Historia de Rusia
El camino de Rusia desde Gorbachev a Putin
La caída del sistema soviético y la nueva Rusia
David M. Kotz y
Fred Weir
Selección y Traducción: Augusto Piemonte
Serie: “Estudios Rusos”
Fuente original: David M. Kotz and Fred Weir, Russia's path from Gorbachev to Putin.
The demise of the Soviet system and the new Russia, London & New York, Routledge,
2007.
8. La lucha por el poder
Hemos visto que la glasnost, las reformas económicas y la democratización política
inesperadamente condujeron al desarrollo de una coalición pro-capitalista en la ex
Unión Soviética. La glasnost posicionó a miembros de la intelligentsia, quienes fueron
sometidos a un proceso de radicalización, al frente de una parte importante de los
medios de comunicación soviéticos. Las reformas económicas comenzaron a crear
serias dislocaciones en 1988-89, y cuando los principales economistas soviéticos fueron
consultados para proponer soluciones, recomendaron una rápida mercantilización y
privatización de la economía, la cual, argumentaban, ofrecía el único camino para salir
de la crisis. Las reformas económicas también legalizaron negocios empresariales no-
estatales, provocando la emergencia de una clase rica basada en la empresa privada. Un
sector importante de la elite del partido del sistema soviético comenzó por sí misma a
abandonar su lealtad hacia el socialismo soviético, y empezó a gravitar hacia el estilo
capitalista occidental. Por fuera de este proceso emergió un movimiento de oposición, la
coalición pro-capitalista, recibiendo el apoyo de la intelligentsia, los economistas, los
propietarios de empresas privadas, y un sector cada vez mayor de la elite del partido.
La democratización política del sistema soviético desvió el poder desde el Partido
Comunista a las nuevas instituciones estatales, cuyos líderes debían ser seleccionados a
través de elecciones democráticas. Esto creó una oportunidad para los oponentes del
sistema soviético para luchar abiertamente por el poder. Sin embargo, la coalición pro-
capitalista no llegó fácilmente al poder. Mientras se ensamblaba durante 1989-91 y
Boris Yeltsin emergía como su líder, tuvo que luchar una compleja batalla política para
alcanzar sus fines. Para ganar poder, la coalición debió derrotar tanto a los socialistas
reformistas liderados por Gorbachev como a la vieja guardia que abogaba por un
retorno al sistema soviético previo a la perestroika. En este capítulo trazaremos las
dimensiones más importantes de esta batalla política, mostrando cómo la coalición pro-
capitalista fue capaz de derrotar a sus adversarios y hacerse con el poder del Estado.
La historia completa de esta batalla política requeriría por sí misma un libro entero.
Aquí consideraremos cuatro procesos que fueron, en nuestra perspectiva, los más
trascendentes para determinar el resultado final. El primero de estos desarrollos fue el
ascenso de Yeltsin al poder en Rusia durante 1990-91. El segundo fue la ola de huelgas
provocadas por los mineros en 1989-91, las cuales tuvieron por efecto el fortalecimiento
del la coalición pro-capitalista. El tercero fue la poderosa marea nacionalista que se
extendió por la Unión Soviética en sus últimos años, aprovechada por Yeltsin y sus
aliados para obtener una ventaja a su favor. Finalmente, examinaremos el fallido golpe
de agosto de 1991, el colapso a partir del cual el poder pasó rápidamente de Gorbachev
y el gobierno soviético a los líderes de las quince repúblicas soviéticas. A finales de
1991, la Unión Soviética desapareció, y su lugar fue ocupado por quince nuevos
Estados –las quince ex repúblicas que constituían la Unión Soviética-, en la mayoría de
los cuales la dirección se comprometió con la construcción de un sistema capitalista. En
el relato que sigue a continuación quedará claro que la rápida y relativamente pacífica
caída del sistema soviético, así como la desintegración del Estado soviético que tuvo
aparejada, puede ser explicada por el curso impreso por el éxito de la coalición pro-
capitalista en la batalla por el poder estatal.
El ascenso de Yelstin al poder en la República de Rusia
Tras servir por una década como primer secretario de la regional del comité del Partido
Comunista en Sverdlovsk, Boris Yeltsin se mudó a Moscú en abril de 1985 para
encabezar el departamento encargado de la construcción del comité central. Unos pocos
meses más tarde fue designado para ejecutar la organización del Partido Comunista de
la capital. En 1986 se convirtió en miembro candidato para el Politburó.
La enemistad entre Yeltsin y Gorbachev comenzó en un mitin celebrado por el comité
central en octubre de 1987, cuando el primero realizó una fuerte denuncia sobre la
lentitud que percibía en la perestroika. Muy pronto Yeltsin fue removido de su cargo en
el partido y del Politburó.1 En la XIX Conferencia del Partido celebrada en junio de
1988, Yeltsin apareció frente a las cámaras de televisión, solicitando en una súplica
humillante que los líderes del PCUS lo rehabilitaran, pero su petición fue rechazada.
Mientras su readmisión fue denegada por la cúpula del partido, Yeltsin permaneció
como miembro del comité central y como alto funcionario del Estado.
Antes de que tuviera lugar la perestroika una degradación similar a la que debió sufrir
Yeltsin habría supuesto el fin de la carrera política del degradado. Pero en 1989 el
avance de las reformas democráticas en el sistema soviético, y en contra de los deseos
de los líderes soviéticos, otorgaba a Yeltsin una oportunidad para intentar su regreso. En
marzo de 1989, resultó elegido para el nuevo Congreso Soviético de los Diputados del
Pueblo, donde devino líder del veloz movimiento de unificación de la oposición. En el
siguiente año Yeltsin fue elegido para el nuevo parlamento reformado de Rusia, donde
fue designado presidente. Más tarde ese mismo año Yeltsin dimitió dramáticamente al
PCUS, y en junio de 1991 fue elegido presidente de la República de Rusia por voto
popular.
Yeltsin realizó una interpelación compleja al público ruso.2 Era un político populista
que criticó los privilegios injustos de la elite del partido. El nombre de Yeltsin emergió
en la prensa occidental ya en 1986, cuando, en un congreso del Partido Comunista,
denunció “beneficios especiales para los funcionarios superiores” y una “grosera
corrupción en Uzbekistán”3. Como cabeza del partido de Moscú, Yeltsin disfrutaba
caminar las calles y conocer gente corriente. Los ataques de Yeltsin sobre los
privilegios fueron muy populares, ya que existía un marcado resentimiento general
contra los beneficios especiales que obtenía la elite soviética.
