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a. Diálogo de fuentes
El sistema jurídico de protección del consumidor vigente en Argentina, encuentra hoy un campo de aplicación
preponderante y urgente, en relación a los proveedores y responsables de servicios financieros y bursátiles.
El Derecho del Consumidor funciona en los términos de un complejo y rico "diálogo de fuentes", de jerarquía
constitucional (arts. 42 y 43 CN), fortalecido recientemente por las normas del Código Civil y Comercial de la
Nación, a la par del régimen especial de la ley 24.240 de defensa del consumidor y normas análogas.
Siempre con el principio protectorio en el horizonte de las autoridades judiciales y administrativas, que deben
proveer a la protección de los derechos de los consumidores y usuarios y aplicar las normas que les resulten
más favorables (arts. 42, CN, 3º y 65, ley 24.240 y 1094 y concs., CCiv.yCom.).
En ese contexto, los proveedores y responsables de servicios financieros y bursátiles, están sometidos a las
aludidas normativas, otras complementarias (tarjetas de crédito, etc.), y reglamentaciones (BCRA, etc.), que les
imponen, en tutela del usuario, una serie rigurosa de prohibiciones, deberes y responsabilidades. Iniciamos
enunciando algunos de dichos contenidos.
1. El deber de información, emergente de los arts. 42 Const. Nacional, arts. 4º y 6º, 36 y concs., ley 24.240,
1100, CCiv.yCom. y en normativas especiales (tarjetas de crédito, BCRA, etc.).
2. El carácter vinculante de las ofertas al público y las precisiones formuladas en los anuncios publicitarios (arts.
7º y 8º, ley 24.240 y art. 1103, CCiv.yCom.).
3. Las obligaciones emergentes del régimen de contratación a distancia y comercio electrónico (ley 24.240, arts.
32 a 34 y CCiv.yCom., (arts. 1104 a 1116), que ahora incluyen la prohibición de la cláusula de prórroga de la
competencia territorial (art. 1109, CCiv.yCom.)
4. Los deberes vigentes en el ámbito de las operaciones de crédito para el consumo (art. 36, ley 24.240). En
dicho marco, las pautas jurisprudenciales extendidas en materia de pagarés de consumo, en orden a
competencia territorial, análisis causal, control sobre los intereses, etc. Y las reglas jurídicas que comienzan a
construirse a efectos de imponer la prevención y el tratamiento, del sobreendeudamiento de los consumidores.
5. Los regímenes específicos, por ejemplo sobre contratos bancarios con consumidores y usuarios (CCiv.yCom.,
arts. 1384 a 1389), y tarjetas de crédito(ley especial 25.065), etc.
6. Las normativas reglamentarias para las entidades financieras en defensa del consumidor, emanadas del
BCRA.
C. Cláusulas abusivas (arts. 37 a 39, ley 24.240 y 1117 a 1122, CCiv.yCom.), incluyendo el control administrativo
previo de equidad del contenido, y la nulidad en órbita judicial.
D. Situaciones jurídicas abusivas (art. 1120 CCiv.yCom.), y su relación con los regímenes de conexidad
contractual y prohibiciones de la compulsión contra la libertad contractual.
8. La responsabilidad civil, como sistema de reacción contra los proveedores de servicios financieros y
bursátiles, en sus funciones preventiva (art. 52, ley 24.240 y 1708 y ss., CCiv.yCom.), y la reparación fundada en
factores objetivos de atribución, por daños derivados del incumplimiento o de la prestación del servicio (arts. 19 y
40, ley 24.240). Incluyendo en su caso el daño extrapatrimonial, e indemnizaciones punitivas (art. 52 bis, ley
24.240), por grave menosprecio de los derechos del consumidor o usuario y/o por afectación de su dignidad (art.
8 bis, ley 24.240).
En los últimos años importantes transformaciones sociales, políticas, económicas, culturales y tecnológicas han
atravesaron y atraviesan las sociedades en Occidente como consecuencia de la consolidación de la llamada
"sociedad de consumo". (1) Algunas de sus características son: producción tecnificada y masificada,
estandardización y despersonalización de las condiciones de comercialización de bienes y servicios, agresivas
campañas de publicidad, moda y prácticas comerciales, construcción del poder de la "marca", masificación
del crédito y situaciones de monopolio y oligopolio. Así, las relaciones entre quienes adquieren o utilizan bienes o
servicios para satisfacer necesidades domésticas y quienes proveen bienes y servicios en el mercado se dan en
un marco de asimetría estructural, caracterizada por la debilidad y vulnerabilidad los consumidores y usuarios.
En este contexto, consumo, publicidad y crédito constituyen un triángulo que retroalimenta el sistema de la
sociedad de consumo: la creación y fomento de necesidades se desarrollan por la publicidad, la moda y las
prácticas comerciales en general, en tanto que la facilitación al consumo viene de la mano con la generalización
y ampliación de las modalidades de financiación. Toda vez que lo que hará de definir la ubicación de un individuo
en la pirámide social no será cuánto tiene sino cuánto gasta (2), la instigación al consumo como
condicionamiento de integración social forzará a muchos consumidores a endeudarse cada vez más. Consumo
y crédito se encuentran íntimamente vinculados y encuentran muchas veces su fundamento uno en el otro.
Otras de las características que pueden también observase una masificación del acceso a los servicios
financieros. La "bancarización obligatoria", la masificación de medios de pago y financiación electrónica, la
popularización de diversas formas de crédito e inversiones, la promoción de la llamada "inclusión financiera",
entre otros aspectos ha acercado al público no especializado diversos productos y servicios financieros y
bursátiles, no sin ello aparejar y desplegar nuevos riesgos, conflictos y desafíos.
Por tal razón, desde el Derecho del Consumidor se ha intentado dar nuevas respuestas a dichas problemáticas.
Las cuestiones vinculadas a la financiación de las operaciones de consumo, los servicios financieros y bursátiles
constituyen un capítulo desatacado de las regulaciones protectorias del consumidor en la legislación comparada,
tanto en temas referido a los deberes a cumplimentar por quienes financien operaciones de consumo, en temas
tan diversos y complejos como la información, requisitos, modalidades de implementación, intereses o
prevención y tratamiento del sobreendeudamiento de los consumidores.
En el derecho argentino, no obstante, dicho apartado se encuentra en un estado embrionario. El capítulo VIII de
la Ley 24.240 de Defensa del Consumidor (LDC), con su único art. 36, era la única de las previsiones normativas
en la materia. A esta cuestión podemos agregarle, en la normativa especial dictada por el Congreso Nacional, la
Ley 25.065 de Tarjeta de Crédito, la Ley de Leasing 25.248 —hoy parcialmente derogada y recodificada en lo
que concierne a los temas contractuales— (3) y, en el nuevo Código Civil y Comercial, el Parágrafo 2° "Contratos
bancarios con consumidores y usuarios", de la Sección 1ª, del Capítulo 12 "Contratos bancarios", en el Título IV,
del Libro III (arts. 1384 a 1389), como así también normas dictadas por las respectivas autoridades de aplicación
(Banco Central de la República Argentina y Comisión Nacional de Valores).
En el presente trabajo analizaremos las regulaciones vigentes en derecho argentino sobre al materia, haciendo
un breve panorama sobre las líneas establecidas desde la Constitución Nacional y los instrumentos
internacionales, pasando por las regulaciones generales y específicas del sistema de protección al consumidor,
el nuevo Código Civil y Comercial y las regulaciones específicas de las autoridades de aplicación, para
finalmente intentar delinear algunas conclusiones y perspectivas.
La Constitución Nacional, tras la reforma de 1994, ha reconocido explícitamente los derechos de los
consumidores y usuarios, fundamentalmente a través del art. 42. Al analizarse el art. 42 de la Constitución
Nacional puede esquematizarse la consagración de los siguientes derechos fundamentales de los consumidores
y usuarios:
I) Derechos primarios (relativos a deberes y funciones del Estado), entre los que agrupa a) el Derecho de acceso
al consumo, la Libertad de elección y el trato equitativo y dignidad en el acceso al consumo y b) el Derecho a la
educación para el consumo;
II) Derechos sustanciales (Soluciones del Derecho de fondo), entre los que enumera a c) Derecho a la salud y
seguridad; d) Derecho a la información; e) Derecho a la protección de los intereses económicos y Calidad de los
servicios públicos; y
III. Diálogo entre Ley de Defensa del Consumidor y el Código Civil y Comercial: proyecciones sobre las
operaciones financieras y bursátiles
La Ley de Defensa del Consumidor, en sus más de veinte años de vigencia, ha provocado una fuerte
transformación del Derecho Privado —hoy reflejada en el nuevo Código- perfilándose hacia una gradual
consolidación de aquellos instrumentos jurídicos útiles para garantizar eficientes niveles de protección de la
debilidad jurídica tanto en el plano sustancial como procesal. (5) La circunstancia que durante éstas, más de dos
décadas el Derecho del Consumidor se haya ido afianzando sobre bases sólidas, explica las razones por las
cuales de modo recurrente, los ciudadanos y el Poder Judicial, invocan sus normas para encontrar y conceder
amparo y protección, más aún frente a la constante mutabilidad y creciente complejidad de las prácticas de
comercialización que se implementan en el mercado, no siempre transparentes, que exigen la atención de los
operadores jurídicos a fin de mejorar la calidad de vida de nuestra ciudadanía.
