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Fuentes para La Historia Colonial de Venezuela 208

Carole Leal Curiel - El Discurso de La Fidelidad_ Construcción Social Del Espacio Como Símbolo Del Poder Regio, Venezuela, Siglo XVIII (1990, Biblioteca

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BIBLIOTECA DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA — 208 - CAROLE LEAL CURIEL EL DISCURSO DE LA FIDELIDAD Construccién social del espacio como simbolo del poder regio (VENEZUELA, SIGLO XVIII) ‘TES PARA LA Hisrorta CoLoNiaL DE VENEZUELA CARACAS / 1990 EL DISCURSO DE LA FIDELIDAD / Carole Leal Curiel Carole Leal Curiel nacié en Durham, Carolina del Norte (USA). Es licenciada en Antropologia de la Universidad Central de Venezuela, con una Maestria en Ciencias Politicas en la Universidad Simén Bolivar. Ha trabajado como investigadora en la Academia de Ciencias Politicas, donde desarrollo un proyecto de recoleccién documenta! relativo a la legislacion indiana. En el Instituto Internacional de Estudios Avanzados se dedicé al andlisis y comprensién del discurso politico venezolano de la emancipaci6n. Tomando como base la Antropologia, la autora se ha dedicado a la Historia de las ideas politicas venezolanas, especialmente a las del siglo XVIII y comienzos del XIX; sus investigaciones se han centrado en torno a la relacién entre la concepcidn del espacio y poder politicos y los recursos metaféricos del pensamiento de la monarquia espafiola durante el perfodo colonial. Ha trabajado en la Academia Nacional de la Historia como Asistente del Director y Coordinadora del Boletin de dicha Institucién. Precisamente en la Academia ha publicado un titulo: Convicciones y Conversiones de un Republicano: EI expediente de José Félix Blanco (Coleccién Fuentes para la Historia Republicana, N° 39). En El discurso de la fidelidad la autora trata de presentar la recons- truccién de tres tipos de actos ceremoniales celebrados en la Provincia de Venezuela a finales de! siglo XVIII. Estos son las Exequias, los Jura- mentos de Fe y los Juramentos de Fidelidad. En ellos se recrea la estructura ceremonial comiin y se muestra cémo la celebracién misma de tales actos patentiza una trama indisociable entre el orden politico y el religioso. También la obra busca mostrar cémo estos actos activan en su realizacién la idea del orden y subordinacién politicos, conceptos claves para com- prender el sentido de la respectiva [idelidad de los vasallos provincianos para con su Monarca 0 monarquia. Se analiza y descompone el sentido de la compleja rigidez de la estructura social provincial venezolana. BIBLIOTECA DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA ——-—_—_—— 208 Director de la Academia Nacional de la Historia Guillermo Morén Comisién Editora Blas Bruni Celli Mario Bricefio Perozo Ermila de Veracoechea Ildefonso Leal Director de Publiceciones Guillermo Morén EL DISCURSO DE LA FIDELIDAD BIBLIOTECA DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA 208 CAROLE LEAL CURIEL EL DISCURSO DE LA FIDELIDAD Construccién social del espacio como simbolo del poder regio (VENEZUELA, SIGLO XVIII) FUENTES PARA LA Historta COLONIAL DE VENEZUELA CARACAS / 1990 © ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA Caracas, 1990 Impreso en Venezuela por Italgréfica, SRL. ISBN 980-222-484-7 AGRADECIMIENTOS Agradecer es un acto dificil. Al hacerlo podemos co- meter grandes injusticias. Este trabajo se ha beneficiado de diversas Instituciones y personas. A todas mi sincero reconocimiento. Al personal de los Archivos y Bibliotecas consul- tadas por su gentileza; de manera especial, los amigos que trabajan en la Seccién de Libros Raros del Insti- tuto Auténomo Biblioteca Nacional. A la Unidad de Historia de las Ideas del Instituto Internacional de Es- tudios Avanzados por las facilidades prestadas. A mis compafteros del Proyecto de Investigacion donde se ori- gind este trabajo, Nydia Ruiz, Jorge Gaete y Elena Plaza. Y de manera especial, al Director de esa Investigacién, Dr. Luis Castro Leiva, quien con su generoso apoyo me alenté en la continuidad del mismo. Al Arquitecto Rai- mundo Leal quien de manera paciente y generosa disené los planos que acompaitan este trabajo. A la sefora Te- resita Ramallo, por haber tomado parte de su tiempo para transcribir estas paginas. Y, a mi tutor, Padre Alberto Gruson, pues gracias a él este trabajo tuvo sentido. Por ultimo, a mis amigos por su paciente espera. ABREVIATURAS EMPLEADAS EN EL TRABAJO Archivo Arzobispal de Caracas Archivo General de la Nacién Archivo Histérico del Concejo Municipal de Caracas Archivo Histérico de la Universidad Central de Venezuela Biblioteca Nacional Biblioteca Academia Nacional de Ja Historia Dictionnaire de Théologie Catholique Fundacién Boulton Museo de Arte Colonial Summa Theologica obra citada articulo citado subtayados nuestros sin foliar sin paginacién reverso del folio INTRODUCCION Mucho se ha escrito sobre la estructura social de la so- ciedad colonial venezolana; es mds, afirmar que la estructura social de la colonia venezolana fue estaticamente jerarquizada, es casi un lugar comin en la historiograffa contemporanea de Venezuela. En efecto, se ha sefialado que la sociedad colonial fue una sociedad cerrada, estrictamente jerarquizada y de poca 0, quizds, ninguna movilidad social. Distintos enfoques, muchos de ellos irreconciliables entre si, han esgrimido este argumento sustenténdolo en variables de diversa fndole. El enfoque socio- estructural predominante, en clave marxista, alega las variables de la correspondiente “divisién de clases sociales”, “lucha de clases”, “intereses econdmicos antagénicos”, “fuerzas produc- tivas” y “modo de produccién colonial”. En el mismo sentido, pero a través de indicadores de corte étnico, se habla de “sistema de castas” o en términos de “‘régimen de estratos 0 estamentos”: blancos y sus respectivas sub-estratificaciones (“peninsulares”, “criollos” y “Ilanos”), indios, negros y la indefinida masa de pardos que recoge el peculiar proceso de mestizaje ocurrido en algunas partes del continente. También se usan, dentro de esa misma matriz socio-estructural, varia- bles relativas al origen territorial, colocdndose el acento en los enfrentamientos habidos entre los blancos “peninsulares” y los blancos “‘criollos”. Por iiltimo, algunas de estas interpretaciones reconcilian eclécticamente la conceptualizacién de un modo de produccién capitalista en convivencia con formas estamentales.’ 1. La literatura al respecto puede ser extensa, Sin embargo, valga citar algunos representantes. En indicadores orientados por Ja determinacién econdmica del marxismo pueden verse: Matavé Maza, Héctor, en Formacién Hist6rica - de Venezuela; Brito Frcveroa, Feverico, en “La emancipacién nacional y 14 INTRODUCCION Autores de cuyo marxismo dificilmente se dudarfa, han ar- gumentado que el modo de produccién capitalista se expresa en Ja colonia venezolana bajo una forma de estructuracién esta- mental. Distinguen el estamento espafiol o europeo, el indigena o aborigen y el esclavista. Llama la atencién que esta visién no parece encontrar contradictorios los modos de produccién im- plicitos y que, ademés, dada la peculiar diversificacién habida en la composicién social de la colonia provinciana, se comple- jizan mec4nicamente en una serie de sub-estamentos o sub- estratos, constituyendo cada uno de cllos un “coto cerrado” que transmite inexorablemente a sus miembros un conjunto de condiciones y funciones sociales que consagran la desigual- dad cual “ley natural”? Prescinden con esto totalmente del sentido que esa “‘membrecfa”’ tenfa para los propios actores sociales involucrados. En otra versi6n patria, que en nada debe al marxismo, sino més bien se erigiria como una probable defensa de las bondades del legado hispano, se describe la estructura social colonial como un “‘régimen de castas” superpuestas, cuyo origen habria que buscar mas en las “‘realidades sociales” surgidas por el particular tipo de hidalgo que se traslada a estos territorios y los posteriores vinculos (fundamentalmente étnicos) que desarrollan en estos parajes, que propiamente en_principios politicos abstractos.’ Y, en otros casos, el acento sobre la desi- gualdad se coloca en el significado que se le ha de atribuir a la guerra de clases y de castas”, en Revista Universitaria de Historia, Uni- versidad Santa Maria, N° 1, enero-abril, Caracas, 1982, pp. 9-43; Carpozo, Axruro, Procesu Histdricu de Venezuela, tomo II. En cuanto a la califica- cién de sistema de castas o régimen de estratificacién un prominente expo- nente lo constituye Parra PEREz, CaraccroLo, en su obra E! Régimen Es- pafiol en Venezuela. También Herrera Luque, Francisco, en Los vigjeros de Indias. Ensayos de interpretacién de la sociologia venezolana. Asimismo, aunque en un enfoque totalmente distinto y' de corte “estructural”, segin palabras del autor, en Boz, Gurttermo, Estructura y Cambio en Venezuela Colonial. En versién ecléctica véase a Lopez BoriOrquez, Atf, en Los Mi- nistros de la Real Audiencia de Caracas en quien predomina la tendencia de Ja conciencia anti-espafiola en parte por conflictos de origen territorial, en parte por intereses econémicos encontrados. 2. Véase Cannozo, ArTuro, op. cit., tomo II, pp. 29-46. 3. Véase Parra Pérez, CaRAccIoLo, op. cit., pp. 51-62. ‘INTRODUCCION 15 los enfrentamientos ocurridos entre los blancos criollos y los peninsulares, afirmandose que buena parte de ellos revelarian una conciencia ‘“‘de libertad” y “‘anti-espafiola” en ciernes. Sea en versién “negra” del oprobio oscurantista de un régimen colonial explotador o en lo “dorado” de la magnifica herencia espafiola, el postulado de la “rigidez”, “escasa movi- lidad” y “jerarquizacién” en la desigualdad social, parece ser patrimonio comtin entre los defensores de estas versiones encontradas.* Ciertamente, la sociedad colonial provincial ha debido ser muy poco permeable y bastante més jerarquizada. También es cierto el hieratismo atribuido a la composicién social de su estructura. Sin embargo, pese al hecho de ser afirmacién de patrimonio comin compartido por enfoques distintos o diver- gentes, no se ha dicho hasta el presente cdmo fue pensada —y vivida— esa rigidez de la jerarquizacién social de la pro- vincia venezolana. Este trabajo intentard analizar y descom- poner el sentido de esa espesa y compleja rigidez de la estruc- tura social provincial venezolana, con el fin de determinar cémo fue concebido el orden social y politico de la ordenada sociedad que fue la provincia de Venezuela del siglo xvui1. Véase Lorez BouOrquez, Axi, op. cit., y Bozs, GUILLERMO, op. cit. Se quiere puntualizar que a pesar de la existencia de una literatura bien extendida y arraigada que sustenta el punto, vale la pena destacar una excep- cién al respecto. Me refiero al historiador Saucevo Bastarno, J. L., quien en su Historia Fundamental de Venezuela sostiene exactamente la tesis con- traria, es decir, que pese a la estricta estratificacién (él habla de “capas sociales” pues, segin argumenta, no se puede hablar, strictu sensu, ni de “castas”, ni de “clases” ni de “estamentos”) subyace en ellas un cierto espi- titu igualitario que desembocaré en el ideal democrdtico de vocacién igua- Jadora que forma parte de la idiosincrasia del venezolano. La interpretacién de Salcedo, cargada de contradicciones en su propio texto no sdlo con res- pecto a esta afirmacién, estd viciada por el hecho de que propone en esta lectura sintética de la historia de Venezuela, una interpretacién voluntarista del “avance”, en definitiva, de las fuerzas progresistas de la Historia (en ma- yiscula). En su lectura sefiala que la mescolanza étnica y la presencia del pensamiento “ilustrado” y “liberal” de la dinastia borbona, de “claro tinte popular”, forjaron las bases para el surgimiento de un espiritu “inconforme”, “rebelde” e “indoblegable”, sustento y fundamento del inevitable “avance igua- lador”. Véase la op. cit. ws 16 ‘INTRODUCCION Hasta el presente, y a conocimiento nuestro, no.se ha abordado el tema desde la perspectiva que aqui se intenta: En tal sentido, este trabajo constituye una. primera’ aproximacién a la temiatica. Lo realizado quiere mostrar cémo fue esa sociedad efectivamente desigual, qué fundamenté la desigual- dad habida entre esos habitantes y cémo se definieron, simbé- licamente, esos hombres con respecto a tales desigualdades. Esto es, cual fue el sentido antropoldgico, cultural ‘y social de la coricepcién ‘politica que fund6é esa desigualdad. En voz de Salcedo Bastardo las ordenanzas coloniales de- terminaron detalladamente ‘“‘nimiedades” para subrayar las desigualdades sociales existentes en la colonia.’ En el decir de Parra Pérez, el Cabildo constituyé el baluarte defensor de la libertad pese a las “majaderias” de las disputas por preemi- nencias.’ Se trata para nosotros de determinar el sentido y alcance que tuvicron tales “nimiedades” que remarcaton las de- sigualdades y tales “‘majaderias” que ocasionaron tantas disputas para una sociedad que sé les otorgé una importancia y sitio fundamentales en el proceso cultural de sus ceremoniales. Este trabajo surgid en el marco de una investigacién an- terior. Entre 1983 y 1986 tuve la oportunidad de formar parte de un equipo de trabajo, bajo la coordinacién del Dr. Luis Castro Leiva, en la Unidad de Historia de las Ideas del Insti- tuto Internacional de Estudios Avanzados (IDEA), que em- prendid la tarea de indagar sobre los orfgenes “‘discursivos” de Ja emancipacién politica venezolana. Se traté en ese enton- ces de analizar el discurso politico emancipador y el mal llamado pre-emancipador. Esa investigacién se hizo desde una perspectiva que buscé recuperar las condiciones discursivas que posibili- taron la realizacién de la Independencia. Es decir, redescribir el cuadro estratégico-discursivo del proceso que condujo histé- ricamente la Independencia como fenémeno politico, Esa re- descripcién fue hecha en atencién al espectro de un “habla ilustrada” y en confrontacién con un discurso que Ilamamos de la “‘fidelidad”’, que sitvié de marco lingiifstico para deter- 6. Sancepo Basrarvo, J. L., op. cit., p. 173. 7. Parra Pérez, CARACCIOLO, op. cit, pp. 249-250 (en la edicién espajfiola de 1932). INTRODUCCION WwW minar el surgimiento de nuevas maneras de hablar y de pensar y, en-consecuencia, de concebir y actuar. Se traté, en sintesis, de determinar las tramas argumentales que estuvieron en juego entre 1750 y 1810, con el fin de mostrar el conjunto de dis- cursos yuxtapuestos y entrelazados que moldearon, en el marco lingiifstico de una conciencia de pertenencia a la monarquia, una nueva conciencia emergente: la conciencia liberal republi- cana constitutiva de la nueva nacionalidad politica. Buena parte de esa investigacién se desarrollé en los ar- chivos histéricos existentes en la ciudad de Caracas. Y, en esa divisién natural de intereses que se produce en todo trabajo en equipo, los mfos se inclinaron hacia lo que Ilamamos, en esa investigacién, la lengua de los que gobiernan, y de manera més especffica, en acotar minuciosamente toda la documenta- cién que revelara la trama discursiva de la prescriptividad gu- bernamental de la Corona Espafiola.”” En ese interin por los 8. El Informe final de esa investigacién fue presentado ante la institucién finan- ciadora (CONICIT-subvencién $-1316) en 1987 en 22 expedientes que recogen tanto la actividad global como Ia individual de la Unidad mencionada, Es importante puntualizar que para efectos de los objetivos propuestos en ella se trabajé en el marco tedrico de la filosofia analitica del lenguaje y, de manera particular, bajo la orientacién de las reformulaciones metodoldgicas propuestas por John Seahle, J. G. A. Pocock, Quentin Skinner, John Dunn y Donald Winch para historiar ideas. El enfoque acogido presupone la “ordinariedad” de un modo de hablar a través de una lengua puesta en accién a partir de unos “sentidos” que. se “Jabran” en Ja experiencia de un pensamiento y en las con- venciones de su seméntica y de su pragmética, Se parte del supuesto de que el habla es accién (actos de habla o actos lingiiisticos) , esto es, que se transforma en praxis y que en ese actuar que cumple a emisién del decir hay lugar para unas maneras de actuar o de hacer actuar a otros. Sintetizando, se traté en el caso de redescribir la historicidad de los discursos en juego durante ese perfodo —que en el contexto de la investigacién citada se clasificaron y calificaron bajo los rubros de “fidelidad”, “ilustrado” y “republicanoliberal”—, el cémo los usuarios de esa lengua actualizaron su competencia discursiva para llevar a cabo determinadas acciones politicas y el contexto objetivo de las acciones comunica- cionales (destinatario, emisor, lugar y fecha de la emisién, tipo de texto donde se produce Ia emisién, etc.) Véase el Informe Académico presentado al CO- NICIT bajo el titulo: DE LA FIDELIDAD A LA LIBERTAD: Condiciones y posibilidades del discurso politico venezolano emancipador (1750-1810). 9. La trama de la prescriptiva se recoge en el Informe referido en la cita anterior a través de un Indice Analitico y Cronolégico de Reales Cédulas destinadas a la 1 INTRODUCCION archivos, el azar, como en tantas cosas, jugé con la necesidad. Los Cedularios, las Actas del Cabildo, las Reales Ordenes y Provisiones que leia empiezan a mostrar una informacién que rebasa el objetivo incial: una serie de datos sobre unos haceres ceremoniales en los cuales mediaba casi siempre alguno que otro conflicto que obligaba a la relativamente inmediata pres- cripcién real. La recoleccién de esa informacién abrid. espacio para crear un archivo, originalmente destinado a otros fines, que me condujeron a considerarlos tema especifico de una in- vestigacidn diferente. Por otra parte, los datos que asi empiezan a estar dispo- nibles poseen una relativa riqueza sobre lo que en ese tiempo se llamaron actos ceremoniales; los que, respetando el uso de la época, han de entenderse como la secuencia de unos hechos institucionales que se realizaron conforme a una preceptiva instituida por mandato de Ja real voluntad o bien por costum- bre, esto es, por una prdctica empleada ininterrumpidamente a lo largo de veinte afios. Estos actos exponian cuando menos el cémo, donde y quién de esos haceres. Una primera reflexién sobre ellos condujo a pensarlos en relacién al contexto donde tuvieron su existencia: unas ceremonias que se hacfan con una cierta regularidad, bajo una cierta normativa y que mostraban una importancia especifica para la sociedad donde se realizaban. Pues los conflictos que originaban sugerian, por una parte, el valor que le atribuian los actores involucrados en ellos por efecto de la continua demanda de la real intervencién para solucionarlos y, por la otra, parecfan activar en su realizacién la idea misma de orden social y politico que tuvo sentido para esos actores patticipes. legislacidn de 1a provincia de Venezuela durante el siglo xvumt (1700-1799). Dicho Indice forma parte de una investigacién documental que fue finan- ciada por la Academia de Ciencias Politicas y Sociales y serd publicado por la Academia Nacional de la Historia, Asimismo, al final del Informe general se presenta el glosario del sentido para la época y desde el punto de vista juridico tuvieron cada una de esas acciones institucionales definiéndose qué era una Real Cédula, una Real Provisi6n, una Real Orden, un Memorial, una Representacidn, etc., y las condiciones de uso de cada una de ellas (a quién se dirige, fStmulas lingiisticas del decir que regula y prescribe, tc.). INTRODUCCION Bp Ese cuerpo de. informacidn llevé a la formulacién de un conjunto de interrogantes que fueron perfilando unos propési- tos’y permitieron organizar la informacién recogida: gcudndo y con ocasién de qué se hacen estos actos?, ¢cémo se hacen estos actos?, ¢quiénes participan en ellos?, ¢cémo es la ma- nera de participar en ellos?, ¢quiénes polemizan y por qué se polemiza en esos actos?, ¢cudles son los “‘objetos” de las dispu- tas?, y equé parece querér decir esa manera de participar en esos actos con respecto a lo que Ilamamos el discurso de la fi- delidad? Para expresarlo de otra forma, ¢acaso hay alguna relacién entre las ceremonias civico-religiosas que esa sociedad celebra con ocasién de ciertas exigencias y los conceptos poli- ticos claves que fundamentan el vasallaje? Esas interrogantes surgieron en torno a un interés muy es- pecffico, a saber, determinan los vinculos posibles entre esos ha- ceres ceremoniales y el discurso de la fidelidad. Ellas fucron a la vez delineando la definicion de unos nuevos propdsitos concebi- dos con el fin de sistematizar ese cuerpo cadtico de informacién en una investigacién aparte y separada. Pero, al revés del propé- sito general de la investigacién donde tiene origen ésta, el intento atiende ahora a la posibilidad de recuperar el “hacer” de la lengua de los fieles vasallos a partir del “hacer” —muchas veces conflictivo— de unas ceremonias. Se trata en este caso no de recuperar cémo el decir de esa lengua se transforma en praxis, sino de saber cdémo la accién misma de las ceremonias (la actividad ceremonial en si) posee un sentido especifico para la accion de la lengua de los gobernados y de los que gobiernan. Pues, contrariamente a lo dicho por Parra Pérez y Salcedo Bastardo, ni fueron majaderias ni fueron nimiedades y si algtin sentido tuvieron esas disputas por preeminencias o unas pragméaticas que regulan el quién y el cémo han de llevar tapetes o usar sillas con cojines y brazos, éste habr4 que bus- carlo en el contexto histdrico y social de su ocurrencia, en el sentido que esos actores Je atribuyeron a tales preeminencias y al uso de esos tapetes, cojines, sillas 0 bancos y, sin duda, fuera del peso de una lectura que nuestros ojos contempordneos quieran anacrénicamente otorgarles. En consecuencia, este trabajo atender4 a dos propdsitos generales. Uno histérico, otro tedrico. 20. INTRODUCCION. El histérico persigue reconstruir —describir— tres tipos de actos ceremoniales celebrados durante la segunda mitad del siglo xvii en la provincia de Venezuela. Ellos son: la ceremo- nia de Exeguias o los actos que se realizaban con ocasién de la muerte del Rey; la Jura o las ceremonias realizadas con motivo de juramentar un nuevo Monarca y los Actos de Feo cémo se Ievaba a cabo la jura de la verdadera Religion. Se trata de re- cuperar las formas de los lugares y objetos de las ceremonias en relacién a los participantes en ellas. Dos razones motivan la escogencia de estos tres actos y a dejar de lado otros haceres ceremoniales de ese mismo pe- tiodo.” Primera, porque estos actos definen situaciones limi- nares" de la sociedad que participa en ellas en el sentido que sesgan —irrumpiéndola— la normalidad de la vida cotidiana de esos habitantes. Abren un paréntesis, sea de recreacidn fes- tiva, como es el caso de la jura, o de expresién publica de dolor, como en el duelo de las exequias, o de la contricién como es el caso de jurar la fe catélica; y lo abren para dar cabida a un periodo especial al cual se consagra la comunidad como un todo en las multiples y diversas manifestaciones que ellos llevan 10. Me refiero a otras ceremonias cuya caracteristica més resaltante es su natura- Ieza esencialmente religiosa como fueron por ejemplo llevar las laves del sagtario los dias jueves santos o, a las rogativas que solfan —y deblan— ha- cerse deseando prosperidad al reino, “felices prefieces” a las reinas y las res- pectivas acciones de gracias (cuando era el caso) por los cotrespondientes “felices partos” y otros tantos que més bien se inscriben dentro de la norme- lidad de Ja vida cotidiana de ese tiempo. Informacién sobre el punto puede verse en abundancia en los archivos histéricos de Caracas (AGN, AHCMC, AA), Secciones de Reales Cédulas. 