OBEDIENCIA Y HÁBITO
Qué es la Obediencia:
Obediencia es la acción de obedecer especialmente en organizaciones jerárquicas. Se trata
del cumplimiento de un mandato o una orden.
Esta palabra se utiliza en diferentes contextos, como en la religión, el ejército, la familia o la educación.
Procede del latín oboedientĭa, palabra derivada del verbo oboediere (obedecer), formada
por ob (enfrentamiento, oposición) y audire (escuchar).
Se puede sustituir la palabra obediencia por los siguientes sinónimos: sumisión, acatamiento,
subordinación y sometimiento. Por otra parte, como antónimos de este término se encuentran:
desobediencia, rebeldía o subversión.
1. Definición de Obediencia según un diccionario de la lengua castellana: Acción de acatar la
voluntad de la persona que manda, de lo que establece una norma o de lo que ordena la ley.
2. Definición según el Concepto Bíblico: La obediencia a Dios es considerada una virtud y se la
define como acatar Su voluntad, aceptar sus designios, someterse a Su autoridad; es por tanto una
actitud que el ser humano debe aprender, no viene de manera innata, es algo que debemos desarrollar
con el paso del tiempo. La disciplina, constancia y motivación son tres elementos que nos ayudarán a
ser más obedientes
Hábito: Es una acción que se repite una y otra vez hasta que se convierte en una conducta en la vida
de quien lo practica. Hay hábitos positivos y negativos, los primeros producen toda clase de beneficios
mientras que los segundos sólo causan destrucción en quienes los practican. Por tanto, cultivar hábitos
positivos harán de nuestra vida más sana, más productiva, más plena, más feliz. La obediencia a Dios
es un hábito que vale la pena desarrollar, ¿por qué? porque hacerlo desatará en quien lo practique una
serie de bondades difíciles de calcular.
JOSÉ EL CARPINTERO, UN HOMBRE QUE OBEDECIÓ
Permítanme hablarles un poco de un hombre que a juicio mío tiene mucho que enseñarnos acerca de la
obediencia, un hombre que a veces parece “poca cosa” ante otros personajes bíblicos pero cuyo
testimonio nos da sendas lecciones respecto a la obediencia; me refiero a José, el padre terrenal de
Jesús, más conocido como José el Carpintero.
En el relato de Mateo 1:18-25 (versión RV 1960) encontramos varias cualidades de este hombre que
valen la pena mencionar. Éstas son:
Era un hombre justo (v. 19)
Era un hombre honorable (v. 19, no quiso exponer a María a la humillación pública)
Era un hombre que creía en Dios (implícito en todo el texto)
Era un hombre obediente (v. 24)
La práctica de la obediencia a Dios produce tres resultados ineludibles:
Privilegios
Responsabilidades
Cambios
Hoy quiero hablarles de los cambios que la vida de José experimentó producto de su obediencia a Dios,
cambios que siempre son para bien aunque a veces pareciera que no. Preste mucha atención a las
siguientes líneas:
1º Cambios de Lugar: Al aceptar a María como su esposa y criar a Jesús como si fuera su hijo, José
se vio obligado a moverse de un lugar a otro en varias ocasiones. Primero fue a Jerusalén para
empadronar (censar) a su familia (Lucas 2:1-5); Segundo, una vez nacido el niño Jesús debió escapar
hacia Egipto para evitar la muerte de Jesús (Mateo 2:13-18); Tercero, debió regresar a Galilea (Mateo
2:19-23).
Esto nos deja como lección que la obediencia a Dios implica dejarnos controlar por Él sabiendo
que nuestras vidas estarán mejor en sus manos que en la nuestras. La obediencia a Dios
resultará en un “inevitable mover de un nivel espiritual a otro superior”. Así como José se movió
de una ciudad a otra, así Dios quiere movernos de una condición espiritual pasiva a una
condición espiritual activa. ¿Cuántos aquí desean ser más espirituales? ¡yo sí! Para que esto
ocurra debe obedecer la voz de Dios.
