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Carole Leal Curiel - El Discurso de La Fidelidad_ Construcción Social Del Espacio Como Símbolo Del Poder Regio, Venezuela, Siglo XVIII (1990, Biblioteca
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— 208 -
CAROLE LEAL CURIEL
EL DISCURSO
DE LA FIDELIDAD
Construccién social del espacio como simbolo del poder regio
(VENEZUELA, SIGLO XVIII)
‘TES PARA LA Hisrorta CoLoNiaL DE VENEZUELA
CARACAS / 1990EL DISCURSO DE LA FIDELIDAD / Carole Leal Curiel
Carole Leal Curiel nacié en Durham, Carolina del Norte (USA). Es
licenciada en Antropologia de la Universidad Central de Venezuela, con
una Maestria en Ciencias Politicas en la Universidad Simén Bolivar. Ha
trabajado como investigadora en la Academia de Ciencias Politicas, donde
desarrollo un proyecto de recoleccién documenta! relativo a la legislacion
indiana. En el Instituto Internacional de Estudios Avanzados se dedicé al
andlisis y comprensién del discurso politico venezolano de la emancipaci6n.
Tomando como base la Antropologia, la autora se ha dedicado a la Historia
de las ideas politicas venezolanas, especialmente a las del siglo XVIII y
comienzos del XIX; sus investigaciones se han centrado en torno a la
relacién entre la concepcidn del espacio y poder politicos y los recursos
metaféricos del pensamiento de la monarquia espafiola durante el perfodo
colonial. Ha trabajado en la Academia Nacional de la Historia como
Asistente del Director y Coordinadora del Boletin de dicha Institucién.
Precisamente en la Academia ha publicado un titulo: Convicciones y
Conversiones de un Republicano: EI expediente de José Félix Blanco
(Coleccién Fuentes para la Historia Republicana, N° 39).
En El discurso de la fidelidad la autora trata de presentar la recons-
truccién de tres tipos de actos ceremoniales celebrados en la Provincia
de Venezuela a finales de! siglo XVIII. Estos son las Exequias, los Jura-
mentos de Fe y los Juramentos de Fidelidad. En ellos se recrea la estructura
ceremonial comiin y se muestra cémo la celebracién misma de tales actos
patentiza una trama indisociable entre el orden politico y el religioso.
También la obra busca mostrar cémo estos actos activan en su realizacién
la idea del orden y subordinacién politicos, conceptos claves para com-
prender el sentido de la respectiva [idelidad de los vasallos provincianos
para con su Monarca 0 monarquia. Se analiza y descompone el sentido de
la compleja rigidez de la estructura social provincial venezolana.BIBLIOTECA DE LA ACADEMIA
NACIONAL DE LA HISTORIA
——-—_—_—— 208Director de la Academia Nacional de la Historia
Guillermo Morén
Comisién Editora
Blas Bruni Celli
Mario Bricefio Perozo
Ermila de Veracoechea
Ildefonso Leal
Director de Publiceciones
Guillermo MorénEL DISCURSO
DE LA FIDELIDADBIBLIOTECA DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
208
CAROLE LEAL CURIEL
EL DISCURSO
DE LA FIDELIDAD
Construccién social del espacio como simbolo del poder regio
(VENEZUELA, SIGLO XVIII)
FUENTES PARA LA Historta COLONIAL DE VENEZUELA
CARACAS / 1990© ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Caracas, 1990
Impreso en Venezuela por Italgréfica, SRL.
ISBN 980-222-484-7AGRADECIMIENTOS
Agradecer es un acto dificil. Al hacerlo podemos co-
meter grandes injusticias. Este trabajo se ha beneficiado
de diversas Instituciones y personas. A todas mi sincero
reconocimiento.
Al personal de los Archivos y Bibliotecas consul-
tadas por su gentileza; de manera especial, los amigos
que trabajan en la Seccién de Libros Raros del Insti-
tuto Auténomo Biblioteca Nacional. A la Unidad de
Historia de las Ideas del Instituto Internacional de Es-
tudios Avanzados por las facilidades prestadas. A mis
compafteros del Proyecto de Investigacion donde se ori-
gind este trabajo, Nydia Ruiz, Jorge Gaete y Elena Plaza.
Y de manera especial, al Director de esa Investigacién,
Dr. Luis Castro Leiva, quien con su generoso apoyo me
alenté en la continuidad del mismo. Al Arquitecto Rai-
mundo Leal quien de manera paciente y generosa disené
los planos que acompaitan este trabajo. A la sefora Te-
resita Ramallo, por haber tomado parte de su tiempo
para transcribir estas paginas.
Y, a mi tutor, Padre Alberto Gruson, pues gracias a él
este trabajo tuvo sentido.
Por ultimo, a mis amigos por su paciente espera.ABREVIATURAS EMPLEADAS EN EL TRABAJO
Archivo Arzobispal de Caracas
Archivo General de la Nacién
Archivo Histérico del Concejo Municipal de Caracas
Archivo Histérico de la Universidad Central de Venezuela
Biblioteca Nacional
Biblioteca Academia Nacional de Ja Historia
Dictionnaire de Théologie Catholique
Fundacién Boulton
Museo de Arte Colonial
Summa Theologica
obra citada
articulo citado
subtayados nuestros
sin foliar
sin paginacién
reverso del folioINTRODUCCION
Mucho se ha escrito sobre la estructura social de la so-
ciedad colonial venezolana; es mds, afirmar que la estructura
social de la colonia venezolana fue estaticamente jerarquizada,
es casi un lugar comin en la historiograffa contemporanea de
Venezuela. En efecto, se ha sefialado que la sociedad colonial
fue una sociedad cerrada, estrictamente jerarquizada y de poca
0, quizds, ninguna movilidad social. Distintos enfoques, muchos
de ellos irreconciliables entre si, han esgrimido este argumento
sustenténdolo en variables de diversa fndole. El enfoque socio-
estructural predominante, en clave marxista, alega las variables
de la correspondiente “divisién de clases sociales”, “lucha de
clases”, “intereses econdmicos antagénicos”, “fuerzas produc-
tivas” y “modo de produccién colonial”. En el mismo sentido,
pero a través de indicadores de corte étnico, se habla de
“sistema de castas” o en términos de “‘régimen de estratos 0
estamentos”: blancos y sus respectivas sub-estratificaciones
(“peninsulares”, “criollos” y “Ilanos”), indios, negros y la
indefinida masa de pardos que recoge el peculiar proceso de
mestizaje ocurrido en algunas partes del continente. También
se usan, dentro de esa misma matriz socio-estructural, varia-
bles relativas al origen territorial, colocdndose el acento en los
enfrentamientos habidos entre los blancos “peninsulares” y los
blancos “‘criollos”. Por iiltimo, algunas de estas interpretaciones
reconcilian eclécticamente la conceptualizacién de un modo de
produccién capitalista en convivencia con formas estamentales.’
1. La literatura al respecto puede ser extensa, Sin embargo, valga citar algunos
representantes. En indicadores orientados por Ja determinacién econdmica
del marxismo pueden verse: Matavé Maza, Héctor, en Formacién Hist6rica -
de Venezuela; Brito Frcveroa, Feverico, en “La emancipacién nacional y14 INTRODUCCION
Autores de cuyo marxismo dificilmente se dudarfa, han ar-
gumentado que el modo de produccién capitalista se expresa en
Ja colonia venezolana bajo una forma de estructuracién esta-
mental. Distinguen el estamento espafiol o europeo, el indigena
o aborigen y el esclavista. Llama la atencién que esta visién no
parece encontrar contradictorios los modos de produccién im-
plicitos y que, ademés, dada la peculiar diversificacién habida
en la composicién social de la colonia provinciana, se comple-
jizan mec4nicamente en una serie de sub-estamentos o sub-
estratos, constituyendo cada uno de cllos un “coto cerrado”
que transmite inexorablemente a sus miembros un conjunto
de condiciones y funciones sociales que consagran la desigual-
dad cual “ley natural”? Prescinden con esto totalmente del
sentido que esa “‘membrecfa”’ tenfa para los propios actores
sociales involucrados.
En otra versi6n patria, que en nada debe al marxismo,
sino més bien se erigiria como una probable defensa de las
bondades del legado hispano, se describe la estructura social
colonial como un “‘régimen de castas” superpuestas, cuyo origen
habria que buscar mas en las “‘realidades sociales” surgidas por
el particular tipo de hidalgo que se traslada a estos territorios
y los posteriores vinculos (fundamentalmente étnicos) que
desarrollan en estos parajes, que propiamente en_principios
politicos abstractos.’ Y, en otros casos, el acento sobre la desi-
gualdad se coloca en el significado que se le ha de atribuir a
la guerra de clases y de castas”, en Revista Universitaria de Historia, Uni-
versidad Santa Maria, N° 1, enero-abril, Caracas, 1982, pp. 9-43; Carpozo,
Axruro, Procesu Histdricu de Venezuela, tomo II. En cuanto a la califica-
cién de sistema de castas o régimen de estratificacién un prominente expo-
nente lo constituye Parra PEREz, CaraccroLo, en su obra E! Régimen Es-
pafiol en Venezuela. También Herrera Luque, Francisco, en Los vigjeros
de Indias. Ensayos de interpretacién de la sociologia venezolana. Asimismo,
aunque en un enfoque totalmente distinto y' de corte “estructural”, segin
palabras del autor, en Boz, Gurttermo, Estructura y Cambio en Venezuela
Colonial. En versién ecléctica véase a Lopez BoriOrquez, Atf, en Los Mi-
nistros de la Real Audiencia de Caracas en quien predomina la tendencia
de Ja conciencia anti-espafiola en parte por conflictos de origen territorial, en
parte por intereses econémicos encontrados.
2. Véase Cannozo, ArTuro, op. cit., tomo II, pp. 29-46.
3. Véase Parra Pérez, CaRAccIoLo, op. cit., pp. 51-62.‘INTRODUCCION 15
los enfrentamientos ocurridos entre los blancos criollos y los
peninsulares, afirmandose que buena parte de ellos revelarian
una conciencia ‘“‘de libertad” y “‘anti-espafiola” en ciernes.
Sea en versién “negra” del oprobio oscurantista de un
régimen colonial explotador o en lo “dorado” de la magnifica
herencia espafiola, el postulado de la “rigidez”, “escasa movi-
lidad” y “jerarquizacién” en la desigualdad social, parece ser
patrimonio comtin entre los defensores de estas versiones
encontradas.*
Ciertamente, la sociedad colonial provincial ha debido ser
muy poco permeable y bastante més jerarquizada. También es
cierto el hieratismo atribuido a la composicién social de su
estructura. Sin embargo, pese al hecho de ser afirmacién de
patrimonio comin compartido por enfoques distintos o diver-
gentes, no se ha dicho hasta el presente cdmo fue pensada —y
vivida— esa rigidez de la jerarquizacién social de la pro-
vincia venezolana. Este trabajo intentard analizar y descom-
poner el sentido de esa espesa y compleja rigidez de la estruc-
tura social provincial venezolana, con el fin de determinar
cémo fue concebido el orden social y politico de la ordenada
sociedad que fue la provincia de Venezuela del siglo xvui1.
Véase Lorez BouOrquez, Axi, op. cit., y Bozs, GUILLERMO, op. cit.
Se quiere puntualizar que a pesar de la existencia de una literatura bien
extendida y arraigada que sustenta el punto, vale la pena destacar una excep-
cién al respecto. Me refiero al historiador Saucevo Bastarno, J. L., quien
en su Historia Fundamental de Venezuela sostiene exactamente la tesis con-
traria, es decir, que pese a la estricta estratificacién (él habla de “capas
sociales” pues, segin argumenta, no se puede hablar, strictu sensu, ni de
“castas”, ni de “clases” ni de “estamentos”) subyace en ellas un cierto espi-
titu igualitario que desembocaré en el ideal democrdtico de vocacién igua-
Jadora que forma parte de la idiosincrasia del venezolano. La interpretacién
de Salcedo, cargada de contradicciones en su propio texto no sdlo con res-
pecto a esta afirmacién, estd viciada por el hecho de que propone en esta
lectura sintética de la historia de Venezuela, una interpretacién voluntarista del
“avance”, en definitiva, de las fuerzas progresistas de la Historia (en ma-
yiscula). En su lectura sefiala que la mescolanza étnica y la presencia del
pensamiento “ilustrado” y “liberal” de la dinastia borbona, de “claro tinte
popular”, forjaron las bases para el surgimiento de un espiritu “inconforme”,
“rebelde” e “indoblegable”, sustento y fundamento del inevitable “avance igua-
lador”. Véase la op. cit.
ws16 ‘INTRODUCCION
Hasta el presente, y a conocimiento nuestro, no.se ha
abordado el tema desde la perspectiva que aqui se intenta: En
tal sentido, este trabajo constituye una. primera’ aproximacién
a la temiatica. Lo realizado quiere mostrar cémo fue esa
sociedad efectivamente desigual, qué fundamenté la desigual-
dad habida entre esos habitantes y cémo se definieron, simbé-
licamente, esos hombres con respecto a tales desigualdades. Esto
es, cual fue el sentido antropoldgico, cultural ‘y social de la
coricepcién ‘politica que fund6é esa desigualdad.
