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Formación Sacerdotal Integral

Este documento presenta la nueva Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis publicada por la Congregación para el Clero. Explica que han pasado 30 años desde la última actualización de este documento y que desde entonces ha habido muchas contribuciones al tema de la formación sacerdotal del Papa Francisco, Juan Pablo II, Benedicto XVI y otras conferencias episcopales. La nueva Ratio fundamentalis intenta integrar estas contribuciones y proveer una guía actualizada para la formación de sacerdotes.
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Formación Sacerdotal Integral

Este documento presenta la nueva Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis publicada por la Congregación para el Clero. Explica que han pasado 30 años desde la última actualización de este documento y que desde entonces ha habido muchas contribuciones al tema de la formación sacerdotal del Papa Francisco, Juan Pablo II, Benedicto XVI y otras conferencias episcopales. La nueva Ratio fundamentalis intenta integrar estas contribuciones y proveer una guía actualizada para la formación de sacerdotes.
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PRESENTACIÓN

DOI: https://doi.org/10.52039/seminarios.v64i222-223.57

La publicación de la Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis ha


puesto de relieve el cuidado pastoral que requiere el don de la vocación
presbiteral, desde la primera toma de conciencia de la llamada de Dios,
durante la formación inicial en el Seminario y a lo largo del período de la
formación permanente.
La Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, institución de-
dicada al cuidado de las vocaciones sacerdotales, ha preparado la pre-
sente edición comentada del texto de la Congregación para el Clero,
para ofrecer una ayuda fraterna a todos aquellos que se interesan en su
comprensión y aplicación, en dos ámbitos fundamentales: las Conferen-
cias Episcopales y las Iglesias particulares.
En las Conferencias Episcopales existe la necesidad de dialogar y
reflexionar continuamente sobre el modo de realizar la formación sacer-
dotal según las condiciones, con frecuencia cambiantes, de las diversas
naciones. Un fruto destacado de esta reflexión es la elaboración y revi-
sión de la Ratio nationalis, pero, sobre todo, interesa el clima de acuerdo
y comunión que unifique las fuerzas, propiciando la estabilidad y la cali-
dad evangelizadora de la vida y el ministerio presbiteral. El comentario
también puede ser de utilidad para el cuidado de la vida presbiteral en
las congregaciones religiosas clericales, las asociaciones sacerdotales,
las sociedades de vida apostólica y prelaturas personales que tienen el
deber de elaborar sus propias normas de formación.
Es en las Iglesias particulares donde efectivamente se realiza la for-
mación y el ministerio de los presbíteros a través de diversas institucio-
nes: destacan los centros de pastoral vocacional, los Seminarios dioce-
sanos y las comisiones para la formación permanente del clero. En cada
una de ellas se elaboran proyectos formativos. En las diócesis también
son relevantes las Casas de formación y las comunidades apostólicas
de otras instituciones clericales.
La presente edición comentada ha sido preparada por un grupo de
cerca de treinta sacerdotes operarios diocesanos. Todos ellos trabajan
actualmente en la formación sacerdotal en distintos Seminarios dioce-

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Presentación

sanos en diversos países. Consecuentemente, el comentario refleja la


riqueza de una realidad amplia y diversa.
Se ha dispuesto el texto en tal modo que en la parte superior se pue-
da leer el documento y en la parte inferior se pueda localizar fácilmente
el comentario, siempre con la finalidad de ayudar a su comprensión y
aplicación.
Sea esta publicación un gesto de gratitud y de sintonía pastoral con
el Santo Padre y con la Congregación para el Clero, que por medio de
este documento han suscitado una renovación de la vida y el ministerio
presbiteral.

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Congregación para el Clero
EL DON DE LA VOCACIÓN PRESBITERAL
Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis

INTRODUCCIÓN

1. Necesidad de una nueva «Ratio fundamentalis


institutionis sacerdotalis»

El don de la vocación al presbiterado, sembrado por Dios en el co-


razón de algunos hombres, exige a la Iglesia proponer un serio camino
de formación, como ha recordado el Papa Francisco, con ocasión del
discurso en la Asamblea Plenaria de la Congregación para el Clero (3 de
octubre de 2014): «Se trata de custodiar y cultivar las vocaciones, para
que den frutos maduros. Ellas son un ‘diamante en bruto’, que hay que
trabajar con cuidado, paciencia y respeto a la conciencia de las perso-
nas, para que brillen en medio del pueblo de Dios»1.
Han pasado ya treinta años desde que, el 19 de marzo de 1985,
la Congregación para la Educación Católica, entonces competente en
esta materia, actualizó la Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis,
promulgada el 6 de enero de 19702, enriqueciéndola con numerosas
notas, a la luz del Código de Derecho Canónico, promulgado el 25 de
enero de 1983.
A partir de entonces, han sido numerosas las aportaciones al tema
de la formación de los futuros presbíteros, tanto de parte de la Iglesia
Universal, como de las Conferencias Episcopales y de las Iglesias par-
ticulares.
Ante todo, conviene tener en cuenta el Magisterio de los Pontífices
que durante este período de tiempo han guiado a la Iglesia: San Juan
Pablo II, a quien se le debe la Exhortación apostólica post-sinodal Pasto­
res dabo vobis (25 de marzo de 1992), Benedicto XVI, autor de la Carta
1. Francisco, Discurso a la Plenaria de la Congregación para el Clero (3 de octubre de
2014): L’Osservatore Romano, 226 (4 de octubre de 2014), 8.
2. Cf. Congregación para la Educación Católica, Ratio fundamentalis institutionis sacer­
dotalis (6 de enero de 1970): AAS 62 (1970), 321-384.

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Introducción

apostólica en forma de motu proprio Ministrorum institutio (16 de enero


de 2013), y Francisco, que ha hecho posible este documento con su
impulso e indicaciones.
De modo particular, la Exhortación apostólica Pastores dabo vobis
ofrece de manera explícita una visión integral de la formación de los
futuros clérigos, que tiene en cuenta simultánea y equilibradamente las
cuatro dimensiones presentes en la persona del seminarista: humana,
intelectual, espiritual y pastoral. El motu proprio Ministrorum institutio
ha puesto en evidencia que la formación de los seminaristas prosigue,
naturalmente, en la formación permanente de los sacerdotes, constitu-
yendo ambas una sola realidad; por esta razón, con este documento, el
Papa Benedicto XVI confió a la Congregación para el Clero, ya compe-
tente para la formación permanente, la responsabilidad de la formación
inicial en el Seminario, reformando los artículos correspondientes de la
Constitución apostólica Pastor bonus, del 28 de junio de 1988, dedica-
dos a esta materia y transfiriendo la competencia de los Seminarios a la
Congregación para el Clero. A lo largo de su pontificado, el Santo Padre
Francisco ha ofrecido un rico Magisterio y un constante ejemplo perso-
nal en relación con el ministerio y la vida de los sacerdotes, animando
y acompañando los trabajos de preparación del presente documento.
Durante estos años no han faltado documentos de los Dicasterios de
la Curia Romana referentes a diversos aspectos de la formación de los
futuros sacerdotes: en particular de las Congregaciones para la Educa-
ción Católica, para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos y
para el Clero, además de las diversas Ratio nationalis, muchas de las
cuales han sido consultadas durante la elaboración de este documento3.

2. Trabajos previos
Un primer borrador de la presente Ratio fundamentalis fue elaborado
por la Congregación para el Clero, ya en la primavera del 2014, enviado
a algunos expertos y, sobre todo, a los miembros del Dicasterio, con
vistas a la Asamblea Plenaria, celebrada los días 1 al 3 de octubre de
2014. En aquella ocasión, el texto fue comentado y discutido por los
Eminentísimos y Excelentísimos miembros y también por los expertos
invitados, que ofrecieron a la Congregación propuestas y sugerencias
para la continuación de los trabajos.
3. Estos documentos serán mencionados en detalle y de modo específico a lo largo del
texto.

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Introducción

Este material sirvió para elaborar un texto ampliado y enriquecido con


aportaciones de algunos Dicasterios de la Curia Romana, relacionados
con el tema por competencia (Congregaciones para la Evangelización
de los Pueblos, para los Institutos de Vida Consagrada y las Socieda­
des de Vida Apostólica y para las Iglesias Orientales), o en virtud de la
experiencia acumulada (Congregación para la Educación Católica).
En el año 2015 el texto fue enviado a numerosas Conferencias Epis-
copales y Nunciaturas Apostólicas, solicitando su opinión, con el fin de
extender el ámbito de la consulta y de la reflexión a países en los cuales
la Ratio fundamentalis deberá ser aplicada, siempre en el espíritu sino-
dal reclamado con tanta frecuencia por el Papa Francisco.
Los días 19 y 20 de noviembre de 2015, la Congregación para el Clero
promovió un Congreso Internacional, con motivo del 50 aniversario de los
decretos conciliares Optatam totius y Presbyterorum ordinis, donde Car-
denales, Obispos, profesores, formadores y expertos pudieron ofrecer
una valiosa contribución a la reflexión sobre la formación de los candida-
tos a las sagradas órdenes.
La Congregación para el Clero, consideradas debidamente las apor-
taciones recibidas, redactó un borrador definitivo, examinado, en primer
lugar, por algunos consultores y, después, presentado a algunos dicas-
terios de la Curia romana (Secretaría de Estado, Congregaciones para la
Doctrina de la Fe, para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos,
para los Obispos, para la Evangelización de los Pueblos, para los Insti-
tutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, para la
Educación Católica, para las Causas de los Santos y para las Iglesias
Orientales; además del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos),
según el espíritu de corresponsabilidad y cooperación al que se refiere
el artículo 17 de la Pastor bonus.
Al finalizar estas consultas y a la luz de las sugerencias recibidas, fue
elaborado el texto definitivo, que se presentó al Santo Padre Francisco
para su aprobación, conforme al artículo 18 de la Pastor bonus.

3. Notas características y contenidos fundamentales


La presente Ratio fundamentalis describe el proceso formativo de
los sacerdotes, desde los años del Seminario, a partir de cuatro notas
características de la formación, que es presentada como única, integral,
comunitaria y misionera.
La formación de los sacerdotes es la continuación de un único «ca-
mino discipular», que comienza con el bautismo, se perfecciona con los

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Introducción

otros sacramentos de la iniciación cristiana, es reconocido como centro


de la vida, en el momento del ingreso al Seminario, y continúa durante
toda la vida.
La formación, inicial y permanente, debe ser comprendida en una
visión integral, que tenga en cuenta las cuatro dimensiones propuestas
por Pastores dabo vobis, las que en conjunto componen y estructuran la
identidad del seminarista y del presbítero y, además, lo capacitan para
el «don de sí mismo a la Iglesia», contenido esencial de la caridad pas-
toral. El entero proceso formativo no se puede reducir a un solo aspecto,
en detrimento de los otros, sino que se realiza siempre como un camino
integral del discípulo llamado al presbiterado.
Esta formación tiene un carácter eminentemente comunitario desde
su mismo origen. La vocación al presbiterado, de hecho, es un don de
Dios a la Iglesia y al mundo, es una vía para santificarse y santificar a los
demás, que no se recorre de manera individual, sino teniendo siempre
como referencia una porción concreta del Pueblo de Dios. Tal vocación
es descubierta y acogida en el seno de una comunidad, se forma en el
Seminario, en el contexto de una comunidad educativa que incluye a los
diversos componentes del Pueblo de Dios, para que el seminarista, me-
diante la ordenación, llegue a formar parte de la «familia» del presbiterio,
al servicio de una comunidad concreta. También, respecto a los sacer-
dotes formadores, la presente Ratio fundamentalis pretende subrayar
que, para asegurar la eficacia en el ejercicio de sus funciones, deben
considerarse y actuar como una verdadera comunidad formativa, la que
comparten una única responsabilidad, respetando las competencias y el
encargo encomendado a cada uno.
Dado que el discípulo sacerdote proviene de la comunidad cristiana y
a ella regresa, para servirla y guiarla en calidad de pastor, la formación
se caracteriza naturalmente por el sentido misionero, pues tiene como
finalidad la participación en la única misión confiada por Cristo a su Igle-
sia: la evangelización en todas sus formas.
Se trata de que los Seminarios puedan formar discípulos y misioneros
«enamorados» del Maestro, pastores «con olor a oveja», que vivan en
medio del rebaño para servirlo y llevarle la misericordia de Dios. Para
ello es necesario que cada sacerdote se sienta siempre un discípulo en
camino, necesitado constantemente de una formación integral, entendi-
da como una continua configuración con Cristo.
Dentro de esta única formación, integral y progresiva, se distinguen la
fase inicial y la permanente. A su vez, en la presente Ratio fundamenta­
lis, la formación inicial se articula en cuatro etapas: propedéutica, de los

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Introducción

estudios filosóficos o discipular, de los estudios teológicos o configura-


dora, pastoral o de síntesis vocacional.
Descrito en estos términos, el proceso formativo presenta algunos
avances respecto a la Ratio fundamentalis de 1970. Así, después de
la fase experimental, iniciada con el Sínodo de los Obispos de 1990
(VIII Asamblea General), la «etapa propedéutica», con una identidad y
una propuesta formativa específicas, es presentada como necesaria
y obligatoria.
Respecto a las etapas «discipular» y «configurativa», estas deno-
minaciones acompañan a aquellas más conocidas como «etapa de es-
tudios filosóficos» y «etapa de estudios teológicos», que se extienden
en conjunto a un sexenio4. Además, se quiere resaltar que el ámbito
intelectual, que prevé el estudio de la Filosofía y la Teología, no es el
único criterio que se debe tener en cuenta a la hora de evaluar el pro-
ceso realizado por el seminarista y los progresos conseguidos en cada
etapa formativa. De esta manera, el discernimiento, realizado por los
formadores, considerando todos los ámbitos de la formación, permitirá
el paso a la etapa siguiente sólo a aquellos seminaristas que, además
de haber superado satisfactoriamente los exámenes previstos, hayan
alcanzado el grado de madurez humana y vocacional que se requiere
para cada etapa.
Finalmente, la «etapa pastoral», o «de síntesis vocacional», da
una peculiar importancia al tiempo que transcurre entre la conclusión
de la formación en el Seminario y la ordenación presbiteral, a fin de
favorecer en el candidato una adecuada preparación previa a dicha
ordenación.
El discipulado y la configuración con Cristo se desarrollan, obviamen-
te, durante toda la vida. Sin embargo, con las denominaciones «etapa
discipular» y «etapa configuradora» se desea transmitir la importancia
de subrayar, en un primer momento de la formación inicial, la vivencia de
ser discípulo y, en los últimos años, la necesidad de entender la vocación
al ministerio y la vida sacerdotal como una continua configuración con la
persona de Cristo.
Por su parte, la formación permanente, por su propia naturaleza, no
puede ser esquematizada en «etapas» preconcebidas; por ello sola-
mente se han indicado algunos momentos, situaciones e instrumentos,
que puedan ayudar a los sacerdotes y a los encargados de la formación
permanente a vivir y a proponer iniciativas concretas.
4. Cf. CIC, can. 250.

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Introducción

Como parte integral de esta Ratio fundamentalis, al igual que en la


de 1970, se encuentra también el Ordo studiorum, que comprende un
elenco indicativo de las materias que deben formar parte del programa
de estudios de los seminaristas en las diversas etapas, dentro de una
visión más amplia de la formación intelectual. El Ordo studiorum deberá
ser aplicado íntegramente en los Seminarios y casas de formación que
organizan por ellas mismas el programa de estudios previsto para el
sexenio filosófico-teológico, incluyendo el programa de estudios de la
etapa propedéutica y las asignaturas relativas al ejercicio del ministerio
presbiteral.
El texto de la presente Ratio fundamentalis incluye orientaciones de
diversa índole –teológicas, espirituales, pedagógicas, canónicas– y nor-
mas propiamente dichas, que retoman las del Código de Derecho Ca-
nónico y determinan con mayor precisión el modo en que deben ser ob-
servadas y aplicadas5. En el documento, las orientaciones y las normas
no están rígidamente separadas y se ha explicitado su valor preceptivo
u orientativo en cada caso. Se han integrado las diversas aportaciones
con la finalidad de ofrecer un texto enriquecido.

5. Cf. Ibid., can. 31, § 1.

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I
NORMAS GENERALES*

a) Ámbito de aplicación
1. La presente Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis1 se aplica
íntegramente en los países de competencia de la Congregación para el
Clero. Teniendo en cuenta el Decreto conciliar Ad gentes, n. 16 y el art. 88,
§ 2 de la Constitución apostólica Pastor bonus, se aplica parcialmente en
los territorios de competencia de la Congregación para la Evangelización
de los Pueblos; de hecho, este Dicasterio tiene la responsabilidad de «for-
mar el clero secular», según las propias orientaciones y normas, sin em-
bargo, la presente Ratio es normativa en lo concerniente al «Plan general
de los estudios», para los territorios sujetos a la competencia de la Con-
gregación para la Evangelización de los Pueblos. Deberán conformarse

1. El documento es un decreto general ejecutivo, ex can. 31, § 1, CIC, que aplica las
normas canónicas relativas a la formación, que sustituye la Ratio fundamentalis institutionis
sacerdotalis del 6 de enero de 1970, revisada en la nueva edición del 19 de marzo de 1985;
cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto sobre la formación sacerdotal Optatam totius (28
de octubre de 1965), n. 1: AAS 58 (1966), 713.

1. El primer capítulo de la Ratio no autónomas, sino ejecutorias, es


lleva por título ‘Normas generales’, y decir, concretizadoras de modos de
dedica un primer apartado (nn. 1-2) aplicación de leyes que les han pre-
a su ‘Ámbito de aplicación’. Aquí po- cedido, o urgidoras de nuevo de las
demos observar que, al mencionar- mismas» (Profesores de la Facultad
se en la primera frase el título, Ratio de Derecho Canónico de la Universi-
fundamentalis institutionis sacerdota­ dad Pontificia de Salamanca, Código
lis, aparece una nota a pie de pági- de Derecho Canónico. Edición bilin­
na en la que se declara la índole del güe comentada, BAC, Madrid 1983,
documento. Se trata de un ‘decreto 40, comentario al canon 31). Esta es
general ejecutivo’, que en este caso justamente la razón de ser de la Ratio.
‘aplica las normas canónicas relativas En el número primero de su introduc-
a la formación». La presente Ratio, ción se justifica su necesidad hacien-
prosigue la nota, ‘sustituye la Ratio do alusión detallada a los importantes
fundamentalis institutionis sacerdota­ documentos relativos a la formación
lis del 6 de enero de 1970, revisada de los futuros presbíteros por parte
en la nueva edición del 19 de marzo del Magisterio de los Pontífices y de
de 1985». En efecto, los decretos los diversos Dicasterios de la Curia
generales ejecutivos «no son leyes, Romana publicados posteriormente a
aunque son normas jurídicas, pero la Ratio fundamentalis de 1970, a los

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Normas generales

a las normas de la Ratio fundamentalis, con las debidas adaptaciones,


las Ratio de los Institutos de vida consagrada y de las Sociedades de vida
apostólica2, dependientes de la Congregación para los Institutos de Vi­
da Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica y de la Congregación
para la Evangelización de los Pueblos, además de la Pontificia Comisión
Ecclesia Dei en lo que concierne a aquellos «miembros que se preparan
para recibir las sagradas órdenes»3, y las Ratio de las Asociaciones cle-
ricales a las cuales se ha concedido el derecho de incardinar clérigos,
como las propias de las Prelaturas personales, los Ordinariatos Militares
y los Ordinariatos personales4. Por ello, cuando se hace referencia a las

2. Cf. Juan Pablo II, Constitución apostólica Pastor bonus (28 de junio de 1988), arts. 88,
§ 2 y 108, § 2: AAS 80 (1988), 882 y 887.
3. CIC, can. 659, § 3.
4. Cf. Benedicto XVI, Constitución apostólica Anglicanorum coetibus (4 de noviembre de
2009): AAS 101 (2009), 985-990.

que se añaden las aportaciones de Congregación las prelaturas territo-


las Conferencias episcopales y de las riales y la mayoría de los vicariatos
Iglesias particulares. A esta altura por apostólicos, prefecturas apostólicas
tanto se hacía necesario recoger toda y administraciones apostólicas. A la
esa riqueza en una nueva normativa. Congregación para las Iglesias orien-
De ahí la nueva Ratio como «decreto tales pertenecen prácticamente todas
general ejecutivo». las Iglesias que tienen ritos antiguos.
Ámbito de aplicación de la Ratio. En el último párrafo, el texto desta-
En el conjunto del texto del n.1 puede ca de manera relevante que la Ratio
observarse que, para delimitar el ám- «se aplica íntegramente en las casas
bito de aplicación de la Ratio, se hace de formación de los movimientos y de
uso de las expresiones «íntegramen- las nuevas comunidades eclesiales,
te», «parcialmente» y «con las debi- juntamente con la Ratio nationalis ela-
das adaptaciones». Se señalan tam- borada por la Conferencia episcopal
bién ámbitos de no aplicación. de la nación donde tal instituto se en-
Se aplica íntegramente «en los cuentre, bajo la autoridad del Obispo
países de competencia de la Congre- diocesano». Aquí el término «íntegra-
gación para el Clero». ¿Cuáles son? mente» parece tener un peso espe-
La delimitación resulta compleja. Po- cial. Nótese que el párrafo comienza
demos intentar enumerar países y de- con la expresión «conviene precisar»,
marcaciones diversas que no son de como dando a entender que habría
la competencia de dicha Congrega- que poner freno a cualquier tenden-
ción. Así, excepto Filipinas y Austra- cia contraria. Además, no se hace
lia, Asia y África pertenecen a la Con- ninguna mención a posibles «adap-
gregación de la Evangelización de los taciones» según la índole propia del
Pueblos. También pertenecen a esta movimiento, cosa que sí se hace en el

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Ámbito de aplicación (n. 1)

competencias del Ordinario, se incluyen también los Superiores mayores


de los Institutos de vida consagrada y de las Sociedades de vida apostó-
lica clericales de derecho pontificio, excepto cuando se deduzca, por el
contexto, que se refiere solo al Obispo diocesano.
En base a los art. 56 y 58, § 2 de la Const. Apost. Pastor bonus, la pre-
sente Ratio fundamentalis no se aplica a las Iglesias orientales católicas
que están sujetas a la competencia de la Congregación para las Iglesias
Orientales y que en esta materia deben preparar sus propias normas,
a partir del propio patrimonio litúrgico, teológico, espiritual y disciplinar.

caso de los Institutos de vida consa- Con las correspondientes adapta-


grada e instituciones similares. ciones, han de conformarse a las nor-
Se aplica parcialmente «en los mas de la Ratio todas las instituciones
territorios de competencia de la Con- enumeradas en la segunda parte del
gregación para la Evangelización de primer párrafo. Nótese que en estos
los Pueblos», la cual es responsable no se habla casos de «aplicaciones
de formar el clero secular según sus parciales», sino de adaptaciones. Es­
propias normas, como indica la Cons- to quiere decir que las Congregacio-
titución apostólica Pastor bonus, art. nes correspondientes ahí referidas
88, 2. El n. 16 del Decreto conciliar Ad deberán emitir un decreto en el que
gentes ahí mencionado hace amplia determinen el modo de aplicación de
referencia a las orientaciones para la Ratio teniendo en cuenta sus cri-
la formación de los candidatos al mi- terios tradicionales. Por ejemplo, las
nisterio diaconal y presbiteral «en los etapas formativas de la vida religiosa
pueblos recientemente convertidos a clerical deben combinar los criterios
Cristo». Sin embargo se destaca que que presenta la Ratio con sus crite-
el «Plan general de estudios» pro- rios habituales de postulantado, no-
puesto por la Ratio también es nor- viciado, etc. La formación teológica
mativo para los territorios sujetos a de cada congregación religiosa tiene
dicha Congregación. matices diferentes e incluso exigen-
Habrá situaciones en que algunas cias académicas distintas. De cual-
Iglesias particulares o instituciones re- quier modo, habría que destacar aquí
ligiosas no cuenten con recursos hu- el término «debidas». Parece indicar
manos o materiales necesarios para que la Ratio debe ser la referencia
erigir o sostener un Seminario y de- fundamental para buscar la adapta-
berán proveer la formación mediante ción de las tradiciones propias, y no
fórmulas diferentes, aunque sin reba- viceversa.
jar en lo posible el nivel y las exigen- Los institutos de vida consagra­da
cias que indican las normas. En estos clerical, las sociedades de vida apos-
casos juega un papel importante la tólica, las asociaciones sacerdotales,
valoración que haga el Ordinario, si- las pre­laturas personales, los ordina-
guiendo la norma del canon 237 § 1. riatos militares y los ordinariatos per-

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Normas generales

Conviene precisar que esta Ratio fundamentalis se aplica íntegra-


mente en las casas de formación de los movimientos y de las nuevas co-
munidades eclesiales, juntamente con la Ratio nationalis elaborada por
la Conferencia Episcopal de la nación donde tal instituto se encuentre,
bajo la autoridad del Obispo diocesano. En lo que se refiere a los estu-
dios académicos de filosofía y de teología, que se pueden definir como
tales en base a la legislación canónica, eclesiástica y/o civil y, también,
a las facultades eclesiásticas, es competente la Congregación para la
Educación Católica5, la cual es responsable, además, de los acuerdos
con las autoridades civiles competentes.

5. Las respectivas competencias de los dos Dicasterios fueron establecidas por Benedic-
to XVI, Carta apostólica Ministrorum institutio (16 de enero de 2013), art. 6: AAS 105 (2013),
134: «La Congregación para la Educación Católica es competente para el ordenamiento de
los estudios académicos de filosofía y teología, oída la Congregación para el Clero, para lo
que respecta a su competencia».

sonales deberán elaborar la propia refiere a la formación de los presbí-


Ratio, teniendo siempre como refe- teros de esas Iglesias teniendo a la
rencias la Ratio fundamentalis y la misma como referencia.
Ratio nationalis, en el caso de estar Competencias de la Congrega-
circunscritos a una nación determi- ción para el Clero y la Congregación
nada. Más adelante, en este mismo para la Educación Católica. En la
capítulo, se darán orientaciones para segunda parte del último párrafo de
la elaboración de la Ratio nationalis, este n. 1, sin solución de continuidad,
que también son útiles para cada una la Ratio hace referencia al ordena-
de estas instituciones, haciendo las miento de los estudios académicos
debidas adaptaciones. El punto cen- y de filosofía y teología, que, según
tral está en que la formación sacer- la carta apostólica Ministrorum ins­
dotal se realice, tanto en las diversas titutio, compete a la Congregación
naciones como en cualquier otra ins- para la Educación Católica, oída la
titución, según una normativa, esta- Congregación para el Clero, como
bleciendo un común denominador, se puede ver en la nota. Este dato
según las precisas indicaciones de deja claro que la formación de los
Optatam totius n. 1. futuros presbíteros no es de compe-
La Ratio fundamentalis no se apli- tencia exclusiva de la Congregación
ca a las Iglesias orientales católicas. para el Clero. Ambas Congregacio-
Pero al añadir que «en esta materia nes deberán trabajar de forma con-
deben preparar sus propias normas» junta al respecto. Así, por ejemplo,
parece indicarse que, con ocasión de el gran principio de «formación inte-
la publicación de la Ratio, los Orga- gral» propuesto reiteradamente por
nismos correspondientes de la Santa la Ratio debe lógicamente incluir la
Sede tendrán que actualizar lo que se «dimensión intelectual», en armo-

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Ámbito de aplicación (n. 2)

2*. La Congregación para el Clero, de la cual forma parte la Obra Pon-


tificia para las Vocaciones Sacerdotales6, «expresa y realiza la solicitud
de la Sede Apostólica sobre la formación de aquellos que son llamados
a las órdenes sagradas», y tiene la responsabilidad institucional de asis-
tir «a los Obispos para que en sus Iglesias se cultiven con el máximo
empeño las vocaciones a los ministerios sagrados y en los Seminarios»
se ofrezca «una sólida formación, ya sea humana y espiritual, ya sea
doctrinal y pastoral»7.
La Congregación para el Clero, por tanto, promueve la pastoral voca-
cional, especialmente las vocaciones a las sagradas órdenes, y ofrece a
los Obispos y a las Conferencias Episcopales principios y normas para
la formación inicial y permanente de los sacerdotes.

6. Cf. Pío XII, Motu proprio Cum nobis (4 de noviembre de 1941), n. 13: AAS 33 (1941),
479; Ministrorum institutio, art. 7: AAS 105 (2013), 134.
7. Ministrorum institutio, arts. 4-5: AAS 105 (2013), 133-134, que modificó los arts. 93, § 2
y 94 de la Const. apost. Pastor bonus.

nía con las otras «dimensiones de la 2. Este segundo artículo de la Ra­


formación» (capítulo V de la Ratio). tio se refiere explícitamente a la com-
Pero, dado que los estudios aca- petencia de la Congregación para
démicos de filosofía y teología, así el Clero en el ámbito de la Pastoral
como todo lo relativo a las facultades Vocacional. Es propiamente un enun-
eclesiásticas, son de la competencia ciado de los principios que se am­
de la Congregación para la Educa- pliarán en el capítulo II, dedicado a
ción Católica, el planteamiento de la las vocaciones sacerdotales. Al pa-
pretendida «formación integral» de sar la competencia de los Semina-
los futuros pastores puede encontrar rios a la Congregación para el Clero
dificultades, a la hora de la organi- también pasó la Pontificia Obra de
zación de las actividades educativas las Vocaciones Sacerdotales, promo-
y de la dinámica de los Seminarios, vida por el Papa Pío XII en 1941. A
que incluyen, como es natural, las partir de 1964 esta Obra está unida a
actividades académicas. Esta es una la celebración de la Jornada Mundial
cuestión de enorme transcendencia de Oración por las Vocaciones.
para el futuro de la formación, que Ya desde este momento el texto
deberá ser estudiada a la luz del establece una relación armónica en-
conjunto de la Ratio fundamentalis tre la pastoral de todas las vocacio-
y especialmente a partir de los ca- nes y el cuidado específico y la selec-
pítulos V y VIII. Las Conferencias ción de las vocaciones sacerdotales.
episcopales en sus Ratio nationalis Entre ambas realidades no hay opo-
tendrán que posicionarse sobre este sición, sino complementariedad.
punto, garantizando ante todo la for- El artículo concluye con una afir-
mación integral. mación importante que se ampliará

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Normas generales

b) Elaboración de la Ratio nationalis


3*. Sobre la base de esta Ratio fundamentalis institutionis sacerdo­
talis, cada Conferencia Episcopal deberá elaborar su propia Ratio na­
tionalis que, a tenor del n. 1 del Decreto conciliar Optatam totius y del
can. 242, § 1 del Código de Derecho Canónico, ha de ser aprobada por
esta Congregación, escuchado oportunamente el parecer de la Con-
gregación para la Educación Católica en lo que es de su competencia;
con el fin de garantizar la necesaria armonía y coordinación del Plan de
estudios y su coherencia con el Ordenamiento de los estudios de las
diversas naciones.

de diversas maneras a lo largo del creto Optatam totius, que establece


documento: La actividad y la com- el principio fundamental: «No pu-
petencia de la Congregación para el diéndose dar más que leyes genera-
Clero incluye las vocaciones sacer- les para tanta diversidad de gentes
dotales, la formación inicial y la for- y de regiones, en cada nación o rito
mación permanente, fases del único establézcanse unas normas peculia-
proceso de la vida y ministerio de los res de formación sacerdotal que han
presbíteros. Desde este contexto se de ser promulgadas por las Confe-
comprende que la Ratio haga conti- rencias episcopales, y revisadas en
nuas referencias a este conjunto (cf. tiempos determinados, y aprobadas
Introducción, párrafo e; 53; 54-56; 79; por la Sede Apostólica; en virtud de
152b), interpretando cada uno de sus dichas normas, se acomodarán las
tres momentos en relación dinámica leyes universales a las circunstancias
con los otros y procurando la continui- especiales de lugar y de tiempo, de
dad entre los mismos. Las Conferen- manera que la formación sacerdotal
cias episcopales, las diócesis y otras responda siempre a las necesidades
instituciones clericales deberán pro- pastorales de las regiones en que
ceder de manera similar, realizando ha de ejercitarse el ministerio». El
de un modo equilibrado la pastoral de texto conciliar expresa la necesidad
las vocaciones, la pastoral de la for- de que existan normativas diversas
mación inicial y la pastoral presbiteral. adaptadas a la situación de cada lu-
gar, establece los cauces para la re-
3a. Cada Conferencia Episcopal visión y aprobación de estas normas
elabora su propia Ratio nationalis, particulares y deja claro el fin, que
que debe ser aprobada por la Con- es siempre la orientación pastoral
gregación para el Clero, escuchando de toda la formación sacerdotal. Es­
el parecer de la Congregación para ta orientación pastoral, característica
la Educación Católica en lo que se de la doctrina del Concilio Vaticano II
refiere al Ordo studiorum en el caso sobre los Seminarios, será aplicada
de las facultades eclesiásticas. El por el Código de Derecho Canónico
texto cita el primer número del de- en el canon 242.

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Elaboración de la «Ratio» (n. 3-4)

*Si se presentase la necesidad de hacer alguna modificación a la Ra­


tio nationalis ya aprobada, a causa de la aparición de situaciones nue-
vas o inesperadas, se podrá enmendar el texto, solicitando una ulterior
aprobación a la Congregación para el Clero. Considerando la experiencia
acumulada, o en vista de la caducidad del término prefijado, la Ratio na­
tionalis deberá ser revisada por el organismo competente de la Conferen-
cia Episcopal, para después ser nuevamente sometida a la aprobación
de este Dicasterio. Ulteriores revisiones, con las debidas aprobaciones,
podrán y deberán ser periódicamente efectuadas y solicitadas, cuando la
Conferencia Episcopal lo considere necesario o cuando, por causa justa,
la Congregación para el Clero lo considere oportuno8.
4*. Compete a las Conferencias Episcopales, no a cada Obispo en
particular, el derecho y el deber de revisar la Ratio nationalis institutionis
sacerdotalis; así como cuando se considerase útil y oportuno, aprobar
experiencias particulares en el territorio de la Conferencia Episcopal o
en la Región9.

8. Cf. CIC, can. 242, § 1.


9. Cf. ibid.

3b. Tanto para las revisiones pe- experiencias particulares. Se está re-
riódicas de la Ratio nationalis como conociendo la autoridad de la Confe-
para la introducción de enmiendas al rencia Episcopal y se está dando toda
texto, se requiere la aprobación de la su importancia a la colegialidad entre
Congregación para el Clero. Tales re- los Obispos. El Obispo diocesano de-
visiones deben realizarse periódica- berá tener razones muy poderosas
mente o cuando la Conferencia Epis- para actuar de un modo diverso a lo
copal o la Congregación para el Clero dispuesto por la Ratio nationalis o a
lo consideren necesario u oportuno. los acuerdos establecidos sobre la
Se promueve de esta manera que la formación sacerdotal en la Conferen-
Ratio nationalis sea un documento cia episcopal.
vivo, que entre en continuo diálogo Llegados a este punto parece
con las diversas realidades pasto- oportuno hacer una breve digresión
rales de la nación. Por otro lado, se comentando el canon 237 § 1. Allí se
establece un canal de comunicación indica que en cada diócesis «cuan-
y colaboración entre la Santa Sede y do sea posible y conveniente» ha de
las Conferencias episcopales. haber un Seminario mayor. En caso
contrario se dan dos opciones: enviar
4a. Es la Conferencia Episcopal a los seminaristas a otro Seminario
y no cada obispo particular quien tie- o establecer un Seminario interdio-
ne el derecho y el deber de revisar la cesano. El juicio del Obispo sobre la
Ratio nationalis y de aprobar otras posibilidad y conveniencia de erigir o

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Normas generales

*Las normas de esta Ratio deberán ser observadas en todos los Se-
minarios diocesanos e interdiocesanos de la nación10. Sus particulares
aplicaciones deberán formar parte del Estatuto, Reglamento y Proyecto
formativo propio de cada institución11.

10. Cf. ibid., can. 242, § 2.


11. Cf. ibid., can. 243.

mantener un Seminario mayor revis- pos, ha dicho: «En el diálogo sereno,


te una gravedad singular, tanto en las el Obispo no tiene miedo de compar-
diócesis que, teniendo una larga tra- tir, e incluso a veces de modificar, su
dición formativa cuentan con pocos discernimiento con los demás: con
seminaristas, como en aquellas que, los hermanos en el episcopado a los
teniendo un número suficiente de que está unido sacramentalmente, y
vocaciones, carecen de los medios entonces el discernimiento se vuelve
materiales y humanos para atender colegial» (Papa Francisco, Discurso a
su formación. La erección de un Se- los nuevos Obispos, 14 de septiem-
minario interdiocesano requiere el bre de 2017).
acuerdo entre los Obispos interesa-
dos y la aprobación de la Santa Sede 4b. Las normas de la Ratio na­
(cf. CIC, 237 § 2). tionalis son obligatorias para todos
Según este espíritu de comunión los Seminarios del país. Deben ser
y colaboración, en el discernimiento aplicadas y adaptadas en cada uno
del Obispo diocesano sobre este pun- de ellos a través de su Estatuto, Re-
to sería siempre recomendable una glamento y Proyecto formativo. En
consulta a los Obispos de la provincia aras de la simplificación, dado que el
eclesiástica e incluso, según el caso, proyecto formativo es el instrumento
a la Conferencia episcopal. El decre- central de la formación (solo a él se
to conciliar Christus Dominus afirma hace referencia en el n. 10), el estatu-
que «en los tiempos actuales, sobre to se entiende como marco institucio-
todo, no es raro que los Obispos no nal y el reglamento como normativa
puedan cumplir su cometido oportuna para la vida cotidiana del Seminario.
y fructuosamente, sin si no estrechan La validez del Proyecto formativo co-
cada día más su cooperación con rrespondería a la de la Ratio nationa­
otros Obispos» (CD, 37). De modo lis. El reglamento, en cambio, podría
que la decisión de erigir o mantener modificarse con más frecuencia, se-
un Seminario no dependa de la pos- gún las necesidades de la comunidad
tura ideológica del Obispo o de otros educativa.
factores subjetivos, sino se busque Aunque no se menciona en la Ra­
siempre el bien pastoral que en casi tio fundamentalis, sería muy conve-
todos los casos rebasa los intereses niente realizar al inicio de cada curso
de la Iglesia particular. El Papa Fran- la planificación anual o Anuario, que
cisco, dirigiéndose a los nuevos Obis- incluiría el proyecto comunitario del

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Las Conferencias Episcopales (n. 6)

5*. Para favorecer un diálogo constante entre la Santa Sede y las Igle­
sias particulares, como signo de cercanía y para recibir consejo y apo­
yo, los Seminarios interdiocesanos, según lo establecido en su propio
Estatuto, enviarán periódicamente un informe a la Congregación para el
Clero sobre la actividad formativa desarrollada.

c) Responsabilidad de las Conferencias Episcopales


6*. Salvada la autoridad del Obispo diocesano, la Ratio nationalis
tiende a unificar la formación presbiteral en la nación, facilitando el diá­
logo entre los Obispos y los formadores, en beneficio de los seminaristas
y de los mismos Seminarios12.

12. Cf. ibid., can. 242, § 2.

año, el listado de seminaristas y for­ en cuenta estas peculiaridades, ha


madores, el calendario, los horarios integrado las aportaciones y expe­
y la distribución de los servicios co­ riencias de las distintas Conferencias
munitarios. episcopales (cf. RFIS, Int. 2). Corres­
ponde a las Conferencias episcopa­
5. Los Seminarios interdiocesa­ les realizar un procedimiento similar
nos deben enviar un informe a la en su relación con los Seminarios de
Congregación para el Clero sobre las distintas Iglesias particulares de su
la actividad formativa desarrollada, competencia. Se trata de permanecer
con la periodicidad prevista en sus atentos a las experiencias positivas
propios estatutos. El texto interpreta y probadas de formación y de propo­
es­ta obligación de reportar en un sen­ nerlas, si conviene, a nivel nacional.
tido preciso: «para favorecer un diá­ Son, pues, varios los niveles en
logo constante entre la Santa Se­de la confección de la normativa para
y las Iglesias particulares […] como la formación sacerdotal: La Congre­
signo de cercanía y para recibir con­ gación para el Clero ofrece el texto
sejo y apoyo». No se trata así de un base en el que se recogen elemen­
me­ ro trámite burocrático ni de una tos que se consideran de validez uni­
inspección autoritaria, sino de la cer­ versal. Las Conferencias episcopales
cana colaboración que requiere una de cada nación, con la aprobación de
institución delicada y de gran trascen­ la Congregación para el Clero, con­
dencia como es un Seminario nacio­ feccionan un documento que tiene
nal o interdiocesano. en cuenta la realidad pastoral y la
tradición formativa de un país. Cada
6. Una parte constitutiva del ser Obispo, con la ayuda de su equipo
humano y de las sociedades son sus formador, establece un proyecto for­
«circunstancias». La Ratio, teniendo mativo para su Seminario, que garan­

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Normas generales

7*. La Ratio nationalis deberá hacer referencia a las dimensiones for-


mativas previstas por este documento para los candidatos al sacerdocio,
de tal modo que puedan formarse integralmente y ser debidamente pre-
parados para afrontar los retos de nuestro tiempo. Cada Ratio nationalis
deberá definir las etapas de la formación y el plan de estudios, sus ob-
jetivos y su duración, respetando las normas del derecho universal. En
su propuesta educativa de cara al sacerdocio la Ratio nationalis, deberá
garantizar la necesaria unidad dentro de la propia nación, teniendo en
cuenta al mismo tiempo la diversidad cultural existente.
Cada Ratio nationalis deberá reflejar y actualizar en su contexto lo
previsto por la Ratio fundamentalis, incluyendo los siguientes elementos:
a) una descripción, al menos sumaria, del contexto social, cultural y
eclesial concreto en el cual los futuros presbíteros ejercerán su ministerio;
b) una síntesis sobre los eventuales acuerdos alcanzados por la Con-
ferencia Episcopal sobre la organización de los Seminarios de la nación;
c) algunos rasgos de la pastoral vocacional y sus instrumentos;
d) una exposición de las etapas de la formación, contextualizada en
la realidad de la nación;
e) una descripción de los medios necesarios para atender cada una de
las dimensiones formativas (humana, espiritual, intelectual y pastoral);
f) el plan de estudios propedéuticos, filosóficos y teológicos, inclu-
yendo la presentación de las materias, con algunas indicaciones sobre
los objetivos y los contenidos a tratar en cada una de ellas, junto con el
número de créditos formativos necesarios para cada disciplina.

tice una formación sólida y situada en definir con claridad otros aspectos
la realidad local. Todo ello con el fin del plan formativo (unidad nacional).
de conseguir una orientación pasto- En definitiva, se pretende que exista
ral de toda la formación. un equilibrio entre lo particular y lo
universal.
7. La riqueza aportada por las igle- La segunda parte de este artículo
sias locales ha de respetar la Ratio enumera seis puntos para describir el
fundamentalis, puesto que las lí­neas contenido de la Ratio nationalis. Re-
fundamentales son comunes pa­ ra conoce la importancia del análisis de
to­
dos los Seminarios, tanto dioce- la realidad nacional y de los acuer-
sanos como religiosos. El texto hace dos que ya se han establecido en la
hincapié en las cuatro dimensiones Conferencia Episcopal (a-b), incluye
que conforman la personalidad de algunas normas sobre la pastoral de
cualquier seminarista (integralidad), las vocaciones sacerdotales (c), in-
en las etapas formativas (graduali- siste en los dos criterios fundamenta-
dad), así como en la importancia de les de gradualidad e integralidad de la

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Las Conferencias Episcopales (n. 8)

8*. En la elaboración de la Ratio nationalis es necesario que cada


Conferencia Episcopal tenga en cuenta las características y exigencias
específicas del propio ambiente socio-educativo. Además, se deberá
promover la colaboración entre las diversas circunscripciones eclesiásti-
cas presentes en el territorio, poniendo atención a las realidades locales,
a fin de garantizar la mejor oferta formativa posible, tanto en los Semina-
rios numéricamente relevantes, como en los más pequeños.

formación (d-e) y pide que se incluya los Seminarios y discernimiento de


el plan de estudios o Ratio studiorum las experiencias que se han proba-
(f). En este listado se refieren los ele- do suficientemente y pueden resultar
mentos fundamentales, pero no se válidas para todos. La Congregación
trata de un esquema cerrado. Otros para el Clero pide a las Conferencias
puntos de interés o que se deriven de nacionales una explicación que justi-
la tradición formativa del país, o de la fique y avale las peculiaridades de la
institución religiosa que elabora su formación sacerdotal en sus contex-
Ratio, pueden ser añadidos. tos específicos.
El segundo párrafo, procurando
8. Las circunstancias forman par- una aplicación práctica del espíritu
te de la vida y del entorno en el que se expresado en el párrafo precedente,
desarrolla la formación. La Norma uni- propone un iter para la elaboración
versal tiene carácter unificador y uni- de la Ratio nationalis.
tario. Es una referencia que identifica Primero se requiere una con­sul­ta
al conjunto de la formación sacerdo- amplia, que no excluya ninguna rea-
tal y a la variedad de sus componen- lidad de la formación sacerdotal en el
tes. Por eso la Ratio fundamentalis país. Para ello la Organización de Se-
deja un margen de participación y minarios, en los lugares donde exis-
enriquecimiento a las Conferencias te, es un instrumento eficaz, porque
episcopales. En concreto se pide un allí están presentes los Rectores y en
análisis de la realidad socio-cultural y general los formadores de todos los
eclesial de la nación y que se tome en Seminarios. Esta consulta y la mera
consideración la diversidad existen- existencia de dicha organización tien-
te entre las Iglesias particulares, de den a establecer un clima de comu-
modo que la Ratio nationalis no im- nión y participación que es absoluta-
ponga un modelo de Seminario, sino mente necesario.
que sea adaptable tanto a los Semi- El segundo paso es la elaboración
narios grandes como a los pequeños, de un texto básico. Se trata solo de
a los de larga trayectoria histórica un primer borrador, que corresponde
y a los que apenas están comenzan- a la Comisión para los Seminarios
do a crear una tradición formativa. de la Conferencia episcopal. Habitual­
La elaboración de la Ratio nationalis mente este primer escrito será ela­
exige conocimiento de la realidad de borado por un grupo de Rectores. En

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Normas generales

Según el prudente juicio de cada Conferencia Episcopal, el iter para


la elaboración de la Ratio nationalis y de sus sucesivas actualizaciones,
podría prever los siguientes pasos: primero, la Conferencia Episcopal, a
través de los delegados correspondientes, podría consultar directamen-
te a los Seminarios y, donde ya exista, también a la organización nacio-
nal de los Seminarios; luego, podría confiar a la Comisión Episcopal para
el Clero y los Seminarios la elaboración de un texto básico; finalmente,
bajo el signo de la colegialidad y con espíritu de colaboración, la misma
Conferencia Episcopal debe proceder a la redacción final del texto.

d) Organizaciones nacionales y continentales de los Seminarios


9*. Donde lo permitan las circunstancias o donde tales experiencias
ya se realicen, se alienta la institución de organizaciones supradioce-
sanas de Seminarios. Estos organismos pueden representar una gran
ayuda, como instrumentos de consulta para la comunicación y la cola-
boración entre los formadores de los diversos Institutos, favoreciendo

algunos países, antes de presentar 9a. «Se alienta la institución de


el texto a los Obispos, se promueve organizaciones supradiocesanas de
una revisión por parte de todos los Se­minarios», esto es, organizaciones
formadores del país. En este caso se que incluyen actividades tanto pa­ra
puede pensar en un proceso de uno los formadores como para los semi-
o dos años, de modo que se pueda naristas, sea a nivel nacional o por
conseguir un texto enriquecido en el regiones. Se alientan estas organiza-
que se vean reflejadas las distintas ciones porque constituyen un medio
realidades de la nación. habitual para la comunión y la cola-
El tercer paso es la presentación boración entre los formadores de los
del texto a la Conferencia episcopal, Seminarios de todo el país, con cierta
donde los Obispos discuten y enri- autonomía respecto a la Conferencia
quecen los contenidos, de modo que episcopal. Para un Rector supone un
se pueda llegar a un consenso y a la gran alivio conocer a los otros Recto-
aprobación por parte de la Conferen- res y, en caso necesario, poder hacer
cia. Finalmente el texto se presenta a una llamada telefónica para resolver
la Congregación para el Clero, como situaciones concretas. Esto que suce-
ya se había indicado. de con los rectores, puede promover-
Cabe destacar que se está pidien- se también entre los administradores
do a las Conferencias episcopales o ecónomos, los directores espiritua-
que entren en la misma dinámica de les, los responsables de las diversas
cercanía, acompañamiento y colegia- dimensiones formativas o de las eta-
lidad que quiere poner en práctica la pas de formación. Todo ello facilita la
Congregación para el Clero. comunión y la participación.

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Organizaciones de Seminarios (n. 9)

el análisis de las experiencias educativas y didácticas y su desarrollo


más homogéneo en el ámbito regional, o un mayor intercambio en el
internacional.
*Como miembros de tales organismos serán convocados los formado-
res de los diversos Institutos. Es importante que estas organizaciones ac-
túen bajo la guía de la Comisión de la Conferencia Episcopal para el Clero
y los Seminarios. En cada caso, en espíritu de comunión eclesial, corres-
ponde a la Congregación para el Clero erigir eventuales organizaciones
a nivel universal, mientras a las Conferencias Episcopales o a las diver-
sas organizaciones de las mismas (por ejemplo, el Consejo Episcopal
Latinoamericano [CELAM], el Consilium Conferentiarium Episcoporum
Europae [CCEE], la Federation of Asian Bishops’ Conferences [FABC],
etc.), les corresponde, después de haber consultado a este Dicasterio, la
erección de las organizaciones continentales y de aquellas que operan
dentro de su territorio, aprobando sus estatutos y respetando la compe-
tencia de los Obispos diocesanos y de las Conferencias Episcopales.
*Como ya sucede en algunas regiones, podrá ser de gran utilidad que
dichas organizaciones promuevan cursos para los formadores y activi-
dades de estudio y reflexión sobre temas relacionados con la vocación y
a la formación presbiteral en el territorio de su competencia, ofreciendo
los resultados a las Conferencias Episcopales interesadas13.

13. Cf. Optatam totius, n. 5: AAS 58 (1966), 716-717.

Asimismo existen organizaciones mía da gran agilidad y eficacia a dicha


de Seminarios a nivel internacional o comisión episcopal. Según las dimen-
continental. Piénsese, por ejemplo, siones de cada nación se proveerá de
en los Seminarios de América Cen- modo diverso y habrá mayores o me-
tral, en los Seminarios de lengua ale- nores posibilidades. La elaboración
mana o en la OSLAM (Organización de la Ratio nationalis, tal como se ha
de Seminarios de América Latina). explicado, es un buen ejemplo de esta
colaboración armónica.
9b. La Organización nacional de
Seminarios debe realizar sus activida- 9c. Este tercer párrafo pone el
des en armonía y en evidente comu- acento en la formación permanente
nión con la Comisión correspondiente de los formadores. Cada vez más se
de la Conferencia episcopal. Esto vie- ofrecen cursos y se organizan reunio-
ne exigido por la misma naturaleza de nes periódicas que convocan a los
la formación, que es responsabilidad coordinadores de la pastoral vocacio-
de los Obispos. Sin embargo, el hecho nal, rectores, directores espirituales
de que los formadores se organicen y equipos de formadores. Los temas
entre sí y funcionen con cierta autono- son muy variados, pero siempre en

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Normas generales

e) Proyecto formativo de cada Seminario


10*. El Obispo diocesano (o los Obispos interesados, en el caso de
un Seminario interdiocesano), ayudado por el equipo de formadores del
Seminario, tiene el deber de elaborar un proyecto de «formación inte-
gral», llamado también itinerario formativo, y de promover su aplicación
práctica14, respetando las diversas etapas y el proceso pedagógico co-
rrespondientes. Teniendo como referencia la Ratio fundamentalis, este
proyecto tiene como meta aplicar la normativa de la Ratio nationalis y la
visión pedagógica que la inspira, de acuerdo con la realidad y las exigen-
cias de la Iglesia particular, teniendo en cuenta el origen cultural de los
seminaristas, la pastoral de la Diócesis y la propia «tradición formativa».

14. Cf. Congregación para los Obispos, Directorio para el ministerio pastoral de los Obis-
pos Apostolorum successores (22 de febrero de 2004), n. 90: Enchiridion Vaticanum 22
(2006), 1768-1769.

función del servicio vocacional que 10. El Proyecto o Itinerario es la


se realiza en cada diócesis. propuesta formativa de la diócesis
Durante los tiempos vacaciona- y del equipo formador. Es eminen-
les de cada país, se suele aprove- temente pedagógico y maneja prin-
char para hacer una propuesta más cipios teológicos, antropológicos y
intensa de formación, y en algunas psicológicos que son fundamentales
facultades de teología ya se ofrecen pa­ra la maduración de las vocaciones
estudios de licenciatura enfocados a sacerdotales. Debe ser interdiscipli-
la formación, acompañamiento voca- nar. Este proyecto o itinerario formati-
cional, dirección espiritual, pastoral vo es el instrumento central de la for-
vocacional-juvenil, formación sacer- mación. Por ello en este artículo de la
dotal, acompañamiento psicoafecti- Ratio fundamentalis se enfatiza que el
vo, etc. Además en cada país se de- Obispo tiene el deber de promover su
ben estudiar las normas educativas elaboración y aplicación práctica.
exigidas para los estudios de nivel El proyecto formativo no repite lo
universitario para el Seminario mayor ya dicho la Ratio nationalis o lo esta-
o la exigencia de las leyes educati- blecido en los estatutos y el reglamen-
vas a nivel secundario (Bachillerato) to del Seminario. Tampoco señala las
para el menor. El documento alienta etapas formativas, sus objetivos y du-
a promover esta formación constante ración. Todo esto lo dan ya otros do-
y que con los medios de comunica- cumentos. Su cometido es más bien
ción existentes se pueden ofrecer a dar una respuesta pedagógica al có­
más de un país si es necesario en es- mo de la formación, especificando los
pecial para aquellos sacerdotes que pa­sos metodológicos para conseguir
comienzan este servicio tan delicado el objetivo de cada una de las etapas
y tan necesario. de la formación. En consecuencia, se

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II
LAS VOCACIONES SACERDOTALES

a) Principios generales*
11*. Las vocaciones eclesiales son una manifestación de la incon-
mensurable riqueza de Cristo (cf. Ef 3, 8) y, por tanto, deben ser valora-
das y cultivadas con toda solicitud pastoral, para que puedan florecer y
madurar. Entre las diversas vocaciones, suscitadas incesantemente por
el Espíritu Santo en el Pueblo de Dios, la llamada al sacerdocio minis-
terial convoca «a participar en el sacerdocio jerárquico de Cristo»1 y a
unirse a Él para «ser los pastores de la Iglesia con la palabra y la gracia
de Dios»2. Esta vocación se manifiesta en diversas circunstancias, en
relación con las distintas fases de la vida humana: la adolescencia, la
edad adulta y, como se aprecia en la larga experiencia de la Iglesia,
también en la infancia.
1. Optatam totius, n. 2: AAS 58 (1966), 714-715.
2. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gen­
tium (21 de noviembre de 1964), n. 11: AAS 57 (1965), 15.

dirige a toda la comunidad educati­va, 11-15. Esta sección sintetiza la


particularmente a los seminaristas, doctrina sobre la pastoral vocacio-
que son sujetos activos y responsa- nal que surge de los documentos del
bles de su propia formación. Concilio Vaticano II y ha sido desarro-
Mediante el proyecto o itinerario llada a lo largo del tiempo, particular-
formativo y su aplicación a distintas mente por la exhortación apostólica
generaciones, a base de continuas Pastores dabo vobis, los mensajes
evaluaciones y correcciones, el equi- pontificios para la Jornada Mundial
po formador va construyendo una tra- de Oración por las Vocaciones y las
dición formativa, esto es, el modo es- conclusiones de diversos congresos
pecífico como en este Seminario se vocacionales. El hecho de que un
consiguen los objetivos de cada una texto normativo como la Ratio funda­
de las etapas de formación. El pro- mentalis ofrezca esta síntesis signifi-
yecto formativo matiza también los ca que se está rescatando y avalando
medios que se ponen para este fin: oficialmente este conjunto de doctri-
ejercicios espirituales, elementos de na, dando una orientación precisa a
carácter psicológico y moral, acom- la pastoral de las vocaciones.
pañamiento, etc. Tiende a implicar to-
das las dimensiones de la formación 11. El primer artículo de este se-
porque es integral, incluida la dimen- gundo capítulo integra ágilmente la
sión intelectual. pastoral de las vocaciones en general

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SEMINARIOS 222-223.indd 25 3/4/18 14:54


Las vocaciones sacerdotales

12*. La vocación al sacerdocio ministerial se inserta en el ámbito más


amplio de la vocación cristiana bautismal, mediante la cual el Pueblo
de Dios, constituido por Cristo a través de «una comunión de vida, de
amor y de unidad, es asumido también como instrumento de redención
universal y enviado a todo el universo como luz del mundo y sal de la
tierra (cf. Mt 5, 13-16)»3.
13*. La misión de la Iglesia consiste en «cuidar el nacimiento, el dis-
cernimiento y el acompañamiento de las vocaciones, en especial de las
vocaciones al sacerdocio»4. Ella, escuchando la voz de Cristo, que invita
a todos a rogar al Dueño de los campos que mande operarios a su mies
(Mt 9, 38; Lc 10, 2), dedica una particular atención a las vocaciones a la
vida consagrada y al sacerdocio. Para este fin, es necesario que se esta-
blezcan en cada Diócesis, región y nación, centros para las Vocaciones5,

3. Ibid., n. 9: AAS 57 (1965), 13.


4. Juan Pablo II, Exhortación apostólica post-sinodal Pastores dabo vobis, n. 34: AAS 84
(1992), 713.
5. Cf. Congregación para la Educación Católica - Obra Pontificia de las Vocaciones Sacer-
dotales, Orientaciones pastorales para la promoción de las vocaciones al ministerio sacerdotal
(25 de marzo de 2012), n. 13.

y el cuidado específico de las voca- otro. Esto, que parece una afirmación
ciones sacerdotales. Para ello utiliza elemental, tiene una gran importancia
una terminología que conlleva un pro- a la hora de poner en práctica la pas-
fundo bagaje eclesiológico. El térmi- toral vocacional en las Iglesias par­
no «vocaciones eclesiales» se refiere ticulares. Se da por sentada y abso­
al conjunto de todas las vocaciones, lutamente válida esta doctrina.
a las que se debe un solícito cuidado
porque son manifestación de la rique- 12. Este segundo artículo reafir-
za de Cristo. La expresión «llamada ma las ideas expresadas en el pri-
al sacerdocio ministerial» se refiere mero, pero ahora fundándose en la
específicamente a la vocación sacer- distinción entre vocación bautismal y
dotal, clarificando desde el inicio que vocación sacerdotal. Existe una vo-
esta se puede manifestar en todos los cación común a todos los creyentes
momentos de la vida, desde la infan- que después se concreta en la di-
cia hasta la edad adulta. versidad de vocaciones específicas,
Así se deja zanjado desde el inicio todas ellas caracterizadas por la dig-
que no existe contradicción ni opo- nidad bautismal.
sición entre el cuidado de todas las
vocaciones y la atención específica 13. De aquí en adelante el texto
a cada una de ellas, sino que ambos se centra en las vocaciones sacerdo-
procesos se deben realizar armónica- tales. Pone atención a la responsa-
mente, siendo continuación el uno del bilidad de todos los miembros de la

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Principios generales (n. 13)

los cuales, en colaboración con la Obra Pontificia para las Vocaciones


Sacerdotales, están llamados a promover y orientar toda la pastoral vo-
cacional6, poniendo los medios necesarios7. Los Obispos, como primeros
responsables de las vocaciones al sacerdocio, favorezcan una eficaz
colaboración entre sacerdotes, personas consagradas y laicos (princi-
palmente los padres de familia y los educadores) y también con grupos,
movimientos y asociaciones de fieles laicos, en el marco de un plan or-
gánico de pastoral de conjunto8.

6. Cf. Obra Pontificia para las Vocaciones Sacerdotales, Desarrollo de la pastoral de las
vocaciones en las iglesias particulares (6 de enero de 1992); Orientaciones pastorales para
la promoción de las vocaciones al ministerio sacerdotal.
7. Cf. Optatam totius, n. 2: AAS 58 (1966), 714-715; Concilio Ecuménico Vaticano II, De-
creto sobre el ministerio y la vida de los presbíteros Presbyterorum ordinis (7 de diciembre
de 1965), n. 11: AAS 58 (1966), 1008-1009; Decreto sobre la adecuada renovación de la vida
religiosa Perfectae caritatis (28 de octubre de 1965), n. 24: AAS 58 (1966), 711-712; Decreto
sobre la misión pastoral de los Obispos en la Iglesia Christus Dominus (28 de octubre de
1965), n. 15: AAS 58 (1966), 679-680; Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia Ad
gentes (7 de diciembre de 1965), nn. 16 y 39: AAS 58 (1966), 966-967 y 986-987.
8. Cf. CIC can. 233, § 1; Optatam totius, n. 2: AAS 58 (1966), 714-715; Presbyterorum or­
dinis, n. 11: AAS 58 (1966), 1008-1009; Lumen gentium, n. 11: AAS 57 (1965), 15-16; Christus
Dominus, n. 15: AAS 58 (1966), 679-680; Ad gentes, n. 39: AAS 58 (1966), 986-987; Perfectae
caritatis, n. 24: AAS 58 (1966), 711-712; Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución pasto-
ral sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo Gaudium et spes (7 diciembre 1965), n. 52:
AAS 58 (1966), 1073-1074; Decreto sobre el apostolado de los laicos Apostolicam actuosita­
tem (18 de noviembre de 1965), n. 11: AAS 58 (1966), 847-849; Pío XII, Exhortación al clero
del mundo católico sobre la santidad de la vida sacerdotal Menti nostrae (23 de septiembre
de 1950), cap. III: AAS 42 (1950), 683.

comunidad cristiana en el fomento de como finalidad promover y orientar to­


las vocaciones sacerdotales, según el da la pastoral vocacional.
mandato del Señor que encarga a to- En las Iglesias particulares, repre-
dos que rueguen al dueño de la mies sentadas en los Obispos, se debe fa-
que envíe trabajadores a sus campos. vorecer la colaboración de todos para
Para el cuidado y el acompañamiento este fin. El texto incluye como agentes
de las vocaciones a la vida consagra- de pastoral vocacional a los sacerdo-
da y al sacerdocio se establecen los tes, las personas consagradas y los
centros de pastoral vocacional, a nivel laicos, o sea, a todas las vocaciones,
diocesano, regional y nacional. Estos poniendo un especial énfasis en los
centros se definen como el lugar na­ padres de familia y educadores, así
tural de confluencia de los agentes como en los grupos, movimientos y
vocacionales (II Congreso Interna- asociaciones de fieles laicos. Se tra-
cional de Pastoral Vocacional, Desa­ ta así de una acción coral, que debe
rrollos de la Pastoral Vocacional en estar bien integrada en la pastoral de
las Iglesias Particulares, 50) y tienen conjunto de cada Iglesia particular.

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Las vocaciones sacerdotales

14*. Es necesario sostener las iniciativas que permiten acoger el don


divino de nuevas vocaciones: sobre todo la oración personal y comuni-
taria. Algunos momentos del año litúrgico favorecen este fin. A la Autori-
dad eclesiástica compete establecer la fecha de algunas celebraciones
particularmente significativas. El Sumo Pontífice ha establecido desde
hace tiempo la celebración anual de la Jornada Mundial de Oración por
las Vocaciones en el IV Domingo de Pascua, llamado del Buen Pastor.
Además es conveniente promover actividades que susciten un clima
espiritual, que predisponga al discernimiento y a la acogida de la voca-
ción sacerdotal9.
En este sentido, la pastoral vocacional tiene como destinatarios a
hombres de diversas edades, si bien en la actualidad, visto el número
creciente de candidatos de edad adulta, que han tenido una o más expe-
riencias de trabajo10, se advierte la necesidad de dedicar una particular
atención a esta franja de edad.
9. Francisco, Exhortación apostólica Evangelii gaudium (24 de noviembre de 2013),
n. 107: AAS 105 (2013), 1064-1065: «Donde hay vida, fervor, ganas de llevar a Cristo a los
demás, surgen vocaciones genuinas. Aun en parroquias donde los sacerdotes son poco en-
tregados y alegres, es la vida fraterna y fervorosa de la comunidad la que despierta el deseo
de consagrarse enteramente a Dios y a la evangelización, sobre todo si esa comunidad viva
ora insistentemente por las vocaciones y se atreve a proponer a sus jóvenes un camino de
especial consagración».
10. Cf. CIC, cáns. 233, § 2; 385; Menti nostrae, cap. III: AAS 42 (1950), 684; Apostolorum
successores, n. 87: Enchiridion Vaticanum 22 (2006), 1773; S. Congregación para la Edu-
cación Católica, Carta circular Vocationes adultorum, a los Presidentes de las Conferencias
Episcopales acerca del cuidado y formación de las vocaciones adultas (14 de julio de 1976):
Enchiridion Vaticanum 5 (2000), 2097-2108.

14. El don de las nuevas vocacio- nidades cristianas y las dispone para
nes debe ser acogido por toda la co- identificar y discernir las vocaciones.
munidad cristiana, sobre todo a través El segundo párrafo llama la aten-
de la oración personal y comunitaria. ción sobre el fenómeno actual de las
Se alude al tema de la maternidad vocaciones en edad adulta e insiste
eclesial, que por medio de la unión en la importancia de discernirlas con
con Dios adquiere la fecundidad que cuidado. Se ataja la tendencia a ser
genera nueva vida. Se propone co­ menos exigentes con tales vocacio-
mo matriz de la acción vocacional la nes dando por supuesto que tienen
Jornada Mundial de Oración por las una mejor preparación. Pero preci-
Vocaciones, invitando a cada Iglesia samente por ser adultos requieren un
particular a planificar actividades para discernimiento inicial más cuidadoso,
este fin. Se presenta a las Diócesis que ayude a una correcta interpreta-
como canteras en las que ur­ge traba- ción de las experiencias pasadas y
jar pastoralmente. Todo se juega en el disponga al candidato a emprender
clima espiritual que reina en las comu- como adulto el proceso formativo.

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Los Seminarios Menores (n. 16)

15*. Con generosidad y espíritu eclesial, se promuevan no sólo las


vocaciones para el servicio de la propia Diócesis o de la propia nación,
sino también a favor de otras Iglesias particulares, según las necesi-
dades de la Iglesia universal, secundando la acción de Dios, que llama
libremente a algunos al sacerdocio ministerial en una Iglesia particular, a
otros a ejercer el ministerio en un Instituto de vida consagrada o en una
Sociedad de vida apostólica, y a otros en la missio ad gentes. Por ello, es
muy recomendable que, en cada Diócesis, exista un único Centro para
la pastoral vocacional, expresión de la unidad y de la cooperación entre
el clero diocesano y el clero perteneciente a otras realidades eclesiales
canónicamente reconocidas11.

b) Los Seminarios Menores y otras formas de acompañamiento de los


adolescentes*
16*. La pastoral de las vocaciones tiene como finalidad reconocer y
acompañar la respuesta a la llamada interior del Señor. Este proceso
debe favorecer el desarrollo humano y espiritual de la persona y verifi-

11. Cf. Optatam totius, n. 2: AAS 58 (1966), 714-715; Presbyterorum ordinis, nn. 10-
11: AAS 58 (1966), 1007-1010; Apostolorum successores, n. 91: Enchiridion Vaticanum 22
(2006), 1787-1789.

15. Hablando específicamente de nes rige siempre la comunión, el res-


las vocaciones sacerdotales, se invita peto a la acción de Dios que llama y el
a todos a proceder con generosidad adecuado discernimiento que ayude
y espíritu eclesial, respetando el don a los jóvenes a responder a este don
de Dios destinado siempre a la evan- de la mejor manera posible.
gelización, sea en la vida diocesana, El único centro diocesano para
en la ayuda a otras diócesis más ne- las vocaciones es interpretado por el
cesitadas y a la Iglesia universal, en texto como un ámbito de comunión
los institutos de vida consagrada y y de participación del clero diocesa-
las sociedades de vida apostólica o no y de cualquier otra forma de vida
en la misión ad gentes. Es digna de sacerdotal.
subrayar la coherencia del documen-
to, que teniendo aplicación en todos 16-23. Esta sección se consagra
los Seminarios y casas de formación, al tema de la atención a las vocacio-
presenta un amplio abanico de posi- nes de los adolescentes, incluyendo
bilidades en las que se puede realizar el Seminario menor y otras institucio-
la vocación presbiteral, proponiendo nes similares. El hecho de incluir el
un modelo de acción pastoral para Seminario menor en el conjunto de
las Iglesias particulares. En la activi- la pastoral vocacional podría pare-
dad pastoral a favor de las vocacio- cer una novedad, sin embargo es un

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Las vocaciones sacerdotales

car la autenticidad de sus motivaciones. Por esta razón, en cada Iglesia


particular, teniendo en cuenta las circunstancias, los propios medios y la
experiencia adquirida, es conveniente promover instituciones que sos-
tengan y ayuden a discernir las vocaciones al sacerdocio ministerial,
considerando siempre la edad y las condiciones particulares de quienes
en ellas se deben formar.
17*. El Seminario Menor12. El Código de Derecho Canónico prescribe:
«Consérvense donde existen y foméntense los seminarios menores y
otras instituciones semejantes en los que, con el fin de promover voca-
ciones, se dé una peculiar formación religiosa, junto con la enseñanza
humanística y científica; e incluso es conveniente que el Obispo dioce-
sano, donde lo considere oportuno, provea a la erección de un seminario
menor o de una institución semejante»13.

12. Cf. Optatam totius, n. 3: AAS 58 (1966), 715-716; Pastores dabo vobis, n. 63: AAS 84
(1992), 768-769.
13. CIC, can. 234, § 1; cf. también Apostolorum successores, n. 86: Enchiridion Vaticanum
22 (2006), 1770-1772.

movimiento que ya había realizado el Iglesia, al mismo tiempo abre la po-


decreto conciliar Optatam totius, in- sibilidad a otro tipo de instituciones
cluyendo en el capítulo II, dedicado a formativas adecuadas para la edad
las vocaciones, el n. 3 sobre los Se- y condición de los destinatarios. Con
minarios menores. ello también se está abriendo la puer-
ta a una nueva interpretación del Se-
16. Este texto enmarca el Semi- minario menor.
nario menor en el contexto de la pas-
toral vocacional. El Seminario menor 17. Este párrafo se limita a citar
es una institución entre otras, des- el canon 234 § 1, que pide que se
tinada a sostener las vocaciones al mantengan los Seminarios menores
sacerdocio ministerial desde la ado- o se erijan otros nuevos, aclarando
lescencia, ofrecerles los medios pa­ la finalidad específica de estas ins-
ra su desarrollo humano y espiritual tituciones, a saber, ofrecer una ade-
y para un adecuado discernimiento cuada formación religiosa, unida a la
vocacional. Evidentemente el texto preparación científica, con el fin de
se coloca en una perspectiva univer- promover las vocaciones sacerdo-
sal y tiene en cuenta que en algunos tales. La fórmula utilizada es doble:
países no existen los Seminarios me- «los Se­minarios menores y otras ins-
nores. Así, aunque mantiene la vali- tituciones similares», abriendo la po-
dez y oportunidad de los Seminarios sibilidad de modos diversos de reali-
menores, con la larga tradición de la zación de esta institución.

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Los Seminarios Menores (n. 18)

18*. La finalidad del Seminario Menor es ayudar a la maduración hu-


mana y cristiana de los adolescentes14 que muestran algunos signos de
vocación al sacerdocio ministerial, con el fin de desarrollar, conforme
a su edad, la libertad interior que les haga capaces de corresponder al
designio de Dios sobre su vida.
Donde no exista el Seminario Menor en su forma institucional, cada
Iglesia local asuma la importante responsabilidad de garantizar el acom-
pañamiento de los adolescentes, buscando nuevas estrategias y ex-
perimentando formas pastorales creativas, que fomenten y orienten el
desarrollo humano y espiritual. Se pueden mencionar, entre otras posi-
bilidades, los grupos vocacionales para adolescentes, las comunidades
de acogida vocacional, los colegios católicos y otras organizaciones
juveniles15.

14. Cf. Apostolorum successores, n. 86.


15. Cf. Pastores dabo vobis, n. 64: AAS 84 (1992), 769-770.

18. Se describe la finalidad del dad. Los elementos mencionados se


Se­minario menor y se afronta la si- refieren a los rasgos del Seminario
tuación de las diócesis en las que no menor, una institución peculiar que
existe esta estructura formativa. fá­cilmente puede desdibujarse.
La finalidad de los Seminarios me- El texto aborda la situación de
nores no es formar sacerdotes, si­no algunas diócesis e incluso naciones
ofrecer los elementos que ayuden a donde se han suprimido los Semi-
la maduración humana y cristiana de narios menores, advirtiendo que el
los adolescentes para que en su día acompañamiento a los adolescentes
puedan corresponder con libertad al con signos de vocación es una impor-
don de la vocación sacerdotal. Es una tante responsabilidad educativa de la
institución destinada a adolescentes Iglesia particular. Por un lado, como
que muestran signos de vocación al signo de respeto al llamado de Dios y,
sacerdocio. La Iglesia valora el don de por otro, como cauce para el cuidado
la vocación particularmente cuando vocacional de las nuevas generacio-
se manifiesta a temprana edad. Esta nes. Si falta el Seminario menor, hay
descripción parte de la valoración del que buscar con afán pastoral y creati-
don de la vocación sacerdotal y el res- vidad la mejor manera de cumplir los
peto a la acción de Dios que llama, de mismos fines. Se proponen algunos
modo que la perspectiva de gracia es ejemplos, que serán distintos según
esencial. Como contraparte, el texto la tradición educativa y las circunstan-
insiste en el respeto a la libertad per- cias de cada nación. Tanto las Confe-
sonal de los jóvenes y en la capacidad rencias episcopales como cada Igle-
que pueden conseguir para acoger el sia particular necesitan asumir una
don de Dios con plena responsabili- posición respecto de esta materia.

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Las vocaciones sacerdotales

19*. Para la admisión a los Seminarios Menores conviene considerar


algunas cualidades del adolescente, los «indicios de la vocación» espe-
cíficos y algunas experiencias anteriores a la entrada en el Seminario,
que fundamentan y cualifican la vida de fe de los jóvenes: por ejemplo,
el vínculo espiritual con un sacerdote, una intensa vida sacramental, una
práctica inicial de la oración, la experiencia eclesial en una parroquia o
en grupos, asociaciones o movimientos, la participación en el programa
vocacional promovido por la Diócesis, el desempeño de un servicio en la
comunidad eclesial de referencia. Conviene considerar también algunas
cualidades humanas que, debidamente desarrolladas, pueden ayudar
a los jóvenes en su maduración vocacional. Se espera, por tanto, que
los formadores evalúen la idoneidad integral (espiritual, física, psíquica,
moral e intelectual) de los posibles candidatos.
20*. A lo largo del camino vocacional en el Seminario Menor, deberá
tenerse en consideración el dinamismo del desarrollo de la persona,
según la edad de los seminaristas y poniendo particular atención a algu-
nos aspectos: la sinceridad y lealtad consigo mismos y con los otros, el
progresivo desarrollo afectivo, la predisposición a vivir en comunidad, la
capacidad para cultivar amistades fraternas, cierto nivel de responsabili-

19. Al proponer las condiciones 20. Si el artículo 19 se refería a


para la admisión de los seminaristas la evaluación previa a la admisión,
menores, queda aún más claro que el artículo 20 propone una evalua-
esta institución está destinada a ado- ción continua, particularmente la que
lescentes que se definen como cre- se hace en momentos determinados
yentes, han hecho un camino en su del curso escolar. Ante todo se debe
fe, tienen sentido de pertenencia a la constatar un crecimiento objetivo del
Iglesia, cuentan con ciertas cualida- adolescente. Además, se enumeran,
des humanas y han hecho un proce- a modo de indicadores, algunas ac-
so de maduración vocacional. El texto titudes suyas que recomiendan su
exige que los formadores hagan una permanencia en el Seminario menor.
valoración integral de los candidatos El texto se refiere a la disponibilidad
antes de su admisión. De este modo para la formación integral y al apro-
la imagen del Seminario menor se vechamiento de los medios con que
aleja definitivamente de la de un inter- cuenta el seminarista gracias al sos-
nado o un mero colegio. Al contrario, tenimiento de la comunidad cristiana.
se trata de una institución vocacional El hecho de proponer una evaluación
con objetivos específicos. Ser parte continua sitúa al Seminario menor en
de ella debe considerarse un privile- un interesante nivel de exigencia y
gio e implica una gran oportunidad seriedad.
para los seminaristas.

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Los Seminarios Menores (n. 21-22)

dad en lo que respecta a los deberes personales y a las tareas que se les
confían, la creatividad y el espíritu de iniciativa, el justo uso de la libertad,
la disponibilidad a un camino de oración y de encuentro con Cristo.
21*. Haciendo experiencia de amistad con Jesús, los adolescentes
aprendan a vivir y a desarrollar la fidelidad al Señor, sostenidos por la
oración y por la fuerza del Espíritu Santo, de modo que crezcan en actitu-
des de humilde servicio, entendido como disponibilidad hacia los demás
y como atención al bien común; obediencia, comprendida como confiada
escucha; castidad juvenil, como signo de la pureza en las relaciones y en
el don de sí mismos; y pobreza, como educación para la sobriedad en el
uso de los bienes y para la sencillez de vida.
Un factor particularmente necesario de esta formación espiritual es
sobre todo la vida litúrgica y sacramental, mediante la cual los adoles-
centes deberán participar cada vez con mayor conciencia, según la ma-
durez de su edad, junto a la devoción mariana y a otros ejercicios de
piedad cotidianos o periódicos, que se deben establecer, al igual que
otros aspectos, en el reglamento de cada Seminario.
22*. Reciban los adolescentes la preparación escolar requerida en la
propia nación para acceder a los estudios universitarios16. Consigan el
título civil correspondiente, de modo que gocen de la libertad suficiente
16. Cf. CIC, can. 234, § 2.

