En algún momento de la vida, deberías proponerte
seriamente dejar de hacer el ridículo.
Texto de Rodrigo Garcia
(con pequeñas adaptaciones)
Se llama confusamente “existir” o “vivir” a lo que yo llamo “conseguir” y “usar”.
En términos bíblicos yo diría que en un principio, antes incluso que el verbo, fue el
“conseguir”.
La prueba es que existen seres que, guiados por el impulso ciego de “conseguir”,
más tarde se arrepienten de aquello conseguido, y llegan incluso a odiarlo.
Ellos querían “conseguir” pero no se habían planteado qué, ni para qué querían
conseguirlo.
En el catálogo se incluyen plantas, perros, mujeres, hijos propios, hijos adoptivos,
hijos en adopción, kit de cuchillos y tenis para hacer deporte, por citar ejemplos al
azar.
Será por eso que, generalmente las cosas no están en manos de las personas que
las necesitan.
Las buenas tetas suelen estar en manos de los que no las acarician bien, y las
vergas caen en bocas que no se deleitan con vergas, y la gran literatura jamás
alcanza al lector perfecto.
Así los libros caen en manos de cualquiera, las miradas que llevan amor caen en
manos de cualquiera, las islas más bellas caen en manos de cualquiera, los caballos
caen en manos de cualquiera, el buen vino cae en manos de cualquiera, los
atardeceres caen en manos de cualquiera, y los “chochitos” más dulces caen en
manos de cualquiera.
Pero este tipo de gente es casi mejor que las personas convencidas de que
“conseguir” está ligado a perpetuar. (Les llamo “conseguidores” católicos).
Son quienes afirman: lo que he conseguido será eterno.
Y están mintiendo, los desgraciados.
Las promesas de inmortalizar lo conseguido, se esfuman en la nada. De hecho en
el fondo nos alegramos de toda muerte, ya sea de un animal, de un objeto, de una
planta o de otra persona cercana o nuestra.
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Se lloran las muertes, pero son lágrimas de alegría, porque la desaparición de lo
conseguido nos libera y abre el horizonte a lo nuevo por conseguir.
Es como tirar cosas viejas del armario, hacer limpieza, hacer espacio para lo que
vendrá.
Conseguir, ayudar a morir, llorar la muerte de lo conseguido, pasar a un nuevo
deseo, nos proporciona el entretenimiento metafísico.
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Qué maravilla… Que para una persona sea una mierda y que para una tercera
persona recién llegada, la persona que es una mierda a ojos del primero, !resulte
ser adorable!
Qué maravilla… Que para una persona otra sea una maravilla, un ángel, y que para
un tercero, que acaba de llegar, esa persona resulte una auténtica mierda de
persona.
Qué maravilla… Que para una persona otra persona sea una mierda y que llegue
otro cualquiera y ¡opine lo mismo!
Qué maravilla que las cosas resulten así de simples y caprichosas. Quién podría
confiar en la ciencia luego de esto?
Qué maravilla… Que para una persona o te resulte encantadora porque posee una
serie de hábitos, porque tiene una particular forma de ser.
Y qué maravilla que esa persona se convierta en una verdadera mierda el día que
decide cambiar su forma de ser, cambiar sus hábitos de siempre, ¡convencida de
que ese cambio es lo mejor para su vida!
Qué maravilla… Es que, con esta nueva forma de ser y pensar, esa persona se tire
años y años sin resultar atractiva para nadie.
Y qué maravilla… Cuando, siguiendo su camino, sin hacer alarde de nada, sin
reclamar nada, esa persona deslumbra a otra que acaba de llegar y que reconoce,
en aquel ser callado, el misterio que nadie vio antes.
¡Que maravilla… Que conocer e intuir sean, finalmente, palabras vacías!
Quien podía confiar en la ciencia luego de esto?
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Son las 11 de la noche y me voy a la cama sin demasiadas novedades. Tres veces
puse hacer algo a tres personas distintas y las tres me dijeron la misma respuesta:
no puedo, lo siento, tengo algo mejor que hacer.