Yeltsin también apoyó fuertemente el proceso de democratización. Después de todo, fue
la democratización la que le permitió ascender desde su supuesta muerte política. En
febrero de 1989, un mes antes de las elecciones para el Congreso Soviético de los
Diputados del Pueblo, Yeltsin emitió un llamamiento para que las elecciones fueran
verdaderamente abiertas y democráticas.4 La democratización tuvo gran aceptación
entre el público ruso, particularmente entre los residentes de las ciudades.
Yeltsin jugó con una suerte de sentimiento nacional ruso. Muchos rusos étnicos miraban
con desprecio a las nacionalidades no-eslavas de la Unión Soviética, percibidas como
extranjeras y atrasadas. Algunos veían las Repúblicas caucásicas y de Asia central como
una carga para Rusia, entendiendo que se beneficiaban de los subsidios recibidos y de
un trato privilegiado dentro del sistema soviético. La llamada de Yeltsin en favor de una
mayor autoridad y autonomía para Rusia dentro de la Unión Soviética conectó con estos
sentimientos.5
No obstante, Yeltsin fue mejor conocido por su defensa de una rápida reforma
económica. Culpó a las fuerzas conservadoras que integraban el Partido Comunista y a
la burocracia estatal por obstruir la introducción de reformas económicas. Al principio
Yeltsin se mostró vago acerca de cuáles eran las reformas económicas que alentaba,
pero tan pronto, como los economistas empezaron a presionar para la conformación de
mercados libres en 1989-90, adoptó las reformas en el mercado como su programa
económico.
La defensa de la reforma del mercado asumida por Yeltsin fue la llave de su habilidad
para atraer simultáneamente al común de la gente y a la elite política. Como hemos
visto, una mayor dependencia respecto de los mercados había sido parte del programa
reformista de Gorbachev desde 1987. Había un amplio apoyo a la “reforma del
mercado” en Rusia, aunque esto tenía distintos significados para la gente. Los
economistas prometieron que la reforma del mercado acabaría con las largas colas y las
graves carencias que plagaban al país. Pero la reforma del mercado también tuvo otro
significado para los ciudadanos corrientes, quienes se hallaban resentidos por las tiendas
especiales y otros mecanismos exclusivos de distribución disponibles solamente entre la
elite. El término “economía de mercado” llegó a significar para la gente en general un
sistema en el cual todos podían hacer sus compras en las mismas tiendas y tener acceso
a los mismos bienes. La “reforma del mercado” permitiría a las masas comprar los
mejores productos disponibles. Para el ciudadano soviético promedio, esto sonaba como
un paso real hacia el cumplimiento de los ideales igualitarios que se suponía debían
caracterizar a un sistema socialista.
Para la elite política, la economía de mercado guardaba un significado muy diferente.
La elite no estaba forzada a esperar en las largas colas que afligían a los ciudadanos
comunes. Pero sus privilegios para acceder al consumo de bienes exigía un alto precio:
continuar dependiendo del favor de los superiores. Para la elite política, la reforma del
mercado significaba liberarse de un sistema en el que los privilegios dependían
enteramente de la posición que se ocupaba en la jerarquía. Una vez liberados de las
constricciones del partido contra la acumulación de riqueza personal, ellos esperaban
tener un acceso más seguro a los mejores bienes de consumo que el dinero podía
comprar.
El discurso de Yeltsin que combinaba populismo, democracia, nacionalismo ruso y
reforma del mercado, tuvo una extensa aceptación en la sociedad rusa a fines de la
década de 1980. A estos tópicos centrales se sumó el papel simbólico de Yeltsin como
el oponente más preparado en la dirección vacilante del Partido Comunista. Mientras en
un principio el programa reformista de Gorbachev ganó una gran popularidad y elevó
las esperanzas de la gente, el caos económico que emergió en 1988-89 hizo que la
dirección existente cayera en picada. Boris Yeltsin se había enfrentado a la dirección del
Partido Comunista, había sido expulsado, y ahora luchaba por regresar a una posición
prominente. Esta imagen de Yeltsin atrajo a muchos ciudadanos rusos.
Yeltsin fue capaz de jugar un rol prominente en el Congreso soviético, pero su poder
allí estuvo estrictamente limitado. La República rusa quizás fuera la más extensa, pero
contaba solamente con la mitad de la población soviética. Yeltsin tuvo poco apoyo entre
los delegados de algunas de las otras repúblicas, en las cuales la lealtad hacia los líderes
del Partido Comunista permaneció fuerte. Gorbachev tuvo la capacidad de retener el
control efectivo del Congreso soviético. Las limitaciones del apoyo de Yeltsin en el
Congreso quedaron claramente ilustradas cuando fueron seleccionados los diputados
para la más pequeña legislatura soviética, el Soviet Supremo. Yeltsin no se hallaba entre
aquellos elegidos en la votación para delegados del Congreso. Sus apoyos en el
Congreso y en los medios liberales de Moscú elevaron vigorosos reclamos, y
Gorbachev estuvo de acuerdo en permitir que Yeltsin se incorporara al Soviet
Supremo.6
En consecuencia, Yeltsin debió depender de la buena voluntad de su archi-rival
Gorbachev para volver a ganar un lugar en el Soviet Supremo soviético. Parecía no
haber ningún camino al poder abierto para él dentro del Parlamento. Yeltsin advirtió
que la mejor vía al poder yacía a través de Rusia antes que en la estructura
gubernamental de la Unión. Las elecciones fueron planificadas en Rusia para marzo de
1990. Los votantes elegirían diputados para un parlamento ruso reformado,7 así como
los nuevos soviets de ciudades a través de Rusia. La elección de 1990 para el
parlamento ruso debía ser incluso más democrática que la realizada el año anterior para
el conjunto de la Unión. No se reservaría ninguna banca en el nuevo parlamento ruso ni
al Partido Comunista ni a ninguna otra “organización pública”. Todos los diputados
debían ser electos en elecciones competitivas. Yeltsin decidió competir en las elecciones
para el nuevo parlamento ruso en marzo de 1990 desde su base en Sverdlovsk.
Yeltsin era una figura muy conocida y popular en Rusia por aquellos años, y no necesitó
de mucha ayuda para ganar las elecciones para el parlamento. Sin embargo, no tenía por
único objetivo ganar una banca sino obtener la presidencia del parlamento, lo cual debía
convertirlo en el jefe ejecutivo de la enorme República rusa.8 Para conseguir esto
necesitaba más que simplemente gozar de popularidad personal entre los votantes.