Recordemos que la sanción del régimen de defensa del consumidor generó una intensa resistencia de ciertos
sectores económicos, en orden a resultar no alcanzados por la ley. En el tema que hoy nos ocupa, puede
afirmarse que más allá de las discusiones doctrinarias (6), nuestra jurisprudencia siempre consideró aplicable el
régimen emergente de la Ley 24.240 a las "operaciones financieras". Mas aún, la reforma introducida por la Ley
26.361 siguió esa orientación, en cuanto el art. 3º dispone que "Las relaciones de consumo se rigen por el
régimen establecido en esta ley y sus reglamentaciones sin perjuicio de que el proveedor, por la actividad que
desarrolle, esté alcanzado asimismo por otra normativa específica"; en sentido concordante, el art. 36 reformado
se proyecta sobre "las operaciones financieras para consumo" y las de "crédito para el consumo". (7)
El Código Unificado intensifica ese sendero, no sólo al dejar subsistente al art. 3º ya referido, sino que también al
privilegiar a la de relación de consumo y optar por regular algunos de sus aspectos más sobresalientes. (8) La
decisión, según expresa la Fundamentación del Anteproyecto de 2012 —antecedente inmediato de aquél, se
apoya en la jerarquía constitucional que ostenta el principio protectorio del consumidor (9), y se materializa a
través de la consagración de normas que contemplan una protección de mínimos, sin derogar, el régimen
especial establecido en la ley 24.240. Así, las normas del Código referidas a la defensa de los consumidores y
usuarios son situadas en el Libro Tercero, Titulo III, denominado "Contratos de consumo", aunque precedidas de
un Capítulo (I) denominado "Relación de consumo". Ellas persiguen delimitar las categorías básicas de "relación
de consumo" (art. 1092) y "contrato de consumo" (art. 1093), junto a la reafirmación de la vigencia del principio
de tutela que dimana del art. 42 de la Constitución Nacional, fijando a tales fines reglas rectoras de la
interpretación e integración normativa y de la interpretación del contrato de consumo (arts. 1094 y 1095). La
metodología seguida pone en evidencia que las disposiciones contenidas en todo ese Título III están llamadas a
actuar más allá del contrato de consumo, proyectándose de manera amplia sobre toda la materia, actuando
como herramientas de suma importancia para el diálogo de la pluralidad de fuentes. De tal modo, la relación
jurídica de consumo se constituye en la noción articuladora de la protección constitucional y legal (conf. art. 42
CN, art. 1092 y art. 3º Ley 24.240), que no sólo sirve para la delimitación del ámbito de aplicación del régimen,
sino también, para aportar el contexto explicativo de los conceptos de consumidor y proveedor, claves de acceso
al sistema tuitivo. (10)
Como sostuvieron los autores del anteproyecto de Código en sus fundamentos, las previsiones en materia de
Derecho del Consumidor en dicho corpus normativo constituyen una "protección mínima", un "núcleo duro de
tutela" lo que tiene efectos importantes: a) En materia de regulación, ello implica que no hay obstáculos para que
una ley especial establezca condiciones superiores; b) Ninguna ley especial en aspectos similares pueda
derogar esos mínimos sin afectar el sistema; c) También es considerable el beneficio en cuanto a la coherencia
del sistema, porque hay reglas generales sobre prescripción, caducidad, responsabilidad civil, contratos, del
Código Civil que complementan la legislación especial proveyendo un lenguaje normativo común; d) En el campo
de la interpretación, se establece un "dialogo de fuentes" de manera que el Código recupera una centralidad
para iluminar a las demás fuentes. (11)Este escenario de "plurijuridismo"(12), de complejidad, fragmentación y
pluralidad de fuentes, propia del derecho posmoderno, requiere la coordinación de las normas al interior del
sistema jurídico. Para ello, el jurista Erik Jayme ha acuñado, desde lo metodológico, el llamado "diálogo de
fuentes" al que aluden los autores del anteproyecto. Jayme bautizó como "dialogo" de las fuentes la aplicación
simultánea, coherente y coordinada de fuentes legislativas convergentes. Sostiene dicho autor que "el
descubrimiento de la finalidad de las normas se da por medio de la convivencia y del "diálogo" entre ellas. La
labor del juez es coordinar estas fuentes, escuchando lo que dicen en su diálogo". (13)
Así, necesariamente para entender el dispositivo jurídico aplicable a un hecho social, requerirá necesariamente,
no solo de un "diálogo horizontal" entre el Código Civil y Comercial y las leyes especiales —en este caso, las
leyes de protección al consumidor— sino también, previa, y más importante, un "diálogo vertical" de estas
normas con aquellas de fuente constitucional y convencional. En este último caso no hay, en rigor, un "diálogo",
pero sí un "monólogo", porque las reglas superiores preponderan necesariamente sobre aquellas que se sitúan
en un nivel inferior. (14)
Pero ese "diálogo", como comunicación lingüística, deberá necesariamente realizarse bajo un código compartido:
en el caso del Derecho del Consumidor, el diálogo deberá hacerse a luz de sus principios, principios que el
nuevo Código ha recepcionado y fortalecido, a saber: principios protectorio, de dignidad, de sustentabilidad, de
responsabilidad, de irrenunciabilidad de los derechos, de buena fe y de realidad. (15)
La aplicación de la ley de "Defensa del consumidor" a las operaciones financieras, impone definir qué sujetos
asumen el rol de partes en esta peculiar "relación de consumo".
Conforme se indicara supra, es oportuno tener presente que para resultar aplicable el régimen protectorio
debemos estar en presencia de una relación de consumo, esto es, el vínculo jurídico entre consumidor y
proveedor de conformidad con los arts. 1092 y 1093 del CCiv.yCom. y los arts. 1º, 2º y 3º de la LDC. En
particular, el art. 36 dispone su aplicación a: a) operaciones financieras para consumo; b) las de crédito para el
consumo.
La calidad de "proveedor financiero" no presenta generalmente dificultad, toda vez que por aplicación de las
reglas generales, "proveedor", es "la persona física o jurídica de naturaleza pública o privada, que desarrolla de
manera profesional, aun ocasionalmente, actividades de producción, montaje, creación, construcción,
transformación, importación, concesión de marca, distribución y comercialización de bienes y servicios,
destinados a consumidores o usuarios" (art. 2º, ley 24.240 reformado por la ley 26.361). A mayor claridad el art.
1093 del Código unificado afirma que "Contrato de consumo es el celebrado entre un consumidor o usuario final
con una persona humana o jurídica que actúe profesional u ocasionalmente o con una empresa productora de
bienes o prestadora de servicios, pública o privada, que tenga por objeto la adquisición, uso o goce de los bienes
o servicios por parte de los consumidores o usuarios, para su uso privado, familiar o social".
Cabe aclarar que las operaciones podrán ser realizadas por entidades financieras comprendidas por la Ley
21.526 u otras entidades asimilables (cooperativas, mutuales, asociaciones sindicales).
Más complejo resulta determinar técnicamente la calidad de "usuario financiero". En tal sentido, hay consenso en
entender que quedan comprendidas en el concepto todas aquellas personas vinculadas o expuestas a la
actividad que presta el proveedor, sea que se trate de operaciones "activas" (vg. préstamo de dinero con fines de
consumo, con o sin destino específico), de operaciones "pasivas" (vg. depósitos de dinero a interés, cualquiera
fuera su modalidad), o de operaciones "neutras" (negocios que implican la prestación de servicios "directos" por
parte de la entidad financiera —vg. el uso de la sala de firmas o la contratación de una caja de seguridad
bancaria, entre otros—). (16)
De modo más preciso, se afirma que en la noción de "crédito al consumo", quedarán comprendidas las
operaciones que financien total o parcialmente la adquisición o utilización de bienes y/o servicios para consumo
privado (es decir, personal, familiar o social), cualquiera sea su forma, modalidad, tipo contractual o de otra
especie, otorgado directamente por el proveedor del bien y/o servicio o por un tercero, vinculado o no con el
proveedor. (17) Quedan incluidas por consiguiente las operaciones de financiación del propio proveedor, como
ser compraventa a plazos, cuenta corriente mercantil, tarjetas de compra, leasing, préstamos personales o con
garantía hipotecaria o prendaria, etc. (18); y; las operaciones de financiación realizadas por una entidad
financiera o asimilable —cooperativas, mutuales, asociaciones sindicales— con la finalidad de financiar una
relación de consumo principal, vinculada o no con el proveedor. Se encuadran aquí préstamos personales o con
garantía hipotecaria o prendaria, tarjetas de crédito, leasing, etc.
