TOMADO DEL LIBRO:
BIBLIOTERAPIA Y EDUCACIÓN. Editorial Bonum (2018)
Autor: Gastón del Río
(Páginas 107-122)
Capítulo 6:
CONSIDERACIONES GENERALES
DE APLICACIÓN DE LA BIBLIOTERAPIA
“Si el escritor no es capaz de inmunizar al lector contra la
desesperación, ha de evitar al menos inculcarle la
desesperación”, Viktor Frankl (1990).
En este capítulo se presentan algunas sugerencias generales para la aplicación de la biblioterapia,
para lo cual se han identificado cinco posibles fases dentro del proceso de aplicación. No es
necesario que se apliquen todas, aunque en sí mismas favorecen el uso de este recurso. En cada
capítulo se harán sugerencias complementarias en función de la modalidad de aplicación y los
objetivos buscados.
6. 1 Fase 1: selección del relato
Esta primera fase suele ser por momentos la de mayor complejidad. Muchas veces el relato llega a
la persona por una situación fortuita y tiene un impacto en esta impredecible. Pero la mayoría de
las veces, a la hora de hacer uso de este recurso, se escoge el material.
Entre los criterios de selección se suelen encontrar las inquietudes de la persona (a veces
conscientes, otras inconsciente), junto con los temas que desea enfocar directamente. Por algo y
para algo se elige un determinado texto para esa persona. Una de las inquietudes que suelen surgir
es cómo elegir el relato.
Es importante tener en cuenta que no todos los textos impactan a todos de un modo semejante.
Esto se debe a que para la elección del relato habrá que considerar algunas características
específicas de cada lector.
Se puede utilizar toda letra escrita para esta finalidad, incluso obras que nunca se consideraron
para ese fin. Muchos de los textos que se utilizan promueven la imaginación, presentando una
situación ajena a la propia realidad, en la cual se hacen presentes comportamientos y valores,
emociones y pensamientos, que pueden estar hablando de uno mismo y de nuestra realidad. Son
textos de ficción, poesía, haiku, drama, biografía, autobiografías.
Conocer los hábitos de vida del beneficiario, qué tipo de lectura frecuenta, qué tipo de paseos hace,
las películas que le gustan, los programas de televisión que le interesan, etc., suele ser de gran
ayuda para la elección del relato con el que pretendamos aplicar la biblioterapia. El estilo de vida
que lleva en su cotidianidad, que se manifiesta en conductas, actitudes, vivencias, conocer cómo es
su realidad, para poder ofrecerle un material que tenga aspectos vinculantes con ella.
A la hora de seleccionar el material, este no debe ser muy alejado a la realidad de los
interlocutores. Los relatos tienen que ser simples, concretos, y que involucren aspectos
socioculturales de los beneficiarios. Son de principal interés aquellos que tengan finales abiertos,
que promuevan la autorreflexión.
Hay libros que suelen ser más favorables para la implementación de este recurso, como los libros
de autoayuda1 (están directamente escritos para la aplicación de la biblioterapia porque buscan el
despliegue de los recursos humanos, partiendo en su mayoría desde una mirada humanista), los
de reflexión y las novelas de actualidad, en tanto interpretan de manera cercana al individuo
circunstancias afines con su propia condición. Son también de gran ayuda aquellos libros que
inician una aventura y permiten que el lector vaya armando la continuidad de esta. Son historias
en las que se plantea una situación y se le presentan varias posibilidades para resolverlas y, en
función de su elección, continúa la historia en una u otra dirección, armando cada uno su propia
historia.
Otros recursos recomendables son las obras testimoniales, aquellas que presentan biografías.
Incluimos dentro de las biografías testimonios de líderes mundiales, de santos, de próceres patrios,
deportistas, personalidades destacadas de algún ambiente. Brindan un ámbito de referencia
concreto a partir de la biografía de otra persona, para poder adentrarnos en la historia personal de
quien sea el beneficiario de la biblioterapia. Se debe tener en cuenta que no todas las biografías son
saludables, en especial aquellas de personas que han tenido o tienen comportamientos
autodestructivos.
