TRAUMA GERIATRICO
DANIEL CAMILO RAMIREZ GUIO
FUNDACIÓN UNIVERSITARIA DE CIENCIAS DE LA SALUD- FUCS
FACULTAD DE MEDICINA
TECNOLOGIA EN ATENCIÓN PREHOSPITALARIA
CUARTO SEMESTRE
BOGOTÁ D.C
2021
Contenido
1. INTRODUCCIÓN
2. GENERALIDADES
3. DEFINICIÓN
4. EPIDEMIOLOGIA
5. ANATOMIA
6. FISIOLOGIA
7. FISIOPATOLOGIA
8. TRATAMIENTO PREHOSPITALARIO
9. CONCLUSIONES
10. BIBLIOGRAFIA
Introducción
Las personas mayores suelen ser menos activas que las personas jóvenes y presentan
lesiones con menor frecuencia, sin embargo, cuando un adulto mayor sufre una lesión
esta suele ser más grave e implicar complicaciones mayores. Por ende, en su
tratamiento se debe entender que el cuerpo del paciente no obtiene la misma respuesta
de una persona joven. El objetivo aquí es identificar los cambios asociados con el
envejecimiento y revisar como estos afectan las decisiones de parte del SEM que
atienden a pacientes con un traumatismo mayor, si bien es cierto que la natalidad y
mortalidad causada por un traumatismo importante es elevada, un porcentaje
importante de pacientes sobreviven a través del alta hospitalaria, y otro porcentaje
regresan a sus niveles de función anteriores al ser identificable la inestabilidad con una
posterior reanimación y estabilización del paciente, identificando lesiones importantes y
comorbilidades relevantes y enviarlo al hospital correspondiente, los proveedores de
atención prehospitalaria pueden influir de forma positiva en la morbilidad de los
pacientes mayores con traumatismos.
Generalidades
Caídas: son una causa común de llamadas al SEM, el número real de caídas que se
produce es muy superior al número de veces que un medico examina al paciente.
Alrededor del 30% de las personas mayores de 65 años que viven de forma
independiente se caen cada año. Aproximadamente la mitad de estos pacientes tienen
múltiples caídas, la tasa de caídas aumenta con la edad, sin embargo, debido a que
muchos pacientes mayores son reacios a reportar las caídas y muchas veces no
recuerdan haberse caído. No es tarea sencilla determinar con precisión la verdadera
prevalencia de caídas ya que es aun mayor en los pacientes que se encuentran en
instituciones, con alrededor del 50% de los residentes de hogares geriátricos que caen
por año, sin embargo, tampoco es claro si los residentes de hogares geriátricos en
realidad, se caen con mayor frecuencia o simplemente las caídas se documentan con
más frecuencia en entornos supervisados lo que representa un 40% de las caídas
fatales entre los adultos mayores, se debe esperar lesión en la cabeza en cualquier
paciente de edad con antecedentes de traumatismo cerrado (incluyendo a nivel del
suelo) y perdida de la conciencia, cambio del estado mental, historia de impacto directo
en la cabeza o el cuello, o signos de lesiones externas a las anteriormente
mencionadas. Los pacientes con edad avanzada tratados con anticoagulantes tienen
mayor riesgo de hemorragia intracraneal. Aunque la mayoría de la gente considera las
lesiones físicas asociadas con las caídas, también es importante tener en cuenta que
las caídas afectan profundamente muchos otros aspectos de la calidad de vida de un
adulto mayor. Por ejemplo, las caídas no son las únicas causas de muerte en un grupo
de edad avanzada, sino que alrededor de 50% dan lesiones menos graves (como
trauma de tejidos blandos o laceraciones) y estas requieren tratamiento.
Afortunadamente solo el 1% de las caídas producen fracturas de cadera, pero 5% de
las mismas resultan en otro tipo de fracturas. El trauma en cabeza (incluyendo la
conmoción cerebral y un hematoma subdural) también es una causa poco común pero
grave en una caída. Después de todo lo más devastador son los efectos psicológicos y
sociales de las caídas. Cerca de la mitad de las víctimas de caída reportan no poder
levantarse después de la caída. Diez por ciento permanece en el suelo por más de 24
horas, con el riesgo resultante de ulceras por presión, trombosis venosa profunda,
rabdomiólisis (descomposición de las fibras musculares), síndrome compartimental y
anormalidades de líquidos y electrolitos. La posibilidad de no ser encontrado, sin duda
contribuye al miedo de caída. aproximadamente de 40 a 73% de las personas mayores
que se han caído reportan que limitan sus actividades diarias debido a este miedo, y un
sorprendente 20 a 40% de las personas que nunca se han caído informan lo mismo.
Además, los pacientes mayores que se caen tienden a utilizar los recursos de salud con
mayor frecuencia. La caída es una razón muy común que las personas mayores tengan
que abandonar sus hogares y trasladarse a entornos con mayor vigilancia de personal
capacitado.
COLISIONES DE VEHICULOS MOTORES: En 2011 había 35 millones de conductores
de edad avanzada con licencia. Ese mismo año, 5401 personas mayores de 65 años
murieron y 185.000 resultaron heridas en accidentes de tráfico. Estos individuos
mayores abarcan 17% de todas las muertes de tráfico,16,3% de todas las muertes de
ocupantes de vehículos, y 19% de todas las muertes de peatones. La mayoría de estas
muertes se producen durante el día, de lunes a viernes, e involucran a otros vehículos.