Una situación más dudosa se suscita en relación al consumidor inversor. (19) En nuestro parecer, este tipo de
negocios no pueden ser excluidos del régimen de defensa del consumidor, especialmente cuando fueron
concretados para obtener una ganancia o evitar pérdidas derivadas de la disminución del valor de la moneda, sin
trasegar la inversión a actividad alguna, persiguiendo un propósito de ahorro, para cuya realización ha resultado
imperioso el asesoramiento profesional. Incluso, desde una perspectiva de mayor apertura se ha dicho que "...en
la medida que se demuestre un estado de vulnerabilidad material del inversor (aun cuando sea un comerciante o
sociedad comercial) su posición podría encuadrarse dentro del art. 1º, LDC". (20)Esta postura ha logrado ya un
fuerte consenso doctrinario, como resulta de las conclusiones de la Comisión n. 8 de las XXIV Jornadas
Nacionales de Derecho civil, realizadas en la Universidad de Buenos Aires, durante los días 26, 27 y 28 de
septiembre de 2013, en cuanto al abordar el tema de "La relación de consumo y el contrato de consumo.
Protección contra el sobreendeudamiento", sostuvo que "El concepto de relación de consumo posee amplitud
suficiente como para proyectarse al ámbito de la contratación en general con consumidores y usuarios,
comprendiendo entre otras situaciones a aquellas que resultan del seguro, transportes, servicios financieros,
inversiones y mercados de capitales, medicina prepaga, etc." (Despacho I. 4).
Incluso, la extensión del régimen tuitivo al consumidor inversor viene afirmándose normativamente, más allá de
las fronteras del quehacer de las entidades financieras. En esa dirección pueden citarse dos valiosos y recientes
instrumentos normativos, a saber:
a) la Comunicación del Banco Central de la República Argentina titulada "Protección de los usuarios de servicios
financieros" (21), cuyo art. 1.1.1., al fijar su ámbito de aplicación señala que "A los efectos de la presente
reglamentación, este concepto comprende a las personas físicas y jurídicas que en beneficio propio o de su
grupo familiar o social y en carácter de destinatarios finales hacen uso de los servicios ofrecidos por los sujetos
obligados que se enuncian en el punto 1.1.2., como a quienes de cualquier otra manera están expuestos a una
relación de consumo con tales sujetos". La amplitud de la norma posibilita comprender a las operaciones de
inversión —aun cuando conciernan a productos de terceros— en tanto su materialización se concrete a través de
los servicios de asesoramiento prestados por la entidad financiera. (22)
b) Ley 26.831, regulatoria del Mercado de Capitales (23), que ha afirmado como uno de sus objetivos (art. 1º inc.
b) "Fortalecer los mecanismos de protección y prevención de abusos contra los pequeños inversores, en el
marco de la función tuitiva del derecho del consumidor". Se busca así contribuir eficazmente a la protección del
consumidor inversor que canaliza sus ahorros mediante operaciones bursátiles, alejadas de las tradicionales
operaciones bancarias pasivas. (24) De todos modos no puede negarse que "...existe una clara superposición
subjetiva desde el punto de vista del proveedor, en tanto las entidades financieras —particularmente, los bancos
comerciales—, actúan igualmente en el mercado de capitales (fondos comunes de inversión, cuentas de
custodia o inversiones de clientes en valores negociables)". (25)
El criterio responde a exigencias de la realidad social, en la cual se constata cada vez con mayor frecuencia, que
personas sin conocimiento técnico recurren para salvaguardar sus ahorros a servicios financieros y bursátiles:
fondos comunes de inversión, acciones, títulos valores, bonos, títulos públicos, obligaciones negociales, títulos
valores de fideicomisos, entre otros, son ofrecidos públicamente de manera masiva a públicos no
especializados. (26)
En síntesis, al no ceñir las entidades financieras su actividad profesional —como usualmente se cree— a las
concesiones de préstamos o a la recepción de depósitos, ello se proyecta a la hora de juzgar la naturaleza de
sus vínculos y sus consiguientes responsabilidades.
Como señaláramos anteriormente la LDC le dedicó a la cuestión el capítulo VIII con su único art. 36. Dicho
artículo sufrió las modificaciones de las leyes 26.361 y 26.993.
Ha puntualizado correctamente la doctrina que el capítulo VIII ha sido incorrectamente titulado bajo el nombre
"De las operaciones de venta de crédito", cuando debió establecerse "De las operaciones a crédito".
1) Deber de información
En primer término, el art. 36 de la LDC establece un deber calificado de información para los proveedores que
brinden por si o a través de terceros financiación para la adquisición o utilización de bienes o servicios para
consumo privado como los proveedores de servicios financieros. Se trata de un derecho de los consumidores,
justificado en la situación de asimetría en la que se ven situados en la relación de consumo. Si bien el deber de
información juega un papel destacado la llamada "etapa precontractual", el mismo se encuentra presente en toda
la relación de consumo. Dicho deber calificado de información se ha sostenido que aproxima más a un deber de
consejo y advertencia al consumidor sobre las ventajas y desventajas de la operación a realizar.
En este sentido se dispone que los proveedores deberán consignar de modo claro al consumidor, bajo pena de
nulidad: a) La descripción del bien o servicio objeto de la compra o contratación, para los casos de adquisición
de bienes o servicios; b) El precio al contado, sólo para los casos de operaciones de crédito para adquisición de
bienes o servicios; c) El importe a desembolsar inicialmente —de existir— y el monto financiado; d) La tasa de
interés efectiva anual; e) El total de los intereses a pagar o el costo financiero total; f) El sistema de amortización
del capital y cancelación de los intereses; g) La cantidad, periodicidad y monto de los pagos a realizar; h) Los
gastos extras, seguros o adicionales, si los hubiere.
Ante incumplimiento de esta previsión, esto es, cuando el proveedor omitiera incluir alguno de estos datos en el
documento que corresponda, el consumidor tendrá derecho a demandar la nulidad del contrato o de una o más
cláusulas. En iguales términos que el art. 37 de al LDC, se establece que los jueces tendrán el deber de
integración contractual ante supuestos de nulidades parciales simultáneamente integrará el contrato, cuando ello
fuera necesario.
En el supuesto específico de la omisión de información sobre la tasa de interés efectiva anual, se establece
como sanción la aplicación de la tasa pasiva anual promedio del mercado difundida por el Banco Central de la
República Argentina vigente a la fecha de celebración del contrato.
Dicho deber de información deberá conjugarse con las previsiones del art. 42 de la Constitución Nacional, el art.
4º de la LDC, el art. 1110 del nuevo Código Civil y las previsiones constitucionales locales, en cuento establecen
que la información deberá ser adecuada, veraz, cierta, clara, detallada, gratuita, comprensible, transparente y
oportuna.
En ese sentido, ha sostenido la jurisprudencia que la cláusula de intereses incluida en un contrato de mutuo
hipotecario debe anularse, pues la entidad bancaria retaceó información en la documentación precontractual
brindada al mutuario, al no incluir el componente fijo del "Spreads" en el cálculo de la cuota, con lo cual incumplió
uno de los requisitos del art. 36 de la Ley 24.240. (27) También ha entendido que constituye infracción a la ley
24.240 el incumplimiento de los recaudos exigidos por el art. 36 de dicha normativa al momento de abonarse la
seña por la adquisición de una vivienda en cuotas —en la especie, acerca de los requisitos de las garantías y
detalles de construcción—, toda vez que el deber de información se orienta a lograr transparencia en la relación
de consumo mediante información clara y correcta sobre el producto vendido y las condiciones de venta. (28)
2) Conexidad contractual
En el cuarto párrafo del art. 36 se prevé expresamente un supuesto de conexidad contractual entre la relación de
consumo principal y la operación decrédito al consumo.
Recordemos, conforme ha sido caracterizado por el nuevo Código Civil y Comercial, en su art. 1073 que hay
conexidad cuando dos o más contratos autónomos se hallan vinculados entre sí por una finalidad económica
común previamente establecida, de modo que uno de ellos ha sido determinante del otro para el logro del
resultado perseguido y esta finalidad puede ser establecida por la ley, expresamente pactada, o derivada de la
interpretación.
Se establece en dicho apartado del artículo que la eficacia del contrato en el que se prevea que un tercero
otorgue un crédito de financiación quedará condicionada a la efectiva obtención del mismo.
En caso de no otorgamiento del crédito, la operación se resolverá sin costo alguno para el consumidor, debiendo
en su caso restituírsele las sumas que con carácter de entrega de contado, anticipo y gastos éste hubiere
efectuado.
Resulta usual que para la adquisición de inmuebles, automotores y otros bienes durables se establezca que la
operación quede efectiva ad referendum de la aprobación del crédito.
El artículo bajo análisis establece también en cabeza del Banco Central de la República Argentina (BCRA) el
ejercicio del poder de policía en la materia.
Por consiguiente dicho organismo deberá dictar las regulaciones pertinentes y fiscalizar y controlar que las
entidades sometidas a su jurisdicción cumplan con las disposiciones de la LDC.
Se establece, por último, que la jurisdicción correspondiente al domicilio real del consumidor será competente
para entender en el conocimiento de los litigios relativos a contratos referidos a operaciones financieras para
consumo y de crédito al consumo. Se dispone también que será nulo cualquier pacto en contrario.
