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La Historia de La Biblia

La Biblia es una recopilación de textos escritos entre el 900 a.C. y el 100 d.C., que fueron reunidos para formar el Antiguo y Nuevo Testamento. El canon bíblico actual fue establecido por la Iglesia católica en el siglo IV d.C. y consta de 73 libros.

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La Historia de La Biblia

La Biblia es una recopilación de textos escritos entre el 900 a.C. y el 100 d.C., que fueron reunidos para formar el Antiguo y Nuevo Testamento. El canon bíblico actual fue establecido por la Iglesia católica en el siglo IV d.C. y consta de 73 libros.

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La Biblia es una recopilación de textos que en un principio eran documentos separados

(llamados «libros»), escritos primero en hebreo, arameo y griego durante un periodo muy


dilatado y después reunidos para formar el Tanaj y la Septuaginta (Antiguo
Testamento para los cristianos) y luego el Nuevo Testamento. Ambos testamentos forman
la Biblia cristiana. En sí, los textos que componen la Biblia fueron escritos a lo largo de
aproximadamente 1000 años (entre el 900 a. C. y el 100 d. C.). Los textos más antiguos se
encuentran en el Libro de los Jueces («Canto de Débora») y en las denominadas
fuentes E (tradición elohísta) y J (tradición yahvista) de la Torá (llamada Pentateuco por los
cristianos), que son datadas en la época de los dos reinos (siglos X a VIII a. C.). El libro
completo más antiguo, el de Oseas, es también de la misma época. El pueblo
judío identifica a la Biblia con el Tanaj, para el que carece de sentido y no es aceptada la
denominación como Antiguo Testamento al no aceptar la validez del Nuevo Testamento.
El canon católico de la Biblia que se conoce hoy fue creado por la Iglesia primitiva que, en
las Cartas de Ignacio de Antioquia a la Iglesia de Esmirna se menciona como Católica
Universal, bajo el pontificado del papa Dámaso I, en el Sínodo de Roma del año 382, y
esta versión es la que Jerónimo de Estridón tradujo al latín. Dicho canon consta de 73
libros: 46 constitutivos del llamado Antiguo Testamento, incluyendo 7 libros llamados
actualmente deuterocanónicos (Tobit, Judit, Primer libro de los Macabeos, Segundo libro
de los Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico (Sirácida), y Baruc) y 27 del Nuevo Testamento.
Fue confirmado en el Concilio de Hipona en el año 393, y ratificado en el Concilio III de
Cartago (en el año 397), y el IV Concilio de Cartago, en el año 419.
A raíz de la reforma protestante, el concilio de Trento (1546 d. C.) reafirmó el canon bíblico
que ya había sido afirmado en concilios previos, por medio de una declaración dogmática
en la cuarta sesión del Concilio de Trento, del 8 de abril de 1546. Las definiciones
doctrinales del Concilio de Trento no fueron reconocidas ni asumidas por muchos
protestantes, surgidos a partir del siglo XVI, ni por distintas denominaciones vinculadas al
protestantismo surgidas a partir del siglo XIX. El canon de las biblias cristianas ortodoxas
es aún más amplio que el canon bíblico católico, e incluye el Salmo 151, la Oración de
Manasés, el Tercer libro de Esdras y el Tercer libro de los Macabeos. En adición a estos,
el Cuarto libro de Esdras y el Cuarto libro de los Macabeos figuran, asimismo, como
apéndices en muchas importantes versiones y ediciones de la Biblia cristiana ortodoxa.
El Antiguo Testamento narra principalmente la historia de los hebreos y el Nuevo
Testamento la vida, muerte y resurrección de Jesús, su mensaje y la historia de los
primeros cristianos. El Nuevo Testamento fue escrito en lengua griega koiné. En él se cita
con frecuencia al Antiguo Testamento de la versión de los Setenta, traducción al griego del
Antiguo Testamento realizada en Alejandría (Egipto) en el siglo III a. C.
Para los creyentes, la Biblia es la palabra de Dios, de inspiración divina, aunque su
redacción se realizó a través de hombres elegidos que usaron de sus facultades como
verdaderos autores. Se trata de una obra eminentemente espiritual que los creyentes
interpretan como la forma que tuvo Dios de revelarse a sí mismo y manifestar su voluntad
de salvación de la Humanidad, además de su carácter y atributos.
Para los creyentes cristianos, la Biblia es la principal fuente de fe y doctrina en Cristo. En
el siglo XVI los diferentes movimientos de la Reforma protestante comenzaron a
experimentar un alto desgaste en discusiones filosóficas y a separarse unos de otros; para
menguar este problema se definió el principio llamado «sola escritura», que significa que
solamente la Biblia puede ser considerada fuente de doctrina cristiana. Para la Iglesia
católica, además de la Biblia, también son fuente doctrinal la Tradición, las enseñanzas de
los Padres de la Iglesia (discípulos de los apóstoles), y las decisiones emanadas de los
Concilios. Esta divergencia entre cristianos se intensificó después de 1870, cuando el
papa Pío IX promulgó la constitución Pastor Aeternus, del Concilio Vaticano I, que reafirma
el Primado papal y proclama la infalibilidad del sumo pontífice en asuntos de fe, moral y
doctrina cristiana (dogma de la infalibilidad papal) cuando habla ex cathedra (18 de julio de
1870) en cuanto único «sucesor de Pedro» y, consecuentemente, «custodio y depositario
de las llaves del Reino de los Cielos». Mientras que los cristianos protestantes rechazan
esta aseveración y consideran como cabeza única de la iglesia a Jesucristo. Para ambas
partes esta gran diferencia ya no es considerada tan solo en términos filosóficos o
religiosos, sino como designios divinos plasmados y asentados en la Biblia misma.
Para los judíos ortodoxos, por supuesto, el Nuevo Testamento no tiene validez. El
judaísmo rabínico considera como fuente de doctrina el Talmud, mientras
los caraítas defienden desde el siglo VIII el Tanaj como única fuente de fe.
Véanse también: Autoría de la Biblia y  Datación de la Biblia.