En la primera mitad de 1990, casi todos los principales contendientes políticos,
incluyendo a Yeltsin, eran todavía miembros del Partido Comunista. Pero al principio
de ese año, una fuerza política organizada emergió fuera del partido, jugando un
importante papel en las elecciones y en el ascenso de Yeltsin al poder. La alianza
electoral Rusia Democrática fue formada en enero de 1990 y creció fuera de las
agrupaciones electorales vigentes en Moscú.9 Rusia Democrática organizó una lista de
candidatos para las elecciones que debían realizarse para el soviet de la ciudad de
Moscú en marzo de 1990, y dio su apoyo a candidatos para el parlamento ruso y los
soviets de otras ciudades rusas.
Rusia Democrática fue un verdadero movimiento “desde abajo”, conducido
principalmente por intelectuales liberales. Esta fuerza hizo hincapié en muchos de los
temas que promovía Yeltsin, tales como la democracia y la reforma del mercado. Como
Yeltsin, Rusia Democrática ponía el foco sobre la dirección del Partido Comunista
como su adversario, aunque al principio muchos de estos líderes y seguidores
permanecieron en el partido. Incluso con mayor énfasis que Yeltsin, Rusia Democrática
enfatizaba la autonomía rusa.10
Rusia Democrática demostró una alta efectividad en la campaña en Moscú y otras de las
ciudades más importantes. Los candidatos que fueron apoyados por ella obtuvieron el
57% de las bancas en el soviet de la ciudad de Moscú y el 60% en Leningrado durante
las elecciones de marzo de 1990. Sin embargo, en la competencia por el parlamento
ruso, sus candidatos ganaron solamente entre el 20 y el 30% de las bancas en juego en
toda Rusia.11
Yeltsin no estaba formalmente afiliado a Rusia Democrática e incluso llegó inicialmente
a oponerse a su formación.12 Sus líderes pertenecían a la intelligentsia moscovita, en
tanto que Yeltsin procedía de un trasfondo muy distinto, habiendo pasado sus años
formativos como jefe provincial de partido. Yeltsin pertenecía a la elite política, a pesar
de su oposición a la dirección del partido. Yeltsin y Rusia Democrática tenían una
relación cautelosa, que simbolizaba el incómodo empate entre dos partes claves en el
desarrollo de la coalición pro-capitalista, la intelligentsia y la creciente sección de la
elite política que estaba en proceso de rechazar por completo el sistema. Rusia
Democrática necesitaba una poderosa figura nacional con gravitación más allá de la
intelligentsia y las clases profesionales de la gran ciudad. Por su parte, Yeltsin requería
del apoyo de una organización efectiva que Rusia Democrática estaba en condiciones de
proveerle.
Rusia Democrática no limitó su trabajo a las elecciones, sino que también se especializó
en la organización de demostraciones de masas en Moscú. En febrero de 1990 reunió
alrededor de 100.000 manifestantes en las puertas del Kremlin para reclamar
democracia, mientras que el Comité Central del Partido Comunista se reunió para
debatir el destino del Artículo 6 de la Constitución Soviética, que había garantizado el
monopolio político del Partido Comunista.13 La habilidad para movilizar a un gran
número de residentes de Moscú demostraría gran importancia en la batalla sobre el
futuro de Rusia.
Cuando el nuevo parlamento electo se reunió, Yeltsin puso en marcha su campaña para
obtener la presidencia. Rusia Democrática le prestó su apoyo, aunque no tenía diputados
suficientes para prevalecer por sus propios medios. De todas maneras, Yeltsin podía
basarse en el apoyo de aquellos diputados que integraban la elite política pero que se
estaban corriendo hacia la oposición. Algunos días antes de las elecciones, Gorbachev
advirtió a los diputados del parlamento ruso que Yeltsin estaba abandonando el
socialismo, sin lograr convencer a la mayoría.14 Después de participar en cuatro
elecciones, el 29 de mayo de 1990 Yeltsin fue electo presidente por el escaso margen de
cuatro votos.15
Yeltsin mantuvo distancia con el partido Rusia Democrática. Se abstuvo de nombrar a
ninguno de sus miembros para las posiciones en el Consejo de Ministros, e incluso para
integrar su grupo de colaboradores personales.16 Como presidente del parlamento ruso y
efectivamente jefe del poder ejecutivo de la inmensa república, ahora Yeltsin detentaba
una posición de poder institucional desde donde podía desafiar a Gorbachev y a toda la
dirección soviética. Dos meses más tarde, en julio, Yeltsin renunció dramáticamente al
PCUS. Así comenzó a surgir en la Unión Soviética una situación potencial de doble
poder, que remitía a la Revolución de 1917, aunque la autoridad legal de la cabeza de la
República rusa se hallaba limitada.
En febrero de 1991 Yeltsin logró presionar con éxito a la dirección soviética para que le
conceda la oportunidad de dirigirse a la nación a través de la televisión. En su discurso
televisado atacó bruscamente a Gorbachev, acusándolo de albergar ambiciones
dictatoriales y demandándole su renuncia inmediata.17 En respuesta, varios centenares
de diputados indignados demandaron una sesión de emergencia en el parlamento18 para
remover a Yeltsin de la presidencia.
Tal como fue aprobado en la reunión de marzo de 1991, Gorbachev prohibió las
demostraciones públicas en Moscú durante las sesiones parlamentarias. Desafiando la
prohibición, Rusia Democrática organizó una demostración de solidaridad hacia Yeltsin
con alrededor de 100.000 moscovitas.19 Dando marcha atrás en sus amenazas,
Gorbachev ordenó a las tropas que habían sido diseminadas por Moscú que no
intervinieran. El oleaje estaba corriendo claramente a favor de Yeltsin. En las sesiones
parlamentarias varios miembros de la camarilla comunista rompieron con el partido y
votaron por Yeltsin.20 Antes que removerlo de la presidencia, el Parlamento acordó
otorgar a Yeltsin poderes extraordinarios. Asimismo, programó que en junio tendría
lugar la elección popular para el nuevo puesto de presidente de la República de Rusia. 21
En la campaña para la presidencia de Rusia, Yeltsin reforzó los mismos temas que le
habían dado buenos resultados anteriormente. Situó en el centro del debate la necesidad
de una reforma del mercado más rápida, la demanda efectiva sumió a la economía
soviética en el caos y la depresión durante 1991. Yeltsin prometió defender la
“soberanía” de Rusia. Utilizó su posición como presidente del Parlamento para adoptar
una postura de estadista, elevándose por encima de la contienda política. 22 Eligió como
compañero de fórmula para la vicepresidencia a Alexandr Rutskoi, un militar popular
que había combatido en la guerra de Afganistán. La candidatura conjunta con Rutskoi
estableció en la campaña de Yeltsin una relación ambigua con el Partido Comunista, ya
que aquél era el líder de un grupo conocido como “Comunistas por la Democracia”.23
Yeltsin debió confiar en Rusia Democrática para la organización de su campaña. Los
militantes de este partido llevaron a cabo la mayor parte del trabajo de base, dotaron de
personal las sedes de campaña y distribuyeron propaganda por toda Rusia.24 Yeltsin
ganó con el 57.3% de los votos; el resto de los votos quedó repartido entre otros cinco
candidatos, quienes habían clamado por reformas económicas más graduales o por
temas de nacionalismo.25 Gavriil Popov y Anatoly Sobchak, líderes de Rusia
Democrática, obtuvieron las gobernaciones de Moscú y Leningrado respectivamente.