De todos los conductores adultos involucrados en accidentes fatales en 2011, los
conductores mayores constituyeron la menor proporción de conductores en total con
una concentración en sangre (CAS) de 0,08g/dl o superior. Además, más del 75% de
todos los ocupantes de edad avanzada de los vehículos de pasajeros involucrados en
accidentes fatales estaban usando sistemas de retención en el momento del accidente,
comparado con 63% de los adultos de 18 a 64 años de edad. En los choques fatales de
dos vehículos que involucran a un conductor de edad avanzada y un conductor mas
joven, el vehículo conducido por la persona mayor tiene casi el doble de probabilidades
de ser el golpeado. Entre todos los peatones adultos fatalmente heridos, los adultos
mayores también conforman la menor proporción de peatones con una tasa de
alcoholemia de 0,08 gramos sobre decilitro, o más. En 2011 60% de las muertes de
peatones mayores ocurrió en lugares donde no había una intersección, en comparación
con 83% de las muertes en otros peatones. Los pacientes mayores tienen mayor
probabilidad de lesiones graves causadas por colisiones de vehículos de motor a
comparación de los jóvenes. Sin embargo, el patrón de lesión parece bastante
semejante, con excepción de un aumento en la incidencia de fracturas del esternón por
los cinturones de seguridad en pacientes mayores de 65 años. Los peatones de edad
avanzada heridos por automotores, también tienen alto riesgo de una lesión muy grave.
La deambulación lenta, deterioro de los reflejos, error de criterio y deterioro visual,
auditivo, y de la marcha pueden aumentar el riesgo de ser atropellado al cruzar la calle.
En un estudio se encontró un aumento significativo en la tasa de mortalidad (superior a
25%) en el caso de los peatones ancianos golpeados por un vehículo de motor en
comparación con los pacientes más jóvenes. Las lesiones mortales tienden a incluir una
lesión grave en la cabeza o daño vascular mayor, y la mayoría de las muertes ocurren
en el lugar del accidente o en el servicio de emergencias. Los pacientes mayormente
golpeados por un coche también presentaron el doble de lesiones de las extremidades
inferiores que sus contrapartes más jóvenes. La edad representa un papel muy
importante en la gravedad de la lesión a múltiples sistemas corporales, así como un
drástico aumento en lesiones esqueléticas y lesiones en el cerebro, la columna
vertebral y el tórax.
QUEMADURAS: La población de edad avanzada representa alrededor de 13% de
todos los pacientes ingresados en unidad de quemados. El área total de la superficie
corporal quemada, la tasa de mortalidad y la duración en la estancia hospitalaria son
mayores en la población de edad avanzada. Los factores que aumentan la morbilidad y
mortalidad por quemaduras en esta población incluyen cambios fisiológicos asociados
con el envejecimiento, enfermedades agudas y crónicas y aislamiento social. Al igual
que con otras formas de trauma, el tratamiento de quemaduras en el paciente de edad
avanzada se complica por la coexistencia de la enfermedad y la reserva funcional
deteriorada; sin embargo, no hay datos disponibles que sugieran que los cambios están
garantizados en los protocolos de tratamiento inicial para quemaduras, que no sea
tomar en consideración las condiciones medicas subyacentes que puedan requerir
atención adicional. Se recomienda la transferencia a una unidad de quemados, sobre
todo para los pacientes con condiciones médicas coexistentes significativas.
Definición
El traumatismo geriátrico se refiere a una lesión traumática que le ocurre a un paciente
de la tercera edad. Las tres causas predominantes de muerte traumática en los
ancianos son las caídas (que representan el 40% de la muerte traumática en este grupo
de edad) las colisiones de trafico y las quemaduras. Una disminución progresiva de la
función del sistema nervioso central conduce a una pérdida de propiocepción, equilibrio
y coordinación motora general, así como una reducción en la coordinación ojo-mano,
tiempo de reacción y una marcha inestable.2 Estos cambios degenerativos a menudo
son acompañados de osteoartritis (enfermedad articular degenerativa), lo que conduce
a una reducción en el rango de movimiento de la cabeza, el cuello y las extremidades.
Además, los ancianos frecuentemente toman múltiples medicamentos para el control de
diversas enfermedades y afecciones. Los efectos secundarios de algunos de estos
medicamentos pueden predisponer a la lesión, o pueden causar un trauma menor dar
lugar a una condición mucho más severa. Por ejemplo, una persona que toma
Warfarina (Coumadin) y/o Clopidogrel (Plavix) puede experimentar una hemorragia
intracraneal que amenaza su vida después de sufrir una lesión de cabeza cerrada
relativamente pequeña, como resultado del defecto en el mecanismo hemostático
causado por tales medicamentos. Los efectos combinados de estos cambios
predisponen en gran medida a las personas mayores a lesiones traumáticas. Tanto la
incidencia de caídas como la gravedad de las complicaciones asociadas aumentan con
el avance de la edad.