11. En el dominio de la antropolgia se ha conceptualizado la situacién 0 periodo liminar.en el émbito de lo que se denominan “rites de passage”, esto es, “titos que acompafian a cualquier tipo de cambio, de lugar, de posicién social, de estado o de edad”, distinguiéndose para todo rito de paso tres fases: la separacién (0 “estado”), el margen (o “limen”) y la agregacin (0 vuelta a la “normalidad”). Véase GenneP van A., The Rites of passage Citado por Turner, Vicror, en La selva de los simbolos, pp. 103-123. El sen- tido que en el trabajo se le asigna a Ja idea de lo liminar atiende, como en caso de la literatura antropol6gica, a la experiencia colectiva que entrafiaron los perfodos ceremoniales al suspender Ia regularidad cotidiana. INTRODUCCION 21 consigo. Paralizan la normalidad y obligan a la participacién de todos los habitantes del lugar. Estas acciones y las expresiones colectivas a que dan lugar activan en su realizacidn la idea de pertenencia al reino y a la monarquia y en ese sentido, creemos, activan ceremonialmente la fidelidad de los vasallos. Son cere- monias de fidelidad politica. Segunda, porque estos actos patentizan en su realizacién una trama que exhibe la estrecha vinculacién entre el orden de lo politico y el orden de lo religioso. Son actos cévicos en el sentido de ser ceremonias cuya celebracién es competencia de las ciudades” pero, al mismo tiempo, son actos que implican en su ejecucién la presencia indisociable.de la religién.* Nuestro segundo objetivo persigue ilustrar cémo las ac- ciones con respecto al orden ceremonial metaforizan, en su rea- lizacién 0 préctica misma, las metaforizaciones a que ha dado lugar el discurso con respecto a los conceptos de orden y su- bordinacién sociales. Lo que hemos Ilamado el discurso de la fidelidad no debe comprenderse como un bloque de tépicos uniformes y homogéneos, sino como un marco argumental que sirve de referencia para entender algunos de los principios que fundan la paz y el orden mondrquicos. Y, en ese marco, se ha prestado atencién de manera especial a Ja reflexién que se hace en torno a la idea del orden social y politico y a la ‘manera como se concibe que deben estar subordinados los seres que habitan bajo ese orden. Peto, asimismo, nuestro interés espe- cifico atiende a determinar cédmo y bajo cudles locuciones me- taféricas se discurren o se piensan ambos conceptos con miras a ilustrar los vinculos de significaciones posibles entre esas me- 12. Correspondia a la “ciudad”, como entonces también se les dijo a los ca bildos (“‘ciudad, justicia y regimiento”), evar adelante Ia planificacién de los actos de exequias y jura. Las primeras también las celebraban Jos cabildos eclesidsticos pudiéndose realizar en actos separados © conjuntos de ambos ca- bildos (eclesidstico y secular). No es el caso de la ceremonia de la Fe, pues era de la competencia del Tribunal de Ia Inquisicién pero a ella debfan asistir con carécter de obligatoriedad, el cuerpo que representaba la ciudad. 13. De entrada se quiere destacar que uno de los escenarios naturales de los actos considerados lo constituyé la Iglesia pero también se quiere subrayar sobre el sentido religioso subyacente a cada uno de ellos. El punto se desa- rrollaré a lo largo de! trabajo. 22 INTRODUCCION téforas discursivas relativas al orden y la subordinacién sociales y el orden que se realiza en las ceremonias. Se trata, sintetizan- do, de mostrar cémo los actos ceremoniales realizan en sus formas (uso de los espacios —posiciones y lugares— y de los objetos ceremoniales) el sentido metaforizado en el discurso del orden social y politico. Esta investigacién se desarrolla en dos partes, cuatro ca- pitulos y dos apéndices (A y B). En la primera parte, se recoge el cuadro histérico general que sirve de referencia a dichos actos. La segunda, que es el cuerpo del trabajo, presenta por un lado la desctipcién de los actos mencionados a través de las fuentes documentales y, por el otro, la interpretacién que se propone acerca de cémo comprender las metaforizaciones (discursivas y ceremoniales) que se hicieron del orden social y politico colonial. En el primer capitulo, El Estado Espafiol y la Iglesia de Indias, se intenta recrear el contexto institucional genérico que permite comprender la intrincada trama de complejas relacio- nes que existieron entre la Iglesia Catdlica y el Estado Es- pafiol. En base a fuentes de especialistas se presenta una sin- tesis que recoge el marco jurfdico institucional de los actos. El capitulo segundo ofrece una reconstruccién de la disposicién urbana de la ciudad de Caracas a finales del siglo xvitt. Se busca mostrar en-primer lugar, c6mo fue el proceso espafiol de la construccién del “espacio” urbano colonial; en segundo lugar, se muestra la descripcién de la ciudad, sus calles, plazas, iglesias y habitantes; en tercer lugar, se presenta el tes- timonio de la visién de los viajeros extranjeros ilustrados que visitaron la Provincia de Venezuela durante ese periodo; y en cuarto y ultimo lugar se describe el alcance de algunas de las reformas administrativas que emprendié la dinastia borbona para la reorganizacién de los territorios de ultramar como un factor de aumento de conflictos ceremoniales. El tercer capitulo se propone la reconstruccién histérica de los tres actos recuperados por medio de una “representa- cién” historiografia. Se presenta aquf la descripcién de las exequias que la ciudad de Caracas ofrecié ante la muerte del INTRODUCCION 23 rey Carlos III en el afio de 1789, la jura que hizo esta misma ciudad por el ascenso al trono de Carlos IV durante ese mismo afio de 1789 y los Actos de la Fe que oficié el Tribunal de la Inquisicion en la ciudad de Caracas en el correr del afio 1779. Cada una de ellas, se acompafia de uno o de varios, segtin sea el caso, planos imaginarios sobre la distribucién de los espa- cios ceremoniales (iglesias, plazas, calles). Debe subrayarse aqui el hecho de que estos planos son proyecciones imagina- rias efectuadas, sin embargo, sobre la base de literalidad de los documentos consultados.* La fuente de este capitulo la constituye la documentacién de la época recuperada en los archivos histéricos que permitié la descripcién de los tres actos propuestos (Exequias, Jura y Fe). Para cada una de estas descripciones se tomaron en consideracién distintos ele- mentos —en el caso de que estuviesen disponibles en los do- cumentos— tal y como son: el por gué —la ocasién— de las ceremonias, el cémo de la realizacién de las mismas, quiénes participan en ellas, cémo se estd en los actos y la descripcién minuciosa ofrecida por la documentacién examinada sobre los espacios y objetos ceremoniales (sillas, bancos, tapices, tape- tes, etc.), Es importante sefialar que los tres actos descritos en el capitulo mencionado anteriormente se toman como “actos de referencia” pata proponer una lectura comparada, diacrénica y sincrénica, con otros actos similares (exequias y juras por otros reyes muertos y juramentados) celebrados en otros pue- blos y ciudades de la provincia de Venezuela en el correr del siglo xvitt. El proceso de reconstruccién de esa estructura cons- tituye el APENDICE (A) del trabajo. Se ubicé bajo tal cali- dad con el fin de aligerar la argumentacién y la lectura. Sobre la base de lo logrado en el APENDICE (A), en el ultimo punto del capitulo se propone una lectura estructural conjunta de los tres actos descritos con el fin de determinar los elementos cons- titutivos de lo que pudiera entenderse como el concepto de estructura ceremonial, 14, Lamentablemente en ninguno de los archivos dimos con la planta original de Ia Catedral de Caracas. Para Ja reconstruccién gréfica de ésta nos hemos valido, introduciendo algunas proyecciones, de la que ofrece Cantos MOLLER en su obra Paginas Coloniales. 24 ,INFRODUGCION El cuarto y ultimo capitulo se desarrolla en tres secciones. La primera de ellas atiende a recuperar los conflictos ocurrides en situaciones ceremoniales. Dos tipos de polémicas parecen haberlas signado: unas con motivo del uso de los objetos pro- pios a las ceremonias (las sillas, los bancos, los tapetes, los cojines, el Pendén Real, etc.); otras por el uso de /as posiciones (centro/derecha/izquierda) y lugares (primero/ultimo) en los respectivos espacios (iglesias, calles, plazas) donde se desa- trollan las ceremonias. En esta misma seccién, se examina el significado que posce para csa socicdad y actores la violacién en el uso de los objetos y espacios ceremoniales, la polémica como tal. Esta es concebida en la lengua de la época, bajo el calificativo de “escdndalo publico”. Se intenta aqui determinar cudles pueden ser los vinculos que parecen existir, en el con- texto de ese pensamiento teoldgico-politico, entre el concepto de pecado y el concepto de escdndalo en tanto violacién del orden ceremonial. La segunda seccién de este capitulo final busca redescri- bir un repertorio de los usos discursivos metaféricos sobre los conceptos de orden y subordinacién sociales recuperados a través de un reducido mimero de autores de la época.” Se in- tenta mostrar cdémo una meté4fora, que vertebra el discurso de la fidelidad (la metdfora corporal) para pensar el orden y la subordinacidn, se inscribe en un contexto de reflexién que “naturaliza” Ja politica a través de su “determinacién provi- dencial”. Finalmente, en una tercera seccién se examina cémo ese hacer metaférico que discurre o piensa “corporalmente” la idea de orden y subordinacién sociales se provee de una re- presentacién metadiscursiva en el hacer de las ceremonias de la fidelidad. Se trata aqui, en definitiva, de mostrar cémo es que los fieles vasallos del rey podian y debian sex fieles dentro de la desigualdad de un orden “‘divinamente” subordinado. 15. El cuerpo literatio comprende los siguientes autores y obras: Fray Joaquin pe Finestrap y su obra El Vasallo Instruido en el Estado del Nuevo Reyno de Granada y en sus respectivas obligaciones; Vita ¥ CAMPS, ANTONIO y su obra El Vasallo Instruido en las principales obligaciones que debe a su legitimo Monarca, y Vi.tanuevA, Joaquin Lorenzo y su obra Catecismo de Estado segiin los principios de la Religién. Sobre los autores y sus obras se hablaré repetidas veces a lo largo del: trabajo. INTRODUCCION 125 Sobre esta’ parte final hay que hacer dos observaciones. Se debe puntualizar que el capitulo: descansa sobre los resul- stados de la sintesis de una literatura que recoge diversos en- foques para analizar y comprender el problema general de la metdfora, que es decisiva para el andlisis. Esa sintesis se in- cluyé en el APENDICE (B) del trabajo. A pesar de no ser inmediatamente relevante pata los propésitos del mismo, la procedencia de la clave interpretativa que hemos adoptado, el concepto de accién metaférica, hizo indispensable analizar el estado de la cuestién sobre la metéfora. Esto se debe cn buena medida a lo que se intenta hacer es decir, mostrar cémo los actos ceremoniales son “realizaciones metaféricas” (no discur- sivas) de las metaforizaciones discursivas’ sobre el orden y la ~ subordinacién sociales. Fue precisamente para ello que forjamos un concepto operativo, el concepto de accién metaférica, lo que nos obligé en el proceso de su construccién a exponer las fuentes especializadas en la materia que tocan el problema mencionado. En segundo lugar, se debe sefialar el hecho de que el cuerpo literario del que nos hemos valido para reconstruir el repertorio de usos metaféricos sobre el orden y la subordina- cidn en el discurso de la fidelidad se limita a sdlo tres autores de la época. Esto obedece a Jas siguientes razones: (1) las obras de los tres autores estén en la seccién de Libros Raros y Manuscritos del Instituto Auténomo Biblioteca Nacional; (2) los tres autores escribieron obras de instruccién politica fundamentadas en los principios de la religién catdlica y, en tanto obras de instruccién y de divulgacidn, estén escritas en la lengua castellana de la época; (3) los tres autores utilizan una forma literaria que hemos calificado bajo el comin deno- minador de literatura politica catequética,” es decir, un tipo de literatura que se construyé en algunos casos bajo la forma de los catecismo teligiosos pero cuyo propésito general atiende a la catequizacién politica de los vasallos en sus respectivas obli- gaciones para con el monarca y la monarquia; (4) los tres autores presentan en sus obras una serie de tdpicos, aun cuando 16. Es en el curso de Ja investigacién del IDEA donde surgié esta calificacién con el sentido referido para este tipo de literatura. 