Tesis G. Quaranta
Tesis G. Quaranta
CAMPESINOS
TESIS DOCTORAL
DOCTORANDO
Germán Jorge Quaranta
DIRECTOR DE TESIS
Andrés Pedreño Cánovas
CÓRDOBA
2007
1
2
a Úrsula
3
4
Agradecimientos
5
INDICE
I. Introducción ..................................................................................................................... 5
I. 1. Planteamiento del problema ....................................................................................... 5
I. 2. Objetivo general de la investigación e hipótesis de trabajo ....................................... 8
I. 3. Metodología de investigación .................................................................................... 9
I. 4. Contenido del estudio ............................................................................................... 11
1
V. 2. 2. El reclutamiento de la fuerza de trajo y su asignación a las ocupaciones
existentes...................................................................................................................... 92
V. 2. 3. Los contratos de trabajo y los procesos de control en el sitio de producción
(workplace) .................................................................................................................. 93
V. 2. 4. La oferta de trabajo, su reproducción y sus comportamientos laborales ..... 96
V. 3. Síntesis de la propuesta ........................................................................................... 98
Parte III: Los casos de estudio: los mercados de trabajo en las producciones hortícola
y lechera de la provincia de Buenos Aires ..................................................................... 169
2
IX. 4.1. Estructura social y agraria: tipos de establecimientos, superficie y tenencia
................................................................................................................................... 186
IX. 4.2. Producción y tecnología ............................................................................... 188
IX. 4.3. Las relaciones de trabajo y la mano de obra ............................................... 191
XIII. La regulación social del trabajo en los casos de estudio: una mirada
comparativa y extracción de conslusiones …………………………………………….263
3
INDICE DE CUADROS
Cuadro Nº V. 1: Los procesos de regulación social del trabajo: sus dimensiones y aspectos
intervinientes…………………………………………………………………………… 99
Cuadro N° VII. 1: Población total y rural por región y total país, años 1980, 1991 y 2001
………………………………………………………………………………………….. 130
Cuadro N° VII. 2: Población económicamente activa de la rama agrícola, años 1980, 1991
y 2001…………………………………………………………………………………... 131
Cuadro Nº VII. 3: Asalariados agropecuarios según residencia urbana o rural por regiones
y total país, años 1991 y 2001………………………………………………………….. 132
Cuadro Nº VII. 4: Cantidad y porcentaje de explotaciones agropecuarias según escala de
extensión, por provincia y regiones. Años 2002 y 1988………………………………....134
Cuadro N° VII. 5: Trabajadores permanentes según categoría ocupacional, año 2002. En
absolutos y en porcentajes………………………………………………………………..136
Cuadro N° VII. 6: Establecimientos con asalariados permanentes y asalariados
permanentes por región según cantidad de asalariados contratados. Año 2002…………137
Cuadro IX. 1: Distribución porcentual de las explotaciones hortícolas de cinturón verde de
la Ciudad de Buenos Aires por tipo establecimiento, según zona……………………….186
Cuadro IX. 2: Superficie hortícola media en hectáreas de las explotaciones del cinturón
verde de la Ciudad de Buenos Aires por tipo de establecimiento según zona………..… 189
Cuadro N° IX. 3: Mano de obra permanente por categoría ocupacional, según zona..… 192
Cuadro N° XI. 1.: Establecimientos tamberos de la provincia de Buenos Aires según escala
de extensión en hectáreas por zona productiva, año 2002……………………………... 232
Cuadro N° XI. 2.: Establecimientos tamberos de la provincia de Buenos Aires según forma
social de trabajo en el ordeñe por zona productiva, año 2002………………………….. 234
Cuadro N° XI. 3.: Establecimientos tamberos de la provincia de Buenos Aires según escala
de vacas en ordeñe por zona productiva, año 2002…………………………………….. 235
Cuadro N° XI. 4.: Vacas totales de tambo de la provincia de Buenos Aires según
establecimientos por escala de animales en ordeñe por zonas productivas, año 2002…. 235
Cuadro Nº XI. 5.: Porcentaje de establecimientos tamberos de la provincia de Buenos Aires
según prácticas tecnológicas seleccionadas por cuencas, año 2002……………………. 237
Cuadro N° XI. 6.: Trabajadores contratados de los establecimientos tamberos según
ocupación por cuenca, año 2002……………………………………………………….. 239
Cuadro XIII. 1: Resumen de los aspectos intervinientes en los procesos de regulación
social de las producciones hortícola y lechera………………………………………….. 263
INDICE DE MAPAS
4
I. Introducción
Esta tesis aborda la problemática de los mercados de trabajo asalariado desde una
perspectiva sociológica y es resultado de un extenso proceso de formación e investigación
sobre estos fenómenos. La misma se inserta en una corriente de investigación existente en
la Argentina sobre los mercados de trabajo agrarios desarrollada principalmente a partir de
la década del setenta y enriquecida a partir de los años ochenta con estudios que
incorporaron diferentes instancias de trabajo de terreno. En ese contexto, en los últimos
años, se prestó creciente atención a los aspectos sociales de la conformación y
funcionamiento de los mercados de trabajo. Esta tesis desarrolla esta problemática en dos
producciones agrarias específicas y propone un esquema analítico para su investigación.
5
La economía política de la agricultura en la década del noventa diversificó sus enfoques,
incorporando diferentes temáticas y perspectivas de estudio a los fenómenos considerados
clásicamente bajo la denominada cuestión agraria. Sin embargo, no se observa en esas
investigaciones un lugar relevante para los estudios del trabajo asalariado, a tal punto que
esa ausencia fue considerada una de las falencias de estos enfoques a principios de la
década actual (Buttel: 2001).
La perspectiva sociológica del estudio de los mercados de trabajo, que también recupera la
noción de embeddness, considera necesario -para su comprensión- captar la complejidad de
los procesos socio-reguladores subyacentes a su organización. Los mercados de trabajo son
resultado de construcciones sociales que se diferencian histórica y espacialmente, que se
encuentran socialmente regulados por una diversidad de formas que incluyen, entre otras,
la legislación laboral, la acción del estado, las organizaciones sindicales, las redes, y las
normas sociales en las que se encuentran socializados los actores participantes. Así, desde
esta perspectiva, su abordaje requiere la comprensión de los regímenes, arreglos, redes
sociales, normas e instituciones que estructuran las relaciones entre los puestos de trabajo,
los empleadores y los trabajadores (Granovetter: 1992; Peck: 1996; Pries: 2000).
6
funcionamiento de los mercados de trabajo. En este estudio entendemos a los mercados de
trabajo como complejos procesos sociales de regulación, resultado de la articulación de
diferentes dispositivos socio-reguladores (asociativos y de reciprocidad) que dan cuenta del
reclutamiento, la contratación, la utilización y la constitución de la fuerza de trabajo
(Mingione: 1993)1.
1
En una dirección similar se señaló recientemente: “Los mercados de trabajo no son sino la forma social de
regulación y distribución de las actividades dentro del ámbito del capitalismo. En esta consideración se
desprenden dos dimensiones. De una parte, incluye una definición clásica de mercados de trabajo en cuanto
al intercambio –compraventa- entre oferentes y demandantes de trabajo. Pero, de otra parte, bajo el concepto
de sistema de regulación se está haciendo referencia al dispositivo social de organización de las estrategias de
subsistencia de las población.” (Camarero, 2006: 12).
2
Corresponde a la provincia de Buenos Aires, Región Pampeana, Argentina. Ver mapa I página 98.
7
incluye una canasta de cultivos. A su vez, en ambas producciones se observa la existencia
de distintas formas de organización del trabajo y la producción, aunque con fuerte
presencia de formas empresariales de mediería en tanto modalidad de contratación,
organización y remuneración de trabajadores a porcentaje. La mediería constituye en
ambos casos una relación de trabajo dependiente no típicamente salarial.
El objetivo general de esta investigación es dar cuenta de la regulación social del trabajo en
el marco de procesos de reestructuración social y productiva en contextos normativos
caracterizados por la debilidad de los factores asociativos.
Las preguntas que este estudio responde se agrupan alrededor de los siguientes ejes: la
conformación de la fuerza de trabajo y su incorporación a los mercados laborales; las
formas presentes de regulación legal del trabajo; el reclutamiento y la contratación de los
trabajadores; la utilización de la mano de obra y la conformación de los dispositivos de
consenso y de control que operan en el proceso de trabajo.
8
Las redes, normas e instituciones sociales, la legislación vigente, y los arreglos
establecidos entre los actores, se encuentran entre los principales factores
explicativos de su organización.
Así, éstas dependen en mayor medida tanto de las condiciones sociales y laborales
como de las trayectorias y comportamientos de los productores y de los
trabajadores, que de las condiciones tecnológicas y de las características del
producto en cuestión.
Las relaciones y redes sociales de reciprocidad son centrales para explicar el
ingreso de los actores al mercado de trabajo, los procesos de reclutamiento y las
modalidades de control existentes.
I. 3. Metodología de investigación
9
definición de éstas y, consecuentemente, sobre los criterios que definen la “calidad” de las
mismas, en este estudio entenderemos la estrategia de investigación basada en el estudio de
caso como aquella que puede –y suele recurrir- a diseños metodológicos que combinan
procedimientos cuantitativos y cualitativos, enfatizando la preeminencia de los últimos, y
que tienen por objetivo la construcción de teoría de diferente alcance y nivel, para
interpretar y explicar la vida y organización social (Neiman y Quaranta: 2006a).
En una primera instancia se abordan las actividades productivas a partir de los estudios y
las estadísticas disponibles. Luego de analizar su evolución en las últimas décadas, se
caracterizan, fundamentalmente, según su estructura agraria, la tecnología y las formas
sociales de trabajo presentes.
Las áreas geográficas de estudio donde se realizan las entrevistas corresponden a la Cuenca
Oeste de la lechería de la provincia de Buenos Aires4 y al Área Hortícola Bonaerense
3
Para la definición y diseño de entrevistas en profundidad se puede consultar Valles (2002)
4
Ver mapa III página 222
10
(AHB) del cinturón verde de la ciudad de Buenos Aires56. Esta elección se debe a la
diversidad de formas de organización del trabajo y a las características productivas que en
las mismas se despliegan. El criterio de selección de los casos es, en primer lugar, la
relevancia teórica y, en segundo, la búsqueda sistemática de diferencias y similitudes entre
los grupos y categorías bajo estudio. Así, se estudian explotaciones con diferentes formas
sociales de trabajo (medieros, asalariados), y diferentes escalas de producción y tecnología.
A la vez que, se seleccionaron trabajadores según edad, procedencia, trayectorias laborales,
etc.
5
Ver mapa II página 163
6
Utilizaremos a lo largo de esta páginas indistintamente las denominaciones AHB y cinturón hortícola
7
Estas entrevistas fueron desarrolladas en el marco del Proyecto de Investigación “Trabajo, producción y
territorio en el cinturón hortícola bonaerense” (Dir. R. Benencia) ejecutado en el marco de la Cátedra de
Sociología Rural de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires de la cual soy docente e
investigador.
8
El abordaje de la actividad lechera se basa en los trabajos de investigación correspondientes a mis becas de
investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, y en mi Tesis de Maestría.
Una publicación del último trabajo puede consultarse en Quaranta (2003b).
9
Germán Quaranta (2003a), Notas sobre la regulación social de los mercados y procesos de trabajo en la
agricultura, Trabajo de Investigación, Programa de Doctorado Agroecología, Sociología y Desarrollo rural
Sostenible, ISEC, Universidad de Córdoba, Andalucía.
11
En el segundo capítulo, el primero de esa parte, se recorren los aportes presentes en los
autores clásicos de la sociología referidos al trabajo asalariado en la agricultura. Este
recorrido evidencia los importantes antecedentes presentes en esas páginas en lo que se
refiere a los aspectos sociológicos del estudio de los mercados de trabajo. Así, por ejemplo,
es común encontrar, referencias al papel de las migraciones en la conformación y
segmentación de los mercados de trabajo, al rol de las relaciones patriarcales y de género
en las relaciones de trabajo, y a la función de las cuadrillas en la movilización de la mano
de obra. En el tercer capítulo analizamos las consecuencias de los enfoques de la
modernización de la agricultura sobre el estudio de los mercados de trabajo y la mano de
obra asalariada, señalando el descuido de tales enfoques de los mencionados aspectos
sociológicos. En el cuarto capítulo abordamos las diferentes corrientes de la sociología de
la agricultura y sus enfoques del estudio de los mercados y procesos de trabajo en distintos
contextos y escenarios10. Se plantea que los enfoques neo-regulacionistas de la sociología
de la agricultura constituyen un punto de partida auspicioso para el estudio sociológico de
los mercados de trabajo en el agro. En el quinto, y último capítulo de esta parte, a partir del
análisis de las diferentes teorías de la segmentación y sociología de los mercados de trabajo
se desarrolla un modelo conceptual para el estudio de estos fenómenos en el agro.
10
En este capítulo no se abordan los estudios referidos a la Argentina que serán considerados
específicamente en los capítulos correspondientes a la segunda parte del estudio.
12
diversidad de formas de contratación. En los dos capítulos siguientes se analiza la situación
de los mercados laborales y de los trabajadores asalariados en el contexto de la crisis del
modelo económico de sustitución de importaciones y de la reestructuración social y
productiva de la agricultura. En el séptimo capítulo se abordan los cambios acontecidos en
los mercados de trabajo a partir de la información censal disponible tanto desde el punto de
vista de la demanda como de la oferta de trabajo 11. En el octavo capítulo se profundiza los
diferentes procesos que afectan a los mercados de trabajo y a la mano de obra asalariada en
agro argentino a través de sus diferentes regiones12.
11
La información correspondiente a este capítulo proviene, en gran medida, del proyecto de investigación
“Transformaciones de la demanda de mano de obra en el agro argentino 1988-2002” INTA/CEIL (Dir. G.
Neiman), ejecutado en el marco del Área Empelo y Desarrollo Rural, Centro de Estudios de Investigaciones
laborales del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CEIL-PIETTE/CONICET), en la
cual me desempeño como investigador.
12
En este capítulo no se tratan las producciones hortícola y lechera de la Región Pampeana que serán
abordadas en la siguiente parte del estudio.
13
14
Parte I: Fundamentos conceptuales para una sociología de los mercados
de trabajo agrarios
15
16
II. Los clásicos y el trabajo asalariado y dependiente en las producciones
agrarias
1
Se puede encontrar un detallado análisis de la categoría sociológica “rural” en Camarero (1993) y Oliva
Serrano (1995)
17
de tareas de cosecha y las investigaciones McWilliams (1939) sobre la historia social del
trabajo en la agricultura californiana.
Clásicos de nuestra disciplina prestaron cierta atención a los temas agrarios y al trabajo en
estas producciones. Weber circunstancialmente realizó una investigación empírica sobre
los trabajadores agrarios en las haciendas ubicadas al este del río Elba 2, analizando la
conformación de la estructura ocupacional en relación al tipo de estructura agraria y las
características de las explotaciones agropecuarias presentes en la zona de estudio.
Pero, entre los clásicos, es el pensamiento marxista el que prestó mayor atención a la
problemática agraria en el marco de su interés por comprender la penetración del
capitalismo en las producciones agrícolas. Es Marx quien nos legó las bases de un
pensamiento sistemático sobre el mundo agrario y el comportamiento de la agricultura en
las sociedades capitalistas (Murmis: 1999). Partiendo de esas bases, Lenin y Kaustky, en
alguna instancia de sus obras abordaron, preocupados por la cuestión agraria y el futuro
comportamiento político del campesinado, las “leyes” del desenvolvimiento del
capitalismo en la agricultura, y es en ese marco donde podemos encontrar las primeras
reflexiones sistemáticas sobre el trabajo asalariado en las producciones agrarias.
Por su parte Chayanov (1985), clásico de los temas agrarios, no prestó atención al trabajo
fuera de la explotación familiar dado su interés por la economía campesina y su viabilidad
bajo las nuevas condiciones económicas y políticas. De todas maneras, Chayanov reconoce
que en estructuras agrarias diferentes a la de su estudio, donde la asignación del recurso
tierra se muestre menos flexible, pueden encontrarse explotaciones campesinas obligadas a
vender o comprar fuerza de trabajo según la extensión de su unidad productiva, ya sea
porque ésta resulte insuficiente para alimentar a los miembros del hogar o porque éstos no
alcancen para aportar todo el trabajo necesario3.
2
La Verein für Socialpolitik, una institución dedicada a las problemáticas sociales y políticas de la Alemania
de esos tiempos, integrada por académicos y hombres de estado, emprendió un estudio empírico sobre los
trabajadores agrícolas y, como es sabido, Weber fue convocado para el análisis y la redacción del informe
correspondiente a zona oriental de Alemania (Käsler: 1988; Bendix: 1970).
3
“En los países donde el régimen de tierras da cierta inmovilidad a su uso, por causa de la ley o de la
costumbre que prohíbe repartirla por herencia o debido al funcionamiento del sistema económico,
encontramos que el área de tierra laborable es una determinante, incluso en las unidades de explotación
familiar. La falta de armonía entre la fuerza de trabajo de la familia y el área trabajada se regula ya sea
contratando mano de obra o yéndose a trabajar a otra parte, o bien combinando la intensidad de la unidad de
18
A continuación nos centramos en la forma en que los autores clásicos de la sociología
abordaron la problemática del trabajo asalariado en la agricultura. En primer lugar, se
detalla el estudio de Max Weber sobre los trabajadores agrícolas al este del río Elba y, en
segundo lugar, se sintetizan los desarrollos marxistas tomando en cuenta los trabajos del
propio Marx, como así también los de Lenin y Kaustky.
Bajo esas condiciones, Weber, analiza las transformaciones sufridas por la aristocracia
terrateniente a partir del avance del capitalismo y las características de las estructuras
agrarias emergentes en las diferentes regiones de su país. Mientras en el sur y en el oeste se
observa el predominio de la pequeña explotación, basada en el trabajo familiar, en el este
se manifiesta el predominio de la gran explotación y de los trabajadores dependientes y
asalariados.
explotación de tal manera que se la desvíe del nivel óptimo en relación con el mercado. Pero en países donde
el régimen de tierras da mucha movilidad al área cultivable, el valor determinante del área „disponible‟ se
anula totalmente.” Chayanov (1985: 150).
4
Para la elaboración de este punto se utilizó principalmente la bibliografía citada en la nota número tres, su
disertación en la Exposición Universal de St. Louis “Capitalismo y sociedad rural en Alemania” y las
conclusiones de su trabajo sobre los asalariados agrícolas, recientemente publicadas por la Revista Española
de Investigaciones Sociológicas, “La situación de los trabajadores agrícolas en la Alemania del este del Elba.
Visión General.”.
19
En las primeras zonas, afirma Weber, los terratenientes favorecidos por la cercanía a las
ciudades y la mayor existencia de caminos dispusieron de una amplia posibilidad de
extracción de tributos y de excedentes a la población campesina, que en ningún momento
favoreció o motivó a los dueños de la tierra a organizar la producción bajo su mando para
incrementar sus riquezas. A la vez que, la superposición de los señoríos y de los derechos
comunitarios que gozaban los campesinos sobre determinados recursos naturales hacía más
dificultosa la posibilidad de llevar a cabo un proceso de “cercamiento” de las tierras. En las
segundas, de colonización más tardía, sin grandes ciudades y con menor densidad de
tendido de caminos, donde los señoríos se encontraban claramente delimitados y los
derechos comunitarios de los pobladores mucho menos desarrollados, los terratenientes
disponían de menos alternativas para recaudar tributos y enfrentaron menor resistencia
para asumir el control productivo de la tierra. Esto condujo a los “señores”, deseosos de
aumentar sus riquezas, a utilizar parte de su tierra para organizar la producción bajo su
designio recurriendo a fuerza de trabajo progresivamente liberada de sujeciones de tipo
feudal5.
Sobre esta base se generó la denominada vía junker o alemana del desarrollo del
capitalismo en la agricultura, donde en un mismo sujeto se incluye tanto la figura del
terrateniente como la del agricultor capitalista, quien percibe simultáneamente los
beneficios de la renta de la tierra y los correspondientes a las ganancias capitalistas. Estos
sujetos contratan para la realización de las tareas a trabajadores dependientes y asalariados,
quienes progresivamente adquieren exclusivamente la última condición. El “señor” se
transforma en un sujeto motivado por el lucro económico que se encuentra al frente de una
gran explotación y, por su parte, el campesino -de condición “servil”- se transforma en un
trabajador remunerado por una combinación de especies, acceso a recursos productivos y
dinero, o en un típico asalariado agrícola.
5
“Es poco probable que el señor se hubiese hecho cargo de las operaciones agrícolas con el trabajo, riesgo y
contactos poco nobles con el mundo mercantil que aquéllas implican, de haber podido vivir también en el
este como en el oeste a base de los tributos, peajes, diezmos y rentas de los campesinos.” (Weber, 1985: 153).
20
que, a su vez, acentuaban la estacionalidad de los requerimientos laborales y la utilización
de trabajo asalariado6.
Bajo esta modalidad de contrato de trabajo se encontraban tanto los trabajadores solteros
cuya remuneración incluía el alojamiento, la manutención alimentaria y un sueldo anual,
como los mayordomos que gozaban de viviendas individuales para su familia, una
determinada cantidad de productos, una parcela, ganado, y un monto específico de dinero.
Además existía dentro de esta modalidad un tercer tipo de trabajador, cuyo contrato era de
duración anual -denominada instleute-, que al igual que los anteriores recibía vivienda para
su familia, una parcela de tierra, derechos de pastura y pagos tanto en producto como en
dinero, pero se diferenciaban por tener que aportar el trabajo de todos los miembros de sus
hogares y por no percibir una remuneración fija. Estos últimos, cuya principal ocupación
era la trilla, eran remunerados en función de la cantidad del cereal trillado a través de su
6
“En el análisis de las diversas provincias orientales del Elba, Weber fue demostrando, con lujo de
pormenores, que al tipo de relaciones fundadas en un trabajo a medias servil y a medias contractual había
sucedido el avance creciente del trabajo libre. El desplazamiento se debía a una explotación más intesiva de
la tierra, simultánea con una incrementación de los cultivos cuyas cosechas se cotizaban a mejores precios:
ambos propósitos hacían más conveniente la ocupación de jornaleros.” (Bendix, 1970: 38).
7
Estas relaciones eran construidas a partir de cierta comunidad de intereses y de la presencia de lazos de
reciprocidad, lo cual “ ... hace depender en alto grado al trabajador de la buena voluntad y de la destreza
económica del terrateniente: y donde una de las dos falla las situaciones son con frecuencia sumamente
míseras.” (Weber, 1990: 234).
21
participación en el producto y, consecuentemente, el monto alcanzado dependía del
resultado de la cosecha. A su vez cuando en su familia no había fuerza de trabajo suficiente
estos debían contratar el trabajo necesario para cumplir con las labores a su cargo.
Por su parte, los trabajadores libres -que con el avance del capitalismo se volvían
predominantes- no estaban sujetos a la jurisdicción del dueño de la hacienda y, por lo
tanto, no se encontraban bajo su responsabilidad. Estos trabajadores, contratados por
períodos variables de tiempo, establecían una relación en tanto individuos y se ocupaban a
cambio de una retribución exclusivamente salarial. El avance de estas modalidades
respondía a las nuevas formas de organización social emergentes, que además de empujar a
los dueños de las haciendas a racionalizar sus producciones, motivaban comportamientos
más individualistas de los trabajadores, que perseguían cierta independencia y movilidad
social. Así, las motivaciones tanto de los hacendados como de los trabajadores favorecían
la difusión de las modalidades salariales de trabajo.
El estudio que realiza Weber sobre los trabajadores agrícolas tiene como marco conceptual
la relación que la sociedad rural establece con la organización social más amplia, y la
vinculación entre las características de las estructuras agrarias y las estructuras
ocupacionales resultantes. Así, el tamaño de la explotación, el tipo de cultivo realizado, la
estacionalidad de la producción, y su orientación comercial, favorecen el predominio de
relaciones de trabajo salariales. Por su parte, el análisis de la preferencia expresada por los
dueños de las haciendas para contratar trabajadores migrantes, que les presentan menores
8
“La razón de que se recurra a trabajadores itinerantes, también allí donde se puede disponer de trabajadores
nativos, se basa en parte –pero sólo en parte- en los sueldos absolutamente bajos que le son pagados a
aquéllos; pero en general –aparte de la mayor docilidad de los extranjeros, en posición precaria- en que es
posible un aprovechamiento exhaustivo de la mano de obra en verano sin la necesidad de encargarse de ella
también en el invierno y, sobre todo, sin tener que aceptar obligaciones jurídico-administrativas, u otras, que
existen frente a trabajadores nativos. En este sentido es aquélla siempre más barata para el empleador.”
(Weber, 1990: 243).
22
exigencias para ocuparse en sus explotaciones y resultan más vulnerables frente a su poder,
contiene elementos fundamentales de los desarrollos posteriores sobre la distribución de
los trabajadores en los distintos mercados y puestos de trabajo, según su posición en la
estructura social.
Karl Marx es el clásico que nos legó un marco sistemático para el estudio y el análisis del
desarrollo del capitalismo en las producciones agrarias a partir de sus preocupaciones por
la influencia de la agricultura en el surgimiento de las sociedades capitalistas y por las
condiciones del mundo agrario subsumido en ese modo de producción (Murmis: 1999).
La sistematización que Marx lleva a cabo de las condiciones del desarrollo del capitalismo
en la agricultura es realizada a partir de sus estudios sobre la sociedad inglesa, que
posteriormente fue considerada como el modelo “clásico” de estas transformaciones. En
estas producciones, al igual que en el conjunto de la organización social, las fuerzas
productivas del capitalismo trastocaron la organización del proceso productivo, a la vez
que modificaron las relaciones sociales de producción. Así, se difunde en la agricultura la
relación social básica del capitalismo que incluye arrendatarios capitalistas que compran
fuerza de trabajo y asalariados que la venden, a estos se le suman los terratenientes, los
dueños de la tierra, en tanto clase social que monopoliza un recurso natural, condición
necesaria para el desenvolvimiento del proceso productivo.
23
El desarrollo del capitalismo en la agricultura encuentra mayores trabas y restricciones -
comparativamente con la industria- que implican obstáculos adicionales y un avance más
lento de la subsumción de las producciones agrícolas a la lógica del capital. Los
mencionados obstáculos al desarrollo del capitalismo surgen fundamentalmente de la
dependencia que la agricultura mantiene con respecto a los procesos naturales, debido a la
condición biológica de sus producciones. Aquí, el control del proceso productivo demanda
el manejo de procesos biológicos que presentan mayores desafíos al conocimiento
científico; al mismo tiempo que, el desarrollo de maquinaria implica una necesaria
adaptación a condiciones físicas cambiantes que también complica su diseño y desarrollo.
9
“El tiempo de trabajo es siempre tiempo de producción, es decir, tiempo durante el cual el capital esta
confinado en la esfera de la producción. Pero en cambio no todo el tiempo durante el cual el capital se
encuentra en el proceso de producción es por eso necesariamente también tiempo de trabajo.” (Marx, 1976:
289). Se puede encontrar en Mann y Dikinson (1978) un detallado análisis de esta características de la
agricultura y sus consecuencias en el desarrollo del capitalismo agrario.
10
“Aquí se trata de una interrupción independiente de la duración del proceso laboral, provocada por la
propia naturaleza del producto y de su fabricación y durante la cual el objeto de trabajo esta sometido a
procesos naturales que duran más o menos, debe sufrir modificaciones físicas, químicas, fisiológicas, durante
las cuales el proceso laboral esta suspendido total o parcialmente.” (Marx, 1976: 289).
11
“Es en la esfera de la agricultura donde la gran industria opera de la manera más revolucionaria, ya que
liquida el baluarte de la vieja sociedad, el „campesino‟, sustituyéndolo por el asalariado. De esta suerte, las
necesidades sociales de trastocamiento y las antítesis del campo se nivelan con las de la ciudad. Los métodos
de explotación más rutinarios e irracionales se ven reemplazados por la aplicación consciente y tecnológica
de la ciencia. El modo de producción capitalista consuma el desgarramiento del lazo familiar originario entre
24
La penetración del capitalismo en las producciones agrícolas despliega la estructura de
clases que lo caracteriza, desplazando las modalidades de renta “primitivas” y las formas
sociales de trabajo asociadas a las mismas. Así, el pago en trabajo y en productos, o las
formas -a juicio de Marx transicionales- como la aparcería, dan paso a la renta capitalista,
y a la diferenciación entre los terratenientes y los arrendatarios capitalistas que recurren al
trabajo asalariado para llevar adelante el proceso productivo.
la agricultura y la manufactura, el cual envolvía la figura infantilmente rudimentaria de ambas.” (Marx, 1975:
611).
12
La preocupación acerca de las condiciones de vida de los trabajadores agrícolas y las consecuencias sobre
éstas de la difusión de los jornaleros asalariados, fue un eje común en la reflexión de los clásicos -y no
únicamente- en los de raigambre marxista, ya que Weber también dedicó su atención a esta problemática. En
general se consideraba que el desplazamiento de los trabajadores que residían permanentemente en las
explotaciones por los jornaleros había implicado una considerable degradación de las condiciones de vida de
esta población. En el análisis del proletariado agrícola que realiza Engels (1974) en su estudio sobre la clase
obrera en Inglaterra se agrega, a este argumento, la caída del salario, consecuencia de la abundancia de mano
de obra no absorbida por la industria.
25
entre la oferta y demanda laboral13. La distinción entre tiempo de producción y tiempo de
trabajo plantea desafíos específicos a la organización y reclutamiento de la mano de obra
en las producciones agrícolas, dada la variabilidad de los requerimientos de fuerza de
trabajo a lo largo del ciclo productivo y la necesidad de acceder a la misma en momentos
determinados a través de relaciones de mercado.
La modalidad difundida para resolver este problema en el este de Inglaterra fue el sistema
de cuadrillas (gang-system) que permitía a los productores capitalistas movilizar los
jornaleros necesarios en los períodos específicos de requerimiento laboral, sin necesidad de
preocuparse por su reclutamiento como tampoco, en tanto productor individual, por la
disponibilidad y por la reproducción de esa fuerza de trabajo. Las cuadrillas, desplazándose
de explotación en explotación, buscando mantener ocupados a sus miembros el mayor
tiempo posible, garantizaban esa disponibilidad y, aunque sea en condiciones muy
rudimentarias, su reproducción.
Estas cuadrillas, integradas por entre diez y cuarenta personas, entre las cuales también se
encontraban niños y mujeres, eran organizadas por un jefe de cuadrilla (gang-master)
quien recluta y controla el desempeño de los jornaleros en la ejecución de las tareas. El
sistema de remuneración era a destajo en función del rendimiento y era el jefe de cuadrilla
quien posteriormente remuneraba a los jornaleros según lo acordado 14. El origen social del
jefe era común al de un obrero agrícola y su remuneración, según Marx, no era
sustancialmente mayor a la de cualquier jornalero y dependía del desempeño global de la
cuadrilla15. Su capacidad de organizar y controlar a “sus” jornaleros se basa en la
construcción de relaciones personales y su ascendencia sobre los mismos16. Además, y
13
“Siempre hay demasiados obreros agrícolas para las necesidades medias de la agricultura y demasiados
pocos para las necesidades excepcionales o temporarias de la misma.” (Marx, 1975: 867).
14
Una variante en la organización de las cuadrillas, sobre la cual no se presentan mayores detalles, son los
casos donde el rol de jefe de cuadrilla lo cumple un trabajador permanente de la explotación. “La cuadrilla,
en la forma clásica que se describe, se denomina cuadrilla pública, común o ambulante (public, common or
tramping gang). Existen también, en efecto, cuadrillas privadas (private gangs). Se integran como cuadrillas
públicas pero son menos numerosas, y en vez de trabajar bajo el mando del jefe de cuadrilla, lo hacen a las
órdenes de un peón viejo al que el arrendatario no sabe dar mejor destino. El espíritu de bohemia se
desvanece aquí, pero todas las declaraciones testimoniales coinciden en que tanto el pago como el trato de los
niños empeoran.” (Marx, 1975: 871).
15
Marx caracteriza a estos sujetos como “ ... libertino, inconstante, borrachín pero dotado de cierto espíritu
emprendedor ...” (Marx, 1975: 869).
16
“Necesita, pues, gozar de popularidad entre sus súbditos y los mantiene vinculados a su persona por medio
de la bohemia que prospera bajo sus auspicios. Una cruda licencia, un placentero desenfreno y la más
obscena desenvoltura dan alas a la cuadrilla. Las más las veces el jefe de cuadrilla paga los salarios en la
26
fundamentalmente, desde el punto de vista de los trabajadores participar de una cuadrilla
les garantizaba acceder a un período más largo de ocupación a lo largo del año 17. Este
sistema le permitía alcanzar al productor trabajadores más fácilmente controlables y con
menor poder de negociación. Un factor fundamental en este resultado es la presencia del
trabajo de menores y de mujeres que compiten con los jornaleros adultos varones 18. A su
vez, en las cuadrillas con presencia de niños y mujeres, los capitalistas aprovechan
principios de organización patriarcal para controlar el trabajo y obtener su mejor
desempeño19.
Se puede observar la presencia en las páginas de El Capital de gran parte de los elementos
fundamentales que constituyen los nudos de la organización social del trabajo asalariado en
la agricultura. Las diferencias existentes entre los tiempos de producción y los tiempos de
trabajo, junto a su estacionalidad, implica, bajo esta forma de organización social, una
discontinuidad en la contratación de la mano de obra que se expresa en las modalidades
que asume su reclutamiento. El sistema de cuadrillas es una de las formas de enfrentar esa
condición de la demanda de trabajadores permitiendo a los productores acceder a una
fuerza de trabajo con mayor grado de vulnerabilidad, por ejemplo, incorporando trabajo
femenino. Estos fenómenos en los últimos años fueron estudiados a partir de las estrategias
de los capitalistas para acceder a trabajadores vulnerables y en condiciones precarias. Por
su parte, la mención al papel que cumplen las relaciones patriarcales en el control del
trabajo nos adelantan la necesidad de incorporar las estructuras laborales en las estructuras
sociales más amplias para dar cuenta de los procesos de organización laboral.
taberna y vuelve más tarde a casa tambaleándose, sosteniendo a derecha e izquierda por sendas robustas
mujeres, a la cabeza de un séquito de niños y muchachos que alborotan y entonan canciones chocarreras y
obscenas.” (Marx, 1975: 870-871).
17
“El jefe de la cuadrilla se traslada de una finca a otra y ocupa así a su banda durante 6 u 8 meses por año.
Ser sus clientes, por ende, es mucho más rendidor y seguro para las familias obreras que serlo del
arrendatario individual, el cual sólo ocasionalmente da ocupación a niños.” (Marx, 1975: 870).
18
“Para el arrendatario no existe un método más ingenioso, que le permita mantener a su personal obrero
muy por debajo del nivel normal y, no obstante, tener siempre a la orden, para todo trabajo extraordinario, los
brazos extras necesarios, así como extraer con la menor cantidad posible de dinero la mayor cantidad posible
de trabajo y convertir en „supernumerarios‟ a los obreros varones adultos.” (Marx, 1975: 871-872).
19
“Los arrendatarios han descubierto que las mujeres sólo trabajan ordenadamente bajo la dictadura
masculina, pero que ellas y los niños, una vez puestos en movimiento, gastan con verdadero desenfreno sus
energías vitales –como ya lo sabía Fourier-, mientras que el obrero varón adulto es tan mañoso que las
economiza lo más que puede.” (Marx, 1975: 870).