Es de vital importancia tener en cuenta que conviene que los textos que se seleccionan para utilizar
promuevan conductas saludables, que despliegan la propia humanidad y brinden estrategias para
la resolución de conflictos.
También nos encontramos con libros didácticos, que explican cómo ocurren determinados
fenómenos y pueden ofrecer modos de resolución de situaciones. Son textos psicoeducativos, que
funcionan como manuales para explicar algunos fenómenos (algunos más científicos que otros).
Este último tipo de material puede ser por momentos contraproducente, porque se brindan
“recetas” generales, y algunas personas toman las sugerencias de un modo extremista, lo que
aumenta sus problemáticas.
Dentro de los materiales que se pueden utilizar, se encuentran las historietas, comics y animés 2.
Para muchas personas este es su material de lectura, en el cual nos podemos apoyar para aplicar la
biblioterapia. Suelen ser materiales breves, con poco texto, pero simple y concreto. Se puede evocar
con gran facilidad. Por lo tanto, es necesario considerar la edad de los beneficiarios, sus intereses,
el realismo y honestidad de retratos de personajes y la calidad literaria. En el capítulo 8 precisamos
algunas sugerencias para la selección del material en función de la edad.
1
A mediados siglo XIX la sociedad americana dio origen a la figura del self-mademan (el individuo capaz de hacerse por sí
mismo, que debía descubrir y cultivar las facultades personales y el potencial creativo que poseía dentro de sí, como
rasgo de personalidad). Desde entonces, el concepto de autoayuda pasó a servir para el afianzamiento de los recursos
personales (intelectuales, volitivos, emocionales, espirituales, pero especialmente el poder de la propia mente) como el
modo para alcanzar ese desarrollo del potencial. La psicología humanista surge como tal en los años cincuenta,
apoyándose en estos principios, que favorecieron la creación de textos para alcanzar estos fines. Se centraron en la
propuesta de ejercicios para conseguir determinados logros, brindando modos de relajación, meditación, de filosofía de
vida, de búsqueda de la adquisición de rasgos de personalidad carismáticos y agradables.
2
En este punto me parece importante hacer una salvedad. Algunas historietas, comics y animés (se refiere
específicamente a la animación japonesa) incluyen elementos contraproducentes, que no favorecen el despliegue de los
recursos personales y, por el contrario, favorecen el desarrollo de conductas antisaludables y dañinas. Estas obras
seguramente no fueron creadas para promover comportamientos destructivos en la persona, pero en algunos casos lo
generan. Por lo tanto, hay que ser prudente con el uso de comics y animés, en tanto pueda favorecer el despliegue de
conductas saludables.
Es recomendable utilizar en el relato objetos primitivos, simples, de esa manera la persona se
siente más cercana a lo que presenta el relato, así como favorecer el uso de personajes simples, con
características de personalidad realistas y creíbles.
También nos encontramos con textos que suelen ser perjudiciales para algunas personas, que no
son convenientes de utilizar y es preferible obviarlos3. En este punto disentimos con los autores
que sostienen que no hay “libros malos” para ser utilizados en biblioterapia. Si bien “toda letra
escrita” puede ser utilizada para este fin, existen algunos materiales que es preferible evitar.
Algunas características que suelen tener son:
- La utilización de palabras difíciles o ajenas a la cultura del lector, ya que pueden
provocar un rechazo al leer o escuchar el relato. Por ejemplo, cuando se refieren a aspectos
muy ajenos a su realidad (se hace referencia a las riquezas cuando el lector es de un nivel
socioeconómico menor), o bien se trata sobre realidades que impactaron o impactan
profundamente en su realidad sociocultural (mencionar un robo cuando fueron víctimas de
tal situación, o una revolución al ser víctimas de un golpe de estado, etc.).