21. Ahora se destaca la dimensión Seminarios menores, en la que los


espiritual, que es central en el Semi- adolescentes suelen participar con
nario menor. Se ha invitado a los ado- mucha creatividad. Se subraya así el
lescentes sobre todo a hacer un ca- gran valor de la experiencia espiritual
mino espiritual y por ello la propuesta que se expresa en la participación
espiritual debe ser clara. La amistad sacramental, la oración y los peque-
personal con Jesús es el núcleo de ños actos religiosos de cada día.
la espiritualidad de los seminaristas
menores. De ella se desprenden ras- 22. Son cuatro las referencias pa­ra
gos de comportamiento o actitudes la formación intelectual de los semi-
que reflejan tal experiencia, especial- naristas menores: situarse con toda
mente en la vida comunitaria. Se está claridad en el nivel preuniversitario,
dibujando un camino de santidad ju- de manera que los estudios en el
venil, en el que, de acuerdo a la edad Se­minario mayor no sean conside­ra­
y al proceso de maduración de los dos de menor categoría, exigir a los
adolescentes, se realiza una peculiar seminaristas que consigan los títulos
vivencia de los consejos evangélicos. académicos correspondientes, ofre-
La vida litúrgica y sacramental es cer una formación complementaria
una realidad viva y dinámica en los y prestar atención a la elección del

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Las vocaciones sacerdotales

para que puedan elegir otro estado de vida, en el caso de que no sea
reconocida en ellos la llamada al sacerdocio. Es conveniente que el Se-
minario ofrezca una formación complementaria, reconociendo el valor,
por ejemplo, de aspectos culturales, artísticos, deportivos, etc. Donde
fuera posible, los estudios se podrán realizar en un instituto propio del
Seminario, en una escuela católica externa o en otras escuelas.
23*. Dada la importancia y la exigencia de los retos educativos du-
rante la adolescencia, en la cual inicia la maduración de la identidad
de los jóvenes, es necesario que éstos sean acompañados por for-
madores que comprendan la condición de su edad, que sean buenos
educadores y testigos del Evangelio. Es deseable que los formadores
cuenten con la colaboración de los padres de familia, los cuales, sobre
todo en esta etapa, ejercen una función fundamental en el proceso de
desarrollo de sus propios hijos, y con el apoyo y cercanía de la comu-
nidad parroquial de origen. Además, los formadores cuiden que los se-
minaristas mantengan la conveniente y necesaria relación con sus pro-
pias familias y con sus coetáneos, ya que esta vinculación es necesaria
para un sano desarrollo psicológico, especialmente en lo que se refiere
a la vida afectiva*.

centro de estudios, para que no en- evangelio y de entrega sacerdotal,


tre en contradicción con los objetivos y en su preparación específica para
educativos propuestos. Vale la pe­na acompañar el proceso de madura-
poner de relieve la interpretación que ción de los adolescentes. El texto da
hace el texto del Seminario me­nor co­ toda la importancia a la colaboración
mo una institución responsablemen- de los padres de familia en la educa-
te abierta a la posibilidad de que no ción humana, cristiana y vocacional
sea reconocida en los seminaristas la de sus hijos y a la referencia a la pa-
llamada al sacerdocio. Consecuente- rroquia de origen. Por último, postula
mente se desea que todo es­té prepa- con toda claridad la importancia de
rado para que puedan elegir otro ca- la inserción cultural, social, familiar
mino de vida y puedan iniciar estudios y afectiva de los seminaristas en su
universitarios. entorno natural. Por contraposición,
se excluye la imagen del Seminario
23. El último párrafo que hace refe- menor como una institución aislada
rencia al Seminario menor se dedica que pudiese alejar a los seminaristas
a los agentes de la formación. Insis- de su realidad o de su origen socio
te en la selección de los formadores, económico.
que de­ben ser ante todo testigos del

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Las vocaciones de adultos (n. 24)

c) Las vocaciones de adultos


24*. Quienes descubren la llamada al sacerdocio ministerial en edad
más avanzada llegan al Seminario con una personalidad más estruc-
turada y después de un recorrido vital caracterizado por experiencias
diversas. La acogida inicial de estas personas en el Seminario exige un
recorrido espiritual y eclesial previo, durante el cual se pueda realizar
un serio discernimiento de sus motivaciones vocacionales.
Es necesario evaluar con cuidado el tiempo transcurrido entre el Bau-
tismo, o la conversión cristiana, y el ingreso al Seminario17, evitando la
posible confusión entre el seguimiento de Cristo y la llamada al ministe-
rio presbiteral.
De la misma manera que se hace con los otros seminaristas, se cuide
el acompañamiento de estos candidatos a través de un proceso serio y
completo, que prevea, en el ámbito de la vida comunitaria, una sólida
formación espiritual y teológica18, mediante un oportuno método peda-
gógico y didáctico, que tenga en cuenta el propio perfil personal. Será
competencia de las Conferencias Episcopales dar normas específicas

17. Cf. Ibid., can. 1042, n. 3.


18. Cf. Pastores dabo vobis, n. 64: AAS 84 (1992), 769-770; Vocationes adultorum, n. 12:
Enchiridion Vaticanum 5 (2000), 2102.

24-27. Habiendo tratado lo refe- pecto a los adolescentes, se requiere


rente al Seminario menor y a otras un camino eclesial hecho. Esto im-
instituciones similares, el documento plica que el candidato sea conocido
enfoca tres situaciones en las que en su parroquia y sea recomendado
con alguna frecuencia se encuen- por la comunidad cristiana. El texto
tran las vocaciones sacerdotales. Se subraya la necesidad de un serio dis-
trata de temas relativamente nuevos cernimiento que tenga en cuenta las
para los cuales es importante dar motivaciones vocacionales.
una orientación e incluso normas Se advierte de modo particular
precisas. El hecho de colocar títulos sobre la posible confusión entre una
para cada una de ellas ya nos está experiencia de primera conversión y
insinuando que son realidades que la llamada al sacerdocio ministerial.
requieren atención y un cuidadoso En la situación de muchas diócesis
discernimiento. que experimentan carencia de voca-
ciones, admitir al Seminario perso-
24. El primer dato es que los adul- nas aún deslumbradas por una expe-
tos que piden el ingreso al Semina- riencia de conversión representa un
rio tienen ya una experiencia de vida riesgo real.
que es necesario examinar con dete- A los candidatos adultos se pide
nimiento. Tal como se ha dicho res- lo mismo que a todos los demás: un

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Las vocaciones sacerdotales

acordes a la situación de la nación, evaluando la conveniencia de esta-


blecer un límite de edad para la admisión de dichas vocaciones y consi-
derando la posibilidad de erigir un Seminario para este fin19.

d) Las vocaciones indígenas


25*. «Una atención particular se debe dar a las vocaciones nacidas
entre los indígenas; conviene proporcionar una formación inculturada
en sus ambientes. Estos candidatos al sacerdocio, mientras reciben la
adecuada formación teológica y espiritual para su futuro ministerio, no
deben perder las raíces de su propia cultura»20. La sola presencia de
estas vocaciones es un elemento importante para la inculturación del
Evangelio en algunas regiones, donde la riqueza de la cultura originaria

19. Cf. Apostolorum Sucesores, n. 87.


20. Juan Pablo II, Exhortación apostólica post-sinodal Ecclesia in America (22 de enero
de 1999), n. 40: AAS 91 (1999), 776.

proceso completo y serio de acom- des, sobre todo cuando se tiende a


pañamiento vocacional. El fenómeno ser menos exigente en las condicio-
de la adolescencia retardada y de la nes para el ingreso y cuando se baja
falta de toma de decisiones en torno el nivel de los estudios.
al estado de vida complica objetiva-
mente la admisión de las vocaciones 25. El artículo comienza citando
adultas. En este punto hay notables Ecclesia in America, por ser un texto
diferencias de un país a otro, por ello en el que aparece explícitamente la
se pide a las Conferencias episco- expresión «vocaciones indígenas».
pales que establezcan un límite de Se hace una valoración explícita de
edad y las condiciones que crean las vocaciones indígenas como un
oportunas. Según la mente de la Ra­ signo de la evangelización de las cul-
tio fundamentalis no se deben hacer turas originarias y un medio precioso
excepciones por el solo hecho de ser para ello. La Ratio sitúa la formación
adultos. Al contrario, se deben man- inculturada a la que se refiere Eccle­
tener todas las exigencias para una sia in America durante las primeras
adecuada selección vocacional. etapas y particularmente en el pro-
Al final el texto alude a los Semi- ceso vocacional previo al ingreso en
narios de vocaciones adultas como el Seminario. Así, se debe conjugar
una posibilidad. El documento no los la adecuada integración con los de-
recomienda, sino que deja el juicio al más candidatos en el Seminario con
respecto en manos de la Conferencia la capacidad para valorar y mantener
episcopal. El Seminario de vocacio- las raíces de la propia cultura y de la
nes adultas plantea algunas dificulta- propia lengua.

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Las vocaciones y la migración (n. 26-27)

debe ser valorada adecuadamente. Siempre que fuese necesario, se


puede ofrecer un servicio vocacional en la propia lengua, en el contexto
de la peculiar cultura local.

e) Las vocaciones y la migración*


26*. Se ha multiplicado de modo creciente el fenómeno de la migra-
ción de los pueblos, por diversas razones de naturaleza social, econó-
mica, política y religiosa21. Es importante que la comunidad cristiana
ofrezca una constante atención pastoral a las familias que emigran,
viven y trabajan en otro país, las cuales representan una importante ri-
queza. De entre ellas pueden nacer vocaciones al ministerio presbiteral,
que exigen un acompañamiento adecuado a su progresiva integración
cultural22.
27*. Algunos jóvenes, que se sienten llamados por el Señor, dejan
la propia nación para recibir la formación para el presbiterado en otro
lugar. Es importante considerar su historia personal, teniendo en cuenta

21. Cf. Francisco, Exhortación apostólica post-sinodal Amoris laetitia (19 de marzo de
2016), n. 46, Libreria Editrice Vaticana 2016.
22. Cf. Pontificio Consejo para la Pastoral de los Migrantes y de los Itinerantes, Instrucción
Erga migrantes caritas Christi (3 de mayo de 2004), n. 45: Enchiridion Vaticanum 22 (2006),
2480-2481.

26-27. El tema de las vocaciones va de estas familias que sin duda en-
sacerdotales relacionadas con la mi- riquecen a la sociedad que los recibe
gración resulta delicado. La Ratio dis- y también a la comunidad cristiana.
tingue con claridad dos situaciones, Se pone de relieve la preocupación
dedicando un artículo a cada una de por la adecuada integración cultural
ellas: la del candidato que emigró de estas vocaciones, de modo que
con su familia y, ya en el nuevo con- después puedan realizar una armo-
texto, experimentó la inquietud voca- niosa colaboración en el presbiterio y
cional, y la del candidato que emigra en su relación con los fieles.
solamente para recibir la formación
sacerdotal en otro contexto cultural, 27. Otro caso muy distinto es el
permaneciendo su familia en el lugar de los jóvenes que emigran por mo-
de origen. tivos vocacionales, alejándose de su
propia familia y de su cultura. El tex­to
26. Para el primer caso, el texto advierte que es necesario, primera-
enmarca la pastoral de las vocacio- mente, verificar atentamente las mo­
nes sacerdotales en el conjunto de tivaciones de su opción vocacional
la acción pastoral a favor de los emi- y después, hacer todo lo posible pa­
grantes. Hace una valoración positi- ra entrar en diálogo con la Iglesia lo­

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Las vocaciones sacerdotales

el contexto del que provienen, y verificar atentamente las motivaciones


de su opción vocacional, haciendo todo lo posible para entrar en diálo-
go con la Iglesia local de origen. En todo caso, durante el proceso for-
mativo, es necesario encontrar los métodos e instrumentos adecuados
para una correcta integración, sin minusvalorar el reto de la diversidad
cultural que, en ocasiones, puede hacer más complejo el discernimiento
vocacional.

cal de origen. Al proponer el cuidado Evidentemente el discernimiento de


pastoral de estas vocaciones en ta- estas vocaciones se torna más com-
les términos, se está descalificando plejo y no se recomienda que esta
la acción contraria, es decir, la que no sea una práctica habitual. La ayuda
examina las motivaciones y consien- solidaria entre las Iglesias particula-
te una ruptura con la Iglesia particular res y la mejor distribución del clero
de origen. Con mucha delicadeza se se debe promover de otras maneras,
alude al problema frecuente de algu- sobre todo contando con la disponibi-
nas diócesis con carencia de voca- lidad de los que ya han recibido la or-
ciones, que acogen candidatos de denación presbiteral y pueden servir
otros países faltando la necesaria in- por un tiempo en otras diócesis más
formación y el debido discernimiento. necesitadas.

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III
LOS FUNDAMENTOS DE LA FORMACIÓN*

a) El sujeto de la formación
28*. Durante el itinerario formativo hacia el sacerdocio ministerial, el
seminarista permanece como un «misterio para sí mismo», en el cual
interactúan y coexisten dos aspectos de su humanidad, que deben inte-
grarse recíprocamente: por un lado, un conjunto de cualidades y rique-
zas, que son dones de la gracia; por otro lado, dicha humanidad está
marcada por límites y fragilidades. El trabajo formativo consiste en ayu-
dar a la persona a integrar ambos aspectos, con el auxilio del Espíritu
Santo, en un camino de fe y de progresiva y armónica maduración de to-
dos los componentes, evitando la fragmentación, las polarizaciones, los
excesos, la superficialidad o la parcialidad. El tiempo de formación hacia
el sacerdocio ministerial es un tiempo de prueba, de maduración y de
discernimiento por parte del seminarista y de la institución formativa.

Cap. III. Este capítulo es la piedra oportuno para realizar una primera
basilar que da unidad a la Ratio. Se selección y un sereno discernimien-
pone el énfasis en la persona del can- to (RFIS, 59) que evite el ac­ceso al
didato que, mediante un cuidadoso Seminario a quienes no reúnen unas
acompañamiento personal y comu- condiciones mínimas. Recordemos la
nitario, discierne si en efecto Dios lo máxima conciliar que en lo referente a
llama al ministerio. El can­didato es la selección de candidatos recomien-
el principal protagonista de su forma- da proceder «con firmeza de ánimo,
ción ayudado, lógicamente, por for- aunque haya que lamentarse por la
madores bien seleccionados. El pro- escasez de vocaciones» (OT, 6).
ceso formativo debe ser presentado
como un camino discipular y misione- 28. Aunque el documento habla­
ro de configuración con Cristo, desde rá después más concretamente de la
la formación de la interioridad y con dimensión humana de la formación
un gran sentido de comunión. (n. 93-100), aquí ya se colocan los ele-
En esta línea, cobra sentido la nor- mentos que deben tenerse en cuen­
ma de no admitir al Seminario ma­yor a ta para favorecer y garantizar en los
quien no posea unas dotes humanas candidatos una integración ajustada
y morales, espirituales e intelectua- de su persona que les permita ejercer
les y una salud física y psíquica sufi- adecuadamente en el futuro la fun-
cientes en las que asentar el proce­so ción pastoral. En los relatos bíblicos
formativo (CIC, 241 § 1; RFIS, 189). de vocación no se oculta la debilidad
La etapa propedéutica es un tiempo del vocacionado, lo que hace resaltar

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Los fundamentos de la formación

29*. El seminarista está llamado a «salir de sí mismo»1, para orientar


sus pasos, en Cristo, hacia el Padre y hacia los demás, abrazando la
vocación al presbiterado, esforzándose por colaborar con el Espíritu
Santo, realizando una síntesis interior, serena y creativa, entre fortaleza
y debilidad. El proyecto educativo ayuda a los seminaristas a reconducir
a Cristo todos los aspectos de su personalidad, de tal modo que lle-
guen a ser conscientemente libres para Dios y para los demás2. Solo en

1. Cf. Francisco, Discurso a los seminaristas, a los novicios y novicias venidos de varias
partes del mundo con ocasión del Año de la Fe (6 de julio de 2013): Enseñanzas I/2 (2013), 13.
2. Cf. Congregación para la Educación Católica, Orientaciones educativas para la forma­
ción para el celibato sacerdotal (11 de abril de 1974), n. 38: Enchiridion Vaticanum 5 (2000),
275-276; Congregación para la Educación Católica, Orientaciones para la utilización de las
competencias de la psicología en la admisión y en la formación de los candidatos al sacerdo­
cio (29 de junio de 2008), n. 9: Enchiridion Vaticanum 25 (2011), 1268-1269.

más la conciencia de que la voca- Así, cada dimensión de la perso-


ción es un don gratuito de Dios que nalidad (corporeidad, tem­peramen­to,
exige una continua correspondencia. carácter, pulsiones, predisposiciones,
La formación debe ayudar a los se- aptitudes, capacidades, intereses, va­
minaristas a aceptar sus limitaciones lores, actitudes, conciencia moral y
personales y a trabajar sobre ellas fe religiosa) está implicada en la di-
para responder adecuadamente a la námica del proceso de maduración
llamada de Dios. El proceso formativo personal, desde el reconocimiento
ha de buscar la transformación de los de la soberanía de Dios que llama a
candidatos por medio de un constan- una plenitud personal en la fe y en la
te crecimiento humano que los intro- gracia que, trascendiendo los propios
duzca en la experiencia del Misterio intereses y afrontando las propias li-
y los disponga para aplicar esta diná- mitaciones, se desarrolla en el tiem-
mica durante toda su vida en la for- po, asumiendo el pasado –en par­
mación permanente. La integración ticular lo que supone una dificultad– e
de estos dos polos que conforman la integrándolo; mirando al futuro como
humanidad del candidato no se da sin meta que dinamiza y orienta el pre-
un camino de fe, porque, como dice sente; viviendo en plenitud el aquí y
santo Tomás, «la gracia no destruye ahora en el quehacer cotidiano.
ni sustituye la naturaleza, sino que la
eleva» (STh I, 1, 8 ad 2), posibilitando 29. La llamada al ministerio pres-
una armónica conciliación entre los biteral conlleva realizar una opción
valores humanos y sobrenaturales. ego-trascendente en que el semina-
Sobre el tiempo que dura la forma- rista, más allá de la gratificación per-
ción, este artículo indica que habrá de sonal, se decide a amar a los demás
ser el que requiera dicha experiencia con un corazón indiviso. La persona
«de prueba, de maduración y de dis- llamada experimenta una novedad
cernimiento». en su vida que supone la negación de

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El sujeto de la formación (n. 29)

Cristo crucificado y resucitado tiene sentido este proceso de integración


y llega a su plenitud; en Él se recapitulan todas las cosas (cf. Ef 1, 10),
para que «Dios sea todo en todos» (1 Cor 15, 28).

sí mismo para establecer una nueva nada. Esta autoposesión, signo de


orientación hacia Dios y hacia el pró- un yo personal libre, no puede medir-
jimo. La realización personal se com- se directamente, de ahí la dificultad
prende ahora como consecuencia a la hora del discernimiento; pero sí
de esta opción. La formación debe podemos hacerlo a través de unos
ayudar al seminarista a desligarse de indicadores indirectos que la expre-
la búsqueda de su autorrealización san: la autoimagen, el autoconcepto
para abrirse a la llamada de Dios de y la autoestima. Su observación nos
un modo vital, profundo, desde lo aproximará al conocimiento del gra-
que es y aprende a ser en la relación do de libertad interna del candidato.
con Dios y con los hermanos. Es un Por ello, la educación en la liber-
proceso de gradual desapropiación, tad y para la libertad es fundamental
al estilo de Jesús, que significa en- en la formación de los seminaristas.
tregar la propia vida por el Reino. Es Desde este punto de vista, la opción
un proceso que implica a la persona por el sacerdocio debe ser personal,
en su integridad y ocupa toda la vida. bien motivada y libre de intenciones
Por eso la Ratio no busca formar inadecuadas. No se les hará verda-
presbíteros cortados por el mismo pa- deros hombres si no se asume el
trón, con respuestas de manual, con contexto de libertad en el que han
una obediencia meramente exterior y crecido y si el Seminario no ofrece los
formal, sino que comprende al candi- cauces para ejercitarla. Un ambien-
dato como un sujeto autónomo y libre te de educación en la libertad y en la
que ha de ser capaz de actuar con responsabilidad y una vida sobria y
libertad interior. Así se revela la gran ordenada, que se programa y revisa
importancia del cuidado de los proce- con transparencia, son el caldo de
sos y del acompañamiento per­sonal y cultivo necesario para que se produz-
comunitario que lleven al seminarista ca el crecimiento.
a «interrogarse críticamente sobre el Es llamativo que en el centro de
camino recorrido, su condición actual, este artículo, que describe el dina-
sus propias opciones y su futuro» mismo propio de la formación sacer-
(RFIS, 96). dotal, aparezca el proyecto formativo
La libertad del seminarista no se como instrumento idóneo para con-
orienta primariamente a la elección seguir este fin. El proyecto formativo
de un objeto, sino de un modelo de es la mediación pedagógica necesa-
vida, a cuya realización se subordi- ria que ayuda a la confluencia de la
na la elección de los objetos. Es libre acción gratuita del Espíritu Santo y
quien se posee a sí mismo y puede la respuesta agradecida de parte del
entregarse en una dirección determi- seminarista.

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Los fundamentos de la formación

b) La base y la finalidad de la formación: la identidad presbiteral*


30*. Para profundizar en la formación integral del candidato, antes
se debe reflexionar acerca de la identidad del presbítero3. Una primera
consideración es de naturaleza teológica, en cuanto que la vocación al
presbiterado arraiga y encuentra su razón de ser en Dios, en su designio
amoroso. Jesús realiza la nueva alianza a través del don de sí mismo y
de su sangre, y así engendra el pueblo mesiánico, que «es para todo el
género humano, un germen segurísimo de unidad, de esperanza y de
salvación»4. Como recuerda el Concilio Vaticano II, la naturaleza y la
misión de los presbíteros solo se comprende dentro de la Iglesia, Pueblo
de Dios, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo5, a cuyo servicio
consagran su vida.

3. Cf. Congregación para el Clero, Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros
(11 de febrero de 2013), cap. I.
4.  Lumen gentium, n. 9: AAS 57 (1965), 13.
5. Cf. ibid., n. 17: AAS 57 (1965), 21.

30-34. La vocación presbiteral no 30. La reflexión de la Ratio sobre


es un derecho que la persona pue- la identidad presbiteral comienza po-
da reclamar, sino un don que reci- niendo las coordenadas teológicas
be inmerecidamente; tampoco res- y eclesiológicas de este ministerio,
ponde a un diseño personal que se haciendo ver que es absolutamente
realiza según los propios criterios o necesario que sea interpretado des­
intereses; ni es un privilegio. La for- de estas claves y no desde otros
mación sacerdotal exige una clara puntos de vista. Todo en él debe ser
concepción de lo que es el ministerio comprendido como designio amoro-
presbiteral desde el punto de vista so del Padre, don de Cristo en la cruz
teológico y eclesiológico para que y efusión del Espíritu Santo.
no sea desvirtuado o ideologizado. Después se afirma la referencia
Es preciso que los seminaristas co- eclesial del ministerio sacerdotal. «La
nozcan claramente en qué consiste vida y el ministerio del sacerdote son
el ministerio presbiteral y las obliga- continuación de la vida y de la acción
ciones que le son inherentes (CIC, del mismo Cristo. Esta es nuestra
247 §2), de modo que vayan identifi- identidad, nuestra verdadera digni-
cando y apropiándose gradualmente dad, la fuente de nuestra alegría, la
de los valores sacerdotales, evitando certeza de nuestra vida» (PDV 18).
los riesgos del clericalismo y de una La vinculación del ministerio presbi-
configuración meramente externa del teral con la Iglesia, y a través de ella
ministerio, centrada en apariencias o con el misterio mismo de la Trinidad,
en modos de presentarse. conlleva unas exigencias espiritua-

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Base y finalidad de la formación (n. 31)

31*. Toda la comunidad creyente, mediante la unción del Espíritu,


está constituida como sacramento visible para la salvación del mundo;
todos los miembros del Pueblo de Dios, de hecho, participan en la obra
redentora de Cristo6, ofreciendo un «sacrificio vivo, santo y agradable a
Dios» (Rm 12, 1) como pueblo sacerdotal7. La unidad y la dignidad de la
vocación bautismal preceden cualquier diferencia ministerial. El Concilio
Vaticano II afirma que «el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio
ministerial o jerárquico, aunque diferentes esencialmente y no sólo de
grado, se ordenan, sin embargo, el uno al otro, pues ambos participan
a su manera del único sacerdocio de Cristo»8. El ministerio presbiteral,
por consiguiente, es interpretado, en su naturaleza específica y en sus
fundamentos bíblicos y teológicos, como servicio a la gloria de Dios y al
sacerdocio bautismal de los hermanos9.

6. Cf. ibid., n. 10: AAS 57 (1965), 14-15; CIC, can. 204, § 1.


7. Cf. 1 Pe 2, 4-9.
8. Lumen gentium, n. 10: AAS 57 (1965), 14.
9.  Cf. ibid., nn. 10 y 18: AAS 57 (1965), 14-15 y 21-22; Presbyterorum ordinis, n. 2: AAS
58 (1966), 991-993; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1547 y 1592.

les y pastorales de suma importan- 31. El presbítero no puede olvidar


cia que deben ser cultivadas desde su pertenencia al Pueblo del que ha
la formación inicial y especifican la sido elegido para servirlo. La forma-
identidad presbiteral: a)  el sentido ción debe ayudarle a descubrir la unión
de pertenencia a la Iglesia para no que existe, a nivel vocacional, entre
vivir el ministerio como un oficio del «origen», «elección» y «misión», pa­ra
que el sacerdote se cree dueño, sino que tome conciencia de que el sacer-
sintiéndose siempre y en cada mo- docio no es para sí mismo, sino para
mento llamado por la Iglesia y para el los otros: «Los presbíteros, tomados
servicio del pueblo de Dios. b) la sin- de entre los hombres y constituidos en
tonía con el Magisterio, pues el pres- favor de los hombres conviven, como
bítero ejerce un ministerio eclesial en hermanos, con los otros hombres…
nombre de Cristo y para el Cuerpo de son en realidad segregados, en cierto
Cristo. c) la defensa de la Iglesia, no modo, en el seno del Pueblo de Dios;
en actitud beligerante y apologética, pero no para estar separados ni del
sino asumiendo la actitud de parre­ pueblo mismo, ni de hombre alguno»
sía en un contexto de secularismo, (PO, 3). Este ministerio en favor de
como una voz profética, denuncian- la comunidad exige la disponibilidad
do los pecados estructurales de la como estilo de vida, como actitud bá-
sociedad y proclamando los signos sica y previa para el servicio.
y gestos de salvación de la Iglesia La Ratio ha plasmado de una ma-
(PDV, 15-16). nera precisa la relación íntima entre

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Los fundamentos de la formación

32*. Todo creyente ha sido ungido por el Espíritu Santo y participa,


activamente y según los carismas que le son propios, en la misión de la
Iglesia, pero también es verdad que «el mismo Señor, para que los fieles
se fundieran en un solo cuerpo, en el cual ‘no todos los miembros tienen
la misma función’ (Rm 12, 4), de entre ellos constituyó a algunos minis-
tros que, ostentando la potestad sagrada en la sociedad de los fieles,
tuvieran el poder sagrado del Orden, para ofrecer el sacrificio y perdonar
los pecados, y desempeñar públicamente, en nombre de Cristo, la fun-
ción sacerdotal»10. Esto significa que los presbíteros, en comunión con el
orden episcopal, forman parte inseparable de la comunidad eclesial y, al
mismo tiempo, son constituidos pastores y guías, por voluntad de Cristo
y en continuidad con la obra de los Apóstoles. Por tanto, «el sacerdote se
sitúa no sólo en la Iglesia, sino también al frente de la Iglesia»11.

10.  Presbyterorum ordinis, n. 2: AAS 58 (1966), 992.


11.  Pastores dabo vobis, n. 16: AAS 84 (1992), 681.

el sa­cerdocio común de los fieles y el pueblo… Es lindo ser pueblo fiel de


sacerdocio ministerial, reconociendo Dios. ¡Y alcanzamos plenitud cuando
la necesidad de afirmar la identidad rompemos las paredes y el corazón
discipular y misionera como funda- se nos llena de rostros y de nom-
mento de la identidad presbiteral bres!» (EG, 270-274).
y determinando desde esta óptica
las etapas de la formación inicial. El 32. El presbítero es signo-sa-
presbítero siempre continúa crecien- cramento personal de Cristo Pastor,
do en la vida discipular, atento a la representa y personifica a Cristo Ca­
Palabra del Señor, y ha recibido la beza, Pastor, Siervo de la grey y Es-
misión de alimentar con ella al Pue- poso de la Iglesia (RFIS, 35). Esta
blo de Dios. «capitalidad» significa presidencia
La enseñanza del Papa Francis- de la comunidad, que en nada supo-
co sobre «el gozo de ser pueblo» ne privilegio o supremacía de poder
pone coordenadas importantes pa­ humano. La caridad pastoral es en-
ra la interpretación de todo minis- tonces el valor central y unificador
terio, incluido el sacerdotal: «Jesús de su ser y hacer que se manifiesta
espera… que aceptemos de verdad en la donación total de sí mismo en
entrar en contacto con la existencia el servicio desinteresado al Pueblo
concreta de los otros y conozcamos de Dios, en la animación y la guía de
la fuer­za de la ternura. Cuando lo ha- la comunidad eclesial bajo la auto-
cemos, la vida siempre se nos com- ridad del Obispo y junto con el res-
plica maravillosamente y vivimos la to del presbiterio, con los religiosos
intensa experiencia de ser pueblo, y los laicos, coordinando los dones y
la experiencia de pertenecer a un carismas de la comunidad, creando

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Base y finalidad de la formación (n. 33)

33*. El presbítero, miembro del Pueblo santo de Dios, está llamado


a cultivar su dinamismo misionero, ejercitando con humildad el deber
pastoral de guía autorizado, maestro de la Palabra y ministro de los sa-
cramentos12, viviendo una fecunda paternidad espiritual.
Por tanto, los futuros presbíteros deben ser educados de modo que
no caigan en el «clericalismo», ni cedan a la tentación de orientar la pro-
pia vida hacia la búsqueda del aplauso popular, considerando a la Iglesia
como una simple institución humana. Esta actitud les haría ineficaces en
el ejercicio del ministerio de conducir a la comunidad.

12.  Cf. Congregación para el Clero, El presbítero maestro de la Palabra, ministro de los
sacramentos y guía de la comunidad, ante el tercer milenio cristiano (19 de marzo de 1999):
Enchiridion Vaticanum 18 (2002), 289-376.

comunión (PDV, 26; CIC, 245). El dos los elementos adquiridos durante
sacerdote es miembro de la Iglesia y la formación (RFIS, 74-76).
al mismo tiempo pastor de la comu- En una entrevista a L’Osservatore
nidad eclesial. Esto exige un cambio Romano, el Cardenal Stella dibujaba
de mentalidad, en particular por lo el perfil del presbítero hoy: «No es el
que respecta a los laicos, pasando hombre del ‘hacer’, un líder, un ges-
de considerarlos colaboradores del tor de lo religioso o un funcionario de
clero a reconocerlos realmente como lo sagrado; es un discípulo enamora-
corresponsables en la misión de la do del Señor, cuya vida y ministerio
Iglesia (ChL, 23). se fundan en la íntima relación con
Dios y en la configuración con Cristo
33. El Decreto Presbyterorum Or­ Buen Pastor».
dinis desarrolla la misión de los pres- El segundo párrafo advierte de
bíteros en favor del Pueblo de Dios dos peligros: el clericalismo y la bús-
sobre la base de los tria munera (PO, queda del aplauso popular, indican-
4-6): ministros de la Palabra de Dios do además por qué estos modos de
(munus docendi), ministros de la san- comprender y vivir el ministerio sa-
tificación por medio de los sacramen- cerdotal son ilegítimos: porque impli-
tos (munus santificandi), y guías del can una consideración de la Iglesia
Pueblo de Dios (munus regendi). Es- como institución meramente huma-
tas tres dimensiones han de formar­ na, es decir, hacen una interpretación
se adecuadamente durante el tiempo del sacerdocio distanciada del miste-
del Seminario, no solo a nivel intelec- rio. Con esto se reafirma el principio
tual, como base teórica para el futuro mencionado: el ministerio sacerdotal
encargo ministerial, sino desde una se fundamenta en la vida de fe y en
práctica pastoral, necesario comple- la autenticidad del discipulado. Pres-
mento de la formación (CIC, 256), que cindir de este fundamento sería cons-
provoque la síntesis necesaria de to- truir en el vacío.

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Los fundamentos de la formación

34*. Por otro lado, la ordenación presbiteral que le ha constituido guía


del Pueblo, con la efusión del Espíritu Santo, mediante la imposición
de las manos del Obispo, no debe conducir al presbítero a «dominar a
los que les han sido encomendados» (1Pe 5, 3): «toda autoridad ha de
ejercitarse con espíritu de servicio, como ‘amoris officium’ y dedicación
desinteresada al bien del rebaño»13.
En conclusión, la vocación sacerdotal tiene su origen en un don de
la gracia divina, que se hace concreto después en la ordenación sa-
cramental. Este don se expresa a lo largo del tiempo por mediación de
la Iglesia, que llama y envía en nombre de Dios. Correlativamente, la
respuesta personal se desarrolla en un proceso, que inicia con la toma
de conciencia del don recibido y madura gradualmente, con la ayuda de
la espiritualidad sacerdotal, hasta configurarse como una forma estable
de vida, con un conjunto de deberes y derechos, y una misión específica
asumida por el ordenado.

13. Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, n. 25; cf. también Mt 20, 25-28
y Mc 10, 42-45; Francisco, Audiencia General (26 de marzo de 2014): L’Osservatore Romano
70 (27 de marzo de 2014), 8.

34. En el ministerio presbiteral la Es necesario que los formadores


motivación de fondo (movidos por el tengan tal motivación y pongan en
amor) y el estilo con que se ejerce (de- práctica su ministerio con el mismo
dicación desinteresada al bien del re- estilo, utilizando la autoridad no co­
baño) tienen una importancia singular, mo elemento coactivo, rígido, exterior,
pues ambos elementos condicionan sino como un servicio a los seminaris-
y expresan la identidad presbiteral. tas a quienes mostrarán su cercanía,
Esto implica cultivar en la formación preocupación e interés (OT,  11). La
la capacidad para el diálogo y para las labor pedagógica no se debe ejercer
relaciones personales, sin arrogan- de una manera arbitraria y autoritaria,
cias ni polémicas, sino como perso- sino que hay que conseguir del semi-
nas afables, hospitalarias y sinceras, narista, ante todo, su confrontación
con sensibilidad humana y ternura de personal con la realidad que le rodea,
corazón (PDV, 43), que buscan a Cris- para que sepa dar respuesta cons-
to en los hombres, en especial en los ciente y responsable a las exigencias
más pequeños y vulnerables, siendo que se derivan de aquella confronta-
así signos de la solicitud de la Iglesia ción. Una disciplina bien entendida
que es madre y maestra; hombres de es difícil, pero no imposible, y lleva-
la caridad, educadores del amor fra- rá a los propios seminaristas hacia
terno, del amor preferencial por los la corresponsabilidad, ayudándolos a
pobres y del amor misericordioso por comprender el sentido de la obedien-
los pecadores (PDV, 46 y 49). cia cristiana desde el ministerio al que

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Configuración con Cristo (n. 35)

c) El camino de la formación como configuración con Cristo


35*. Los presbíteros, configurados en su ser con Cristo Cabeza, Pas-
tor, Siervo y Esposo14, participan de su único sacerdocio y de su misión
salvífica, como colaboradores de los Obispos. Así, son en la Iglesia y
en el mundo un signo visible del amor misericordioso del Padre. Estas

14. Cf. Presbyterorum ordinis, n. 2: AAS 58 (1966), 991-993; Pastores dabo vobis, n. 3:
AAS 84 (1992), 660-662; Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, n. 6.

han sido llamados, de manera que y comunitaria que se desarrolla en


lleguen a ser verdaderos pastores del múltiples facetas: la preparación, la
Pueblo de Dios. acogida y la perseverancia.
La aceptación del estilo de vida de
Jesús planta exigencias a nivel huma- 35. El camino espiritual para la
no que no pueden pasar desapercibi- formación sacerdotal y para todo el
das en la tarea formativa. Por ejem- ministerio presbiteral es la configura-
plo, la importancia de la formación ción con Cristo. Tal configuración es
para el celibato, que ha de conducir una experiencia mística, que implica
a los candidatos a tomar conciencia la atenta contemplación de la persona
plena de los deberes y responsabili- de Jesús y la transformación de las
dades que asumen, así como de las propias actitudes según el modelo del
dificultades que se pueden presentar. Señor. Es un camino espiritual que
Otro ejemplo es la formación para la transitan todos los cristianos, llama-
obediencia, cuyo fundamento es vin- dos a imitar los ejemplos de Jesús
cularse más estrechamente a la mi- y que en el caso de los ministros or-
sión de la Iglesia. Un tercer ejemplo, denados tiene unos rasgos específi-
el deber de formar para el espíritu de cos. Este es el camino recorrido por
pobreza, necesaria para poner en los apóstoles en el seguimiento del
práctica la sencillez de vida propia Señor. La afirmación de que la vida
del presbítero (RFIS, 109-111; PDV, sacerdotal es un proceso de configu-
29-30; CIC, 245 §2; 247; 282). ración es importante, porque la coloca
El segundo párrafo reitera el senti- en un alto nivel espiritual. Así, la vida
do unitario de todo el proceso forma- presbiteral no consiste principalmen-
tivo. La ordenación sacerdotal produ- te en un oficio, ni se limita a realizar
ce ciertamente un cambio ontológico, una función, mucho menos consiste
pero esto se prepara asidua y delica- en hacer actividades, sino que impli-
damente a lo largo de un proceso ca un modo de ser, un hombre interior
formativo y se prolonga en el tiempo transformado por el don de la gracia
por una acogida responsable del don en este proceso de desarrollo místico.
recibido. El documento entiende que Los rasgos específicos de esta
el don de la vocación sacerdotal exi- configuración tienen importancia por­
ge a su vez una respuesta humana que hacen una interpretación del mi-

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Los fundamentos de la formación

características de la persona de Cristo ayudan a comprender mejor el


sacerdocio ministerial en la Iglesia, inspirando y orientando, bajo la ac-
ción del Espíritu, la formación de los seminaristas, para que, insertos en
el misterio trinitario, alcancen la propia configuración con Cristo15.
36*. La Carta a los Hebreos presenta el sacerdocio de Cristo como ex-
presión de su misión entre los hombres16. El primer rasgo que caracteriza
a Cristo como verdadero Sumo Sacerdote es su singular proximidad, que

15. Cf. Presbyterorum ordinis, n. 2: AAS 58 (1966), 991-993.


16. Cf. Benedicto XVI, Encuentro con el Clero de Roma (18 de febrero de 2010): Ense­
ñanzas VI/1 (2010), 243.

nisterio sacerdotal desde su funda- rasgo significativo en la espiritualidad


mento cristológico. Aparecen cuatro del sacerdote diocesano. Durante la
figuras cristológicas con raigambre formación inicial y a lo largo de toda
bíblica: Siervo, Pastor, Cabeza y Es- la vida sacerdotal debe darse una cre-
poso. Para formar en la configuración ciente profundización en este camino
conviene situar bien la interpretación místico de unión con el Señor, que es
que hace la Escritura de estas figuras, alma del ministerio presbiteral.
identificando el modo en que Jesús las Por último, el texto alude al camino
asumió en su ministerio. La imagen personal que cada seminarista debe
de la Cabeza es más difícil de inter- hacer para alcanzar la configuración
pretar, pues conlleva un vínculo con con Cristo. En este sentido espiritual,
la precedencia y el poder; basta mirar el seminarista es insustituible prota-
cómo ejerció el Señor esta preceden- gonista de su proceso formativo. Na-
cia y cómo convirtió todo poder en die puede provocar desde fuera este
servicio para entender lo que significa proceso: ni los formadores, ni las nor-
ser cabeza en la comunidad cristiana. mas disciplinares, ni las prácticas de
Las otras tres figuras equilibran la an- piedad. Estamos hablando de un ca-
terior. La imagen del Pastor contie­ne mino espiritual que exige abrir el cora-
el sentido profundo del cuidado de las zón, permitiendo que sea iluminado y
ovejas, el pastor que se duele de la moldeado por el Espíritu Santo.
oveja perdida y sale a buscarla, ex-
perimentando al encontrarla su ma- 36. Los dos párrafos de este ar-
yor alegría; el pastor que a ejemplo tículo hacen una apretada síntesis
de Cristo da la vida por las ovejas. La del sentido sacrificial y eucarístico
imagen del Siervo tiene una particular del ministerio presbiteral. El texto de
importancia, porque rescata la doctri- Hebreos 5, 1-10 que nos propone la
na de los cantos del siervo del profe- Ratio está elaborado con un gran es-
ta Isaías que los primeros cristianos mero. En primer lugar señala las ca-
usaron para entender la pasión de Je- racterísticas del sumo sacerdote del
sús. La imagen del Esposo subraya Antiguo Testamento y luego las aplica
la vinculación definitiva con la Iglesia, a Cristo, aclarando que él es el único

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Configuración con Cristo (n. 37)

lo hace cercano, tanto a Dios como a los hombres17. Cristo, lleno de mi-
sericordia, es el Sacerdote «santo, inocente, sin mancha» (Hb 7, 26) que,
habiéndose ofrecido a sí mismo «con fuertes gritos y lágrimas» (5, 7),
«puede mostrarse indulgente» (5, 2) con nuestra debilidad y llega a ser
«causa de salvación eterna para todos los que le obedecen» (5, 9).
Verdadero Dios y verdadero hombre, en el amor, Cristo ha llevado a
cumplimiento las realidades precedentes: el sacerdocio (cf. Hb 7, 1-28),
la alianza (cf. 8, 1-9, 28) y el sacrificio (cf. 10, 1-18). En forma particular,
el sacrificio ofrecido por Cristo Sacerdote es nuevo: Él no ha ofrecido
sangre de machos cabríos y de toros, sino su propia sangre, para hacer
la voluntad del Padre. Las palabras de Jesús en el Cenáculo, «Esto es
mi Cuerpo que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía,
[…] este es al cáliz es la nueva alianza en mi Sangre, que se derrama
por vosotros» (Lc 22, 19-20), expresan la «reciprocidad específica entre
la Eucaristía y el Sacerdocio […]: se trata de dos Sacramentos nacidos
juntos y que están indisolublemente unidos hasta el fin del mundo»18. De
esta manera, el ministerio y la vida del presbítero están esencialmente
enraizados en la Eucaristía.
37*. Aquél que da la propia vida en sacrificio se presenta como el
Buen Pastor19*, que ha venido a reunir a las ovejas dispersas de la casa

17. Cf. Pastores dabo vobis, n. 13: AAS 84 (1992), 677-678.


18. Juan Pablo II, Carta a los sacerdotes con ocasión del Jueves Santo (28 de marzo de
2004): Enseñanzas XXVII/1 (2004), 390.
19. Cf. Pastores dabo vobis, n. 22: AAS 84 (1992), 690-691.

y sumo sacerdote. Es el Hijo, depo- 37-39. Estos tres párrafos desa-


sitario de un sacerdocio que dura rrollan las figuras del Buen Pastor, el
para siempre, misericordioso con los Siervo y el Esposo, ofreciendo mati-
hombres hasta el punto de ofrecerse ces para el proceso formativo de los
a sí mismo en la cruz en obediencia seminaristas. Es importante que es-
al Padre y quedándose para siempre tas referencias bíblico teológicas y
entre los hombres en el sacramento evidentemente espirituales se expon-
de la Eucaristía. El sacerdote es la gan antes de hablar propiamente de la
persona que ha de «hacer esto en dimensión espiritual, porque en ellas
memoria mía». están implicadas todas las dimensio-
Establecer y mantener el vínculo nes formativas; efectivamente, la con-
entre la Eucaristía y el sacerdocio figuración con Cristo es integral.
debe ser objetivo específico de la
formación inicial y permanente del 37. La imagen del Pastor bueno
presbítero, clave de la configuración es la del sacerdote que reúne a sus
con Cristo. fieles, los acompaña y guía; cuida y

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Los fundamentos de la formación

de Israel y a conducirlas al redil del Reino de Dios (cf. Mt 9, 36 y 15, 24;


Jn 10, 14-16). Con esta imagen, ampliamente presente en la historia de
la salvación, Cristo revela que Dios es quien reúne, acompaña, atiende
y cuida el propio rebaño. Aparece así la imagen de un Dios-Pastor, que
comparte nuestra vida, hasta tomar sobre sí nuestro sufrimiento y nues-
tra muerte20.
38*. Jesús, el Hijo de Dios, ha asumido la condición de siervo hasta la
muerte (cf. Fil 2, 6-8). Antes de morir sobre la cruz, ha lavado los pies de
los discípulos, pidiéndoles que hicieran lo mismo entre ellos (cf. Jn 13,
1-17). Parece particularmente sugestivo, en referencia al llamado cuar-
to canto del siervo sufriente del profeta Isaías (cf. Is 52, 13 - 53, 12), el
vínculo entre ministerio presbiteral y misión de Cristo. La vida del siervo
sufriente es una prefiguración de lo que Él realizará a favor de la huma-
nidad, compartiendo compasivamente el dolor y la muerte, hasta el don
de la propia vida en la cruz (cf. Is 53, 4-8).

20.  Cf. Benedicto XVI, Carta encíclica Spe Salvi (30 de noviembre de 2007), n. 6: AAS 99
(2007), 990-991.

visita a los enfermos; indica el camino y darnos la certeza de que, con Él,
más allá de la muerte. El sacerdote se encuentra siempre un paso abier-
es maestro de vida primeramente to. Saber que existe Aquel que me
con su experiencia personal de aper- acompaña incluso en la muerte y que
tura al pastoreo supremo de Dios y con su ‘vara y su cayado me sosiega’,
después con esta sucesión de accio- de modo que ‘nada temo’ (cf. Sal 23
nes y actitudes a favor de las ovejas. [22], 4), era la nueva ‘esperanza’ que
El texto teje la imagen bíblica del brotaba en la vida de los creyentes»
Buen Pastor con el sentido sacrificial, (Spe Salvi, 6). El seminarista debe
citando al Papa Benedicto VXI en un prepararse para ser imagen del Buen
texto que hace una lectura paralela Pastor que da seguridad a quienes
del pastoreo de Cristo y el ministerio caminan por cañadas oscuras y les
sacerdotal: «El verdadero pastor es rodean el miedo y las dudas (Sal 22,
Aquel que conoce también el camino 1-4). Es el presbítero quien abre y
que pasa por el valle de la muerte; acompaña por senderos luminosos
Aquel que incluso por el camino de de esperanza incluso en la enferme-
la última soledad, en el que nadie me dad, la pobreza y la muerte.
puede acompañar, va conmigo guián-
dome para atravesarlo: Él mismo ha 38. El futuro pastor debe llegar a
recorrido este camino, ha bajado al comprender y aceptar mediante su
reino de la muerte, la ha vencido, y proceso formativo que existe un víncu­
ha vuelto para acompañarnos ahora lo inseparable entre el ministerio sa-

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Configuración con Cristo (n. 39-40)

39*. La ordenación presbiteral exige y posibilita, a quien la recibe, una


entrega total de sí, para el servicio al Pueblo de Dios, a imagen de Cristo
Esposo: «la entrega de Cristo a la Iglesia, fruto de su amor, se caracteriza
por la entrega originaria que es propia del esposo hacia su esposa»21.
El presbítero es llamado a reproducir los sentimientos y las actitudes de
Cristo en relación con la Iglesia, tiernamente amada mediante el ejercicio
del ministerio; por tanto, se le pide «ser capaz de amar a la gente con un
corazón nuevo, grande y puro, con auténtica renuncia de sí mismo, con
entrega total, continua y fiel, y a la vez con una especie de ‘celo’ divino,
con una ternura que incluso asume los matices del cariño materno»22.
40*. El presbítero, por tanto, debe ser formado de modo que su co-
razón y su vida sean conformes al Señor Jesús, llegando a ser un signo
del amor de Dios para cada hombre. Íntimamente unido a Cristo, podrá
anunciar el Evangelio y llegar a ser instrumento de la misericordia de
Dios; conducir y corregir; interceder y cuidar la vida espiritual de los fieles

21. Pastores dabo vobis, n. 22: AAS 84 (1992), 691.


22. Ibid.

cerdotal y la misión de Cristo como talis destaca la exigencia de una en-


siervo sufriente. Los cantos del siervo trega total y esponsal del presbítero a
del profeta Isaías fueron un referen- la Iglesia en el ejercicio de su ministe-
te en la comprensión que Jesús hizo rio. La figura de Cristo Esposo ayuda
de su propio ministerio y en la lectura a los sacerdotes a configurarse con
del misterio de Cristo que hacen los el Señor a través de la reproducción
autores del Nuevo Testamento. Aquí de sus sentimientos y actitudes hacia
está el origen de las exigencias más el pueblo de Dos. Se ponen de relie-
profundas de la vida cristiana y del ve los rasgos de ternura y dedicación
ministerio pastoral. Desde esa fuente definitiva a la edificación de la Iglesia.
se superan esquemas, expectativas
y valoraciones de triunfo o de fracaso 40. Este párrafo es una concusión
en el ministerio pastoral. Jesús pide que cierra el tema de la configura-
a sus discípulos expresamente adop- ción, que debe interpretar la totalidad
tar este camino de humilde servicio a del hombre consagrado por el Sa-
los hermanos, clave de comprensión cramento del Orden. Por ello, en las
y de vivencia del ministerio sacerdo- etapas formativas, sus dimensiones,
tal en medio del pueblo de Dios. como se ve más adelante en el texto
del documento, han de desarrollarse
39. En conformidad con lo señala- armónicamente. Su acción pastoral
do por PDV 22 y con la enseñanza del dependerá totalmente de su íntima
Papa Francisco, la Ratio fundamen­ unión con el Señor.

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Los fundamentos de la formación

a él confiados; escuchar y acoger, respondiendo también a las exigen-


cias y a los interrogantes profundos de nuestro tiempo23.

d) Para una formación de la interioridad y de la comunión*


41*. El cuidado pastoral de los fieles exige que el presbítero posea
una sólida formación y una madurez interior, ya que no puede limitarse
a mostrar una «simple apariencia de hábitos virtuosos», una obediencia
meramente exterior y formal a principios abstractos, sino que es llamado
a actuar con una gran libertad interior. Se espera de él que interiorice,
día tras día, el espíritu evangélico, por medio de una continua y personal
relación de amistad con Cristo, hasta llegar a compartir sus sentimientos
e imitar su comportamiento.
*Creciendo en la caridad, el futuro presbítero tratará de desarrollar
una equilibrada y madura capacidad para relacionarse con el prójimo.
23. Francisco, Diálogo con los Rectores y con los estudiantes de los Colegios Pontificios
y Residencias sacerdotales de Roma (12 de mayo de 2014): L’Osservatore Romano 108
(14 de mayo de 2014), 5: «Algunas veces, el pastor debe ir delante, para indicar el camino;
otras veces, en medio, para conocer qué sucede; muchas veces, detrás, para ayudar a los
últimos y también para seguir el olfato de las ovejas que saben dónde está la hierba buena»;
cf. también Id., Audiencia general, (26 de marzo de 2014): L’Osservatore Romano 70 (27 de
marzo de 2014), 8; Discurso a los sacerdotes de la diócesis de Roma (6 de marzo de 2014):
L’Osservatore Romano 54 (7 marzo 2014), 8.

41-43. La sección desarrolla dos de la interioridad excluye otros estilos


valores centrales en la formación sa- formativos centrados en la exteriori-
cerdotal: la interioridad y la comunión, dad. Se ponen dos ejemplos: la mera
poniendo el acento en un auténtico apariencia de hábitos virtuosos, que
cultivo de la vida espiritual que desa- ofrece a la persona una seguridad
rrolla la capacidad de discernimiento. afectiva en torno a aspectos externos
Se trata de un camino, con su punto en la que falta la libertad interior, y la
de partida y su meta. Esta nunca se obediencia a principios abstractos,
alcanza del todo, aunque tiene obje- no asumidos de modo profundo por
tivos concretos que se han de conse- la persona. Está hablando la voz de
guir en cada momento del camino. la experiencia. Una formación que no
toca el corazón, que no transforma la
41a. Se establece como un princi- interioridad, se revelará tarde o tem-
pio fundamental la formación del hom- prano ineficaz, aunque de momento
bre interior, que crece sin cesar en la se cubran las apariencias.
relación personal, íntima, prolongada
y diaria con el Señor a la luz de las Es- 41b. El segundo párrafo nos indica
crituras para asimilar el espíritu evan- otra realidad esencial en la que debe
gélico. La insistencia en la formación crecer el seminarista: hombre de co-

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Interioridad y comunión (n. 42)

Ante todo, está llamado a vivir la serenidad de fondo, humana y es-


piritual24, que le permita, superada toda forma de protagonismo o de-
pendencia afectiva, ser hombre de comunión, de misión y de diálogo25,
capaz de entregarse con generosidad y sacrificio a favor del Pueblo de
Dios, contemplando al Señor, que ofrece su vida por los demás.
42*. Para formarse en el espíritu del Evangelio, el hombre interior
necesita un atento y fiel cultivo de la vida espiritual, centrado prioritaria-
mente en la comunión con Cristo, a través de los misterios celebrados

24. Cf. Id., Discurso a los participantes en un Congreso organizado por la Congregación
para el Clero, con ocasión del 50° aniversario de los Decretos conciliares «Optatam totius»
y «Presbyterorum ordinis» (20 de noviembre de 2015): L’Osservatore Romano 267 (21 de
noviembre de 2015), 8.
25.  Cf. Pastores dabo vobis, n. 18: AAS 84 (1992), 684-686.

munión, de misión y de diálogo, que Jesucristo y en comunión con Él. La


evangeliza a través de relaciones se- meta que se pretende es la docilidad
renas y constructivas con los demás, al Espíritu Santo que forma el interior
cosa que no se improvisa, sino que del hombre, configurándolo con Cris-
brota de una interioridad profunda. La to de un modo irrepetible. A ello se
formación para la comunión se opone ordenan la vida litúrgica, la práctica
al individualismo. Nuevamente se in- sacramental y la cuidadosa medita-
dican dos ejemplos de actitudes con- ción de la Palabra de Dios. El texto
trarias a este espíritu de comunión pone de relieve tres medios para con-
necesaria para la misión, a los que se seguir este fin: la relación íntima con
podrían añadir muchos otros: el pro- el Señor, la comunión fraterna y el
tagonismo y la dependencia afectiva. acompañamiento de los formadores.
En ambos casos se está poniendo en Estos tres medios se complementan
el centro el mismo individuo y sus ne- armónicamente entre sí, de modo
cesidades, no la misión. que naturalmente conducen uno al
Actuando así en la formación evi- otro. Una auténtica relación con Dios
taremos que el seminarista viva de abre al seminarista a las relaciones
apariencias, pretendiendo agradar al fraternas y lo torna dócil a la ayuda
otro, en particular al superior, en una de los formadores.
obediencia externa, servil, no en obe- Se indica un fin para conseguir y
diencia de corazón y por amor. En de- una serie de obstáculos para evitar.
finitiva, se busca hacer del candidato El fin es la caridad pastoral, que es-
al sacerdocio una persona «libre de», pontáneamente se expresa en la sim-
para que pueda donarse con libertad plicidad y austeridad de vida y en la
a Dios y al prójimo. transparencia en el diálogo. Por otro
lado, el texto invita a permanecer
42. El hombre interior se edifica atentos para evitar la mundanidad
mediante el cultivo de la vida espiri- espiritual, es decir un estilo sacerdo-
tual, esto es, vivir según el Espíritu de tal mundano en el cual la espiritua-

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Los fundamentos de la formación

a lo largo del año litúrgico y alimentado en la oración personal y en la


meditación de la Palabra inspirada. Por medio de la oración silencio-
sa, que le dispone a una relación auténtica con Cristo, el seminarista
aprende a ser dócil a la acción del Espíritu, que progresivamente lo
configura a imagen del Maestro. En esta relación íntima con el Señor
y en la comunión fraterna, los seminaristas serán acompañados para
identificar y corregir la «mundanidad espiritual»: la obsesión por la apa-
riencia, una presuntuosa seguridad doctrinal o disciplinar, el narcisismo
y el autoritarismo, la pretensión de imponerse, el cultivo meramente ex-
terior y ostentoso de la acción litúrgica, la vanagloria, el individualismo,
la incapacidad de escucha de los demás y todo tipo de carrerismo26. Al
contrario, sean educados para la simplicidad, la sobriedad, el diálogo
sereno, la autenticidad y, como discípulos a la escuela del Maestro,
aprendan a vivir y a actuar desde la caridad pastoral que corresponde,
al ser «siervos de Cristo y administradores de los misterios de Dios»
(1 Cor 4, 1).

26.  Cf. Evangelii gaudium, nn. 93-97: AAS 105 (2013), 1059-1061.

lidad se reduce a un barniz, a una go; la pretensión de imponerse, tanto


mera apariencia, pero no comprome- en el ambiente eclesiástico como en
te el corazón. el civil, perdiendo la perspectiva del
El texto sigue Evangelii gaudium humilde siervo que hemos identifica-
93-97 para presentar una lista de do como fundamento del ministerio;
síntomas de esta mundanidad espi- el cultivo meramente exterior y osten-
ritual: La obsesión por la apariencia, toso de la acción litúrgica, que hace
sobre todo cuando el seminarista o de ella una ceremonia y no una ex-
el sacerdote pretende encontrar la presión de la fe, cuando se deja de
propia identidad en apariencias ex- lado el principio de la austera belle-
ternas y no en su vida interior: una za, tan profundamente plasmado en
presuntuosa seguridad doctrinal o la Constitución sobre la Liturgia del
disciplinar, que lleva al presbítero a Concilio Vaticano II; la incapacidad
imponer normas y a convertirse en de escucha de los demás, que aísla
guardián de su cumplimiento, descui- al presbítero, llevándole a considerar
dando co­sas tan importantes como la solamente sus propios pensamien-
misericordia; el narcicismo y el autori- tos; por último, todo tipo de carreris-
tarismo que llevan al presbítero a co- mo, que conviene eliminar desde los
locarse en el centro de la comunidad primeros años de la formación inicial.
y a hacer depender todo de su criterio La lista es larga y pone en evidencia
personal, en vez de establecer un fe- el estado de la vida sacerdotal, en
cundo dinamismo de escucha y diálo- ocasiones lamentable.

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Interioridad y comunión (n. 43)

43*. La formación sacerdotal es un camino de trasformación, que


renueva el corazón y la mente de la persona, para que pueda «discernir
cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfec-
to» (Rm 12, 2). El gradual crecimiento interior en el proceso formativo
debe tender principalmente a hacer del futuro presbítero el «hombre
del discernimiento», capaz de interpretar la realidad de la vida humana
a la luz del Espíritu, y así escoger, decidir y actuar conforme a la volun-
tad divina.
*El primer ámbito del discernimiento es la vida personal y consiste
en integrar la propia historia y la propia realidad en la vida espiritual, de
tal modo que la vocación al sacerdocio no permanezca encapsulada en
la abstracción de un ideal, ni corra el peligro de reducirse a una mera
actividad práctico-organizativa, ajena a la conciencia de la persona. Dis-
cernir evangélicamente la propia vida significa cultivar diariamente un
profundo estilo espiritual, que permita acogerla e interpretarla con plena
responsabilidad y creciente confianza en Dios, orientando el corazón
cada día hacia Él27.
*Se trata de un humilde y constante trabajo sobre sí mismo –que va
más allá de la introspección–, por medio del cual el sacerdote se abre
con honestidad a la verdad de la vida y a las exigencias reales del minis-
27. Es decir «la pregunta fundamental de nuestra vida sacerdotal: ¿Adónde se orienta mi
corazón? Pregunta que nosotros sacerdotes tenemos que hacernos muchas veces, cada día,
cada semana: ¿Adónde se orienta mi corazón?», Francisco, Homilía para el Jubileo de los
sacerdotes y los seminaristas (3 junio 2016): L’Osservatore Romano (4 de junio de 2016), 8.

43. En este artículo, más extenso, la madurez de la fe y por ello es algo


se pide atender un aspecto muy im- fundamental para el ejercicio del mi-
portante y no suficientemente cuida- nisterio presbiteral.
do en la formación del futuro pastor,
al menos de manera explícita: el dis- 43b. El primer campo que el semi-
cernimiento. narista, y después el sacerdote, debe
atender para aprender a discernir es
43a. El primer párrafo hace el en- su vida personal. Dar la prioridad al
lace de la prioridad de la formación del Espíritu, conducirse bajo la guía de
hombre interior con el discernimien- los principios evangélicos, orientar
to. Quien ha pasado por una transfor- hacia la unión con Dios todos los as-
mación interior y vive en sintonía con pectos de la propia personalidad, in-
la voluntad de Dios, después podrá tegrándolo todo en torno a Jesucristo.
ayudar a los demás a interpretar la
realidad desde esta óptica y a tomar 43c. Este párrafo ofrece una her­
decisiones a la luz del Espíritu Santo. mosa descripción del discernimiento
El discernimiento es la expresión de co­mo actitud cotidiana en la vi­da pres-

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Los fundamentos de la formación

terio, aprendiendo a juzgar los movimientos de la conciencia y los impul-


sos interiores que motivan las acciones. Así, el presbítero aprende a go-
bernarse a sí mismo, contando con los recursos espirituales y mentales,
del alma y del cuerpo; aprende a distinguir aquello que se puede hacer
de lo que no conviene o no se debería hacer; comienza a administrar las
propias energías, planes y esfuerzos, con una equilibrada disciplina y un
honesto conocimiento de los propios límites y posibilidades. Este trabajo
no puede desarrollarse satisfactoriamente confiando solo en las propias
fuerzas humanas; al contrario, consiste primariamente en acoger el don
de la gracia divina, que nos hace capaces de ir más allá de las propias
necesidades y condicionamientos externos, para vivir en la libertad de
los hijos de Dios. Es un «mirar hacia dentro» y una percepción espiritual
de conjunto, que impregna la vida y el ministerio en su totalidad, de este
modo, se aprende a actuar con prudencia y a medir las consecuencias
de las propias acciones, más allá de las circunstancias que dificultan un
juicio objetivo.
*Este camino de autenticidad consigo mismo exige una cuidadosa
atención de la propia interioridad, mediante la oración personal, la direc-
ción espiritual, el contacto cotidiano con la Palabra de Dios, la lectura
creyente de la vida sacerdotal, en unión con los otros presbíteros y con
el Obispo, y los instrumentos que sirven para crecer en las virtudes de
la prudencia y del juicio. En este camino permanente de discernimiento,
el sacerdote sabrá identificar y comprender las mociones, los dones, las

biteral. La capacidad para discernir es ción espiritual, contacto cotidiano con


fruto de un humilde y constante tra- la Palabra de Dios, lectura creyente
bajo sobre sí mismo que le enseña a de la vida y los instrumentos necesa-
gobernarse a sí mismo y a distinguir lo rios para crecer en prudencia y buen
que puede hacer, lo que conviene ha- juicio. Termina el párrafo recordando
cer y lo que debería hacer. Para esto a san Ignacio de Loyola y citando el
es imprescindible la disciplina, pero primer número del libro de Ejercicios
el verdadero núcleo del discernimien- Espirituales: «quitar todas la afeccio-
to consiste en acoger la gracia divina nes desordenadas y una vez quitadas,
que le permitirá alcanzar la verdadera buscar y hallar la voluntad de Dios».
libertad de los hijos de Dios. El hecho sin precedentes de citar en
un documento oficial de la Iglesia el
43d. Nos señala el cuarto párrafo texto ignaciano significa dar un valor
unos medios concretísimos en este central y un papel necesario al discer-
camino de autenticidad consigo mis- nimiento espiritual, fundamento para
mo y de crecimiento en la verdadera el ejercicio del discernimiento pasto-
vida interior: oración personal, direc- ral, que más adelante se tratará.

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El acompañamiento personal (n. 44-45)

necesidades y las fragilidades, para «quitar de sí todas las afecciones


desordenadas y, después de quitadas, para buscar y hallar la voluntad
divina en la disposición de su vida para la salud del ánima»28.

e) Medios de formación*
e.1. El acompañamiento personal29
44*. Los seminaristas, en las diversas etapas de su camino, necesi-
tan ser acompañados personalmente por quienes han sido encargados
de la formación, cada uno según su competencia y el encargo que le
corresponde. La finalidad del acompañamiento personal es realizar el
discernimiento vocacional y formar al discípulo misionero.
45*. Durante el proceso formativo es necesario que el seminarista se
conozca y se deje conocer, relacionándose de modo sincero y transpa-

28. Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales, 1.


29. Cf. Evangelii gaudium, nn. 169-173: AAS 105 (2013), 1091-1092.

44-52. Los varios artículos que de- se deben confiar los candidatos a un
dica la Ratio fundamentalis al acom- solo formador, ni los formadores de-
pañamiento del seminarista ya nos ben renunciar a acompañar desde la
indican la importancia y necesidad misión que a cada uno se le ha encar-
de esta mediación durante los años gado en el Seminario, considerando,
del Seminario y, más tarde, co­ mo por ejemplo, que eso ya lo hace el di-
sacerdote. Se está indicando que el rector espiritual. El acompañamiento
acompañamiento personal y comuni- es necesario en la vida discipular y
tario es el medio fundamental para la misionera, es decir, en la vida cris-
formación sacerdotal. Es importante tiana, porque la fe se transmite de
que esto se señale con claridad, pues persona a persona. Pero además su
sabemos que no pocas veces hay finalidad es el discernimiento de la
una carencia profunda de acompaña- vocación sacerdotal. De esta manera
miento. Con ello se está presentando en el medio fundamental de la forma-
un modelo de formación sacerdotal: ción confluyen la vocación bautismal
formación del hombre interior y de la y la sacerdotal.
comunión, mediante un acompaña-
miento sistemático y cuidadoso. 45. Nota esencial, sin la cual no
puede haber acompañamiento, es la
44. Con claridad rotunda, se afirma transparencia. Es necesaria para co-
en este artículo la necesidad de que nocerse, para dejarse conocer y para
los seminaristas sean acompañados crecer en el camino del discipulado
por todos los formadores según le co- misionero. Y junto a la transparencia,
rresponda a cada uno. Por tanto, no la docibilitas, que supone humildad y

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Los fundamentos de la formación

rente con los formadores30. Teniendo como fin la docibilitas al Espíritu


Santo, el acompañamiento personal representa un instrumento indis-
pensable de la formación.
46*. Es necesario que las entrevistas con los formadores sean regu-
lares y frecuentes; de este modo, dócil a la acción del Espíritu, el semi-
narista podrá configurarse gradualmente con Cristo. El acompañamien-
to debe integrar todos los aspectos de la persona humana, educando
en la escucha y el diálogo, para descubrir el verdadero significado de la
obediencia y la libertad interior. Corresponde a cada formador, actuan-
do en el ámbito que le compete, ayudar al seminarista para que sea
consciente de su propia condición, de los talentos recibidos y también
de las propias fragilidades, manteniéndose cada vez más disponible a
la acción de la gracia.

30. Cf. Francisco, Discurso a los seminaristas, a los novicios y a las novicias provenientes
de varias partes del mundo con ocasión del Año de la Fe, (6 de julio de 2013): Enseñanzas n.
I/2 (2013), 9.

una apertura permanente a dejarse fragilidades, para que todo ello sea
moldear por el Espíritu Santo a tra- redimensionado desde la experien-
vés de las mediaciones: los forma- cia espiritual.
dores, los compañeros, las circuns- Es importante que esto no se en-
tancias de la vi­da, las condiciones cargue solo al director espiritual. La
reales del Seminario. El texto insiste tendencia es más bien la contraria:
en la necesidad del acompañamien- implicar a todos los formadores en el
to, afirmada en el número anterior, proceso de maduración de la única
calificándola de indispensable. persona del seminarista. Habrá sus
matizaciones de contenido e inclu-
46. El texto centra la atención en so de método, pero nunca se pue-
la entrevista como medio principal de pretender dividir a la persona en
para el acompañamiento personal, compartimentos estancos. Por ello el
señalando sus características: en- contenido de las entrevistas es siem-
trevistas periódicas, frecuentes, que pre integral. La coordinación entre los
integren todos los aspectos de la formadores es una condición nece-
persona, sistemáticas y progresivas. saria para el crecimiento y no basta
Se reitera que cada uno de los forma- una coordinación formal, efectiva; es
dores, desde su propia competencia, necesaria la afectiva también. Esto
debe realizar las entrevistas. A través ayuda al seminarista a abrir todo lo
de la entrevista se ayuda al semina- que es y lo que posee a la acción de
rista a tomar conciencia de sí mismo, la gracia de Dios y a ponerse al servi-
tanto en sus fortalezas como en sus cio de la Iglesia.

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El acompañamiento personal (n. 47-48)

47*. La confianza recíproca es un elemento necesario en el proceso


del acompañamiento31. En el proyecto formativo se deben prever los
medios concretos para que dicha confianza pueda ser salvaguardada y
promovida. Conviene sobre todo garantizar las condiciones que puedan
ayudar a crear un clima sereno de confianza: cercanía fraterna, empatía,
comprensión, capacidad de escucha y de sincera apertura y, especial-
mente, coherente testimonio de vida.
48*. El acompañamiento debe estar presente desde el inicio del pro-
ceso formativo y debe continuar durante toda la vida, aunque tenga di-
versas modalidades después de la ordenación. Un serio discernimiento
de la situación vocacional del candidato desde el inicio impedirá que
se postergue inútilmente el juicio sobre su idoneidad para el ministerio

31. Cf. Orientaciones para la utilización de las competencias de la psicología en la admisión


y formación de los candidatos al sacerdocio, 12: Enchiridion Vaticanum 25 (2011) 1273-1277.

47. Condición indispensable para la coherencia interna de su compor-


la entrevista es la confianza. Crear un tamiento, con respeto; capacidad de
clima familiar entre formadores y se- escucha, en especial de parte de los
minaristas es garantía de crecimiento formadores, que deben estar bien
en el camino de la configuración con entrenados para ello; correlativa a la
Cristo, Buen Pastor. Sin un clima de empatía y a la escucha es la sincera
confianza entre los formadores y en- apertura del seminarista; que tenga la
tre estos y los seminaristas, todo es- certeza de que se ha dejado acompa-
fuerzo será inútil. El proyecto forma- ñar afrontando las situaciones reales
tivo debe salvaguardar y promover de su persona, yendo más allá de un
esta relación confiada y profunda, a mero cumplimiento; por último, el tex-
través de un estilo formativo marcado to sub­raya el testimonio sacerdotal de
por el reconocimiento de la respon- los formadores y en su coherencia de
sabilidad de los seminaristas y por el vida, capaz de crear el clima adecua-
diálogo y la colaboración fraterna. El do para el acompañamiento.
texto describe algunos medios para
lograr la confianza: cercanía frater- 48. El acompañamiento dura to­da
na, se refiere al formador que está la vida. Su objetivo consiste en cre-
presente más co­mo hermano en la cer en santidad, identificándose con
fe que como superior, manteniendo el Señor, que es el fin de todo hijo de
su puerta abierta y siendo accesible Dios, y no solo llegar al sacerdocio.
pa­ra los seminaristas. Esto vale para La experiencia enseña que un buen
el Rector y el resto de formadores; acompañamiento en el Seminario po­
empatía y comprensión, es la dispo- ne las bases para el acompañamiento
nibilidad para ponerse en el punto a lo largo de la vida sacerdotal; quien
de vista del seminarista, percibiendo tiene experiencia positiva de haber

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Los fundamentos de la formación

presbiteral, evitando conducir a un seminarista a los umbrales de la or-


denación, sin que tenga las condiciones imprescindibles requeridas32.
49*. El formador debe guardar en secreto cuanto conoce de la vida
de los seminaristas. Un recto acompañamiento, equilibrado y respetuo-
so de la libertad y de la conciencia de los demás, que les ayude en su
desarrollo humano y espiritual, exige que cada formador sea competen-
te y esté dotado de los recursos humanos33, espirituales34, pastorales
y profesionales necesarios. Por tanto, se espera de aquellos que son
destinados a la formación una preparación específica y una generosa

32. Cf. ibid., nn. 8 y 11: Enchiridion Vaticanum 25 (2011), 1262-1267.


33. Cf. ibid., nn. 3-4.
34. Cf. Congregación para la Educación Católica, Carta circular Sobre algunos aspectos
más urgentes de la formación espiritual en los seminarios (6 de enero de 1980): Enchiridion
Vaticanum 7 (2001), 45-90.

sido bien acompañado co­ mo semi- necesaria del acompañamiento. In-


narista, lo buscará para sí y lo ofre- formar al seminarista de su situación
cerá a los demás siendo sacerdote. es un acto de caridad pastoral que
Se alude a las diversas modalidades los formadores deben realizar con
del acompañamiento durante la for- to­da di­ligencia. En el discernimiento
mación permanente. En unas ocasio- vocacional no solo importa el bien de
nes será más riguroso y sistemático; la Iglesia, sino también el de la perso-
en otras, más esporádico y espon- na acompañada. Tristemente existen
táneo. Se vive de un modo diverso candidatos que llegan a la ordenación
en las distintas etapas del ministerio sin las condiciones mínimas o que
sacerdotal y se realiza de acuerdo a son despedidos en el último momen-
las características de cada persona. to. Tales extremos deben evitarse.
El punto central es que se cree desde
el Seminario un clima de apertura tal, 49. Este artículo aborda la prepa-
que prepare al futuro sacerdote pa­ ración de los formadores para la en-
ra saber confiar en un acompañante trevista y el sigilo que el acompaña-
siempre que lo necesite. miento personal de los seminaristas
La siguiente afirmación es muy im- exige. Se habla de una preparación
portante: no hay que dilatar innecesa- compleja, humana, espiritual, pastoral
riamente el tiempo del discernimiento y profesional, que implica elementos
vocacional, indicando al seminarista teóricos, un entrenamiento práctico y
que no tenga las condiciones requeri- el sentido moral de quien se entrega a
das que esta no es su vocación y por la misión encomendada. La confiada
ello debe abandonar el Seminario. No manifestación de sí mismo de parte
basta no tener nada en contra, son de los seminaristas exige a los forma-
necesarios signos positivos a favor. dores dos actitudes que deben asu-
La advertencia fraterna es una parte mir con seriedad: La primera consiste

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El acompañamiento comunitario (n. 50)

dedicación a tan importante responsabilidad35. Se necesitan formadores


que sepan garantizar una presencia a tiempo completo y sean testigos
de cómo se ama y se sirve al Pueblo de Dios, desgastándose sin reser-
vas por la Iglesia36.
e.2. El acompañamiento comunitario*
50*. Una sana pedagogía formativa debe prestar atención a la expe-
riencia y a las dinámicas de grupo, en las cuales el seminarista participa.
La vida comunitaria, durante los años de la formación inicial debe incidir
en cada individuo, purificando sus intenciones y transformando su con-
ducta en una gradual conformación con Cristo. En la vida diaria, la for-
mación se realiza mediante las relaciones interpersonales, los momen-
tos para compartir y de interpelación, que contribuyen al desarrollo del
«humus humano», sobre el cual, concretamente, madura una vocación.

35. Cf. Id., Directrices sobre la preparación de los educadores en los Seminarios (4 de
noviembre de 1993): Enchiridion Vaticanum 13 (1996), 3151-3284; cf. también Pastores dabo
vobis, n. 66: AAS 84 (1992), 772-774.
36. Cf. Directrices sobre la preparación de los educadores en los Seminarios, nn. 4.19.29-
32.66: Enchiridion Vaticanum 13 (1996), 3155; 3184; 3200-3207; 3260-3262; Apostolorum
successores, n. 89: Enchiridion Vaticanum 22 (2006), 1777-1780.

en ser muy prudentes y guardar en «testigos de cómo se ama y se sirve


secreto cuanto conocen por confiden- al Pueblo de Dios, desgastándose sin
cia de los seminaristas. El Rector y los reservas por la Iglesia». Aquí rezuma
formadores no necesitan recurrir a es- la experiencia y probablemente el co-
tos datos para elaborar sus informes, nocimiento de casos en los que ha
pues basta con la observación de las faltado esta dedicación. El formador
conductas de los seminaristas. Los permanece en el camino de la forma-
directores espirituales y los confeso- ción permanente. Encarnar en su vida
res están especialmente obligados al la docibilitas es la mejor manera de
sigilo. El texto no entra en el tema de inculcarla a los seminaristas.
los fueros, pero jamás debe olvidarse
que por encima de ello está el amor 50-52. Después de tratar el tema
a la verdad, la honestidad, sin la cual del acompañamiento personal, la Ra­
no puede hacerse un proceso forma- tio fundamentalis pasa a proponer el
tivo, y el respeto a la intimidad de las tema del acompañamiento comunita-
personas. rio. Lo hace dentro de los fundamen-
La segunda exigencia está en la lí- tos de la formación. El tema posee
nea de la generosa dedicación de los una raigambre bíblica importante.
formadores a esta tarea tan importan- Jesús después de las llamadas per-
te para el futuro de la Iglesia. Se habla sonales a Pedro, Andrés, Santiago,
de formadores «a tiempo completo» y Juan, Felipe, Leví (Jn 1, 3-50; Mt 4,

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Los fundamentos de la formación

51*. El ámbito comunitario favorecerá la relación con el Obispo, con


los hermanos del presbiterio y con los fieles. La experiencia de la vida
comunitaria es un elemento precioso e ineludible en la formación de
quienes deberán, en el futuro, ejercitar una verdadera paternidad espi-
ritual37 en medio de las comunidades a ellos confiadas. Cada candidato
que se prepara para el ministerio es invitado a experimentar con crecien-
te profundidad el anhelo de la comunión38.

37. Cf. Francisco, Discurso a los seminaristas, novicios y novicias venidos de varias par­
tes del mundo con ocasión del Año de la Fe (6 de julio de 2013): Enseñanzas I/2 (2013), 8.
38. Cf. Pastores dabo vobis, nn. 17; 22-23; 43.59: AAS 84 (1992), 682-684; 690-694; 731-
733; 761-762.

18-20 y 9, 9-13), con mayor solemni- nal. Los formadores necesitan perci-
dad «designó a doce, a los que llamó bir lo que ocurre en el grupo de se-
apóstoles para que estuvieran con él minaristas, porque en él se prepara
y para enviarlos a predicar…» (Mc 3, la fraternidad presbiteral, medio fun-
13-19; Mt 10, 1-4; Lc 6, 12-16). Los damental para la formación perma-
llama para formar un grupo. Los tex- nente. Si el formador no percibe las
tos bíblicos consignan la experiencia dinámicas grupales corre el riesgo
de un aprendizaje comunitario que de hacer discursos que no incidan en
encuentra su punto de partida en un la vida real de los seminaristas. Por
estilo de presencia del Señor entre los ello es necesaria también la confron-
apóstoles, la continua observación de tación grupal, tal como la hace Jesús
su comportamiento, la enseñanza di- con sus discípulos, en la que se de-
rigida a ellos en privado, la búsque- finan con claridad las actitudes que
da de momentos de descanso en deben reinar en el grupo discipular:
común y el encuentro fraterno con el «entre ustedes que sea así».
Resucitado marcado por un profundo Hay una serie de contenidos di-
perdón. La comunidad educativa del rectamente ligados a los valores de
Seminario pretende propiciar una ex- la vocación sacerdotal que se apren-
periencia similar que la Ratio conside- den en el grupo y se reafirman en
ra absolutamente necesaria. El texto la experiencia comunitaria. De un
juega con varias categorías tomadas grupo de creyentes llamados al mi-
del ámbito familiar que interactúan nisterio presbiteral se esperan una
dinámicamente entre sí: filiación, fra- serie de comportamientos objetivos,
ternidad, paternidad, vida de familia. coherentes con los valores de la fe y
del sacerdocio. El grupo es un medio
50. El primer punto que destaca el fundamental para la configuración
texto es la pedagogía formativa que espiritual con el Buen Pastor. A eso
parte de la observación de las diná- se refiere el texto cuando afirma que
micas que existen en los grupos. No la vida comunitaria incide en cada
basta con el acompañamiento perso- individuo. Se está hablando de una

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El acompañamiento comunitario (n. 51)

El espíritu de comunión se funda en el hecho de que la Iglesia, en


cuanto pueblo convocado por Cristo, está llamada a vivir, como lo ha
hecho desde sus orígenes, una fuerte experiencia de vida comunitaria39.
Conviene considerar que, recibido el orden del presbiterado, los sacer-
dotes «están unidos todos entre sí por la íntima fraternidad sacramen-
tal» y «forman un presbiterio especial en la diócesis a cuyo servicio se
consagran bajo el obispo propio»40. En virtud de la propia ordenación, el
presbítero forma parte de una familia, en la cual el Obispo es el padre41.

