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07.1. Eurípides. Historias (Hércules Furioso)

Este documento resume los doce famosos trabajos de Hércules ordenados por Euristeo para pacificar el mundo de terribles monstruos. Describe cada uno de los trabajos, incluyendo matar a la Hidra de Lerna, capturar el león de Nemea, cazar el ciervo de los cuernos de oro, robar los bueyes de Gerión, capturar los caballos de Diomedes, matar las aves del lago Estinfalia, limpiar los establos de Augias, vencer el toro de Creta y el jabalí de Ery

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07.1. Eurípides. Historias (Hércules Furioso)

Este documento resume los doce famosos trabajos de Hércules ordenados por Euristeo para pacificar el mundo de terribles monstruos. Describe cada uno de los trabajos, incluyendo matar a la Hidra de Lerna, capturar el león de Nemea, cazar el ciervo de los cuernos de oro, robar los bueyes de Gerión, capturar los caballos de Diomedes, matar las aves del lago Estinfalia, limpiar los establos de Augias, vencer el toro de Creta y el jabalí de Ery

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34 HISTORIAS DE EURfPIDES

11

HÉRCULES FURIOSO

F ué Hércules, según la mitología antigua,


hijo de Júpiter y Alcméne, y nieto de Perseo.
F ué también el más célebre de todos los hé-
roes, renombrado por su fuerza invencible y
su indomable valor. Desde la cuna, sin em-
bargo, fué perseguido por el odio de la diosa
Juno, cruel y vengativa, quien quiso hacer
pagar al hijo los celos que sentía de la madre,
Alcméne. En cierta ocasión, cuando el futuro
héroe tenía tan sólo ocho meses, Juno mandó
a su cuna dos terribles serpientes para que le
ahogasen. Alcméne, al ver los dos monstruos
que amenazaban a su hijo, empezó a lanzar,
horrorizada, espantosos gritos, mas entonces
se realizó el primer prodigio: el niño se incor-
poró y estrechando entre sus manos a las ser-
pientes, las ahogó a las dos. Desde entonces
HÉRCULES FURIOSO 3S
el rigor de Juno no dejó de perseguir al hijo de
Júpiter.
Cuando Hércules lleg6 a la juventud, el
oráculo de Delfos le ordenó que obedeciese en
todo a Euristeo, hijo de Esthenelo, rey de
Mycenas, y Euristeo, para pacificar el orbe.
que gemía bajo la influencia de terribles mons-
truos, orden6 al héroe los doce famosísimos
trabajos que con dichos monstruos debían
acabar.
F ué el primero de estas trabajos dar muerte
a la hidra de Lema, que dormía en la laguna
y era un horrible monstruo de cien cabezas.
de cada una de las cuales al ser cortada nacÍ!ln
otras dos. Hércules llegó a la laguna, tras mil
fatigas, peligros y penalidades, combatió con
el horrible monstruo y, para evitar la funesta
reproducción de las espantosas cabezas, em-
ple6 a su escudero Y olao en cauterizar las he-
ridas que él iba haciendo. De este modo evi-
taba que manase la sangre, de la cual surgían
las cabezas. Cuando el último cuello del mons-
truo estuvo cortado, Hércules moj6 en ella sus
flechas que desde entonces fueron mortales.
y la gloria del héroe se extendió por el mundo
entero.
36 HISTORIAS DE EURfPIDES
El segun do trabajo que a Hércu les ordenó
Eurist eo, fué matar al león de Nemea , fiera
de monst ruoso tamañ o que se escond ía en el
monte Pretos y desde su guarid a devast aba
todo el territo rio compr endido entre Mycen as
