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Elementos de la Pastoral Integral

El documento describe los cuatro elementos de la pastoral integral: la acción profética, la acción litúrgica, la acción social y la acción de comunión. Explica que Jesús escogió y envió a los apóstoles en grupo para evangelizar, y que los agentes de pastoral deben actuar de forma similar hoy en día como un equipo unido.

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Elementos de la Pastoral Integral

El documento describe los cuatro elementos de la pastoral integral: la acción profética, la acción litúrgica, la acción social y la acción de comunión. Explica que Jesús escogió y envió a los apóstoles en grupo para evangelizar, y que los agentes de pastoral deben actuar de forma similar hoy en día como un equipo unido.

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ELEMENTOS DE LA PASTORAL INTEGRAL

Los agentes de la pastoral, es decir los evangelizadores, son elemento indispensable para la
acción pastoral, pues sin ellos es imposible. Se llaman agentes de pastoral todos los cristianos que
colaboran con cierta constancia en las tareas pastorales que organiza la Iglesia: obispos,
presbíteros, religiosos(as), laicos. Aunque Cristo es el único que salva, sin embargo quiso hacerlo
mediante personas que El mismo escoge y envía. Así escogió a sus doce apóstoles y los envió a
evangelizar (Mt. 10, 1-10). Así escogió y envió a 72 discípulos (Lc. 10, 1-9).

¿Cómo encomendó Jesús su misión a los 12 apóstoles? Se la encomendó en grupo:


- Los llamó para que convivieran con El en grupo y luego así los envió a predicar (Mc. 3,14).
- En grupo Jesús envió a los 12 apóstoles para que anunciarán el Reino de Dios (Lc. 9 1-6).
- Cristo prometió el Espíritu Santo a los 12 apóstoles en grupo (Jn. 14, 15-17).
- Cristo resucitado encomendó al grupo de los apóstoles la tarea de evangelizar el mundo (Mt. 28,
16-20).
- Después de la ascensión a los cielos los apóstoles reciben el Espíritu Santo en grupo (Hech. 2, 1-
4; 4, 31).

El que Jesús haya escogido, formado y enviado en grupo a sus apóstoles es ejemplo de cómo
ahora deben actuar los agentes de pastoral: no aislados, no cada quien por su cuenta, sino unidos
en grupo. Esta es la razón bíblica y teológica por la cual la pastoral integral requiere que los
agentes de la acción pastoral actúen en grupo.

Un equipo de pastoral (sacerdotes, laicos y religiosas(os) si los hay) se integra: fomentando


relaciones fraternas entre sí. Compartiendo la vida de fe mediante oración, palabra de Dios y
Eucaristía en común. Participando en la planeación y realización de las actividades pastorales.
Dentro de la organización pastoral de las parroquias es muy importante la integración del Equipo
Coordinador Básico o del Consejo Parroquial y de los demás grupos de los diferentes servicios:
Catequesis, Liturgia, Pastoral Social, Jóvenes, Familia, etc.

CONTENIDO DE LA ACCIÓN PASTORAL:


Uno es el Evangelizador y Salvador: Jesucristo. Una es la acción evangelizadora y salvadora: La
de Jesucristo. Uno es el objetivo de la acción evangelizadora y salvadora: El Reino de Dios
anunciado e inaugurado por Jesucristo. Esta misión y acción únicas de Jesucristo, Él ha querido
encomendarlas a sus apóstoles y a la Iglesia, antes como ahora, tiene que realizar esa misión y esa
acción de Jesús, que nosotros llamamos “acción pastoral” de aquí surge la pregunta: ¿Cuál es el
contenido, es decir los medios o las dimensiones, de la acción pastoral? Son aquellas acciones que
para salvarnos Dios ha revelado ya en el Antiguo Testamento y que Jesucristo ha llevado a la
plenitud en el Nuevo. Son: la acción profética, la acción litúrgica, la acción social de justicia y
caridad, la acción de comunión. Estas cuatro acciones son expresión, son mediaciones o
dimensiones, de la única acción evangelizadora de Jesucristo.

ACCIÓN PROFÉTICA:
En la acción pastoral integral, la acción profética es el contenido central, en cuanto ella es la
mediación o dimensión generadora y frontal de las otras tres dimensiones: la litúrgica, la social, la
de comunión.