39. Cf. Hch 2, 42.


40. Presbyterorum ordinis, n. 8: AAS 58 (1966), 1003.
41. Cf. Christus Dominus, nn. 16 y 28: AAS 58 (1966), 680-681 y 687; Apostolorum suc­
cessores, nn. 76 y 107: Enchiridion Vaticanum 22 (2006), 1740-1742 y 1827-1828.

experiencia profunda, capaz de puri- titudes que se esperan en el grupo y


ficar las intenciones o motivaciones y hacen de él un ambiente, un humus,
de transformar la conducta. dice el texto, adecuado para la ma-
Nos encontramos ante el hecho de duración en los valores del ministerio
que el sacerdote es un hombre en re- sacerdotal.
lación, que no es ni actúa aisladamen-
te sino formando parte de un presbite- 51. Ahora se desplaza la atención
rio. Consecuentemente el Seminario, hacia los frutos de una experiencia
a través de la vida diaria, ofrece a los comunitaria bien acompañada. El
candidatos un cauce privilegiado de primero son las relaciones filiales, fra-
acompañamiento comunitario que a ternas y paternas con las que la vida
ningún aspirante al presbiterado se le del presbítero está entretejida, según
debe dispensar. El seminarista nece- PO 7-9: con el Obispo, con los demás
sita reconocer y valorar la importancia presbíteros y con los fieles. A través
de las relaciones interpersonales en de ellas el seminarista, y después el
distintos planos: con los formadores, presbítero, madura en el sentido de
con los propios compañeros y sus comunión. Un segundo fruto es la
familias, con los destinatarios de la preparación para ejercer la paterni-
misión. Además, en el Seminario se dad espiritual en medio de una comu-
crean verdaderas amistades y se po- nidad cristiana. ¿Cómo llegará a ser
nen las bases de la vida fraterna en el padre quien no se ha experimentado
presbiterio. hijo amado con predilección y herma-
El texto se refiere a la interpelación no querido? Esto en la relación espiri-
o al cuestionamiento personal que tual con el Señor, en la interpretación
ocurre en el grupo de seminaristas. de la propia experiencia familiar y
Tal confrontación surge espontánea- en las relaciones al interior de la co­
mente, pero también debe realizarla munidad educativa del Seminario. El
el formador de un modo sistemático tercer fruto del acompañamiento co-
y público. Consiste en mostrar las ac- munitario consiste en despertar en el

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Los fundamentos de la formación

52*. En la Iglesia, que es «la casa y la escuela de la comunión»42 y


que «recibe su unidad de la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu San-
to»43, el presbítero debe ser «el hombre de la comunión»44. Por ello, los
vínculos que se establecen entre formadores y seminaristas deben tener
la impronta de la paternidad, y las relaciones entre los mismos semina-
ristas, deben ser fraternas45. En realidad, la fraternidad se construye
mediante un desarrollo espiritual, que exige un esfuerzo constante para
superar las diversas formas de individualismo. Una relación fraterna «no
puede ser sólo algo dejado al azar, a las circunstancias favorables»46,
sino una elección deliberada y un reto permanente.
42. Juan Pablo II, Carta apostólica Novo millennio ineunte (6 de enero de 2001), n. 43:
AAS 93 (2001), 297.
43. Cipriano, De dominica oratione 23: CSEL III A, p. 285.
44. Pastores dabo vobis, n. 18: AAS 84 (1992), 684.
45. Cf. ibid., n. 60: AAS 84 (1992), 764-772; Francisco, Discurso a los seminaristas, a los
novicios y novicias procedentes de varias partes del mundo con ocasión del Año de la Fe (6
de julio de 2013): Enseñanzas I/2 (2013), 11.
46. Francisco, Encuentro con los sacerdotes diocesanos en la Catedral, Cassano all’Jonio
(21 de junio de 2014): L’Osservatore Romano 140 (22 de junio de 2014), 7.

seminarista un anhelo de comunión. bre de la comunión, la comunidad


Efectivamente, quien ha tenido en la del Seminario deberá garantizar una
comunidad del Seminario una expe- experiencia positiva y una formación
riencia positiva de comunión en las propositiva para construir las comuni-
diferencias, tiende a reproducir esta dades cristianas. La maduración es-
misma experiencia en las relaciones piritual que promueve el Seminario ha
que marcan el ministerio presbiteral. de traducirse de modo palpable en la
Por último, se dedica un párrafo serena y confiada vivencia de las re-
aparte al resultado que se espera al- laciones de los seminaristas con sus
canzar de la fuerte experiencia comu- formadores y entre sí, de modo que la
nitaria que se suscita en el Seminario: fraternidad llegue a ser una elección
la íntima fraternidad sacramental en deliberada del seminarista y se con-
el presbiterio y la percepción del mis- vierta en un reto permanente en el mi-
mo como una verdadera familia. El nisterio presbiteral. Se hace evidente
lenguaje utilizado pone de relieve la que una adecuada formación condu-
gran importancia de la vida comunita- ce finalmente a la toma de decisiones.
ria en la formación sacerdotal y cómo Por último, el texto recuerda que
no se puede prescindir de ella como de esta atención a las dinámicas gru-
medio formativo fundamental. pales y de esta experiencia fraterna
en la comunidad formativa depende
52. El texto aborda la comunidad en buena medida la capacidad de los
educativa del Seminario. Si la Iglesia futuros sacerdotes de realizar la pas-
se define como casa y escuela de toral familiar, elemento central de la
co­munión y el presbítero es el hom- evangelización.

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Unidad de la formación (n. 53)

La comunidad del Seminario es una familia, caracterizada por un cli-


ma grupal que favorece la amistad y la fraternidad. Tal experiencia ayu-
dará en el futuro al seminarista a comprender mejor las exigencias, las
dinámicas y también los problemas de las familias que serán confiadas
a su atención pastoral47. Desde esta perspectiva será beneficioso para la
comunidad del Seminario abrirse para acoger diversas realidades, como
las familias, las personas consagradas, los jóvenes, los estudiantes y los
pobres, compartiendo con ellas.

f) Unidad de la formación
53*. En virtud de una constante experiencia discipular, la formación
es un proceso unitario e integral, que inicia en el Seminario y continúa a
lo largo de la vida sacerdotal, como formación permanente. Exige aten-
ción y cuidado en cada paso. Aunque una «gran parte de la eficacia
formativa depende de la personalidad madura y recia de los formado-
res»48, se tenga presente que el seminarista en un primer momento –y
el sacerdote después– es el «protagonista necesario e insustituible de
su formación»49.

47. Cf. Congregación para la Educación Católica, Directrices sobre la formación de los
seminaristas acerca de los problemas relativos al matrimonio y a la familia (19 de marzo de
1995), n. 33.
48. Pastores dabo vobis, n. 66: AAS 84 (1992), 772-774.
49. Ibid., n. 69: AAS 84 (1992), 778.

53. Este párrafo constituye el co­ toda diligencia. De los formadores se


lofón a todo el capítulo sobre los fun- espera sobre todo un coherente tes­
damentos de la formación. El itine- timonio de vida sostenido por una per-
rario discipular tiene como objetivo sonalidad madura y recia. Del semi-
aprender a «ir detrás de Jesús», y narista se espera un vivo compromiso
es un proceso unitario e integral que que haga de él protagonista nece­
comienza en el Seminario y continúa sario e insustituible de la formación.
toda la vida porque no se deja de ser Estas responsabilidades que en este
discípulo. En el proceso formativo hay momento se expresan claramente, se
dos grupos fundamentales: los forma- explicitarán con detalle en el capítu-
dores y los seminaristas. Ambos de- lo VI, al tratar el tema de los agentes
ben poner lo que les corresponde con de la formación.

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IV
FORMACIÓN INICIAL Y PERMANENTE

54*. Realizado el primer discernimiento vocacional, la formación, en-


tendida como un único camino discipular y misionero1, se puede dividir
en dos grandes momentos: la formación inicial en el Seminario y la for-
mación permanente en la vida sacerdotal.
55*. La formación inicial se realiza durante el tiempo precedente a la
ordenación sacerdotal, comenzando con el período propedéutico, que
forma parte integrante de la misma. Por tanto, debe caracterizarse por
contenidos formativos que preparan al seminarista para la vida pres-
biteral. Este objetivo requiere un paciente y riguroso trabajo sobre la
persona, abierta a la acción del Espíritu Santo, con la finalidad de formar
un corazón sacerdotal.

1. Francisco, Carta a los participantes en la Asamblea General Extraordinaria de la Con­


ferencia Episcopal Italiana (8 de noviembre de 2014): L’Osservatore Romano 258 (12 de
noviembre de 2014), 7: «La formación de la que hablamos es una experiencia de discipulado
permanente, que acerca a Cristo y permite identificarse cada vez más a Él. Por ello la for-
mación no tiene un final, porque los sacerdotes nunca dejan de ser discípulos de Jesús, de
seguirlo. Así, pues, la formación en cuanto discipulado acompaña toda la vida del ministro
ordenado y se refiere integralmente a su persona y a su ministerio. La formación inicial y la
permanente son dos momentos de una sola realidad: el camino del discípulo presbítero, ena-
morado de su Señor y constantemente en su seguimiento».

54. Vínculo entre pastoral voca- 55. Concepto de formación inicial.


cional, formación inicial y formación El texto subraya que la formación ini-
permanente. El inicio de la forma- cial comienza con el período prope-
ción propiamente sacerdotal se da déutico. El Seminario menor se ha
después del período de acompaña- incluido en el capítulo de la pastoral
miento para el discernimiento de la de las vocaciones. De este modo se
vocación. Desde el comienzo han de distingue claramente entre las etapas
orientarse los elementos de la forma- previas (Seminario menor, otras insti-
ción de modo que propicien su con- tuciones similares, acompañamiento
tinuidad en la vida ministerial. Por lo de las vocaciones adultas, indígenas
tanto, diseñar el proyecto formativo y ligadas al fenómeno de la migración)
implica contemplar la vida sacerdotal y la formación inicial (Seminario ma-
y desde allí poner los medios forma- yor, incluida la etapa propedéutica).
tivos para la etapa del Seminario, de La formación inicial orienta la vida del
tal manera que se vea la formación seminarista hacia el futuro ministerio,
sacerdotal como un «único camino de tal manera que los contenidos for-
discipular y misionero». mativos se ajusten a tal objetivo: for-

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Formación inicial y permanente (n. 56)

56*. La formación permanente representa una necesidad imprescin-


dible en la vida y en el ejercicio del ministerio de cada presbítero; en
efecto, la actitud interior del sacerdote debe caracterizarse por una dis-
ponibilidad permanente a la voluntad de Dios, siguiendo el ejemplo de
Cristo. Tal disponibilidad implica una continua conversión del corazón, la
capacidad de leer la vida y los acontecimientos a la luz de la fe y, sobre
todo, la caridad pastoral, para la entrega total de sí a la Iglesia según el
designio de Dios.
En este sentido, sería reductivo y erróneo considerar la formación
permanente como una simple actualización, de carácter cultural o pas-
toral, respecto a la formación inicial en el Seminario; por ello, «desde el
seminario mayor es preciso preparar la futura formación permanente y
fomentar el ánimo y el deseo de los futuros presbíteros en relación con
ella, demostrando su necesidad, ventajas y espíritu, y asegurando las
condiciones para su realización»2.

2. Pastores dabo vobis, n. 71: AAS 84 (1992), 783.

mar un corazón sacerdotal. A este tra- de la conversión pastoral, en cada


bajo interior se han de dirigir todos los momento de su vida. Esto supone,
esfuerzos formativos, por lo que a la por una parte, la realización de un
hora de establecer los medios ha de plan que atienda a las necesidades
tenerse en cuenta que se trata, ante propias de cada momento vital en el
todo, de una labor «sobre la perso- ejercicio del ministerio (por ejemplo,
na». Durante las distintas etapas de no es lo mismo ser sacerdote con 30
la formación inicial, que más adelante años que llevar 30 años de vida sa-
se describen, los formadores debe- cerdotal) y, por otra, saber vincular
rán realizar un trabajo que se califica la formación inicial (Seminario) con
como «paciente y riguroso». Como se la posterior formación permanente,
puede observar ya se está proponien- imprimiendo en la mente y el corazón
do un estilo formativo. del seminarista la necesidad y el pro-
vecho de una actitud formativa man-
56. Concepto de formación perma- tenida durante toda la vida.
nente. La formación durante la etapa El texto se distancia de otras vi-
posterior a la ordenación sacerdotal siones de la formación permanente
es presentada como «imprescindi- que considera reductivas y erróneas,
ble». Su finalidad es el cuidado am- particularmente aquellas de tipo re-
plio de la vida y el ministerio presbite- duccionista, sobre todo cuando se la
ral, de modo que el presbítero pueda limita a una especie de actualización
mantenerse abierto a la voluntad de o simple preparación para la activi-
Dios, desde la actitud permanente dad pastoral.

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Formación inicial y permanente

a) La formación inicial y sus etapas*

57*. La formación inicial puede ser subdividida en cuatro grandes


etapas: «etapa propedéutica», «etapa de los estudios filosóficos» o «dis-
cipular», «etapa de los estudios teológicos» o «configuradora», y «etapa
pastoral» o «de síntesis vocacional», cuyas características serán deta-

57-79. Estos 23 artículos desarro- en las distintas etapas, para que el


llan con amplitud el tema de las etapas acompañamiento al seminarista se
durante la formación inicial. Hay que va­ya realizando según un plan seria-
advertir que se trata de un tema espi- mente trazado. Teniendo cada eta-
noso, pues se tiene en consideración pa su propia especificidad, se ha de
la realidad diversa de tantas regiones procurar que los objetivos se vayan
en las que, por variadas razones his- alcan­ zando paulatinamente, consi-
tóricas, no se aplica esta estructura o derando que nunca se abandona el
se ha ido reduciendo gradualmente. trabajo sobre los logros alcanzados.
La Ratio hace una opción muy clara Las urgencias pastorales no pueden
por una formación consistente y por prevalecer sobre la tarea seria y pa-
dedicar a ella el tiempo que sea nece- ciente de formar un corazón sacerdo-
sario, al margen de la duración de los tal. El documento, al hablar de cuatro
estudios. En este sentido marca una etapas, cada una con una finalidad
valiente novedad, sobre todo para el concreta, está indicando la necesi-
caso en que los seminaristas acuden dad de dedicar a cada paso un tiempo
a las facultades eclesiásticas, afir- apropiado, unos medios oportunos y
mando con toda nitidez el valor de la un acompañamiento decidido, de tal
formación integral. manera que se asegure un proceso
verdaderamente gradual.
57. La propuesta de la Ratio con- El texto distingue dos polos funda-
siste en desarrollar la formación ini- mentales en el proceso de la forma-
cial en un proceso de cuatro etapas ción inicial, el del discipulado y el de
que desembocará en la ordenación la configuración. Toda la vida apren-
sacerdotal. A este respecto es impor- demos a ser discípulos del Señor y
tante señalar que se trata de una pro- la configuración con Cristo Pastor se
puesta que de­berá ser considerada continúa haciendo a lo largo del mi-
por las Conferencias episcopales y nisterio, pero queda claro que en el
no de una imposición. Cada una de Seminario se deben cuidar con mu-
las cuatro etapas tiene objetivos es- cha atención estos dos polos que de-
pecíficos y, por lo tanto, la atención a finen al seminarista como discípulo y
los distintos elementos va oscilando misionero llamado a ser pastor. Es-
a medida que el seminarista pasa de tamos hablando de objetivos formati-
unas a otras. El carácter pedagógico vos acumulativos y progresivos. Son
de la formación inicial se manifiesta acumulativos porque siempre esta-

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Etapas de la formación inicial (n. 57)

lladas a continuación. A lo largo de la vida se es siempre «discípulo»,


con el constante anhelo de «configurarse» con Cristo, para ejercer el
ministerio pastoral. Se trata realmente de dimensiones constantemente
presentes en el camino de cada seminarista. Sobre cada una de las
cuales se pone una mayor atención, en un momento del proceso de
formación, aunque sin descuidar nunca las otras.

mos en camino discipular-misionero mentación que sea suficientemente


y en proceso de configuración espi- sólida para emprender el trabajo es-
ritual. Son progresivos porque es im- pecífico de la formación del pastor.
posible emprender la configuración si También exige un proceso de ma-
el seminarista no se sitúa claramente duración personal que es al mismo
en la perspectiva discipular. tiempo resultado y fundamento de la
Desde esta visión de la formación, vida discipular.
la Ratio propone una nueva nomen- La etapa «configurativa» tiene
clatura para designar las etapas: como eje fundamental el proceso
La etapa «propedéutica» marca de configuración con Cristo Pastor.
el umbral del Seminario mayor y tie- Consiste en un trabajo formativo más
ne un carácter eminentemente intro- específico sobre los valores y las ac-
ductorio a todo el proceso formativo. titudes que se esperan del pastor y
El término «propedéutico», según el que deben ser consonantes con la
diccionario, designa la enseñanza imagen de Jesús que contemplamos
preparatoria para el estudio de una en los evangelios. Se trata, por con-
disciplina. Toda vez que la formación siguiente, de un proceso formativo
sacerdotal se ha definido como inte- delicado y exigente, que baja a los
gral, se trata de una enseñanza que detalles educando al futuro presbíte-
dispone a todo el proceso formativo. ro también en los aspectos prácticos
Esto se hará de modo positivo pero del ministerio pastoral.
también se deben tener en cuenta las La etapa «de síntesis vocacional»
carencias formativas de los destina- es la que precede a la ordenación sa-
tarios. Es muy claro que la etapa pro- cerdotal. El título que se ha elegido
pedéutica no se confunde con el Se- alude a la necesidad de retomar todo
minario menor, cuyo tratamiento se el proceso formativo para afrontar el
ha hecho en el capítulo II. Después momento decisivo y sacramental de
se clarificará que tampoco equivale a la ordenación sacerdotal. Al colocarla
los estudios filosóficos. como una etapa diversa, queda claro
Durante la etapa «discipular» se que no se confunde con las etapas
pone especial atención en el primer anteriores, sino que tiene su propia
polo del proceso: la identidad disci- especificidad, aunque en muchas
pular y misionera. Esto implica una diócesis no se ponga en práctica su-
revisión de la vida cristiana del semi- ficientemente.
narista en orden a lograr una funda-

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Formación inicial y permanente

58*. Al término de cada etapa es importante verificar que los fines


propios de un determinado período educativo hayan sido conseguidos,
a través de las evaluaciones periódicas, preferiblemente semestrales,
o al menos, anuales, que los formadores consignarán por escrito. El lo-
gro de los objetivos formativos no depende necesariamente del tiempo
transcurrido en el Seminario ni de los estudios realizados. Por tanto, no
se debe llegar al sacerdocio sólo en razón de haber concluido las etapas
propuestas previamente en una sucesión cronológica, casi «automática-
mente», sin considerar los progresos efectivamente conseguidos en una
maduración integral. La ordenación, en realidad, representa la meta de
un camino espiritual verdaderamente cumplido, que, de modo gradual,
habrá ayudado al seminarista a adquirir conciencia de la llamada recibida
y de las características propias de la identidad presbiteral, permitiéndole
alcanzar la necesaria madurez humana, cristiana y sacerdotal.

58. La formación ha de causar las particularidades de cada semina-


un verdadero cambio en la vida del rista, teniendo presente la distinta va-
seminarista, de tal manera que los loración que ha de otorgarse a uno u
pasos dados en el camino hacia el otro elemento en cada etapa.
sacerdocio puedan ser verificados Las cuatro dimensiones de la for-
tanto por los formadores como por mación han de tomarse como indica-
el propio sujeto. A este fin se orien- dores de las metas a alcanzar y que
tan las evaluaciones periódicas que deben ser sistemáticamente evalua-
han de ser semestrales o al menos das con un mismo criterio a lo largo de
anuales. Estas evaluaciones se con- toda la formación inicial. Es evidente
signarán por escrito y formarán parte que se pretende, en cada una de las
del expediente del seminarista, de etapas, una maduración integral. Los
tal manera que pueda comprobar- formadores, mediante un acompaña-
se su avance en la consecución de miento permanente a los candidatos,
los objetivos de cada etapa. Se está han de estar atentos a la evolución
exigiendo al equipo formador una que se debe producir en el semina-
disciplina de evaluación periódica y rista, haciéndole saber cómo se en-
de elaboración de informes de cada cuentra en cada uno de los aspectos
seminarista que es expresión de la que son objeto de análisis y dispo-
calidad de la formación. niendo también los medios más opor-
Esto lleva necesariamente a la tunos para que pueda, gradualmente,
elaboración de un perfil que el can- alcanzar las metas propuestas.
didato debe alcanzar al concluir la El seminarista, por su parte, ha
etapa correspondiente. Tal perfil ha de esforzarse por vivir una auténtica
de ser congruente con los objetivos transparencia, de modo que, cono-
propios de cada momento formativo ciéndose cada vez más, pueda po-
(propedéutico, discipular, etc.) y con ner atención a sus limitaciones y ser

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Etapa propedéutica (n. 59)

Al equipo formador se le exige coherencia y objetividad en la periódi-


ca evaluación integral de los seminaristas, teniendo en cuenta las cuatro
dimensiones de la formación, de las cuales se tratará en el capítulo V.
Del seminarista se espera docilidad, una revisión constante de la pro-
pia vida y la disponibilidad para la corrección fraterna, correspondiendo
cada vez mejor a los impulsos de la gracia.

a.1. Etapa propedéutica*


59*. A la luz de la experiencia acumulada de los últimos decenios3,
se reconoce la necesidad de dedicar enteramente un período de tiempo
–ordinariamente no inferior a un año y no superior a dos– a una prepa-
3. La etapa propedéutica sigue a la intuición de la vocación y al primer acompañamiento
vocacional fuera del Seminario, cf. Pastores dabo vobis, n. 62: AAS 84 (1992), 767-768. La
Congregación para la Educación Católica ha propuesto con insistencia, desde 1980, esta
etapa de iniciación: «Se ha agudizado la necesidad de intensificar la preparación de los aspi-
rantes al Seminario Mayor no sólo desde un punto de vista intelectual, sino también y, sobre

consciente de sus avances. Las eva- Esta etapa propedéutica es indis-


luaciones periódicas le servirán como pensable (59b). Se establezca una
indicador de su gradual crecimiento, a etapa propedéutica (60c). Se especi-
la vez que le supondrán una preciosa fica también que los estudios de esta
oportunidad para aceptar las correc- etapa son netamente diversos de la
ciones y para exigirse cada vez más a filosofía (59c). Con ello se soluciona
sí mismo, respondiendo de esta ma- la tendencia frecuente de confundir la
nera a «los impulsos de la gracia». propedéutica con un momento final
El texto llama la atención sobre un de la pastoral vocacional o con un pri-
peligro frecuente en la formación: el mer año de filosofía. Si la distribución
paso «automático» de una etapa a en cuatro etapas era una propuesta,
otra sin el debido discernimiento de el establecimiento de la etapa prope-
la vocación sacerdotal. Más adelan- déutica es obligatorio. Cada Confe-
te se propondrá una evaluación aún rencia Episcopal y cada institución re-
más detallada al final de cada etapa, ligiosa deben poner los medios para
con el fin de vigilar atentamente este establecerla, donde no existe, y debe
pasaje de etapa para garantizar la ser contemplada en la elaboración de
selección de las vocaciones. las normas nacionales.

59. Ya el n. 57 dejó claro que con 59a El texto parte de «la expe-
la etapa propedéutica se inicia la for- riencia de los últimos decenios», si-
mación en el Seminario. Tres veces guiendo el análisis del documento de
se hace referencia a la obligatoriedad la Congregación para la Educación
de esta etapa: se reconoce la nece- Católica, citado en nota. En cada na-
sidad de dedicarle un tiempo (59a). ción sería conveniente repetir el mis-

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Formación inicial y permanente

ración de carácter introductorio, con el objetivo de discernir la conve-


niencia de continuar la formación sacerdotal o emprender un camino de
vida diverso.
*Esta etapa propedéutica es indispensable y tiene su propia especifi-
cidad. El objetivo principal consiste en asentar las bases sólidas para la
vida espiritual y favorecer un mejor conocimiento de sí que permita el de-
sarrollo personal. Para la introducción a la vida espiritual y la maduración
en ella será necesario, sobre todo, iniciar a los seminaristas en la oración
a través de la vida sacramental, la Liturgia de las Horas, la familiaridad
con la Palabra de Dios, alma y guía del camino, el silencio, la oración
mental, la lectura espiritual. Finalmente, éste es un tiempo propicio para
un primer y sintético conocimiento de la doctrina cristiana, mediante el
estudio del Catecismo de la Iglesia Católica, y para desarrollar la diná-
todo, humano y espiritual», Congregación para la Educación Católica, Documento informativo
El período Propedéutico (10 de mayo de 1998), III, n. 1. También la Congregación para la
Evangelización de los Pueblos con anterioridad recomendó, en una Circular del 25 de abril de
1987, la propedéutica como «un período prolongado de discernimiento, de maduración en la
vida espiritual y comunitaria y también de una eventual nivelación de la preparación cultural
con vistas a la filosofía y teología», en Enchiridion Vaticanum 10 (1989), 1214.

mo ejercicio: recoger y observar con de discernir la vocación. Es llamativo


detenimiento las experiencias positi- que se desea que la etapa introducto-
vas que, a partir del Concilio Vatica- ria permanezca muy abierta a que el
no II, se hayan puesto en práctica, de joven continúe o no en el Seminario,
modo que se llegue a una valoración salvaguardando su libertad.
positiva de las mismas. El decreto
Optatam totius pidió el establecimien- 59b. Se amplía la finalidad de la
to de un curso introductorio (OT, 14); etapa, que debe asentar las bases só-
Pastores dabo vobis considera que el lidas para la vida espiritual, favorecer
curso propedéutico se encuentra aún un mejor conocimiento de sí, facilitar
en fase de estudio y experimentación un primer conocimiento de la doctri-
(PDV, 62), el citado documento de la na cristiana y completar la formación
Congregación para la Educación Ca- cultural, objetivos válidos para todos
tólica hace un balance de esta expe- los candidatos, de modo que no se dé
riencia y la actual Ratio fundamentalis fácilmente el paso a dispensar a algu-
lo impone como obligatorio. Al aclarar nos de ellos por motivo de su prepara-
la duración de la etapa, no inferior a ción profesional, edad o experiencia
un año y no superior a dos, se está es- previa. Se está poniendo la base pa­
tableciendo como una verdadera eta- ra la formación integral. Estos cua­tro
pa formativa. Se describe la finalidad objetivos ofrecen el esquema para
de la etapa considerando dos polos, la confección del proyecto formativo
su carácter introductorio y la finalidad de la etapa.

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Etapa propedéutica (n. 59-60)

mica del don de sí en la experiencia parroquial y caritativa. Además, la


etapa propedéutica podrá ser útil para completar la formación cultural si
fuese conveniente.
*Los estudios de la etapa propedéutica son netamente diversos de
la filosofía.
60*. La etapa propedéutica será diversa, según las culturas y las ex-
periencias de las Iglesias locales, pero en todo caso deberá tratarse de
un verdadero y propio tiempo de discernimiento vocacional, realizado
en el contexto de una vida comunitaria, y de una iniciación a las etapas
sucesivas de la formación inicial.
*Es importante que en la propuesta formativa se acentúe el valor
de la comunión con el propio Obispo, con el presbiterio y con la Iglesia
particular, más aún, considerando el hecho de que, actualmente, no po-

59c. Es llamativo que se dedique referirse a otras etapas formativas.


un nuevo párrafo a una sola frase, También en la etapa propedéutica es
signo de que se está afrontando una necesario garantizar la existencia de
dificultad frecuente. Se pretende de- una comunidad educativa. Si la dió-
jar completamente claro que la etapa cesis no cuenta con un número su-
propedéutica no se confunde con los ficiente de seminaristas o de forma-
estudios filosóficos. Para más deta- dores, conviene que se una a otras
lle, en los artículos 155-157 se es- diócesis de la provincia eclesiástica
pecifica el contenido de las materias con el fin de establecer más obje­
propedéuticas. tivamente tal contexto comunitario.
La tercera condición es que consti-
60a. Establecida la obligatoriedad tuya una iniciación al conjunto de la
de la etapa propedéutica, el texto se formación sacerdotal, estableciendo
abre ahora a la diversidad de las cul- para ello los elementos rudimenta-
turas y las Iglesias locales, en las que rios que después entrarán en juego.
ya se prevén algunas dificultades. En Es­ta es una línea clara para la for-
todos los casos hay tres condiciones mulación del proyecto formativo de
mínimas que hay que cumplir. La pri- la etapa propedéutica. Por ejemplo,
mera es que sea una etapa consis- enseñar a los seminaristas a aprove-
tente, a la que se dedique un tiempo char el acompañamiento formativo,
«verdadero y propio». Ya antes se para que de aquí en adelante con-
ha señalado una duración mínima de tinúen abriéndose a esta relación, y
un año, considerado el tiempo sufi- así en otros aspectos.
ciente para este primer discernimien-
to de la vocación. Se vincula el dis- 60b. La etapa propedéutica, reali-
cernimiento vocacional al contexto de zada por la diócesis o en el contexto
vida comunitaria. Este es un criterio de la provincia eclesiástica, ofrece la
importante, que se afirmará luego al oportunidad de afirmar, desde el ini-

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Formación inicial y permanente

cas vocaciones provienen de diversos grupos y movimientos eclesiales,


las cuales necesitan desarrollar vínculos más profundos con la realidad
diocesana4.
*Es conveniente que la etapa propedéutica se viva en una comuni-
dad distinta de la del Seminario Mayor y, donde sea posible, tenga una
sede propia. Así pues, se establezca una etapa propedéutica, provista
de formadores propios, que procuren una buena formación humana y
cristiana, y realicen una seria selección de los candidatos al Seminario
Mayor 5.

4. Cf. El período propedéutico, III, n. 5.


5. Francisco, Discurso a la Plenaria de la Congregación para el Clero (3 de octubre de
2014): L’Osservatore Romano 226 (4 de octubre de 2014), 8: «se necesita estudiar bien el
itinerario de una vocación. Examinar bien si él es del Señor, si ese hombre está sano, si ese
hombre es equilibrado, si ese hombre es capaz de dar vida, de evangelizar, si ese hombre es
capaz de formar una familia y renunciar a ello para seguir a Jesús».

cio del proceso formativo, la vincula- 60c. Este párrafo añade la conve-
ción diocesana de la vocación sacer- niencia de que la etapa propedéutica
dotal. Es un punto de interés porque se establezca en una sede distinta,
está relacionado con la misma iden- si es posible. En todo caso habría
tidad del sacerdote diocesano. Con- que procurar una separación discipli-
secuentemente no es recomendable nar, de modo que la comunidad de la
que se haga en un sitio geográfica- etapa propedéutica pueda gozar de
mente muy distante de la diócesis. El suficiente autonomía. Nótese que se
texto pone atención a las vocaciones está introduciendo un concepto nue-
provenientes de los grupos y movi- vo. Ya no solo se habla de la gran
mientos eclesiales, que pueden te­ner comunidad educativa del Seminario,
una necesidad particular de profun­ sino que se comienza a sugerir que
dizar el vínculo con la Iglesia par­ticu­ cada etapa formativa adopte la forma
lar. Es mejor que esto se consiga al de una comunidad constituida por se-
inicio de la formación y no se deje minaristas y formadores propios, so-
pa­ra más tarde. El mismo criterio val- bre todo si se piensa en un Seminario
dría para las vocaciones adultas, las suficientemente grande. El texto su-
vocaciones indígenas y aquellas que braya la obligatoriedad de establecer
están relacionadas con la migración. la etapa propedéutica, que es un me-
La etapa propedéutica representa un dio para garantizar desde el inicio la
momento de discernimiento que tam- adecuada selección de las vocacio-
bién puede orientar las vocaciones a nes sacerdotales. Al incluir el adjetivo
otros ámbitos fuera de la diócesis con «seria» se está aludiendo a una reali-
mayor seguridad. dad deficiente que lógicamente tiene
consecuencias negativas.

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Los estudios filosóficos (n. 61)

a.2. La etapa de los estudios filosóficos (o discipular)*


61*. El concepto de discipulado. Discípulo es aquél que ha sido lla-
mado por el Señor a estar con Él (cf. Mc 3, 14), a seguirlo y a convertir-
se en misionero del Evangelio. El discípulo aprende cotidianamente a
entrar en los secretos del Reino de Dios, viviendo una relación profunda
con Jesús. Este «permanecer» con Cristo implica un camino pedagó-
gico-espiritual, que trasforma la existencia, para ser testimonio de su
amor en el mundo.

61-67. Al dedicar siete artículos a será enriquecido con los estudios fi­
la etapa discipular se está poniendo losóficos. Se debe tener en cuenta
de relieve su importancia, de modo una doble idea que aparece aquí. Por
particular en los ámbitos en los que la una parte, la noción de «aprendizaje»
mezcla de los estudios filosófico-teo- que marca esta etapa. Tal aprendiza-
lógicos tiende a crear una confusión, je se da en la relación profunda con
incluso llamando a este conjunto el Señor. Por otra parte, el camino
«teologado» o en el ámbito académi- pedagógico espiritual por el que la
co «facultad de teología». Puede ser propia existencia va cambiando día
que desde el punto de vista de los a día. No se debe pretender que el
estudios se considere conveniente seminarista llegue a convertirse en
esta mezcla, pero la Ratio deja claro un experto en la oración o en la vida
que no lo es desde el punto de vista evangélica y misionera, sino que vaya
de la formación integral. Nótese que descubriéndolas gradualmente. Más
el título de la etapa intenta hacer un importante que alcanzar una meta
puente entre la nomenclatura centra- es que el seminarista se sitúe en el
da en los estudios (etapa filosófica) y camino discipular por medio de ac-
la nueva nomenclatura centrada en el titudes formativas que serán válidas
objetivo formativo (discipular). En los toda la vida. En consecuencia el fruto
Seminarios donde los estudios filosó- de la etapa discipular es la opción de-
ficos están separados de los teológi- finitiva por la vida cristiana, o sea, por
cos será más fácil identificar los años el seguimiento personal de Jesús. El
que corresponden a la etapa discipu- texto subraya el verbo «permanecer»
lar. En donde los estudios se hallan como un referente de estabilidad es-
mezclados habrá que establecer for- piritual. Se trata de permanecer jun-
malmente la distinción formativa. to al Señor, atento en la contempla-
ción de su misterio, y de conseguir
61. Concepto de discipulado. Tras las estructuras que pueden sostener
la etapa propedéutica, donde los can- esa opción en todas las dimensiones
didatos han sido iniciados a la vida de la formación. Lo que aportan los
comunitaria, revisando su fe y su estudios filosóficos en este proceso
seguimiento del Señor, se ofrece el de maduración humana y cristiana es
tiempo propiamente discipular, que muy relevante.

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Formación inicial y permanente

62*. La experiencia y la dinámica del discipulado que, como ya se


ha indicado, dura toda la vida y comprende toda la formación presbi-
teral, requiere pedagógicamente una etapa específica, durante la cual
se invierten todas las energías posibles para arraigar al seminarista en
el seguimiento de Cristo, escuchando su Palabra, conservándola en el
corazón y poniéndola en práctica. Este tiempo específico se caracteriza
por la formación del discípulo de Jesús destinado a ser pastor, con un
especial cuidado de la dimensión humana, en armonía con el crecimiento
espiritual, ayudando al seminarista a madurar la decisión definitiva de se-
guir al Señor en el sacerdocio ministerial y en la vivencia de los consejos
evangélicos, según las modalidades propias de esta etapa.

62. La formación discipular. Si bien estos años las actitudes han de ir


toda la vida es un único discipulado, siendo tales que finalmente el semi-
como ya hemos dicho, se plantea narista tenga capacidad suficiente
para la etapa de los estudios filosófi- para asumir una formación cada vez
cos un tiempo concreto para trabajar más exigente. La responsabilidad, el
de modo específico este aspecto fun- sentido de fraternidad, la fidelidad a
damental de la formación. Cobra es- la palabra dada, el esfuerzo en el tra-
pecial importancia la Palabra de Dios, bajo, la seriedad con que afronta el
de tal manera que su escucha atenta estudio, la capacidad para asumir las
y su puesta en práctica será prueba correcciones, la reciedumbre, la dis-
de un mayor seguimiento de Cristo. ponibilidad para afrontar las dificulta-
Es conveniente que durante los años des y los fracasos, etc., son actitudes
de filosofía se establezca un plan de que pueden ayudar a verificar la ma-
lectura y meditación de la Palabra de durez humana y espiritual al concluir
Dios, de manera que, abarcando es- la etapa discipular.
pecialmente el Nuevo Testamento y Este crecimiento humano se da
los pasajes más significativos del An- en paralelo al crecimiento espiritual,
tiguo, el seminarista pueda conseguir de tal manera que la vida de oración
un mayor conocimiento de la misma y y el trato asiduo con el Señor deben
se esfuerce en cumplirla. ser también indicativos del camino
El seminarista, que debe llegar a recorrido. Se espera que al concluir
definirse como discípulo y misionero, la etapa discipular se hayan produ-
está llamado a ser después pastor. cido cambios significativos en la in-
Durante estos años se debe cuidar tegralidad de la persona. Establecer
con particular atención el equilibrio unos criterios de verificación acordes
entre la dimensión humana y el creci- a la etapa ayudará al equipo formati-
miento espiritual. De este justo equili- vo y al propio seminarista a notar los
brio habrá de brotar la decisión de se- avances que se puedan ir dando y a
guir al Señor para toda la vida. Debe orientar el trabajo de formación en or-
tenerse en cuenta entonces que en den a las metas propuestas.

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Los estudios filosóficos (n. 63)

63*. Este momento formativo, mientras prepara a la etapa de los estu-


dios teológicos, o etapa configuradora, y orienta a la opción definitiva por
la vida presbiteral, permite, con la apertura al Espíritu Santo, un trabajo
sistemático sobre la personalidad de los seminaristas. Durante el proce-
so de la formación sacerdotal nunca se insistirá suficientemente sobre
la importancia de la formación humana; la santidad de un presbítero, de
hecho, se injerta en ella y depende, en gran parte, de su autenticidad y
de su madurez humana. La carencia de una personalidad bien estructu-
rada y equilibrada se constituye en un serio y objetivo impedimento para
la continuidad de la formación para el sacerdocio.

63. La formación humana. En co- tablecer las medidas oportunas que


rrespondencia con la importancia que faciliten el crecimiento humano de
la dimensión humana tiene en esta los seminaristas, que sean medios
etapa, se remarca la absoluta nece- concretos y bien armonizados entre
sidad de trabajar «sistemáticamente» sí. El proyecto formativo debería con-
sobre la personalidad de los semi- templar un tiempo suficiente para el
naristas. La propuesta de un trabajo aprendizaje de la actividad física, de
sistemático excluye otras aproxima- tal manera que a través de una edu-
ciones a la dimensión humana: super- cación pertinente se fomente un es-
ficial, casual, esporádica, eventual, tilo de vida saludable y se mantenga
etc. Sobre la base a la formación hu- en adelante. Dependiendo de la ne-
mana se estructura la formación más cesidad del candidato, el Seminario
propiamente sacerdotal y la santidad podrá favorecer la ayuda psicológica
de vida de los futuros presbíteros, que necesaria para alcanzar una sólida
repercutirá en la fecundidad de su mi- madurez psíquica, brindando las he-
nisterio. En el discernimiento propio rramientas terapéuticas que ayuden
de esta etapa ha de evaluarse seria- a clarificar las complejas realidades
mente la personalidad del candidato, personales que ameritan mayor aten-
dado que ella se convierte en criterio ción. Para esto sería conveniente que
fundamental para continuar el proce- el Seminario contara con psicólogos
so formativo. El propio seminarista ha formados en un ámbito cristiano, co-
de permanecer disponible para cono- nocedores de los fines y medios del
cerse a sí mismo en orden a aprender proceso formativo, que sepan de­
a gestionar su personalidad según los senvolverse más propiamente en es­
criterios establecidos. ta ayuda específica.
La madurez se puede verificar en Finalmente, aunque la madurez
tres ámbitos: físico, psicoafectivo y social se expresa de alguna mane-
social. Aunque la persona es una y co­ ra en la misma comunidad del Se-
mo tal ha de ir creciendo, los medios minario, el seminarista ha de estar
pueden ayudar a crecer en un ám­bito preparado para mantener relaciones
determinado. Parece conveniente es- sociales con todo tipo de personas,

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Formación inicial y permanente

Por este motivo, los seminaristas se habituarán a educar su carácter,


crecerán en la fortaleza de ánimo y, en general, aprenderán las virtudes
humanas, como «la lealtad, el respeto de la justicia, la fidelidad a la
palabra dada, la amabilidad en el trato, la discreción y la caridad en las
conversaciones»6, que harán de ellos un reflejo vivo de la humanidad de
Jesús y un puente que una a los hombres con Dios. Para alcanzar la só-
lida madurez física, psicoafectiva y social, que se exige al pastor, serán
de gran ayuda el ejercicio físico y el deporte, así como la educación para
un estilo de vida equilibrado. Además del esencial acompañamiento de
los formadores y del director espiritual, en algunos casos podría ser útil
un específico acompañamiento psicológico, con el fin de integrar los
aspectos fundamentales de la personalidad.
6.  Optatam totius, n. 11: AAS 58 (1966), 720.

maduras y adecuadas a su edad. se ha producido una madurez en esta


Dentro del itinerario formativo de la dimensión, finalmente en el dominio
etapa discipular se pueden organizar de sí mismo, sabiendo corregir su
talleres y sesiones de estudio sobre carácter y mostrando en todo equili-
este aspecto, que se verificará en la brio y prudencia. Tales actitudes se
creciente soltura con que el semi- hacen patentes en la vida comunita-
narista se vaya desenvolviendo en ria, donde el seminarista debe mos-
las relaciones interpersonales a dis- trar paulatinamente que es capaz de
tintos niveles: formales, informales, sacrificarse en beneficio de los otros,
profesionales, pastorales, académi- evitando la autorreferencialidad y la
cas, etc. tentación del individualismo que le
Este número cierra con tres obje- aísla de los otros.
tos de la formación humana que son Es importante señalar que la Ratio
claves: por una parte, la verdad acer- encomienda el acompañamiento de
ca de sí mismo; tal verdad deberá ser los seminaristas en esta dimensión
asumida desde un autoconocimien- tanto a los formadores como al direc-
to cada vez mayor, ayudada por el tor espiritual. Se trata así de una rea-
acompañamiento paciente de los for- lidad que se debe abrazar siempre,
madores; en segundo lugar, el uso de porque se pretende la formación inte-
la libertad, que tiende a unificar a la gral de la persona. Sería absurdo in-
persona en la orientación de su vida tentar aislar los aspectos espirituales,
hacia su fin último, que es Dios, este porque tal estrategia implicaría dividir
uso de la libertad se verificará en las a la persona. La ayuda psicológica se
distintas opciones que el seminarista sitúa como auxiliar en este contexto
vaya tomando o, por el contrario, en formativo en el que efectivamente se
la falta de decisión en que se mueva, trabaja de manera sistemática sobre
manifestando de este modo que no la dimensión humana.

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Los estudios filosóficos (n. 64-65)

Este proceso formativo procura educar a la persona en la verdad del


propio ser, en el uso de la libertad y en el dominio de sí, tendiendo a la
superación de las diversas formas de individualismo, y al don sincero de
sí que permite una generosa entrega a los demás.
64*. La madurez humana es suscitada y favorecida por la acción de
la gracia, que orienta el crecimiento de la vida espiritual. Esta última
dispone al seminarista a vivir en la presencia de Dios, en una actitud
orante, y se funda en su relación personal con Cristo, que consolida la
identidad discipular.
65*. Se trata de un camino de trasformación que implica a toda la
comunidad. En ella, con la ayuda específica de los formadores y en
especial del director espiritual, se propone un itinerario pedagógico, que
sostiene al candidato en su crecimiento, ayudándolo a tomar conciencia
de la propia pobreza y, simultáneamente, de la necesidad de la gracia de
Dios y de la corrección fraterna.

64. Criterios de madurez humana. nal que se irá adquiriendo. Se espera


La madurez humana es la base para que el discípulo de Jesús, a ejemplo
una sólida vida espiritual. Y a la inver- de su Maestro, defina rasgos especí-
sa, el progreso espiritual que experi- ficos de madurez personal.
menta el seminarista se manifestará
naturalmente en el deseo de con­ 65. Itinerario pedagógico. En con-
seguir un crecimiento humano. Sa­ sonancia con el artículo anterior, el
ber leer los acontecimientos desde el texto se refiere a la comunidad educa-
Evangelio, aceptar las dificultades de tiva, para que cada actor desempeñe
cada día con actitud cristiana y darle a adecuadamente su rol. Es importante
toda la vida una orientación espiritual definir cómo intervienen los forma-
ayudará al seminarista a conformar dores y el director espiritual, en qué
su vida con el misterio de Cristo. Se consistiría concretamente el itinera­
impone, pues, que la dimensión espi- rio pedagógico y cómo el seminarista
ritual tenga una repercusión concreta debe asumir un papel protagónico. La
en la «conversión» del candidato, de indicación es tomar conciencia de la
manera que la relación personal con propia limitación (antes se ha hablado
el Señor, que debe profundizarse en del autoconocimiento), la necesaria
este tiempo hasta ocupar un puesto ayuda de la gracia (aspecto espiritual)
central, le ayude a adquirir las virtu- y la corrección fraterna (aspecto co-
des humanas necesarias para que el munitario). El itinerario no se presen-
seguimiento de Cristo se realice con ta principalmente como una exigencia
mayor integridad. Lejos de estar des- para el seminarista, sino sobre todo
vinculada del crecimiento humano, la como una ayuda en su crecimiento.
dimensión espiritual se hará patente, Ambos factores deben conjugarse en
precisamente, en la madurez perso- la elaboración del proyecto.

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Formación inicial y permanente

66*. La duración de esta etapa, que no debe ser inferior a dos años,
comprenderá el tiempo suficiente para conseguir los objetivos que le
son propios y, al mismo tiempo, para adquirir el necesario conocimiento
de la filosofía y de las ciencias humanas. Es necesario que esta eta-
pa sea justamente valorada y comprendida en su específica finalidad y
no sea considerada simplemente como un «paso obligado» para acce-
der a los estudios teológicos.
67*. Al finalizar la etapa de los estudios filosóficos o discipular, el se-
minarista, habiendo alcanzado una libertad y una madurez interior ade-
cuadas, debería disponer de los instrumentos necesarios para iniciar,

66. Duración de la etapa. En cuan- 67. Fruto de la etapa y admisión


to a la duración de la etapa se estable- como candidato. La conclusión de
ce un tiempo mínimo, dos años, pero es­ta segunda etapa de la formación
no se señala un tiempo máximo. El inicial presenta dos aspectos que de-
mismo vendrá dado por el logro de los ben ser logrados en el seminarista:
objetivos en las dimensiones humana por un lado, la libertad y la madurez
y espiritual, a lo que hay que añadir interior, por otro los instrumentos pa­
los objetivos intelectuales de conoci- ra continuar su formación. Es llama-
miento de la filosofía y de las ciencias tivo que se describa el paso a la si-
humanas. Si bien se comprende que guiente etapa como sereno y gozoso,
la duración de esta etapa no puede lo cual se opone a la presión social o
alargarse indefinidamente, tampoco a la angustia. Este momento final de
puede limitarse la superación de los la etapa requiere un discernimiento
estudios filosóficos, dado que los ob- cuidadoso y personalizado de la vo-
jetivos propios de la etapa implican cación presbiteral.
la formación integral y particularmen- Como manifestación pública de
te los aspectos humanos y espiritua- es­ta situación personal se presenta
les (cf. RFIS, 58 y 62). Delimitar los la posibilidad de la admisión como
objetivos a alcanzar al concluir la eta­ candidato a las sagradas órdenes. La
pa (atendiendo a las indicaciones del etapa propiamente de configuración,
n. 63) facilitará el trabajo formativo que sigue a la discipular, conlleva un
tanto para establecer los medios más compromiso público por parte del
oportunos como para la propia orien- candidato a trabajar con mayor inten-
tación del seminarista entre el ideal sidad en su propia formación, que la
propuesto y su situación real con res- Iglesia acompaña de manera especí-
pecto al mismo. Por otra parte, tener fica a través de un rito litúrgico, para
unos objetivos bien definidos y conec- forjar en el seminarista la imagen de
tados con las etapas posteriores ayu- Cristo Pastor. En cada Seminario se
da a clarificar la estructura del edificio establecerá la forma y el momento
formativo, otorgando a cada etapa su más conveniente para presentar la
específica finalidad. solicitud correspondiente, respetan-

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Los estudios teológicos (n. 68)

con serenidad y gozo, el camino que lo conducirá hacia una mayor con-
figuración con Cristo en la vocación al ministerio ordenado. De hecho,
después de esta etapa será posible la admisión del seminarista entre
los candidatos a las órdenes (petitio, o candidatura, etc.), cuando su pro-
pósito, avalado por las dotes requeridas, haya alcanzado una madurez
suficiente7. Por su parte, la Iglesia, acogiendo el ofrecimiento del semi-
narista, lo escoge y lo llama, para que se prepare a recibir en el futuro la
Sagrada Ordenación. Cuando se da una decisión responsable del semi-
narista, la admisión entre los candidatos a las órdenes representa para
él una invitación a proseguir su formación, en la configuración con Cristo
Pastor, mediante el reconocimiento formal por parte de la Iglesia.

a.3. La etapa de los estudios teológicos (o configuradora)*


68*. El concepto de configuración. Desde el primer momento voca-
cional, como se ha dicho, toda la vida del presbítero es una formación
continua: la propia del discípulo de Jesús, dócil a la acción del Espíritu
Santo, para el servicio a la Iglesia. La pedagogía de la formación inicial,
7. Cf. Pablo VI, Carta apostólica Ad pascendum (15 de agosto de 1972), I, a) y c): AAS 64
(1972), 538-539.

do por una parte la libertad del can- y que en este momento se pasa a una
didato y por otra teniendo en cuenta labor formativa más específicamente
su ubicación específica, al inicio de la sacerdotal. El seminarista ha realiza-
etapa configuradora. do una opción definitiva por la vida
En muchos Seminarios la admi- discipular y misionera que durante la
sión entre los candidatos a las sagra- etapa configuradora tomará la forma
das órdenes se realiza más tarde, por concreta de la vocación sacerdotal.
ejemplo, en el segundo año de teolo- La descripción de la etapa es parale-
gía. Se debe tener especial cuidado al la a la de la precedente, comenzan-
evaluar la madurez que ha de presen- do con el concepto de configuración,
tar el candidato, de manera que el rito definiendo posteriormente sus obje-
de la admisión no sea un paso dado tivos, duración y contenidos formati-
en grupo o por inercia, sino fruto de la vos para concluir con una referencia
libertad interior que se ha manifesta- a la ordenación diaconal.
do en su decisión responsable.
68. El concepto de configuración.
68-73. La Ratio dedica seis ar­ Este artículo describe la transición de
tículos a la etapa configuradora. Es la etapa discipular a la configurado-
evidente que se considera ya esta- ra. El seguimiento de Cristo es base
blecida una base humana y espiritual y fundamento para la formación del

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Formación inicial y permanente

durante los primeros años de Seminario, procuraba inducir al candidato


a entrar en la sequela Christi; finalizada esta etapa, llamada discipular,
la formación se concentra en el proceso de configuración del seminaris-
ta con Cristo, Pastor y Siervo, para que, unido a Él, pueda hacer de la
propia vida un don de sí para los demás.
Dicha configuración exige entrar con profundidad en la contemplación
de la Persona de Jesucristo, Hijo predilecto del Padre, enviado como
Pastor del Pueblo de Dios. La práctica de la contemplación hace que la
relación con Cristo sea más íntima y personal y, al mismo tiempo, favore-
ce el conocimiento y la aceptación de la identidad presbiteral.
69*. La etapa de los estudios teológicos, o configuradora, se ordena de
modo específico a la formación espiritual propia del presbítero, donde la
conformación progresiva con Cristo hace emerger en la vida del discípulo
los sentimientos y las actitudes propias del Hijo de Dios; y a la vez lo in-
troduce en el aprendizaje de una vida presbiteral, animada por el deseo y
sostenida por la capacidad de ofrecerse a sí mismo en el cuidado pastoral
del Pueblo de Dios. Esta etapa facilita un arraigo gradual en la personali-
dad del Buen Pastor, que conoce a sus ovejas, entrega la vida por ellas8
y va en busca de las que están fuera del redil (cf. Jn 10, 17).

8. Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, n. 8: «Se puede decir, en-
tonces, que la configuración con Cristo, obrada por la consagración sacramental, define al
sacerdote en el seno del Pueblo de Dios, haciéndolo participar, en un modo suyo propio, en
la potestad santificadora, magisterial y pastoral del mismo Cristo Jesús, Cabeza y Pastor de
la Iglesia. El sacerdote, al hacerse más semejante a Cristo es –gracias a Él, y no por sí solo–
colaborador de la salvación de los hermanos: ya no es él quien vive y existe, sino Cristo en él
(cf. Gal 2, 20)».

pastor. Los estudios teológicos se rio presbiteral caracterizada por la


ordenan prioritariamente a este fin. entrega de sí mismo para la edifica-
Entiende la configuración como asi- ción del pueblo de Dios. Se trata de
milación progresiva de la sensibilidad un proceso en el que la dimensión
y actitudes de Cristo Siervo y Pastor. espiritual juega un papel importante
Para ello el medio fundamental es la y se manifiesta en actitudes huma-
contemplación personal y profunda nas coherentes que deben marcar
del misterio de Cristo. la personalidad del seminarista. De
esta manera se reafirma la línea que
69. Objetivo formativo propio de ha estado presente desde la etapa
la etapa teológica-configuradora. La propedéutica: una armónica y natural
conformación progresiva al modelo integración de los aspectos humanos
de Cristo Siervo y Pastor debe llevar y espirituales.
al candidato a las sagradas órdenes El texto afirma sin ambigüedades
hacia una interpretación del ministe- la exigencia y el fuerte compromiso

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Los estudios teológicos (n. 70)

El contenido de esta etapa es exigente y fuertemente comprome-


tedor. Se requiere una responsabilidad constante en la vivencia de las
virtudes cardinales, las virtudes teologales y los consejos evangélicos9,
siendo dócil a la acción de Dios mediante los dones del Espíritu Santo,
desde una perspectiva netamente presbiteral y misionera, junto a una
gradual relectura de la propia historia personal, en la que se descubra el
crecimiento de un perfil coherente de caridad pastoral, que anima, forma
y motiva la vida del presbítero10.
70*. El compromiso especial que caracteriza la configuración con
Cristo Siervo y Pastor puede corresponder a la etapa de la teología, sin
que ésta agote su contenido y su dinámica. Concretamente, debería ga-
rantizarse una fecunda y armónica interacción entre madurez humana y
espiritual, y entre vida de oración y aprendizaje teológico.

9. Cf. Pastores dabo vobis, n. 27: AAS 84 (1992), 710.


10. Cf. ibid, n. 23: AAS 84 (1992), 691-694.

que conlleva esta etapa de forma- 70. Integración de las dimensio-


ción. Se quiere decir que no basta con nes formativas. Así como se afirmó
permanecer en el Seminario, acomo- que la opción por el seguimiento de
dándose a unas normas disciplina- Cristo en la etapa discipular se mani-
res, sino que es necesario un proce- fiesta en una personalidad madura,
so positivo que culmine en actitudes de modo similar y paralelo la confi-
sacer­dotales estables y verificadas. guración mística con Cristo Siervo y
Se sugieren unos contenidos para el Pastor se traduce en rasgos de ma-
proyecto formativo: las virtudes car- durez humana. El proyecto formativo
dinales, las virtudes teologales y los deberá especificar estos rasgos, a fin
consejos evangélicos, todo ello mati- de que el seminarista se haga cons-
zado por los valores sacerdotales. ciente de ellos y los vaya cultivando
Esta formación, como tal, es pro- progresivamente.
gresiva, y está encaminada a ga- Consecuentemente se excluye un
rantizar el crecimiento de la caridad pretendido crecimiento espiritual que
pastoral, mediante la herramienta no se refleja en las actitudes prácti-
espiritual de la continua y conscien- cas y los criterios de comportamien-
te revisión de vida. Aquí puede cap- to. Además se subraya la profunda
tarse mejor el modo concreto como vinculación de los estudios teológi-
la contemplación de que hablaba el cos con el proceso formativo y espe-
número anterior se inserta en la vida cíficamente con la vida de oración. El
espiritual del seminarista: la revisión seminarista que crece en la ciencia
de vida es una reflexión comparati- teológica debe llevar armónicamente
va del propio comportamiento con el estos contenidos a la relación perso-
modelo de Cristo contemplado. nal con el Señor.

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Formación inicial y permanente

71*. Desde la perspectiva del servicio a una Iglesia particular, los se-
minaristas deben formarse en la espiritualidad del sacerdote diocesano,
marcada por la entrega desinteresada a la circunscripción eclesiástica
a la que pertenecen o a aquella en la cual, de hecho, ejercerán el minis-
terio, como pastores y servidores de todos, en un contexto determinado
(cf. 1Cor 9, 19). La vinculación con la Iglesia local concierne específica-
mente al clero secular, pero incluye indistintamente a todos los presbí-
teros que ejercen el ministerio en ella, a la vez que se valora el carisma
propio de cada uno. Esto también significa adaptar el propio modo de
sentir y de actuar, en comunión con el Obispo y los hermanos sacerdo-
tes, por el bien de una porción del Pueblo de Dios11.
Este amor imprescindible por la diócesis puede ser eficazmente enri-
quecido por otros carismas, suscitados por la acción del Espíritu Santo.
De modo semejante, el don sacerdotal recibido con la Sagrada Orde-
nación implica la entrega a la Iglesia universal y, por tanto, se amplía a
la misión salvífica dirigida a todos los hombres, hasta los confines de la
tierra (cf. Hch 1, 8)12.

11.  Francisco, Discurso a los sacerdotes de la Diócesis de Caserta (26 de julio de 2014):
L’Osservatore Romano 171 (28-29 de julio de 2014), 5: «¿Dónde está el centro de la espiri-
tualidad del sacerdote diocesano? Diría que en la ‘diocesaneidad’… Es tener la capacidad de
abrirse a la diocesaneidad… significa una relación con el obispo, que se debe realizar y hacer
crecer continuamente […] En segundo lugar, la diocesaneidad comporta una relación con los
demás sacerdotes, con todo el presbiterio. No hay espiritualidad del sacerdote diocesano sin
estas dos relaciones: con el obispo y con el presbiterio. Y son necesarias».
12. Cf. Presbyterorum ordinis, n. 10: AAS 58 (1966), 1007-1008; Pastores dabo vobis, n.
18: AAS 84 (1992), 682-684.

71. Formación en la espiritualidad pastor y servidor de todos los que for-


del sacerdote diocesano. Se continúa man esa porción del pueblo de Dios,
y completa la presentación del alcan- sin privilegiar a algunos ni dedicarse
ce de la formación configuradora de exclusiva o preferentemente a un gru-
esta etapa subrayando la sensibilidad po determinado. Tercero, adoptando
y comunión diocesana, que ha de ca- como propio el caminar histórico de
racterizar esta formación. El texto se la Iglesia particular e integrando en
refiere a la espiritualidad del sacerdo- ella a todos los hermanos en el único
te diocesano y subraya algunos de presbiterio, incluidos los que no están
sus contenidos: primero, la entrega incardinados a la diócesis. Al final, se
a una circunscripción eclesiástica. El abre la perspectiva a la misión univer-
sacerdote diocesano se vincula de un sal: el carácter diocesano del sacer-
modo definitivo y personal a la dióce- dote no se agota en la misión local,
sis, concretando en un lugar la identi- sino que se abre a la solidaridad con
ficación con Cristo, Esposo de la Igle- otras Iglesias, a la Iglesia universal y
sia. Segundo, se comprende como al mundo (cf. PO, 10).

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Los estudios teológicos (n. 72)

72*. A lo largo de esta etapa, según la madurez de cada candida-


to y aprovechando las posibilidades formativas, serán conferidos a los
seminaristas los ministerios del lectorado y del acolitado, de modo que
puedan ejercerlos por un tiempo conveniente, disponiéndose mejor para
el futuro servicio de la Palabra y del altar13. El lectorado propone al se-
minarista el «reto» de dejarse transformar por la Palabra de Dios, objeto
de su oración y de su estudio. La recepción del acolitado implica una
participación más profunda en el misterio de Cristo, que se entrega y
está presente en la Eucaristía, en la asamblea y en el hermano.
Por tanto, ambos ministerios, junto con una conveniente preparación
espiritual, facilitan una vivencia más intensa de las exigencias de la eta­
pa configuradora, dentro de la cual, por cierto, es oportuno ofrecer a los
lectores y acólitos ámbitos concretos para ejercer los ministerios recibi-
dos, no solo en la liturgia, sino también en la catequesis, la evangeliza-
ción y el servicio al prójimo.
Un acompañamiento adecuado podría evidenciar que la llamada que
un joven pensaba haber recibido, aunque haya sido reconocida durante
la primera etapa, no sea en realidad una vocación al sacerdocio minis-
terial, o no haya sido adecuadamente cultivada. En tal caso, por propia
iniciativa o después de una intervención autorizada de los formadores,
el seminarista deberá interrumpir el camino formativo hacia la ordena-
ción presbiteral.
13. Cf. Pablo VI, Carta apostólica Ministeria quaedam (15 de agosto de 1972), V-VI: AAS
64 (1972), 532-533.

72. La institución en los ministerios los formadores, del progreso formati-


de lector y acólito marca dos hitos en vo real del seminarista. Pero este mo-
la etapa configuradora. Fundándose mento del discernimiento de semina-
en el análisis de los rituales corres- ristas y formadores puede conducir
pondientes, la Ratio sintetiza los ras- también a la convicción de que el ca-
gos esenciales del provecho espiritual mino vocacional emprendido no era
que la recepción de estos ministerios el auténtico, e implicar el abandono
debe producir en la vida cristiana y en del Seminario (cf. RFIS, 197). Aquí se
el proceso de configuración del semi- verifica el papel de hito y encrucija-
narista con Cristo Pastor. da que tienen estos acontecimientos
El primero que debe saber si está de gracia dentro de la etapa. El tex-
caminando correctamente en la ruta to mantiene una línea importante de
de su vocación es el mismo semina- apertura al discernimiento de la voca-
rista. La aceptación a estos ministe- ción que deberá permanecer, con di-
rios también es signo y expresión vi- versas características, durante toda
sible de reconocimiento, por parte de la formación inicial y permanente.

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Formación inicial y permanente

73*. La etapa de los estudios teológicos, o configuradora, se orienta


hacia la recepción de las sagradas órdenes. Al final de la misma, o du-
rante la etapa siguiente, si es considerado idóneo a juicio del Obispo,
habiendo escuchado a los formadores, el seminarista solicitará y recibirá
la ordenación diaconal, con la cual obtendrá la condición de clérigo, con
los correspondientes deberes y derechos, y será incardinado «o en una
Iglesia particular, o en una prelatura personal, o en un instituto de vida
consagrada, o en una sociedad»14, o en una Asociación o en un Ordina-
riato que tengan tal facultad.

a.4. La etapa pastoral (o de síntesis vocacional)


74*. La etapa pastoral (o de síntesis vocacional) incluye el período
entre el fin de la estancia en el Seminario y la ordenación presbiteral,
pasando obviamente a través de la recepción del diaconado. La fina-
14. CIC, can. 265.

73. Ordenación diaconal e incardi- completamente nueva en el itinerario


nación. El momento para la ordena- vocacional. El texto subraya el valor
ción diaconal se sitúa a partir del fi­nal no solo jurídico, sino también teológi-
de la etapa configuradora o duran- co y espiritual, de la incardinación.
te la etapa siguiente. Hay que notar
que la norma tiende a eliminar la cos- 74. Definición de esta etapa. La
tumbre de ordenar diáconos antes de etapa de síntesis vocacional se reali-
que concluyan los estudios teológi- za de modos muy diversos en las dis-
cos. Se tiene en cuenta la diversidad tintas Iglesias particulares. El artículo
que existe entre las Iglesias particu- señala dos momentos reconocibles y
lares. Algunas cuentan con una larga visibles de este paso. Los extremos
tradición formativa para el proceso de de la etapa están bien definidos: el
órdenes y otras no. Será competen- final de la estancia en el Seminario, al
cia de la Conferencia Episcopal fijar principio de la etapa (aunque esta sa-
un momento más preciso para ello o, lida «física» es eventual, como seña-
en todo caso, del Obispo diocesano. la a continuación el n. 75); y la orde-
Nuevamente se insiste en el juicio de nación presbiteral, al final. Además,
idoneidad y en el discernimiento de el paso de la etapa configuradora a
la vocación sacerdotal que conlleva, la etapa pastoral no está marcado
que ya comprende también la idonei- necesariamente por la recepción del
dad para el ministerio presbiteral. Este diaconado. Esto deja un importante
paso, por supuesto, requiere por su margen de libertad en la duración real
propia naturaleza un discernimiento de la etapa y en el modo de desplegar
más cuidadoso. Se trata de una rea- su contenido concreto (cf. RFIS, 76).
lidad sacramental, espiritual y jurídica Las Conferencias episcopales o las

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La etapa pastoral (n. 75)

lidad de esta etapa es doble: se trata, por un lado, de insertarse en la


vida pastoral, mediante una gradual asunción de responsabilidades, con
espíritu de servicio; por otro lado, de esforzarse en adquirir una adecua-
da preparación, recibiendo un acompañamiento específico con vistas a
la recepción del presbiterado. En esta etapa el candidato es invitado
a declarar de modo libre, consciente y definitivo la propia voluntad de ser
presbítero, después de haber recibido la ordenación diaconal15.
75*. En las Iglesias particulares existe una gran variedad de expe-
riencias y corresponde a las Conferencias Episcopales determinar los
procesos formativos para la ordenación diaconal y presbiteral. Común-
mente, esta etapa se realiza fuera del edificio del Seminario, al menos

15. Cf. Optatam totius, n. 12: AAS 58 (1966), 721.

Provincias Eclesiásticas pueden de- 75. Diversas modalidades para la


terminar una práctica más uniforme puesta en práctica de la etapa pasto-
para su territorio. ral. No se enumeran ex­periencias dio-
Se señala también aquí una do- cesanas a modo de ejemplos, ni se
ble finalidad u objetivo de la etapa: dan más explicaciones sobre el modo
la asunción gradual de responsa­ de organizar la etapa. Lo cual indica la
bi­
lidades pastorales, que habitual- libertad que tienen las Conferencias
mente se realiza por medio de la in­ episcopales y cada dióce­sis para de-
serción en una comunidad cristiana, finir itinerarios. Co­mo condición pa­ra
y la adecuada preparación para la su realización tan solo se menciona
ordenación presbiteral. Como puede la conveniencia de realizarla fuera del
notarse este doble objetivo se man- Se­minario y en el contexto de una co-
tiene unificado por la intención de munidad cristiana.
«pastoralizar» la etapa, lo cual enri- No está precisado definitivamen-
quece notablemente sus contenidos. te aquí el responsable principal del
Es fácil suponer que se trata de una acompañamiento formativo del se-
preparación próxima al ejercicio del minarista en esta etapa, aunque se
ministerio presbiteral, y, por eso, es­ hable del párroco u otro responsable,
te acento pastoral. En este paso del pues el número sucesivo señala la
discernimiento se quiere verificar la intervención de otros. Es necesario,
voluntad firme y definitiva del candi- pues, orientar a nivel de Conferencia
dato de pasar del diaconado al futuro Episcopal y definir a nivel diocesano
presbiterado, mediante una decla- la articulación de todos los responsa-
ración libre y consciente. Es, por lo bles de la etapa para que pueda pro-
tanto, un momento de discernimien- yectarse bien y hacerse efectiva. Se-
to delicadísimo, en el cual todos los ría importante tener en cuenta aquí y
implicados deben poner un cuidado adaptar adecuadamente lo indicado
especial. para la etapa central de la formación

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Formación inicial y permanente

por un tiempo considerable. Este período, que por norma se vive en el


servicio a una comunidad, puede incidir significativamente en la perso-
nalidad del candidato. Se recomienda, por ello, que el párroco, u otro
responsable de la realidad pastoral que acoge al seminarista, sea cons-
ciente de la responsabilidad formativa que recibe y lo acompañe en su
gradual inserción.
76*. El Ordinario, de común acuerdo con el Rector del Seminario donde
el seminarista se ha formado, teniendo en cuenta la situación del presbi-
terio y las ofertas formativas, asigna a cada seminarista una comunidad,
en la que pueda prestar su servicio pastoral16. La duración de esta etapa
formativa es variable y depende de la madurez e idoneidad del candidato.
No obstante, es necesario respetar al menos los tiempos canónicos esta-
blecidos entre la recepción del diaconado y del presbiterado17.

16. Cf. ibid., n. 21: AAS 58 (1966), 726.


17. Cf. CIC, cáns. 1031, § 1 y 1032, § 2.

en el Seminario en los números 128- que se elabore un proyecto formativo


150 sobre los agentes de la forma- y que se acompañe debidamente al
ción. El texto alude a la selección de candidato. Con es­ta indicación pa-
la comunidad y del párroco que aco- recen completarse cuatro responsa-
ge al candidato a las órdenes: deben bles de la etapa: el Obispo, el Rec-
ser conscientes de la responsabili- tor, el párroco (o equivalente pa­ra
dad formativa que asumen. el caso) de la comunidad de destino
(RFIS, 75) y el mismo seminarista
76. Inserción pastoral. Algunas (RFIS, 82). Sin embargo, el n. 83 ha-
con­diciones para la inserción pasto- bla también de otros sacerdotes que
ral del candidato a las órdenes en la acompañan este proceso.
comunidad durante esta etapa. Aquí La segunda condición afecta al
aparecen tres condiciones interesan- Ordinario, el cual debe discernir a
tes, pero distintas en su enfoque (la qué comunidad envía al seminarista,
enumeración no es necesariamente atendiendo a la «situación del pres-
completa). En primer lugar, se pre- biterio y las ofertas formativas». Con
cisa la figura de dos responsables esto el artículo 76 da a entender que
importantes y con distintos papeles existe algún tipo de iniciativa y progra-
en la definición de la modalidad y el mación previa a esta decisión, elabo-
contenido de la etapa: el Ordinario rada en otro ámbito y momento (los
(principal responsable) y el Rector itinerarios del n. 75). La tercera condi-
del Semi­nario de procedencia, que ción señala los intersticios canónicos
deben decidir de «común acuerdo» vigentes que es necesario respetar
la comunidad de destino. Obviamen- e incluso se pueden alargar. Queda
te, asignar una comunidad implica claro que la duración de la etapa se

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La etapa pastoral (n. 77)

77*. La ordenación diaconal y presbiteral. Como conclusión del ciclo


formativo del Seminario, los formadores deben ayudar al candidato a
aceptar con docilidad la decisión que el Obispo tome sobre él18.
Aquellos que reciben el Sagrado Orden necesitan una conveniente
preparación, especialmente de carácter espiritual19. El espíritu orante,
fundado en la relación con la persona de Jesús, y el encuentro con fi-
guras sacerdotales ejemplares, acompañen la meditación asidua de los
ritos del la ordenación, que, en las oraciones y en los gestos litúrgicos,
sintetizan y expresan el profundo significado del sacramento del Orden
en la Iglesia.

18. Cf. Benedicto XVI, Exhortación apostólica post-sinodal Sacramentum caritatis (22 de
febrero de 2007), n. 25: AAS 99 (2007), 125-126.
19. Cf. CIC, can. 1039.

adapta a la idoneidad del candidato taja respecto a los compañeros. To-


y a las situaciones por las que pasa dos han de caer en la cuenta de que a
la diócesis. Por ello no se indica una esta altura del proceso el tratamiento
duración mínima, como se ha hecho de cada caso es independiente de los
al tratar de las etapas precedentes. demás. Es posible, aunque no fre-
cuente, que ya estando en esta etapa
77. La ordenación diaconal y pres- se considere que el candidato no es
biteral. En este artículo se indica una idóneo y no se le admita a la ordena-
doble tarea para los formadores du- ción. Aunque se crea una situación
rante la etapa «pastoral». difícil, hay que hacerlo si persisten
La primera consiste en ayudar dudas importantes sobre la idoneidad
al seminarista o diácono en la dócil del candidato, incluso después de la
aceptación del destino. Esto implica ordenación diaconal.
más que una simple obediencia, por- La segunda tarea consiste en pre-
que comúnmente surgen dificultades pararlo para las órdenes próximas
de adaptación al nuevo estilo de vida, (diaconal o presbiteral), por medio
sea por la interacción con la comuni- de una nueva forma de contempla-
dad cristiana, y en especial con los co- ción de Cristo Pastor, el encuentro
laboradores más cercanos, sea en la con el ejemplo de santos sacerdotes
integración en un equipo sacerdotal y y la meditación de los gestos y pala-
en la participación en el presbiterio. El bras del rito de Ordenación. Convie-
Obispo también puede decidir aplazar ne que esta preparación sea amplia
la ordenación. En este caso será fun- e incluya armónicamente todas las
ción del acompañante ayudar al can- dimensiones de la formación, en co-
didato a percibir esta circunstancia herencia con el proceso precedente.
como una oportunidad de crecimiento Durante el tiempo de preparación in-
y no como un castigo o una desven- mediata a la ordenación hay muchos

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Formación inicial y permanente

78*. La familia del ordenando y la comunidad parroquial deberían vivir


también un intenso período de preparación. Conviene, sin embargo, que
se distinga claramente el proceso específico de preparación al diacona-
do de aquél que se ordena al presbiterado, tratándose de dos momentos
muy distintos. Por tanto, no habiendo razones graves que induzcan a
proveer diversamente, será oportuno no unir en la misma celebración
ordenaciones de diáconos (transitorios o permanentes) y de presbíteros,
a fin de poder dar a cada momento la debida y peculiar atención y de
facilitar la comprensión de los fieles.
79*. Enlace con la formación permanente. A partir de la ordenación
presbiteral, el proceso formativo prosigue dentro de la familia del presbi-

aspectos que requieren formación y naristas que se ha realizado durante


acompañamiento. todo el proceso formativo. Este punto
Es evidente que no se trata de una se presta a una amplia creatividad.
propuesta exhaustiva de recursos es- Se pasa inmediatamente a consi-
pirituales, pero los que se mencionan derar la separación neta de las cele-
no deberían faltar. Se trata de tareas braciones de la ordenación diaconal
muy delicadas, para las que es nece- y presbiteral para señalar el valor de
sario buscar en cada caso los acom- cada momento y facilitar su compren-
pañantes idóneos. Se corre el riesgo sión distinta para todos los implicados.
de que al intervenir diversos sacerdo- Se oficializa una práctica que se ha
tes, ninguno haga una verdadera fun- extendido en la Iglesia. Nada se dice
ción de acompañamiento, por ello es del lugar de la ordenación sacerdotal,
útil designar a uno de ellos para este que a menudo es la catedral o un san-
fin. Esto se puede incluir en el proyec- tuario importante. Las Conferencias
to formativo personalizado. A estos episcopales pueden determinar una
responsables hay que añadir, como disciplina en este punto y cada dióce-
es natural, el director espiritual. sis va tejiendo unas tradiciones.

78. Familia y parroquia. Se ha que- 79. Enlace con la formación per-


rido poner de relieve la función de la manente. Acabada la formación ini­
familia del candidato y de las comu- cial, empieza la formación perma-
nidades parroquiales de que trató el nente del presbítero. Si durante la
número anterior, que son para él una formación inicial la comunidad educa-
referencia en la preparación a las ór- tiva fue la del Seminario, una vez or-
denes. Para la familia y las parroquias denado la «comunidad formativa» es
la ordenación sacerdotal es un acon- el presbiterio. Aquí es crucial la me-
tecimiento importante, que deben vi- diación de la relación fraterna entre
vir con intensidad y asimilar adecua- los sacerdotes. En este sentido se ha
damente. Aquí se da continuidad a la de vivir en una permanente actitud de
pastoral de las familias de los semi- formación, pues como se dijo al inicio

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Formación permanente (n. 80)

terio. Es competencia del Obispo, ayudado por sus colaboradores, intro-


ducir a los nuevos presbíteros en las dinámicas propias de la formación
permanente20.

b) La formación permanente*
80*. La expresión «formación permanente»21 recuerda la idea de que
la única experiencia discipular de quienes son llamados al sacerdocio no
se interrumpe jamás. El sacerdote, no solo «aprende a conocer a Cristo»,

20. Cf. Apostolorum successores, n. 83: Enchiridion Vaticanum 22 (2006), 1764-1766.


21. El concepto de formación permanente, a lo largo del tiempo, fue profundizado tanto en
el ámbito de la sociedad como en el de la Iglesia; un momento importante de tal profundización
lo constituye la Carta a los Sacerdotes (especialmente el n. 10), enviada por Juan Pablo II, el
8 de abril de 1979: Enseñanzas II (1979), 857-859: «Todos debemos convertirnos cada día.

del capítulo, la formación del discípulo ción inicial. Con ello se comienza a
misionero no se limita al periodo de poner en práctica la unicidad de la
la formación inicial, sino que abarca formación que fue presentada al ini-
la vida entera. El responsable de esta cio del capítulo, en los artículos 54 a
formación permanente es el Obispo, 66. Indirectamente se está indicando
que ayudado por sus colaboradores que las diócesis deben cuidar propor-
establece un plan para iniciar a los cionalmente la formación inicial y la
neopresbíteros en la formación que permanente, pues la comunidad dio-
les acompañará el resto de su vida. cesana es un cuerpo vivo en el que
Entrar en esta etapa de la formación hay una profunda interacción entre
permanente exige también unas me- sus miembros. Efectivamente, lo que
didas ajustadas al momento, dado ocurre en el presbiterio repercute en
que la estructura del Seminario ya no el Seminario y desde el Seminario se
es la propia de este recorrido. Con- prepara un futuro presbiterio. Todo lo
siderando las condiciones de la dió- que implique sinergia y colaboración
cesis y la realidad del presbiterio, pa- de los presbíteros para la formación
rece necesario definir cómo se ha­ce inicial, sobre todo su buen ejemplo,
la transición desde la formación en el es de indudable valor.
ámbito «Seminario» a la formación en El texto hace una consideración
el ámbito «presbiterio». Aquí es clave realista de la formación permanente
un acompañamiento cercano, sobre distinguiendo tres etapas fundamen-
todo cuando el neopresbítero afronta tales: los sacerdotes jóvenes, los
situaciones que no esperaba encon- de edad intermedia y los mayores.
trar en la comunidad presbiteral. Afronta directamente las dificultades
que pueden surgir a mitad del cami-
80-88. La Ratio dedica nueve ar- no y enumera algunos medios para
tículos a la formación permanente y el proyecto formativo. Hay que tener
la presenta en paralelo a la forma- en cuenta que otros documentos pre-

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Formación inicial y permanente

sino que, bajo la acción del Espíritu Santo, se halla dentro de un proceso
de gradual y continua configuración con Él, en su ser y en su hacer, que
constituye un reto permanente de crecimiento interior de la persona22.
Conviene alimentar de manera constante la «llama» que da luz y
calor al ejercicio del ministerio, recordando que «alma y forma de la for-
mación permanente del sacerdote es la caridad pastoral»23.

