Materia: Psicología.
Desgrabación realizada por la alumna de la materia Roxana Laura Franzoni del Programa
MENTIRA LA VERDAD lV: MICHEL FOUCAULT “HISTORIA DE LA SEXUALIDAD” de Darío
Sztajnszrajber, emitido por Canal Encuentro.
Para ver el video original: https://www.youtube.com/watch?v=EE65lnZB_5Q
(Introducción).
En el libro “Historia de la sexualidad” Volumen I (1976) el desarrollo conceptual de lo que son los
análisis sociales que hace M. Foucault se fue convirtiendo, con el tiempo, en un punto de giro en
relación a los modos en que reflexionamos y pensamos la cuestión del poder, tema que expresa
todo el pensamiento de Foucault.
M.F. es el pensador del poder en el siglo XX.
Hay muchos pensadores que pensaron el poder, lo que hay que entender es cuál es la particularidad
de Foucault, y porqué la mayoría de sus ideas aparece en un libro cuyo tema es la sexualidad.
Cualquiera de nosotros podemos hacer una conexión/relación intuitiva entre sexualidad y poder,
pero incluso esa relación Foucault la va a analizar profundamente, la va a deconstruir.
Foucault “hecha a mano” a otros pensadores del poder, por ejemplo: Hobbes, Marx pero ellos están
atados a una lectura del poder que M.F. va a modificar. Para M.F el poder no es, el poder se ejerce,
circula.
Decir que “el poder no es” no significa que no exista, sino que no existe en la forma de una sustancia,
de algo cerrado. Hay relaciones de poder permanentemente en todo (por ejemplo: un padre de
familia, un maestro dando clase, un colectivero que decide no frenar en una parada, etc.) las
relaciones de poder circulan todo el tiempo. Vistas así, se cae una forma más tradicional, más
jerárquica, más vertical de entender el poder dicotómicamente. Sería pensar en una zona que posee
el poder y verticalmente la direcciona hacia abajo. Foucault insiste en otro dispositivo
hermenéutico, en otra manera diferente de interpretar el poder.
Lo que hace es entramar siempre tres grandes temáticas: Poder-Saber-Sujeto/subjetividad.
Encuentra siempre una relación entre los tres. Siempre van juntos.
Sobre el sujeto, es importante su cuestionamiento y crítica a la idea de la autonomía del sujeto. En
occidente tenemos la idea de que el sujeto se emancipa, se libera y encuentra un lugar de
preponderancia, de poderío desde el cual puede explicar y transformar la realidad. M.F. va a
sostener que “el sujeto está sujeto”, la misma idea de sujeto supone al mismo tiempo y
paradójicamente la idea de sujeción. Las fuerzas que sujetan al sujeto son, por ejemplo: su género,
su historia, su clase, su inconsciente. La omnipotencia del sujeto que se cree que tiene el poder de
decidir sobre sí mismo es algo que sobre finales del siglo XlX y todo el siglo XX empieza a sucumbir.
El segundo elemento clave para Foucault, es que todo saber supone una instancia de poder desde
la cual se busca naturalizar todo conocimiento. Dicho al revés: Foucault es el pensador de la
desnaturalización.
En sus dos primeros libros importantes “Historia de la locura” y “El nacimiento de la clínica” lo que
hace es desnaturalizar la misma idea de locura. Él tiene estudios en la medicina y en la psicología
que le permiten hacer un análisis empírico, histórico, yendo a los testimonios, a las fuentes y
encontrando, cómo la misma idea de locura fue modificándose a lo largo de los tiempos. En una
época a los locos se los metía en un barco y los mandaban a navegar por las afueras de las aldeas,
de las ciudades porque entendían que eran seres nefastos que podían generar disrupciones sociales.
En el siglo XVll se crea el Hospital General de París, en donde se decide recluir a todos los que en
ese momento se consideraban delincuentes (mendigos, indigentes y a los locos) considerados todos
iguales. Hay un cambio desde que se los enviaba en un barco a recluidos junto con delincuentes,
(considerando al loco también delincuente).
