PROFESORADO DE EDUCACIÓN SECUNDARIA DE LA MODALIDAD TÉCNICO PROFESIONAL EN
CONCURRENCIA CON EL TÍTULO DE BASE
TRABAJO PRÁCTICO Nº 1
Espacio curricular: Reflexión Sobre la práctica - Uso didáctico de las TIC´s
Profesoras: Lic. Jaquelina Ochoa - Prof. Mariela Hermosilla
Alumno: Fabregat, Marcos Guillermo
Tema: ÉTICA PROFESIONAL DOCENTE: UN COMPROMISO PEDAGÓGICO HUMANÍSTICO
El profesor Carlos E. Rojas Artavia define a la ética profesional como un compromiso
vivencial que va más allá de la norma escrita, y debe hacerse efectivo teórica y
prácticamente.
Rojas afirma que las profesiones deben llenar necesidades sociales, tender hacia el bien
de la comunidad sin dejar de lado la realización personal. Por ello, las instituciones
educativas tienen como finalidad la educación humanista, porque educar es humanizar.
El papel que debe desempeñar el docente, a decir de Rojas, es aquel compromiso
adquirido desde que inicia su carrera, consigo mismo y con el grupo social, lo que implica
la búsqueda constante de superación y excelencia en la labor por realizar; una constante
actualización de los conocimientos y una dignificación permanente de su práctica. Es por
ello que el revestir de un carácter humanista el ejercicio profesional docente es una
necesidad.
Si tomamos en cuenta lo que plantea el autor podemos recurrir a la definición clásica de
virtud, El concepto de virtud nos remite a los orígenes de la filosofía moral. La ética griega
es una ética de las virtudes. El término griego que traducimos por 'virtud' es areté, que
significa la excelencia de una cosa. Las virtudes son aquellas cualidades que debería
adquirir la persona para comportarse debidamente.
Al decir de Rojas, la virtud viene a ser una cualidad de la voluntad (facultad del querer), la
cual supone el bien propio y el de los demás. Por consiguiente, varias han de ser las
virtudes que han de caracterizar al docente en el ejercicio de su práctica, a saber, la
prudencia, la justicia, la templanza, la fortaleza. Estas en el mundo griego eran
conocidas como las cuatro virtudes cardinales, ya que de ellas derivaban el resto de las
virtudes que son esenciales para las relaciones humanas y el orden social. Reciben su
nombre de la palabra latina “cardo”, que quiere decir principal o fundamental. Así, se
entiende que las virtudes cardinales son aquellos valores principales y fundamentales.
El compromiso ético, insistimos, no pasa simplemente por el comportamiento
deontológico (deberes que rigen el comportamiento profesional), sino por el
convencimiento y la entrega para con la labor realizada. El dominio de la disciplina, el
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cultivo de las tenencias propias, la certeza en la bondad de lo que se hace, la búsqueda, el
crecimiento constante, el perfeccionamiento de la actividad conjunta, la construcción de
una finalidad humanista como aspiración a una sociedad mejor y mayormente inclusiva,
son rasgos actitudinales irrenunciables del docente.
La dignidad de esta profesión está dada por su finalidad formadora. El docente trabaja
con personas para orientarlas y que puedan ser mejores tanto en el ámbito personal
como profesional. La vocación y la virtud docente han de estar dirigida siempre a la
búsqueda de una felicidad en común.
En pocas palabras Rojas plantea que el actuar docente debe ser humanístico porque es
ético, y por ello mismo debe fundarse en lograr la virtud en el alumno partiendo del
ejercicio de la virtud en sí mismo, ya que como dice el viejo adagio “Nadie da lo que no
tiene”