Inar,
Shirly Yurley
Sarmiento Ramírez
Discapacidad
Al iniciarse el proceso de una educación inclusiva las escuelas rurales asumen el
reto de reconocer la discapacidad y permitir que los sujetos sean parte del
contexto educativo; sin embargo, a lo largo de la historia y actualmente aún se
evidencia que en la ruralidad las personas con discapacidad son marginadas, se
tienen imaginarios sociales y culturales en los que se considera que la persona con
discapacidad no son funcionales, por lo cual son excluidos sin prestar una atención
o permitir un proceso de aprendizaje. Tras la llegada de las políticas públicas
donde se reconoce a las personas con discapacidad como sujetos de derechos se
inicia un camino de sensibilización y espacios de participación, dando entrada a la
inclusión en el contexto educativo; sin embargo, en la ruralidad hay un gran
desconocimiento y falencias, no hay conocimiento de la educación especial, incluso
en los colegios o escuelas rurales no hay información de las estrategias y la ruta de
atención.
“Las políticas aplicadas en Colombia permiten que niños y jóvenes con discapacidad
ingresen al sistema educativo oficial sin restricción, sin embargo, su permanencia y
promoción se afectan notablemente al no contar ni con apoyo especializado ni con
la flexibilización curricular necesaria” (Yazzo & Rodríguez, 2014). No obstante, en
la inclusión educativa en las zonas rurales se evidencian demasiadas barreras,
inicialmente, vemos que las políticas públicas no se cumplen, teniendo poca
inversión económica para que se lleve a cabo la inclusión de manera adecuada; esta
población no solo se enfrenta a barreras físicas, también de participación, de
acceso a la información, de comunicación, evidentes barreras de aprendizaje, entre
otras; que en su mayoría son consecuencia de la poca o nada formación que tienen
los docentes en la atención a las personas con discapacidad, igualmente barreras
actitudinales por parte de estos mismos docentes, que al tener el desconocimiento
tienen actitudes de rechazo y negación a la inclusión.
Es ahí cuando interviene el rol del educador especial, pero, en estas zonas rurales
no hay educadores especiales, no se considera importante su presencia y
participación, por lo que el estado no abre plazas para este campo o contrata a los
profesiones para estos lugares; en las pocas instituciones rurales en las que se
lleva un proceso de inclusión se contrata psicólogos, profesionales del área de la
salud y psicopedagogos, que son los encargados de la construcción del PIAR, de
generar las estrategias y ajustes razonables; pero, somos los educadores
especiales los que nos preparamos para este aspecto, nos dedicamos a estudiar
didáctica y cada una de las diferentes discapacidades, sin embargo no somos
reconocidos; de tal manera, esta entre el rol del educador especial y gran reto, el
hacer valorar nuestra profesión, darnos aquel lugar, trabajar con esa relación de
sujeto, escuela, familia y comunidad, permitir el dialogo con el docente de manera
que se dé el espacio para cuestionar y crear las estrategias de manera colectiva. El
educador especial al llegar a estas escuelas es fundamental que durante el trabajo
con el docente se vaya transformando la perspectiva desde hacer ver a la
diversidad como una oportunidad, como enriquecimiento de saberes, donde se
comprenda que “el lugar del maestro en los procesos de inclusión en la ruralidad es
el de ser intercesor entre la escuela y la comunidad teniendo en cuenta el contexto
y el sujeto político que participa en este proceso (Azzo y Rodríguez. 2014).
Indígenas
A pesar de la fuerte historia de nuestro país aún encontramos resguardos
indígenas, ancestros y origen de la historia; este población tienen una gran
variedad de costumbres muy propias, lo que los construye y da muestra de su
identidad, aquello a lo que le dan tanto valor como su forma de vida y de
construcción, de manera que hay un temor por la colonización, que aquellas
personas externas lleguen a imponer aspectos o acciones que violenten con sus
creencias y estilo de vida, una colonización de sus saberes y organización, un temor
que es consecuencia de la violencia directa y simbólica que han vivido a lo largo de
la historia. Actualmente es evidente que aún prevalecen estas acciones, el
conflicto y el capitalismo han afectado a los grupos indígenas, invadiendo su
territorio y provocando desplazamiento, tras la búsqueda de poder y proyectos que
dejen grandes ingresos económicos, siendo el territorio de los resguardos
indígenas un espacio rico de recursos naturales que son objetivo de industrias y
proyectos ambiciosos, provocando conflicto armado y vulneración de los derechos
de la población indígena.
