transalpina, lo que le permitirá hacerse con los servicios
de un poderoso ejército. Estos años marcan, por otra parte, un decidido declive
de la actividad política de Cicerón, que en el año 58 se ve abocado a exiliarse
ante el acoso del tribuno de la plebe Clodio que le acusaba de haber hecho
ejecutar sin juicio a los implicados en la conjuración de Catilina. La muerte de
Craso en el 53 en el transcurso de su expedición contra los partos precipitó la
situación y condujo al enfrentamiento directo entre Pompeyo y César. Éste
atraviesa con su ejército el Rubicón en el 49, lo que le ponía fuera de la ley;
Pompeyo escapa de Roma cruzando el Adriático; César le persigue y en enero del
48 en la batalla de Farsalia lo derrota marcando el principio de lo que será su
dictadura personal. Pompeyo, por su parte, se refugia en Egipto y es asesinado
por orden del rey Ptolomeo XIV, deseoso de ganarse el favor de César.
Finalmente, tras cuatro años de poder absoluto, César es asesinado el 15 de
marzo del 44 (las idus de marzo) en el curso de un complot senatorial
encabezado por Décimo Bruto y Cayo Casio. A través de las Filípicas se puede
seguir casi el día a día de una situación políticamente inestable por la falta de un
poder fuerte que sirva de referencia. Así, asistimos, de una parte, a los intentos
de Marco Antonio, lugarteniente de César, de vengar la muerte de éste y de
sucederle en el control político de Roma, De otra parte, vemos a Cicerón y con él
a una parte importante de la aristocracia senatorial que creen llegado un nuevo
período de bonanza para sus intereses a través de la vuelta del antiguo esplendor
republicano. Si la disputa hubiera tenido que dirimirse entre estas dos fuerzas
quizá les hubiera quedado alguna oportunidad a Cicerón y al partido que
representaba; sin embargo, la situación distaba mucho de esta aparente
simplicidad, pues junto a estos factores intervienen otros que acabarán siendo
decisivos: la aparición en escena del sobrino e hijo adoptivo de Julio César, César
Octavio, que, presentándose en un primer instante como garante de la libertad
de la república y de la autoridad del Senado, acabará por pactar con Marco
Antonio y dará un giro definitivo a la situación; tampoco debe dejarse de lado el
papel también determinante que tuvo Lépido, gobernador de la Galia narbonense
y antiguo comandante de la caballería de César, que también acabó por
inclinarse por Marco Antonio y que constituyó junto con éste y Octavio el llamado
segundo triunvirato.

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