Sabemos que ésta es una exigencia fundamental del Evangelio, dirigida a todos los hombres
(cf. Mt 4, 17; Mc 1, 15), y tanto más debemos considerarla como dirigida a nosotros […] La
oración debemos unirla a un trabajo continuo sobre nosotros mismos: es la ‘formación perma-
nente’ […] tal formación debe ser tanto interior, o sea que mire a la vida espiritual del sacerdote,
como pastoral e intelectual (filosófica y teológica)». Para una visión de conjunto y una síntesis
sobre el tema, cf. Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, nn. 87-115.
22. Cf. Francisco, Discurso a la Plenaria de la Congregación para el Clero (3 de octubre
de 2014): L’Osservatore Romano 226 (4 de octubre de 2014), 8.
23. Pastores dabo vobis, n. 70: AAS 84 (1992), 781.

cedentes sobre los Seminarios solo apropia de la figura de Cristo, permi-


tenían en cuenta a los sacerdotes tiendo que en su vida resplandezca
jóvenes, aquí se ha querido abrazar cada vez más la imagen del Buen
explícitamente todo el arco de la vida Pastor. Por otra parte, tal apropiación
y ministerio sacerdotal. no ha de entenderse en modo pasivo
o de manera automática, sino que im-
80. Concepto de formación per- plica la dedicación del presbítero para
manente. Retomando el contenido de adquirir, verdaderamente, la forma de
varios artículos anteriores se insiste Cristo; esta configuración se plantea
en la única experiencia discipular que como un «reto» que exige un verda-
no se interrumpe. Conviene señalar dero crecimiento interior y va más allá
aquí los aspectos de «conocimiento», de la simple capacitación laboral.
«configuración» y «reto». La prime- La cita de Pastores dabo vobis es
ra nota de la formación permanente significativa: la caridad pastoral es
que se menciona es el conocimiento alma y forma de la formación perma-
de Cristo; tal conocimiento nunca se nente. Efectivamente, el sacerdote,
agota, dado que se adquiere gradual- movido por la caridad pastoral se pre-
mente a través de distintos medios, para y dispone para servir de la mejor
no únicamente la formación intelec- manera posible al pueblo de Dios. La
tual o espiritual; el mismo ejercicio del caridad fraterna entre los presbíteros
ministerio y el contacto con la comu- crea el clima adecuado para la forma-
nidad es fuente de conocimiento de ción permanente, de un modo parti-
Cristo. La gradualidad que se expresa cular mediante el acompañamiento
para la «continua configuración» pre- personal y la dirección espiritual. La
senta la misma idea en esta etapa: caridad expresada en la forma de una
mediante el desempeño en el «ser pastoral presbiteral organizada pro-
y hacer» sacerdotal, el presbítero se mueve estructuras estables y medios

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Formación permanente (n. 81-82)

81*. La formación permanente procura garantizar la fidelidad al mi-


nisterio sacerdotal, en un camino de continua conversión, para reavivar
el don recibido con la ordenación24. Tal recorrido constituye la continua-
ción natural del proceso de construcción de la identidad presbiteral,
iniciado en el Seminario y realizado sacramentalmente en la ordenación
sacerdotal, con vistas a un servicio pastoral que la hace madurar con
el tiempo25.
82*. Es importante que los fieles puedan encontrar sacerdotes ma-
duros y bien formados: ya que, a este deber «corresponde un preciso

24. Cf. ibid.: AAS 84 (1992), 778-782.


25. Cf. ibid., n. 71: AAS 84 (1992), 782-783.

eficaces para la formación permanen- ministerio buscará responder siem-


te de los sacerdotes, fundamentando pre con mayor cualificación a la ta-
la integración de un solo presbiterio, rea encomendada. El texto se refiere
regular y secular, para el bien del pue- también a la conversión continua del
blo de Dios. Los fieles, laicos y reli- sacerdote, recordando que la conver-
giosos, participan también a su modo sión es un dinamismo de la vida cris-
de este espíritu de caridad cuando tiana, porque el cristiano siempre está
toman con gran interés el cuidado de necesitado de volver a Dios revisando
sus sacerdotes y los sostienen con su su vida y tratando de responder al de-
oración perseverante y su ayuda. signio divino.
En el camino sacerdotal, la conver-
81. Conversión y fidelidad. La fi- sión tratará de reavivar el don recibido
nalidad de la formación permanente por la imposición de las manos (2 Tim
es ser fiel al ministerio recibido. El 1, 6), de modo que la identidad pres-
texto juega con dos conceptos com- biteral, entendida como configuración
plementarios, el de la eficacia onto- con Cristo desde la caridad pastoral,
lógica del sacramento del Orden y el preparada durante la formación inicial
de la necesidad recurrir a medios for- y realizada en la ordenación, madure
mativos que secunden este don de la a través del ejercicio del ministerio. En
gracia, medios que se han de poner la medida en que la conversión sea
antes y después de la ordenación, a continua y profunda, el servicio pas-
través de la única formación inicial y toral será más acorde a las necesida-
permanente. des del pueblo de Dios y a la identidad
Consecuentemente la formación del propio sacerdote.
permanente no puede ser vista sim-
plemente como una forma de adquirir 82. El texto se sitúa ahora en la
nuevas herramientas, una especie perspectiva de los fieles que, según
de «capacitación laboral» para ejer- indica el Directorio para el ministerio
cer el sacerdocio con más agilidad y y vida de los presbíteros, tienen de-
destreza; por otra parte, la fidelidad al recho a encontrar pastores aptos. Si

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Formación inicial y permanente

derecho de parte de los fieles, sobre los cuales recaen positivamente


los efectos de la buena formación y de la santidad de los sacerdotes»26.
La formación permanente debe ser concreta, en cuanto encarnada en la
realidad presbiteral, de modo que todos los sacerdotes puedan asumirla
efectivamente, considerando el hecho de que el primer y principal respon-
sable de la propia formación permanente es el mismo presbítero27.
El primer ámbito en el que se desarrolla la formación permanente es
la fraternidad presbiteral. Es deseable que esta formación se promueva
en cada diócesis, por un presbítero o por un grupo de presbíteros, for-
mados de manera específica y oficialmente encargados de favorecer un
servicio de formación permanente, teniendo en consideración la edad y
las circunstancias particulares de cada hermano28.

26. Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, n. 87.


27. Cf. Pastores dabo vobis, n. 79: AAS 84 (1992), 796.
28. Cf. Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, n. 108.

para los fieles es un derecho el tener El segundo párrafo introduce una


presbíteros bien formados, cuidar la concreción para vivir la formación per-
propia formación permanente es un manente: el ámbito de la fraternidad
deber de los presbíteros, deber que presbiteral. Es responsabilidad de la
mira no únicamente a la formación diócesis favorecer una experiencia
intelectual o espiritual, sino a la inte- positiva y constructiva de la íntima fra-
gralidad de la persona. ternidad sacramental, que propicie en
Ahora bien, tal formación no es el presbiterio un clima acorde a los va-
abstracta: se encarna en la realidad lores sacerdotales y por ello apto para
presbiteral. Esto exige un discerni- la formación permanente. En este
miento acerca de las necesidades for- contexto fraterno conviene que algu-
mativas del presbiterio en su conjunto nos hermanos asuman oficialmente la
y de cada sacerdote, que deberán animación de la formación permanen-
leerse desde la caridad pastoral. El te del presbiterio. Será tarea de las
termómetro que indica la coherencia diócesis y de las Conferencias epis-
de la formación será el mismo desem- copales preparar sacerdotes específi-
peño del ministerio sacerdotal enco- camente para este fin. El texto alude a
mendado y la santidad de vida de los un equipo sacerdotal encargado de la
presbíteros. Es responsabilidad del formación permanente del clero, que
propio presbítero procurar su forma- además de ofrecer el ámbito fraterno,
ción permanente, no siendo receptor disponga el contenido de la formación
pasivo de la misma, sino implicándo- permanente, para que esta respon-
se en la búsqueda de tal crecimiento, da efectivamente a las necesidades
de manera que adquiera la «habilidad propias del presbítero, considerando
para responder» al don recibido. los aspectos influyentes de la reali-

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Formación permanente (n. 83)

83*. La primera etapa de este camino es la de los años que siguen a


la ordenación presbiteral. El sacerdote en este período, mientras ejerce
el ministerio, adquiere la fidelidad al encuentro personal con el Señor y
al propio acompañamiento espiritual y la disponibilidad para consultar
sacerdotes con mayor experiencia. Es particularmente significativa la
capacidad de establecer relaciones de colaboración y de compartirlas
con otros presbíteros de la misma generación. Es deseable que se pro-
mueva el acompañamiento ofrecido por hermanos de vida ejemplar y
celo pastoral, que ayuden a los jóvenes sacerdotes a vivir una pertenen-
cia cordial y activa al presbiterio diocesano.

dad sacerdotal particular: la edad, las manente y deben considerarse al ela-


circunstancias concretas, el ejercicio borar el programa correspondiente.
del ministerio, los años de trabajo, las El artículo comienza refiriendo los
capacidades y aspiraciones, las ca- elementos que el sacerdote recién or-
rencias personales… Todo esto ayu- denado debe adquirir en la vida coti-
da al diseño de un plan o proyecto de diana. Se da la prioridad a la fidelidad
formación permanente. Decir que la al encuentro con el Señor. Podemos
fraternidad presbiteral es el ámbito de pensar en la oración personal silencio-
la formación permanente implica tam- sa y prolongada, que durante la etapa
bién la corresponsabilidad de cada inicial se consideró central y en la
uno de los sacerdotes en el cuidado celebración asidua de los sacramen-
de la vocación de los hermanos en el tos, de los cuales es ministro y des-
presbiterio. tinatario, especialmente la Eucaristía
y la Reconciliación. Por otro lado, se
83-85. La Ratio dedica tres artícu­ habla del acompañamiento espiritual,
los de distinta extensión a sendos que se extiende a toda la vida sacer-
momentos de la vida sacerdotal. Los dotal. Este acompañamiento, que es
de reciente ordenación, los de la edad continuo, ayudará al sacerdote joven
intermedia y los enfermos o mayores. a crecer en las virtudes propias del
La desproporción entre los párrafos pastor, a caminar hacia la santidad y a
pone de relieve la gran importancia lograr un equilibrio entre las distintas
que tiene afrontar con claridad las di- dimensiones de su personalidad en el
ficultades que con frecuencia surgen ejercicio ministerial. También se pide
en la vida sacerdotal, especialmente disponibilidad para abrirse con humil-
a mitad del camino. dad al consejo que los sacerdotes con
mayor experiencia pueden ofrecerle,
83. La formación permanente du- manifestando así un sincero deseo
rante los primeros años del ministerio. de crecer y una confianza en aquellos
Los años que siguen a la ordenación hermanos del presbiterio que por su
presbiteral tienen características pe- dilatada trayectoria pueden constituir
culiares que facilitan la formación per- un ejemplo para él.

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Formación inicial y permanente

Es responsabilidad del Obispo «evitar que los nuevos ordenados


sean colocados en situaciones excesivamente gravosas o delicadas,
así como también se deberían evitar destinos en los cuales lleven a cabo
su ministerio lejos de sus hermanos. Es más, sería conveniente, en la
medida de las posibilidades, favorecer alguna oportuna forma de vida
en común»29. Se procure un acompañamiento personal a los sacerdotes
jóvenes, promoviendo y apoyando sus cualidades para que así puedan
abrazar con entusiasmo los primeros desafíos pastorales. De esta tarea
deberá sentirse responsable el párroco, u otro sacerdote, con el cual el
joven presbítero es enviado inicialmente.
29. Ibid., n. 100.

Los sacerdotes jóvenes también jadas de los otros sacerdotes. Incluso


han de construir relaciones fraternas se sugiere la posibilidad de una forma
con los compañeros que participan de vida en común. En algunas dióce-
de similares circunstancias (edad, sis se ha aprovechado es­ta primera
tiempo de ordenación, destino…), co­ etapa para cultivar experiencias de vi­
laborando en tareas comunes y favo- da en común, que son significativas
reciendo las relaciones mutuas, cons- dentro del presbiterio y favorecen la
cientes de que los que pertenecen a renovación de la vida presbiteral.
la misma generación es fácil que ten- Además ha de proveerse el acom-
gan necesidades afines. El documen- pañamiento personal. Pueden subra-
to indica la necesidad de disponer yarse dos aspectos: por un lado, es útil
de sacerdotes capacitados para el y conveniente animar las cualidades
acompañamiento de los recién orde- del nuevo sacerdote, de manera que
nados; en ellos se destacaría tanto la pueda desplegarlas en el comienzo
vida ejemplar, de manera que puedan de su actividad apostólica ministerial
favorecer la «imitación» de este «mo- y encontrar así un estímulo. Por otro
delo», como el celo pastoral, para lado, se deja entrever que, en el co-
que su vida pueda ser estimulante en mienzo de su ministerio, el presbítero
cuanto a la espiritualidad sacerdotal y de reciente ordenación es acompa-
al ejercicio del ministerio. ñado por otro sacerdote responsable,
El primer destino de los jó­venes bien sea el párroco, bien el encargado
sacer­dotes hay que elegirlo con es- de esa realidad pastoral.
pecial cuidado. Siguiendo las orienta- Si más arriba se indicó que el prin-
ciones del Directorio para el ministerio cipal responsable de la formación
y la vida de los presbíteros (n. 100), permanente era el propio presbítero,
se anima a que los Obispos tengan se ha ido viendo cómo esta respon-
en cuenta las circunstancias en que sabilidad es compartida y no exclusi-
el recién ordenado va a ejercer su mi- va, puesto que corresponde al Obis-
nisterio. Por un lado, se pide evitar si- po y a sus colaboradores organizar y
tuaciones gravosas, delicadas o ale- promover tal formación.

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Formación permanente (n. 84)

84*. Después de algunos años de experiencia pastoral, podrían emer-


ger fácilmente nuevos desafíos, concernientes al ministerio y a la vida
del presbítero:
a) *La experiencia de la propia debilidad: la presencia de contradic-
ciones que podrían permanecer en su personalidad y que debe afrontar
necesariamente. La experiencia de la propia debilidad podrá inducir al
sacerdote a una mayor humildad y confianza en la acción misericordiosa
del Señor, cuya «fuerza se muestra plenamente en la debilidad» (cf. 2 Cor
12, 9), y a una comprensión benévola en la relación con los demás. El
presbítero no deberá aislarse; necesitará, al contrario, el auxilio y el acom-
pañamiento en el ámbito espiritual y/o psicológico. En cada caso, será
útil intensificar la relación con el director espiritual, con el fin de extraer
algunas lecciones positivas de las dificultades, aprendiendo a buscar la
verdad en la propia vida y a comprenderla mejor a la luz del Evangelio.
b) *El riesgo de sentirse funcionarios de lo sagrado: el transcurso del
tiempo puede generar en el sacerdote la sensación de sentirse como un
empleado de la comunidad o un funcionario de lo sagrado30, sin corazón

30. Cf. Pastores dabo vobis, n. 72: AAS 84 (1992), 783-787.

84. La formación permanente du- debidamente, no representan solo un


rante la edad intermedia y sus dificul- problema, sino también una oportuni-
tades. Concluidos los años iniciales, dad para crecer en humildad y confian-
se impone también una formación es- za en el Señor y en sus mediaciones.
pecífica ante los desafíos que se ha- Además, la conciencia de la propia
rán presentes. El texto hace un elen- debilidad ayuda a desarrollar una ac-
co interesante de dificultades que se titud misericordiosa hacia los demás.
consideran frecuentes en la vida sa- Tal proceso de relectura y orientación
cerdotal y se suelen hacer más agu- de las dificultades ha de vivirse con la
das durante la edad intermedia. ayuda del acompañamiento personal,
tanto en el ámbito espiritual como en
84a. En primer lugar se menciona el terapéutico, cuando este sea nece-
la experiencia de la propia debilidad. sario. Subyace la convicción de que si
A medida que se afrontan desafíos las dificultades de la personalidad son
pastorales y se ejerce el ministerio, afrontadas con claridad, es posible in-
el sacerdote toma conciencia de la tegrarlas en un sentido positivo.
disimilitud entre el ideal sacerdotal
al que aspira y su realidad. Tal dife- 84b. Se aborda aquí una sensa-
rencia, que se debió haber trabajado ción frecuente entre los sacerdotes
desde la formación inicial, justifica la que puede afectar gravemente a su
necesidad de la formación permanen- ministerio. Se trata del sentimiento de
te. Estas contradicciones, afrontadas ser un mero funcionario. En ocasiones

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Formación inicial y permanente

de pastor. En cuanto se observe esta situación, será importante que


el presbítero sienta la cercanía de sus hermanos y se haga accesible
a ellos. Como ha recordado el Papa Francisco, de hecho, «no se ne-
cesitan […] sacerdotes funcionarios que, mientras cumplen su función,
buscan lejos de Él la propia consolación. Solo el que tiene fija la mirada
sobre aquello que es verdaderamente esencial puede renovar su propio
sí al don recibido y, en las diversas etapas de la vida, no dejar de donar-
se; solo quien se deja conformar con el Buen Pastor encuentra unidad,
paz y fuerza en la obediencia del servicio…»31.
c) *El reto de la cultura contemporánea: la inserción adecuada del
ministerio presbiteral en la cultura actual, con las diversas problemáticas
que comporta, exigen apertura y actualización de parte de los sacerdo-
tes32 y, sobre todo, un sólido anclaje de las cuatro dimensiones de la
formación: humana, espiritual, intelectual y pastoral.

31. Francisco, Carta a los participantes en la Asamblea General Extraordinaria de la Con­


ferencia Episcopal Italiana (8 de noviembre de 2014): L’Osservatore Romano 258 (12 de
noviembre de 2014), 7; Cf. Presbyterorum ordinis, n. 14: AAS 58 (1966), 1013-1014.
32. Cf. Pastores dabo vobis, n. 78: AAS 84 (1992), 795-796.

es el sacerdote que se experimenta 84c. Una tercera dificultad a la ho­


solo, llevando una carga pastoral. A ra de ejercitar el ministerio proviene
veces es el vicario o el colaborador de la cultura actual, a veces refracta-
de otro sacerdote, que no se siente ria a los valores evangélicos, y hasta
tenido en cuenta. Puede ser el sacer- contraria. Siguiendo el Concilio, la Ra­
dote que comienza a tener problemas tio insiste en formar con una finalidad
de salud, y no se siente comprendido. pastoral, que evangelice esta cultura.
En estas situaciones hay una tenden- Como no es fácil ejercer el ministerio
cia a separar vida y ministerio. Pero en estas circunstancias, el presbíte-
el ministerio que desempeña el pres- ro necesitará ayuda para vivirlo con
bítero no es extrínseco a su ser, sino serenidad y gozo, amén de una gran
expresión de su configuración total capacidad para aceptar y aprovechar
con Cristo. El ministro prolonga el ser situaciones adversas. Por otro la­do,
y la misión del Señor, haciéndolo pre- el mundo con sus cambios plantea al
sente ante el pueblo encomendado. sacerdote un permanente reto de ac-
Considerar que su labor apostólica tualización. Se precisa, pues, revisar
puede ser independiente de su propia periódicamente las distintas dimen-
vida sacerdotal lleva necesariamente siones de la formación, de modo que
al presbítero hacia el fracaso ministe- se puedan afrontar los continuos de-
rial. La importancia del corazón pasto- safíos. Quien está en permanente for-
ral, es decir, del hombre interior, debe mación integral goza de mayor estabi-
impregnar todo el ministerio como lidad y se capacita para gestionar las
configuración vital. diversas situaciones con creatividad

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Formación permanente (n. 84)

d) *La atracción del poder y de la riqueza: el apego a una posición, la


obsesiva preocupación por crearse espacios exclusivos para sí mismo,
la aspiración a «hacer carrera», la aparición de un ansia de poder o de un
deseo de riqueza, con la consecuente falta de disponibilidad a la voluntad
de Dios, a las necesidades del pueblo confiado y al mandato del Obispo.
En tales situaciones será oportuna la corrección fraterna, o la reprensión,
u otra vía sugerida por la solicitud pastoral, siempre y cuando tales con-
ductas no configuren un delito que exija la aplicación de penas.
e) *El desafío del celibato: vivir el celibato por el Reino, en medio de
nuevos estímulos, las tensiones de la vida pastoral, en vez de favore-
cer el crecimiento y la maduración de la persona, pueden provocar una
regresión afectiva, que induce, bajo la influencia de una tendencia so-
cialmente difundida, a dar espacio indebido a las propias necesidades
y a buscar compensaciones, impidiendo el ejercicio de la paternidad
sacerdotal y de la caridad pastoral.

y entrega. Además, tal revisión evi- prescrita. Con todo, antes de llegar
dencia que el ministerio no es estáti- a estos extremos, convendría tener
co, sino radicalmente dinámico, y que una praxis preventiva de tales actitu-
exige la formación permanente. des que pudieran detectarse precisa-
mente en el ámbito de la fraternidad
84d. Cuando se descuida lo ver- presbiteral. En este caso y en otros
daderamente central en el ministe­rio, similares se podrán apreciar también
se corren riesgos como dar el cora- las ventajas y beneficios de la frater-
zón a las riquezas (Sal 61, 11), bus­car nidad vivida entre los sacerdotes.
el poder (Mt 20, 25) o el «carre­rismo»
denunciado por Benedicto XVI y el 84e. Se afronta la dificultad para
Papa Francisco (Discurso al Pontifi- la vivencia del celibato en la sociedad
cio Colegio Español de Roma, 1 de permisiva. El texto pone atención a la
abril de 2017). Tales actitudes des- regresión afectiva que por diversos
vían al sacerdote de su razón de ser motivos puede llevar al presbítero
y arruinan todo aquello por lo que él a la búsqueda de compensaciones
ha trabajado. Estas situaciones fre- y a la aceptación de estilos de vida
cuentes en el ministerio presbiteral socialmente difundidos. El sacerdote
se deben prevenir desde la formación requiere de un constante ejercicio de
inicial y en la formación permanente. redescubrimiento del celibato como
El ámbito presbiteral de acompaña- un don, cuyo valor es tal que Cristo
miento y cercanía favorecerá la nece- mismo lo eligió para sí. Pero este re-
saria corrección para retomar el ca- descubrimiento ha de hacerse con el
mino abandonado. En algunos casos, acompañamiento necesario, desde la
que son extremos, corresponderá a la integración de todas las dimensiones
autoridad competente aplicar la pe­na del sacerdote, sabiendo que la ma-

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Formación inicial y permanente

f) *La entrega total al propio ministerio: con el paso del tiempo, el


cansancio, el natural decaimiento físico y la aparición de los primeros
problemas de salud, los conflictos, las desilusiones respecto a las expec-
tativas pastorales, el peso de la rutina, la dificultad para cambiar y otros
condicionamientos socio-culturales, podrían debilitar el celo apostólico
y la generosidad en la entrega al ministerio pastoral.
85*. A cualquier edad puede suceder que un sacerdote necesite asis-
tencia a causa de alguna enfermedad. Los sacerdotes ancianos y en-
fermos ofrecen, a la comunidad cristiana y al presbiterio, su propio testi-
monio y son un signo eficaz y elocuente de una vida entregada al Señor.
Es importante que continúen sintiéndose parte activa en el presbiterio
y en la vida diocesana, también a través de las frecuentes visitas de los
hermanos y de su solícita cercanía.

duración integral de la persona faci- 85. Este párrafo se dedica de mo­


lita la recta vivencia del celibato. Se do específico a la formación perma-
deja claro que una vivencia ambigua nente de los sacerdotes enfermos y
del celibato es un impedimento grave ancianos. La enfermedad constitu-
para la vida y el ministerio sacerdotal. ye una situación fundamental de la
vida humana, a la cual no es ajeno
84f. Por último, el texto alude al de- el presbítero. Ante esta realidad, es
bilitamiento del celo apostólico por el tarea del presbiterio hacer sentir la
cansancio y las dificultades en la vida cercanía y solidaridad con el herma-
y ministerio sacerdotal. El ministerio no que se ve afectado. De igual ma-
no puede medirse por los resultados nera, el propio sacerdote enfermo o
obtenidos, porque estos no siempre mayor, imposibilitado o limitado, se
corresponden a la entrega personal. convierte, dentro de la fraternidad
No todos los que escucharon la predi- presbiteral, en testigo del ser sacer-
cación de Jesús se convirtieron luego dotal desde su realidad concreta, in-
en seguidores suyos. Desde esta cla- dicando a los compañeros y a toda
ve es necesario afrontar los aparen- la comunidad cristiana que nunca se
tes fracasos de la misión pastoral. La deja de vivir el sacerdocio, y que este
formación permanente debe procurar no está ligado a los criterios de efi-
mantener viva la llama que da luz y cacia o de resultados evidentes. Los
calor al ejercicio del ministerio (n. 80), sacerdotes ancianos y enfermos son
de manera tal que ni el decaimiento también un signo vivo de la fidelidad
físico ni las desilusiones frente a las al Señor en la propia vocación para
expectativas apostólicas aminoren la los sacerdotes más jóvenes. La situa-
entrega total del presbítero. Por esto ción de los sacerdotes que viven una
es necesario acompañar al sacerdo- enfermedad se transforma también
te en la aceptación de las dificultades en una valiosa oportunidad para vivir
propias del ministerio. la fraternidad en el dolor.

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Formación permanente (n. 86-87)

86*. Las iniciativas de sostenimiento presbiteral que surgen entre


sacer­dotes que ejercen el ministerio en la misma zona geográfica, en un
mismo ámbito pastoral, o en torno al mismo proyecto, ofrecen oportuni-
dades válidas en este sentido.
87*. La fraternidad sacramental constituye una valiosa ayuda para la
formación permanente de los sacerdotes. El camino discipular exige un
continuo crecimiento en la caridad, síntesis de la «perfección sacerdo-
tal»33, pero esto no puede realizarse aisladamente, porque los presbíte-
ros forman un único presbiterio, cuya unidad es constituida por «parti-
culares vínculos de caridad apostólica, de ministerio y de fraternidad»34.

33. Presbyterorum ordinis, n. 14: AAS 58 (1966), 1013.


34. Ibid., n. 8: AAS 58 (1966), 1004.

86-88. Los últimos tres artículos y establemente ocurre en los Semina-


dedicados a la formación permanen- rios, puede existir de diversos modos
te se refieren a la ayuda mutua en- en otros ámbitos pastorales.
tre los sacerdotes para vivir la larga
etapa de la formación permanente. El 87. Fraternidad sacramental de los
texto da una importancia central a la presbíteros como clave principal de la
fraternidad presbiteral. formación permanente. Al referir una
vez más a la caridad pastoral el papel
86. Este breve párrafo recoge la de núcleo dinamizador de la «perfec-
experiencia, repetida en tantos con- ción sacerdotal» y de su dimensión
textos, de la ayuda espontánea entre comunitaria, contra los peligros del
los sacerdotes que comparten la mi- individualismo y el aislamiento, que
sión, sea por la cercanía geográfica, siempre acechan al sacerdote; y sin
por la encomienda recibida o por los negar el papel de la responsabilidad
proyectos pastorales. Los Obispos y personal en la propia formación, el
las Conferencias episcopales debe- texto presenta la fraternidad sacra-
rán permanecer atentos a estas ini- mental de los presbíteros co­ mo el
ciativas para alentarlas y si se juzga principio más sólido de la formación
conveniente establecerlas para un permanente. En PO 8 la expresión
grupo de sacerdotes. Un modelo clá- «fraternidad sacramental» destaca el
sico de esta ayuda mutua por moti- arraigo interior y casi ontológico de
vo de la misión encomendada es el este principio comunitario y de perte-
equipo formativo del Seminario dio- nencia «familiar» de todo sacerdote
cesano. La sola experiencia de for- (cf. RFIS, 79). Se da en virtud de la
mar parte de un equipo sacerdotal se ordenación, pero también se expresa
debe considerar una oportunidad y un existencial y operativamente median-
privilegio en el ejercicio del propio mi- te «particulares vínculos de caridad
nisterio. Esta experiencia, que oficial apostólica de ministerio y de fraterni-

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Formación inicial y permanente

Por tanto, la «íntima fraternidad sacramental»35 de los presbíteros es la


primera manifestación de la caridad, y también el primer espacio en el
cual ésta puede desarrollarse. Todo esto se alcanzará con la ayuda del
Espíritu Santo y con un combate espiritual personal, que deberá purificar
al sacerdote de toda forma de individualismo.
88*. Entre las modalidades que dan forma concreta a la fraternidad
sacramental, algunas merecen ser propuestas de modo particular desde
la formación inicial:
a) *Encuentro fraterno: algunos sacerdotes organizan encuentros fra­
ternos para orar, acaso leyendo comunitariamente la Palabra de Dios, en
alguna forma de lectio divina, profundizar algún tema teológico o pasto-
35. Ibid.: AAS 58 (1966), 1003.

dad». Se sostiene, pues, que desde Se proponen ejemplos y valoracio-


dentro de cada sacerdote y por la fi- nes, sin ordenarlas categóricamente
delidad de Dios al don del sacramen- ni intentar agotarlas, dejando camino
to, el Espíritu suscita la tendencia a la a la creatividad. La Ratio nationalis y
unidad fraterna del presbiterio; y por los proyectos diocesanos de forma-
fuera se expresa en múltiples iniciati- ción permanente deberán plantearse
vas de caridad práctica que conduci- estas u otras formas de organización
rán a diversas formas de asociación formativa en referencia a la realidad.
y vinculación comunitaria. Y ponerlas en práctica. Estas accio-
nes pueden implicar a más o menos
88. Modalidades y experiencias. sacerdotes, pueden darse por tiem-
La Ratio enumera algunas modali- pos limitados o de forma estable y
dades y formas comunitarias para permanente, pueden desarrollar más
la formación permanente de los pres- un aspecto u otro, etc. Ciertamente
bíteros en clave fraterna. Sin pre­ hay que comenzar por algo, y favo-
tender ser exhaustivo, este artículo recerlo todo, haciendo discernimiento
ofrece diversas propuestas, recogi- continuo de lo que sea más eficaz.
das de la experiencia de los presbite- Algunas de las propuestas media-
rios, pa­ra poner en práctica la forma- tizan la formación permanente con
ción permanente en el ámbito de la otro sacerdote; otras lo hacen con un
fraternidad sacramental. Comienza grupo de sacerdotes más o menos or-
señalando que la preparación para ganizado dentro del presbiterio; e in-
estas modalidades comunitarias de cluso con una comunidad sacerdotal
la fraternidad debe realizarse ya des- de contornos más regulares, y estruc-
de la formación inicial. Este sentido turadas en forma institucional.
fraterno que sostiene la vocación de-
bería, por tanto, convertirse en una 88a. El encuentro fraterno. Se su-
«segunda naturaleza» a lo largo de braya el hecho mismo de encontrar-
toda la formación. se, más allá del motivo o del objetivo

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Formación permanente (n. 88)

ral, compartir los deberes del ministerio, ayudarse o simplemente pasar


el tiempo juntos. En sus diversas formas, estos encuentros constituyen
la expresión más simple y difundida de la fraternidad sacerdotal. En todo
caso, es muy recomendable promoverlos.
b) *Dirección espiritual y confesión: la fraternidad sacramental se
transforma en una valiosa ayuda cuando toma la forma de la dirección
espiritual y de la confesión, que los presbíteros buscan entre sí. La
regularidad en este tipo de encuentros facilita que se mantenga viva la
«tensión de los sacerdotes hacia la perfección espiritual de la cual de-
pende, sobre todo, la eficacia de su ministerio»36. Particularmente en los
momentos de dificultad, los presbíteros pueden encontrar en el Director
espiritual un hermano, que les ayude a hacer el discernimiento sobre las
causas de sus problemas y a poner en práctica los medios adecuados
para afrontarlos.

36. Benedicto XVI, Discurso a los participantes en la plenaria de la Congregación para el


Clero (16 de marzo de 2009): Enseñanzas V/1 (2009), 392.

de esta reunión. Esta es la sensación Siendo algo que no se puede impo-


que queda después de numerosas ner, sí es posible nombrar algunos
experiencias, que vale la pena en- confesores y directores espirituales
contrarse porque los sacerdotes per- para el presbiterio, dejando siempre
tenecen a una familia. El contenido, un amplio margen a la libertad y a
sea espiritual, de estudio o de carác- la personalidad de cada sacerdote.
ter pastoral, da a este tipo de encuen- Quienes han sido directores espiritua-
tros cierto orden y sistematicidad, les en el Seminario durante períodos
pero lo fundamental es encontrarse. largos pueden pasar naturalmente a
Dentro de esta categoría se puede in- continuar su servicio carismático en el
cluir también el encuentro a través del ámbito del presbiterio. Sí que convie-
teléfono o de los medios electrónicos, ne en todo caso alentar y estimular la
a veces para una consulta, para com- ayuda mutua en este plano tan pro-
partir un material o con el solo afán de fundo y personal de la dimensión es-
saludarse y saber del otro. piritual. Habitualmente los presbíte-
ros van pasando por etapas de mayor
88b. La dirección espiritual y la o menor intensidad en esta práctica.
confesión. Esta es una de las expre- Es evidente que la ayuda de un direc-
siones más nítidas de la ayuda fra- tor espiritual se hace más urgente y
terna entre los sacerdotes. El acto necesaria en momentos de dificultad.
de abrir la conciencia a un hermano Se constata que en muchos casos de
en el presbiterio tiene un gran valor y abandono del ministerio presbiteral
requiere mucha discreción y respeto. ha faltado esta ayuda fraterna.

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Formación inicial y permanente

c) *Ejercicios espirituales: tienen una importancia fundamental para


la vida del sacerdote, ya que conducen al encuentro personal con el
Señor en el silencio y el recogimiento, constituyen un tiempo privile-
giado de discernimiento personal y apostólico, útil para una revisión
progresiva y profunda de la vida; organizados comunitariamente favo-
recen entre los presbíteros una participación más amplia y refuerzan la
comunión fraterna.
d) *Mesa común: compartiendo las comidas, los presbíteros apren-
den a conocerse, escucharse y apreciarse entre sí, gozando también de
la oportunidad de un provechoso y amistoso intercambio.

88c. Los ejercicios espirituales se sas o de vida apostólica, o pertene-


pueden implementar en la diócesis, cientes a la Iglesia particular. En otras
a nivel de la provincia eclesiástica diócesis o naciones se ha estructura-
o a nivel nacional de formas diver- do un servicio de ejercicios espiritua-
sas. Se debe considerar una gracia les para momentos especiales de la
contar con sacerdotes dispuestos a vida sacerdotal: el 25 aniversario, el
guiar una experiencia espiritual y a momento de un cambio de destino o
acompañar a otro hermano, de modo en referencia a situaciones persona-
individual, durante la misma. Reco- les o familiares. Es muy sano que se
nociendo el valor de este servicio vaya haciendo la costumbre de bus-
ofrecido por la Compañía de Jesús y car espacios de oración en este tipo
otras instituciones, en tantos lugares, de dificultades y que en el presbiterio
también es interesante que lo puedan puedan interceder unos por otros.
hacer sacerdotes diocesanos, bien Sobre todo conviene formar sacerdo-
situados en la espiritualidad del clero tes diocesanos para la animación de
diocesano. Otra modalidad son los los ejercicios espirituales.
ejercicios espirituales anuales, orga-
nizados en común a nivel diocesano 88d. La mesa común es aparen-
o por zonas pastorales. También es temente un medio muy sencillo, sin
conveniente contar con la posibilidad embargo se comprueba que es sig-
de programar tandas de ejercicios nificativo en la vida presbiteral. Esto
espirituales más prolongadas. En es­ se puede planificar de muy diversas
te caso surge espontáneo el gesto maneras, dependiendo de la cerca-
fraterno e institucional de sustituir a nía geográfica, de la modalidad del
un hermano para que pueda partici- trabajo de los sacerdotes y del tipo
par. En algunas diócesis se han esta- de organización diocesana. Sitios en
blecido casas de espiritualidad a las los que los sacerdotes comparten la
que los sacerdotes pueden acudir en mesa común a medio día entre se-
busca de momentos de silencio y de mana, otros en los que se hace los
encuentro con el Señor. Pueden ser domingos. Existen diócesis en las
casas ligadas a comunidades religio- que se han establecido varias me-

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Formación permanente (n. 88)

e) *Vida común: sea por iniciativa personal, por necesidad pastoral,


por costumbre o por disposiciones a nivel local, algunos presbíteros rea-
lizan una vida común37. El hecho de vivir juntos se convierte en verda-
dera «vida común» mediante la oración comunitaria, la meditación de la
Palabra de Dios y otras ocasiones para la formación permanente; ade-
más, la vida común facilita un intercambio y una confrontación en torno
a los respectivos deberes pastorales. La vida común ayuda también a
sostener el equilibrio afectivo y espiritual de quienes participan en ella
y promueve la comunión con el Obispo. Será necesario procurar que
estas formas permanezcan abiertas al presbiterio en su conjunto y a las
necesidades pastorales de la diócesis.
f) *Asociaciones sacerdotales: tienden fundamentalmente a favore-
cer la unidad de los presbíteros entre sí, con el resto del presbiterio y
con el Obispo38. Los miembros de las diversas asociaciones recono-

37. Cf. CIC, can. 280; Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, n. 38.
38. Cf. CIC, can. 278, §§ 1-2.

sas comunes a las que acuden los pastorales y los párrocos in solidum.
sacerdotes espontáneamente. Esta O el modelo más simple del párroco
suele ser una experiencia positiva y y los vicarios que hacen vida común.
bien valorada por los sacerdotes. La La presencia de estas comunidades
presencia del Obispo y de los vicarios de sacerdotes diocesanos tiene un
episcopales en la mesa común con valor simbólico en relación con la fra-
los sacerdotes abre posibilidades de ternidad sacramental que todos están
cercanía pastoral. llamados a vivir. Función del Obispo
y de los vicarios del clero es velar
88e. Es frecuente que los sacer- pa­ra que tales experiencias resulten
dotes diocesanos no se sientan pre- positivas y se vayan extendiendo gra-
parados ni dispuestos para hacer una dualmente, de modo particular con-
experiencia de vida común. Este défi- tando con la disponibilidad de algu-
cit, que a veces es mayoritario en los nos sacerdotes experimentados y de
presbiterios, no debe ser obstáculo los recién ordenados.
pa­ra que en la diócesis se establez-
can co­munidades sacerdotales y pa­ 88f. Las asociaciones sacerdota-
ra que se prepare a los seminaristas les presentan características muy di-
es­pecíficamente para la vida común. versas. Algunas son de carácter dio-
Un ejemplo clásico es la comunidad cesano y otras rebasan los límites de
sacer­dotal del equipo formativo del las diócesis; algunas persiguen una
Seminario que en la misma Ratio se le finalidad espiritual o pastoral y otras
describe como una experiencia singu- se caracterizan por la vida común. Los
lar. Otro modelo es el de las unidades documentos de la Iglesia valoran es-

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Formación inicial y permanente

cidas por la Iglesia encuentran en ellas un soporte fraterno, que los


presbíteros consideran necesario en su camino hacia la santidad y en
su misión39. Algunos sacerdotes pertenecen también a los nuevos movi­
mientos eclesiales, dentro de los cuales encuentran un clima de comu-
nión y reciben estímulo para una continua renovación misionera; otros
viven una consagración personal en los Institutos Seculares «que tie-
nen como nota específica la diocesaneidad»40, sin estar habitualmente
incardinados en ellos.

39. Cf. Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, n. 106.


40. Pastores dabo vobis, n. 81: AAS 84 (1992), 799.

tas asociaciones expresamente por tenecen a institutos de consagra­ción


cuanto tienen un valor simbólico en secular. Desde el gobierno de la dió-
el ámbito del presbiterio, tal co­mo se cesis es importante que la presencia
ha dicho del equipo del Seminario o de estas instituciones sea aprove-
de los párrocos in solidum. Presen- chada para fomentar la unidad del
tan la imagen de sacerdotes que se presbiterio. Sería lamentable que un
ayudan mutuamente en orden a su grupo sacerdotal de esta naturaleza
santificación. Algo similar ocurre con fuese fuente de división o que man-
los sacerdotes que están vinculados tuviera una actitud proselitista entre
a movimientos eclesiales o que per- el clero diocesano.

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V
DIMENSIONES DE LA FORMACIÓN*

a) Integración de las dimensiones formativas*


89*. De acuerdo con lo indicado en la Exhortación apostólica post-
sinodal Pastores dabo vobis1, son cuatro las dimensiones que interac-
túan simultáneamente en el iter formativo y en la vida de los ministros
ordenados: la dimensión humana, que representa la «base necesaria y
dinámica» de toda la vida presbiteral; la dimensión espiritual, que contri-
buye a configurar el ministerio sacerdotal; la dimensión intelectual, que

1. Cf. ibid., nn. 43-59: AAS 84 (1992), 731-762.

Cap. V. El capítulo V de la nueva hacia una meta única, determinada,


Ratio está dedicado a las dimensio- que se definirá como la «formación
nes de la formación. El capítulo ocu- del pastor». La elección de esta termi-
pa el centro en la estructura del do- nología, pues, resalta un dinamismo
cumento. Su estilo, si nos atenemos en lugar de la comprensión estática,
a lo que se señala en la Introducción propia de los términos «aspectos»
(n.  3) es básicamente «orientativo», o «áreas» y a la vez denota la finali-
sin apenas referencias de orden «nor- dad propia del capítulo que, como se
mativo». El concepto «dimensiones verá, es la de la «integración y unidad
formativas» es un rasgo central de la de la formación».
Ratio y su armónico cuidado constitu- Es de notar que no asume lo que
ye una consigna para todo el arco de algunas de las Ratio nacionales ha-
la formación sacerdotal. Esta termi- bían incorporado como dimensión, a
nología se incorpora aquí por primera saber, la «comunitaria» (nota: cf. la
vez, después de haber sido introduci- española de 1986. nn. 125-148, man-
da en algunas Ratio nacionales (nota: tenida en la de 1996, nn. 145-169), si
así aparece ya en las españolas de bien, como veremos también, consi-
1986 y 1996; así también en la fran- dera el «clima comunitario», «la vida
cesa, de 1998 y en muchas otras), y comunitaria del Seminario» como el
haber sido utilizada pacíficamente en «ámbito en el que concurren e inte-
el Sínodo de 1990 y asumida oficial- ractúan las cuatro dimensiones», e
mente en la Pastores dabo vobis. incluso como «el hilo conductor que
La elección del término «dimen- las une y armoniza» (RFIS, 90).
siones» es altamente significativa.
Con ello se subraya además de la 89-92. El capítulo comienza con
integralidad de la formación, el dina- un apartado sobre la «integración de
mismo de la misma y su orientación las dimensiones formativas» (RFIS,

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Dimensiones de la formación

ofrece los instrumentos racionales necesarios para comprender los valo-


res propios del ser pastor, procurar encarnarlos en la vida y transmitir el
contenido de la fe de forma adecuada; la dimensión pastoral, que habilita
para un servicio eclesial responsable y fructífero.
Cada una de las dimensiones formativas se ordena a la transforma-
ción del corazón, a imagen del corazón de Cristo2, que enviado por el Pa-
dre para realizar su designio de amor, se conmovió ante las necesidades

2. Cf. Optatam totius, n. 4: AAS 58 (1966), 716; Pastores dabo vobis, n. 57: AAS 84
(1992), 757-759.

89-92). Tiene un carácter introducto- que da unidad a todas las dimensio-


rio, que revela el sentido y la orienta- nes, que es la orientación de todas y
ción fundamental de todo el capítulo, cada una a un mismo y único objeti-
poniendo de relieve la «integración» vo, la «transformación del corazón»
de todas las dimensiones entre sí y del seminarista «según el corazón
a lo largo de todo el proceso o «iter de Cristo», donde resuena la fórmu-
formativo» (RFIS, 89). Esta preocu- la profética elegida como lema de la
pación está presente en toda la Ratio, Pastores dabo vobis: «Os daré pas-
se considera como uno de los «prin- tores según mi corazón» (Jer 3, 15),
cipios básicos» o «notas característi- que los convierta en personas dignas
cas de la formación», como se afirma y capaces para cumplir su misión
ya en el comienzo (RFIS; Intr. 3: úni- esencial de «comunicar la caridad de
ca, integral, comunitaria y misionera); Cristo, buen Pastor» (con referencia
cuando se habla del Seminario menor a la misma PDV, 57).
(RFIS, 19: idoneidad integral), de la Es notable la complacencia de los
personalidad e historia del candidato autores del texto en la descripción
(RFIS, 28.43.46), e incluso de los es- de la figura del pastor según sus ras­
tudios (RFIS, 137.140). gos en el Nuevo Testamento, compla-
cencia que apunta hacia la finalidad
89. En este artículo se enumeran pastoral de toda la formación, línea
y califican sintéticamente las cuatro fundamental de la doctrina sobre la
dimensiones: la humana, como ba­se formación sacerdotal del Concilio Va-
necesaria y dinámica; la espiri­tual, ticano II.
como eje central y configurador del Aquí no se dice nada más, pero
ser ministerial; la intelectual, como a lo largo del documento se irán se-
me­dio para la comprensión de los va- ñalando otros peligros que ponen en
lores del ser y vivir el ministerio y para riesgo la «integración». Así el peligro
transmitir los contenidos de la fe; la de privilegiar el aspecto doctrinal, co­
pastoral, que subrayando la finalidad mo se ha solido hacer y se sigue ha-
de la formación habilita para la acción. ciendo en muchos planes formativos,
La enumeración se completa con como se refleja en los nombres de
una breve exposición sobre aquello las etapas formativas como etapa o

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Integración de las dimensiones (n. 90)

humanas (cf. Mt 9, 35-36), salió a buscar a la oveja perdida (cf. Mt 18,


12-14), hasta el extremo de ofrecer su misma vida por ellas (cf. Jn 10, 11),
y no vino para ser servido, sino para servir (cf. Mt 20, 24-28). Como su-
giere el Concilio Vaticano II3, todo el proceso educativo de preparación
al sacerdocio ministerial, en efecto, tiene como finalidad disponer a los
seminaristas «para comunicar la caridad de Cristo, buen Pastor»4.
90*. El seminarista será llamado, por medio del sacramento del Or-
den, a reunir en la unidad y a presidir el Pueblo de Dios, como guía que
favorece y promueve la colaboración de todos los fieles. La formación

3. Cf. Optatam totius nn. 4 y 19: AAS 58 (1966), 716 y 725-726.


4. Pastores dabo vobis, n. 57: AAS 84 (1992), 757-758.

sección de «Filosofía» o «estudios fi- situación aún más peligrosa de que


losóficos», o de Teología o «estudios el Obispo desacredite las directrices
teológicos», por lo cual aquí se ha op- o actuaciones del equipo formativo
tado por cambiar los nombres: etapa (RFIS, 128-129).
discipular, configuradora, de síntesis Se advierte también de otros peli-
vocacional (cf. RFIS; Intr. 3; 57-58). gros posibles y frecuentes hoy, co­mo
La Ratio propone una evaluación que el de los «espiritua­ lismos», privile-
tenga en cuenta no solo los estudios giando prácticas, devociones, mani-
ni la edad, sino el progreso en una festaciones exhibicio­nistas (cf. RFIS,
maduración integral; y advierte ex- 68), o lo que se denomina «pastora-
presamente: «el cumplimiento de las litis», el poner el acento en la multi-
obligaciones relativas a los estudios plicidad y variedad de actividades o
no puede ser el único criterio para de- experiencias pastorales, en ocasio-
terminar la duración del iter formati- nes inadecuadas a la edad o a la
vo… desde el momento en que el es- madurez vocacional de los seminaris­
tudio… representa solo un aspecto… tas, y que, por lo mismo, puedan ir en
de la formación integral con vistas al «detrimento de las otras actividades
presbiterado» (RFIS, 118). formativas» (RFIS, 124).
Se consideran también ame­na­zas
para la formación integral: la falta de 90-91. Entre la enumeración de
unidad entre los formadores, por lo las diversas dimensiones formativas
que se los exhorta a que se conside- y la exposición del concepto de «in-
ren y funcionen co­mo «una «verdade- tegración» se han insertado dos ar­
ra comunidad formativa» (RFIS, Intr. tículos dedicados, respectivamente,
3; 132.139); la falta de un proyecto al carácter comunitario y misionero
de formación integral (RFIS, 10); las de la formación sacerdotal. Se tra­
nunca totalmente eliminadas luchas ta de dos coordenadas importantes,
o contraposiciones entre formadores que propiamente no corresponden a
y profesores (cf. RFIS, 140-142) y la las dimensiones porque están pre-

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Dimensiones de la formación

para el sacerdocio, por tanto, debe desarrollarse dentro de un clima co-


munitario, que favorezca las actitudes propias para la vida y el ministerio
presbiteral5.
La vida comunitaria en el Seminario constituye el contexto más ade-
cuado para la formación de una verdadera fraternidad presbiteral y re-
presenta el ámbito en el cual concurren e interactúan las mencionadas
dimensiones, armonizándose e integrándose mutuamente. En cuanto a
la formación comunitaria, con vistas a un mejor conocimiento de cada
seminarista, se debe poner atención a algunos instrumentos formativos,
por ejemplo: la comunicación sincera y abierta, el compartir, la revisión
de vida, la corrección fraterna y la programación comunitaria.
El humus de la vocación al ministerio presbiteral es la comunidad,
en cuanto que el seminarista proviene de ella, para ser, después de la
ordenación, enviado a servirla. El seminarista, primero, y el presbítero,
después, tienen necesidad de un vínculo vital con la comunidad. Ella se
presenta como un hilo conductor que armoniza y une las cuatro dimen-
siones formativas.
5. Ibid., n. 65: AAS 84 (1992), 770: «la Iglesia como tal es el sujeto comunitario que tiene
la gracia y la responsabilidad de acompañar a cuantos el Señor llama a ser sus ministros en
el sacerdocio».

sentes en todos los aspectos de la misma; la misión (encomienda pas-


formación. En apretada síntesis, al toral) se realiza siempre en un clima
inicio del artículo 91, se expone la idea colegiado, es una misión compartida,
que justifica estos dos rasgos funda- nunca se puede comprender como
mentales desde un argumento ecle- una potestad individual.
siológico de cuño conciliar. La comu-
nidad cristiana es reunida (comunión 90. Este artículo se dedica al clima
y clima comunitario de la formación) comunitario que la Ratio considera el
para ser enviada (misión y sentido ámbito adecuado para la formación
misionero de toda la formación). Co- presbiteral. La importancia de reali-
munión y misión son dos fuerzas que zar la formación en dicho ámbito deri-
se equilibran, dando como resultado va de la misma misión del pastor, que
la singularidad cristiana. Este modo será enviado a reunir a una comu-
de entender la Iglesia tiene conse- nidad promoviendo la colaboración
cuencias formativas importantes: la de todos los fieles, cuya vocación se
intimidad que caracteriza al presbi- ha originado en una comunidad y se
terio y por ende al Seminario (íntima orienta al cuidado de otra comunidad
fraternidad presbiteral) es misionera, (tal explicación se ofrece en el capítu-
es decir abierta a los destinatarios lo III, sobre los fundamentos de la for-
de la misión y nunca cerrada en sí mación, RFIS, 30-34.40-41.50-52).

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Integración de las dimensiones (n. 91)

91*. La comunidad cristiana es congregada por el Espíritu para ser


enviada a la misión; por ello el anhelo misionero y su puesta en práctica
concreta pertenecen al ser del entero Pueblo de Dios6, que debe poner-
se constantemente «en salida»7, desde el momento en que «la alegría
del Evangelio que llena la vida de la comunidad de los discípulos es
una alegría misionera»8. Tal impulso misionero caracteriza, de un modo
todavía más especial, a los que son llamados al ministerio presbiteral,
como fin y horizonte de toda su formación. La misión se revela como
otro hilo conductor (cf. Mc 3, 13-14), que une las dimensiones ya men-
cionadas, las anima y vivifica, y permite al sacerdote, formado huma-
na, espiritual, intelectual y pastoralmente, vivir el propio ministerio en
plenitud, en cuanto que «está llamado a tener espíritu misionero, es

6. Cf. Evangelii gaudium, nn. 119-121: AAS 105 (2013), 1069-1071.


7. Ibid., n. 20: AAS 105 (2013), 1028.
8. Ibid., n. 21: AAS 105 (2013), 1028.

De la adecuada conducción de la ma comunitario sea tal que efectiva-


comunidad del Seminario, caracteri- mente ayude a la formación.
zada por la comunicación abierta, la
corrección fraterna y la programación 91. Si en el artículo anterior se en-
comunitaria, se esperan frutos muy focaba el clima comunitario, ahora se
importantes: una preparación para la afirma el carácter misionero de toda
fraternidad presbiteral y el clima ade- la formación. El texto hace eco de la
cuado para armonizar las dimensio- enseñanza del Papa Francisco sobre
nes formativas. Se da, pues, la mayor la «Iglesia en salida» y la «alegría mi-
importancia a la comunidad, desig- sionera». Si la comunidad es el clima
nándola como el «humus» de la voca- en el que se armonizan las dimensio-
ción al ministerio presbiteral. El texto nes formativas, la misión es su hilo
alude indirectamente a los Semina- conductor, «fin y horizonte de toda la
rios que tienen pocas vocaciones, formación presbiteral». Un horizonte
que por ello han perdido la capacidad que coloca a la comunidad formati-
de constituir una comunidad formati- va, como a toda la Iglesia, «en sali-
va. Leyendo atentamente este artícu- da», no encerrada en sí misma, no
lo es notorio que no se ha incluido una como «nido» o «seno protector», en
«dimensión comunitaria» porque la el que cada uno solo buscase afecto
comunidad formativa no es solo una recíproco, satisfacción y felicidad, o
dimensión, sino el clima y el ambiente un refugio para mantener sus propias
fundamental de la formación. Eviden- tendencias ideológicas, territoriales
temente no basta con el número para o grupales o saboreando acaso sus
que podamos hablar de comunidad propios conflictos. Este equilibrio ar-
educativa; es fundamental que el cli- mónico y dinámico entre comunión y

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Dimensiones de la formación

de­cir, un espíritu verdaderamente ‘católico’, que partiendo de Cristo


se dirige a todos para que ‘se salven y lleguen al conocimiento de la
verdad’ (1 Tm 2, 4-6)»9.
92*. El concepto de formación integral reviste la máxima importancia,
en cuanto que es la misma persona en su totalidad, con todo lo que es
y con todo lo que posee, quien se pone al servicio del Señor y de la co-
munidad cristiana. El llamado es un «sujeto integral», o sea, un individuo
previamente elegido para alcanzar una solidez interior, sin divisiones ni
dicotomías. Para conseguir este objetivo es necesario adoptar un mode-
lo pedagógico integral: un camino que permita a la comunidad educativa
colaborar con la acción del Espíritu Santo, garantizando el justo equili-
brio entre las diversas dimensiones de la formación.
Conviene, por tanto, vigilar para que no se transmitan en el iter for-
mativo visiones reductivas o erróneas del presbiterado. Los formadores
permanezcan atentos para discernir si, en aquellos que les han sido
confiados, existe una mera adhesión, exterior y formal, a las exigen-
cias educativas a ellos dirigidas. Un comportamiento de este género no
contribuiría a su crecimiento integral, al contrario, les acostumbraría,
más o menos inconscientemente, a una obediencia puramente «servil
e interesada».

9. Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, n. 16.

misión será una característica esen- tegral», que garantice el «equilibrio»


cial de la formación y del mismo mi- entre las dimensiones. Exigir tal equi-
nisterio presbiteral. librio constituye un bien para la per-
sona porque la forma en su totalidad
92. En este artículo se describe el y, contrariamente, facilitar o consentir
concepto y el alcance de la «integra- los desequilibrios redunda en un mal
ción». En él se ofrece el fun­damento para el seminarista y, después, pa­
antropológico: el seminarista es un ra el sacerdote. Se señalan riesgos
«sujeto integral», destinado todo él peligrosísimos y nada teóricos o in­
al ministerio, «sin divisiones ni dico- frecuentes, el de «ofrecer o privile-
tomías». Afirmar que se trata de un giar visiones reductivas del ministerio
sujeto integral significa que las di- presbiteral», el de que la adhesión al
mensiones no son un esquema teó- ministerio sea tan solo «formal, ex-
rico que se impone desde fuera, sino terna», con una observancia u «obe-
que obedecen a la misma naturaleza diencia servil e interesada», el de que
del discípulo y misionero que se pre- exista un crecimiento acentuado de
para para ser pastor. Por esta razón unas u otras de las dimensiones en
se exige un «modelo pedagógico in- detrimento de las otras.

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La dimensión humana (n. 93)

b) La dimensión humana*
93*. La llamada divina interpela y compromete al ser humano «con-
creto». Es necesario que la formación al sacerdocio ofrezca los medios
adecuados para facilitar su maduración, con vistas a un auténtico ejer-
cicio del ministerio presbiteral. Para este fin, el seminarista está llamado
a desarrollar la propia personalidad, teniendo como modelo y fuente a
Cristo, el hombre perfecto.
La amplia reflexión del Nuevo Testamento sobre los criterios de ido-
neidad de los ministros ordenados10 muestra con cuanta atención, ya
desde los orígenes, se cuidaban los aspectos propios de la dimensión
humana. Los Padres de la Iglesia han elaborado y practicado la cura o
«terapia» del hombre de fe llamado al servicio apostólico, porque estaban
convencidos de la profunda necesidad de maduración que hay en cada

10. Por ejemplo, cf. Mt 28, 20; 1 Pe 5, 1-4; Tit 1, 5-9.

93-99. Se dedican a la formación te excluyen otro tipo de for­ mación


humana siete artículos densos, los en la que se dan por supuestos los
cuales representan una apretada sín- aspectos humanos. La motivación es
tesis que integra las motivaciones es- bien clara: se trata de caminar hacia
pirituales con aspectos psicológicos una perfección humana semejante a
y sociológicos de gran importancia. la de Cristo.
Conviene señalar que esta sección El segundo párrafo hace un re-
es una novedad respecto a la Ratio corrido desde el Nuevo Testamento,
de 1970-1985. Algunos de estos con- pasando por los Padres de la Iglesia
tenidos aparecían en el contexto de y hasta Santo Tomás de Aquino para
la vida espiritual. La distribución de justificar la importancia de la forma-
la temática del capítulo es coherente ción humana. Concluye enumeran-
con el equilibrio que se ha anunciado do una serie de características que
en los primeros artículos. hacen evidente que una personali-
dad madura hace del sacerdote un
93. El primer postulado pone an­ verdadero evangelizador y también
te los ojos del lector al ser humano que, por el contrario, una personali-
concreto, histórico, que ejercerá el dad inmadura se convierte en un gra-
ministerio sacerdotal, haciendo ver ve obstáculo a la misión sacerdotal.
que tiene unas características pecu- Apenas comienza el texto a describir
liares e irrepetibles. Esta perspectiva las dimensiones formativas y ya plan-
pone en el centro la importancia de la tea una notable exigencia. Queda ab-
maduración de la persona, que com- solutamente claro que es necesario
promete la autenticidad del ejercicio un cuidado específico y sistemático
ministerial. Son todas ellas afirmacio- de la dimensión humana si se quie-
nes contundentes, que evidentemen- ren conseguir esos frutos.

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Dimensiones de la formación

hombre11. Una recta y armónica espiritualidad exige una humanidad bien


estructurada; como recuerda Santo Tomás de Aquino, «la gracia presu-
pone la naturaleza»12 y no la sustituye, sino que la perfecciona13. Es, por
tanto, necesario cultivar la humildad, la valentía, el sentido práctico, la
magnanimidad de corazón, la rectitud en el juicio y la discreción, la tole-
rancia y la transparencia, el amor a la verdad y la honestidad.
94*. La formación humana, fundamento de toda la formación sacer-
dotal14, promoviendo el desarrollo integral de la persona, permite forjar
la totalidad de las dimensiones. Desde el punto de vista físico, se inte-
resa por aspectos como la salud, la alimentación, la actividad física y el
descanso. En el campo psicológico se ocupa de la constitución de una
personalidad estable, caracterizada por el equilibrio afectivo, el dominio
de sí y una sexualidad bien integrada. En el ámbito moral exige que el
individuo adquiera progresivamente una conciencia formada, o sea, que
llegue a ser una persona responsable, capaz de tomar decisiones jus-
tas, dotada de juicio recto y de una percepción objetiva de las personas
y de los acontecimientos. Esta percepción deberá llevar al seminarista
a una equilibrada autoestima, que lo conduzca a la toma de conciencia

11. Por ejemplo, se puede recordar Gregorio Nacianceno, Oratio II: PG 35, 27.
12. Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I, q. 2, a. 2 ad. 1.
13. Cf. ibid., I, q. 1, a. 8 ad. 2.
14. Cf. Pastores dabo vobis, n. 43: AAS 84 (1992), 731-732.

94. Se vuelve a describir el modo objetivos pedagógicos del proyecto


de la integración de la dimensión hu- formativo del Seminario y también de
mana en el conjunto, ahora citando la formación permanente. Un sacer-
Pastores dabo vobis: esta dimensión dote debe atender su salud con una
es fundamento de toda la formación. alimentación equilibrada, una activi-
Relacionando la dimensión humana dad fí­si­ca adecuada y un descanso
con las demás dimensiones se afirma suficiente. El cuidado responsable de
la sinergia de la formación integral. A la salud exige una nueva interpreta-
continuación el texto desarrolla algu- ción y vivencia de la ascesis. Basta
nos contenidos específicos de la for- con pensar, por ejemplo, en la disci-
mación humana. plina que exige la desconexión de los
El primero es el aspecto físico. aparatos electrónicos y la salvaguar-
Resulta significativo que se dedique da del descanso en la cultura inva­
un espacio a este tema, signo de la dida continuamente por internet.
sintonía del documento con la actual El artículo continúa con los aspec-
sensibilidad por el cuidado y la sal- tos psicológicos, trazando una me­
vaguarda de la salud. Enuncia breve- ta clara en este punto: construir una
mente puntos que se convertirán en personalidad estable. Meta que inclu-

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La dimensión humana (n. 95)

de sus propias cualidades, de modo que aprenda a ponerlas al servicio


del Pueblo de Dios. En la formación humana conviene cuidar el ámbito
estético, ofreciendo una instrucción que promueva el conocimiento de
las diversas manifestaciones artísticas, educando el «sentido de la be-
lleza»; y en el ámbito social, ayudando al sujeto a mejorar su capacidad
relacional, de modo que pueda contribuir a la edificación de la comuni-
dad en que vive.
Para que tal acción educativa sea fecunda, es importante que cada
seminarista tome conciencia y comunique a sus formadores su propia
historia, el modo como ha vivido la propia infancia y adolescencia, la in-
fluencia que ejercen sobre él la familia y las figuras parentales, la mayor
o menor capacidad de establecer relaciones interpersonales maduras
y equilibradas, así como el manejo sano de los momentos de soledad.
Estas informaciones son relevantes para escoger los instrumentos pe-
dagógicos oportunos, para la evaluación del camino recorrido y para
una mejor comprensión de eventuales momentos de regresión o de
dificultad.
95*. Un signo del desarrollo armónico de la personalidad de los se-
minaristas es la suficiente madurez para relacionarse con hombres y
mujeres, de diversa edad y condición social. Es conveniente considerar
la relación entre el seminarista y las mujeres, tal como es presentada
en los documentos del Magisterio, en los cuales se lee que «afecta al

ye necesariamente tres aspectos: el Después de enumerar estos di-


equilibrio afectivo, el dominio de sí y versos contenidos de la formación
una sexualidad bien integrada. El tex- humana el texto introduce el concep-
to señala indirectamente algunas de to de «autoestima» del sacerdote que
las dificultades frecuentes en la vida le permite dedicarse con verdadera
sacerdotal, que denotan una carencia entrega a su ministerio. Por último,
formativa bastante generalizada en el hace una llamada de atención sobre
área de los afectos. la educación del sentido estético, co-
La atención se desplaza ahora a lofón y expresión de la belleza interior
los aspectos morales. Se trata de for- de una personalidad siempre en vías
mar una conciencia moral equilibrada, de maduración y desarrollo.
que permita al seminarista asumir con
responsabilidad su proceso formativo 95. Como un elemento importan-
y, en el futuro, el ministerio pastoral. te en la formación humana, la Ra­tio
Tal condición implica aspectos tan reflexiona sobre la relación del sacer­
importantes como la rectitud de juicio dote con la mujer. Así, en el párrafo
y la percepción objetiva de las perso- tercero del documento se recuerda
nas y los acontecimientos. que es «convenien­te y esencial para

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Dimensiones de la formación

seminarista no solo en la esfera de su vida personal, sino también en la


perspectiva de su futura actividad pastoral»15.
El primer ámbito en que cada persona aprende a conocer y apreciar
el mundo femenino es naturalmente la familia. En ella, la presencia de
la mujer acompaña todo el proceso formativo y, desde la infancia, cons-
tituye un aporte positivo a su desarrollo integral. También contribuyen
mucho para este fin las diversas mujeres que, con su testimonio de vida,
ofrecen un ejemplo de oración y de servicio en la pastoral, de espíritu
de sacrificio y abnegación, de atención y tierna cercanía al prójimo. Una
reflexión análoga se puede hacer respecto a la presencia testimonial de
la vida consagrada femenina.
El conocimiento y la familiaridad con la realidad femenina, tan presen-
te en las parroquias y en muchos contextos eclesiales, resulta conve-
niente y esencial para la formación humana y espiritual del seminarista
y se comprende siempre en sentido positivo, como ha recordado Juan
Pablo II: «deseo pues […] que se reflexione con mucha atención sobre
el tema del ‘genio de la mujer’, no sólo para reconocer los caracteres que
en el mismo hay de un preciso proyecto de Dios que ha de ser acogido y
respetado, sino también para darle un mayor espacio en el conjunto de
la vida social así como en la eclesial»16.

15. Orientaciones educativas para la formación al celibato sacerdotal, n. 60.


16. juan pablo II, Carta a las mujeres (29 de junio de 1995), n. 10: Enseñanzas XVIII/1
(1995), 1879; cf. Orientaciones educativas para la formación al celibato sacerdotal, n. 59.

la formación humana y espiritual del Como ámbitos de realización con-


seminarista el conocimiento y la fami- creta se recuerda la presencia de la
liaridad con la realidad femenina». En mujer en la propia familia del semi-
este sentido, se apunta a la influencia narista. Y se apela al testimonio de
que tiene el «genio de la mujer» en vida que ofrecen numerosas muje-
la conformación de la personalidad res, y en concreto las consagradas,
del ser humano varón, y en el desa- en el campo de la oración, el servicio
rrollo de la vida personal del presbí- pastoral, el sacrificio, la abnegación,
tero. Asimismo, se ponen de relieve la atención y ternura hacia las per-
tres áreas fundamentales que tienen sonas. Este tratamiento deberá ser
que ver con la pastoral: la futura acti- profundizado y ampliado por lo que
vidad pastoral con ellas, la madurez se añade en el capítulo VI, que trata
para relacionarse tanto con hombres sobre los agentes de la formación,
como con mujeres, la realidad de la donde se reconoce el «valor de la
presencia predominante de las muje- presencia de la mujer en el proceso
res en la vida eclesial. de la formación», y precisamente en

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La dimensión humana (n. 96)

96*. El seminarista llega a ser capaz de autodeterminarse y de vivir


con responsabilidad incluso a través de la toma de conciencia de la pro-
pia debilidad, siempre presente en su personalidad. Los formadores, los
confesores, los directores espirituales y los mismos seminaristas deben
ser conscientes de que los momentos de crisis, si se comprenden y se
atienden adecuadamente, con disponibilidad para aprender de la vida,
pueden y deben convertirse en ocasión de conversión y de renovación,
induciendo a la persona a interrogarse críticamente sobre el camino re-
corrido, su condición actual, sus propias opciones y su futuro.

orden «al reconocimiento de la com- 96. En este artículo se aborda un


plementariedad entre varón y mujer» punto de capital importancia: el de
(RFIS, 151), aunque haya que adver- la gestión de las debilidades y las
tir que aquí se la incluye «entre los crisis durante la formación. Se trata
especialistas en la enseñanza, en de realidades que se deben afrontar
el apostolado, en la familia o en el con naturalidad, puesto que –subra-
servicio a la comunidad». Habría que ya el texto– están siempre presentes
preguntarse si solo en esos ámbitos en la personalidad. El texto mencio-
y si sería oportuno que en las Ratio na particularmente a los directores
nacionales se contemplara la posi- espirituales y a los formadores que
bilidad de que pudieran formar parte tienen la responsabilidad de atender
del «equipo formador» o al menos cuidadosamente a cada seminarista,
de la «comunidad formativa», inclu­ pues de un buen tratamiento de tales
so en el ámbito de la formación es- dificultades surge sin duda la oportu-
piritual, dado que todo lo que se nidad de un crecimiento y la ocasión
considera constituyente del «genio para la conversión del corazón. Afir-
de la mujer» tiene mucho que ver con mar con total claridad la existencia
la función «del pastor» tal como se de debilidades y crisis obliga a mirar
define a lo largo del documento (cf. también hacia la formación perma-
RFIS, 35.37.39.40.41), y subrayaba nente. El objetivo final será formar a
ya Pastores dabo vobis hablando de un presbítero capaz de «interrogarse
la caridad pastoral y su rasgo «espon- críticamente sobre el camino recorri-
sal», «con una ternura que incluso do, su condición actual, sus propias
asume matices del cariño materno» opciones y su futuro». El modo de
(PDV, 22). Cabe destacar la importan- afrontar estas cuestiones en el do-
cia de la presencia femenina durante cumento recuerda casi automática-
las etapas previas, por ejemplo, en el mente la doctrina paulina sobre la
Seminario menor, y durante las pri- debilidad que, abrazada, se transfor-
meras etapas de la formación inicial. ma en fortaleza. Se trata de aprender
En los Seminarios hay experiencias a gestionar la propia personalidad en
muy positivas al respecto. su sentido integral.

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Dimensiones de la formación

97*. La formación humana constituye un elemento necesario para la


evangelización, desde el momento en que el anuncio del Evangelio pasa
a través de la persona y la mediación de su humanidad. «Seréis mis tes-
tigos […] hasta los confines de la tierra» (Hch 1, 8); la realidad actual nos
obliga a reflexionar sobre estas palabras de Jesús de un modo nuevo,
porque «los confines de la tierra» se han ampliado, a través de los mass
media y las redes sociales. Se trata de «una nueva ‘ágora’, una plaza
pública y abierta en la que las personas comparten ideas, informaciones,
opiniones, y donde, además, nacen nuevas relaciones y formas de comu-
nidad»17, una plaza de la que los futuros pastores no pueden permanecer
excluidos, ni durante su iter formativo, ni en su futuro ministerio.
En este aspecto, la utilización de los medios de comunicación y la
aproximación al mundo digital son una parte integrante del desarrollo de
la personalidad del seminarista, porque «el sacerdote podrá dar a cono-
cer la vida de la Iglesia mediante estos modernos medios de comunica-
ción, y ayudar a las personas de hoy a descubrir el rostro de Cristo. Para
ello, ha de unir el uso oportuno y competente de tales medios –adquirido
también en el período de formación– con una sólida preparación teoló-
gica y una honda espiritualidad sacerdotal, alimentada por un constante
diálogo con el Señor»18.
17. Benedicto XVI, Mensaje para la XLVII Jornada de las Comunicaciones Sociales (12 de
mayo de 2013): AAS 105 (2013), 181.
18. Id., Mensaje para la XLIV Jornada de las Comunicaciones Sociales (16 de mayo de
2010): AAS 102 (2010), 115-116.

97-99. La Ratio no solo incluye do moral; es necesario que tenga una


co­mo objetivo formativo aprender a percepción positiva y llegue a utilizar-
hacer un recto uso de los medios de los en función de su maduración per-
comunicación. Considera asimismo sonal, de la evangelización y como
que una introducción positiva y pro- parte del envío misionero hasta los
positiva al uso de los mass media y confines de la tierra. Se propone así
de las redes sociales es una parte ne- todo un tratamiento pedagógico del
cesaria del desarrollo de la personali- tema que debe ser incluido en el pro-
dad del seminarista en el tiempo pre- yecto formativo del Seminario y tam-
sente. Con ello se sitúa en la óptica y bién en la formación permanente del
en la sensibilidad de las nuevas ge- clero. Consecuentemente, las redes
neraciones que se pretende formar, sociales deberán formar parte de la
nacidas ya en una sociedad marcada vida cotidiana del Seminario, medios
por la realidad digital. No basta con para el diálogo y la comunicación, ar-
que candidato al sacerdocio haga un mónicamente integrados en la comu-
uso recto de estos medios en el senti- nidad educativa.

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La dimensión humana (n. 98-100)

98. La Iglesia, en virtud del mandato recibido de Cristo, mira con con-
fianza las posibilidades ofrecidas por la realidad digital para la evangeli-
zación19; se trata de nuevos «lugares», en los cuales tantas personas se
mueven cotidianamente, «periferias digitales» en las que no puede faltar
la propuesta de una auténtica cultura del encuentro, en el nombre de Je-
sús, para edificar un solo Pueblo de Dios: «los medios de comunicación
pueden ayudar a que nos sintamos más cercanos los unos de los otros,
a que percibamos un renovado sentido de unidad de la familia humana
que nos impulse a la solidaridad y al compromiso serio por una vida más
digna para todos. Comunicar bien nos ayuda a conocernos mejor entre
nosotros, a estar más unidos»20.
99. En la mayor parte de los casos, quienes inician el camino en el Se-
minario están ya naturalmente acostumbrados y, en cierto modo, inmer-
sos en la realidad digital y en sus instrumentos. Es necesario observar
la debida prudencia respecto a los inevitables riesgos que la familiaridad
con el mundo digital comporta, incluidas diversas formas de dependen-
cia, que podrán ser afrontadas con un adecuado apoyo espiritual y psi-
cológico. Es conveniente que los seminaristas crezcan en este contexto,
teniendo en cuenta que el Seminario es una escuela de humanidad y de
fe, para hacer madurar la conformación con Cristo, que se hace próximo
a todos los hombres, incluso a los más lejanos: «que la imagen del buen
samaritano, que venda las heridas del hombre apaleado, vertiendo so-
bre ellas aceite y vino, nos sirva como guía. Que nuestra comunicación
sea aceite perfumado para el dolor y vino bueno para la alegría. Que
nuestra luminosidad no provenga de trucos o efectos especiales, sino
de acercarnos, con amor y con ternura»21.
100. Particularmente, las redes sociales deben formar parte de la vida
cotidiana de la comunidad del Seminario, a través de un uso vigilante,
sereno y positivo. Es conveniente que estas redes se conciban como
lugares de nuevas posibilidades para las relaciones interpersonales, el
encuentro con los demás, el diálogo con el prójimo y el testimonio de fe,
todo ello en una perspectiva de crecimiento educativo, que considere
todos los ámbitos de relación en los cuales la vida se desenvuelve.

19. Francisco, Mensaje para la XLVIII Jornada de las Comunicaciones Sociales (1 de


junio de 2014): AAS 106 (2014), 115: «Abrir las puertas de las iglesias significa abrirlas asi-
mismo en el mundo digital, tanto para que la gente entre, en cualquier condición de vida en
la que se encuentre, como para que el Evangelio pueda cruzar el umbral del templo y salir al
encuentro de todos».
20. Ibid.: AAS 106 (2014), 113.
21. Ibid.: AAS 106 (2014), 116.

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Dimensiones de la formación

c) La dimensión espiritual*
101*. La formación espiritual se orienta a alimentar y sostener la co-
munión con Dios y con los hermanos, en la amistad con Jesús Buen
Pastor y en una actitud de docilidad al Espíritu22. Esta íntima relación
forma el corazón del seminarista hacia el amor generoso y oblativo que
representa el inicio de la caridad pastoral.
102*. El centro de la formación espiritual es la unión personal con
Cristo, que nace y se alimenta, de modo particular, en la oración silen-
ciosa y prolongada23. Mediante la oración, la escucha de la Palabra, la
participación asidua en los sacramentos, en la liturgia y en la vida co-

22. Cf. Presbyterorum ordinis, n. 12: AAS 58 (1966), 1009-1011.


23. Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2709-2719.

101-115. Tras una introducción a prácticas espirituales, sino que re-


que define la formación espiritual, los mite a un núcleo esencial, que toca lo
números restantes (102-115) se cen- profundo del hombre interior e implica
tran en señalar las manifestaciones, interpretar y vivir toda la vida desde
medios o prácticas habituales en los los criterios evangélicos.
Seminarios, en los que se manifies-
ta y cultiva la relación de «intimidad y 101. La formación espiritual se de­
comunión con Cristo en el Espíritu», fine, siguiendo el decreto conciliar, co­
signos a la vez de la autenticidad de mo orientada a alimentar y sostener la
la vocación y que disponen al semina- comunión con Dios y con los herma-
rista a la vida y ejercicio del ministerio nos, en la amistad con Jesús, Buen
presbiteral. Puede ser útil una clarifi- Pastor y en docilidad al Espíritu (PO,
cación más explícita de lo que se en- 152). Nótese que se incluye desde el
tiende como «vida espiritual» (como principio la dimensión vertical y hori-
hace PDV, 45), asumiendo la reflexión zontal de la espiritualidad. Se entien-
teológica y espiritual, y una síntesis de que así se «forma el corazón del
de lo que se ha dicho en todo el capí- seminarista hacia el amor generoso
tulo III, dedicado a los Fundamentos y oblativo que representa el inicio de
de la formación, sobre la especifici- la caridad pastoral». Formar espiri-
dad de la espiritualidad presbiteral a tualmente es así formar el corazón, el
partir de la identidad del presbítero núcleo de la personalidad.
(RFIS, 30-34) y de la «configuración
con Cristo Cabeza, Pastor, Siervo y 102. Se recogen y señalan los me-
Esposo» (cf. RFIS, 35-40), con el es- dios fundamentales para cultivar «la
pecial acento en la «caridad pastoral» unión personal con Cristo», calificada
(como PDV, 23). En todo caso, está de nuevo como el «centro de la forma-
claro que el concepto de espirituali- ción espiritual»: la oración personal,
dad que subyace no se puede reducir la escucha de la Palabra, los sacra-

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La dimensión espiritual (n. 103)

munitaria, el seminarista fortalece su propio vínculo de unión con Dios,


según el ejemplo de Cristo, quien tuvo como programa de vida hacer
la voluntad de su Padre (cf. Jn 4, 34). Durante el proceso formativo, el
año litúrgico ofrece la pedagogía mistagógica de la Iglesia, facilitando
el aprendizaje de la espiritualidad, a través de la interiorización de los
textos bíblicos y de la oración litúrgica24.
103*. Conviene recordar que «la ignorancia de la Escritura es igno-
rancia de Cristo»25. Por tanto, en el proceso de maduración espiritual, la
relación con la Palabra de Dios tiene un puesto eminente26, la cual antes
de transformarse en predicación, debe ser acogida en lo profundo del

24. «Todo el año litúrgico sea, por otra parte, no solamente por la celebración litúrgica,
sino por la vivencia misma, un camino espiritual hacia la comunión con el misterio de Cristo»:
Sacra Congregación para la Educación Católica, Instrucción sobre la formación litúrgica en
los Seminarios (3 de junio de 1979), n. 32: Enchiridion Vaticanum 6 (2001), 1590.
25. Jerónimo, Commentarii in Isaiam, Prologus: CCL 73, 1.
26. Benedicto XVI, Exhortación apostólica post-sinodal Verbum Domini (30 de septiembre
de 2010), n. 82: AAS 102 (2010), 753: «Los aspirantes al sacerdocio ministerial están llama-
dos a una profunda relación personal con la Palabra de Dios, especialmente en la lectio divina,
porque de dicha relación se alimenta la propia vocación: con la luz y la fuerza de la Palabra de
Dios, la propia vocación puede descubrirse, entenderse, amarse, seguirse, así como cumplir
la propia misión, guardando en el corazón el designio de Dios, de modo que la fe, como res-
puesta a la Palabra, se convierta en el nuevo criterio de juicio y apreciación de los hombres y
las cosas, de los acontecimientos y los problemas».

mentos, la liturgia, la vida comunitaria dio sistemático de la Biblia en el curso


y el año litúrgico, considerado en su teológico y la oración personal. Como
valor mistagógico. El texto da un lugar método práctico se sugiere el de la
preponderante a la «oración silencio- lectio divina, sin precisar si individual
sa y prolongada», mediante la cual se o comunitaria, ni su periodicidad. Se
propicia la configuración con Cristo. termina con una nueva insistencia en
Además, usa el término «interiorizar» la «meditación cotidiana y profunda,
para referirse al contenido espiritual con fidelidad y diligencia» para el co-
de los textos bíblicos y litúrgicos. Con nocimiento integral del Antiguo y del
estos dos subrayados da un puesto Nuevo Testamento, que apunta hacia
central a la meditación de la Palabra la formación permanente.
en la vida sacerdotal. El texto se refiere a la Sagrada Es-
critura como referencia fundamental
103. Subraya el «puesto eminen- tanto en la vida discipular como en el
te» de la Escritura para la maduración ministerio presbiteral. Con ello se re-
espiritual, para el conocimiento de comienda que el proyecto formativo
Cristo, la conformación del corazón de los Seminarios incluya una ense-
del discípulo y del pastor y en orden ñanza gradual y sistemática del silen-
al ministerio de la Palabra. Se advier- cio, de los métodos de meditación,
te sobre la reciprocidad entre el estu- de la contemplación del misterio de

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Dimensiones de la formación

corazón27, «principalmente en el contexto de la ‘nueva evangelización’, a


la que hoy la Iglesia está llamada»28. La Palabra de Dios es la referencia
continua de la vida discipular y de la configuración espiritual con Cristo
Buen Pastor. Los seminaristas necesitan ser introducidos gradualmente
en el conocimiento de la Palabra de Dios, mediante el método de la lectio
divina29. Una meditación cotidiana y profunda30, practicada con fidelidad
y diligencia, en la cual confluya también una fecunda reciprocidad entre
estudio y oración, podrá garantizarles una aproximación integral31 al An-
tiguo y al Nuevo Testamento.
104*. En virtud de la necesaria conformación con Cristo «los candi-
datos a la ordenación, deben, sobre todo, formarse en una fe muy viva
en la Eucaristía»32, en previsión de lo que vivirán después de la ordena-
ción presbiteral. La participación en la celebración eucarística cotidia-
na, que encuentra su continuidad natural en la adoración eucarística33,
impregna la vida del seminarista, de tal modo que crezca una constante
unión con el Señor34.

