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Expediciones Chilenas en La Sierra Peruana

Las primeras expediciones chilenas a la sierra peruana tuvieron objetivos militares de combatir a las fuerzas peruanas, pero también impusieron cupos y saquearon propiedades. La expedición de Letelier en 1881 fue particularmente reprobable por sus extorsiones y robos. A pesar de las injusticias, Perú logró su primera victoria en la Batalla de Sangar. Posteriormente, en 1882 las fuerzas de Cáceres derrotaron a los chilenos en las batallas de Pucará, Marcavalle y Concepción, aunque
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Expediciones Chilenas en La Sierra Peruana

Las primeras expediciones chilenas a la sierra peruana tuvieron objetivos militares de combatir a las fuerzas peruanas, pero también impusieron cupos y saquearon propiedades. La expedición de Letelier en 1881 fue particularmente reprobable por sus extorsiones y robos. A pesar de las injusticias, Perú logró su primera victoria en la Batalla de Sangar. Posteriormente, en 1882 las fuerzas de Cáceres derrotaron a los chilenos en las batallas de Pucará, Marcavalle y Concepción, aunque
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EXPEDICIONES CHILENAS EN LA SIERRA PERUANA:

En general, las expediciones chilenas a la sierra tuvieron objetivos múltiples. No solo


combatían a los soldados y guerrilleros peruanos, sino que también imponían cupos en bienes
y en dinero a cambio de no destruir las propiedades a su paso. La primera expedición chilena
fue dirigida por el teniente coronel Ambrosio Letelier, tristemente recordada por sus
extorsiones, cupos y robos, al centro del Perú en abril de 1881. Sobre las expoliaciones
realizadas por la expedición Letelier hay no sólo testimonios de peruanos, sino también de
extranjeros hasta el día de hoy. Estas acciones fueron tan reprobables que el comando chileno
optó por hacerlo regresar a Lima y Letelier terminó siendo juzgado por un consejo de Guerra.

Sin embargo, a pesar de todas estas injusticias que tuvo que atravesar el pueblo peruano,
pudieron conseguir su primera victoria en La Batalla de Sangar o Sangra. En 1882, el ejército
organizado por Cáceres en Ayacucho siguió avanzando sobre el departamento de Junín y, con
el apoyo de los campesinos, de los hacendados y de la iglesia local, derrotó a los chilenos en el
segundo combate de Pucará, en Marcavalle y en Concepción.

Batalla de Pucará: El objetivo que tenían las fuerzas chilenas era capturar al llamado “Brujo de
los Andes”, el General Avelino Cáceres, quien estuvo al frente de la campaña a partir del 6 de
abril de 1881 en que fue nombrado jefe-político militar por Nicolás de Piérola. Mientras que el
del pueblo peruano era cansar al enemigo a través de una guerra de guerrillas que terminaría
por derrotarlo. Estas batallas favorecieron al ejército peruano frente a las derrotas pasadas, sin
embargo, los hacendados preferían pagar muchas veces cupo a los chilenos que aceptar las
condiciones de las montoneras de Cáceres pues las represalias de los peruanos eran peores
que el ataque del ejército chileno.

Cáceres llegó a Pucará el 04 de febrero con 1 080 hombres, mientras que las fuerzas chilenas
que estaban al mando del Estanislao del Canto, se encontraban en Huancayo distante a 14
kilómetros con una fuerza de 3500 hombres.

El 5 de febrero, cuando Cáceres se disponía a partir hacia Izcuchaca, ambas fuerzas se divisan
en las montañas de Pucará y se enfrentaron ambos ejércitos. 

Se inició un tiroteo entre la vanguardia chilena y la infantería peruana. La superioridad


armamentística chilena hizo suponer por un momento que la ofensiva estaba ganada, la
artillería había producido numerosas bajas del bando peruano. En cuanto la caballería chilena
salió al encuentro y captura del ejército peruano, se encontró con lo dificultoso del terreno
que hizo imposible un avance preciso. Pronto, la columna Izcuchaca al mando del coronel
Gálvez y los guerrilleros de Domingo Cabrera, rodeaban a gran parte de los chilenos,
amenazando cortar la retirada al resto, mientras las fuerzas del coronel Secada los
presionaban fuertemente; ante eso, los chilenos tuvieron que hacer una retirada.

Batalla de Marcavalle

Las fuerzas peruanas a cargo del coronel Máximo Tafur fueron asignadas a atacar los
destacamentos de Marcavalle y La Oroya, ambos con una gran relevancia estratégica. Así, el
coronel Tafur con las guerrillas de Acostambo, Acoria, Colcabamba y Pillichaqui, junto con el
batallón Tarapacá, al mando del coronel Manuel Cáceres; se dirigen hacia Marcavalle,
tomando por sorpresa el 9 de julio a la guarnición chilena en el lugar, compuesta por la 4.ª
compañía del batallón Santiago, comandada por Carlos Larraín. El ataque fue intenso y ocurre
cuando la compañía se retiraba del lugar acatando las órdenes del coronel Estanislao del Canto
Arteaga.

La guarnición fue casi aniquilada, salvándose solo por la llegada de refuerzos desde las
guarniciones de Pucará, Zapallanga y Huancayo, comandadas por el mismo coronel del Canto.

Los peruanos lograron esta vez tomar el control del estratégico paso de Marcavalle de igual
forma que se logró retrasar la retirada de Del Canto lo que resultaría fatal para la guarnición
chilena de Concepción que sería completamente aniquilada por las fuerzas del coronel Juan
Gastó esos mismos días.

Batalla de Concepción

Se desarrolló entre el 9 y 10 de julio de 1882, entre tropas chilenas y peruanas, estas últimas


apoyadas por milicianos, en la localidad de Concepción, en el Departamento de Junín, en
los Andes centrales de Perú.

El 9 de julio se celebraba el día de San Feliciano en Concepción, por lo que los pobladores
realizaron la procesión acostumbrada al santo del pueblo. Los oficiales chilenos fueron
invitados por los italianos a un almuerzo en el hotel Huilfo. El capitán Ignacio Carrera Pinto
desconfió de ambos sucesos pues esperaba un ataque en esos días, así que mantuvo a la tropa
acuartelada y acondicionó defensas en la plaza. Asistió al almuerzo que finalizó violentamente
y el estampido de un disparo activó su plan defensivo en la plaza.

El 10 de julio, llegaron las guerrillas de Apata y de Paccha al mando de Andrés Avelino Ponce y
de Andrés Bedoya Seijas, respectivamente. Los guerrilleros empezaron a abrir forados en el
local que defendía Cruz Martínez. Se quedaron sin municiones, el fuego y humo les obligaban a
salir del recinto.

Las tropas peruanas sitiaron a los chilenos por espacio de 17 horas, con ayuda de la población.
No quedaron sobrevivientes chilenos.

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