26 INTRODUCCION con algunas diferencias entre si, sobre el orden fuitdante de la monarquia; (5) y, aun cuando es imposible determinar en qué medida estas obras circularon, y si fueron leidas y cémo fueron recibidas por sus lectores, sin embargo, son indicio, al menos, que en tanto género politico literario ocuparon un sitio y cum- plieron una funcidn en y para la escritura de ese tiempo. PRIMERA PARTE LA CONTEXTUALIZACION DE LOS ACTOS DE LA FIDELIDAD CapiTuLo PRIMERO EL ESTADO ESPANOL Y LA IGLESIA DE INDIAS DEL REGIO PATRONAZGO AL VICARIATO DE INDIAS I.1.- Et PatRronazco Intentar comprender la situacién de la Iglesia en una jurisdiccién provincial, como era la de Venezuela durante el siglo xvi, nos obliga a adentrarnos en la Institucién polftico-religiosa que se conociéd bajo la denominacién canénica de Regio Patronato Hispano. EI derecho del patronazgo es definido, en términos del Cédigo del Derecho Canénico de 1917, como “el conjunto de privilegios con ciertas cargas, que por concesién de la Iglesia, compete a los fundadores caté- licos de una iglesia, capilla o beneficio, o también de sus causahabientes”.! El Patronazgo espafiol de las Indias Occidentales e islas Filipinas tuvo origen en una Bula Pontificia —‘“Universalis Ecclesiae”’— emitida por Julio II en 1508, la cual concedié a los Reyes Catdlicos (Isabel de Castilla y Fernado de Aragén) y a sus respectivos sucesores el derecho de: “...que en lo adelante fuere, que ninguno pueda construir, edificar y erigir Iglesias grandes en las islas y lugares predichos ya adquiridos y que se adquirieren del mencionado Mar, sino con el expreso consentimiento del Rey Fernando y la Reina Juana, y del Rey de Castilla y de Leén que en cualquier tiempo fuere; y ademas el derecho de patronato y de presentar personas idé- neas para las predichas Iglesias Alguasence, Maguense y Ba- yunense y cualesquiera otras Iglesias Metropolitanas y Catedra- “1. Skweviez Espejo, C., El Patronato en Venezuela, p. 28, canon 1.448. Este cddigo vino a recoger la tradicién anterior, 30 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUBLA les, lo mismo que para los Monasterios, asi como también para las dignidades mayores después de las Pontificiales en las mis- mas Iglesias Catedrales, atin Metropolitanas y para las princi- pales en las Colegiatas, e igualmente para cualesquiera otros beneficios eclesidsticos y lugares pfos que en cualquier: tiempo vacaren en las dichas Iglesias y lugares (...)”? Importa sefialar con respecto a esa Bula que en ella no sdlo se consagra el derecho de presentacién para los Obispados y dems benefi- cios eclesigsticos y obras pias sino, ademéds, cl privilegio de exclusividad que adquiere la recién unificada Corona Espafiola para fundar Iglesias en las tierras recientemente descubiertas y en las que atin faltaban por descubrir. El derecho de presentacién colocé bajo el patrocinio hispano tres privilegios: 1) que Ja ereccién de iglesias magnas o catedrales, co- legiatas y prelaticias sdlo se haria bajo la previa real aprobacién; 2) ‘el nombramiento consistorial de los Obispos y Prelados se harfa por pre- sentacién del Monarca al Papa; 3) y los nombramientos para las dig- nidades y demés beneficios eclesidsticos se haria por presentacién del Rey a los ordinarios respectivos.? La Bula “Universalis” data de 1508. La misma ha sido fuente de posteriores controversias bien porque se dude de su autenticidad o bien porque se crea fidedigna. El punto no es relevante para nosotros pero si lo fue para un historiador y sacerdote, el padre Leturia, quien se consagré al estudio minucioso del origen y fuentes del Patronato Es- pafiol y en particular de la mentada bula, Leturia se interroga acerca del procesa antecedente que dio lugar a la polémica Bula, lo cual le condujo a desentrafiar, por una parte, el origen del derecho patronal al fijar los antecedentes granadinos de la Iglesia Indiana, y por la otra, a caractetizar las particularidades interpretativas que adquirié -al regio patronazgo hispano.* 2. Gonzkurz, H., Iglesia y Estado en Venezuela, p. 33. El texto traducido de la Bula lo reproduce el autor en su totalidad. Ver al respecto pp. 31-34. 3. Navarro Nicoxds, E., Disquisicidn sobre el Patronato Eclesiastico, p. 11 4. Leruria, Pepro, Relaciones entre la Santa Sede e Hispanoamérica (1493 1835), Tomo I: Epoca del Real Patronato (1493-1810). La recopilacién de los escritos del Padre Leturia se extienden en tres tomos pero para efectos de este estudio el primero de ellos es el de crucial importancia. EL DISCURSO DE LA FIDELIDAD 31 - Los antecedentes granadinos de la Iglesia de Indias Al iniciar los Reyes Catdlicos la “cruzada” contra los moros en su reconquista del Reino de Granada, ya habian fijado algunos de los rasgos en lo que concierne a las materias del gobierno eclesidstico.* Precisa Leturia en cuanto al origen del derecho patronal que éste hay que situarlo en el “sistema polftico-religioso’* que los Reyes Caté- licos habfan forjado durante el proceso de Reconquista del reino gra- nadino en su lucha contra los moros. Lo caracterfstico de ese sistema fueron las concesiones obtenidas por Ia Corona Espafiola de la sede pon- tificia. La primera de ellas, fundada en el cardcter de “‘cruzada” de la reconquista granadina, permitid a la Corona de Aragén la obtencién de diezmos extraordinarios. La segunda, basada en el éxito de la “cru- zada” de un reino que no se habia terminado de recuperar funda, por un lado, el Patronato de Granada (1486) con el derecho de presenta- cién a las mitras y a todos los beneficios eclesidsticos del reino en pro- ceso de reconquista; y, por el otro, cede a los Reyes Catdlicos “los diezmos perpetuos que habrian de pagar a la Iglesia los moriscos que se fueran convirtiendo”.” El Patronazgo sobre Granada fue la gracia con- cedida por la Santa Sede a Fernando de Aragén en reconocimiento a su condicién de benefactor de la Iglesia al asegurar para el catolicismo la posesién y conversién de los habitantes de esas tierras.* Los logros obtenidos para Ja Iglesia Granadina representan asi los antecedentes his- téricos y conceptuales del gobierno religioso que los Monarcas catélicos habrian de implantar en las Indias Occidentales ¢ islas Filipinas. 5. Lrurra sefiala que reconocian el “dogma del primado” y el “sistema de reservas pontificias de obispados y prebendas introducido por los papas de Avifion”. Ver op. cit, pp. 7-8. 6. Lo que el autor denomina el “sistema politico-religioso” es la compleja or- ganizacién de la Iglesia erigida en Granada y las Indias bajo el “ideal” politico y préctico de la expansién nacional y fortalecimiento del poder real con el espititu misionero de propagar el evangelio. Sobre el punto hay versiones divergentes. SaNcHEz Espejo, por ejemplo, es de la opinién que tal concepeién se fue gestando en la mente de FERNANDO DE ARAGON a medida que iba “ganando terreno, merced de la generosidad de la Iglesia”; op. cit., pp. 87-89. 7. Lerurta, op. cit.. p. 9. 8. Skncrtez Espejo, op. cit, p. 75. 32 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL’ DE VENEZUELA La experiencia granadina senté el precedente de los privilegios -lo- grados ante la sede pontificia por la Corona Espajiola fijando, al mismo tiempo, las bases de lo que seria el cardcter “misional” de la “cruzada” indiana. Cuando el Almirante descubre para el reino de Castilla la isla: de la Espafiola culminaba, en los predios hispanos, la guerra de la. re- conquista con la toma de Granada. Como bien dice Leturia “la cruzada de Granada se prolonga a las Indias. ..”.” 1.1.2.- Las fases de formacién del derecho patronal En opinién del padre Leturia lo que él denomina el “sistema po- litico-religioso” del Regio Patronazgo Hispano se gesté en cinco fases: 1.- De la conquista: \as bases juridicas La primera rescata la importancia de la coincidencia histérica entre la toma de Granada con el descubrimiento del nuevo mundo. El descu- brimiento de las tierras de ultramar viene a significar la aparicién de una nueva realidad. Esta ensefiaria no sdlo la tarea de evangelizar nuevas almas” sino también daria lugar al desarrollo de un cometcio. lucrativo (oro, plata, especies y piedras preciosas). Fernando de Aragén, adelan- tandose a la Corona portuguesa, agencié ante la Curia, con sus represen- tantes diplomaticos, la obtencién por parte del Papa de la Bula que decreté la donacién de las tierras recién descubiertas."" Es la fase del establecimiento del precedente de las bases juridicas cuyos antecedentes inmediatos eran el Patronazgo fundado en Granada amén de los privi- legios de diezmos obtenidos ante la Santa Sede por la Corona Espafiola. Sobre esas mismas bases la Corona negociarfa en Roma el derecho del patronazgo en las Indias y en ello vino a contribuir decisivamente el conflicto surgido con la Corona Portuguesa, la cual posefa “el derecho tinico de posesién de cuantas tierras se explotasen al sur del paralelo de Canarias y extendia sus pretensiones a todos los mares que ultra et 9. Lerurta, op. cit., p. 10. 10. Véase el problema antropolégico que guia, desde el punto de vista espiti- tual, la evangelizacién de los naturales del Nuevo Mundo, en Papcen, A., The fall of natural man, CUP, 1984. 11. SéncHez Espejo, op. cit,, p. 78. EL -DISCURSO DE LA PIDELIDAD ~*~ 33 citta- rodeaban’ aquellas islas”.” Los Reyes Catélicos solicitaron ante el Papa una nueva Ifnea divisoria: el meridiano colocado a cien leguas del oeste de las Azores que dividiria los descubrimientos en el oriente por- tugués y el occidente castellano.” Dos Bulas, conocidas como las “Inter Coetera”, zanjardn las diferencias con’ la Corona Portuguesa y la linea de demarcacién entre. ambas Coronas."* Con ellas obtenfan los Monarcas Catélicos el privilegio de la exclusiva evangelizacién de “todas las tierras asi ignoradas y hasta el presente descubiertas o por descubrir en lo futuro... hacia el occidente y mediodia, tirando una linea del Polo Artico al Antartico cuya linea diste de las islas Azores y del Cabo Verde cien leguas al Occidente y les impone en virtud de santa obediencia ‘la obligacién de enviar a las nuevas islas y tierras descubiertas varones probos, temerosos de Dios, doctos y expertos para continuar la obra de evangelizaci6n’ ”.'§ 2.-Fundar y dotar: las bases organizacionales de la Iglesia en las Indias ~ Una nueva Bula Alejandrina expedida en 16 de noviembre de 1501 por el Papa Alejandro VI esbozarfa lo caracteristico de la futura Iglesia de Indias: su estricta sujecién a la Corona Espafiola. Accediendo a la peticidn de los Reyes Catélicos el Papa natifica: “Nos, que deseamos con tanto empefio la exaltacién y aumento de la fe, sobre todo en nuestro tiempo, alabando mucho en el Sefior vuestro piadoso y laudable propésito, inclinados por vues- 12. Lerurra, op. cit, p. 10. La Corona Portuguesa habfa logrado también de los pontifices romanos la “jurisdicci6n espiritual” de dichas tierras. Ver SAncHEz Espejo, op. cit. p. 77. 