27. Cf. Orígenes, Homilia in Lucam, XXXII, 2: PG 13, 1884.


28. Pastores dabo vobis, n. 47: AAS 84 (1992), 741.
29. Cf. ibid., n. 47: AAS 84 (1992), 740-742. Verbum Domini, nn.86-87: AAS 102 (2010),
757-760.
30. Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Divina Revela-
ción Dei Verbum (18 de noviembre de 1965), n. 21: AAS 58 (1966), 828.
31. Cf. Verbum Domini, n. 82: AAS 102 (2010), 753-754.
32. Juan Pablo II, Angelus (1 de julio de 1990), n. 2: Enseñanzas XIII/2 (1990), 7; cf. C.I.C,
can. 246, § 1.
33. Cf. Sacramentum caritatis, nn. 66-67: AAS 99 (2007), 155-156; Agustín, Enarrationes
in Psalmos, 98, 9: CCL 39, 1385.
34. Pastores dabo vobis, n. 48: AAS 84 (1992), 743: «han de ser educados para conside-
rar la celebración eucarística como el momento esencial de su jornada, en el que participarán
activamente, sin contentarse nunca con una asistencia meramente habitual».

Cristo y del modo de orar propio del fundamental para la conformación


presbítero para que efectivamente con Cristo y la futura presidencia de
se pueda conseguir la configuración la misma. Aquí se insiste en la par-
espiritual con el Señor. Esto implica ticipación diaria, activa y no rutina-
también una disciplina por medio de ria en la celebración, así como «su
la cual se enseñe a los seminaristas a continuidad natural en la adoración»
dar un lugar prioritario a la oración si- como factor esencial para el creci-
lenciosa y a mantenerse fieles a ella miento en la unión con el Señor. Ade-
a lo largo de la vida sacerdotal. más de ser una expresión de la fe de
los seminaristas, la educación para
104. Este artículo se centra en la la participación eucarística debe ha-
eucaristía. Señala que el «formarse cerse siempre con vistas al futuro
en una fe muy viva en ella» es algo ministerio.

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La dimensión espiritual (n. 105-107)

105*. En la vida de oración de un presbítero no debe faltar la Liturgia


de las Horas, que representa una verdadera y propia «escuela de ora-
ción», también para los seminaristas35, quienes, acercándose gradual-
mente a la oración de la Iglesia, mediante el Oficio Divino, aprenden a
gustar su riqueza y su belleza36.
106*. La celebración regular y frecuente del sacramento de la Peni-
tencia, preparado a través del cotidiano examen de conciencia, se con-
vierte en ocasión para reconocer, con humildad, las propias fragilidades
y pecados y, sobre todo, para comprender y experimentar la alegría de
sentirse amado y perdonado por el Señor; además, «de aquí provienen
el significado de la ascesis y de la disciplina interior, el espíritu de sacri-
ficio y de renuncia, la aceptación de la fatiga y de la cruz»37.
107*. La dirección espiritual es un instrumento privilegiado para el
crecimiento integral de la persona. El Director espiritual ha de ser elegido
con plena libertad por los seminaristas de entre los sacerdotes designa-
35. Cf. Instrucción sobre la formación litúrgica en los Seminarios, nn. 28-31: Enchiridion
Vaticanum 6 (2001), 1583-1588; CIC, can. 276, § 2, n. 3.
36. Cf. Pastores dabo vobis, n. 26: AAS 84 (1992), 697-700; cf. también Instrucción sobre
la formación litúrgica en los Seminarios, n. 31: Enchiridion Vaticanum 6 (2001), 1587-1588.
37. Pastores dabo vobis, n. 48: AAS 84 (1992), 744.

105. Trata de la Liturgia de las Ho- tono parece sugerir la individual. Se


ras. Se presupone su obligatoriedad resaltan sus valores formativos: reco-
pa­ra los presbíteros y se sugiere un nocer, supuesto el examen de con-
«acercamiento gradual» a ella por ciencia diario, las propias fragilidades
parte de los seminaristas, para que y pecados, experimentar la alegría
aprendan a gustar su riqueza y belle- de saberse amados y perdonados.
za. Tal gradualidad se refiere sin duda La denominación de «penitencia», en
a una incorporación adecuada en y a lugar de la de «reconciliación», como
las distintas etapas formativas, como lo designa PDV 48, orienta hacia una
se señaló al presentar la etapa prope- consideración de «ascesis, disciplina
déutica (RFIS, 59). No se ha incluido interior, sacrificio, renuncia, fatiga y
explícitamente cuando se habla de los cruz» (citando el mismo número 48
Seminarios menores (RFIS, 16-23). de PDV). La alegría de saberse ama-
do y perdonado se había señalado
106. Este artículo se ocupa del anteriormente en el documento como
«sacramento de la penitencia» en la factor fundamental para la «integra-
formación. Se presupone su «cele- ción personal» (cf. RFIS, 28).
bración regular y frecuente», aunque
no se precisa la periodicidad. Tampo- 107. Ahora se trata el tema de la
co se indica si se trata de la indivi- dirección espiritual. Se señala su im-
dual o de la comunitaria, aunque el portancia como «el instrumento privi-

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Dimensiones de la formación

dos por el Obispo38. Esta libertad es auténtica solo cuando el seminarista


se abre con sinceridad, confianza y docilidad. El encuentro con el Direc-
tor espiritual no debe ser ocasional, sino sistemático y regular; la calidad
del acompañamiento espiritual, en efecto, es importante para la eficacia
de todo el proceso formativo.
Los seminaristas tengan a su disposición confesores ordinarios y
también otros confesores, que vayan regularmente al Seminario; más
aún, siempre deberán tener la posibilidad de dirigirse libremente a cual-
quier confesor, sea dentro o fuera del Seminario39. Es deseable que,
para una formación integral, el Director espiritual pueda ser también el
confesor habitual.

38. Cf. CIC, can. 239, § 2.


39. Cf. ibid., can. 240, § 1.

legiado para el crecimiento integral» des correspondientes por parte del


y para «la eficacia de todo el proce- director en RFIS, 47). Se advierte
so formativo». Con ello se sintetiza que el encuentro con el director es-
y acentúa lo que se dice a lo largo piritual no debe ser ocasional, atajan-
del documento, y referido a todas las do la práctica de dejar la frecuencia
etapas (RFIS, 65.71.74. 83), incluida y la duración de las entrevistas a la
la formación permanente, sobre el voluntad del seminarista; al contrario,
«acompañamiento personal», obra se trata de encuentros sistemáticos y
de todo el equipo formativo pero muy regulares. Este es un criterio impor-
especialmente del director espiritual tante para organizar la formación. Se
(cf. RFIS, 44-49.136). Al indicar que la pretende ofrecer un acompañamiento
dirección espiritual se orienta al cre- de calidad que facilite la eficacia de la
cimiento integral se está excluyendo formación. En otro lugar se determi-
una práctica que pretenda aislar los na la función del «director espiritual
aspectos espirituales. Al contrario, oficial» del Seminario, que se define
to­do acompañamiento, y particular- como «coordinador de la dimensión
mente la dirección espiritual, debe espiritual» de la formación, de la que
abrazar todos los aspectos de la per- supone que es responsable integral
sonalidad del seminarista. todo el equipo formador, y de los otros
El resto del número refleja una posibles «directores designados por
amplia experiencia formativa que se el Obispo» (cf. RFIS, 136).
traduce en normas precisas: la elec- En el último párrafo se regula tam-
ción del director espiritual debe ser bién el aspecto de la celebración del
libre para cada seminarista entre los sacramento de la penitencia, para
designados por el Obispo (CIC, 239 el que se usa aquí el término «con-
§ 2), pero se acota esta libertad exi- fesión»: que haya otros confesores
giendo del seminarista sinceridad, ordinarios que se hagan presentes
confianza y docilidad (cf. las actitu- regularmente en el Seminario; que

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La dimensión espiritual (n. 108-109)

108*. Los ejercicios espirituales anuales40, tiempo de profunda re-


visión en el encuentro prolongado y orante con el Señor, vividos en un
clima de recogimiento y de silencio, deben tener continuidad, durante
el curso del año, en los retiros periódicos y en la oración cotidiana. De
esta forma, por la acción del Espíritu, se manifestará y se consolidará
gradualmente en el corazón del seminarista el deseo de gastar, con ge-
nerosidad, la propia vida en el ejercicio de la caridad pastoral.
109*. Emprendiendo el seguimiento del Maestro, con fe y libertad de
corazón, el seminarista aprende, del ejemplo de Cristo, a donar la «propia
voluntad por medio de la obediencia en el servicio a Dios y a los herma-
nos»41. La obediencia une a la sabiduría de Dios, que edifica la Iglesia e
indica a cada uno un puesto y una misión. Por tanto, corresponde a los
formadores educar a los seminaristas en una verdadera y madura obe-
diencia, ejerciendo la autoridad con prudencia y animándolos así a dar
asentimiento, también interior, con serenidad y sinceridad.

40. Cf. ibid., can. 246, § 5.


41. Presbyterorum ordinis, n. 15: AAS 58 (1966), 1014.

puedan los seminaristas confesarse poco se fija la periodicidad, si men-


con quien quieran; que es oportuno y sual, si en consonancia con los tiem-
provechoso que el confesor habitual pos litúrgicos, u otras), y la oración,
sea el propio director espiritual. que se supone referida a la individual,
No se indica aquí la conveniencia y que aquí se califica expresamente
de que el director espiritual resida en como «cotidiana». Se es­tá dejando
el Seminario, aunque se presupone la puerta abierta para concretar estos
puesto que al hablar de los agentes detalles en el proyecto formativo de
se le considera como parte del equi- cada Seminario.
po formador y de este se afirma que
debe residir en el Seminario y dedi- 109. Se define la obediencia como
carse a tiempo completo (cf. RFIS, un aspecto del seguimiento de Cristo
49. 132.133.136). y de sus ejemplos, que en fe y libertad
pone su voluntad al servicio de Dios y
108. Como medios y ayudas que de los hermanos. El presbítero, a tra-
gradualmen­te manifiesten y consoli- vés de la obediencia, se confía a la
den el deseo de gastarse y desgas­ sabiduría de Dios en su proyecto de
tar la propia vida «en el ejercicio de edificar la Iglesia mediante la colabo-
la caridad pastoral», se enumeran en ración de todos y cada uno ordenada-
particular los ejercicios espirituales mente, es decir, según los diferentes
anuales (no se determina el método, dones, funciones y misiones.
si ignaciano o de otro tipo), los retiros El modo de ejercer la autoridad por
que han de ser periódicos (pero tam- parte de los formadores es el medio

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Dimensiones de la formación

110*. El consejo evangélico de la castidad desarrolla la madurez de la


persona, haciéndola capaz de vivir la realidad del propio cuerpo y de la
propia afectividad desde la lógica del don. Esta virtud «determina todas
las relaciones humanas y lleva a experimentar y manifestar […] un amor
sincero, humano, fraterno, personal y capaz de sacrificios, siguiendo el
ejemplo de Cristo, con todos y con cada uno»42.
Como signo de esta entrega total a Dios y al prójimo, la Iglesia Latina
considera especialmente conveniente para el sacerdocio la continencia
perfecta en el celibato por el Reino de los Cielos43. Arraigados en Cristo
Esposo y totalmente consagrados al servicio del Pueblo de Dios en el ce-
libato, los presbíteros «se unen más fácilmente [a Cristo] con un corazón
no dividido, […] se dedican más libremente al servicio de Dios y de los
hombres […] y así se hacen más aptos para aceptar en Cristo una pater-

42. Pastores dabo vobis, n. 50: AAS 84 (1992), 746.


43. Cf. Presbyterorum ordinis, n. 16: AAS 58 (1966), 1015-1017; CIC, can. 247, § 1.

pedagógico más adecuado para edu- ténticamente humano, fraterno, per-


car en una obediencia verdadera y sonal y sacrificado con todos y cada
madura, para una adhesión serena uno. Esta perspectiva antropológica
y sincera a sus indicaciones, sugeren- y teológico-espiritual se enriquece y
cias o mandatos, y por lo mismo, a los completa en otros lugares de la Ratio,
de la Iglesia en el ejercicio futuro del que habrá que tener en cuenta para
ministerio presbiteral corresponsable clarificar y centrar el proceso formati-
y colegial. Con ello se marca una exi- vo para el celibato sacerdotal que ten-
gencia al equipo formativo en torno al ga siempre en cuenta la integración
uso adecuado de la autoridad. positiva y dinámica de la afectividad y
la sexualidad y no exclusivamente en
110. Este artículo trata de la casti- el control de los impulsos (cf. RFIS,
dad y el celibato. Comienza interpre- 21.41.52.62.63.68-69).
tando la castidad desde la clave de El resto del número explica la cas-
los consejos evangélicos, común a to- tidad celibataria, propia del ministerio
dos los creyentes. Después, subraya presbiteral en la Iglesia de rito latino.
positivamente el sentido y función de Se resalta su valor de «signo de en-
la castidad en la maduración de toda trega total a Dios y al prójimo». Se
persona: regula la gestión de la vida reafirma la especial conveniencia o
afectiva y de la sexualidad, represen- sintonía de la continencia perfecta en
tada en el cuerpo, «desde la lógica del el celibato por el reino de los cielos»
don». Finalmente, pone en evidencia argumentando una larga convergen-
que la vivencia de la castidad se tra- cia de motivos: el arraigo en el Cristo
duce en relaciones interpersonales Esposo, del que el ministerio presbi-
de calidad guiadas por un amor au- teral es signo sacramental y que tra-

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La dimensión espiritual (n. 110)

nidad más amplia»44. Aquellos que se preparan al sacerdocio reconozcan


y acepten el celibato como un especial don de Dios. En una correcta
educación de la afectividad, entendida como un camino para la plenitud
del amor, «la castidad celibataria no es tanto un tributo que se paga al
Señor, cuanto sobre todo un don recibido de su misericordia. La persona
que entra en este estado de vida debe ser consciente que no se asume
solo una carga, sino que se recibe, sobre todo, una gracia liberadora»45.
Para que la opción por el celibato sea verdaderamente libre es nece-
sario que los seminaristas puedan comprender, a la luz de la fe, la fuerza

44. Presbyterorum ordinis, n. 16: AAS 58 (1966), 1015-1016.


45. Orientaciones educativas para la formación al celibato sacerdotal, n. 16; n. 58: «Los
seminaristas sean guiados para descubrir la teología de la castidad, señalando las relaciones
que se dan entre la práctica de esta virtud y todas las grandes verdades del cristianismo.
Muéstrese la fecundidad apostólica de la virginidad consagrada, haciendo notar que toda
experiencia de bien o de mal va a modificar en sentido positivo o negativo nuestro ser, nuestra
personalidad y, consiguientemente, también nuestra acción apostólica».

duce de otra forma los términos más monial y la consecuente valoración


habituales del documento como confi- de las demás formas de vida.
guración o conformación con el Cristo Se advierte de la gravedad de
Cabeza, Siervo y Pastor; la «consa- admitir a la ordenación a quienes no
gración» plena al servicio del pueblo hayan madurado una «afectividad
de Dios; la mayor aptitud para reali- serena y libre, fiel en la castidad ce-
zar existencialmente una «paternidad libataria», y no fruto de un mero «es-
más amplia», en la línea del decreto fuerzo de la voluntad». El proceso y
Presbyterorum Ordinis (PO, 16). condiciones de esta maduración se
El documento acentúa el carácter han indicado al hablar de la dimensión
de don o carisma de la castidad en el humana (RFIS, 94-95) y en el capítulo
celibato, entendiéndola como gracia II al describir la identidad y configura-
liberadora que se recibe, reconoce y ción con Cristo Pastor (cf. RFIS, 30-
agradece. Además considera positi- 33.35.39). Un proceso serio orientado
vamente el carisma propio de la vida a la maduración afectiva debe formar
célibe, corrigiendo así la opinión ha- parte del proyecto formativo.
bitual de que es una imposición de la El extenso número concluye con
Iglesia o una condición para recibir el una oportuna referencia a que se ten-
ministerio, y que se asume como una gan en cuenta las «normas y costum-
carga. Esta visión errónea fue desau- bres de las Iglesias orientales» en los
torizada por la Pastores dabo vobis casos, cada vez más frecuentes, de
(PDV, 29). Se indica a continuación la seminaristas de esas Iglesias que se
conveniencia de que la opción por el forman en Seminarios de la Iglesia
celibato se complemente pedagógi- latina y que pueden haber optado por
camente a través de un conocimiento el matrimonio antes de la ordenación
real y profundo de la castidad matri- presbiteral.

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Dimensiones de la formación

evangélica de este don46 y, al mismo tiempo, estimar rectamente los


valores del estado matrimonial: «Matrimonio y celibato son dos estados
de vida auténticamente cristiana. Ambos son modos relación específica
de la vocación cristiana»47.
Sería gravemente imprudente admitir al sacramento del Orden a un
seminarista que no hubiese madurado una afectividad serena y libre, fiel
en la castidad celibataria, a través del ejercicio de las virtudes humanas
y sacerdotales, entendida como apertura a la acción de la gracia y no
sólo como esfuerzo de la voluntad.
En el caso de la admisión de seminaristas de las Iglesias orientales
católicas en los Seminarios latinos, en lo que se refiere a su formación
para el celibato o para el matrimonio se observen las normas y costum-
bres de las respectivas Iglesias orientales48.
111*. Los seminaristas cultiven el espíritu de pobreza49. Sean forma-
dos en la imitación del corazón de Cristo que, «siendo rico, se ha hecho
pobre» (2 Cor 8, 9) para enriquecernos. Procuren adquirir la verdadera

46. Pastores dabo vobis, n. 29: AAS 84 (1992), 704: «Es particularmente importante que
el sacerdote comprenda la motivación teológica de la ley eclesiástica sobre el celibato. En
cuanto ley, ella expresa la voluntad de la Iglesia, antes aún que la voluntad que el sujeto ma-
nifiesta con su disponibilidad. Pero esta voluntad de la Iglesia encuentra su motivación última
en la «relación que el celibato tiene con la ordenación sagrada», que configura al sacerdote
con Jesucristo, Cabeza y Esposo de la Iglesia. La Iglesia, como Esposa de Jesucristo, desea
ser amada por el sacerdote de modo total y exclusivo como Jesucristo, Cabeza y Esposo, la
ha amado. Por eso el celibato sacerdotal es un don de sí mismo en y con Cristo a su Iglesia y
expresa el servicio del sacerdote a la Iglesia en y con el Señor».
47. Orientaciones educativas para la formación al celibato sacerdotal, n. 6.
48. Cf. CCEO, cáns. 343 y 373-375.
49. Cf. Presbyterorum ordinis, n. 17: AAS 58 (1966), 1017-1018; cf. también Evangelii
gaudium, n. 198: AAS 105 (2013), 1103; Francisco, Discurso a los seminaristas, a los novicios
y a las novicias provenientes de varias partes del mundo con ocasión del Año de la Fe (6 de
julio de 2013): Enseñanzas I/2 (2013), 9.

111. Este artículo aborda lar­ga y Mc 6, 8-9); la solicitud y solidaridad


razonadamente el cultivo y la forma- con los pobres y débiles».
ción en y para el espíritu de pobreza, Como concreciones, se pide a
e incluye una exhortación a practicar- los seminaristas una generosa y vo-
la. Se aducen co­mo motivos: la imi- luntaria renuncia a lo superfluo; una
tación del corazón de Cristo, que se vida sencilla y austera, de modo que
hizo pobre para enriquecer a todos puedan convertirse en promotores
(2 Cor 8, 9); la libertad y docilidad de de verdadera justicia social. Se inclu-
los hijos de Dios para vivir una «justa ye en esta concreción y en nota que
relación con los bienes terrenos; asu- remite a Pastores davo vobis, «la
mir el estilo de vida de los apóstoles disponibilidad para ser enviados allí
de no llevar nada para el camino (cf. donde sean más necesarios».

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La dimensión espiritual (n. 112)

libertad y docilidad de los hijos de Dios, alcanzando el dominio espiritual


que se requiere para conseguir una justa relación con el mundo y con
los bienes terrenos50; asuman de tal manera el estilo de los Apóstoles,
enviados por Cristo a confiar en la Providencia, «sin llevar nada para
el viaje» (cf. Mc 6, 8-9). Lleven en el corazón, especialmente a los más
pobres y débiles y, una vez habituados a una generosa y voluntaria re-
nuncia a cuanto no es necesario, den testimonio de pobreza, a través de
la simplicidad y la austeridad de vida51, para que lleguen a ser sinceros
y creíbles promotores de una verdadera justicia social52.
112*. Los seminaristas sean invitados a cultivar una auténtica y filial
devoción a la Virgen María53, sea a través de su memoria en la liturgia
como en la piedad popular, concretamente con el rezo del Rosario e del
Angelus Domini, considerando el hecho de que «cada aspecto de la
formación sacerdotal puede referirse a María como la persona humana
que mejor que nadie, ha correspondido a la vocación de Dios; que se ha
hecho sierva y discípula de la Palabra, hasta concebir en su corazón y
en su carne al Verbo hecho hombre para darlo a la humanidad»54.

50. Pastores dabo vobis, n. 30: AAS 84 (1992), 706: «Sólo la pobreza asegura al sacer­
dote su disponibilidad a ser enviado allí donde su trabajo sea más útil y urgente, aunque
comporte sacrificio personal».
51. Cf. Ambrosio, De officiis ministrorum, II, 28: PL 16, 139-142.
52. Cf. Pastores dabo vobis, n. 30: AAS 84 (1992), 705-707.
53. Cf. CIC, can. 246, § 3.
54. Pastores dabo vobis, n. 82: AAS 84 (1992), 802.

112. Como parte de la formación Se recoge también una adverten-


espiritual se contempla también «el cia a «no olvidar» la devoción a los
cultivo de una auténtica y filial de­ santos, y especialmente a San José,
voción a la Virgen María». Esta devo- por su unión con María y Jesús y
ción se fundamenta en la condición el ejemplo de su humilde y maduro
de María de ser el mejor modelo de modo de servir a María y a la misión
persona que ha correspondido a la salvífica de Jesús.
voluntad de Dios y que se ha hecho No debería olvidarse en este con-
sierva y discípula de la Palabra, para texto en las Ratio nacionales el estí-
entregarla a la humanidad. Como mulo a conocer y venerar a los sacer-
medios y manifestaciones se señalan dotes de las respectivas diócesis que
en concreto: la celebración de su me- hayan sido modelos de ministerio
moria en el año litúrgico, la sintonía pastoral y más en concreto a los már-
con la piedad popular, y su expresión tires de las propias Iglesias diocesa-
en el rezo del Rosario y del Angelus, nas a las que están llamados a servir
sin concretar su frecuencia. los futuros presbíteros.

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Dimensiones de la formación

No se olvide, además, la importancia de una sincera devoción a los


Santos, entre los cuales San José, el esposo de María y patrono de la
Iglesia Universal, «llamado por Dios para servir directamente a la per-
sona y a la misión de Jesús, mediante el ejercicio de su paternidad»55.
Se proponga y dé a conocer esta devoción a los seminaristas, para que
tengan «siempre presente ante sus ojos su humilde y maduro modo de
servir, así como de ‘participar’ en la economía de la salvación»56.
113*. Como componente de la dimensión espiritual57, deberán incluir-
se el conocimiento y la meditación de los Padres de la Iglesia, testigos
de la vida milenaria del Pueblo de Dios. En los Padres, «el sentido de la
novedad de la vida cristiana se unía a la certeza de la fe. De esta unión
surgía en las comunidades cristianas de aquel tiempo una ‘vitalidad ex-
plosiva’, un fervor misionero, un clima de amor que inspiraba a las almas
al heroísmo de la vida cotidiana»58.
114*. Se promuevan y encuentren espacio tanto las prácticas devo-
cionales como algunas expresiones ligadas a la religiosidad o piedad po-
pular, sobre todo en las formas aprobadas por el Magisterio59; mediante

55. Juan pablo II, Exhortación apostólica Redemptoris custos (15 agosto 1989), n. 8: AAS
82 (1990), 14.
56. Ibid., n. 1: AAS 82 (1990), 6.
57. Cf. Optatam totius, n. 16: AAS 58 (1966), 723-724; Congregación para la Educación
Católica, Instrucción sobre el estudio de los Padres de la Iglesia en la formación sacerdotal
(10 de noviembre de 1989), n. 45.
58. Instrucción sobre el estudio de los Padres de la Iglesia en la formación sacerdotal, n. 44.
59. Cf. Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Directorio
sobre la religiosidad popular y litúrgica. Principios y orientaciones. (17 de diciembre de 2001),
nn. 61-64.

113. El documento señala breve- conocidas y practicadas también en


mente la importancia de la venera- el Seminario, «sobre todo en las for-
ción de los Padres de la Iglesia y del mas aprobadas por el Magisterio»
conocimiento de su doctrina, como como fuente también de una legítima
fuente de espiritualidad, resaltando y auténtica «espiritualidad popular»,
su testimonio de la vida milenaria que en el futuro tendrán que discer-
de la Iglesia, su profundización en la nir, orientar y acoger como parte de
vida y en la fe de la Iglesia, y la «vi- la labor apostólica. Cada Conferen-
talidad explosiva» que infundieron en cia Episcopal podría subrayar algu-
sus tiempos a la misión eclesial y al nas prácticas espirituales y rasgos
heroísmo de la vida de los cristianos. de la religiosidad popular propios de
la nación y de su cultura religiosa que
114. El texto hace un llamamiento conviene hacer presentes en los Se-
especial a que las prácticas devo- minarios. Algo similar corresponde a
cionales de la piedad popular sean cada diócesis.

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La dimensión intelectual (n. 116)

ellas los futuros presbíteros adquieran familiaridad con la «espiritualidad


popular», que deberán discernir, orientar y acoger, como expresión de la
caridad y para una mayor eficacia pastoral60.
115*. Para los que son llamados al sacerdocio y al ministerio pastoral,
es importante cuidar el progresivo desarrollo de algunas virtudes espe-
cíficas61: «la fidelidad, la coherencia, la sabiduría, la acogida de todos, la
afabilidad, la firmeza doctrinal en las cosas esenciales, la libertad sobre
los puntos de vista subjetivos, el desprendimiento personal, la paciencia,
el gusto por el esfuerzo diario, la confianza en la acción escondida de la
gracia, que se manifiesta en los sencillos y en los pobres»62; además,
para llegar a ser verdaderamente un Pastor según el Corazón de Jesús,
el sacerdote, «consciente de la misericordia inmerecida de Dios en la
propia vida y en la vida de sus hermanos, ha de cultivar las virtudes de
la humildad y la misericordia para con todo el pueblo de Dios, especial-
mente respecto de las personas que se sienten extrañas a la Iglesia»63.

d) La dimensión intelectual*
116*. La formación intelectual busca que los seminaristas obtengan
una sólida competencia en los ámbitos filosófico y teológico y una prepa-
ración cultural de carácter general, que les permita anunciar el mensaje

60. Cf. Pablo VI, Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de 1975), n.
48: AAS 68 (1976), 37-38; Evangelii gaudium, nn. 122-126: AAS 105 (2013), 1071-1073.
61. Cf. CIC, cáns. 244-245, § 1.
62. Pastores dabo vobis, n. 26: AAS 84 (1992), 700.
63. Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, n. 46.

115. En el último número dedicado estos tres artículos sobre la «dimen-


a la dimensión espiritual, se recoge, sión intelectual» no se aborda este as-
como síntesis, una serie de virtudes pecto, sino que se subraya, ante todo,
humanas y espirituales tomadas del la relación orgánica que existe entre
Código de Derecho Canónico (c. 244- esta dimensión de la formación y las
245) y de Pastores dabo vobis (n. 26), demás. Al comienzo del capítulo dedi-
«para llegar a ser un pastor según el cado a la integración de las dimensio-
corazón de Jesús», en la humildad y nes de la formación se ha dicho que
la misericordia para con todo el pue- estas interactúan (RFIS, 89). Es esta
blo de Dios y en especial para con los interacción la que tratan de precisar y
extraños a la Iglesia (Directorio, 46). comentar estos tres números.

116-118. La Ratio dedica un ca- 116. En primer lugar, se precisa


pítulo a la «organización de los estu- cuál es la finalidad de la formación in-
dios» (RFIS, 153-187). Por tanto, en telectual, mencionando dos habilida-

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Dimensiones de la formación

evangélico de modo creíble y comprensible al hombre de hoy, entrar


eficazmente en diálogo con el mundo contemporáneo y sostener, con la
luz de la razón, la verdad de la fe, mostrando su belleza.
Con dedicación diligente, los candidatos al presbiterado deberán pre-
pararse, a través de la profundización en las ciencias filosóficas y teoló-
gicas, con una buena introducción al derecho canónico y a las ciencias
sociales e históricas, a «dar razón de la esperanza» (cf. 1 Pe 3, 15), para
favorecer el conocimiento de la Revelación de Dios y conducir a todas
las gentes a la obediencia de la fe (cf. Rm 16, 26).
La razón, abierta al misterio de Dios y orientada hacia Él, permite
una acogida sólida de la Revelación, favorece la profundización de sus
contenidos y ofrece los instrumentos y el lenguaje para anunciarla al
mundo. Como ha afirmado el Concilio Vaticano II, el conocimiento fi-
losófico y teológico ayuda a «auscultar, discernir e interpretar, con la
ayuda del Espíritu Santo, los diferentes lenguajes de nuestro tiempo y
juzgarlos a la luz de la palabra divina, para que la Verdad revelada pueda
ser percibida más completamente, comprendida mejor y expresada más
adecuadamente»64.

64. Gaudium et spes, n. 44: AAS 58 (1966), 1065.

des que deberán adquirir los semina- de la dimensión intelectual. Es­te fun-
ristas. La finalidad es doble: «anunciar damento no es otro que la naturaleza
el mensaje evangélico de modo creí- propia de la Revelación, en la cual
ble» y «entrar eficazmente en diálogo Dios se nos da a conocer tal como es,
con el mundo contemporáneo». Para abriendo así un camino para que po-
alcanzar estos objetivos, la formación damos acceder a él (DV, 2). Manifes-
intelectual deberá promover dos ha- tación de Dios (teología) y búsqueda
bilidades en los seminaristas: por un del hombre (filosofía) son el funda-
lado, un conocimiento suficiente de mento del diálogo entre la Revelación
la filosofía y la teología; y, por otro, la y la razón sobre la que se asienta la
conveniente preparación cultural. El formación intelectual. Esta formación,
segundo párrafo reitera esta finalidad sin embargo, no se llevará a cabo si
y se centra en la disposición que han los seminaristas no descubren su im-
de tener los seminaristas: «una dedi- portancia y se deciden a dedicarse
cación diligente». El tercero, en fin, diligentemente a ella durante el pe-
subraya la primacía de los estudios riodo de la formación inicial. Por eso,
filosóficos y teológicos, que propician motivar a los seminaristas para que
un diálogo entre la fe y la razón. afronten los estudios eclesiásticos
Los tres párrafos de este número con esta actitud es una tarea clave
pueden leerse en sentido inverso, co- en el proceso de formación. Un estí-
locando en primer lugar el fundamen­to mulo importante para alimentar este

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La dimensión intelectual (n. 117)

117*. La formación intelectual es parte de la formación integral del


presbítero; está al servicio del ministerio pastoral e incide también en la
formación humana y espiritual, en la que encuentra un alimento prove-
choso. Esto significa que el desarrollo de todas las facultades y dimen-
siones de la persona, incluida la racional, con el vasto campo de cono-
cimientos adquiridos, contribuye al desarrollo del presbítero, siervo y
testigo de la Palabra en la Iglesia y en el mundo. Lejos de ser relegada al
ámbito de los conocimientos o de ser entendida solo como instrumento
para recibir más informaciones sobre las distintas disciplinas, la dimen-
sión intelectual acompaña a los presbíteros para que se dispongan a
una escucha profunda de la Palabra, y también de la comunidad eclesial,
para aprender a escrutar los signos de los tiempos.

estudio lo encontrarán en la meta que dades de formación, la preparación


pretenden alcanzar, la cual no es otra intelectual de los futuros presbíteros
que capacitarlos para la tarea pasto- debe realizarse con seriedad y rigor,
ral (anunciar el mensaje) y para la mi- con dedicación y esfuerzo. Solo así
sión (diálogo con el mundo). podrán luego ser testigos creíbles de
la Palabra de Dios en el mundo.
117. Establecido el marco en que Las frases finales de este núme-
se sitúa la formación intelectual, la ro señalan atinadamente que el es-
Ratio pasa a describir su función den- tudio de la filosofía y, sobre todo, de
tro del proyecto de formación integral la teología no es una pura actividad
de los candidatos al ministerio. Aun- racional, sino que debe realizarse en
que esta formación contempla cuatro un clima de escucha de la Palabra de
dimensiones, se insiste en que no es­ Dios, dentro de la comunidad eclesial
tán desconectadas entre sí, sino que y en atenta escucha a los signos de
todas deben coordinarse y orientarse los tiempos. Estas actitudes reque-
al futuro ministerio pastoral. También ridas para los estudios eclesiásticos
la formación intelectual debe orien- tienen su origen, en gran medida, en
tarse a este fin, lo cual no significa el objeto mismo de su conocimien-
rebajar el nivel de dicha formación, ni to. Cada realidad pide ser conocida
tampoco considerarla secundaria o de un modo que sea coherente con
de menor importancia. De hecho, du- su forma de donación. El objeto de
rante los años de la formación inicial, la teología es la revelación de Dios
los seminaristas dedican la mayor en Jesucristo, la cual solo puede ser
parte de su tiempo a la capacitación plenamente conocida en el ámbito
intelectual, lo mismo que otros jóve- de la fe. Por eso, la definición clási-
nes de su edad que se preparan para ca de San Anselmo –fides quaerens
realizar diversos servicios en la so- intellectum– sitúa la fe en el punto de
ciedad. En un mundo cada vez mejor partida, y la comprensión de la Reve-
informado y con crecientes oportuni- lación como fin propio de la teología.

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Dimensiones de la formación

118*. El estudio profundo y orgánico de la filosofía y de la teología es


el instrumento más apto para la adquisición de aquella forma mentis que
permite afrontar las preguntas y los retos que se presentan en el ejerci-
cio del ministerio, interpretándolas desde una óptica de fe. Por un lado,
es necesario garantizar una sólida y adecuada calidad de la formación
intelectual; por otro lado, conviene recordar que el cumplimiento de las
obligaciones relativas a los estudios no puede ser el único criterio para
determinar la duración del iter formativo del candidato al sacerdocio,
desde el momento en que el estudio, si bien es importante, representa
sólo un aspecto, ciertamente no secundario, de la formación integral,
con vistas al presbiterado. Corresponde a cada Ratio nationalis ampliar
los elementos esenciales de la formación intelectual, expuestos en esta
Ratio Fundamentalis, teniendo en cuenta las características históricas y
culturales de cada país.

118. Este último número se centra «el estudio, si bien es importante, re-
en los resultados que debe perseguir presenta solo un aspecto» de la for-
la formación intelectual, sobre todo el mación. Conviene entender correcta-
estudio de la filosofía y de la teología. mente esta última afirmación. Resulta
Esta formación, en efecto, debe per- evidente que los estudios constituyen
mitir al seminarista «afrontar las pre- tan solo un aspecto de la formación,
guntas y los retos que se presentan pero los seminaristas dedican a ello
en el ejercicio del ministerio, inter- la mayor parte de su tiempo y, en
pretándolas desde una óptica de fe». ese sentido, la dimensión intelectual
Para ello, se señala, «es necesario aparece como un terreno apropiado
garantizar una sólida y adecuada ca- para demostrar que van adquiriendo
lidad de la formación intelectual». Es- las cualidades de responsabilidad y
tas afirmaciones vienen a corroborar de laboriosidad que requerirá de ellos
lo que ya se ha dicho en los números el futuro ministerio pastoral. En este
precedentes. sentido, la buena realización de los
Sin embargo, a renglón seguido estudios, la forma en que se afrontan
se introduce una precisión («por otro y también los resultados que se ob-
lado…») que puede inducir a relativi- tienen en ellos constituyen un criterio
zar esta importancia. Se señala, con objetivo de discernimiento. Por esta
toda la razón, que «el cumplimiento razón, uno de los requisitos que se
de las obligaciones relativas a los es- señalan pa­ra recibir las órdenes es
tudios no puede ser el único criterio haber completado el Ordo studiorum
para determinar la duración del iter prescrito por la Congregación para el
formativo», pero luego se añade que Clero (RFIS, 208).

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La dimensión pastoral (n. 119)

e) La dimensión pastoral*
119*. Ya que la finalidad del Seminario es la de preparar a los semi-
naristas para ser pastores a imagen de Cristo, la formación sacerdotal
debe estar impregnada de un espíritu pastoral, que los haga capaces de
sentir la misma compasión, generosidad y amor por todos, especialmen-
te por los pobres, y la premura por la causa del Reino, que caracterizaron
el ministerio público del Hijo de Dios; actitudes que se pueden sintetizar
en la caridad pastoral.

119-124. En sintonía con el espíri- conscientes de que ingresar en el


tu del Vaticano II y con la Ratio prece- Seminario significa para el candidato
dente, la nueva Ratio confirma la fina- iniciarse en un itinerario formativo de
lidad de la institución del Seminario: conversión, que implica la totalidad
formar pastores (cf. RFIS, 119). Por de la persona, y tiene como finalidad
este motivo, esencial de la naturaleza que el seminarista se deje modelar
del Seminario, la Ratio insiste en que por el ejemplo del Buen Pastor purifi-
toda la formación sacerdotal ha de es- cando aquellos elementos presentes
tar orientada a formar en el candidato en su persona que puedan obstaculi-
la identidad de pastor, según el mode- zar este proceso de configuración.
lo del Buen Pastor, Cristo Jesús. De acuerdo con la Ratio, este iti-
Debido a esto, al reservar un apar- nerario ha de posibilitarse mediante
tado a lo específico pastoral, en el un movimiento pedagógico unificado
que toma esta como una dimensión, que conjunte la formación para el ser y
no pretende ofrecer un recetario de para el quehacer pastoral en un único
medios pedagógicos que todos los proceso formativo. Afirma que la for-
responsables de la formación deben mación proporcionada para tal fin ha
poner en práctica para obtener como de ofrecer al seminarista la posibilidad
resultado un «pastor perfecto». Con de conjugar de manera consciente, li-
este apartado pretende, más bien, bre y responsable, la formación de su
ofrecer un tratamiento más específi- persona con la capacitación para el
co de algunas cualidades de las que quehacer pastoral. Solo de este modo
debe dotarse a los candidatos a ser el seminarista, con la asistencia y los
pastores del Pueblo de Dios, así como auxilios de la gracia, puede asumir el
de algunos principios pastorales, de itinerario pedagógico ininterrumpido
carácter aclaratorio, que conviene te- del seguimiento de Cristo Jesús, para
ner en cuenta en el acompañamiento comprender y vivir su existencia como
vocacional y en la formación de los servicio al pastoreo del Buen Pastor
candidatos al ministerio. en sus hermanos, especialmente de
aquellos que se encuentran afecta-
119. Desde el primer momento la dos por las pobrezas existenciales.
Ratio se esfuerza para que todos los El seminarista ha de compren-
responsables de la formación sean derse como extensión del ministerio

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Dimensiones de la formación

Sin embargo, se debe ofrecer una formación de carácter específica-


mente pastoral65, que ayude al seminarista a adquirir la libertad interior
necesaria para vivir el apostolado como servicio, capacitándolo para
descubrir la acción de Dios en el corazón y en la vida de los hombres.
Vivida así, la actividad pastoral se configura en el ministro ordenado
como una permanente escuela de evangelización. Durante este tiempo,
el seminarista comenzará a ejercer las funciones de guía de un grupo y
a estar presente como hombre de comunión, mediante la escucha y el
cuidadoso discernimiento de la realidad, cooperando con otros y promo-
viendo la ministerialidad. De modo particular, los seminaristas deben ser
debidamente educados para colaborar con los diáconos permanentes y
el laicado, valorando su aporte específico. También es necesario que los
candidatos al ministerio presbiteral reciban una conveniente formación
sobre la naturaleza evangélica de la vida consagrada en sus múltiples
expresiones, sobre su carisma propio y sobre los aspectos canónicos,
con vistas a una fructuosa colaboración.
120*. La vocación a ser pastores del Pueblo de Dios exige una for-
mación que haga a los futuros sacerdotes expertos en el arte del dis-
cernimiento pastoral, esto es, capaces de una escucha profunda de las

65. Pastores dabo vobis, n. 58: AAS 84 (1992), 759-760: «El proyecto educativo del
seminario se encarga de una verdadera y propia iniciación en la sensibilidad del pastor,
para asumir de manera consciente y madura sus responsabilidades, en el hábito interior de
valorar los problemas y establecer las prioridades y los medios de solución, fundados siem-
pre en claras motivaciones de fe y según las exigencias teológicas de la pastoral misma»;
cf. CIC, can. 258.

del Buen Pastor, de modo que ha de La Ratio, haciéndose eco de los


aprender a evitar los protagonismos documentos precedentes del Magis-
que contrariarían y obstaculizan su terio, afirma que la caridad pastoral
presencia y ministerio de hombre de sintetiza las motivaciones, afectos y
comunión. En este sentido, la Ratio aptitudes que debe poseer un pastor.
exhorta a educar a los seminaristas Además, insiste en la relación y co-
en la capacidad de vivir y trabajar de nocimiento del laicado, el diaconado
forma corresponsable; o sea, a traba- permanente y la vida consagrada, pa­
jar junto a otros, no so­lo respetando ra una justa valoración de su identi-
los carismas y ministerios que el Es- dad y entidad eclesial, y para poder
píritu suscita en la Iglesia, sino coad- coordinar el trabajo pastoral conjunto.
yuvando en la labor del Espíritu a que
todos los miembros de las comunida- 120. En este artículo la Ratio pre-
des eclesiales descubran sus dones y senta dos cualidades propias del
carismas, y su lugar en el servicio a la presbítero íntimamente relacionadas:
edificación de la Iglesia. el discernimiento pastoral y la escu-

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La dimensión pastoral (n. 120)

situaciones reales y de un buen juicio en las opciones y las decisiones.


Para practicar el discernimiento pastoral, conviene poner en el centro el
estilo evangélico de la escucha, que libera al pastor de la tentación de
la abstracción, el protagonismo, la excesiva seguridad de sí mismo y
de esa frialdad, que haría de él «un profesional del Espíritu», en vez de
«un buen samaritano»66. Quien se pone a la escucha de Dios y de los
hermanos sabe que es el Espíritu quien guía a la Iglesia hacia la verdad
completa (cf. Jn 16, 13), y que esta, en coherencia con el misterio de la
Encarnación, germina lentamente en la vida real del hombre y en los
signos de la historia.
Así, el pastor aprende a salir de las propias certezas preconcebidas
y no concebirá el propio ministerio como un conjunto de cosas por hacer
o de normas por aplicar, sino que hará de la propia vida el «lugar» para
una escucha acogedora de Dios y de los hermanos67.
En la escucha atenta, respetuosa y libre de prejuicios, el pastor llegará
a ser capaz de hacer una lectura profunda de la realidad, sin juzgar la vida
de los otros, entrando en el corazón de las personas y en los contextos
vitales que las caracterizan, sobre todo en los obstáculos internos y ex-

66. Cf. Evangelii gaudium, n. 33: AAS 105 (2013), 1034; Francisco, Homilía para el Jubileo
de los sacerdotes y de los seminaristas (3 de junio de 2016): L’Osservatore Romano 126 (4
de junio de 2016), 8.
67. Id., Angelus (17 de julio de 2016): L’Osservatore Romano 163 (18-19 de julio de
2016), 1: «Al huésped no se le sirve, nutre y atiende de cualquier manera. Es necesario,
sobre todo, que se le escuche […] Porque al huésped se le acoge como persona, con su
historia, su corazón rico de sentimientos y pensamientos, de modo que pueda sentirse ver-
daderamente en familia».

cha, a la que califica de evangélica. y solitario. Por otra parte, supone en el


¿Qué ha querido decir el documento pastor una vida espiritual fuerte, al es-
con escucha evangélica o el estilo tilo del profeta del Reino, Cristo Jesús
evangélico de la escucha? El propio «el buen samaritano»; y, a la vez, que
documento responde a la pregunta: la tenga un amplio conocimiento de las
escucha evangélica es aquella cuali- corrientes espirituales y pseudo-espi-
dad de atención deferente a una per- rituales que campean entre la gente, y
sona humana en su contexto, que se que proponen soteriologías parciales
hace con la totalidad de los sentidos, fundadas en antropologías también
afecto y voluntad, y libre de prejuicios parciales. La espiritualidad cristiana
de todo orden, sin manuales ni rece- está fundada en el Hombre Cristo
tarios abstractos y universales. Jesús, en su experiencia de relación
Estas cualidades suponen que el unitiva con el Padre y en su docilidad
pastor es un hombre de Dios, un cris- al Espíritu Santo, de ahí que sea una
tiano y un hijo de la Iglesia y que, por lo espiritualidad soteriológica del hom-
tanto, no es un líder espiritual experto bre entero, y que alcanza a este por

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Dimensiones de la formación

ternos, que a veces hacen problemática la existencia. El pastor tendrá la


capacidad de interpretar, con sabiduría y comprensión, los condiciona-
mientos de cualquier tipo, en los que las personas se mueven, aprendien-
do a proponer opciones espirituales y pastorales alcanzables, atento a la
vida de los fieles y al ambiente socio-cultural que les rodea.
La mirada del Buen Pastor, que busca, acompaña y guía a sus ovejas,
lo conducirá a una visión prudente y compasiva; el pastor realizará su
ministerio en un estilo de acogida serena y de acompañamiento vigilante
de todas las situaciones, incluso de las más complejas, mostrando la
belleza y las exigencias de la verdad evangélica, sin caer en obsesiones
legalistas y rigoristas. De esta manera, sabrá proponer procesos de fe
a través de pequeños pasos, que puedan ser más apreciados y mejor
acogidos. Él llegará a ser así signo de misericordia y de compasión,
dando testimonio del rostro materno de la Iglesia que, sin renunciar a
las exigencias de la verdad evangélica, evita transformarlas en cargas
excesivas, optando por guiar con compasión e incluir a todos.
121*. Siendo también los no practicantes, los no creyentes y quienes
profesan otra religión, destinatarios de la atención pastoral, los semina-
ristas deben aprender a entrar en diálogo con todos los hombres y a
anunciarles el Evangelio de Cristo, comprendiendo sus anhelos más pro-
fundos y respetando la libertad de cada uno. Los formadores, por tanto,
enseñen a los futuros pastores cómo crear nuevos «espacios» y nuevas
oportunidades pastorales, para salir al encuentro de quienes no com-

la Palabra y el Espíritu [sacramento] rizada por la comunicación, la movili-


en su estado histórico concreto. dad de las personas y el intercambio
El documento continúa exponien- cultural y religioso, es fundamental
do algunas cualidades anejas al dis- que los futuros pastores del Pueblo
cernimiento pastoral y a la escucha de Dios adquieran un conocimiento
evangélica, en las que se percibe cada vez más amplio de las distin-
el deseo de recobrar para el minis- tas religiones y de sus doctrinas. El
terio pastoral dos rasgos del hom- conocimiento de las otras religiones
bre de Dios: el de mistagogo y el de abre la posibilidad al el encuentro y
signo-mediación de la misericordia y a la colaboración con las personas
la compasión del Padre. que las profesan, parte importante
de la pastoral de la Iglesia. En este
121. Este artículo trata de la ca- sentido, resulta indispensable que el
pacitación del seminarista para las seminarista evite el riesgo de hacer
relaciones de convivencia con los no de la fe de la Iglesia una ideología,
creyentes y con los que profesan otro que lo conduzca a fanatismos y fun-
credo. En la sociedad actual, caracte- damentalismos.

138

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La dimensión pastoral (n. 122-123)

parten plenamente la fe católica, pero buscan, con buena voluntad, una


respuesta consistente y auténtica a sus interrogantes más profundos.
122*. Una sólida formación pastoral exige no solo el ejercicio de ac-
tividades de carácter apostólico, sino también el estudio de la teología
pastoral, la cual contará, cuando sea necesario, con la valiosa contribu-
ción de las ciencias humanas, especialmente de la psicología, la peda-
gogía y la sociología.
123*. En este esfuerzo por alcanzar la «estatura» y la impronta pas-
toral para la misión, será de gran ayuda y estímulo el ejemplo de los
sacerdotes que han precedido a los candidatos en el ministerio –tam-
bién los ya ancianos– y de los pastores que guían las Diócesis, además
de los Obispos eméritos; se tratará así de dar a conocer y de apreciar
la «tradición pastoral» de la Iglesia local en la que serán incardinados
o ejercitarán el ministerio, con el fin de facilitar su futura inserción en la
vida pastoral.

122. La Ratio insiste en que, para Teología en las que está ausente. Se
la formación pastoral, no basta la ad- la tiene como disciplina reservada a
quisición de un conjunto de habilida- impartir en los Seminarios, donde se
des mediante la ejecución de unas forman los «pastores de almas», es
prácticas pastorales, sino que es pre- decir, aquellos que serán párrocos.
ciso, además, que los seminaristas El discernimiento pastoral, el es-
adquieran el conocimiento de la Teo- tudio de la teología pastoral y las ex-
logía pastoral y de aquellas ciencias periencias apostólicas que son parte
humanas que puedan prestarles un de la formación, bien combinados,
auxilio en el cada vez más exigente dan su justo lugar a la preparación
trabajo pastoral. específicamente pastoral de los futu-
El texto reconoce explícitamente ros presbíteros.
el lugar y la importancia de la Teología
pastoral, relativamente nueva como 123. Aparecen en este artículo
disciplina teológica. Esta disciplina no dos temas distintos. Por una parte,
ha logrado adquirir valía, peso espe- se refiere a la tradición pastoral de la
cífico y propio, en el conjunto del es- Iglesia particular. Este es un concep-
tudio de la Teología. Con frecuencia to interesante, poco usado en los do-
se la tiene como un recetario de prác- cumentos del Magisterio. Expresa el
ticas pastorales a aplicar, y se la es- sentido colegial de la responsabilidad
tudia como una disciplina de carácter pastoral y a la vez la valoración de la
técnico que ha de enseñar a elaborar trayectoria pastoral de cada diócesis,
la programación pastoral. Para con- con sus características peculiares.
firmar estas afirmaciones que hace- Evidentemente el ministerio pastoral
mos, basta con revisar los programas no se ejerce de la misma manera en
de estudios de algunas Facultades de una diócesis que en otra. Esta reali-

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Dimensiones de la formación

Los seminaristas sean animados de un espíritu auténticamente cató-


lico, amando sinceramente la propia Diócesis y estén dispuestos, si en
un futuro se les pidiese o ellos mismos lo desearan, a ponerse al servicio
específico de la Iglesia Universal o de otras Iglesias particulares, con
generosidad y entrega68.
124*. Según el prudente juicio de los Obispos, se introduzcan algunas
experiencias de apostolado, durante todo el tiempo de la formación, en
los momentos y modos más oportunos, especialmente durante los días y
períodos en que no hay clases. Se trata de experiencias indispensables
para la formación integral del sujeto, cuya oportunidad se de­be valorar
considerando la edad de los seminaristas y las diversas acti­tudes de
cada uno. Cada Seminario, actuando en sintonía y en estrecho contacto
con las otras instituciones diocesanas, defina la experien­cia de formación
pastoral, situándola en el curso del año, de modo que se evite el detrimen-

68. Cf. Evangelii gaudium, n. 273: AAS 105 (2013), 1130.

dad peculiar es la que justifica y exige tos apostólicos o aquellas pertene-


la elaboración de un proyecto forma- cientes a institutos de vida consa-
tivo en cada Seminario. grada. La vinculación al movimiento
Seguidamente, asoma un tema de de referencia o a la Institución ha de
importancia capital que, además, re- equilibrarse con el sentido de perte-
quiere de una formación exquisita y nencia a la Iglesia particular y con
cuidadosa: la asunción por parte del la disponibilidad universal. Efectiva-
candidato de la corresponsabilidad mente, los carismas de los movimien-
pastoral de toda Iglesia católica, en la tos e instituciones de vida consagra-
parte que corresponde al presbitera- da tienen su origen en una necesidad
do. Se trata de lograr que los semina- de la Iglesia y tienen pleno sentido
ristas adquieran el sano equilibrio en- cuando se ponen a su servicio, par-
tre la vinculación al presbiterio de una ticularmente tratándose de clérigos,
Iglesia particular y la disponibilidad que pueden estar más dispuestos a
para ponerse al servicio de regiones auxiliar a las Iglesias particulares que
o de Iglesias particulares pastoral- carecen de clero suficiente.
mente menos atendidas, así como de
la Iglesia universal. Tal prospectiva, 124. Este último artículo dedica-
bien enraizada en la realidad y al mis- do a la formación de la dimensión
mo tiempo abierta a la universalidad, pastoral se refiere a las experiencias
es un rasgo de la madurez requerida de apostolado que se programan en
para la ordenación sacerdotal. los Seminarios. Acota esta experien-
Se trata de un punto que conviene cia desde varios ángulos comple-
cuidar especialmente entre aquellas mentarios con el fin de garantizar el
vocaciones «nacidas» en movimien- equilibrio en la formación integral. El

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La dimensión pastoral (n. 124)

to de las otras actividades formativas. Se seleccionarán cuidadosamente


los ámbitos en los cuales los seminaristas realizarán su experiencia de
formación pastoral; de modo particular, «en la elección de los lugares y
servicios adecuados para la experiencia pastoral se debe prestar espe-
cial atención a la parroquia, célula vital de dichas experiencias sectoriales
y especializadas, en las que los candidatos se encontrarán frente a los
problemas inherentes a su futuro ministerio»69.
También se debe poner especial cuidado a la preparación de los
seminaristas en lo relativo a la modalidad específica del acompaña-
miento pastoral de los niños, los jóvenes, los enfermos, los ancianos,
las personas con diversas capacidades y cuantos viven situaciones de
soledad y pobreza70, tal vez debido a su condición de emigrantes71, y

69. Pastores dabo vobis, n. 58: AAS 84 (1992), 760.


70. Cf. Evangelii gaudium, n. 270: AAS 105 (2013), 1128.
71. Cf. Congregación para la Educación Católica, La pastoral de la movilidad humana en
la formación de los futuros sacerdotes (25 de enero de 1986).

primer acotamiento es la alusión a apostolado y a ampliar lo más posi-


«los períodos en que no hay clases», ble la perspectiva de los seminaristas
dando a entender que no son solo sobre la misión de la Iglesia y el sen-
para vacacionar, sino para progra- tido específico de la opción prioritaria
mar experiencias pastorales. Luego por los pobres. Por último, el texto
se refiere a las actividades apostóli- insiste en la importancia de que tales
cas durante el año, advirtiendo que experiencias sean cuidadosamente
se deben programar en comunión y acompañadas por personas «exper-
colaboración con el plan pastoral de tas y prudentes». Es llamativo que
la diócesis y que la dedicación de los en el elenco de esas personas se ha
seminaristas a las mismas no debe ir incluido a sacerdotes, personas con-
nunca en detrimento de otras activi- sagradas y laicos, reclamando una
dades formativas. Así el documento visión de la Iglesia que va más allá
postula un equilibrio entre el aprove- del ámbito presbiteral.
chamiento del tiempo de vacaciones Al concluir este artículo dedicado a
y la moderación de las actividades la formación pastoral, queda un sabor
apostólicas durante el curso. de boca que nos indica que hay mucho
Una nueva acotación mira a la se- por hacer y que existen deficiencias
lección de los ámbitos de apostolado. en esta dimensión que se deben co-
Conviene elegir los lugares y las per- rregir. El texto comenzó reconociendo
sonas que garanticen una verdadera el valor de la actividad pastoral, capaz
experiencia formativa, pues para eso de ayudar al seminarista a alcanzar la
son enviados los seminaristas. El tipo altura de Cristo, pero acota bien esta
de actividades seleccionadas ha de experiencia para garantizar que en
ayudar a comprender el sentido del verdad sea formativa.

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Dimensiones de la formación

de los encarcelados; se preste una atención especial al fundamental


campo de la pastoral familiar72.
Estas experiencias deber ser conducidas por sacerdotes, personas
consagradas y laicos expertos y prudentes, que asignen a cada semi-
narista una responsabilidad, instruyéndolo sobre el modo concreto de
actuar, y que estén presentes, en lo posible, durante el desarrollo de las
actividades, de modo que puedan aconsejar y animar oportunamente al
seminarista y ayudarlo a valorar el servicio realizado.

72. Cf. Id., Directrices sobre la formación de los seminaristas acerca de los problemas
relativos al matrimonio y a la familia (19 de marzo de 1995).

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VI
LOS AGENTES DE LA FORMACIÓN

125*. El principal agente de la formación sacerdotal es la Santísima


Trinidad, que modela a cada seminarista según el designio del Padre,
por medio de la presencia de Cristo en su palabra, en los sacramentos
y en los hermanos de la comunidad, a través de la multiforme acción del
Espíritu Santo1. En la formación de aquellos a quienes Cristo llama y en
el discernimiento de su vocación, la primacía de la acción del Espíritu
Santo exige una recíproca escucha y cooperación entre los miembros de
la comunidad eclesial, sacerdotes, diáconos, consagrados y laicos.

1. Cf. Pastores dabo vobis, n. 65: AAS 84 (1992), 770-772.

125-127. El contenido de esta sec- entrar en la dinámica de la comunión


ción, sobre la acción de Dios Trinidad Trinitaria. Está unida indisolublemen-
y la comunidad eclesial en la forma- te a su Señor, recibiendo los dones y
ción, constituye una significativa in- carismas necesarios, bajo la acción
troducción que hay que valorar muy de la gracia. La acción del Espíritu le
positivamente. Se hace antes de la garantiza la verdad, la guía y el apoyo
concreta presentación de los agentes para llevar a cabo este ministerio de
«humanos» de la formación. discernimiento, verificación y configu-
ración de los futuros pastores.
125. Dios Trinidad. Cabe afirmar, El sacerdocio ministerial, por la ac-
sin miedo a equivocarse, que Dios ción del Espíritu Santo, halla su razón
Trinidad es el primer y principal –po- de ser en la unión existencial y ope-
dríamos decir «único»– agente de rativa de la Iglesia con la San­tísima
formación, con el designio del Padre, Trinidad. De esta forma ella continúa
la Palabra del Hijo y la acción del Es- realizando, por la acción per­manente
píritu Santo. De ahí que la primacía y santificante del Espíritu Santo, el
de la gracia en el proceso de forma- único Sacerdocio de Cristo en cuanto
ción del futuro sacerdote se hace pre- Cabeza de su Cuerpo. Por este moti-
sente desde el momento mismo de vo, la Iglesia considera el sacerdocio
la llamada. Dios es quien suscita la ministerial como un don a ella otorga-
conversión y después llama, capacita do en el ministerio de algunos de sus
y envía por medio de la acción del Es- fieles. De ahí que todo sacerdote es
píritu Santo en la Iglesia para perpe- constituido en una relación singular y
tuar en el tiempo y en la historia el mi- existencial con el Padre, el Hijo y el
nisterio encomendado a Jesucristo. Espíritu Santo. Su identidad emana
La Iglesia no puede llevar adelan- del amor orante a la Santísima Trini-
te por sí misma esta misión, necesita dad y se nutre de él. El presbítero se

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Los agentes de la formación

126*. En las Iglesias particulares subsiste la Iglesia Católica, una y


única2. Normalmente, la formación para el presbiterado se realiza en el
contexto eclesial propio de una Diócesis, o de las instituciones de per-
tenencia; sin embargo, el ministerio presbiteral permanece abierto a la
universalidad de la Iglesia3 y, por tanto, comporta también la disponibili-
dad a las necesidades más urgentes de otras Diócesis.

2. CIC, can. 368: «Iglesias particulares, en las cuales y dese las cuales existe la Iglesia
católica una y única, son principalmente la diócesis…».
3. Cf. Pastores dabo vobis, n. 18: AAS 84 (1992), 684-686.

siente llamado a ser y vivir como tes- La historia vocacional de cada per­
tigo de esta comunión de vida y minis- sona hace referencia a otra gran his-
terio pues es continuación de la vida y toria de salvación que parte del don
la acción del mismo Cristo. Trinitario que Dios hace a su Iglesia
La identidad, el ministerio y la vida y que continúa en ella como sacra-
del presbítero están, en relación per- mento de salvación para el mundo,
manente con la Santísima Trinidad, para la Iglesia Universal y lógicamen-
en virtud del servicio sacerdotal a te enraizado en la singularidad y con-
la Iglesia y a todos los hombres. La creciones de cada comunidad local.
gracia y el carácter indeleble que se En relación a Cristo, toda llamada
otorga al sacerdote mediante la un- es «signo»; en relación a la Iglesia es
ción sacramental del Espíritu Santo «ministerio»; en relación al mundo
manifiestan el vínculo personal con es «misión» y manifestación testimo-
el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, nial del Reino de Dios.
puesto que constituyen la fuente de El artículo introduce un adverbio:
la cual dimana el ser y el ministerio «Normalmente, la formación al pres-
del presbítero. biterado se realiza en el contexto
El texto pone de relieve que tam- eclesial de una diócesis». Así se alu-
bién el discernimiento de la vocación de a casos en los que esto no ocurre,
es realizado en el Espíritu, exigiendo como en los Seminarios interdiocesa-
a la comunidad cristiana la escucha nos y en otro tipo de formación reali-
atenta y la cooperación continua. zada en un ámbito internacional, o en
el contexto de una comunidad religio-
126. Este artículo sitúa toda la for- sa o un movimiento eclesial. En estos
mación sacerdotal en el «contexto im- casos habrá que velar para fortalecer
prescindible» de la Iglesia particular, el vínculo, del todo necesario, con la
reconociendo sin ambigüedades la Iglesia particular. Se quiere evitar el
eclesiología del Concilio Vaticano II. fenómeno de una formación ajena a
Es significativo el subrayado sobre el la diócesis o distante de ella.
discernimiento de la vocación presbi- Por este motivo, en cada Iglesia
teral, que también corresponde a la particular, la llamada, como tal, se de­
Iglesia particular. be considerar una donación en, por y

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La comunidad diocesana (n. 127)

La referencia a la Iglesia local de pertenencia constituye, no obstante,


el contexto imprescindible del proceso formativo. La Iglesia local repre-
senta, al mismo tiempo, el lugar en donde las reglas del discernimiento
vocacional encontrarán aplicación y donde se valoran los progresos rea-
lizados por los individuos hacia la madurez humana y cristiana requerida
para la ordenación presbiteral.
127*. Los miembros de la comunidad diocesana son corresponsables
de la formación presbiteral, en diversos niveles, modos y competencias:
el Obispo, como pastor responsable de la comunidad diocesana; el pres-
biterio, como ámbito de comunión fraterna en el ejercicio del ministerio
ordenado; el equipo formador del Seminario, como mediación espiritual y
pedagógica; los profesores, ofreciendo el apoyo intelectual que hace po-

para el servicio y bien de la misma. dad local ayuda a que las vocaciones
La diócesis, encabezada por el Obis- surjan; es decir, ejerce una función
po, tiene la autoridad exclusiva frente mediadora y educativa-formativa.
a injerencias extrañas a la hora de El texto coloca como primer agen-
seleccionar y formar adecuadamen- te de la formación a la Iglesia par­
te a los candidatos al sacerdocio; es ticular en su conjunto, reconociendo
fuente de los oportunos criterios de la corresponsabilidad de todos sus
discernimiento (en una doble vertien- miembros en la promoción, formación
te: personal e institucional), pues en y sostenimiento de nuevos pastores.
ella se manifiestan y articulan los di- Recordemos que la Iglesia es convo-
ferentes modelos y motivaciones pa­ cada por el Señor y de Él recibe la ca-
ra consagrar la vida, despertando en pacidad para ser convocante, por lo
el candidato un deseo sincero y ge- cual tiene la grave misión de discernir,
neroso que le permita discernir con- verificar y capacitar a los futuros mi-
venientemente sobre la autenticidad nistros y así alcanzar la certeza moral
de sus motivaciones, capacidades y sobre el proceso llevado a cabo.
aptitudes para el ministerio. En este contexto de la correspon-
sabilidad de todos, se engarzan de
127. La vocación, al servicio ex- manera armónica las competencias
clusivo de Cristo en su Iglesia, es don de los diversos agentes: el Obispo,
inestimable del Padre y, como todos el presbiterio, el equipo formador, el
los dones que vienen de Dios y que per­sonal administrativo, los profeso-
es preciso implorar con insistencia, res y especialistas, los mismos semi-
confianza y humildad, se suscita a naristas, sus familias, la parroquia de
través de muchas mediaciones hu- origen, las asociaciones, movimien-
manas: de los padres de familia, de tos y otras instituciones eclesiales.
los educadores, de los pastores de la La mención de todos ellos establece
Iglesia particular. Cabría afirmar que, una regla fundamental: todos han de
por su función maternal, la comuni- actuar desde la comunión y desde

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Los agentes de la formación

sible la formación integral; el personal administrativo, los profesionales y


los especialistas, con su testimonio de fe y de vida y su competencia; final-
mente, los mismos seminaristas como protagonistas del proceso de ma-
duración integral, junto con la familia, la parroquia de origen y, eventual­
mente, las asociaciones, movimientos u otras instituciones eclesiales.

a) El Obispo diocesano
128*. El Obispo es el primer responsable de la admisión al Seminario
y de la formación para el sacerdocio4. Tal responsabilidad se expresa
en la elección del Rector y de los miembros del equipo formador 5, en
4. Cf. ibid., n. 65: AAS 84 (1992), 770-772; cf. también Directrices sobre la preparación de
los educadores en los Seminarios, n. 1: Enchiridion Vaticanum 13 (1996), 3151-3152; Apos­
tolorum successores, n. 88: Enchiridion Vaticanum 22 (2006), 1774-1776.
5. Cf. CIC, can. 239.

una asidua cooperación que busca el realidades pastorales de la Diócesis,


bien de la Iglesia y de la persona del el candidato al ministerio entenderá
candidato. Esto quiere decir que no y valorará la importancia de la vincu­
son válidas las acciones unilaterales lación y pertenencia a un presbiterio
de cualquiera de estos agentes. Este concreto, que se da siempre en el ám-
principio se va a repetir en los siguien- bito de una Iglesia Particular.
tes artículos al especificar la compe-
tencia de cada uno de ellos. 128. La figura del Obispo en la
Adyacente a este derecho por par- formación. Como ya hemos dicho, el
te de la Iglesia, el Concilio Vaticano II sacerdocio, instituido por Cristo para
añadía que es un deber que ella tiene continuar su misión salvadora, fue
en beneficio de la persona, quien, a su conferido inicialmente a los Apóstoles
vez, tiene derecho a ser formada para y continúa en la Iglesia a través del
desempeñar su misión que redunda- ministerio del Obispo, sucesor de los
rá en bien de toda la comunidad, la Apóstoles, el cual, a su vez, lo trans-
cual requiere pastores bien formados mite en grado subordinado a los pres-
y probados. La responsabilidad de la bíteros, en cuanto cooperadores del
Iglesia en este aspecto ha sido toma- orden episcopal; por esto, la identidad
da en consideración durante toda la de estos últimos en la Iglesia nace de
historia. Siempre ha habido concien- la misión de ella, la cual, para el pres-
cia de la excelencia que comporta la bítero, se realiza, a su vez, en comu-
vocación sacerdotal y que de la santi- nión con el propio Obispo, principio y
dad de los ministros depende en gran fundamento de unidad.
medida la del pueblo de Dios.
Fruto de esa formación enraizada 128a. De ahí que por su propio mi-
en la Iglesia particular y a través del nisterio, el Obispo tiene una presen-
contacto oportuno con las diversas cia capital en la vida del Seminario.

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El Obispo (n. 128)

la elaboración y aprobación de los estatutos, el proyecto educativo y el


reglamento del Seminario6.
*Es necesario que el Obispo sepa establecer un diálogo confiado con
los seminaristas para facilitar su apertura sincera; efectivamente, «el
Obispo diocesano, o los Obispos interesados si se trata de un semina-
rio interdiocesano, visiten personalmente y con frecuencia el seminario,
supervisen la formación de sus alumnos y la enseñanza de las materias
filosóficas y teológicas y obtengan conocimiento de la vocación, carác-

6. Cf. ibid., cáns. 242-243.

A él corresponde elegir y nombrar al estatuto del Seminario, así como el


Rector, por cuya significación teoló- proyecto formativo y el reglamento.
gica, jurídica y social de «represen- Ya en el art. 10 de la Ratio se afirma
tación», requiere un concreto y oficial que «el Obispo diocesano, ayudado
nombramiento. La elección del Rec- por el equipo de formadores del Se-
tor tiene una particular importancia, minario, tiene el deber de elaborar
pues se entiende que gestionará el un proyecto de formación integral,
Seminario en nombre del Obispo, también llamado itinerario formativo».
gozando de su total confianza. Dicho Esta obligación directa es muy impor-
nombramiento y representación exi- tante, pues condiciona la calidad de la
ge un continuo diálogo, en el que el formación. Los tres documentos que
Rector tenga la capacidad de expre- guían la vida del Seminario requie-
sar con libertad sus puntos de vista ren una actualización permanente,
y el Obispo se mantenga disponible de mo­do que la elaboración y apro-
a la escucha. De la comunión y cola- bación a la que se refiere el texto se
boración entre el Obispo y el Rector entiende co­mo un trabajo de reflexión
depende en gran medida la buena sobre la tarea formativa, que no debe
conducción del Seminario. ser realizada por inercia o desde ruti-
El Obispo también debe nombrar, nas prestablecidas, sino mediante un
con acuerdo del Rector, a los miem- continuo esfuerzo pedagógico y edu­
bros del equipo formativo. Tanto como cativo que responda a las necesida-
el nombramiento, tiene importancia el des de las nuevas generaciones y a la
discernimiento para que un sacerdo- realidad de la Iglesia particular.
te salga del equipo formador. El Rec-
tor debe conocer bien la situación de 128b. La relación del Obispo, cer­
cada uno de los formadores a través cana y familiar, cariñosa y vigilan-
del adecuado acompañamiento, para te («episcopal») para con todos los
garantizar que ejerzan su servicio de que forman la comunidad educativa
la mejor manera posible. del Seminario (seminaristas, forma-
Una tercera competencia del Obis- dores, trabajadores, profesores, re-
po es la elaboración y aprobación del ligiosas, comunidades, Rector…) es

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Los agentes de la formación

ter, piedad y aprovechamiento de los alumnos, sobre todo con vistas


a conferirles las sagradas órdenes»7. El Obispo debe prestar diligente
atención para no ejercer la propia autoridad desacreditando en la prácti-
ca al Rector y a los demás formadores, en lo referente al discernimiento
de la vocación de los candidatos y a su preparación; más bien, «con los
responsables del seminario, el obispo mantenga frecuentes contactos
personales, como signo de confianza, para animarlos en su acción y
permitir que entre ellos reine un espíritu de plena armonía, comunión
y colaboración»8. Por el bien de la Iglesia conviene tener presente que la
caridad pastoral, en todos los niveles de responsabilidad, no se ejercita
admitiendo a cualquier persona al Seminario, sino ofreciendo una orien-
tación vocacional ponderada y un proceso formativo válido.

7. Ibid., can. 259, § 2.


8. Apostolorum successores, n. 89: Enchiridion Vaticanum 22 (2006), 1780.

ejercicio de caridad pastoral, de res- tar en la práctica a los formadores. Su


ponsabilidad, de una buena integra- función no es formar directamente ni
ción del Seminario en la comunidad discernir directamente, pues las ocu-
diocesana. paciones que conlleva su mismo mi-
Ha de potenciar, vigilar y determi- nisterio episcopal se lo impiden. Estas
nar los tiempos y procedimientos que funciones deberá ejercerlas a través
seguir, así como proveer los recursos de los formadores y en un continuo
espirituales, humanos y estructura- diálogo con ellos.
les-institucionales necesarios (confor- El texto hace una última adver-
me a las normas, criterios eclesiales y tencia: lo que hay que ofrecer es una
canónicos) para la debida formación pastoral vocacional adecuada y una
y el proceso discernidor se oriente lo formación sólida y exigente, expresio-
más posible al ministerio que se va a nes coherentes de la caridad pasto-
confiar. Es el primer responsable en ral. Conviene afirmar la parte negati-
todo el proceso, de ahí que haya de va: No es caridad pastoral la admisión
obtener la necesaria certeza sobre la de «cualquier persona» al Seminario
idoneidad y autenticidad de las aptitu- si no tiene las debidas con­diciones.
des y motivaciones vocacionales de Nuevamente el texto de la Ratio está
los seminaristas. hablando desde la experiencia, pues
Si el Obispo es el primer responsa- lamentablemente son frecuentes las
ble, esto significa que hay otros res- dificultades provoca­das por un esca-
ponsables, particularmente el Rector so discernimiento de las vocaciones
y los formadores. Por ello el texto sacerdotales.
acota las intervenciones del Obispo, ¿Cuáles podrían ser las presen-
pidiéndole que preste «diligente aten- cias del Obispo en el proceso de
ción» a la comunión con los formado- formación? Sugerimos unas cuantas
res. El Obispo nunca debe desacredi- posibles, sin limitar otras que a juicio

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El Obispo (n. 128)

En el caso de los Seminarios interdiocesanos, o cuando los semina-


ristas son enviados para su formación a otra Iglesia particular 9, el diálogo
entre los Obispos interesados, el acuerdo entre ellos sobre la metodo-
logía formativa elegida y la confianza concedida a los responsables del
Seminario, representan los presupuestos necesarios para una buena
gestión de la actividad educativa.
Las celebraciones litúrgicas presididas por el Obispo en la catedral
manifiestan el misterio de la Iglesia y hacen visible la unidad del pue-
blo de Dios10; salvaguardando las tareas formativas del Seminario, será
conveniente que los seminaristas participen en los momentos más sig-
nificativos del año litúrgico y de la vida diocesana.