Antiguo Testamento y Nuevo Testamento[editar]


El canon del Antiguo Testamento cristiano entró en uso en la Septuaginta griega,
traducciones y libros originales, y sus diferentes listas de los textos. Además de la
Septuaginta, el cristianismo posteriormente añadió diversos escritos que se convertirían en
el Nuevo Testamento. Poco diferentes listas de las obras aceptadas siguió desarrollando
en la antigüedad. En el siglo IV, varios sínodos fueron elaborando listas de escritos
sagrados que fijaban un canon del Antiguo Testamento de entre 46 y 54 distintos
documentos y un canon del Nuevo Testamento de 20 a 27, siendo este último el utilizado
hasta el día de hoy; el cual fue definido finalmente en el Concilio de Hipona en el año 393.
Hacia el año 400, Jerónimo había escrito una edición definitiva de la Biblia en latín (véase
la Vulgata), el Canon de la cual, debido en parte a la insistencia del papa Dámaso, fue
hecho coincidir con decisiones de varios de los Sínodos reunidos con anterioridad. Con el
beneficio de la retrospectiva se puede decir que estos procesos establecieron de manera
eficaz el canon del Nuevo Testamento, aunque hay otros ejemplos de listas canónicas en
uso después de este tiempo. Sin embargo, esta lista definitiva de 27 libros no fue
legitimada por ningún Concilio ecuménico sino hasta el Concilio de Trento (1545-63).
Durante la Reforma protestante, algunos reformadores canónicos propusieron diferentes
listas de las que se encuentran actualmente en uso en la Iglesia de San Pedro en Roma.
Aunque no sin debate, la lista de los libros del Nuevo Testamento vendría a seguir siendo
la misma, sin embargo, en el Antiguo Testamento algunos textos presentes en la
Septuaginta fueron eliminados de la mayoría de los cánones protestantes. Por lo tanto, en
un contexto católico, estos textos se denominan libros deuterocanónicos, mientras que en
el contexto protestante, en el que se les llama libros apócrifos, la etiqueta se aplica a todos
los textos excluidos del canon bíblico que estaban en la Septuaginta. Cabe señalar
también, que tanto católicos como protestantes describen algunos otros libros, como
el Libro de los hechos de Pedro, como apócrifos.
Por lo tanto, el Antiguo Testamento protestante de hoy tiene 39 libros —el número varía
del número de los libros en el Tanaj (aunque no en contenido) a causa de un método
diferente de la división—. También varía el orden y el nombre de los libros, mientras que
la Iglesia católica reconoce a 46 libros como parte del Antiguo Testamento canónico.
El libro de Enoc es aceptado en el canon del Antiguo Testamento solo por la Iglesia
ortodoxa etíope. El término «Escrituras hebreas» es solo sinónimo del Antiguo Testamento
protestante (no católico) que contiene las Escrituras hebreas y textos adicionales. En
cuanto al canon del Nuevo Testamento, son 27 libros en el canon de la Iglesia católica,
aceptado por la mayoría de las Iglesias de la Reforma. La Iglesia siria solo acepta 22 libros
en su canon. Libros como el Primer libro de Clemente y el Segundo libro de Clemente,
el Libro de la Alianza, el Octateuco y otros, han sido motivo de disputas, y se encuentran
canonizados por la Iglesia católica apostólica ortodoxa.

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