13. De hecho parece haber sido esta sugerencia de Cristobal Colén. LeTuria, estudio uno, op. cit, pp. 3-31. 14. Las dos Bulas Alejandrinas “Inter Caetera” datan del 3 y 4 de mayo de 1493. La cldusula de la donacién en ambas es idéntica peto la segunda precisa tres diferencias substanciales: primero, establece el meridiano de demarcacién divisoria entre las conquistas espafiolas y portuguesas; segundo, introduce la expresién de “islas y tiertas” descubiertas; tercero, no se men- ciona como en la anterior Ja investidura papal sobre América sino que se habla en términos de constitucién y diputacién de Ios Reyes Catélicos como sefiores de las nuevas tierras. Ver sobre el punto GonzALez H., op. cit., p. 23. 15. SAncriez Espejo, op. cit., p. 79. 34 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE. VENEZVELA tras stiplicas, autorizamos con voz apostélica y a vuestros suce- sores futuros por el contenido de las presentes para percibir licita y libremente el Diezmo de los Dabitanter y naturales de las dichas islas que sean con el tiempo, y cuando las hayais adquirido (segtin antes se dijo) lo podais percibir, pero sdlo después de sefialar real y efectivamente y antemano segtin ordenacién de los que entonces sean Diocesanos de los lugares (a cargo de cuyas conciencias lo dejamos) la dote suficiente para las Iglesias que se erigieren por vosotros o por vuestros suceso- res de vuestros bienes o de los suyos, con la cual dote puedan los jerarcas y rectores de dichas Iglesias sustentarse dignamente a fin de ejercer debidamente el culto divin para gloria de Dios y satisfacer los derechos Episcopales”.'* Dos son los elementos significativos de este documento. Primero, la concesién perpetua del diezmo de los “habitantes y naturales” de las tierras descubiertas. Y, en palabras de Sdnchez Espejo, “obtener los diezmos era poseer Ia administracién de la iglesia de América”.” Se- gundo, se condiciona la cesién: los Reyes estarian en la obligacién de dotar “debidamente” las iglesias erigidas al fundarlas. Surge asi la fi- gura de un Rey que funda y dota" y, en su cardcter de tal, la Iglesia Je permitird participar en los bienes (diezmos) de la iglesia fundada. 3.-Fundaciones y dotaciones: jetarquias eclesidsticas La tercera fase, sefiala Leturia, la constituye el tiempo dedicado por los Monarcas Catdlicos a la fundacién y dotacién de las Iglesias de las Indias. De hecho, antes de la emisién de la Bula “Eximiae Devo- tionis Sinceritas”, tan sdlo se habian edificado en la Isla La Espajiola y las otras de las Antillas, iglesias de paja de cardcter estrictamente pro- vistonal. De equi en adelinte lox Reyes se entteyan @ la vaten de loge del Papa la ereccién de Arzobispados y Obispados con miras a imponer estabilidad jerdrquica en la labor evangelizadora. 16. GonzAurz H., op. cit., pp. 28:30, s.n. 17. SAnicetez Espey, op. cit., p. 85. El diezmo era la décima parte de los pro- ductos brutos de campos y ganados que, por derecho eclesidstico se destinaba a los Obispos, Clero y obras pias. 18. Se considera como fundador, desde el punto de vista del derecho del patro- nazgo, al que dona un fundo para la ereccién de un beneficio. Como dotador, quien cede dinero suficiente para la conservacién del culto divino 0 de los ministros. Ibidem, pp. 53-54. EL DISCURSO DE LA FIDELIDAD 35. 4.-Un nuevo Papa en la sede pontificia: Julio II Una nueva Bula marca el cambio de la politica de Roma. Las Bulas Alejandrinas habian estado signadas por la concesién de extraordinarios privilegios y gracias pontificias a la Corona Espafiola. E] nuevo ponti- fice, Julio II, enmienda Ia linea trazada por su antecesor en la Bula de ereccién de la Didcesis de Santo Domingo al ignorar los derechos de presentacién y de recaudacién de los diezmos contemplados en conce- siones anteriores, Fernando de Aragén —poco antes habia muerto la Reina Isabel de Castilla— inicia nuevas negociaciones ante Roma a través de su embajador en ella. La cuarta fase de la gestacién del derecho’ patronal se ve matcada por las lentas negociaciones en la sede pontificia. Solicita el Rey no sdélo la “concesién expresa del derecho de Patronato para la ereccién y pro- visidn perpetuas de todos los beneficios eclesidsticos’” sino, ademés, que los obispos y beneficiados sdlo podrén percibir la parte de los diez- mos que “‘constaren en Ja donacidn de ellos que los reyes les hicieren”,” asi como poder real para precisar los Ifmites de las diécesis. Fernando de Aragén concibe la peticién en términos geogrdficos muy amplios: ademés de la Isla La Espajiola la solicitud debfa contemplarse para todas las sedes de las otras islas y tierra firme donde fueren erigidas. EI éxito de las negociaciones culminé con Ja emisién de la célebre Bula “Universalis Ecclesia Regiminis” de 28 de julio de 1508 por la que la Corona Espajiola obtuvo: “1) Que ninguno pueda hacer construir, edificar y erigir igle- sias sin consentimiento expreso de Fernado y Juana y del rey de Castilla y de Leén que en cualquier tiempo fuere. 2) El derecho de Patronato sobre todas las Iglesias, beneficios y lu- gares pios. 3) El derecho de presentacién de personas idéneas para las iglesias Ayguacense, Maguense y Bayunense y cuales- gules otras Iglesias Metropolitanas y catedrales, monasterios, ignidades mayores o catedrales (...). 4) La facultad de pedir a otro Obispo la institucién del presentado, cuando el propio Ordinario no Ja confiera en el término de diez dfas”.”” 19. LerurtA, op. cit., pp. 13-14. 20. Ibidem, p. 14. 21. SAncriEz Espejo, op. cit., p. 95. 36 FUENTES PARA LA HISTOXMA COLONIAL DE VENEZUBLA Las peticiones de Fernando relativas a los diezmos y'a la facultad real para demarcar la territorialidad de las didcesis fueron resueltas en Bulas posteriores: “(,..), en dos nuevas bulas, una de 8 de abril de 1510, y otra de 13 de agosto de 1511, consiguid se declarase expresamente que el diezmo que percibieran las iglesias no habria de exten- derse al producto de oro, plata y demds metales de las minas, qe corresponderian integramente a la Corona y que en el modo le diezmar los frutos del campo y los animales y de Ja industria se seguirfan las costumbres e Sevilla, con reserva, por tanto, para la Corona, de las terceras reales, en uso ya, por privilegio apostélico, en Sevilla y en toda Espafia”.” 5.-El poder centralista: sujecién eclesidstica La tiltima etapa de la formacién la constituye el logro de la Co- rona en cuanto a la dependencia de los Obispados a erigirse en las In- dias. Pretend{a la Corona Espafiola que los Obispados no formasen provincia eclesidstica propia sino que reconociesen superioridad de Es- pafia. Esto venfa a significar que Jos beneficios serian instituidos, en definitiva, sobre quienes fuesen presentados por el Monarca™. El tiempo confirmaria al Rey Fernado en su razén: las bulas de fundacién de los Obispados ratifican en cada nueva oportunidad Ja perpetuidad del de- recho del Patronazgo y la facultad de presentacién que le corresponde a los monarcas por derecho de fundacién y dotacién. El gran artifice de esta obra, scfiala Leturia, fue el Rey Catdlico Fernando de Aragén. Su politica centralizadora concibié un “sistema” politico-religioso condensado en tres aspectos claves: primero, la obli- gacién “en conciencia” de responder a la misién evangélica concedida a la Corona; segundo, la concesién de exclusividad a la Corona Espafiola para fundar doctrinas, iglesias y catedrales y obras pias como el re- sultado de la misién propuesta; tercero, la concesi6n de los diezmos eclesidsticos y derecho de presentacién universal perpetua, consecuen- cia del privilegio de fundacién.* La naturaleza del sistema de patronazgo concebido fue, en términos del derecho eclesidstico, general, personal y 22. LeruriA, op. cit., pp. 15-16. 23. SANcHEz EspEyo, op. cit., pp. 92-93. 24. Lerurta, op. cit., pp. 15-16. EL DISCURSO DE LA FIDELIDAD 37 hereditario. General, en tanto atendié a todas las iglesias, beneficios y obtas pias; personal, en virtud de haber sido respuesta a las solicitudes personales de los Reyes y hereditario en razén de la sucesién del trono de Castilla y Leén.* 12, - Ex Vicartato E] derecho del patronazgo extendido como sistema politico-religioso tuvo consecuencias que, muy probablemente, no fueron previstas por la Santa Sede en virtud no sélo del cardcter demasiado secular de la misién apostélica, sino ademas porque anulé la intervencién directa de Roma en los negocios espirituales de las Indias. La politica centralizadora y absorbente de Fernado de Aragén en materia eclesidstica se vio, afios mas tarde, perfilada durante el primer decenio del reinado de Felipe II. Fernando de Aragén habia logrado privilegios y gracias pontificias que se salian de los limites mismos del derecho de Patronazgo y que le permitieron el control absoluto de la Iglesia de ultramar. No obstan- te, el ejercicio practico de su gobierno se vio orientado hacia otros rum- bos, ajustando en 1512 una Concordia en Burgos con los primeros Obispos de las Indias, lo que en la prdctica vino a significar una mayor laxitud del control. En la Concordia de Burgos se declara que la provisién de todos los beneficios de las Iglesias pertenecian al Rey. En su aplicacién real los beneficios inferiores serfan provistos por los Obispos. Esta préctica se vio, ademds, acrecentada y ampliada bajo el reinado del Emperador Carlos V. Este se habfa reservado “‘tinicamente la provisién de obispa- dos y algunas dignidades principales dejando las otras al Gobernador que dejaba Castilla y al Consejo de Indias; y... habfa facultado a los obispos pudieran proveer por si mismos cuatro prebendas, mientras no Iegaban las presentaciones de Su Majestad”.* Otro de los acuerdos de la Concordia fue el referido a los diezmos. Fernando de Aragén impone una disttibucién cuadripartita que vino a significar que las dos primeras cuartas partes del total de los diezmos 25. Skncwtez Espejo, op. cit., p. 96. 26. Lerurta, op. cit, p. 68 38 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUELA se utilizarfan para la sustentacién del Obispo y Cabildo Eclesiéstico; de las otras dos cuartas partes se formaria un total dividido en nueve novenos, de los cuales dos (novenos) se reservarian para el Rey, “en sefial de superioridad y del derecho de Patronazgo y por haber ganado Jas dichas insulas”,” cuatro se distribuir4n entre los parrocus y curas, y el resto para la fabrica de templos y hospitales. La distribucién asi concebida fortalecfa notablemente a los Obispados. 1.2.1.-Nuevos ajustes eclesidsticos, de las Indias: ni la nunciatura ni el patriarcado Cuado Felipe II comienza el ejercicio de su mandato existian en las Indias tres arzobispados y veintitin obispados con sus respectivos Cabildos y Parroquias.* Entre los afios 1535 y 1592 se habfan enviado a las nuevas tierras 2.682 religiosos y 376 clérigos.” Una concepeién més centralizada de Ja organizacién y sujecién del gobierno eclesidstico es definida durante los primeros afios del reinado de Felipe II. Dimana, concretamente, de las resoluciones tomadas en materia eclesidstica por la Junta que tuvo lugar en Septiembre de 1568. Esta Junta vino a significar una propuesta reorientadora no de las bases del Patronazgo originalmente concebido por Fernando de Arag6n, aunque si de los acuerdos ajustados por él en la Concordia de Burgos (1512) y de la prdctica que se siguié en las Indias durante el reinado de Carlos V. -EI celo centralizador de Felipe II: la Junta Magna de 1568 La Junta de 1568 fue una asamblea que tuvo lugar en setiembre de ese afio. Presidida por Felipe I, con la asistencia de los miembros del Consejo de Indias y de algunos de sus principales Ministros, y que se realizé con el fin de penetrar en la exacta informacién de lo que 27. Ibidem, p. 70. Aun cuando en opinién de SANctez Espzyo tal acuerdo sobre Ta donacién fue sdlo escrito ya que en la practica los reyes siguieron percibiendo los diezmos. Véase op. cit., p. 86. 