9. Cf. CIC, can. 237.


10. Cf. Congregación para el Culto Divino, Caerimoniale Episcoporum, edición típica, 1984,
nn. 11-13, publicado con el decreto Recognitis ex decreto, del 14 de septiembre 1984: AAS 76
(1984), 1086-1087.

del Obispo y según las circunstancias ponder a la realidad del Seminario y


pastorales se pudieran dar: por ello es necesario revisarlos y ac-
–Tomar la decisión de erigir o man- tualizarlos con cierta frecuencia.
tener el Seminario diocesano (CIC, –Promover la continua elabora-
237 § 1-2). En este punto es nece- ción y revisión del proyecto formativo,
sario un amplio discernimiento y una tendiendo a establecer una profunda
consulta suficiente, teniendo también sintonía entre el Obispo y los forma-
en cuenta la situación tanto de la Pro- dores en todo lo que se refiere a la
vincia eclesiástica como de la nación formación y en particular al estilo sa-
y los acuerdos y criterios establecidos cerdotal que se está promoviendo.
por la Conferencia episcopal sobre la Estimar personalmente y en diálogo
formación sacerdotal. En caso de que con el equipo formador, si algunos de
no se juzgue posible y conveniente los aspectos de la formación ofrecida
mantener el Seminario mayor, tam- por el Seminario necesitan una pun-
bién se puede considerar la posibili- tualización formativa o una pedago-
dad de conservar en la diócesis algu- gía más adecuada.
na etapa de formación, sabiendo que, –Articular una selección de forma­
aunque se envíe a los seminaristas a dores, directores espirituales, confe­
otro Seminario, el Obispo y la dióce- sores y profesores, escogidos de en-
sis continúan siendo responsables de tre los sacerdotes, religiosos y laicos
su formación. más aptos de que disponga (CIC,
–Aprobar los estatutos, reglamen- 238-239). En ciertos momentos y se-
to y proyecto formativo del Seminario. gún las circunstancias lo aconsejen,
Estos documentos implican que el podrá acudir a otros ámbitos para
Seminario es una institución formati- buscarlos, pidiéndolos a otra diócesis
va estable. Su formulación debe res- o a un instituto secular o religioso. En

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Los agentes de la formación

b) El presbiterio
129*. El Clero de la Iglesia particular permanezca en comunión y sin-
tonía profunda con el Obispo diocesano, compartiendo la solicitud por
la formación de los candidatos, mediante la oración, el afecto sincero, el
apoyo y las visitas al Seminario. Cada presbítero debe ser consciente de
la propia responsabilidad formativa en su trato con los seminaristas;
de modo particular, los párrocos y, en general, cada sacerdote que aco-
ge a los seminaristas para la práctica pastoral, colaboren generosa-
mente con el equipo formador del Seminario, por medio de un diálogo
franco y concreto. Las modalidades prácticas de esta colaboración de
los presbíteros con el Seminario podrán variar según las diversas eta-
pas del proceso formativo.

cualquier caso, debe estar atento a la cordial. Ello ayudará al fructífero pro-
situación de estos sacerdotes, de mo­ ceso de formación y discernimiento
do que se pueda evaluar con frecuen- vocacional de los futuros presbíteros.
cia la conveniencia de su continuidad
y la oportunidad de que cambien sus 129. El Seminario es como «un
responsabilidades dentro de la orga- presbiterio en gestación». Para que
nización interna del Seminario según ello sea una realidad deberá existir
vayan adquiriendo experiencia en la una «participación» –que no intro-
formación. En general conviene hacer misión– del clero diocesano en la
los cambios de formadores de modo formación sacerdotal. Tal vínculo es
gradual, a fin de garantizar la continui- espiritual y práctico y se expresa a
dad del proyecto formativo. través de la oración, el amor, la pre-
–Determinar, si procede, para fa- ocupación, la cercanía, la acogida, la
vorecer una mejor formación, que colaboración…, como quien lo siente
al­gún candidato se atenga a un de- «propio»; con los formadores, con los
terminado régimen por sus peculiares seminaristas, con la institución como
circunstancias, las cuales ha de exa- tal. Esto llevará a poder lograr de fac­
minar personalmente. Podrá determi- to la realidad sacramental del presbi-
nar y variar, para un caso concreto, el terio, que es una de las urgencias a
tiempo de permanencia en el Semina- llevar a cabo en las diócesis desde la
rio mayor. Estos casos han de ser del doctrina de Presbyterorum ordinis y
todo excepcionales, evitando que se Pastores dabo vobis.
llegue a considerar la presencia en el Ciertamente, como se indicaba en
Seminario o en alguna de sus etapas el punto anterior, la primera respon-
como algo opcional. sabilidad en el proceso de discerni-
–Mantener un diálogo cercano y miento es del Obispo. Si bien, el pres-
oportuno con los seminaristas, sobre biterio, futuro ámbito para el ejercicio
todo los de las últimas etapas, que del ministerio, tiene un papel insusti-
propicie la apertura sincera, efectiva y tuible en la formación de los futuros

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Los seminaristas (n. 130)

c) Los seminaristas
130*. Como se ha dicho, cada seminarista es protagonista de su pro-
pia formación y debe hacer un camino de constante crecimiento en el
ámbito humano, espiritual, intelectual y pastoral, teniendo en cuenta la
propia historia personal y familiar. Los seminaristas son también respon-
sables de la creación y mantenimiento de un clima formativo coherente
con los valores evangélicos.

sacerdotes. El seminarista descubre («pastoral sacerdotal»), siempre en


en la relación con el presbiterio dio- relación de comunión y disponibilidad
cesano la importancia de ser signo respecto al carisma episcopal.
personal, comunitario y sacramen- El texto subraya la responsabili-
tal de Cristo. Así podrá formarse e ir dad formativa de los presbíteros que,
configurándose progresivamente en en el contacto que tengan con los se-
su ser (consagración), prolongando minaristas, deben ser motivo de edi-
su obrar (misión) y manifestando su ficación y no de escándalo. El buen
estilo de vida (espiritualidad). ejemplo de los sacerdotes es tam-
El presbiterio es signo visible de bién un cauce vivo y concreto para la
la vida evangélica del Buen Pastor, configuración con Cristo Pastor. Ade-
que amó a su grey hasta «dar la vida» más señala la modalidad del diálogo
(caridad pastoral), dándose él (pobre- de los presbíteros con el equipo for-
za), sin pertenecerse (obediencia), mador. Debe ser «franco y concreto»,
como Esposo (virginidad). Así fue­ron que es lo contrario a la murmuración
llamados a vivir los Apóstoles y sus y la intriga.
sucesores, en seguimiento evangéli-
co radical, comunión fraterna y dispo- 130-131. Son los «protagonistas»
nibilidad misionera, para ser un signo de su propia formación, personal-
del modo en que él amó. Esta rea- mente y como «comunidad». Ellos
lidad de signo es también «relacio- aportan su vida, sus vivencias, la
nal», de profunda amistad con Cristo, riqueza de su realidad familiar y de
como de quien vive de su presencia. las comunidades cristianas de proce-
De tal forma que el presbiterio es ma- dencia, sus valores, su experiencia
nifestación significativa del Maestro y fraterna, de vida cristiana y de llama-
fraternidad que expresa a la Iglesia da en los ambientes de los que pro-
como comunión discipular y evange- ceden…, su vocación.
lizadora. Por ello, el contacto, cerca- Parece, por consiguiente, lógico
nía y comunicación oportuna con el que el protagonismo y relevancia del
presbiterio diocesano aportará, ade- seminarista en el proceso formativo
más de lo mencionado, la vivencia y discernidor sean puestos de ma-
de la futura fraternidad exigida por el nifiesto, ya que es el sujeto sobre
sacramento del Orden, la valoración el cual se gesta todo el dinamismo
y el cuidado de la vida sacerdotal vocacional. Uno de los principios fun-

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Los agentes de la formación

131. Se espera que los seminaristas, individualmente y en grupo,


muestren –no sólo en su comportamiento externo– que han interiorizado
un estilo de vida auténticamente sacerdotal, en la humildad y en el servi-
cio a los hermanos, signo de la opción madura de emprender un especial
seguimiento de Cristo11.

11. Cf. Benedicto XVI, Homilía por la ordenación de 15 diáconos de la Diócesis de Roma
(7 de mayo de 2006): Enseñanzas II/1 (2006), 550-555.

damentales del discernimiento es el El seminarista, al reconocer la


conocimiento que el seminarista tie- posible llamada que Dios le hace, es
ne de sí mismo y de la llamada, en un de desear que llegue a comprender y
clima de sinceridad y fidelidad. Por manifestar una serie de valoraciones,
lo cual, corresponde al mismo can- tanto en la vivencia de los consejos
didato un auto-discernimiento real y evangélicos como en relación a sus
ponderado, recto, acompañado por capacidades y propósitos, a la par que
la acción del Espíritu Santo y acep- en sus predisposiciones, aspiracio-
tando de buen grado la ayuda de las nes, predilecciones, responsabilidad
mediaciones oportunas que la Iglesia y disponibilidad; sobre lo cual irá rea-
le ofrece. lizando su autoformación. La percep-
El seminarista, plenamente cons- ción del ideal vocacional al que aspira
ciente del ejer­cicio que ha de llevar a el seminarista es al principio parcial
cabo sobre su propia realidad huma- y limitada, por ello deberá ir comple-
na y espiritual, descubrirá que esta tándose por medio de la formación. El
se basa en unos objetivos esencia- Concilio exhorta: «ha de informarse
les: asumir los dones evangélicos de con realismo a los alumnos de todas
pobreza, obediencia y castidad; las las cargas que van a aceptar, sin ocul-
genuinas cualidades, como material tarles ninguna de las dificultades de la
del discernimiento; la recta intención, vida sacerdotal» (OT, 9).
como elemento formal del mismo; y Una verdadera madurez en la
aceptar la voluntad de Dios sobre ex­periencia del seguimiento y la ra-
su persona como factor clave en el dicalidad evangélica y, por ende, en
proceso. Un conocimiento certero y su formación, exige armonía entre el
equilibrado de su propia historia ne- dato subjetivo, que hace referencia a
cesita ser desarrollado desde la luz elementos personales en la opción
que le ofrece el mismo Evangelio y la primera y la aceptación de responsa-
experiencia de la Iglesia, si bien ha bilidades que el mismo seminarista
de asumir su responsabilidad en este comprende como voluntad de Dios.
dinamismo, no menos cierto es que Todo tiene que ser desarrollado lo
requiere de un contraste clarificador más auténtica y válidamente posible,
y discernimiento con las mediacio- con criterios eclesiales y desde la
nes oportunas. realidad propia del sujeto.

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El equipo formador (n. 132)

d) El equipo formador
132*. El equipo formador se compone de presbíteros elegidos y bien
preparados12, encargados de colaborar en la delicada misión de la for-
mación sacerdotal. Es necesario que los formadores sean destinados
exclusivamente a este servicio, para que puedan dedicarse enteramen-
te a él; por tanto, conviene que vivan en el Seminario. El equipo forma-
dor se debe encontrar regularmente con el Rector, para orar, proyectar
la vida del Seminario y verificar periódicamente el crecimiento de los
seminaristas.

12. Cf. Directrices sobre la preparación de los educadores en los Seminarios, n. 1: Enchi­
ridion Vaticanum 13 (1996), 3151-3152.

132. La bondad y eficacia del plan nombrar un «grupo de formadores»


de formación dependen de las estruc- para el proceso de formación y de
turas formativas, pero también de las discernimiento que se ha de llevar a
personas de los formadores. De ahí cabo, contemplando cada una de las
la importancia de su elección, pre- dimensiones de la formación integral,
paración, dedicación y colaboración. y que las personas sean elegidas en-
El equipo formativo de la comunidad tre presbíteros que den pruebas de
educativa del Seminario lo constitu- estar cualificados y sean estimados
yen el Rector, el Vicerrector, el Direc- por su preparación y madurez huma-
tor espiritual y el Ecónomo, además na, espiritual, cultural y pastoral.
de otros posibles formadores, según No está de más señalar que los
exija el número de seminaristas o las formadores han de ser hombres de
dimensiones de la formación. oración, con hondo sentido sobrena-
Los formadores requieren forma- tural, profunda vida espiritual, con-
ción previa y espíritu de fraternidad ducta ejemplar, experiencia en el mi-
presbiteral para esta delicada misión, nisterio sacerdotal, capacidad pa­ ra
porque antes de nada cumplen la ta- conjugar las exigencias espiri­tuales
rea de formar a los seminaristas en con aquellas más propiamente hu-
la «ciencia del amor», que solo se manas. Según las circunstancias de
aprende de «corazón a corazón» con cada diócesis, nada impide elegir
Cristo (Benedicto XVI, Homilía de la pa­ra este ministerio a sacerdotes de
inauguración del Año Sacerdotal, 19 otros Institutos que, por su carisma,
de junio de 2009). Así, bajo la guía del tengan especial sensibilidad para la
Obispo y los formadores, los semina- formación sacerdotal.
ristas aprenden a no tener otro deseo Conviene recordar que el Semina-
que el de entregarse y servir a Cristo, rio, más que un lugar o espacio físico
a su Iglesia y al mundo. es un ámbito donde clarificar la propia
A la luz del Magisterio de la Iglesia vocación. Los formadores juegan un
y de su legislación, el Obispo ha de papel relevante en este proceso, ya

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Los agentes de la formación

El grupo de los formadores no responde solamente a una necesidad


institucional, sino que es, ante todo, una verdadera y propia comunidad
educativa, que ofrece un testimonio coherente y elocuente de los valores
propios del ministerio sacerdotal. Edificados y animados por tal testimo-
nio, los seminaristas acogerán con docilidad y convicción las propuestas
formativas que se les dirijan.

que ayudan a discernir la llamada y pecial importancia las reuniones en


a madurar una respuesta adecuada. que se preparan los materiales del
Esta grave responsabilidad pastoral proyecto formativo porque ayudan a
exige de ellos, como ya se ha dicho, los mismos formadores a profundizar
una constante y sólida preparación. en los fundamentos de su actividad
La Ratio defiende aquí la dedi- educativa; otro tipo de reuniones,
cación plena a la formación y residir más o menos formales, entre las que
en el Seminario, siendo parte de un figuran los escrutinios, se centran en
equipo. Esto supone que cada for- la revisión del proceso de cada se-
mador esté convencido del sentido minarista y en el discernimiento de
pastoral de la misión recibida en el su vocación. Cada Seminario deberá
Seminario y cultive las actitudes ne- regularizar estas reuniones, de modo
cesarias. Cuando los formadores no que se atengan a un plan y se reali-
tienen como prioridad su dedicación cen en los tiempos previstos y con la
al Seminario, resulta más difícil reali- mayor eficacia posible.
zar la obra de la formación. Por último, hay una notoria insis­
Además, se valora y recomien- tencia en definir al equipo como «una
da que el equipo formador se reúna verdadera y propia comunidad educa-
«regularmente». Los encuentros del tiva», signo y testimonio de la íntima
equipo suelen ser de diverso orden. fraternidad sacramental a la que son
Sirvan de ejemplo prácticas co­mo: llamados los presbíteros. Tiene una
las reuniones de formación perma- gran importancia el testimonio grupal,
nente de los sacerdotes del equi- porque por medio de él la comunidad
po, sea para su vida espiritual, para de los formadores transmite un men-
estudiar temas relacionados con la saje con mayor fuerza. Este testimo-
formación, para el descanso o como nio es propiamente de vida sacerdo-
natural expresión de su relación fra- tal, lo que implica que los formadores
terna; las reuniones cotidianas, por tengan un vivo deseo de santidad sa-
medio de las cuales se mantienen cerdotal y, por otro lado, exige una au-
informados de los acontecimientos y téntica vivencia de la integralidad, es
decisiones del día a día del Semina- decir, un cultivo equilibrado y perma-
rio; las reuniones de trabajo, en las nente de todas las dimensiones for-
que se programa la actividad formati- mativas. Es obvio que el equipo que
va en general o de áreas específicas, ofrece este testimonio con suficiente
como la dirección espiritual , o de una coherencia tiene más fuerza de con-
deyerminada etapa, etc. Tienen es- vicción en la propuesta formativa.

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El equipo formador (n. 133)

133*. Según el Código de Derecho Canónico13, el equipo formador


mínimo, para la conducción de cada Seminario, es constituido por un
Rector y un Director espiritual. Sin embargo, el número de formadores
debe adecuarse en proporción al número de seminaristas, incluyendo,
además, otros directores espirituales, un Vicerrector, un Ecónomo y
otros formadores, como coordinadores para las diversas dimensiones,
cuando las circunstancias lo requieran.
13. Cf. CIC, can. 239.

133. La Ratio contempla la muy Otra vertiente para el desarrollo del


diversa realidad de los Seminarios. equipo formador es la de las etapas
Por ello, de acuerdo con el Derecho formativas. En un Seminario grande
(CIC, 239), propone el equipo mínimo conviene que exista un pequeño equi-
de formadores, que son el Rector y el po, por ejemplo, Prefecto y Director
Director espiritual. Según las dimen- espiritual, para cada etapa, y que rea-
siones del Seminario, este equipo se licen una formación que podríamos
deberá ampliar. Resultará útil señalar llamar «especializada» en esa fase
algunos criterios para tal ampliación. específica de la formación. Esto sue-
Una primera estrategia consiste le plantearse como una necesidad al
en que el Rector delegue en un ecó- instalar la etapa propedéutica en una
nomo la parte administrativa y conta- sede distinta, pero se puede conti-
ble de la institución, que en el caso de nuar con la etapa discipular y la etapa
Seminarios más grandes contará a su de configuración. Tendríamos así un
vez con una secretaría para la eco- equipo de ocho sacerdotes, el Rector,
nomía. Según la organización de la el Ecónomo y dos para ca­da etapa.
diócesis, a veces una parte o la totali- Este modelo de comunidad formativa
dad de esta gestión se confía a la eco- ofrece muchas ventajas, pues cuida
nomía diocesana. En cualquier caso mejor la gradualidad; pue­ de imple-
es importante que el Rector, aunque mentarse aun con un número medio
reciba diversas ayudas, conserve la de seminaristas, dando a los forma-
responsabilidad. En algunas diócesis dores otras responsabilidades dioce-
este ecónomo no es sacerdote. Si lo sanas que no mermen la prioridad de
es, conviene que aparezca como tal su dedicación al Seminario.
ante los seminaristas, y en todo caso, La ampliación del equipo formador
tanto si es laico como si es sacerdote, se puede considerar también como
debe asumir actitudes que trasluzcan un desarrollo de las dos funciones
la caridad pastoral y hagan de la ges- fundamentales del Rector y el direc-
tión económica un motivo de evange- tor espiritual. De modo que el rol del
lización, sabiendo que a través de las Rector se amplíe con la ayuda del
mismas está proponiendo el modelo Ecónomo, el Vicerrector y los prefec-
pa­ra que en el futuro los seminaristas tos o formadores de las etapas, y el rol
asuman la administración parroquial. del director espiritual se amplíe con la

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Los agentes de la formación

134*. El Rector14 es un presbítero que se distingue por su prudencia,


sabiduría y equilibrio, altamente competente15, que coordina la actividad
educativa en el gobierno del Seminario16. Con fraterna caridad, él esta-
blecerá una profunda y leal colaboración con los demás formadores; es
el representante legal del Seminario, para los ámbitos civil y eclesiás-
tico17. El Rector, en comunión con los formadores designados a cada
etapa y con el Director espiritual, se esforzará por ofrecer los medios
necesarios para el discernimiento y la maduración vocacional.

14. Cf. Directrices sobre la preparación de los educadores en los Seminarios, n. 43: En­
chiridion Vaticanum 13 (1996), 3224-3226.
15. Cf. ibid., n. 60: Enchiridion Vaticanum 13 (1996), 3252-3253.
16. Cf. CIC, can. 260.
17. Cf. ibid., can. 238, § 2.

ayuda de los directores espirituales Evidentemente los sacerdotes del


de las etapas e incluso de directores equipo podrán asumir varias de estas
espirituales externos, cuando sea difí- funciones, dependiendo del punto de
cil atender a un número grande de se- vista. Lo decisivo es que el equipo for-
minaristas o quiera darse mayor liber- mador se organice dinámicamente,
tad de elección del director espiritual. de modo que las necesidades forma-
Por último, la ampliación del equi- tivas de los seminaristas queden cu-
po formador se puede entender como biertas. Esta visión múltiple de la or-
atención a las dimensiones formati- ganización del equipo formativo abre
vas. Así, tendríamos: el coordinador muchas posibilidades para la colabo-
de la dimensión espiritual, ayudado ración fraterna entre los formadores y
por los directores espirituales de las para el trabajo efectivo en equipo, que
etapas, otros directores espirituales es un elemento que visibiliza ante los
auxiliares, los confesores y el equipo seminaristas el sentido colegial del
de liturgia formado por varios semina- ministerio ordenado.
ristas; el coordinador de la dimensión Esta manera de concebir la forma-
humana, que contaría con la ayuda ción recomienda que se constituyan
del equipo de médicos, psicólogos comunidades formativas con un nú-
y otros auxiliares; el coordinador de mero suficiente de seminaristas que
la dimensión intelectual, ayudado por permita un desarrollo más amplio y
una secretaría de estudios, por los objetivo de la actividad formativa. Des-
profesores y un grupo de seminaristas de esta perspectiva se percibe con
auxiliares de esta dimensión; el coor- mayor claridad el empobrecimiento
que implica mantener comunidades
dinador de la dimensión pastoral, ayu-
formativas demasiado pequeñas.
dado por los párrocos y responsables
del apostolado de los seminaristas y 134-139. Esta sección está dedi-
por los encargados de la preparación cada a la composición del equipo for-
para las actividades pastorales. mador y la distribución de funciones

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El equipo formador (n. 135-136)

135*. El Vicerrector debe poseer la necesaria idoneidad en el campo


formativo y colaborar con el Rector en su servicio educativo, con la de-
bida discreción y, en caso de ausencia, sustituirlo. En general, el Vice-
rrector «debe demostrar cualidades pedagógicas sobresalientes, amor
gozoso a su servicio y espíritu de colaboración»18.
136*. El Obispo elegirá cuidadosamente presbíteros competentes y
experimentados para la dirección espiritual, que es uno de los medios
privilegiados para acompañar a cada seminarista en el discernimiento
18. Directrices sobre la preparación de los educadores en los Seminarios, n. 45: Enchiri­
dion Vaticanum 13 (1996), 3228.

en él. El punto de partida es el que pañar y estimular a cada seminarista,


ya se ha señalado de una comuni- así como hacer el respectivo discer-
dad de formadores que expresa los nimiento vocacional y emitir los debi-
valores de la fraternidad presbiteral dos informes, garantizando el orden
y la corresponsabilidad en la misión y y actualización del archivo. Así mis-
además, se organiza de determinada mo, debe custodiar que toda la vida
manera. Se piensa siempre en una del Seminario se desarrolle diligente-
diversidad de posibilidades. mente y conforme a derecho.

134. El Rector y, en su ausencia 135. El Vicerrector es una figura


o cuando las circunstancias lo requie- discreta que, sin embargo, representa
ran, el Vicerrector, coordina la orga- en muchos Seminarios un significativo
nización y vida del Seminario, repre- apoyo para el Rector. Habitualmente
senta legalmente al Seminario y con es un sacerdote con experiencia en
la colaboración de todos los agentes la formación. Esta característica lo
de la formación, ofrece lo necesario capacita para ayudar al Rector en la
para la maduración vocacional de los resolución de los problemas que co-
seminaristas. Es el responsable in- múnmente se presentan en la comu-
mediato de la vida de la comunidad nidad educativa. En muchos casos
formativa y de la formación en el Se- desempeña esta función el formador
minario. Depende directamente del de la etapa teológica o de configura-
Obispo en cuanto que de él recibe los ción. En muchos lugares el Rector
criterios y directrices que ha de desa- tiene tantas funciones de representa-
rrollar dentro de esta institución. Tiene ción que hace necesaria esta figura
cierta autonomía a la hora de aplicar de mayor estabilidad y presencia con-
las competencias que se le han dele- tinua en el Seminario.
gado, pero siempre en armonía con el
prelado y con los demás formadores. 136. El Director espiritual. La rea-
Ha de ser el primero en dar testimonio lidad espiritual de la persona es un
de comunión y corresponsabilidad. misterio complejo, hermoso y de gran
También le compete ayudar, acom- trascendencia y responsabilidad tan-

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Los agentes de la formación

de su vocación. El Director, o Padre espiritual, debe ser un verdadero


maestro de vida interior y de oración, que ayude al seminarista a acoger
la llamada divina y a madurar una respuesta libre y generosa.
A él «incumbe la responsabilidad del camino espiritual de los semina-
ristas en el fuero interno y la guía y coordinación de los distintos ejerci-
cios de piedad y de la vida litúrgica del seminario»19. En los Seminarios
en que exista más de un Director espiritual, uno de ellos será el «coor-

19. Ibid., n. 44: Enchiridion Vaticanum 13 (1996), 3227.

to para el acompañado como para el El Director espiritual, siendo miem-


Director espiritual. De ahí la impor- bro del equipo formador, asume tam-
tancia y necesidad de que en todo bién aspectos disciplinares y organi-
Seminario o casa de formación esté zativos de la comunidad formativa,
presente un Director o Padre espiri- concretamente los que se refieren a
tual, miembro del equipo formativo, la vida espiritual, como la organiza-
«coordinador de la dimensión espiri- ción de la liturgia, la disposición de
tual», residente permanente en el Se- los retiros y ejercicios espirituales, la
minario, «guía y maestro» de la vida distribución de los seminaristas entre
espiritual de los seminaristas y de la los directores espirituales y otros as-
vida litúrgica del Seminario; y la posi- pectos más. También como miembro
bilidad de otros directores espirituales del equipo formador colabora en la
y confesores externos, siempre nom- elaboración y aplicación del proyecto
brados por el Obispo diocesano. formativo y sitúa la dirección espiritual
La Ratio ha dado una gran impor- en el contexto de este itinerario de
tancia al hecho de que el Director es- formación. Se trata así de una figura
piritual sea considerado miembro del muy distinta de aquella clásica de un
equipo formador y habite en el Semi- sacerdote que intervenía solo en el
nario. Este criterio se aplica también fuero interno e ignoraba lo referente
a otros directores espirituales, cuan- a la vida del Seminario. Obviamente
do el número de seminaristas o el deberá guardar no solo el sigilo sacra-
modo de organización del Seminario mental, sino también el secreto profe-
así lo exigen. Con esta disposición se sional acerca de las confidencias de
da por superada la figura del Director los seminaristas, y por ello habitual-
espiritual como ajeno al régimen de mente no participa en los escrutinios
la casa de formación y exclusivamen- que realiza el equipo formador.
te dedicado a cuestiones de concien- La figura del Director espiritual se
cia. Esta es una consecuencia de la debe revisar en el caso de muchas
opción por la educación integral, que comunidades religiosas, que han te-
exige una interpretación más ajusta- nido tradicionalmente la costumbre
da y prudente de la distinción entre el de pedir a los formandos cuenta de
fuero interno y el fuero externo. conciencia con el superior, que a la

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El equipo formador (n. 137)

dinador de la dimensión espiritual». Él modera la vida litúrgica; coordina


la actividad de los demás Directores espirituales y de los eventuales
confesores externos20; prepara el programa de los ejercicios espirituales
anuales y de los retiros mensuales, así como las celebraciones durante
el año litúrgico y, junto con el Rector, favorece la formación permanente
de los Directores espirituales.
137*. Donde las circunstancias lo requieran, uno de los formadores
será el «coordinador de la dimensión humana». Él promueve la creación
de un clima comunitario propicio para el proceso de maduración humana
de los seminaristas, en colaboración con otras figuras competentes en
los ámbitos psicológico, deportivo, médico, etc.

20. Cf. CIC, can. 240, § 1.

vez es formador, sin tener suficiente- Ya al referirse al Director espiritual


mente en cuenta la distinción de fue- (RFIS, 136) se le designó como el
ros. Tanto en el seminario diocesano «coordinador de la dimensión espiri-
como en las comunidades formativas tual». Ahora el texto se refiere al coor-
de la vida religiosa es necesario dibu- dinador de las dimensiones huma-
jar con claridad las dos instancias de na, intelectual y pastoral. El término
la formación y precisar el modo de su «coordinador» implica, lógicamente,
ejercicio armónico en la línea de un la colaboración de otras personas,
solo proyecto formativo. que pueden ser miembros del equi-
po formador, algunos seminaristas o
137. Los coordinadores de las di- colaboradores externos que desde
mensiones formativas. En virtud de un mandato del Obispo, desde su
un mayor enriquecimiento y profundi- propia experiencia de fe o desde una
zación en las diferentes dimensiones cualificación profesional prestan un
que constituyen el proceso de la for- servicio para la mejor formación de
mación integral, y teniendo en cuenta los futuros sacerdotes. El texto alude
las características de la comunidad también a las secretarías u oficinas
educativa, es oportuno establecer, correspondientes a cada dimensión y
en base a unos criterios previamente tienen características diversas según
unificados por el equipo de formado- las necesidades y la tradición de los
res y bajo la tutela del Obispo, una distintos Seminarios.
diferenciación de cada una de las En la dimensión espiritual no suele
dimensiones, al frente de las cuales existir una oficina, pero sí es intere-
esté un formador que oriente, pun- sante la disposición de una serie de
tualice, incentive y coordine activida- locales para las entrevistas con los
des específicas que no pueden ser directores espirituales, que estén si-
postergadas en el proceso de forma- tuados en un espacio neutro, que no
ción y discernimiento. sea la habitación o el lugar de trabajo

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Los agentes de la formación

Cuando la organización de los estudios está gestionada por el mismo


Seminario, uno de los formadores será el «coordinador de la dimensión
intelectual». A él corresponde proyectar el plan de estudios, aprobado
por la competente autoridad eclesiástica, y acompañar y sostener a los
maestros, poniendo especial atención a su preparación académica, a su
fidelidad al Magisterio y a su continua actualización. Él coordina, ade-
más, la secretaría de estudios y es responsable de la biblioteca.

del Director espiritual. Esto es parti- los Seminarios que confían parte de
cularmente necesario cuando ayudan la formación intelectual a una facultad
directores espirituales externos. Es eclesiástica esta secretaría mantie­
distinto que estas actividades se rea- ne todas sus demás funciones, aña­
licen en una sala de visitas o en sa- diendo la relación estable con la facul­
las preparadas específicamente para tad. Se trata, pues, de una oficina con
ello, incluso con una decoración alu- considerable carga de trabajo, de la
siva al acompañamiento espiritual y a que depende una parte importante de
la misericordia de Dios. Por otro lado, la formación.
está la preparación y distribución de En torno a la dimensión huma-
materiales para la dirección espiritual na hay más diversidad. En algunos
y para los tiempos litúrgicos. Seminarios se ha dedicado a un for-
La secretaría de los estudios suele mador exclusivamente para este fin,
desarrollarse más en los Seminarios sobre todo para la atención de aspec-
que realizan toda la formación inte- tos de carácter psicológico. Aquí una
lectual sin la ayuda de una facultad. actividad importante es la capacita-
Se encarga habitualmente de la or- ción de los médicos y psicólogos para
ganización de las clases, los exá- conseguir una intervención acertada
menes y del calendario académico. en la formación, sea a nivel de char-
También de la relación con los profe- las formativas o de acompañamiento
sores, organizando actividades para personal y grupal. Cada vez se define
su formación permanente, sobre todo con mayor nitidez el perfil y el tipo de
pedagógica, recabando y verificando intervención de estos profesionales, a
particularmen­te los programas de las los que se refiere el texto más adelan-
diversas asignaturas y el modo de te (RFIS, 145-147). Por otro lado está
evaluación de las mismas. Concentra la formación complementaria, artísti-
las calificaciones de los seminaristas y ca y cultural de los seminaristas, que
organiza eventos de carácter intelec- puede abarcar una amplia gama de
tual. Coordina además las materias actividades y eventos que son signi-
propedéuticas y ministeriales, previs- ficativos porque amplían su horizonte
tas en la misma Ratio (RFIS, 155-157 cultural, a veces limitado o pobre.
y 176-184). La secretaría pa­ra los es- La dimensión pastoral tiene tam-
tudios se encarga también del cuida- bién una gama interesante de acti-
do, clasificación y conserva­ción de la vidades, que se realiza teniendo en
biblioteca y del servicio de internet. En cuenta las condiciones de los lugares

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El equipo formador (n. 138)

Siempre que los seminaristas frecuenten los cursos académicos en


una Universidad o Facultad, el «coordinador de la dimensión intelectual»
les dará seguimiento, verificando la integración intelectual de las mate-
rias estudiadas y preparando un plan formativo complementario, que
incluya los aspectos no tratados en la Universidad o Facultad.
Entre los formadores, el «coordinador de la dimensión pastoral» se
ocupa de la formación pastoral, teórica y práctica. Él identifica los luga-
res más idóneos para la práctica pastoral, organiza las experiencias de
apostolado, en diálogo con sacerdotes, religiosos y/o fieles laicos.
138*. El Ecónomo21, a través de la gestión administrativa, realiza una
verdadera labor educativa dentro de la comunidad del Seminario. Sea
consciente de la incidencia que pueden tener en los seminaristas los
ambientes físicos en que viven y del valor educativo de un uso honesto
y evangélico de los bienes materiales, con el fin de formar a los semina-
ristas en el espíritu de la pobreza sacerdotal.

21. Cf. Directrices sobre la preparación de los educadores en los Seminarios, n. 45: En­
chiridion Vaticanum 13 (1996), 3228.

de apostolado. En algunos Semina- La descripción que hemos hecho


rios existe una sala especial para la del posible desarrollo de las comisio-
preparación de la actividad apostóli- nes correspondientes a cada dimen-
ca, con materiales, mobiliario y libros sión formativa pone en evidencia el
adecuados para este fin. Ganar estos amplio trabajo que se necesita hacer
espacios tiene un valor educativo so- en los Seminarios y la importancia de
bre todo porque implica un reconoci- aprovechar lo mejor posible el tiempo
miento de la importancia del desem- y los recursos que estén disponibles
peño responsable del apostolado. Tal para crear una estructura formativa
como se hace en el ámbito de los estu- útil, que cubra detalladamente los di-
dios, es conveniente que la actividad versos aspectos de la formación.
apostólica sea programada y eva-
luada convenientemente, también a 138. El Ecónomo. El ejercicio del
través de la correspondencia escrita futuro ministerio pide una educación
con los responsables. Desde este para la corresponsabilidad en el cui-
ámbito se organizan las reuniones dado y sostenimiento del Seminario
de los responsables del apostolado, y de los recursos necesarios para su
coordinando con ellos un calendario funcionamiento. Tal educación ha de
compatible con otras responsabilida- contar con una experiencia viva del
des de los seminaristas y las charlas recto uso de los bienes, pues los se-
de formación que los preparan para minaristas serán –en nombre de la
realizar la actividad apostólica de la Iglesia– no solo los administradores
mejor manera posible. de las gracias divinas, sino además

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Los agentes de la formación

139*. El equipo formador actúa dentro de la más amplia «comunidad


educativa» y la tiene en cuenta en el cumplimiento de su misión. Por «co-
munidad educativa» se entiende el conjunto de los agentes implicados
en la formación presbiteral: el Obispo, los formadores, los profesores,
el personal administrativo, los trabajadores, las familias, las parroquias,
las personas consagradas, el personal especializado y, naturalmente, los
mismos seminaristas, ya que sin su plena colaboración no será posible un
buen clima formativo22. Todos ellos deben ser conscientes de la función
educativa que realizan y de la importancia de su coherencia de vida.

e) Los profesores*
140*. Los profesores de los Seminarios sean nombrados por el Obis-
po o, en el caso de los Seminarios interdiocesanos, por los Obispos in-
teresados, después de haber consultado, si lo consideran conveniente,

22. Cf. CIC, can. 233, § 1.

de los bienes materiales que sosten- equipo formador y a los demás agen-
gan la labor de la evangelización. Por tes que, directa o indirectamente, in-
ello, conviene implicar a los semina- tervienen en el proceso formativo. El
ristas en tareas relacionadas con la concepto es importante porque apun-
economía, desde un trabajo corres- ta a una comunidad que forma a tra-
ponsable, adecuado a su proceso, y vés de la corresponsabilidad de to­dos
ayudados por el testimonio del equipo y cada uno de sus miembros. A conti-
formativo, con el fin de que valoren la nuación se describen diversos grupos
recta administración de los bienes y de estos colaboradores. A todos se
crezcan en ella, de modo que en el les pide ser conscientes de la función
futuro eviten el derroche innecesario, educativa que se les ha confiado, lo
superfluo, antitestimonial. cual implica que perciban lo que no
El texto ofrece cuatro criterios pa­ les corresponde, y formen ante todo
ra interpretar el servicio del Ecónomo: con su testimonio de vida. Estos dos
a) el valor educativo de la gestión ad- criterios se aplicarán a los diversos
ministrativa; b) el valor formativo de agentes en los siguientes párrafos.
los espacios físicos y del mismo edi-
ficio del Seminario; c) el aprendizaje 140-144. Se dedican cinco artícu-
del recto uso de los bienes; d) la for- los a los profesores, probablemente
mación para la pobreza sacerdotal. a causa de la diversidad de situacio-
nes que se dan en los Seminarios. El
139. Se introduce aquí el concep- texto interpreta la presencia de los
to de comunidad educativa dibujando profesores como una misión forma-
un círculo más amplio, que incluye al tiva, coherente con el principio de la

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Los profesores (n. 141)

al Rector y al colegio de los profesores. Este encargo, en razón de la


responsabilidad formativa que comporta23, requiere un verdadero y pro-
pio mandato. Los docentes y los seminaristas deben adherirse con plena
fidelidad a la Palabra de Dios, consignada en la Escritura, transmitida en
la Tradición y auténticamente interpretada por el Magisterio. Aprendan
el sentido vivo de la Tradición de las obras de los Santos Padres y de los
otros Doctores que en la Iglesia son tenidos en gran estima.
141*. La formación intelectual de los candidatos está bajo la res-
ponsabilidad del Rector y del equipo formador. Con la eventual pre-
sencia del «coordinador de la dimensión intelectual», los formadores
garantizarán la colaboración y los encuentros regulares con los pro­
fesores y con otros expertos para tratar cuestiones relativas a la ense-
ñanza, con el fin de favorecer, con mayor eficacia, la formación integral
de los seminaristas. Los profesores se ocupen del buen desempeño de
los estudios de cada seminarista. La dedicación de los seminaristas al
trabajo intelectual personal, en todas las asignaturas, debe ser consi-
derada un criterio de discernimiento vocacional y una condición para
el crecimiento gradual en la fidelidad a las responsabilidades ministe-
riales del futuro.

23. Cf. Pastores dabo vobis, n. 67: AAS 84 (1992), 774-775.

formación integral. En consecuencia, 141. Se deja claro que la gestión


los profesores, independientemente de los estudios en el Seminario está a
de la materia que enseñen o de si son cargo del Rector, ayudado por el coor-
laicos, religiosos o presbíteros, de- dinador de la dimensión intelectual,
ben conocer la estructura educativa como antes se ha explicado. Este
del Seminario y deben apoyar desde criterio vale también para los casos
sus especialidades el proyecto inte- en que se confía a una facultad una
gral de formación. parte de la formación intelectual. El
texto deja entrever que no basta con
140. Siguiendo la norma del De- que los seminaristas realicen los es-
recho, el texto pide que los profeso- tudios en un instituto o facultad, sino
res sean nombrados a través de un que hay una labor precisa que hacer
«mandato» del Obispo (CIC, 253), en el plano intelectual dentro del mis-
teniendo en cuenta su fidelidad a la mo Seminario. Es fundamental que
fe católica y al Magisterio. El primer y se atienda la formación permanente
fundamental requisito para los profe- de los profesores, particularmente lo
sores del Seminario es su testimonio que se refiere a los métodos de en-
de fe. Sin ello harían más daño que señanza, pues tan necesaria como
bien al proceso formativo. el conocimiento de una materia es su

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Los agentes de la formación

142*. En el cumplimiento de su deber, los profesores se consideren


parte de una única comunidad docente24 y verdaderos educadores25;
procuren guiar a los seminaristas hacia la unidad del saber, que encuen-
tra su plenitud en Cristo, Camino, Verdad y Vida26.
La síntesis de conocimientos, exigida al seminarista, abrace todos los
demás ámbitos que se refieren a la vida sacerdotal, además del cientí-
fico. Los profesores, compartiendo y secundando el proyecto formativo
del Seminario en lo que les compete; estimulen y ayuden a los semina-
ristas a progresar, tanto en el ámbito del conocimiento y de la investiga-
ción científica, como en la vida espiritual.
143*. El número de profesores debe ser suficiente y proporcionado a
las exigencias didácticas y al número de seminaristas. Es preferible que
la mayoría del cuerpo docente sea constituido por presbíteros, que tam-
bién puedan garantizar una aproximación pastoral a su materia, refirién-
dose directamente a la experiencia personal. Estas indicaciones hallan
su motivación en el hecho de que los maestros no solo transmiten nocio-
nes, sino que contribuyen a «engendrar» y formar nuevos sacerdotes27.

24. Cf. ibid., n. 67: AAS 84 (1992), 774-775.


25. Cf. Directrices sobre la preparación de los educadores en los Seminarios, n. 46: En­
chiridion Vaticanum 13 (1996), 3229-3232.
26. Cf. ibid.
27. Cf. Optatam totius, n. 5: AAS 58 (1966), 716-717; Directrices sobre la preparación de
los educadores en los Seminarios, n. 27: Enchiridion Vaticanum 13 (1996), 3196-3197.

preparación para transmitirlo. Por úl- nisterio sacerdotal. Cada uno de ellos
timo se reconoce toda la importancia ha de ser consciente de los víncu­los
de la dedicación plena y seria al estu- entre la materia de estudio y el proce-
dio, colocando este criterio como un so formativo, y más específicamente
argumento importante para el discer- de la inserción pedagógica de estos
nimiento de la vocación presbiteral. conocimientos en el itinerario formati-
vo, integrando explícitamente los con-
142. Así como se habló de una co- tenidos en las otras dimensiones de la
munidad de formadores y una comu- formación. En efecto, un saber claro
nidad educativa, el texto pide también de materias relacionadas con cual-
a los profesores que se consideren quier aspecto de la formación, facilita
parte de un cuerpo, o sea, constitu- y promueve el crecimiento integral de
yendo una «comunidad docente y los seminaristas.
educativa», parte del proyecto voca-
cional del Seminario y, por tanto, que 143. En este artículo se describe
no entiendan su función como meros con más detalle el cuerpo de profeso-
transmisores de conocimientos y asu- res del Seminario. El primer dato es
man una misión educativa para el mi- el número de profesores, que debe

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Los profesores (n. 144)

En algunas situaciones podrá considerarse conveniente la contribu-


ción educativa de miembros de Institutos de vida consagrada, de So-
ciedades de Vida Apostólica o de laicos. Más allá de la diversidad de la
vocación, cada docente presente a los seminaristas un conocimiento
del propio carisma, garantice el sentido de su pertenencia a la Iglesia y
ofrezca un coherente testimonio de vida evangélica.
144*. Los profesores deben poseer el título académico pertinente28:
para las ciencias sagradas y la filosofía, se requiere al menos una licen-
cia o el título equivalente; para las otras disciplinas, los grados académi-
cos correspondientes. Dotados de experiencia y capacidad en el ámbito
pedagógico, los docentes han de tener un conocimiento conveniente de
las disciplinas afines a la que enseñan29.

28. Cf. CIC, can. 253, § 1.


29. Cf. Directrices sobre la preparación de los educadores en los Seminarios, n. 62: En­
chiridion Vaticanum 13 (1996), 3256.

adecuarse a la cantidad de semina- timonio de vida evangélica también


ristas y a las exigencias didácticas. se aplica, de una manera particular,
Se da a entender que se considera a los profesores presbíteros, que de-
superado el régimen precario del ben edificar a los seminaristas con el
cuerpo de profesores de algunos Se- ejemplo de su vida.
minarios en el pasado, donde había
un solo profesor de cada especiali- 144. Este último artículo se refiere
dad que asumía demasiadas mate- a la cualificación de los profesores.
rias. La diócesis se compromete así Han de tener la formación y el título
a preparar profesores, de modo que académico correspondiente en las
se imparta la enseñanza desde una materias que enseñan, con la expe-
diversidad de puntos de vista y con riencia y con la actitud de servicio de
calidad pedagógica. quien es testigo de la verdad y de la
El texto sugiere que la mayoría vida. Pero también han de contar ex-
de los profesores sean sacerdotes, plícitamente con una preparación pe-
pues se trata de formar presbíteros. dagógica y didáctica. Esta insistencia
También se puede y se debe invitar que se repite siempre que la Ratio ha-
a intervenir como profesores a lai- bla de los profesores está mostrando
cos y religiosos, y luego se apuntará un dato importante de la realidad: en
al aporte de la mujer también en el algunas ocasiones ha faltado a los
ámbito intelectual. Estas presencias profesores la preparación pedagógi-
deben ser valoradas una por una y ca, particularmente a los del ámbito
debe garantizarse el sentido testimo- filosófico y teológico, obstaculizando
nial y carismático que corresponde este hecho seriamente una adecua-
a su vocación. El criterio de un tes- da formación intelectual.

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Los agentes de la formación

f) Los especialistas*
145*. Varios especialistas pueden ser invitados a ofrecer su contribu-
ción, por ejemplo, en el ámbito médico, pedagógico, artístico, ecológico,
administrativo y en el uso de los medios de comunicación.

145-147. La Ra­tio dedica tres ar­ la consulta médica o la terapia psico-


tículos a los especialistas que pueden lógica. El texto hace referencia explí-
intervenir en la formación sacerdotal, cita a varias áreas profesionales:
considerándolos verdaderos agentes La medicina. El aspecto médico
de formación e integrados en la comu- del cuidado de la salud tiene impor-
nidad educativa del Seminario. Así, tancia en el Seminario porque orienta
cambia el concepto desde el especia- el recurso a la medicina para toda la
lista que actuaba puntualmente y sólo vida sacerdotal en dos sentidos: a) fo-
como profesional cualificado, hacia mentando la prevención, de modo
una nueva perspectiva, desde la que que se eviten situaciones de deterioro
se considera un equipo de profesio- de la salud que son frecuentes entre
nales que colabora habitualmente en los sacerdotes, y b) el uso adecuado
la tarea formativa. Ca­da vez es más de los fármacos, caracterizado por la
frecuente que los Seminarios cuenten moderación y la consulta al médico, y
con este equipo de profesionales, que evitando la práctica, también frecuen-
interpretan su saber desde una antro- te entre los presbíteros, de auto-rece-
pología cristiana e intervienen como tarse. Por otro lado, siempre es útil en
miembros de la comunidad de fe y una comunidad contar con un médico
conscientes de los valores sacerdota- de confianza, al que puedan acudir
les y de la dinámica propia de los pro- los seminaristas para tratarse proble-
cesos formativos. La coordinación de mas transitorios de salud.
este grupo recae a veces en el Rector La pedagogía. La preparación pe-
o, cuando existe, en el coordinador de dagógica y didáctica de los presbíte-
la dimensión humana. ros suele ser escasa. Esto es grave,
porque gran parte de su ministerio se
145. Conviene señalar dos mo­dos dedica a la enseñanza. Además, es
de intervención de los profesionales. habitual que los profesores de filoso-
El primero, de carácter sistemático fía y teología carezcan de prepara-
y preventivo, que educa a los semi- ción didáctica, con lo cual se tiende a
naristas en lo referente a las distin- establecer un círculo vicioso, alejan-
tas áreas profesionales. Aquí pueden do también a los seminaristas de una
ac­tuar como profesores de algunas capacitación pedagógica adecuada.
asignaturas, por ejemplo, introduc- Un ámbito importante de intervención
ción a la psicología o a la sociología, de los pedagogos es la formación di-
o impartiendo charlas de formación. dáctica de los profesores del Semina-
El otro modo de intervención es la rio, en particular de los que son sacer-
asesoría personalizada, por ejemplo, dotes, en varias líneas: el diseño de

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Los especialistas (n. 146)

146*. En el itinerario formativo para el presbiterado, la presencia y la


aportación de los especialistas en determinadas disciplinas es útil por
su calidad profesional y por la ayuda que pueden ofrecer, cuando las si-
tuaciones particulares lo requieran. En la selección de los especialistas,

programaciones de clase, la distribu- La ecología. Representa un punto


ción del tiempo de clase, los métodos sensible de la sociedad actual que la
de evaluación, etc. Otro ámbito es la formación sacerdotal no ha de des-
asesoría pa­ ra elaborar el proyecto cuidar. La intervención de especialis-
formativo del Seminario, sobre todo a tas en esta área puede tocar activida-
la hora de estructurar objetivos y de des ordinarias del Seminario, como
diseñar los materiales y momentos el cuidado de los jardines, la limpieza
de encuentro para los seminaristas. de la casa y la gestión de la basura.
Un tercer ámbito es la preparación Además, conviene despertar la sensi-
pedagógica de los seminaristas, que bilidad ante la obra de la creación y la
puede abrazar las ocasiones más fre- disposición a guiar al pueblo de Dios
cuentes en que instruyen al pueblo de hacia la protección de la naturaleza.
Dios: la homilía, la catequesis, ámbi- La administración. Casi todos los
tos específicos como la pastoral juve- seminaristas serán en el futuro ad-
nil, la pastoral familiar y otros. ministradores de los bienes eclesiás-
Las artes. La formación de los se­ ticos y deberán presentar reportes
minaristas ha de dotarlos también de contables, tanto en el ámbito eclesiás-
sensibilidad artística y cultural. Se tico como en el civil. A menudo se ha
pue­de pensar en lecciones de histo- descuidado este aspecto en la forma-
ria del arte y de apreciación artística. ción. Es deseable que un profesional
También en la preparación para la de esta área inicie a los seminaristas
creación y conservación del arte reli- en administración y contabilidad, en
gioso, que habitualmente correspon- gestión de bancos y pago de impues-
de a los párrocos. Es deseable sus- tos. También conviene una formación
citar experiencias estéticas para que para la administración sirviéndose de
los seminaristas se abran a nuevas los medios electrónicos.
sensibilidades en el mundo del arte, La comunicación. Los artículos
de modo que esta actitud de apertura 97-100 de la Ratio se han dedicado
se mantenga a lo largo de la forma- al uso de los medios de comunica-
ción permanente. Merece particular ción como parte de la formación sa-
atención la formación musical de los cerdotal. Es necesaria también una
seminaristas, que en el futuro coordi- formación más amplia para comuni-
narán el servicio de los coros parro- car, arte que continuamente ponen
quiales y en ocasiones ejecutarán el en práctica los presbíteros. Desde
canto en la liturgia, ya desde el mismo una buena teoría de la comunicación
Seminario, especialmente en el canto hasta el uso de los micrófonos, la ela-
de los salmos y en la participación en boración de carteles y otros medios
el canto litúrgico. que son utilizados continuamente en

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Los agentes de la formación

además de sus cualidades humanas y de su competencia específica,


se debe tener en cuenta su perfil como creyentes30. Los seminaristas
adviertan y consideren su presencia no como una imposición, sino como
el ofrecimiento de una ayuda valiosa y cualificada para sus eventuales
necesidades. Cada especialista debe limitarse a intervenir en el campo
que le es propio, sin pronunciarse sobre la idoneidad de los seminaristas
para el sacerdocio.
147*. La aportación de los psicólogos es valiosa, tanto para los forma-
dores como para los seminaristas, principalmente en dos momentos: en
la valoración de la personalidad, expresando una opinión sobre el esta-
do de salud psíquica del candidato; y en el acompañamiento terapéutico,

30. Cf. ibid., n. 64: Enchiridion Vaticanum 13 (1996), 3258.

la evangelización. Que el sacerdote, condiciones. Además el texto añade


que va a coordinar este tipo de accio- una referencia a la prudencia en lo
nes, cuente con una teoría consisten- que se refiere al juicio sobre la idonei-
te de la comunicación y no ignore el dad de los seminaristas, que nunca
fundamento y funcionamiento de los corresponde a los especialistas.
medios con que cuenta.
147. Este artículo se dedica al área
146. Este artículo aborda los cri- psicológica. La dilatada experiencia
terios de selección de los especialis- de la Iglesia en el proceso de discerni-
tas. Con frecuencia y con normalidad, miento, verificación y formación de los
será necesaria la aportación cualifica- futuros candidatos al sacramento del
da de especialistas. Por ello debe te- Orden, enseña que conviene contar
nerse como bueno y necesario, y ser con profesionales (pedago­gía, psico-
muy valorado, el aporte de personas logía, medicina) capaces de orientar
especializadas en aspectos significa- en determinados momentos del pro-
tivos del candidato al sacerdocio y pa­ ceso discernidor y formativo del semi-
ra la misión evangelizadora. narista. Los psicólogos y psiquiatras
Se mencionan tres condiciones juegan aquí un papel particu­lar. Se
fundamentales: un grado de madurez señalan dos momentos fundamenta-
personal que les permita actuar con les: el de la valoración de la persona-
autoridad, una adecuada competen- lidad, que puede hacerse antes de la
cia profesional que les haga certeros admisión al Seminario y en otros mo-
en sus intervenciones y una identidad mentos del proceso, y el del acompa-
cristiana y discipular que les permita ñamiento terapéutico.
comprender los valores sacerdotales. La valoración de la personalidad.
En ocasiones ha sido contraprodu- La primera valoración de la persona-
cente la intervención de algunos pro- lidad, que suele incluirse en el proce-
fesionales que han carecido de estas so previo al ingreso al Seminario, se

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Familia y otras instituciones (n. 148)

para iluminar eventuales problemáticas y ayudarlo en el desarrollo de la


madurez humana31. Algunas normas a tener en cuenta en el uso de esta
ciencia serán presentadas en el capítulo VIII.

g) La familia, la parroquia u otras realidades eclesiales*


148*. Habitualmente la vocación surge dentro de un contexto comu-
nitario, en el cual el seminarista ha vivido una experiencia de fe signi-
ficativa. Por esta razón, la formación sacerdotal inicial debe tener en

31. Cf. Orientaciones para la utilización de las competencias de la psicología en la ad­


misión y en la formación de los candidatos al sacerdocio: Enchiridion Vaticanum 25 (2011),
1239-1289.

considera necesaria. Gracias a esta que el Seminario es una comunidad


primera valoración se pueden detec- formativa en la que se requiere cierto
tar problemas psíquicos que even- nivel de salud física y psíquica. Por
tualmente constituyen impedimentos ello los procesos terapéuticos como
para la admisión. La amplitud de esta tales no deben ser generalizados y
valoración depende en alguna medi- siempre han de ir precedidos y en-
da de la cultura y de los recursos eco- vueltos por el acompañamiento de
nómicos del Seminario. En cualquier los formadores y del Director espiri-
caso conviene incluirla como auxiliar tual. En el capítulo VIII se abordarán
del discernimiento vocacional. La pri- las condiciones jurídicas del manejo
mera valoración ofrece también valio- de los informes psicológicos.
sas orientaciones para el proceso de
maduración de cada seminarista, que 148-149. Como ya se ha señala-
serán útiles tanto para el interesado do en diferentes apartados de este
como para los formadores. Es­ta valo- capítulo VI, todo el devenir formativo
ración puede repetirse en momentos será articulado por los diversos res-
significativos del proceso pa­ra verifi- ponsables, en el marco de la función
car la evolución de la personalidad, que a cada uno le compete. En ello,
especialmente en casos en que los toda la comunidad eclesial: la fami-
formadores lo juzguen oportuno. lia, la parroquia, los educadores y
El acompañamiento terapéutico. los diversos movimientos eclesiales,
Dentro de este genérico acompaña- constituyen referencias comunitarias
miento caben distintas opciones: la de gran valor para la labor formativa
terapia psicológica o psiquiátrica que del Seminario, ayudando a un mejor
dura hasta que se da de alta al pacien- discernimiento vocacional.
te, la entrevista puntual de orientación
que se limita a un periodo determina- 148. Dentro de este conjunto for-
do, y la terapia grupal. Este acompa- mativo y discernidor es fundamen-
ñamiento también puede tener carác- tal la familia, ámbito del nacimiento,
ter preventivo. Es importante señalar de­sarrollo y decisión vocacional del

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Los agentes de la formación

consideración dicho interlocutor. Tanto la familia como la parroquia de


origen o de referencia y, a veces, otras realidades eclesiales comunita-
rias32, contribuyen a sostener y nutrir, de modo significativo, la vocación
de los llamados al sacerdocio, tanto durante el período de la formación,
como a lo largo de la vida del presbítero33.
Efectivamente, «los vínculos familiares son fundamentales para for-
talecer la sana autoestima de los seminaristas. Por ello es importante
que las familias acompañen todo el proceso del seminario y del sacer-
docio, ya que ayudan a fortalecerlo de un modo realista»34.
Al mismo tiempo, el proceso formativo debe educar, desde su inicio,
para una libertad interior que permita la justa autonomía en el ejercicio
del ministerio y una sana distancia de eventuales expectativas de parte
de la familia, ya que la llamada del Maestro exige «poner la mano en el
arado, sin mirar hacia atrás» (cf. Lc 9, 62).

32. Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta Iuvenescit Ecclesia a los Obispos
de la Iglesia católica sobre la relación entre los dones jerárquicos y carismáticos para la vida y
misión de la Iglesia (15 de mayo de 2016): L’Osservatore Romano 135 (15 de junio de 2016),
1, 4-5; ibid. 136 (16 de junio 2016), 7.
33. Cf. Pastores dabo vobis, n. 68: AAS 84 (1992), 775-778.
34. Amoris laetitia, n. 203.

seminarista. Es muy importante que hicieron tantos santos a lo largo de la


la Ratio fundamentalis señale a la fa- historia de la Iglesia. Todo debe apun-
milia como agente de formación en el tar hacia una postura adecuada de la
Seminario, que esta realmente lo sea familia en relación al ministerio sacer-
y que el Seminario la considere par- dotal de uno de sus miembros.
te de su misión formativa. De hecho, La parroquia de origen y otras
sin la colaboración de la familia sería referencias de comunidad cristiana
difícil que el seminarista asimilara requieren un proceso similar. Los se­
aspectos fundamentales de la propia minaristas han aprendido en sus co-
formación. munidades de origen algunos valores
El segundo párrafo y el siguiente de la fe y ciertas dinámicas que apli-
artículo versan sobre el proceso que can espontáneamente en la comu-
cada seminarista necesita hacer en nidad formativa del Seminario. Sin
relación con su familia de origen, de embargo, también estos lazos entra-
modo que, conservando el entrañable ñables necesitan ser reconocidos e
vínculo, pueda alcanzar la «justa au- interpretados desde una clave pasto-
tonomía» respecto de ella. Para tal fin ral más amplia, pues en dichas co-
será necesario reconocer y aceptar munidades siempre hay fortalezas y
la propia realidad familiar y trabajar debilidades. Este análisis e interpre-
asiduamente en una nueva interpre- tación de la comunidad cristiana de
tación de los lazos familiares, co­mo origen tiene una especial importancia

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Familia y otras instituciones (n. 149)

149*. El Seminario no solo debe desarrollar una tarea educativa con


los seminaristas, sino también debe emprender una verdadera acción
pastoral en relación con sus familias. Es necesario que, con realismo y
madurez humana y cristiana, los seminaristas sepan reconocer y acep-
tar la propia realidad familiar, afrontar eventuales problemas y, también
cuando sea posible, compartir con ella el propio proyecto vocacional. El
trabajo pastoral del Seminario en relación con las familias de los semi-
naristas contribuye tanto a la maduración cristiana de la misma, como
a la aceptación de la llamada al sacerdocio de uno de sus miembros,
considerándola como una bendición, valorándola y sosteniéndola du-
rante toda la vida.

en el caso de las vocaciones nacidas su proyecto sacerdotal con la familia,


de movimientos eclesiales, de modo encontrando en ella un apoyo incon-
que la misión del pastor sea valorada dicional y un referente de compren-
por el seminarista en toda su ampli- sión y estabilidad. Sin embargo el
tud, y no solo desde la perspectiva texto reconoce que esto no siempre
limitada de un movimiento eclesial es posible.
o una parroquia concreta. Recono- Teniendo presente lo indicado en
ciendo las aportaciones positivas de los párrafos previos de estos núme-
la comunidad de origen, debe quedar ros, es oportuno que los seminaris­tas
claro que el seminarista recibirá la or- conozcan cada una de las realida­des
denación presbiteral para servir a la que conforman la Iglesia particu­lar,
Iglesia entera, y no a un movimiento también a través de experiencias
concreto. Esto es un fruto del proce- pastorales. De igual importancia es
so formativo. que las comunidades eclesiales vi-
siten el Seminario y lo sientan como
149. Este artículo hace referencia «el corazón de la Diócesis». Sería de
a la acción pastoral que el Seminario desear que estos espacios de convi-
realiza con las familias de los semi- vencia y de enriquecimiento mutuo
naristas y formadores. La vocación estuvieran organizados ponderada-
de uno de sus miembros debe ser mente, dentro del proceso formativo,
considerada una gracia para la fami- mediante encuentros entre la comu-
lia, don de Dios que requiere de un nidad educativa del Seminario y cada
cuidado pastoral. Así la familia que una de las realidades pastorales que
es referente formativo para el semi- hay en la Diócesis, que faciliten la
narista y lo seguirá siendo a lo largo formación, la oración, el crecimiento
de toda la vida, es al mismo tiempo espiritual y la labor pastoral, pues se-
destinataria de una acción educativa, rán los futuros presbíteros de dichas
tanto en sentido humano como cris- comunidades. Lo que no se conoce,
tiano. Hay que poner los medios para no se puede amar en profundidad y
que el seminarista pueda compartir sentir como propio.

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Los agentes de la formación

h) Vida consagrada y laicos en la formación


150*. La presencia de laicos y personas consagradas en el Seminario
representa un importante punto de referencia en el itinerario formativo
de los candidatos. Los seminaristas son formados en la estima de los
diversos carismas presentes en la comunidad diocesana; el presbítero,
efectivamente, tiene el deber de animar la diversidad de los carismas
dentro de la Iglesia. La vida consagrada representa un signo, elocuente
y atrayente, de radicalidad evangélica y de disponibilidad al servicio. A
su vez, los fieles laicos cooperan con la misión evangelizadora de Cristo
y ofrecen edificantes testimonios de coherencia y de opciones de vida
según el Evangelio35.
151*. La presencia de la mujer en el proceso formativo del Seminario,
entre los especialistas en el ámbito de la enseñanza, del apostolado, de
las familias o del servicio a la comunidad, tiene por sí misma un valor
formativo, también en orden al reconocimiento de la complementarie-
dad entre varón y mujer. Las mujeres representan con frecuencia una
presencia numéricamente mayoritaria entre los destinatarios y los cola-
boradores de la acción pastoral del sacerdote, ofreciendo un edificante
testimonio de humilde, generoso y desinteresado servicio36.

35. Ibid., n. 162: «Quienes han sido llamados a la virginidad pueden encontrar en algunos
matrimonios un signo claro de la generosa e inquebrantable fidelidad de Dios a su Alianza,
que estimule sus corazones a una disponibilidad más concreta y oblativa».
36. Cf. Pastores dabo vobis, n. 66: AAS 84 (1992), 772-774; Juan Pablo II, Exhortación
apostólica post-sinodal Christifideles laici (30 de diciembre de 1988), nn. 49 y 51: AAS 81
(1989), 487-489 y 491-496.

150. Sin duda, para la vida del Se- junto con la riqueza y experiencia que
minario resulta beneficiosa la presen- recibirá, enriquecerá su vida y su futu-
cia de personas consagradas y laicos, ro ministerio, y será una ayuda para la
tanto en el ámbito formativo como en responsabilidad que tendrá en el dis-
el testimonial. Su ser y carisma apor- cernimiento de los carismas y en su
tarán luz en el proceso formativo y adecuada animación e integración en
discernidor de los seminaristas y a la comunidad cristiana.
su misma identidad presbiteral. Cada
Iglesia particular es rica en multitud de 151. Se ha reservado este artículo
carismas y ministerios; es sumamen- para poner de relieve la importancia
te importante que el seminarista ten- de la intervención de la mujer en el
ga conocimiento y experiencia de los proceso formativo. Se señalan algu-
diferentes carismas y ministerios que nos ámbitos, profundamente comple-
existen tanto en la Iglesia universal mentarios entre sí, que ponen en evi-
co­mo en la local. Este conocimiento, dencia la riqueza del aporte femenino:

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Formación de los agentes (n. 152)

i) Formación permanente de todos los agentes


152*. El compromiso de los agentes de la formación puede ser des-
crito como una disposición interior, arraigada en una intensa experiencia
espiritual y orientada por un constante discernimiento, que les permite
aprender de la vida y de las diversas circunstancias, y reconocer en ellas
la acción providencial de Dios en el propio proceso cristiano o sacer-
dotal. Desde la profundidad de esta disposición se mide la calidad del
servicio ofrecido a los seminaristas y, al mismo tiempo, de ella depende
un sereno clima formativo en el Seminario.

como profesoras, según su prepara- cio del acompañamiento y del dis-


ción; como agentes que introducen a cernimiento de la vida ministerial. Es
los seminaristas al servicio pastoral; interesante que se incluya a todos los
como madres, abuelas y hermanas, agentes, sacerdotes, religiosos y lai-
en el ámbito de la familia; como tra- cos, pues así se reconoce que para
bajadoras en la comunidad formativa. ca­da uno de ellos la colaboración en
La complementariedad entre va- el Seminario es una ocasión signifi-
rón y mujer suele ser una asignatu- cativa de formación permanente. La
ra pendiente, también en el ambien- etapa de su vida en la que les toca co-
te eclesial. La relación con mujeres laborar con la formación se interpreta
que dan ejemplo de vi­da cristiana, de como un momento especial de gracia,
prudencia humana y de cualificación que les ayudará a vivir mejor su pro-
profesional, debe ayudar a los semi- pia vocación y a conservar para siem-
naristas a resituar su víncu­lo con la pre un talante formativo y un particular
realidad femenina. Esto es crucial pa­ interés por la vocación sacerdotal.
ra la vivencia del celibato y, después, Un análisis certero sobre qué se
para el ejercicio del ministerio, en el debe renovar en la formación, así
que estarán tan presentes las muje- co­mo en la adquisición de los nece-
res. El seminarista debe aprender de sarios conocimientos, actitudes y mé-
ellas y apreciar el indudable valor de todos apostólicos... les permitirán no
su testimonio de vida. solo una actualización, sino estar a la
altura del servicio encomendado.
152. Finaliza este capítulo sobre El segundo párrafo se refiere en
los agentes de la formación con una particular a los sacerdotes del equipo
invitación al compromiso de enrique- formador. Para ellos la oportunidad
cer constantemente la formación de de servir en el Seminario debe trans-
los mismos, para un mejor servicio a formarse, de ordinario, en una notoria
la Iglesia, a la pastoral vocacional sensibilidad y disponibilidad para la
y a la formación de los seminaris­tas, pastoral presbiteral. Esta es una con-
creciendo constantemente, con la secuencia del vínculo profundo entre
gra­cia de Dios y las aportaciones de pastoral vocacional, formación inicial
la ciencia, en la disposición al servi­ y formación permanente.

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Los agentes de la formación

Los formadores, en el ejercicio de su misión, descubren una opor-


tunidad de crecimiento y pueden reconocer el carisma específico del
acompañamiento vocacional y de la vida sacerdotal, como llamada que
los enriquece personalmente. En este sentido, el Seminario puede lle-
gar a ser una escuela que prepara a los responsables para la formación
permanente. Quien ha sido formador en el Seminario adquiere una par-
ticular sensibilidad y una rica experiencia para, posteriormente, poder
acompañar la formación permanente del Clero37.

37. Cf. Pastores dabo vobis., nn. 70-81: AAS 84 (1992), 778-800.

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VII
ORGANIZACIÓN DE LOS ESTUDIOS*

153*. «La formación intelectual de los candidatos al sacerdocio en-


cuentra su justificación específica en la naturaleza misma del ministerio
ordenado y manifiesta su urgencia actual ante el reto de la nueva evan-
gelización, a la que el Señor llama a su Iglesia»1. Para garantizar a los
futuros sacerdotes una adecuada formación intelectual, todas las discipli-
nas se enseñarán resaltando claramente su íntima conexión, evitando la
fragmentación. Se trata de un recorrido unitario, integral2, del que todas
las materias son «piezas» importantes en la presentación del misterio de
Cristo y de la Iglesia, y para hacer madurar una visión auténticamente
cristiana del hombre y del mundo.
*«La situación actual, marcada gravemente por la indiferencia reli-
giosa y por una difundida desconfianza en la verdadera capacidad de
la razón para alcanzar la verdad objetiva y universal, así como por los

1. Pastores Dabo Vobis, n. 51: AAS 84 (1992), 748.


2. Cf. CIC, can. 254, § 1.

153-154. El marco de la organi- eclesial, para aprender a escrutar los


zación de los estudios se encuentra signos de los tiempos (cf. RFIS, 117).
en la introducción y en los números En el número 153 hallamos los
116-118, que tratan sobre la dimen- elementos que justifican la forma-
sión intelectual. En la introducción se ción intelectual, los criterios que pue-
presenta el Ordo studiorum con un den ayudar a garantizar una sólida
carácter normativo, teniendo como formación y las realidades actuales
base al menos seis años de filosofía que influyen en la formación de los
y teología, «incluyendo el programa seminaristas y a la vez se tornan de-
de estudios de la etapa propedéutica safíos para el anuncio de la alegría
y las asignaturas relativas al ejercicio del Evangelio. El número 154 es más
del ministerio». Lo más significativo práctico, dando orientaciones para la
de los artículos referidos a la dimen- preparar y adaptar los planes de es-
sión intelectual es la afirmación de tudio en la Ratio nationalis.
que la formación intelectual está al
servicio del ministerio pastoral; inci- 153a. Teniendo como referente la
de en la formación humana y espiri- exhortación apostólica Pastores dabo
tual; dispone a los seminaristas para vobis, la Ratio fundamentalis presen-
escuchar con profundidad la Palabra ta los elementos que justifican la for-
de Dios y también a la comunidad mación intelectual: la naturaleza mis-

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Organización de los estudios

problemas y nuevos interrogantes provocados por los descubrimientos


científicos y tecnológicos, exige un excelente nivel de formación intelec-
tual que haga a los sacerdotes capaces de anunciar, precisamente en
este contexto, el inmutable Evangelio de Cristo y hacerlo creíble frente a
las legítimas exigencias de la razón humana. Añádase, además, que el
actual fenómeno del pluralismo, acentuado más que nunca en el ámbito
no sólo de la sociedad humana, sino también de la misma comunidad

ma del ministerio y los desafíos de la Podemos recoger algunas caracte-


nueva evangelización. El criterio usa- rísticas de la cultura de la época para
do para garantizar una buena forma- evaluar cómo se manifiestan en las
ción intelectual es la íntima conexión realidades locales: a)  en relación al
entre las disciplinas que se enseñan. ambiente cultural, que se presentan
Al subrayar que el camino formativo como desafíos de la nueva evange-
debe ser unitario e integral, citando el lización, y también b) cómo están
Código de Derecho Canónico hace presentes en la forma mentis de los
un llamado a los profesores «para mismos seminaristas. Los temas que
preocuparse por la íntima unidad y ar- pueden ser descritos en las realida-
monía de toda la doctrina de la fe» (cf. des locales para la elaboración de la
CIC, 254 § 1), centrándose en la pre- Ratio nationalis son: 1.  indiferencia
sentación del misterio de Cristo y de la religiosa; 2.  desconfianza relativa a
Iglesia. En relación a estos desafíos, las reales capacidades de la razón
algunos especialistas nos recuerdan pa­ra llegar a la verdad; 3. problemas e
que la ars theologica es una especie interrogantes nuevos provocados por
de arte combinatoria que consiste en los descubrimientos científicos y tec-
la capacidad de articular un tema con nológicos; 4. pluralismo en la socie­
otro. Ya el Concilio Vaticano I afirmó dad y en la comunidad eclesial.
que es necesario el «nexo entre los Como otra cara de la misma mo-
misterios» (DS, 3016). La finalidad neda encontramos en la actualidad
de ese camino inicial es conseguir realidades que condicionan la ca-
que el seminarista pueda madurar pacidad y el deseo de buscar la in-
una visión auténticamente cristiana teligencia de la fe: pentecostalismo,
de Dios, del hombre y del mundo. En fideísmo y fundamentalismos alie­
el lenguaje de los Santos Padres, la nantes (delegación la inteligencia de
finalidad de la formación intelectual la fe a otro: profeta / guía) y cerrazón
consiste en curar la «enfermedad» al diálogo. Esas realidades exigen de
que hace considerar los seres inde- los profesores y seminaristas un ex-
pendientes de Dios, sin la capacidad celente nivel de formación y una ap-
de transparentar lo transcendente. titud para el discernimiento crítico de
la realidad y de la propia experiencia
153b. Al presentar la situación ac­ en vistas al anuncio de la alegría del
tual, el texto cita Pastores dabo vobis. Evangelio (Evangelii gaudium).

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Fundamentación (n. 154)

eclesial, requiere una aptitud especial para el discernimiento crítico: es


un motivo ulterior que demuestra la necesidad de una formación intelec-
tual más sólida que nunca»3.
154*. A continuación se proponen las diversas disciplinas que confi-
guran el plan general de los estudios. En la Ratio nationalis deberán de-
finirse las materias que corresponden a la formación intelectual en cada
etapa formativa, indicando brevemente los objetivos de cada disciplina,
su lugar en el conjunto, el programa y su distribución en años y semes-
tres, señalando el número de créditos atribuidos a cada curso.
El estudio de las materias propedéuticas deberá ocupar al menos un
año; los estudios de filosofía, al menos un bienio o el número de horas
semestrales equivalente, según el sistema escolar vigente en algunos
países, los estudios de teología se prolongarán al menos por cuatro
años (o el número de horas semestrales proporcional), de modo que, en

3. Pastores dabo vobis, n. 51: AAS 84 (1992), 749.

154. Se indican aquí algunos cri- ejecutan el programa de manera con-


terios cuantitativos y cualitativos pa­ra tinuada y otros de manera cíclica, etc.
preparar los planes de estudio en la Por dicho motivo, para la adap-
Ratio nationalis. Acerca de los tiem- tación en la Ratio nationalis es re-
pos, como se dijo ya, la base son los comendable que se definan los ele-
seis años de la filosofía y la teología. mentos mínimos: el tiempo (años/
Antes de ese periodo las materias semestres), el programa de las disci-
propedéuticas deben ocupar al me- plinas de cada curso (propedéutico,
nos un año. Según el sistema escolar filosófico, teológico y ministeriales)
vigente en cada país, la filosofía debe y de cada disciplina los objetivos y
corresponder al menos a un bienio y horas/créditos. Incluir más detalles
la teología a un cuatrienio, o al núme- podría ser perjudicial y hasta llevar
ro de horas semestrales proporciona- a la extinción de centros de estudios
les. Para la elaboración general del más modestos. En todo caso, se per-
programa de estudios se deben tener cibe en el documento la conciencia
en cuenta las diversas realidades de una «tensión saludable» entre lo
que existen en una misma nación, que constituye una estructura esen-
como Seminarios que tienen el cen- cial (de carácter normativo) propues-
tro de estudios dentro de la misma ta para toda la Iglesia y la necesidad
casa; Seminarios que tienen la casa de una «aplicación adaptada» por las
de formación cerca de un centro de Conferencias episcopales, Semina-
estudios común a donde son envia- rios y Casas de Formación, con sus
dos los seminaristas; regiones donde tradiciones formativas, posibilidades
abundan los profesores y otras donde reales y necesidades pastorales (cf.
escasean; centros de estudios que RFIS, 154c).

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Organización de los estudios

su conjunto, los estudios teológicos y filosóficos comprendan al menos


un sexenio4 (o, según otros programas de estudios, la cantidad de ma-
terias que incluye comúnmente un sexenio).
Las materias indicadas a continuación para los estudios propedéu-
ticos, filosóficos y teológicos, junto con las materias «ministeriales»,
constituyen la estructura esencial de los estudios en los Seminarios y en
todas las Casas de formación, podrán ser integradas y adaptadas por las
Conferencias Episcopales, considerando su propia tradición formativa y
sus específicas necesidades pastorales.

a) Estudio de las materias propedéuticas*


155*. Aunque se trata de una etapa previa y preparatoria al estu-
dio filosófico y teológico, la propedéutica pone el acento no sólo en el

4. Cf. CIC, can. 250.

155-157. A modo de introducción a la vida de oración, a la vida litúrgica


y con la intención de situar el estudio y sobre todo a la experiencia comuni-
de las materias propedéuticas en el taria, cultivar el hábito de lectura, de
contexto de dicha etapa, exponemos estudio periódico y de debate sobre
una síntesis de los números 57 al 60. temas relevantes, estimular la bús-
La etapa propedéutica es la pri- queda permanente de informa­ciones
mera de las cuatro grandes etapas en rigurosa sobre la realidad social, po-
las que se divide la formación inicial lítica y eclesial del entorno, llenar la-
(cf. RFIS, 57). La experiencia enseña gunas académicas y lingüísticas com-
que es necesario dedicar un «tiempo pletando la formación cultural si fuese
introductorio» no inferior a un año (cf. preciso (cf. RFIS, 59).
RFIS, 59) en el que los seminaristas En síntesis, durante la etapa pro-
se prepararán para iniciar los estu­ pedéutica es fundamental cuidar de
dios eclesiásticos. Los procedentes tres momentos que ayudarán notable-
del Seminario menor también necesi- mente en el discernimiento vocacio-
tarán un tiempo de propedéutico para nal (cf. RFIS, 60): 1. Sentar las bases
centrarse en el objetivo principal: dis- para una buena formación humana y
cernir la conveniencia de continuar cristiana. 2. Cultivar la relación con el
la formación sacer­dotal o emprender Obispo y el presbiterio. 3. Cono­cer en
otro camino de vida (cf. RFIS, 59). la medida de lo posible las diferentes
Este discernimiento se hará sen- realidades de la diócesis.
tando las bases para la vida espiritual
y favoreciendo un autoconocimiento, 155. Nótese que el acento se po­
con vistas al desarrollo personal. Es ne en sentar las bases de la forma-
crucial en esta etapa: la introducción ción, teniendo en cuenta sobre todo

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Las materias propedéuticas (n. 156-157)

aspecto intelectual, «sino también y sobre todo humano y espiritual»5;


«en particular, es urgente garantizar un justo equilibrio entre el aspecto
humano-espiritual y el cultural, con el fin de evitar la multiplicación ex-
cesiva de materias de estudio, que vaya en detrimento de la formación
propiamente religiosa y sacerdotal»6.
156*. Al elegir las materias a tratar durante el período propedéutico,
conviene tener presente la situación de la sociedad y de la Iglesia par-
ticular en que se desarrolla el proyecto educativo. Deberá garantizarse
la solidez de los elementos esenciales de la formación intelectual, que
facilitarán todo el proceso formativo.
Se procure garantizar «un conocimiento bastante amplio de la doctri-
na de la fe»7 y de los elementos de comprensión del ministerio presbiteral
y, además, remediar las eventuales deficiencias que tuviesen los candi-
datos al sacerdocio al término de los estudios secundarios en los ámbitos
necesarios para ellos.
157*. A continuación se presenta, a modo de ejemplo, un elenco de
algunas materias que pueden incluir los estudios propedéuticos:

5. El período propedéutico, III, n. 1.


6. Ibid., III, n. 6.
7. Pastores dabo vobis, n. 62: AAS 84 (1992), 767.

los aspectos humano, espiritual y el cia de fe y posibilitan un primer des-


cultural; para esto es de suma impor- cernimiento de la vocación. También
tancia evitar una multiplicación exce- es importante ayudar a sanar las de-
siva de materias de estudio. Conse- ficiencias académicas e intelectuales
cuentemente se impone hacer una que los seminaristas puedan arras-
selección, priorizando la introducción trar desde el periodo escolar.
a diversos objetos de estudio y en ar-
monía con los contenidos del proyec- 157. Se presenta aquí un elenco
to formativo de la etapa. de posibles materias. Se da a en-
tender que el currículum de la eta-
156. La elección de las materias pa propedéutica es flexible, según
en esta etapa deberá tener en cuenta las condiciones de la diócesis y las
dos polos importantes: el carácter in- necesidades de los seminaristas. El
troductorio de la etapa propedéutica texto hace una clasificación de las
y el contexto socio-eclesial de la dió- materias por bloques, que conviene
cesis y de los seminaristas. Lo que se comentar brevemente:
debe buscar en esta etapa es un co- En torno a la Sagrada Escritura
nocimiento general de los principios interesa particularmente garantizar
bíblicos, magisteriales y doctrinales que los seminaristas hagan una apro-
que fundamentan la propia experien- ximación a la lectura creyente de la

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Organización de los estudios

a) Iniciación a la lectura de la Sagrada Escritura, que permita un pri-


mer conocimiento de la Biblia en todas sus partes.
b) Introducción al misterio de Cristo8 y de la Iglesia, a la teología del
sacerdocio y a la liturgia, mediante el estudio del Catecismo de la Iglesia
Católica y de los libros litúrgicos.
c) Introducción a los documentos del Concilio Vaticano II y al Magis-
terio de la Iglesia, sobre todo el Magisterio Pontificio.
d) Elementos de espiritualidad presbiteral, con especial atención a
las principales «escuelas» espirituales y a los santos que han ofrecido el
testimonio de una vida sacerdotal ejemplar.

8. Cf. El período propedéutico, III, n. 2. En general, el curso de introducción al misterio


de Cristo procura situar a los seminaristas en el significado de los estudios eclesiásticos, su
estructura y su fin pastoral; al mismo tiempo, junto a la atenta lectura de la Palabra de Dios,
también pretende ayudar a los seminaristas para que puedan dar un sólido fundamento a su
fe, entender más profundamente y abrazar con mayor madurez la vocación sacerdotal.