Dentro de las creencias de la comunidad indígena se le da un fuerte significado al
saber y la educación, siendo un factor primordial, en el que se construye el sujeto;
esta acción se lleva a cabo de manera propia, desde sus saberes, el conocimiento
valioso de los ancestros, la sabiduría como muestra de poder y la forma de
educación como algo propio de la vida que requiere de dedicación y amor; estos
procesos de formación se dan mucho desde sus conocimientos adquiridos en el
hacer y la experiencia. La educación es un proceso de construcción constante, la
escuela como espacio de formación de un sujeto político que requiere de una
mirada de otredad; de manera que el docente no puede llegar con la miradas
educativas coloniales, basando la enseñanza en proyectos y lineamientos estatales
que son creados a partir de perspectivas que generalizan a los individuos, como lo
menciona Graciela Bolaños, “este tipo de educación exige crear nuevos tipos de
maestros, formados sin los prejuicios de las escuelas normales, líderes surgidos
dela misma comunidad”, maestros con conocimientos en la etnoeducación, que tenga
una mayor lectura del sujeto y contexto, que educa desde la flexibilidad de
desaprender y aprender para una construcción colectiva entre el docente, los
estudiantes y la comunidad.
Es evidente que el sistema educativo presenta grandes vacíos frente al
reconocimiento del proceso educativo como algo propio del contexto, aquellas
demandas y necesidades que se tiene en el entorno; teniendo en cuenta que al
reprimir la lengua indígena en las aulas, ese tipo de enseñanza tradicionalista de los
maestros y el desconocimiento de la cultura lleva a una violencia simbólica en el que
se está afectando a la identidad, se ve una batalla por querer la homogenización de
pensamientos y prácticas de vida. El educador especial en su quehacer se
encuentra constantemente reconociendo cada aspecto y componente del sujeto y
su contexto, se ve a la educación como un proceso que requiere de caracterización
individual, pero de un trabajo colectivo aprendiendo en la diversidad; de tal forma,
es desde este campo donde se debe leer la cultura y manera de llevar a cabo la
enseñanza, un educador activo que cuestione, investigue a la comunidad desde la
historia y comportamientos, que sensibilice y su didáctica este construida
basándose en las experiencias y el respeto de los saberes e identidades, “Lo
importante es que sea un movimiento político, y no un movimiento exclusivamente
pedagógico” (Bolaños, G. 2007).
Afrocolombianos
Esta población ha vivido una gran cantidad de violencias sociales, claramente no son
únicamente simbólicas, han sufrido prácticas de esclavitud, discriminación y
abandono político; esta es una comunidad que se ha construido con esfuerzo,
dándose lugar dentro de la sociedad, sin dejar de una lado su identidad, aquellos
aspectos que los caracteriza, reconociendo que son sujetos muy ligados a sus
origines, que cuentan con música, bailes, vestuario, celebraciones, acciones y demás
factores por los que dan cuenta de su ser y hacer. Actualmente la población de
afrocolombianidad se ha expandido por el territorio colombiano, es verdad que aún
existen palenques o comunidades afro, pero por las diferentes variables sociales
se han desplazado a la ciudad, al campo, zonas de conflicto armado y demás; de
manera que tienen gran diversidad de labores que no entrarían únicamente en la
siembra.
Así como las demás poblaciones, los afrocolombianos viven un olvido y
desconocimiento por parte del estado, en el que muchas veces las entidades
públicas desconocen las necesidad de estas comunidades y tapan con algunas
acciones que no son las adecuadas; aspecto que también se vive en la educación,
donde las instalaciones cada vez se encuentran más deterioradas, no hay una
solución apropiada a la deserción escolar y estos lineamientos nacionales por los
que se rige la educación son cuenta de esa nula lectura del contexto y sus
demandas particulares; igualmente, teniendo en cuenta de la violencia y los lugares
geográficos en los que se encuentran, es de gran dificultad que los docentes logran
llevar a cabo su proceso de enseñanza, desde el factor del desplazamiento, el
tiempo en el que no se logra intervenir por causa de enfrentamientos, incluso la
barrera de acceso a la información de muchas veces se ve en estas zonas.