Con el paso del tiempo la locura se vuelve un síntoma psiquiátrico. Una patología médica y esta
termina generando un tipo de reclusión muy particular, ya no como delincuentes, sino como
enfermos mentales.
Si uno piensa en términos de naturalización de una enfermedad, la historia de la locura posibilita
dos lecturas. Una lectura según la cual el mundo fue progresando dándose cuenta que en realidad,
la locura es una enfermedad, como si fuera el resultado de un progreso. U otra lectura, que
podemos hacer con M.F., de cómo claramente este cambio en la historia de la locura nos sirve para
pensar que no hay nada natural y que en realidad lo que entra en juego, es esta relación entre el
poder, el saber y la subjetividad para definir el límite entre “lo sano” y “lo enfermo”.
Hay una relación entre la forma en que se desarrolló la locura y la cárcel.
En un libro de M. Foucault “Vigilar y castigar”, el cual comienza relatando la ejecución de una
persona, en lo que se llamaba un suplicio, en el cual por cometer un delito le van cortando el cuerpo
públicamente hasta que muere. 75 años después, la pena deja de tener que ver con esa exposición
pública que tiene el sentido de provocar temor en los testigos del suplicio y crean la prisión
carcelaria como un ámbito que lo que busca es otra cosa. La prisión con sus órdenes diarias, sus
clasificaciones de trabajos, con su sistematización de las conductas lo que busca es el
disciplinamiento de los presos y en algún momento su reincorporación a la sociedad. ¿Qué paso
para este cambio? Se debe a lo que el capitalismo necesita: cada vez más, fuerza de trabajo
disponible.
En este pasaje del suplicio al sistema carcelario, para Foucault, genera otro tipo de temor o de
conciencia: “hasta qué punto esos sistemas disciplinarios, normativos, de encarcelamiento no se
han vuelto las formas canónicas en las que se desarrolla toda la sociedad”. Tal vez, la sociedad en la
que vivimos es una gran cárcel y el modo en el que los dispositivos de poder al interior de la cárcel
van generando adiestramiento, domesticación, cuerpos dóciles y económicamente rentables no es
muy distinto a las formas en que vivimos en nuestras sociedades abiertas, abiertas porque están a
cielo abierto. En realidad panópticamente, la cárcel más eficiente es la que no se ve y la tenemos de
algún modo instituida. Ese es el pasaje clave que se produce para Foucault entre una sociedad
disciplinaria y la biopolítica. Ese cambio es un cambio que se da cuando dejamos de pensar al
“poder” en términos represivos y pasamos a pensar al “poder” en términos de normalización.
Venimos acostumbrados a lo que M.F. llama el paradigma de la soberanía, del poder soberano. El
poder que se instituye desde la ley, el poder reprime, establece lo que está bien y lo que está mal.
Esta es la manera mas usual que pensamos el poder. Pensamos al poder en términos negativos:
pensamos que el poder viene a sujetarnos, a reprimirnos, a censurarnos; así pensamos la sexualidad,
desde lo que Foucault llama “la hipótesis represiva”, todo el libro se pelea con la idea que a priori
tenemos que es que la sexualidad la vivimos de manera socialmente reprimida. Según Foucault,
hablamos de sexo de una única manera, ese es el tema cómo se habla de sexo, se habla de la manera
en la que se normaliza. En cada programa de tv, revistas, etc, donde se ve o se escribe sobre una
escena de sexo hay una definición de cómo hay que vivir la sexualidad “correctamente”. “La historia
de la sexualidad” de M. Foucault, nos permite en su volumen 1 tomar a la sexualidad como un hilo
para comprender este pasaje de una sociedad basada en un poder soberano a la biopolítica. Aquel
momento en el que la vida se vuelve objeto del poder porque el poder la alcanza en su totalidad.
Frente a la hipótesis represiva lo que Foucault presenta en su libro, es el dispositivo de la sexualidad
a partir del cual se genera una explosión discursiva. Dice que por un lado a todos se nos abre el
apetito por querer saber de sexo pero en realidad también da vergüenza (no se expone ese querer
saber, por pudor, porque está mal visto). Sexo hay por todos lados pero seguimos con la hipótesis
represiva en la cabeza.