y Neme a. Mucho s héroes valien tes habían in-
tentad o vencer lo sin poder conseg uirlo, pues
no se le podía herir con el hierro, con el bron-
ce, ni con las piedra s, y, por consig uiente .
era precis o luchar con él a brazo partido . Hér-
cules, sin vacila r un mome nto, no bien recibió
de Eurist eo la orden, se encam inó adond e se
oculta ba la fiera, la persig uió hasta acorra larla
en su propia cavern a, luchó con el león de-
nodad ament e y, al fin, logró ahoga rlo entre sus
robust os brazos .
La hermo sa piel del león de Nemea , sirvió
de traje a Hércu les durant e mucho s y muy
largos años. En cualqu ier parte del mundo en
que se presen tase, le conocí an por este trofeo.
Porqu e la fama de los trabajo s de Hércu -
les, ya hasta el último rincón del mundo lle-
gaba.
Despu és de este trabajo quiso Eurist eo que
el héroe se apode rase de la cierva de los cuer-
nos de oro que era el azote de los rústico s la-
HÉRCULES FURIOSO 37
bradores de la Acaya y de Argos. No fué éste
el menor de los trabajos cumplidos por el hijo
de Júpiter quien tardó un año en apoderarse
de la envanecida cierva de pintada piel y do-
rados cuernos. Al fin, una noche, pudo sor-
prenderla y hacer que cayera en sus redes.
(Otros dicen que la mató con sus mortíferas
llechas.) Pero la muerte de la cierva desagradó
a Diana, diosa de la caza, y, para aplacar
las iras de la divinidad cazadora, tuvo Hér-
cules que ofrecerle el sacrificio de su bella
presa.
El siguiente mandato de Euristeo, fué que
el héroe se apoderase de los bueyes del temido
Geryon. Este Geryon, hijo de Chrysado y de
Callirroe y rey de la Erythia o las Baleares, era
un robustÍsimo gigante de tres cuerpos, cuya
ferocidad era conocida en el mundo entero. Po-
seía grandes rebaños de bueyes, a los que ali-
mentaba con carne humana, y para proporcio-
narles pasto abundante y continuo, tenía que
asolar la comarca. Los rebaños estaban, ade-
más, guardados por un perro de tres cabezas y
un dragón de siete. Ningún héroe de aquellos
tiempos en que andaban tantos por el mundo,
se atrevió jamás a arrostrar los invencibles pe-
38 HISTORIAS DE EURIPIDES
ligros que rodeab an a los famos os bueye s. Sólo
Hércu les osó llegar a los lugare s en que Geryo n ,
reinab a, mató al espant oso gigant e, luchó con .
el perro y el dragón y los venció tambié n.
matán dolos. Despu és se apode ró de los bue~
yeso
Libre el mundo de todos estos monst ruos ho~
rribles , exterm inados por el fuerte brazo de
Hércu les, el héroe más valero so de la antigüe~
dad, recibió orden del hijo de Júpite r de ir a
conqu istar los caball os de Diome des, hijo de
Marte --el dios de la guerr a-y rey de la Bisto~
nia (Traci a). Como los bueye s de Geryo n, los
caball os de Diome des sólo se alimen taban de
carne human a, y sangre human a era su bebi~
da. Hércu les consig uió apode rarse de ellos, su~
bió en las cuadri gas y logró domar los, despu és
de matar a su dueño y a los que los guarda~
han, y tras duro comba te con los biston ios,
que se oponía n a que el héroe se hiciera dueño
de los feroces caball os.
y fué luego a la laguna Estinf alia, donde
anidab an unas horrib les aves noctur nas, cuyas
alas, cabeza y pico eran de hierro, y que, a
maner a de dardos , lanzab an sus mortíf eras
pluma s contra aquell os que las perseg uían.
HÉRCULES FURIOSO 3c}