- Los relatos pueden incluir disvalores, o modos de resolución que no son positivos o
saludables. Por ejemplo que, ante una situación de angustia, un personaje fume marihuana
para tranquilizarse.
- Relatos que promuevan conductas autodestructivas de modo explícito o como
modo de resolución de conflictos.
- Relatos muy extensos, que hacen que los beneficiaron no le encuentren sentido y
rápidamente se dispersen.
Por último, Ortín & Ballester (2005) proponen algunas características que tiene un relato que cura:
Predispone bienestar.
Conecta con la satisfacción.
Abre el campo de percepción de un conflicto.
Consuela.
Aporta otros encuadres de referencia de la situación.
Permite identificarse con él y, por ello, aligera la sensación de soledad.
6. 2 Fase 2: creación del clima
Un factor que contribuye notablemente en el impacto que tendrá el relato será el clima que se
genere durante su narración o lectura. El clima es importante porque nos dispone a absorber el
texto de una manera total, quedando abiertos a dejarnos transformar por este. Por lo general, las
3 Partimos de la premisa de que los autores de dichas obras desconocían aquello que podía llegar a promover su obra,
por lo que no hacemos ningún juicio de valor. Simplemente realizamos esta advertencia porque la biblioterapia es un
recurso que busca promover la salud, pero existen materiales que promueven conductas destructivas. Por ejemplo, a
principios del siglo XXI se hicieron populares obras literarias en las que algunas personas compartían sus angustias y sus
modos de resolución de estas, indicando comportamientos sobre el cuidado (para ser más exacto descuido) de su cuerpo.
Esto llevó a que esas obras se transformaran en libros “de culto” para ciertos grupos de adolescentes, entre quienes
empezaron a manifestar conductas de trastornos de conductas alimentaria (TAC), algunas de ellas diagnosticadas. Se
realizó un estudio informal con 87 chicas adolescentes entre 12 y 17 años, correspondientes a distintos colegios de zona
norte del Gran Buenos Aires que presentaban conductas de TAC, entre las cuales 84 habían leído este tipo de libros en
los últimos cuatro meses. Obviamente que los síntomas no surgieron únicamente por la lectura de este tipo de material,
pero es un aspecto a tener en cuenta.
maestras de jardín de infantes son grandes creadoras de clima de lectura, ya que van generando un
ambiente tal que predispone a los chicos a que escuchen el cuento de un modo particular. Lo
mismo ocurre en cualquier momento en que dispongamos hacer un buen uso de la biblioterapia.
El principal responsable de generar este clima será quien presente el material, a partir de su
inflexión de voz, el ritmo de lectura, contenido de relato, las pausas que realice, la acentuación de
algunos aspectos, movilizando, promoviendo, facilitando o estimulando cierta disposición en el
receptor, a partir de los cuales ciertas vivencias y percepciones van adquiriendo mayor intensidad.
Se busca crear un clima que transforme el espacio donde se aplique la biblioterapia en un lugar
que genere seguridad y tranquilidad.
El receptor del relato se va predisponiendo en este clima a adentrarse en el relato, introduciéndose
en él, siendo parte de este. Se inserta en un nuevo mundo de aventuras y fantasías en el cual toman
mayor intensidad determinadas vivencias, valores, actitudes, que surgen en y a partir del relato.
Al momento de relatar el libro, es importante seducir al interlocutor, invitarlo a ver el mundo y el
problema de una forma diferente. Para ello se debe emplear los recursos disponibles, ya que lo que
se busca es que se conecte con el relato, los personajes y las escenas, con las leyes psicológicas que
rigen los comportamientos y emociones de los personajes, y los valores presentes.
La creación del clima está directamente relacionada con el punto que le sigue.