Foucault dice que no sólo queremos saber todo sobre sexo sino que el sexo sabe todo de nosotros.
Se supone que comprendiendo nuestros pruritos sexuales, nuestras limitaciones, nuestros deseos y
nuestras fantasías comprendemos nuestra subjetividad. El psicoanálisis se ha dedicado a eso.
Nuestros gustos sexuales explican lo que somos porque detrás hay un dispositivo hermenéutico que
el psicoanálisis ha sabido expresar, que es una de las tantas formas de comprender nuestra relación
con el placer y con nosotros mismos. La mejor manera de comprender este abordaje que hace
Foucault es entender que cuando se normalizan prácticas sexuales, se normaliza una sociedad que
habla todo el tiempo de la sexualidad, también se normalizan sus propias anomalías.
Para el poder soberano estaba lo lícito y estaba lo prohibido, pero para la biopolítica que busca la
normalización de nuestras conductas, lo que no encaja en la normalización empieza a cumplir otro
rol: el rol de la “anomalía”. Y para la biopolítica los anómalos son tratables, porque también se
construye todo un dispositivo de saber que opera sobre los trastornos.
Foucault en su libro “Historia de la sexualidad” define cuatro categorías para comprender estas
modulaciones:
-Habla de la “histerización del cuerpo femenino”, formatos que siguen vigentes en nuestra manera
de pensar, incluso de tratarnos.
-Habla de “pedagogización del sexo del niño”, cómo desde infantes se nos comienza a inculcar una
manera de relacionarnos con los otros de género, los otros sexuales.
-Habla de “socialización de las conductas procreadoras”, todavía seguimos pensando que la
sexualidad tiene que ver con la reproducción.
-Habla de la “psiquiatrización del placer perverso”.
Así, caemos en el plano donde se mueve la filosofía de M.F., los anómalos son los que no encajan.
Hoy las formas sexuales anómalas tienen que ver, por un lado con la transexualidad, entendiendo
(y con posibilidad de polémica) que las prácticas homosexuales han sido incorporadas y
normalizadas. La transexualidad, hace no más de diez años, era considerada una enfermedad
mental, aquí se ve el poder que tiene la forma de construir patologías.
La otra manera en la que se manifiestan las anomalías en la ruptura, en el cuestionamiento de la
institución que más internaliza nuestro vínculo con el otro, que es la “monogamia”. Hay algo mucho
más radical que cuestionar la monogamia, es cuestionar cualquier institucionalización del vínculo
afectivo. El tema es, si el amor tiene que ver o no con la normalización, pero según Foucault, todas
las propuestas que escapan a las formas monogámicas tradicionales también son vistas como
anomalías, entonces son tratables y como tal, se ubican en un lugar externo pero al mismo tiempo
interno, en esa relación de sujeción que la biopolítica genera entre lo excluido y lo incluido: lo que
queda afuera, al ser tratable, de algún modo está adentro.
En el video se habla, a modo de ejemplo, de la dicotomía sexual en los baños públicos, en los que
hay rituales de femineidad y masculinidad, por ejemplo, en las prácticas al ir al baño, parados los
hombres, sentadas las mujeres, esto define una identidad en términos de separación (…). Habla de
la “nada” de la mujer (a diferencia del hombre que tiene pene), como una nada monstruosa que
hay que “separar y enclaustrar”, por ello baños de damas son cerrados, las mujeres no se ven, los
baños están separados. De la reacción que producen ciertos rituales en los mingitorios (…). El
filósofo utiliza este ejemplo para trabajar la idea de normalización.
Todo lo que tiene que ver con el secreto, la transgresión, son formas de normalización que expresan
este cambio de paradigma que se inicia en el texto “Historia de la sexualidad”, que por un lado,
excede la cuestión sexual, pero nos invita a repensar el poder biopolíticamente desde otra
perspectiva. La biopolítica, después de Foucault, se ha vuelto hoy, una de las formas más
representativas para comprender las formas en las que “el poder sigue normalizándonos la vida a
todos y a todas”.
Cierre del Programa.