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Un Balde para Apagar El Fuego - Erika Retzlaff

Nico descubre que la isla donde vive se está incendiando. Al intentar ayudar a apagar el fuego, varios animales y plantas le explican posibles razones para el incendio: la falta de agua en el río, que algunos no quieren a los animales autóctonos, que otros prefieren plantas que puedan venderse, y que algunas personas quieren construir casas de cemento sin naturaleza. Más tarde, Nico y otros logran extinguir el fuego, y él les cuenta a los demás lo que aprendió para que pued
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Un Balde para Apagar El Fuego - Erika Retzlaff

Nico descubre que la isla donde vive se está incendiando. Al intentar ayudar a apagar el fuego, varios animales y plantas le explican posibles razones para el incendio: la falta de agua en el río, que algunos no quieren a los animales autóctonos, que otros prefieren plantas que puedan venderse, y que algunas personas quieren construir casas de cemento sin naturaleza. Más tarde, Nico y otros logran extinguir el fuego, y él les cuenta a los demás lo que aprendió para que pued
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ERIKA RETZLAFF

Nico abrió los ojos y vio un resplandor naranja a


través de la ventana de su habitación. ¡La isla
donde él vivía estaba prendiéndose fuego! Se vistió
muy rápido y salió corriendo afuera de su casa. Su
padre y algunos vecinos tiraban agua a los árboles
y pastizales en llamas.

-¡Andá para adentro! – le gritó su mamá desde lejos.

Ella tenía un pañuelo en la cara y estaba


transportando un balde lleno de agua hasta
el borde ¡Parecía muy pesado!
De nuevo en su habitación, Nico se puso a
buscar el baldecito azul que usaba para
construir castillos y edificios en la playa.

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El suelo estaba resbaloso y le costaba
mantenerse firme.

-¡Con cuidado, niño! No te irás a caer al río…

Nico abrió la boca como un yacaré al ver


quién le hablaba. Era un pez. Pero no
cualquier pez. Era un dorado grande, que
lo miraba con expresión seria.

-¿Por qué sabés hablar?- le preguntó.

Con el balde en la mano se acercó hasta


la orilla del río. ¡Él también quería
ayudar a apagar el fuego! Se arrodilló
sobre el barro y lo llenó con agua.

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No conforme con aquella respuesta, le hizo señas a
una flor que pasaba navegando sobre un camalote.

-Señorita ¿Me diría por qué se prende fuego la isla?

-Es muy triste, niño – respondió ella, sacudiendo sus


pétalos lilas y violetas con amarillo -. Sucede que los
humanos no saben apreciar la verdadera belleza.

-Gracias.

-Todos los peces


hablamos. Y también todos los
animales y plantas. Pero ustedes, humanos,
no saben escuchar. Si prestaran atención, hasta
el río, el viento y la arena tienen cosas para decir…

Nico quedó en silencio unos instantes. Era la primera vez


que un animal le hablaba y lo había entendido
perfectamente. ¿Sabría muchas cosas? Tenía cara de
maestro sabio y anciano. Se decidió a preguntarle.

-¿Por qué se está prendiendo fuego la isla?

-Porque hay poca agua en el río- dijo el pez y se sumergió.


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Aún no era suficiente. Quería saber más. Tomó su
baldecito y se dirigió hacia los árboles, salpicando
gotitas sobre la arena. En su camino se encontró a
un carpincho que venía en sentido contrario,
huyendo del fuego y del humo.

-¡Señor carpincho!

-Voy apurado, hijito…

-Lo veo pero ¡Por favor! Una sola pregunta…

El carpincho se detuvo e inclinó la cabeza en


señal de aprobación.

-¿Puede decirme por qué hay fuego en la isla?

-Porque algunos no nos quieren a los


autóctonos acá. Prefieren a otros animales.

-¿Qué animales, señor?

-Dijiste una sola pregunta... se me hace tarde y


debo encontrar a mi familia ¡Buena suerte!

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Nico siguió caminando con su balde y
encontró un sauce llorón que estaba,
justamente, sollozando. No se había
incendiado, pero a su alrededor había
pastitos chamuscados y brasas. Vació toda
el agua que tenía alrededor del tronco.

-¡Aaaahhh que alivio! ¿Cuál es tu nombre,


niño?

-Nicolás – contestó Nico, quien ya no se


sorprendía de que los árboles hablaran.

-Muchas gracias, Nicolás.

-¡Fue un gusto ayudarlo! ¿Sabe por qué se


está incendiando la isla?

-Sé que hay algunas personas que ya no


quieren árboles como nosotros. Prefieren
que haya plantas chiquititas que pueden
cambiar por dinero.
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-¡Qué raro! ¿Será por eso?

-No sólo eso- dijo una vocecita diferente,


aguda y cantarina.

El niño miró hacia arriba y vio a un pájaro


hornero que se asomaba de su nido, entre
las ramas del sauce.

-También quieren hacer casas – continuó el


hornero -. Pero no casas de barro, como la
mía. Otras casas. Con mucho cemento y sin
caracoles ni hormigas.

Nico se quedó pensando. Cada uno le había


dicho algo distinto. ¡Eran tantos problemas!

En eso vio a una niña que estaba pisando


unos yuyos de los que salía humo.

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-¡Hola! ¡Soy Nico!

-¡Hola, Nico! Soy Lupe.

-¿Sabés por qué se está prendiendo fuego la isla? lo que le habían dicho los animales y plantas del
lugar.
-¡Ni idea! Pero con mi mamá vinimos a ayudar a apagar
el fuego. ¿Querés que carguemos agua juntos? -¿Y si esas personas quieren incendiar la isla de
nuevo? ¿Qué vamos a hacer?- preguntó.
Lupe y Nico se pusieron a cargar y tirar baldes de agua.
Cada vez llegaban más y más personas a ayudar. Les -Es probable que quieran prender fuego - le contestó
llevó varios días, pero finalmente lograron extinguir el su mamá - . Pero tenemos que contarle a la gente lo
fuego. Al terminar la labor, festejaron y cantaron. que dijeron tus amigos. Y enseñarles a escuchar la
naturaleza. Así todos aprenderán a cuidar mejor esta
Esa misma noche, en una ronda junto a la orilla, tierra, el río, los animales, las plantas... ¡Todos los seres
Nico le contó a Lupe y a los grandes y cosas! Y podremos vivir felices y tranquilos.
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