Epidemiologia
El trauma es la quinta causa principal de muerte en los pacientes mayores de 65 años,
donde esta población sostiene una parte desproporcionada de fracturas y lesiones
graves. Además, la población de edad avanzada representa alrededor de 34% de las
muertes causadas por trauma, a pesar del hecho que solo representa 14% de la
población total con traumas. Existen muchos factores que contribuyen a las lesiones en
las personas mayores pero la más común son las caídas al piso (caer desde una altura
de pie). Las complicaciones derivadas de las caídas son la causa principal de muerte
por lesiones en los hombres y mujeres mayores de 65 años de edad en estados unidos,
seguido de los accidentes de trafico y suicidios.
Anatomía
Se acepta por lo general como normal que una persona sufra un deterioro de sus
capacidades orgánicas de alrededor del 5-10% por cada década de vida después de los
30 años, lo que significa que un paciente arriba de 70 años tiene un deterioro de
aproximadamente 40% en sus funciones orgánicas y en sus características anatómicas.
Todo lo anterior condiciona que el paciente anciano sufra importante deterioro en sus
características anatomo-fisiológicas que modifican su respuesta al trauma. Por una
parte, los efectos propios del envejecimiento influyen de manera importante en la
evolución de paciente anciano traumatizado, entre los que se cuentan disminución de
agudeza visual y auditiva, reflejos disminuidos, etcétera, los que participan como
factores desencadenantes de trauma. Los principales cambios se presentan en los
sistemas respiratorio, cardiovascular, renal, nervioso y músculo esquelético, no
necesariamente en ese orden de importancia. A nivel cardiovascular, al presentarse
cambios escleróticos arteriales generalizados, se produce un aumento en la resistencia
vascular periférica de 1% anual y, al disminuir la fuerza en la fibra muscular cardiaca, se
produce una disminución en el índice cardiaco de aproximadamente un 1% anual.7,11
Se produce una disminución en la capacidad para aumentar la frecuencia cardiaca, en
la respuesta a las catecolaminas y en la capacidad de vasoconstricción. La falta de
reserva cardiovascular limita la capacidad cardiaca para adaptarse a los cambios de
volumen. Finalmente, la frecuencia de hipertensión aumenta en razón de la edad.
Desde el punto de vista respiratorio en la edad avanzada se inician varios cambios en la
función respiratoria, hay una importante pérdida en la cantidad de cilios en el árbol
respiratorio que reduce la efectividad del reflejo de la tos y que, como consecuencia,
aumentan la probabilidad de retención de secreciones. Conjuntamente se presenta una
disminución en la elasticidad de la pared torácica, que da como resultado una mayor
dependencia a la respiración diafragmática. Por otra parte, los pacientes por arriba de
los 65 años tienen menor superficie alveolar, lo que condiciona que su capacidad
ventilatoria puede abatirse hasta en un 50%, llevando como consecuencia a una
pérdida importante de su reserva pulmonar. El aparato urinario también presenta
cambios significativos. Los cambios vasculares determinan una disminución en el
porcentaje de flujo sanguíneo renal.
El número total de nefronas disminuye con la edad y la masa renal disminuye un 20%
alrededor de los 70 años, lo que condiciona una correspondiente caída en la tasa de
filtración glomerular; la depuración de creatinina sufre una disminución de casi 15% por
dé cada de vida (8 ml/min) y la capacidad de absorción a nivel de túbulo distal se
encuentra afectada, aspecto muy importante porque la creatinina sérica puede
encontrarse disminuida como resultado de masa renal disminuida dando la falsa
apreciación de una buena función renal. A nivel cerebral se presenta una disminución
en el flujo cerebral y en la cantidad y capacidad de los neurotransmisores que
condiciona pérdida en la velocidad de impulsos. Por esos años se presenta una
disminución en el peso del cerebro de aproximadamente un 10% por contracción
cerebral, lo que aumenta los espacios intracraneanos aumentando la probabilidad de
hematomas. La función endocrina se ve afectada por la edad; hay una disminución en
la producción de hormonas tiroideas y la respuesta tisular a las mismas también está
disminuida, simulando un hipotiroidismo clínico Finalmente se presenta una retracción
muscular generalizada que condiciona pérdida de la masa muscular, se presentan
cambios osteoporóticos generalizados, adelgazamiento de discos intervertebrales,
acortamiento de los cuerpos vertebrales y se desarrolla frecuentemente xifosis.12 Todo
lo anterior hace a estos
pacientes más proclives a fracturas costales y modifica la respuesta al trauma al existir
menor masa muscular para absorber la energía producida por el evento traumático.
Fisiología
Casi todas las partes del cuerpo presentan algún tipo de cambio durante el proceso
durante el proceso de envejecimiento, específicamente los cambios en los sistemas
pulmonar, cardiovascular, neurológico, y musculoesquelético afectan significativamente
la susceptibilidad de una persona mayor a las lesiones y la respuesta al trauma. Los
cambios en el sistema pulmonar, como la distribución de la función pulmonar debido a
la perdida de elasticidad del pulmón y la pared torácica, por lo común contribuyen a la
causa de muerte en las victimas de trauma de edad avanzada. Estos cambios
contribuyen a más costillas rotas y mayor riesgo de atelectasia (colapso pulmonar
parcial) y neumonía, y deben ser considerados en el manejo de la ventilación. Cambios
en el corazón y los vasos sanguíneos predisponen a victimas de edad avanzada con
traumas a una disminución de la capacidad para mantener la circulación adecuada.