2º Cambios de Compromisos: Cuando José contrajo matrimonio y luego nació Jesús, algunas
responsabilidades se sumaron a su vida. Entre las más importantes encontramos una en particular:
Criar a Jesús como si fuera su hijo y hacer de él un hombre de bien para la sociedad. Los judíos
antiguos creían que “el que no enseña a su hijo un oficio, le enseña a robar”. Así entonces José enseñó
a Jesús el oficio de la carpintería (Marcos 6:3); pero la preparación más importante de José hacia Jesús
fue la espiritual. Él, como buen padre judío instruyó a su hijo en las Sagradas Escrituras y lo llevó a la
sinagoga a estudiar (Lucas 4:16).
Esto nos deja como lección que la obediencia a Dios nos llevará a asumir compromisos cada vez
más importantes y trascendentes para la grandeza del Reino. Recordemos el texto bíblico que
dice “en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré”. ¡Ya es tiempo que asumamos el compromiso
de transformar este mundo decadente en uno mejor! ¿Cuántos quieren ver a su nación
transformada para bien? Si así lo deseamos, al igual que José seamos obedientes y asumamos
nuestro compromiso como Iglesia. Pero también asumamos el compromiso de mejorarnos a
nosotros mismos, nuestro estilo de vida (pensamientos, palabras, acciones).
3º Cambios de Mentalidad: José no podría haberse movido de ciudad y mucho menos haber asumido
compromisos que “no le correspondían” si su mente no hubiese sufrido algún tipo de cambio. Por tanto
podemos afirmar que Dios hizo que los pensamientos de José cambiaran, fue el Señor quien produjo en
el interior de este hombre ese click que todos necesitamos a la hora de avanzar a una vida mejor, una
transformación de esquemas mentales y estructurales que es urgente en la vida de los ciudadanos del
Reino. ¡Sin cambio de mente seguiremos dando vueltas en el mismo lugar por años! Mejor hagamos
caso a Romanos 12:2.
“Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios” (1 Samuel 15.22).
“Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14.15).
Hay dos tipos de obediencia: (1) la que los hombres, los ángeles y la
naturaleza deben a Dios y (2) la que los hombres deben para con los
hombres. La obediencia también es voluntaria u obligatoria, completa o
parcial, sin entusiasmo o de todo corazón.
A quién se debe obedecer
1. “A Dios” (Hechos 5.29)
Según el testimonio de los apóstoles, la obediencia es nuestro deber supremo. Juan enseña que es una
prueba de que conocemos a Dios (1 Juan 2.3–4),
1Jn 2:3 Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos.
1Jn 2:4 El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y
la verdad no está en él;
y Cristo dice que sólo así podemos ser sus amigos (Juan 14.15; 15.14).
Jua 15:14 Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
Jua 15:14 Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
Salomón resumió nuestro deber de la siguiente manera: “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a
Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre” (Eclesiastés 12.13).
2. “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres” (Efesios 6.1) (Éxodo 20:12)
Este es “el primer mandamiento con promesa”. La Biblia ofrece cuatro motivos para obedecer este
mandamiento: (1) “esto es justo”, (2) “para que te vaya bien”, (3) para que “seas de larga vida sobre la
tierra” y (4) “porque esto agrada al Señor”. La obediencia a los padres nos prepara para ser más útiles a
Dios y a nuestro prójimo.
¿qué significa "honrar" a los padres? En parte, "honrar" significa hablar bien de ellos y
hablarles a ellos con cortesía. Además significa actuar en una forma que les muestre cierta
cortesía y respeto (pero no obedecerles significa desobedecer a Dios).
Los que honran a sus padres son bendecidos (Jeremías 35:18-19).
El hijo sabio recibe el consejo del padre; Mas el burlador no escucha las reprensiones.” (Proverbios 13:1).