27
II.2.2. V. I. Lenin
El desarrollo del capitalismo, a la vez que genera una nueva estructura de clases en la
agricultura, donde predomina el uso de trabajo asalariado, provoca la transformación
tecnológica del proceso productivo. Para Lenin, el empleo de nueva maquinaria favorece la
difusión de las relaciones salariales, desplazando los antiguos medios de producción del
campesino21. Pero, si en un primer momento, el uso de la moderna maquinaria generaba la
expansión del trabajo asalariado y el aumento de la población incluida bajo esta categoría
social, posteriormente vuelve excedentarios a gran parte de estos asalariados en términos
relativos con respecto a la demanda de fuerza de trabajo, y los ubica en el ejército
industrial de reserva.
20
“Entran aquí los campesinos pobres, incluidos los que carecen de tierra en absoluto, pero los representantes
más típicos del proletariado rural ruso son el bracero, el jornalero, el peón, el obrero de la construcción o de
otra clase con nadiel.” (Lenin, 1975: 174).
21
“De lo antes expuesto sobre la economía de la agricultura campesina y terrateniente se desprenden las
siguientes tesis: por una parte, el capitalismo es precisamente el factor que provoca y difunde el empleo de
las máquinas en la agricultura; por otro, el empleo de las máquinas en la agricultura tiene un carácter
capitalista, es decir, lleva a la formación de relaciones capitalistas y a un mayor desarrollo de las mismas.”
(Lenin, 1975: 227).
22
Se debe tener presente que el modelo tecnológico en esos incipientes años del desarrollo de la maquinaria
para la agricultura “moderna” correspondía a enormes maquinarias para grandes extensiones de tierra.
28
su desenvolvimiento productivo; además que favoreció la utilización de trabajo infantil y
femenino, la extensión de la jornada de trabajo, y la intensificación del mismo incluyendo,
inclusive, la realización de tareas nocturnas23.
23
El modelo de análisis replica fundamentalmente en la agricultura los análisis realizados por Marx en el
capítulo XIII “Maquinaria y Gran Industria” del Tomo I de El Capital.
24
“El movimiento migratorio en masa de los obreros ha dado lugar a formas especiales de la contratación
propias del capitalismo altamente desarrollado. En el Sur y el Sudeste se han formado muchos mercados de
mano de obra, donde se reúnen miles de obreros y a donde acuden los patronos. Esos mercados se organizan
frecuentemente en las ciudades, los centros industriales y aldeas comerciales, aprovechando las ferias. El
carácter industrial de los centros atrae de modo particular a los obreros, que se ocupan gustosamente también
en trabajos no agrícolas.” (Lenin, 1975: 242).
29
de la gran explotación frente a las unidades campesinas aunque ésta resulta de modo
problemático25.
Las nuevas formas de organización productiva y laboral, basadas en la división social del
trabajo al interior de la explotación, facilitaban una cooperación más “compleja” entre los
trabajadores, y permitían la intensificación de la producción en las unidades capitalistas del
agro. La pequeña explotación no estaba capacitada para aprovechar las ventajas que las
nuevas formas de división social del trabajo ofrecían26.
25
“Kautsky se propone, pues, analizar la agricultura teniendo presente ese presupuesto y esa consecuencia.
La respuesta no fue, sin embargo, lineal. Por un lado, demostró que la gran explotación tiene ventajas en la
producción para el mercado debido al partido que consigue sacar de las economías de escala de los
equipamientos y de las construcciones a que la agricultura crecientemente recurre; por otro, concluyó que el
sobretrabajo, el subconsumo y las „ocupaciones accesorias´ de las familias campesinas, confieren a sus
unidades de pequeña dimensión una capacidad de supervivencia que no permite prever su desaparición.”
(Olivera Baptista, 1998: 231).
26
“Esta última divide las tareas en dos categorías: las que exigen una actividad y un cuidado especial y las
que requieren simple empleo de energía. Confía las primeras a aquellos de sus hombres que demuestran una
capacidad y una diligencia particulares y cuya habilidad y experiencia se desarrollan en virtud de que ellos se
dedican exclusiva o principalmente a estas tareas específicas. Pero en razón de esa división del trabajo aun el
simple operario permanece largo tiempo en su ocupación, disminuyendo así la pérdida de tiempo y de
energía que conlleva cada cambio de trabajo y cada mutación de lugar. En fin, la gran explotación puede
beneficiarse de las ventajas de la cooperación, del trabajo común y planificado de muchas personas con miras
a un resultado determinado.” (Kautsky, 1974: 113).
30
circunstancias, favorecer a la pequeña explotación27. Para enfrentar este rasgo de la
agricultura, las grandes explotaciones capitalistas pueden recurrir a diferentes dispositivos
para comprometer a sus trabajadores28.
27
“El esmero tiene, en general, en la producción agrícola una función más importante que en la industria, y
ella se encuentra con seguridad más en el trabajador que produce para sí que en el trabajador asalariado. Esto
constituye una ventaja de la pequeña hacienda sino frente a todo tipo de gran hacienda por lo menos frente a
la explotación de tipo capitalista. Pero no se debe atribuir a este elemento una importancia exagerada.”
(Kautsky, 1974: 132).
28
“Pero además de la buena paga y la buena alimentación de los obreros, la gran explotación tiene aún otros
medios para inducir al obrero a poner más cuidado en su trabajo. Thünen, por ejemplo, había introducido un
sistema de participación en las utilidades, gracias a lo cual todos aquellos que trabajaban como obreros
estables en la hacienda recibían una parte del ingreso neto, con un excedente mínimo determinado. Pero el
método usado generalmente para obtener el mayor cuidado y la mayor conciencia de parte de los obreros es
la división del trabajo: la gran hacienda, como ya hemos observado, tiene la posibilidad, gracias al número
importante de obreros que ella emplea, de escoger agricultores particularmente hábiles, concienzudos e
inteligentes, sea que ellos trabajen directamente, sea que tengan como tarea preparar o vigilar el trabajo de
otros.” (Kautsky, 1974: 134).
29
“... la gran mayoría de la población agrícola no figura ya en el mercado como vendedora de medios de
subsistencia sino como vendedora de fuerza de trabajo y como compradora de medios de subsistencia. Las
pequeñas haciendas dejan de hacer la competencia a las grandes explotaciones y aun las favorecen y las
sostienen como hemos indicado precedentemente, suministrándoles obreros asalariados y comprándoles sus
productos.” (Kautsky, 1974:203-204).
31
migratorios temporarios, que actualmente se incluirían bajo la denominación de
migraciones laborales30.
Kautsky en La Cuestión Agraria nos brinda una obra donde se sintetizan las “leyes” y
tendencias generales del desenvolvimiento del capitalismo en la agricultura. Dentro de este
marco es posible encontrar una serie de reflexiones con respecto al trabajo asalariado.
Estas reflexiones incluyen tanto análisis centrados en los procesos acontecidos en la
organización de la producción y el trabajo como una mirada desde los hogares campesinos
que se ven empujados a vender su fuerza de trabajo y proletarizarse. Es posible encontrar a
lo largo de esas páginas, en gran medida, la mayoría de las dimensiones presentes en los
estudios de la organización social del trabajo asalariado en la actualidad. Así, aparecen
análisis y menciones referidas a: la división del trabajo al interior de la explotación, el
control e involucramiento de la mano de obra, los requerimientos de calificaciones y
competencias, las migraciones laborales, la segmentación de los mercados de trabajo, el
comportamiento laboral de los trabajadores, etc.
30
Estos movimientos migratorios adquieren inclusive un carácter internacional. “Vastas proporciones han
asumido la emigración de obreros italianos que durante el verano trabajan en Europa y en el invierno (que
corresponde al verano en el hemisferio meridional) van a la Argentina para los trabajos del campo.”
(Kautsky, 1974: 228).
32
resultado de los procesos de reestructuración social y productiva desencadenados a partir
de las últimas décadas del siglo XX, se encuentran –al menos- esbozados en los
planteamientos de los clásicos abordados previamente.
Por otra parte, se pueden encontrar los fundamentos centrales de los estudios de los
procesos de segmentación laboral, incluyendo tanto aspectos ligados a las estrategias de las
empresas demandantes como a los comportamientos de los hogares oferentes. Por ejemplo,
podemos encontrar referencias a la utilización de trabajadores migrantes como fuerza de
trabajo vulnerable por parte de los capitalistas agrícolas, así como también hogares que
despliegan estrategias de ocupación en múltiples mercados laborales para lograr un ingreso
que permita su reproducción. Este comportamiento laboral puede incluir movimientos de
migración temporaria y ocupaciones en actividades no agrícolas.
Con respecto a las estrategias de los productores para movilizar la fuerza de trabajo, las
cuadrillas analizadas por Marx brindan un buen ejemplo de estos procesos; al mismo
tiempo que, se observa el papel que cumplen las estructuras y las normas sociales en los
procesos de organización laboral.
33
de las agriculturas y de las transformaciones concomitantes de su organización laboral. Las
explicaciones acerca de las estructuras y de los procesos organización laboral incluyen un
amplio espectro de factores de índole económico, social, político y cultural, tomando en
cuenta tanto las estrategias de los actores involucrados como las restricciones estructurales
que enfrentan.
34
III. Los enfoques de la modernización de la agricultura y el estudio del
trabajo agrario
Las investigaciones sobre los mercados y procesos de trabajo en el marco de los estudios
de la modernización de la agricultura se caracterizaron por sus limitaciones conceptuales
para captar la complejidad de estos fenómenos. Estas miradas implicaron la pérdida de
matices existentes en los enfoques originales de los clásicos, y difundieron una perspectiva
donde el trabajo en el capitalismo era el resultado de condiciones exclusivamente
“económicas” que desplazaban y dejaban de lado cualquier otro factor como, por ejemplo,
las redes sociales y las relaciones personales.
1
La cooperación internacional norteamericana se orientó a difundir un modelo de agricultura de altos
rendimientos por unidad de superficie caracterizada por un uso irracional desde el punto de vista ambiental
35
Estas transformaciones estuvieron influenciadas por la articulación de las producciones
agropecuarias con el desarrollo agroindustrial, que impulsó la conversión de los productos
de origen agrario en insumos industriales, a la vez que presionó al sector primario a
adquirir condiciones que respondan a sus necesidades de organización y procesamiento.
de los recursos naturales. Este modelo que combina tecnologías biológicas, químicas, mecánicas y
agronómicas, se transfirió internacionalmente a través de actividades de investigación y extensión realizadas
por investigadores mayormente norteamericanos o formados bajo la influencia de su paradigma de desarrollo
agrícola y de extensión (Sánchez de Puerta: 1996).
36
pasan a formar parte de los paquetes tecnológicos que se adquieren en los mercados
escapando de ese modo a su esfera de control (Lacroix: 1980).
37
dominadas por la centralidad otorgada a los mencionados aspectos “estrictamente
económicos” y tecnológicos.
2
“Como ya se mencionó, en la empresa agrícola comercial se remunera a la mano de obra en dinero, no
existen lazos de dependencia entre el dueño de la tierra y los obreros agrícolas, y sus relaciones se limitan
exclusivamente al área laboral.” (Klein, 1977: 52)
3
Las evaluaciones más tardías de los impactos de la modernización sobre las estructuras agrarias y
ocupacionales de la agricultura Latinoamérica remarcaron la heterogeneidad de los resultados en los
diferentes países de la región. “Las cifras sugieren que la tendencia a la proletarización o al crecimiento de la
economía campesina no es similar para todos los países. Aparentemente, pues, el proceso de modernización
que se ha llevado a cabo a partir de 1950 en América Latina no ha tenido el mismo efecto sobre la
composición de la mano de obra; por lo tanto, no se puede afirmar categóricamente que este en la „lógica del
funcionamiento del sistema‟ la reproducción o ampliación de uno u otro tipo de relaciones sociales de
producción.” (Klein, 1981: 7). Aquí, dado nuestro interés por las interpretaciones de los procesos de
modernización y de las estructuras ocupacionales emergentes en la agricultura empresarial, nos centramos en
las lecturas más esquemáticas o modelizadas del fenómeno.
38
Los considerados factores "extra-económicos" perdían pertinencia explicativa para abordar
estos fenómenos, ya que se consideraba que el desarrollo de las economías de mercado los
desplazaba del mundo del trabajo. Estos esquemas conceptualmente abordan la evolución
de las relaciones laborales otorgando a la tecnología centralidad en sus explicaciones4.
Esta explicación del origen del proletariado agrícola se vincula directamente a los
fenómenos de descomposición de la economía campesina que acompañan a los procesos de
modernización. Igualmente, se señaló que este no fue el único origen de los asalariados del
campo al demostrar la existencia, en algunos casos, de trabajadores que provenían de
hogares asalariados que nunca habían poseído una parcela de tierra para su producción.
Inclusive, se detectan tempranamente migraciones laborales, incluyendo movimientos
urbano-rurales, como también circunstancias de inserción ocupacional que posteriormente
se abordaron bajo la noción de multiocupación campesina (Pare: 1977; Llambi: 1981).
Las economías de plantación fueron un espacio donde los estudios del trabajo asalariado
agrícola se desarrollaron tempranamente en la sociología rural cuestionando, inclusive, su
principal andamiaje conceptual: el continuo rural-urbano. Unidades de producción de gran
magnitud que combinaban la actividad agrícola con su procesamiento industrial y la
4
“La cambiante tecnología requiere también una nueva definición de las relaciones tradicionales entre
campesinos y administradores de haciendas. Un tractorista aunque sea un indio descalzo, posee un status
diferente al que tenía cuando sólo conducía una yunta de bueyes.” (Barraclough, 1970: 47).
39
utilizaban grandes contingentes de trabajadores asalariados, provenientes de diferentes
orígenes sociales (rurales, urbanos, campesinos, etc.), se explicaban con mayor propiedad a
partir de la noción de comunidad rural proletaria. Estos estudios contradecían la imagen del
mundo rural como una comunidad homogénea de campesinos5.
5
“The imposition of sugar plantation system on the south coast of Puerto Rico affected the emergence of
large numbers of rural proletarian communities. In these communities the vast majority of people is landless,
propertyless (in the sense of productive property), wage-earning, stire-buying (the store being a chain owned
by the corporation, with few competitors), corporately employed, and standing in like relationship to the
main source of employment. These rural proletarian communities might also be considered class isolates, in
the sense that economic alternatives to wage labor in the sugar-cane industry, other than via migration to the
United State mainland, are very scarce.” (Mintz, 1953:139-140)
40
partir de criterios científicos, es decir se modificaron los patrones tradicionales del trabajo
agropecuario6.
Los cambios señalados no podían pasar inadvertidos en relación al factor trabajo que fue
escenario de importantes modificaciones relacionadas con los procesos resumidos. Uno de
los ejes de los estudios sobre los efectos de los procesos de modernización sobre el trabajo
se centró en las consecuencias que sobre éste tuvo el cambio tecnológico según el tipo de
tecnología involucrada. El fenómeno al cual se prestó mayor atención fue la incorporación
de tecnologías mecánicas que genera fuertes reducciones en la demanda de mano de obra,
mientras que desde un punto de vista cualitativo se arriba a situaciones de bajos niveles de
trabajo permanente, mayores requerimientos de calificaciones, y la presencia de mano de
obra transitoria especializada para tareas concretas como, por ejemplo, tractoristas y
operadores de cosechadoras. Entre los resultados más remarcados de estos fenómenos se
encuentra la reducción de la mano de obra ocupada en las actividades agropecuarias, el
reemplazo de trabajo por capital, y el aumento exponencial de la productividad del trabajo
junto al incremento de la producción por unidad de superficie.
6
Van der Ploeg (1992: 193) incluye este proceso al que denomina cientificación que consiste en "... modelar
los procesos de trabajo según criterios científicos".
41
cual los agricultores debían profesionalizarse adoptando las mencionadas nuevas formas de
producción, gestión y comercialización7.
7
“La cualificación es un aprendizaje que hace pasar de los comportamientos particularistas y de normas
locales o consuetudinarias a normas cuya autoridad viene dada de fuera, del poder político europeo, y que
poseen un valor internacional y hasta mundial. Ella está constituida por el conocimiento técnico que coordina
las innovaciones incesantemente de la técnica, e incluye en la actividad agraria o en la empresa la demanda ,
las restricciones y la movilidad del mercado, que determina, en definitiva, la producción. Este conocimiento
se sintetiza, por decirlo así, en el modo de cálculo económico organizado mental y socialmente en forma de
contabilidad de gestión.” (Rambaud, 1989: 59).
42
y relaciones ocupacionales, resultaba -en gran medida- lineal. Los esquemas conceptuales
que se utilizaban para el abordaje del trabajo asalariado desconocían las diferentes
mediaciones operadas a través de las estructuras y procesos sociales en las cuales se
encontraba inserto. Los desarrollos posteriores de la sociología de la agricultura, como
veremos en el siguiente capítulo, profundizaron el estudio de los procesos sociales
presentes en la estructuración de los mercados y procesos de trabajo, recuperando líneas de
investigación presentes en textos clásicos de la sociología.
43
44
IV. La sociología y la economía política de la agricultura y sus estudios
sobre los mercados de trabajo
Contrariamente, la atención prestada al trabajo asalariado fue mucho menor y los abordajes
del mismo no mostraron una perspectiva crítica. Esto, seguramente, estuvo influenciado
por la concepción generalizada acerca del avance y la preponderancia de los factores
económicos y tecnológicos en la organización social.
1
“Dentro de la aplicación que los sociólogos de la modernización de la vida rural hacen de esta teoría hay al
menos dos facetas distintas. Una que se refiere a sus actitudes frente al trabajo y los conocimientos
tecnológicos y que se etiquetan como fatalismo, falta de aspiraciones, resistencia al cambio, y que estaría
relacionado con su posición social, como consecuencia de la imposibilidad de obtener mayor cantidad de
bienes. Y otra que hace referencia a su concepción del mundo localista, de visión limitada, empática.”
(Sevilla Guzmán y Sevilla Guzmán, 1984: 92). El trabajo citado, entre tantos existentes, consiste en una
precisa y sintética crítica: “De la pobreza teórica de la sociología modernizante de la vida rural: su análisis
del campesinado”.
45
mercados y procesos de trabajo en la agricultura tanto en países del primer mundo y como
en el contexto latinoamericano.
46
A fines de la década de los ochenta y principios de los noventa la sociología de la
agricultura renovó sus enfoques a partir de una serie de líneas de investigación que
implicaron una profundización y actualización de las miradas de la economía política del
agro. La denominada nueva economía política de la agricultura se origina, en gran medida,
en los estudios disponibles sobre la internacionalización de la agricultura (Sanderson:
1985; Raynolds y otros: 1993), y se trata de una aproximación comparativa de carácter
transnacional sobre la reestructuración de la economía capitalista, la crisis de la agricultura,
y el desarrollo de los sistemas y complejos agroalimentarios (Friedland: 1991).
Esta renovación desembocó en cuatro grandes línea de investigación que muestran entre sí
importantes diálogos e intercambios, y muchas veces sus fronteras son difíciles de
delimitar o establecer con claridad. Estas son: a) el abordaje de los regímenes alimentarios;
b) el estudio de los sistemas agroalimentarios globales; c) los enfoques neo-regulacionistas
de los estudios agroalimentarios; d) el análisis de redes y actores en los sistemas
alimentarios (Buttel: 2001).
47
derechos laborales y beneficios sociales, empleos a tiempo parcial y de baja remuneración,
y la feminización de la población económicamente activa.
En la década del noventa, los estudios referidos a las cadenas o sistemas de mercancías
(commodity system analysis) (Friedland: 2001) dan cuenta de las nuevas circunstancias
presentes en los sistemas agroalimentarios globalizados que transforman las condiciones de
producción, comercialización y consumo de alimentos. (Bonano: 1994; McMichael: 1994;
Bonano y Costance: 1996). La consolidación de un complejo alimentario de carácter
global de productos frescos (frutas y hortalizas) con elevados estándares de calidad
constituyó uno de los ejemplos paradigmático de estos procesos. Un elemento central de
este complejo global es la producción por parte de economías del tercer mundo destinadas
a abastecer a lo largo de todo el año los mercados de exigentes consumidores de
sociedades del capitalismo avanzado. En este marco las altas exigencias de calidad de los
mercados y el poder de decisión de las grandes empresas transnacionales vinculadas a la
gran distribución se consideran como los elementos centrales de la configuración de estas
agriculturas y sus mercados de trabajo. El empelo precario, la estacionalidad de la
ocupación, los mayores requerimientos de calificaciones laborales que no son reconocidas
en los niveles de remuneración, el empleo femenino y las migraciones laborales, son
algunas de las condiciones vigentes en los mercados de trabajo que involucran estas
producciones (Friedland, 1994ª y 1994b; Reynolds, 1994; Pedreño y Quaranta: 2002).
2
También en estudios industriales generó polémica el uso indiscriminado y, en algunos casos, poco preciso
de la noción de fordismo (Castillo: 1994).
3
Otros autores no encontraron inconveniente en el uso de estas categorías para el estudio de la agricultura.
Así, por ejemplo, se señaló el modelo productivista como la etapa fordista de la agricultura (Kenney y otros:
1989), y se analizaron los cambios en el trabajo agrícola según el modelo de Atkinson de empresa flexible
(Errington y Gasson: 1996).
48
Los nuevos focos de las miradas conceptuales apuntaban a captar la relación entre lo global
y lo local reconociendo la existencia de tendencias generales que conducen a la
estandarización de los fenómenos, al mismo tiempo que la presencia de procesos
específicos acentúan la heterogeneidad de los resultados. Las nuevas miradas de la
cuestión agraria prestaron especial atención a la diversidad de las relaciones sociales y al
peso de las prácticas socio-culturales en la conformación de los procesos de acumulación y
regulación de la agricultura capitalista. Los fenómenos económicos son entendibles en
tanto y en cuanto se los comprende en el marco de prácticas sociales, políticas y culturales
específicas (Marsden y otros: 1996).
49
A lo largo de la década del noventa fue escasa la atención brindada al trabajo asalariado
por parte de los académicos pertenecientes a las diferentes corrientes de la sociología de la
agricultura (Buttel: 2001). Sin embargo, las características conceptuales de estos enfoques
permiten una compresión de las múltiples dimensiones y de la complejidad social presente
en los fenómenos laborales. La incorporación de los actores sociales en las explicaciones
conceptuales, la relevancia otorgada a los escenarios locales en contextos globales y
estructurales más amplios, y la incorporación de los fenómenos económicos en situaciones
sociales específicas, permiten un estudio sociológico de los mercados de trabajo y de los
fenómenos laborales en el agro. En este estudio sostenemos que los enfoques neo-
regulacionistas de la sociología agrícola permiten una promisoria combinación con los
estudios sociológicos de los mercados de trabajo para dar cuenta de su estructuración y
regulación social en las actividades agrarias.
IV.2. Los enfoques marxistas y weberianos en los estudios de los mercados y procesos
de trabajo
50
trabajadores en la comunidad más amplia para dar cuenta de los procesos de control y
formas de organización laboral.
51
empleadores. Así, se diluyen las posibilidades de conflictos de clase como consecuencia de
las relaciones más estrechas que se establecen con sus patrones.
Las modalidades de control laboral presentes adquieren rasgos difusos y particularistas que
refuerzan las formas tradicionales de autoridad basadas en vínculos personales. El control
se construye articulando roles laborales y no laborales a partir de la movilización de las
redes sociales en las que se encuentran incluidos los actores participantes.
La organización del trabajo y las formas de control utilizadas inciden sobre la naturaleza o
la modalidad que asume el involucramiento o el compromiso de los trabajadores con su
ocupación. Éste en las unidades burocratizadas se expresa fundamentalmente de modo
instrumental en consonancia con las características regladas e impersonales del ejercicio
del control. En cambio, en situaciones de trabajo “tradicionales” con una menor división
técnica del trabajo y formas de control paternalistas, las relación de los trabajadores con
sus empleadores se construyen a partir del predominio de lazos “morales” y obligaciones
mutuas, aunque seguramente muy desiguales.
52
La articulación de la situación de trabajo y las características de la comunidad local,
condicionadas por la sociedad más amplia, resulta fundamental en la compleja
construcción del mundo laboral. El tipo y modalidad de organización de la comunidad
afecta la definición de la situación de trabajo. Las comunidades de tipo ocupacional,
conformadas a partir de la existencia de fuertes grupos de pertenencia y de lazos sociales
construidos en los mismos, se constituyen a partir de una experiencia ocupacional similar y
homogénea, altamente compartida, que facilita el surgimiento de una cultura laboral
diferenciada o distintiva. En esta dirección, la situación de estatus de los trabajadores
agrícolas muestra agudas diferencias entre el estatus atribuido por el conjunto de la
sociedad, que los ubica generalizadamente en las posiciones más desventajosas del sistema
social, y él construido en la interrelación con sus pares a partir de sus capacidades de
trabajo.
Las representaciones del orden social de los trabajadores agrícolas y su interpretación del
mismo muestran un alto grado de ambivalencia. La superposición de modelos de
estratificación y criterios de representación de corte tradicionalistas, donde los sectores
subordinados participan de un orden social orgánico, con otros de tipo proletario, que
dividen a la sociedad en grupos antagónicos, o aquellos meritocráticos, donde la movilidad
social depende de los éxitos individuales, resulta de las transformaciones acontecidas tanto
en el lugar de trabajo como en la sociedad local.
53
bien permite observar algún grado de asociación entre la articulación de la naturaleza del
lugar de trabajo y de las condiciones de la comunidad local, sin embargo no permite
establecer conclusiones definitivas con respecto a su determinación de las representaciones
sostenida por los trabajadores.
4
“The agricultural worker may therefore enter into deferential relationship without being a deferential
person in the sense that the moral principles which underlie the notion of deference act as precepts which
guide all the agricultural worker‟s social actions. … Specifically deference can best be defined as a form of
social inter-action which occurs in situation involving the exercise of traditional authority.” (Newby, 1979:
416).
5
Una investigación sobre trabajadores permanentes en producciones ganaderas y de granos, realizada en un
condado rural de Georgia (EE.UU) replicó las hipótesis del estudio de Newby encontrando amplios
paralelismos con sus resultados (Barlett: 1986)
54
IV.2.2. Los enfoques neo-marxistas de los procesos y de los mercados de trabajo
Fisher y McWilliams, que alcanzaron la condición de clásicos del estudio del trabajo
asalariado en el agro con sus investigaciones sobre la agricultura californiana, son
antecedentes ineludibles de estos enfoques. Fisher (1964) en su análisis de los mercados de
trabajo de cosecha, caracterizados por el uso intensivo de la mano de obra y su alta
estacionalidad, observa que los mismos funcionan asegurando una oferta de mano de obra
prácticamente ilimitada, que se origina en diferentes corrientes migratorias (chinos,
japoneses, filipinos, mexicanos, etc.). Estos mercados de trabajo son definidos como
desestructurados por la ausencia de organizaciones sindicales, la presencia de trabajadores
no calificados, el pago a destajo, condiciones de trabajo inestables, y la ausencia de
carreras ocupacionales al interior de las empresas. Indudablemente, esta definición de
“desestructurado” surge de una comparación con los mercados de trabajo industriales
donde las relaciones laborales estaban fuertemente influenciadas por la presencia de
sindicatos y la vigencia de la legislación laboral. Recientemente, distintos autores,
señalaron que no se trata de mercados sin estructuración sino que su lógica organizativa es
de índole diferente.
55
organización de la producción y los procesos de cambio tecnológico, son resultado de la
interrelación entre las características de la oferta de trabajo y su control y las condiciones
de la estructura económica del sector. Las dimensiones fundamentales que se deben
abordar para dar cuenta de estos conceptos son la organización de la explotación, las
organizaciones de los productores, el reclutamiento de los trabajadores, las organizaciones
sindicales, las condiciones de los procesos técnicos de producción, y el desarrollo
científico y tecnológico. Las disputas, luchas y conflictos que surgen y se expresan en las
relaciones entre los productores y los trabajadores son un componente indispensable de la
explicación de un determinado proceso productivo (Friedland y otros: 1981).
6
Este programa que estuvo en vigencia desde 1942 a 1965 consistía en un acuerdo entre los gobiernos de
México y Estados Unidos para proveer trabajadores temporarios de origen mexicano fundamentalmente para
la agricultura.
56
La ruptura de la autorregulación de estas cuadrillas y el cambio de la organización de las
mismas se produjo a partir dos procesos: por un lado, el desarrollo de la sindicalización y,
por otro, el cambio tecnológico que implicó la introducción de plataformas de empaque a
campo con cintas de montaje. La sindicalización trajo aparejado un proceso de
internalización de la mano de obra, la modificación del pago a destajo por la remuneración
en función de las horas trabajadas, y la presencia de carreras dentro de las empresas.
57
trabajadores extranjeros con permiso o directamente indocumentados, que constituyen una
oferta de trabajo con mayor grado de vulnerabilidad. Así, por ejemplo, las empresas
acceden y favorecen la formación de una mano de obra calificada y autorregulada (ground-
crew harvest) que, sin embargo, dado su escaso poder de negociación no logra hacer valer
su centralidad en el proceso productivo (Thomas: 1985).
A escala global, los estudios acerca de la nueva división internacional del trabajo, también
emparentados con los denominados enfoques neo-marxistas, señalaron la estandarización
del proceso de trabajo, y la segmentación y la descalificación de la mano de obra. La
profundización de los procesos de proletarización de la población mundial fue acompañada
por el incremento de relaciones de subcontratación y de corrientes de migraciones
laborales de carácter trasnacional, las migraciones del campo a las ciudades en los países
periféricos, etc. Las relaciones laborales se caracterizan por bajos niveles de
sindicalización, debilidad de derechos laborales y de beneficios sociales, empleos a tiempo
parcial y de baja remuneración, y la feminización de la población económicamente activa
(Sanderson: 1985 a y b; Barkin: 1985; Rama: 1985; McMichael: 2000).
7
Para interpretar este párrafo téngase en cuenta el peso de las producciones de granos en el conjunto de la
agricultura estadounidense.
58
inmigración legal que tiene limitado acceso a beneficios sociales y protección laboral y,
por otro, una masa de trabajadores extranjeros e indocumentados sin derechos laborales ni
de ciudadanía. La contratación legal de forma temporal de trabajadores extranjeros no
disminuye necesariamente su vulnerabilidad e, inclusive, puede favorecer el control de los
empresarios. Estos trabajadores, a pesar de su status legal, en muchas ocasiones, no tienen
acceso a beneficios sociales y disponen de menores protecciones laborales (Bach: 1985).
59
resurgimiento después de los años sesenta y, nuevamente, su retroceso, implicó el
abandono de las interpretaciones que consideraban a esta relación como un reflejo del
escaso grado de desarrollo del capitalismo en la agricultura (Wells: 1984 y 1996)8.
Estos procesos presentan diferencias locales que requieren miradas microregionales para
captar la especificidad de los mismos. Estas particularidades surgen de las diferencias
encontradas en el tamaño de la explotación, el nivel de capitalización, la nacionalidad de
los productores, las alternativas de empleo, los sistemas de remuneración, la condición de
ciudadanía de los trabajadores, las relaciones personales entre los trabajadores y los
productores, la organización y presencia sindical, etc. (Wells: 1996).
8
Resultan sorprendente, como veremos en los capítulos correspondientes, los paralelismos entre estos
fenómenos y lo acontecido en la horticultura del cinturón verde de la Ciudad de Buenos Aires. Estas
similitudes incluyen, además del fenómeno de la mediería, los procesos de transformaciones de trabajadores
en productores agrícolas (Wells: 1990).
9
El real carácter de trabajador dependiente surge del hecho que el mediero trabajaba bajo la supervisión del
patrón o responsable de la empresa, en una unidad productiva altamente capitalizada, donde únicamente
aportaba trabajo.
60
Los procesos de reestructuración social y productivo no pueden explicarse estrictamente en
términos económicos y exclusivamente por fuerzas generales y tendencias globales. Dar
cuenta de estas transformaciones requiere captar el papel de los actores y sus luchas socio-
políticas en la construcción del orden social así como también las manifestaciones
localmente diferenciadas de estos fenómenos10.
10
“I aim to show that to account for contemporary changes in the organization and social relations of
production, in agriculture and in other economic sectors as well, we must consider the key role played by
political constraints and class conflicts. This consideration requires a sensitivity to space and place.” (Wells,
2000: 28).
61
La producción de frescos de exportación con crecientes criterios de calidad, relacionados a
nuevas pautas de alimentación de sectores sociales preocupados por las condiciones y las
características de los alimentos que consumen, estructura un modelo de agricultura
globalizada con una alta incorporación tecnológica acompañada por relaciones laborales
extremadamente precaria. La construcción social de una oferta de trabajo vulnerable
recurre a condiciones de género, etnia y ciudadanía para ubicar a esos trabajadores en
situaciones en las que se reducen las posibilidades que estos tienen de mejor sus
condiciones socio-laborales (Pedreño Canovas: 2000).
11
La agricultura, como lo demuestra la experiencia de Girona en Cataluña, juega un papel central en el
ingreso de los trabajadores inmigrantes a los mercados de trabajo de las sociedades receptoras. Las
62
La agricultura intensiva mediterránea utiliza como procesos de segmentación laboral, las
relaciones de género, las condiciones étnicas y de ciudadanía. El modelo de desarrollo
agrícola implementado requiere de una abundante oferta de mano de obra en condiciones
de precariedad y trabajo no registrado de forma tal que se vuelve altamente dificultoso para
los trabajadores disputar con sus patrones condiciones de trabajo y salarios. Para disponer
de esta mano de obra vulnerable, las estrategias empresariales se apoyaron en la
construcción de un mercado de trabajo para inmigrantes, donde una importante cantidad de
trabajadores sólo alcanza un reconocimiento limitado de los derechos de ciudadanía. Así,
el Estado a través de su política migratoria, en última instancia, favorece la conformación
de estos mercados de trabajo donde se articulan estrategias familiares de vida y laborales
de trabajadores migrantes y estrategias empresariales que buscan acceder a una fuerza de
trabajo con la menor capacidad de disputa posible. En esta dirección se afirma que las
políticas migratorias refuerzan la configuración de una fuerza de trabajo en situaciones
irregulares con respecto a sus condiciones de residencia que repercuten sobre su capacidad
de negociar y disputar condiciones laborales (Garcia Borrego y Pedreño Canovas: 2002;
Martín Díaz: 2002).
En los últimos años, el menor desarrollo que se observa en el mundo académico europeo
sobre temas de trabajo agrario fue parcialmente remediado por los estudios referidos a la
trayectorias ocupacionales de estos trabajadores muestran participación en otros sectores de la economía con
similares características que la agricultura, empleos de baja calificación, bajos niveles de remuneración,
condicionados por la estacionalidad, y mayormente sin contrato, como la construcción y los empleos
precarios en el turismo (Hoggart y Mendoza: 1999).
63
inserción laboral de inmigrantes, dado la importancia de la agricultura en la ocupación de
este sector de la población.
Las estructuras de empleo experimentan tendencias de cambio social que se reflejan en las
características ocupacionales de los territorios rurales. Estas situaciones evidencian una
creciente presencia de empleo con residencia rural en actividades no agropecuarias y la
emergencia de un sector de hogares de productores que llevan adelante otra actividad
económica, ya sea en carácter de ocupado autónomo o trabajador dependiente.