En voz de Salcedo Bastardo las ordenanzas coloniales de-
terminaron detalladamente ‘“‘nimiedades” para subrayar las
desigualdades sociales existentes en la colonia.’ En el decir de
Parra Pérez, el Cabildo constituyé el baluarte defensor de la
libertad pese a las “majaderias” de las disputas por preemi-
nencias.’ Se trata para nosotros de determinar el sentido y
alcance que tuvicron tales “nimiedades” que remarcaton las de-
sigualdades y tales “‘majaderias” que ocasionaron tantas disputas
para una sociedad que sé les otorgé una importancia y sitio
fundamentales en el proceso cultural de sus ceremoniales.
Este trabajo surgid en el marco de una investigacién an-
terior. Entre 1983 y 1986 tuve la oportunidad de formar parte
de un equipo de trabajo, bajo la coordinacién del Dr. Luis
Castro Leiva, en la Unidad de Historia de las Ideas del Insti-
tuto Internacional de Estudios Avanzados (IDEA), que em-
prendid la tarea de indagar sobre los orfgenes “‘discursivos”
de Ja emancipacién politica venezolana. Se traté en ese enton-
ces de analizar el discurso politico emancipador y el mal llamado
pre-emancipador. Esa investigacién se hizo desde una perspectiva
que buscé recuperar las condiciones discursivas que posibili-
taron la realizacién de la Independencia. Es decir, redescribir
el cuadro estratégico-discursivo del proceso que condujo histé-
ricamente la Independencia como fenémeno politico, Esa re-
descripcién fue hecha en atencién al espectro de un “habla
ilustrada” y en confrontacién con un discurso que Ilamamos
de la “‘fidelidad”’, que sitvié de marco lingiifstico para deter-
6. Sancepo Basrarvo, J. L., op. cit., p. 173.
7. Parra Pérez, CARACCIOLO, op. cit, pp. 249-250 (en la edicién espajfiola
de 1932).INTRODUCCION WwW
minar el surgimiento de nuevas maneras de hablar y de pensar
y, en-consecuencia, de concebir y actuar. Se traté, en sintesis,
de determinar las tramas argumentales que estuvieron en juego
entre 1750 y 1810, con el fin de mostrar el conjunto de dis-
cursos yuxtapuestos y entrelazados que moldearon, en el marco
lingiifstico de una conciencia de pertenencia a la monarquia,
una nueva conciencia emergente: la conciencia liberal republi-
cana constitutiva de la nueva nacionalidad politica.
Buena parte de esa investigacién se desarrollé en los ar-
chivos histéricos existentes en la ciudad de Caracas. Y, en esa
divisién natural de intereses que se produce en todo trabajo
en equipo, los mfos se inclinaron hacia lo que Ilamamos, en
esa investigacién, la lengua de los que gobiernan, y de manera
més especffica, en acotar minuciosamente toda la documenta-
cién que revelara la trama discursiva de la prescriptividad gu-
bernamental de la Corona Espafiola.”” En ese interin por los
8. El Informe final de esa investigacién fue presentado ante la institucién finan-
ciadora (CONICIT-subvencién $-1316) en 1987 en 22 expedientes que recogen
tanto la actividad global como Ia individual de la Unidad mencionada, Es
importante puntualizar que para efectos de los objetivos propuestos en ella se
trabajé en el marco tedrico de la filosofia analitica del lenguaje y, de manera
particular, bajo la orientacién de las reformulaciones metodoldgicas propuestas
por John Seahle, J. G. A. Pocock, Quentin Skinner, John Dunn y Donald
Winch para historiar ideas. El enfoque acogido presupone la “ordinariedad” de
un modo de hablar a través de una lengua puesta en accién a partir de unos
“sentidos” que. se “Jabran” en Ja experiencia de un pensamiento y en las con-
venciones de su seméntica y de su pragmética, Se parte del supuesto de que el
habla es accién (actos de habla o actos lingiiisticos) , esto es, que se transforma
en praxis y que en ese actuar que cumple a emisién del decir hay lugar para
unas maneras de actuar o de hacer actuar a otros. Sintetizando, se traté en el
caso de redescribir la historicidad de los discursos en juego durante ese perfodo
—que en el contexto de la investigacién citada se clasificaron y calificaron bajo
los rubros de “fidelidad”, “ilustrado” y “republicanoliberal”—, el cémo los
usuarios de esa lengua actualizaron su competencia discursiva para llevar a cabo
determinadas acciones politicas y el contexto objetivo de las acciones comunica-
cionales (destinatario, emisor, lugar y fecha de la emisién, tipo de texto donde
se produce Ia emisién, etc.) Véase el Informe Académico presentado al CO-
NICIT bajo el titulo: DE LA FIDELIDAD A LA LIBERTAD: Condiciones
y posibilidades del discurso politico venezolano emancipador (1750-1810).
9. La trama de la prescriptiva se recoge en el Informe referido en la cita anterior
a través de un Indice Analitico y Cronolégico de Reales Cédulas destinadas a la1 INTRODUCCION
archivos, el azar, como en tantas cosas, jugé con la necesidad.
Los Cedularios, las Actas del Cabildo, las Reales Ordenes y
Provisiones que leia empiezan a mostrar una informacién que
rebasa el objetivo incial: una serie de datos sobre unos haceres
ceremoniales en los cuales mediaba casi siempre alguno que
otro conflicto que obligaba a la relativamente inmediata pres-
cripcién real. La recoleccién de esa informacién abrid. espacio
para crear un archivo, originalmente destinado a otros fines,
que me condujeron a considerarlos tema especifico de una in-
vestigacidn diferente.
Por otra parte, los datos que asi empiezan a estar dispo-
nibles poseen una relativa riqueza sobre lo que en ese tiempo
se llamaron actos ceremoniales; los que, respetando el uso de
la época, han de entenderse como la secuencia de unos hechos
institucionales que se realizaron conforme a una preceptiva
instituida por mandato de Ja real voluntad o bien por costum-
bre, esto es, por una prdctica empleada ininterrumpidamente
a lo largo de veinte afios. Estos actos exponian cuando menos
el cémo, donde y quién de esos haceres. Una primera reflexién
sobre ellos condujo a pensarlos en relacién al contexto donde
tuvieron su existencia: unas ceremonias que se hacfan con una
cierta regularidad, bajo una cierta normativa y que mostraban
una importancia especifica para la sociedad donde se realizaban.
Pues los conflictos que originaban sugerian, por una parte, el
valor que le atribuian los actores involucrados en ellos por
efecto de la continua demanda de la real intervencién para
solucionarlos y, por la otra, parecfan activar en su realizacién
la idea misma de orden social y politico que tuvo sentido para
esos actores patticipes.
legislacidn de 1a provincia de Venezuela durante el siglo xvumt (1700-1799).
Dicho Indice forma parte de una investigacién documental que fue finan-
ciada por la Academia de Ciencias Politicas y Sociales y serd publicado por
la Academia Nacional de la Historia, Asimismo, al final del Informe general
se presenta el glosario del sentido para la época y desde el punto de vista
juridico tuvieron cada una de esas acciones institucionales definiéndose qué
era una Real Cédula, una Real Provisi6n, una Real Orden, un Memorial, una
Representacidn, etc., y las condiciones de uso de cada una de ellas (a quién
se dirige, fStmulas lingiisticas del decir que regula y prescribe, tc.).INTRODUCCION Bp
Ese cuerpo de. informacidn llevé a la formulacién de un
conjunto de interrogantes que fueron perfilando unos propési-
tos’y permitieron organizar la informacién recogida: gcudndo
y con ocasién de qué se hacen estos actos?, ¢cémo se hacen
estos actos?, ¢quiénes participan en ellos?, ¢cémo es la ma-
nera de participar en ellos?, ¢quiénes polemizan y por qué se
polemiza en esos actos?, ¢cudles son los “‘objetos” de las dispu-
tas?, y equé parece querér decir esa manera de participar en
esos actos con respecto a lo que Ilamamos el discurso de la fi-
delidad? Para expresarlo de otra forma, ¢acaso hay alguna
relacién entre las ceremonias civico-religiosas que esa sociedad
celebra con ocasién de ciertas exigencias y los conceptos poli-
ticos claves que fundamentan el vasallaje?
Esas interrogantes surgieron en torno a un interés muy es-
pecffico, a saber, determinan los vinculos posibles entre esos ha-
ceres ceremoniales y el discurso de la fidelidad. Ellas fucron a la
vez delineando la definicion de unos nuevos propdsitos concebi-
dos con el fin de sistematizar ese cuerpo cadtico de informacién
en una investigacién aparte y separada. Pero, al revés del propé-
sito general de la investigacién donde tiene origen ésta, el
intento atiende ahora a la posibilidad de recuperar el “hacer”
de la lengua de los fieles vasallos a partir del “hacer” —muchas
veces conflictivo— de unas ceremonias. Se trata en este caso
no de recuperar cémo el decir de esa lengua se transforma en
praxis, sino de saber cdémo la accién misma de las ceremonias
(la actividad ceremonial en si) posee un sentido especifico
para la accion de la lengua de los gobernados y de los que
gobiernan. Pues, contrariamente a lo dicho por Parra Pérez
y Salcedo Bastardo, ni fueron majaderias ni fueron nimiedades
y si algtin sentido tuvieron esas disputas por preeminencias o
unas pragméaticas que regulan el quién y el cémo han de llevar
tapetes o usar sillas con cojines y brazos, éste habr4 que bus-
carlo en el contexto histdrico y social de su ocurrencia, en el
sentido que esos actores Je atribuyeron a tales preeminencias
y al uso de esos tapetes, cojines, sillas 0 bancos y, sin duda,
fuera del peso de una lectura que nuestros ojos contempordneos
quieran anacrénicamente otorgarles.
En consecuencia, este trabajo atender4 a dos propdsitos
generales. Uno histérico, otro tedrico.20. INTRODUCCION.
El histérico persigue reconstruir —describir— tres tipos
de actos ceremoniales celebrados durante la segunda mitad del
siglo xvii en la provincia de Venezuela. Ellos son: la ceremo-
nia de Exeguias o los actos que se realizaban con ocasién de la
muerte del Rey; la Jura o las ceremonias realizadas con motivo
de juramentar un nuevo Monarca y los Actos de Feo cémo se
Ievaba a cabo la jura de la verdadera Religion. Se trata de re-
cuperar las formas de los lugares y objetos de las ceremonias
en relacién a los participantes en ellas.
Dos razones motivan la escogencia de estos tres actos y
a dejar de lado otros haceres ceremoniales de ese mismo pe-
tiodo.” Primera, porque estos actos definen situaciones limi-
nares" de la sociedad que participa en ellas en el sentido que
sesgan —irrumpiéndola— la normalidad de la vida cotidiana
de esos habitantes. Abren un paréntesis, sea de recreacidn fes-
tiva, como es el caso de la jura, o de expresién publica de dolor,
como en el duelo de las exequias, o de la contricién como es el
caso de jurar la fe catélica; y lo abren para dar cabida a un
periodo especial al cual se consagra la comunidad como un todo
en las multiples y diversas manifestaciones que ellos llevan
10. Me refiero a otras ceremonias cuya caracteristica més resaltante es su natura-
Ieza esencialmente religiosa como fueron por ejemplo llevar las laves del
sagtario los dias jueves santos o, a las rogativas que solfan —y deblan— ha-
cerse deseando prosperidad al reino, “felices prefieces” a las reinas y las res-
pectivas acciones de gracias (cuando era el caso) por los cotrespondientes
“felices partos” y otros tantos que més bien se inscriben dentro de la norme-
lidad de Ja vida cotidiana de ese tiempo. Informacién sobre el punto puede
verse en abundancia en los archivos histéricos de Caracas (AGN, AHCMC,
AA), Secciones de Reales Cédulas.