Nutríanse estos espantosos pájaros de la carne


de los animales que arrebataban de los cam-
pos, por lo que eran temida plaga en todo el
país, y gustaban muchísimo de la carne hu-
mana. Eran tantas y tantas estas aves que.
cuando levantaban el vuelo, la luz del sol que-
daba obscurecida del todo. Hércules, sirvién-
dose de un címbalo de cobre, las ahuyentó
del bosque adonde solían retirarse. y una vez
en el aire, las mató a flechazos.
y he aquí que, cumplido este gran trabajo.
le tocó a Hércules ir a limpiar los establos de
Augias, hijo del Sol que reinaba en Elida.
Tenía este monarca tres mil magníficos bue-
yes, cuyos establos no se habían limpiado en
treinta años, de modo que ya resultaba im-
posible hasta el intentarlo, cuando, oyendo
hablar del poder y la fuerza del héroe, Augias
le pidió que realizase este trabajo prometién-
dole, si conseguía dejar los establos limpios.
darle el diezmo de su ganado. Y he aquí que
el héroe, que no había de descender a tan baja
e ímproba faena sino por medio de algo ex-
traordinario, logró con su fuerza invencible
desviar el curso del río Alfeo, que, pasando
por los famosos establos se llevó cuanta ba-
40 HISTORIAS DE EURIPIDES
.sura habían depositado en ellos los tres mil
bueyes durante treinta años. Y es fama que
Augias no cumplió la promesa hecha a Hércu,~
les, por lo que fueron castigados por el héroe
él y los suyos.
y venció más tarde al toro de Creta y al ja~
balí de Erymantho, y hendiendo las olas del
Euxino, acompañado de muchos griegos que
Ie acataban en todo, fué al encuentro de las
Amazonas, mujeres guerreras que habitaban
a orillas del Thermodonte y que, según se
dice, extendieron sus conquistas hasta las fron-
teras de la Asiria y fundaron a Efeso, Esmima
y Magnesia. Las temidas vírgenes guerreras
,f ueron vencidas por Hércules, quien se apo-
deró del vestido de oro y del tahalí mortífero
.que usaba Hypolita, la reina de todas, que es
fama era hija del mismísimo Marte, Dios de
la guerra.
y más tarde fué en busca de las bellas na-
-ranjas de oro que lIarían en el risueño jar-
dín de las Hespérides. Bella era la fruta y ale-
gre el lugar donde moraban las hermosas vír-
genes cantoras. Pero un rojo dragón, un horri-
ble monstruo permanecía día y noche enros-
cado al tronco del árbol de que pendían los
... aplastando de un golpe de su maza ...
HÉRCULES FURIOSO 41

dorado s frutos, y los defend ía de todos. T am~


bién Hércu les consig uió abatirl o, aplast ando
de un golpe de su maza formid able la fea ca~
beza del monst ruo; el dragón dió entonc es una
horrib le sacudi da al árbol, quiso alcanz ar de
un coletaz o al que le daba muerte , lanzó rojas
llamar adas por la boca y los ojos, y, al fin,
cayó muerto . Hércu les cogió una rama del na~
ranjo y quedó , una vez más, triunfa nte.
y entró luego en la profun didad del ancho
mar y lo limpió de monst ruos para que los
mortal e.s pudier an naveg ar por él. Y cuand o
fué al palaci o de Atlant e de quien se cuenta
que, por haber hecho la guerra contra los dio~
ses y en favor de los gigant es había sido con~
vertido en monte y conde nado a sosten er con
su hombr os la bóved a celeste (1) le substi tuyó
en tan penos a tarea.
Estos fueron los famos os trabajo s de Hér~
cules, el héroe de la antigü edad más celebra~
do y conoci do en el mundo entero . Mientr as
duraro n, la vengat ivo Juno contuv o sus iras
contra el héroe, pues supon ía que en alguna
de aquell as empre sas perder ía la vida.
(1 \ Fúndase, sin duda, este mIlo en que, creyendo los antiguos
con BU
que el monte AfIas era el más alto del mundo y que tocaba
cumbre al cielo, supusiero n que lo sosten la.
42 HISTORIAS DE EURiPIDES
Pero ya había cumplido once trabajos. Sólo
le faltaba uno y de todos los anteriores había
salido triunfante.