64
en la combinación de actividades prediales y extraprediales por parte de los integrantes de
los hogares de los productores agropecuarios, y responde a procesos de transformaciones
tanto de la agricultura como de la economía en general.
Los nuevos empleos ligados a actividades de servicios, en algunos casos, típicas de zonas
rurales y, en otros, más novedosas, como las de esparcimiento y hotelería, o a producciones
industriales –vestimenta, calzado, alimentación, etc.-, se asocian a mercados de trabajo
65
caracterizados, la mayoría de las veces, por las siguientes condiciones: la subcontratación,
el trabajo a domicilio, la informalidad y la irregularidad de las ocupaciones, el pago a
destajo y bajos niveles de remuneración, los elevados índices de accidentes de trabajo, los
requerimientos de viajes cotidianos o semanales para el desempeño laboral (commuting),
etc. (Duran y Paniagua: 2001; Oliva Serrano: 1995; Oliva Serrano y Díaz Santiago: 2005;
Castellanos Ortega y Pedreño Canovas: 2005; Ansola Fernández y otros: 2005).
IV. 5. Los estudios recientes de los mercados de trabajo y de los trabajadores agrarios
en América Latina12
En América Latina, en las últimas décadas, se profundizaron los estudios sobre los
mercados de trabajo y los trabajadores en la agricultura y en el medio rural. Estos estudios,
al igual que los analizados en los puntos anteriores, incorporaron a sus esquemas de
análisis la interacción entre los aspectos sociales y económicos para dar cuenta de la
estructuración y la dinámica de los mercados de trabajo. Estas investigaciones suman a los
estudios agrarios, por ejemplo, perspectivas propias de la sociología del trabajo, de los
estudios sobre los fenómenos migratorios, y de las estrategias familiares de vida. Las
nuevas perspectivas superaron las miradas de los estudios típicos sobre la proletarización
del campesinado, brindando explicaciones más complejas del fenómeno (Lara Flores:
2001; Ortiz: 2002).
Entre los enfoques más destacados se encuentran, por un lado, aquellos referidos a
productos que mantienen importantes requerimientos estacionales de mano de obra y, por
otro, los vinculados al surgimiento y/o expansión de los empleos no agropecuarios en el
12
En este punto no se incluyen los estudios realizados en la Argentina que se analizarán en la segunda parte
de este estudio.
66
medio rural, generalmente relacionados con las transformaciones abordadas en los estudios
de “nueva” ruralidad13.
13
Estos estudios se refieren a la nueva conformación de los territorios rurales donde se articulan actividades
agropecuarios y no agropecuarias y diferentes usos del espacio en el medio rural (Pérez: 2001).
67
consecuente mayor requerimiento de competencias y calificaciones. Igualmente, se
mantiene la segmentación por género de determinadas tareas, dado que las ocupaciones
técnicas y profesionales se encuentran a cargo únicamente de hombres (Lara Flores: 1998
y 1999).
Estudios sobre este tipo de producción demuestran como las relaciones de trabajo se
construyen, sumando a la contratación mercantil, compromisos “morales” y lealtades que
refuerzan el correcto desempeño laboral de los trabajadores. Inclusive, en mercados de
trabajo transitorios, este tipo de relaciones de trabajo favorece el involucramiento del
trabajador y su compromiso con la activad. En el Valle de Aconcagua, Chile, empresas que
contratan trabajadores estacionales, predominantemente mujeres que residen en localidades
cercanas a la explotación y se ocupan en las mismas explotaciones a través de los años,
generan condiciones propias de contratos permanentes como la baja rotación y el
involucramiento de la mano de obra. Inclusive se observa entre una parte significativa de
estas trabajadoras, la presencia de beneficios adicionales al salarios, retribuciones no
monetarias y “obsequios”, como alicientes para su permanencia en el establecimiento
(Collins y Krippner: 1999).
Una tendencia que se acentúa en los últimos años, aunque se trata de una característica
tradicional de las actividades agrarias, es la flexibilización de las relaciones y de los
mercados de trabajo en la agricultura. La precariedad de estos escenarios laborales afecta
tanto a los trabajadores permanentes como a los estacionales, y se refleja en la
inestabilidad de las ocupaciones, las bajas remuneraciones obtenidas, la escasa o nula
protección de la seguridad social, las malas condiciones de vida y de trabajo imperantes, y
la limitada capacidad de estos trabajadores para negociar institucionalmente las relaciones
68
laborales. El nuevo perfil de los trabajadores temporarios se caracteriza por la no
disponibilidad de tierra, su residencia en localidades urbanas, y sus vínculos con otros
mercados de trabajo (Gómez y Klein: 1993; Piñeiro: 1999 y 2003).
El trabajo temporario constituye, para algunos autores, una relación de producción que
facilita los procesos de valorización y acumulación de capital, ya que las antiguas
relaciones que vinculaban los trabajadores a la tierra no resultaban acordes a las exigencias
de una agricultura que se modernizaba. La figura de los Bóia-fria, denominación de los
trabajadores eventuales del Estado de San Pablo y otras zonas del Brasil, corresponde a
trabajadores rururbanos e itinerantes caracterizados por su movilidad. En el estado
mencionado, ya a principios de la década del setenta, un cuarto de los asalariados rurales
temporarios tenían residencia urbana. La contratación de estos trabajadores muchas veces
se realizaba a través de intermediarios y la remuneración era a destajo. El monto obtenido
en un día de trabajosolía ser superior al correspondiente a los jornales de los trabajadores
permanentes, sin embargo –dada la inestabilidad de estas ocupaciones- los ingresos
mensuales promedio de estos trabajadores resultaban menores (Gomes da Silva y Silva
Rodrígues: 1982; Graziano da Silva: 1982).
69
étnico, ocuparse localmente o realizar migraciones para acceder a la ocupación, trabajar
solos o junto a sus familias, edades y género, grado de formalización de las relaciones de
trabajo, etc. Igualmente, la condición predominante de estos asalariados es la inestabilidad
ocupacional y precariedad laboral (Sánchez y Arroyo: 1993).
70
significativo el cambio en el perfil de los grupos migrantes, dada la heterogeneidad de los
mismos, donde se suma a la presencia de migraciones individuales, la de distintos tipos de
familias -nuclear o extensa-, hogares con jefas mujeres, etc. Los trabajadores pueden
arribar a las zonas productivas ya sea a través de un enganchador, por su cuenta, o
movilizados directamente por el productor (Barrón: 1999; Lara Flores: 2000).
En los últimos años, los estudios sobre la intermediación laboral y las distintas
modalidades de contratistas presentes en el agro latinoamericano, ubican a este fenómeno
como uno de los elementos propios de la profundización de la precariedad laboral y del
desarrollo del trabajo temporario. La intermediación en la contratación laboral constituye
un antiguo dispositivo de movilización de fuerza de trabajo que modificó sus
características a partir de su evolución y articulación con diferentes escenarios socio-
económicos. Estas modalidades de contratación constituyen mecanismos de estructuración
de los mercados de trabajo a través de la movilización y control social de la mano de obra.
Este fenómeno correspondió, tradicionalmente, a situaciones donde la oferta de trabajo se
encontraba geográficamente separada de los lugares de trabajo y su movilización implicaba
un complejo proceso de coordinación social del cual se encargaban los intermediarios.
71
La construcción social de la oferta de la mano de obra se vincula a diferentes trayectorias
de los hogares de origen de estos trabajadores. En la producción de café colombiana, los
jornaleros rurales provienen de familias sin tierra que tradicionalmente se ocupan en
mercados de trabajo agrícolas. La incorporación de los jóvenes a estas ocupaciones se
inicia en edades tempranas como ayuda familiar, posteriormente obtienen ocupaciones por
separado aportando parte de sus ingresos al grupo doméstico, para finalmente
independizarse de su familia. En este momento es muy común que migren a trabajar a la
cosecha del café en otras zonas productivas que la de sus hogares de origen. Es interesante
señalar que la ocupación independiente de las mujeres en la cosecha de café no es
socialmente aceptada por considerarse ésta una actividad físicamente muy exigente y por
exponerlas a un trato social que no consideran “apropiado” para ellas. Sólo es aceptable
que se ocupen en esta tarea junto a sus padres o maridos, quienes deben garantizar que no
se “expongan” a situaciones sociales “inaceptables” (Ortiz: 1999)14.
14
La excepción a esta situación corresponde a una empresa que contrata mujeres locales garantizando una
serie de condiciones que se ajuste en las normas sociales presentes en esos escenarios.
72
horarios, exigencias de los empresarios y condiciones laborales, sin presentar, o
presentando niveles de resistencia que no alcanzan a convertirse en disruptivos (Salamea y
Watts: 1995). Las ocupaciones que obtienen y desempeñan se caracterizan por la
eventualidad, la falta de cobertura social, la flexibilidad de los horarios y días de trabajo. El
resultado para las empresas es la disponibilidad de contingentes de trabajo precario,
flexible y calificado para responder a las exigencias del mercado (Sara Lara: 1995;
Appendini: 1997).
Estudios recientes que sintetizaron las principales tendencias de los mercados de trabajo
agrícolas en Latinoamérica coinciden en focalizar su mirada en producción de alimentos
para el consumo en frescos que, muchas veces, se orientan a la exportación. En esos
estudios, al igual que en este capítulo, se destaca la flexibilidad tanto de la organización
como de los mercados laborales. Mercados de trabajo caracterizados por la presencia de
diferentes figuras de intermediarios, los crecientes y diferenciados movimientos
migratorios, el incremento de la presencia de mujeres entre los asalariados, la demanda de
calificaciones y de competencia laborales no reconocida en los niveles de remuneración, y
la precarización generalizada del empleo, son conclusiones compartidas por los estudios
mencionados (Pedreño y Quaranta: 2002; Lara Flores: 2006; Bendini y otros: 2006).
73
La ruptura de la asociación entre residencia rural y trabajo agrario a partir de la difusión
del empleo rural no agropecuario (ERNA) se evidencia en la importancia de los ingresos
generados por éste en los hogares rurales de la región. Los estudios y las estimaciones
disponibles indican que el fenómeno comprende al 40% de la población económicamente
activa y una proporción similar de los ingresos de los hogares.
Entre los factores que favorecen el desarrollo del ERNA, los cuales presentan diferencias
según los escenarios y las condiciones en las cuales se desenvuelven, podemos mencionar
el desarrollo de la agricultura empresarial, las actividades extra-agrarias o extra-locales, el
tamaño y las características de las localidades y de las ciudades más próximas, las
estrategia de ingresos de los hogares y las modalidades de multi-ocupación. La presencia
del fenómeno se puede encontrar en situaciones contrapuesta en lo que respecta a la
dotación de recursos de los hogares (tierra, ahorro, acceso al crédito, capital social, ect.),
observándose tanto ocupaciones en sectores refugio como en otros más dinámicos de la
economía (Klein: 1992; Reardon y otros: 2001; Dirven 2004).
74
Por su parte, un estudio, referido a Brasil, señala la permanente caída del empleo rural
agrícola, la mayor relevancia que adquieren las ocupaciones no agropecuarias para la
población rural, y la reducción del éxodo de esa población. La mayoría de las ocupaciones
no agropecuarias en el medio rural, en términos absolutos, se encuentran ubicadas en el
noreste del país, en cambio, proporcionalmente, es el Estado de San Pablo el que presenta
mayor porcentaje de ocupados en empleos rurales no agropecuarios. Los autores ubican los
dinamizadores de este tipo de empleos, mayormente fuera del sector agropecuario y los
vinculan a las características de las localidades y los asentamientos poblacionales
circundantes. La importancia del empleo rural no agropecuario se manifiesta con claridad
si observamos que el número de familias rurales con al menos un ocupado fuera del sector
supera a las que sólo se ocupan en la agricultura (Graciano da Silva y del Grossi: 2001).
La evolución de estos mercados de trabajo generó una creciente articulación entre los
espacios rurales y urbanos. Así, el incremento del trabajo rural no agrícola, el aumento de
la residencia urbana de los asalariados del campo, y la conformación de ciclos laborales
que combinan ocupaciones agrícolas y no agrícolas, son rasgos generalizados de estos
mercados de trabajo (Piñeiro: 2001; Riella y Tubio: 2001).
75
76
V. La propuesta de un modelo de análisis de la regulación social de los
mercados y procesos de trabajo en la agricultura
Los estudios sobre los mercados y procesos de trabajo en la agricultura a partir de los años
ochenta, como analizamos en el capítulo anterior, incorporaron a sus enfoques desarrollos
conceptuales propios de la economía y sociología del trabajo. Estas miradas permitieron
abordar las diferentes dinámicas de los mercados de trabajo, los distintos tipos de
trabajador presentes (permanentes o estacionales, migrantes o locales, etc.), las relaciones
de trabajo en el sitio de producción, el papel de los hogares en los comportamientos
laborales, la influencia de la acción sindical, la articulación entre los mercados de trabajo y
las estructuras sociales, etc.
Los estudios sobre la segmentación de los mercados de trabajo (Doeringer y Piore: 1991),
la relación entre los procesos de segmentación y las estructuras sociales, políticas y
económicas (Gordon y otros: 1986; Burawoy: 1985), las transformaciones del proceso de
trabajo y su vinculación con la descalificación y el control de la mano de obra (Braverman:
1974; Edwards: 1979), y la construcción de consensos en el sitio de producción (Gintis:
1984; Burawoy: 1989), permitieron profundizar la comprensión del trabajo en la
agricultura.
Estos abordajes de los mercados de trabajo agrarios, en algunos casos, se han mantenido
estrechamente vinculados a las formulaciones de origen económico de esta perspectiva
como a las diferentes versiones de la teoría dual de estos mercados, que resultan de muy
difícil aplicación al mundo de las producciones agrarias y de los territorios rurales, dada la
heterogeneidad y complejidad de los mismos.
77
Por otro lado, un estudio sobre mercados internos de trabajo en áreas rurales señala que
estos no funcionan igual que en otros sectores, ya que en estas zonas se encuentran
empresas del sector periférico de la economía pero los comportamientos de los
trabajadores se caracteriza por lealtades propias de mercados internos. Esta “paradoja” –
que expresa la inadecuación de la teoría original para estos casos- es explicada a partir de
la presencia de relaciones sociales de corte paternalista en las áreas rurales (Doeringer:
1988).
78
tanto cuantitativa como cualitativa de la organización social de los procesos y mercados de
trabajo. Estos escenarios combinan, según el caso y de diferentes maneras, cambios
organizacionales, nuevas tecnologías, mayores requerimientos de calificaciones tácitas y
competencias, trabajadores con perfiles “polifuncionales” y con un alto grado de
involucramiento, acentuación de la precarización de las relaciones de trabajo, y distintas
modalidades de remuneración1.
1
“Por modernas que sean las empresas, y a pesar de que la mayor parte de su producción se dirija a la
exportación, manteniendo una fuerte división del trabajo en los procesos productivos, parece difícil
considerar que generan mercados primarios, en el sentido tomado por Piore en su teoría del mercado dual,
porque actualmente los mercados se entrelazan.” (Lara Flores, 2001: 376).
79
Estudios que combinen, cómo realizamos en este caso, la perspectiva neo-regulacionista de
la sociología rural y de la agricultura (Marsden: 2003) con los enfoques propios de la
sociología de los mercados de trabajo (Pries: 2000), permiten subsanar los vacíos
existentes con respecto a los mercados y procesos de trabajo en la economía política de los
territorios y de las producciones agrarias a fines del siglo XX y principios del XXI (Buttel:
2001).
Las críticas a las visiones neoclásicas de los mercados de trabajo generaron desarrollos que
renovaron las miradas académicas sobre la regulación y organización social de los
procesos laborales. En general estas críticas compartieron la consideración que resulta
inapropiado utilizar la noción neoclásica de mercado para los estudios de la compra y de la
utilización de la fuerza de trabajo. Esto se debe a que estos fenómenos no se rigen de modo
preponderante por las fuerzas de la demanda, la oferta y el sistema de precios. No existe un
mercado de trabajo en el sentido neoclásico del término ya que los trabajadores no
disponen de otra alternativa que vender su fuerza de trabajo para garantizar su subsistencia
y la de sus hogares, es decir no se trata en realidad de una relación de libre intercambio.
Además, no existe la situación de precio de equilibrio en el cual se produce el denominado
fenómeno de vaciamiento del mercado dado que la lógica de la oferta es independiente de
las condiciones de la demanda (Prieto; 1989; Villa: 1990; Marsden: 1994).
80
mercados de trabajo locales, y la utilización de los análisis de redes sociales (Requena
Santos: 1991; Pries: 2000).
Estos enfoques partían en gran medida de antecedentes de autores clásicos como Cairnes y
Mill que planteaban o reconocían la existencia de grupos laborales no competitivos, es
decir que la competencia por los puestos de trabajo está fragmentada según sectores
sociales. La noción de mercados no competitivos reconoce la existencia de factores
sociales e institucionales exógenos a los mercados de trabajo que condicionan la inserción
laboral de los trabajadores según su origen social (Villa: 1990).
81
oligolpólicas que requieren tecnologías específicas y mano de obra calificada favorece la
existencia de mercados de trabajo regulados a partir de normas internas a las empresas que
eviten la rotación de la mano de obra y faciliten su formación. Para esto se garantiza la
estabilidad del trabajo, remuneraciones más elevadas que en el resto de la economía,
formación, posibilidades de promoción y carreras dentro de la empresa. A estos mercados
de trabajo primarios se contraponen los secundarios donde existen bajos salarios, alta
rotación de los trabajadores, y ausencia de perspectiva de desarrollo profesional.
82
concretas sobre el surgimiento y la difusión del taylorismo, y a la falta de atención que
prestó a los aspectos subjetivos y a las estrategias de resistencia obrera (Wood: 1982).
Edwards (1979) estudia la problemática del control de los trabajadores como resultado de
las disputas entre capitalistas y asalariados en el sitio de producción. Las formas de control
emergentes se diferencian según momento de desarrollo del capitalismo. Así, en el marco
del capitalismo competitivo, caracterizado por empresas pequeñas y sin desarrollo de
estructuras jerárquicas, predominó la modalidad de control simple donde
fundamentalmente opera la arbitrariedad de los capitalistas. A medida que avanza el
capitalismo monopólico las empresas se organizan a partir de principios propios de la
“organización científica” del proceso productivo, el control técnico -basado en las
características que asume la organización del trabajo- desplaza al control simple.
Finalmente, surge el control burocrático que instituye una serie de normas que regulan el
comportamiento de los trabajadores al interior de la empresa. De esta manera, los tipos de
control existentes dependen del momento del desarrollo de capitalismo y el tipo de
empresa en cuestión.
Las interpretaciones dualistas de los mercados de trabajo, junto a los estudios sobre el
proceso y la organización laboral, establecieron importantes desafíos a las explicaciones de
la economía convencional. Los empleos y puestos de trabajo varían a través de los
diferentes mercados y su asignación no depende, como afirma la teoría del capital humano,
de las calificaciones y productividad de la mano de obra, sino que responde
fundamentalmente a las condiciones socio-económicas de los trabajadores. Así, los
83
sectores de la población que se encuentra en peores condiciones sociales (como por
ejemplo minorías étnicas, mujeres y jóvenes de sectores populares) suelen verse relegados
a los peores puestos de trabajo disponibles (Offe y Hinrichs: 1985).
84
puestos de trabajo se encuentra en su posición en la estructura social. La existencia de
mercados de trabajo con distintos patrones de comportamiento, consecuencia de
diferencias cualitativas en la conformación de los mismos con respecto a sus dimensiones
básicas como el reclutamiento, la asignación a los puestos de trabajo, la formación, las
carreras y trayectorias de los trabajadores, y los sistemas de remuneración, constituye el
núcleo de la noción de segmentación que implica discontinuidades en el funcionamiento de
los mercados de trabajo y en el comportamiento de los trabajadores y los empleadores
(Villa: 1990).
Tanto los estudios de los procesos como de los mercados de trabajo avanzaron en la
incorporación a sus esquemas conceptuales de las prácticas sociales de los trabajadores y
sus hogares como actores que influyen en los resultados y formas que adquieren los
fenómenos laborales. En esta dirección, se incorporó los ámbitos reproductivos a los
estudios de los mercados de trabajo ya que muchos comportamientos laborales pueden
encontrar su explicación en dicho espacio (Picchio: 1992).
85
segmentación. Los nuevos enfoques de la segmentación con mayor énfasis sociológico,
reafirman la condición social de la fuerza de trabajo y el carácter institucional de los
procesos englobados en los mercados de trabajo.
86
procesos locales específicos que conforman espacios de negociación y conflicto entre los
empresarios y trabajadores (Peck: 1996)2.
Desde este punto de vista los mercados sólo pueden existir insertos en una determinada
estructura social. Una sociedad está organizada a partir de complejos de sociabilidad
estructurados por el entrelazamiento de factores socio-organizativos de reciprocidad y de
asociación. Los factores de reciprocidad se basan en relaciones personales y en la primacía
de los intereses del grupo sobre los individuos donde sus miembros realizan determinados
“sacrificios” a favor de otros integrantes con el compromiso que -en alguna medida- serán
posteriormente compensados. Es importante subrayar que las relaciones reciprocidad no
implican simetría y que en las sociedades actuales asumen una alta variedad de formas. Por
su parte, los factores de asociación incluyen la defensa de los intereses de un grupo frente a
otros que se expresa en la distribución de los recursos en una determinada sociedad. Así, el
comportamiento de los mercados dependen de contextos socio-reguladores (articulación de
factores de reciprocidad y asociativos) muy alejados de la idea de la regulación de la mano
invisible del mercado guiada por la oferta, la demanda y los precios 3.
2
“Labor markets are shot through with intractable dilemmas of social regulation. The invisible hand of
market regulation cannot simply be supplanted by the visible hand of state regulation in accounts of the
operation of labor markets. The term preferred here, social regulation, is unashamedly more ambiguous,
encompassing the disciplining effects of market regulation, purposive regulatory action on the part of the
state, and the diverse effects of social institutions, practices and conventions. There is no guarantee that their
combined effects will be functional. Rather, the result is a complex and dialectical interplay between labor
market structures and dynamics on the one hand and regulatory institutions and processes on the other. It is
this complex dialectic which should lie at the heart of labor market analysis, and unpacking it is an essential
prerequisite for understanding how real-world labor markets work and their variability over time and space”
(Peck, 1996: 17).
3
“En las raíces de la regulación social en general durante la época industrial se encuentran a la vez formas
asociativas y reciprocas de relaciones humanas. Como ya se ha señalado en el capítulo 1, la estructuración de
las sociedades industriales es el resultado de las complejas interacciones entre tres órdenes de factores: las
tensiones competitivas, las relaciones asociativas y las relaciones reciprocas. Aunque puede ser cierto que la
importancia de las segundas decrece con el desarrollo industrial, como señalaron algunas concepciones
clásicas de la sociología, desde Durkheim hasta Tönnies y Weber, también lo es que no han desaparecido y
que continúan desempeñando un papel crucial, aunque diferente, en las sociedades industriales. ... Más en
general, es importante comprender el potencial regulativo de las estructuras reciprocas transformadas y
adaptadas se ejerce en dos líneas: la limitación de las tensiones del mercado más allá de los confines
establecidos por la estructura reguladora asociativa y la absorción de las tensiones de mercado en formas que
o bien están prohibidas, o bien no se tienen en cuenta de manera adecuada por el sistema de regulación
asociativo.” (Mingione, 1993: 155-156).
87
Las relaciones sociales de trabajo se estructuran a partir de ambos tipos de factores socio-
organizativos, estableciendo vínculos que, por supuesto, exceden ampliamente los aspectos
mercantiles del intercambio laboral. Inclusive, en las denominadas sociedades “modernas”
y/o “complejas” se observa que, en general, en los procesos de intercambio mercantil
intervienen instancias de regulación social delimitadas por situaciones “morales”
específicas (Thompson: 1979; Appadurai: 1991).
4
“La reciprocidad equilibrada es menos personal que la reciprocidad generalizada. Según nuestro punto de
vista, es más económica. Las partes se enfrentan como intereses económicos y sociales distintos. El aspecto
material de la transacción es, por lo menos, tan importante como el social; hay un reconocimiento más o
menos preciso, ya que las cosas dadas deben ser retribuidas en un corto período. (...) Es importante tener en
88
La regulación social de los mercados y relaciones de trabajo pueden, y suelen, incluir este
tipo de lazos de reciprocidad, sosteniendo los aspectos mercantiles y asociativos del
vínculo laboral. La cada vez más firme consideración de la “naturaleza” social del trabajo,
que implica su necesaria inserción en una determinada estructura y organización social, y
la visualización del mercado de trabajo como un fenómeno institucional que debe ser
socialmente regulado para su desenvolvimiento, consolidaron los enfoques sociológicos de
esta temática. Esta regulación, que es siempre imperfecta y contradictoria, incluye acciones
del estado, prácticas de los hogares, instancias comunitarias, y otras organizaciones e
instituciones de la sociedad civil. En este marco de referencia, las particularidades del
trabajo en tanto mercancía genera una serie de contradicciones y tensiones en las
dimensiones básicas de la organización del mercado y proceso laboral que deben ser
gestionadas a través de un proceso de regulación socialmente construido que incluye las
siguientes cuatro dimensiones (Peck: 1996).
cuenta que en la forma principal de las reciprocidades generalizadas, la corriente material se ve sustentada
por las relaciones sociales prevalecientes; mientras que en el caso del intercambio equilibrado, las relaciones
sociales se apoyan sobre el flujo de objetos materiales.” (Sahlins, 1974: 213)
5
“La reciprocidad negativa es el intento de obtener algo a cambio de nada, gozando de impunidad; entran
aquí las distintas formas de apropiación, las transacciones iniciadas y dirigidas en vista a una ventaja utilitaria
netas. Los términos que se emplean en etnografía para señalar esta modalidad son „regateo‟, „trueque‟,
„juego‟, „subterfugio‟, „robo‟ y otras variantes” (Sahlins, 1974: 213)
89
La sobrerepresentación de estos grupos en estas ocupaciones se debe a su condición social
más que a explicaciones referidas a su dotación de “capital humano”. Así, el capital
aprovecha determinadas condiciones de la estructura social que le facilitan la explotación
de la fuerza de trabajo.
Los procesos de regulación social del trabajo estructurados a partir de las cuatro
dimensiones anteriormente especificadas (la transformación de la población en
trabajadores asalariados, la asignación de los puestos de trabajo, las relaciones de trabajo
en el sitio de producción -workplace-, y los procesos de reproducción de la fuerza de
trabajo) son el resultado de una compleja imbricación de factores organizativos de tipo
asociativo y de reciprocidad que conforma un determinado complejo socio-regulador.
Estos fenómenos en las producciones agrarias generalmente constituyen escenarios
estructurados fuertemente a partir de principios de reciprocidad y con menor desarrollo de
los factores de tipo asociativo.
90
conflictos y tensiones que deben ser resueltos, en alguna medida, por los dispositivos
socio-reguladores presentes en la organización social.
Por su parte, en las agriculturas de los países centrales, en el caso de las producciones muy
intensivas en requerimientos de trabajo manual, como la agricultura californiana o del
mediterráneo europeo, es habitual –como hemos visto- encontrar trabajadores migrantes en
muchas ocasiones en condiciones irregulares para la normativa legal vigente. A la vez que,
suelen encontrarse alta proporción de mujeres participando de estos mercados laborales y
en condiciones claramente desfavorables.
91
flexible capaz de ingresar y salir de los mercados de trabajo y desempeñar jornadas
irregulares de trabajo, condición que le permite ajustar las ocupaciones remuneradas con
las exigencias y cargas de las actividades domesticas (Pedreño Cánovas: 1999).
92
Esto genera, en muchas ocasiones, la presencia de diferentes modalidades de
intermediación laboral.
Por ejemplo, una gran empresa californiana dedicada a la producción de lechuga, que en su
estrategia de contratación recurre mayoritariamente a trabajadores indocumentados,
desarrolló un sistema de reclutamiento descentralizado que se estructura a través de la
figura del capataz. Aquí, los capataces cumplen prácticamente el rol de un contratista que
aporta, a una determinada empresa, la mano de obra y su supervisión. Esta figura para
movilizar el trabajo necesario recurre a sus redes sociales de familiares, vecinos y amigos,
tanto de su localidad de origen en México -ya que muchas veces son originarios de ese
país- como de los lugares que habitan en los Estados Unidos. Así, la contratación y la
supervisión del trabajo están supeditas a ese entramado de obligaciones y reciprocidades
que este tipo de redes sociales establece entre los participantes. Se puede observar que los
procesos socio-reguladores están dominados por factores de reciprocidad (Thomas: 1985).
93
Las negociaciones pueden incluir diferentes aspectos de la relación de trabajo como las
condiciones de vida y de trabajo, los niveles y los sistemas de remuneración, los beneficios
no monetarios, la lealtad y el compromiso de los trabajadores, etc. (Ortiz: 1999 y 2000).
Los contratos de trabajo de cosechas manuales, que deben realizarse en periodos de tiempo
restringidos, suelen caracterizarse por el mayor poder negociador de los trabajadores,
situación que favorece la posibilidad de discutir los niveles de remuneración. Estas
condiciones se traducen, comúnmente, en la utilización de sistemas de remuneración a
destajo que favorecen los intereses de ambas partes, promoviendo mayor productividad y
otorgando remuneraciones acorde a las expectativas de los trabajadores. Esta modalidad de
remuneración, en los casos de cosechas con exigencias de calidad, es acompañada por
importantes niveles de supervisión y sanciones –fundamentalmente despidos- cuando los
trabajadores no cumplen las expectativas de los empleadores.
Los contratos de trabajo por día, establecidos fuera de la estación de mayor demanda
laboral, se establecen en un escenario que otorga menor poder de negociación a los
trabajadores. Aquí, muchas veces, los trabajadores priorizan la obtención de la ocupación
sobre las condiciones de la misma y, en los casos de establecimientos medianos o
pequeños, suele no respetarse la legislación laboral.
94
un lado, se encuentran aquellas unidades donde dispositivos externos al trabajador se
ponen en funcionamiento en un contexto de burocratización del establecimiento
agropecuario y, por otro, aquellas donde la disciplina se obtiene a partir de relaciones de
tipo paternalista (Naredo y Sumpsi: 1984). En desarrollos conceptuales más recientes se
suele señalar, en muchas ocasiones, la presencia simultanea de diferentes tipos de
dispositivos de disciplinamiento (Ortiz: 1999 y 2000)
95
cumplen las redes sociales de parentesco y amistad en los procesos de reclutamiento y de
organización del proceso de trabajo. Las relaciones de control son principalmente de
carácter personal y se construyen a través de las redes de relaciones tejidas por el capataz,
así a un determinado grado de arbitrariedad del mismo se agrega la cadena de favores y
contra-favores presentes en toda relación de reciprocidad.
96
La reproducción de las fuerza de trabajo, aunque limitada por la lógica mercantil, no
depende exclusivamente del mercado. El trabajo doméstico generalmente a cargo de las
mujeres juega un papel fundamental en los procesos de reproducción de la fuerza de
trabajo, siendo una condición a la vez que está condicionado por el trabajo asalariado. La
reproducción de los hogares y, consecuentemente, de su fuerza de trabajo articula en sus
complejos socio-reguladores factores organizativos tanto asociativos como de
reciprocidad, siendo estos últimos de enorme importancia para la comprensión de estos
fenómenos.
De esta manera, podemos encontrar, por ejemplo, familias con sus jefes de hogar
trabajando en la construcción y logrando cierto nivel de formalización en las relaciones de
empleo y sus mujeres ocupadas en la agricultura y en el acondicionamiento de frutas y
hortalizas de modo informal. La movilidad geográfica se articula a través de las diferentes
modalidades de contratistas existentes que organizan el desplazamiento de la mano de obra
de modo tal que se logre satisfacer la demanda de producciones diseminadas por un amplio
territorio. En tanto que, la movilidad entre ocupaciones le permite a estas familias acceder
a un variado número de ocupaciones con las cuales buscan completar un calendario anual
de trabajo lo más continuo posible. Estas familias a través de sus diferentes miembros y en
distintos momentos del año se ocupan en la agricultura, el acondicionamiento de hortalizas
y frutas, la conserva, la construcción, la hotelería, y la confección domiciliaria de ropa y
calzado, buscando generar los ingresos necesarios para su reproducción (Pedreño Cánovas:
1999).
97
siendo mucho menores sus índices de rotación de empleo. La presencia de las mujeres en
estos mercados de trabajo combina una serie de factores que incluyen las estrategias de
segmentación de las empresas, la imposibilidad que se les presentan para ingresas a otros
mercados dadas las barreras existentes, y la condiciones que estas ocupaciones permiten,
dada su variabilidad, de compatibilizar las actividades remuneradas con las tareas
domésticas, que desembocan en la reconocida doble carga de trabajo que enfrentan las
mujeres cuando se incorporan al mercado de trabajo asalariado (Thomas: 1985).
V. 3. Síntesis de la propuesta
Los mercados de trabajo son resultado de un complejo proceso de regulación social que
incluye diferentes principios organizativos (de reciprocidad y asociativos). Los complejos
socio-reguladores, construidos y estructurados en situaciones y mercados de trabajo
determinados, incluyen y pueden ser abordados -según el caso- a partir de las dimensiones
y aspectos reseñados en el siguiente cuadro.
98
Cuadro: Nº V. 1. Los procesos de regulación social del trabajo: sus dimensiones y
aspectos intervinientes
Legislación, organizaciones de
Regulación socio-institucional representación de intereses patronales,
sindicatos, organismos públicos, etc.
Construcción de consensos,
Relaciones de trabajo en sitio de involucramiento de los trabajadores,
producción emergencia de conflictos, relaciones de
reciprocidad, etc.
99
100
Parte II: Los mercados de trabajo agrarios en la Argentina
101
102
VI. Los mercados de trabajo en el agro argentino: de la economía agro-
exportadora al desarrollo del mercado Interno
1
Esta región históricamente esta conformada por las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Entre
Ríos y La Pampa. Tradicionalmente, estas provincias se caracterizaron por la producción agrícola extensiva
(granos y cereales) y la actividad ganadera bovina. En los últimos años, resultado de los procesos de
agriculturización y del desarrollo de una ganadería bovina refinada, se sumó a esta región la provincia de San
Luis.
2
Esta Región está integrada por las siguientes provincias: Catamarca, Jujuy, La Rioja, Salta, Santiago del
Estero, y Tucumán. En varias de estas provincias, como veremos a través del capítulo, se desarrollaron
diferentes producciones agroindustriales intensivas en la demanda de mano de obra.
3
Esta región, integrada por las provincias de Mendoza y San Juan, se caracteriza por la importancia de la
producción vitivinícola.
103
de yerba mate en la Región Noreste4, la producción de tabaco en el Noroeste, y la de
frutales de pepita en norte de la Patagonia5.
Mapa Nº1 – Regiones de la República Argentina
4
Esta región está integrada por las provincias de: Chaco, Corrientes, Formosa y Misiones. En términos
generales la región se caracteriza por la importancia de establecimientos familiares y de mediana
envergadura. Destacándose la producción de algodón y de yerba mate.
5
La región Patagónica está conformada por las siguientes provincias: Chubut, Neuquén, Río Negro, Santa
Cruz, y Tierra del Fuego. La región se caracteriza por la ganadería extensiva ovina y la fruticultura en las
provincias de Río Negro y Neuquén.
104
Región Pampeana como en las denominadas economías regionales y, luego, abordamos la
expansión de estos mercado de trabajo en el contexto de la economía centrada en el
desarrollo del mercado interno.