La victoria de Yeltsin en la elección presidencial no puede ser interpretada como la
aprobación por parte de la mayoría de los votantes rusos de la transformación capitalista
que pronto Yeltsin pondría en práctica. Yeltsin llegó a la presidencia de Rusia sin jamás
haber indicado públicamente ninguna intención en ese sentido. De hecho, tanto él como
sus asesores más cercanos nunca usaron la palabra “capitalismo” en público. Nikolai
Ryzhkov, primer ministro soviético desde 1985 hasta 1990 y principal oponente de
Yeltsin en la carrera presidencial de junio de 1991, reclamó más tarde que Yeltsin y sus
colaboradores habían “mantenido en secreto sus perspectivas” concernientes a los
vastos cambios socioeconómicos que planeaban llevar adelante.26 En tanto que algunos
intelectuales, particularmente algunos economistas, habían abogado abiertamente por el
capitalismo, Yeltsin y sus socios no se manifestaron en público al respecto.27
Existían buenas razones para no explicar con exactitud cómo planeaban los líderes de la
oposición cambiar el sistema. Mientras la elite política y la intelligentsia urbana habían
llegado en junio de 1991 a favorecer al capitalismo, el electorado considerado en su
conjunto tenía puntos de vista muy disímiles entre sí. Los resultados de las encuestas
habían demostrado un magro apoyo al capitalismo de libre mercado en la población
rusa. El Times Mirror Center, ubicado en Estados Unidos, llevó a cabo un estudio a
gran escala de la opinión pública en la parte europea de Rusia durante el mes de mayo
de 1991, tan solo un mes antes de que Yeltsin fuese electo presidente. Fueron
encuestadas 1.123 personas, consultadas acerca de un largo listado de interrogantes
sobre sus perspectivas políticas y sociales. Los resultados más reveladores giraron en
torno a una pregunta sobre el tipo de sistema social que cada persona estimaba deseable;
las respuestas se muestran en la Figura 8.1.
Las respuestas muestran una marcada pluralidad apoyando el socialismo democrático.
Un total de 46% se inclinaba por alternativas identificadas con algún tipo de socialismo;
si se excluyen aquellos que no manifestaron su opinión, una mayoría del 54% de los
encuestados restantes desea el socialismo. Otro 23% de los encuestados eligió el modelo
sueco, un sistema socialdemócrata altamente igualitario con desarrollo de los derechos
de los trabajadores, beneficios sociales y seguridad económica personal sin parangón en
ningún otro país de Occidente. Menos de la quinta parte expresó favoritismo por el tipo
de capitalismo relativamente desregulado que la coalición rusa pro-capitalista, liderada
por Boris Yeltsin, iba a perseguir con inquebrantable determinación una vez que
alcanzó el poder del estado. Si la encuesta no hubiese tomado muestras de residentes de
Moscú y San Petersburgo,28 los resultados habrían sido indudablemente aun menos
favorables hacia el futuro capitalista.29 Otras encuestas realizadas en 1991 encontraron
incluso menos apoyo al capitalismo.30
Figura 8.1 Encuesta de opinión pública en la Rusia europea sobre la forma de sociedad deseada.
Mayo de 1991.
Fuente: “The Pulse of Europe: A Survey of Political and Social Values and Attitudes”, 1991:50.
Las respuestas a otras preguntas de la encuesta muestran un apoyo público muy limitado
a la privatización de la industria, la cual sería una pieza central en las políticas de
gobierno de Yeltsin. Solamente el 3% de los consultados apoyó la privatización de la
industria pesada, el 9% de los bancos, y el 20% de las manufacturas de bienes de
consumo. El 81% creía que el estado debía garantizar la alimentación y el alojamiento
de todo ciudadano. Al mismo tiempo, solamente el 30% veía al Partido Comunista con
buenos ojos, en tanto que el 60% tenía de él una opinión desfavorable. 31 Los resultados
de esta encuesta reflejan una amplia mayoría que deseaba alguna forma de socialismo o
de democracia social pero que desaprobaba el camino en que el Partido Comunista
había conducido al país.
Yeltsin y sus colaboradores comprendieron que los deseos de gran parte del pueblo ruso
eran contrarios a un capitalismo de libre mercado. No obstante, la mayoría respondió
muy bien a las críticas hacia los líderes del Partido Comunista y a las apelaciones por
una rápida reforma del mercado, por la democratización y por un incremento de la
autonomía de Rusia.32 La campaña electoral de Yeltsin ganó fuerte apoyo no sólo entre
los intelectuales, sino también entre los trabajadores, las mujeres y los jubilados.
Solamente entre las tropas del ejército y en ciertas regiones de Rusia fue derrotado
Yeltsin por alguno de sus rivales.33 De todas formas, dentro de la población rusa era
abrumadora la proporción que se hallaba de acuerdo con la dirección que Yeltsin había
liderado últimamente en relación a la elite política. Mientras el público general no
apoyaba intentos de construir un sistema capitalista, una enorme mayoría de la elite
política favorecía justamente ese curso.
El triunfo de la presidencia de Rusia, junto con el control del Parlamento,
proporcionaron a Yeltsin la plataforma para lanzar su campaña por el poder.
Igualmente, estos logros no eran suficientes para que Yeltsin y la coalición pro-
capitalista pudieran ascender al poder del estado. Rusia carecía de un ejército propio.