Por consiguiente, toda estipulación que disponga la prórroga a una jurisdicción diferente a la del domicilio del
consumidor podrá reputarse como una cláusula abusiva en los términos del art. 37 de la LDC, teniéndosela por
tanto, para el consumidor, como no convenida.
En este sentido cabe destacar que la nueva redacción del art. 36, reformada por la Ley 26.993, subsiste la
prohibición de la prórroga de la jurisdicción en las relaciones de consumo para un foro diferente al del domicilio
real del consumidor.
En este tipo de relaciones, donde la predisposición contractual genera que sea el proveedor quien estipula el
contenido de la relación, muchas se establecían la jurisdicción de su casa central, resultando desfavorable para
los consumidores que residían en otras localidades, con el consiguiente disfavor, entorpecimiento y desaliento al
acceso a la justicia. (29)
Por consiguiente, toda estipulación que disponga la prórroga a una jurisdicción diferente a la del domicilio del
consumidor podrá reputarse como una cláusula abusiva en los términos del art. 37 de la LDC, teniéndosela por
tanto, para el consumidor, como no convenida. (30)
No obstante la norma innova disponiendo que cuando sea el consumidor quien actúe como parte actora esta
gozará del derecho de elección de foro. Podrá por tanto el consumidor optar por iniciar su reclamo en el: lugar
del consumo o uso; celebración del contrato; del domicilio del consumidor o usuario; del domicilio del
demandado, o de la citada en garantía.
Pueden resultar múltiples los motivos de su elección: existencia de una delegación del COPREC o de fuero
especializado creados por ley 26.993, jurisprudencia generalizada más favorable a sus intereses en un
determinado foro, conveniencia en virtud del lugar de desempeño de su abogado de confianza o de asociaciones
de consumidores, acciones colectivas análogas a su pretensión en curso, ventajas para la producción de prueba,
entre otras.
En este sentido, desde la sanción de la LDC dicha actividad del BCRA fue de escasa a nula. Dicha situación se
ha visto significativamente modificada desde la reforma a la Carta Orgánica del BCRA dispuesta por la Ley
26.379 en el año 2012.
A través de dicha reforma se incorporó en el art. 4º inc. h) de la Carta Orgánica como funciones y facultades del
BCRA la de "Proveer a la protección de los derechos de los usuarios de servicios financieros y a la defensa de la
competencia, coordinando su actuación con las autoridades públicas competentes en estas cuestiones".
Como consecuencia de ello, fue creada dentro de la estructura interna del BCRA la Gerencia Principal de
Protección al Usuario de Servicios Financieros.
En cuanto a la actividad reglamentaria, se destaca la Comunicación "A" 5460 de protección de los usuarios de
servicios financieros.
Dicha Comunicación caracteriza a los usuarios de servicios financieros como a las personas físicas y jurídicas
que en beneficio propio o de su grupo familiar o social y en carácter de destinatarios finales hacen uso de los
servicios ofrecidos por los sujetos obligados, como a quienes de cualquier otra manera están expuestos a una
relación de consumo con tales sujetos. Señala dicha norma que forman también parte de esta categoría los
deudores decréditos cedidos por las entidades financieras comprendidas en la Ley de Entidades Financieras,
independientemente de que hayan o no sido notificados fehacientemente de la transferencia de su obligación,
así como los deudores de créditos adquiridos por entidades financieras por cesión.
En cuanto a los sujetos obligados, comprende a las entidades financieras, en los términos de la Ley 21.526, a las
casas, agencias y oficinas de cambio, excepto por las operaciones permitidas de conformidad con el art. 3º del
dec. 62/1971, a los fiduciarios de fideicomisos acreedores de créditos cedidos por entidades financieras y las
empresas no financieras emisoras de tarjetas de crédito y/o compra, excepto por las operaciones no
comprendidas en la Ley de Tarjetas de Crédito. Señala también que cuando un tercero desarrolle tareas
relativas a servicios ofrecidos por los sujetos obligados o en su nombre, ambos serán responsables por el
cumplimiento de las presentes normas y que esta previsión deberá establecerse en los instrumentos que
acuerden la realización de dichas tareas.
La Comunicación que comentamos realice diferentes previsiones protectorias de los usuarios de servicios
financieros.
En primer término, siguiendo el mandato del art. 42 de la CN, reconoce una serie de derechos básicos de los
usuarios de servicios financieros, entre los que enumera la protección de su seguridad e intereses económicos;
recibir información adecuada y veraz acerca de los términos y condiciones de los servicios que contraten, así
como copia de los instrumentos que suscriban; la libertad de elección; y condiciones de trato equitativo y digno.
En materia de consumidores hipervulnerables (31), dispone que las personas con movilidad reducida,
deficiencias motrices o dificultades de acceso a y/o de permanencia en los puntos de atención al usuario,
comprendiendo en este segmento a las mujeres embarazadas o personas que cargan en brazos niños de hasta
dos años deberán tener atención prioritaria en las casas operativas y quedar eximidos de formar la fila; y en el
caso de que deban aguardar para ser atendidos, se les deberá proveer de asientos adecuados. Prescribe
también la necesidad de garantizar la accesibilidad física a los establecimientos.
En el caso de las personas con dificultades visuales, se debe garantizar un diez por ciento de cajeros
automáticos especiales la y accesibilidad a la banca por Internet ("home banking") y banca móvil, como así
también que la documentación asociada a los productos que contratan en sistema Braille, no pudiendo cobrar
comisiones y/o cargos diferenciales por esto.
En materia de contratos, se establece que deben poseer una redacción clara y con tamaño de tipografía mínimo
de 1,8 milímetros de altura, las cláusulas del contrato deben ser comprensibles y autosuficientes y sin reenvíos.
Se debe cumplir con el principio de doble ejemplar y entregar copia de toda documentación suscripta por el
usuario.
En cuanto a trato digno y equitativo, se reconoce el derecho del usuario de realizar operaciones por ventanilla,
sin restricciones de tipo de operación —sujeto a las que por razones operativas pudieran existir— ni de monto
mínimo.
Respecto a la regulación de comisiones y cargos, se establece que los mismos para ser admisibles deben tener
origen en un costo real, directo y demostrable y estar debidamente justificados desde el punto de vista técnico y
económico. Por su parte, la aplicación de comisiones y/o cargos debe quedar circunscripta a la efectiva
prestación de un servicio que haya sido previamente solicitado, pactado y/o autorizado por el usuario. Diferencia
a las comisiones, que obedecen a servicios que prestan los sujetos obligados y, en tal sentido, pueden incluir
retribuciones a su favor que excedan el costo de la prestación; de los cargos, que obedecen a servicios que
prestan terceros, por lo que solamente pueden ser transferidos al costo a los usuarios y no podrá ser superior al
que el tercero prestador perciba de particulares, sin intermediarios y en similares condiciones (servicios postales,
compañía de seguros, escribanía y registros de propiedad, u otros de índole similar).
En cuanto a cargos y comisiones no admitidos, se enumera: a) los no hayan sido solicitados, pactados y/o
autorizados por el usuario como los que solicitados, pactados y/o autorizados por éste e informados por el sujeto
obligado al usuario, no se hayan prestado de manera efectiva; b) no podrán aplicarse comisiones a las
operaciones efectuadas por ventanilla por los usuarios de servicios financieros que sean personas físicas. Estas
disposiciones también serán aplicables para los distintos tipos de cuentas de depósito, salvo en los casos en que
rijan comisiones máximas establecidas específicamente por el Banco Central, tales como las fijadas para las
transferencias de fondos realizadas por ventanilla; c) por contratación y/o administración de seguros (dado que
sólo es transferible la prima al usuario), por generación de resumen de cuenta o de envío de resumen de cuenta
virtual (esos servicios deben estar incluidos en la comisión por mantenimiento de cuenta) y por evaluación,
otorgamiento o administración de financiaciones.
Respecto a cambios de condiciones pactadas, se establece que en el contrato deberán estar taxativamente
especificadas las condiciones que pueden ser objeto de modificación así como los parámetros o criterios
objetivos para su concreción y que los incrementos en las tasas de interés, comisiones y/o cargos, además,
deben ser justificados desde el punto de vista técnico y económico. Señala asimismo que la modificación no
debe alterar el objeto del contrato ni importar un desmedro respecto de los productos o servicios contratados. Se
requerirá el consentimiento del usuario para nuevos conceptos no previstos en el contrato o reducir prestaciones,
debiendo notificar de las modificaciones con una antelación mínima de sesenta días, mediante documento
escrito dirigido al domicilio real del usuario en forma separada de cualquier otra información que remita el sujeto
obligado, incluyendo una leyenda para indicar que en el caso de que el usuario de servicios financieros no
acepte la modificación promovida por el sujeto obligado, podrá optar por rescindir el contrato en cualquier
momento antes de la entrada en vigencia del cambio y sin cargo alguno, sin perjuicio de que deberá cumplir las
obligaciones pendientes a su cargo.