11. En el dominio de la antropolgia se ha conceptualizado la situacién 0 periodo
liminar.en el émbito de lo que se denominan “rites de passage”, esto es,
“titos que acompafian a cualquier tipo de cambio, de lugar, de posicién
social, de estado o de edad”, distinguiéndose para todo rito de paso tres
fases: la separacién (0 “estado”), el margen (o “limen”) y la agregacin
(0 vuelta a la “normalidad”). Véase GenneP van A., The Rites of passage
Citado por Turner, Vicror, en La selva de los simbolos, pp. 103-123. El sen-
tido que en el trabajo se le asigna a Ja idea de lo liminar atiende, como en
caso de la literatura antropol6gica, a la experiencia colectiva que entrafiaron los
perfodos ceremoniales al suspender Ia regularidad cotidiana.INTRODUCCION 21
consigo. Paralizan la normalidad y obligan a la participacién de
todos los habitantes del lugar. Estas acciones y las expresiones
colectivas a que dan lugar activan en su realizacidn la idea de
pertenencia al reino y a la monarquia y en ese sentido, creemos,
activan ceremonialmente la fidelidad de los vasallos. Son cere-
monias de fidelidad politica.
Segunda, porque estos actos patentizan en su realizacién
una trama que exhibe la estrecha vinculacién entre el orden
de lo politico y el orden de lo religioso. Son actos cévicos en el
sentido de ser ceremonias cuya celebracién es competencia de
las ciudades” pero, al mismo tiempo, son actos que implican
en su ejecucién la presencia indisociable.de la religién.*
Nuestro segundo objetivo persigue ilustrar cémo las ac-
ciones con respecto al orden ceremonial metaforizan, en su rea-
lizacién 0 préctica misma, las metaforizaciones a que ha dado
lugar el discurso con respecto a los conceptos de orden y su-
bordinacién sociales. Lo que hemos Ilamado el discurso de la
fidelidad no debe comprenderse como un bloque de tépicos
uniformes y homogéneos, sino como un marco argumental que
sirve de referencia para entender algunos de los principios que
fundan la paz y el orden mondrquicos. Y, en ese marco, se ha
prestado atencién de manera especial a Ja reflexién que se hace
en torno a la idea del orden social y politico y a la ‘manera
como se concibe que deben estar subordinados los seres que
habitan bajo ese orden. Peto, asimismo, nuestro interés espe-
cifico atiende a determinar cédmo y bajo cudles locuciones me-
taféricas se discurren o se piensan ambos conceptos con miras
a ilustrar los vinculos de significaciones posibles entre esas me-
12. Correspondia a la “ciudad”, como entonces también se les dijo a los ca
bildos (“‘ciudad, justicia y regimiento”), evar adelante Ia planificacién de
los actos de exequias y jura. Las primeras también las celebraban Jos cabildos
eclesidsticos pudiéndose realizar en actos separados © conjuntos de ambos ca-
bildos (eclesidstico y secular). No es el caso de la ceremonia de la Fe, pues era
de la competencia del Tribunal de Ia Inquisicién pero a ella debfan asistir con
carécter de obligatoriedad, el cuerpo que representaba la ciudad.
13. De entrada se quiere destacar que uno de los escenarios naturales de los
actos considerados lo constituyé la Iglesia pero también se quiere subrayar
sobre el sentido religioso subyacente a cada uno de ellos. El punto se desa-
rrollaré a lo largo de! trabajo.22 INTRODUCCION
téforas discursivas relativas al orden y la subordinacién sociales
y el orden que se realiza en las ceremonias. Se trata, sintetizan-
do, de mostrar cémo los actos ceremoniales realizan en sus
formas (uso de los espacios —posiciones y lugares— y de los
objetos ceremoniales) el sentido metaforizado en el discurso
del orden social y politico.
Esta investigacién se desarrolla en dos partes, cuatro ca-
pitulos y dos apéndices (A y B). En la primera parte, se recoge
el cuadro histérico general que sirve de referencia a dichos actos.
La segunda, que es el cuerpo del trabajo, presenta por un lado la
desctipcién de los actos mencionados a través de las fuentes
documentales y, por el otro, la interpretacién que se propone
acerca de cémo comprender las metaforizaciones (discursivas
y ceremoniales) que se hicieron del orden social y politico
colonial.
En el primer capitulo, El Estado Espafiol y la Iglesia de
Indias, se intenta recrear el contexto institucional genérico que
permite comprender la intrincada trama de complejas relacio-
nes que existieron entre la Iglesia Catdlica y el Estado Es-
pafiol. En base a fuentes de especialistas se presenta una sin-
tesis que recoge el marco jurfdico institucional de los actos.
El capitulo segundo ofrece una reconstruccién de la
disposicién urbana de la ciudad de Caracas a finales del siglo
xvitt. Se busca mostrar en-primer lugar, c6mo fue el proceso
espafiol de la construccién del “espacio” urbano colonial; en
segundo lugar, se muestra la descripcién de la ciudad, sus calles,
plazas, iglesias y habitantes; en tercer lugar, se presenta el tes-
timonio de la visién de los viajeros extranjeros ilustrados que
visitaron la Provincia de Venezuela durante ese periodo; y en
cuarto y ultimo lugar se describe el alcance de algunas de las
reformas administrativas que emprendié la dinastia borbona
para la reorganizacién de los territorios de ultramar como un
factor de aumento de conflictos ceremoniales.
El tercer capitulo se propone la reconstruccién histérica
de los tres actos recuperados por medio de una “representa-
cién” historiografia. Se presenta aquf la descripcién de las
exequias que la ciudad de Caracas ofrecié ante la muerte delINTRODUCCION 23
rey Carlos III en el afio de 1789, la jura que hizo esta misma
ciudad por el ascenso al trono de Carlos IV durante ese mismo
afio de 1789 y los Actos de la Fe que oficié el Tribunal de la
Inquisicion en la ciudad de Caracas en el correr del afio 1779.
Cada una de ellas, se acompafia de uno o de varios, segtin sea
el caso, planos imaginarios sobre la distribucién de los espa-
cios ceremoniales (iglesias, plazas, calles). Debe subrayarse
aqui el hecho de que estos planos son proyecciones imagina-
rias efectuadas, sin embargo, sobre la base de literalidad de
los documentos consultados.* La fuente de este capitulo la
constituye la documentacién de la época recuperada en los
archivos histéricos que permitié la descripcién de los tres
actos propuestos (Exequias, Jura y Fe). Para cada una de
estas descripciones se tomaron en consideracién distintos ele-
mentos —en el caso de que estuviesen disponibles en los do-
cumentos— tal y como son: el por gué —la ocasién— de las
ceremonias, el cémo de la realizacién de las mismas, quiénes
participan en ellas, cémo se estd en los actos y la descripcién
minuciosa ofrecida por la documentacién examinada sobre los
espacios y objetos ceremoniales (sillas, bancos, tapices, tape-
tes, etc.),
Es importante sefialar que los tres actos descritos en el
capitulo mencionado anteriormente se toman como “actos de
referencia” pata proponer una lectura comparada, diacrénica
y sincrénica, con otros actos similares (exequias y juras por
otros reyes muertos y juramentados) celebrados en otros pue-
blos y ciudades de la provincia de Venezuela en el correr del
siglo xvitt. El proceso de reconstruccién de esa estructura cons-
tituye el APENDICE (A) del trabajo. Se ubicé bajo tal cali-
dad con el fin de aligerar la argumentacién y la lectura. Sobre
la base de lo logrado en el APENDICE (A), en el ultimo punto
del capitulo se propone una lectura estructural conjunta de los
tres actos descritos con el fin de determinar los elementos cons-
titutivos de lo que pudiera entenderse como el concepto de
estructura ceremonial,
14, Lamentablemente en ninguno de los archivos dimos con la planta original de
Ia Catedral de Caracas. Para Ja reconstruccién gréfica de ésta nos hemos
valido, introduciendo algunas proyecciones, de la que ofrece Cantos MOLLER
en su obra Paginas Coloniales.24 ,INFRODUGCION
El cuarto y ultimo capitulo se desarrolla en tres secciones.
La primera de ellas atiende a recuperar los conflictos ocurrides
en situaciones ceremoniales. Dos tipos de polémicas parecen
haberlas signado: unas con motivo del uso de los objetos pro-
pios a las ceremonias (las sillas, los bancos, los tapetes, los
cojines, el Pendén Real, etc.); otras por el uso de /as posiciones
(centro/derecha/izquierda) y lugares (primero/ultimo) en los
respectivos espacios (iglesias, calles, plazas) donde se desa-
trollan las ceremonias. En esta misma seccién, se examina el
significado que posce para csa socicdad y actores la violacién
en el uso de los objetos y espacios ceremoniales, la polémica
como tal. Esta es concebida en la lengua de la época, bajo el
calificativo de “escdndalo publico”. Se intenta aqui determinar
cudles pueden ser los vinculos que parecen existir, en el con-
texto de ese pensamiento teoldgico-politico, entre el concepto
de pecado y el concepto de escdndalo en tanto violacién del
orden ceremonial.
La segunda seccién de este capitulo final busca redescri-
bir un repertorio de los usos discursivos metaféricos sobre los
conceptos de orden y subordinacién sociales recuperados a
través de un reducido mimero de autores de la época.” Se in-
tenta mostrar cdémo una meté4fora, que vertebra el discurso de
la fidelidad (la metdfora corporal) para pensar el orden y
la subordinacidn, se inscribe en un contexto de reflexién que
“naturaliza” Ja politica a través de su “determinacién provi-
dencial”. Finalmente, en una tercera seccién se examina cémo
ese hacer metaférico que discurre o piensa “corporalmente” la
idea de orden y subordinacién sociales se provee de una re-
presentacién metadiscursiva en el hacer de las ceremonias de
la fidelidad. Se trata aqui, en definitiva, de mostrar cémo es
que los fieles vasallos del rey podian y debian sex fieles dentro
de la desigualdad de un orden “‘divinamente” subordinado.
15. El cuerpo literatio comprende los siguientes autores y obras: Fray Joaquin
pe Finestrap y su obra El Vasallo Instruido en el Estado del Nuevo Reyno
de Granada y en sus respectivas obligaciones; Vita ¥ CAMPS, ANTONIO y
su obra El Vasallo Instruido en las principales obligaciones que debe a su
legitimo Monarca, y Vi.tanuevA, Joaquin Lorenzo y su obra Catecismo
de Estado segiin los principios de la Religién. Sobre los autores y sus obras
se hablaré repetidas veces a lo largo del: trabajo.INTRODUCCION 125
Sobre esta’ parte final hay que hacer dos observaciones.
Se debe puntualizar que el capitulo: descansa sobre los resul-
stados de la sintesis de una literatura que recoge diversos en-
foques para analizar y comprender el problema general de la
metdfora, que es decisiva para el andlisis. Esa sintesis se in-
cluyé en el APENDICE (B) del trabajo. A pesar de no ser
inmediatamente relevante pata los propésitos del mismo, la
procedencia de la clave interpretativa que hemos adoptado, el
concepto de accién metaférica, hizo indispensable analizar el
estado de la cuestién sobre la metéfora. Esto se debe cn buena
medida a lo que se intenta hacer es decir, mostrar cémo los
actos ceremoniales son “realizaciones metaféricas” (no discur-
sivas) de las metaforizaciones discursivas’ sobre el orden y la
~ subordinacién sociales. Fue precisamente para ello que forjamos
un concepto operativo, el concepto de accién metaférica, lo que
nos obligé en el proceso de su construccién a exponer las fuentes
especializadas en la materia que tocan el problema mencionado.