En el Antiguo Testamento Dios inicia, manifiesta y ofrece la salvación a su pueblo mediante la


acción profética. Profeta (Nabí) es el que habla en nombre de Dios. El Señor fue escogiendo
algunos hombres para que desempeñaran esa misión. La misión del profeta es: Anunciar la
palabra de Dios. Denunciar hechos y situaciones de pecado individual y social. Invitar a la
conversión. Dar testimonio personal comprometiéndose y viviendo esa conversión.
Familiarizarse con Dios, por la oración y con el pueblo acompañándolo y sirviendo especialmente
a los más pobres y oprimidos. Es simultáneamente hombre de Dios y hombre del pueblo. (Is. 6, 8-
13; 10, 1-4; 11, 1-9; Jer. 1, 4-9; 2, 1-8; 26, 1-14; Ez. 3, 4-11; 22, 1-12; 36, 22-30).

En el Nuevo Testamento Jesús se manifiesta ante todo con la misión de profeta. La gente lo
reconoce como profeta: “Un gran profeta se ha levantado entre nosotros y Dios ha visitado a su
pueblo” (Lc. 7, 16). El mismo se identifica como el profeta, el Mesías anunciado (Lc. 4, 16-21).
Actúa como profeta: Anuncia el Reino de Dios y llama a la conversión (Mc. 1, 14-15). Denuncia la
corrupción y los pecados personales y sociales que contradicen el Reino de Dios (Mt. 23, 14-32). Se
acerca y acompaña al pueblo perdonando a los pecadores, devolviendo salud y vida
principalmente a los más pobres y abandonados (Mc. 1, 29-39; Mt. 4, 23-25). Da testimonio de
fidelidad a la voluntad de su Padre-Dios durante toda su vida hasta morir en la cruz diciendo:
“Todo está cumplido” (Jn. 19,30) y gritando fuertemente: “Padre, en tus manos encomiendo mi
espíritu” (Lc. 23,46).

La primera tarea que Jesús encomienda a sus apóstoles es la profética (Mt. 10, 5-18). Esa es la
tarea que empiezan a realizar a partir del día de Pentecostés llenos del Espíritu Santo (Hech. 2, 14-
40).

A la acción profética que Jesús desempeñó y que encomendó a los apóstoles y en ellos a la Iglesia
y que nosotros los agentes de pastoral debemos realizar, llamamos pastoral profética.
¿Cuándo hacemos pastoral profética?
- Cuando anunciamos la Palabra de Dios en la predicación, en la catequesis, en las reflexiones
bíblicas de grupos y de pequeñas comunidades eclesiales funcionales o de base, en
determinados escritos, en los medios de comunicación social: prensa, radio y televisión.
- Cuando iluminados por la Palabra de Dios denunciamos hechos y situaciones sociales que son
pecado, invitando a la conversión.
- Cuando con nuestro testimonio de vida estimulamos a otros a que vivan y actúen lo que pide
el Evangelio de Jesús en la familia, en el trabajo, en la política, en la cultura, en la sociedad,
etc.

El Concilio Vaticano II fundamenta la pastoral profética en su Constitución dogmática “Dei


Verbum” (“Palabra de Dios”). El Documento de Puebla la recalca en los números 15, 338, 1213,
1268, 1283. El Documento de Santo Domingo enfatiza la pastoral profética sobre todo cuando
habla de la Nueva Evangelización la cual exige promoción humana y la presencia de los valores
evangélicos en la cultura; por ejemplo los números 12, 23, 33, 279, 4, 24, 178, 13, 45. 2)

2) ACCIÓN LITÚRGICA
En el Antiguo Testamento, en la medida en que el pueblo de Israel responde y es fiel a la acción
profética de la palabra de Dios, va experimentando la presencia salvadora del Señor, mediante
varios hechos concretos como la liberación de Egipto (primera pascua), la alianza del Sinaí en la
cual se constituye pueblo de Dios, la liberación continua de enemigos, el retorno al camino del
bien mediante el arrepentimiento. A fin de que todos estos hechos de salvación no se reduzcan a
mera historia pasada, sino que continúen siendo presencia salvadora de Dios para las nuevas
generaciones, Dios mismo revela y pide que se le siga haciendo presente mediante celebraciones
de actos de culto comunitarios, a saber:
- Actos de oración en los cuales se viva el encuentro amoroso con Dios.
- Actos de iniciación (circuncisión) en los cuales se viva el encuentro amoroso con Dios.
- Actos de Sacrificios y ofrendas en los cuales se vive el agradecimiento a Dios.
- Actos de purificación en los cuales se viva la reconciliación con Dios, etc. (Lev. 1 al 16; Núm. 7
al 9).