6. 3 Fase 3: presentación del material
El material se puede leer, narrar, entregárselo y pedirle al otro que lo lea o escuche. En este punto,
se sugieren algunas notas particulares en caso de que alguien presente el material. Cabe resaltar en
este punto lo efectivo que puede ser leer el texto acentuando aquellos aspectos que consideramos
tienen que ver con el objetivo buscado. Por este motivo, un mismo relato puede ser leído de
manera diferente según la persona que tenemos adelante y el objetivo propuesto. Al contar el
cuento se amplía la empatía y el vínculo emocional con el oyente, pudiendo agregar o modificar
los modos de presentarlo en función de sus conductas y reacciones.
Todo relato supone una alternativa existencial para quien lo lee o escucha, amplía su campo
fenoménico al encontrarse en otra realidad. Por lo tanto, la narración del texto es esencial para
invitar a la exploración de otro mundo, para poder vincularnos de un nuevo modo con nuestra
existencia.
Se busca insertar al beneficiario en el relato. Este viaje provoca un desligamiento de su realidad, de
sus problemas, de sus dudas, de sus miedos, y proporciona un alivio de las tensiones emocionales
para luego volver a conectarse con ellas de un modo diferente. Esta conexión se promueve
utilizando todo el registro sensorial (imágenes, sonidos, olores, sabores y sensaciones). Por ese
motivo el facilitador puede acentuar algunos puntos del relato, favoreciendo la inserción en este.
La utilización de todo el registro sensorial para relatar la historia contribuye a que la persona se
conecte con el relato, sobre todo en su inicio. Si bien aparecen algunas descripciones en los relatos,
si se considera necesario, se pueden ir agregando detalles que contribuyan a la ambientación para
ampliar el registro sensorial (incluyendo distorsiones espaciales y temporales como: en un remoto
lugar, muy lejano, en algún tiempo, se dice que, cuentan la historia de, etc.).
A la hora de contar el cuento, se sugiere asimilar el cuento, más que memorizarlo. De este modo se
puede ir cambiando y adecuando a los beneficiarios y a su recepción del relato: contarlo de un
modo sencillo, utilizando un lenguaje que les sea simple a los oyentes; usar bien los silencios y las
pausas; no ser dubitativo, evitando cualquier comentario que pueda interrumpir el relato.
El relator del texto no tiene idea de las soluciones que el oyente está explorando, simplemente le
ofrece una mirada distinta sobre la cual puede observar su situación, su vida.
La lectura de un texto es un arte, ya que a partir del relato se trata de invitar al oyente a una nueva
realidad, a un nuevo mundo, en donde se busca que se contacte con aspectos propios, conscientes
e inconscientes, y con sus recursos noéticos. Para ello es importante el lenguaje corporal, la
localización respiratoria, el ritmo y la velocidad del habla, el tono de voz y los gestos.
El volumen de voz debe ser cómodo. No hay que apremiarse, contar el cuento deprisa, en forma
rápida. Poder insertarse en el nuevo mundo que se presenta se va haciendo con pausa, de a poco.
Por eso se sugiere que la voz sea tranquila y reposada. Tampoco conviene turbarse en los
momentos en que no se recuerda la información o se pierda la confianza. En estos casos se puede
ampliar la descripción de la situación, hasta recordar la información olvidada o recuperar la
confianza.
Explicar la historia dramáticamente. Esto significa poniendo el corazón, identificándose con la
situación y las emociones que intervienen, poniéndose en la piel de los personajes. Tener calma,
seguridad de lo que se dice. Disimular los fallos de memoria si se producen. Es preferible explicar
una historia improvisada que romper el clima creado.
Es esencial que el relator sepa el texto y se conecte con lo que sucede en el relato, con el estado
emocional principal. Si esto ocurre, el oyente lo va a aceptar sin condiciones.
Los hipnotizadores recomiendan algunas cuestiones que contribuyen a que la persona entre en un
estado más profundo (Ortín & Ballester, 2005):
Usar el tiempo verbal presente: formular cada sugerencia como si esta fuese ya un
hecho cierto.