En segundo lugar, se debe sefialar el hecho de que el
cuerpo literario del que nos hemos valido para reconstruir el
repertorio de usos metaféricos sobre el orden y la subordina-
cidn en el discurso de la fidelidad se limita a sdlo tres autores
de la época. Esto obedece a Jas siguientes razones: (1) las
obras de los tres autores estén en la seccién de Libros Raros
y Manuscritos del Instituto Auténomo Biblioteca Nacional;
(2) los tres autores escribieron obras de instruccién politica
fundamentadas en los principios de la religién catdlica y, en
tanto obras de instruccién y de divulgacidn, estén escritas en
la lengua castellana de la época; (3) los tres autores utilizan
una forma literaria que hemos calificado bajo el comin deno-
minador de literatura politica catequética,” es decir, un tipo de
literatura que se construyé en algunos casos bajo la forma de
los catecismo teligiosos pero cuyo propésito general atiende a
la catequizacién politica de los vasallos en sus respectivas obli-
gaciones para con el monarca y la monarquia; (4) los tres
autores presentan en sus obras una serie de tdpicos, aun cuando
16. Es en el curso de Ja investigacién del IDEA donde surgié esta calificacién
con el sentido referido para este tipo de literatura.26 INTRODUCCION
con algunas diferencias entre si, sobre el orden fuitdante de la
monarquia; (5) y, aun cuando es imposible determinar en qué
medida estas obras circularon, y si fueron leidas y cémo fueron
recibidas por sus lectores, sin embargo, son indicio, al menos,
que en tanto género politico literario ocuparon un sitio y cum-
plieron una funcidn en y para la escritura de ese tiempo.PRIMERA PARTE
LA CONTEXTUALIZACION
DE LOS ACTOS DE LA FIDELIDADCapiTuLo PRIMERO
EL ESTADO ESPANOL Y LA IGLESIA DE INDIAS
DEL REGIO PATRONAZGO AL VICARIATO DE INDIAS
I.1.- Et PatRronazco
Intentar comprender la situacién de la Iglesia en una jurisdiccién
provincial, como era la de Venezuela durante el siglo xvi, nos obliga
a adentrarnos en la Institucién polftico-religiosa que se conociéd bajo
la denominacién canénica de Regio Patronato Hispano.
EI derecho del patronazgo es definido, en términos del Cédigo del
Derecho Canénico de 1917, como “el conjunto de privilegios con ciertas
cargas, que por concesién de la Iglesia, compete a los fundadores caté-
licos de una iglesia, capilla o beneficio, o también de sus causahabientes”.!
El Patronazgo espafiol de las Indias Occidentales e islas Filipinas
tuvo origen en una Bula Pontificia —‘“Universalis Ecclesiae”’— emitida
por Julio II en 1508, la cual concedié a los Reyes Catdlicos (Isabel de
Castilla y Fernado de Aragén) y a sus respectivos sucesores el derecho de:
“...que en lo adelante fuere, que ninguno pueda construir,
edificar y erigir Iglesias grandes en las islas y lugares predichos
ya adquiridos y que se adquirieren del mencionado Mar, sino con
el expreso consentimiento del Rey Fernando y la Reina Juana,
y del Rey de Castilla y de Leén que en cualquier tiempo fuere;
y ademas el derecho de patronato y de presentar personas idé-
neas para las predichas Iglesias Alguasence, Maguense y Ba-
yunense y cualesquiera otras Iglesias Metropolitanas y Catedra-
“1. Skweviez Espejo, C., El Patronato en Venezuela, p. 28, canon 1.448. Este
cddigo vino a recoger la tradicién anterior,30 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUBLA
les, lo mismo que para los Monasterios, asi como también para
las dignidades mayores después de las Pontificiales en las mis-
mas Iglesias Catedrales, atin Metropolitanas y para las princi-
pales en las Colegiatas, e igualmente para cualesquiera otros
beneficios eclesidsticos y lugares pfos que en cualquier: tiempo
vacaren en las dichas Iglesias y lugares (...)”?
Importa sefialar con respecto a esa Bula que en ella no sdlo se
consagra el derecho de presentacién para los Obispados y dems benefi-
cios eclesigsticos y obras pias sino, ademéds, cl privilegio de exclusividad
que adquiere la recién unificada Corona Espafiola para fundar Iglesias
en las tierras recientemente descubiertas y en las que atin faltaban por
descubrir. El derecho de presentacién colocé bajo el patrocinio hispano
tres privilegios: 1) que Ja ereccién de iglesias magnas o catedrales, co-
legiatas y prelaticias sdlo se haria bajo la previa real aprobacién; 2) ‘el
nombramiento consistorial de los Obispos y Prelados se harfa por pre-
sentacién del Monarca al Papa; 3) y los nombramientos para las dig-
nidades y demés beneficios eclesidsticos se haria por presentacién del
Rey a los ordinarios respectivos.?
La Bula “Universalis” data de 1508. La misma ha sido fuente de
posteriores controversias bien porque se dude de su autenticidad o bien
porque se crea fidedigna. El punto no es relevante para nosotros pero
si lo fue para un historiador y sacerdote, el padre Leturia, quien se
consagré al estudio minucioso del origen y fuentes del Patronato Es-
pafiol y en particular de la mentada bula, Leturia se interroga acerca del
procesa antecedente que dio lugar a la polémica Bula, lo cual le condujo
a desentrafiar, por una parte, el origen del derecho patronal al fijar los
antecedentes granadinos de la Iglesia Indiana, y por la otra, a caractetizar
las particularidades interpretativas que adquirié -al regio patronazgo
hispano.*
2. Gonzkurz, H., Iglesia y Estado en Venezuela, p. 33. El texto traducido de
la Bula lo reproduce el autor en su totalidad. Ver al respecto pp. 31-34.
3. Navarro Nicoxds, E., Disquisicidn sobre el Patronato Eclesiastico, p. 11
4. Leruria, Pepro, Relaciones entre la Santa Sede e Hispanoamérica (1493
1835), Tomo I: Epoca del Real Patronato (1493-1810). La recopilacién de
los escritos del Padre Leturia se extienden en tres tomos pero para efectos
de este estudio el primero de ellos es el de crucial importancia.EL DISCURSO DE LA FIDELIDAD 31
- Los antecedentes granadinos de la Iglesia de Indias
Al iniciar los Reyes Catdlicos la “cruzada” contra los moros en
su reconquista del Reino de Granada, ya habian fijado algunos de los
rasgos en lo que concierne a las materias del gobierno eclesidstico.*
Precisa Leturia en cuanto al origen del derecho patronal que éste
hay que situarlo en el “sistema polftico-religioso’* que los Reyes Caté-
licos habfan forjado durante el proceso de Reconquista del reino gra-
nadino en su lucha contra los moros. Lo caracterfstico de ese sistema
fueron las concesiones obtenidas por Ia Corona Espafiola de la sede pon-
tificia. La primera de ellas, fundada en el cardcter de “‘cruzada” de la
reconquista granadina, permitid a la Corona de Aragén la obtencién
de diezmos extraordinarios. La segunda, basada en el éxito de la “cru-
zada” de un reino que no se habia terminado de recuperar funda, por
un lado, el Patronato de Granada (1486) con el derecho de presenta-
cién a las mitras y a todos los beneficios eclesidsticos del reino en pro-
ceso de reconquista; y, por el otro, cede a los Reyes Catdlicos “los
diezmos perpetuos que habrian de pagar a la Iglesia los moriscos que se
fueran convirtiendo”.” El Patronazgo sobre Granada fue la gracia con-
cedida por la Santa Sede a Fernando de Aragén en reconocimiento a su
condicién de benefactor de la Iglesia al asegurar para el catolicismo la
posesién y conversién de los habitantes de esas tierras.* Los logros
obtenidos para Ja Iglesia Granadina representan asi los antecedentes his-
téricos y conceptuales del gobierno religioso que los Monarcas catélicos
habrian de implantar en las Indias Occidentales ¢ islas Filipinas.
5. Lrurra sefiala que reconocian el “dogma del primado” y el “sistema de
reservas pontificias de obispados y prebendas introducido por los papas
de Avifion”. Ver op. cit, pp. 7-8.
6. Lo que el autor denomina el “sistema politico-religioso” es la compleja or-
ganizacién de la Iglesia erigida en Granada y las Indias bajo el “ideal”
politico y préctico de la expansién nacional y fortalecimiento del poder
real con el espititu misionero de propagar el evangelio. Sobre el punto hay
versiones divergentes. SaNcHEz Espejo, por ejemplo, es de la opinién que
tal concepeién se fue gestando en la mente de FERNANDO DE ARAGON a
medida que iba “ganando terreno, merced de la generosidad de la Iglesia”;
op. cit., pp. 87-89.
7. Lerurta, op. cit.. p. 9.
8. Skncrtez Espejo, op. cit, p. 75.32 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL’ DE VENEZUELA
La experiencia granadina senté el precedente de los privilegios -lo-
grados ante la sede pontificia por la Corona Espajiola fijando, al mismo
tiempo, las bases de lo que seria el cardcter “misional” de la “cruzada”
indiana. Cuando el Almirante descubre para el reino de Castilla la isla:
de la Espafiola culminaba, en los predios hispanos, la guerra de la. re-
conquista con la toma de Granada. Como bien dice Leturia “la cruzada
de Granada se prolonga a las Indias. ..”.”
1.1.2.- Las fases de formacién del derecho patronal
En opinién del padre Leturia lo que él denomina el “sistema po-
litico-religioso” del Regio Patronazgo Hispano se gesté en cinco fases:
1.- De la conquista: \as bases juridicas
La primera rescata la importancia de la coincidencia histérica entre
la toma de Granada con el descubrimiento del nuevo mundo. El descu-
brimiento de las tierras de ultramar viene a significar la aparicién de
una nueva realidad. Esta ensefiaria no sdlo la tarea de evangelizar nuevas
almas” sino también daria lugar al desarrollo de un cometcio. lucrativo
(oro, plata, especies y piedras preciosas). Fernando de Aragén, adelan-
tandose a la Corona portuguesa, agencié ante la Curia, con sus represen-
tantes diplomaticos, la obtencién por parte del Papa de la Bula que
decreté la donacién de las tierras recién descubiertas."" Es la fase del
establecimiento del precedente de las bases juridicas cuyos antecedentes
inmediatos eran el Patronazgo fundado en Granada amén de los privi-
legios de diezmos obtenidos ante la Santa Sede por la Corona Espafiola.
Sobre esas mismas bases la Corona negociarfa en Roma el derecho
del patronazgo en las Indias y en ello vino a contribuir decisivamente
el conflicto surgido con la Corona Portuguesa, la cual posefa “el derecho
tinico de posesién de cuantas tierras se explotasen al sur del paralelo
de Canarias y extendia sus pretensiones a todos los mares que ultra et
9. Lerurta, op. cit., p. 10.
10. Véase el problema antropolégico que guia, desde el punto de vista espiti-
tual, la evangelizacién de los naturales del Nuevo Mundo, en Papcen, A.,
The fall of natural man, CUP, 1984.
11. SéncHez Espejo, op. cit,, p. 78.EL -DISCURSO DE LA PIDELIDAD ~*~ 33
citta- rodeaban’ aquellas islas”.” Los Reyes Catélicos solicitaron ante el
Papa una nueva Ifnea divisoria: el meridiano colocado a cien leguas del
oeste de las Azores que dividiria los descubrimientos en el oriente por-
tugués y el occidente castellano.” Dos Bulas, conocidas como las “Inter
Coetera”, zanjardn las diferencias con’ la Corona Portuguesa y la linea
de demarcacién entre. ambas Coronas."* Con ellas obtenfan los Monarcas
Catélicos el privilegio de la exclusiva evangelizacién de “todas las tierras
asi ignoradas y hasta el presente descubiertas o por descubrir en lo
futuro... hacia el occidente y mediodia, tirando una linea del Polo
Artico al Antartico cuya linea diste de las islas Azores y del Cabo Verde
cien leguas al Occidente y les impone en virtud de santa obediencia
‘la obligacién de enviar a las nuevas islas y tierras descubiertas varones
probos, temerosos de Dios, doctos y expertos para continuar la obra de
evangelizaci6n’ ”.'§
2.-Fundar y dotar: las bases organizacionales de la Iglesia
en las Indias
~ Una nueva Bula Alejandrina expedida en 16 de noviembre de 1501
por el Papa Alejandro VI esbozarfa lo caracteristico de la futura Iglesia
de Indias: su estricta sujecién a la Corona Espafiola. Accediendo a la
peticidn de los Reyes Catélicos el Papa natifica:
“Nos, que deseamos con tanto empefio la exaltacién y aumento
de la fe, sobre todo en nuestro tiempo, alabando mucho en el
Sefior vuestro piadoso y laudable propésito, inclinados por vues-
12. Lerurra, op. cit, p. 10. La Corona Portuguesa habfa logrado también de
los pontifices romanos la “jurisdicci6n espiritual” de dichas tierras. Ver
SAncHEz Espejo, op. cit. p. 77.
13. De hecho parece haber sido esta sugerencia de Cristobal Colén. LeTuria,
estudio uno, op. cit, pp. 3-31.