En el Antiguo Testamento los actos de culto son celebraciones de hechos salvadores de Dios,
guiados por los sacerdotes cuya responsabilidad se encomienda a la tribu de Levi (Núm. 3). Los
actos comunitarios del culto a Dios son acción litúrgica.

En el Nuevo Testamento Jesucristo hace de toda su vida una acción permanente de culto, de
amor, de obediencia, de agradecimiento hacia su Padre-Dios, culminando en la entrega total de sí
mediante su muerte y resurrección por la salvación de todos los hombres. Jesucristo es al mismo
tiempo sacerdote y la ofrenda inmolada que se ofrece para la reconciliación de los hombres con
Dios y entre sí. Este acto supremo de culto a Dios que es su Muerte y Resurrección, Jesús lo
celebra en la última cena con sus apóstoles en la cual dando gracias al Padre-Dios ofrece su
cuerpo y su sangre, es decir, toda su persona, por la salvación de todos los hombres. Pide a sus
apóstoles que sigan celebrando y viviendo este hecho salvador y los capacita para hacerlo;
“Hagan lo mismo en memoria mía” (1 Cor. 11, 23-26). A esta celebración de Muerte y
Resurrección de Jesús llamamos hoy Eucaristía o Misa. Las celebraciones de la misa y de los
demás sacramentos son Acción Litúrgica. Por la acción litúrgica el hombre, bien dispuesto, recibe
el perdón y la santificación de Dios.

A la acción litúrgica que Jesús celebró y que encomendó a la Iglesia en la persona de los apóstoles
llamamos Pastoral Litúrgica. Hacemos pastoral litúrgica cuando promovemos las celebraciones
de la misa, del bautismo, del matrimonio y de los demás sacramentos. Ahora bien, la Pastoral
Litúrgica, por una parte debe ser precedida por la pastoral profética que mueve a las personas a
aceptar la Palabra de Dios a convertirse. Así lo hizo Jesús con sus apóstoles: primero les dio su
anuncio profético y después celebró con ellos el misterio de su muerte y resurrección en la última
cena. Por otra parte la pastoral litúrgica de las celebraciones debe orientarse a dar un nuevo
sentido a la vida ordinaria social, de la familia, del trabajo, etc. Por esta razón el Concilio Vaticano
II dice que “La liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia, y al mismo tiempo
la fuente de donde dimana toda su fuerza” (SC, 10).

3) ACCIÓN SOCIAL
En el Antiguo Testamento el pueblo de Israel, al mismo tiempo que se convierte ante la Palabra
de Dios y celebra los hechos de salvación debe también comportarse y organizar toda su vida
social, económica, política y cultural, conforme a los mandamientos de Dios: conforme a la ley
(torah) que Dios mismo les revela mediante sus delegados: Abraham, Moisés, los Jefes (Jueces),
los Reyes, los Profetas.

Dios, de una manera particular les revela que en su organización social deben practicar la justicia
y el derecho y auxiliar a los más necesitados como las viudas y los huérfanos. Pide a Abraham
que instruya a sus descendientes que formarán el Pueblo de Dios para que se mantengan “en el
camino del Señor practicando la justicia y el derecho” (Gén. 18, 19). Ante la corrupción social y
religiosa del pueblo el Señor dice: “Busquen el derecho, enderecen al oprimido, defiendan al
huérfano, protejan a la viuda” (Is. 1, 17).

En el Nuevo Testamento, Jesús anuncia el Reino de Dios (acción profética) y con su frecuencia se
aparta a solas para orar íntimamente a su Padre-Dios (acción litúrgica). Pero al mismo tiempo se
acerca a los más pobres y necesitados para aliviarlos en sus dolencias y enfermedades, para
liberarlos de la esclavitud del demonio, para promover y dignificar a las personas (Mc. 1, 29-35).

Enseña que el Reino de Dios es para aquellos que por amor realizan la acción social de compartir
sus bienes y atenciones con los más necesitados carentes de alimento, de vestido, de salud, de
libertad (Mt. 25, 34-36). Enseña que la justicia está sobre la misma ley (Mt. 23, 23). A sus
discípulos les dice que si “su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos no entrarán al
Reino de Dios” (Mt. 5,20). Las primeras comunidades cristianas al compartir la Palabra de Dios, la
Eucaristía y la oración, también sus bienes materiales (Hech. 2, 42-44; 4, 32-37; 5, 12-16).