Ser afirmativo: no utilizar palabras o conceptos con connotaciones negativas. No
hablar del problema que desea solucionar, sino de lo que pretende conseguir, describiendo
lo que ocurre.
Ser específico y detallista: no tener prisa, una de las cosas más importantes es no
precipitarse, no correr, para ir adentrándose en la historia. Uno de los síntomas culturales
actuales es vivir todo de modo acelerado. Escuchar un cuento requiere tiempo, cierta
disposición, aprender a respetar otros tiempos ajenos a los propios.
Ser sencillo: usar términos claros. Las palabras sencillas tienen mucha más fuerza.
Ser estimulante y emotivo: utilizar sugerencias que entrañen sentimiento y energía.
Describir la acción, no la capacidad: no centrarse en las aptitudes que requiere, sino
en la descripción de la actividad que supone el objetivo cumplido. Poner en acto las
aptitudes de la persona.
Utilizar símbolos4: lo simbólico es lo que integra al individuo consigo mismo y con
el grupo. Se pueden interpretar en función de lo que representan a nivel inconsciente, o
bien del significado cultural.
4Algunos enfoques teóricos (generalmente de orientación psicoanalítica) ponen especial énfasis en este aspecto, por el
valor simbólico de los objetos y/o de los arquetipos. Respecto al análisis de lo simbólico existe material específico para
profundizar como: Chevalier, J. (1986), Diccionario de los símbolos, Barcelona: Herder.
El fin de estas recomendaciones sobre la narración del relato se debe a que, para que la
comunicación sea efectiva, esta tendría que afectar la estructura más profunda y personal del
destinatario, apuntando a su propia experiencia. El lenguaje más persuasivo es el destinado a la
inteligencia sensorial, por lo que hay que dirigir el relato a la experiencia sensorial del oyente, para
que luego se conecte con sus aspectos más profundos y su espiritualidad. Desde su propia
interioridad, se le presentarán nuevas soluciones, nuevas alternativas. Recordamos que son
sugerencias y que no garantiza la efectividad de este recurso, porque cada texto impacta a cada
persona de un modo particular en función del momento que esté viviendo. Puede ocurrir que pese
a todo ello, el relato no tenga ningún impacto en el lector u oyente.
6. 4 Fase 4: diálogo
Una vez finaliza la lectura o narración del texto, se recogen los aspectos que se movilizaron en el
beneficiario. A través de preguntas se puede ir profundizando en estos aspectos. En esta fase se
busca dialogar, no interrogar. Al interrogar se está exigiendo una respuesta prevista, es un pedido
de información predecible. En cambio, al preguntar, en el diálogo se plantea un interrogante sin
una solución preconcebida, con el fin de estimular la reflexión y la construcción compartida de
conocimiento. Las preguntas no van a buscar capturar el discurso que la persona tiene en su
mente, sino favorecer un mayor contacto con sus vivencias y sus valores, para que se pueda
producir un discurso más expresivo.
A partir de la presentación del material, por medio del diálogo, se busca que la persona pueda
desplegar sus recursos espirituales. Esta propuesta se diferencia de la de otros autores, quienes
consideran necesario abordar en primer lugar la comprensión del relato por parte del beneficiario
y luego compartir sus experiencias a partir de este. Primero ocurre la captación y el
descubrimiento del valor y luego el proceso cognitivo para explicarlo y comprender el relato.
Por medio del diálogo se busca apelar a los valores descubiertos por la persona en el relato y en su
realidad, explorar qué piensa sobre el tema, cómo la hace sentir y qué significa para ella, y no una
justificación del valor descubierto. En esta fase se entrelazan lo que la persona piensa sobre el
tema, lo que siente al respecto y lo que significa para ella.
Una primera pregunta que puede servir como disparadora es sobre la valoración del relato: ¿qué le
pareció el relato? Acompañada con el: ¿para qué compartimos este relato?
Existen tres preguntas que son básicas y necesarias para el desarrollo del diálogo:
1. ¿Qué es la cosa en sí? Permite ubicarnos dentro de la percepción de la realidad que tiene el
beneficiario.