Estos pacientes son menos capaces de aumentar el gasto cardiaco, la frecuencia
cardiaca y la tensión arterial en respuesta a la perdida de sangre o aumento de la
demanda periférica de oxígeno, y, tampoco se adaptan, a los aumentos en el volumen
en el sistema circulatorio. Debido a lo anterior, el colapso cardiovascular es a menudo
la causa de la muerte en los pacientes de edad avanzada con lesiones agudas. Esto es
en particular importante y se debe tomar en consideración en un paciente mayor con
quemaduras, porque estas se pueden asociar con marcados cambios en los fluidos.
Como resultado de los cambios normales y patológicos asociados al envejecimiento, los
indicadores habituales de estado del volumen, como la frecuencia cardiaca y la tensión
arterial, pueden ser poco confiables en esta población. Un paciente con trauma mayor
con antecedentes de hipertensión arterial que se presenta con una tensión arterial
normal debe ser considerado inestable hasta que se demuestre lo contrario. Se debe
considerar un riesgo de un evento cardiaco concomitante, y un electrocardiograma
(ECG) de 12 derivaciones es obligatorio en estos pacientes. Los cambios en el cerebro
y las estructuras circuncidantes contribuyen a lesiones en la cabeza que solo supera un
shock profundo como la causa principal de muerte traumática en pacientes mayores.
Conforme una persona envejece, el cerebro se encoge, lo que resulta en un mayor
riesgo de desarrollar un hematoma subdural (sangrado venoso entre la duramadre y el
cerebro). Los pacientes mayores a menudo no muestran signos inmediatos o síntomas
de una lesión en la cabeza porque no hay mas espacio para que se acumule la sangre.
Por consiguiente, el examen del sistema neurológico en un paciente de edad avanzada
con trauma se debe repetir con frecuencia. En el sistema musculoesquelético se
producen numerosos cambios relacionados con la edad que afectan a los traumas y
lesiones. Lo mas notable son la pérdida de masa ósea y muscular, aunque otros
cambios comunes incluyen:
Cifosis: una condición en la que se encorva la espalda
Artritis: lo que reduce la flexibilidad de las articulaciones, disminuye la amplitud
de movimiento, causa dolor y puede alterar la mecánica de las extremidades
de una manera que aumenta el riesgo de fractura
Disminución de la fuerza, que resulta de los cambios en la composición de las
fibras musculares
Todos estos cambios contribuyen a una mayor propensión a los traumas y lesiones.
Las personas mayores tienden a ser cada vez menos activas por un numero de
razones, incluyendo una lesión previa, medicamentos, enfermedades y una
disminución del nivel de energía. En respuesta a ser menos activos, se pueden
agravar las condiciones como la artritis y la debilidad muscular, que conduce a una
mayor reducción en la actividad. Con el envejecimiento, el tamaño, numero y función
de las células musculares en el cuerpo disminuye, resultando en una pérdida
progresiva de la fuerza a una velocidad de aproximadamente 10% por década
después de los 40 años. La mayor perdida de masa muscular se produce en las fibras
musculares de contracción rápida resistentes a la fatiga, como las que se encuentran
en la pantorrilla, que se utilizan para la estabilidad postural. Además, las fibras
musculares se contraen con menos fuerza en los pacientes mayores. El resultado de
estos cambios es que las personas mayores tienen una perdida de fuerza y poder. El
ejercicio y el entrenamiento de fuerza son necesarios para restaurar y mantener la
fuerza del paciente en edad avanzada.
Fisiopatología
Trastornos musculoesqueléticos
Osteoporosis: Clínicamente, la osteoporosis es una condición que afecta a hombres y
mujeres, y se caracteriza por una disminución de la masa ósea, lo que lleva a una
reducción de la masa ósea, lo que lleva a reducción en la resistencia ósea y mayor
susceptibilidad a fracturas. Se estima que 52 millones de personas en estados unidos
tienen osteoporosis. Es un problema de salud publico importante, lo que lleva a 2
millones de fracturas al año y que se genere un gasto de cerca de 19 mil millones de
dólares al año en atención médica. El hueso humano es un tejido vivo que
constantemente se remodela. Las células conocidas como osteoclastos absorben el
hueso, mientras que los osteoblastos depositan el hueso recién formado en las zonas
donde más se necesita. La mayor masa ósea se alcanza alrededor de los 35 años,
después de lo cual se desarrolla un desequilibrio entre la actividad de estos dos tipos
de células, lleva a una perdida de la masa ósea. Muchos factores, como la genética,
el tabaquismo, el nivel de actividad, la dieta, el consumo de alcohol, los factores
hormonales, y el peso corporal, influyen en el grado de perdida ósea que experimenta
un individuo. La pérdida más rápida del hueso se produce en las mujeres durante los
años posteriores a la menopausia debido a la disminución de la producción hormonal.
Las mujeres delgadas de piel clara tienen mayor riesgo de desarrollar osteoporosis.