No era un estado soberano. Rusia era una de las quince repúblicas que constituían la
Unión Soviética. El jefe del poder ejecutivo de Rusia no tenía más poder legal o
constitucional para transformar el sistema económico que el que tenía el gobernador de
California para abolir el capitalismo dentro del estado. La victoria final de la coalición
pro-capitalista dependía de cambios y desarrollos adicionales en la Unión Soviética.
La huelga de los mineros
Aunque las huelgas no eran técnicamente ilegales en la Unión Soviética, el régimen
nunca las permitió en la práctica. La Unión Soviética experimentó en 1989 su primer
episodio de disturbios originados por las masas trabajadoras desde la década de 1920.
Varios grupos de trabajadores se unieron en huelgas y demostraciones durante 1989-91,
pero únicamente los mineros del carbón llevaron a cabo una serie de huelgas a gran
escala, huelgas devastadoras con gran impacto, suficiente para generar la más profunda
batalla política soviética. La primera huelga minera tuvo lugar en julio de 1989, seguida
por una huelga de un día en octubre del mismo año. Una segunda huelga mayor tuvo
lugar en los meses de marzo-abril de 1991.
Cerca de 2.200.000 personas trabajaban en la industria del carbón, suministrando el
20% de las necesidades energéticas de la Unión Soviética.34 A pesar de que recibían
salarios relativamente altos, los mineros tenían algunas demandas acumuladas, que
incluían pobres condiciones habitacionales y falta de infraestructura social. La
atmósfera más libre de la perestroika alentó a los trabajadores para presionar por las
mejoras deseadas. Los mineros también se sentían amenazados por algunos aspectos de
la perestroika. Los precios del carbón se habían mantenido siempre bajos, y los mineros
temían que bajo la nueva política de auto-financiamiento de las empresas cerraran
aquellas minas que registraban pérdidas monetarias. La escasez de bienes de consumo
de 1988-89 fue muy seria en las regiones carboníferas. Un factor clave en la
precipitación de la huelga de 1989 fue la repentina desaparición del jabón en los
comercios de los distritos mineros.
En julio de 1989 comenzó una huelga en el distrito minero de Kuzbass, situado en el
oeste siberiano, donde marcharon alrededor de 100.000 mineros.35 La huelga se
expandió rápidamente a la región ucraniana de Donbass y a Vorkuta, en el norte lejano
de Rusia. Los mineros huelguistas reclamaron mejoras en el salario, en las condiciones
de trabajo y en los servicios, pero sus demandas no se limitaron a temas económicos.
Algunos de los grupos de mineros en huelga demandaron independencia de los
ministerios de Moscú, exigiendo transferir hacia las empresas mineras el poder de
establecer los precios del carbón.36 Otros grupos directamente desafiaron la autoridad
del Partido Comunista y reclamaron la revocación del artículo 6 de la Constitución.
Las autoridades soviéticas hicieron concesiones a las demandas económicas de los
obreros y disminuyó la huelga de julio de 1989. De todos modos, los mineros
continuaron organizándose, buscando construir un sindicato independiente ante la
inoperancia del sindicato oficial para representar a sus afiliados. Una nueva huelga se
produjo en marzo y abril de 1991, otra vez en las tres regiones mineras mencionadas.
Esta vez las huelgas parecían focalizarse más en demandas políticas que incluían un
reclamo por la renuncia del gobierno soviético. La huelga en Kuzbass terminó cuando
Yeltsin prometió el 1° de mayo que transferiría el control de las minas rusas desde la
jurisdicción soviética a la jurisdicción rusa.37
Aunque las huelgas de los mineros no provocaron la caída del gobierno soviético,
igualmente contribuyeron a ese fin de un modo significativo. Los mineros causaron
serias disrupciones económicas, contribuyendo a la sensación de que el orden se estaba
resquebrajando y las cosas estaban saliendo de control. Las huelgas contribuyeron a
deteriorar la legitimidad y la autoridad del gobierno soviético. Mientras que el gobierno
podía fácilmente desestimar a la oposición que enfrentaba por parte de los intelectuales
por ser provenientes de una sección privilegiada de la sociedad, ahora se enfrentaba a
una fuerte oposición y militante de la clase obrera a la que decían representar.
Los mineros no solamente se opusieron a Gorbachev, al Partido Comunista y al
gobierno soviético, sino que sus líderes también se movieron gradualmente hacia una
alianza con Yeltsin y con Rusia Democrática durante 1990-91. 38 Esto podría parecer
sorprendente. En la mayor parte del mundo los obreros de las minas no eran conocidos
por sus simpatías hacia los intelectuales liberales o hacia el capitalismo. Había una
lógica en la alianza entre los mineros y Yeltsin. El sindicato minero oficial, que había
hecho poco por representar los intereses de los mineros, se hallaba controlado por el
Partido Comunista. Esto empujó a muchos mineros contra el partido y los predispuso
para escuchar a Yeltsin, el principal crítico sobre la dirección del partido.
Viendo en el gobierno soviético y en sus ministerios como una fuente de sus
condiciones opresivas, los líderes de los huelguistas mineros encontraron atractivo el
llamado por la economía de mercado. Para ellos expresaba la promesa de independencia
respecto de los ministerios. Yeltsin solicitó activamente el apoyo de los dirigentes
mineros, prometiéndoles que bajo la jurisdicción de Rusia las minas podrían
proporcionar una autonomía sustancial. 39 Esto ilustra la manera en la que las demandas
ambiguas por una economía de mercado podían unir a los mineros oprimidos con la
elite que pretendía obtener la propiedad de las empresas estatales de la Unión Soviética.
La huelga de mineros de marzo y abril de 1991 se produjo en el mejor momento posible
para Yeltsin. Por entonces Yeltsin se encontraba inmerso en la confrontación con
Gorbachev y la facción comunista del parlamento ruso descripta anteriormente. Los
huelguistas aumentaron la presión generada por la demostración efectuada por Rusia
Democrática en Moscú, ayudando a Yeltsin a mantener el control del parlamento y
continuar su marcha hacia la presidencia rusa.