Para la misma fecha, casi la mitad de la población del país, 3.727.800 personas, el 47,3%,
tenía residencia rural. La población ocupada en el sector agropecuario ascendía a 880.000
trabajadores que representaban casi el 28 % del total de la PEA. Por su parte, los
asalariados registrados por el censo en el sector representan el 31% de los ocupados del
mismo (Bisio y Forni: 1977; Aparicio y Benencia: 1999)
El censo del año 1908 -por encima de las limitaciones de sus datos6- evidencia la presencia
de importantes mercados de trabajo de diferentes características, permanentes y
transitorios, en las distintas actividades productivas, agrícolas y ganaderas, de las
provincias de la región pampeanas y de otras provincias del país. La fuente mencionada
registra 345.700 ocupados en tareas transitorias de ganadería, principalmente esquila, que
representan el 36% de los ocupados en esa actividad, y 724.800 ocupados en tareas de
cosecha que daban cuenta del 56% de los ocupados en actividades agrícolas (Ortiz: 1955).
6
La definición de las categorías ocupacionales utilizadas por el censo no tienen la precisión necesaria para la
interpretación adecuada de la información. Por ejemplo, permanece la duda sobre la posibilidad de que estén
sobreestimados los trabajadores transitorios por contarlos más de una vez en los diferentes establecimientos
contratados.
105
A pesar de la expansión de la superficie agropecuaria en el corto lapso transcurrido entre
1908 y 1914 no se produce una expansión de la demanda de mano de obra dada la
mecanización de las actividades productivas de la región pampeana7. La mecanización
temprana de la agricultura fue interpretada como una respuesta del desarrollo del
capitalismo a las carencias de mano de obra que enfrentaba el sector, generando un patrón
de desarrollo tecnológico ahorrador de mano de obra (Tort: 1980; Bocco: 1991).
7
“Las máquinas y enseres que se hallaban al servicio de la ganadería en 1908 fueron valuadas en 65 millones
de pesos; las de 1914 en 195 millones. ... El capital invertido en maquinaria destinadas a la agricultura que en
1908 era de 120 millones, en 1914 era de 210 millones.” (Ortiz, 1955: 195).
106
década del setenta del siglo XIX en la provincia de Buenos Aires se eliminan
progresivamente dichos dispositivos. En las tareas de esquila, las que mayores
requerimientos de mano de obra presentaban, participan un creciente número de migrantes
de otras provincias del país como Santiago del Estero. Estos migrantes podían retornar a su
provincia de origen o permanecer en la región para ocuparse en las diferentes tareas
estacionales señaladas. Así, la autora citada estima que la actividad de esquila ocupaba en
la provincia de Buenos Aires en el año 1885 alrededor de 30.000 trabajadores.
En general, los asalariados en el sector percibían remuneración por encima de las vigentes
en el conjunto de la economía y, consecuentemente, en los momentos de mayor demanda
atraía brazos habitualmente ocupados en actividades de base urbana.
107
En estos escenarios, caracterizados por la abundancia de tierras y escasez de mano de obra,
los productores para asegurarse el acceso a los trabajadores necesarios recurrían a formas
de aparcería. Estos contratos tenían la ventaja de proveer la mano de obra del trabajador
aparcero junto a la de sus familiares. Los aparceros luego de sucesivos años de buenos
precios de las producciones, dada su participación en alguna proporción de los beneficios
de la actividad como forma de remuneración, podían experimentar procesos de movilidad
social, que recorrían los tradicionales escalones de jornalero, aparcero y propietario
(Míguez: 1993)
Las actividades de cosecha, que plantean los mayores requerimientos de mano de obra,
utilizan trabajadores asalariados, incluso en pequeñas unidades a partir de las diez
hectáreas. Así, se genera un mercado de trabajo estacional abastecido por un segmento de
trabajadores que debe desplazarse, aproximadamente, durante la mitad del año (entre los
meses de septiembre y abril) para cubrir las necesidades de trabajo de las cosechas de los
diferentes cultivos, principalmente trigo, maíz y lino.
108
trabajadores mantienen el carácter itinerante y estacional pero establecen una única
relación con un empleador que brinda el servicio a diferentes productores. Esta fuerza de
trabajo se nutre de migrantes golondrinas o migrantes establecidos en la región que pueden
proceder tanto de otras provincias como del continente europeo. Estos desplazamientos
suelen incluir trabajadores urbanos atraídos por los salarios relativamente altos presentes
en la actividad8, e involucran un conjunto diverso de intermediarios que con mucha
asiduidad no respetaban los contratos establecidos9.
8
La siguiente cita refleja la magnitud del estos fenómenos. “El movimiento estacional de las cosechas
pampeanas es cuantitativamente importante: según el Censo Agropecuario de 1908 es del orden del medio
millón de personas. Esta cifra puede considerarse como un buen indicador promedio, cuyas variaciones
dependen de la superficie sembrada, el estado de los sembradíos en el momento de la cosecha y la utilización
de maquinaria. La recolección de maíz moviliza no menos de 200.000 trabajadores, el 15% de los cuales son
mujeres y niños (Ansaldi, 1993: 40).
9
A fines del siglo XIX y principios del siglo XX, un estudioso que realizó una investigación, encargada por
el gobierno nacional, sobre la situación de la clases obreras en la Argentina para la cual realizó un importante
trabajo de terreno nos grafica esta situación: “Una multitud de intermediarios, agentes de conchavo, con casa
fija o ambulante viven de engañar miserablemente a los pobres trabajadores; estipulan condiciones que luego
no reconocen los patrones, tanto sobre el jornal, como sobre las horas de trabajo, la cantidad y calidad de la
comida, los pasajes y demás detalles del contrato; se acude a mil artificios para explotarlos, y una multitud de
procuradores de campaña, sin ciencia ni conciencia, les sacan los pocos pesos que tienen, tras de resultados
hipotéticos de pleitos, en los que el trabajador pierde, hasta cuanto gana.” (Bialet-Massé, 1985: 92).
109
de diferentes organizaciones sindicales, que le permitió enfrentar la reacción patronal con
mayor éxito en comparación con lo acontecido en el sur de la provincia10.
La década del cuarenta, en el marco de los primeros años del peronismo, se caracterizó por
la crisis de la agricultura pampeana así como por el avance la de la legislación laboral y el
mayor poder sindical, modificando el funcionamiento de los mercados de trabajo agrícolas.
La organización de los mercados de trabajo estacional a partir de la acción de los
sindicatos y de las bolsas de trabajo se regula en función de jurisdicciones cerradas y
preestablecidas, determinando la obligatoriedad de contratar asalariados para puestos
definidos, y el establecimiento de turnos rotativos para el empleo de los trabajadores. Esta
modalidad de funcionamiento de los mercados de trabajo provocó diferentes conflictos en
la zona norte de la provincia de Buenos Aires, sur de Santa Fe y Este de Córdoba. El
cambio tecnológico y la acelerada mecanización de la agricultura pampeana en la segunda
mitad del siglo XX modifica radicalmente este escenario (Mascali: 1986).
10
Estos conflictos renacen en los años treinta en la Región Pampeana, con particular énfasis en la provincia
de Santa Fe, consecuencia de la persistencia de las malas condiciones de trabajo y la nueva caída de los
salarios luego de algunos años de recuperación (Sartelli: 1993a y 1993b).
110
implicaron la conexión de dichas regiones con los mercados del litoral pampeano a través
del ferrocarril y la conformación de mercados de trabajo capitalistas.
111
En la provincia de Tucumán, el desarrollo de la agroindustria azucarera, la conformación
de mercados de trabajo y la constitución de segmentos de trabajadores asalariados,
involucró diferentes procesos que, como es común en esos escenarios, incluyeron
dispositivos legales de tipo coercitivos y mecanismos de endeudamiento utilizados para
movilizar y disciplinar la población trabajadora. La conformación de estos segmentos de
trabajadores asalariados sumo al disciplinamiento laboral de la población, procesos de
descomposición campesina, y la inmigración de población de provincias vecinas como –
por ejemplo- Santiago del Estero (Campi: 1998).
112
disuadirlos frente a las penosas condiciones de trabajo y de vida prevalecientes en las
fincas y en los ingenios azucareros.
Las otras dos provincias azucareras de la región, Jujuy y Salta, desarrollaron en torno al
Valle del Río San Francisco grandes establecimientos, que integraron verticalmente la
producción primaria y el procesamiento agroindustrial, movilizando enormes contingentes
de mano de obra11. Los trabajadores permanentes correspondían mayormente a población
criolla provenientes de diferentes provincias de la región. Entre los trabajadores
permanentes de surco también se encontraban aborígenes de etnia Chiriguana procedentes
de Bolivia y otros grupos aborígenes procedentes del Chaco Salteño, como los
pertenecientes a las etnias Toba, Pilaga y Mataco. La presencia de intermediarios era
generalizada en la movilización de esta fuerza de trabajo.
11
La siguiente cita, referida al Ingenio Ledesma, refleja la magnitud de los volúmenes de mano de obra
utilizada por estos establecimientos. “En 1922, el ingenio empleaba en la fábrica y en sus plantaciones,
durante la „estación muerte‟, 3.000 trabajadores. Este número llegaba a 6.000 en la época de zafra.”
(Rutledge, 1987: 168).
113
que estuviese disponible para los ingenios en momentos puntuales del ciclo productivo,
principalmente la cosecha (Teruel de Lagos: 1991).
El Código Rural de 1915 de la provincia de Jujuy establecía normas muy favorables para
los patrones sobre la jornada de trabajo, el trabajo de mujeres y de niños, las condiciones
de trabajo, y las formas de pago. Con respecto al último punto era muy habitual el pago
con mercadería que podía ser utilizado como un mecanismo de endeudamiento y de
coacción para mantener la relación de trabajo en la próxima cosecha. Este código, como se
mencionó, estuvo vigente hasta la década del cuarenta, desplazado por la instauración a
nivel nacional de la legislación laboral para los trabajadores agropecuarios. Hasta ese
momento la legislación laboral que beneficiaba a estos trabajadores en la provincia se
reglamentaba sistemáticamente con mucho retraso o directamente no se lo hacía, a la vez
que era de muy escaso cumplimiento la legislación nacional vigente.
114
Los dispositivos para disciplinar y controlar a los segmentos de la población que debían
conformar esa oferta de trabajo asalariado son similares a los existentes en otros sitios y
experiencias, como la obligación de encontrase empleados y la posibilidad de la autoridad
pública de aplicar sanciones en caso contrario. En esta provincia estos segmentos de
población estaban constituidos principalmente por sectores de campesinos, con acceso a la
tierra a través de formas de tenencia comunal originadas durante el período colonial,
sujetos a procesos de diferenciación social. Aquí, las alternativas de medios subsistencia al
salario de los segmentos de población que alimentaban la oferta de trabajo asalariado
resultaba funcional a una demanda organizada y centrada en tareas estacionales. Sin
embargo, estas características de la demanda producía momentos específicos de escasez de
brazos para el desempeño de las labores, momentos en los cuales debían intervenir los
dispositivos de control y de disciplinamiento de esta población. Las posibilidades de
resistencia que estos trabajadores tenían no sólo se asociaban a medios de subsistencia
alternativos al salario sino que también se fundaban en las alternativas que las migraciones
estacionales hacia zonas de economías dinámicas y de mercados de trabajo demandantes
les brindaba. La autora citada menciona estimaciones que para principios del siglo XX
indican la existencia de más de seis mil riojanos que migran hacia cosechas de la pampa
húmeda, del azúcar en Tucumán o la vendimia en la Región de Cuyo.
Luego de la crisis de los años treinta, el desarrollo del mercado interno favoreció la
expansión de las producciones extra-pampeanas y generó, como desarrollaremos en el
próximo punto, la expansión de distintos mercados de trabajo asociados a las mismas. La
crisis del modelo de economía sustitutivo de importaciones implicó un límite a estas
actividades, cuando no encontraron una salida exportadora, que se manifiesta, como
veremos en los capítulos siguientes, en la dinámica de estos mercados de trabajo.
115
realizados en esas provincias crecieron sostenidamente mientras se deterioraban los
correspondientes a los cultivos pampeanos. El área cultivada fuera de la Pampa Húmeda
con frutales y cultivos industriales crece, entre 1935 y 1955, un 70%. Esta expansión a
partir de los años cincuenta comienza a encontrar sus límites en algunos cultivos como el
algodón, mientras que en otros, como el tabaco, que profundizan su orientación
exportadora, continúan su crecimiento. A partir de mediados de los años setenta, los
denominados cultivos regionales, que no encontraron alternativas exportadoras, sufrieron
la crisis del modelo económico sustitutivo de importaciones, centrado en el mercado
interno, dadas las restricciones surgidas en el consumo doméstico.
Los establecimientos agropecuarios se incrementan entre el inicio y el fin del período cerca
de 90.000 unidades pasando de 450.000 registradas en el Censo Nacional Agropecuario de
1937 a 538.000 en el censo del año 1969. A la vez que, los procesos reflejados en las cifras
censales evidencian las transformaciones acontecidas en las estructuras poblacionales y
ocupacionales del sector agropecuario de la Argentina.
El porcentaje de la población rural desciende del 38% al 21% entre los años 1947 y 197012.
Por su parte, la población económicamente activa agropecuaria, desciende para el mismo
período, en términos absolutos, 235.000 ocupados, ubicándose en 1.411.000 ocupados.
Esta caída se acentúa en términos relativos pasando la población económicamente activa
agropecuaria del 26% al 16% entre los años 1947 y 1970. Para la última fecha los
asalariados representan el 54% de los ocupados del sector (Torrado: 1992; Aparicio y
Benencia: 1999).
12
Para el año 1947 la población rural ascendía 6.008.000 habitantes mientras que para el año 1970 era de
4.906.000. Para la última fecha este promedio evidencia diferencias regionales significativas,
correspondiendo el porcentaje más bajo a la Región Pampeana (7%) y los más elevados a las regiones del
Noroeste (22%) y del Noreste (23%).
116
la década del 30, recurrieron a población campesina proveniente de la Puna13 para
abastecerse de la mano de obra asalariada necesaria para el cultivo.
La figura de los intermediarios, que muchas veces eran los administradores de las
haciendas controladas por los ingenios, junto a los clásicos mecanismos de endeudamiento,
fueron dispositivos presentes en el funcionamiento de estos mercados de trabajo. Las
formas de transporte hacia la zona de producción azucarera, el estado de los alojamientos
en estas últimas, y las condiciones de trabajo y de vida, se caracterizaban por sus
deficiencias generalizadas y precariedad (Reboratti: 1974; Bisio y Forni: 1976).
Una alternativa consistía en que el cosechero contratase un ayudante para realizar las tareas
de cosecha, modalidad que se denomina “cuarta”. En estos casos el cosechero se tenía que
asegurar una cantidad suficiente de caña para cosechar de modo que la actividad sea
redituable luego de pagar a su ayudante. Para lograr dicho propósito, los trabajadores
solían apoyarse en relaciones de tipo personal con los encargados que asignaban las
superficies a cosechar o directamente lo conseguían a través del soborno. En algunos
13
La Puna corresponde a una región geográfica caracterizada por constituir una planicie de altura.
117
casos, los cosecheros se convertían en pequeños contratistas de mano de obra que
solamente coordinaban y organizaban el trabajo de los “ayudantes” contratados, siendo una
modalidad de contratación que acentuaba la situación de explotación de trabajadores de
nacionalidad boliviana sin papeles para trabajar o residir en la Argentina. Desde el punto
de vista del trabajador el desempeñarse como “cuarta” constituía una forma de
incorporarse a la actividad y a la trayectoria de un cosechero de caña (Whiteford: 1981).
El progreso de la legislación laboral a partir de los años cuarenta, tanto para los
trabajadores permanentes como para los transitorios, y la voluntad de hacer cumplir esa
legislación, por parte de los funcionarios de la primera época peronista mejoraron, en
alguna medida, las condiciones de los mercados de trabajo en la agricultura.
Particularmente, en la actividad azucarera del noroeste implicó salarios más elevados,
mejores condiciones de vida y de trabajo, y algunos límites a los abusos de los contratitas e
intermediarios de mano de obra. Bajo las nuevas condiciones de los mercados de trabajo y
en el marco de la crisis de la economía campesina de la Puna, las migraciones estacionales
para ocuparse en los establecimientos cañeros adquirieron un carácter voluntario y
aumentaron progresivamente su volumen, implicando a la gran mayoría de los varones en
edades centrales de trabajo de los departamentos y localidades de la Puna Jujeña
(Rutledge: 1987).
118
La mecanización de la cosecha de azúcar, producida en las provincias de Salta y Jujuy, a
partir de los años sesenta, implicó una fuerte reducción de la demanda de mano de obra en
la actividad14. La nueva situación con respecto al requerimiento de fuerza de trabajo, junto
con el aumento de la oferta de trabajadores y del desempleo, debilitó la posición de los
contratistas de mano de obra, despojando a sus servicios de la centralidad que habían
adquirido en condiciones de escasez de brazos para la cosecha. En estas condiciones la
contratación de trabajo se restringe crecientemente a trabajadores varones en edades de
máxima capacidad de trabajo, limitándose la posibilidad de empleo para el resto de los
trabajadores.
14
“Como resultado de estas medidas el número de trabajadores estacionales disminuyó drásticamente.
Durante la década de 1956, La Esperanza empleaba alrededor de 5.000 trabajadores de campo estacionales;
en 1966 se emplearon solo 637.” (Rutledge, 1987: 254).
119
La producción de tabacos claros, en las provincias de Salta y Jujuy, experimenta una
sostenida expansión a partir de 1940, favorecida por la dinámica de un cultivo que además
del consumo interno contaba con la demanda correspondiente a la exportación. Se trata de
un cultivo con exigencias de mano de obra a lo largo de todo su ciclo para tareas de
preparación de los almácigos, su trasplante, la cosecha, y el secado y la clasificación de sus
hojas. En las tareas de trasplante participaban principalmente trabajadores temporarios
locales, mientras que las de cosecha, que demandaban aproximadamente 7.800 cosecheros,
eran ejecutadas mayormente por trabajadores migrantes. Este volumen de mano de obra se
conforma tanto por trabajadores bolivianos como por trabajadores provenientes de la puna,
los valles calchaquíes, y la provincia de Catamarca (Reboratti y Sabalain: 1980).
Los trabajadores bolivianos se desplazan hacia las zonas tabacaleras en los, meses de
verano, luego de la zafra azucarera para ocuparse en la cosecha de ese cultivo. La
posibilidad de ocupar a las mujeres en las tareas de poscosecha favorece la migración de
los trabajadores junto con sus familiares. Un estudio, que caracterizó a principios de los
años setenta a los trabajadores de nacionalidad boliviana ocupados en fincas tabacaleras
del departamento de Chicoana en la provincia de Salta, indica que se trata de un segmento
de población joven, el 60% tenía menos de 30 años, que se desempeña principalmente
como trabajadores temporarios. La gran mayoría de estos trabajadores son solteros y
cuando se encuentran casados o unidos su cónyuge o compañera es de su misma
nacionalidad, en cambio sus hijos son de nacionalidad argentina (77%). Algo más de ocho
de cada diez de estos trabajadores no completaron sus estudios primarios y en el setenta
por ciento de los casos sus familias residían en su lugar de origen. Los trabajadores habitan
en las fincas tabacaleras durante la temporada de trabajo, y padecen elevados índices de
hacinamiento, a la vez que carecen de servicios como agua corriente y baño instalado
(Villar: 1972).
120
actividades urbanas o el desplazamiento hacia la vendimia en la Región de Cuyo, se
produce en un porcentaje más reducido. El sesenta por ciento de estos migrantes poseía la
documentación necesaria para desempeñarse laboralmente cumpliendo los requerimientos
legales, sin embargo en la gran mayoría de los casos no se realizaban aportes para la
seguridad social, es decir trabajaban de forma no registrada o en “negro”.
121
adelante desde fines del verano hasta principios del invierno y -en esos años- se realizaba
en forma exclusivamente manual, ocupaba en promedio durante la temporada 59.000
asalariados.
Estos trabajadores se dividían por mitades entre los de origen local y los migrantes. Entre
los últimos predominan los trabajadores procedentes de las provincias vecinas de Santiago
del Estero y de Corrientes y, en menor medida, aquellos provenientes de la vecina
República del Paraguay. Igualmente, la mayoría de los trabajadores nacidos en otras
provincias o el Paraguay a principios de los años setenta se habían establecido en la
provincia del chaco. Estos trabajadores combinan los trabajos de cosecha en el algodón con
tareas de hacheros en obrajes madereros y, en segundo lugar, de cosecha en la caña de
azúcar, intercalando periodos de ocupación y desocupación.
Otra actividad de la región del Noreste que se expandió asociada al crecimiento del
mercado interno, y experimentó las crisis vinculadas a sus limitaciones, es la producción
de yerba mate en la provincia de misiones. En esta actividad a partir de las cinco hectáreas
los establecimientos contratan trabajo asalariado para la realización de la cosecha que se
extiende entre los meses de marzo a septiembre. Esta tarea se paga a destajo y junto a los
cosecheros suelen participar sus familiares, cónyuges e hijos, involucrando
aproximadamente diez mil personas en la realización de la cosecha; la mayoría de estos
trabajadores residen en la provincia.
122
secaderos16 a través de cuadrillas contratadas u organizadas por los mismos. La forma de
pago del salario en la mayoría de los casos combina el pago en efectivo con la entrega de
alimentos. Los sobreprecios asignados a estos últimos reduce el salario real que es
percibido por los trabajadores. Las condiciones de trabajo y de vida de estos trabajadores
son altamente deficitarias y su nivel educativo formal es muy bajo, completando los
estudios primarios menos del 10% de los mismos. Estos trabajadores se desempeñan
también en la cosecha de te y de tung en la misma provincia y, como la gran mayoría de
los asalariados transitorios en la agricultura, intercalan períodos de ocupación y de
desocupación, padeciendo elevados niveles de precariedad laboral (Flood y otros: 1972;
Reboratti y Sabalain: 1981).
16
Los secaderos constituyen una instancia de acondicionamiento del producto necesaria antes de su
comercialización y de su consumo
123
de ferrocarril de capital inglés que encabezó las primeras actividades de investigación
adaptativa y de extensión y transferencia de tecnología, así como también la puesta en
actividad de una empresa dedicada al empaque que a la vez brindaba créditos a productores
para la adopción de tecnología, clasificación y distribución de la fruta. También se suman a
estas iniciativas, aunque más rezagadas, otras del Estado, del sector privado y de
cooperativas incipientes (Miranda, 1997).
A fines de los años sesenta y principios de los setenta existían en la zona del Alto Valle del
Río Negro, ubicado en el norte de la Patagonia Argentina, 61.000 hectáreas bajo riego que
se distribuían, principalmente, entre los siguientes cultivos: manzanas (20.400 hectáreas),
vid (13.100 hectáreas), peras (5.300 hectáreas) y alfalfa (11.100 hectáreas). En la década
del sesenta la producción de frutales de pepita experimentó un importante cambio
tecnológico asociado en el sector primario a la incorporación generalizada de tractores y a
la utilización de cajones bins en la etapa de cosecha. Por su parte, en la etapa poscosecha,
el incremento del número de frigoríficos y de su capacidad de almacenamiento provocó la
desestacionalización de las tareas de empaque. En ese contexto, a fines de los años sesenta,
se registraban 16.500 trabajadores de chacra (sector primario) y entre 8.000 y 10.000
trabajadores de empaque (Bendini y Pescio: 1996).
Las tareas de poda y, sobre todo, las de cosecha presentaban elevados requerimientos de
trabajadores manuales que eran cubiertos por migraciones laborales tanto temporarias
como permanentes provenientes de Chile y, en menor medida, de zonas ganaderas
minifundistas de las provincias de Río Negro y de Neuquén. Los aportes de los migrantes
chilenos fueron fundamentales para completar los volúmenes de trabajadores requeridos.
Un estudio realizado en el departamento de General Roca, provincia de Río Negro,
caracteriza a estos trabajadores de la siguiente manera: las tres cuarta parte tenía menos de
cuarenta años, la mitad estaban casados, la misma proporción de cónyuges eran de
nacionalidad Argentina, y esta nacionalidad correspondía a la gran mayoría de sus hijos.
Estos hogares padecen severos déficit habitacionales y, además, el 60% de estos
trabajadores no completó la escuela primaria. La historia migratoria de estos trabajadores
muestra un ingreso al país siendo jóvenes, alrededor de veinte años de edad, insertándose
dos tercios de los mismos en mercados de trabajo agrario. La proporción restante podía
124
encontrar ocupaciones en otros sectores de la economía como, por ejemplo, la minería
(Pavón y Rodríguez: 1972).
El surgimiento de estos mercados de trabajo incluye, superando las restricciones con las
que se quería fijar originalmente la mano de obra, importantes elementos de flexibilidad
residencial y ocupacional. Por su parte, las relaciones de trabajo incluyen modalidades de
contratación que brindan rasgos de flexibilidad al vínculo de trabajo. La aparcería en la
Región Pampeana y los contratistas de viña en la vitivinicultura de la provincia de
Mendoza, en los inicios de una agricultura capitalista, constituyeron formas de movilizar
flexiblemente la mano de obra en mercados de trabajo en conformación.
125
magnitud de los contingentes de trabajadores y a las distancias que debían recorrer entre
los lugares de residencia y de trabajo.
126
VII. El empleo agropecuario en la Argentina luego de los años setenta:
magnitudes y características
127
apertura indiscriminada de la economía. Este régimen establecía la paridad cambiaria del
peso argentino con el dólar recurriendo a una política monetaria de tipo de cambio fijo.
Esas medidas contuvieron los fenómenos hiperinflacionarios y fueron acompañadas por el
crecimiento de la economía hasta el año 1998, pero paralelamente acontecía un proceso de
endeudamiento externo y de fuga de capitales (Basualdo: 2003).
Bajo ese escenario se arriba a fines del 2001 a una serie condiciones macroeconómicas y
sociales que desembocan en una crisis de dimensiones extraordinarias. Entre los años 1991
y 2001 el desempleo abierto pasa del 6% a 18,3%, la población pobre del 21,5% al 35,4%
y la población indigente del 3% al 12,2%. Desatada la crisis a fines del año 2001, y la
consecuente devaluación de la moneda nacional, se agudizaron los problemas de empleo y
pobreza, afectando a una gran proporción de la sociedad, alcanzando el 25% la población
imposibilitada de cubrir sus necesidades alimentarias (Teubal y otros: 2005).
128
superficie cultivada, resaltando el comportamiento de las provincias de Salta y Santiago
del Estero en la Región del Noroeste y de la provincia del Chaco en la Región del Noreste.
Fuera de la región pampeana acontecen diferentes procesos como el surgimiento de mega
establecimientos, la dinámica de las producciones exportables realizadas por los
establecimientos medianos y grandes, y la crisis de la agricultura familiar y de las
actividades destinadas al mercado interno (Barsky y Fernández: 2006; Murmis: 1998).
Desde la segunda mitad del siglo pasado, como vimos en el capítulo anterior, la población
rural de la Argentina desciende de modo sostenido, explicando a principios de la década
actual algo más del 11% de la población total1. La población rural, entre los años 1947 y
2001, se reduce en algo más de dos millones de habitantes mientras que la población total
aumenta más de diez millones, aunque, entre las fechas de los dos últimos censos de
población, se observa una desaceleración de la caída absoluta y relativa de la población
rural. Resulta interesante destacar que, 7 de cada 10 habitantes de áreas rurales reside de
forma dispersa, produciéndose la persistencia de algunas de las características de las
ruralidades clásicas junto a la mencionada disminución a niveles muy bajos de la población
rural (Cuadro Nº VII. 1).
La caída de la población rural a partir de la década del ochenta afectó al conjunto de las
regiones del país. Igualmente, las regiones del Noroeste, del Noreste y de Cuyo, mantienen
una participación de la población rural en torno al 20% de total del sus habitantes.
1
El Censo Nacional de Población y Viviendas registra, para el año 2001, 33.475.000 habitantes en la
Argentina.
129
Cuadro N° VII. 1: Población total y rural por región y total país, años 1980, 1991 y
2001
Total País 33.475.466 3.846.366 11,5% 29.650.125 4.179.418 14,1% 27.947.446 4.760.062 17,0%
Pampeana 21.711.553 1.498.261 6,9% 19.726.790 1.713.810 8,7% 17.069.697 2.070.548 12,1%
NEA 3.367.518 785.553 23,3% 2.822.599 893.355 31,7% 2..247.710 938.401 41,7%
NOA 4.168.487 905.265 21,7% 3.456.809 887.044 25,7% 2.848.170 952.172 33,4%
Cuyo 2.489.657 462.841 18,6% 2.161.925 470.841 21,8% 1.826.421 565.368 31,0%
Patagónica 1.738.251 194.446 11,2% 1.482.002 214.368 14,5% 1.032.619 233.573 22,6%
La participación de los asalariados entre los años 1960 y 1991 representaba, con
oscilaciones, la mitad de los ocupados en el sector, alcanzando el valor máximo del 54%
en el año 1970 y el mínimo del 45,6% en el año 1991. La disminución de esta participación
se interpretó, en el marco de la crisis económica de la denominada década perdida en
América Latina, como resultado de la incapacidad de los mercados de trabajo urbanos de
recibir a la población de origen rural y de las posibilidades de refugio que la economía
2
Este dato debe ser interpretado en la coyuntura de la aguda crisis que la economía argentina y el sector
agropecuario enfrentaron a fines de la década del noventa con la consecuente caída del número de
establecimientos en producción y de la demanda de trabajo asociada.
130
familiar brinda a estos sectores de la población. Esta última posibilidad se reduce como
consecuencia de la crisis de la agricultura familiar y a principios de la década actual la
participación de los asalariados se incrementa alcanzando prácticamente el 55% del total
de los ocupados en las actividades agropecuarias del país.
PEA Asalariados
Región Año PEA
agropecuaria agropecuarios
Total Nº % N° %
2001 9.613.367 882.810 9,2 488.564 55,3
Total país 1991 12.271.755 1.364.870 11,1 621.841 45,6
1980 9.786.954 1.201.030 12,3 588.293 49,0
2001 6.542.839 425.628 6,5 233.031 54,6
Pampeana 1991 8.743.925 626.427 7,2 301.312 47,1
1980 7.272.982 593.804 8,2 278.243 46,8
2001 843.053 171.928 20,4 62.474 36,3
NEA 1991 924.653 314.786 34,0 108.316 34,4
1980 698.472 218.494 31,3 79.297 36.29
2001 1.060.307 140.754 13,3 87.287 62
NOA 1991 1.208.475 229.860 19,0 107.015 48,6
1980 895.022 203768 22,8 121.819 59,78
2001 731.794 105.682 14,4 75.924 71,8
Cuyo 1991 814.145 130.791 16,1 70..725 55,5
1980 564.349 124.884 22.1 72.910 58,4
2001 435.374 38.818 8,9 29.848 61,2
Patagonia
1991 580.557 63.006 10,9 34.473 54,7
1980 356.129 60.080 16,9 36.024 59,9
Marcando una característica propia del caso argentino, se observan importantes variaciones
regionales. La Región de Cuyo, caracterizada tradicionalmente por las producciones
vitivinícola, de frutales y de hortalizas, presenta la proporción más elevada de asalariados,
superando el 70%. En el otro extremo, la Región del Noreste, caracterizada por el
predominio de pequeños productores de tipo familiar, muestra la proporción de asalariados
más reducida, con aproximadamente el 35% de los ocupados. Por su parte, la Región
Pampeana especializada en la producción de cereales y oleaginosas y de ganadería vacuna,
con un elevado nivel de mecanización en sus tareas, alcanza valores intermedios de
participación de asalariados pero concentra la mayor cantidad de los mismos del total del
país.
131
A lo largo de la década del ochenta se profundiza el proceso de urbanización de la
residencia de los ocupados en el sector agropecuario3. Estos procesos se acentúan en la
década siguiente, y en lo que respecta a los asalariados del sector su residencia en
localidades urbanas aumenta, a nivel nacional, entre cinco y diez puntos porcentuales.
Este último proceso, junto a los cambios generales experimentados por los hogares de los
trabajadores, modifica el perfil y las características de la oferta laboral en el sector. Ésta, en
la actualidad, moldeada por la presencia cada vez más significativa de trabajadores que
residen en localidades urbanas y que no disponen de tierras para la producción, se explica,
3
“Si bien en las jurisdicciones „pampeanas‟ se registran elevados porcentuales de participación de la PEA
agropecuaria urbana en la PEA agropecuaria total (por ejemplo, 39,4% en Buenos Aires – excluyendo el
Gran Buenos Aires- o 35% en Santa Fe), en otras provincias esta categoría alcanza niveles parecidos, tales
como San Juan con un 39,5%, Jujuy con un 32% y Río Negro con 28,6% de personas ocupadas en la
agricultura con residencia urbana.” (Neiman y Bardomas, 2001: 19).
4
El comportamiento de la región de Cuyo se explica por las características de la provincia de Mendoza y la
participación de la misma en el total de asalariados de la región, ya que tiene –a diferencia de San Juan- una
importante cantidad de asalariados agropecuarios con residencia rural.
132
en gran medida, a partir de la estructura, la dinámica y las condiciones ocupacionales de
este tipo de trabajador y de localidad.
A principios de esta década se registran, según el Censo Nacional Agropecuario 2002, casi
318.0005 establecimientos dedicados a la producción agropecuaria. Este valor implica una
caída del 25% de las explotaciones que fue acompañado por un incremento de su tamaño
medio, pasando el promedio nacional de 118 hectáreas en el año 1988 a 539 hectáreas en el
año 2002. Mientras que la disminución de unidades resultó homogénea entre las distintas
regiones por lo que se mantuvo su distribución relativa, el incremento más sustantivo del
tamaño medio corresponde principalmente a lo acontecido en la región Pampeana, la más
capitalizada del país (Neiman y otros: 2006).
El aumento considerable del tamaño medio de los establecimientos, acompañado por una
relativa estabilidad de su distribución según escala de extensión, se explicaría, entonces,
por la caída de los establecimientos de 100 o menos hectáreas y el incremento del tamaño
de las unidades al interior de los estratos de tamaño siguientes.
5
Este dato no concuerda con el presente en el Cuadro N° VII. 4 debido a que incluye las unidades sin límites
definidos en hectáreas registradas por el censo.
133
Cuadro Nº VII. 4: Cantidad y porcentaje de explotaciones agropecuarias según escala
de extensión, por provincia y regiones. Años 2002 y 1988.
6
Recuérdese, referido a las diferencias de esta información con respecto a la del censo de población, que se
trata de distintas fuentes de información con distintas unidades de análisis que tienen diferentes aptitudes
para captar las categorías ocupacionales y que, por lo tanto, no son comparables. El censo de población
134
Entre los censos agropecuarios de 1988 y 2002 se registra una caída del 26% de la cantidad
de mano de obra permanente, tendencia que se acentúa para las categorías de trabajadores
familiares del productor y no familiares alcanzando al 35% de las mismas. A su vez, los
jornales contratados para tareas temporarias descienden aproximadamente a la mitad,
ubicándose en 16.640.0007. Estas agudas caídas deben ser interpretadas, como ya se
mencionó, en el marco de la crisis de la economía Argentina.