Se cree que fumar provoca reducción de la masa ósea, ya que puede afectar los
niveles de las hormonas responsables del mantenimiento de la masa ósea. Una dieta
baja en calcio y vitamina d, o problemas gastrointestinales que conducen a
malabsorción de nutrientes, son factores adicionales que contribuyen a la
osteoporosis. Por último, muchos medicamentos pueden contribuir a la osteoporosis.
Las personas con mayor peso corporal y las que son físicamente activas son
propensas a tener menor perdida ósea debido a que el estimulo mecánico ayuda al
cuerpo a depositar hueso nuevo. Las fracturas más comunes asociadas con la
osteoporosis son las de columna vertebral, la cadera y la muñeca. Las fracturas de la
columna vertebral son más frecuentes en mujeres que en hombres, y suelen ser
fracturas por compresión (o colapso). Casi 50% de estas fracturas son asintomáticas;
las demás resultan en dolor significativo, discapacidad, y deformaciones físicas que
afectan la respiración, la digestión, y la imagen corporal. Las fracturas de cadera con
frecuencia son lesiones marcadamente debilitantes que resultan en una disminución
permanente de la función ,posible perdida de la independencia y, de 20 a 30% de los
individuos, la mortalidad en el primer año después de la fractura, las fracturas de
muñeca, que se producen con frecuencia como resultado de tratar de protegerse de
una caída, en general, solo conducen a la discapacidad a corto plazo, pero sirven
como una oportunidad para identificar y tratar la osteoporosis antes de que ocurran
las fracturas más graves.
Osteoartritis
La osteoartritis es un proceso de la enfermedad progresiva de las articulaciones que
se traduce en la destrucción del cartílago, la formación de espolones óseos en las
articulaciones y rigidez en las mismas. Se cree que este tipo de artritis es el resultado
de “desgaste” y, en algunos casos, el trauma repetitivo en las articulaciones, aunque
hay factores hereditarios que influyen en el desarrollo de esta condición. La
enfermedad afecta a aproximadamente a entre 35 y 45% de la población mayor de 65
años, y su prevalencia es igual entre hombres y mujeres. Por lo general, la
osteoartritis afecta a varias articulaciones del cuerpo, más comúnmente las de las
manos, rodillas, caderas, y columna vertebral. Los pacientes se quejan de dolor y
rigidez que empeora con el esfuerzo y tiende a ser peor al final del día. En ultima
instancia, pueden ocurrir desuso sustancial y desfiguración. Por lo general, los
pacientes son tratados con medicamentos antinflamatorios y terapia física para
mejorar el rango de movimiento.
Artritis reumatoide
A diferencia de la osteoartritis, la artritis reumatoide es una enfermedad inflamatoria
sistémica que afecta a las articulaciones del cuerpo. Alrededor del 1% de la población
se ve afectada por esta condición, y las mujeres son tres veces más propensas a ella.
Hasta la fecha, no se ha determinado una causa especifica para la artritis reumatoide;
sin embargo, algunos consideran que sea una enfermedad autoinmune. Los pacientes
afectados con artritis reumatoide tienen una variedad de síntomas, los más comunes
son la inflamación en y alrededor de las articulaciones de las manos, muñecas,
tobillos y pies, y con menos frecuencia en las rodillas y la columna vertebral. Como
resultado de la inflamación, las articulaciones se vuelven más rígidas. Además, los
tejidos de soporte de la articulación inflamada pueden volverse inestables, lo que
conduce a la dislocación o subluxación (hundimiento del hueso fuera de posición). Por
esta razón, siempre se debe prestar especial atención a la columna vertebral en una
victima de edad avanzada de trauma con artritis reumatoide.
Lesiones cervicales y espinales
La mayoría de las personas piensa que las lesiones en la columna vertebral y la
medula ósea se producen de forma aislada y en adolescentes o adultos jóvenes. Sin
embargo, los estudios epidemiológicos de los pacientes con lesión de la medula ósea
demuestran una distribución bimodal, con el primer pico que ocurre en adolescentes y
adultos jóvenes y el segundo en los mayores de 65 años. Las caídas son la causa
principal de lesiones en la columna vertebral y la medula ósea en las personas
mayores, seguido de los accidentes de tránsito. El mecanismo de la lesión a menudo
implica una velocidad mucho menor que en los pacientes más jóvenes.
Trauma de torso
El trauma de torso representa la segunda causa de mortalidad en personas mayores
después de una lesión cerebral. Este sector de la población está en riesgo por las
mismas lesiones torácicas que las personas más jóvenes, incluyendo neumotórax y
hemotórax, no requiere consideraciones especificas asociadas con la edad; contario a
otras lesiones, incluyendo fracturas de costillas, tórax inestable y lesión torácica
cerrada.
Fracturas de cadera
Las fracturas de cadera son la segunda causa principal de hospitalización de las
personas mayores, con aproximadamente 350,000 casos al año en estados unidos.
Estas lesiones ocurren sobre todo en mujeres mayores, con osteopenia u
osteoporosis, y suelen ser consecuencia de un traumatismo menor o una caída, la
bibliografía más antigua sugiere que la cadera en realidad se fractura como resultado
de una osteoporosis subyacente antes de la caída del paciente; sin embargo, la
evidencia mas reciente sugiere que las caídas mecánicas son responsables de la
mayoría de las lesiones y que los esfuerzos por mejorar el medio ambiente para
prevenir el riesgo de tropiezos son eficaces en la prevención de fracturas de cadera.
