634 OBRAS COMPLETAS
Segunda proposición. Los signos distintivos que se le han dado al «ser verda
dero» de las cosas son los signos distintivos del no-ser, de la nada, — se ha cons
truido el «mundo verdadero» a partir de la contradicción con el mundo real: un
mundo aparente de hecho, en cuanto no es más que una ilusión óptico-moral.
Tercera proposición. Inventar fábulas acerca de «otro» mundo distinto de este
no tiene sentido en modo alguno, presuponiendo que no domine en nosotros un
instinto de calumnia, de empequeñecimiento, de sospecha de la vida: en este úl
timo caso nos vengamos de la vida con la fantasmagoría de una vida «distinta»,
de una vida «mejor».
Cuarta proposición. Dividir el mundo en un mundo «verdadero» y en un mun
do «aparente», sea al modo del cristianismo, sea al modo de Kant (en último
extremo, un cristiano taimado), no es más que una sugestión de la décadence, —
un síntoma de vida descendente... Que el artista estime más la apariencia que la
realidad no es ninguna objeción contra esta proposición. Pues «la apariencia»
significa aquí la realidad una vez más, solo que en una selección, en una intensi
ficación, en una corrección El artista trágico no es ningún pesimista, — dice
precisamente sí incluso a todo lo problemático y terrible, es dionisíaco.. ,64.
C ómo el « mundo verdadero » acabó convirtiéndose en una fábula65
Historia de un error
1. El mundo verdadero, alcanzable para el sabio, el piadoso, el virtuoso, - él
vive en ese mundo, él es ese mundo.
(La forma más antigua de la Idea, relativamente inteligente, simple, convin
cente. Transcripción de la proposición «yo, Platón66, soy la verdad».)
2. El mundo verdadero, inalcanzable por ahora, pero prometido al sabio, al
piadoso, al virtuoso («al pecador que hace penitencia»).
(Progreso de la Idea: ésta se hace más sutil, más insidiosa, más inaprensible,
— se hace mujer, se hace cristiana...)
3. El mundo verdadero, inalcanzable, indemostrable, imprometible, pero, ya
en cuanto pensado, un consuelo, una obligación, un imperativo.
(En el fondo, el viejo sol, pero atravesando la niebla y el escepticismo; la Idea
se ha hecho sublime, pálida, nórdica, kónigsberguense67.)
4. El mundo verdadero - ¿inalcanzable? En todo caso, inalcanzado. Y, en
cuanto inalcanzado, también desconocido. Por consiguiente, tampoco consola-
64 Cfr. el fragmento postumo 14 [14] de la primavera de 1888 donde el mismo Nietzsche
expone el sentido en el que él usa este adjetivo, FP IV, 511-512.
65 Según los editores, un proyecto de la primavera de 1888 para la obra La voluntad de po
der consideraba este capítulo como el primero de dicha obra, cfr. el fragmento postumo 14
[156] en FP IV, 583.
66 Según los editores, en una anotación del cuaderno citado en la nota anterior, una versión
previa de esta frase decía: «yo, Spinoza». Ese cuaderno contiene otras ligeras variantes de este
apartado.
67 Königsberg, en la Prusia Oriental, actualmente Kaliningrado, es, como bien se sabe, la
ciudad en la que vivió e impartió clases I. Kant.
CREPÚSCULO DE LOS IDOLOS 635
dor, redentor, generador de obligaciones: ¿a qué podría obligarnos algo descono
cido?...
(Mañana gris. Primer bostezo de la razón. Canto del gallo del positivismo.)
5. El «mundo verdadero» — una idea que ya no sirve para nada, que ni si
quiera ya obliga, — una idea que se ha hecho inútil, superflua, por consiguiente
una idea refutada: ¡eliminémosla!
(Día claro; desayuno; retorno del bon sens [buen sentido] y de la alegre sere
nidad; rubor avergonzado de Platón; ruido endiablado de todos los espíritus li
bres.)
6. Hemos eliminado el mundo verdadero: ¿qué mundo ha quedado?, ¿quizá el
aparente?... ¡No, de ningún modo!, ¡al eliminar el mundo verdadero hemos elimi
nado también el aparente!
(Mediodía68; instante de la sombra más corta; final del error más duradero;
punto culminante de la humanidad; INCIPIT ZARATHUSTRA69 [COMIEN
ZA ZARATUSTRA].)
L a moral como contranaturaleza 70
Todas las pasiones tienen una etapa en que son simplemente nefastas, en que,
con el peso de la estupidez, tiran de sus víctimas hacia abajo - y una etapa pos
terior, mucho más tardía, en que las pasiones se casan con el espíritu, en que se
«espiritualizan». En otro tiempo, a causa de la estupidez que había en la pasión,
se hacía la guerra a la pasión misma: la gente se conjuraba para aniquilarla, —
todos los viejos monstruos de la moral están unánimes en ello, «il faut tuer les
passions» [es preciso matar las pasiones]. La fórmula más famosa para esto se
encuentra en el Nuevo Testamento, en aquel Sermón de la Montaña71 en que, di
cho sea de paso, a las cosas no se las considera en modo alguno desde lo alto. Allí
mismo se dice, por ejemplo, con aplicación práctica a la sexualidad, «si tu ojo te
68 Las referencias al «mediodía» y al «gran mediodía» son muy abundantes en la obra y los
fragmentos postumos de Nietzsche desde comienzos de los años ochenta, cfr. no solo varios
pasajes de Za, también, p. ej., el fragmento postumo de 1881, 11 [196], FP II, 803.
69 Según los editores, una versión anterior de ese mismo cuaderno contenía en lugar de
Z arathustra la palabra P hilosophia.
70 Según los editores, esta sección consta de dos partes, la segunda de las cuales (aforismos
4-6) se redactó en primer lugar, era más extensa y se titulaba «La moral como tipo de la déca-
dence»; la primera (aforismos 1-3) surgió de un apartado más condensado, con el título «Scho-
penhauer y la sensualidad». La fusión de ambas partes tuvo lugar a finales de agosto de 1888,
cuando Nietzsche renunció definitivamente a publicar una obra llamada La voluntad de poder
y aprovechó los materiales que ya tenía elaborados para construir con ellos, reescribiéndolos,
sus obras Crepúsculo de los ídolos y El Anticristo. Para más detalles remitimos a nuestra intro
ducción «De los planes para La voluntad de poder a Ecce homo y Nietzsche contra Wagner.
Otoño de 1887-comienzos de enero de 1889», en el ya citado F. Nietzsche, Fragmentos postu
mos, volumen IV (1885-1889), Madrid, Tecnos, 2006, pp. 21 ss. No precisaremos aquí, así pues,
cada una de las versiones previas existentes en los diferentes cuadernos y carpetas del legado
postumo del filósofo.
71 Cfr. Evangelio según Mateo, 5, 1-7.