Biblia, acogiendo en la medida de lo tal el catecismo de la Iglesia Católica.


posible la totalidad del texto bíblico, Las partes del catecismo pueden ser
es decir, al menos una aproxima- un referente importante para la con-
ción tanto al Antiguo como al Nuevo fección del itinerario formativo: Pala-
Testamento, procurando superar las bra de Dios, vida sacramental, cate-
dificultades de comprensión que los quesis cristológica, moral cristiana.
seminaristas puedan experimentar. Nuevamente surge el nexo entre el
Esta será la base para la meditación estudio y el plan de formación. Ade-
de la Escritura durante la etapa disci- más, se pone un fundamento para el
pular y configuradora y después para estudio de la teología.
el estudio sistemático de la Sagrada En tercer lugar se insiste en la
Escritura. Es evidente el nexo entre aproximación a los documentos del
este estudio y los objetivos de la for- Concilio Vaticano II y al Magisterio re-
mación. El itinerario formativo puede ciente de la Iglesia. Se trata de situar
incluir una ceremonia de entrega de a los seminaristas en el contexto de la
la Biblia que ponga de relieve la im- Iglesia actual, tal como hace el Conci-
portancia de la Palabra de Dios en la lio Vaticano II. Tiene una gran impor-
vida del creyente y en el proceso for- tancia que desde el mismo inicio de
mativo. Existen manuales clásicos de la formación se afirme la referencia a
historia de la salvación que procuran la Iglesia en la que los seminaristas
una visión integral del texto bíblico. serán pastores, evitando los anacro-
Un segundo elemento es el estu- nismos, sea en el contenido teológico
dio de la doctrina cristiana que, lógi- como en las formas externas.
camente, la mayoría de los semina- Después se presenta un bloque
ristas conocen parcialmente. El texto de doctrina presbiteral, que incluye
señala como instrumento fundamen- la comprensión del sacerdocio y la

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Estudios filosóficos (n. 158)

e) Elementos de historia de la Iglesia universal y de la Iglesia local,


especialmente desde el punto de vista misionero.
f) Hagiografía de los santos y beatos propios de la diócesis o de la
región.
g) Elementos de cultura humanística, mediante el conocimiento de
obras de autores nacionales y de las religiones no cristianas del país y
de la región.
h) Elementos de psicología, que puedan ayudar a los seminaristas en
el conocimiento de sí mismos.

b) Estudios filosóficos*
158*. El estudio de la filosofía «lleva a un conocimiento y a una inter-
pretación más profundos de la persona, de su libertad, de sus relaciones
con el mundo y con Dios. Ello es muy urgente, no sólo por la relación que

aproximación al ejemplo y a los tex- vo. En los Seminarios que confían la


tos de algunos sacerdotes santos. Se parte académica a una facultad ecle-
quiere fundamentar, también desde el siástica, toparán con la dificultad de
estudio, la importancia de mantener que estas materias no se incluyen en
siempre el deseo de la santidad sa- el programa de la facultad. El mero
cerdotal, dejando claro que el camino hecho de implementar la etapa pro-
que han elegido exige este deseo y pedéutica con todas las clases en el
continua búsqueda. En el mismo sen- mismo Seminario es una ocasión pa­
tido se pide que estudien algunos ele- ra que desde el inicio el equipo forma-
mentos de historia de la Iglesia, que dor asuma la responsabilidad de la di-
se profundizarán posteriormente, y de mensión intelectual, según el espíritu
la hagiografía local. de la Ratio, y ofrezca a los seminaris-
Tiene también su lugar la cultura tas clases de carácter complementa-
humanística, que a menudo falta en rio, pastoral y ministerial.
los programas oficiales de la educa-
ción media y es necesaria para el es- 158-164. Esta sección de los estu-
tudio de la filosofía y la teología. Por dios filosóficos tiene como referencias
último, se incluye la introducción a la fundamentales el número 52 de Pas­
psicología y se explica la razón: para tores dabo vobis, la Ratio fundamen­
ayudar a los seminaristas en el cono- talis de 1985, y el Decreto de reforma
cimiento de sí mismos, que se profun- de los estudios eclesiásticos de filo-
dizará durante la etapa discipular. sofía, publicado en 2011 por la Con-
Se trata así de un conjunto am- gregación para la Educación Católica.
plio de asignaturas que es necesario Estos números subrayan el carácter
seleccionar bien, buscando siempre sapiencial de la filosofía, su estudio
su integración en el proyecto formati- sistemático, su conexión con todo el

181

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Organización de los estudios

existe entre los argumentos filosóficos y los misterios de la salvación es-


tudiados en teología a la luz superior de la fe, sino también frente a una
situación cultural muy difundida, que exalta el subjetivismo como criterio
y medida de verdad […]. Ni tampoco hay que infravalorar la importancia
de la filosofía para garantizar aquella ‘certeza de verdad’, la única que
puede estar en la base de la entrega personal total a Jesús y a la Iglesia»9.
159*. En cuanto a las materias a estudiar en el ámbito filosófico, se
reconozca una particular importancia a la filosofía sistemática, que con-
duce a un sólido y coherente conocimiento del hombre, del mundo y de
9. Pastores dabo vobis, n. 52: AAS 84 (1992), 750.

proceso de formación y su orientación patrística; se incluye también como


pastoral. En definitiva, estos números relevante el tema de la libertad hu-
buscan recuperar la filosofía en su mana que ha sido constante en las
vocación originaria: la «búsqueda de filosofías modernas, las cuales han
lo verdadero y su dimensión sapien- subrayado la importancia de la acción
cial y metafísica». humana en el mundo.
Otro enfoque interesante es que
158. Este primer artículo sobre los la filosofía no se considera un me­
estudios filosóficos cita textualmente ro preludio que permite comprender
el número 52 de Pastores dabo vobis los misterios que se estudiarán en la
y considera esta etapa como funda- teología, sino que ayuda a distinguir
mental para una »entrega personal y con rigor los elementos culturales ac-
total a Jesús y a la Iglesia». tuales marcados por «el subjetivismo
La primera meta del estudio de la como criterio y medida de la verdad».
filosofía es el conocimiento e inter- Así, esta etapa fortalece en el semi-
pretación de «la persona, de su liber- narista la capacidad de llegar a la cer-
tad y de sus relaciones con el mundo teza de la verdad con rigor y empeño.
y con Dios». Llama la atención que
no es un estudio dirigido solo a au- 159a. En lo concerniente a los
mentar el nivel cultural y humano de contenidos, la filosofía sistemática
los candidatos o que se limite a crear continúa siendo la parte central de los
un sólido conocimiento de la cultura estudios filosóficos dirigida a lograr
antigua y actual, sino a desarrollar un una «síntesis amplia de pensamiento
conocimiento profundo de sí mismo y y perspectivas». Los objetos de co-
de la realidad que le permita ser ca- nocimiento sólido y coherente son,
paz de interpretar el tiempo que está como siempre, el hombre, el mundo
viviendo. Queda así patente la utili- y Dios. Hay que tomar en cuenta que
dad de los estudios filosóficos. en la enseñanza actual, en la mayor
Los objetos de estudio son «el parte de los países, falta esta visión
hombre, el mundo y Dios», temas ya de conjunto y esta interpretación de
clásicos en la filosofía antigua y en la la realidad.

182

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Estudios filosóficos (n. 159)

Dios, garantizando una síntesis amplia de pensamiento y de perspec-


tivas. Esta formación debe basarse en el patrimonio filosófico peren-
nemente válido, del que son testigos*. Se deben tener en cuenta las
investigaciones filosóficas de nuestro tiempo, sobre todo las que ejercen
un mayor influjo en el país, y el progreso de las ciencias modernas, de
modo que los seminaristas, conscientes de los rasgos característicos
de la sociedad, sean preparados adecuadamente para el diálogo con los
hombres. Para facilitar el estudio de las materias filosóficas, los semina-
ristas deberán aprender una «metodología filosófica» específica.

Además de remitir el patrimonio fi- 159b. En cuanto a los contenidos,


losófico universal y también específi- la filosofía sistemática si­gue siendo la
camente cristiano, la Ratio considera parte central de los estudios filosófi-
importante estudiar las filosofías con- cos dirigida a lograr una «síntesis am-
temporáneas que ejercen mayor in- plia de pensamiento y perspectivas».
fluencia a nivel universal y en el país Los objetos de conocimiento sólido
correspondiente. Esto indica el deseo y coherente son, como siempre, el
de encarnación que debe suscitar el hombre, el mundo y Dios. Hay que te­
estudio en los seminaristas, de modo ner en cuenta que en la enseñanza
que sepan entrar en sintonía con los actual, en la mayor parte de los paí-
problemas propios del tiempo y lugar ses, falta esta visión de conjunto y es­
en que están viviendo. ta interpretación de la realidad.
Considera también una aproxima- Además de remitir al patrimonio fi-
ción a los progresos de las ciencias losófico universal y al específicamen-
modernas o ciencias del hombre, por- te cristiano, la Ratio considera impor-
que ellas permiten una mayor con- tante estudiar las filosofías actuales
ciencia de las características de la so- que más influyen a nivel universal y
ciedad actual y posibilitan un diálogo en el país correspondiente. Esto indi-
adecuado con los hombres de hoy. ca el deseo de encarnación que debe
Es novedoso e interesante que en suscitar el estudio en los seminaris-
este número se recomiende el apren- tas, de modo que sepan entrar en sin-
dizaje de una «metodología filosófi- tonía con los problemas propios del
ca específica». Este dato indica que tiempo y lugar en que están viviendo.
la filosofía además de proporcionar Considera también una aproxima-
conocimientos y datos de interpreta- ción a los progresos de las ciencias
ción, debe ayudar a los seminaristas modernas o ciencias del hombre, por-
a adquirir una actitud constante de que ellas permiten una mayor con-
reflexión que se aplique al estudio de ciencia de las características de la so-
la teología y se prolongue a lo largo ciedad actual y posibilitan un diálogo
de su vida. En definitiva se quiere adecuado con los hombres de hoy.
conseguir una actitud reflexiva per- Es novedoso e interesante que en
manente. este número se recomiende el apren-

183

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Organización de los estudios

160*. En este momento de la formación, se reservará un espacio


adecuado a la metafísica, ya que «el carácter sapiencial de la filosofía
implica su ‘alcance auténticamente metafísico, capaz de trascender los
datos empíricos para llegar, en su búsqueda de la verdad, a algo absolu-
to, último y fundamental’, si bien conocido progresivamente a lo largo de
la historia»10, según «la ‘vocación originaria’ de la filosofía: la búsqueda
de lo verdadero y su dimensión sapiencial y metafísica»11. Será también
necesario dedicar atención a la teodicea y a la cosmología, que introdu-
cen a una visión cristiana de la realidad.
161*. La historia de la filosofía debe enseñarse con diligencia, a fin
de clarificar la génesis y el desarrollo de los temas más importantes. El
estudio de la historia de la filosofía tiene como finalidad presentar la con-

10. Congregación para la Educación Católica, Decreto de reforma de los estudios ecle­
siásticos de filosofía (28 de enero de 2011), n. 4: AAS 104 (2012), 219; cf. También Sagrada
Congregación para la Educación Católica, Carta circular La enseñanza de la filosofía en los
seminarios (20 de enero de 1972): Enchiridion Vaticanum 4 (1971-1973), nn. 1516-1556.
11. Decreto de reforma de los estudios eclesiásticos de filosofía, n. 3: AAS 104 (2012), 219.

dizaje de una «metodología filosófi- lleve al conocimiento de lo «absolu-


ca específica». Este dato indica que to, último y fundamental». Sin negar
la filosofía, además de proporcionar la importancia del saber que ofrecen
conocimientos y datos de interpreta- la filosofía y las ciencias modernas y
ción, debe ayudar a los seminaristas contemporáneas, es necesario recu-
a adquirir una actitud constante de re- perar el horizonte sapiencial y metafí-
flexión que se aplique al estudio de la sico para superar la crisis de algunos
teología y se prolongue toda su vida. sectores del pensamiento ac­ tual y
En definitiva se quiere conseguir una orientar el comportamiento prác­tico
actitud reflexiva permanente. en el ambiente social.
Finalizando este número, y en la
160. En este número aparece una misma línea sapiencial, se conside-
novedad con respecto a la Ratio an- ra importante el estudio de la teodi-
terior. Integrando un dato del decreto cea y de la cosmología como base
de reforma de los estudios eclesiásti- de una visión cristiana de la realidad.
cos de filosofía de 2011, se aconseja Esta recomendación ayuda a cono-
un espacio adecuado al estudio de cer el pensamiento filosófico cristia-
la metafísica como base del carácter no patrístico y medieval, fuertemente
sapiencial de toda la filosofía. Este marcado por una concepción de Dios
estudio específico ayuda a superar la creador y bueno.
tendencia positivista actual de colocar
solo los datos empíricos como base 161. El estudio de la historia de la
del conocimiento de la verdad, y pro- filosofía aparece nuevamente como
pone una búsqueda de la verdad que el conocimiento que posibilita una vi-

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Estudios filosóficos (n. 162-163)

tinuidad de la reflexión y del pensamiento humano acerca del Absoluto,


sobre la verdad y la posibilidad de conocerla. Los estudios filosóficos
constituyen también un terreno fértil de diálogo y de confrontación con
los no creyentes.
162*. Otras materias, en las que conviene poner atención durante esta
fase de los estudios, son la antropología filosófica, la lógica, la estética,
la epistemología, la ética, la filosofía política y la filosofía de la religión.
163*. Se preste la debida atención a las ciencias humanas, como la
sociología, la pedagogía y la psicología, en los aspectos relacionados
con el proceso formativo, con vistas al ministerio sacerdotal, a fin de
desarrollar la capacidad de los seminaristas para conocer la interioridad
del ser humano, con sus riquezas y fragilidades, para facilitar un juicio
sereno y equilibrado sobre las personas y las situaciones.

sión global de los temas más impor- específico de los problemas actuales
tantes, su génesis y su desarrollo a lo del mundo, y tener herramientas para
largo del tiempo. responder adecuadamente a la pre-
Este artículo subraya la finalidad gunta por el sentido de la existencia.
de presentar el pensamiento huma- Si bien algunas de estas disciplinas
no desde una perspectiva de conti- pertenecen al patrimonio histórico de
nuidad sobre el conocimiento del Ab- la filosofía, todas ellas han tenido un
soluto, y garantizar la posibilidad de gran progreso a partir las filosofías
conocer la verdad con suficiente cer- modernas y contemporáneas, intere-
teza delante de la tendencia fuerte- sadas en la libertad humana, la capa-
mente relativista de la cultura actual. cidad de acción del hombre sobre el
Este conocimiento histórico ha sido mundo y la influencia del lenguaje en
en ocasiones entendido como medio la cultura moderna.
para identificar y discernir las teorías
erróneas, pero este número lo colo- 163. En la Ratio de 1985 se reco-
ca en una perspectiva positiva como mendaba el estudio de las «ciencias
base para el diálogo y confrontación afines» entre las cuales se conside-
con los no creyentes de hoy. raban las ciencias naturales y la ma-
temática en lo relacionado con la filo-
162. Este número recomienda ex- sofía. La actual Ratio no menciona las
plícitamente el estudio de otras mate- «ciencias afines» ni en su título ni en
rias filosóficas no mencionadas en la su contenido, pero en este número re-
Ratio anterior: «antropología filosó- comienda específicamente el estudio
fica, lógica, estética, epistemología, de las «ciencias humanas»: sociolo-
ética, filosofía política y filosofía de la gía, pedagogía y psicología. El obje-
religión». La intención de esta indica- tivo es que el candidato conozca «la
ción corresponde al deseo de suscitar interioridad del ser humano, con sus
en los seminaristas un conocimiento riquezas y fragilidades», y la utilidad

185

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Organización de los estudios

164*. A través de este proceso de estudios, será posible estimular en


los seminaristas «el amor a la verdad que debe buscarse, respetarse y
demostrarse con todo rigor, reconociendo al mismo tiempo honestamen-
te los límites del conocimiento humano», y desde una óptica pastoral,
prestando «una atención especial a las relaciones entre la filosofía y los
verdaderos problemas de la vida»12.

c) Estudios teológicos*
165*. La formación teológica «debe llevar al candidato al sacerdocio
a poseer una visión completa y unitaria de las verdades reveladas por
Dios en Jesucristo y de la experiencia de fe de la Iglesia; de ahí la doble

12. Optatam totius, n. 15: AAS 58 (1966), 722.

de este conocimiento es que facilite gunas corrientes filosóficas contem-


«un juicio sereno y equilibrado sobre poráneas en su pretensión de exaltar
las personas y las situaciones». la inteligencia y la libertad humanas.
El conocimiento adquirido de este Finalmente se recuerda la «óptica
estudio tiene una perspectiva verda- pastoral» así como la «atención a las
deramente pastoral y ayuda al can- relaciones entre la filosofía y los ver-
didato a conocer a las personas que daderos problemas de la vida».
debe pastorear, pero también a tener Ante el conjunto de los estudios fi-
elementos de autoconocimiento den- losóficos y considerando la importan-
tro de su proceso formativo. cia del objetivo discipular y misionero
de la etapa, resulta obvio que la dura-
164. Al cerrar el bloque de los es- ción de «al menos dos años» podría
tudios filosóficos se subraya de nue- no ser suficiente. De hecho, en mu-
vo su carácter secuencial y sapiencial chos Seminarios diocesanos la eta-
«de amor a la verdad». Como proce- pa dura tres años. En el caso de los
so implica un tiempo suficiente ya es- que envían a los seminaristas a una
pecificado en el número 154. Por su facultad en la que están separadas la
carácter sapiencial, el estudio filosófi- filosofía y la teología, suele ocurrir lo
co no solo busca la mejor preparación mismo, e incluso se puede pensar en
humana y formación de la inteligencia que algunos seminaristas obtengan el
crítica del seminarista, sino que pro- grado en filosofía y no solo el bachille-
mueve «el amor a la verdad que debe rato, ampliando el tiempo de los estu-
buscarse, respetarse y demostrarse dios. Todo ello se debe establecer en
con rigor» en todo momento. los estatutos de cada Seminario.
Este número indica también que la
filosofía ayudará a reconocer los lími- 165-175. La presentación de los
tes del conocimiento humano, lo que estudios teológicos en la Ratio sigue
hoy es patente en el fracaso de al- el orden de la de 1985 con algunos

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Estudios teológicos (n. 166)

exigencia de conocer ‘todas’ las verdades cristianas y conocerlas de


manera orgánica, sin hacer selecciones arbitrarias»13. Se trata, así, de
una fase cualificante y fundamental del proceso de formación intelec-
tual, porque «a través del estudio, sobre todo de la teología, el futuro
sacerdote se adhiere a la palabra de Dios, crece en su vida espiritual y
se dispone a realizar su ministerio pastoral»14.
166*. El estudio de la Sagrada Escritura es el alma de la teología15;
ella debe inspirar todas las disciplinas teológicas. Se le dé, por tanto, la
debida importancia a la formación bíblica, en todos los niveles, desde

13. Pastores dabo vobis, n. 54: AAS 84 (1992), 753.


14. Ibid., n. 51: AAS 84 (1992), 749.
15. Cf. Dei Verbum, n. 24: AAS 58 (1966), 828-829.

agregados y omisiones que serán no- taria y orgánica» de las verdades re-
tadas en su momento. Las principa- veladas. Para ello, el seminarista, con
les fuentes del actual documento son la ayuda adecuada, debe ir haciendo
el Concilio Vaticano II, Pastores dabo una síntesis, buscando sin cesar el
vobis y los más recientes documen- ne­xo entre los misterios estudiados,
tos y discursos del papa Francisco. así como la relación de estos con el
La preocupación fundamental es ser humano, interlocutor de la verdad
la adhesión de fe a los misterios con- revelada por Dios. En segundo lugar,
templados, el crecimiento espiritual nos recuerda los frutos esperados
de los seminaristas y el nuevo impul- que orientan el modo de enseñar y es-
so misionero. En el comentario inten- tudiar: adhesión a la Palabra de Dios,
tamos explicar esos elementos y los crecimiento espiritual y renovada dis-
posibles caminos para desarrollarlos posición para la misión pastoral.
en las realidades vividas por los semi-
naristas. Además de esas preocupa- 166. En coherencia con la afirma-
ciones encontramos una exigencia de ción de que «el estudio de la Sagrada
conseguir, por medio de la formación Escritura es el alma de la teología»,
teológica, una adecuada capacitación es recomendable que la carga horaria
para el discernimiento de las diversas de la teología bíblica sea, como míni-
realidades a la luz de los principios de mo, igual al de la teología dogmática.
la fe como medio para llegar a la ma- En esas disciplinas deben presentar-
durez teológica del futuro pastor. se las introducciones convenientes,
iniciar en los métodos de la exégesis,
165. Este artículo introduce los es- aprender nociones de las lenguas bí-
tudios teológicos ofreciendo algu­nos blicas, entender los principales pro-
principios fundamentales a partir de la blemas hermenéuticos y adquirir una
Pastores dabo vobis. En primer lugar, visión de conjunto de la Biblia.
la Ratio llama la atención sobre la ne- Podemos encontrar los principios
cesidad de una visión «completa, uni- fundamentales para el estudio de la

187

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Organización de los estudios

la lectio divina hasta la exégesis16. Tras una introducción conveniente,


los seminaristas se inicien cuidadosamente en los métodos de la exé-
gesis, también con la ayuda de las disciplinas auxiliares y de cursos
especiales. Los profesores presenten la naturaleza y la solución de los
principales problemas hermenéuticos, ayuden eficazmente a los semi-
naristas a adquirir una visión de conjunto de toda la Sagrada Escritura
y a comprender con profundidad los puntos relevantes de la historia de
la salvación y las características de los diferentes libros bíblicos. Los
profesores ofrezcan a los seminaristas una síntesis teológica de la divina
Revelación, conforme al Magisterio, para garantizar los sólidos funda-
mentos de su vida espiritual y su futura predicación.
Se dé a los seminaristas la oportunidad de aprender algunas nocio-
nes de hebreo y griego bíblico, para que puedan acercarse a los textos
originales. Además, se preste atención al conocimiento de la cultura y
del contexto bíblico, en particular de la historia hebrea, para mejorar la
comprensión de la Sagrada Escritura y alcanzar una correcta actitud
interior hacia los hermanos de la Antigua Alianza.
16. Benedicto XVI, Exhortación apostólica postsinodal Verbum Domini, n. 35: AAS 102
(2010), 714-715: «‘La consecuencia de la ausencia del segundo nivel metodológico es la crea-
ción de una profunda brecha entre exegesis científica y lectio divina. Precisamente de aquí
surge a veces cierta perplejidad también en la preparación de las homilías’. Hay que señalar,
además, que este dualismo produce a veces incertidumbre y poca solidez en el camino de
formación intelectual de algunos candidatos a los ministerios eclesiales. En definitiva, ‘cuando
la exegesis no es teología, la Escritura no puede ser el alma de la teología y, viceversa, cuan­
do la teología no es esencialmente interpretación de la Escritura en la Iglesia, esta teología ya
no tiene fundamento’. Por tanto, es necesario volver decididamente a considerar con más aten-
ción las indicaciones emanadas por la Constitución dogmática Dei Verbum a este propósito».

Sagrada Escritura en las siguientes pular los textos bíblicos para justificar
reglas hermenéuticas: 1. Disposición nuestras posturas y opciones. 3. Bus-
sincera y orante para escuchar la car el sentido textual y actual del texto
Palabra, destacando la lectio divina. para fundamentar y garantizar «los
Isaac el Sirio decía: «No te aproximes sólidos fundamentos de su futura pre-
a los misterios de las Escrituras sin la dicación» y misión evangelizadora.
oración». San Efrén, por su lado re- 4. Leer la Sagrada Escritura conside-
comendaba: «Antes de la lectura, ora rando el conjunto del canon de la Es-
y suplica a Dios para que él se revele critura, en comunión con la Tradición y
a ti». 2. Situar el texto en el contex- el Magisterio de la Iglesia. 5. Finalizar
to histórico y cultural. Carlos Mesters la lectura y el estudio con la caridad,
acostumbra decir que se debe leer dejando que sea fundamento de la
«el texto en el contexto para no ser vida espiritual y de la misión profética
un pretexto». Estas indicaciones nos del futuro pastor (testimonio, anuncio,
ayudan a evitar la tentación de mani- catequesis y teología).

188

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Estudios teológicos (n. 167-168)

167*. La sagrada liturgia debe considerarse una disciplina funda-


mental; presentando sus aspectos teológicos, espirituales, canónicos
y pastorales, en conexión con las otras disciplinas, para que los se-
minaristas adquieran conciencia de que los misterios de la salvación
permanecen presentes y operantes en las acciones litúrgicas. Además,
la sagrada liturgia deberá considerarse expresión de la fe y de la vida
espiritual de la Iglesia, tanto en los textos y ritos del Oriente como del
Occidente. Los seminaristas distingan el núcleo sustancial e inmutable
de la liturgia de lo que pertenece a sedimentaciones históricas particu-
lares susceptibles de actualización, observando diligentemente la legis-
lación litúrgica y canónica17.
168*. La teología dogmática, incluida la sacramental, se enseñe sis-
temática y ordenadamente, de modo que, en primer lugar, se expongan
los textos bíblicos; después, los aportes de los Padres de la Iglesia,
de Oriente y Occidente, resaltando la transmisión y el desarrollo de la

17. Cf. CIC, can. 838.

167. En tiempos en que la liturgia la legislación vigente (cf. CIC, 838).


es hecha «rehén» de los más diver- Considerando las diversas respon-
sos segmentos eclesiales que la usan sabilidades en la formación del futuro
como «pretexto» y «bandera» de sus presbítero, resultará de gran ayuda
ideologías, la Ratio invita a estudiarla trabajar con los seminaristas los as-
en sus «aspectos teológicos, espiri- pectos espirituales de la liturgia en
tuales, canónicos y pastorales». Esta retiros y jornadas que los introduzcan
aproximación integral puede ayudar en el misterio celebrado, como tam-
a redescubrir «los motivos de las de- bién presentar las etapas formativas
cisiones realizadas con la reforma en la liturgia cotidiana a la luz del ritual
litúrgica, (…) conocer mejor las razo- de la iniciación cristiana, inspirados
nes subyacentes como también (…) en el proceso catecumenal.
interiorizar los principios inspiradores
y observar la disciplina que la rige» 168a. En la primera parte de este
(Francisco, Discurso a los participan­ artículo la Ratio nos muestra cómo
tes en la 68 semana litúrgica nacional deben ser enseñadas la teología dog-
italiana, 24 de agosto de 2017). mática y sacramental. A partir de la
Esto ayudará a los seminaristas a necesidad de presentar las materias
distinguir el núcleo sustancial e inmu- de manera sistemática y ordenada,
table de la liturgia de lo que es sus- describe los rasgos fundamentales
ceptible de actualizaciones, teniendo del método teológico que contiene
en cuenta lo que compete a la Sede fundamentalmente dos partes: audi­
Apostólica, a las Conferencias epis- tus fidei (escucha de la fe) e intel­
copales y al obispo diocesano, según lectus fidei (especulación de la fe). La

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Organización de los estudios

comprensión de las verdades reveladas; se ilustre el progreso histórico


de los dogmas; y finalmente, mediante la indagación especulativa, los
seminaristas aprendan a penetrar más plenamente los misterios de la
salvación y a percibir las conexiones que existen entre ellos. Aprendan,
además, a interpretar y afrontar las situaciones de la vida a la luz de la
Revelación, percibiendo las verdades eternas en las condiciones cam-
biantes de la realidad humana y a comunicarlas convenientemente al
pueblo de Dios.
*La doctrina acerca de las fuentes teológicas y la teología fundamen-
tal sea presentada, desde el inicio de la formación teológica, de la forma
más adecuada, sin omitir, en el espíritu ecuménico y de forma adaptada
a las actuales circunstancias, todo lo que se refiere a la introducción a la
fe, con sus fundamentos racionales y existenciales, teniendo en cuenta
los elementos de orden histórico y sociológico, que ejercen un particular
influjo sobre la vida cristiana.

escucha de la fe abarca la Sagrada 168b. En este segundo párrafo el


Escritura, la Tradición, junto con el texto se refiere a la teología funda-
aporte de los Padres de la Iglesia, y mental, que pone las bases del cono-
el progreso histórico de los dogmas. cimiento teológico y es el sector más
En ese recorrido puede ayudar, al próximo al diálogo con las ciencias y
igual que en la liturgia, distinguir lo todas las manifestaciones de fe. Es
que es substancial e inmutable (con- de gran ayuda al iniciar un camino
tenido) de lo que es susceptible de ac- de estudios teológicos que se tengan
tualizaciones (concreciones del con- en cuenta y se reflexione de manera
tenido y nuevas formulaciones). La crítica sobre los elementos culturales
especulación de la fe es un momento que condicionan a los seminaristas
constructivo que busca la inteligencia en su capacidad de buscar la inteli-
del misterio anunciado y confesado. gencia de la fe: desconfianza relativa
Este momento tiene tres movimien- a las reales capacidades de la razón
tos que se alimentan mutuamente: para llegar a la verdad, el pentecosta-
penetrar en los misterios por los pro- lismo, el fideísmo y ciertos fundamen-
cedimientos racionales disponibles, talismos. La Ratio pide un especial
la conexión de los misterios y el dis- cuidado para que se guarde el espíri-
cernimiento de las situaciones de la tu ecuménico y se tengan en cuenta
vida y de la historia a la luz de la Reve- las circunstancias actuales a la hora
lación. Algunos autores prefieren des- de tocar los diferentes temas estudia-
tacar este último aspecto agregando dos. Se necesita prestar atención a la
al método un tercer momento llamado experiencia de fe con sus fundamen-
applicatio fidei (actualización y aplica- tos racionales y existenciales, con-
ción de la fe en la vida), a partir de la templando los elementos históricos y
misión evangelizadora. sociológicos.

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Estudios teológicos (n. 169)

169*. La teología moral, con todas sus ramas, deberá anclarse en la


Sagrada Escritura, mostrando su intrínseca pertenencia al único miste-
rio salvífico. Ilustrará el actuar cristiano de los fieles, fundado en la fe, la
esperanza y la caridad, como respuesta a la llamada divina, exponiendo
sistemáticamente la vocación a la santidad y a la libertad. Se ocupará de
despertar el valor de la virtud y el sentido del pecado, sin dejar de lado,
para conseguirlo, las adquisiciones más recientes de la antropología y
proponiéndose como un camino, a veces exigente, pero siempre orien-
tado al gozo de la vida cristiana.
*La doctrina moral, entendida como «ley de libertad» y «vida según
el Espíritu», tiene su complemento en la teología espiritual, que debe
incluir el estudio de la teología y espiritualidad sacerdotal, de la vida
consagrada mediante la práctica de los consejos evangélicos, y de la
vida laical. La ética cristiana debe formar a los discípulos en la vía de
la santidad, cada uno de acuerdo con los rasgos de la propia vocación.
En este contexto, será necesario prever en el curriculum de los estudios
un curso de Teología de la vida consagrada, para que los futuros pasto-
res puedan comprender los datos esenciales y los contenidos teológicos
que identifican a la vida consagrada, la cual pertenece a la vida y santi-
dad de la Iglesia misma.

169a. La teología moral anclada 169b. La doctrina moral encuen-


en la Sagrada Escritura tiene la mi- tra su complemento en la teología
sión de iluminar el actuar cristiano, espiritual, que inserta las cuestiones
fundado en las virtudes teologales, morales en el proceso de crecimiento
como respuesta a la llamada divina en la fe de la persona, según las lla-
a la santidad y a la libertad. En tiem- madas de manera clásica etapas de
pos donde la formación cristiana bá- la vida espiritual: purgativa, iluminati-
sica está ausente en la mayoría de va e unitiva. La Ratio hace hincapié
los cristianos, el documento insiste en la necesidad de prever el estudio
en que la teología moral «se ocupa- de la teología y la espiritualidad de
rá de despertar el valor de la virtud las vocaciones especificas (ministros
y el sentido del pecado», dejándose ordenados, personas consagradas, y
auxiliar por las «adquisiciones más hombres y mujeres laicos) donde cada
recientes de la antropología». El es- vocación entra en la vía de la santidad
tudio de la teología moral tiene una de acuerdo con sus rasgos y caris-
gran importancia también para defi- mas propios. Como se puede obser-
nir la moralidad propia del pastor. He var, se necesita la conexión y el sus-
aquí una conexión significativa con el tento dogmático de la eclesiología y
itinerario formativo. de la gracia.

191

SEMINARIOS 222-223.indd 191 3/4/18 14:55


Organización de los estudios

170*. La teología pastoral «es una reflexión científica sobre la Iglesia


en su vida diaria, con la fuerza del Espíritu, a través de la historia; […] La
pastoral no es solamente un arte ni un conjunto de exhortaciones, expe-
riencias y métodos, posee una categoría teológica plena, porque recibe
de la fe los principios y criterios de la acción pastoral de la Iglesia en la
historia, de una Iglesia que ‘engendra’ cada día a la Iglesia misma. […]
Entre estos principios y criterios se encuentra aquel especialmente im-
portante del discernimiento evangélico sobre la situación socio-cultural y
eclesial en cuyo ámbito se desarrolla la acción pastoral»18.
171*. En un contexto de creciente movilidad humana, que ha hecho
del mundo entero una «aldea global», no puede faltar en el programa de
estudios la misionología, una genuina formación sobre la universalidad
de la Iglesia y promoción de su anhelo evangelizador, no solo como mis­
sio ad gentes, sino también como nueva evangelización.
18. Pastores dabo vobis, n. 57: AAS 84 (1992), 758-759.

170. La Ratio siguiendo la Pasto­ 171. El estudio de la misionología,


res dabo vobis define la teología pas- novedoso respecto a la anterior Ratio,
toral como la reflexión sobre la acción se justifica por el contexto actual de
pastoral de la Iglesia en su vida diaria movilidad humana que ha hecho del
a la luz de los principios y criterios que mundo una «aldea global». Esa reali-
nacen de la fe. El documento destaca dad creó la necesidad de una percep-
un tema que necesita ser trabajado y ción más clara de la universalidad de
cultivado por los seminaristas y fue la Iglesia y de su naturaleza evange-
puesto de relieve a partir de Evangelii lizadora, sea esta missio ad gentes o
gaudium y Amoris laetitia: el discerni- nueva evangelización. En esta línea
miento evangélico sobre la situación se destacan en algunas naciones las
cultural y eclesial. Es importante des- experiencias pastorales de fin de se-
tacar que la teología pastoral recibe mana, las experiencias misioneras de
categoría teológica plena, delante de vacaciones, sobre todo en regiones
ciertos «preconceptos» que tienden alejadas de las diócesis o del país,
a reducirla a acciones concretas o como también encuentros formativos
métodos de trabajo pastoral. Para ser y la constitución de las comisiones
coherente con esa afirmación es ne- misioneras en los Seminarios. Estas
cesario que se concretice en la can- motivan la reflexión teológica y pas-
tidad de disciplinas y créditos. Tam- toral. Por medio de una metodología
bién es importante destacar que en la adecuada, tanto la teología pastoral
teología pastoral confluyen las otras como la misionología ayudan a su-
disciplinas, sean bíblicas, morales o perar la dicotomía entre acción y re-
dogmáticas, haciendo síntesis en la flexión que acaba desfigurando y dis-
vida del teólogo y del futuro pastor. minuyendo ambas realidades.

192

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Estudios teológicos (n. 172)

172*. Al menos un número determinado y suficiente de lecciones se


debe reservar a la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia, consi-
derando que el anuncio y el testimonio del Evangelio, al que es llamado
el presbítero, tiene un importante radio de acción en la sociedad huma-
na y mira, entre otras cosas, a la construcción del Reino de Dios. Esto
implica una mayor conciencia de la realidad y una lectura evangélica
de las relaciones humanas, sociales y políticas que determinan la exis-
tencia de los individuos y de los pueblos. En este horizonte, se incluyen
importantes temas inherentes a la vida del pueblo de Dios, ampliamente
tratados por el Magisterio de la Iglesia19, entre los cuales sobresalen la
búsqueda del bien común, los valores de la solidaridad entre los pueblos
y de la subsidiaridad, la educación de los jóvenes, los deberes y dere-
chos relacionados con el trabajo, el significado de la autoridad política,
los valores de la justicia y de la paz, la estructuras sociales de apoyo y
acompañamiento a los más necesitados.
Desde hace tiempo la atención de expertos y estudiosos, activos en
diversos ámbitos de investigación, se concentra sobre una emergente
crisis planetaria, que encuentra una resonancia importante en el actual
Magisterio y se refiere al «problema ecológico». La salvaguarda de la
creación y el cuidado de nuestra casa común –la Tierra– forman parte de
19. Por ejemplo, cf. León XIII, Carta Encíclica Rerum novarum (15 de mayo de 1891): AAS
23 (1890-1891) 641-670; Juan XXIII, Carta Encíclica Mater et Magistra (15 de mayo de 1961):
AAS 53 (1961), 401-464; Pablo VI, Carta Encíclica Populorum progressio (26 de marzo de
1967): AAS 59 (1967), 257-299; Juan Pablo II, Carta Encíclica Centesimus annus (1 de mayo
de 1991): AAS 83 (1991), 793-867; Benedicto XVI, Carta Encíclica Caritas in veritate (29 de
junio de 2009): AAS 101 (2009), 641-709.

172. La Doctrina Social de la Igle- dan poner en alto la luz del Evangelio
sia debe tener su lugar en el curri­ y asegurar la presencia de la Iglesia
culum y ayudar a los seminaristas a en el ambiente social. Una novedad
madurar en su capacidad para dis- en relación a la Ratio del año 1985
cernir evangélicamente las relacio- es el mayor espacio que se dedica a
nes humanas, sociales y políticas. la Doctrina Social y la lista de algu-
Los futuros presbíteros son llamados nos temas entre los que destaca el
a anunciar y testimoniar el Evange- «problema ecológico» tratado recien-
lio actuando en medio de la sociedad temente en el Magisterio. La asimila-
humana donde serán consultados, ción de los principios de la Doctrina
cuestionados e invitados a colaborar Social de la Iglesia será un instrumen-
en diversos proyectos sociales. El es- to para el discernimiento de las tan
tudio de los temas descritos en el do- variadas y nuevas cuestiones socia-
cumento, tratados en el Magisterio de les que se presentan diariamente en
la Iglesia, los auxiliarán para que pue- el ejercicio del futuro ministerio.

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Organización de los estudios

la visión cristiana del hombre y de la realidad, representan en cierto modo


el fundamento de una sana ecología de las relaciones humanas y, por
ello, exigen, sobre todo hoy, una «conversión ecológica, que comporta
permitir que emerjan todas las consecuencias del encuentro con Jesús
en las relaciones con el mundo circundante. Vivir la vocación de custodiar
la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no es algo
opcional y mucho menos un aspecto secundario de la experiencia cristia-
na»20. Por eso es necesario que los futuros presbíteros sean fuertemente
sensibilizados en esta materia, mediante las orientaciones magisteriales
y teológicas necesarias, que les ayuden «a reconocer la grandeza, la ur-
gencia y la belleza del desafío que se nos presenta»21, y a traducirla en su
futuro ministerio pastoral, convirtiéndose en promotores de una adecuada
atención de todo lo relacionado con el cuidado de la creación.
173*. La Historia eclesiástica debe ilustrar el origen y el desarrollo
de la Iglesia como pueblo de Dios que se extiende en el tiempo y el
espacio, examinando científicamente las fuentes históricas. Al exponer-
la, es necesario que se tenga en cuenta el progreso de las doctrinas
teológicas, la concreta situación social, económica y política, así como
las opiniones y formas de pensamiento que han influido mayormente,
indagando su recíproca interdependencia y su desarrollo. Se deberá re-
saltar el admirable encuentro entre la acción divina y la acción humana,
favoreciendo el sentido auténtico de la Iglesia y de la Tradición. También
es necesario que se preste la debida atención a la historia de la Iglesia
del propio país.
20. Francisco, Carta Encíclica Laudato sii (24 de mayo de 2015), n. 217: L’Osservatore
Romano 137 (19 de junio de 2015), 6.
21. Ibid., n. 15: L’Osservatore Romano 137 (19 de junio de 2015), 4.

173. Para el estudio de la Historia na en el tiempo y en el espacio, es


de la Iglesia la Ratio ofrece algunos ne­ cesario que, a la hora de inter-
principios importantes, con vistas a pretar un acontecimiento, se tengan
ayudar a discernir y a comprender la en cuen­ ta las doctrinas teológicas,
historia delante de la creciente ten- filosóficas y otros pensamientos de
dencia a miradas cristalizadas y ana- la época, como también la situación
crónicas, apologéticas o difamado- social, económica y política. Es re-
ras. Esta disciplina debe ilustrar «el comendable que las Iglesias particu-
origen y desarrollo de la Iglesia como lares inviertan en la especialización
Pueblo de Dios que se extiende en el de profesores en esta área y se pro-
tiempo y el espacio». muevan encuentros y publicaciones
Recordando que la acción de la sobre la historia de la Iglesia tanto del
Iglesia es una acción divina y huma­ propio país como de la región.

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Estudios teológicos (n. 174)

174*. El Derecho Canónico se enseñe partiendo de una sólida visión


del misterio de la Iglesia, a la luz del Concilio Vaticano II22. Al exponer los
principios y normas, se deberá mostrar cómo todo el ordenamiento ca-
nónico y la disciplina eclesiástica deben responder a la voluntad salvífica
de Dios, teniendo como suprema lex la salvación de las almas. Así, re-
tomando las palabras utilizadas en la promulgación del Código de 1983,
se puede afirmar que el Derecho de la Iglesia en su conjunto «podría
concebirse como el gran esfuerzo por traducir en lenguaje canonístico
[…] la eclesiología conciliar. Y aunque es imposible verter perfectamente
en la lengua «canonística» la imagen de la Iglesia […] sin embargo el
Código ha de ser referido siempre a esa misma imagen como al modelo
principal, cuyas líneas debe expresar él en sí mismo, en lo posible, se-
gún su propia naturaleza»23. Así el Derecho Canónico se pone al servicio
de la acción del Espíritu en la Iglesia y, desde un recto discernimiento de
las situaciones eclesiales, favorece un ejercicio pastoral eficaz.
*En este sentido, es oportuno que durante la formación inicial se pro-
mueva la cultura y el estudio del Derecho Canónico, de modo que los
sacer­dotes puedan ser conscientes de que, especialmente en el ámbito
de la pastoral familiar, tantas problemáticas o «heridas» pueden encon-
trar una medicina en los instrumentos ofrecidos por el Derecho de la Igle-
sia, favoreciendo «continuamente, según los dones y la misión de cada
uno, el bien de los fieles»24.

22. Cf. Optatam totius, n. 16: AAS 58 (1966), 723-724.


23. Juan Pablo II, Constitución apostólica Sacrae disciplinae leges (25 de enero de 1983):
AAS 75 (1983), Pars II, p. XI.
24. Francisco, Carta apostólica en forma de motu proprio Mitis Iudex Dominus Iesus (15
de agosto de 2015): L’Osservatore Romano 204 (9 de septiembre de 2015), 3.

174a. Este artículo de la Ratio si- liar como modelo principal, conscien-
túa el Derecho Canónico en el con- tes de que la lengua «canónica» no
junto de la enseñanza de la Iglesia a siempre la expresa perfectamente.
la luz del Vaticano II. El acento, como
se hizo en las otras disciplinas, se 174b. En este segundo párrafo se
pone en el discernimiento de las si- destacan los desafíos que se afrontan
tuaciones eclesiales para favorecer el en la pastoral familiar, siendo estas si-
ejercicio pastoral a la luz de dos prin- tuaciones problemáticas como «heri-
cipios: a) el ordenamiento canónico y das» que causan profundo dolor a los
la disciplina eclesiástica deben res- fieles exigiendo un serio y ponderado
ponder a la voluntad salvífica de Dios discernimiento. El seminarista debe
(suprema lex); b) el Código debe refe- recibir los recursos para usar la me-
rirse siempre a la eclesiología conci- dicina presente en los instrumentos

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Organización de los estudios

175*. De modo similar, serán consideradas como partes integrantes


del plan de estudios teológicos otras disciplinas, como el ecumenismo y
la historia de las religiones, especialmente las más difundidas en cada
país. Siendo conscientes de que «evangelizamos también cuando tra-
tamos de afrontar los diversos desafíos que puedan presentarse»25, se
deberá prestar mucha atención a los destinatarios del anuncio de la fe
y, por ello, a las preguntas y desafíos que emergen de la cultura secu-
lar: la economía de la exclusión, la idolatría del dinero, la iniquidad que
genera violencia, el primado del aparentar sobre el ser, el individualismo
postmoderno y globalizado, y la realidad del relativismo ético y de la
indiferencia religiosa26.

d) Materias «ministeriales»*
176*. El conocimiento de la materia de estas disciplinas resulta fun-
damental, sobre todo a causa de las exigencias específicas del futuro
ministerio pastoral27, que se ejercerá en un contexto concreto y en una
época precisa. Según los tiempos y las modalidades que cada Ratio na­
25. Evangelii gaudium, n. 61: AAS 105 (2013), 1045.
26. Cf. ibid., nn. 52-75: AAS 105 (2013), 1041-1051.
27. Cf. CIC, can. 256, § 1.

ofrecidos por el Derecho de la Iglesia. seminaristas. Los encuentros de ora-


Puede ser de mucho provecho el con- ción ecuménica y mesas redondas
tacto y colaboración entre la pastoral con personas de diferentes credos
familiar y los tribunales eclesiásticos. son frecuentes en el ejercicio del mi-
En el ámbito humano-espiritual estas nisterio para lo cual los seminaristas
realidades reflexionadas pueden ayu- deben estar preparados. A la vez, ci-
dar a asimilar las situaciones proble- tando Evangelii gau­dium, se invita a
máticas y heridas de las propias fami- tener en cuenta en todo momento los
lias de los seminaristas. destinatarios del anuncio de la fe, las
preguntas y desafíos que emergen de
175. Aquí la Ratio aña­de al plan la cultura actual. Esto último nos ofre-
de estudios otras disci­plinas que con- ce pistas para introducir en cada dis-
sidera importantes, co­mo el Ecume- ciplina los elementos de la cultura que
nismo y la Historia de las religiones, más favorecen o dificultan la vivencia
principalmente las más difundidas en del misterio contemplado.
el país y la región. La realidad de las
diferentes iglesias y religiones está 176-184. En la enseñanza de las
cada vez más presente en la socie- materias ministeriales puede ser de
dad creando confusión y dividiendo gran utilidad asumir un método que
incluso algunas de las familias de los ayude a los futuros presbíteros a rea-

196

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Materias «ministeriales» (n. 176)

tionalis establecerá, será responsabilidad de cada Seminario garantizar


que la enseñanza de estas disciplinas sea impartida a los seminaristas
durante el proceso formativo. La propuesta y la profundización de tales
materias constituirán un aporte útil e imprescindible para la vida y el
crecimiento humano y espiritual de los futuros sacerdotes así como para
su ministerio.

lizar una síntesis personal donde se dimensión; descubrimos el gusto por


integren los principios estudiados an- buscar la verdad, hasta el punto de
teriormente, la experiencia personal poder dar sentido a la vi­da de una
y los desafíos pastorales. persona; nace la necesidad de la
Para esta finalidad, pueden servir deliberación sobre lo que debemos
de ayuda cuatro verbos tomados de la hacer delante de los acontecimien-
obra de B. Lonergan Método en Teo­ tos. Como se puede apreciar, el mé-
logía, que revelan diferentes niveles todo, y no tanto los contenidos, es el
de conciencia y de reflexión: inquirir, camino que puede abrir en el futuro
entender, reflexionar y juzgar. Por el presbítero el deseo de la formación
«inquirir» llegamos al nivel empíri- permanente.
co en el cual tenemos sensaciones,
percibimos, imaginamos, llegamos a 176. Además de las materias pas-
captar los elementos en armonía y torales necesarias para todos los
los contrastantes. Por el «entender» teólogos, sean éstos ministros orde-
llegamos al nivel intelectual en el cual nados, consagrados o laicos, la Ratio
indagamos, intentamos comprender, incluye las materias específicas para
expresamos el propio pensamiento, el ejercicio del futuro ministerio en
elaboramos una hipótesis. Por el «re- un contexto concreto y en una época
flexionar» llegamos al nivel racional precisa. Este último dato es impor-
en el cual reflexionamos, ordenamos tante para favorecer el discernimien-
nuestras evidencias, hacemos juicio to de cada Conferencia Episcopal e
de veracidad o falsedad de nuestra Iglesia particular. Se destacan entre
afirmación, ya sea sobre su certeza o estas las materias que tienen que ver
sobre las probabilidades. Por el «juz- con el arte de celebrar (177), la ini-
gar» llegamos al nivel de la respon- ciación al ministerio de la confesión
sabilidad en la cual nos interesamos (178), la religiosidad popular (179), la
por nosotros mismos, por nuestras administración de los bienes (180), el
operaciones y deliberamos sobre las arte sacro (181), las comunicaciones
posibles vías de acción, tomamos sociales (182) y las lenguas (183).
decisiones. Puede ser de gran ayuda para pro-
Cuando nos adentramos por este fesores y seminaristas el incentivo, la
camino se manifiestan algunos fru- publicación y divulgación de artículos
tos: nuestra conciencia se amplía y libros sobre estas temáticas en ni-
(cre­ce y madura) hacia una nueva veles locales y regionales.

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Organización de los estudios

177*. De modo particular, conviene profundizar en el ars celebrandi,


para enseñar a los seminaristas cómo se participa fructuosamente en
los santos misterios y cómo se celebra la liturgia, siempre con respeto y
fidelidad a los libros litúrgicos.
*La homilía exige una especial atención28, ya que «es la piedra de
toque para evaluar la cercanía y la capacidad de encuentro de un Pastor
con su pueblo»29. Tal preparación será especialmente útil en otros ámbi-
tos del ministerio, como la predicación litúrgica y la catequesis, que son
deberes permanentes de los presbíteros para favorecer el crecimiento
de las comunidades a ellos confiados. La preparación del anuncio del
mensaje cristiano no es solamente «técnica», desde el momento en que
«un predicador es un contemplativo de la Palabra y también un contem-
plativo del pueblo. […] Se trata de conectar el mensaje del texto bíblico
con una situación humana, con algo que ellos viven, con una experiencia
que necesite la luz de la Palabra»30.

28. Cf. Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Directorio
homilético (29 de junio de 2014); cf. Evangelii gaudium, nn. 135-144: AAS 105 (2013), 1076-
1080. Francisco, Carta apostólica Misericordia et misera (20 de noviembre de 2016), n. 6:
L’Osservatore Romano, 268 (21-22 de noviembre de 2016), 8-9.
29. Evangelii gaudium. n. 135: AAS 105 (2013), 1076.
30. Ibid., n. 154: AAS 105 (2013), 1084-1085.

177a. En relación al ars celebrandi y catequéticos, por ser lugares espe-


la Ratio insiste en enseñar a los semi- ciales para el crecimiento de las co-
naristas a participar fructuosamente munidades cristianas. Finalmente se
en los santos misterios, para que des- refiere al anuncio del Evangelio, que
pués los puedan presidir de manera exige el uso de la técnica y la contem-
consciente y digna. Es el desafío de plación de la Palabra y del Pueblo de
introducir al joven seminarista en una Dios. Por otro lado no podemos olvi-
vía mística y mistagógica, teniendo en dar, como nos recuerdan los especia-
cuenta el fiel equilibrio entre la mesa listas, que el predicador solo puede
de la Palabra y la mesa Eucarística. anunciar a los otros la Palabra que
antes habló para su vida. Para sin-
177b. El documento, al pensar el tetizar los conceptos podemos decir
arte de celebrar, cuida con especial que se debe preparar y entrenar a los
atención el tema de la homilía, «pie- seminaristas para dejar que el «cora-
dra de toque para evaluar la cercanía zón» de la Palabra (EG, 35-36) toque
y la capacidad de encuentro de un sus «corazones» (EG, 149) y sepan
Pastor con su pueblo» en palabras discernir cuál es la parte del «cora-
del papa Francisco. En un determi- zón» del pueblo (EG, 154) que esta
nado momento la Ratio relaciona la puede y quiere iluminar. Puede ser
predicación con los ámbitos litúrgicos de utilidad la formación de grupos de

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Materias «ministeriales» (n. 178-179)

178*. Tiene gran importancia el curso específico de iniciación al mi­


nisterio de la confesión, para disponer y preparar a los seminaristas para
la administración del sacramento de la Reconciliación, ayudándoles a
aplicar los principios de la teología moral a los casos concretos y a afron-
tar las problemáticas que emergen en este delicado ministerio, con espí-
ritu de misericordia31. En este ámbito, de cara al cuidado pastoral de los
fieles, conviene tener en cuenta también la formación para el discerni-
miento de espíritus y para la dirección espiritual, como parte integrante
del ministerio presbiteral.
179*. La religiosidad popular debe ser conocida y apreciada en sus
valores y significados más genuinos por los futuros presbíteros, dado
que la fe del pueblo de Dios se expresa frecuentemente a través de

31. Cf. por ejemplo, Congregación para el Clero, El sacerdote ministro de la misericordia
divina. Subsidio para confesores y directores espirituales (9 de marzo de 2011).

lectura orante para meditar las lectu- En tiempos donde la dirección espiri-
ras del domingo siguiente, que de una tual está siendo revalorizada y la bús-
manera u otra deberán anunciar. queda por parte de los fieles crece, es
necesario acrecentar la preparación y
178. Cuando la Ratio considera predisposición de los presbíteros pa­
la iniciación al ministerio de la confe- ra este ministerio. La experiencia de
sión se refiere al desafío de aplicar los prácticas de acompañamiento puede
principios de la teología moral a los ser muy útil para descubrir la belle-
casos concretos y afrontar las diver- za y la necesidad de este ministerio,
sas problemáticas con espíritu de mi- como también una aproximación a las
sericordia. Como en los otros temas realidades que se manifiestan en el
tratados, son de vital importancia la sacramento de la reconciliación. Por
pro­pia vivencia del sacramento de la otro lado, no podemos dejar de decir
reconciliación y el encuentro personal que la experiencia de ser dirigido es-
con la misericordia divina. Esa expe- piritualmente es una de las principa-
riencia, sumada a la reflexión, ofrece les fuentes de preparación. Quien no
al seminarista el «antídoto» al mal de se dejó acompañar y no se abrió a la
la intransigencia y el relativismo. Ade- dirección espiritual difícilmente podrá
más de tener una materia propia para realizar este ministerio.
eso, es importante que durante el es-
tudio de la teología moral se tengan 179. Asumiendo la reflexión de
en cuenta los principios aplicados. Evangelii gaudium, la religiosidad po-
Seguidamente, y de no menor im- pular es presentada como lugar teo-
portancia, se trata la necesidad de la lógico y expresión de la fe del pueblo
formación para el discernimiento de que busca saciar su sed de Dios. Es
espíritus y para la dirección espiritual. importante, desde el inicio de la for-

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Organización de los estudios

ella, que «refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos
pueden conocer»32 y representa «un lugar teológico al que debemos
prestar atención, particularmente a la hora de pensar la nueva evangeli-
zación»33. Así, los seminaristas aprenderán a discernir lo que pertenece
a la inculturación del Evangelio y constituye un verdadero tesoro de la
Iglesia, y el «aferrarse a modos imperfectos o equivocados de devoción,
que alejan de la genuina revelación bíblica»34. Conviene presentar a los
seminaristas la hagiografía sobre la vida de los santos más venerados,
como natural complemento de este tema.
180*. Los seminaristas, para corresponder mejor a las exigencias del
ministerio presbiteral, deberán recibir una cuidadosa formación sobre la
administración de los bienes, que se deben gestionar de acuerdo con
las normas canónicas, con sobriedad, desapego, transparencia moral35

32.  Evangelii nuntiandi, n. 48: AAS 68 (1976), 37-38.


33.  Evangelii gaudium, n. 126: AAS 105 (2013), 1073.
34.  Directorio sobre piedad popular y liturgia, n. 1.
35. Cf. Francisco, Diálogo con los estudiantes de los Colegios Pontificios y Residencias
sacerdotales de Roma (12 de mayo de 2014): l.c. 5; CIC, can. 282.

mación, poner los medios para que los 180. Este artículo se refiere a la
estudios no sean ocasión para que se formación para la administración de
pierda la propia experiencia de piedad los bienes y ofrece algunos criterios
popular ni se vea con menos respeto que deben inspirar esta tarea. Los cri-
la fe del pueblo. El estudio de la teo- terios son fundamentalmente legales,
logía debería ser el lugar donde los asumiendo las normas canónicas y la
futuros pastores aprenden a discer- legislación civil; éticos, desde la trans-
nir lo que pertenece a la inculturación parencia moral y competencia; evan-
del evangelio (tesoro de la Iglesia) y lo gélicos, con sobriedad y desapego;
que es una devoción imperfecta y ne- de responsabilidad, con la atención
cesitada de purificación. en la figura de los párrocos y la ne-
Es de suma importancia que los cesidad de recurrir a laicos compe-
seminaristas conozcan y valoren las tentes; y pastorales, para facilitar una
expresiones locales de religiosidad acción pastoral más eficaz.
popular en relación con la revelación En tiempos de arraigada corrup-
bíblica y la hagiografía crítica de los ción en los gobiernos de los diferen-
santos donde se reconozcan los iti- tes países, la ética en la administra-
nerarios hechos por ellos para la san- ción de los bienes eclesiásticos es
tidad. La presencia de la comunidad de vital importancia y constituye un
del Seminario en los lugares de pe- signo de claro testimonio evangélico.
regrinación participando o ayudando El conocimiento y la capacidad pa­
puede ser una fuente significativa de ra delegar aspectos administrativos
espiritualidad y reflexión teológica. y contables resultan fundamentales

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Materias «ministeriales» (n. 181)

y competencia. Esto permitirá un claro testimonio evangélico –al que el


pueblo cristiano es especialmente sensible–, facilitando así una acción
pastoral más eficaz. Esta formación deberá incluir los elementos esen-
ciales de las leyes civiles correspondientes, con especial atención a las
obligaciones que corresponden a los párrocos y a la necesidad de recu-
rrir a laicos competentes.
181*. Los seminaristas deben sensibilizarse respecto al arte sacro,
considerando las circunstancias concretas del lugar donde se forman.
La cuidadosa atención a este campo dará a los futuros presbíteros ins-
trumentos para la catequesis, además de hacerles más conscientes de
la historia y de los «tesoros» que se deben preservar, como patrimonio
de las Iglesias particulares. Conviene recordar que una correcta valora-
ción del arte y de la belleza es en sí misma un bien que, además, tiene
una notable incidencia pastoral. El conocimiento de la música sacra36
contribuirá al la formación integral de los seminaristas y les ofrecerá
instrumentos para la evangelización y la pastoral.

36. Cf. S. Congregación de Ritos, Instrucción Musicam sacram, para la música en la Sa-


grada Liturgia (5 de marzo de 1967): AAS 59 (1967), 300-320.

pa­ra que el sacerdote permanezca to también se refiere al arte sacro,


más disponible para la misión evan- incluyendo la música, como instru-
gelizadora y para cumplir sus obliga- mento para la catequesis y un bien
ciones. Los programas de adminis- en sí mismo con notables incidencias
tración son un instrumento necesario en la evangelización y la pastoral. Es
para esta área delicada y desafiante, importante valorar el arte sacro na-
que en muchas ocasiones no es vis- cional (espacio sagrado, arquitectura,
ta con «buenos ojos». En los lugares música, pintura, etc.) y la formación
donde sea posible, puede ayudar que teológica, espiritual y técnica de los
algunos aspectos de la administra- artistas. Con su arte deben transpa-
ción del Seminario sean realizados rentar la belleza de Dios y el pensar,
por los mismos seminaristas. sentir y vivir de la Iglesia. En los Se-
minarios y casas de formación debe-
181. Con relación al arte sacro, la ría privilegiarse el cuidado afectivo y
Ratio pide considerar las circunstan­ efectivo de la capilla, ámbito de expre-
cias del lugar donde se forman los sión del espacio sagrado, la música y
seminaristas y ejercerán el futuro mi- la liturgia. La convivencia y el contac-
nisterio. Al igual que en lo administra- to con la belleza del espacio sagrado
tivo deben conocer las orientaciones forma e influye, junto a lo estudiado,
eclesiales y las leyes civiles en casos en la manera de proceder a la hora de
donde las Iglesias, obras y objetos construir, reparar y cuidar los templos
son patrimonio histórico. El documen- y lugares comunitarios.

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Organización de los estudios

182*. Considerando la abundante atención dedicada por el Magisterio


al tema de las comunicaciones sociales37 y el fecundo ámbito de evan-
gelización que constituyen los «nuevos lugares» de la red mediática, no
podrá faltar en los seminarios una sensibilización específica al respecto.
Para ello será necesario, además de enseñar las nociones técnicas y el
uso de instrumentos, habituar a los seminaristas a un uso equilibrado y
maduro, libre de apegos excesivos y dependencias.
183*. El aprendizaje de las lenguas es un tema de permanente ac-
tualidad en los Seminarios. Se recomienda el conocimiento de, al me-
nos, una lengua moderna, teniendo en cuenta las que se hablan en
las regiones en que los seminaristas realizarán el ministerio presbiteral.
Los puntos relacionados con la migración y el turismo no pueden ser
ignorados en la formación sacerdotal y exigen alcanzar una adecuada
competencia lingüística.
Desde el inicio del proceso formativo los seminaristas estudiarán la
lengua latina, que da acceso a las fuentes del Magisterio y de la historia
de la Iglesia, además del hebreo y el griego bíblico.
37. Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto sobre los medios de comunicación social
Inter mirifica (4 de diciembre de 1963): AAS 56 (1964), 97-138, así como los mensajes de los
Papas para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.

182. Las comunicaciones y redes De acuerdo con la realidad de la Igle-


sociales entraron en la escena for- sia particular se hace necesario prio-
mativa por la misma realidad de los rizar el conocimiento y el dominio de
jóvenes seminaristas que se criaron algunas técnicas de comunicación.
en ese ethos y por considerarse un
medio fecundo para evangelizar. La 183. Se recomienda el aprendiza-
formación en esta área debe incluir je de las lenguas para acceder a las
aspectos como: el técnico, por el fuentes, el latín y las lenguas bíbli-
conocimiento y manejo de los instru- cas, hebreo y griego; y para el diálo-
mentos, siempre con nuevas posibi- go con el mundo actual, al menos una
lidades; el humano, por el uso equi- lengua moderna. También es preciso
librado y maduro; espiritual, libre de conocer la lengua que se habla en la
apegos y dependencias; el pastoral, región donde los seminaristas ejerce-
priorizando el fin evangelizador. La rán el ministerio y lenguas relaciona-
educación y la responsabilidad en das con la migración y el turismo.
este ámbito son claves para que las Estos desafíos suelen permitir a
comunicaciones y las redes sociales to­dos tomar conciencia de la escasa
sean efectivamente un aliado y una formación con que llegan los candida­
oportunidad, y no una amenaza para tos al Seminario, en par­ticular respec-
la vida y ministerio de los presbíteros. to a la lengua materna. Por eso es

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Estudios de especialización (n. 185)

184*. Las «materias ministeriales» mencionadas, y otras considera-


das útiles o necesarias para el ministerio presbiteral, considerando la
relevancia que cada una puede tener en el proceso formativo, deberán
ser estudiadas por los seminaristas durante el tiempo de la formación,
en los tiempos y modos indicados por cada Ratio nationalis.

e) Estudios de especialización
185*. Además de los estudios básicos, necesarios para la formación
de todo sacerdote, el apostolado puede exigir la preparación específica
de algunos de ellos. Prescindiendo de la posibilidad de promover cual-
quier especialización con vistas a la actividad pastoral, es importante la
formación de sacerdotes destinados a los deberes y oficios que exigen
una preparación más profunda en cursos o institutos apropiados.
*Al respecto, además del conocimiento de las ciencias sagradas, en-
tre los estudios especializados son posibles otras iniciativas, promovidas
por las Iglesias particulares, concernientes a una formación específica

preciso cuidar desde la etapa prope- tancia. Queda muy claro que la ense-
déutica, y si es posible antes, la ense- ñanza de las materias ministeriales
ñanza y perfeccionamiento de la pro- es una responsabilidad del Semina-
pia lengua. Para la asimilación de una rio como institución formativa, inde-
lengua moderna, puede ayudar su pendientemente de los programas de
uso en las materias ordinarias, según las facultades eclesiásticas.
lo establecido por el centro educativo.
185a. En esta temática la Ratio
184. Con este artículo concluye el llama la atención sobre la posibilidad
apartado de las «materias ministeria- de que el apostolado exija la prepara-
les» y simplemente hace referencia ción específica de algunos presbíte-
a que estas deben estudiarse duran- ros. Pa­ra ello es importante discernir
te el tiempo de formación, según los el tipo de especialización, exigida por
tiempos y modos indicados por cada determinados oficios. También con-
Ratio nationalis. A la hora de regla- viene elegir con cuidado los cursos e
mentar su estudio, en general y en institutos apropiados, donde lo eco-
particular, en las regiones carentes nómico no debe ser el único criterio,
de recursos humanos y financieros, sino la calidad de la preparación y la
es recomendable una confiada cola- comunión con la Iglesia.
boración con los centros de estudio.
La necesidad y las urgencias pasto- 185b. Además de las especializa-
rales en muchas ocasiones llevan a ciones, es posible y necesario pro-
descuidar estas materias dándolas mover otras iniciativas para ofrecer
por supuestas o restándoles impor- formación específica para ejercer de-

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Organización de los estudios

en ámbitos considerados importantes para la realidad pastoral y para la


adquisición de instrumentos y contenidos que sostengan determinadas
actividades ministeriales. Por ejemplo, la formación del personal de los
Tribunales eclesiásticos, los formadores de los Seminarios, los que tra-
bajarán en el campo de los medios de comunicación, de la administra-
ción de los bienes eclesiásticos o de la catequesis.
*Después de haber recogido la oportuna información y de haber va-
lorado las necesidades de la Iglesia particular en la responsabilidad que
les corresponde, los Obispos podrán escoger personas idóneas por su
personalidad, virtud y talento, que puedan conseguir esta finalidad.

f) Objetivos y métodos de enseñanza


186*. Teniendo en cuenta la diversidad de los métodos, la enseñanza
en el Seminario deberá garantizar la consecución de algunos objetivos:
a) *Ayudar al seminarista, que recibe una gran cantidad de informa-
ción, a hacer emerger las cuestiones esenciales y a despertar la sana
inquietud del corazón, que abre el espíritu a la búsqueda de Dios.

terminados ministerios, como los tri- ponsables. El Obispo y su consejo,


bunales eclesiásticos, los formadores deben discernir a partir de criterios
de Seminario, los responsables de los ofrecidos por el evangelio: idoneidad,
medios de comunicación, de la admi- virtud y talento; aptitudes e inclinacio-
nistración de los bienes eclesiásticos nes de las personas para determina-
o de la catequesis. das áreas; y disponibilidad para servir
En algunos Seminarios, en los úl- a la Iglesia. Es necesario evitar que
timos años de formación, la actividad predominen otros intereses y criterios
pastoral se realiza en un área especí- en la elección de los enviados para
fica donde el seminarista, además de estudios de especialización.
participar en las actividades, estudia
sobre el tema y asiste a cursos de ni- 186. Ante las diversas realidades
vel diocesano o nacional. El objetivo y métodos que pueden generar dis-
es que el futuro presbítero salga mo- persión, la Ratio desea garantizar al-
tivado y dispuesto, si es preciso, para gunos objetivos que, conscientes de
estudiar una futura especialización. la realidad educativa de cada nación
y de las posibilidades de los centros
185c. Los estudios de especializa- de estudios, pueden orientar los pa-
ción, como cualquier preparación, mi- sos que se deben seguir.
nisterio y servicio en la Iglesia, surgen
de la lógica vocacional, donde tienen 186a-b. Estas dos primeras indi-
un lugar privilegiado las necesidades caciones tienen que ver con la forma
y exigencias de la Iglesia particular y mentis del seminarista. En tiempos
el discernimiento de los últimos res- donde la información está disponible

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Objetivos y métodos (n. 186)

b) Realizar la síntesis de la formación intelectual, a través de la armo-


nía entre el estudio bíblico, teológico y filosófico; en particular, conviene
ayudar a los seminaristas a ordenar y coordinar los conocimientos, su-
perando el riesgo de que, tomados de manera fragmentaria, formen un
mosaico desorganizado y confuso38.
c) *Garantizar una enseñanza clara y sólida, ordenada a conocer
me­jor el misterio de Dios y de su Iglesia, las verdades de la fe y su jerar-
quía39, el hombre y el mundo contemporáneos.
d) *Promover el diálogo y el compartir entre los seminaristas, y entre
éstos y los docentes, a través de argumentaciones lógicas y racionales.
e) Ofrecer a los seminaristas una perspectiva histórica, para que per-
ciban el vínculo entre la fe y el desarrollo histórico, aprendiendo a expre-
sar, con un lenguaje adecuado, el contenido de la formación filosófica y
teológica.

38. Cf. Pastores dabo vobis, n. 54: AAS 84 (1992), 767-768.


39. Cf. CIC cáns. 750; 752-754.

casi de inmediato es fácil que también ca ayudarles a «hacer emerger las


los seminaristas permanezcan como cuestiones esenciales» con una sín-
«anestesiados» y confusos intelec- tesis ordenada y coordinada de los
tualmente, sin capacidad para discer- conocimientos. El objetivo final, que
nir lo esencial e importante. An­te este tiene que ver con la formación perma-
riesgo se busca ayudarles a «hacer nente, es «despertar la sana inquie-
emerger las cuestiones esenciales» tud del corazón, que abre el espíritu a
con una síntesis ordenada y coordi- la búsqueda de Dios».
nada de los conocimientos. El objeti-
vo final, que tiene que ver con la for- 186d-e. En estos apartados la Ra­
mación permanente, es «despertar la tio fomenta el diálogo, «a través de ar-
sana inquietud del corazón, que abre gumentaciones lógicas y racionales»,
el espíritu a la búsqueda de Dios». e invita a expresar, con un lenguaje
adecuado y adaptado a los tiempos
186c. Estas dos primeras indica- (desarrollo histórico), los contenidos
ciones tienen que ver con la forma filosóficos y teológicos. Para quien
mentis del seminarista. En tiempos no tiene convivencia con las nuevas
donde la información está disponi- generaciones estas indicaciones po-
ble casi inmediatamente es fácil que drán parecer algo superfluo y obvio.
también los seminaristas permanez- En realidad son de extrema importan-
can como «anestesiados» y confu- cia y van al encuentro de la tendencia
sos intelectualmente, sin capacidad a encerrarse en sí mismo y de la crisis
para discernir lo que es esencial e de alteridad que no permite dialogar y
importante. Ante este riesgo se bus- confrontarse con lo diferente.

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Organización de los estudios

187*. Indicaciones prácticas. En lo que se refiere a los métodos didác-


ticos, se tenga en cuenta lo siguiente:
a) *En los cursos básicos, los docentes expongan los contenidos
esenciales de las materias, orientando a los seminaristas sobre el estu-
dio personal y la bibliografía.
b) *Los docentes tengan cuidado de enseñar la doctrina católica, con
especial referencia a la riqueza del Magisterio de la Iglesia, privilegiando
el de los Pontífices y Concilios ecuménicos, para responder a los desa-
fíos de la nueva evangelización y de la realidad actual.
c) *Se organicen seminarios interdisciplinares, para aprovechar me-
jor el estudio en común y promover creativamente la colaboración entre
docentes y seminaristas, en el ámbito científico e intelectual.
d) *Se favorezca el estudio personal guiado por «tutores», de modo
que los seminaristas aprendan una metodología para el trabajo cientí-
fico y, debidamente apoyados y alentados, asimilen adecuadamente la
enseñanza recibida.

187. Este artículo, que concluye el la doctrina católica, con especial refe-
capítulo sobre la organización de los rencia a la riqueza del Magisterio de
estudios, ofrece indicaciones prácti- la Iglesia». La Ratio señala también
cas para los métodos didácticos. Es- que este modo de estudiar la doctri-
tas indicaciones representan medios na católica ayudará al seminarista a
concretos para llegar a los objetivos responder a los desafíos de la nue-
antes señalados. va evangelización que nacen de una
realidad cada vez más compleja.
187a. Para aprender a discernir
lo esencial e importante, «los docen- 187c. Para favorecer el diálogo y
tes expongan los contenidos esen- la adecuada expresión de las posicio-
ciales de las materias» y motiven al nes y las argumentaciones, «se orga-
estudio personal. Por estos caminos nicen seminarios interdisciplinares»
el seminarista podrá ir asimilando los y se promueva la colaboración en­tre
contenidos y haciendo su propia sín- docentes y seminaristas. Asimismo,
tesis. Como parte del método de en- pue­den ser útiles la organización de
señanza, tiene una gran importancia «mesas de debates» y la presencia
que los seminaristas se habitúen a en actividades de otros centros de es-
expresar su propio pensamiento, tan- tudio donde los seminaristas entren
to de manera oral como escrita. en contacto con la diversidad de pen-
samiento existente en la sociedad.
187b. Para conocer la jerarquía de
las verdades estudiadas y el tipo de 187d-e. Para discernir lo que es
adhesión que exige del creyente «los importante, con una clara visión de
docentes tengan cuidado de enseñar la jerarquía de las verdades, en res-

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Objetivos y métodos (n. 187)

e) Se introduzca a los seminaristas en el estudio de los diversos pro-


blemas pastorales, con método científico, para que puedan descubrir
mejor el vínculo íntimo entre la vida, la devoción y la ciencia obtenida en
las lecciones40.
f) *Donde la Conferencia Episcopal lo considere oportuno, se podrá
prever un periodo de formación fuera del Seminario, acaso también en
otros países, para aprender lenguas y conocer la vida eclesial enraizada
en una cultura diversa.
Para que el estudio sea verdaderamente fructuoso, no podrá faltar
una organización básica, de la que forme parte un suficiente número

40. Cf. Ibid., can. 254, § 2.

puesta a las exigencias de la misión, medios los seminaristas podrán per-


citando la parte de la formación de los cibir la universalidad de la Iglesia y
clérigos del Código de Derecho Ca- también dispondrán de datos existen-
nónico (n. 254), la Ratio busca que se ciales para discernir los componentes
favorezca el estudio personal de los de sus culturas que favorecen la vida
diversos problemas pastorales con y el evangelio y aquellos elementos
método científico guiado por «tuto- que la desvalorizan o la niegan.
res». Para esta finalidad puede ayu- Los párrafos finales hacen refe-
dar el fomento de la elaboración de rencia a la organización de los centros
artículos y pequeñas publicaciones de estudios, así como a la exigencia
como también el uso de los mismos pa­ra los seminaristas de demostrar
para la evaluación de las diversas su aprovechamiento. Con respecto
materias. Contando con el tiempo a la organización de los estudios, las
suficiente y el hábito de pensar teoló- Conferencias episcopales deben dis-
gicamente las diversas realidades, el cernir aquello que es fundamental y
seminarista asimilará los contenidos lo que puede dispensarse particular-
y descubrirá mejor «el vínculo íntimo mente a algunos centros de estudios
entre la vida, la devoción y la ciencia con carencia de recursos humanos
obtenida en las lecciones». y financieros. La Ratio exige «un su-
ficiente número de profesores bien
187f. Para alcanzar esos objeti- preparados», que para el Código de
vos descritos, la Ratio sugiere que Derecho Canónico serían doctores
las Conferencias episcopales y las y licenciados (n. 253); una bibliote-
diócesis ponderen la posibilidad de ca ordenada y cuidada por personal
«prever un periodo de formación fue- competente y el acceso a Internet. En
ra del Seminario, acaso también en relación a las pruebas de aprovecha-
otros países, para aprender lenguas miento de los seminaristas habla de
y conocer la vida eclesial enraizada «exámenes, orales o escritos, y con
en una cultura diversa». Por estos exposiciones».

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Organización de los estudios

de profesores bien preparados41, una biblioteca ordenada y cuidada por


personal competente y el acceso a Internet como un medio de investiga-
ción y de comunicación.
Los seminaristas den prueba del aprovechamiento conseguido en los
estudios con exámenes, orales o escritos, y con exposiciones, según las
normas de las Conferencias Episcopales.

41. Cf. ibid., can. 253, §§ 1-2.

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VIII
CRITERIOS Y NORMAS*

a) Diversos tipos de Seminario


188*. El Seminario, antes que un edificio, es una comunidad formati-
va, en cualquier lugar en que se encuentre. Por tanto, los Obispos que
consideren posible erigir o mantener un Seminario diocesano1, habien-
do valorado cuidadosamente las circunstancias del contexto eclesial,
tengan también en consideración que exista un número suficiente de

1. Cf. ibid., can. 237, § 1.

188-210. Este capítulo de criterios reconocer si hay motivaciones autén-


y normas sobre aspectos decisivos ticas y adecuadas; verificar la rectitud
para la formación de los futuros pas- de intención y, en definitiva, en el con-
tores, pone fin a la Ratio. El objetivo junto de la vida del sujeto, comprobar
es ayudar al seminarista para que que sigue la voluntad de Dios.
pueda responder al proyecto de Dios Este último capítulo ofrece orienta-
para su vida. El ministerio ordenado ciones para perfilar mejor el Seminario
–como se insiste una y otra vez– es como institución formativa y faci­litar a
don de Dios y no solo una función. La los formadores elegir y proponer pa­ra
vocación nace de la voluntad del que el ministerio a personas que realmen-
llama. Nadie tiene derecho al ministe- te puedan ser transparencia e icono
rio sacerdotal ni puede reivindicarlo. de Cristo Buen Pastor.
En todo proceso vocacional se
dan unas acciones divinas, unas me­ 188. El Se­minario es mucho más
diaciones eclesiales y unas accio- que una mera institución; es, sobre
nes por parte del llamado. La Iglesia, todo, una comunidad eclesial. Su ca-
co­munidad de llamados, llama a su racterística es el ideal de la formación
vez. Ella, en su función mediadora, para el sacerdocio, verdadero servicio
es se­no de nuevas vocaciones. Me- a la Iglesia y al mundo. En la línea de
diante un cuidadoso discernimiento, Pastores dabo vobis, se tra­ta de «una
se orienta a formar pastores según comunidad educativa en camino: la
el corazón de Cristo Buen Pastor. Al comunidad promovida por el Obispo
margen de juicios morales (buenos para ofrecer, a quien es llamado por
o malos), y de diagnósticos psicoló- el Señor para el servicio apostólico,
gicos, debe verificar la presencia o la posibilidad de revivir la experiencia
ausencia de contraindicaciones pa­ra formativa que el Señor dedicó a los
la decisión tomada; determinar si la Doce» (PDV, 60). Ello exige un cli-
persona posee suficientemente las ma favorable, una verdadera acción
actitudes y disposiciones requeridas; educativa junto a los seminaristas por

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Criterios y normas

vocaciones y de formadores para garantizar una comunidad formativa2


y un cuerpo docente capaz de ofrecer una propuesta intelectual de cali-
dad y que sea económicamente sustentable.
Cuando las circunstancias no lo permitan, en diálogo con los otros
Obispos de la Provincia Eclesiástica o de la Conferencia Episcopal, con-
viene buscar una solución adecuada, enviando los seminaristas al Semi-
nario de otra Iglesia particular o erigiendo Seminarios interdiocesanos,
obtenida la aprobación de la Congregación para el Clero, tanto para su
erección como para sus estatutos3.
Merece una atención especial el caso de los seminaristas que son
enviados a realizar los estudios en una institución distinta al propio Se-
minario. Es responsabilidad del Obispo diocesano garantizar su inser-
ción en una verdadera comunidad formativa, evitando que un semina-
rista o un reducido grupo de candidatos, habite establemente en una

2. Cf. ibid., can. 239, § 1-2.


3. Cf. ibid., can. 237, § 2.

parte de los formadores, un progra- y con conocimiento de la Congrega-


ma de vida en común, relaciones fra­ ción para el Clero. Siempre que un se-
ternas y un estilo de vida evangélico. minarista sea enviado a estudiar en
Para garantizar ese tipo de expe- una institución distinta al Seminario,
riencia de vida comunitaria formativa, el Obispo diocesano garantizará «su
según el modelo de los Doce apósto- inserción en una verdadera comuni-
les reunidos en torno a Jesús, el texto dad educativa», para que su vocación
señala, entre otras cosas: un núme­ro madure en un clima de apertura y de
mínimo de seminaristas, formadores relación dialogal con otras personas
que acompañen, docentes prepara- que participan del mismo ideal.
dos y medios económicos su­ficientes. Con todo, como prevé el Derecho,
No precisa otros detalles referentes a puede darse el caso de que algún se-
instalaciones o «edificio convenien- minarista tenga que ser formado bajo
te», ni a la biblioteca, mencionada en la tutela de un sacerdote, sin la posi-
la Ratio de 1985, 21. bilidad de asistir a un centro de forma-
La importancia de la comunidad ción específico. Estos casos deben
formativa se subraya de tal modo que, ser absolutamente excepcionales.
en el caso de que la propia diócesis Este artículo introductorio sobre
no pueda ofrecerla, los seminaristas los requisitos para el buen funciona-
deberán ser enviados y acogidos por miento de un Seminario, alude a dos
otra diócesis hermana, o se fundarán situaciones relativamente frecuentes
Seminarios interdiocesanos, en diá- en la Iglesia actual: a) la del Semina-
logo con las diócesis de la Provincia rio con larga tradición que no cuenta
eclesiástica, la Conferencia episcopal con suficientes vocaciones; b) la del

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Admisión y abandono del Seminario (n. 189)

residencia privada, donde sería imposible cultivar debidamente la vida


espiritual y comunitaria.
Cuando un candidato habita legítimamente fuera del Seminario, el
propio Obispo diocesano lo encargará a un sacerdote idóneo, que se
responsabilice diligentemente de su formación espiritual y disciplinar4.

b) Admisión, expulsión y abandono del Seminario*


189*. «La Iglesia tiene el derecho de verificar, también con el recurso
a la ciencia médica y psicológica, la idoneidad de los futuros presbíte-
ros»5. El Obispo es responsable de la admisión en el Seminario. Con la
ayuda del equipo formador, valorará las dotes humanas y morales, espi-
rituales e intelectuales, la salud física y psíquica así como la rectitud de

4. Cf. ibid., can. 235, § 2.


5. Orientaciones para el uso de las competencias de la psicología en la admisión y en
la formación de los candidatos al sacerdocio, n. 11: Enchiridion Vaticanum 25 (2011), 1271-
1272; cf. CIC, can. 241, § 1.