La educación se debe replantear, las políticas publicas deben dar cuenta del
reconocimiento de los saberes que tiene el contexto afrocolombiano, su cultura, su
estilo de vida y las violencias que los rodea; así mismo, generar un espacio de
construcción colectiva, de enseñanza junto a la comunidad, que se vea realmente la
etnoeducación, educadores capacitados y flexibles a aprender de la comunidad, de
salir del aula, de dar el espacio de aprender de esta diversidad cultural. El
educador especial aporta esta didáctica, una estrategia de enseñanza que reúna la
riqueza cultural, que los sujetos no aprendan únicamente contenidos, si no que al
contrario se una formación de educación popular, donde se vea el empoderamiento
y generaciones que cada día den cuenta de su sentido de pertenencia y lleven su
lucha y identidad a una oportunidad para alterar y exigir sus derechos y darle
mayor reconocimiento a su población; teniendo en cuenta que habitan un territorio
donde muchas veces son vistos únicamente como “los negros”, sin llevar la mirada a
que son una colectividad, una comunidad que tiene una riqueza social y cultural. Es
ahí, donde la educación especial debe cambiar esa perspectiva por parte de
entidades externas, donde no se vulnere y violente estas construcciones de
identidad; igualmente, llevando a que la educación no sea un proceso apartado de
esa mismidad, que de una construcción de alteridad como aspecto que permite un
conocimiento colectivo.
Campesinos
Colombia cuenta con una gran cantidad de población que habitan en la zona rural,
considerado el campesinado; la forma de vida y la perspectiva de este contexto
cambia completamente, donde su cotidianidad y prácticas sociales y culturales da
cuenta de aquellas demandas de su entorno. Es muy evidente la importancia de los
campesinos para la sostenibilidad, siendo esta población encargados del arte de la
siembra, la producción de materia prima y el cuidado de la naturaleza; de manera
que todo está relacionado con el campo, los sujetos que trabajan en largas y
pesadas jornadas, a veces siendo un solo trabajador para una gran variedad de
oficios, sin embargo, la labor del campesino es poco reconocida, pagando muy poco
por sus productos lo que da cuenta del desconocimiento del valor que merece este
trabajador.
Consecuencia de esto se ve la brecha económica, falta de recursos en los servicios,
familias en la pobreza y una tasa alta de desempleo; pero, desde el capitalismo se
busca la entrada económica, siendo de menos importancia las situaciones o
poblaciones en las que no se puede generar dinero, por tal razón el campo solo es
visto cuando se quiere implementar un gran negocio minero o industrial, dejando de
un lado las necesidades de los campesinos, la ambición de ese beneficio económico
se ha pasado por encima de las personas que habitan estas zonas, y como si
estuviera tapando la problemática con un dedo, se ha romantizado la gran pobreza
y olvido que hay es las zonas rurales, viendo como algo increíble que sean los
mismos habitantes los que trabajen y construyan espacios como escuelas,
hospitales, vías, entre otros; teniendo en cuenta que las entidades públicas cuentan
con el presupuesto, pero no invierten en la ruralidad dado a que no le generan
dinero.
Dentro de esas problemáticas de inversión económica se ve el factor educativo,
iniciando que las políticas públicas son propuestas desde la perspectiva de la
ciudad, incluso son escritas por entes que desconocen del tema y no llevan a cabo
un acercamiento al contexto; debido a esto se ha vulnerado los derechos,
desconociendo por completo a las características de la población y una colonización
en la enseñanza que da el profesor que viene de la ciudad, “que la educación para lo
rural, en el caso de Colombia, ha seguido un modelo totalmente occidental y
tradicionalista, haciendo desaparecer toda práctica de saberes, costumbres del
campesinado” (Arias, J. 2021); a partir de la educación especial se responde a esta
necesidad, dándole una mirada diferente al sujeto, el reconocimiento de esas
mismidad y como se construye, donde se analiza el contexto, saberes, cotidianidad
y una educación ligada a ese entorno, como los indica Candela (1995) “construido en
la práctica de la educación”; en este espacio el reto del educador especial esta dar
su voz y su espacio, donde ese trabajo interdisciplinar le da una mayor importancia
a esta área y permita la construcción desde la colectividad, dándole la perspectiva
al docente de la riqueza que hay en el contexto rural, esa diversidad como apoyo
educativo y de aprendizaje, la interculturalidad como eje fundamental para una
transformación; así mismo, el aporte en la política pública, buscando que la zona
rural tenga un análisis y una construcción distinta a la de la zonal urbana, mirando
sus particularidades que permitan desligarse de ese empoderamiento e imposición
de estrategias que no tienen sentido con su contexto.