En materia de importes indebidos, se dispone que deberán ser reintegrados de dentro de los cinco días hábiles
siguientes al momento de presentación del reclamo, y que corresponderá reconocer el importe de los gastos
realizados para la obtención del reintegro y los intereses compensatorios pertinentes, aplicando a ese efecto dos
veces la tasa promedio del último mes disponible que surja de la encuesta de tasas de interés de depósitos a
plazo fijo de 30 a 59 días —de pesos o dólares, según la moneda de la operación— informada por el Banco
Central a la fecha de celebración del contrato —o, en caso de que no estuviera disponible, la última informada—
sobre la base de la información provista por la totalidad de bancos públicos y privados.
También el usuario tendrá derecho a nuevas copias de documentación que lo vincula con los sujetos obligados a
su cargo, en cualquier momento de la relación de consumo.
Se reafirma la regla de interpretación más favorable al usuario, que emana de ellos arts. 3º y 37 de la LDC, como
el principio de irrenunciabilidad de sus derechos.
En materia de cláusulas abusivas, siguiendo el modelo del art. 37 de la LDC, dispone que serán aquellas que:
desnaturalicen las obligaciones del sujeto obligado; importen una renuncia o restricción a los derechos del
usuario o amplíen derechos del sujeto obligado; por su contenido, redacción o presentación no sea razonable
esperar que se las incluya por no guardar conexión con la naturaleza del contrato; impongan obstáculos
onerosos para el ejercicio efectivo de los derechos del usuario; coloquen al usuario en una situación
desventajosa o desigual con el sujeto obligado; transfieran la responsabilidad del sujeto obligado a terceros;
establezcan la inversión de la carga de la prueba en perjuicio del usuario; permitan al sujeto obligado, directa o
indirectamente, alterar el importe de las tasas, comisiones y/o cargos de manera unilateral, apartándose del
mecanismo previsto en toda la normativa aplicable, para modificación de cláusulas contractuales.
En cuanto a las denominaciones de los productos o servicios en las solicitudes, contratos, sistema de banca por
Internet (home banking) y resúmenes de cuenta deberán ajustarse a la prevista en las normas del Banco Central
("caja de ahorros en pesos", "caja de ahorros en dólares", "cuenta corriente bancaria", "cuenta sueldo/de la
seguridad social", etc.), sin perjuicio de que se pueda aludir adicionalmente al paquete comercial que
eventualmente conformen.
Respecto a los seguros como contratación accesoria a un servicio financiero, deberán ofrecer a los usuarios por
lo menos tres compañías aseguradoras no vinculadas entre sí entre las que deberán poder optar, y conservar
constancia del ejercicio de ese derecho por parte de dichos usuarios y el cargo que el sujeto obligado aplique no
podrá ser superior al que la compañía de seguros elegida perciba por operaciones con particulares y sin la
intervención del sujeto obligado, concertadas en el lugar de contratación o de domicilio del usuario.
En materia de publicidad de la información, se garantiza el al acceso a la información a usuarios y MiPyMEs en
forma personal, mediante un detalle con las características de los productos y servicios que ofrecen, precisando
especialmente la totalidad de las comisiones y cargos asociados a ellos y copia íntegra de los instrumentos que
suscriben al momento de solicitar productos o servicios financieros.
Asimismo, en los sitios Internet de los sujetos obligados deberán publicarse: las comisiones y cargos, tasas de
interés y costo financiero total de la totalidad de los productos y/o servicios, propios o de terceros, ofrecidos a
usuarios de servicios financieros. En el caso de productos y/o servicio que varíen en virtud de determinados
parámetros que fije el sujeto obligado (edad, plazo, monto, condición de empleado o jubilado, con o sin pago de
haberes a través del sujeto obligado, etc.), se deberá publicar la información antes mencionada en forma
discriminada para cada una de las variantes del producto y/o servicio en cuestión; y las promociones y
bonificaciones ofrecidas.
Dicha información debe ser de acceso fácil y directo desde la página de inicio y ocupar un lugar destacado, como
así también ser íntegra, clara y discriminada por concepto, debiendo utilizarse un único hiperenlace o
hipervínculo, no siendo admisibles otras remisiones a documentos, archivos y/o sitios de Internet.
Otra previsión importante en la materia es que aquellas comisiones y cargos que no se encuentren publicados en
el sitio de Internet no podrán ser cobrados a los usuarios. Asimismo, la falta de inclusión en los documentos de la
tasa de interés y/o del costo financiero total determinará que el sujeto obligado podrá aplicar al usuario, como
máximo CFT, la tasa promedio que surja de la encuesta de tasas de interés de depósitos a plazo fijo de 30 a 59
días —de pesos o dólares, según la moneda de la operación— informada por el Banco Central a la fecha de
celebración del contrato —o, en caso de que no estuviera disponible, la última informada— sobre la base de la
información provista por la totalidad de bancos públicos y privados. Para el cálculo del costo financiero total se
tomará en cuenta la tasa de interés, las comisiones y cargos vigentes al momento de la contratación, indicando
expresamente si esos conceptos podrán modificarse de conformidad con los parámetros y criterios
preestablecidos en el contrato. Finalmente, los sujetos obligados deberán informar las comisiones y cargos al
BCRA.
En materia de trato digno y equitativo se dispone también la prohibición de trato discriminatorio a los usuarios,
que deberá estar presente en políticas, prácticas y procedimientos de los sujetos obligados, como también el
deber de prevenir actos u omisiones discriminatorios. No corresponderá el rechazo de solicitudes de financiación
por el solo dato de la edad del solicitante, cuando su nivel de ingresos proyectados sea suficiente y sea posible
tomar cobertura por su riesgo de muerte mediante la contratación de un seguro de vida sobre saldo deudor. Ello
no obstante, será decisión del sujeto obligado contratar o no dicho seguro.
Se dispone también que todos los sujetos obligados deberán designar un responsable de atención al usuario,
cuyas funciones serán: recibir y dar curso a las presentaciones, consultas o reclamos; participar en el diseño de
nuevos productos y servicios; verificar que la publicidad se ajuste a las normativas vigentes; velar por el
cumplimiento de las disposiciones; administrar un registro centralizado de consultas y reclamos; y elaborar un
manual de procedimiento de atención.
Las presentaciones de los usuarios deberán poder realizarse por teléfono, Internet, por escrito, fax, correo postal
y electrónico (e-mail), etc., garantizándose procedimiento de atención personalizado para aquellos clientes que lo
soliciten. Toda consulta o reclamo debe ser definitivamente resuelta/o dentro del plazo máximo de veinte [20]
días hábiles. La resolución de la presentación deberá ser notificada por escrito al usuario.
Por su parte, el Directorio o autoridad equivalente deberá evaluar los reportes que le eleve el responsable de
atención al usuario de servicios financieros como mínimo una vez al año y el servicio de atención al usuario de
servicios financieros debe ser objeto de evaluación integral y reporte escrito por parte de la auditoría interna.
En la sede del responsable de atención al usuario deberán encontrarse a disposición del BCRA: el acceso al
registro centralizado de consultas y reclamos así como la documentación respaldatoria de los trámites a que
dieron lugar; el manual de procedimiento respectivo; los reportes integrales escritos anuales de la auditoría
interna del sujeto obligado y los elaborados por el responsable de atención al usuario de servicios financieros.
Finalmente, se prevé la creación de un Centro de Atención al Usuario de Servicios Financieros del BCRA, que
entenderá en forma telefónica, que estará facultado para recibir denuncias individuales cuando el usuario reciba
de la entidad una respuesta que no considere satisfactoria o transcurra el plazo de veinte [20] días hábiles desde
el momento de haber presentado su reclamo sin haber recibido respuesta alguna; y aquellas que presenten las
asociaciones de consumidores y usuarios reconocidas, cuando de ellas surja la posible afectación de intereses
generales de los usuarios como consecuencia de presuntos incumplimientos de los sujetos obligados.
También el BCRA iniciará de oficio acciones correctivas en aquellos casos que revistan urgencia o gravedad
cuando puedan afectar a los usuarios en forma general.
Para concluir analizaremos seguidamente las normas específicas que en materia de protección de consumidores
de servicios financieros y bursátiles establece el nuevo Código Civil y Comercial, junto a algunas soluciones
generales que pueden merecer una rica aplicación en este ámbito. Por la naturaleza de este estudio, sólo nos
limitaremos a enunciarlas en sus aspectos nodales.
A modo introductorio corresponde destacar que se ha incluido en el Libro III (Derechos personales), Título IV
denominado "Contratos en particular", un Capítulo 12 titulado "Contratos bancarios", con una sección 1ª
"Disposiciones generales", que contiene un Parágrafo 1º "Transparencia de las condiciones contractuales" y un
Parágrafo 2º "Contratos bancarios con consumidores y usuarios". En este sentido, el nuevo Código Civil y
Comercial, en la misma línea que el art. 36 de la LDC, refuerza el deber de información calificado antes referido,
delineándose cada más hacia un deber de consejo, a través de diferentes normas.