28. Levurta, op. cit., p. 65. 29. SAncrtez Espejo, op. cit., p. 86. EL DISCURSO DE LA FIDELIDAD 39 sucedia en las tiertas de ultramar. De ella emanaron diversas resolucio- nes en materia militar, social, polftica y religiosa” Destaca el padre Leturia en su estudio sobre el punto que, en lo tocante a lo religioso, tres nuevas exigencias relativas al Patronazgo de- rivaron de la Asamblea: ajustes en cuanto a la politica seguida en la provisién de los beneficios eclesidsticos, cambios en la distribucién cua- dripartita de los diezmos e innovaciones en las relaciones entre la Jerar- quia Eclesidstica y las Ordenes de Misiones. La Asamblea de septiembre acordé, a diferencia de la Concordia de Burgos, que wingsin beneficio eclesidstico se otorgue en propiedad sin la presentacién de Su Majestad y Consejo de Indias, y que en los casos de encomienda, Ja designacién a nombre del Rey sdlo podrén hacerla los Virreyes y Gobernadores, nunca los Obispos ni mucho menos los encomenderos. Con tales medidas ajustaron la irregularidad que se venfa ejerciendo en las Indias en cuanto a las provisiones. El celo ccn- tralizador comienza a perfilarse en los predios hispanos en detrimento de la autonomfa que habian adquirido los Obispos. La otra resolucién concierne a la distribucién de los diezmos. La prdctica cuadripartita introducida por Fernando de Aragén en Burgos (Vide Supra), se orienta ahora a una distribucién més equilibrada entre Ja parte correspondiente al Obispo y Cabildo y la que atiende a la cura de almas (doctrinas y curatos). La resolucién sefiala que la tota- lidad de los diezmos se dividirén ahora en tres tercios; del primer tercio, una tercera parte destinado a la fabrica de Ia Iglesia y dos ter- ceras partes al Rey. El segundo tercio se dividiré por mitad, una para la mitra y otra para el dean y cabildo, respectivamente. Y el tercer tercio contempla una tercera parte para los hospitales y lo restante para las doctrinas y parroquias. Finalmente, dos resoluciones relativas a la organizacién eclesidstica y misional caractetizadas por privilegiar a las érdenes religiosas por en- cima del clero secular. Por una parte, la Junta Magna resuelve reafirmar la real proteccién a las érdenes ya existentes, franciscanos, dominicos y agustinos, haciéndola extensiva a la Compajfifa de Jestis radicada desde 1566 en las Indias. Ademds determinan, contrariamente a la tendencia 30. Ver ampliamente el punto en Lerurta, estudio cuarto, op. cit., pp. 61-94. 40 FUENTES PARA LA HISTORIA GOLONIAL DE VENEZUELA secularizante vigente, “regularizar” las Didcesis por “fundar. de. confor- midad con las Ordenes anteriores: “y el obispo y los religiosos de la iglesia matriz [catedralicia] y de los conventos de sus didcesis vivan en clausura regular, y todos los bienes que tuvieran asi la limosnas como de décimas en provincias o dotaciones de bienes muebles 0 raices, las ten- gan y posean y usen de ellos en comin y no en particular, sino en la suma y manera que el instituto y regla de las érdenes men- dicantes permiten tener en uso de los dichos bienes y como en la iglesia primitiva se permitia, y para aquel efecto, y en par- ticular tanto el obispo como todos los religiosos guarden la po- breza que profesan los religiosos mendicantes”™ La tendencia del gobierno de Felipe II en materia eclesidstica se inclind, segtin se desprende de las resoluciones de la Asamblea de sep- tiembre, a privilegiar la accién doctrinera por encima de los Cabildos Ca- tedralicios y a acentuar la dependencia de ésta bajo el control proveniente desde Madrid. Esto explica, en parte, la razon de la nueva distribucién diezmal, asi como la proteccién a las érdenes misioneras. Lo que tam- bién se explica en razén del mayor control que hasta ese momento habia logrado Ia Corona Espafiola sobre las érdenes, no asi sobre el clero secular, el cual posefa mayor tradicién auténoma. Las Bulas Pontificias habfan otorgado a los Reyes Catdlicos el privilegio de la seleccién y destino de los misioneros. Estos tltimos debian de ser gratos al Rey y al Consejo de su Majestad.” Las pretensiones reales hispanas se perfilan ahora con mayor ni- tidez. Las resoluciones de la Asamblea de septiembre serdén las bases de nuevas negociaciones en Roma donde se intentard lograr ahora la ereccién del Patriarcado de las Indias. - Nunciatura vs Patriarcado: el fracaso de unas negociaciones Crear un Patriarcado para las Indias fue uno de los proyectos sur- gido de la Junta de 1568, Ella retomé la figura primariamente ideada 31. Archivo General de Indias, Indiferente, 102 [Lisson II, 454]. Citado en Lerurta, pp. 73-74, s.n. 32. Ver “Omnimoda”, del papa Adriano VI sobre el gobierno de los religiosos qne se hallan en las Indias. Zaragoza, 10 de mayo de 1522. GonzAuez, H., op. cit., pp. 35-39. BL ‘DISCURSO-DE. LA: FIDELIDAD- 41 por Fernando el Catdlico? de un Patriarca con residencia en la Corte espafiola cuya competencia setia atender los negocios espirituales de las :Indias: misiones, didcesis, obispados, etc. En sintesis, una autoridad supradiocesana con residencia en Madrid aunque subordinado, en su calidad de Patriarca, a la Sede Apostdlica. Dos razones privaron en la Junta, estima Leturia, para proponer en Roma la figura de un Patriarca. Una fue Ja creencia de que el Pa- triarcado expediria la aprobacién pontificia de las resoluciones acorda- das en materia eclesidstica por la Asamblea de septiembre. La otra razén, presentada bajo el cariz de una inconveniencia geogrdfica, exhibe sin- tomas de una mayor conveniencia politica: facilitar la expedicién de los negocios espirituales en tierras tan distantes de modo que los tribunales seculares no se entrometan en los asuntos eclesiasticos como, al parecer venia pasando en virtud de la premura de algunas provisiones y la au- sencia de una persona que tuviera Ja autoridad para evitarlo.* Sefiala el padre Leturia que la Junta Magna del afio 1568 concibié la propuesta de] Patriarca como una salida intermedia entre el “vicariato laico” —concepcién subyacente en las resoluciones acordadas, por demés inaceptable para la Curia Romana— y la directa intervencién de Roma en los negocios espirituales indianos a través de un Nuncio Apos- télico. La Corona hispana se mantiene en la linea de 1a centralizacién: llegar a Roma via Madrid. 33. Lerurta, op. cit., pp. 80-81. Las diligencias realizadas en este sentido por Fernando de Arag6n fueron, al parecer, infructuosas. El Patriarcado tal y como lo ideé nunca Megé a realizarse. 34. Una comunicacién enviada al Embajador en Roma Don Juan de Zufiiga es harto elocuente. En ella se afirma entre ottas cosas lo que sigue: “. porque en cada flota y navio de los que vienen de Indias, se representan grandes necesidades espirituales a que conviene proveer luego con mucha brevedad y si se hubiese de ocurrir a Roma se dejarfan de proveer o si cuando Ilegan en otras, ya son mudadas las cosas, de manera que no tienen remedio, y as{ 0 se han de quedar sin él, 0 le han de poner los del nuestro Consejo 0 los virreyes y audiencias y gobernadores de las Indias; lo cual tenemos -por de mucho inconveniente que los tribunales seculares se en- trometan en las cosas eclesidsticas, y éste cesaria habiendo en nuestra Corte patriarca que lo pudiera prover, y se seguitfa grandes utilidades a muchas cosas que para bien de las iglesias y religién de aquellas partes se ordenarfan, habiendo persona par de nos que tuviera autoridad para ello”. Citada pot LeturtA, op. cit., p. 81. 42 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUELA Una Nunciatura hubiese sido la salida mds eficaz para facilitar la expedicién de los negocios de Indias. Pero la Corona Espafiola se mues- tra reacia a este tipo de intervencién romana. Y, aprecia Leturia, esa reaccién’ se debe en buena medida a la tradicién formada desde los tiempos de los Reyes Catdlicos de excluir de las Indias a cualquier tipo de delegado extranjero. Aunque también se explica por conceptuar al Monarca como depositario de la delegacién pontificia en el orden de lo espiritual. La Nunciatura Apostdlica no sdlo no llega a cuajar durante el papado de Pio V, sino que fue desechada en virtud de necesidades més urgentes para la causa apostélica: Roma requerfa del apoyo logts- tico de Su Majestad Catélica contra los avances de turcos y protestantes. El cambio de politica de la sede pontificia relativo a la nunciatura fue interpretado en Madrid como el “asentamiento y confirmacién, por parte de la Santa Sede, de la practica y teorfa del Regio Vicariato en el gobierno espiritual de las Indias” > Simultd4neamente obligé a reconsiderar la perti- nencia del momento para plantear ante la Sede el plan del Patriarcado y las innovaciones que fueron objeto de deliberacién en la Asamblea de 1568. Ni durante el resto del papado de Pio V, como tampoco bajo el periodo de Gregorio XIII, encontré Madrid la citcunstancia favorable para introducir la propuesta.* Lo tnico logrado fue que Gregorio XIII recomendara el estudio del proyecto a una Congregacién de Cardenales, medida rechwada por el Rey, su Consejo y su embsjador en Rona, Don Juan de Ziifiga, en vista de los inconvenientes que acarrearia para la Corona. No habiendo obtenido la Corona Espafiola la aprobacién pontificia del Patriarcado concebido por Ja Junta de 1568, la linea seguida fue la de preservar los privilegios obtenidos hasta ese momento sin dejar de lado la tradicién préctica preexistente de la supuesta “‘delegacién” papal en los Reyes hispanos. El objetivo de Madrid fue buscar el endoso pontificio de lo que era ya una realidad practica. Al rechazar el examen cardenalicio fracasaron las negociaciones relativas a las resoluciones de la Junta” 35. LETURIA, op. cit., p. 87. 36. Ibidem, p. 90. Distintas razones procedian de Roma. Amén de querer una intervencién més directa en las Indias privé el temor, en los tiempos de Gregorio XIII, de la experiencia siciliana. 37. Ibidem, p. 91. Del total de resoluciones acordadas por la Junta de 1568 sélo dos Megaron a aprobarse afios més tarde: (1) la facultad de Mevar los prelados los juicios eclesiales en las Indias sin apelacién en Roma y (2) la EL DISCURSO DE LA FIDELIDAD 4B 1.2.2.- La interpretacién espanola de la “delegacién’’: el Regio Vicariato de las Indias Lo que historiograficamente se ha denominado la teoria del Regio Vicariato Indiano son los distintos argumentos, de diverso origen, esgrimi- dos en defensa de la delegacién pontificia efectuada sobre los Monarcas hispanos para acometer la empresa de la evangelizacidn y cuidado espiritual de las almas cristianas de ultramar. Se trata de una concepcidén que entien- de al Monarca “‘como una especie de delegado o vicario del Papa para el envio, destino, defensa y proteccién de las misiones inmensas de América y Filipinas” * Concepcién que atribufa la representacién de la figura del Papa en Ja persona del Monarca en lo que toca a la jurisdiccién espiritual. Que rebasaba los confines mismos de] Patronazgo, tal y como fuera inicial- mente concebido,” pero que lo desarrollé de acuerdo a las particularidades interpretativas que del Patronazgo hicieron algunos tratadistas. Es lo que afios mds tarde (siglo xvi1) se conocié bajo la denominacién de doctrinas regalistas defensoras de un poder civil interventor en la organizacién y administracién de los negocios espirituales.” creacién del cargo, con sus cotrespondientes prerrogativas, de Comisario Franciscano de Indias. Una y otra en 1573 y 1587 respectivamente. 38. Lerurta, op. cit., estudio decimosexto, p. 471. 