Nacionalismo40
La URSS fue organizada como una federación de quince repúblicas. La tabla 8.1
muestra las quince repúblicas en orden de densidad de población. Las tres repúblicas
eslavas -Rusia, Ucrania y Bielorrusia- contenían el 72.6 por ciento de la población
soviética. Las cinco repúblicas de Asia central –Uzbekistán, Kazajstán, Tadzhikistán,
Kirguistán y Turkmenistán- tenían el 17.6 por ciento de la población. Así, las repúblicas
eslavas y de Asia central juntas representaban el 90.2 por ciento de la población, así
como también el 97.6 por ciento de la superficie soviética. Las tres repúblicas ubicadas
en las montañas del Cáucaso -Azerbaiján, Georgia y Armenia- reunían el 5.5 por ciento
de la población soviética, las tres repúblicas bálticas -Lituania, Letonia y Estonia- el 2.8
por ciento, y Moldavia, limitando con Rumania, tenía el 1.5 por ciento. Los rusos
étnicos se hallaban dispersos alrededor de las otras catorce repúblicas, y en algunos de
ellos constituían una proporción importante de la población local.41
En algunas repúblicas soviéticas surgieron fuertes movimientos nacionalistas en los
tardíos años ‘80, y la destrucción final del estado soviético en 1991 fue seguido por una
ola de declaraciones de independencia de las repúblicas. Esto condujo a algunos
analistas a atribuir la caída del sistema soviético en primera instancia a la fuerza del
nacionalismo. De acuerdo con esta perspectiva, una vez que Gorbachev democratizó el
sistema soviético, las nacionalidades de la Unión Soviética que habían sido largamente
oprimidas se encontraron en condiciones de exigir su independencia. En esta línea de
análisis, el resultado final no podía ser otro que el colapso del sistema soviético.
Esta explicación no tiene en cuenta la característica más importante de la desaparición
de la URSS: el abandono del sistema socioeconómico preexistente en Rusia y en la
mayoría de los demás estados independientes nuevos que emergieron de la Unión
Soviética. Mientras el nacionalismo jugó un papel destacado en la caída del estado
soviético, el punto de vista anterior es muy simple. Un perceptivo analista de la historia
soviética sugiere que “no fue… la salida de las nacionalidades… [lo que] causó la
caída”, sino que “Fueron el declive y la caída de facto del régimen lo que les dio a las
nacionalidades la posibilidad de salir”. 42
Tabla 8.1 Repúblicas de la URSS, 1991
Fuente: Narodnoe khoziaistvo SSSR (1991, p. 67)
La mayoría de los especialistas en nacionalismo sostienen un punto de vista contrario a
la impresión popular. Según el cual el nacionalismo no es una fuerza vieja en la
sociedad humana sino un fenómeno relativamente reciente que apareció en el mundo
recién en las últimas dos centurias. 43 Mientras las identidades étnicas, raciales,
religiosas, tribales y regionales remiten a varios cientos de años, el estado nacional, al
cual se asocian las ideas de identidad nacional, la lealtad nacional y el derecho de cada
nacionalidad a tener su propio estado, son desarrollos modernos. La era capitalista dio
lugar al nacimiento del nacionalismo. La industrialización capitalista provocó la
migración de la gente desde las aisladas comunidades rurales hacia las grandes
ciudades, introduciendo medios masivos de comunicación y uniendo grandes regiones
en una interdependencia económica a través de relaciones de mercado. Todos estos
procesos condujeron a la gente a reemplazar sus anteriores identidades clánicas, étnicas,
religiosas y locales, por un una identidad nacional más grande.
Tal como señaló el historiador Ronald Suny, es equivocado pensar en la Unión
Soviética como en un sistema que simplemente estableció su dominación sobre otros
sistemas preexistentes, definidos como grupos nacionales.44 El sistema soviético, con el
rápido desarrollo económico y social que provocó, fue la causa central del desarrollo de
identidades nacionales entre varios grupos dentro de la Unión Soviética. Después de que
la guerra civil de 1918-20 dejó a los bolcheviques el control de un área inmensa con
poblaciones diversas, estos crearon el estado soviético como una federación de
repúblicas, cada una de las cuales se definía como propietaria de una identidad
nacional.45 Mientras algunas repúblicas soviéticas se basaban en grupos que habían
tenido un estado independiente, como era el caso de Georgia, otras, como Azerbaiján y
Bielorrusia, nunca habían sido estados independientes. 46 Ucrania había sido parte de
Rusia desde 1654. Los kazajos eran tribus nómades. Los pueblos de las repúblicas de
Asia central disponían de una fuerte identidad en tanto musulmanes antes que como un
grupo nacional determinado.
Las ciudades de algunas repúblicas soviéticas tuvieron originalmente una numerosa
población de otras nacionalidades. Por ejemplo, la mayor parte de la población urbana
de Bielorrusia estaba constituida originalmente por judíos, rusos o polacos. 47 Bakú,
capital de Azerbaiján, estaba dominada por rusos y armenios desde antes de la
revolución. El pueblo ucraniano había sido más que nada campesino, en tanto que los
propietarios de tierra y los oficiales eran ruso o polacos o mercaderes judíos. 48 No
obstante, en las décadas de desarrollo soviético se suscitaron cambios, al menos en
muchas de las repúblicas.
Durante gran parte del período soviético, el desarrollo de las lenguas y culturas de las
nacionalidades minoritarias fue activamente promovido dentro de ciertos límites. Cada
república tenía las características de un estado nacional (aunque sin soberanía política
real), con sus propias instituciones políticas y culturales. Un rápido desarrollo de la
economía impulsó la urbanización, masificó el alfabetismo y los medios de
comunicación, la identidad nacional tendió a crecer en muchas de las repúblicas. Al
mismo tiempo, la dominación del sistema soviético que ejercían los rusos, el rígido
gobierno desde Moscú y la presión de una movilidad ascendente entre las
nacionalidades minoritarias para ser “rusificadas”, crearon resentimientos nacionales
que se gestaron bajo la superficie. Cuando el terror terminó tras la muerte de Stalin, los
movimientos nacionalistas comenzaron gradualmente a desarrollarse en algunas de las
repúblicas, sobre todo en las tres repúblicas bálticas, las cuales habían tenido una
experiencia estatal durante el período de entreguerras, antes de ser absorbidas por la
Unión Soviética en 1940.
Cuando Gorbachev instituyó la glasnost y la democratización, estos extensos
movimientos nacionalistas subterráneos lograron encontrar la posibilidad de salir a la
superficie. Los movimientos nacionalistas tomaron diferentes formas en las diferentes
repúblicas soviéticas y no era inevitable que condujeran a la destrucción del estado
soviético. En algunas pocas repúblicas –los estados bálticos y Georgia- el recuerdo del
estado independiente era fuerte y una guía muy poderosa para la independencia. Pero
estos estados constituían una pequeña parte de la Unión Soviética, con pocos de sus
recursos naturales. Para el resto, la situación fue más complicada y el resultado estaba
lejos de estar predeterminado.