En primer término, dispone en su art. 1385 "Publicidad", que los anuncios del banco deben contener en forma
clara, concisa y con un ejemplo representativo, información sobre las operaciones que se proponen. En particular
deben especificar: los montos mínimos y máximos de las operaciones individualmente consideradas; la tasa de
interés y si es fija o variable; las tarifas por gastos y comisiones, con indicación de los supuestos y la periodicidad
de su aplicación; el costo financiero total en las operaciones de crédito; la existencia de eventuales servicios
accesorios para el otorgamiento del crédito o la aceptación de la inversión y los costos relativos a tales servicios;
la duración propuesta del contrato".
El art. 1386, por su parte, dispone que el contrato debe ser redactado por escrito en instrumentos que permitan
al consumidor: obtener una copia; conservar la información que le sea entregada por el banco; acceder a la
información por un período de tiempo adecuado a la naturaleza del contrato; reproducir la información archivada.
Asimismo, el art. 1387 prescribe que antes de vincular contractualmente al consumidor, el banco debe proveer
información suficiente para que el cliente pueda confrontar las distintas ofertas de crédito existentes en el
sistema, publicadas por el Banco Central de la República Argentina. Por otra parte, si el banco rechaza una
solicitud de crédito por la información negativa registrada en una base de datos, debe informar al consumidor en
forma inmediata y gratuita el resultado de la consulta y la fuente de donde la obtuvo.
Por su parte, el art. 1388 dispone que sin perjuicio de las condiciones establecidas para los contratos bancarios
en general, ninguna suma puede ser exigida al consumidor si no se encuentra expresamente prevista en el
contrato y que en ningún caso pueden cargarse comisiones o costos por servicios no prestados efectivamente.
También dispone que las cláusulas relativas a costos a cargo del consumidor que no están incluidas o que están
incluidas incorrectamente en el costo financiero total publicitado o incorporado al documento contractual, se
tienen por no escritas.
Finalmente, el art. 1389, por último, establece que son nulos los contratos de crédito que no contienen
información relativa al tipo y partes del contrato, el importe total del financiamiento, el costo financiero total y las
condiciones de desembolso y reembolso.
2) Institutos generales de gran significación para la protección de los usuarios de servicios financieros y
bursátiles
También constituyen valiosas herramientas de protección de los usuarios de servicios financieros, las que a
continuación enunciamos:
El nuevo Código, a través del art. 1100, ratifica el deber de información en las relaciones de consumo, que ya
estaba vigente en la ley 24.240, arts. 4º y 6º. Se trata del correlato del derecho a la información, que la
Constitución Nacional garantiza a los consumidores y usuarios en su art. 42.
El art. 1100 impone al proveedor esta obligación de suministrar al consumidor información respecto a todo lo
relacionado con las características esenciales de los servicios (y otras condiciones y circunstancias), siendo por
ende de aplicación a las operaciones financieras y bursátiles.
En materia de publicidad comercial, mantiene la prohibición de los engaños (art. 1101 inc. a) inclusive a través
de comparaciones con otros servicios (inc. b), y agrega como novedades:
Finalmente, el nuevo Código incorpora un régimen sobre prácticas comerciales, mucho más completo y prolijo
que el de la ley 24.240:
I. Prohíbe los abusos en las prácticas y el trato indigno en general, conforme los criterios generales de los
tratados de derechos humanos (art. 1097);
II. Prohíbe la discriminación en general (art. 1098), mejorando la solución del art. 8 bis, ley 24.240;
III. Prohíbe también genéricamente las prácticas que atenten contra las garantías constitucionales de igualdad y
libertad (arts. 1098 y 1099).
La vigencia del nuevo Código, somete a los prestadores financieros y bursátiles (en su condición de proveedores
en las relaciones de consumo), a un "nuevo orden contractual", que desde la etapa previa a la celebración,
impone novedosas reglas y deberes de conducta, tendientes a la moralización y justicia contractual, protección
del vulnerable y de la dignidad de la parte débil.
El deber de buena fe rige en todo el marco general del ejercicio de los derechos (art. 9º), las obligaciones (art.
729) y los contratos, ya no solo a los efectos de la celebración, interpretación y ejecución (arts. 961 y 1061), sino
desde las tratativas preliminares (art. 991), con la consiguiente responsabilidad precontractual por su frustración
injustificada.
Entre otros, el Código Unificado impone reglas y deberes de conducta de creación pretoriana y doctrinaria,
atinentes a la lealtad, colaboración y cooperación, confianza, confidencialidad, información, proporcionalidad,
conservación, etc.
E incorpora expresamente la doctrina de los actos propios, haciendo inadmisible la contradicción con una
conducta jurídicamente relevante, previa y propia del mismo sujeto (art. 1067).
El Código Civil y Comercial, introduce la categoría de los contratos por adhesión en general, aplicable a todo tipo
de relaciones contractuales, sea o no de consumo.
Se aplica desde luego a servicios financieros y bursátiles, lo atinente a reglas de interpretación, cláusulas
abusivas, control judicial, etc. (arts. 984 a 989).
El régimen sobre cláusulas abusivas se reitera específicamente en orden a contratos de consumo, en los arts.
1117 a 1122. Las reglas son similares a las de la ley 24.240 (art. 37), pero el sistema se mejora notablemente a
través de algunas novedades, entre otras:
I. Una definición progresiva (art. 1119), que extiende expresamente el control a las cláusulas negociadas
individualmente (ídem, art. 1118).
II. Procede la nulidad aunque las cláusulas hayan sido aprobadas administrativamente (art. 1122).
III. Extiende el control a las "situaciones jurídicas abusivas" (arts. 1120 y 1122).
IV. Se agrega como nueva cláusula abusiva prohibida de pleno derecho, la prórroga de la competencia territorial
en los contratos a distancia y comercio electrónico (art. 1109).
El Código unificado logra un mayor encuadramiento técnico de estos sistemas de comercialización, alejándose
de las imprecisiones de la ley especial. Las equívocas expresiones "ventas domiciliarias, por correspondencia y
otras", han sido reemplazadas por las más pertinentes de "contratos celebrados fuera de los establecimientos
comerciales" y "contratos a distancia", que atienden a la vulnerabilidad que generan para constituir la relación de
consumo. En los primeros se protege al consumidor por la sorpresa que para él supone recibir la propuesta en
un lugar inesperado, en tanto que en los segundos, se busca fortalecer su debilidad frente a un proveedor
distante. A ello se dedica el Capítulo 3, del Título III, del Libro III, bajo el acápite "Modalidades especiales",
denominación que resulta acertada en cuanto se trata de formas o modos de acceso o concertación del contrato
de consumo. En ese contexto, los "contratos celebrados fuera de los establecimientos comerciales" (art. 1104)
se contraponen a los "contratos celebrados a distancia" (art. 1105), superando las críticas que desde la teoría
jurídica se hiciera a la ley 24.240 que refiere, respectivamente, a "venta domiciliaria" (art. 32) y a "ventas por
correspondencia y otras" (art. 33).
Se valora especialmente el esquema normativo que propone el Código Civil y Comercial en cuanto avanza en la
precisión de una serie de aspectos que no encontraban adecuada regulación. Así, por ejemplo resulta acertado
que se prevean las consecuencia de la falta de información del derecho de arrepentimiento de que goza el
consumidor (art. 1111, in fine); la forma de ejercicio del mismo (art. 1112), los efectos de la extinción (art. 1113);
la imposibilidad de devolver la prestación objeto del contrato no priva al consumidor del derecho a extinguir el
negocio (art. 1114), entre otras cuestiones. (32)
El Código Civil y Comercial de la Nación, incluye dos artículos relativos a esta materia dentro del Capítulo 9 de la
teoría general del contrato, bajo la rúbrica "Suspensión del cumplimiento y fuerza mayor". (33) Tal como se
observa en los Fundamentos que acompañaron al Anteproyecto de 2012 —antecedente inmediato del Código
actual— ambos textos constituyen importantes instrumentos jurídicos para prevenir el daño o impedir su
agravamiento, en línea con la función preventiva consagrada en el art. 1710. (34)
En el tema que hoy abordamos, el instituto reviste especial interés en el marco de contratos conexos. (35) La
posibilidad de oponer a una de las partes la "exceptio non adimpleti contractus" o la "exceptio non rite adimpleti
contractus", fundada en el incumplimiento de las obligaciones impuestas a otro contratante en un negocio
distinto, pero vinculado a aquel en el que es parte quien reclama, ha sido predicada en numerosos supuestos de
conexidad.