14. Las dos Bulas Alejandrinas “Inter Caetera” datan del 3 y 4 de mayo
de 1493. La cldusula de la donacién en ambas es idéntica peto la segunda
precisa tres diferencias substanciales: primero, establece el meridiano de
demarcacién divisoria entre las conquistas espafiolas y portuguesas; segundo,
introduce la expresién de “islas y tiertas” descubiertas; tercero, no se men-
ciona como en la anterior Ja investidura papal sobre América sino que se
habla en términos de constitucién y diputacién de Ios Reyes Catélicos como
sefiores de las nuevas tierras. Ver sobre el punto GonzALez H., op. cit., p. 23.
15. SAncriez Espejo, op. cit., p. 79.34 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE. VENEZVELA
tras stiplicas, autorizamos con voz apostélica y a vuestros suce-
sores futuros por el contenido de las presentes para percibir
licita y libremente el Diezmo de los Dabitanter y naturales de
las dichas islas que sean con el tiempo, y cuando las hayais
adquirido (segtin antes se dijo) lo podais percibir, pero sdlo
después de sefialar real y efectivamente y antemano segtin
ordenacién de los que entonces sean Diocesanos de los lugares
(a cargo de cuyas conciencias lo dejamos) la dote suficiente para
las Iglesias que se erigieren por vosotros o por vuestros suceso-
res de vuestros bienes o de los suyos, con la cual dote puedan
los jerarcas y rectores de dichas Iglesias sustentarse dignamente
a fin de ejercer debidamente el culto divin para gloria de Dios
y satisfacer los derechos Episcopales”.'*
Dos son los elementos significativos de este documento. Primero,
la concesién perpetua del diezmo de los “habitantes y naturales” de las
tierras descubiertas. Y, en palabras de Sdnchez Espejo, “obtener los
diezmos era poseer Ia administracién de la iglesia de América”.” Se-
gundo, se condiciona la cesién: los Reyes estarian en la obligacién de
dotar “debidamente” las iglesias erigidas al fundarlas. Surge asi la fi-
gura de un Rey que funda y dota" y, en su cardcter de tal, la Iglesia
Je permitird participar en los bienes (diezmos) de la iglesia fundada.
3.-Fundaciones y dotaciones: jetarquias eclesidsticas
La tercera fase, sefiala Leturia, la constituye el tiempo dedicado
por los Monarcas Catdlicos a la fundacién y dotacién de las Iglesias de
las Indias. De hecho, antes de la emisién de la Bula “Eximiae Devo-
tionis Sinceritas”, tan sdlo se habian edificado en la Isla La Espajiola
y las otras de las Antillas, iglesias de paja de cardcter estrictamente pro-
vistonal. De equi en adelinte lox Reyes se entteyan @ la vaten de loge
del Papa la ereccién de Arzobispados y Obispados con miras a imponer
estabilidad jerdrquica en la labor evangelizadora.
16. GonzAurz H., op. cit., pp. 28:30, s.n.
17. SAnicetez Espey, op. cit., p. 85. El diezmo era la décima parte de los pro-
ductos brutos de campos y ganados que, por derecho eclesidstico se destinaba
a los Obispos, Clero y obras pias.
18. Se considera como fundador, desde el punto de vista del derecho del patro-
nazgo, al que dona un fundo para la ereccién de un beneficio. Como dotador,
quien cede dinero suficiente para la conservacién del culto divino 0 de los
ministros. Ibidem, pp. 53-54.EL DISCURSO DE LA FIDELIDAD 35.
4.-Un nuevo Papa en la sede pontificia: Julio II
Una nueva Bula marca el cambio de la politica de Roma. Las Bulas
Alejandrinas habian estado signadas por la concesién de extraordinarios
privilegios y gracias pontificias a la Corona Espafiola. E] nuevo ponti-
fice, Julio II, enmienda Ia linea trazada por su antecesor en la Bula de
ereccién de la Didcesis de Santo Domingo al ignorar los derechos de
presentacién y de recaudacién de los diezmos contemplados en conce-
siones anteriores, Fernando de Aragén —poco antes habia muerto la
Reina Isabel de Castilla— inicia nuevas negociaciones ante Roma a
través de su embajador en ella.
La cuarta fase de la gestacién del derecho’ patronal se ve matcada
por las lentas negociaciones en la sede pontificia. Solicita el Rey no sdélo
la “concesién expresa del derecho de Patronato para la ereccién y pro-
visidn perpetuas de todos los beneficios eclesidsticos’” sino, ademés,
que los obispos y beneficiados sdlo podrén percibir la parte de los diez-
mos que “‘constaren en Ja donacidn de ellos que los reyes les hicieren”,”
asi como poder real para precisar los Ifmites de las diécesis. Fernando
de Aragén concibe la peticién en términos geogrdficos muy amplios:
ademés de la Isla La Espajiola la solicitud debfa contemplarse para
todas las sedes de las otras islas y tierra firme donde fueren erigidas.
EI éxito de las negociaciones culminé con Ja emisién de la célebre
Bula “Universalis Ecclesia Regiminis” de 28 de julio de 1508 por la
que la Corona Espajiola obtuvo:
“1) Que ninguno pueda hacer construir, edificar y erigir igle-
sias sin consentimiento expreso de Fernado y Juana y del rey
de Castilla y de Leén que en cualquier tiempo fuere. 2) El
derecho de Patronato sobre todas las Iglesias, beneficios y lu-
gares pios. 3) El derecho de presentacién de personas idéneas
para las iglesias Ayguacense, Maguense y Bayunense y cuales-
gules otras Iglesias Metropolitanas y catedrales, monasterios,
ignidades mayores o catedrales (...). 4) La facultad de pedir
a otro Obispo la institucién del presentado, cuando el propio
Ordinario no Ja confiera en el término de diez dfas”.””
19. LerurtA, op. cit., pp. 13-14.
20. Ibidem, p. 14.
21. SAncriEz Espejo, op. cit., p. 95.36 FUENTES PARA LA HISTOXMA COLONIAL DE VENEZUBLA
Las peticiones de Fernando relativas a los diezmos y'a la facultad
real para demarcar la territorialidad de las didcesis fueron resueltas en
Bulas posteriores:
“(,..), en dos nuevas bulas, una de 8 de abril de 1510, y otra
de 13 de agosto de 1511, consiguid se declarase expresamente
que el diezmo que percibieran las iglesias no habria de exten-
derse al producto de oro, plata y demds metales de las minas,
qe corresponderian integramente a la Corona y que en el modo
le diezmar los frutos del campo y los animales y de Ja industria
se seguirfan las costumbres e Sevilla, con reserva, por tanto,
para la Corona, de las terceras reales, en uso ya, por privilegio
apostélico, en Sevilla y en toda Espafia”.”
5.-El poder centralista: sujecién eclesidstica
La tiltima etapa de la formacién la constituye el logro de la Co-
rona en cuanto a la dependencia de los Obispados a erigirse en las In-
dias. Pretend{a la Corona Espafiola que los Obispados no formasen
provincia eclesidstica propia sino que reconociesen superioridad de Es-
pafia. Esto venfa a significar que Jos beneficios serian instituidos, en
definitiva, sobre quienes fuesen presentados por el Monarca™. El tiempo
confirmaria al Rey Fernado en su razén: las bulas de fundacién de los
Obispados ratifican en cada nueva oportunidad Ja perpetuidad del de-
recho del Patronazgo y la facultad de presentacién que le corresponde
a los monarcas por derecho de fundacién y dotacién.
El gran artifice de esta obra, scfiala Leturia, fue el Rey Catdlico
Fernando de Aragén. Su politica centralizadora concibié un “sistema”
politico-religioso condensado en tres aspectos claves: primero, la obli-
gacién “en conciencia” de responder a la misién evangélica concedida a
la Corona; segundo, la concesién de exclusividad a la Corona Espafiola
para fundar doctrinas, iglesias y catedrales y obras pias como el re-
sultado de la misién propuesta; tercero, la concesi6n de los diezmos
eclesidsticos y derecho de presentacién universal perpetua, consecuen-
cia del privilegio de fundacién.* La naturaleza del sistema de patronazgo
concebido fue, en términos del derecho eclesidstico, general, personal y
22. LeruriA, op. cit., pp. 15-16.
23. SANcHEz EspEyo, op. cit., pp. 92-93.
24. Lerurta, op. cit., pp. 15-16.EL DISCURSO DE LA FIDELIDAD 37
hereditario. General, en tanto atendié a todas las iglesias, beneficios
y obtas pias; personal, en virtud de haber sido respuesta a las solicitudes
personales de los Reyes y hereditario en razén de la sucesién del trono de
Castilla y Leén.*
12, - Ex Vicartato
E] derecho del patronazgo extendido como sistema politico-religioso
tuvo consecuencias que, muy probablemente, no fueron previstas por la
Santa Sede en virtud no sélo del cardcter demasiado secular de la misién
apostélica, sino ademas porque anulé la intervencién directa de Roma
en los negocios espirituales de las Indias.
La politica centralizadora y absorbente de Fernado de Aragén en
materia eclesidstica se vio, afios mas tarde, perfilada durante el primer
decenio del reinado de Felipe II.
Fernando de Aragén habia logrado privilegios y gracias pontificias
que se salian de los limites mismos del derecho de Patronazgo y que
le permitieron el control absoluto de la Iglesia de ultramar. No obstan-
te, el ejercicio practico de su gobierno se vio orientado hacia otros rum-
bos, ajustando en 1512 una Concordia en Burgos con los primeros
Obispos de las Indias, lo que en la prdctica vino a significar una mayor
laxitud del control.
En la Concordia de Burgos se declara que la provisién de todos
los beneficios de las Iglesias pertenecian al Rey. En su aplicacién real
los beneficios inferiores serfan provistos por los Obispos. Esta préctica
se vio, ademds, acrecentada y ampliada bajo el reinado del Emperador
Carlos V. Este se habfa reservado “‘tinicamente la provisién de obispa-
dos y algunas dignidades principales dejando las otras al Gobernador
que dejaba Castilla y al Consejo de Indias; y... habfa facultado a los
obispos pudieran proveer por si mismos cuatro prebendas, mientras no
Iegaban las presentaciones de Su Majestad”.*
Otro de los acuerdos de la Concordia fue el referido a los diezmos.
Fernando de Aragén impone una disttibucién cuadripartita que vino
a significar que las dos primeras cuartas partes del total de los diezmos
25. Skncwtez Espejo, op. cit., p. 96.
26. Lerurta, op. cit, p. 6838 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUELA
se utilizarfan para la sustentacién del Obispo y Cabildo Eclesiéstico;
de las otras dos cuartas partes se formaria un total dividido en nueve
novenos, de los cuales dos (novenos) se reservarian para el Rey, “en
sefial de superioridad y del derecho de Patronazgo y por haber ganado
Jas dichas insulas”,” cuatro se distribuir4n entre los parrocus y curas,
y el resto para la fabrica de templos y hospitales. La distribucién asi
concebida fortalecfa notablemente a los Obispados.
1.2.1.-Nuevos ajustes eclesidsticos, de las Indias: ni la
nunciatura ni el patriarcado
Cuado Felipe II comienza el ejercicio de su mandato existian en
las Indias tres arzobispados y veintitin obispados con sus respectivos
Cabildos y Parroquias.* Entre los afios 1535 y 1592 se habfan enviado
a las nuevas tierras 2.682 religiosos y 376 clérigos.”
Una concepeién més centralizada de Ja organizacién y sujecién del
gobierno eclesidstico es definida durante los primeros afios del reinado
de Felipe II. Dimana, concretamente, de las resoluciones tomadas en
materia eclesidstica por la Junta que tuvo lugar en Septiembre de 1568.
Esta Junta vino a significar una propuesta reorientadora no de
las bases del Patronazgo originalmente concebido por Fernando de
Arag6n, aunque si de los acuerdos ajustados por él en la Concordia de
Burgos (1512) y de la prdctica que se siguié en las Indias durante el
reinado de Carlos V.
-EI celo centralizador de Felipe II: la Junta Magna de 1568
La Junta de 1568 fue una asamblea que tuvo lugar en setiembre
de ese afio. Presidida por Felipe I, con la asistencia de los miembros
del Consejo de Indias y de algunos de sus principales Ministros, y que
se realizé con el fin de penetrar en la exacta informacién de lo que
27. Ibidem, p. 70. Aun cuando en opinién de SANctez Espzyo tal acuerdo sobre
Ta donacién fue sdlo escrito ya que en la practica los reyes siguieron percibiendo
los diezmos. Véase op. cit., p. 86.