Lesiones de extremidades inferiores
Las fracturas de fémur distal son más comunes en pacientes de mayor edad debido a
que la artritis en la articulación de rodilla con la rigidez asociada, mientras que el
aumento de la movilidad en los pacientes más jóvenes puede resultar en tensiones
que se concentran más arriba en la diáfisis del fémur. Sin embargo, debido a la
osteoporosis, los movimientos de torsión de baja energía (como la de una caída de
baja energía debido a la falta de dar un paso) también pueden dar lugar a fracturas de
la diáfisis femoral en pacientes de edad avanzada. Las fracturas proximales de la tibia
pueden ocurrir de un impacto directo en el hueso, o por un movimiento de balanceo
medial o lateral. Se puede presentar una fractura en el eje a través de una fuerza
directa como de un vehículo motor que golpea la pierna, o por una fuerza de torsión
que conduce a una fractura por estrés.
Lesiones de extremidades superiores
Las lesiones en extremidades superiores normalmente representan un bajo riesgo de
muerte, pero la perdida de la función de la extremidad puede reducir en gran medida,
la independencia de la persona mayor y conducir a una reducción permanente de una
función, incluso después de la curación. El uso eficaz de las extremidades superiores
depende de un sitio intacto en el hombro, codo, y muñeca, que a menudo se lastiman
los pacientes de edad avanzada.
Lesiones relacionadas con reemplazo de articulación prostetica
Los reemplazos de articulación prostética por lo común se utilizan en la cadera, la
rodilla, y el hombro. La razón principal para el uso de articulaciones prostéticas es el
tratamiento de la artritis subyacente. Los dispositivos se implantan para reemplazar
articulaciones, sin embargo, dependen del hueso remanente para el apoyo y la
estabilización. Las fracturas que se producen en las proximidades de dispositivos
implantados pueden comprometer la estabilidad de la prótesis, las causas comunes,
de este tipo de fracturas son las caídas, accidentes de tránsito, menor resistencia
ósea debido a la osteoporosis, estrés asociado con una prótesis mal ajustada o
aflojamiento de la prótesis por una infección.
MANEJO PREHOSPITALARIO
El manejo adecuado del paciente mayor con trauma empieza con un triage. Los
estudios revelan que los pacientes mayores con traumatismos a menudo no reciben el
tratamiento adecuado y son trasladados a centros que no cuentan con los recursos
esenciales necesarios para el cuidado definitivo porque no se valoraron sus
comorbilidades subyacentes y reservas fisiológicas disminuidas. En un estudio se
demostró que los pacientes mayores de 80 años que fueron trasladados a hospital de
cuidados agudos, tuvieron una tasa de mortalidad superior a 50%, frente a 8% si
fueron transferidos a un centro de trauma. Otros estudios concluyeron que, a mayor
edad del paciente, mayor es la tasa de una atención inadecuada. El umbral para la
clasificación a un centro de trauma debe ser menor para los pacientes de edad
avanzada, porque tienen menos reserva fisiológica y más condiciones médicas
preexistentes. Si todos los demás factores son iguales, el paciente de edad avanzada
no es indicativo en si de una mala evolución después de un trauma y por lo tanto no
deben utilizarse como único criterio para negar o limitar la atención en el paciente
mayor con trauma. Un principio rector en el manejo de ´pacientes mayores con
traumatismos es que un mecanismo menor es igual a un trauma con más significado.
Inmovilización de un paciente mayor con trauma
Existen varias circunstancias en las que se justifica la inmovilización de un paciente
mayor con trauma, el manejo de una lesión cervical/ medular, estabilización de la
fractura de cadera y facilitar la extricación y movimiento. Los pacientes mayores
presentan varios desafíos únicos a los proveedores del SEM con respecto al manejo
de lesiones de la medula, por ejemplo, para inmovilizar a pacientes cifóticos tal vez se
requieran mantas y almohadas para apoyar la cabeza y la espalda superior. Para
proporcionar el acolchado adicional y prevenir ulceras por presión, coloque una manta
en la tabla antes de colocar al paciente en la camilla, también debe acolchar espacios
huecos, no intente forzar al paciente cifótico para recostarlo sobre la camilla, ya que
esto le causará un dolor considerable, y podría fracturar o desplazar vertebras ya
frágiles. Además, talvez no sea posible colocar un collarín cervical estándar en
algunos pacientes de edad avanzada porque no se puede mover la cabeza del
paciente a una posición de línea media. De ser ese el caso, simplemente envuelva la
cabeza del paciente en una manta. Antes de fijar la cabeza del paciente a la tabla,
coloque un pedazo de cinta sobre la frente, para proteger la piel de la cinta. Las
fracturas de cadera deben ser tratadas con un entablillado de la extremidad lesionada
con una manta enrollada o una férula larga. Las fracturas de cadera no requieren
necesariamente el uso de férulas de tracción. El objetivo de la menta enrollada es
mantener la pierna en una posición estática de manera que no se produzca una lesión
mayor y controlar el dolor. La manta enrollada debe colocarse entre las piernas del
paciente y la extremidad lesionada sujeta en la posición en la que se encontró
mediante el uso de mantas y almohadas. Se debe utilizar una tabla larga o camilla de
cuchara, de manera que queden fijos en su posición el paciente y el entablillado. Se
debe vigilar continuamente el estado neurovascular distal de estos pacientes. Así
como los signos y síntomas de shock.