El honor genera honor. Dios no honrará a aquellos que no obedezcan Su mandamiento de honrar a sus
padres. Si deseamos complacer a Dios y ser bendecidos, debemos honrar a nuestros padres. Honrar no
es fácil, no siempre es divertido, y ciertamente es imposible en nuestra propia fuerza. Pero el honor es un
camino seguro para nuestro propósito en la vida: glorificar a Dios. “Hijos, obedeced a vuestros padres
en todo, porque esto agrada al Señor” (Colosenses 3:20).
3. “Obedeced (...) a vuestros amos terrenales” (Colosenses 3.22)
Esto lo hacemos, “no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón
sincero, temiendo a Dios”.
4. “Que se sujeten a los gobernantes” (Tito 3.1)
Tito 3.1 Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que
estén dispuestos a toda buena obra.
En otras palabras: “Sométase toda persona a las autoridades superiores” (Romanos 13.1).
Rom 13:1 Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad
sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.
5. “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos” (Hebreos 13.17)
“Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor,
y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra” (1 Tesalonicenses
5.12–13).
La sumisión a la autoridad, ya sea la del hogar, la del gobierno o la de la iglesia, es una de las bases
fundamentales de la vida cristiana. Hay gozo y poder en esta virtud cristiana de sumisión que nadie con
un corazón altivo y espíritu rebelde podrá conocer.
Lo que incluye la obediencia a Dios
Los que obedecen a Dios son sumisos a:
1. La voz de Dios
“Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios” (Jeremías 7.23). Es esta la voz que Noé oyó cuando
edificó el arca (Génesis 6); que Abraham oyó cuando dejó su hogar y parentela y empezó a caminar
hacia la tierra prometida (Génesis 12.1–5) y que Moisés oyó cuando él aceptó la tarea de librar al
pueblo de la esclavitud (Éxodo 4). En nuestra época Dios no ha hablado tanto en una voz audible, sino
por los medios que mostramos a continuación.
2. El Hijo de Dios
Dios nos manda diciendo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd” (Mateo 17.5).
En la época actual Dios nos está hablando “por el Hijo” (Hebreos 1.2)
en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y
por quien asimismo hizo el universo;
. Por eso “mirad que no desechéis al que habla” (Hebreos 12.25) cuando él dice: “Si me amáis, guardad
mis mandamientos” (Juan 14.15).
3. El Espíritu de Dios
Esteban les recordó a los fariseos la condenación que les sobrevendría porque resistían al Espíritu
Santo tal y como sus padres habían hecho (Hechos 7.51). Es el Espíritu de Dios el que nos guiará a
toda la verdad (Juan 16.13). Dios nos habla por medio de nuestros ruegos y bajo la dirección del
Espíritu Santo.
4. La palabra de Dios
Dios nos dirige a la salvación y nos muestra su carácter y su voluntad por medio de su palabra. En vano
pensamos que estamos bien con Dios si no obedecemos su palabra (Juan 14.15; 15.14; Santiago 1.22–
25; 1 Juan 2.3–4).
5. La iglesia de Dios
La palabra de Dios es el mensaje de Dios al hombre y la iglesia de Cristo es la institución por medio de
la cual se lleva este mensaje al mundo (Mateo 28.18–20). Dios quiere hablarnos por medio de su
iglesia. Cristo nos muestra la autoridad que ha dado a la voz de la iglesia cuando dijo: “Si no oyere a la
iglesia, tenle por gentil y publicano” (Mateo 18.17–18).
Los resultados de la obediencia
1. Recibimos las bendiciones de Dios
Dios da su Espíritu Santo “a los que le obedecen” (Hechos 5.32). La obediencia es esencial para tener
una buena relación con Dios (Juan 15.14; 1 Juan 2.3–4). Fue la obediencia (de Cristo) la que hizo
posible nuestra justificación (Romanos 5.19). En pocas palabras, todas las bendiciones del evangelio
son para los obedientes y la Biblia promete sólo maldición a los desobedientes.
2. Nos dirige a una vida santa
Por medio de la obediencia a Dios viajamos en la senda de justicia; si obedecemos al mundo, viajamos
en las sendas del pecado. La verdad, la justicia, la rectitud y la piedad se hallan en la senda de
obediencia a Dios.