Para asegurar el servicio a los más necesitados los apóstoles establecen el orden de los diáconos
(servidores) a quienes encomiendan esa tarea imponiéndoles las manos (Hech. 6, 1-6). A la acción
social de promover la justicia y el derecho, de asistir a los más necesitados, como lo ha revelado
Dios y Jesús lo ha recomendado, llamamos Pastoral Social. Hacemos Pastoral Social cuando
evangelizamos a la gente para que se organice y comparta sus bienes con los más necesitados;
para que sea más justa y tome más conciencia de sus derechos y deberes sociales; para que asuma
con más responsabilidad sus compromisos cívico-políticos; etc.

La Pastoral Social supone la Pastoral Profética y debe estar unida a la Pastoral Litúrgica. El
Concilio Vaticano II fundamenta la Pastoral Social en su Constitución pastoral “Gaudium et
Spes” (“Gozos y Esperanzas”).

El Documento de Puebla pide a las diócesis que organicen su Pastoral Social, la cual, iluminada
por la Doctrina Social de la Iglesia, se proyecte a la promoción humana como parte integrante de
la evangelización, Nos. 478, 475, 476, 1254. El Documento de Santo Domingo hace alusión a la
Pastoral Social en toda su segunda parte, sobre todo en el capítulo II referente a la promoción
humana, núms. 164-209.
Merecen especial atención los núms. 164-168; 194-203.

4) ACCIÓN DE COMUNIÓN
La palabra “comunión” en sentido eclesial y pastoral significa la unidad íntima que los miembros
de la Iglesia deben tener con Dios y entre sí por la práctica del amor. Práctica de amor filial hacia
el Padre-Dios y práctica de amor fraterno hacia el prójimo. Se trata de una comunión de fe y
esperanza mediante la práctica de la caridad y la obediencia.

En el Antiguo Testamento, Dios creó a los hombres, varón y mujer, en plena armonía, es decir, en
plena “comunión” con Dios y entre sí (Gén. 1, 26-30). Los hombres al romper por el pecado esa
armonía, esa comunión, con Dios y entre sí (Gén. Caps. 3,4,6), heredan a la humanidad una
situación de rebeldía, de rechazo al amor de Dios y de divisiones mutuas, aún en guerras
fraticidas. Sin embargo, Dios no los abandona.

En las sucesivas generaciones Dios les va revelando su amor y su misericordia llamándolos de


nuevo a la comunión mediante la voz y la guía de hombres que El mismo escoge: Abraham (Gén.
12, 2-3), Moisés (Ex. 3,9-12), David (2Sam. 5, 1-3), los Profetas (Is. 11,1-9; Jer. 23, 3-6; Ez. 34, 11-16).
Más aún, les promete y les prefigura un Salvador, un Mesías, capaz de ayudar a los hombres a
reconciliarse con el Padre-Dios y consigo mismo volviendo a la plena comunión entre si (Is, 7, 13-
15; 9, 5-7; 61, 1-3).

En el Nuevo Testamento Jesús se manifiesta y actúa como Maestro, Pastor y Guía de la comunión
fraterna y de fe de los hombres entre sí, con El y con el Padre-Dios. Para promover la comunión
en sus discípulos y apóstoles y por lo tanto en la Iglesia, Jesús establece entre ellos un orden
jerárquico, dando autoridad a Pedro para que mantenga la unidad y la firmeza de la fe en la
comunidad eclesial (Mt. 16, 18-19). Establece un sistema de relaciones fraternas donde importante
es el que sirve más a sus hermanos y no el que tiene más poder (Lc. 22, 24-26). Por eso ruega al
Padre para que permanezcan unidos: “Que todos sean uno” (Jn. 19, 21). Dentro de la Iglesia
Católica hemos de mantener unidad de comunión entre nosotros mismos, con el Papa, con los
Obispos, con los Presbíteros.

Jesús, para afianzar la comunión de sus discípulos con El mismo, les pide que permanezcan
unidos a El cómo los sarmientos a la vid (Jn. 15, 4-8). Les pide que sigan su estilo de vida: “quien
quiera seguirme, tome su cruz” (Mc. 8, 34). Les pide que lo sigan en su misión: “Así como el
Padre me envió, así los envío a ustedes” (Jn. 20, 21). Esto nos pide que cultivemos la
espiritualidad del seguimiento de Jesús mediante formas más concretas, con la práctica de la
obediencia evangélica hacia quienes nos presiden.