Conozco a tantos que con la misma naturalidad que dicen buenos días o hace frío,
dicen: lo siento, ahora no puedo, tengo algo mejor que hacer.
Y me desconcierta, porque generalmente cuando alguien me propone a mí hacer
algo, yo voy y lo hago y punto, ya que encuentro la vida demasiado larga,
interminablemente larga.
Todos los seres humanos -incluidos los niños a partir de los dos años y medio- se
han dado cuanta que la vida es putamente larga-, por eso se empeñen en afirmar
lo contrario: la vida, es demasiado corta. Demasiado corta. Demasiado corta.
Dicen que la vida es demasiado corta y acto seguido dicen perdona, no puedo es
que tengo algo mejor que hacer.
Y yo me las arreglo para saber qué es lo que han hecho. Investigo. Suelo preguntar
al día siguiente por aquello que han hecho, para entender a qué se referían, qué
insinuaban con ese: algo mejor que hacer.
Y descubro lo que han elegido hacer y han hecho, y me pregunto cómo es posible
que hayan dejado de hacer otras cosas, para empeñarse el día entero en hacer
estas cosas que hacen, y que llaman: cosas mejor que hacer.
Me aburro de escribir y me aburro de llorar. Me voy a buscar algo mejor que hacer.
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De mis amigos aprendí que yo tenía que dejar de ser un tipo arrogante.
Es lo más desgraciado y ruin que me tocó aprender hasta ahora, y si de algo me
arrepiento es de haber seguido los consejos de mis amigos en este asunto.
Ahora ya es muy tarde y como me he convertido en un tipo humilde, no puedo
recuperar mi arrogancia perdida.
Mientras tanto, mis amigos enseñen sus cartas, compiten y hacen todo lo posible
por aplastar hundir y aniquilar al de al lado y quedarse con el dinero y follarse a las
chicas más guapas.
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Los miedos, puestos en orden, dejan de ser miedos?
Los deseos, puestos en orden, dejan de ser deseos?
Y el sexo, cuando imita al sexo, conserva algo de sexo?
La ropa, en orden, deja ese ropa?
Y el pelo, deja de ser pelo si está en orden?
Las manos quietas, siguen pareciéndose a unas manos?
Los barcos en la arena, que son?
El deseo, sujeto a reglas, qué nombre debe llevar?
Los dientes, sujetos a la simetría, dejan de ser dientes?
Los huesos siempre en su sitio dentro de la piel, forman el verdadero esqueleto?
La vida en armonía, es vida?
La forma de atar los zapatos siguiendo un método, tiene sentido?
La tristeza, sujeta a una disciplina, conserva la fuerza y la importancia de la tristeza?
A los gritos, cuando forman parte de una serie, podemos considerar los gritos?
La vagancia, si tiene jerarquías sociales, se convierte en otra cosa?
El placer, considerado como una exigencia, sigue siendo placer?
La suavidad, cuando aparece por encargo, es suavidad?
Las lágrimas, cuando llegan por obligación, son saladas?
La algarabía, cuando responde a la obediencia, es un paso real hacia la felicidad?
La bondad, cuando es un atributo casi innato, cuando es incuestionable en ti, tiene
algún interés?
Y la maldad?
La soledad premeditada, conserva algo de soledad autentica?
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La precaución, llevada al extremo, no acaba en un cáncer?
Y la arrogancia, en su justa medida, debería llamarse de otra forma?
La humildad, expresada en su justa medida, no acaba siendo lo opuesto a la
humildad?
Y la fraternidad, calculada, es un sentimiento?
La noticia de una enfermedad, recibida con pánico, acaso no los hace pasar por
tonto?
Comer demasiado, por exigencias sociales, es un goce?
Cuidarse en las comidas, por exigencias sociales, es un suplicio o una manera de
ser?
La sensualidad, estudiada y programada, conserva su poder de atracción?
La casualidad, existe?
Por qué la fatalidad es un sustantivo?
Por qué fatal es un adjetivo, si nada es fatal?
Morir, cuando es lo mejor que nos puede ocurrir, es una fatalidad?
El atractivo de las cosas, acaso no es una decisión privada?
El atractivo de las personas, es una quimera?