En el otro extremo aparecen las regiones del Noreste y del Noroeste con una participación
de asalariados inferior al promedio nacional, reflejando una importante presencia de
unidades de tipo familiar al interior de las mismas. En la Patagonia se observa un
comportamiento intermedio, ubicándose algunos puntos porcentuales por encima del
promedio nacional.
resulta de mayor confiabilidad, a pesar de sus reconocidos inconvenientes, con respecto al registro de los
trabajadores asalariados.
7
Los últimos dos Censos Agropecuarios de la Argentina indagaron acerca de la cantidad de jornales
contratados para la realización de tareas temporarias.
8
Téngase en cuenta, por ejemplo, que muchas unidades que no contratan trabajadores asalariados
permanentes recurren a la contratación de servicios de maquinaría que implica la incorporación de
trabajadores no familiares del productor.
135
Cuadro N° VII. 5: Trabajadores permanentes según categoría ocupacional, año 2002.
En absolutos y en porcentajes.
Trabajadores Asalariados
Total Productor
Región familiares permanentes
Total País 765.704 340.743 201.181 223.780
(100%) (44,5%) (26,3%) (29,2%)
Pampeana 307.572 153.378 37.360 116.834
(100%) (40,8%) (12,2%) (38,0%)
Cuyo 94.390 39.444 16.158 38.788
(100%) (41,8%) (17,1%) (41,1%)
Noreste 168.797 71.459 70.025 27.313
(100%) (42,3%) (41,5%) (16,2%)
Noroeste 155.457 59.242 69.562 26.653
(100%) (38,1%) (44,7%) (17,1%)
Patagonia 39.488 17.220 8.076 14.192
(100%) (43,6%) (20,5%) (35,9%)
De los establecimientos que contratan asalariados, los que ocupan un único trabajador son
aproximadamente la mitad y dan cuenta de alrededor del 20% de estos trabajadores; en el
otro extremo, donde se contratan 10 o más asalariados, algo menos del 4% de estos
establecimientos explican casi el 30% de los asalariados. Esta última tendencia se acentúa
en la región del Noroeste donde esos establecimientos explican la mitad de los asalariados
contratados. En esta región, entonces, convive el predominio de unidades de tipo familiar
con un reducido número de empresas agropecuarias que contratan un gran número de
trabajadores. Esto se explicaría, por ejemplo y entre otros factores, por la presencia de
grandes ingenios azucareros en las provincias de Salta y Jujuy y la expansión de la
actividad citrícola exportadora concentrada en la provincia de Tucumán (Cuadro N° VII.
6).
136
Cuadro N° VII. 6: Establecimientos con asalariados permanentes y asalariados
permanentes por región según cantidad de asalariados contratados. Año 2002.
Total País 78.291 223.780 55,5% 20,7% 32,8% 31,3% 7,9% 18,6% 3,8% 29,3%
Pampeana 44.741 116.834 54,7% 21,8% 34,2% 34,9% 7,9% 19,6% 3,3% 23,4%
Cuyo 13.941 38.788 58,3 22,8 30,2 30,0% 7,8% 19,5% 3,6% 27,6%
NEA 9.049 27.313 60,9% 23,4% 29,8% 28,4% 5,4% 12,9% 3,9% 35,2%
NOA 5.706 26.653 44,3% 10,2% 34,3% 20,9% 12,8% 18,8% 8,6% 50,0%
Patagonia 4.854 14.192 57,6% 20,6% 30,9% 27,8% 7,3% 16,4% 4,1% 35,1%
137
las actividades frutícolas bajo riego y en las que los asalariados se destacan a partir de las
25 hectáreas, con un comportamiento similar al de la región de Cuyo.
Para el conjunto del país, el 72% de estos ocupados son remunerados con un monto fijo en
dinero, el 16% con un monto fijo en dinero más especies 10 o un porcentaje de la
producción, el 8% en otras formas, y el 4% sin remunerar. Estos últimos corresponden a
familiares de los contratados que no perciben remuneración independientemente de
aquellos.
Con respecto a la utilización del trabajo temporario contratado por el productor, el censo
registra la contratación de jornales, observándose que algo más del 80% de éstos se
contratan en las denominadas regiones extra-pampeanas, previsiblemente asociados a
producciones intensivas poco mecanizadas y concentrados en tareas de cosecha.
9
El carácter general y no discriminatorio de esta categoría dificulta y limita el análisis de esta información.
10
Estas especies pueden corresponder a alimentos, servicios, etc.
138
caso de los frutales, mayormente en tareas de poda y de raleo. La Región de Cuyo,
nuevamente, acentúa este comportamiento explicando ambas tareas el 90% de los jornales
contratados.
139
La contratación indirecta de mano de obra, en cambio, se concentra mayormente en
regiones extra-pampeanas en tareas de cosecha (exceptuando granos) y el mantenimiento
de esos cultivos, replicando el comportamiento de la contratación directa de jornales. Por
su parte, la contratación indirecta de mano de obra para tareas ganaderas se concentra en la
Patagonia, mayormente en tareas de esquila. En las otras regiones esta modalidad se
presenta con menor importancia en tareas de manejo de ganado.
140
y tipo de empresa. En el próximo capítulo se analizara, a partir de las investigaciones
disponibles sobre las diferentes producciones agrarias de la Argentina, los procesos
sociales subyacentes a estos cambios cuantitativos y estructurales.
141
142
VIII. Los mercados de trabajo a través de los procesos de
reestructuración de la agricultura argentina
1
Como veremos en párrafos siguientes la excepción corresponde a la producción de semillas.
143
La incorporación generalizada de tractores y cosechadoras provocó la reconfiguración de
los mercados de trabajo transitorios en torno a las actividades de granos y cereales
diferenciando segmentos de trabajadores con diferentes niveles de calificación. Los
trabajadores calificados corresponden a aquellos encargados de las tareas con tractores y
con máquinas de cosecha, en tanto que los trabajadores no calificados se desempeñan en
tareas como, por ejemplo, ayudantes de cosecha o cocineros. Estos trabajadores intercalan
a lo largo del año estas ocupaciones con períodos de desocupación y otras ocupaciones
precarias en diferentes sectores de la economía como, por ejemplo, la construcción.
144
empleo. Mientras que a fines de los años ochenta la superficie sembrada de forma directa
era insignificante, para la campaña del año 2001/2002 casi el 80% de la superficie de soja,
alrededor de 8.500.000 hectáreas, se sembraban bajo esa modalidad2.
En estos escenarios, resulta interesante remarcar que la relación entre estructura agraria y
tipo de empleo ubica a los establecimientos intermedios, es decir medianos y medianos
grandes, como aquellos que participan más activamente en la contratación de trabajo bajo
diferentes modalidades. Estos establecimientos, representados por aquellos que contratan
entre 2 y 9 permanentes no familiares, explican el 45% de las explotaciones de la Región
Pampeana con asalariados permanentes, y contratan el 55% de los mismos y el 47% del
total de jornales transitorios, a la vez que es significativa su contratación de servicios de
maquinaria. La estructura ocupacional emergente del desarrollo capitalista en el agro
pampeano evidencia una significativa heterogeneidad y diversidad de formas, y posiciona a
2
Una crítica desde la agroecología y desde una mirada socio-histórico a este modelo productivista y
ambientalmente no sostenible de agricultura puede encontrarse en Ottmann (2005).
145
los establecimientos intermedios como el actor principal de los mercados de trabajo
(Neiman y otros: 2003)
La cosecha y el empaque de la fruta son las tareas con mayores requerimientos de mano de
obra. En los mercados de trabajo de cosecha los trabajadores son mayoritariamente
hombres entre los cuales predominan los jóvenes adultos entre los 23 y los 33 años de
edad. Estos trabajadores mayormente de residencia urbana, habitan principalmente en los
alrededores de las ciudades de Concordia y Chajarí, tienen una baja escolaridad y
presentan una prolongada permanencia en los mercados de trabajo de cosecha, superando
los diez años de desempeño en la tarea (Tadeo y otros: 2006).
146
utilización de la mano de obra durante el período demandado y su posterior suspensión
hasta el nuevo ciclo productivo.
Los trabajadores de cosecha de cítricos, si bien disponen de una cosecha que se extiende
desde mediados del otoño hasta principios de la primavera, enfrentan posteriormente
períodos de desocupación e importantes dificultades para conseguir otras ocupaciones, que
por residir en zonas urbana suelen ser de carácter informal en la construcción o en algún
otro tipo de “changas”. Las mujeres suelen permanecer fuera del mercado de trabajo luego
de la cosecha y en el caso de ocuparse lo hacen mayormente como servicio doméstico. La
precarización del empleo de los cosecheros también se manifiesta en la caída de los
ingresos reales de estos trabajadores (Tadeo y Palacios: 2004).
Los análisis previos han definido a estos trabajadores como asalariados agrícolas
temporarios con residencia urbana en condiciones de semi-ocupación. Las ocupaciones
urbanas por lo general son secundarias y complementarias así como de carácter esporádico
y, por lo tanto, no constituyen una alternativa a partir de la cual abandonar un mercado de
trabajo muy poco deseado por sus condiciones laborales y por los ingresos obtenidos como
el de la cosecha. Para estos trabajadores la expectativa de progreso esta dada por la
posibilidad de ocuparse en tareas de empaque, los hombres como embaladores y las
mujeres como clasificadoras, sin embargo una gran proporción de los cosecheros no tienen
expectativa de mejorar su situación laboral.
Los empaques emplean tanto mujeres como hombres. Los hombres se desempeñan como
embaladores y pueden encargarse tanto de las diferentes tareas que implican realizar cargas
y descargas de fruta y de materiales de trabajo, así como del mantenimiento de las
147
máquinas presentes en los galpones. En cambio, las mujeres tienen a su cargo,
principalmente, la clasificación de fruta y pueden desempeñarse también como
controladoras de calidad. La continuidad de la relación de trabajo es significativa ya que
casi el 70% de los ocupados trabajan para el mismo patrón hace más de cinco años. La
mitad de los trabajadores establecen una relación de dependencia bajo la figura
mencionada del trabajador de temporada (Tadeo y otros: 2006).
Tradicionalmente, desde los años cincuenta hasta fines de los ochenta, los embaladores una
vez finalizada su ocupación en la provincia de Entre Ríos y en otras provincias vecinas, se
desplazaban al Alto Valle de Río Negro para trabajar en el empaque de peras y de
manzanas. Estos trabajadores que migraban estacionalmente mantenían año tras años en el
vínculo de trabajo retornando comúnmente al mismo empaque la temporada siguiente. Los
capataces resultaban una figura clave en los procesos de reclutamiento de nuevos
trabajadores migrantes a partir de sus redes sociales familiares y de amistad mantenidas
con el lugar de emisión de la población migratoria.
Hacia fines de los años ochenta, por diferentes motivos, se produce una importante
reducción de los requerimientos de trabajadores en la zona de destino y una disminución
significativa de estas migraciones. Las empresas dejan de pagar los pasajes a los
trabajadores y en escenarios de tasas de desempleo muy elevadas los gobiernos
provinciales, muchas veces, junto con los sindicatos, asumen el costo de su
desplazamiento. En el año 2002, doscientos trabajadores viajaron al Alto Valle a partir de
este mecanismo y se estima que en total el fenómeno involucró ese año sólo seiscientos
trabajadores (Tadeo y otros: 2006).
148
VIII. 3. Transformaciones en los mercados de trabajo de la yerba mate y del algodón:
nuevos escenarios laborales en la región noreste de la Argentina
La yerba mate y el algodón, dos producciones tradicionales del noreste de nuestro país
como vimos en el capítulo anterior, conforman importantes mercados de trabajo que
involucran fundamentalmente tareas de cosecha manual. Estas producciones enfrentaron
crisis cíclicas de sobreproducción asociadas a las crisis de la economía y a las limitaciones
que imponía un mercado interno en retracción.
En el caso del algodón, la crisis de la industria textil, la difusión de las fibras sintéticas, la
competencia en la década del noventa de provincias del noroeste que producían bajo riego
y lograban mayores rendimientos y mejores estándares de calidad, y la volatilidad de los
precios en los mercados internacionales, expuso a la producción regional a condiciones de
inestabilidad muy difíciles de enfrentar para los pequeños y medianos productores,
favoreciendo el desarrollo de medianas explotaciones capitalizadas. La eliminación de los
subsidios que se destinaban a los productores minifundistas agudizó este escenario
(Rofman: 1999).
3
Un indicador de estos procesos es la caída en la provincia del Chaco de los asalariados ocupados en el
sector agropecuario de 52.648 ocupados en el año 1991 a 17.387 en el año 2001.
149
nuevo escenario requerían calificaciones en la operación de la maquinaria de cosecha y en
el manejo de los tractores. Esto generó en la zona un nuevo tipo de trabajador transitorio
calificado similar al que se presenta en la agricultura pampeana (Benencia: 1992a).
Por su parte, la producción de yerba mate enfrentó la retracción del mercado interno y la
inexistencia -a excepción de Siria- de mercados internacionales, exponiendo a la actividad
a precios sostenidamente decrecientes, pasando el precio del kilogramo de hoja de yerba
verde de veinte centavos en el año 1990 a cinco centavos en el año 20004.
En el año 2002 existían en la provincia de Misiones casi ciento setenta mil hectáreas
implantadas con el producto. Distribuidas en una gran mayoría de productores pequeños
con menos de veinticinco hectáreas implantadas y un grupo más reducido de
establecimientos con mayor nivel de capitalización, algunos de ellos integrados
verticalmente a secaderos e, inclusive, molinos yerbateros (Barsky y Fernández: 2006).
4
Esta situación generó protestas tanto de los productores como de los trabajadores y en el año 2002 se creo el
Instituto Nacional de Yerba Mate con el propósito de promover y regular la actividad. La fijación del precio
recibido por el productor se establece a partir del precio de venta del producto al consumidor. Así, en el año
2005 el precio pagado al productor por kilogramo de hoja verde de yerba superó los treinta centavos.
150
de los trabajadores y sus posibilidades de negociar sus salarios y condiciones de trabajo.
(Rau: 2002).
VIII. 4. Los cambios en los mercados de trabajo del noroeste: las experiencias del
azúcar, el tabaco y la citricultura
151
sumo completó estudios de nivel primario). La gran mayoría provienen de familias de
peones y de cosecheros cañeros, y construyen sus ciclos ocupacionales anuales a partir de
su inserción como asalariados en diferentes sectores económicos, por ejemplo, combinando
el agro y la construcción, y el desempeño de actividades como trabajador cuenta propia
fuera del sector agropecuario (Giarraca y otros: 2000).
5
La mecanización de la cosecha de azúcar, además de afectar a los trabajadores locales, limitó las
posibilidades de ocupación de trabajadores de otras zonas y provincias, principalmente Santiago del Estero,
que tradicionalmente migraban a la zafra azucarera como parte de las estrategias de ingresos de sus hogares.
Estos hogares debieron reemplazar los ingresos provenientes de la ocupación en la zafra por otras
ocupaciones, inclusive desempeñadas en el mundo urbano, como en actividades de gastronomía o turismo
(Benencia y Forni: 1991).
152
Las organizaciones sindicales indican la existencia de alrededor de 5.000 trabajadores
migrantes, que son movilizados a través de la FOTIA (Federación de Obreros y
Trabajadores de Industria Azucarera). Los destinos principales de estos migrantes son las
cosechas de frutales de pepita en el norte de la Patagonia (provincias de Neuquén y Río
Negro), la cosecha de vid en la Región de Cuyo (principalmente la provincia de Mendoza),
y la cosecha de papas en el sudeste de la provincia de Buenos Aires. Algo más de la mitad
de los migrantes permanece fuera de su lugar de residencia por más de tres meses, y una
proporción similar muestra continuidad e sus relaciones con el empleador en el lugar de
destino, aunque esto no significa que se encuentren registrados según lo establecido por la
legislación laboral. Los migrantes cuando se dirigen hacia la provincia de Mendoza lo
hacen mayormente junto a miembros de sus familias (esposas e hijos) mientras que cuando
marchan hacia el norte de la Patagonia lo hacen, comúnmente, solos (Giarraca y otros:
2001).
Estas diferencias se pueden explicar por el tipo de relación de trabajo establecida en cada
lugar: mientras que en Mendoza estos migrantes se ocupan en actividades donde
predomina la contratación no registrada y el pago a destajo, de forma tal que la fuerza de
trabajo de miembros de la familia puede incrementar los ingresos obtenidos, las empresas
exportadoras del Alto Valle en cambio formalizan la relación laboral e incorporan los
asalariados bajo la mencionada figura del trabajador de temporada.
Durante los momentos o períodos de migraciones los miembros del hogar que permanecen
en el lugar de residencia habitual buscan a través de diferentes actividades informales
como, por ejemplo, la venta de comidas, los ingresos necesarios para evitar el gasto en los
consumos cotidianos de los recursos provenientes del trabajo migrante, pudiéndose
destinar los mismos a mejoras de la vivienda, a la adquisición de algún bien durable, o
ahorros para satisfacer necesidades en períodos de desocupación. La sumas que un
migrante puede enviar y/o ahorrar en sus meses de trabajo fuera de su hogar rondan los
3.000 pesos (Bidaseka: 2005; Giarraca y otros: 2005).
153
sembrada, la introducción de nuevos tipos de semillas, los nuevos sistemas de secado, y los
sistemas de clasificación, se relacionaron con un incremento de la calidad del tabaco
producido y con una mayor orientación exportadora del mismo (Giarracca y otros: 1995).
Estos procesos estuvieron en gran medida influenciados por las acciones y las estrategias
de los “dealers”, esto es de grandes comercializadores de tabaco a escala mundial, que a
través de diferentes mecanismos buscaron inducir en la producción primaria y en los
eslabones posteriores, criterios y formas de producir que permitiesen obtener una
producción de tabaco regular y continua tanto en cantidad como calidad, a los efectos de
responder a las necesidades de los mercados internacionales (Grass: 1998 y 1995).
154
que, inclusive, residen en los establecimientos y se encuentran disponibles para ser
ocupados de modo instantáneo cuando lo requieran los productores. Estos trabajadores
compuestos mayormente por mujeres, jóvenes y niños, cumplen un papel significativo en
tareas de post-cosecha. Y, por otro, trabajadores locales, que a lo sumo se desplazan
durante la semana para retornar los fines de semana a sus hogares, que constituyen la parte
principal de los trabajadores de cosecha.
Con respecto a la producción de limón, a inicios de los años setenta se realizó el primer
embarque experimental de fruta fresca hacia Europa. Por ese entonces, sólo había en
Tucumán alrededor de 8.000 hectáreas plantadas con este producto, que se encontraban en
manos de medianos y pequeños productores. Hacia 1980 las hectáreas llegan casi a 15.000.
Durante la década de los '70 surgen varias plantas industriales y empaques con capacidad
de procesar fruta para exportación. En 1991, la extensión en limón alcanza las 19.000
hectáreas y ocho años más tarde llega a las 31.000. En la actualidad, la Argentina ocupa el
primer rango como productor mundial de limón y de jugo concentrado de limón, y en los
dos últimos años, el 96% de la fruta empacada es enviada a mercados de Europa, Asia y
los Estados Unidos (alrededor de 230.000 toneladas), en tanto que también se exporta el
70% de sus productos industrializados (alrededor de 800.000 toneladas) (Aparicio y Ortiz,
2001).
155
en aquellos “quinteros” de los años '70, que evolucionaron hasta convertirse en grandes
empresas integradas-exportadoras, mediante la incorporación de capitales nacionales y
extranjeros, y que, en algunos casos, pudieron conformar alianzas estratégicas con grupos
comerciales multinacionales. Hoy cada una de estas agroindustrias tiene plantaciones de
por lo menos 1.500 hectáreas, empaques de alta tecnología y fábricas de esencias, jugos y
cáscara deshidratada muy modernas.
El siguiente rango estaría comprendido por productores con un tamaño medio de 350
hectáreas, entre los cuales se encuentran muchas de las empacadoras de la provincia. Las
mismas cuentan con asesoramiento diario de ingenieros agrónomos, poseen un parque
completo de maquinaría y contratan personal asalariado permanente para su operación y
mantenimiento. En general, las tareas de poda son subcontratadas, y si no tienen empaque
propio, venden su cosecha a un empaque o a una de las agroindustrias del rango
mencionado anteriormente. Por otra parte, existen productores de menor envergadura -por
debajo de las 300 ha- que destinan su producción mayoritariamente a la agroindustria, y en
ocasiones venden a empacadoras con destino a la exportación (Aparicio y Ortiz, 2001).
Todos los productores han hecho esfuerzos por reducir costos laborales sin descuidar la
calidad, aprovechando las políticas laborales que permitieron a los productores convertir
personal permanente en personal de temporada, difundiendo la intermediación de mano de
obra, y evadiendo leyes laborales (Alfaro, 1999; Aparicio y Ortiz, 2001).
156
en tareas ligadas a mercados de trabajo urbanos, y sólo el 15% en la producción cañera. En
tanto que, el origen ocupacional de los padres de estos trabajadores corresponde a
asalariados rurales y a diferencia de sus hijos -en muchos casos- estuvieron en algún
momento de su vida laboral ligados a la actividad cañera (Aguilera, 2001; Aparicio y
Alfaro, 2001).
Para la organización de las tareas de cosecha se suele recurrir a contratistas que organizan
la tarea, cumplen funciones de supervisión, contratan y pagan a los trabajadores. El
productor o los compradores de la producción también llevan una supervisión estrecha de
las tareas con el fin de asegurarse los niveles de calidad obtenidos. De esta manera se
combina un sistema de remuneración basado en el pago a destajo con una fuerte
supervisión del trabajo. Algunas empresas con el propósito de mejorar la productividad del
trabajo y la calidad del producto incorporaron nuevas tecnologías y prácticas que evitan el
manipuleo y el daño del producto. A la vez que pueden incorporar al sistema de
remuneración pagos adicionales en función de la calidad obtenida buscando compensar los
posibles daños ocasionados por el sistema de remuneración a destajo (Ortiz, 2002).
Un punto que presenta dificultades es el que se refiere a cómo bajar costos, a través de la
tercerización de la mano de obra, sin descuidar la calidad. El trabajo del contratista de
mano de obra es pagado por cantidad cosechada por sus cuadrillas, y por lo tanto tiene
poco interés en supervisar la calidad del trabajo, sino que se interesa más por la rapidez y
el rendimiento del trabajador. Con el objeto de subsanar este problema, los productores de
limón han organizado un sistema de descuentos de fruta mal recogida. Pero hasta el último
año los criterios usados en el descuento dependían de evaluaciones muy personales y
concluían en relaciones muy conflictivas entre contratista y empresa (Ortiz y Aparicio:
2001).
Por esta razón, la presencia de estos factores externos y contractuales han llevado a las
empresas a reconsiderar las formas de gestión: algunas están considerando la compra de un
mayor volumen de fruta ya cosechada; otras están experimentando con el manejo directo
de la cosecha en parte de sus plantaciones; otras están planeando un desligue paulatino de
los servicios de apoyo y capacitación que prestan a los contratistas; todas están explorando
diversas formas de estandarizar el muestreo de la fruta para reducir conflictos sobre
157
descuentos por mala calidad; ninguna de las agroindustrias contempla el rediseño de los
contratos con las empresas de servicio (Ortiz y Aparicio, 2001).
158
desestacionalización del trabajo temporario por la inclusión de nuevas tareas de poda
(Miranda, 1999).
Se estima que alrededor de la mitad de los trabajadores del sector primario se encuentran
contratados en condiciones irregulares “en negro”. Los trabajadores de cosecha se
encuentran bajo la modalidad de trabajadores de temporada de la Ley de Contrato de
Trabajo, que implica priorizar en la contratación a trabajadores que se habían ocupado el
año previo. Para contratar a los trabajadores migrantes se utilizan diferentes formas de
intermediación, como por ejemplo, “pseudocooperativas”, que en realidad funcionan como
cualquier contratista de mano de obra (Bendini y Gallegos, 2001).
159
La organización de las tareas en el empaque se basa en una división del trabajo de tipo
taylorista (Miranda, 2001) y son ejecutadas mayormente por mano de obra femenina. Las
mujeres se ocupan principalmente en tareas de clasificación y de embalaje. La mayoría
vive en la zona de producción y muchas de ellas llegaron a la región antes de la década del
80 y en general poseen una larga experiencia en la actividad. El cambio tecnológico en el
empaque desplazó tareas realizadas por mujeres afectando su ocupación (Bendini y Pescio,
1998).
6
La superficies con vid de Mendoza es de 133.826,7 hectáreas y en la de San Juan de 41.902,5
160
La emergencia de una vitivinicultura estructurada en torno a criterios de calidad implicó
cambios de las relaciones sociales, nuevas formas de articulación agroindustrial y mayor
supervisión de la agroindustria sobre la producción primaria, cambios tecnológicos, y
cambios en la demanda laboral. Estos procesos, como afirman las investigaciones citadas,
implicaron la racionalización tanto de la organización productiva como laboral.
161
En la década del ´90, la provincia de San Juan, favorecida por un régimen de diferimientos
impositivos para alentar los procesos de reconversión de las producciones agrícolas,
experimentó cambios importantes en sus estructuras sociales y productivas (Allub, 1996).
En estos procesos se destacó el papel cumplido por nuevas y grandes explotaciones que
implantaron novedosas variedades de uva de mesa acorde con los requerimientos de los
mercados internacionales de estos productos. En los valles irrigados de la provincia de San
Juan se produce en medio millar de explotaciones prácticamente la totalidad de la uva de
mesa del país (Miranda: 1999).
162
mando los responsables de riego, los tractoristas, los trabajadores permanentes y los
transitorios; entre los últimos no es significativa la participación de migrantes estacionales.
Además, es significativa la presencia de trabajo no registrado, condición que alcanza según
estimaciones existentes a la mitad de los trabajadores. (Allub, 1996 y Miranda, 1999).
163
colectivos de trabajo en algo más de la mitad de los casos corresponde a trabajadores y
familias (incluyendo niños), situación que se acentúa cuando los productores contratan
directamente a los trabajadores transitorios. En estos casos se remarca el origen rural de los
trabajadores (condición presente en el 62% de estos establecimientos), en cambio en los
casos de contratación a través de cuadrilleros los trabajadores provienen mayormente de la
cabecera departamental u otra localidad (condición presente en el 64% de estos
establecimientos). En el 70% de los establecimientos al menos se contrató nuevamente a
alguno de los cosecheros de la campaña anterior y en 1/3 de los mismos se contrató a
alguno de estos temporarios para otras tareas además de la cosecha (Neiman y Blanco:
2003).
7
Además se suman a estas leyes la Ley de Higiene y Seguridad del trabajo con su reglamentación específica
y la Ley sobre Seguros de Riesgos de Trabajo.
164
La estructura sindical a principios de la década del ochenta evidenciaba el predominio de
entidades de representación local aunque se observaba la concentración de los afiliados en
las escasas entidades de alcance regional o nacional. En esos años se estimaba, en
comparación con otros sectores de la economía, un baja tasa de sindicalización que se
ubicaba en torno al 15% (Forni y Neiman: 1993).
Transcurridos veinte años, a principios de la década actual, se observa, según los datos de
la Dirección de Asociaciones Sindicales del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad
Social de la Nación, la existencia de cerca de un centenar de entidades, correspondiendo la
gran mayoría a entidades de primer grado y de representatividad local. La gran mayoría de
estas entidades se ubican en la Región Noroeste de la Argentina, fundamentalmente
concentradas en la provincia de Tucumán. Esta provincia se destaca a lo largo de su
historia por la relevancia del sindicalismo agrario vinculado a la actividad cañera y a los
ingenios azucareros. A nivel nacional la única entidad que tiene representatividad
corresponde a UATRE, la Unión Argentina de Trabajadores y Estibadores, que además
forma parte del RENATRE. Este sindicato actualmente mantiene una fuerte disputa en
diferentes regiones del país con otras entidades sindicales con respecto al encuadramiento
de trabajadores de distintas actividades, principalmente la fruticultura (Neiman y otros:
2006).
165
y asistencial de los trabajadores afectados por la crisis de la actividad y el desempleo
(Barbetta y Mariotti: 2001).
Los mercados laborales, las relaciones de trabajo y los tipos de trabajador, adquieren una
creciente diferenciación y experimentan cambios de diferente índole y dirección. El
cambio tecnológico orientado por la mecanización, tanto en la Pampa Húmeda como en
otras regiones del país, impactó sobre el trabajo requiriendo mayores calificaciones para el
8
De otro punto de vista, considerando el conjunto del sistema alimentario se rescató su capacidad de generar
empleo tanto directo como indirecto, resaltando su efecto multiplicador (Llach y otros: 2004; Obschatko:
2003)
166
desempeño laboral, generando un trabajador transitorio calificado, y brindó a un grupo
reducido de trabajadores mayor continuidad ocupacional a lo largo del año.
167
168
Parte III: Los casos de estudio: los mercados de trabajo en las
producciones hortícola y lechera de la provincia de Buenos Aires
169
170
IX. La evolución de la producción y de la estructura social de la
horticultura en el cinturón verde la Ciudad de Buenos Aires
Los cultivos de verduras y hortalizas suelen desarrollarse, por un lado, en áreas productivas
especializadas y, por otro, en zonas de abasto en torno a las ciudades que alimentan. La
ciudad de Buenos Aires, históricamente, fue circundada por una importante actividad
agropecuaria, que incluía diferentes cultivos y producciones, muchos de los cuales, se
organizaban bajo la lógica de abasto de productos frescos y perecederos.
1
El área metropolitana bonaerense que rodea la ciudad de Buenos Aires se divide en tres coronas según su
proximidad con la misma. Primer Corona: Avellaneda, Quilmes, Lanús, Lomas de Zamora, La Matanza,
Moreno, Morón, Gral. Sarmiento, Tres de Febrero, Gral. San Martín, San Isidro, Tigre, Vicente López, y
Merlo. Segunda Corona: Berazategui, Almirante Brown, Esteban Echeverría, Florencio Varela. Tercera
Corona: Berisso, Ensenada, La Plata, Lobos, Gral. Rodríguez, Escobar, Pilar, San Vicente, Cañuelas, Marcos
Paz.
171
Mapa Nº 2 – Cinturón Verde de la Ciudad de Buenos Aires
172
en 1974 explica el 90 % de la superficie agropecuaria y, algo más, del 70% de los
establecimientos. En esta corona es más común encontrar las típicas producciones
extensivas pampeanas como la ganadería y el cultivo de granos (Gutman y otros: 1987).
En los años ochenta continuó el avance del conurbano de la ciudad de Buenos Aires,
desplazando las actividades agropecuarias hacia la tercera corona, aunque con diferencias
según zona. En torno a la ciudad, se presentan diferentes lógicas de ocupación del espacio
ligadas tanto a territorios rurales y rururbanos como a producciones agrarias. Así, se
observa el avance urbano bajo diversas modalidades, los nuevos usos residenciales y
recreativos, las producciones intensivas de hortalizas y la floricultura, y actividades
agropecuarias extensivas tradicionalmente pampeanas. Estos procesos, por un lado,
reflejan el retroceso de la frontera agraria frente a la expansión urbana de la ciudad y, por
otro, los cambios en las actividades agropecuarias.
En torno a la ciudad de Buenos Aires todavía existen, a pesar del avance urbano,
actividades agropecuarias de relevancia social y productiva. Se trata tanto de actividades
intensivas como de otras típicamente pampeanas. De esta manera, la suma de las
explotaciones hortícolas, florícolas y ganaderas superan 2/3 del total de establecimientos.
La práctica de agricultura para granos es de menor importancia con respecto al total de
explotaciones, pero la superficie dedicada a estos cultivos, al menos, se mantiene a lo largo
de la década del noventa. Esta actividad se ubica en las áreas más distantes de la ciudad en
la zona oeste y, principalmente, en la norte (Benencia y Quaranta: 2005a).
173
IX. 1. La horticultura a partir de la década del cincuenta
En la zona sur del cinturón, en la década del cuarenta, las políticas públicas constituyeron
otra modalidad de acceso a la tierra. La compra del gobierno provincial -a fines de esa
década- de la estancia de la familia Davidson, ubicada en el partido de Florencio Varela,
que comprendía 1.500 hectáreas, para conformar una colonia dedicada a la producción
hortícola, es unos de los ejemplos más destacados de estos procesos. Pero, sin lugar a
dudas, el caso paradigmático fue la expropiación de la estancia de la familia Pereyra Iraola,
en el partido de Berazategui, y la formación en esa tierra del parque provincial del mismo
nombre, que entre sus destinos establecía la producción de verduras y hortalizas. Los
productores que accedían a estas tierras lo hacían a cambio de un canon monetario que
daba derecho a su utilización pero no otorgaba su propiedad.
2
En entrevistas a antiguas familias de productores de diferentes zonas del cinturón surgen reiteradamente
estas experiencias. Resultan llamativos los paralelismos encontrados con los procesos que actualmente
atraviesan las familias bolivianas en el cinturón verde de la ciudad.
174
La organización social del trabajo en las quintas era mayoritariamente familiar y su tamaño
en hectáreas reducido. A modo de ejemplo, un estudio -sobre la agricultura familiar-
señalaba las dos hectáreas como el tamaño típico de los establecimientos de los partidos de
Escobar (zona norte del cinturón) y de Florencio Varela (zona sur). En la mayoría de las
quintas3 se desempeña laboralmente alguno de los hijos del productor. Los productores se
ubicaban en tramos de edad madura (la mitad tenía 50 años o más) y su nivel educativo
formal en la gran mayoría de los casos no superaba el primario. Las familias de los
productores eran mayormente de tipo nuclear y, en menor medida, extensas; la mitad de las
mismas tenían hasta dos hijos (Brie: 1977).
3
En la zona se denomina quinta a los establecimientos dedicados a la horticultura.
175
disponibilidad de algún camión y, en algunos casos, se consolidaban como
comercializadores, asumiendo la función de consignatarios que les permitía obtener
ganancias extras a las brindadas por su producción (Durand: 1997).
4
“En los últimos tres lustros el consumo per cápita de frutas y hortalizas habría bajado de aproximadamente
250 kg/año a 180 kg/año.” (Gutman y otros: 1987)
176
parcialmente cumplido, de la mayoría de los mercados concentradores ubicados en la
ciudad y sus alrededores (Durand: 1997a)5.
El perfil de la estructura agraria de las diferentes zonas del cinturón verde de la ciudad, a
mediados de esta década, mostraba establecimientos de menor tamaño relativo en la zona
sur, generalmente inferiores a las 10 hectáreas, y de mayores dimensiones en el oeste,
preponderantemente superiores a las 20 hectáreas, ubicándose los del norte en una
situación intermedia (Gutman y otros: 1987).
Para enfrentar las volátiles condiciones de un mercado sobre ofertado, los productores
capitalizados defendieron su rentabilidad incrementando la escala de producción e
incorporando el cultivo bajo cubierta. El invernáculo permite desestacionalizar la
producción, a la vez que, facilita la obtención de productos en condiciones acordes a los
cada vez más exigentes criterios de calidad, que aseguran su venta y la percepción de
mejores precios por la misma.
5
Los procesos de desregulación de la década del noventa favorecieron la proliferación de diferentes
mercados mayoristas de verduras y hortalizas.
177
Esta estrategia de productores de carácter empresarial fue conceptualizada como
“expansión flexible”. Esta noción se sostiene a partir de la evidencia empírica brindada por
una encuesta realizada en el partido de Florencio Varela en 1988 donde la mitad de la
superficie de los establecimientos empresariales se encontraba bajo arriendo como régimen
de tenencia (Benencia: 1994).