3. Heredamos la gloria venidera
Los que cumplen la voluntad de Dios tendrán bendición eterna en lugar de condenación eterna (Mateo
7.21–29; 2 Tesalonicenses 1.7–9). En cierta ocasión Jesús le dijo a un joven: “Si quieres entrar en la
vida, guarda los mandamientos” (Mateo 19.17).
Otros aspectos más
1. La obediencia es una condición del corazón
“Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16.7). Fue la obediencia de corazón (Romanos 6.17) la que les
trajo a los hermanos romanos la recomendación que merecían. La obediencia que no nace del corazón
no tiene mérito.
2. El corazón obediente produce obediencia visible
¿Cómo Pablo sabía que los romanos eran obedientes de corazón? Él lo vio reflejado en sus obras. La
condición del corazón se manifiesta tarde o temprano. Cristo dijo que conoceremos a las personas por
sus frutos (Mateo 7.16–20).
3. La desobediencia a Dios trae castigo eterno
Pablo escribe que cuando el Señor Jesucristo se manifieste en llama de fuego él va a “dar retribución a
los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo” (2 Tesalonicenses
1.7–9).
4. El que desobedece en una sola cosa es rebelde ante los ojos de Dios
Todo el género humano cayó bajo la maldición del pecado a causa de una sola desobediencia (Génesis
3.1–6; Romanos 5.12); a Moisés le fue negada la entrada a la tierra prometida a causa de una sola
desobediencia (Deuteronomio 32.50–52); Uza fue castigado con la muerte a causa de una sola
desobediencia (2 Samuel 6.6–7). Santiago dice: “Cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en
un punto, se hace culpable de todos” (Santiago 2.10). Los criminales, como regla, no son castigados
por haber cometido muchísimos crímenes, sino por haber sido declarados culpables de un solo crimen.
Quienquiera que desobedece voluntariamente a Dios en una sola cosa es culpable de rebelión contra él
sin importar cuántas buenas cualidades tenga. El moralista que se jacta en su benignidad será
sentenciado a la eterna separación de Dios al igual que el pecador más vil, porque no obedece al
evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Ni las grandes obras ni la benignidad humana tendrán valor ante
Dios cuando llegue la hora de comparecer ante el tribunal de Cristo.
5. Toda la obediencia la debemos a Dios, no importa quién esté a favor o en contra
“Cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Romanos 14.12). Noé y su familia hubieran sido
necios si se hubieran quedado fuera del arca al ver que nadie más quiso entrar. Hubiera sido una gran
tontería si Daniel y sus tres compañeros hubieran dejado sus convicciones al ver que ninguna otra
persona hizo lo que ellos hicieron. Debemos hacer de buena voluntad todo lo que Dios quiere que
hagamos, aunque seamos los únicos en la tierra que lo hacemos. La obediencia parcial no trae
bendición. Debemos hacer todo lo que Dios nos diga (Juan 2.5).
6. La obediencia significa negarse a sí mismo
Para obedecer a Cristo tenemos que negarnos a nosotros mismos. Cristo dijo: “Si alguno quiere venir
en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígueme” (Lucas 9.23). Ningún hombre
obedece a Cristo a menos que someta a Dios su voluntad, sus deseos y todo cuanto tenga. “Los que
son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Gálatas 5.24).
Obedecer significa someterse, o sea, sacrificar lo que nos agrada para poder agradar a
Dios. Podemos obedecer sólo cuando estamos dispuestos a sacrificar los intereses propios y cualquier
deseo que se oponga a los planes y propósitos de Dios (Romanos 8.1–2).
Algunas personas están dispuestas a obedecer a Dios con tal que eso no se oponga a sus propios
deseos. Otros niegan algunos deseos carnales, pero sólo para recibir gloria. Si queremos ser hijos de
Dios, tendremos que negarnos a nosotros mismos... y obedecer a Dios.