28. Levurta, op. cit., p. 65.
29. SAncrtez Espejo, op. cit., p. 86.EL DISCURSO DE LA FIDELIDAD 39
sucedia en las tiertas de ultramar. De ella emanaron diversas resolucio-
nes en materia militar, social, polftica y religiosa”
Destaca el padre Leturia en su estudio sobre el punto que, en lo
tocante a lo religioso, tres nuevas exigencias relativas al Patronazgo de-
rivaron de la Asamblea: ajustes en cuanto a la politica seguida en la
provisién de los beneficios eclesidsticos, cambios en la distribucién cua-
dripartita de los diezmos e innovaciones en las relaciones entre la Jerar-
quia Eclesidstica y las Ordenes de Misiones.
La Asamblea de septiembre acordé, a diferencia de la Concordia
de Burgos, que wingsin beneficio eclesidstico se otorgue en propiedad
sin la presentacién de Su Majestad y Consejo de Indias, y que en los
casos de encomienda, Ja designacién a nombre del Rey sdlo podrén
hacerla los Virreyes y Gobernadores, nunca los Obispos ni mucho menos
los encomenderos. Con tales medidas ajustaron la irregularidad que se
venfa ejerciendo en las Indias en cuanto a las provisiones. El celo ccn-
tralizador comienza a perfilarse en los predios hispanos en detrimento
de la autonomfa que habian adquirido los Obispos.
La otra resolucién concierne a la distribucién de los diezmos. La
prdctica cuadripartita introducida por Fernando de Aragén en Burgos
(Vide Supra), se orienta ahora a una distribucién més equilibrada entre
Ja parte correspondiente al Obispo y Cabildo y la que atiende a la
cura de almas (doctrinas y curatos). La resolucién sefiala que la tota-
lidad de los diezmos se dividirén ahora en tres tercios; del primer
tercio, una tercera parte destinado a la fabrica de Ia Iglesia y dos ter-
ceras partes al Rey. El segundo tercio se dividiré por mitad, una para
la mitra y otra para el dean y cabildo, respectivamente. Y el tercer tercio
contempla una tercera parte para los hospitales y lo restante para las
doctrinas y parroquias.
Finalmente, dos resoluciones relativas a la organizacién eclesidstica
y misional caractetizadas por privilegiar a las érdenes religiosas por en-
cima del clero secular. Por una parte, la Junta Magna resuelve reafirmar
la real proteccién a las érdenes ya existentes, franciscanos, dominicos y
agustinos, haciéndola extensiva a la Compajfifa de Jestis radicada desde
1566 en las Indias. Ademds determinan, contrariamente a la tendencia
30. Ver ampliamente el punto en Lerurta, estudio cuarto, op. cit., pp. 61-94.40 FUENTES PARA LA HISTORIA GOLONIAL DE VENEZUELA
secularizante vigente, “regularizar” las Didcesis por “fundar. de. confor-
midad con las Ordenes anteriores:
“y el obispo y los religiosos de la iglesia matriz [catedralicia]
y de los conventos de sus didcesis vivan en clausura regular, y
todos los bienes que tuvieran asi la limosnas como de décimas
en provincias o dotaciones de bienes muebles 0 raices, las ten-
gan y posean y usen de ellos en comin y no en particular, sino
en la suma y manera que el instituto y regla de las érdenes men-
dicantes permiten tener en uso de los dichos bienes y como en
la iglesia primitiva se permitia, y para aquel efecto, y en par-
ticular tanto el obispo como todos los religiosos guarden la po-
breza que profesan los religiosos mendicantes”™
La tendencia del gobierno de Felipe II en materia eclesidstica se
inclind, segtin se desprende de las resoluciones de la Asamblea de sep-
tiembre, a privilegiar la accién doctrinera por encima de los Cabildos Ca-
tedralicios y a acentuar la dependencia de ésta bajo el control proveniente
desde Madrid. Esto explica, en parte, la razon de la nueva distribucién
diezmal, asi como la proteccién a las érdenes misioneras. Lo que tam-
bién se explica en razén del mayor control que hasta ese momento habia
logrado Ia Corona Espafiola sobre las érdenes, no asi sobre el clero
secular, el cual posefa mayor tradicién auténoma. Las Bulas Pontificias
habfan otorgado a los Reyes Catdlicos el privilegio de la seleccién y
destino de los misioneros. Estos tltimos debian de ser gratos al Rey y
al Consejo de su Majestad.”
Las pretensiones reales hispanas se perfilan ahora con mayor ni-
tidez. Las resoluciones de la Asamblea de septiembre serdén las bases
de nuevas negociaciones en Roma donde se intentard lograr ahora la
ereccién del Patriarcado de las Indias.
- Nunciatura vs Patriarcado: el fracaso de unas negociaciones
Crear un Patriarcado para las Indias fue uno de los proyectos sur-
gido de la Junta de 1568, Ella retomé la figura primariamente ideada
31. Archivo General de Indias, Indiferente, 102 [Lisson II, 454]. Citado en
Lerurta, pp. 73-74, s.n.
32. Ver “Omnimoda”, del papa Adriano VI sobre el gobierno de los religiosos
qne se hallan en las Indias. Zaragoza, 10 de mayo de 1522. GonzAuez, H.,
op. cit., pp. 35-39.BL ‘DISCURSO-DE. LA: FIDELIDAD- 41
por Fernando el Catdlico? de un Patriarca con residencia en la Corte
espafiola cuya competencia setia atender los negocios espirituales de las
:Indias: misiones, didcesis, obispados, etc. En sintesis, una autoridad
supradiocesana con residencia en Madrid aunque subordinado, en su
calidad de Patriarca, a la Sede Apostdlica.
Dos razones privaron en la Junta, estima Leturia, para proponer
en Roma la figura de un Patriarca. Una fue Ja creencia de que el Pa-
triarcado expediria la aprobacién pontificia de las resoluciones acorda-
das en materia eclesidstica por la Asamblea de septiembre. La otra razén,
presentada bajo el cariz de una inconveniencia geogrdfica, exhibe sin-
tomas de una mayor conveniencia politica: facilitar la expedicién de los
negocios espirituales en tierras tan distantes de modo que los tribunales
seculares no se entrometan en los asuntos eclesiasticos como, al parecer
venia pasando en virtud de la premura de algunas provisiones y la au-
sencia de una persona que tuviera Ja autoridad para evitarlo.*
Sefiala el padre Leturia que la Junta Magna del afio 1568 concibié
la propuesta de] Patriarca como una salida intermedia entre el “vicariato
laico” —concepcién subyacente en las resoluciones acordadas, por
demés inaceptable para la Curia Romana— y la directa intervencién de
Roma en los negocios espirituales indianos a través de un Nuncio Apos-
télico. La Corona hispana se mantiene en la linea de 1a centralizacién:
llegar a Roma via Madrid.
33. Lerurta, op. cit., pp. 80-81. Las diligencias realizadas en este sentido por
Fernando de Arag6n fueron, al parecer, infructuosas. El Patriarcado tal y
como lo ideé nunca Megé a realizarse.
34. Una comunicacién enviada al Embajador en Roma Don Juan de Zufiiga es
harto elocuente. En ella se afirma entre ottas cosas lo que sigue: “.
porque en cada flota y navio de los que vienen de Indias, se representan
grandes necesidades espirituales a que conviene proveer luego con mucha
brevedad y si se hubiese de ocurrir a Roma se dejarfan de proveer o si
cuando Ilegan en otras, ya son mudadas las cosas, de manera que no tienen
remedio, y as{ 0 se han de quedar sin él, 0 le han de poner los del nuestro
Consejo 0 los virreyes y audiencias y gobernadores de las Indias; lo cual
tenemos -por de mucho inconveniente que los tribunales seculares se en-
trometan en las cosas eclesidsticas, y éste cesaria habiendo en nuestra Corte
patriarca que lo pudiera prover, y se seguitfa grandes utilidades a muchas
cosas que para bien de las iglesias y religién de aquellas partes se ordenarfan,
habiendo persona par de nos que tuviera autoridad para ello”. Citada pot
LeturtA, op. cit., p. 81.42 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUELA
Una Nunciatura hubiese sido la salida mds eficaz para facilitar la
expedicién de los negocios de Indias. Pero la Corona Espafiola se mues-
tra reacia a este tipo de intervencién romana. Y, aprecia Leturia, esa
reaccién’ se debe en buena medida a la tradicién formada desde los
tiempos de los Reyes Catdlicos de excluir de las Indias a cualquier tipo
de delegado extranjero. Aunque también se explica por conceptuar al
Monarca como depositario de la delegacién pontificia en el orden de lo
espiritual. La Nunciatura Apostdlica no sdlo no llega a cuajar durante
el papado de Pio V, sino que fue desechada en virtud de necesidades
més urgentes para la causa apostélica: Roma requerfa del apoyo logts-
tico de Su Majestad Catélica contra los avances de turcos y protestantes.
El cambio de politica de la sede pontificia relativo a la nunciatura fue
interpretado en Madrid como el “asentamiento y confirmacién, por parte
de la Santa Sede, de la practica y teorfa del Regio Vicariato en el gobierno
espiritual de las Indias” > Simultd4neamente obligé a reconsiderar la perti-
nencia del momento para plantear ante la Sede el plan del Patriarcado y
las innovaciones que fueron objeto de deliberacién en la Asamblea de
1568. Ni durante el resto del papado de Pio V, como tampoco bajo el
periodo de Gregorio XIII, encontré Madrid la citcunstancia favorable
para introducir la propuesta.* Lo tnico logrado fue que Gregorio XIII
recomendara el estudio del proyecto a una Congregacién de Cardenales,
medida rechwada por el Rey, su Consejo y su embsjador en Rona,
Don Juan de Ziifiga, en vista de los inconvenientes que acarrearia
para la Corona.
No habiendo obtenido la Corona Espafiola la aprobacién pontificia
del Patriarcado concebido por Ja Junta de 1568, la linea seguida fue la
de preservar los privilegios obtenidos hasta ese momento sin dejar de lado
la tradicién préctica preexistente de la supuesta “‘delegacién” papal en los
Reyes hispanos. El objetivo de Madrid fue buscar el endoso pontificio
de lo que era ya una realidad practica. Al rechazar el examen cardenalicio
fracasaron las negociaciones relativas a las resoluciones de la Junta”
35. LETURIA, op. cit., p. 87.
36. Ibidem, p. 90. Distintas razones procedian de Roma. Amén de querer una
intervencién més directa en las Indias privé el temor, en los tiempos de
Gregorio XIII, de la experiencia siciliana.
37. Ibidem, p. 91. Del total de resoluciones acordadas por la Junta de 1568
sélo dos Megaron a aprobarse afios més tarde: (1) la facultad de Mevar los
prelados los juicios eclesiales en las Indias sin apelacién en Roma y (2) laEL DISCURSO DE LA FIDELIDAD 4B
1.2.2.- La interpretacién espanola de la “delegacién’’: el Regio
Vicariato de las Indias
Lo que historiograficamente se ha denominado la teoria del Regio
Vicariato Indiano son los distintos argumentos, de diverso origen, esgrimi-
dos en defensa de la delegacién pontificia efectuada sobre los Monarcas
hispanos para acometer la empresa de la evangelizacidn y cuidado espiritual
de las almas cristianas de ultramar. Se trata de una concepcidén que entien-
de al Monarca “‘como una especie de delegado o vicario del Papa para el
envio, destino, defensa y proteccién de las misiones inmensas de América
y Filipinas” * Concepcién que atribufa la representacién de la figura del
Papa en Ja persona del Monarca en lo que toca a la jurisdiccién espiritual.
Que rebasaba los confines mismos de] Patronazgo, tal y como fuera inicial-
mente concebido,” pero que lo desarrollé de acuerdo a las particularidades
interpretativas que del Patronazgo hicieron algunos tratadistas. Es lo que
afios mds tarde (siglo xvi1) se conocié bajo la denominacién de doctrinas
regalistas defensoras de un poder civil interventor en la organizacién y
administracién de los negocios espirituales.”
creacién del cargo, con sus cotrespondientes prerrogativas, de Comisario
Franciscano de Indias. Una y otra en 1573 y 1587 respectivamente.
38. Lerurta, op. cit., estudio decimosexto, p. 471.
39. Ibidem, p. 87. En la medida que las Bulas Pontificias privilegiadoras del
Patronazgo no comunicaban a los Reyes jurisdicién espiritual. El punto es
importante ya que precisa distinguir dos aspectos: uno, diferenciar entre la
administracién eclesidstica propiamente dicha y tocante al Rey en su condi-
cién de Patrén (fundador) y la jurisprudencia espiritual correspondiente a
la Iglesia y al Vicario de Cristo ie., el Papa. El otro, concierne a la admi-
sién de la delegacién en un laico para obtener jurisdiccién espiritual cuando,
desde el punto de vista del derecho eclesiéstico, sdlo seria habil un clérigo.