La mediería fue utilizada entre los antiguos productores y trabajadores migrantes como,
por ejemplo, los portugueses. Esta modalidad que había quedado en desuso es recuperada a
partir de la incorporación de familias de trabajadores oriundas de diferentes zonas rurales
de Bolivia, destacándose las procedentes de Potosí, Tarija y Cochabamba. Estas corrientes
migratorias brindan a los productores una oferta de trabajo creciente, en un contexto de
escasez de trabajadores locales, dada la competencia de otras actividades con mejores
horizontes sociales y laborales. (Benencia: 1992; Ringuelet y otros: 1992).
6
La mediería en tanto relación social de trabajo facilita, como señalan estudios ya clásicos, constituye una
forma que reduce necesidades de supervisión de las tareas, involucra a los trabajadores, reducir costos y
evitar riesgos (Martinez-Alier: 1968).
7
Se denomina tradicionalmente en la zona de estudio quintero a los productores hortícolas.
178
las siguientes tareas básicas: siembra, escardillado, curado, cosecha, lavado, embalado y
carga.
La mediería presenta diferentes formas según los aportes realizados por el mediero. Así,
encontramos casos de medieros que aportan sólo su trabajo y el de su familia; medieros
que aportan además del trabajo un porcentaje de los insumos, que pueden incluir semillas,
agroquímicos, etc.8 y/o trabajo contratado ajeno a su familia. Las situaciones
predominantes son aquellas donde los medieros aportan la mano de obra pudiendo aportar
también parte de los insumos. Entre los aportes de mano de obra se encuentran los
trabajadores temporarios que deben completar el trabajo familiar en los momentos de
mayor demanda de mano de obra. Comúnmente, estos temporarios están emparentados o
son coterráneos de los medieros, de modo que las redes sociales que establecen los
migrantes facilitan la contratación de este tipo de trabajador. El porcentaje establecido
como remuneración, en estos casos correspondientes a cultivos a campo, se ubica en torno
al 40% pero la decisión sobre la comercialización de la producción se encuentra bajo la
exclusiva orbita del productor (Benencia: 1992; Benencia y Quaranta: 2003).
Esta relación brinda al productor una serie de ventajas como disponer de una mano de obra
estable, evitando los inconvenientes de la contratación estacional, reducir las necesidades
de supervisión directa, facilitar el compromiso de los trabajadores con el resultado
productivo, intensificar el desempeño laboral, reducir los riesgos de la producción y de
mercado, etc. (Benencia: 1992b; Ringuelet y otros: 1992).
8
En muchas ocasiones estos aportes consisten, en realidad, en descuentos realizados al porcentaje
correspondiente a mediero una vez vendida la producción.
179
conduciendo a los productores a su venta. Por su parte, la horticultura de la zona oeste del
cinturón incorporó sólo marginalmente esta tecnología.
El patrón se compromete en este trato a: dejar preparada la tierra para sembrar (esto
incluye, arar y disquear la tierra cada vez que el mediero lo requiera); aportar -para ser
empleados en la explotación- los elementos indispensables para el cultivo (motor de riego,
combustible, cañas, alambre, semillas, herramientas, envases); en el caso de realizarse el
contrato de explotación bajo invernáculo, el patrón se hace cargo, generalmente, de los
costos de construcción y mantenimiento.9
9
En aquellas situaciones, poco difundidas, y cada vez más excepcionales, donde se da una relación de
sociedad, el mediero debe hacerse cargo del 50 % de los costos del invernáculo.
180
El mediero, a su vez, se compromete a trabajar la tierra (a campo o bajo cubertura)
atendiendo la plantación en término, teniéndola siempre libre de malezas, y en carácter
exclusivo;10 debiendo velar por la conservación de todas las herramientas y útiles de
trabajo confiados a su cuidado; se hace cargo, además, del cuidado y funcionamiento del
motor de riego; quedando obligado, durante la vigencia del contrato, a levantar y
acondicionar todas las cañas, alambres y postes utilizados en la explotación.
Las familias bolivianas desarrollaron una amplia experiencia en la horticultura del cinturón
a partir de su incorporación a la actividad, primero como peones y medieros y,
posteriormente, en algunos casos, como productores. Las trayectorias de estas familias,
actualmente, recorren diferentes etapas, que suelen incluir su ocupación en la producción
de verduras y hortalizas en diferentes zonas del país. De esta forma, familias de
trabajadores oriundas de Bolivia se convirtieron en la principal oferta de trabajo, familiar y
no familiar, para esta actividad, en la mayoría de las regiones de nuestro país (Benencia:
2006; Sassone y otros: 2004).
10
Para ello, el mediero debe aportar la mano de obra necesaria.
181
movilidad social que fue caracterizado con la imagen de “la escalera boliviana”, y que
implica un recorrido desde la condición de peón hasta la de productor arrendatario y, en
algunos casos, propietario (Benencia: 1999).
Actualmente, la inversión que estos sujetos realizan para establecerse como productores
arrendatarios, sobre todo en la zona sur, corresponde a la confección del invernáculo,
recurriendo a prestadores de servicios para realizar las tareas que demandan maquinarias e
implementos. Inclusive, en los últimos años, adquieren a crédito, a través de vendedores
locales, la madera para el armado de la estructura del invernáculo. Estas quintas se ubican
por debajo de las cinco hectáreas y el productor se encarga de la producción,
fundamentalmente, junto a su cónyuge con la colaboración, en algunas ocasiones, de sus
hijos, sin contratar trabajadores permanentes no familiares. La magnitud de la contratación
de trabajadores temporarios no permite asegurarle a éstos ocupaciones a lo largo del año y,
consecuentemente, no se encuentra entre sus posibilidades proveerse de trabajadores a
partir de sus redes en su lugar de origen, que generalmente son remunerados por debajo de
los salarios y jornales vigentes en el área.
La restricción más importante que enfrentan para continuar los procesos de movilidad
ascendente se vincula a la disposición de medios de transporte, fundamentalmente
camionetas, para poder comercializar su producción en algún mercado concentrador. El
precio obtenido para su producción cuando venden en la tranquera de su explotación o
entregan a consignatarios limita las posibilidades de acumulación. Se observa, desde
inicios de esta década, la reducción de los lapsos transcurridos entre los primeros peldaños
de las trayectorias, aunque, al mismo tiempo, la posición de arrendatario adquiere cierta
inestabilidad en los casos que no logran acceder a vender la producción en mercados
concentradores. La posición de arrendatario, en estos escenarios de inestabilidad y
182
precariedad, no implica, necesariamente, un proceso de movilidad social ascendente y el
cambio de estatus social consecuente.
183
Aires. Así, según el Censo Hortícola de la Provincia de Buenos Aires del año 2001, cuatro
de cada diez de los establecimientos del cinturón hortícola correspondía a productores de
esta nacionalidad11. La mitad de estos productores se encuentran en la zona sur
representando 1/3 del total de establecimientos de la misma. En cambio, en la zona norte y
oeste, aunque con un número menor de establecimientos totales, las quintas dirigidas por
productores de nacionalidad boliviana superan la mitad de los mismos. Además, seis de
cada diez de estos establecimientos corresponden a explotaciones familiares, y ¾, de estas
quintas, acceden a la tierra bajo la condición de arrendatario exclusivamente; el 25%
restante accede a la tierra, al menos en parte, bajo la forma de propiedad. (Benencia y
Quaranta: 2005b).
En términos generales, se registra con respecto a fines de los ochenta una caída de
aproximadamente 1/3 de los establecimientos hortícolas y, reflejando la crisis de
sobreproducción de los ochenta, la superficie hortícola se reduce a la mitad, ubicándose en
torno a las 10.000 ha. La caída de establecimientos más acentuada ocurre en los estratos de
mayor tamaño reflejando el patrón de desarrollo de las quintas empresariales basado en la
adopción del cultivo bajo cubierta en la década del noventa. Así, partiendo de la
inexistencia de cultivos bajo cubierta a fines de los ochenta, se registran 1.200 ha. a
principios del 2002.
11
El censo hortícola del mencionado año relevó los partidos de La Plata, Escobar, Pilar, Moreno y Lujan.
Aunque estos no corresponden a la totalidad de los partidos del cinturón nos brindan una imagen muy
próxima al conjunto del área.
184
condiciones sociales y productivas. En general, se observa la expansión de la zona Sur, al
menos en términos relativos, asociada a la difusión del invernáculo, y la retracción de las
zonas Oeste y Norte; esta última, además, modificó su perfil a partir del predominio de
productores de origen de nacionalidad boliviana.
Los procesos de diferenciación social que atravesaron a estas estructuras sociales y agrarias
desembocaron en la conformación de un conjunto diverso de explotaciones, según las
formas sociales de trabajo y la organización laboral presente en ellas. El origen familiar de
éstas, como se mencionó anteriormente, está presente en el trabajo del productor y de
miembros de su familia, ya sea de gestión o directo. Igualmente, a partir de la
incorporación de trabajadores permanentes ajenos a la familia del productor, sea como
asalariados o medieros, pueden distinguirse cuatro tipos de explotaciones: primero,
aquellas donde el trabajo permanente corresponde únicamente al productor y sus
familiares, pudiéndose sumar trabajadores asalariados temporariamente (explotaciones
familiares); segundo, aquellas donde se incorporan trabajadores ajenos a la familia del
productor solamente bajo la forma de asalariados (empresas familiares con asalariados);
tercero, aquellas donde los ajenos a la familia son contratados únicamente a partir de
relaciones de mediería (empresas familiares con medieros); cuarto, y último, los casos que
utilizan asalariados y medieros conjuntamente (empresas familiares con medieros y
asalariados).12
12
Dada la presencia de trabajo familiar del productor en estas explotaciones empresariales, se decidió
calificarlas con el adjetivo de familiares.
185
IX. 4.1. Estructura social y agraria: tipos de establecimientos, superficie y tenencia
Fuente: Elaboración propia en base a datos de los Censos Hortícolas Prov. Bs. As. 1998 y 2001
186
explotaciones familiares. En esta zona prácticamente la totalidad de las quintas no supera
las diez hectáreas.
En la Zona Sur, algo más de la mitad de los establecimientos tienen menos de cinco
hectáreas, y casi siete de cada diez de éstos son explotaciones familiares cuya superficie
total promedio es de 5,5 ha. A su vez, la participación de las explotaciones familiares es
mucho más elevada dentro del subuniverso de las explotaciones que disponen de tierras
exclusivamente en arrendamiento.
Las empresas familiares con medieros se distribuyen de modo relativamente similar entre
los tres primeros estratos de tamaño de superficie, con cierta presencia en el estrato
superior. Por su parte, entre los establecimientos que tienen más de 10 hectáreas -el 26%
de las unidades-, el 35% corresponde a empresas familiares con medieros13 y el 66% a
empresas familiares con medieros y asalariados. Para el primero de estos tipos la superficie
total promedio alcanza las 10 ha, y para el segundo supera las 20 ha.
La Zona Oeste, que presenta la superficie total promedio más elevada -con un valor de casi
14 hectáreas-, muestra para las explotaciones familiares un comportamiento similar al de
las otras zonas. Así, casi seis de cada diez de estos establecimientos tienen menos de 5 ha y
explican el 75% de los casos de este estrato de tamaño. Además, casi siete de cada diez de
las explotaciones familiares poseen tierra solamente en arrendamiento; a la vez que la
mitad de los establecimientos que disponen de tierra sólo en arrendamiento se ubican en el
primer estrato de superficie, con menos de 5 ha de tierra.
13
El resto de estas unidades se distribuye de la siguiente manera: 28% en el estrato de cinco a diez hectáreas
y 37% en el de menos de cinco.
14
Recuérdese que no se analizan para esta zona las explotaciones que utilizan medieros, dada su escasa
relevancia.
187
Encontramos para el conjunto del cinturón una asociación importante entre explotaciones
familiares y unidades de producción ubicadas en el primer estrato de superficie (hasta 5
ha), así como también la fuerte presencia de formas de tenencia exclusivamente en
arrendamiento. Los casos que combinan los tres elementos evidencian, según lo observado
en terreno, procesos de movilidad social de antiguos medieros que logran establecerse
como productores.
Las empresas familiares que utilizan en exclusividad medieros (en la zona sur) o
asalariados (en la oeste) tienen presencia en los diferentes estratos de tamaño, pero la
superficie promedio es marcadamente superior para las empresas familiares con
asalariados en el oeste. Por su parte, las empresas familiares con medieros y asalariados en
el sur presentan valores similares a las últimas. En estas unidades predomina en general la
tenencia de la tierra en propiedad.
La zona oeste duplica los valores de todos los tipos, con excepción de las explotaciones
familiares. Este dato también debe ser interpretado en el marco de una horticultura
extensiva a campo y dedicada predominantemente al cultivo de verduras de hoja y de
crucíferas. Es decir, sería erróneo asociar el mayor tamaño de estas quintas a mejor
tecnología y mayor productividad.
188
de 6,5 ha para las empresas familiares con medieros, así como las empresas familiares con
medieros y asalariados presentan una superficie hortícola promedio similar a la de las
empresas familiares con asalariados del oeste, con el agregado -como veremos más
adelante- de la amplia difusión del invernáculo entre las mismas.
Fuente: Elaboración propia sobre datos de los Censos Hortícolas Prov. Bs. As. 1998 y 2001
De este modo, en el oeste las explotaciones familiares -que representan el 50% del total-
dan cuenta del 21% de la superficie hortícola, en tanto que las empresas familiares con
asalariados -el 42% del conjunto- explican el 64% de la superficie, correspondiendo el
15% restante de la superficie al 8% de los establecimientos. Así, el 50% de las empresas
familiares con asalariados o con medieros15 tienen en producción casi 8 de cada 10
hectáreas hortícolas de la zona.
15
En esta zona es muy poco relevante el número que contrata ambos tipos de trabajadores simultáneamente.
189
Por su parte, en el sur, las explotaciones familiares -cerca de la mitad del total- explican el
32% de la superficie. En tanto que aproximadamente el 35% de las quintas -empresas
familiares con medieros o con medieros y asalariados- dan cuenta del 50% de la superficie
en producción. El 18% restante de dicha superficie es explicado por el 12,4% comprendido
por las empresas familiares con asalariados. Aquí, las empresas familiares en conjunto
explican el 68% de la superficie hortícola.
Tomando como indicador global del nivel tecnológico de las explotaciones la difusión del
invernáculo en las distintas zonas, se observa que sólo en el sur esta tecnología tiene una
presencia significativa, encontrándose en el 54% de los casos. En cambio, en el oeste sólo
tienen cultivos bajo cubierta el 14,2% de las quintas, en tanto que en el norte se observa
una situación similar, existiendo esta tecnología únicamente en el 18% de las unidades.
En las empresas familiares con medieros16 se pueden observar algunas diferencias según el
número de medieros que se contraten en los establecimientos. Así, el 53,2% de estas
quintas tiene un solo mediero; el 26,6 %, dos, y el 20,2 %, tres o más.
A la vez que el 55% de estos productores sólo produce en la tierra asignada a los medieros,
mientras que la otra mitad además lleva adelante actividad hortícola con trabajo familiar,
pudiendo contratar o no trabajadores transitorios para la misma. Como se mencionó
anteriormente, es elevada la presencia de invernáculos en estas unidades, que se acentúa a
16
Nos concentramos en la zona sur, dada la relevancia que presentan estas unidades.
190
medida que se incrementa el número de medieros. De este modo, el 60% de las quintas con
un solo mediero produce a campo e invernáculo; el 68% de las unidades, con dos, y el 77,5
% de aquellas que tienen tres o más medieros.
Las unidades que sólo producen a campo -alrededor de un tercio- presentan 10% más de
establecimientos con un solo mediero en comparación con aquellas que también lo hacen
bajo cubierta. Y estas últimas, en comparación con aquéllas, presentan 10% más de quintas
con tres o más medieros.
Para las empresas con mediero que sólo producen a campo se observa en la superficie
hortícola promedio una diferencia importante entre las que utilizan un único mediero con
5,2 ha por un lado y, por otro, las que utilizan dos o más medieros, por encima de las 10
ha. Además, en el primer caso es mayor la superficie en producción con mano de obra del
familiar del productor que la llevada adelante por el mediero y su grupo doméstico; en
cambio, para los otros casos esta relación es la inversa.
17
Las quintas con un mediero e invernáculo tienen los siguientes valores promedio: superficie hortícola (4,5
ha), producción a campo (3,7 ha) y bajo invernáculo (0,8 ha). En tanto que los establecimientos con dos
medieros, muestran los siguientes valores: superficie hortícola (5,2 ha), producción a campo (4,1ha) y bajo
invernáculo (1,1 ha).
18
Además presentan las siguientes superficies promedio: hectáreas producidas bajo administración 8,8; en
mediería, 9,6, y 10,8 de cultivos a campo.
191
diferenciados, mostrando el complejo entramado de procesos diferenciación que afecta a
estas unidades. En este sentido, la incorporación de un asalariado o de un mediero no
necesariamente implica un quiebre radical con respecto a la organización de una
explotación familiar. Además, estas situaciones, que comúnmente fueron clasificadas como
"transicionales", pueden resultar más persistentes que lo señalado por la teoría.
La disímil importancia de los diferentes tipos de establecimientos en las zonas del cinturón
hortícola de la Ciudad de Buenos Aires refleja la presencia diferencial de categorías
ocupacionales y su combinación en la organización del proceso productivo y laboral.
En términos generales, las tres zonas presentan trabajo del productor y de sus familiares;
estos últimos muestran una participación similar sobre el total para las zonas sur y norte,
pero dicha participación desciende para la zona oeste (Cuadro N. IX. 3).
Cuadro N° IX. 3: Mano de obra permanente por categoría ocupacional, según zona
Fuente: Elaboración propia en base a los Censos Hortícolas de la Prov. Bs. As. 1998 y 2001.
192
En las explotaciones familiares trabajan de forma permanente en promedio 3,1 personas
en el sur, y 3,6 en el norte, y la misma cantidad en el oeste. Estas explotaciones explican en
el sur el 30 % del total de la mano de obra; el 56 % en el norte, y 34% en el oeste
En cambio, en el oeste las empresas familiares con asalariados -principal tipo de la zona-
explican el 51% del total de la mano de obra, descendiendo, en comparación con el sur, el
aporte del productor y sus familiares al 31% del total, con 2,1 personas en promedio por
establecimiento; en tanto que ese valor es de 4,5 para los asalariados de estas unidades.
Así, en las empresas familiares con asalariados se observa en el sur una mayor presencia de
familiares, y de asalariados en el oeste.
Por su parte, las empresas familiares con medieros del sur comprenden el 37% de la mano
de obra de los establecimientos de la zona. Los productores y sus familiares representan el
34,6% de la fuerza de trabajo de estas unidades, con 2,4 personas en promedio. El 66,4 %
restante es aportado por los medieros y su propia mano de obra, con una media de 4,5
trabajadores por establecimiento.
Finalmente, también para el sur, las empresas familiares con medieros y asalariados, que
sólo explican el 15% del total de la mano de obra de esa zona, son igualmente
significativas dado que muestran un comportamiento netamente empresarial. Los
productores y sus familiares sólo aportan el 16,5% de la fuerza de trabajo, con 2,4 personas
en promedio; los medieros y su propia mano de obra, el 63,5% con 9,1, y los asalariados el
20%, con una media de 3,1 personas.
193
La caracterización efectuada del área hortícola que rodea a la ciudad de Buenos Aires
muestra la diversidad de situaciones productivas y laborales existentes en la misma. Luego
de analizar, en este capítulo, la evolución y las características de la actividad hortícola del
área, abordaremos, en el próximo, utilizando el modelo analítico propuesto en la parte
teórica de este estudio, los procesos sociales que regulan la dinámica de los principales
mercados de trabajo comprendidos en la actividad.
194
X. La regulación social de los mercados de trabajo en la actividad
hortícola del cinturón verde bonaerense1
X. 1. La regulación socio-institucional
1
Una primer versión del contenido de este capítulo fue presentada en el Seminario de Investigación Conjunta
entre la Universidad de Murcia (España) y la Universidad de Buenos Aires (Argentina), “Migraciones,
identidad y mercados de trabajo”, Noviembre y Diciembre del 2005, y publicada en el Nº 58 de la Revista
Sociología del Trabajo (Benenica y Quaranta: 2006).
195
En los años ochenta, con la difusión generalizada en la horticultura de la incorporación de
mano de obra no familiar a partir de relaciones de mediería -es decir, mayormente como
trabajadores a porcentaje-, los productores realizaban gran parte de su actividad al margen
de la legislación laboral, ya que estas relaciones correspondían -según los productores,
aunque rechazado por los sindicalistas- a contratos civiles entre partes. Esto permite un uso
flexible del trabajo al interior de la explotación, por ejemplo, evitando descansos y
jornadas de trabajo de duración determinada.
2
Decreto 145/2001 de regulación específica del contrato de mediería frutihortícola, en el marco de la Ley Nº
13.246 y su modificatoria Nº 22.298. Esta figura jurídica no hacía más que legalizar lo que desde hacía
mucho tiempo ocurría de hecho o se pactaba detalladamente en los contratos de mediería de explotación
hortícola o con menor nivel de detalle en los de locación de obra realizados ante escribano público o notario.
Su aprobación fue impulsada por la acción gremial de los productores, y su derogación, por la presión
sindical.
196
En el caso de contratación de mano de obra por parte del mediero, situación que se
presenta cuando por algún motivo el mismo no dispone en su hogar de la fuerza de trabajo
necesaria, en el marco de un contrato civil -que cuestiona el sindicato por considerarlo un
fraude a la legislación laboral- éste es responsable por los aportes laborales
correspondientes, aunque igualmente el dueño del establecimiento es solidariamente
responsable con respecto a estas obligaciones; es decir que, hipotéticamente, en caso de
iniciarse una acción legal por incumplimiento de la legislación laboral, y de no responder
el mediero, aquél debe hacerse cargo de la demanda. Sin embargo, en los casos en que los
medieros contratan trabajadores -al igual que los productores de nacionalidad boliviana-,
las relaciones que suelen establecerse caracterizan por los lazos de parentesco y de
“amistad”, y el trabajo no es registrado.
La difusión del trabajo no registrado también es una situación ampliamente difundida entre
los trabajadores asalariados, sobre todo entre los estacionales. En las explotaciones más
pequeñas, por ejemplo aquellas con un único mediero o un solo asalariado, los trabajadores
en esta condición –comúnmente- reducen la distancia social con respecto a sus patrones,
adoptando en la relación laboral mayor fuerza los vínculos personales. En cambio, en las
unidades de mayor envergadura y de carácter empresarial más acentuado, muchas veces
recurren a estrategias parciales de registro de los trabajadores, dada su mayor exposición a
la acción legal y sindical.
La acción sindical que presiona para el registro de los trabajadores según lo establecido por
la legislación laboral desemboca, como se mencionó en un párrafo anterior, en el registro
como asalariado del mediero, realizando el patrón los aportes correspondientes a la
seguridad social establecidos para un peón rural. Sin embargo, en la práctica la
organización del trabajo y el sistema de remuneración adquieren una forma específica
diferenciada del típico trabajo asalariado. Los testimonios de los trabajadores indican la
presencia de los dirigentes sindicales en los establecimientos agropecuarios cumpliendo
funciones de fiscalización pero, sin embargo, remarcan el escaso contacto que establecen
con ellos. En este sentido un trabajador manifiesta:
“ .... la gente del sindicato viene cada tanto, pero habla sólo con el
patrón.”(TH7)
197
Esta modalidad de registrar formalmente a los trabajadores medieros como asalariados y
organizar el trabajo al interior de la quinta a partir de relaciones de mediería, ampliamente
utilizada en las empresas de mayor escala, en uno de los principales partidos productivos
de la Zona Sur, resultó de la resolución de conflictos surgidos entre el sindicato y los
productores por la contratación de trabajo no registrado. La resolución fue alcanzada a
través de una negociación entre el sindicato y la asociación de productores que agrupa al
tipo de establecimiento señalado en dicho partido.
En el caso de los de origen boliviano, los lugares de donde provienen son los valles
andinos (Tarija, Cochabamba, Oruro), donde se practica una agricultura de características
campesinas; pertenecen a hogares de agricultores productores de papas, habas, maíz, etc.
En estos hogares se encuentra difundido el trabajo extrapredial en el sector agropecuario y,
muchas veces, también en otros sectores de la economía, como la construcción.
Los de mayor edad, en su gran mayoría, han entrado por primera vez en la Argentina como
peones del tabaco, la caña de azúcar o el tomate, en Jujuy y Salta (provincias lindantes con
198
Bolivia), a la edad de 8 a 11 años (con sus padres), o a los 16-17 (solos); después
recorrieron otros cultivos, llegando en sus desplazamientos hasta la región cuyana, donde
participaron de la cosecha de uva y de ajo. Comentan que al finalizar cada cosecha,
siempre regresaban al lugar de origen. En estos viajes, muchas veces, las familias tenían
hijos de nacionalidad argentina que posteriormente podían incorporarse a los mercados de
trabajo con menos dificultades. En una determinada instancia, estos recorridos migratorios
suelen incluir el desempeño laboral en algún cinturón hortícola de nuestro país, en el cual
se establecen a partir de alguna cadena migratoria. A través de estas trayectorias los
trabajadores adquieren las capacidades para llevar adelante una actividad hortícola
empresarial y profesionalizada.
Estas familias guardan estrechos contactos con sus comunidades de origen, a las que algún
miembro del hogar regresa con periodicidad3 anual, donde suelen invertir en el
mejoramiento de sus viviendas e, inclusive, en sus pequeñas explotaciones, que a menudo
están a cargo de un pariente que permaneció en el lugar de origen. En algunos casos,
cuando los trabajadores se retiran de estos mercados de trabajo hortícola, suelen retornar a
sus comunidades, donde invirtieron sus excedentes durante los años de actividad. En otros
casos, se establecen definitivamente en la Argentina transformándose muchas veces en
productores y alcanzando, en algunas ocasiones, a acceder a la propiedad de la tierra.
También, pueden dedicarse a la comercialización mayorista o minorista de verduras o
hortalizas.
Por su parte, los trabajadores cuyas familias son originarias de provincias del interior de
nuestro país pueden tener experiencia en horticultura comercial cuando provienen de
provincias donde esta actividad está difundida, como por ejemplo en las provincias de
Jujuy y de Salta; en cambio, trabajadores de origen campesino, sin participación previa en
esta actividad bajo modalidades empresariales, suelen adquirir este oficio en la zona de
destino a través de la participación en esos mercados de trabajo. El proceso de aprendizaje
suele ser conducido por la misma persona que movilizó la red social de parentesco y
amistades a través de las cual suelen ser contratados estos trabajadores. Las mujeres de
3
Estas visitas se producen sobre todo durante los meses de menores requerimientos de trabajo (fin del otoño
y principios del invierno), cuando suelen tomar sus vacaciones.
199
nacionalidad argentina se desempeñan en la horticultura con menor frecuencia, en cambio,
participan activamente en actividades de servicio doméstico.
Así, los trabajadores del interior del país generalmente acceden al área de la mano de otro
trabajador, que en ocasiones hace las veces de capataz en el misma quinta donde los
ofrece; también es habitual que hayan realizado distintos recorridos por otros mercados de
trabajo rural que requieren mano de obra temporaria: el algodón, en su momento, en el
Chaco; la caña de azúcar, en Salta y Tucumán; las peras y manzanas en el alto Valle del
Río Negro y Neuquén; la horticultura, en otros cinturones verdes: Córdoba, Tucumán,
Jujuy, Rosario, Mar del Plata, etcétera (Benencia: 2006).
La organización del trabajo depende de la elección de los productores que, según el caso,
muestran preferencias por la mediería o la utilización del trabajo asalariado. En los casos
de cultivos hortícolas menos intensivos en requerimientos de mano de obra, como los
cultivos de hoja, predomina la utilización de fuerza de trabajo asalariada y, en cambio, en
cultivos con mayores requerimientos de trabajo es más común la presencia de trabajadores
medieros. De todas formas, la decisión sobre la forma de organizar el trabajo, ya sea con
asalariados o con medieros, depende finalmente de la opción adoptada por el productor.
200
tanteros. Estos últimos se encuentran ocupados con bastante continuidad a lo largo del año
debido a la cantidad de ciclos productivos posibles de realizar en la horticultura.
Y sostiene que
La preferencia por esta forma de organización del trabajo se sostiene sobre dos cuestiones:
una, referida a la magnitud de la mano de obra requerida y su incidencia en la estructura de
costos; otra, vinculada a las preferencias del productor sobre la modalidad de organizar el
trabajo adoptada, ya que la utilización de asalariados demanda menores negociaciones con
respecto al vínculo laboral.
201
El mediero en comparación con los asalariados, según un productor de la zona sur del área
hortícola bonaerense:
202
La relación de mediería implica una negociación sobre diferentes aspectos entre los que se
destacan los cultivos a realizar y los porcentajes a percibir. Dado que el sistema de
remuneración establece para el trabajador un porcentaje de los beneficios obtenidos por la
comercialización del producto obtenido resultan para éste fundamentales los rendimientos
y los precios finales de la producción. En este sentido resulta clave para los medieros el
tipo de productor con el cual se ocupan y, consecuentemente, suelen preferir un
determinado tipo de patrón sobre otro.
203
Aun dentro de la aparente rigidez de estas convenciones, existen espacios donde se puede
llegar a acuerdos a partir de prácticas de negociación; entre estos acuerdos, podemos
mencionar los siguientes: a) se puede negociar la cantidad de tierra que se da en mediería
(que va a depender de la cantidad y calidad de mano de obra con que cuente el mediero, y
de la cantidad de medieros que quiera contratar el patrón); b) se puede negociar trabajar a
campo o bajo invernáculo, o a campo e invernáculo, simultáneamente; c) se acuerda el
cultivo a desarrollar en la parcela que se especifique (generalmente el mediero va a querer
trabajar aquella hortaliza o verdura que le deje más dinero en el menor tiempo;4 en tanto
que el patrón, aquella cuya producción requiera mayor cantidad de mano de obra y/o
trabajadores con condiciones particulares para el tratamiento del producto a cosechar) y,
por último, d) se acuerda el porcentaje que le corresponde a cada parte, según los aportes,
ya que el producto de la explotación será entregado por el mediero para su venta, de común
acuerdo entre ambos, y el cobro líquido de la venta se repartirá entre patrón y medieros en
los porcentajes que se establezcan.
Los medieros pueden tener que recurrir a trabajadores temporarios no familiares en los
momentos de mayor requerimiento de mano de obra, otorgándole otro carácter a la relación
contractual que establecen con el productor. El aporte que los medieros realizan de esta
mano de obra de carácter estacional evita a los productores los inconvenientes de tener que
4
El mediero, a veces, no acepta un determinado producto porque no tiene precio.
204
contratar mano de obra estacional. Los medieros suelen recurrir, habitualmente, a las redes
sociales establecidas con su lugar de origen para movilizar esta fuerza de trabajo. Otro
elemento que puede modificar el carácter de la relación son los aportes realizados por el
mediero, adicionales a su trabajo y el de su familia, de insumos o algún tipo de capital. Así,
como ya afirmamos y profundizaremos posteriormente, la relación de mediería se desplaza
desde una situación de trabajo dependiente a una relación de sociedad, marcada por la
desigualdad entre las partes (Benencia y Quaranta: 2003).
Podemos decir que este tipo de explotaciones tiene baja división interna del trabajo en
general, con ello damos cuenta de que la incorporación de medieros con su familia no
produce especialización en la unidad productiva, ni en el interior de la parcela con
mediería (en ella existen acuerdos de trabajo entre los miembros de la familia con el jefe,
que es quien asigna tareas en función del sexo de los familiares), “todos hacen de todo”; no
obstante, se observan, acciones generales de “vigilancia” por parte del quintero o de
miembros de su familia, a partir de una presencia cotidiana, para asegurar el cumplimiento
del contrato. En el caso de que la explotación sea de una escala importante e incorpore a
varios medieros en su interior, puede haber delegación de la función de “vigilancia” de los
medieros y de supervisión de los asalariados del quintero en un capataz, y por otro, los
miembros de la familia del patrón pueden realizar actividades específicas de manejo del
tractor, para “...dejar la tierra preparada...”.
Este tipo de contrato es elegido preferentemente por el patrón como forma de reducir
riesgos;5 según el tipo de producción que realice -básicamente, ésta debe ser intensiva en el
uso de mano de obra (pimientos, tomates, etcétera) y de insumos-, y realizarse de forma
mixta (a campo y en invernáculo). Esta modalidad de organizar de trabajo evita la
necesidad de supervisar a fondo un proceso de trabajo que incluye una amplia gama de
tareas. Por su parte, el mediero prefiere esta forma de contratación porque le permite
obtener un mayor nivel de remuneración que el simple contrato de asalariazación a lo largo
del ciclo del cultivo.
5
Tratando de compensar la variación de los precios del producto a lo largo del ciclo; así como las posibles
pérdidas de cosechas atribuibles a factores climáticos.
205
La supervisión de las tareas en los casos de quintas que organizan la producción y el
trabajo a partir de relaciones de mediería no implica la permanencia continua del productor
o de un capataz junto a los trabajadores. La actividad de supervisión consiste en diferentes
recorridas que hace el productor, algún familiar, o el encargado de la tarea de los distintos
cultivos a cargo de los medieros y observa el estado del cultivo y la realización de las
tareas. Cuando observa que una tarea se está haciendo de modo incorrecto, corrige la
ejecución de la misma y les enseña a los trabajadores cómo desea que ésta se realice. Junto
a este procedimiento es clave para la supervisión evaluar los resultados de producción para
ajustar, en caso de ser necesario, el desempeño laboral de un determinado mediero. Un
productor de alto desarrollo empresarial de la Zona Sur manifiesta: “si una parcela tiene
que rendir 600 cajones con los métodos comunes y rinde 400, algo falla, algo se está
haciendo mal; el riego, por ejemplo”.
206
llevar adelante las actividades productivas. Las negociaciones que implican estos procesos
establecen diferentes formas del control del trabajo.
Un productor de la zona sur expresa esto muy claramente cuando lo interrogamos sobre si
el boliviano es mejor trabajador que el criollo:
6
Hasta el año 2001 esta modalidad permitía a estos trabajadores obtener alrededor de 600 pesos mensuales
(remuneración aproximada de un trabajador a destajo “tantero” antes de la devaluación), que en su gran
mayoría se ahorraban para sostener las necesidades del hogar de origen. En esos años esto podría significar
un ingreso anual para esas familias de alrededor de 4.000 pesos (equivalentes a valor dólar). Esta modalidad
actualmente se redujo, aunque no desapareció, entre los productores de nacionalidad argentina, mientras que
continúa ampliamente difundido en los casos de productores originarios de Bolivia que contratan
trabajadores no familiares que, inclusive pagan salarios menores. Téngase presente que en las condiciones
actuales estos trabajadores bolivianos por temporada pueden obtener, a costa de grandes esfuerzos laborales
en pésimas condiciones de trabajo, excedentes de aproximadamente 1.500 U$S, que continúan representando
un aporte significativo para el ingreso anual de sus hogares en su lugar de origen.