Jesús, para realizar la comunión de los hombres con su Padre-Dios, nos guía como “Buen Pastor
que da la vida por sus ovejas” (Jn. 11, 10) y nos conduce con seguridad ya que Él ha dicho: “Yo
soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mi” (Jn. 14, 16). La comunión
con el Padre-Dios la realizamos solamente por Jesucristo cuando lo tomamos como el centro de
nuestra vida. Solamente en torno a “Jesucristo, el mismo de ayer, hoy y siempre” (Hebr. 13, 8)
puede la Iglesia mantenerse unida como un “solo rebaño bajo un solo pastor” (Jn. 10, 16). La
comunión con Jesucristo nos lleva a la comunión con el Padre-Dios y a la comunión con los
demás.

A la acción de comunión, es decir, de promover la unidad en las comunidades eclesiales,


llamamos “pastoral de comunión”. Por el sacramento del orden y la misión recibida la
desempeñan el Papa, los Obispos, los Presbíteros y los Diáconos. A su medida deben ejercer esta
pastoral de comunión los responsables legítimos de comunidades de vida consagrada; los laicos,
quienes a nivel diocesano o parroquial han recibido la misión de coordinar alguna actividad
pastoral o de promover alguna pequeña comunidad eclesial. Los demás miembros de la Iglesia
viven la comunión eclesial en la medida que practican la unidad fraterna y de fe entre sí y
asumen con docilidad las orientaciones, los criterios y las normas legítimas y correctas de sus
pastores y de sus correspondientes responsables en la Iglesia.

La Constitución dogmática “Lumen Gentium” (“Luz de los Pueblos”) del Concilio Vaticano II es
el fundamento para la pastoral de comunión. El Documento de Puebla tiene como hilo conductor
de sus aportaciones la “comunión” núms. 211-218; más aún, la considera como la manifestación
auténtica de la comunidad eclesial núms. 378, 470, 655, 667, 923. El Documento de Santo Domingo
afirma que la comunión es fruto de la comunicación, núm. 279 y signo de comunidades eclesiales
vivas, núm. 54.

CONCLUSIÓN
La Pastoral Integral exige que sus cuatro dimensiones o mediaciones se armonicen en una acción
conjunta:
- Exige que la Pastoral Profética se proyecte a la Pastoral Litúrgica, Social y de Comunión. De lo
contrario se reduciría a un mero adoctrinamiento desencarnado, ideológico, carente de
compromisos concretos.
- Exige que la Pastoral Litúrgica parta de la Pastoral Profética, se comprometa con la Pastoral
Social y se proyecte a la de Comunión. De lo contrario se reduciría a una mera celebración de
ritos vacíos de vida comprometida.
- Exige que la Pastoral Social parta de la Pastoral Profética, celebre litúrgicamente los hechos
salvíficos de la vida social y se proyecte a la comunión. De lo contrario se reduciría a un mero
activismo social sin contenido evangelizador.
- Exige que la Pastoral de Comunión promueva y unifique la Pastoral Profética, la Litúrgica y la
Social en torno a la vivencia del Reino de Dios, proyectándolas a la formación de
comunidades eclesiales en sus diversos niveles: diocesanos, parroquiales, de pequeñas
comunidades eclesiales, funcionales o de base. Tomado de: Arquidiócesis de Manizales
http://www.arquidiocesisdemanizales.com/page/index.php/elementos-de-la-pastoral-integral

LA ACTUALIDAD DE LA EVANGELIZACIÓN
La nueva evangelización no consiste en un nuevo evangelio, que surgiría de nosotros mismos y
de nuestro análisis de las necesidades del hombre. Tampoco consiste en recortar del evangelio lo
que parece difícilmente asimilable para la mentalidad de hoy. La novedad no afecta al contenido
del mensaje del evangelio que es inmutable, pues Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre. Esta
novedad afecta al estilo, al esfuerzo y a la programación o sea al ardor, a los métodos y a la
expresión.

Si una tarea específica tiene la nueva evangelización es la de suscitar la adhesión personal a Cristo
y a la Iglesia de tantos bautizados en su seno que viven sin energía el cristianismo, porque han
perdido el sentido de la fe, e incluso ya no se reconocen como miembros de la Iglesia y llevan una
existencia alejada de Cristo y del Evangelio (RM 33).