Prevención de caídas y lesiones en personas mayores
Los proveedores del SEM están en una posición estratégica para ser proactivos en la
prevención de caídas y lesiones en la población de edad avanzada. Se ha
demostrado en las investigaciones que un numero de factores contribuyen al riesgo
de caídas de una persona. La edad es uno de los principales factores de riesgo de las
caídas. Los ancianos son quienes corren mayor riesgo de sufrir lesiones graves por
caídas, y el riesgo aumenta con la edad.
Las razones por las que los ancianos sufren mayores riegos de caídas se deben, La
edad es uno de los principales factores de riesgo de las caídas. Los ancianos son
quienes corren mayor riesgo de sufrir lesiones graves por caídas, y el riesgo aumenta
con la edad.
Las razones por las que los ancianos sufren mayores riegos de caídas se deben, en
parte, a los trastornos físicos, sensoriales y cognitivos relacionados con el
envejecimiento, así como a la falta de adaptación del entorno a las necesidades de
las personas de edad avanzada.
La prevención de caídas en adultos mayores busca reducir los factores de riegos y
fomentar medidas eficaces para reducir el número de personas que las sufren,
disminuir su frecuencia y reducir la gravedad de las lesiones que producen.
Roles y responsabilidades del cuidador
Según la OMS, el cuidador primario es la persona del entorno del enfermo que asume
voluntariamente el papel de responsable en un sentido amplio y está dispuesto a
tomar decisiones por el paciente y para el paciente, y a cubrir sus necesidades
básicas de manera directa e indirecta. en parte, a los trastornos físicos, sensoriales y
cognitivos relacionados con el envejecimiento, así como a la falta de adaptación del
entorno a las necesidades de las personas de edad avanzada.
Tareas del cuidador relacionado a la prevención de caídas:
1. Estar informado sobre el riesgo de caídas en adultos mayores y las acciones de
prevención:
Tener en cuenta que se necesitan barandas en la cama de la persona con riesgo
Deambulación indicada por médico tratante y supervisada por el profesional que
corresponda.
Timbre de enfermería o campana accesible al paciente.
Calzado adecuado para la deambulación.
Luz nocturna encendida.
Acompañamiento permanente en el caso que sea necesario.
Evaluación inicial
Todas las alteraciones mencionadas anteriormente
modifican la respuesta del paciente anciano ante una
agresión traumática y obligadamente hacen que debamos tener en cuenta ciertas
características para evaluar el trauma en un paciente anciano de acuerdo a la
topografía.
El trauma abdominal tiene en general una tasa cuatro veces mayor de mortalidad en
pacientes de edad avanzada comparada con pacientes jóvenes, hecho atribuido a
que los hallazgos clínicos son menos aparentes, debido a que el paciente anciano por
lo general tiene una menor sensibilidad al dolor, puede existir enmascaramiento del
cuadro abdominal por disminución en la respuesta sistémica y/o enfermedades
asociadas y finalmente a que el riesgo quirúrgico es mayor por la comorbilidad
asociada. Por lo anterior, el cirujano debe tener un alto índice de sospecha cuando
evalúa a un paciente anciano traumatizado. En general, cualquier trauma torácico
debe considerarse de alta letalidad en un paciente anciano independientemente del
mecanismo productor del trauma, de igual manera es necesario considerar que es
mayor la posibilidad de presentar lesiones cardiacas o de grandes vasos en pacientes
ancianos que en jóvenes. Dentro de la evaluación clínica debe tomarse en cuenta que
más del 60% de los pacientes ancianos traumatizados que ingresan inconscientes a
un servicio de urgencias no sobreviven a pesar de una resucitación adecuada. Al
evaluar a un paciente anciano traumatizado se debe considerar que dicha evaluación
puede ser difícil por las condiciones agregadas de enfermedades crónicas (presentes
en alrededor del 30% de los casos) y a que su respuesta al trauma está modificada
por todos los cambios mencionados; además de lo anterior, frecuentemente el
paciente anciano modifica su respuesta por pérdida de autonomía o por temores a
hospitalizarse.
Todo lo anterior puede llevar a una subestimación del problema, por lo que es
imperativo brindarle toda la paciencia y ser un excelente escucha para el paciente.
Se debe realizar una historia clínica lo más completa posible, aprovechando toda la
información que nos pueda brindar el paciente y, en su caso, sus familiares, los
paramédicos, testigos, etcétera.
Consideraciones de manejo
En el paciente anciano traumatizado es imprescindible establecer de inmediato una
terapia ventilatoria adecuada y manejar sus necesidades de volumen tomando todas
las precauciones posibles para no sobrecargarlo, individualizando el tipo de
soluciones a administrar, por lo que se recomienda un ingreso temprano a unidades
de terapia intensiva si el caso lo requiere. En este grupo de edad no se tienen muy
claros los criterios para establecer un monitoreo hemodinámico estrecho en unidades
de terapia intensiva, situación muy grave ya que se conoce que el estado de choque
postraumático es más grave en un paciente anciano que en uno joven en situaciones
similares. Existen algunos criterios que se han sugerido útiles para determinar el
establecimiento de una monitorización masiva para pacientes ancianos traumatizados
que incluyen los siguientes: accidente automovilístico, TA inicial menor de 150
mm/Hg, fracturas múltiples, presencia de acidosis y traumatismo craneoencefálico.