207
“A la lechuga francesa cuando ya está alta no hay que regarla al sol
porque se quema, sólo los bolivianos la riegan por la noche o de
madrugada.” (PH5)
Un productor de la Zona Sur manifiesta con respecto a sus preferencias según tipo de
trabajador:
“A los bolitas7 uno les indica cómo hacer paquetes de acelga, cuántos
van en un cajón y esté seguro de que, si se revisa, en todos los cajones
va a haber la misma cantidad; antes, cuando contrataba tucumanos,
me ponían paquetes en la parte de arriba del cajón y abajo
rellenaban con hojas sueltas”, y agrega, “uno se levanta a las seis de
la mañana y ya está casi completa la carga, porque los bolivianos se
han levantado a las tres para armar los paquetes y cargar.” (PH7)
Estos “buenos gestos” se pueden traducir, en caso de ser necesario, en jornadas más
extensas de trabajo; en resignar el día de descanso semanal en caso de un requerimiento
excepcional de trabajo y, sobre todo, se manifiestan en una predisposición a realizar su
trabajo de la mejor manera posible al construirse un compromiso “moral” con su
empleador. Este productor considera “que no tiene (conflictos), porque no le han hecho
juicios, porque los trata como seres humanos, no como otros, que los tratan como indios”,
y posteriormente agrega: “aunque algunos son verdaderamente indios, y yo los voy
reeducando”. La construcción de la relación de trabajo de tipo paternalista se asocia a la
conformación de una mano de obra acorde a los requisitos y “gustos” de los empleadores,
que coincide y se articula con los proyectos migratorios de las familias bolivianas, que
7
Peyorativo del gentilicio boliviano, cuyo uso se encuentra ampliamente difundido en la sociedad local o de
acogida.
208
buscan a partir de grandes esfuerzos laborales alcanzar niveles de acumulación y ahorro
que les permitan establecerse en la Argentina o retornar a sus lugares de origen en mejores
condiciones socio-económicas que las que disponían al momento de la partida.
“El problema es que (el mediero) siempre está pensado que le estás
robando con el precio al que se vende la verdura, y no se da cuenta
de que siempre hay un precio ficticio, que es el más alto, y cree que es
al que hay que vender, pero ése es el precio de un momento en el día
o de un día en el mes, porque en ese momento escaseó determinado
producto (...), además, no le podés vender a ese precio a un cliente
que te compra cuando el producto está muy alto o cuando está muy
bajo, al cliente lo tenés que conservar, no lo podés matar, entonces si
lo querés conservar tenés que bajar.” (PH3)
El precio del producto a partir del cual se calcula la remuneración del mediero constituye
un acuerdo implícito que refleja la confianza del mediero hacia el patrón. Por ejemplo, un
mediero que hace 14 años que trabaja en la misma quinta, respondió ante la consulta sobre
el precio de los cultivos que "eso lo sabe el patrón”.
Las formas que tienen cada una de las partes de establecer ciertos controles o presiones
para el mejor cumplimiento del convenio son variadas. En el caso del mediero, es crucial el
seguimiento de la evolución periódica de los precios a que son vendidos los productos, que
realiza los domingos en la cancha de fútbol; si ve que la distancia entre lo esperado y lo
recibido se ensancha, tiene algunas formas indirectas de hacer saber su descontento: a)
bajar el rendimiento o b) dar a conocer que está enterado de los engaños a que lo somete el
patrón (diciéndoselo a otro mediero; comentándole al capataz, etcétera, para que llegue a
oídos del patrón). El patrón, por su parte, para controlar que el rendimiento sea el adecuado
en función de la combinación de los factores de la producción, puede apelar a distintas
formas de control: a) el recorrido diario de la quinta, observando si se utilizan las
cantidades requeridas de insumos para un lote como el que maneja cada mediero, b)
comparando los rendimientos obtenidos con los que él ha calculado; si aquéllos se apartan
mucho de lo esperado, debe intensificar el control, insistir en los reclamos, y si ve que con
209
estos esfuerzos la situación no se modifica, puede llegar a prescindir del mediero; c)
ubicando a trabajadores especializados en la realización de ciertas actividades clave para
un producto, con lo cual estandariza la calidad de estas actividades.
Los conflictos en el lugar de trabajo que involucran a los medieros suelen expresarse
fundamentalmente en la ejecución de las tareas, y comúnmente son desatados por
desacuerdos sobre el precio real de los productos o por tratos considerados arbitrarios por
parte de los patrones o de los capataces. Un ejemplo de la importancia del trato de la
dirección hacia los trabajadores con respecto a la construcción de consensos y la disolución
de los conflictos, inclusive, se puede observar en una explotación que se caracteriza por
relaciones laborales de tipo paternalista, donde la presencia de un capataz que ejercía su
autoridad de modo considerado por los trabajadores arbitrario (“era muy prepotente y
acostumbraba dar órdenes de mala manera”), se tradujo en malos desempeños laborales. El
reemplazo del capataz por otra figura aceptada por los trabajadores se tradujo en la
renovación de su compromiso con el patrón y el desempeño laboral en la quinta.
Se observan dos grandes modelos de relaciones entre los productores y los medieros. Por
un lado, aquellos casos donde se establecen relaciones muy duraderas y, por otro, los
210
casos donde las tensiones y los conflictos implican una alta rotación de los trabajadores.
De esta manera, en las quintas que gestionan su mano de obra a partir de relaciones de tipo
paternalistas suelen encontrarse trabajando grupos de parientes y amigos. Inclusive cuando
algún mediero se retira por edad avanzada o algún otro motivo, algunos de los hijos pueden
continuar con este trabajo y esta relación.
Cuando los medieros de origen boliviano contratan trabajadores, generalmente sólo en los
casos en que no disponen en su hogar de la fuerza de trabajo necesaria, suelen recurrir a
personas de su nacionalidad oriundos de su lugar de origen y, comúnmente, comparten
lazos de parentesco. Se trata de relaciones de trabajo precarias y no registradas, muchas
veces acompañadas por la condición de migrante indocumentado. Estos mecanismos de
contratación son comunes con los productores de nacionalidad boliviana. Estos
productores no recurren generalmente a la mediería, salvo que sean parientes directos, sino
que prefieren contratar asalariados
El despido, en general, constituye una herramienta disciplinadora que opera como ejemplo,
inclusive en los casos de relaciones paternalistas, cuando algún comportamiento no se
ajusta a los criterios requeridos por el patrón.
Cuando los trabajadores de nacionalidad boliviana comparten el lugar de trabajo con otros
de origen local se suelen generar tensiones. Un productor afirma que:
211
“En mi quinta trato de tener gente de la misma raza, santiagueños,
correntinos, porque si no hay problemas; hoy tengo todos
correntinos, que además son de la misma familia, parientes o
conocidos del mismo pueblo (...); cuando hace falta gente, les digo
necesito que me traigan un muchacho y ellos se encargan.” (PH8)
Esto sucede comúnmente en los casos de patrones de tipo no “paternalista”, que son
considerados “malos patrones”, tanto por los medieros como por otro tipo de productor,
por lo cual no incide negativamente en la posibilidad de conseguir un nuevo trabajo.
212
que se inició en la actividad como tantero, afirma desde su actual posición de patrón que
“empleados provincianos no toma (...); el santiagueño y el correntino son exigentes; desde
que entran a trabajar están pensando en hacer juicio si el patrón no les cumple; en cambio,
al boliviano si lo echan se va”.
213
Resumiendo algunos aspectos centrales de los últimos dos capítulos destacamos, en primer
lugar, la asociación entre la producción bajo cubierta y la mediería como forma social de
trabajo en los sectores más dinámicos de la horticultura ubicados en la Zona Sur del
cinturón. Esta zona concentra algo más del 70% de los establecimientos del área y, en la
misma, más del 70% de la mano de obra no familiar del productor corresponde al mediero
y a sus familiares.
214
por principios de intercambio de “don” y “contra don”, que en este caso, resultan
determinantes. Por ejemplo, bajo esa lógica, se construye la predisposición del trabajador a
desempeñarse según los requerimientos del patrón reduciendo sustancialmente las
tensiones y conflictos emergentes en el sitio de producción. Así, los factores de
reciprocidad se constituyen en elementos centrales de los procesos sociales de regulación
de los mercados de trabajo. El tipo de reciprocidad presente en estas relaciones de trabajo,
por definición asimétricas, se ubican, como mencionamos en la parte teórica de este
estudio, entre lo que Sahlins (1974) denomina reciprocidad equilibrada y reciprocidad
negativa.
215
dispositivos de tipo asociativo, dando por resultado un complejo socio-regulador que se
explica, fundamentalmente, a partir del primer tipo de factor.
216
XI. El complejo lácteo pampeano 1
Frente a ese panorama, y en uno de los intentos por revertirlo, se establece la obligación de
pasteurizar la leche y un conjunto de criterios de bonificación, según sanidad del rodeo y
condición del producto, que fijan las bases para la transformación del eslabón primario
lechero, generándose las condiciones para el desarrollo del complejo lácteo moderno en
nuestro país (Gutman y Rebella: 1990).
A principios de los años ´70, la producción lechera tanto primaria como industrial
experimenta un período de expansión que se extendió hasta el año 1976, alcanzando 5.600
millones de litros. A partir de ese momento se detendrá el crecimiento productivo,
enfrentando la actividad un fuerte estancamiento que durará hasta mediados de la década
siguiente. Igualmente, no se produjeron cambios significativos en las condiciones
1
Como se mencionó en la introducción los capítulos referidos a la actividad lechera se basan en un conjunto
de resultados obtenidos en las investigaciones correspondientes a mis becas del Consejo Nacional de
Investigaciones Científicas y Técnicas de la Argentina y mi tesis de Maestría de la Facultad Latinoamericana
de Ciencias Sociales (FLACSO/Buenos Aires).
2
En la región Pampeana se denomina tambo a las explotaciones agropecuarias productoras de leche.
217
productivas, siendo su perfil tecnológico a mediados de la década del '70 similar al
presente en el decenio anterior.
La caída de la producción luego del punto máximo logrado en el año 1976 marca el inicio
de un período de crisis que alcanzará su punto más crítico entre fines de los ‟70 y
principios de los ´80 cuando se debe importar leche en polvo para hacer frente a la crisis de
la actividad. Los diagnósticos sobre la producción primaria destacaban una alimentación
deficiente del rodeo en cantidad y calidad que se expresaba en niveles de productividad
bajos en la mayoría de los tambos del país. A esto se sumaban deficiencias en el manejo
reproductivo y en las instalaciones de tambo disponibles. Frente a esta situación, las
principales firmas lácteas difundieron entre los productores primarios un paquete
tecnológico que les permitiese disponer de modo continuo a lo largo del año de una oferta
de leche en las cantidades necesarias y de las calidades requeridas. Para lograr este
objetivo las empresas recurrieron a servicios de extensión propios y financiaron la
incorporación de tecnologías como, por ejemplo, maquinas de ordeñe y equipos de frío
(Posadas: 1995).
218
XI. 1. La década del ´80: los procesos de cambio tecnológico en el sector primario y la
consolidación de las grandes firmas industriales multiplantas y multipropósito.
Durante el primer lustro de la década del ochenta se comienzan a observar los resultados
de las actividades de transferencia tecnológica que las grandes usinas lácteas emprendían
hacia las explotaciones tamberas3 .
3
“Los logros de La Serenísima en materia de adopción de tecnología por parte de los sujetos de extensión,
pueden cuantificarse: a) la utilización de la suplementación alimentaria con raciones a los animales, crece el
400%; b) la implantación de praderas permanentes comprende casi el 50% de los tambos remitentes; c) el
219
Estos procesos de cambio tecnológico estuvieron acompañados por una fuerte reducción
del número de tambos en las tres principales provincias de la región pampeana. De este
modo, el número de explotaciones tamberas cae en algo más del 26%, ya que mientras que
en 1982 había en la región 37.500 tambos, en 1988 esa cantidad había disminuido a 27.500
(Perelman: 1993).
En el año 1988 en las provincias que conforman la región pampeana (sin contar la
provincia de La Pampa) había 27.500 explotaciones tamberas con 2.407.00 vacunos de
ordeñe. El 37% de estas explotaciones realizaba ordeñe manual y poseía el 15.7% de las
cabezas, mientras que el 63% ordeñaba mecánicamente y tenía el 84.3% del ganado. En
ese contexto, en 1989, se alcanza un punto máximo de producción con 6.042 millones de
litros, que representa un incremento de aproximadamente un 8% con respecto al nivel más
elevado de la década anterior y de algo más del 17% desde principios de los 80.
El sector industrial lácteo experimentó cambios que resultaron de vital importancia en los
años siguientes como, por ejemplo, la compra de bienes de capital y tecnología en
mercados externos facilitadas por una política cambiara, que hasta los años ochenta
sobrevaluaba la moneda local frente al dólar, y que permitió adquirir equipos y máquinas
cercanas a los niveles tecnológicos internacionales más avanzados. En este contexto se
consolida la presencia y la hegemonía de firmas multiplantas y multiproductos de capital
de origen nacional en el mercado doméstico, donde además de una mayor concentración
económica de la rama se produjo un incremento de la escala técnica con el consecuente
crecimiento del tamaño medio de las plantas (Guttman y Rebella: 1990).
En la década del ´80 en la industria láctea aparecen tres tipos de empresas bien
diferenciadas. En primer lugar, las grandes firmas de la actividad: Mastellone Hnos. (La
Serenísima), Sancor C.U.L., y Nestlé, esta última de capital extranjero, todas empresas
multiplantas y multiproductos. En segundo lugar, firmas medianas aunque también de
características multiplantas. Dentro de este grupo, podemos distinguir las que destinan su
producción a un mercado regional, las que producen para mercados nacionales y las que
acondicionamiento y uso de fardos creció, a nivel del número de unidades que lo realizan, en un 375%; d)
más del 50% de los tambos hacen uso de alambrado eléctrico.” (Posada y Pucciarelli, 1997: 627).
220
trabajan sobre la demanda de ambos tipos de mercados. Finalmente, en tercer lugar,
pequeños establecimientos cuasi artesanales que restringen su influencia generalmente
sobre mercados locales y se dedican a la producción de quesos de pasta blanda. Frente a
los cambios en la distribución y la caída de los ingresos reales de la población, las firmas
lácteas más importantes orientaron sus estrategias buscando diversificar las gamas de
productos que ofrecían y dirigir su oferta hacia segmentos de la demanda de medianos y
altos ingresos (Gutman y Rebella: 1990).
En esta década, el precio de la leche muestra cierto retraso frente a los costos de
producción, afectando los márgenes de beneficio de estas explotaciones. Ante esta
situación, las entidades gremiales de productores demandan que se garantice un precio
aceptable en relación a los costos de producción. Por su parte, las industrias no se oponían
a mejorar los precios a los productores mientras que la Secretaría de Comercio les
permitiera trasladarlos al consumidor final..
Ante este panorama se formó una Comisión de Política Lechera que tenía por función
establecer líneas estratégicas para el futuro desenvolvimiento de la actividad. La Comisión
de Política Lechera a partir del trabajo realizado formuló una propuesta de política para el
sector que fue aprobada y que posteriormente en el año 1986 se convirtió en ley (23.359).
Así, se instrumentaron dos organismos: Comisión de Concertación de Política Lechera
(COCOPOLE) y el Fondo de Promoción de la Actividad Lechera (FOPAL).
4
Pero en la práctica se hizo habitual la intervención del organismo público. La imposibilidad de lograr
acuerdos se originaba porque, finalmente, la Secretaría de Comercio Interior fijaba precios máximos para los
productos de las firmas lácteas que impedían a éstas transferir al consumidor el aumento de la materia prima.
221
La FOPAL tenía por objetivo y función promover la exportación de productos lácteos. Para
ello establecía un fondo de promoción a las exportaciones que se financiaba a través del
siguiente mecanismo: las usinas pagaban el mismo precio por la leche excedente que la
leche base pero la diferencia entre ambas se depositaban en el mencionado fondo.
Igualmente, las exportaciones durante la década del 80 no escaparon a su comportamiento
errático y mantuvieron su condición de modalidad de ajuste para los desequilibrios entre el
consumo interno y la oferta de estos productos.
La organización del trabajo en las explotaciones tamberas no familiares en los años previos
a la difusión de la mecanización del ordeñe se basaba, principalmente, en el trabajo del
tambero mediero5 y su familia. Generalmente, se trataba de explotaciones agropecuarias
que realizaban una ganadería doble propósito, donde los terneros eran exclusivamente para
el productor o propietario del establecimiento ganadero o agrícola ganadero, mientras que
la producción de leche era compartida con el tambero mediero como modalidad de
remuneración de su trabajo. La calificación de mediería surgía del porcentaje de la leche
que le correspondía a estos tamberos por su trabajo y el de su familia, que se acercaba -
según el caso- a la mitad de la producción obtenida.
Los procesos de cambio tecnológico, implicaron no sólo la mecanización del ordeñe, sino
que también se asocian a la incorporación progresiva de una serie de prácticas que
conformaban el paquete tecnológico. Recuérdese que este paquete tecnológico además de
la mecanización del ordeñe y un mejor cuidado de la leche ordeñada, también incluía
nuevas prácticas de sanidad animal, alimentación y manejo reproductivo del rodeo. Estos
cambios modificaron las tareas presentes en el proceso de trabajo y su organización. Como
consecuencia de estos cambios, se incrementaron las tareas del tambero a lo largo de la
jornada de trabajo y las mismas adquirieron mayor nivel de complejidad. La mecanización
del ordeñe y la incorporación de otras prácticas de manejo –como, por ejemplo, la cría
artificial de terneros, la suplementación y el pastoreo rotativo6- incrementaron, en algunos
5
La mediería en la producción lechera estaba regulada legalmente por el “estatuto del tambero mediero”. En
su forma tradicional esta actividad correspondía a productores ausentitas dedicados también a la cría de
ganado. Entre los medieros fue común en la primer mitad del siglo XX la presencia de inmigrantes del País
Vasco.
6
Esta práctica consiste en la administración de la pastura para el pastoreo de los animales según
disponibilidad de forraje en franjas fijadas por un hilo de alambre conectado a una batería.
222
casos, la duración de la jornada de trabajo y mejoraron las condiciones bajo las cuales se
realiza el trabajo (Solé: 1987).
Estos procesos desplazaron algunas de las tareas y modificaron otras. La cría artificial de
los terneros agregó el cuidado de la “guachera”7 que incluye su alimentación y su atención
sanitaria. El uso del pastoreo rotativo agregó la actividad de modificar diariamente la
parcela delimitada y exigió a los tamberos saber evaluar la disponibilidad de forraje para la
administración del pastoreo rotativo. También, se sumó la tarea de suplementar8 que suele
resultar tediosa para los medieros y en algunas ocasiones se bonifica aparte, o por ese
motivo se exime al tambero de la realización de la misma. Con respecto al ordeñe, la
mecanización reemplazó la ejecución manual de la tarea mejorando las instalaciones y
condiciones de trabajo para su realización. Pero, al mismo tiempo, incorporó el doble
ordeñe diario con la consecuente duplicación de la tarea, extendiendo la jornada de trabajo
en los casos que no hay una relación equilibrada entre el tamaño del rodeo y las
instalaciones de ordeñe disponible.
La producción, luego de alcanzar su punto máximo en 1989 con algo más de 6.000
millones de litros, caerá en los dos años siguientes para recuperar en 1992, e iniciar un
proceso de expansión sostenido alcanzando en 1999 los 10.300 millones de litros de
producción anual.
7
Espacio físico donde se realiza la cría artificial de los terneros.
8
Distribuir la ración de alimentos como granos o concentrados.
223
que se deroga el decreto 6640/63 que pactaba las bonificación que fueron un hito en la
conformación del complejo lácteo “moderno”. De todos modos, estos mecanismos basados
en premios y castigos que se ejecutaban a través de las bonificaciones continuaron siendo
una herramienta utilizada por las empresas lácteas
La primera mitad de la década del ‟90 presentó para la producción de leche un escenario
favorable en lo que a márgenes de beneficio respecta. En este contexto -según el Informe
Estadístico de Leche y Productos Lácteos (1996)- se observa un aumento de la producción
de algo más del 45% entre 1988 y 1996, que fue acompañado por la profundización de los
senderos de cambio tecnológico transitados en la década anterior, ya que al mismo tiempo
el número de tambos desciende casi un 30% y la producción anual de litros de leche por
vaca aumenta el 25% en promedio.
Con relación a la industria de productos lácteos, en 1994 esta tenía en total 1.392 locales y
2.2971 puestos de trabajo que representaban 8.4% de los ocupados en las industrias de
alimentos y bebidas. Además, explicaba el 11.6% del valor de la producción de dicho
sector de la industria de nuestro país (Obschatko y Machinea: 1996). Con respecto a 1984
se observa una caída significativa de los establecimientos y también una reducción del
personal ocupado aunque de carácter más atenuado.
Hasta la década del ´90, las dos empresas de mayor dimensión eran de capital nacional
(Mastellone Hnos. y SANCOR) y en tercer lugar recién aparecía Nestlé, una empresa de
capital extranjero. A partir de las políticas de apertura y la conformación de un mercado
regional con un número de consumidores potenciales mucho más elevado, se posibilitó la
llegada de capitales de origen transnacional al complejo lácteo. Así, según Obschatko y
Machinea (1996) para el año 1995 se realizaron inversiones en la actividad que evidencian
cifras similares para las nacionales y las extranjeras. Entre 1993 y 1998 las inversiones en
esta rama de la industria alimentaria fueron de 1.300 millones de dólares. Estas inversiones
mayormente se destinaron a la instalación o remodelación de plantas y a la compra de
equipos, en segundo lugar con algo más de un tercio de las mismas aparecen los joint
venture, y en último lugar las compras directas.
224
Luego de la transición marcada por el inicio de las políticas agrupadas bajo el denominado
“modelo” de convertibilidad, se observa un crecimiento significativo de las exportaciones
de productos lácteos. De este modo, en el año 1993 se exportan productos por 78 millones
de dólares, en 1994: 127 millones, en 1995: 278 millones y en 1996: 288 millones
(SGPyA: 1996). El destino de estas exportaciones está marcado por la conformación del
MERCOSUR y el arancel común a países externos al bloque regional. Así, entre los años
1991-1995, el 80% de las exportaciones de este complejo se realizan a países del mercado
común, fundamentalmente Brasil.
El aumento del consumo por habitante, las modificaciones de los patrones de consumo,
una mayor concurrencia de firmas multinacionales, planificación estratégica a nivel del
MERCOSUR, el fenómeno del supermercadismo son elementos presentes en la
configuración de la nueva situación. En este contexto, además del mencionado incremento
de las exportaciones, se alcanzó un consumo aparente por persona de 228 litros anuales
para 1997. Durante estos años los productos que vieron incrementado su consumo más
significativamente fueron: postres, flanes, yogur, dulce de leche y quesos de pasta blanda.
225
Las explotaciones tamberas que organizan el ordeñe con medieros muestran mayor
heterogeneidad en lo que a incorporación de tecnología, escala y calidad de la leche se
refiere. Los establecimientos tamberos correspondientes a la modalidad de mediería
empresarial presentan escalas medias o altas (entre 2.000 y 4.000 litros de leche diarios de
producción), una alta incorporación tecnológica y una baja división técnica y
especialización del trabajo. La mediería constituye, en el marco de una producción
altamente modernizada, una relación de trabajo dependiente no salarial, ya que la
remuneración se establece a partir de un porcentaje del resultado económico de la
producción. Se trata de un sistema flexible de organización y de remuneración del trabajo.
En la década del ´90 se produjo una notable expansión de la producción que encontró su
límite hacia finales de la misma con la saturación del mercado interno y su crisis, las
dificultades para exportar al Brasil, y el no acceso a mercados alternativos. En esos años en
los cuales se desregula la actividad, se produjo una importante entrada de capital extranjero
al eslabón industrial bajo las formas de joint ventures o de inversiones directas,
incentivadas por la presencia del MERCOSUR, que fue acompañado por exigencias cada
vez mayores hacia el sector primario con respecto a las condiciones de la leche producida
en función de los nuevos requisitos de calidad. El sector primario continuó los procesos de
incorporación tecnológica, concentración productiva y reducción del número de unidades.
Así, a fines de la década, el sector enfrenta una crisis que implica la disminución de la
producción, y frente a la cual no dispone de las herramientas de políticas públicas
necesarias para su resolución.
226
XI. 3. Crisis y recuperación de la producción lechera: continuidades y rupturas en la
trayectoria del complejo lácteo pampeano
En el año 1999 la producción lechera de la Argentina supera los 10.300 millones de litros
ubicándose en su pico máximo de producción. A partir de ese momento se detiene la
expansión y se experimenta una retracción de la producción, consecuencia de la caída del
consumo interno, dada la recesión económica imperante y de la imposibilidad de
incrementar, como alternativa, las exportaciones.
La crisis política, social y económica que afectó a la Argentina a fines del año 2001
acentuó la caída de la producción y, en los años siguientes, la oferta nacional de leche se
ubicó en torno a los 7.900 millones de litros, que significa una reducción de 2.400 millones
de litros con respecto al máximo alcanzado en 1999. Así, el consumo por habitante que
había alcanzado a fines de los noventa alrededor de 280 litros desciende en el año 2003 a
algo más de 170 (Rodríguez: 2005).
9
A mediados de este año se produjeron una serie de inundaciones en algunas de las principales cuencas
lecheras de la Región pampeana y, consecuentemente, del país, que establecen un obstáculo a la recuperación
mencionada.
10
Actualmente, dada la recuperación macroeconómica, se plantean diversas tensiones entre las necesidades
de abastecer el consumo interno, a precios acordes a su poder adquisitivo, y las posibilidades de exportar,
dados los volúmenes requeridos y los precios vigentes en los mercados internacionales.
227
elaborado, las relaciones agroindustriales, los mercados de destino, los canales de
distribución, etc. (Gutman y otros: 2003; Quaranta 2003)11.
La mecanización del ordeñe en el período intercensal fue generalizada, pasando los tambos
mecanizados del 63% en el año 1988 al 93% en año 2002. Referido a otras prácticas
tecnológicas podemos señalar que tanto el pastoreo rotativo intensivo como la utilización
de reservas forrajeras se encuentran ampliamente difundidas, alcanzando al 80% de las
unidades productivas. En tanto que, la inseminación artificial se presenta en el 30% de los
tambos regionales.
11
Esta heterogeneidad se manifiesta inclusive en la existencia de estrategias agroecológicas en la producción
láctea periurbana (Ottmann y otros: 2005)
12
La competencia de actividades agrícolas, principalmente el cultivo de soja, profundizó la crisis de la
lechería y dificultó su recuperación (Rodríguez: 2005).
13
Estos establecimientos agropecuarios en su gran mayoría combinan la actividad lechera con otras
actividades agrícolas y ganaderas de modo que la mano de obra registrada en los mismos no puede asociarse
exclusivamente a la producción lechera. Esto se refleja en la importancia que adquieren, como veremos, las
categorías peón general y de operadores de maquinaría. Igualmente, esto no significa que estos trabajadores
no participen en tareas de la actividad lechera sino que suelen estar involucrados en el conjunto de las
actividades del establecimiento.
228
destacan los que contratan medieros, que corresponden al 45% del total de
establecimientos y al 74% de aquellos que contratan algún tipo de trabajador permanente.
Esto evidencia la importancia de la mediería como forma de organizar y remunerar el
trabajo en la actividad lechera de la región pampeana.
229
financieros internacionales previamente a la devaluación de la moneda implican, a pesar de
la renegociación de las mismas, dificultades financieras que pusieron en duda la
continuidad, inclusive, de firmas de gran envergadura. La empresa cooperativa Sancor, una
de las dos principales firmas lácteas del país, enfrentó necesidades financieras que la
empujaron a la búsqueda de socios que aporten los mencionados recursos, los cuales
finalmente fueron aportados a través de un acuerdo alcanzado con el gobierno venezolano.
14
Los datos del Censo Nacional Agropecuario presentados en este capítulo corresponden a procesamientos
especiales e inéditos. Agradezco especialmente a María Ester Colombo y a Pablo Hasembalg su
colaboración.
230
medida en la cuenca Mar y Sierra. Esta última cuenca si bien posee un número reducido de
establecimientos, sin embargo estos se caracterizan por su mayor envergadura productiva y
nivel tecnológico. Finalmente, un número de tambos de relativa importancia se distribuyen
por diferentes partidos de la provincia no integrados a las zonas productivas mencionadas.
231
La Cuenca Oeste explica el 38% de los tambos y la Cuenca Abasto el 34,5%. El análisis de
la distribución de los establecimientos tamberos según escala de extensión en hectáreas
evidencia la presencia de unidades de diferentes dimensiones, siendo esa distribución
relativamente homogénea en las diferentes zonas productivas. En ese escenario, los
establecimientos más pequeños incrementan su participación en la cuenca Abasto y los
mayor dimensión en la cuenca Oeste y la cuenca Mar y Sierra (Cuadro N° XI. 1).
Fuente: Elaboración propia en base a datos del Censo Nacional Agropecuario 2002 (INDEC)
La distribución de los establecimientos según forma jurídica muestra, al igual que para el
conjunto del sector agropecuario, el predominio de las unidades correspondientes a la
modalidad de persona física (65,6%), seguida por las sociedades de hecho y accidentales
(18,7%), las sociedades formalizadas (13,8%), y otras formas (1,9%). Esta distribución se
replica en las diferentes zonas productivas a excepción de la Cuenca Mar y Sierra, donde la
categoría sociedades formalizadas alcanza el 19,2%, superando a las sociedades de hecho y
accidentales.
232
arriendo, la aparcería o el contrato accidental15. Esta estrategia puede vincularse, por un
lado, a incrementar la tierra necesaria para el desarrollo de la actividad lechera y, por otro,
al desarrollo de una estrategia productiva de mayor diversificación.
15
El 48,8% de los establecimientos tamberos de la provincia poseen tierra exclusivamente en propiedad o
sucesión indivisa, el 12,2% en arrendamiento, aparcería o contrato accidental, el 31,7% combinan las dos
categorías previas, y el 7,3% corresponde a otras formas puras o combinadas.
233
Cuadro N° XI. 2.: Establecimientos tamberos de la provincia de Buenos Aires según
forma social de trabajo en el ordeñe por zona productiva, año 2002
Ordeñe
exclusivamente Ordeñe
Ordeñe con
Cuencas Total con exclusivamente
medieros
trabajadores con asalariados
familiares
Total
2828 979 1262 587
provincial
% 100 34,6 44,6 20,7
Abasto 974 330 450 194
% 100 33,8 46,3 19,9
Mar y Sierra 276 102 111 63
% 100 36,9 40,2 22,9
Oeste 1074 351 556 167
% 100 32,7 51,8 15,5
Resto de la
504 196 145 163
provincia
% 100 38,9 28,7 32,4
Fuente: Elaboración propia en base a datos del Censo Nacional Agropecuario 2002 (INDEC)
234
establecimientos más pequeños se encuentran el 40% de los tambos y el 9% de las vacas
(Cuadro N° XI. 3. y N° XI. 4. )
Cuencas Total Hasta 50 51- 150 151 – 300 301 - 500 Más de
500
Total 2.811 1.109 1.026 425 142 109
provincial
% 100 39,5 36,5 15,1 5,1 3,9
Abasto 966 430 337 138 42 19
% 100 44,5 34,9 14,3 4,3 2,0
Mar y 275 112 79 50 22 12
sierra
% 100 40,7 28,7 18,2 8,0 4,4
Oeste 1.068 361 425 163 53 66
% 100 33,8 39,8 15,3 5,0 6,2
Resto de la 502 206 185 74 25 12
provincia
% 100 41,0 36,9 14,7 5,0 2,4
Fuente: Elaboración propia en base a datos del Censo Nacional Agropecuario 2002 (INDEC)
Cuadro N° XI. 4.: Vacas totales de tambo de la provincia de Buenos Aires según
establecimientos por escala de animales en ordeñe por zonas productivas, año 2002
Más de
Cuencas Total Hasta 50 51- 150 151 - 300 301 - 500
500
Total
495.178 43.918 136.247 119.012 72.812 123.189
provincial
% 100 8,9 27,5 24,0 14,7 24,9
Abasto 140.170 17.038 44.212 37.575 21.483 19.862
% 100 12,1 31,6 26,8 15,3 14,2
Mar y
53.006 3.735 10.979 15.231 11.032 12.029
sierra
% 100 7,0 20,7 28,8 20,8 22,7
Oeste 223.693 16.039 57.660 45.756 27.546 76.692
% 100 7,2 25,8 20,5 12,2 34,3
Resto de la
78.309 7.106 23.396 20.450 12.751 14.606
provincia
% 100 9,1 29,9 26,1 16,3 18,6
Fuente: Elaboración propia en base a datos del Censo Nacional Agropecuario 2002
235
Las variables analizadas nos muestran un perfil de la lechería provincial caracterizado por
la diversidad de escenarios, pudiéndose diferenciar claramente tres situaciones: un grupo
significativo en términos de unidades que tienen una escasa participación en el total de
vacas lecheras de la provincia, otro grupo –mayoritario- de establecimientos medianos que
presenta una participación similar en el número de explotaciones y de animales, y -
finalmente- un tercer grupo reducido de unidades que concentran una proporción elevada
del rodeo lechero provincial. De esta forma, se combinan en una misma actividad los
diferentes procesos abordados por los estudios de la diferenciación social de las estructuras
sociales agrarias.
La mecanización del ordeñe actualmente es generalizada siendo marginal los tambos que
ordeñan manualmente (5%). La mayoría de los equipos de ordeñe corresponden a
instalaciones con línea de ordeñe, ya que sólo el 18% de los tambos ordeñan con máquinas
16
Téngase en cuenta que la forma de organización de la producción dominante en la lechería de la región
Pampeana favorece la diversificación productiva. Por ejemplo, la producción de maíz para la alimentación
del rodeo puede ser destinada opcionalmente a su comercialzación o se puede engordar los terneros que se
descartan de la actividad lechera.
236
a tarro. La realización del ordeñe mecánico a tarro se reduce en la Cuenca Oeste al 9% de
los establecimientos, mientras que ese valor en el resto de la zonas productivas se ubica en
torno al 20%.
Pastoreo Suplementación
Suplementación Inseminación
Cuencas rotativo con reservas
con granos artificial
intensivo forrajeras
Total provincial 2.055 1.988 1.306 1.189
% 72,7% 70,3 46,2 42,0
Abasto 724 712 392 396
% 74,3 73,1 40,2 40,6
Mar y Sierra 176 184 131 136
% 63,7 66,6 47,4 49,3
Oeste 815 777 552 429
% 75,9 72,3 51,4 40,0
Resto de la
340 315 231 228
provincia
% 67,5 62,5 45,8 45,2
Fuente: Elaboración propia en base a datos del Censo Nacional Agropecuario 2002 (INDEC)
237
Las categorías de ocupaciones referidas a tareas exclusivamente de tambo, medieros y
operadores de ordeñadoras y otras instalaciones de tambo, representan cada una algo más
del 20% de los trabajadores contratados. Esta distribución no presenta grandes variaciones
entre las principales cuencas productivas, exceptuando Mar y Sierra donde se reduce
algunos puntos porcentuales la presencia de tamberos a porcentaje y en los
establecimientos dispersos en otros partidos de la provincia en los cuales esa reducción es
todavía más acentuada.
17
En la provincia de Buenos Aires existen 467 establecimientos donde se registran al mismo tiempo
medieros y operadores de ordeñadoras y otras instalaciones de tambo, de los cuales 369 poseen una única
sala de ordeñe de modo tal que en los mismo la organización del trabajo se realiza a partir de la figura del
mediero. En los 98 establecimientos restantes donde existen dos o más salas de ordeñe podrín coexistir
diferentes formas de organización del trabajo.