• • •
Sólo un trabajo le faltaba a Hércules para
tener del todo cumplidas las órdenes de Euris·
teo. Sólo un trabajo, mas, de tal magnitud.
que apenas podía imaginarse que alcanzara
a realizarlo.
T ratábase, nada menos, que de encadenar
al Cancerbero y subirlo de las tinieblas a la
luz del día. El Cancerbero guardaba la puerta
del Hadés, región subterránea o infierno de la
mitología griega, a fin de que allí no penetrara
ningún ser viviente, ni escapase el que allí se
acercara. Era un perro de tres cabezas-ciento
le adjudican algunos autores antiguos-con
cola de dragón y lomo erizado de horribles ser-
pientes. Daba de continuo alaridos que causa-
ban espanto y de sus fauces repugnantes des-
tilaba negra ponzoña. Moraba al otro lado de
la laguna Estigia, en el lugar donde Caronte
desembarcaba las almas de los difuntos
(siempre según la mitología griega) y allí debía
HÉRCULES FURIOSO 43
ir a buscarle Hércules (1). Este sería su últi-
mo e ímprobo trabajo.
Mientras se disponía a cumplirlo con el mis-
mo valor y fortaleza nunca desmentidos con
que había llevado a cabo los otros trabajos, el
héroe había dejado en T ebas a su esposa, Me-
gara, ya sus tres hijos. Amphitri6n, padre de
aquélla, había quedado al cuidado y custodia
de todos.
Mas sucedi6 en esto que la ciudad de T e-
bas fué teatro de continuadas y sangrientas
sediciones; el rey Creonte, cercano pariente
de la esposa de Hércules, fué asesinado por
Lyco, quien se atribuía antiguo derecho al
trono de los tebanos y se apoderó de la ciudad.
Temeroso después de que al volver Hércu-
les de las entrañas de la tierra-adonde había
ido, como sabemos, a cumplir su último y
más esforzado trabajo-, quisiera vengar jus-
tamente el asesinato del legítimo rey de T e-
bas, y la usurpación del trono, o, que usando
su perfecto derecho de herencia aspirase a rei-
(1) Como la mayorfa dI' los antiguos mitos eran la represenfllciórr
poétIca de fenómenos naturales. este de la lucha de Hércules con el
Cancerbero pudiera muy bien significar el combate del Sol con las ti-
nIeblas o la lucha de la vIda contra la muerte. El nombre de Cerbero,
dado al sInIestro perro, se Identifica con la voz sanscrfta sarvari que-
quIere decir la noche.
-44 HISTORIAS DE EUR1PlDES
.nar él o a que reinar an sus hijos. Lyco conci-
bió la idea de exterm inar a la esposa . al padre
y a los hijos del héroe. antes que éste volvie-
::ca ... si volvía . Así una vez la sedición triun-
fante y Lyco en el trono. el primer cuidad o
¿el tirano fué apode rarse de Megar a y de los
.suyos .
La infeliz mujer, el ancian o y los tres chi-
<Juitines fueron arrojad os de su palacio y hu-
yeron tratan do de librars e de la saña del tira-
no y sus esbirr os; perma necier on largos días
<>cultos y padeci endo hambr e y fatiga y sed.
Mas Lyco, implac able en su odio, les persi-
guió en el monte y en el valle, en el campo y
-en la ciudad .
Enton ces el ancian o Amph ytrión a quien
Hércu les había dejado encarg ado de la educa-
-ción y cuidad o de las suyos, se refugió con su
hija y sus nietos en el templo , al pie del ara
misma en que se venera ba a Júpite r Salvad or.
Creían que el tirano no se atreve ría a manch ar
~on un crimen el altar de los dioses , y allí per-
manec ieron largos días e interm inable s no-
ches, carecie ndo de todo, de susten to, de agua,
de vestido . durmi endo sobre el duro suelo y
vertien do contin uamen te lágrim as amarg as. Y
HÉRCULES FURIOSO
es verdad que tenían numerosos amigos, como.
correspondía a su realeza, pero unos, al lle-
gar la adversidad, demostraron no merecer tal
nombre, y los que lo merecían, los que eran.
leales estaban vigilados también por el tirano
y no podían ir a socorrerlos.
En su infantil inocencia los pequeños Herá--
elidas-ilustres hijos de Hércules- pregunta-
ban sin cesar:
-¿ Adónde fué nuestro padre, madre mÍa}-
¿ Cuándo volverá?
y le buscaban vanamente por todas partes.
mientras la infeliz madre procuraba distraer-
los hablándoles de otras cosas, y se extreme··
cía cada vez que oía rechinar las puertas.
Porque en medio de su inmensa desgracia,
no abandonaba del todo la esperanza a la mu-
jer, al anciano ni a los niños, qtle a cada mo-
mento imaginaban que iba a llegar Hércules.
para salvarles con su fuerza y su poder.
y he aquí que un día, después de muchos-
de padecer y llorar, rechinó la pesada puerta
del templo. Megara se puso de pie y los niños
se cogieron gozosos a sus falda, creyendo que
era Hérc:ules que volvía. Pero no era el héroe-
esforzado, sino Lyco, el odioso tirano, a quien
46 HISTORIAS DE EURfPIDES
ya exasperaba la muda resistencia de los herá-