39. Ibidem, p. 87. En la medida que las Bulas Pontificias privilegiadoras del Patronazgo no comunicaban a los Reyes jurisdicién espiritual. El punto es importante ya que precisa distinguir dos aspectos: uno, diferenciar entre la administracién eclesidstica propiamente dicha y tocante al Rey en su condi- cién de Patrén (fundador) y la jurisprudencia espiritual correspondiente a la Iglesia y al Vicario de Cristo ie., el Papa. El otro, concierne a la admi- sién de la delegacién en un laico para obtener jurisdiccién espiritual cuando, desde el punto de vista del derecho eclesiéstico, sdlo seria habil un clérigo. En torno al punto ver Monsefor NAvARRo, op. cit., y Monseftor SANCHEZ Espejo, op. cit., pp. 100-102. 40. Navarro, op. cit, p. 9 y SAncHez E., op. cit., p. 98. Sobre los “excesos” de esta intervencién, y a titulo ilustrativo, tomemos dos ejemplos sacados de los archivos histéricos de Caracas. Ambos en el correr del siglo xvut. Una Real Cédula fecha en Sevilla el 10 de septiembre de 1732, la cual or- dena al Cabildo Secular informe al Rey sobre el traslado de las religiosas carmelitas descalzas de Santa Rosalia a una casa propia sin baber dado cuenta de ello, primero al Consejo de Indias. Y, otra Real Cédula fecha en Aran- juez el 22 de mayo de 1777 participandole al Gobernador de la Provincia de Venezuela lo que se le previno al Cabildo de la Catedral de Caracas rela- tivo al nombramiento de un sacristén de ella y ordenando que el Gober- nador “cele, como es de su obligacién, la observancia de las reglas del Real 44 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUBLA En opinidn del padre Leturia, tres momentos en el desarrollo de la organizacion de las misiones favotecieron el surgimiento y posterior forta- lecimiento de la teoria del vicariato. El primero de ellos relativo a las di- ficultades econdmicas de la Sede Pontificia para emprender, por su cuenta y riesgo, la accién evangelizadora de las Indias Occidentales. Asi, pues, la evangelizacién americana nacié signada por la accién colonizadora. No fue el resultado de una actividad exclusivamente evangélica: la costosa em- presa de la cristianizacién del nuevo mundo se sostuvo en funcién del apoyo fundamental (econdmico, logistico-militar ¢ institucional) de los Monarcas Espafioles.! En tal sentido el apoyo econémico regio y la nave- gacién espafiola pasan a jugar un papel fundamental en la labor misionera, haciéndolo con el respectivo endoso pontificio. La misién deviene asi en una accién donde se funden los intereses de la Corona con los intereses de Roma. Antes de este periodo, hasta mediados del siglo xv, la politica seguida habia sido la directa intervencién de los Superiores Mendicantes y de Roma en la accién misionera sin injerencia de las Cortes Reales.” La tercera regla de San Francisco —capitulo 12— caracteriza el modo en que ha de hacerse la misin en tierra de infieles posibilitando la delegacién de la soberana potestad del Papa en los Superiores Franciscanos para el logro y desarrollo de tal misién.* Los franciscanos que fueron al Nuevo Mundo se organizaron en dos grupos: uno, que partié “conforme a la regla” con el sdlo permiso y delegacién de su Superior (tres belgas entre los que se encontraba fray Pedro de Gante, pariente de Carlos V) ; otro, que obtuvo para viajar la confirmacién del Papa Leén X en su misién canénica (fray Patronato”. Véase respectivamente AHCMC, seccién Reales Cédulas, vol. (1731-1740), fs. 70r-72 y AGN, seccién Reales Cédulas, Vol. II de la pri- mera seccién, fs. 307-314, s.n. 41. Lerurta, op. cit., estudio quinto. A diferencia de otras empresas cuya aco- metida fuc primordialmcnte misioncra vg la China. 42. Ibidem, pp. 110-111. A esta nueva situacién a la cual se amolda la Sede apostélica vino a contribuir decisivamente la ruptura de la comunicacién de Europa con Asia por Ia disolucién de los reinos tértaros y el afianzia- miento del Imperio Turco lo que obligé a abrir nuevas ratas hacia la India, Jo cual a su vez requeria dinero, flotas y organizacién refinada que escapaba a las posibilidades de la Sede Romana. 43. LerurtA, .op. cit., pp. 108-110. El ejercicio de esa delegacién tenia ya una tradicién formada anteriormente en las misiones de Marruecos, Bosnia, Rusia, Oriente, Mongolia y China, Y, a partir del siglo xtv Urbano V y Gregorio XI introducen la novedad de que los jefes de misiones pueden evar consigo nuevos apéstoles sin el permiso de los Superiores para los escogidos con destino a las misiones. EL DISCURSO:DE LA, PIDELIDAD 45. Juan de Clapion, confesor de Carlos V y fray Francisco de los Angeles Quifiones) .“ Como segundo momento, sefiala Leturia, la Bula de Adriano VI co- nocida bajo el nombre de la “Omnimoda”. Por ella logran los Reyes el privilegio de sefialar y designar el ndmero de frailes que se habfan de enviar a Jas Indias y que debian ser de la entera satisfaccién del Monarca y su Real Consejo: “Nos, que tenemos obligacién de atender por el anejo cuidado pastoral a la salud de las almas por sobre todas las cosas, y que conocemos plenamente desde sus mis tiernos afios el fervoroso celo de Vuestra Cesdérea Majestad, para el incremento de la republica cristiana, por el tenor de las presentes, alabando en el Sefior obra tan santa y laudable, puesto que estamos inclinados a satisfacer dichas stplicas y queriendo proveerlas, queremos que todos los frailes de las Ordenes Mendicantes y particularmente de la Orden de los Menores de la Regular Observancia que sean nombrados por sus Prelados o que conducidos por el Espiritu Santo, quisiesen de su voluntad y esponténeamente pasar a las dichas Indias para con- vertir e instruir a los dichos Indios, que los puedan hacer libre y con tal que sean de tal suficiencia en la vida y en la doctrina que satisfagan a tu Cesévea Majestad o a tu Real Consejo como idéneos para tan gran obra. En este punto cargamos la conciencia de sus ropios Superiores quienes son quienes deben nombrarlos y darles licencia”. La “Omnimoda” especifica, ademis, que tales misioneros tendrén entre los escogidos un Prelado, con toda la autoridad y facultad sobre los frailes bajo'su cargo, quien debfa hacer las veces de Superior y a quien el Papa le entregaba plena autoridad aun cuando obedeciera al Ministro Ge- neral. En este sentido “los religiosos misioneros recibian facultad y poder, tanto en el fuero interno como externo, para ‘ejercitar todos los actos epis- copales que no requieren el orden episcopal’. . .”. Lo cual representaba, en palabras de Leturia, la “‘tradicién pura de los Papas del siglo x11 y xiv y de la propia regla franciscana”,” pero con algunos rasgos nove- dosos en lo que toca a estas nuevas misiones: Carlos V recibe confir- macién papal como examinador y regulador de las expediciones misio- 44, Ibidem, p. 112. 45. GonzAtez H., op. cit., pp. 36-39, s.n. 46. Ibidem, p. 40. 47, Lerunta, op. cit., p. 113. 46 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUELA neras indianas. La concesién otorgada asi a la Corona-Espafiola el con- trol de las iglesias a través de los Superiores de las Ordenes,* “...precisando que la mision canénica la da el Papa, que los sujetos los designan los superiores mendicantes y que ef rey fija el ntimero y reparticién de los enviados con la facultad de ex- cluir @ los poco gratos”.” El tercer y ultimo momento que vino a favorecer el desarrollo de la teorfa del vicariato atiende al precedente que habia sentado Carlos V al lograr la gracia pontificia de poder enviar a las Indias misioneros sin el consabido pase de sus Superiores.” La politica centralizadora de Fe- lipe II bused, luego, bajo el papado de Julio EII, la confirmacién y extensién de tal privilegio a través de la propuesta del Patriarcado y Comisariados de Jas Indias selecionados por el Rey. Una politica mucho més comedida de la Sede Romana elude la confirmacién, aunque ya para ese momento Felipe II habia conseguido que el General de la Orden Franciscana admitiese el Comisario de Indias (franciscano) sometido a la presentacién y aprobacién Real.” - Origen Misional de la teorta vicarial: La interpretacién vicarial tiene origen en los escritos de algunos misioneros de las érdenes regulares, particularmente franciscanos. Es durante el reinado de Felipe 11 cuando aparecen los primeros tratados acerca de la accién misionera con las reflexiones sistematicas respectivas.* Estas provienen de algunos tratadistas misioneros como lo fueron los franciscanos Juan de Focher, fray Manuel Rodriguez, fray Luis de Mi- randa, fray Juan Silva y de un agustino, bien destacado en la materia, lla- mado fray Alonso de la Vera Cruz.* 48. Gonzétez H,, op. cit., p. 40. 49.. LeTurtA, op. cit., p. 120, s.n. 50. Ibidem, p. 125. Carlos V pudo enviar a las Indias sin cl permiso de sus respectivos Superiores 120 franciscanos, 70 dominicos y 10 jerénimos. 51. Ibidem, p, 120. 52. Ibidem, p. 118. 53. Ibidem, p. 107. 54. Ibidem, p. 451. EL, DISCURSO-DE LA FIDBLIDAD- - 47 El ambiente en el cual se gesta y desarrolla la tedria del vicariato 0 delegacién aparece caracterizado por los conflictos de.competencia susci- tados entre las Ordenes Religiosas y la Jerarquia Eclesidstica. Competen- cias que tuvieron origen a raiz de los privilegios y exenciones que gozaban Jas érdenes en las Indias gracias, en buena medida, a la ‘“Omnimoda” (ide Supra), y de otras réesoluciones que habfan logrado a su favor por parte de la Santa Sede.* A ello hay que afiadir la protec- cién que tuvieron de Ja Corona espafiola “‘amalgamando la defensa de los propios intereses con el progresivo aumento de los derechos tuitivos del Rey en el sistema de misiones de América”.* En ese clima quien al parecer jugé un papel decisivo fue el misionero agustino fray Alonso de la Vera Cruz.” Este agustino intervino de manera concluyente en el desarrollo y oficializacién de la teoria del Regio Vicariato Indiano. Gracias a las diligencias por él efectuadas ante Felipe I, logra que este Monarca penetre en las dificultades que se desprendieron para las ér- denes religiosas causadas por algunas de las resoluciones aprobadas por el Concilio Tridentino. Entre ellas las tocantes a la jurisdiccién y vigi- lancia de los Obispos sobre los misioneros en todo aquello que se re- feria a la “cura de almas” y a la predicacién y confesién. También le hace ver los inconvenientes que se ocasionarfan de la determinacién de Pio VI al anular todos los privilegios que hasta ese momento habian gozado las dérdenes mendicantes en las Indias. Felipe II obtuvo de Pfo V una nueva gracia a su favor, el breve ““Exponi Nobis” de 23 de marzo de 1567, por el que se eximid a las Misiones de América de 55. Ibidem, pp. 123-131. Entre otras gracias pontificias se encuentra el Breve de Pio V “Exponi Nobis” (1567) por el que se le concedié a los regulares las parroquias de misiones de las Indias y el cjercicio de Ia cura de almas en ellas (Ver p. 126). La recreacién del ambiente no pocas veces polémico en que se desausolla la competencia enue Ia Jerarqufa y las Ordenes ha sido excelentemente retratada en el estudio citado del padre Leturia al cual remito en virtud de quedar fuera del alcance del presente capitulo. 56. Ibidem, p. 131. Aun cuando esa politica no fue del todo ni lineal ni con- tinua, La tendencia, por parte de la Corona, era ir quitando gradualmente las parroquias y doctrinas a los religiosos 1o cual Ileg6 a realizarse bajo cl reinado de Fernando Sexto por bula expedida a peticidn suya por Benedicto XIV en 1751. 57. Ibidem, p. 295. Fray Alonso de la Vera Cruz, discfpulo de Vitoria y en el decit de Lerurta, “propagador de sus doctrinas”, fue uno de los doce teé- logos escogidos por Vitoria a peticién del Emperador Carlos V, para ser en- viado a Nueva Espafia, En la Universidad de México ejercié como profesor de Prima en 1564. 48 FUBNTES PARA LA HISTORIA COLONIAL -DE: VENRZUELA.” las limitaciones impuestas.