Es particularmente el caso del crédito para el consumo, donde la legislación alemana, habilita al consumidor a
hacer valer el incumplimiento del proveedor como defensa frente al otorgante del crédito. Allí se dice que "El
consumidor puede negarse a la restitución del préstamo siempre que las excepciones que tengan su origen en el
contrato conexo le dieran derecho a rechazar su prestación frente al empresario con el que ha celebrado el
contrato conexo" (primera parte del parágrafo 359 del BGB). (36) Entre nosotros esta posibilidad ha sido
defendida por nuestra doctrina, y admitida —en ocasiones— por la jurisprudencia, que ha llegado a viabilizar
ciertas defensas aún frente contratos conexos debatidos en procesos ejecutivos. Así puede verse en los autos
"BankBoston National Association c. Agarie, Julio". (37) En dicho caso el banco accionante pretendió ejecutar
una hipoteca conexa a un contrato de mutuo hipotecario que celebró con los demandados, quienes
conjuntamente suscribieron un seguro de vida. El cónyuge supérstite ejecutado, opuso excepción de pago, con
fundamento en que la compañía aseguradora debía cubrir el saldo de la deuda, en virtud del fallecimiento de su
cónyuge. El juez de primera instancia desestimó la excepción con sustento en que la aseguradora había
rechazado el siniestro, alegando que el tomador del seguro fallecido adolecía de alguna enfermedad no
denunciada al momento de la suscripción del contrato, por lo cual el Banco no había recibido pago alguno. En la
Alzada, por el contrario, se acogió la pretensión del accionado, con fundamento en el incumplimiento de la
entidad financiera de su obligación de informar sobre las razones del siniestro, que afectaron la defensa de los
derechos del obligado, adquiridos en el marco del contrato de seguro conexo.
Insistimos, se trata, de un instrumento eficaz de protección del crédito, que para ello mira la operación global, y
que debe ser comprendido dentro del marco de la regulación de la suspensión del contrato (art. 1031).
El art. 1120 del nuevo Código da cuenta además de otra importante novedad, en cuanto incluye a la denominada
"situación jurídica abusiva" que se configura cuando existe predisposición de una pluralidad de actos jurídicos
conexos que persiguen en su conjunto provocar un desequilibro significativo en los derechos y obligaciones de
las partes en perjuicio del consumidor. Esta norma resulta más precisa que el art. 4º de la Directiva europea
93/13, pues esta última sólo hace una referencia tangencial a la conexidad contractual cuando ordena tener en
cuenta para apreciar el carácter abusivo de una cláusula todas las demás cláusulas del contrato, o de otro
contrato del que dependa. (38)
La cuestión no sorprende, desde que el Código unificado se destaca por la cuidada tipificación de la categoría de
la conexidad contractual, la disciplina de sus más importantes efectos, concernientes a las excepciones de
incumplimiento cumplimiento parcial, irritual o defectuoso, a la expansión de la ineficacia frente a la frustración de
la finalidad económica común, junto con la recepción de una regla hermenéutica especial, que resulta de sumo
interés para precisar sus consecuencias. Todas ellas superan las lagunas que existían en el régimen precedente,
en orden a definir las relaciones entre el principio de relatividad y la conexidad contractual, que aquí se la
pondera para reconocer una situación jurídica abusiva.
La reforma expresa en estas normas la proyección concreta de los principios generales previstos en el Título
Preliminar. Es que mediante la tipificación de la noción de "cláusula abusiva" y "situación jurídica abusiva", se
busca hacer realidad la aspiración prevista en el art. 10 en cuanto a que "La ley no ampara el ejercicio abusivo
de los derechos".
Las operaciones financieras constituirán seguramente su banco habitual de ensayos.
1. El sistema argentino de Derecho del Consumidor se aplica incondicionalmente en relación a los proveedores y
responsables de servicios financieros y bursátiles, a través de un proceso de "diálogo de fuentes", de jerarquía
constitucional (arts. 42 y 43 CN), fortalecido por las normas del Código Civil y Comercial de la Nación, a la par
del régimen especial de la ley 24.240 de Defensa del Consumidor, normas legales complementarias y
reglamentaciones.
2. El principio protectorio impone a las autoridades judiciales y administrativas, proveer a la protección de los
derechos de los consumidores y usuarios y aplicar las normas que les resulten más favorables (arts. 42, CN, 3º y
65, ley 24.240 y 1094 y concs., CCiv.yCom.).
3. Los proveedores y responsables de servicios financieros y bursátiles, están sometidos a las aludidas
normativas en tutela del consumidor y usuario, y a las consiguientes prohibiciones, deberes y responsabilidades
emergentes de las mismas.
4. Dentro del marco de los deberes vigentes en el ámbito de las operaciones de crédito para el consumo, deben
aplicarse progresivamente las pautas jurisprudenciales extendidas en materia de pagarés de consumo, en orden a
competencia territorial, análisis causal, control sobre los intereses, etc. Y reglas jurídicas tendientes a imponer la
prevención y el tratamiento, del sobreendeudamiento de los consumidores.
(1) (1) El sociólogo polaco BAUMAN explica que cuando decimos que "la nuestra es una sociedad de consumo
debemos considerar algo más que el hecho trivial, común y poco diferenciador de que todos consumimos. La
nuestra es "una comunidad de consumidores" en el mismo sentido en que la sociedad de nuestros abuelos merecía
el nombre de "sociedad de productores". En esta segunda modernidad, o posmodernidad, la sociedad humana
impone a sus miembros principalmente la obligación de ser consumidores. La forma en que esta sociedad moldea a
sus integrantes está regida, ante todo y en primer lugar, por la necesidad de desempeñar ese papel; la norma que
les impone, la de tener capacidad y voluntad de consumir. La diferencia reside en el énfasis que se ponga en cada
sociedad; ese cambio de énfasis marca una enorme diferencia casi en todos los aspectos de esa sociedad, en su
cultura y en el destino individual de cada uno de sus miembros. Las diferencias son tan profundas y universales, que
justifican plenamente hablar de la sociedad actual como de una comunidad totalmente diferente de la anterior: una
sociedad de consumo". Cfr., BAUMAN, Zygmunt, Trabajo, consumismo y nuevos pobres, Barcelona, Gedisa, 2005,
p. 44.
(2) (2) DEL PERCIO, Enrique, La condición social, Altamira, Buenos Aires, 2006.
(3) (3) HERNÁNDEZ, Carlos A. - FRUSTAGLI, Sandra A., "El contrato de leasing en el Código Civil y Comercial", en
Sup. Esp. Nuevo Código Civil y Comercial de la Nación. Contratos en particular, 2015 (abril), p. 85.
(4) (4) STIGLITZ, Gabriel A., El derecho del consumidor en Argentina y en el Mercosur, LL 1995-B-1361.
(5) (5) HERNÁNDEZ, Carlos A. — FRUSTAGLI, Sandra A., Sobreendeudamiento del consumidor, LL 2013-E-1160.
Sobre el estado en general del tema y las insuficiencias a nivel de políticas públicas p.v. STIGLITZ, Gabriel, La
defensa del consumidor en Argentina, t. I (30 años de Derecho, sin políticas), Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2012.
(6) (6) Al respecto pueden verse, entre otros, LORENZETTI, Ricardo, Tratado de los contratos, t. III, Rubinzal-
Culzoni, Santa Fe, 2000, ps. 426 y ss.; CASIELLO, Juan José, El derecho del consumidor y los contratos bancarios,
LL 1999-B-269 y ss.; ESBORRAZ, David F. - HERNÁNDEZ, Carlos, Los negocios de garantía y los contratos de
consumo en el ámbito de la actividad bancaria, Trabajos del Centro, Revista del Centro de Investigaciones de
Derecho Civil, Rosario, 1998, n. 3, p. 53 y ss.; STIGLITZ, Rubén S., Defensa del consumidor. Los servicios
bancarios y financieros, LL 1998-C-1035; y VÁZQUEZ FERREYRA, Roberto - ROMERA, Oscar, La ley de Defensa
del Consumidor en los contratos bancarios a la luz de un valioso precedente jurisprudencial, LL 1996-C-1004.
(7) (7) HERNÁNDEZ, Carlos A. - QUAGLIA, Marcelo C., El deber de seguridad en el ámbito de los servicios
financieros. A propósito de las llamadas 'salideras bancarias, Revista de Derecho Comercial del Consumidor y de la
Empresa, año II, n. 3, junio de 2011, ps. 295 y ss.
(8) (8) STIGLITZ, Gabriel, "La defensa del consumidor en el Código Civil y Comercial de la Nación", Suplemento
Especial Código Civil y Comercial de la Nación, dirigido por Ricardo L. LORENZETTI, LL 2014-137 y ss.
(9) (9) En ese sentido se argumenta que "En el ordenamiento jurídico argentino hay que considerar el rango
constitucional de los derechos del consumidor, la amplia aplicación de estas normas en los casos judiciales y la
opinión de la mayoría de la doctrina. Siguiendo estos lineamientos, es necesario no sólo avanzar en cuanto a la
unificación de los contratos civiles y comerciales, sino también incorporar a los contratos de consumo".
(10) (10) FRUSTAGLI, Sandra A. - HERNÁNDEZ, Carlos A., Primeras consideraciones sobre los alcances de la
reforma a la Ley de Defensa del Consumidor, con especial referencia a la materia contractual, en JA 2008-II-1213;
HERNÁNDEZ, Carlos A.; La noción de consumidor y su proyección sobre la legitimación para accionar, DPyC 2009-
1-259.