La lucha nacional del período de la perestroika empezó en 1988, no con un movimiento
anti-Moscú, sino bajo la forma de un conflicto violento entre dos repúblicas vecinas.
Armenia y Azerbaiján se enfrentaron por el control de Nagorno-Karabakh, un enclave
predominantemente armenio dentro de la República de Azerbaiján. Las autoridades
soviéticas enviaron tropas para reestablecer el orden pero no se logró encontrar una
solución aceptable para las dos partes implicadas en el conflicto. Ese mismo año el
nacionalista Frente Estonio comenzó a agitar por una mayor autonomía para la
república báltica.
El año siguiente surgió una masa sobre la base de los movimientos nacionalistas
alrededor de los bordes de la Unión Soviética: en las tres repúblicas bálticas y en
Georgia. Las reformas democráticas de 1989 proporcionaron una oportunidad para que
los movimientos nacionalistas que habían permanecido durante largo tiempo bajo tierra
pudieran operar abiertamente y buscar el apoyo de los votantes. Un evento clave ocurrió
en abril de 1989 cuando tropas soviéticas fueron enviadas para reprimir demostraciones
nacionalistas en Tbilisi, Georgia, y se desencadenó una batalla sangrienta. Esto generó
una ola de oposición ante el uso de la fuerza por el gobierno central, oposición que se
reflejó entre los diputados en el nuevo parlamento soviético y en los medios de
comunicación. Esta reacción –conocida como el “síndrome Tbilisi”- hizo que para el
gobierno fuera difícil en adelante contemplar el uso una respuesta militar a gran escala
en las repúblicas rebeldes.
Durante 1989 las repúblicas rebeldes -las bálticas, Georgia y desde entonces también
Armenia49- demandaron, con creciente audacia, primero autonomía y después soberanía
dentro de la Unión Soviética.50 En noviembre de 1989, el parlamento concedió la
autonomía a las repúblicas bálticas, pero no alcanzó para satisfacerlas. Las elecciones
republicanas de marzo de 1990 otorgaron mayoría a los nacionalistas en las repúblicas
bálticas, y sus nuevos legisladores dieron un paso más al declarar la independencia de la
Unión Soviética.51
Está claro que solamente el uso de la fuerza por Moscú podía mantener a las repúblicas
bálticas dentro de la Unión Soviética. Las reformas democráticas que introdujo
Gorbachev parecían evitar ese camino. La constitución soviética garantizaba
formalmente el derecho de toda república para separarse de la Unión. Gorbachev no
desafió el derecho de las repúblicas bálticas a separarse, aunque les instaba a no hacerlo;
la batalla fue sobre qué procedimientos debía seguirse ante una posible secesión
báltica.52 La separación de las repúblicas bálticas no podía por sí misma paralizar la
Unión Soviética, dado que representaban solamente el 2.8 por ciento de la población
soviética y no tenían importantes recursos naturales, y también a la luz de los orígenes
desagradables de sus incorporaciones en la Unión Soviética como resultado del infame
pacto de 1939 entre Hitler y Stalin.53
En junio de 1990, un elemento completamente nuevo fue inyectado en el conflicto
nacionalista cuando Rusia aprobó la resolución de su propia soberanía. Rusia ocupó
siempre una posición paradójica en el sistema soviético. Los rusos eran el grupo
nacional dominante, constituían cerca de la mitad de la población soviética, y por otra
parte estaban desproporcionadamente representados en el partido de la Unión y en las
instituciones estatales. Los rusos étnicos también ocupaban las posiciones más altas en
los órganos del partido y del gobierno en todas las otras repúblicas. Las repúblicas
rebeldes de la periferia se rebelaron contra aquello que, en grado significativo, veían
como una dominación rusa.
A pesar de todos estos modos en que Rusia dominaba la Unión Soviética, al mismo
tiempo el nacionalismo ruso era en ciertos aspectos contenido por el sistema soviético.
Lenin había estado siempre preocupado de que el “chauvinismo gran ruso” podía
amenazar la unidad del estado soviético, y la organización del sistema soviético
reflejaba ese temor. A diferencia de las otras catorce repúblicas, Rusia no tenía su
propia organización de Partido Comunista separada. También era la única república sin
una Academia de Ciencias, Consejo Sindical, Komsomol o KGB separados. En el
esfuerzo por construir una identidad amplia para el pueblo soviético, el sentido de
nacionalidad de los rusos había sido en cierta medida suprimido.
A medida que los movimientos nacionalistas alrededor de la periferia soviética ganaban
audacia en sus demandas por autonomía o incluso independencia, el sentimiento de
nacional ruso también creció. Esto representó una oportunidad para Yeltsin y la
coalición pro-capitalista. Yeltsin hizo hincapié en las demandas nacionales rusas,
apuntando a menudo hacia el hecho de que, dentro de la URSS, Rusia y Turkmenistán
eran los únicos que producían un volumen mayor de bienes que los que consumían. 54
Un mes después de que Yeltsin se convirtiera en el presidente del parlamento ruso,
Rusia Democrática propuso un texto legislativo por el cual se declararía la soberanía
étnica de Rusia, otorgándole el control de sus propios recursos naturales y con prioridad
para sus propias leyes republicanas por sobre las de la Unión Soviética.55 Yeltsin
reconoció en esta propuesta una vía para superar tácticamente a Gorbachev y todo el
gobierno de la Unión. Aunque no existieran los fundamentos para que semejante ley
pudiera ser instalada en la constitución soviética, Yeltsin se impuso sobre el parlamento
ruso para aprobar la medida de soberanía el 8 de junio de 1990, por un total de 544
votos a favor y 271 en contra.56
Mientras Rusia no tenía medios legales para hacer cumplir la nueva medida, su
promulgación tuvo un efecto profundo e inmediato sobre las demás repúblicas,
transformando la naturaleza de los impulsos nacionalistas que se hallaban en curso. Por
mucho que los rusos étnicos intentaran dominar el sistema soviético, la estructura de la
Unión proveía a fin de cuentas a las repúblicas no-rusas con algunas medidas y poderes
de seguridad, como los significantes beneficios económicos. Por ejemplo, las
abundantes materias primas de Rusia debían ser provistas al resto de las repúblicas de la
URSS a precios muy económicos. Ahora la república rusa estaba afirmando su derecho
para controlar sus propios recursos naturales y para disponer de ellos.