Seminario, quizá con menor trayecto- discernimiento y los amargos frutos


ria histórica, que tiene un número sufi- que ha producido nos lleva a exigir la
ciente de seminaristas pero carece de comprobación de la idoneidad, que
recursos, sobre todo humanos, para antes que un derecho es una obliga-
dar una formación de calidad. ción de la Iglesia.
Corresponde al Obispo diocesano
discernir sobre la posibilidad y conve- 189. El Obispo es el responsable
niencia de erigir o mantener el Semi- de admitir a los candidatos al Semi-
nario mayor (CIC, 237). Sin embargo, nario. Para determinar y verificar su
el texto remite al Obispo al diálogo con idoneidad, cuenta con la ayuda de
los Obispos de su Provincia eclesiás- distintas personas: los especialistas
tica o de su nación. Con ello se afirma en psicología, el promotor vocacio-
la necesidad de que los Obispos co- nal o acompañante en el proceso de
laboren, principalmente para atender discernimiento del joven, así como de
situaciones de particular precariedad. otras personas que conocen al can-
Se sigue el principio de la comunión, didato o han convivido con él (el pá-
que en el caso de la formación sacer- rroco y/o sacerdotes que le conocen,
dotal tiene una gran importancia. los miembros del grupo apostólico en
el que ha participado, los educadores
189-198. El texto parte del dere- de las instituciones donde ha realiza-
cho que tiene la Iglesia de constatar do sus estudios, etc.) y que pueden
la idoneidad de los candidatos. La ex- aportar datos de observación sobre
periencia tristemente repetida de ha- las conductas y las motivaciones que
ber admitido candidatos sin un serio avalen la admisión en el Seminario.

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Criterios y normas

intención de los candidatos6. En este sentido, conviene tener en cuenta


las orientaciones relativas a: el recurso a expertos en psicología7, la
procedencia de candidatos de otros Seminarios o casas de formación8,
y la eventual presencia de tendencias homosexuales9. En general, «la

6. Cf. CIC, can. 241, § 1.


7. Cf. Orientaciones para el uso de las competencias de la psicología en la admisión y en
la formación de los candidatos al sacerdocio: Enchiridion Vaticanum 25 (2011), 1239-1289.
8. Cf. Congregación para la Educación Católica, Instrucciones a las Conferencias Epis­
copales acerca de la admisión en el Seminario de los candidatos provenientes de otros Se­
minarios o familias religiosas (9 de octubre de 1986 y 8 de marzo de 1996); Sagrada Con-
gregación para la Educación Católica, Carta circular, Nos permitimos, a los Representantes
Pontificios acerca de la admisión de ex seminaristas en otro seminario (9 de octubre de 1986):
Enchiridion Vaticanum 10 (1989), 694-696.
9. Cf. Id., Instrucción sobre los criterios de discernimiento vocacional en relación con las
personas con tendencias homosexuales antes de su admisión al seminario y a las órdenes
sagradas (4 de noviembre de 2005), n. 2: AAS 97 (2005), 1009-1010.

También cuenta con diferentes recur­ ría el ingreso, y el candidato, que pre-
sos documentales, como los infor- sentaría la solicitud de admisión. En
mes de los formadores de jóvenes la selección de candidatos se deben
procedentes de otros Semi­ narios o tomar en cuenta todas las dimensio-
casas de formación y las orientacio- nes de la formación y la integralidad
nes del Magisterio en temas especí- de la persona, de modo que no se pri-
ficos (competencias de la psicología, vilegien unas en detrimento de otras.
homosexua­lidad, expediente e infor- En cualquier fase del proceso, la falta
me al final del discernimiento). notoria de equilibrio entre las dimen-
Presta una ayuda inestimable la siones formativas es un motivo para
buena disciplina de información de los retrasar la admisión.
procesos de acompañamiento que se Concluye este artículo recomen-
han realizado, porque pone por escri- dando seleccionar con cuidado a los
to, de un modo objetivo, los datos que candidatos y, cuando los seminaris-
es preciso considerar. Esta es una ta- tas escasean, evitar la tentación de
rea que recae sobre cada uno de los admitir sin acompañamiento ni dis-
que intervienen en el proceso como cernimiento, sin pro­cesos completos,
responsables inmediatos. sin verificar la rectitud de intención.
Por tanto, aunque el Obispo es el Más aún, se rechaza la idea de que,
primer responsable de la admisión en una vez admitido en el Seminario, el
el Seminario, no to­ma la decisión él candidato simplemente ha de recorrer
solo. Aparece aquí, pues, la eclesia- un proceso académico hasta la orde-
lidad de una comunidad que se res- nación, dado que lo más «complica-
ponsabiliza de la formación de sus do» (el ingreso) lo ha conse­guido ya.
futuros pastores. Y tampoco se redu- El Pa­pa Francisco ha insistido en es­
ce la admisión en el Seminario a un to, dirigiéndose sobre todo a religio­
acuerdo entre el Rector, que permiti- sos: «Algunas congregaciones reci-

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La salud física (n. 190)

primera selección de los candidatos para su ingreso en el Seminario


debe ser atenta, ya que no es infrecuente que los seminaristas, prosi-
gan el itinerario hacia el sacerdocio considerando cada etapa como una
consecuencia y prolongación de este primer paso»10.

b.1. La salud física


190*. En el momento del ingreso, el seminarista deberá demostrar que
goza de un estado de salud compatible con el futuro ejercicio del ministe-
rio, según las normas emanadas por las Conferencias Episcopales, que

10. Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Carta circular
Entre las más delicadas a los Obispos diocesanos y demás Ordinarios canónicamente facul-
tados para llamar a las sagradas órdenes, sobre los escrutinios acerca de la idoneidad del
los candidatos (10 de noviembre de 1997), n. 7: Notitiae 33 (1997), p. 497.

ben diciendo: ‘Sí, ven, ven’. Y luego del cual se derivarían consecuencias
hay problemas ahí dentro. Se debe prácticas, como la pronta atención a
recibir con seriedad. Se debe discer- alguna enfermedad o incluso la no ad-
nir bien si esta es una verdadera vo- misión, al menos de manera tempo-
cación y ayudarla a crecer» (Jubileo ral, al joven que ha descuidado algún
de la Vida Consagrada, 1-2-2016). aspecto de su salud física.
Respecto al conocimiento del in­
190. Este apartado bien podría- forme médico, el texto lo limita al
mos entenderlo como un elemento Obispo y al Rector del Seminario; aun
fundamental en la dimensión huma- así, se entiende que el acompañante
na de la for­mación. O sea, estamos vocacional haya solicitado su elabora-
ante la base humana sobre la que se ción con anticipación y en un diálogo
va a desarrollar toda la formación sa- abierto con el acompañado hubiese
cerdotal. De ahí que, como señalaba intercambiado opiniones al respecto,
el punto anterior, el Obispo diocesa- siempre respetando su intimidad. Con
no sea el responsable de verificar la razón el texto advierte lo referente a
salud física y el equilibrio psíquico de las legislaciones correspondientes a
quien va a ser admitido al Seminario esta materia en cada país.
(cf. CIC, 241 § 1). El texto cita las normas de la Con-
Sin embargo, se supone en el jo- gregación para la Doctrina de la Fe
ven que aspira a ser admitido en el Se- (Cartas circulares de 1995 y 2003)
minario la transparencia y disposición acerca de impedimentos físicos en la
para realizar dicha comprobación. Es admisión al presbiterado, en particu-
razonable que la forma como el candi- lar sobre los celíacos y los alcohóli-
dato demuestre la compatibilidad de cos, dada la centralidad de la celebra-
su estado de salud con el ministerio ción de la Eucaristía en el ministe­rio.
que en un futuro desea ejercer sea a Hoy día los impedimentos físicos son
través de un examen médico general, más llevaderos, incluso han desapa-

213

SEMINARIOS 222-223.indd 213 3/4/18 14:55


Criterios y normas

deben constar en las Ratio nationalis. Para garantizar una «sana y robus-
ta constitución», deberá presentar los resultados de un examen médico
general y la documentación relativa tanto a enfermedades padecidas en
el pasado, como a intervenciones médicas o terapias a las que haya sido
sometido. El contenido de esta documentación podrá ser conocido sólo
por el Obispo y el Rector del Seminario diocesano, y su divulgación estará
regulada por las leyes civiles y eclesiásticas vigentes en cada país.
En este ámbito se deberá tener en cuenta, desde un primer momento,
lo prescrito por la Congregación para la Doctrina de la Fe acerca de la
valoración, prudente y personalizada, de quienes están afectados por
la celiaquía, o padecen el alcoholismo o enfermedades análogas11. En

11. Congregación para la doctrina de la Fe, Cartas Circulares del 19 de junio de 1995 y
del 24 de julio de 2003.

recido los más rígidos que señalaba tud es fácil comprobar el crecimiento
el Código antiguo, como las deformi- del seminarista a lo largo del proceso
dades físicas (cf. CIC-1917, 984 § 2). formativo, y tal actitud será una cla-
El Código de Derecho Canónico vi- ve importante para la formación per­
gente incluye de modo genérico las manente. Así, un seminarista afecta-
cualidades físicas como requisito y do por una enfermedad, si acepta su
signos de idoneidad en los cc. 1029 condición y se cuida, podrá ejercer
y 1051 § 1, dejando así amplia dis- adecuadamente el ministerio; sin
crecionalidad al Obispo para valorar embargo, otro que sin padecer una
las cualidades físicas o la salud del enfermedad descuide su salud, pro-
candidato. bablemente tendrá más dificultades.
La valoración del estado de sa- Es fundamental que los candidatos
lud física del candidato ha de ser ve­ al sacerdocio sepan entrar en diá­
rificada tanto antes del ingreso al Se- logo con la sensibilidad actual hacia
minario como durante la formación y, el tema de la salud, evitando tanto el
sobre todo, cumpliendo los requisitos cuidado excesivo como la negligen-
previos a la recepción de órdenes. Si cia, y adquiriendo criterios razo­nables
esto se realiza de forma adecuada sobre el uso moderado de los medi-
antes de la admisión en el Seminario, camentos.
se evitarán dificultades que en el pro- Además, el texto se refiere a una
ceso formativo aparentemente serían «sana y robusta constitución». Con
sorpresivas, y más aún en el proceso es­tos dos adjetivos se deja claro que
de solicitud de la ordenación. la vida sacerdotal y el proceso forma-
En muchas ocasiones, la actitud tivo que conduce a ella no son para
de cuidar la propia salud es más im- personas enfermizas, y que no es
portante que el estado objetivo de suficiente con la ausencia de enfer-
salud. En el desarrollo de dicha acti- medades graves.

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La salud psíquica (n. 191)

relación con lo dispuesto por este Dicasterio sobre otras situaciones de


salud que podrían impedir el ejercicio del ministerio, se confía a las Con-
ferencias Episcopales la elaboración de normas pertinentes.
Las adecuadas condiciones de salud deberán permanecer y podrán
ser verificadas durante todo el tiempo de la formación.

b.2. La salud psíquica*


191*. Por norma, se debe impedir la admisión al Seminario de aque-
llos que padecen cualquier patología, manifiesta o latente (por ejemplo,

191-196. «El hombre lleva dentro ha de hacerse con responsabilidad y


de sí el germen de la vida eterna y ri­gor, sin dejarse influir por el número
la vocación a hacer suyos los valo- de quienes han de ingresar ni por la
res trascendentes; pero sigue siendo necesidad de sacerdotes en la dióce-
vulnerable interiormente y expuesto sis. Tampoco es aceptable el criterio
dramáticamente al riesgo de fallar de invitar a esta vocación co­mo estí-
su vocación, a causa de resistencias mulo o ayuda a candidatos con ciertas
y dificultades que halla en su camino problemáticas (cf. Monitum del Santo
existencial» (Juan Pablo II, Alocución Oficio, 15 de julio de 1961, 2).
a la Rota Romana, 25-1-1988). La sa- El diagnóstico psicológico resulta,
lud psíquica del candidato es necesa- pues, decisivo a la hora de discernir la
ria para realizar un proceso formativo vocación sacerdotal. Si en el plano fí-
gozoso, atento a la exigencia de su sico se pide una constitución robusta,
vocación y dispuesto a la conversión, algo similar sucede con la salud psí-
para finalmente ejercer de forma ade- quica. Una notable fragilidad psíquica
cuada dicho ministerio. La ayuda téc- y afectiva que persista en el tiempo
nica es una herramienta valiosa a lo representa un impedimento grave.
largo del proceso. El recurso a la psi- Desde el principio, el documento
cología debe integrarse en el cuadro alude a dinamismos de la personali-
de la formación global e integral del dad que son incompatibles con el mi-
seminarista, de modo que se equilibre nisterio. Se refiere expresamente a
con el acompañamiento formativo y la una patología. Admitir personas con
dirección espiritual. estas características sería un mal pa­
ra ellas y para la comunidad.
191. En primer lugar el documento La actitud de la Iglesia respecto a
señala que «por norma se debe impe- la psicología ha cambiado en las úl-
dir la admisión al Seminario de aque- timas décadas, como evidencian los
llos que padecen cualquier patología documentos recientes. El recurso a
manifiesta o latente». A esta regla de- los expertos es aceptado en el Moni­
ben atenerse el equipo formador y los tum, del 15 de julio de 1961. El de-
responsables de la admisión de can- creto Optatam Totius (28 de octubre
didatos. Este primer discernimiento de 1965) exhorta a una educación en

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Criterios y normas

esquizofrenia, paranoia, trastorno bipolar, parafilia, etc.), que pueda mi-


nar la capacidad de juicio de la persona y, en consecuencia, le impida
asumir las exigencias de la vocación y del ministerio.

la madurez humana basada en los del candidato (PDV,  45); en la eta-


avances recientes de la psicología pa filosófica se da importancia a las
y la pedagogía (OT, 11), y pide que ciencias del hombre, entre ellas la
se enseñe a los seminaristas a apro- psicología (PDV, 52); a los formado-
vechar las ayudas que ofrecen estas res les exige preparación intelectual
disciplinas (OT, 20). La encíclica Sa­ en las ciencias humanas (PDV, 66);
cerdotalis coelibatus (1967) pide una en el apartado sobre la formación per-
personalidad madura para poder vivir manente insiste en el trabajo sobre la
el celibato (SacC, 56) e insiste en la madurez humana y su problemática
ayuda de la psicología y la pedagogía (PDV, 70-82).
(SacC,  61). La colaboración del psi- El documento más amplio al res-
cólogo no debe ser excepcional, sino pecto, publicado por la Congregación
ordinaria (SacC, 63). para la Educación Católica, Orienta­
Las Orientaciones educativas pa­ ciones para el uso de las competen­
ra la formación en el celibato (1974) cias de la psicología en la admisión
dan gran importancia a la psicología y en la formación de los candidatos
que ayuda a integrar la personalidad al sacerdocio (2008). El equipo for-
(n. 19) y a afrontar serena y respon- mador puede ayudarse de la psicolo-
sablemente los propios problemas, y gía como herramienta valiosa, sobre
a elaborar las soluciones adecuadas todo en lo referente a la valoración
(n. 20). El Código de Derecho Canó- más segura de la situación psíquica
nico admite la colaboración, en caso del candidato, de sus aptitudes hu-
necesario, de peritos (CIC, 642); en manas para responder a la llamada
el apartado sobre las irregularidades divina, y para una ulterior ayuda en
e impedimentos señala que no son su crecimiento humano (n. 5-6). Dis-
aptos para ordenarse quienes pade- cernir a tiempo las patologías en el
cen una enfermedad psíquica, y esta proceso de formación es tarea del
solo pueden diagnosticarla los psicó- formador, por ello, se exige que cada
logos (CIC, 1041). formador tenga la sensibilización y
La Exhortación apostólica Pasto­ la preparación psicológica adecua-
res dabo vobis (1992) reitera la ne- da (n. 4). Con todo ello, la Iglesia es
cesidad de la ayuda de las ciencias consciente del papel que desempe-
humanas, entre ellas la psicología, ñan la psicología y las ciencias hu-
co­mo aporte para la dimensión hu- manas en los procesos formativos:
mana (PDV, 43); para vivir la castidad admite su aporte en diálogo con
con fidelidad y alegría (PDV, 44); han la teología y lo propone tanto para la
de confluir espiritualidad y ciencias admisión como para todo el proceso
humanas en la formación humana formativo (n. 7).

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La salud psíquica (n. 192)

192*. El tema del recurso a expertos en psicología en el campo de la


formación al ministerio ordenado ha sido, en el pasado, objeto de aten-
ción por parte de la Iglesia y de la Santa Sede12. El aporte de la psicología
representa una valiosa ayuda para los formadores, a quienes compete el
discernimiento vocacional. Esta contribución científica permite conocer
mejor la índole y la personalidad de los candidatos y ofrecer un servicio
formativo más adecuado a la condición de los sujetos: «Es útil que el Rec-
tor y los demás formadores puedan contar con la colaboración de psicó-
logos, que, en todo caso, no pueden formar parte del equipo formador»13.
Dada la delicadeza de esta tarea y la especificidad de la formación al
ministerio presbiteral, la selección de estos expertos debe ser cuidadosa
y prudente: «se tenga presente que ellos, además de distinguirse por su
sólida madurez humana y espiritual, deben inspirarse en una antropolo-
gía que comparta abiertamente la concepción cristiana sobre la persona

12. Cf. Monitum del Santo Oficio (15 de julio de 1961): AAS 53 (1961), 571.
13. Orientaciones para el uso de las competencias de la psicología en la admisión y en la
formación de los candidatos al sacerdocio, n. 6: Enchiridion Vaticanum 25 (2011), 1258-1260.

192. Este número deja claro que el logía (cf. Educación Católica, Orienta­
discernimiento vocacional y la última ciones, n. 5). Es responsabilidad del
palabra sobre la idoneidad del candi- Ordinario y de los Superiores mayo-
dato competen al equipo formador. res competentes la regulación de este
Los psicólogos colaboran en la for- recurso en la formación (cf. n. 7).
mación, pero no son parte del equipo La selección de los expertos ha
formador ni deciden quién continúa o de ser cuidadosa. No basta, pues,
no. Su cometido es ayudar al equipo con que el perito posea conocimien-
de formadores a valorar con objetivi- tos técnicos, sino que, como dice el
dad al candidato proponiendo instru- documento, han de contar también
mentos de conocimiento, crecimiento con «sólida madurez humana y es-
y evaluación, analizando las diversas piritual», que le permita comprender
áreas de la formación de los semina- los ideales a los que son llamados los
ristas, etc., que posibiliten un proceso candidatos al sacerdocio y hacerles
formativo a la altura de las exigencias propuestas que les hagan progresar
actuales. Es deseable que, con los di- en esa dirección trascendente. Su vi-
versos medios formativos, sea el mis- sión del hombre ha de coincidir con la
mo seminarista quien, en libertad y visión cristiana. Por tanto, requiere de
gracias a un conocimiento cabal de sí, una antropología que abarque toda la
y con la ayuda del equipo formador, verdad sobre el hombre, que lo com-
tome también decisiones. Así pues, la prenda desde la Revelación (cf. n. 6).
vocación al sacerdocio en cuanto don Como los demás agentes de la forma-
de Dios y su discernimiento escapan ción, los especialistas deben dar un
a la estricta competencia de la psico- testimonio de fe.

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Criterios y normas

humana, la sexualidad, la vocación al sacerdocio y al celibato, de tal


modo que su intervención tenga en cuenta el misterio del hombre en su
diálogo personal con Dios, según la visión de la Iglesia»14.
193*. En el clima de recíproca confianza y apertura de corazón, que
debe caracterizar el momento de la solicitud de admisión al Seminario,
el aspirante deberá dar a conocer al Obispo y al Rector del Seminario
eventuales problemáticas psicológicas anteriores, así como las medidas
tomadas durante los períodos de terapia, como un elemento de valora-
ción, junto con otras cualidades requeridas. En todo caso, será conve-
niente que se lleve a cabo una valoración psicológica, tanto al momento
de la admisión al Seminario, como durante el tiempo sucesivo, cuando
parezca útil a los formadores.
14. Ibid.

193. Se apela a la confianza y la blemáticas para ingresar al Semina-


transparencia que deben caracterizar rio o para pasar a una etapa superior,
el proceso de acompañamiento, con manifiesta una falta de rectitud nada
vistas a que el candidato informe de acorde con el espíritu de verdad, co-
eventuales problemáticas psicológi- herencia y disponibilidad que debe
cas anteriores. La pastoral vocacional caracterizar la personalidad de quien
ha de asegurar procesos personaliza- abraza tan exigente vocación.
dos en los que ello sea posible. Será En el caso de que haya existido un
necesario que el psicólogo ayude al proceso previo de terapia psicológica
equipo formador a realizar una his- o psiquiátrica, ha de comunicarse qué
toria clínica con los datos necesarios enfoque se adoptó, qué medidas se
para un discernimiento de calidad. tomaron, si hubo que complementar-
Los responsables de la formación lo con medicación, cuánto duró, etc.
han de esforzarse en detectar con­ Si ya concluyó, cuál fue el resultado;
diciones atípicas o problemáticas. Pa­ si es permanente, sería necesario
ra este fin, han de ofrecer procesos sa­ber qué cuidados requiere hoy el
de acompañamiento serios: entrevis- candidato, si su voluntad ha quedado
tas bien realizadas que contribuyan afectada, etc. Estas medidas consti-
a que el candidato madure y con las tuyen referencias objetivas para eva-
que se recabe información útil de cara luar el ingreso al Seminario o el pa­so
a asegurar, en lo posible, un auténtico a otra etapa formativa.
proceso de configuración con Cristo. El documento sugiere la valora-
Sería deseable elaborar una historia ción psicológica en el momento de
clínica de cada candida­to, contando la admisión al Seminario y en ulterio-
con diagnósticos forma­les. Una visión res etapas de formación, cuando los
auténtica de Dios también facilitará el formadores la consideren oportuna.
proceso de asumir la verdad sobre sí Se ha de prever, pues, la ayuda de
mismo. Si el candidato oculta sus pro- psicólogos para el ingreso al Semina-

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La salud psíquica (n. 194)

194*. Conviene tener presente que, para poder recurrir a un psicólo-


go, es necesario que la persona interesada15, estando bien informada y
con toda libertad, manifieste previamente y por escrito su consentimien-
to16. Por otra parte, «el candidato al presbiterado no puede imponer sus
condiciones personales, sino que debe aceptar con humildad y agrade-
cimiento las normas y las condiciones que la Iglesia misma, en cumpli-
miento de su parte de responsabilidad, establece»17. Para salvaguardar
la propia intimidad, «el candidato podrá dirigirse libremente, ya sea a un
psicólogo elegido entre aquellos indicados por los formadores, o bien a
uno elegido por él mismo y aceptado por ellos. Según las posibilidades,
debería quedar siempre garantizada a los candidatos una libre elección
entre varios psicólogos que posean los requisitos indicados»18.

15. Ibid., n. 12: «En el caso que el candidato, ante una petición formulada por parte de los
formadores, rechazase acceder a una consulta psicológica, ellos no forzarán de ningún modo
su voluntad y procederán prudentemente en la obra de discernimiento con los conocimientos
que dispongan»: Enchiridion Vaticanum 25 (2011), 1277.
16. Cf. ibid., nn. 12 y 15: Enchiridion Vaticanum 25 (2011), 1276-1277 y 1282-1283.
17. Ibid., n. 11: Enchiridion Vaticanum 25 (2011), 1272.
18. Ibid., n. 12: Enchiridion Vaticanum 25 (2011), 1276.

rio, de modo que aseguren los exá- 194. El documento señala que pa­
menes psicológicos en los momentos ra la ayuda del psicólogo es necesario
señalados y puedan acompañar los el previo, explícito, informado y libre
procesos en los casos que se juz- consentimiento del candidato por es-
gue necesario (Educación Católica, crito (Educación Católica, Orientacio­
Orientaciones, n. 7). El equipo forma- nes, 12). Asimismo, debe manifestar
dor ha de estar atento a los resultados por escrito su autorización a que el
pa­ra ofrecer los medios clínicos, pe- psicólogo informe al equipo forma-
dagógicos o espirituales adecuados. dor de los resultados de la ayuda (cf.
To­do esto en estrecha colaboración n. 15); sobre todo con el fin de poder
con los psicólogos. Con todo ello se determinar los medios oportunos para
quiere asegurar un proceso completo la maduración personal de cara al pro-
de discernimiento, que contemple la ceso formativo, y no solo para el juicio
integralidad del ser humano, que ayu- sobre la idoneidad del candidato. Este
de al candidato a iniciar el proceso consentimiento se extiende además a
formativo o a pasar de etapa. Estos los medios que el psicólogo utilizará:
elementos facilitarán el trabajo del entrevistas, tests, etc. (cf. n. 5).
equipo formador y le darán seguridad. El equipo formador puede suge-
Un proceso bien realizado también rir el nombre de un psicólogo, ya que
dará luz al candidato para discernir si tiene el deber de recabar la informa-
el Señor lo llama a esta vocación o ha ción necesaria para un juicio objeti-
de tomar otro camino. vo sobre la idoneidad del candidato.

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Criterios y normas

195*. Después de haber redactado el informe, respetando las leyes


civiles vigentes, el perito deberá comunicar los resultados de su investi-
gación al interesado y únicamente a algunas personas autorizadas para
conocer estos datos en razón de su oficio: «Efectuada la investigación,
teniendo en cuenta también las indicaciones ofrecidas por los formado-
res, el psicólogo, sólo con el previo consentimiento escrito del candida-
to, les dará su aportación para comprender el tipo de personalidad y la
problemática que el candidato está afrontando o deberá afrontar. Indi-
cará también, según su valoración y sus competencias, las previsibles

El Derecho Canónico prevé que en o incluso por el candidato, siempre


el escrutinio se indague, entre otros que los formadores lo aprueben. Esta
puntos, en la salud física y psíquica norma pretende asegurar la seriedad
del aspirante (CIC, 1051, 1). del acompañamiento y que el psicó-
El seminarista goza del derecho logo cumpla los requisitos señalados
de aceptar o no la ayuda psicológica, por la Iglesia (cf. n. 6).
o de aceptar o no al psicólogo que el
equipo formador sugiera, pero no del 195. El psicólogo ha de presentar
de imponer sus criterios e intereses por escrito los resultados. El estudio
en el proceso formativo. Más bien, un psicológico se realiza para observar y
signo de madurez del candidato es su valorar el funcionamiento global de la
aceptación cordial de tales sugeren- persona y sus formas características
cias. Es oportuno señalar que toca de respuesta a diversas situaciones.
a los responsables de la formación El informe psicológico refleja la reso-
crear un clima de confianza para que lución de un proceso metodológico.
el candidato descubra los beneficios Los resultados se deben interpretar
de la ayuda psicológica y se abra a dentro de un rango y no se pueden
ella con valentía y sinceridad. Asimis- aceptar como verdad absoluta. La
mo, los formadores evitarán dar la im- ciencia habla siempre en términos de
presión de que esta sugerencia es el probabilidad, particularmente cuando
preludio de la expulsión (n. 12). Pre- estudia a la persona. La presentación
sentar de manera positiva y realista de estos informes ha de acatar las le-
esta ayuda evitará que el seminaris- yes establecidas. En algunos países
ta la rechace. También facilitará que hay reglas muy precisas sobre el de-
acepte la responsabilidad de la Iglesia recho a la privacidad del contenido de
a la hora de verificar que quienes son los informes, que deben respetarse
admitidos al ministerio sagrado reú- con responsabilidad. Esto evita el mal
nen las cualidades necesarias (n. 11). uso de los informes y protege el buen
Una vez aceptada la ayuda psico- nombre de los seminaristas.
lógica, el seminarista goza de libertad Los resultados han de tener en
para dirigirse al psicólogo. Este puede cuenta las indicaciones ofrecidas por
ser elegido o por el equipo formador, los formadores. Algunos elementos

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La salud psíquica (n. 195)

posibilidades de crecimiento de la personalidad del candidato. Sugerirá,


si fuera necesario, formas o itinerarios de sostenimiento psicológico»19.
Teniendo en cuenta lo anterior, las personas autorizadas para conocer
la información dada por el perito son: el Obispo (el de la Diócesis del
interesado y el responsable del Seminario, si fuera otro), el Rector (el
del Seminario donde se realiza la formación y del diocesano, si fuera
diverso), y el Director espiritual.
19. Ibid., n. 15: Enchiridion Vaticanum 25 (2011), 1283.

pueden ser: la estabilidad emocional, sona. El formador ha de preguntarse


la madurez psicológica, las motivacio- si el informe dado por el psicólogo
nes profundas, la capacidad de rela- coincide con el conocimiento que él,
ciones afectivas interpersonales, la co­mo formador, tiene del candidato, si
inteligencia, el buen juicio, la integri- aclara las dudas sobre su idoneidad
dad física y la buena salud, etc. Es im- al sacerdocio, o si ayuda o no a la de-
portante que el psicólogo incluya las cisión de aceptarlo en el proceso for-
recomendaciones pertinentes sobre mativo, si incluye recomendaciones a
las áreas de crecimiento y las áreas seguir sobre las áreas de fortaleza o
de oportunidad del seminarista. las áreas de oportunidad.
Los informes deben respetar la El documento señala quiénes es­
confidencialidad a la que el semina- tán autorizados conocer los resulta­
rista tiene derecho. Él tiene que dar dos, por ser los primeros responsa­bles
su consentimiento por escrito para en la formación: el Obispo, el Rector
que el informe sea presentado al y el Director espiritual. El Obis­po y el
equipo formador (n. 15). Al proceder Rector conocerán estos informes con
así se salvaguarda la integridad del el fin de discernir más objetivamen-
candidato. El psicólogo y el formador te la idoneidad del candidato. Pero
están al servicio de la persona y su también para ofrecer los medios per-
crecimiento. El objetivo de ambos tinentes en el proceso formativo que
es ayudar al candidato a responder ayuden a la persona a alcanzar la ma-
al proyecto de Dios para su vida, no durez humana (que se traduce en es-
se trata de invadirlo o conocerlo a tabilidad de espíritu, capacidad para
la fuerza. El equipo formador tiene la tomar decisiones prudentes, rectitud
responsabilidad de usar la evalua- al juzgar los acontecimientos y a las
ción psicológica sabia y prudente- personas, dominio del carácter, sano
mente, con sentido común. Y siem- autocontrol), a desarrollar su perso-
pre con vistas a ayudar al candidato. nalidad y a lograr las disposiciones de
El equipo formador debe dejar claro ánimo que ayudan a que la actividad
todo esto al seminarista. de la Iglesia sea ordenada y fructuo-
La evaluación psicológica es un sa (OT, 11). Esto último vale también
medio o ayuda para los formadores, para el Director espiritual (cf. Educa-
nunca un juicio absoluto sobre la per- ción Católica, Orientaciones, 14).

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Criterios y normas

196*. Corresponde a cada Conferencia Episcopal dar normas en la


Ratio nationalis que establezcan la forma de realizar las pruebas psicoló-
gicas y determinar por cuanto tiempo se deben conservar los documen-
tos sobre la salud física y psíquica de los seminaristas, respetando las
leyes civiles vigentes en los diversos países, y considerando las posibles
consecuencias, incluso penales, ligadas a la difusión y al conocimiento
involuntario, de los datos contenidos en ellos.

b.3. Expulsión
197*. Si el equipo formador considera necesario expulsar a un semi-
narista en cualquier momento del camino formativo, después de haber
consultado al Obispo, se refiera el hecho en un documento escrito y bien
conservado, que exponga con prudencia, al menos sumariamente, pero
con indicaciones claras20, tanto las circunstancias que han motivado la
expulsión, como una síntesis del discernimiento realizado.

20. Cf. CIC, can. 51.

196. Es responsabilidad de cada cumplimiento del canon 241 § 3, que


Conferencia Episcopal regular la in- prescribe «un informe del superior
tervención de la psicología en los pro- respectivo, sobre todo acerca de la
cesos formativos, ya que se trata de causa de su expulsión o de su salida»,
una buena ayuda para el desarrollo derivan en graves daños para la vida
de la persona. Esto ha de quedar claro del Seminario, el bien espiritual de la
en la Ratio nationalis. Para evitar abu- diócesis e incluso del propio sujeto. El
sos o desequilibrios, no debe dejarse equipo formador debe, pues, elaborar
a la improvisación. El documento re- con claridad, aunque sea de manera
cuerda que deben tenerse en cuenta concisa, este documento cuando un
las leyes civiles que regulan el uso de seminarista sa­le, y archivarlo en el
estos medios, de modo que aparezca expediente por si es requerido. La
con claridad cómo se ha de proceder Ratio (n. 189) detalla los puntos que
y han de usarse las conclusiones del valorar, de acuerdo al canon 241 § 1,
psicólogo, y que los formadores han añadiendo una síntesis del discerni-
de actuar con libertad y responsabili- miento realizado. El documento de
dad, con seguridad y caridad. Educación Católica señala ciertos
aspectos delicados que podrían figu-
197. La Congregación para la Edu­ rar en esa síntesis, aspectos que a
cación Católica, en sus normas para menudo suscitan desacuerdos y du-
la admisión al Seminario de candida- das; por ejemplo, presencia de taras
tos provenientes de otros Semina- hereditarias, problemas de madurez
rios o de familias religiosas (1996), humana y afectiva, anomalías psí-
advierte que las irregularidades en el quicas y sexuales, tratamientos psi-

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Seminaristas de otros Seminarios (n. 198)

b.4. Seminaristas provenientes de otros Seminarios o casas de for-


mación
198*. Cuando alguien, después de una expulsión o abandono, pide
ser admitido a un nuevo Seminario, o casa de formación, deberá pre-
sentar una solicitud por escrito al Obispo, exponiendo su propio proceso
personal y las motivaciones que condujeron a la expulsión o abandono

cológicos, divergencias ideológicas y te, a fin de ayudarle a situarse en la


doctrinales, etc. El Obispo, que escu- realidad que le toca afrontar, dando
cha y orienta al equipo formador y que la natural continuidad a su formación
trata personalmente con los semina- integral. Cuando los formadores pres-
ristas más cercanos a las sagradas tan este servicio con generosidad, po-
órdenes, deberá confiar plenamente nen de manifiesto ante toda la comu-
en los formadores cuando planteen nidad educativa que lo que realmente
expulsar a un seminarista en cual- interesa es el bien de las personas.
quier etapa de la formación.
Conviene evitar lo más posible lle- 198. No es infrecuente que un se-
gar a una situación en que resulte ne- minarista que ha abandonado un pro-
cesaria la expulsión, que sería la vía ceso formativo busque ser admi­tido
extraordinaria. En la mayoría de los en otra diócesis o institución. En estos
casos, la salida del seminario debería casos deben extremarse el discerni-
decidirla el mismo seminarista, co­mo miento y la prudencia. De ahí que la
fruto del discernimiento realizado y Ratio pida que el interesado entregue
del acompañamiento tanto de los for- al Obispo una solicitud por escrito ex-
madores como del Director espiritual. poniendo su proceso vocacional y las
Siempre que no haya graves proble- motivaciones de la salida del Semina-
mas disciplinares, también es positiva rio. Además, el Rector del Seminario
la tendencia a vincular la toma de la donde el candidato pide ser admitido
decisión de dejar el proceso formativo está obligado a recabar la documen-
al final de las etapas, sobre todo de la tación y el informe que pide el canon
propedéutica y la discipular, ya que los 241 § 2 y 3 sobre las causas de expul-
contenidos formativos son muy útiles sión o salida, y un informe de tipo psi-
para cualquier forma de vida cristiana cológico actualizado. Los anteriores
que elija el seminarista que abandona formadores están también obligados
el proceso. Así se evita lo más posi- a aportar información exacta.
ble que la expulsión sea presentada No hacerlo así, no solo va en con-
como una amenaza que, obviamente, tra de las normas de la Iglesia, sino
va en contra del clima de confianza que además se expone a graves
que debe reinar en el Seminario. riesgos tanto al candidato como a la
Sería loable que se siguiera acom- diócesis que lo recibe. Es, pues, una
pañando a quien ha abandonado el grave obligación y deber de concien-
Seminario durante un tiempo pruden- cia, por parte del Obispo y del Rector

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Criterios y normas

de otro instituto de formación. El Rector del Seminario donde la persona


desea ser admitida, no se puede eximir de solicitar la documentación,
también de tipo psicológico, relativa al tiempo transcurrido en otro insti-
tuto de formación21, según las disposiciones de la Conferencia Episco-
pal22. En general, se trata de situaciones tan delicadas, que exigen a los
formadores un mayor y cuidadoso discernimiento y la máxima pruden-
cia, antes de la eventual admisión.

c) Personas con tendencias homosexuales*


199*. En relación a las personas con tendencias homosexuales que
se acercan a los Seminarios, o que descubren durante la formación esta
situación, en coherencia con el Magisterio23, «la Iglesia, respetando pro-

21. Orientaciones para el uso de las competencias de la psicología en la admisión y la for­


mación de los candidatos al sacerdocio, n. 16: «Es contrario a las normas de la Iglesia admitir en
el Seminario o en una Casa de formación personas ya salidas o, con mayor razón, despedidas
de otros Seminarios o Casas de formación, sin recabar antes las debidas informaciones de sus
respectivos Obispos o Superiores Mayores, sobre todo, acerca de las causas de la expulsión o
de la salida. Es un deber primordial de los anteriores formadores aportar informaciones exactas
a los nuevos formadores»: Enchiridion Vaticanum 25 (2011), 1284; cf. CIC, can. 241, § 3.
22. Cf. Instrucciones a las Conferencias episcopales acerca de la admisión en el Semina­
rio de candidatos provenientes de otros Seminarios o familias religiosas.
23. Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2357-2358.

del Seminario, obtener esa informa- 199-201. Se dedican tres artículos


ción y discernir con cuidado. El docu- al tema de la admisión de personas
mento de Educación Católica (1996) con tendencias homosexuales. El tex-
ha señalado que no todas las Ratio to está tejido con citas del Catecismo
nationalis contienen precisiones al de la Iglesia Católica y del documento
respecto y que se siguen dando in- de la Congregación para la Educa-
cumplimientos del canon 241 § 3, ción Católica sobre el tema. El texto
con los consecuentes daños al esta- va más allá del caso de la homose-
do sacerdotal y a los fieles. Además, xualidad, ofreciendo criterios válidos
dicho documento advierte que una para juzgar la madurez de todos los
«aceptación demasiado fácil de ex candidatos al sacerdocio y «la madu-
seminaristas y ex religiosos, hecha rez debe ser alcanzada en todos sus
sin una precisa indagación prelimi- aspectos, comprendido naturalmente
nar, es causa frecuente de desagra- y sobre todo el afectivo» (La educa­
dables sorpresas y desilusiones para ción en el celibato sacerdotal, 1974,
los Obispos benévolos y, al mismo 20), dado que el papel importante de
tiempo, motivo de malestar para la afectividad viene considerado como
aquellos Ordinarios del lugar que son elemento fundamental en la forma-
justamente rigurosos en la selección ción de la personalidad, al contribuir
de los alumnos». de forma especial a su integración.

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Personas homosexuales (n. 199)

fundamente a las personas en cuestión, no puede admitir al Seminario y


a las órdenes sagradas a quienes practican la homosexualidad, presen-
tan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o sostienen la
así llamada cultura gay. Dichas personas se encuentran, efectivamente,
en una situación que obstaculiza gravemente una correcta relación con
hombres y mujeres. De ningún modo pueden ignorarse las consecuen-
cias negativas que se pueden derivar de la Ordenación de personas con
tendencias homosexuales profundamente arraigadas»24.

24. Instrucción sobre los criterios de discernimiento vocacional en relación con las perso­
nas con tendencias homosexuales antes de su admisión al seminario y a las órdenes sagra­
das, n. 2: AAS 97 (2005), 1010.

Ahora bien, respecto a la afectivi- 199-200. ¿Puede ingresar al Se­


dad, «adquiere singular relieve la di- mi­nario un joven con tendencias ho-
mensión sexual… no se puede negar mosexuales y ser luego admitido a
el estrecho vínculo entre la afectivi- las órdenes? El documento «Sobre
dad y la sexualidad, y su interdepen- los criterios de discernimiento voca-
dencia en la integración de la perso- cional en relación con las personas
nalidad» (ibid., 21). Tal integración es de tendencias homosexuales antes
necesaria para cualquier persona, y de su admisión al Seminario y a las
en par­ticular para quien se prepara al órdenes sagradas» (2005), distingue
ministerio. Se trata de imitar a Cristo, dos aspectos: los actos homosexua-
el hombre perfecto, y de emprender les y las tendencias homosexuales.
un camino discipular y de configura- Por los primeros entiende el ejercicio
ción con él que obviamente exige ma- activo de la homosexualidad, y por lo
durez personal. segundo el mero impulso. Sobre las
Pero para todos es decisivo acep- «tendencias homosexuales» el docu-
tar la propia orientación sexual a fin mento diferencia entre las profunda-
de formar una personalidad sana e mente arraigadas y las que son «ex-
integrada. Se trata del camino de la presión de un problema transitorio».
castidad, tan necesario en el matrimo- Asimismo, esta distinción debe ha­
nio como en el celibato. En la medida cerse en los heterosexuales. El hecho
en que falte la adecuada integración de mantener relaciones heterosexua-
de la sexualidad en la personalidad y les o de vivir una situación de inma-
en la vida psíquica (que nunca se con- durez afectiva también constituye un
sigue del todo) se manifestará este grave impedimento para las órdenes,
conflicto interior en formas destructi- máxime si se produce durante la for-
vas hacia uno mismo y hacia otros. La mación inicial en el Seminario.
castidad nunca es una posesión, sino Tras estas puntualizaciones, el do-
un camino, un dinamismo personal, cumento establece: «la Iglesia, respe-
que ha de ser siempre objeto de aten- tando profundamente a las personas
ción, formación y crecimiento. en cuestión, no puede admitir al Se-

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Criterios y normas

200*. «Si se tratase, en cambio, de tendencias homosexuales que


fuesen sólo la expresión de un problema transitorio, como, por ejemplo, el
de una adolescencia todavía no terminada, ésas deberán ser claramente
superadas al menos tres años antes de la Ordenación diaconal»25.
Por otra parte, conviene recordar que, en una relación de diálogo
sincero y confianza recíproca, el seminarista debe manifestar a los for-
madores, al Obispo, al Rector, al Director espiritual y a los demás educa-
dores, sus eventuales dudas o dificultades en esta materia.
En este contexto, «si un candidato practica la homosexualidad o pre-
senta tendencias homosexuales profundamente arraigadas, su director
25. Ibid.

minario y a las órdenes sagradas a una tendencia transitoria causada por


quienes practican la homosexualidad, condiciones exteriores».
presentan tendencias homosexuales De todos modos, para verificar que
profundamente arraigadas o sostie- se trata de una tendencia transitoria,
nen la así llamada cultura gay». la prudencia recomienda dejar pasar
Se entiende así, por un lado, que un tiempo –el documento establece
la persona con una tendencia homo- tres años– que atestigüe una viven-
sexual transitoria, pudiendo ser admi- cia serena de la propia afectividad y
tida en el Seminario, deberá superar- sexualidad antes de proceder a la or-
las «al menos tres años antes de la denación diaconal.
Ordenación diaconal»; y, por otro, es-
tablece que tampoco pueden ingresar 200. Sobre el candidato con ten-
al Seminario ni recibir la ordenación dencias homose­xuales arraigadas, el
quienes sostienen la «cultura gay», texto de Educación Católica es cla­ro:
con independencia de su orientación «Sería gravemente deshonesto que
sexual. En todo caso, la formación de ocultara su homosexualidad para ac-
la afectividad y la sexualidad es muy ceder… a la Ordenación. Disposición
importante en el Seminario. tan falta de rectitud no co­rresponde
El significado de las expresiones al espíritu de verdad, de lealtad y de
«ten­dencias profundamente arraiga- disponibilidad que debe caracterizar
das» y «transitorias». En una entrevis- la personalidad de quien cree que ha
ta sobre la Ratio, el prefecto de Edu- sido llamado a servir a Cristo y a su
cación Católica comentó: «No existe Iglesia en el ministerio sacerdotal».
un instrumento científico pa­ra medir Cuando el padre espiritual, el con-
el nivel de arraigo de una tenden- fesor o los formadores perciban ten-
cia. No obstante, nuestro documento dencias homosexuales arraigadas en
ayuda a discernir si se trata de una un seminarista, deben tratar de per­
tendencia profundamente arraigada, suadirlo a dejar el camino sacerdo­tal.
es decir, permanente y generada por Mediante un acompañamiento cer­
una necesidad interior, o si se trata de cano y respetuoso le ayudarán a to-

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Personas homosexuales (n. 201)

espiritual, así como su confesor, tienen el deber de disuadirlo, en con-


ciencia de seguir adelante hacia la Ordenación». En todo caso, «sería
gravemente deshonesto que el candidato ocultara la propia homosexua-
lidad para acceder, a pesar de todo, a la Ordenación. Disposición tan falta
de rectitud no corresponde al espíritu de verdad, de lealtad y de disponi-
bilidad que debe caracterizar la personalidad de quien cree que ha sido
llamado a servir a Cristo y a su Iglesia en el ministerio sacerdotal»26.
201*. En síntesis, conviene recordar y, al mismo tiempo, no ocultar a
los seminaristas que «el solo deseo de llegar a ser sacerdote no es sufi-
ciente y no existe un derecho a recibir la Sagrada Ordenación. Compete a
la Iglesia […] discernir la idoneidad de quien desea entrar en el Seminario,
acompañándolo durante los años de la formación y llamarlo a las órdenes
sagradas, si lo juzga dotado de las cualidades requeridas»27.

26. Ibid., n. 3: AAS 97 (2005), 1012.


27. Ibid., n. 3: AAS 97 (2005), 1010.

mar las decisiones que convenga con 201. El contenido de este artículo
li­
bertad y buscando la voluntad de desborda el tema de la homosexuali-
Dios. Este tipo de decisiones repre- dad. Recuerda que la Iglesia conside-
sentan un fruto de la formación pa­ra ra el orden sacerdotal un llamado, no
el discernimiento espiritual. un derecho: «El solo deseo de llegar
¿Y qué sucede con el sacerdote a ser sacerdote no es suficiente y no
que es homosexual? Naturalmente, existe un derecho a recibir la Sagrada
su ordenación es válida. Aun cuando Ordenación», ni siquiera en el caso
un hombre descubra su homosexua- de quienes ya han recibido el diaco-
lidad después de la ordenación, debe nado transitorio. La vocación siempre
ejercer su sacerdocio, vivir en casti- permanece abierta a un discernimien-
dad, ser fiel a su compromiso y a la to cuyo principal actor no es el inte-
doctrina de la Iglesia, como cualquier resado, sino la comunidad cristiana y
otro sacerdote y como todo cristiano. sus responsables.
Sin duda necesitará una ayuda espiri- Dado que es ella quien verifica la
tual específica. Incluso en el supuesto autenticidad del llamado, también es
de que la homosexualidad no fuera ella quien pone los requisitos. Entre
impedimento para el Orden, los que los elementos de verificación están:
acceden al sacerdocio se comprome- que el candidato sea varón, bautiza-
ten a vivir el celibato, que supone la do y capaz de vivir en castidad. Todo
renuncia al ejercicio de la sexualidad. ello por tres sencillas razones: 1) el
Por simple coherencia an­te un com- sacerdote representa a Cristo, que es
promiso asumido libremente, sería de cabalmente hombre; 2) el sacerdote
esperar que viviesen lo que prome- es esposo de la Iglesia; y 3) el sacer-
tieron. Y esto vale tanto para homo- dote está llamado a ser padre.
sexuales como para heterosexuales.

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Criterios y normas

d) Protección de menores y acompañamiento a las víctimas


202*. Se deberá prestar la máxima atención al tema de la tutela de los
menores y de los adultos vulnerables28, vigilando cuidadosamente que
quienes solicitan la admisión a un Seminario o a una casa de formación,
o quienes presentan la solicitud para recibir las órdenes, no incurran de
alguna manera en delitos o situaciones problemáticas en este ámbito.
Los formadores deben garantizar un especial y pertinente acompa-
ñamiento personal a quienes hayan sufrido experiencias dolorosas en
este ámbito.
En el programa, tanto de la formación inicial como de la formación per-
manente, se deben insertar lecciones específicas, seminarios o cursos
sobre la protección de los menores. Debe impartirse de manera adecua-
da una información oportuna, dando relevancia a los puntos de posible
abuso o violencia, como, por ejemplo, la trata o el trabajo de los menores
y los abusos sexuales a menores o a adultos vulnerables.

28. Cf. Francisco, Carta al Prefecto de la Congregación para el Clero (9 de junio de 2016).

202. El abuso de personas vulne- en esta área. No en vano, la Ratio se-


rables por parte de un sacerdote es ñala claramente que la base de to­da
un delito, y además una gravísima in- la formación es la formación humana
fidelidad a la misión encomendada. El (n. 94; cf. PDV, 43).
Papa Francisco, en carta dirigida a los Especialmente en es­te campo, la
Presidentes de las Conferencias epis- formación se juega en la relación de
copales y a los Superiores de los Insti- acompañamiento formativo. La pri-
tutos de Vida Consagrada y las Socie- mera fase de este acompañamiento
dades de Vi­da Apostólica acerca de la es la educativa, la del descubrimiento
tutela de menores, insta a hacer todo por el seminarista de su propia ver-
lo posible «para erradicar de la Iglesia dad, o sea, de los rasgos de madurez
el flagelo del abuso sexual de meno- e inmadurez que le caracterizan. Ha
res y abrir un camino de reconciliación de llegar a ser capaz de dar nombre
y curación para quien ha sufrido abu- a sus inconsistencias, reconocer sus
sos» (2 de febrero de 2015). causas y consecuencias e integrar-
Ambos aspectos, la prevención y las adecuadamente en torno al ideal
la atención a las víctimas, son mate- sacerdotal que ha abrazado. Este
ria de formación en el Seminario. Pa­ acompañamiento solo es posible si
ra fomentar una cultura refractaria a el formador ha personalizado en su
estos abusos, es clave la adecuada camino un método que le permita in-
selección y formación afectivo-sexual tegrar sus inconsistencias para no ser
de los seminaristas, además de un esclavo de ellas. El cli­ma humano y
adecuado acompañamiento personal espiritual del Seminario debe formar

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Protección de menores (n. 202)

Para ello, será conveniente y provechoso que la Conferencia Episco-


pal o el Obispo responsable del Seminario establezcan un diálogo con la
Pontificia Comisión para la protección de menores29, cuya tarea especí-
fica es «proponer [al Santo Padre] las iniciativas más adecuadas para la
protección de los menores y adultos vulnerables, así como realizar todo
lo posible para asegurar que delitos como los sucedidos ya no se repitan
en la Iglesia. La Comisión promoverá, conjuntamente con la Congrega-
ción para la doctrina de la fe, la responsabilidad de las Iglesias particula­
res para la protección de todos los menores y adultos vulnerables»30.
29. Instituida por el Papa Francisco, con el quirógrafo Minorum tutela actuosa (22 de
marzo de 2014); la promulgación del Estatuto es del 21 de abril de 2015.
30. Francisco, Minorum tutela actuosa (22 de marzo de 2014). Tras la Plenaria de octubre
de 2015, la Comisión redactó una Nota especificando sus fines y competencias. Se lee allí:
«Particular areas of focus of these working groups include research into the assessment and
ongoing formation of candidates to the priesthood and religious life… The Commission does not
address individual cases, it does not exercise oversight, and is not a decision-making body»,
Press Release from the Commission for the Protection of Minors (12 de octubre de 2015).

por sí mismo particularmente en el delicadeza, sin culpar ni juzgar. Esta


respeto a las personas y a la madurez podría ser la descripción de los for-
afectiva y sexual. madores del Seminario.
También, como pide el documen- Además, es necesario dar la opor-
to, deberá ofrecerse una capacita- tunidad a las víctimas de compartir
ción y educación sobre la naturaleza sus historias y hablar abiertamente
y las causas del abuso sexual de me- de sus sufrimientos. Sin duda, este
nores y personas vulnerables, el im- es el primer paso para ir creando es-
pacto que tiene en la persona que lo pacios de sanación. Sin olvidar que
sufre, los rasgos de los posibles abu- los abusadores son también seres
sadores, prevención, etc., así co­mo humanos que necesitan acompaña-
el protocolo a seguir en caso de de- miento y ayuda especializada.
nuncia. Obviamente, no se trata solo Crear una cultura de prevención,
del abuso sexual; en la vida y en el con todo lo que conlleva, ha de ser
ministerio sacerdotal no cabe ningún hoy una de las prioridades de la for-
tipo de abuso, tampoco el laboral, el mación sacerdotal. Debe hacerse con
económico, el social. un enfoque multidisciplinar, en el que
Por último, este número pide que converjan las distintas acciones edu-
los formadores garanticen «acompa- cativas en la formación de los futuros
ñamiento personal a quienes hayan presbíteros. Así, el Seminario se hace
sufrido experiencias dolorosas en es­ corresponsable de mantener un am-
te ámbito», también cuando las vícti- biente seguro en toda la institución
mas son seminaristas. Han de es­tar eclesial, transformando mentalidades
dispuestos escuchar a quienes han y actitudes y haciendo de la seguridad
padecido la terrible experiencia del de los menores y vulnerables una par-
abuso con los oídos y el corazón, con te importante de la formación.

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Criterios y normas

e) Los escrutinios
203*. Para un examen cuidadoso y atento, el Obispo «con prudente
anticipación, asegúrese mediante escrutinios de que cada uno de los
candidatos sea idóneo para las sagradas órdenes y esté plenamente de-
cidido a vivir las exigencias del sacerdocio católico. No actúe jamás con
precipitación en una materia tan delicada y, en los casos de duda, más
bien difiera su aprobación hasta que no se haya disipado toda sombra
de falta de idoneidad»31.

31. Apostolorum successores, n. 89: Enchiridion Vaticanum 22 (2006), 1778.

203. Se aborda aquí el tema de ordenación, más aún cuando se con-


los escrutinios citando el documento sideran significativos o son más de
Apos­tolorum sucesores de la Con- uno. Se reafirma así la absoluta ne-
gregación para los Obispos (2004). cesidad de «poseer la certeza moral,
Destaca la «prudente anticipación» fundada en los argumentos positivos,
con que deben hacerse los escruti- acerca de la idoneidad del candida-
nios, realizándolos de tal modo que to» (CIC, 1052).
la proximidad de la ordenación no Los informes y escrutinios, reali-
condicione en absoluto su resultado. zados con todo el rigor por el equipo
Hay que evitar que el Seminario o la formador, pueden ser presentados
familia del candidato hagan prepara- a la comunidad educativa del Semi­
tivos para la ordenación antes de la na­rio con un sentido muy positivo,
admisión formal a la misma, procu- como culmen de un proceso cuida-
rando que to­do el proceso se viva con dosamente realizado. Cuando en el
serenidad. El fin de los escrutinios Semi­nario se ofrece una formación
es garantizar la idoneidad; por tan- de calidad y un acompañamiento
to, los informes, además de reportar sistemá­tico y profundo, será muy raro
las vicisitudes del proceso formativo, que los escrutinios den un resultado
deben dejar claro si quien firma con- negativo, pues se habrá realizado
sidera idóneo al candidato o no. El el discerni­miento de la vocación en
texto insta a los Obispos a aplazar la los momen­tos oportunos, cuidadosa-
decisión hasta que haya una certeza mente señalados por la Ratio al refe-
que disipe «to­da sombra de falta de rirse a las etapas de la formación: el
idoneidad». criterio general de realizar continuas
Habitualmente los informes se ha- evaluaciones (n.  58), al finalizar la
cen con rigor y resulta poco frecuente etapa propedéutica (n.  59), la disci-
que un formador o un párroco den a pular (n. 67), la configuradora (n. 72)
la ligera un voto negativo. Por esta e incluso la etapa pastoral (n.  74)
razón, el mero hecho de que en los prepara gradualmente el momento
escrutinios existan votos negativos de los escrutinios, evitando que haya
constituye un motivo para aplazar la sorpresas.

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Los escrutinios (n. 204)

204*. Se denomina «escrutinio» al acto de discernimiento de la ido-


neidad de un candidato, que debe realizarse en cinco momentos, a lo
largo del itinerario de la formación sacerdotal: admisión entre los can-
didatos a las órdenes, ministerios (de lector y de acólito), diaconado32
y presbiterado33. Estos escrutinios no constituyen actos burocráticos y
meramente formales, en los que se emplean fórmulas protocolarias y

32. Cf. CIC, can. 1051.


33. Cf. Entre las más delicadas, n. 4: l.c., 496.

204. El documento señala cinco si asume su formación integral, cul-


momentos en los que deben realizar- tivando de forma equilibrada y cons-
se los escrutinios: admisión entre los tante las cuatro dimensiones de la
candidatos a las órdenes, recepción formación; si se deja acompañar por
de los ministerios de lector y de acó- los formadores de modo sistemático y
lito, diaconado y presbiterado. Es im- transparente; si ha iniciado de hecho
portante notar que, aunque hay una el proceso espiritual de configurarse
continuidad en los informes, por el con Cristo Pastor; si su comporta-
hecho de tratarse de la misma perso- miento es edificante en la comunidad
na, cambia la materia de los mismos. del Seminario, en particular ante los
Conviene identificar la peculiaridad seminaristas más jóvenes; si cultiva
de cada uno de estos momentos. los consejos evangélicos aplicados al
A todos debe quedar claro que el ministerio presbiteral: pobreza sacer-
sentido del rito de admisión a las órde- dotal, celibato sacerdotal y obedien-
nes es que el seminarista se compro- cia al Obispo.
mete públicamente a tomarse en se- Para la recepción del acolitado,
rio su formación. De ninguna manera además de una valoración global del
se está prometiendo que estos candi- proceso, se pondrá especial atención
datos serán ordenados. Por tanto, el a la vinculación personal del semina-
informe hará un balance del proceso rista-lector con la Palabra de Dios a
realizado juzgando si existe la madu- través de la fidelidad a la meditación
rez y disposición requeridas para dar cotidiana, que debe ser ya un hábito
este paso. Conviene considerar que estable; el respeto a la Sagrada Es­
el juicio de idoneidad es muy similar critura, tanto en su vida espiritual co­
al que se hace para el paso a la etapa mo en el estudio de la misma; el cui-
teológica o de configuración. dado con que proclama la Palabra de
Para la recepción del lectorado se Dios en la asamblea litúrgica; la cali-
examina el tiempo transcurrido entre dad con que prepara la catequesis o
la admisión de los candidatos y la so- las actividades de apostolado.
licitud del lectorado. Así, se evalúa la Los escrutinios para el diaconado
seriedad con que el seminarista se marcan un parteaguas en el proceso,
implica en su proceso formativo. Algu- pues a través de la ordenación diaco-
nos criterios que tener en cuenta son: nal el seminarista-acólito pasará a for-

231

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Criterios y normas

genéricas; más bien implican el reconocimiento oficial de la vocación de


una persona concreta y de su desarrollo, por parte de quienes son de-
signados para ello, por encargo y a nombre de la Iglesia. Los escrutinios
tienen como finalidad verificar las cualidades y condiciones personales
de un candidato en cada uno de los momentos referidos del itinerario
formativo. Por tanto, deben ser redactados por escrito y contener una
evaluación bien argumentada, positiva o negativa, respecto al camino
recorrido hasta ese momento.

mar parte del presbiterio, incardinán- res de valoración: la integración en la


dose en la Iglesia particular o en otra comunidad cristiana con un auténti-
Institución, y haciendo la solemne co sentido de servicio evangélico; la
promesa de guardar el celibato por el colaboración con el párroco y otros
Reino de Dios. Lógicamente, hay que agentes evangelizadores; el adecua-
valorar el ejercicio del acolitado, esto do uso de los bienes materiales, par-
es: si participa activa y fructuosamen- ticularmente la administración de bie-
te en la liturgia de la Iglesia; si cultiva nes eclesiásticos; el uso del tiempo
actitudes de servicio al Señor en el al- libre; la disponibilidad ante las necesi-
tar y en relación con los pobres y pe- dades comunitarias; el correcto lugar
queños; si manifiesta con signos con- de la familia en su ejercicio diaconal;
cretos una espiritualidad eucarística, la fidelidad a la oración con la Liturgia
propia del sacerdote diocesano. Por de las horas; la detallada preparación
otro lado, hay que valorar su viven- de la liturgia y el cuidado de los obje-
cia del celibato y la madurez afectiva tos relacionados con el altar; la devo-
y sexual que la sustenta; la calidad ción eucarística; el sentido social de
de sus relaciones humanas, parti- su fe y del ministerio presbiteral.
cularmente las relaciones fraternas Contemplando estos cinco pasos,
en el Seminario, que son expresión se aprecia con suficiente claridad que
de la entrega indivisa del corazón al los informes deben hacerse de modo
Señor; el sentido esponsal de su es- específico, evitando la repetición de
piritualidad, que le une peculiarmen- los mismos tópicos y eliminando el
te al Señor en el servi­cio a la Iglesia mal hábito de copiar el esquema y los
particular. Además, la recepción del contenidos del informe anterior. Para
diaconado transitorio se hace en vis- facilitar la correcta elaboración de los
tas al presbiterado, por tanto, hay que informes conviene que el equipo for-
evaluar su determinación espiritual mador o la curia diocesana elaboren
de consagrarse al Señor para toda la protocolos, con cuestionarios especí-
vida en el ministerio presbiteral. ficos que se enviarían a las personas
Los escrutinios para el presbitera- que deben informar en cada caso.
do evalúan el ejercicio del diaconado También es útil pedir información a
en un contexto distinto del Seminario, personas nuevas en cada ocasión, de
habitualmente una comunidad cristia- acuerdo al lugar y al tiempo del perío-
na. Aparecen algunos puntos peculia- do que se evalúa.

232

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Los escrutinios (n. 205-206)

205*. Mientras la verificación de algunos elementos será realizada


solo en determinados momentos específicos, para cada escrutinio el
equipo formador deberá presentar al Obispo del seminarista:
a) La solicitud manuscrita del candidato;
b) Un informe detallado del Rector (el del Seminario donde el candi-
dato se forma y, en el caso de Seminarios interdiocesanos, también del
Rector del Seminario diocesano, o del responsable de las vocaciones),
que incluya una valoración de los resultados del momento precedente, y
toda la información que considere oportuna para un mejor conocimiento
de la situación y para la valoración del equipo formador, teniendo en
cuenta lo requerido por el can. 240, § 2;
c) Un informe del párroco de origen, o donde el candidato tiene su
domicilio;
d) Un informe de aquellos con quienes el candidato ha realizado el
servicio pastoral; podría ser útil también el aporte de algunas mujeres
que conozcan al candidato, integrando en la evaluación la «mirada» y el
criterio femenino.
206*. Para la recepción de la Sagrada Ordenación, conviene verificar
que se haya cumplido el tiempo de formación prescrito, la presencia de
las debidas cualidades, humanas y espirituales, la ausencia de impedi-

205. Resulta, pues, evidente que, nario interdiocesano). En la reunión


con vistas a la ordenación de los can- plenaria, tras un diálogo fraterno, co-
didatos, la autoridad competente no legiado, objetivo, veraz y consensua-
debe proceder siguiendo sus con- do, se pondrán por escrito las conclu-
vicciones particulares, intereses o siones, que certificará el Obispo o el
in­tuiciones, sino que debe consultar canciller de la diócesis.
al equipo de formación y a personas Por último, hay que cuidar el modo
cercanas al candidato. Además, no de informar al candidato del resultado
debe discrepar de ellos, sino por fun- de los escrutinios, salvaguardando su
dadas razones (cf. CIC, 127, § 2), de bien, su buena fa­ma y el clima de se-
ahí que los informes que se presenta- rena confianza en el Seminario.
rán al Obispo para que escrute a los
candidatos se funden en una visión 206. Se abordan aquí los crite-
objetiva y especifiquen un juicio so- rios y los requisitos canónicos para
bre la idoneidad del candidato. los escrutinios previos a la ordena-
Tras recabar la información que ción diaconal o presbiteral. Se insiste
pide es­te número, durante los escru- en realizar un discernimiento positivo
tinios es importante la presencia del que va­ya más allá de la mera consta-
Obispo y el equipo formador (además tación de ausencia de impedimentos.
de algún formador de otros equipos Es cla­ve en el discernimiento que se
de las diócesis presentes en el Semi- constaten comportamientos positiva-

233

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Criterios y normas

mentos o irregularidades34, la recepción de los sacramentos, haber par-


ticipado en los ejercicios espirituales prescritos para la ordenación35. En
general, es necesario tener en cuenta lo expuesto en el can. 1052, § 1,
que establece que la idoneidad deberá ser manifestada de modo claro
y argumentado, o, en otras palabras, «sobre la base de poseer certeza
moral fundada en argumentos positivos»36, y no simplemente compro-
bando la ausencia de situaciones problemáticas.
El Obispo tiene la responsabilidad canónica última y definitiva sobre
la llamada a las sagradas órdenes; sin embargo, tiene el deber moral
de considerar, con la máxima atención, la evaluación final del equipo

34. Cf. CIC, cáns. 1041-1042. Dos cartas circulares de la Congregación para la Educación
Católica han insistido sobre el deber de los Obispos y de otros organismos de la Iglesia de
informar a los candidatos lo más pronto posible en torno a la disciplina canónica sobre los im-
pedimentos y las irregularidades; cf. Carta circular del 27 de julio de 1992 (Prot. n. 1560/90/18)
y Carta circular del 2 de febrero de 1999 (Prot. n. 1560/90/33).
35. A la Sagrada Ordenación, diaconal y presbiteral, deben preceder los siguientes actos:
solicitud manuscrita del candidato al Obispo, en el que manifiesta la conciencia y la libertad
para recibir el Orden y para asumir las obligaciones (sea tanto para el diaconado, como para
el presbiterado); ejercicios espirituales, al menos de 5 días (cf. can. 1039); proclamación de
la profesión de fe y del juramento de fidelidad, preferiblemente en forma pública, delante del
Ordinario del lugar o de su Delegado, y firma del acto.
36. Entre las más delicadas, n. 2: l.c., 495.

mente verificados que avalen al can- vale también para la admisión de se-
didato. Recuérdese a este respecto el minaristas expulsados de otro Semi-
criterio del Nuevo Testamento: «Si un nario. Nunca puede presuponerse un
hombre no sabe gobernar su propia juicio superficial de los formadores,
ca­sa, ¿cómo podrá cuidar de la igle- máxime si es negativo, se pone por
sia de Dios?» (1 Tim 3, 5). Además de escrito y lo respaldan varios votos.
la ausencia de impedimentos (canóni- Por último, se plantea el caso de la
cos), es recomendable que exista una ordenación diaconal antes de concluir
valoración más integral y positiva. los estudios (último año de la etapa
Este artículo previene seriamente configuradora o teológica). Normal-
sobre el «deber moral» del Obispo de mente será mejor esperar. La Ratio,
escuchar el juicio de idoneidad emi- al proponer la etapa pastoral o de
tido por el equipo formador. El argu- síntesis vocacional, insiste en la con-
mento es doble: 1) Los formadores veniencia de que tanto la ordenación
conocen mejor que el Obispo el com- diaconal como presbiteral se realicen
portamiento y las motivaciones del cuando el candidato ya trabaja en
candidato tras convivir con él y acom- una comunidad cristiana distinta del
pañarlo. 2) La responsabilidad de los Seminario. Conferencias episcopales
formadores al emitir un juicio nega- y diócesis deberán crear las estruc-
tivo, buscando siempre el bien de la turas formativas para esta etapa con
Iglesia y del candidato. Este criterio vistas a preparar las órdenes.

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Los escrutinios (n. 207)

formador, expresada por el Rector, que recoge los frutos de la expe-


riencia vivida durante los años de formación. La experiencia indica que,
la desatención por parte del Ordinario de un juicio negativo del equipo
formador, después se transforma, en no pocos casos, en una fuente de
gran sufrimiento tanto para los interesados como para las Iglesias loca-
les. El Obispo se abstenga de publicar la fecha de la ordenación diaco-
nal y de permitir preparativos para la celebración del diaconado, antes
de que hayan sido concluidos con regularidad los estudios prescritos, o
sea, que el candidato haya aprobado efectivamente todos los exámenes
exigidos por el curriculum de los estudios filosófico-teológicos, incluidos
los del quinto año37.
207*. Además, debe considerarse de modo particular:
a) El resultado de las proclamas canónicas en el lugar del domicilio
estable del candidato;
b) El respeto a la edad prevista para la recepción del sacramento del
Orden (can. 1031, § 1);
c) El respeto a los intersticios previstos entre un ministerio y otro,
entre el acolitado y el diaconado, teniendo en cuenta el can. 1035 y las
determinaciones ulteriores de las Conferencias Episcopales;
d) La constatación de la ausencia de impedimentos (cf. can. 1042: es-
tar casado, ejercer de una actividad prohibida a los clérigos, la condición
37. Cf. CIC, can. 1032, § 1.

207. Así, para tener certeza so­ sobre la idoneidad de los candidatos y
bre los candidatos es indispensable la ausencia de impedimentos.
un tiempo suficiente de formación y En este sentido el Rector tiene la
también un acompañamiento de ca- responsabilidad personal de: vigilar
lidad, en especial si se respetan los los contenidos de las encuestas para
periodos de formación de los semina- los escrutinios, entregar dichas en-
ristas y se registra su valoración en cuestas a personas apropiadas y res-
informes, además de ir realizando los guardar sus respuestas, así como de
escrutinios en los cinco momentos del sintetizar la información para presen-
itinerario formativo de cara a la llama- tarla en las reuniones de escrutinios.
da a las órdenes sagradas. Igualmente, el Rector debe vigilar o
Es importante respetar y no relati- al menos tener conocimiento del ejer-
vizar la recolección de información en cicio del ministerio de los diáconos, ha
fuentes complementarias a la visión de acompañarlos con su cercanía y
de los formadores, a fin de ganar ob- escucha, plantearles la mediación de
jetividad en el discernimiento; es útil un proyecto de vida, un plan pastoral,
confeccionar cuestionarios para reca- la exigencia de la oración y el acom-
bar datos que puedan despejar dudas pañamiento espiritual, de mane­ra que

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Criterios y normas

de neófito, o de haber vuelto al camino de la fe o a la práctica religiosa


después de muchos años de ausencia, según la valoración del Obispo)
y las irregularidades (cf. can. 1041, 2.°- 6.°: delito de apostasía, herejía
o cisma; tentativa de matrimonio, aun civil; homicidio voluntario o aborto
procurado; automutilación o tentativa de suicidio; simulación de actos
vinculados a la potestad de orden);
e) Para la recepción del presbiterado, el ejercicio efectivo del minis-
terio diaconal.
208*. Requisitos para recibir la ordenación diaconal y presbiteral que
pueden ser dispensados:
a) Respecto a la edad: hasta un año puede dispensar el Obispo; para
más de un año es necesario el recurso a la Congregación para el Culto
Divino y la Disciplina de los Sacramentos38;
b) En referencia al proceso formativo: la concesión de la dispensa
relativa al tiempo mínimo de formación que debe transcurrir en el Semi-
nario Mayor 39 y a las materias que componen el Ordo studiorum corres-
ponde a la Congregación para el Clero40.

38. Cf. Ibid., can. 1031, § 4 y Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los
Sacramentos, Notificación es sabido (24 de Julio de 1997): Notitiae 35 (1997), 281-282.
39. Cf. CIC, can. 235, § 1.
40. Cf. Ministrorum institutio, art. 6: AAS 105 (2013), 134.

los diáconos tiendan un puente entre Se entiende que únicamente se apli-


la formación inicial y la formación per- caría en casos extraordinarios. El im-
manente en el presbiterio. Además, pedimento de edad es cada vez me-
se sugiere que se elija un párroco y nos frecuente, dado que la edad de
una parroquia adecuada pa­ra dar ini- ingreso al Seminario ha aumentado
cio a la formación permanente, que de manera considerable. El impedi-
no se reduce al inicio del ministerio de mento relativo al tiempo de formación
diaconado, sino que puede extender- tampoco debe ser frecuente, puesto
se hasta los primeros cinco años del que la tendencia es a alargar, no a
presbiterado. acortar los procesos.
Las constantes de este texto son En todos los casos es convenien-
el respeto a la normativa, la sereni- te recordar que nunca hay que tener
dad para evaluar el proceso formati- prisa para la ordenación sacerdotal;
vo y la importancia del discernimiento al contrario, un tiempo que puede pa-
de las vocaciones sacerdotales. recer de espera, bien aprovechado,
se puede convertir en una espléndida
208. La posible dispensa de los re- ocasión para la maduración vocacio-
quisitos para la ordenación diaconal nal del candidato y por ello para un
y presbiteral es restringida al máxi- mejor discernimiento.
mo, reservándola a la Santa Sede.

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Los escrutinios (n. 209-210)

209*. El juicio sobre la idoneidad de un candidato que va a recibir


el diaconado transitorio, con vistas al presbiterado, deberá incluir tam-
bién lo referente al ministerio presbiteral, considerando el can. 1030. Es
fundamental recordar que la evaluación para la recepción del diacona-
do transitorio implica potencialmente un juicio sobre la idoneidad para
el presbiterado; no se admita a nadie al diaconado ad experimentum.
Después de la ordenación diaconal, la idoneidad para el presbiterado
se presume, sin embargo el Obispo podrá demostrar lo contrario, con
argumentos claros, tanto por hechos ocurridos antes, que no fueron con-
siderados en el momento de la admisión al diaconado, como por com-
portamientos ocurridos posteriormente, según el can. 1030.
210*. El Obispo admitirá o no al candidato a la ordenación, siguiendo
su prudente juicio y considerando la evaluación de los formadores; es
conveniente que el Obispo manifieste su voluntad en forma de decreto,
exponiendo, al menos en general, las motivaciones de su decisión41.

41. Cf. Entre las más delicadas, Anexo III, n. 10: l.c., 498.

209. Teniendo claro lo anterior- presbiterado, evaluando de modo es-


mente dicho en el presente apartado pecífico y concreto el ejercicio minis-
sobre el proceso gradual de los escru- terial precedente.
tinios, el texto concede una particular
importancia al discernimiento para el 210. A sabiendas de que el Obis-
diaconado, considerando que junto a po es el último juez y garante sobre
la ordenación diaconal se da la incar- su diócesis y por tanto el que tiene
dinación y, en principio, se presume la última palabra para ordenar nue-
la idoneidad para el presbiterado. El vos sacerdotes, es necesario que el
texto afirma categóricamente que no equipo formativo, desde una postura
hay diaconado ad experimentum, es de humilde colaboración, le ofrezca
decir, que no se debe admitir a un informes bien preparados, con da­
candidato al diaconado si no consta tos objetivos que faciliten el discerni-
claramente su idoneidad, de mane- miento, para tomar las mejores deci-
ra que jamás debe ser considerado siones. El texto de la Ratio subraya
co­mo un tiempo de prueba ni por el en varias ocasiones este diálogo en-
candidato ni por parte de la autoridad tre el Obispo y los formadores, parti-
competente. cularmente con el Rector, también en
Sin embargo, siempre existe la el momento de la ordenación presbi-
po­sibilidad de que un diácono no sea teral. La consigna de esta decisión
admitido a la ordenación presbiteral. por escrito a través de un decreto dio-
Por este motivo, los escrutinios de- cesano, deja constancia del discerni-
ben tener lugar antes de la admisión miento realizado y de los principales
al diaconado y antes de la admisión al motivos de la decisión.

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CONCLUSIÓN

El Concilio Vaticano II ha propuesto a los sacerdotes que encuentren


en María el modelo perfecto de su propia existencia, invocándola como
«Madre del sumo y eterno Sacerdote, Reina de los Apóstoles, Auxilio de
los presbíteros en su ministerio», invitando a los presbíteros «a venerar-
la y amarla con devoción y culto filial» (Presbyterorum ordinis, 18).
Bajo el manto de la Madre de la Misericordia y Madre de los Sacer-
dotes están la vida y la formación de los presbíteros, a cuyo servicio se
dedica esta nueva Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis.
El Sumo Pontífice Francisco ha aprobado el presente Decreto Gene-
ral ejecutivo y ha dispuesto su publicación.
Roma, en la Sede de la Congregación para el Clero, 8 de diciembre
de 2016, Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Vir-
gen María.

Beniamino Card. Stella


Prefecto

✠ Joël Mercier ✠ Jorge Carlos Patrón Wong


Arzobispo tit. de Rota, Arzobispo-Obispo em. de Papantla
Secretario Secretario para los Seminarios

Mons. Antonio Neri


Sub-Secretario

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