En torno al punto ver Monsefor NAvARRo, op. cit., y Monseftor SANCHEZ
Espejo, op. cit., pp. 100-102.
40. Navarro, op. cit, p. 9 y SAncHez E., op. cit., p. 98. Sobre los “excesos”
de esta intervencién, y a titulo ilustrativo, tomemos dos ejemplos sacados
de los archivos histéricos de Caracas. Ambos en el correr del siglo xvut.
Una Real Cédula fecha en Sevilla el 10 de septiembre de 1732, la cual or-
dena al Cabildo Secular informe al Rey sobre el traslado de las religiosas
carmelitas descalzas de Santa Rosalia a una casa propia sin baber dado cuenta
de ello, primero al Consejo de Indias. Y, otra Real Cédula fecha en Aran-
juez el 22 de mayo de 1777 participandole al Gobernador de la Provincia
de Venezuela lo que se le previno al Cabildo de la Catedral de Caracas rela-
tivo al nombramiento de un sacristén de ella y ordenando que el Gober-
nador “cele, como es de su obligacién, la observancia de las reglas del Real44 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUBLA
En opinidn del padre Leturia, tres momentos en el desarrollo de la
organizacion de las misiones favotecieron el surgimiento y posterior forta-
lecimiento de la teoria del vicariato. El primero de ellos relativo a las di-
ficultades econdmicas de la Sede Pontificia para emprender, por su cuenta
y riesgo, la accién evangelizadora de las Indias Occidentales. Asi, pues, la
evangelizacién americana nacié signada por la accién colonizadora. No fue
el resultado de una actividad exclusivamente evangélica: la costosa em-
presa de la cristianizacién del nuevo mundo se sostuvo en funcién del
apoyo fundamental (econdmico, logistico-militar ¢ institucional) de los
Monarcas Espafioles.! En tal sentido el apoyo econémico regio y la nave-
gacién espafiola pasan a jugar un papel fundamental en la labor misionera,
haciéndolo con el respectivo endoso pontificio. La misién deviene asi en
una accién donde se funden los intereses de la Corona con los intereses
de Roma. Antes de este periodo, hasta mediados del siglo xv, la politica
seguida habia sido la directa intervencién de los Superiores Mendicantes y
de Roma en la accién misionera sin injerencia de las Cortes Reales.” La
tercera regla de San Francisco —capitulo 12— caracteriza el modo en que
ha de hacerse la misin en tierra de infieles posibilitando la delegacién de
la soberana potestad del Papa en los Superiores Franciscanos para el logro
y desarrollo de tal misién.* Los franciscanos que fueron al Nuevo Mundo
se organizaron en dos grupos: uno, que partié “conforme a la regla” con
el sdlo permiso y delegacién de su Superior (tres belgas entre los que se
encontraba fray Pedro de Gante, pariente de Carlos V) ; otro, que obtuvo
para viajar la confirmacién del Papa Leén X en su misién canénica (fray
Patronato”. Véase respectivamente AHCMC, seccién Reales Cédulas, vol.
(1731-1740), fs. 70r-72 y AGN, seccién Reales Cédulas, Vol. II de la pri-
mera seccién, fs. 307-314, s.n.
41. Lerurta, op. cit., estudio quinto. A diferencia de otras empresas cuya aco-
metida fuc primordialmcnte misioncra vg la China.
42. Ibidem, pp. 110-111. A esta nueva situacién a la cual se amolda la Sede
apostélica vino a contribuir decisivamente la ruptura de la comunicacién
de Europa con Asia por Ia disolucién de los reinos tértaros y el afianzia-
miento del Imperio Turco lo que obligé a abrir nuevas ratas hacia la India,
Jo cual a su vez requeria dinero, flotas y organizacién refinada que escapaba
a las posibilidades de la Sede Romana.
43. LerurtA, .op. cit., pp. 108-110. El ejercicio de esa delegacién tenia ya una
tradicién formada anteriormente en las misiones de Marruecos, Bosnia, Rusia,
Oriente, Mongolia y China, Y, a partir del siglo xtv Urbano V y Gregorio XI
introducen la novedad de que los jefes de misiones pueden evar consigo
nuevos apéstoles sin el permiso de los Superiores para los escogidos con
destino a las misiones.EL DISCURSO:DE LA, PIDELIDAD 45.
Juan de Clapion, confesor de Carlos V y fray Francisco de los Angeles
Quifiones) .“
Como segundo momento, sefiala Leturia, la Bula de Adriano VI co-
nocida bajo el nombre de la “Omnimoda”. Por ella logran los Reyes el
privilegio de sefialar y designar el ndmero de frailes que se habfan de
enviar a Jas Indias y que debian ser de la entera satisfaccién del Monarca
y su Real Consejo:
“Nos, que tenemos obligacién de atender por el anejo cuidado
pastoral a la salud de las almas por sobre todas las cosas, y que
conocemos plenamente desde sus mis tiernos afios el fervoroso celo
de Vuestra Cesdérea Majestad, para el incremento de la republica
cristiana, por el tenor de las presentes, alabando en el Sefior obra
tan santa y laudable, puesto que estamos inclinados a satisfacer
dichas stplicas y queriendo proveerlas, queremos que todos los
frailes de las Ordenes Mendicantes y particularmente de la Orden
de los Menores de la Regular Observancia que sean nombrados por
sus Prelados o que conducidos por el Espiritu Santo, quisiesen de
su voluntad y esponténeamente pasar a las dichas Indias para con-
vertir e instruir a los dichos Indios, que los puedan hacer libre y
con tal que sean de tal suficiencia en la vida y en la doctrina que
satisfagan a tu Cesévea Majestad o a tu Real Consejo como idéneos
para tan gran obra. En este punto cargamos la conciencia de sus
ropios Superiores quienes son quienes deben nombrarlos y darles
licencia”.
La “Omnimoda” especifica, ademis, que tales misioneros tendrén
entre los escogidos un Prelado, con toda la autoridad y facultad sobre los
frailes bajo'su cargo, quien debfa hacer las veces de Superior y a quien el
Papa le entregaba plena autoridad aun cuando obedeciera al Ministro Ge-
neral. En este sentido “los religiosos misioneros recibian facultad y poder,
tanto en el fuero interno como externo, para ‘ejercitar todos los actos epis-
copales que no requieren el orden episcopal’. . .”. Lo cual representaba,
en palabras de Leturia, la “‘tradicién pura de los Papas del siglo x11
y xiv y de la propia regla franciscana”,” pero con algunos rasgos nove-
dosos en lo que toca a estas nuevas misiones: Carlos V recibe confir-
macién papal como examinador y regulador de las expediciones misio-
44, Ibidem, p. 112.
45. GonzAtez H., op. cit., pp. 36-39, s.n.
46. Ibidem, p. 40.
47, Lerunta, op. cit., p. 113.46 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUELA
neras indianas. La concesién otorgada asi a la Corona-Espafiola el con-
trol de las iglesias a través de los Superiores de las Ordenes,*
“...precisando que la mision canénica la da el Papa, que los
sujetos los designan los superiores mendicantes y que ef rey fija
el ntimero y reparticién de los enviados con la facultad de ex-
cluir @ los poco gratos”.”
El tercer y ultimo momento que vino a favorecer el desarrollo de
la teorfa del vicariato atiende al precedente que habia sentado Carlos V
al lograr la gracia pontificia de poder enviar a las Indias misioneros sin
el consabido pase de sus Superiores.” La politica centralizadora de Fe-
lipe II bused, luego, bajo el papado de Julio EII, la confirmacién
y extensién de tal privilegio a través de la propuesta del Patriarcado y
Comisariados de Jas Indias selecionados por el Rey. Una politica mucho
més comedida de la Sede Romana elude la confirmacién, aunque ya para
ese momento Felipe II habia conseguido que el General de la Orden
Franciscana admitiese el Comisario de Indias (franciscano) sometido a
la presentacién y aprobacién Real.”
- Origen Misional de la teorta vicarial:
La interpretacién vicarial tiene origen en los escritos de algunos
misioneros de las érdenes regulares, particularmente franciscanos. Es
durante el reinado de Felipe 11 cuando aparecen los primeros tratados
acerca de la accién misionera con las reflexiones sistematicas respectivas.*
Estas provienen de algunos tratadistas misioneros como lo fueron los
franciscanos Juan de Focher, fray Manuel Rodriguez, fray Luis de Mi-
randa, fray Juan Silva y de un agustino, bien destacado en la materia, lla-
mado fray Alonso de la Vera Cruz.*
48. Gonzétez H,, op. cit., p. 40.
49.. LeTurtA, op. cit., p. 120, s.n.
50. Ibidem, p. 125. Carlos V pudo enviar a las Indias sin cl permiso de sus
respectivos Superiores 120 franciscanos, 70 dominicos y 10 jerénimos.
51. Ibidem, p, 120.
52. Ibidem, p. 118.
53. Ibidem, p. 107.
54. Ibidem, p. 451.EL, DISCURSO-DE LA FIDBLIDAD- - 47
El ambiente en el cual se gesta y desarrolla la tedria del vicariato 0
delegacién aparece caracterizado por los conflictos de.competencia susci-
tados entre las Ordenes Religiosas y la Jerarquia Eclesidstica. Competen-
cias que tuvieron origen a raiz de los privilegios y exenciones que gozaban
Jas érdenes en las Indias gracias, en buena medida, a la ‘“Omnimoda”
(ide Supra), y de otras réesoluciones que habfan logrado a su
favor por parte de la Santa Sede.* A ello hay que afiadir la protec-
cién que tuvieron de Ja Corona espafiola “‘amalgamando la defensa de
los propios intereses con el progresivo aumento de los derechos tuitivos
del Rey en el sistema de misiones de América”.* En ese clima quien al
parecer jugé un papel decisivo fue el misionero agustino fray Alonso
de la Vera Cruz.” Este agustino intervino de manera concluyente en el
desarrollo y oficializacién de la teoria del Regio Vicariato Indiano.
Gracias a las diligencias por él efectuadas ante Felipe I, logra que este
Monarca penetre en las dificultades que se desprendieron para las ér-
denes religiosas causadas por algunas de las resoluciones aprobadas por
el Concilio Tridentino. Entre ellas las tocantes a la jurisdiccién y vigi-
lancia de los Obispos sobre los misioneros en todo aquello que se re-
feria a la “cura de almas” y a la predicacién y confesién. También le
hace ver los inconvenientes que se ocasionarfan de la determinacién de
Pio VI al anular todos los privilegios que hasta ese momento habian
gozado las dérdenes mendicantes en las Indias. Felipe II obtuvo de
Pfo V una nueva gracia a su favor, el breve ““Exponi Nobis” de 23 de
marzo de 1567, por el que se eximid a las Misiones de América de
55. Ibidem, pp. 123-131. Entre otras gracias pontificias se encuentra el Breve
de Pio V “Exponi Nobis” (1567) por el que se le concedié a los regulares
las parroquias de misiones de las Indias y el cjercicio de Ia cura de almas
en ellas (Ver p. 126). La recreacién del ambiente no pocas veces polémico
en que se desausolla la competencia enue Ia Jerarqufa y las Ordenes ha sido
excelentemente retratada en el estudio citado del padre Leturia al cual
remito en virtud de quedar fuera del alcance del presente capitulo.
56. Ibidem, p. 131. Aun cuando esa politica no fue del todo ni lineal ni con-
tinua, La tendencia, por parte de la Corona, era ir quitando gradualmente
las parroquias y doctrinas a los religiosos 1o cual Ileg6 a realizarse bajo cl
reinado de Fernando Sexto por bula expedida a peticidn suya por Benedicto
XIV en 1751.
57. Ibidem, p. 295. Fray Alonso de la Vera Cruz, discfpulo de Vitoria y en el
decit de Lerurta, “propagador de sus doctrinas”, fue uno de los doce teé-
logos escogidos por Vitoria a peticién del Emperador Carlos V, para ser en-
viado a Nueva Espafia, En la Universidad de México ejercié como profesor
de Prima en 1564.48 FUBNTES PARA LA HISTORIA COLONIAL -DE: VENRZUELA.”
las limitaciones impuestas.* Las gestiones de Vera Cruz y la’concesién
pontificia vinieron a fortalecer Jos privilegios ganados. por los Monarcas
hispanos y las érdenes regulares en las Indias.