Lo sorprendente, lo decidimos nosotros?
Y si es sorprendente porque lo decidimos nosotros, qué nos sorprende?
La apariencia, es algo que no podemos prescindir?
Las palabras, dichas luego de reflexionar largo rato, conservan algo de humanidad?
Las palabras, dichas sin pensar, acaso no son adorables?
Las palabras, dichas sin pensar, acaso no dan asco?
La primera palabra, dicha por un bebé, no es el principio del fin?
Y la primera frase del niño, no es el principio del fin?
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Un movimiento cualquiera, coordinado, tiene algo de misterioso?
Una semana entera, sin misterio, podría llamarse una semana vivida?
El misterio de un juguete de plástico…; que alguien me lo explique porque yo no lo
veo.
La avaricia, cuando viene del hombre y de la mujer adultos, conserva la capacidad
de irritarnos?
La fragilidad, cuando es una representación, nos invita al abrazo?
El amor, cuando está sostenido por la astucia, es conmovedor?
La ingenuidad, cumplidos los 40 años, se borra por completo del ser humano?
En caso afirmativo, deberíamos llorar o reír por la perdida de nuestra candidez?
Lo rotundo, asusta por infrecuente o por rotundo?
Las negociaciones, cuando corresponden a asuntos de producción artística, son
una parodia?
Y cuando versan sobre armamento?
Un genocidio es un negocio?
Dos personas que se cruzan, cruzan sus destinos?
Dos vidas que deciden vivir juntas, viven juntas?
Vivir, presupone necesariamente anular las cualidades y capacidades de todos los
que encuentras a tu paso?
Existir en forma de ser transparente, sería posible algún día?
Hacer el bien y que no se considere una ofensa, es posible?
Es la estadística la que decide lo bueno y lo malo?
Un pulpo en una cacerola, deja de ser un monstruo?
La noche, es agradable o por el contrario, desorienta, inquieta y enloquece?
El amanecer y el ruido de los primeros coches, nos sobresaltan o nos tranquilizan?
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La muerte, que siempre es de otro, qué relación tiene con lo que uno entiende y
espera por muerte?
Quién es capaz de afirmar que puede esperar la llegada de la muerte?
La suerte es un estado de ánimo?
Lo que llamamos felicidad, no es acaso un error, el resultado de un punto de vista
unilateral?
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Habría que pensar mejor en la alegría y acercarnos más a esa experiencia copiando
al perro y no a las personas.
La alegría que experimenta un perro es mucho más intensa, legítima y genuina, que
la que experimenta una persona.
El perro siente la alegría de su estado puro.
La alegría del perro se alberga en su amoralidad, su grandeza.
Es absolutamente interesada, se orienta en sí misma, alegría que se fundamenta
en alegrarse. Y nunca en un estímulo externo: un hueso o la caricia del amo.
De hecho Pavlov1 era un pendejo.
El hombre no tiene alegrías, sino pequeños espasmos acompañados de temor y
desconfianza con relación a otros seres, a otros espacios o a acontecimientos que
le provocan alegrías a medias.
Para el hombre la alegría -que casi nunca se cristaliza en alegría- la trae el otro o el
acontecimiento.
Mientras que el perro la lleva consigo. Alegría como acto reflejo.
Digamos que el perro nace con la potencialidad de alegrarse y el hombre no.
Yo me escapo siempre que puedo de las alegrías en potencia.
1 La teoría del condicionamiento clásico deriva de los experimentos del fisiólogo ruso Iván Pavlov, quien
durante el estudio del aparato digestivo canino notó que los animales salivaban al ser expuestos a estímulos
asociados con la comida sin que fuera necesaria la presencia física de esta.
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Esas alegrías que acaban en desdichas.
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Las plazas de mercado de los sábados por la mañana se esfuerzan por mantener
viejas tradiciones, tales como el intercambio de cosas recién muertas por dinero y
algo de afecto.
La gente no busca en ñas plazas de mercado de los sábados por la mañana las
mejores cebollas, ni los pezcados más frescos.
Van a las plazas de mercado de los sábados por la mañana a que el vendedor le
sonría mientras pesa unas naranjas en la balanza o limpia las escamas y las tripas
de una trucha.