elidas y ni siquiera el sagrado del templo res-
petaba ya. Entró rodeado de su corte y de los
ancianos de la ciudad, que · al ver la puerta
abierta penetraron por ella, para compadecer
a los desdichados. Dirigiéndose al grupo que
los heráclidas, acogidos al ara, formaban, el
'tirano habló así:
-¿ Hasta cuándo queréis prolongar vuestra
existencia, herederos de Hércules? ¿ En qué
auxilio confiáis para no morir? ¿ Creéis, acaso,
que el padre de estos niños va a venir del rei-
no de las tinieblas para defenderos? Difícil es
que venga y antes de que pudiera hacerlo ha-
bría cumplido yo mi propósito. No atribuyáis
éste a crueldad, sino a previsión. Bien sé que
quité la vida a Creonte y que poseo su reino.
No consentiré, pues, que estos niños lleguen a
hombres, ni dejaré vivir a quienes luego se
vengarían de mí.
Ante las cínicas palabras de Lyco, Amphy-
trión tembló de cólera primero; después, pen-
sando en sus inocentes nietecitos, suplicó pie-
dad para ellos.
-¿ Por qué quieres matar a estos niños?-
clamó-o ¿ Qué te han hecho? Sólo eres pru-
HÉRCULES FURIOSO 47
dente, a mi juicio, temiendo, cobarde, a los hi-
jos de varón tan ilustre. Pero es horrible que
nosotros hayamos de morir víctimas de tu
miedo. Si quieres reinar en T ebas tranquilo,
déjanos salir desterrados, que jamás vol vete-
mos a ésta nuestra ciudad. .
Pero el tirano no accedió al ruego del noble
Amphytrión ni las súplicas de los ancianos de
la ciudad le llegaron a conmover. A los rue-
gos, a las imprecaciones contestó llamando a
sus esbirros para que no dejasen escapar a los
infelices prisioneros y dando a cuantos le ro-
deaban las más terribles órdenes.
-No importa que desates contra mí tu len-
gua-dijo al anciano Amphytrión-, pronto
sufriréis justo castigo tú y los tuyos. Que mis
leñadores vayan a los montes a cortar troncos
de encina, que los traigan a la ciudad, y los
amontonen alrededor del ara y les prendan
fuego y así arderéis todos vivos y sabréis cómo
aquí no reina Creonte, ni Hércules, sino yo.
y a vosotros, ancianos de T ebas que lloráis la
suerte de los hijos de Hércules, yo os aseguro
que tendréis que llorar también por los vues-
tros y así os acordaréis de que sois mi esclavos.
Oyendo estas palabras del cruel Lyco, 108
48 HISTORIAS DE EURíPIDES
ancian os de T ebas bajaro n la cabeza y no pu-
dieron conten er las lágrim as. Si hubier an sido
jóvene s de brazo fuerte y vigoro so, no hubie-
ran consen tido que de tal modo se les insulta -
se, pero eran débile s y contra el rey nada po-
dían.
y saliero n los leñado res con dirección al
monte para ir a buscar la leña que debía for-
mar la horrib le pira.
Enton ces Megar a, la esposa desdic hada del
gran Hércu les, se postró de hinojo s ante el
tirano y, con las manos juntas , implor ó para
sus hijitos una pena menos riguro sa.
-Conc édeno s j oh Lyco !-clam ó la infe-
liz madr e-no la vida, ya que estás decidi do a
hacem os morir, pero sí una muerte menos es-
pantos a e innobl e. Ya que hemos de perece r,
que sea de otra maner a, no devora dos por el
fuego y sirvien do de escarn io a nuestr os enemi -
gos, mal aún más intoler able que la muerte .
PermÍ teme ahora que entre en nuestr o palaci o
y que prepar e las fúnebr es galas de estos ni-
ños, que los adorne con mis mejore s joyas y
que vayam os todos a la muert e con dignid ad,
como a la raza de lo herácl idas convie ne.
Lyco, a quien lo que impor taba era la des-
HÉRCULES FURIOSO 49
trucción totai de los heráclidas, accedió a lo
que Megara le rogaba.
-Que abran mis servidores las puertas de
tu palacio-dijo-; entrad en él y preparad
esas fúnebres galas, que mi odio no va tan lejos
qué en la muerte quiera restaros la dignid~d
que os corresponde; pero cuando las hayáis
vestido vendré a buscaros para enviaros a la
mansión subterránea.
-Otra gracia debo pediros-clamó el an-
ciano Amphytrión-, ya que todos hemos de
morir, matad nos primero a mí ya esta mujer,
porque no veamos morir a los pequeños herá-
elidas, hijos de nuestra sangre.
y el tirano concedió esto también a los
desgraciados. Megara y su padre, llevando de-
lante de ellos a los tiernos hijos de Hércules,
entraron en el regio palacio que un día fué su
mansión, teatro de su esplendor y de su glo-
ria. Al contemplar de nuevo las magníficas es-
tancias donde había sido tan dichosa y que ya
jamás volverían a pisar ni ella ni los suyos.
Megara se deshizo en llanto, y mientras vestía
a sus hijitos para que fueran a la muerte que
el tirano les preparaba, sus bellos ojos, en que
4
50 HISTORIAS DE EURIPIDES
el más' famoso de los héroes se mirara un día,