Bajo estas condiciones, se sugiere instalar monitoreo con línea arterial y cateterizar la
arteria pulmonar, infundir volumen e iniciar administración de agentes inotrópicos. En
el paciente mayor puede existir un significativo compromiso hemodinámico a pesar de
mantener sus parámetros clínicos estables (FC, TA, diuresis, etcétera). El paciente
anciano es menos tolerante a la sobrecarga de líquidos, inicialmente se recomiendan
soluciones cristaloides en bolos discretos valorando la respuesta. Si después de
máximo 2 litros de soluciones cristaloides no se obtiene una adecuada respuesta
debe valorarse el administrar derivados de sangre. Los pacientes ancianos pueden no
responder a la hipovolemia con taquicardia o con aumento en el gasto cardiaco; ellos
responden aumentando la resistencia vascular sistémica compensatoria, lo que puede
condicionar una falsa percepción de normalidad en la TA a pesar de importante
pérdida en volumen, por lo que presiones sistólicas menores de 90 mm/Hg pueden
representar severo daño tisular en el paciente anciano hipertenso. Algo semejante
sucede con el pulso, frecuentemente usado como parámetro para evaluar
hipovolemia; en los ancianos, frecuentemente bajo tratamientos con medicamentos
cardiacos, esto puede no ocurrir, lo mismo que en aquellos pacientes portadores de
marcapasos que pueden ser incapaces de responder a la pérdida sanguínea con
aumento en la frecuencia cardiaca. Es importante recordar que el paciente anciano
requiere manejar cifras de TA media mayores para perfundir órganos vitales; el
paciente anciano tolera pobremente la hipovolemia y la hipotensión (considerar
hipovolemia si la TA sistólica es menor de 120) y tener siempre en cuenta que la
taquicardia es un pobre indicador del estado de choque en pacientes ancianos. En
general, es recomendable mantener un índice cardiaco (gasto cardiaco entre la
superficie corporal) por debajo de 4 l/min/m2 un nivel de hemoglobina mayor de 9-12
y un hematocrito por arriba de 30-35, así como una saturación de O2 mayor de 90%.
La combinación de líquidos, sangre, dobutamina para mejorar el gasto cardiaco y
vasopresores para mantener la presión sanguínea tienen importante papel para
mejorar la mortalidad. El agresivo manejo hemodinámico puede prevenir
complicaciones serias, tales como infarto al miocardio, accidentes cerebrovasculares
y falla orgánica múltiple, que son consecuencias de hipoxia no detectada. Como la
reserva pulmonar fisiológica disminuye con la edad, los pacientes ancianos son
menos tolerantes a la hipoxemia; aumentando la fracción de oxígeno inspirado se
puede condicionar aumento en la PCO2 principalmente si existe enfermedad
pulmonar obstructiva crónica, ya que el oxígeno suplementario altera la relación
ventilación-perfusión en los pulmones. Dentro de las prioridades de manejo se incluye
el control del dolor, por vía oral si es posible y, si no es así, llegar incluso a bloqueos
locales o analgesia epidural para prevenir todas las consecuencias ventilatorias
secundarias al dolor por fracturas costales, por ejemplo. No es recomendable la
aplicación de dispositivos restrictivos para inmovilizar fracturas del tipo de vendajes,
cinturones u otros dispositivos restrictivos, ya que aumentan el riesgo de atelectasias
y/o neumonías.
CONCLUSIONES
Conclusiones
Los pacientes mayores de 65 años están creciendo en número en forma alarmante y
no hay duda que en unos cuantos años van a constituir un grupo relevante en la
distribución etérea de pacientes. La frecuencia de trauma es significativamente mayor
en este grupo de pacientes comparada con grupos de menor edad y no hay duda que
en un futuro habrá un número sin precedente de pacientes ancianos en riesgo de
sufrir cualquier tipo de traumatismo. Hay suficiente evidencia que las condiciones de
comorbilidad afectan la evolución de un paciente anciano traumatizado, pero las
respuestas no son concluyentes. Se sabe que principalmente el estado de choque, la
insuficiencia respiratoria, afectan la evolución de estos pacientes. Todavía se requiere
mucho trabajo de investigación para responder todas las inquietudes que surgen en
estos pacientes. Lo importante es conocer el estado anatomo-fisiológico de estos
pacientes para poder enfocar su manejo para tratar de compensar estos cambios e
instalar el adecuado tratamiento de cada una de sus lesiones
BIBLIOGRAFIA
. https://www.medigraphic.com/pdfs/cirgen/cg-2007/cg072i.pdf
hospitalprivado.com.ar/programa-de-prevencion/-como-prevenir-las-caidas-en-a
ISBN 9781284103113
Autor American Geriatrics Society; National Association of Emergency Medical
Technicians (NAEMT); Snyder David R.
Año 2015
Edición 2
Páginas 302
Editorial Jones & Bartlett Learning
Alto (cm) 28
Ancho (cm) 22
Peso (gramos) 1000