(12) (12) El vocablo plurijuridismo se emplea para atribuir una cualidad al ordenamiento normativo cuando en él
existe "polisistemia simultánea", que es un encuentro de sistemas jurídicos en un mismo lugar y en un mismo
tiempo, o "pluralismo jurídico", que consiste en la existencia simultánea de sistemas jurídicos diferentes aplicados a
situaciones idénticas en el seno de un mismo orden jurídico, y también en la coexistencia de una pluralidad de
ordenamientos jurídicos distintos que establecen, o no, relaciones de derecho entre ellos (NICOLAU, Noemí L., "Las
fuentes de las normas y la conflictividad del plurijuridismo desde la perspectiva del Derecho Civil actual", en Libro
Homenaje al Dr. Benjamín Pablo Piñón, Editorial Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, 2004, p. 208).
(13) (13) JAYME, Erik, Identité culturelle et intégratio: le droit international privé postmoderne, en Recueil des Tours,
1995, t. 251, p. 136.
(14) (14) Conf. DO AMARAL JÚNIOR, Alberto, El "diálogo" de las fuentes: fragmentación y coherencia en el
derecho internacional contemporáneo, Academia. Revista sobre enseñanza del Derecho, año 7, nro- 13, 2009, p. 71
y ss.
(15) (15) Conf. BAROCELLI, Sergio Sebastián, Principios y ámbito de aplicación del derecho del consumidor en el
nuevo Código Civil y Comercial, DCCyE 2015 (febrero), 24/02/2015, 63.
(17) (17) Conf. ARIAS CÁU, Esteban Javier - BAROCELLI, Sergio Sebastián, Juicio ejecutivo, títulos de crédito y
derecho del consumidor. El Superior Tribunal de Jujuy ratifica doctrina plenaria, pero siembra alguna incertidumbre,
Microjuris, 18/12/2012, MJ-DOC-5999-AR | MJD5999.
(18) (18) Criterio reafirmado por la jurisprudencia en materia de ejecuciones de títulos de crédito promovidas contra
personas físicas por personas jurídicas no constituidas como entidades financieras, pero que pueden ser
enmarcadas bajo el concepto de "proveedor", in re, Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial, sala E,
19/06/2012, "Taller Paso de Burgos SRL c. Rodríguez, Alberto y otro", LL 30/07/2012, 11.
(19) (19) Un excelente estudio sobre esta temática puede verse en PAOLANTONIO, Martín E., ¿El consumidor
financiero es consumidor?, LL 2010-B-1025.
(20) (20) CHAMATRÓPULOS, Alejandro, "El inversor financiero y la tutela del derecho del consumidor", en Tratado
de los conflictos societarios, Diego DUPRAT (Director), AbeledoPerrot, Buenos Aires, 2012; HERNÁNDEZ, Carlos
A., La responsabilidad de las entidades financieras por omisión de control de la actividad de sus dependientes frente
al consumidor inversor (Defectos en el servicio prestado al usuario), ED, diario del 26 de marzo de 2014, p. 1 y ss.
(21) (21) Ver Comunicación "A" 5460, que da cuenta del texto ordenado de dicho régimen al 19/07/2013, y su
modificación parcial del 25 de Setiembre de 2013, mediante la Comunicación A 5482.
(22) (22) En esa inteligencia puede citarse el art. 2.3.1.1. inc. v) en cuanto ha querido excluir expresamente de la
aplicación del derecho de revocación "...a las operaciones de captación de fondos que realizan las entidades
financieras en el marco de las normas sobre "Depósitos e inversiones a plazo".
(23) (23) Algunas de las definiciones que contiene su art. 2º resultan ilustrativas de su vocación expansiva. Así
cuando alude a los valores negociables se señala que son "Títulos valores emitidos tanto en forma cartular así como
a todos aquellos valores incorporados a un registro de anotaciones en cuenta incluyendo, en particular, los valores
de crédito o representativos de derechos creditorios, las acciones, las cuotapartes de fondos comunes de inversión,
los títulos de deuda o certificados de participación de fideicomisos financieros o de otros vehículos de inversión
colectiva y, en general, cualquier valor o contrato de inversión o derechos de crédito homogéneos y fungibles,
emitidos o agrupados en serie y negociables en igual forma y con efectos similares a los títulos valores; que por su
configuración y régimen de transmisión sean susceptibles de tráfico generalizado e impersonal en los mercados
financieros. Asimismo, quedan comprendidos dentro de este concepto, los contratos de futuros, los contratos de
opciones y los contratos de derivados en general que se registren en mercados autorizados, y los cheques de pago
diferido, certificados de depósitos de plazo fijo admisibles, facturas de crédito, certificados de depósito y warrants,
pagarés, letras de cambio y todos aquellos títulos susceptibles de negociación secundaria en mercados". Del mismo
modo, cuando se refiere a los "Agentes registrados", sostiene que son las "Personas físicas y/o jurídicas autorizadas
por la Comisión Nacional de Valores para su inscripción dentro de los registros correspondientes creados por la
citada comisión, para abarcar las actividades de negociación, de colocación, distribución, corretaje, liquidación y
compensación, custodia y depósito colectivo de valores negociables, las de administración y custodia de productos
de inversión colectiva, las de calificación de riesgos, y todas aquellas que, a criterio de la Comisión Nacional de
Valores, corresponda registrar para el desarrollo del mercado de capitales".
(24) (24) Así, nuestra doctrina ha identificado a "...la adquisición de acciones, bonos públicos y/o privados, las
participaciones en fondos comunes de inversión, las operaciones de futuro y todas aquéllas de carácter especulativo
y aleatorio mediante las cuales se viabiliza los fondos del inversor", en CHAMATRÓPULOS, Alejandro, "El inversor
financiero y la tutela del derecho del consumidor", op. cit.
(25) (25) PAOLANTONIO, Martín E., ¿El consumidor financiero es consumidor?, op. cit., nota 60.
(26) (26) Conf. MARSILI María Celia, "El accionista inversor y la legislación sobre defensa del consumidor",
Ponencia al XI Congreso Argentino de Derecho Societario, VII Congreso Iberoamericano de Derecho Societario y de
la Empresa (Mar del Plata, 2010), en
http://congresods.uade.edu.ar/greenstone/collect/congres1/archives/HASH0146/ede4bf81.dir/doc.pdf.
(27) (27) Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, sala M, 04/11/2013, "Páez, Mariano Román c. Banco
Santander Río S.A. s/ nulidad de cláusulas contractuales", DJ 04/06/2014, 77, AR/JUR/82956/2013.
(28) (28) Cámara Nacional de Apelaciones en lo Contenciosoadministrativo Federal, sala II, 10/08/2000, "Viviendas
Rolón de Siteca SRL c. S. C. e I.", LL 2001-B-96; DJ 2001-2-397; AR/JUR/1438/2000.
(29) (29) Conf. BAROCELLI, Sergio Sebastián, Aproximaciones a la ley 26.993 de sistema de resolución de
conflictos en las relaciones de consumo, DJ 12/11/2014, 81.
(30) (30) Conforme sostuviéramos en ARIAS CÁU, Esteban J. - BAROCELLI, Sergio Sebastián, "Juicio ejecutivo,
títulos de crédito y derecho del consumidor. El Superior Tribunal de Jujuy ratifica doctrina plenaria, pero siembra
alguna incertidumbre", op. cit.
(31) (31) Sobre el concepto de consumidores hipervulnerables, ver: BAROCELLI, Sergio Sebastián, "Los
consumidores hipervulnerables como colectivos de especial protección por el Derecho del Consumidor", en
STIGLITZ, Gabriel A. - ÁLVAREZ LARRONDO, Federico M., Derecho del consumidor, Problemática general del
régimen de defensa del consumidor, Hammurabi, Buenos Aires, 2013, p. 165.
(32) (32) Para una mayor extensión de esta problemática, ver a HERNÁNDEZ, Carlos A., "La compraventa de
consumo", en Código Civil y Comercial de la Nación. Comentado, dirigido por Ricardo LORENZETTI y coordinado
por Federico DE LORENZO y Pablo LORENZETTI, Santa Fe, 2015, t. VI, ps. 462 y ss.
(33) (33) Ver a HERNÁNDEZ, Carlos A., "Comentarios a los arts. 1031 y 1032", en Código Civil y Comercial de la
Nación. Comentado, dirigido por Ricardo LORENZETTI y coordinado por Federico DE LORENZO y Pablo
LORENZETTI, Santa Fe, 2015, t. VI, ps. 43 y ss.
(34) (34) En el régimen anterior, este criterio es postulado por LORENZETTI, Ricardo L., Tratado de los contratos.
Parte General, Rubinzal-Culzoni, Buenos Aires, 2004, p. 652
(35) (35) Para una mayor extensión de esta problemática, ver a HERNÁNDEZ, Carlos A., "Comentario a los arts.
1073, 1074 y 1075", en Código Civil y Comercial de la Nación. Comentado, dirigido por Ricardo LORENZETTI y
coordinado por Federico DE LORENZO y Pablo LORENZETTI, Santa Fe, 2015, t. VI, p. 145 y ss.
(36) (36) Traducción de la reforma 2002 del BGB, Anuario de Derecho Civil, tomo LV, Fascículo III (Julio-septiembre
2002), p. 1268.