5. LOS RETOS ACTUALES DE LA EVANGELIZACIÓN


El anuncio de Jesucristo, en el centro de la historia de personas y pueblos, se hace siempre dentro
de un contexto y una dinámica histórica. Es evidente que la evangelización se apoyó en los
distintos pueblos en aquellos elementos que permitían la comunicación de la fe cristiana.
Respecto a la situación actual, en palabras del P. Javier García, la Iglesia en América ha de hacer
frente a un triple derrumbe: de una estructura socio-cultural, de una estructura moral y de una
estructura religioso-eclesial.
 Derrumbe de una estructura sociocultural:
El paso de una sociedad agrícola a una sociedad urbana está suponiendo el cambio de una
mentalidad cristiana tradicional a una mentalidad laica y pragmática. En efecto, en la sociedad
agrícola todo ayudaba al cristiano a vivir su propia fe religiosa: el ambiente familiar y social,
las tradiciones, la religiosidad, los valores, todo llevaba el sello cristiano. En la sociedad
urbana predomina la lucha por mejorar el propio nivel económico, el dinero y el tener se
convierten en el primer valor, la sed de disfrute inmediato arrastra inconteniblemente.
 Derrumbe de una estructura moral:
De una visión moral unitaria, inspirada en los valores evangélicos estamos pasando a una
visión pluralista, subjetivista, relativista, inspirada en una nueva escala de "valores": el dinero,
el tener, la libertad desgajada de la verdad; y por nuevos modelos de vida: el éxito, el culto al
cuerpo, el disfrute inmediato. Es decir, una moral guiada por "consensos mayoritarios" y
hecha a la medida de cada cual.
 Derrumbe de una estructura religiosa y eclesial:
El paso de un ambiente cristiano único y unitario a un "pluralismo religioso" con una miríada
de ofertas religiosas. El hombre de hoy de México y de América se encuentra ante una suerte
de "supermercado religioso", en el que aplica el expeditivo "método" del "sírvase Ud. mismo",
terminando por construirse un credo religioso a su gusto. Causa y efecto a la vez es la crónica
ignorancia religiosa de nuestro pueblo, el constante debilitamiento en su fe católica, los
nuevos "mentores o maestros de su fe" ya no son el párroco, los padres de familia, los
maestros de la escuela, la Iglesia, sino los más media, los intelectuales del momento, la gente
del espectáculo y del deporte, el partido, los políticos y los legisladores. Por otro lado, la
escuela, el deporte, la TV, el trabajo, la discoteca ya no dejan espacio para ir a la parroquia y
para profundizar en el conocimiento y vivencia de su fe cristiana.

El hombre actual, religiosamente hablando, está a la intemperie; ya no lo arropa un clima


de cultura cristiana. Está expuesto al bombardeo cruzado de múltiples propuestas de confesiones
religiosas, substitutos y lenitivos de su conciencia. Nunca como hoy proliferan y se multiplican
las sectas o las religiones tradicionales no cristianas; nunca como hoy ha sido tan intenso el
proselitismo de las confesiones cristianas no católicas. Ante este terremoto cultural, moral y
religioso, nos preguntamos desde la responsabilidad del Evangelio de Jesucristo que hemos de
anunciar: ¿qué debemos hacer? La respuesta es frente al debilitamiento de la fe católica, el empuje
de la nueva evangelización y el desafío de una cultura cristiana. Porque el clima social en que
actualmente vive el pueblo de América es un clima de creciente secularismo y neopaganismo, o,
con una imagen ecológica, cada día avanza más la "desertificación" de la cultura cristiana. Se
hace, pues, indispensable y urgente una nueva evangelización para afrontar el reto gigantesco de
volver a dar un alma cristiana a la sociedad actual.

Y está también el reto de la nueva evangelización frente al empuje de las sectas. Llama la
atención su proselitismo compulsivo, que no siempre respeta la libertad de juicio y de conciencia
de las personas y que no sigue un juego limpio en relación al pueblo católico sencillo:
aprovechándose de su ignorancia religiosa, le pone” trampas" a su fe, o aprovecha de su pobreza
y miseria extrema para hacer un trato innoble de ayuda material a cambio del abandono de su fe
católica y de su adhesión al nuevo credo.

Esto no nos oculta el hecho de que las sectas vienen a cubrir ciertos vacíos pastorales por
parte nuestra, como la atención religiosa en parroquias a veces masiva y despersonalizada, las
débiles estructuras de comunión y misión, la religiosidad popular no suficientemente
evangelizada, la pastoral orientada casi exclusivamente, en algunos casos, hacia logros materiales
y sociales a costa del anuncio pascual de conversión y resurrección, la falta de un anuncio
kerigmático de la fe gozoso y de un testimonio que haga creíble la evangelización.

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