PROSIGO A LA META (Fil_3:12-16)
INTRODUCCIÓN. –
I. ASÍ COMO CRISTO (12)
“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello
para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.”
Hermanos, no quiero decir que ya he logrado la perfección plena, lo cual será en la
resurrección.
Lo que sí puedo decirles es que SIGO ADELANTE (esto es una acción continua), a fin de hacer
mía la perfección, para lo cual Cristo me alcanzó.
Pablo estaba consciente que existe una gran distancia entre la meta de la perfección y la
realidad presente. Una distancia que fue acortada desde que comenzó la carrera. Una
distancia tal, que, al mirar hacia atrás, pudo decir “¡Cuánto he recorrido!” pero al mirar hacia
adelante, exclamó: “¡Pero ¡cuánto me falta aún!”. No obstante, continuaba avanzando:
“Prosigo” –dijo, - para llegar”. Porque aún no conocía a Cristo como debía conocerlo, todavía
no había experimentado el poder de su resurrección, todavía le faltaba la comunión con los
sufrimientos del Señor y todavía estaba distante la ofrenda de su vida para morir como su
Maestro.
👀 …Si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.
“Asir” = “tomar, agarrar, recibir, conseguir, obtener”. Es como si dijera “De la misma manera
que el Señor me persiguió hasta alcanzarme en el camino a Damasco, así quiero correr tras Él
hasta alcanzarlo y apropiarme de Él, como Él se apropió de mí”. Luc_19:10; 1Jua_4:9-10
II. AL PREMIO EN CRISTO (13-14)
“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente
lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo
llamamiento de Dios en Cristo Jesús.”
Hermanos, no lo he logrado aun, pero, solo me concentro en esto. Es decir Pablo se traza una
meta y toma una resolución:
En cuanto al pasado (le resto la importancia)
En cuanto al futuro fijo la mirada en lo que está adelante
Cuando uno mira a tras pierde velocidad y fracasa en la carrera. Ver atrás es peligroso.
Gén_19:17, 26; Luc_17:31-32. Esto incluye, recordar problemas que se han sufrido.
👀 El pensamiento del corredor está en lo que resta de la carrera y no en lo que ya ha
recorrido.
Pablo manejaba sus frustraciones y fracasos de dos maneras:
1. Manejaba sus fracasos olvidando el pasado. No se detenía para llorar las pérdidas, o
lamentar los fracasos, o para torturarse con los errores cometidos. Porque era consciente
que el olvido “de lo que queda atrás” es sanador y vigorizante.
2. Manejaba sus fracasos proyectándose hacía una meta. Para algunos, una caída o un
fracaso es el fin, pero para Pablo era solo una pausa en su carrera para “extenderse”
hacia adelante, nunca hacia atrás. Solamente las grandes metas pueden movilizar de
esta manera a un hombre y darle la tenacidad de continuar sin detenerse, y la tenacidad
de no pensar en el pasado y de avanzar construyendo su futuro día a día. Esta gran meta
que se puso, dio a Pablo la tenacidad de avanzar sobrellevando toda clase de
sufrimientos, penurias, necesidades, persecuciones, cárceles, desprestigio, oposición de
afuera y de adentro y estando convencido que estos pesares son también los sufrimientos
por Cristo.
“Al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”.
1. El premio esperado por todo creyente en la figura de coronas (1Co_ 9:25; 2Ti_4:8;
Stg_1:2; 1Pe_5:4; Ap_2:10).
2. La carrera se desarrolla en la tierra, la meta y término están en el cielo.
III. CON LOS PERFECTOS (15-16)
“Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo
revelará Dios. Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma
cosa.”
Todos los que somos maduros, debemos estar de acuerdo con esto. Y si alguien difiere en
algún punto, Dios le hará entender.
Aquí tenemos téleios) que significa no solo perfecto, sino “completo, íntegro, maduro, bien
desarrollado”. Pablo no se está contradiciendo, sino que se está refiriendo a dos situaciones
completamente diferentes. Cuando escribió “no que ya sea perfecto” estaba pensando en su
meta, la cual aún no había alcanzado; y cuando escribió “todos los que somos perfectos”
estaba pensando en todos los que juntamente con él han llegado a la madurez, es decir, que
dejaron de ser niños espirituales y ya tienen la capacitad de trabajar en equipo.
Porque es evidente que es muy difícil llegar a un consenso o unanimidad con los inmaduros o
con los que aún están gobernados por su vieja manera de pensar y sus valores mundanos.
Como su mente no ha sido renovada por el Espíritu Santo siguen pensando del mismo modo
que antes de conocer a Cristo, por lo cual rápidamente brotan en ellos los celos, la envidia, las
malas sospechas, los pleitos y divisiones. En cambio, los que llegaron a la madurez se destacan
por su paciencia, su capacidad de escuchar real y atentamente a otros y por su decisión de
buscar el bien de los demás mucho más que el suyo propio. Por eso Pablo apunta a los
maduros, los bien desarrollados, para que sientan lo mismo.
La meta de Pablo es avancemos juntos.