Luego, en casa… se hacen la paja.
Los dos. Clienta y vendedor.
Lo natural es que la clienta se folle a su marido imaginando que se está follando al
vendedor.
Y que el vendedor se machaque a su mujer fantaseando que se lo hace a la clienta.
Es ley de vida.
Y se suele ocultar. Me desorienta esta tendencia del ser humano a ocultar lo que
todos sabemos. Por eso suelo marcharme borracho y llorando de las plazas de
mercado de los sabados por la mañana.
Esto no pasa con las cajeras de las grandes superficies comerciales, que no reciben
ni un céntimo demás por ser amables y no consiguen ser objetos de deseo, al estar
siempre mala leche.
Por eso nadie sueña con follarse a una cajera.
Normalmente uno fantasea con follarse azafatas de avión o enfermeras de hospital
o colegialas, pero nunca a una cajera de supermercado.
El salario no lo es todo, pero modifica los comportamientos. Y digo que a las cajeras
hay que pagarles mejor.
En las grandes superficies comerciales no existe la cordialidad, existe la eficiencia.
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Se da por sentado que los clientes ya vienen de casa con sus problemas afectivos
resueltos, y no necesitan de ningun empleado disfrazado de vendedor de pescado
o de vendedor de frutas para cambiar opiniones o ventilar asuntos privados.
Se trata de dejar abandonadas a las personas en las grandes superficies
comerciales deambulando entre productos idénticos pero con incentivos diversos
escritos en los envases.
Así, más que clientes, se convierten en paseantes y lectores.
Frente a esto, las plazas de mercado de los sábados por la mañana resultan un
espejismo -moverse al aire libre y no bajo luces fluorescentes.
Pero la ilusión se viene abajo cuando los vendedores de la plaza comienzan a
redondear los precios, siempre y sospechosamente a nuestro favor.
En las plazas de mercado de los sábados por la mañana el carnicero pesa unas
chuletas y dice: son $22.650. Dejémolo en 22.
El vendedor de frutas te da tres kilos de mandarinas. Y al final mete dos mandarinas
más y dice: tres kilos de mandarinas son $15.000 y éstas de ñapa.
Y eso jode por completo la relación de fe y confianza entre las personas y toda la
ilusión de humanidad de las plazas de mercado de los sábados por la mañana se
va a la mierda.
Porque si algo hemos aprendido ya desde la más tierna infancia es que no debemos
regalar a nadie y menos a un desconocido.
Como si no supiéramos que si te están descontando $1000 es porque en realidad
te están clavando el doble o el triple de lo que valen esas mandarinas.
De ahí el triunfo de las grandes superficies comerciales. Porque la mentira, mejor
verla escrita en la etiqueta de un detergente que en boca de un vendedor de
mercado que, te guste o no, es un ser humano.
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Trague, mentí, olvide, dejé mi cama edionda a sudor, acepte, convencí, enfermé,
pensé, arañé y mordí.
Sostuve, me enfrenté, maldije, me tronché, lloré y me olvidaron.
Palpité, olvidé, suavicé, perduré, me limpié.
9
Contuve la respiración, defendí una idea, me alegré de una muerte.
Disfruté, me sacié, maldije un nacimiento, perdí la razón.
Perpetué, observé, me arrastré, curé yo solo mis heridas.
Me recuperé, volví sobre mis pasos, se soldaron mis huesos en cuatro meses.
Tuve hijos, me alegré, celebré, llegué tarde, hablé para arreglar las cosas.
Hice grandes problemas de nada, caminé en la arena y con el viento en contra.
Robé, mordí, palpité, traicioné, hice trampas y me pillaron.
Supe disculpar, supe amar y nunca supe hacer que el amor perdurara.
Bailé. Me olí. Me reconocí. Tuve tiempo.
Prometí no hacer lo mismo, hice lo mismo, viví cien veces la misma vida.
Usé todos los verbos, busqué en el diccionario verbo a verbo y los había usado
todos menos el verbo morir.
Y me alegré, ya que morir -me parece-no debería ser un verbo.
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