238
Cuadro N° XI. 6.: Trabajadores contratados de los establecimientos tamberos según
ocupación por cuenca, año 2002
Operadores
Operadores Profesio-
de
de nales y
maquinaría, Otras
Encar- ordeñadoras y técnicos
Cuencas Total
gados
Medieros
otras
Peones equipos e
de la
ocupa-
instalaciones ciones
instalaciones produ-
(exceptua-
de tambo cción
ndo tambos)
Total 7.713 544 1.583 1.563 2.407 864 192 560
provincial
% 100 7,0 20,5 20,3 31,2 11,2 2,5 7,3
2.379 194 567 420 755 190 75 178
Abasto
% 100 8,1 23,9 17,6 31,7 8,1 3,1 7,5
Mar y 835 64 134 186 246 92 27 86
Sierra
% 100 7,6 16,2 22,2 29,5 11,0 3,2 10,3
Oeste 3154 187 715 648 942 410 57 195
% 100 5,9 22,7 20,5 29,9 13,0 1,8 6,2
Resto de la 1345 99 167 309 464 172 33 101
provincia
% 100 7,3 12,4 23,0 34,5 12,8 2,5 7,5
Fuente: Elaboración propia en base a datos del Censo Nacional Agropecuario 2002 (INDEC)
239
240
XII. La regulación social de los mercados de trabajo en la lechería de la
cuenca oeste bonaerense
Como vimos en el capítulo previo la lechería pampeana enfrentó en los últimos años
profundos cambios sociales y productivos. En este capítulo abordamos los procesos de
regulación social de los mercados y de la organización del trabajo en la actividad lechera.
Se analizan –al igual que para el caso de la horticultura- los aspectos formales de la
relación de trabajo, las trayectorias de los trabajadores, las modalidad de contratación y de
organización laboral, la construcción de consensos y emergencias de conflicto en el sitio de
producción o lugar de trabajo, y los sistemas y niveles de remuneración. En el próximo
capítulo, para finalizar la tercer parte de este estudio, se analizarán comparativamente los
procesos sociales de regulación del trabajo presentes en las actividades hortícola y lechera.
241
Los procesos de modernización de la actividad desactualizaron el viejo estatuto del
tambero mediero y, de hecho, el mismo establecía que en caso de explotaciones con ordeñe
mecánico el porcentaje correspondiente a la retribución era fijado por libre acuerdo entre
las partes. La desactualización del viejo estatuto frente a las nuevas realidades de la
lechería demandó la formulación de uno nuevo. Así, se promulgó en 1999 la nueva ley
25.169 de Contrato Asociativo de Explotación Tambera que –en muchos aspectos-
recuperó prácticas que se desarrollaban como consecuencia del vacío generado por la
desactualización del viejo estatuto. Bajo esta nueva reglamentación, de carácter especial, se
fijan las pautas de organización de la explotación del tambo. Este contrato cuyo objeto es
la producción de leche fluida se establece entre las figuras del “empresario-titular” (a quien
se le garantiza un control total del proceso de trabajo y la dirección del establecimiento) y
el “tambero-asociado”. Este último es el que tiene a su cargo las tareas de producción que
deben ser ejecutadas personalmente. Además, se establece que el tambero puede contribuir
con algún tipo de capital, aunque los niveles de inversión actualmente necesarios para esta
actividad han hecho de esta posibilidad algo excepcional. Los tamberos pueden contratar
peones a su cargo y, en ese caso, deben hacerse cargo del cumplimiento de la legislación
vigente, ya que -en lo que respecta a los aspectos fiscales, previsionales y laborales- se
considera a ambos sujetos del contrato como autónomos y responsables frente la ley.
La legislación vigente que ubica la relación al margen del derecho laboral y permite un uso
flexible de la mano de obra para organizar el proceso de trabajo, evita cumplir exigencias
como los descansos dominicales, jornadas de trabajo de duración determinada, y
disposiciones sobre el trabajo de los familiares del trabajador tambero a porcentaje. Se trata
de una relación contractual que permite el uso del conjunto de trabajo presente en la
familia del tambero a porcentaje así como también aprovechar las capacidades
organizativas del grupo doméstico. En los casos que el tambero, por cualquier motivo, no
dispone de trabajo familiar, éste es reemplazado por la contratación de peones ayudantes
de tambo.
Esta condición legal y formal no coincide con lo que sucede en el proceso productivo, ya
que si bien la ley considera a ambas figuras como sujetos autónomos sin embargo se
plantean interrogantes sobre la naturaleza del vínculo contractual. La inserción de éstos en
el proceso de trabajo muestra elementos que contradicen el carácter de socio otorgado por
242
la ley, ya que se trata de una persona que trabaja bajo las ordenes de otro quien tiene a su
cargo la organización de la producción y es dueño de los medios de producción. Por su
trabajo el tambero mediero o “asociado” recibe como remuneración un porcentaje de lo
obtenido por la venta de la producción. Así, aunque no cobra un salario, mantiene con el
"empresario-titular" una relación de dependencia, aunque no de carácter típicamente
salarial.
El productor contrata seguros civiles para cubrir posibles accidentes de las diferentes
figuras de trabajadores presentes en sus establecimientos que no se encuentran contratados
según las normas del Régimen Nacional de Trabajo Agrario. Se incluye en estas figuras a
los tamberos a porcentajes y sus familiares y, en caso de existir, a los ayudantes de tambo
contratados por el tambero a porcentaje. En el caso de estos últimos téngase presente que el
productor o empresario es, por ley, solidariamente responsable con respecto a las
obligaciones del tambero a porcentaje que se desempeña en el establecimiento. Estos
seguros son establecidos a nombre de los trabajadores ya que son seguros personales de
carácter civil.
243
seguros civiles personales mencionados para afrontar las posibles demandas y “costos” de
la irregularidad laboral, ya que el tambero a porcentaje emplea estos trabajadores al
margen de la legislación vigente.
244
Inclusive, estos trabajadores, antes de ingresar a la actividad lechera, comenzaron su vida
laboral junto a sus padres en las tareas mencionadas. La formación de estos trabajadores en
este oficio recorre un sendero similar al de los hijos de los tamberos a porcentaje a través
de su desempeño como ayudantes de tambo en las diferentes tareas de la actividad,
adquiriendo un conocimiento abarcador de los diferentes aspectos de la producción. Para
estos trabajadores, el paso de ayudante de tambo a tambero a porcentaje, implica un
proceso de movilidad ocupacional, ya que en la mayoría de los casos provienen de familias
correspondientes a peones generales de agricultura y/o ganadería, cuyas remuneraciones
son sustancialmente inferiores.
Los vínculos establecidos, en la mayoría de los casos, por estos trabajadores con la
actividad no implican necesariamente la continuidad de su ocupación en la producción
lechera, ya que se observan discontinuidades en su participación. Por ejemplo, estos
trabajadores intercalan su ocupación en la lechería con la participación tanto en mercados
de trabajo agrícolas como no agrícolas, inclusive se puede sumar al cambio ocupacional
desplazamientos geográficos para su desempeño. Estos desplazamientos también pueden
presentarse dentro de la participación en los mercados de trabajo de la lechería. Por
ejemplo, un tambero a porcentaje nos manifiesta:
245
tambos, y con peones el tambo no me daba. Ahí empecé de vuelta a hacer
otros trabajos un poco de todo hasta que fui devuelta al tambo.” (TL8)
“El tambo lo hago lógico por obligación pero siempre y cuando rinda se
saque leche, porque hoy con los porcentajes bajos como son depende de
eso, sino se saca leche no cobras bien y tenés que levantarte igual y
hacer el mismo trabajo.” (TL8)
246
Los tamberos a porcentaje en edades y momentos avanzados de su trayectoria ocupacional
comienzan a organizar su retiro de la actividad. Los elevados ingresos, en términos
comparativos con otras ocupaciones agrícolas y no agrícolas, permiten cierta acumulación
de recursos que se pueden destinar a la organización de dicho retiro. En primer lugar, se
requiere adquirir una casa en una localidad urbana y, posteriormente, asegurarse otra
actividad económica que garantice los ingresos del hogar, como por ejemplo, el transporte
de mercadería o de pasajeros, o la iniciación de alguna actividad comercial. Así, se
manifiesta un tambero a porcentaje de aproximadamente 55 años:
247
vacas secas2, al manejo de la recría de vaquillonas de tambo, y al mantenimiento de la
guachera, se contrata a trabajadores que se dedican a una o a un conjunto limitado de estas
tareas. Dada las dimensiones de estos establecimientos suelen tener entre su maquinaría,
además de la general como los tractores y las sembradoras, por ejemplo, enrolladoras de
forraje y mezcladoras y picadoras de grano, contratando trabajadores especializados en la
operación de las mismas.
Una situación particular se presenta en los casos de tambos de dimensiones similares a los
denominados megatambos, donde el ordeñe esta a cargo de un ordeñador a porcentaje
contratado bajo la normativa del Contrato Asociativo de Explotación Tambera, quien a su
vez contrata y dirige a los ordeñadores asalariados. Estos trabajadores poseen una menor
calificación laboral que el tambero a porcentaje y, en primera instancia, tienen un manejo
parcial de los conocimientos requeridos para el desarrollo del conjunto de la producción.
Las tareas que corresponden realizar al tambero a porcentaje junto a sus ayudantes de
tambo son las involucradas en el ordeñe del rodeo, pudiéndose sumar el manejo del
pastoreo rotativo intensivo.
En estos casos, una forma de organizar el trabajo en el ordeñe es conformar dos equipos de
trabajo de ayudantes de tambos, de forma tal que cada quince días uno de los dos grupos
tiene franco el fin de semana y el otro se encarga de los dos ordeñes diarios. Otra
modalidad es dar un día franco semanal a cada trabajador cuyas tareas, ese día, son
realizadas por sus compañeros. En ambos casos cada trabajador dispone de cuatro días de
descanso al mes. Los equipos de trabajo están compuestos por cuatro trabajadores, un
encargado o jefe de ordeñe, que puede ser el tambero a porcentaje, y tres ayudantes de
tambo. La supervisión y la responsabilidad sobre el resultado del trabajo corresponde al
encargado de ordeñe que, como se mencionó, puede se contratado a través del mencionado
Contrato Asociativo de Explotación Tambera
2
Se trata de los animales pertenecientes al rodeo de ordeñe que momentáneamente, un período de dos meses
en el año, están fuera de producción esperando la parición para reincorporarse al ordeñe.
248
explotaciones tamberas empresariales como forma de organización laboral se asocia a una
baja división técnica del trabajo, y su mano de obra muestra marcadas condiciones de
“polivalencia”3, al mismo tiempo que importantes calificaciones tácitas y competencias.
Esto se relaciona con la gran diversidad de tareas realizadas, el contenido empírico del
trabajo y su carácter de “oficio”.
Los contratos y arreglos que se acuerdan entre los productores y los tamberos a porcentaje
establecen, por un lado, las tareas que le corresponden desempeñar al trabajador y, por
otro, el porcentaje del resultado económico de la producción que le corresponde a éste por
esas tareas realizadas. Además, algunas tareas específicas pueden ser bonificadas al
margen de ese porcentaje. El porcentaje fijado y negociado, que por ley corresponde a un
libre acuerdo de partes, se ubica en la actualidad en torno al 10%.
Las preferencias de los productores por los tamberos a porcentaje como forma de organizar
el trabajo se asocian, tanto a sus ventajas en lo que a compromiso e involucramiento de los
trabajadores se refiere, como a sus éxitos en la coordinación de un conjunto variado de
tareas vinculadas al manejo reproductivo, la alimentación y el ordeñe del rodeo lechero.
Esta forma de organización laboral disminuye las necesidades de control y reduce los
costos de supervisión4 del trabajo. Además, como explicamos previamente, esta relación
implica importantes ventajas para el empresario al permanecer al margen de la legislación
laboral. Así, un productor nos manifiesta con respecto a las ventajas y desventajas de
organizar el trabajo recurriendo a tamberos a porcentaje:
Estos tamberos a porcentaje llevan a cabo las tareas que les corresponden según el arreglo
establecido junto con algún miembro de su familia o contratan ayudantes de tambo en la
3
El carácter polivalente de los tamberos a porcentaje se refiere a la diversidad de tareas que estos
desempeñan a través del proceso de producción.
4
El concepto de costo de supervisión se refiere al tiempo y esfuerzo que se requiere o debe dedicar el
productor o administrador para lograr un resultado aceptable (Pearce: 1983).
249
mayoría de las veces, a diferencia de los casos anteriores, al margen de la legislación
laboral y previsional.
Los establecimientos con mediería “empresarial” se diferencian según su escala, las tareas
correspondientes al tambero a porcentaje y la presencia de trabajadores secundarios para el
desempeño de tareas complementarias al rodeo de ordeñe y a la producción de leche. Entre
estas explotaciones, que remiten su leche a algunas de las principales firmas lácteas del
país, respetando sus exigentes criterios de calidad, se observan -a pesar de las diferencias
señaladas- niveles tecnológicos elevados. Así, por ejemplo, no se detectan en las unidades
de distintas escalas de este tipo de tambo variaciones fundamentales en las prácticas
realizadas durante la rutina de ordeñe, el manejo reproductivo y la alimentación del rodeo.
Mientras que, por el contrario, en la organización del trabajo y de las tareas aparecen
características diferenciadas según la escala de los tambos en cuestión.
Dentro de este tipo de explotaciones las de menor escala producen aproximadamente 2.000
litros diarios de leche con algo más de 100 animales en ordeñe y generalmente disponen de
alrededor de 150 hectáreas dedicadas a la actividad. Los productores de estas explotaciones
suelen tener otras ocupaciones y/o ingresos que les permite incorporar trabajo no familiar
permanente (tamberos a porcentaje) a pesar de la pequeña escala de estas unidades.
Dado el tamaño del rodeo de ordeñe, que deja al tambero a porcentaje suficiente tiempo
libre, por lo general el arreglo establecido le asigna a éste mayor cantidad de tareas.
Además de la realización del ordeñe y el manejo de rodeo en producción suelen tener a su
cargo la atención de las vacas secas, el cuidado de la “guachera”, las tareas de recría e,
inclusive, suelen trabajar con el tractor para desmalezar, sembrar pasturas, etc. Estas
últimas tareas no es común que estén a cargo de los tamberos a porcentaje, situación que
ocurre sólo en los tambos de menor dimensión. El tambero suele trabajar junto a su
cónyuge y, a veces, con la colaboración de algún hijo. Comúnmente en estas explotaciones
no existen en la actividad lechera otros trabajadores permanentes no familiares del
productor adicionales al tambero a porcentaje y su familia.
El porcentaje que se fija en el arreglo como retribución al trabajo suele ser superior a los
presentes en tambos de mayores dimensiones, aunque en términos absolutos -dada la
250
menor escala de estas unidades- se trata de montos monetarios inferiores. El mayor
porcentaje se debe al número de tareas incluidas en el arreglo que le corresponde realizar al
tambero a porcentaje y a la baja escala de producción, ya que de lo contrario no se
alcanzarían niveles de remuneración aceptables para estos trabajadores. En estos casos el
porcentaje puede llegar, inclusive, al 15%.
El estrato superior de los tambos con mediería “empresarial” produce diariamente más de
3.000 litros de leche e, inclusive, puede acercarse o superar los 4.000 litros. En estas
unidades se ordeña entre 150 y 200 animales y se dispone de alrededor de 300 hectáreas
para la actividad. En estos tambos el tambero a porcentaje se concentra en las actividades
principales de la producción lechera como en la rutina de ordeñe y el manejo del rodeo
lechero y los trabajadores secundarios, que se incrementan en comparación con la situación
anterior, se pueden encargar del rodeo de recría, de las vacas secas, la “guachera”, etc. En
estos casos el porcentaje puede ser, inclusive, inferior al 10%
251
productores continúan utilizando esta modalidad de organización laboral, en vez de
modificarla incorporando división técnica de las tareas y trabajadores mensualizados.
Diferentes condiciones explican esta elección. La disposición del campo, a veces, implica
prolongados desplazamientos para acceder a la sala de ordeñe independientemente de
donde esté ubicada, demandando del armado de más de un tambo para poder ordeñar el
número de animales que puede contener ese campo.
252
“confianza” de los patrones, y de las referencias obtenidas sobre su desempeño laboral en
otras empresas. Un productor sostiene que:
La principal preocupación para ambas partes de la relación, cuando cada cual cumple sus
“obligaciones”, consiste en obtener la mayor cantidad de leche y de la mejor calidad
posible, con el propósito de maximizar el beneficio empresario y los ingresos de los
trabajadores, así cuando cada uno cumple con su parte del acuerdo se facilitan los
consensos necesarios para realizar con éxito la producción.
253
bonificadas de modo separado, y al cumplimiento de los compromisos asumidos -explicita
o implícitamente- por cada una de las partes.
“El precio de la leche está subiendo y cuándo pasó los 700 pesos por
semana me bajaron el porcentaje de 15% al 11%. Si me sale otro
trabajo me voy, me dicen que en el tambo de…. van a cambiar el
tambero.”(TL5)
254
de la producción del establecimiento, esos resultados también se reflejan en los ingresos
que éstos obtienen.
Otra cuestión que puede generar tensiones en la relación gira en torno a las tareas que le
corresponde realizar al tambero por el porcentaje convenido y cuáles deben ser bonificadas
independientemente de dicho porcentaje. El tambero a porcentaje puede encontrarse
disconforme por considerar que el número de tareas a su cargo no se ve compensado por
dicho porcentaje. Además, por ejemplo, la inseminación artificial se bonifica a parte a
través de un monto fijo por preñez lograda o el cuidado de la “guachera” que también se
bonifica separadamente por cada animal entregado vivo.
Con respecto al desempeño laboral otra cuestión que genera conflictos se vincula a las
preferencias de los tamberos a porcentaje de trabajar de manera autónoma, sin encontrarse
bajo la supervisión directa de la dirección del establecimiento. Por ejemplo, un trabajador
tambero nos manifestaba:
255
“El encargado del establecimiento estaba todo el día ahí y dale que dale con la
rutina de ordeñe, todos los días una nueva.” (TL2)
“Un buen trabajador tiene que dejar conforme al patrón. Un buen patrón te
dice lo que tenés que hacer y no te está encima y te reconoce el trabajo, te dice
quedo bien. Te dice quedo bien y uno trabaja con entusiasmo. Te dice quedo
mal y uno empieza a trabajar a disgusto y uno no trabaja como tiene que
trabajar. A mi me gusta que me den una orden y cumplirla” (TL5)
Otro aspecto que genera tensiones y conflictos en la relación se refiere a las situaciones
donde algunas de las partes no cumple con los compromisos necesarios par el
funcionamiento del establecimiento y la obtención de los mejores resultados productivos
posibles. Por ejemplo, en esta dirección, un tambero a porcentaje, manifiesta su
disconformidad, de la siguiente manera:
Por su parte, los titulares de los establecimientos dependen del desempeño laboral de los
trabajadores de tambo para alcanzar los resultados productivos deseados, inclusive un
tambero a porcentaje que presente desempeños laborales no satisfactorios, pone en severo
peligro el resultado productivo y económico de la actividad, y su recuperación demandaría
un período de tiempo prolongado, debido a sus características. En esta dirección un
productor manifiesta:
“Un mal tambero nos dejo sin tambo. Un montón de vacas caídas que perdieron
el celo y no quedaron preñadas, nos dejo sin producción.” (PL1)
256
En este sentido se manifiesta este tambero a porcentaje:
Los vínculos entre los tamberos y productores tienden a ser estables cuando se establece
una relación satisfactoria para ambas partes. Los productores buscan retener un “buen
tambero”, a través de su remuneración y de la manifestación de la valoración positiva de su
trabajo. Por su parte, los tamberos medieros consideran contextos óptimos de trabajo
situaciones en las cuales, junto con una remuneración satisfactoria, se sienten parte de un
equipo de trabajo formado por el productor, los asesores técnicos y él mismo. Además,
5
Téngase presente que en los años correspondientes a este relato, principios de la década actual, el precio de
la leche era sustancialmente inferior al actual, y este gasto representaba 1/3 de los ingresos del trabajador
257
generalmente, cuando se presentan escenarios como el señalado, donde se mantiene una
comunicación fluida entre profesionales, productor y tambero mediero, nos encontramos
con explotaciones con buenos desempeños productivos. Un productor refiriéndose a los
tamberos a porcentaje manifiesta:
La estabilidad en la relación de trabajo resulta fundamental tanto para los tamberos como
para los productores. Cuando se logran arreglos y acuerdos como los señalados
previamente los tamberos a porcentaje permanecen por largos años desempeñándose en un
mismo establecimiento, en cambio, cuando algunas de las partes no cubre las expectativas
de la otra, la relación no logra continuidad el tiempo.
En estos casos que no se alcanza el consenso mencionado la forma en que los tamberos a
porcentaje suelen expresar su disconformidad es a partir de no ejecutar las tareas con toda
su atención y “esmero”, por ejemplo desatendiendo las pariciones, produciéndose
mortandad de vacas al momento de parir, o descuidando la “guachera” ocasionando
mortandad de terneros. Las falencias en le manejo del rodeo de ordeñe y en la rutina de
ordeñe suelen ser también otro espacio para la manifestación de la disconformidad por
parte del trabajador. Este se expresa en los niveles de calidad del producto y en los
volúmenes producidos.
258
patrón, el trabajo si me rinde sigo y si no me rinde me iré. Me hicieron el
contrato y después me lo dejaron el otro día ahí y debe hacer como un
mes o más que está el contrato ahí para firmar, y eso vale mucho porque
me tienen confianza sino no me harían eso y eso es impagable para mi,
que me tengan confianza hacerme querer por la gente me gusto siempre
eso, me trata la gente como si fuera uno de plata y eso para mi no tiene
precio, eso siempre lo valore y se lo recalco a los hijos” (TL8)
6
La calidad de la leche producida en estos tambos, comúnmente media o alta, y las bonificaciones que las
firmas industriales abonan en función de la misma, pueden representar más de 1/3 del valor reconocido como
base, modificando, de ese modo, el resultado económico de la explotación y la remuneración de los tamberos.
259
términos absolutos, las remuneraciones más elevadas. Los ingresos mensuales obtenidos en
un tambo pequeño de este tipo se ubican por encima de los 3.000 pesos7 y en un tambo de
escala mediano-grande superan los 6.000 pesos. En tanto que, en los denominados
“megatambo”, que contratan a los responsables del ordeñe a través de la Ley de Contrato
Asociativo de Explotación Tambera, ese valor puede superar los 12.000 pesos.
Los tamberos a porcentaje se visualizan como una pieza clave de la organización del
trabajo y del éxito económico y productivo de la explotación. Por este motivo, sumado al
carácter sacrificado de las tareas, consideran que su remuneración debe ser y es superior a
los ingresos de otros trabajadores rurales. Con respecto a la forma en que visualizan su
vínculo con los productores, en algunos casos se remarca principalmente el carácter
dependiente de la relación. En otros casos, su visualización del vínculo es más
ambivalente, destacándose –por un lado- algunas características más simétricas de la
relación e intereses comunes relacionados con el resultado de la producción y –por otro-
las desigualdades y el carácter dependiente de la relación establecida.
7
Téngase en cuenta que el salario de un peón rural según lo regulado por la Comisión Nacional de Trabajo
Agrario es de aproximadamente 800 pesos.
260
segmento de explotaciones tamberas con alta incorporación de tecnología que podían
cumplir con los crecientes criterios de calidad de las primeras. En estos tambos
predominan los tamberos a porcentaje como base para la organización del trabajo y un
porcentaje más reducido de explotaciones a gran escala que emplean trabajadores
asalariados.
261
disputas con los tamberos a porcentaje se suelen limitar al porcentaje que a estos les
corresponde como retribución por su desempeño laboral.
262
XIII. La regulación social del trabajo en los casos de estudio: una
mirada comparativa y extracción de conclusiones
263
La disposición de una reglamentación específica para la actividad lechera, que ubica la
relación de trabajo al margen de la legislación laboral y la define como un contrato civil,
regula formalmente la contratación del tambero a porcentaje. Sin embargo, la posición de
estos trabajadores en el proceso productivo establece condiciones de dependencia,
pudiendo los productores a partir del mencionado contrato evitar que la relación se
encuadre bajo la legislación laboral. La contratación de trabajadores ayudantes sin el
debido registro por parte del tambero a porcentaje y la contratación de seguros civiles para
enfrentar posibles demandas ocasionadas, por ejemplo, por accidentes laborales por parte
de los productores, evidencian el carácter forzado de la relación. La tradición histórica de
la actividad de disponer un legislación específica, en su momento el Estatuto del Tambero
Mediero, sancionado a mediados de la década del ‟40, y en la actualidad el Contrato
Asociativo de Explotación Tambera, vigente desde los inicios de esta década, junto a la
ausencia de oposición sindical a la misma, facilita la regulación específica de la actividad.
La presencia de un segmento de trabajadores con tradición en la actividad y
remuneraciones considerablemente más elevadas que las presentes en otras producciones
agrarias refuerza esa situación.
264
estos trabajadores. En la horticultura “productivista”, la conformación de este colectivo de
mano de obra y la formación de estos trabajadores es, en gran medida, resultado de las
trayectorias y de los proyectos migratorios de estas familias de trabajadores. La
incorporación de estos migrantes a la horticultura del cinturón verde de la Ciudad de
Buenos Aires y sus recorridos en la actividad se basan en su participación en redes sociales
de parentesco y amistad que cumplen un papel clave en su reclutamiento y formación.
Por su parte, en la lechería, la conformación del colectivo de trabajo tiene dos grandes
orígenes con importantes paralelismos: por un lado, los hijos de los tamberos a porcentaje
que se incorporan a la actividad a partir de desempeñarse como ayudantes de sus padres y,
por otro, los ayudantes de tambo contratados por los tamberos a porcentaje que inician en
ese punto su trayectoria laboral en la actividad. En el otro extremo de las trayectorias, el
retiro de la actividad de los tamberos a porcentaje se produce a partir la acumulación de los
recursos necesarios para desempeñarse en alguna actividad económica de forma
independiente. La alternativa de continuar la misma actividad de forma independiente,
además de no ser deseable, resulta difícil dada la magnitud de la inversión necesaria.
265
La contratación de trabajadores, en los establecimientos tamberos, recurre tanto a
referencias “informales” de los establecimientos donde los trabajadores se desempeñaron
previamente como a las redes sociales de los trabajadores ocupados en el establecimiento.
Ambos elementos convergen en las preferencias de la empresa por trabajadores que al
mismo tiempo dispongan de las capacidades requeridas para el desempeño laboral, a la vez
que su trayectoria en la actividad se caractericé por bajos niveles de conflicto con los
empleadores.
De este modo, tanto la conformación de los colectivos de trabajo como las formas de
reclutamiento y contratación se sustentan en las redes sociales de parentesco y amistad de
los trabajadores, así como en modalidades de comunicación informales entre los
empleadores, otorgando centralidad a los factores de reciprocidad en los procesos de
regulación social del trabajo.
Un aspecto fundamental del arreglo es que el mediero en todos los casos además de trabajo
aporta capacidad organizativa, que construye sobre la base de las relaciones domésticas.
Cuando el trabajo que aporta el mediero sólo corresponde al suyo y al de su familia, la
relación se ubica más próxima a un contrato de trabajo, que se remunera con el dinero
correspondiente a un determinado porcentaje de la producción. A medida que los medieros
266
o trabajadores a porcentaje aportan trabajo que no corresponde a miembros de su familia,
la relación parece desplazarse hacia una relación de prestación de servicios o un contrato
de sociedad, donde el mediero aparece como un socio “menor”. Sin embargo, la
contratación de trabajadores por parte de los medieros o trabajadores a porcentaje
constituye un camino a través del cual la dirección de los establecimientos precariza la
contratación de la fuerza de trabajo, simplificando la incorporación del trabajo requerido y,
seguramente, reduciendo el costo empresarial del mismo.
267
remuneración constituye, a su vez, un dispositivo de involucramiento de los trabajadores al
comprometerlos con el resultado económico y productivo del establecimiento.
268
original, el abandono del establecimiento por parte del trabajador o su despido por parte
del patrón.
269
“paternalistas”, proyectos migratorios funcionales a elevados niveles de explotación
laboral, etc., confluyen en un mercado de trabajo cuya organización se explica mayormente
por las estrategias de los productores y de los comportamientos laborales de los
trabajadores y sus hogares.
Por su parte, la regulación social del trabajo en la lechería tiene un componente central en
el arreglo de mediería que establece el porcentaje correspondiente a la retribución del
tambero y el conjunto de tareas que éste debe realizar como contrapartida. Las trayectorias
históricas de la actividad construyeron en torno a la mediería como relación social de
trabajo una forma flexible de organización y remuneración de trabajo, evitando la división
técnica y otorgando centralidad a la figura del tambero a porcentaje en el proceso
productivo, regulada a partir del arreglo establecido. Ese arreglo debe implicar una
retribución que para los trabajadores justifique las condiciones de trabajo en los tambos,
como por ejemplo, ordeñar de madrugada o no disponer de fines de semana libre, y un
equilibro entre las tareas asignadas y dicho porcentaje. Aquí, el monto de dinero
correspondiente al porcentaje del resultado económico de la venta de la producción, que
constituye la retribución, es avalado por el comprobante de pago de la industria láctea al
empresario. Dicho monto, sustancialmente más elevado que las remuneraciones promedio
del sector, es clave para dar cuenta del acuerdo de los tamberos a porcentaje para participar
del proceso productivo en las condiciones señaladas.
270
XIV. Reflexiones finales
El abordaje de Weber sobre la agricultura prusiana da cuenta del desarrollo del capitalismo
agrario, la racionalización de las producciones, la utilización de trabajadores asalariados y
su estacionalidad. Los desarrollos conceptuales de Weber para dar cuenta de los
fenómenos laborales incluían la articulación de diferentes cuestiones de su organización
social considerando los aspectos técnicos, económicos, jurídico-políticos, las relaciones
entre patrones y empleados, etc1. Puede observarse las semejansas de esta perspectiva con
1
“Justamente sobre el Arbeitsverfassun se concentra el análisis de Weber. Que no engañe la traducción literal
que se ha elegido de este término „constitución del trabajo‟: si de hecho la normativa jurídica de las
271
los enfoques de la sociología y regulación social de los mercados de trabajo actualmente en
voga. La construcción social de una oferta de trabajo estacional conformada por
trabajadores migrantes provenientes de Polonia que constituyen un sector de trabajadores
con menor poder de negociación y mayor grado de vulnerabilidad, muestra evidentes
paralelismos con los estudios recientes de los procesos sociales de segmentación de los
mercados de trabajo.
El abordaje de Lenin sobre los mercados de trabajo y los trabajadores asalariados agrícolas
señala la temprana articulación de diferentes ocupaciones agrícolas y no agrícolas
mediadas -en algunas ocasiones- por migraciones laborales. En la misma dirección,
Kautsky estudia las ocupaciones “accesorias” de las explotaciones campesinas, orientadas
a cubrir necesidades resultantes de la presión mercantil que la unidad económica no podía
satisfacer, considerando la diversidad de ocupaciones desempeñadas por los campesinos
fuera de su predio.
relaciones de trabajo son un momento esencial de la misma, de ninguna manera su significado se agota en
ella. El concepto en cuestión es interpretado por Weber más bien de forma absolutamente extensiva, para
designar aquel plano intermedio en el que convergen –además, repetimos, de la regulación jurídica de las
relaciones de trabajo- la organización técnica del trabajo (con la composición de los grupos de obreros
correspondientes), las determinaciones económicas que la vuelven al mismo tiempo posible y necesaria y
también la dimensión „social‟, en sentido amplio, de las relaciones preponderantes entre los trabajadores y
empleadores –y por lo tanto los mismos componentes „subjetivos‟ de las que nos ocupamos anteriormente.”
(Mezzadra, 2005: 66-67).
272
Los estudios sobre el desarrollo del capitalismo agrario en la Argentina y sus referencias a
los mercados de trabajo y a los trabajadores asalariados, tanto en su emblemática Región
Pampeana como en otras zonas del país, muestran interesantes paralelismos con el análisis
presente en las páginas de los clásicos, a la vez que sugerentes hallazgos a luz de los
esquemas conceptuales de las actuales miradas de la sociología de los mercados de trabajo.
Las formas de aparcería presentes en el origen del capitalismo agrario pampeano, en las
cuales se destacan relaciones de trabajo por encima de relaciones de tenencia de la tierra,
evidencian formas de contratación de trabajadores en un contexto de expansión productiva
y de carencia de mano de obra. Por ejemplo, en casos de fronteras abiertas y “vacío”
poblacional resulta inapropiado, y difícil de sostener, que estas relaciones no típicamente
salariales corresponden a formas sociales “arcaicas”. En una dirección similar podemos
ubicar la figura del contratista de viña en la Región de Cuyo. Estas formas hibridas de
trabajadores dependientes remunerados en función de un porcentaje determinado de la
producción se entienden más precisamente como modalidades flexibles de movilización y
contratación de trabajo requeridas en un contexto de expansión de la economía capitalista.
En estos escenarios de crecientes requerimientos de trabajo y de escasez de mano de obra,
los trabajadores logran una centralidad que les permite obtener ingresos y recursos
suficientes para transitar procesos de movilidad social.
273
puede señalar, inclusive en momentos de formación de los mercados de trabajo capitalistas,
la presencia de significativos niveles de movilidad de la oferta de trabajo. Formas de
intermediación laboral a través de contratistas y el sistema de cuadrillas cumplieron un
importante papel en la movilización de estos jornaleros.
Los procesos de reestructuración social y productiva de las agriculturas de los países del
capitalismo avanzado y de los países periféricos impactaron en las características de la
2
“Desde las teorías de la modernización y el progreso dominantes en la interpretación de las desigualdades
territoriales, la actividad rural se considera separada de la urbana; se trata este espacio y las forma de
producir asociadas al mismo como el lugar de donde proceden los recursos y la fuerza de trabajo para la
industria. Tanto es así, que en muchas de las investigaciones realizadas sobre el trabajo en el mundo rural, las
actividades que no entran en las categorías de análisis industriales y sus formas de gestión dominantes, ya
sean centradas en las perspectivas funcionalista de organización del trabajo o en las marxistas del proceso de
trabajo, no se consideran más que los aspectos que pueden ser adaptados a esos paradigmas urbano-
industriales.” (Delgado y Gavira, 2006: 36) .
274
organización productiva y de los mercados de trabajo de las actividades agrarias.
Paralelamente, a estas transformaciones, se promovieron líneas de estudio sobre estos
fenómenos que recuperaron y desarrollaron perspectivas de carácter sociológico,
fundamentadas en investigaciones que sustentaron empíricamente las formulaciones
teóricas elaboradas.
275
trabajo dependiente no típicamente salariales. La presencia de formas flexibles de
contratar, organizar y remunerar la mano de obra favorece la movilización de la fuerza de
trabajo, su involucramiento y la acumulación empresarial. La presencia de formas sociales
de rasgos similares en condiciones productivas diferenciadas, indica la prevalencia de las
primeras y la centralidad del papel de los actores sociales a la hora de definir los escenarios
socio-laborales.
276
como los vínculos existentes entre los roles laborales y no laborales desempeñados por los
actores sociales. En este sentido, por ejemplo, las condiciones de género, etnia o
ciudadanía cumplen un papel central en los procesos de segmentación de la oferta laboral
tanto desde las estrategias empresariales como desde los comportamientos desplegados en
la búsqueda de trabajo por los trabajadores.
277
278
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