El “germen”, en palabras de Leturia, tuvo lugar en un texto del
franciscano Focher, arreglado y titulado después de su muerte en 1572,
bajo el rétulo de “Itinerarium catholicum profiscentium ad infideles
convertendos” (1574) por otro franciscano llamado Diego Valades.*.
Juan de Focher, natural de Francia, habia sido misionero y catedratico
en México. Es en ese tratado de tres capitulos sobre el oficio del misio-
nero donde se apunta, por vez primera,.la facultad delegadora del Papa
para la realizacién de la accién evangélica en un seglar. Fundamenta
Focher su defensa en razdn del capitulo 12 de la regla de la orden de San
Francisco y en las encomiendas hechas a los Monarcas hispanos por las
bulas alejandrinas tal y como reza su “Itinerarium”:
“E] Papa pucde cnviar los ministros a convertir infieles no sélo
directamente por si mismo, sino también por medio de otro,
con tal de que le de para ello sus veces. Y esto lo mismo que
sea eclesidstico —como lo encomendé al provincial de los me-
nores al aprobar su regla, y consta por el capitulo 12 de la ex-
presada regla de San Francisco— como que sea seglar, @ la
manera que Alejandro VI encomendé a los catélicos reyes de
Espafia la conversion de las Indias occidentales, mandandoles
apretadamente que envien para este fin misioneros idéneos.
Lo que el rey catélico no cesa de hacer consta hasta el dia de
hoy, y por eso los enviados por él inmediatamente, son enviados
inmediatamente por el Papa. Porque como se dice c. qui facit.
de re iuri. in 6, el que hace por medio de otro se conceptia
hacer por si mismo. De donde una misma es la condicién de
aquellos a quienes envia el Papa inmediatamente, y de aquellos
a quienes directamente envia el rey, porque unos y ottos se
dicen enviados por el Papa y gozan de los mismos privilegios
que el Papa concede a los que destina por si mismo. (...)”.%
Es importante resaltar con respecto al texto citado de Focher la
peculiar interpretacién que realiza el misionero francés tocante a la de-
legaci6n —“‘el que hace por medio de otro se concepttia hacer por si
mismo”— de donde se desprende que el Monarca ha de conceptuarse
58. Ibidem, pp. 124-125.
59. Ibidem, p. 475.
60. [bidem, sn.EL.DISCURSO DE LA FIDELIDAD 49°
como si.fuera la persana misma del Papa, al menos en lo que correspon-
de a.la ctistianizaci6n de los naturales de. estas nuevas tierras.
Pocos afios después se podr4 medir la trascendencia de esa inter-
pretacién. Otros tres “hermanos de hdbito” del franciscano Focher re-
tomardn sus apuntes vicariales. El primero, de origen portugués y cate-
dratico de Moral y-Cénones en Valencia y Salamanca, fue fray Manuel
Rodriguez. Este las incorpora en sus “Quaestiones regulares et cano-
nicae” , (Salamanca, 1598). El punto para fray Manuel estriba en lo
que toca a la facultad que posee el Rey para designar misioneros en
“Jas parroquias y estaciones de indios independientemente de los obispos
de Jas diécesis respectivas”.* El problema corresponde a la transmisién
de Ja jurisdiccién espiritual, Fundamenta la argumentacién en virtud
del derecho del Patronato y, al igual que Focher, en base a la delegacién
concedida por las bulas de Alejandro VI:
“Ticnen csta autoridad los reyes de Espafia por el breve de
Alejandro VI que les encomienda la conversién de los indios
de este nuevo mundo, mandéndoles apretadamente que envien
pea doctrinarlos en la fe catélica varones temeroso de Dios,
doctos, peritos y expertos. Y asi, en virtud de esa comisién hecha
pot el Papa a los reyes de Espafia, pueden estos designar a los
tailes los pueblos de indios para que los instruyan en la fe,
porque ejercitan en ello la autoridad del Papa, como si fuera
el Papa mismo quien lo hiciera, ya que el comisionado represen-
ta al comitente, y el delegado tiene autoridad no de por si mismo
sino del delegante (...)”.%
La doctrina de este fraile puede resumirse, siguiendo a Leturia, en
tres puntos cruciales. Primero, y en lo que se refiere a la jurisdiccién ca-
nénica de los misioneros para las doctrinas y parroquias, éstos la habrfan
recibido directamente del Papa a través de sus Superiores Regulares
y no de los Obispos de las didcesis respectivas. Segundo, la aplicacién
de esa jurisdiccién canénica \a hace el Monarca fundamentado en la de-
legacién que para ello dio la bula de Alejandro VI. Tercero el sentido
en que se entiende el ambito de Ja delegacién concierne, en la doctrina
de Rodriguez, exclusivamente al negocio de la evangelizacién y gobierno
61. Ibidem, estudio quinto, p. 132 y estudio decimosexto, p. 476.
62. Tbtdem.
63. Ibidem.
64. Ibidem, sn.50 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUBLA:
de los indios y ha de conceptuarse como una funcién de vigilancia y
control tanto de los misioneros como de los visitadores religiosos.* Este
Ultimo punto es importante en la medida que delimita el sentido atri-
buido por el predecesor Focher a la delegacién.
La vulgarizaci6n del “germen” de la idea del vicariato acufiada por
Focher, se debié en buena medida, segtin apunta Leturia, a fray Manuel
Rodriguez, quien la hace extensiva al patrimonio de los canonistas en
América sacindola de su 4mbito originalmente misional.* Ejemplo de
ello es un “memorial” de otro fraile ce la Orden de San Francisco, fray
Juan Silva, quien hacia 1595 oficiaba como misionero en La Florida
y cuyo texto abogaré por un derecho mucho més amplio que el del
Patronazgo como lo era el oficio de delegado pontificio en materia de
convertir a los indios:
“Est4 el sumo pontifice obligado precisamente a procurar la
conversién de los infieles y gentiles, aplicando a este soberano
fin los medios més convenientes, proporcionados y poderosos
para conseguir lo que sea posible. Esta misma obligacién corre
y estd en la misma fuerza en los inclitos reyes de Castilla 7 sus
sucesores en cuanto toca a la conversién y manutencia de las
Indias, como consta del tenor de la bula de Alejandro VI (...).
Por lo cual se ve claro que los dichos reyes son inmediatos admi-
nistradores de la predicaci6n y conversién de los naturales de
las Indias, porque para este fin fue elegida su industria real y su
especial providencia, solicitud y cuidado (...). De lo cual tam-
bién se colige que V.M. goza en las Indias de mayor derecho
que el derecho de Patronazgo concede al patrén, porque goza
de oficio de delegado del Papa, para el dicho fin de la conver-
sién_de los indios, y asi aprieta més esta obligacién a los reyes
de Espafia, pues se ve claro haber su santidad descargado de
este particular su conciencia y obligacién y puéstola en diligencia
y cuidado de esta Corona’ ®
Luis de Miranda, otro hermano del habito franciscano, quien fuera
profesor de Teologia en la Universidad de Salamanca y secretario Ge-
neral de su Orden, apuntar4 también sobre las facultades de los Monar-
cas en una de sus obras titulada “Manuale praelatorum regularium”
(1612). Al respecto puntualiza, a diferencia de Rodriguez, para quien
65. Ibidem, p. 135.
66. Ibidem, estudio decimosexto, pp. 475-477 y estudio quinto, p. 136.
67. Ibidem. p. 477, sn.EL DISCURSO DE LA FIDELIDAD a
la facultad real s6lo se limita a la aplicacién de Ja jurisdiccién canénica
a determinadas regiones y distritos, que la licencia real se extiende a la
administracién de los’ sacramentos por los religiosos. Mas ain, llega a
afirmar que los Obispos caen en pecado de excomunién en el caso de
oponerse a este privilegio en los religiosos.“
Los textos antes referidos que hemos aprovechado de los distintos
estudios realizados por el padre Leturia, nos revelan que las interpreta-
ciones en torno a la delegacién pontificia provienen principalmente de
testadisves que fueron actives misioneros ‘en ol campo y gue lox comen-
taristas pueden agruparse en torno a dos maneras de entender la “dele-
gacién”: una, que aboga por una delegacién en un sentido amplio, “el
que hace por medio de otro se concepttia hacer‘por si mismo”, en cuyo
caso el Rey es hébil para comunicar jurisdiccién espiritual a sus envia-
dos evangelizadores (Focher, Luis de Miranda); otra, que postula una
delegacién restringida, y en tal sentido el Monarca es un ejecutor de la
facultad pontificia en lo que concierne a la designacién espacial de los
elegidos (fray Manuel Rodriguez). Tales intérpretes serén posterior-
mente retomados y citados como fuentes autorizadas por los gobernan-
tes y funcionarios de la Corona Espajfiola.
- La sintesis de la teoria vicarial en el pensamiento civil:
Solérzano Pereyra
Un incidente relatado por el padre Leturia es asaz significativo del
peso que llegé a tener en las Indias, més all4 de la argumentacién mi-
sional y canénica, la teorfa del Regio Vicariato. Sucede en el Virreinato
del Pert cn 1619 sicndo Monarca Felipe II. Este habia dictaminado otor-
gar a la Orden de los Jesuitas la doctrina de Lambayeque a solicitud del
Arzobispo Lobo Guerrero y de la Real Audiencia de dicha jurisdiccién.
El Obispo de Trujillo se habia negado a dicha solicitud y habia apelado
en tal sentido ante la Audiencia. El Virrey, en ese entonces Don Fran-
cisco Borja, principe de Esquilache, negé Ja apelacién del Obispo de
Trajillo argumentando on carta esctita a Su Majestad con diversas re-
zones.” Una de ellas interesa aqui a titulo ilustrativo. Dice asi:
68. Ibidem, pp. 136-137.
61. Ibidem, pp. 140-141.52. FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUELA
“...que V.M. como legado del pontifice en las partes occiden-
tales de las Indias, conforme a las bulas de Alejandro y Adriano,
tiene la misma jurisdiccién que el Papa para remover los cura-
tos y darlos a quien quisiere contra la voluntad de los mismos
obispos y curas. Esto es negocio Ilano y no hay opinién de: lo
contrario (y sirvase V.M. perdonarme si informo ahora mds como
estudiante que como virrey). Porque sélo cuatro tedlogos tratan
esta cuestion, que son Manuel Rodriguez, Veracruz, fray Juan
Bautista y Miranda. Y todos undnimes convienen en esta sen-
tencia. (...)”.”
Los “tedlogos” mencionados en la cita son, pues, los tratadistas
que venimos de resefiar.
Correspondié a don Juan Solérzano Pereyra (1575-1654) el arre-
glo civil y la definitiva institucionalizacién ‘de la Teoria de la Delega-
cién y Vicariato.” Natural de Madrid, realiza sus estudios en la Univer-
sidad de Salamanca, “donde fue luego profesor de leyes por los afios
en que ensefiaba alli derecho candnico fray Manuel Rodriguez’”.” Hacia
1609 viaja a las Indias por comisin del Rey Felipe II ejerciendo como
ministro togado (Oidor) en la Real Audiencia de Lima, con el fin de
empaparse y escribir “‘con mds conocimiento de causa” sobre el gobierno
y la legislacién de Indias. De esa experiencia, y de sus posteriores fun-
ciones como consejero de Hacienda y miembro del Consejo de Indias,
proviene su conocida obra “De Indiarum Iure”.”
La obra de Solérzano vino a sintetizar una corriente de pensamien-
to que habfa emergido en el mundo misional trazando las lineas de. lo
que debfa ser el gobierno eclesidstico indiano. Las fuentes utilizadas
para fundamentar su argumentacién serdn los tratadistas de misiones
tal y como lo cita el padre Leturia:
70. Ibidem, p. 141, sn, Carta de Don Francisco de Borja a Felipe II del 27
de marzo de 1619.
71. Ibidem, estudio decimocuarto, pp. 450-451 y estudio decimosexto, p. 478.
Institucionalizacién en el sentido de haberla impuesto en el Consejo de
Indias y en el uso y la practica de los jurisconsultos posteriores.
72. Ibidem, p. 141.
73. Ibidem, pp. 141-142. Solérzano public su primer tomo en 1629 y el sc-
gundo en 1639 en el cual —libro tercero, sobre el Gobierno eclesidstico—
se daba “expresin cientifica” a Ia Teorfa del Regio Vicariato.
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