* Las gestiones de Vera Cruz y la’concesién pontificia vinieron a fortalecer Jos privilegios ganados. por los Monarcas hispanos y las érdenes regulares en las Indias. El “germen”, en palabras de Leturia, tuvo lugar en un texto del franciscano Focher, arreglado y titulado después de su muerte en 1572, bajo el rétulo de “Itinerarium catholicum profiscentium ad infideles convertendos” (1574) por otro franciscano llamado Diego Valades.*. Juan de Focher, natural de Francia, habia sido misionero y catedratico en México. Es en ese tratado de tres capitulos sobre el oficio del misio- nero donde se apunta, por vez primera,.la facultad delegadora del Papa para la realizacién de la accién evangélica en un seglar. Fundamenta Focher su defensa en razdn del capitulo 12 de la regla de la orden de San Francisco y en las encomiendas hechas a los Monarcas hispanos por las bulas alejandrinas tal y como reza su “Itinerarium”: “E] Papa pucde cnviar los ministros a convertir infieles no sélo directamente por si mismo, sino también por medio de otro, con tal de que le de para ello sus veces. Y esto lo mismo que sea eclesidstico —como lo encomendé al provincial de los me- nores al aprobar su regla, y consta por el capitulo 12 de la ex- presada regla de San Francisco— como que sea seglar, @ la manera que Alejandro VI encomendé a los catélicos reyes de Espafia la conversion de las Indias occidentales, mandandoles apretadamente que envien para este fin misioneros idéneos. Lo que el rey catélico no cesa de hacer consta hasta el dia de hoy, y por eso los enviados por él inmediatamente, son enviados inmediatamente por el Papa. Porque como se dice c. qui facit. de re iuri. in 6, el que hace por medio de otro se conceptia hacer por si mismo. De donde una misma es la condicién de aquellos a quienes envia el Papa inmediatamente, y de aquellos a quienes directamente envia el rey, porque unos y ottos se dicen enviados por el Papa y gozan de los mismos privilegios que el Papa concede a los que destina por si mismo. (...)”.% Es importante resaltar con respecto al texto citado de Focher la peculiar interpretacién que realiza el misionero francés tocante a la de- legaci6n —“‘el que hace por medio de otro se concepttia hacer por si mismo”— de donde se desprende que el Monarca ha de conceptuarse 58. Ibidem, pp. 124-125. 59. Ibidem, p. 475. 60. [bidem, sn. EL.DISCURSO DE LA FIDELIDAD 49° como si.fuera la persana misma del Papa, al menos en lo que correspon- de a.la ctistianizaci6n de los naturales de. estas nuevas tierras. Pocos afios después se podr4 medir la trascendencia de esa inter- pretacién. Otros tres “hermanos de hdbito” del franciscano Focher re- tomardn sus apuntes vicariales. El primero, de origen portugués y cate- dratico de Moral y-Cénones en Valencia y Salamanca, fue fray Manuel Rodriguez. Este las incorpora en sus “Quaestiones regulares et cano- nicae” , (Salamanca, 1598). El punto para fray Manuel estriba en lo que toca a la facultad que posee el Rey para designar misioneros en “Jas parroquias y estaciones de indios independientemente de los obispos de Jas diécesis respectivas”.* El problema corresponde a la transmisién de Ja jurisdiccién espiritual, Fundamenta la argumentacién en virtud del derecho del Patronato y, al igual que Focher, en base a la delegacién concedida por las bulas de Alejandro VI: “Ticnen csta autoridad los reyes de Espafia por el breve de Alejandro VI que les encomienda la conversién de los indios de este nuevo mundo, mandéndoles apretadamente que envien pea doctrinarlos en la fe catélica varones temeroso de Dios, doctos, peritos y expertos. Y asi, en virtud de esa comisién hecha pot el Papa a los reyes de Espafia, pueden estos designar a los tailes los pueblos de indios para que los instruyan en la fe, porque ejercitan en ello la autoridad del Papa, como si fuera el Papa mismo quien lo hiciera, ya que el comisionado represen- ta al comitente, y el delegado tiene autoridad no de por si mismo sino del delegante (...)”.% La doctrina de este fraile puede resumirse, siguiendo a Leturia, en tres puntos cruciales. Primero, y en lo que se refiere a la jurisdiccién ca- nénica de los misioneros para las doctrinas y parroquias, éstos la habrfan recibido directamente del Papa a través de sus Superiores Regulares y no de los Obispos de las didcesis respectivas. Segundo, la aplicacién de esa jurisdiccién canénica \a hace el Monarca fundamentado en la de- legacién que para ello dio la bula de Alejandro VI. Tercero el sentido en que se entiende el ambito de Ja delegacién concierne, en la doctrina de Rodriguez, exclusivamente al negocio de la evangelizacién y gobierno 61. Ibidem, estudio quinto, p. 132 y estudio decimosexto, p. 476. 62. Tbtdem. 63. Ibidem. 64. Ibidem, sn. 50 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUBLA: de los indios y ha de conceptuarse como una funcién de vigilancia y control tanto de los misioneros como de los visitadores religiosos.* Este Ultimo punto es importante en la medida que delimita el sentido atri- buido por el predecesor Focher a la delegacién. La vulgarizaci6n del “germen” de la idea del vicariato acufiada por Focher, se debié en buena medida, segtin apunta Leturia, a fray Manuel Rodriguez, quien la hace extensiva al patrimonio de los canonistas en América sacindola de su 4mbito originalmente misional.* Ejemplo de ello es un “memorial” de otro fraile ce la Orden de San Francisco, fray Juan Silva, quien hacia 1595 oficiaba como misionero en La Florida y cuyo texto abogaré por un derecho mucho més amplio que el del Patronazgo como lo era el oficio de delegado pontificio en materia de convertir a los indios: “Est4 el sumo pontifice obligado precisamente a procurar la conversién de los infieles y gentiles, aplicando a este soberano fin los medios més convenientes, proporcionados y poderosos para conseguir lo que sea posible. Esta misma obligacién corre y estd en la misma fuerza en los inclitos reyes de Castilla 7 sus sucesores en cuanto toca a la conversién y manutencia de las Indias, como consta del tenor de la bula de Alejandro VI (...). Por lo cual se ve claro que los dichos reyes son inmediatos admi- nistradores de la predicaci6n y conversién de los naturales de las Indias, porque para este fin fue elegida su industria real y su especial providencia, solicitud y cuidado (...). De lo cual tam- bién se colige que V.M. goza en las Indias de mayor derecho que el derecho de Patronazgo concede al patrén, porque goza de oficio de delegado del Papa, para el dicho fin de la conver- sién_de los indios, y asi aprieta més esta obligacién a los reyes de Espafia, pues se ve claro haber su santidad descargado de este particular su conciencia y obligacién y puéstola en diligencia y cuidado de esta Corona’ ® Luis de Miranda, otro hermano del habito franciscano, quien fuera profesor de Teologia en la Universidad de Salamanca y secretario Ge- neral de su Orden, apuntar4 también sobre las facultades de los Monar- cas en una de sus obras titulada “Manuale praelatorum regularium” (1612). Al respecto puntualiza, a diferencia de Rodriguez, para quien 65. Ibidem, p. 135. 66. Ibidem, estudio decimosexto, pp. 475-477 y estudio quinto, p. 136. 67. Ibidem. p. 477, sn. EL DISCURSO DE LA FIDELIDAD a la facultad real s6lo se limita a la aplicacién de Ja jurisdiccién canénica a determinadas regiones y distritos, que la licencia real se extiende a la administracién de los’ sacramentos por los religiosos. Mas ain, llega a afirmar que los Obispos caen en pecado de excomunién en el caso de oponerse a este privilegio en los religiosos.“ Los textos antes referidos que hemos aprovechado de los distintos estudios realizados por el padre Leturia, nos revelan que las interpreta- ciones en torno a la delegacién pontificia provienen principalmente de testadisves que fueron actives misioneros ‘en ol campo y gue lox comen- taristas pueden agruparse en torno a dos maneras de entender la “dele- gacién”: una, que aboga por una delegacién en un sentido amplio, “el que hace por medio de otro se concepttia hacer‘por si mismo”, en cuyo caso el Rey es hébil para comunicar jurisdiccién espiritual a sus envia- dos evangelizadores (Focher, Luis de Miranda); otra, que postula una delegacién restringida, y en tal sentido el Monarca es un ejecutor de la facultad pontificia en lo que concierne a la designacién espacial de los elegidos (fray Manuel Rodriguez). Tales intérpretes serén posterior- mente retomados y citados como fuentes autorizadas por los gobernan- tes y funcionarios de la Corona Espajfiola. - La sintesis de la teoria vicarial en el pensamiento civil: Solérzano Pereyra Un incidente relatado por el padre Leturia es asaz significativo del peso que llegé a tener en las Indias, més all4 de la argumentacién mi- sional y canénica, la teorfa del Regio Vicariato. Sucede en el Virreinato del Pert cn 1619 sicndo Monarca Felipe II. Este habia dictaminado otor- gar a la Orden de los Jesuitas la doctrina de Lambayeque a solicitud del Arzobispo Lobo Guerrero y de la Real Audiencia de dicha jurisdiccién. El Obispo de Trujillo se habia negado a dicha solicitud y habia apelado en tal sentido ante la Audiencia. El Virrey, en ese entonces Don Fran- cisco Borja, principe de Esquilache, negé Ja apelacién del Obispo de Trajillo argumentando on carta esctita a Su Majestad con diversas re- zones.” Una de ellas interesa aqui a titulo ilustrativo. Dice asi: 68. Ibidem, pp. 136-137. 61. Ibidem, pp. 140-141. 52. FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUELA “...que V.M. como legado del pontifice en las partes occiden- tales de las Indias, conforme a las bulas de Alejandro y Adriano, tiene la misma jurisdiccién que el Papa para remover los cura- tos y darlos a quien quisiere contra la voluntad de los mismos obispos y curas. Esto es negocio Ilano y no hay opinién de: lo contrario (y sirvase V.M. perdonarme si informo ahora mds como estudiante que como virrey). Porque sélo cuatro tedlogos tratan esta cuestion, que son Manuel Rodriguez, Veracruz, fray Juan Bautista y Miranda. Y todos undnimes convienen en esta sen- tencia. (...)”.” Los “tedlogos” mencionados en la cita son, pues, los tratadistas que venimos de resefiar. Correspondié a don Juan Solérzano Pereyra (1575-1654) el arre- glo civil y la definitiva institucionalizacién ‘de la Teoria de la Delega- cién y Vicariato.” Natural de Madrid, realiza sus estudios en la Univer- sidad de Salamanca, “donde fue luego profesor de leyes por los afios en que ensefiaba alli derecho candnico fray Manuel Rodriguez’”.” Hacia 1609 viaja a las Indias por comisin del Rey Felipe II ejerciendo como ministro togado (Oidor) en la Real Audiencia de Lima, con el fin de empaparse y escribir “‘con mds conocimiento de causa” sobre el gobierno y la legislacién de Indias. De esa experiencia, y de sus posteriores fun- ciones como consejero de Hacienda y miembro del Consejo de Indias, proviene su conocida obra “De Indiarum Iure”.” La obra de Solérzano vino a sintetizar una corriente de pensamien- to que habfa emergido en el mundo misional trazando las lineas de. lo que debfa ser el gobierno eclesidstico indiano. Las fuentes utilizadas para fundamentar su argumentacién serdn los tratadistas de misiones tal y como lo cita el padre Leturia: 70. Ibidem, p. 141, sn, Carta de Don Francisco de Borja a Felipe II del 27 de marzo de 1619. 71. Ibidem, estudio decimocuarto, pp. 450-451 y estudio decimosexto, p. 478. Institucionalizacién en el sentido de haberla impuesto en el Consejo de Indias y en el uso y la practica de los jurisconsultos posteriores. 72. Ibidem, p. 141. 73. Ibidem, pp. 141-142. Solérzano public su primer tomo en 1629 y el sc- gundo en 1639 en el cual —libro tercero, sobre el Gobierno eclesidstico— se daba “expresin cientifica” a Ia Teorfa del Regio Vicariato.

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