2. ¿Cómo sería eso? ¿Cómo fue que eso pasó? Describen los procesos y posicionan a la persona
ante su propia vida.
3. ¿Para qué? Busca conocer la intención de la conducta o su significado.
La pregunta fundamental es: ¿qué es la cosa en sí? Debido a que todas las intervenciones estarán
dirigidas en principio a profundizar esta pregunta, se acompañada con la pregunta ¿cómo?, que
hace referencia al posicionamiento del beneficiario y a la introducción de la duda que deconstruye
creencias, y el ¿para qué?, que busca cuestionar el significado que le atribuye la persona a una
acción.
También se busca en esta fase de diálogo recuperar la información perdida. Las preguntas buscan
la recuperación de información sobre la experiencia tal y como es vivida por la persona. Algunos
modos de preguntar que pueden servir para obtener un mayor registro son: quién, con quién, para
quién, a quién, dónde, cuándo, de dónde, en qué, para qué, qué, acerca de qué, cómo, qué pasará
si. Estas preguntas se van haciendo en función de los aspectos que la persona resalta del relato.
Algunos aspectos que se pueden explorar en esta fase son: identificar las situaciones relevantes del
texto, los sentimientos de los personajes, sus actitudes, los modos de relacionarse de los personajes;
cómo se podría aplicar todo esto en la propia vida. Además se pueden explorar las consecuencias
de actuar de modo semejante o diferente a lo que aparece en el relato, de lo descubierto, en la
propia vida, visualizando cómo sería e identificando los efectos positivos y negativos que esto
podría generar en su propia vida.
El momento de diálogo tiene dos grandes ejes. El primero es poder explorar lo que ocurre en el
relato, descubriendo valores, pensamientos, actitudes, sentimientos, modos de vincularse. Por
medio del diálogo, a partir de lo que la persona valora y resalta del texto, es que se va ampliando
la mirada que tiene sobre su propia vida y su mundo interno. Las preguntas pueden estar
orientadas a identificar en los personajes cierta intencionalidad o recursos, o bien en al autor de la
obra.
Luego se profundizará en el segundo eje, vinculado a su propia realidad. A partir de lo descubierto
en el relato, explorar cómo ocurre o podría ocurrir en su propia vida. Como por ejemplo:
¿Qué es para el autor/protagonista la palabra…? ¿Y para usted?
¿En qué momentos de su vida se aplica o podría aplicarse lo ocurrido o descubierto en el
relato?
¿Qué herramientas reconoce en el personaje para afrontar la situación? ¿Y cuáles serían las
suyas en caso de estar en una situación semejante?
La fase de diálogo va a generar que el beneficiario continúe explorándose y, de esta forma, se le
van a ir presentando nuevas alternativas, va a ir reconociendo recursos y valores en su realidad. En
otras palabras, va a contribuir al autoconocimiento y a la aceptación de sí mismo. Por ese motivo,
en lo posible hay que evitar preguntas cerradas, cuyas posibles respuestas sean de sí o no.
Se pueden también abordar las vivencias que despierta el relato, para adoptar posturas ante ellas.
Con aquello movilizado se buscará ir haciendo una síntesis de los aspectos explorados. No
debemos dar por supuesta la moraleja o conclusión del relato, ya que esta va a depender del
receptor, de sus recursos, de sus valores, de su historia y de su propia realidad.
Al dialogar sobre los personajes del relato, se hace más fácil reconocer sentimientos contradictorios
y resolver problemas cotidianos.