parecían dos torrentes de lágrimas.
y he aquí que cuando el anciano, y los ni~
ños y la mujer iban a salir del palacio para en~
caminarse, custodiados por los esbirros del
tirano, adonde la muerte les aguardaba, ven
venir un gran grupo de hombres fuertes y ani~
mosos que, cubiertos de polvo, parecían lle~
gar de lejos, de muy lejos. En medio de ellos
iba Hércules vestido con la piel del león y
llevando en la mano la maza con que a tantos
y tantos enemigos venciera. i Hércules, ven~
cedor de los centauros y de los gigantes, héroe
de mil combates, libertador del mundo que
gemía bajo el poder de los monstruos! i Hér~
cules, que, cumplido su último trabajo de
traer al Cancerbero de las tinieblas a la luz,
regresaba triunfante para libertar a los suyos I
No hay para qué decir que un mismo grito
de esperanza y de alegría surgió del pecho de
Megara, y de los de sus hijos. Los pequeñi~
nes, sin temor de la piel del león que cubría
a su padre, se agarraron a él y no se atrevían
a separarse. Megara le echó los brazos al cue~
lIo y era tanta su alegría, que ni aún podía
hablar.
HÉRCULES FURIO ~JjIBlIOT2C"lNACIO~
DE MAESTROS
Hércules, que también se al. ' 1 :~ ;
yos temblando de gozo, no tardó en advertir
que las cabezas de sus amados hijos estaban
cubiertas por fúnebres galas, que el rostro de
su esposa tenía hondos surcos de llanto y que
los ojos de su padre derramaban lágrimas
abundantes.
-¿ Qué es esto ?-clamó con voz potente--.
(, Por qué me recibís llorosos en vez de salir a
mi encuentro con músicas y guirnaldas de
flores? ¿ Qué desgracia ha ocurrido en mi
ausencia?
~egara entonces contó a su esposo cónno.
gracias a una sedición, Lyco se había pose-
sionado del cetro de T ebas, la de las siete puer-
tas, y como ella, y su padre, y sus hijos. se
disponían en aquellos momentos a morir.
Hércules tembló de ira, y blandió, por enci-
ma de su cabeza, y en señal de amenaza, la
terrible clave. Y gritó:
-Arrojad, hijos míos, esas lúgubres cintas
que ornan vuestros cabellos, y contemplad go-
zosos la luz del día, que, por ahora, no deja-
réis de ver . Ya que para vuestra vida necesi-
táis mi brazo, yo buscaré al nuevo tirano y
derribaré su palacio y le someteré con mi clava
52 HISTORIAS DE EURIPlDES
victoriosa, no sólo a él, sino también a todos
los tebanos que me han abandonado después
de recibir de mí tantos beneficios. Porque ¿ a
quién he de socorrer con más razón que a mi
esposa, a mis hijos y a este anciano? De nada
me servirían mis trabajos, si los sufrí sin pro~
vecho alguno para mí ni para los míos, y no
doy cima a éste ahora. Yo debo morir defen~
diéndolos, ya que ellos habían de perecer en
breve por causa de su padre. ¿ Qué no se dirá
de mí si después de vencer a la hidra y al león,
por orden de Euristeo, no puedo auxiliar a mis
infortunados hijos? No me llamarán ya como
antes-;--Hércules el de las gloriosas hazañas.
- Y ,como la mujer y los hijos no dejaran de
agarrarse a sus vestiduras y derramaran toda-
vía lágrimas que ellos mismos no sabían si
eran de pena o de alegría, añadió el héroe:
-Ea, entremos todos en palacio; cobrad
ánimo y no derraméis a torrentes las lágrimas.
Tú también i oh esposa ! reanímate y no tiem~
bIes; y soltad mis vestidos que no soy ningún
ave, ni pretendo escaparme.
y así, conduciendo a los suyos como el bar-
~o de gran potencia remolca a las navecillas,
HÉRCULES FURIOSO '5}
los llevó, triunfalmente, a los desiertos salo-
nes de palacio.
y he aquí que, en esto, el tirano Lyco, im-
paciente por la tardanza de los que él había
condenado a muerte, llegaba ya con sus es-
birros temiendo que los infelices se resistÍeran
y dispuesto a conducirlos al suplicio por la
fuerza. Y he aquí que cuando entraba arro-
gante, con gran ruido de armas y de voces,
advirtió la presencia de Hércules entre los su-
yos, y sólo de ver al héroe, cubierto el robusto
cuerpo con la piel del león y blandiendo con
su fuerte brazo la clava, en poco estuvo que
no quedara allí mismo muerto. Y aun puede
decirse, en efecto, que desde aquel mismo mo~
mento lo estuvo, pues el gran combate empe-
zó allí mismo.
Los fieles tebanos que acompañaban a Hér-
cules y aun la mayoría de los que en la ciudad
estaban, se aprestaron a luchar por el hijo de
Júpiter y a defender su palacio y su trono con-
tra la tiranía. Mas el vencedor de tantos y tan
grandes peligros, no necesitaba que nadie le
ayudase, y así, con un solo golpe de su maza
potente, mató al odioso tirano e hizo huir a loa
54 HISTORIAS DE EURfPIDES
que tras él iban. Y en la ciudad de T ebas vol.
vió a reinar Hércu les, el fuerte.