La biblioterapia también promueve que la persona descubra aspectos profundos saludables y se
conecte con ellos. Se intenta que la persona pueda autotrascender a partir de lo descubierto por
medio de la conciencia. Toda persona tiene los recursos para superar las crisis, para encontrar
nuevas soluciones a situaciones ya planteadas. Cuando se consigue conectar con su dimensión
espiritual es cuando se manifestará más plenamente y se logrará encontrar más soluciones
posibles. Es esencial confiar plenamente en los receptores, en que son capaces de encontrar las
soluciones a sus problemas. La interpretación del relato se basa en la propia realidad de los
beneficiarios, de las emociones que despierta, de la vivencia que revive, de sus experiencias
previas y de los valores descubiertos. La conciencia conmueve y orienta a la persona hacia un
sentido peculiar y único; y se activa por el influjo directo de lo emotivo, apelando el texto también
esta dimensión de la persona. La biblioterapia, al apelar a la persona, permite el despliegue de los
recursos noéticos de la autotrascendencia y del autodistanciamiento.
A través del diálogo sobre el relato, los beneficiarios pueden darle un sentido personal basándose
en su historia, para lo cual van a reevaluar sus sentimientos, pensamientos y valores, pudiendo
reorganizar su discurso y descubrir nuevas formas de actuar.
En el fondo, la fase de diálogo pretende que la persona tome mayor conciencia de su ser actual
(con sus características actuales, cómo se realiza su ser-en-el-mundo aquí y ahora: las necesidades
que tiene, condicionamientos con los que convive, aspiraciones que lo apelan, modos de vincularse
con los otros, etc.) y su deber-ser (descubriendo cuál es y por dónde poder alcanzarlo).
6. 5 Fase 5: conclusión o “certezas cotidianas”
La intención ahora es que aquello que ha sido aprendido o descubierto en esta exploración sea
asimilado por el sujeto y se traduzca en comportamientos más constructivos y firmes. Se va a
buscar que la persona adopte una “certeza cotidiana”, que la va a predisponer para actuar de una
forma más asertiva. Para esto, es efectivo remarcar el logro mediante alguna frase que permita una
especie de aprendizaje directo. En la mayoría de los casos se le pide que escriba5, para que quede
un registro que se pueda evocar, ir recordando y modificando a partir de la biblioterapia. Se busca
que no quede en meras palabras, sino que favorezca un cambio que se traduzca en acción.
Es conveniente usar un lenguaje común con el beneficiario, en lo posible, como decía Aristóteles,
“si quieres convencer al otro debes usar sus propias palabras, no las tuyas”. Al emplear un
lenguaje común disminuyen las barreras de autocensura que emplea la persona.
Se busca entonces que se pueda hacer una síntesis de lo conversado, de lo descubierto a partir de la
biblioterapia. Un modo de hacerlo puede ser que esa “certeza cotidiana” se plasme en una frase
corta o reflexión personal, en alguna tarjeta, póster, que tenga la función de recordar lo descubierto
o el objetivo propuesto.
Actualmente, con el apoyo de la tecnología, hay quienes se lo colocan como fondo de pantalla en
sus celulares, o bien en el muro de alguna red social, o lo tienen como comentario sobre su propia
historia (siempre dependiendo de la red social), porque son lugares donde suelen tener
“presencia”, y les resulta favorable para recordar.
Existen otras forman alternativas de concluir el trabajo a partir de la biblioterapia, pero en su
mayoría tienen una finalidad más específica en función de la modalidad de aplicación (que se
expondrá en los capítulos correspondientes).
5Intervienen procesos diferentes en la lectura y la escritura. La escritura puede servir como recurso terapéutico, pero la
aplicación y explicación de la dinámica del cambio es diferente. La escritura en psicoterapia tiene beneficios como:
catarsis, permite el autodescubrimiento, tienen un carácter documental (queda registrado). Los mecanismos que operan
en la escritura en psicoterapia son: la autoconfrontación, expresión emocional, imaginería, narrativa y revisión histórica.
Para profundizar en los beneficios de la escritura terapéutica, se sugiere la lectura de: Lanza Castelli, G. Fernández
Álvarez, H. & Fiorini, H., (2010), La escritura como herramienta en la psicoterapia, Buenos Aires: Ed. Psimática.