• • •
Pero Juno velaba , celosa y vengat iva. En
vano había aguard ado que en uno de los doce
ímpro bos trabajo s ordena dos por Euristeo, fue.
se el héroe derrib ado. En vano había influído
en el ánimo del tirano de T ebas para que no
dejara con vida a ningun o de los tiernos herá·
elidas . Hércu les había vuelto a sus lares e iba
a gozar de su triunfo en la paz de su reino.
Implac able entonc es la diosa hizo descen der
a la tierra a la Locur a, la obligó a posesi onarse
del cerebr o del héroe, y, turban do su raz6n
por compl eto, logró que desconociera a su
amada mujer, ya sus hijos peque ños ... Por un
mome nto Hércu les, infund ió risa y miedo a
los que le rodeab an, tan extrañ~ eran las ae·
ciones a que le impul saba la Locur a. Subía y
bajaba las escale ras, y, sin salir de su palaci o,
asegur aba que había llegad o a la ciudad de
Nico. Se recost aba en tierra y hacía como si
en la citada ciudad estuvi era prepar ando su
alimen to y a los pocos instan tes decía hallars e
HÉRCULES FURIOSO ~s

en las cumbres frondosas del Istmo y, despo~


jándose de sus vestidos. luchaba solo y se pro~
clamaba vencedor. hablando a espectadores
imaginarios. Profería contra Euristeo palabras
horribles y creía hallarse aún en Mycenas. Yal
ver a sus tiernos hijitos y a su dulce esposa que
intentaban calmarlo creyó-siempre bajo el in~
flujo de la Locura enviada por Juno-que
aquéllos eran la esposa y los hijos de Euristeo,
y. levantando. sin saber lo que hacía. la clava,
arremetió contra ellos y allí mismo los dejó
muertos. Tal era la furia de Hércules.
F ué aquel un triste día para T ebas y para el
mundo entero. La raza de los heráclidas pere-
ció a manos de su propio padre. Y es fama que
al recobrar el héroe la razón y ver 10 que, sin
saberlo, había hecho, lloró como un niño, lá-
grImas amargas.
y ni el I"ecuerdo de sus famosos trabajos
pudo consolarle. Porque ya no apeteció fama,
triunfos, ni riquezas.

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