Los líderes de las repúblicas, que hasta entonces se habían mantenido en calma,
inmediatamente aprobaron resoluciones de soberanía. Hacia agosto de 1990, las
resoluciones de soberanía habían pasado por Uzbekistán, Moldavia, Ucrania,
Turkmenistán y Tadzhikistán. Para el mes de octubre, incluso la leal Kazajstán siguió el
ejemplo. En varias de estas repúblicas no existían movimientos nacionalistas con base
en las masas, pero allí los líderes comunistas se estaban posicionando para mantener en
sus manos el poder en caso de que Yeltsin fuera realmente capaz de abolir el estado de
la Unión Soviética.
Las maniobras del líder ucraniano, Keonid Kravchuk, ilustran este proceso
desencadenado por Rusia en su movimiento hacia la soberanía. Kravchuk había sido el
secretario para la ideología por el Partido Comunista de Ucrania, especializado en
combatir el nacionalismo ucraniano y en promocionar el internacionalismo socialista
como antídoto. A fines de 1989, el movimiento nacionalista sobrevolaba Ucrania,
principalmente en el oeste.57 Como el gobierno central en Moscú había empezado a
debilitarse, y como el impulso hacia el capitalismo ganaba fuerza, Kravchuk, quien
como cabeza del comunista había alcanzado la presidencia del Soviet Supremo
ucraniano en julio de 1990, ahora veía una nueva vía para mantener su elevada posición
en la estructura de poder de Ucrania. Dejando atrás su identidad comunista y soviética,
y desechando sus apuntes sobre socialismo internacionalista, Krvachuk se transformó a
sí mismo en un nacionalista ucraniano. Empleó esta nueva identidad para permanecer en
el poder durante la ruptura de la Unión Soviética.58
Yetsin adoptó fuertes medidas para perseguir la meta de la soberanía rusa y la promesa
que realizó para llevar a cabo una transformación capitalista. En septiembre, un equipo
de asesores económicos propuso el Plan de 500 Días, consistente en una rápida
mercantilización y privatización de la economía. Mientras Gorbachev se negó a apoyar
el plan, el 11 de septiembre Yeltsin lo presentó en el parlamento ruso.59 Yeltsin todavía
no tenía el poder para llevar a cabo el Plan de 500 Días en Rusia, y su paso fue, en ese
sentido, simbólico. Pero esto se sumó al caos económico en que estaba ahora sumergida
la Unión Soviética. La Unión Soviética y la mayoría de sus repúblicas debieron tratar
leyes en conflicto sobre reestructuración económica, incluyendo el futuro de las
relaciones de propiedad. El alto grado de interdependencia del mecanismo económico
soviético comenzó a desmoronarse bajo el impacto de esta batalla por la autoridad. Los
vínculos económicos entre las empresas a través de fronteras republicanas comenzaron
a ser interrumpidos.
En diciembre de 1990, Yeltsin puso en marcha una jugada aún más audaz en el
gobierno central. Los impuestos recaudados en Rusia proporcionaban al gobierno
soviético alrededor de la mitad de sus ingresos presupuestarios. Yeltsin impulsó el 27 de
diciembre una medida por medio del parlamento ruso para proveer menos de la décima
parte de los ingresos fiscales del gobierno central para su presupuesto de 1991. 60 Esto
amenazaba la existencia misma del gobierno central y contribuyó a la proliferación del
déficit y a la creciente presión inflacionaria que envolvió la Unión Soviética en 1991.
Tras la declaración de soberanía de Rusia y de una serie de resoluciones similares de
otras repúblicas, Gorbachev decidió que la Unión Soviética, para sobrevivir, debía ser
reconstruida sobre una nueva base que otorgara mayor autonomía a las repúblicas.
Comenzó un proceso para negociar un nuevo tratado de la Unión. Para conseguir apoyo
en sus propósitos, Gorbachev planificó un referéndum sobre la preservación de la
Unión, creyendo que el proceso de desintegración no reflejaba los deseos de la mayoría
del pueblo soviético.
El referéndum tuvo lugar el 17 de marzo en todas las repúblicas soviéticas, con
excepción de las tres repúblicas bálticas, Armenia, Georgia y Moldavia. Votaron 147
millones de personas y el 76.4 por ciento aprobó la preservación de la Unión
Soviética.61 Los votantes de cada una de las nueve repúblicas participantes dieron un
apoyo abrumador a la medida propuesta.62 Gorbachev pudo reclamar mayor apoyo
popular para el mantenimiento de un estado federativo reconstruido. La economía
soviética conformaba un mecanismo fuertemente interdependiente y todos estaban al
tanto de los enormes costos que acarrearía una eventual disgregación. Las poblaciones
de las repúblicas más pobres creían que se beneficiaban económicamente a partir de sus
relaciones dentro de la Unión Soviética. La mayoría de los rusos no esperaba ver a su
estado reducirse a la mitad de la población, dejando a 25 millones de rusos étnicos, casi
una quinta parte del total, como minorías dispersas a través de lo que temían fueran
países separados.63 Muchas personas querían mayor autoridad para sus instituciones
republicanas, aunque el referéndum de marzo demostró que solamente una pequeña
minoría de las nueve repúblicas participantes deseaba que sus repúblicas se convirtieran
en estados independientes.
De todas formas, a pesar de que el sentimiento popular iba en sentido contrario,
resistían fuerzas poderosas que impulsaban la desintegración de la Unión Soviética.
Gorbachev y el renovado estado de la Unión representaban no solamente la
preservación de la Unión, sino también el mantenimiento de cierta forma de sistema
soviético. Gorbachev, que era la figura clave para mantener a las repúblicas unidas, se
rehusó a renunciar a su objetivo de reformar el socialismo antes que a reemplazarlo por
el capitalismo. Yeltsin y sus asociados se hallaban determinados a eliminar el
socialismo,64 y Gorbachev se interponía en el camino. Aunque los movimientos
nacionalistas que crecían en algunas de las repúblicas eran expresiones genuinas de
sentimientos populares, si no hubiese sido por la determinación de la coalición pro-
capitalista para abolir el sistema socialista y abrir el camino al capitalismo, es poco
probable que los movimientos nacionalistas hubiesen destruido a la Unión Soviética.
El evento que puso en marcha la seguidilla de declaraciones de soberanía fue, como
hemos visto, la declaración de la soberanía rusa de junio de 1990. Esta no estuvo
motivada por un deseo nacionalista de independencia respecto de un poder extraño
-Rusia poseía más que la independencia, pues ejercía una posición dominante sobre un
estado multinacional entero-. Fueron los planes de cambio socioeconómico de Yeltsin y
la coalición pro-capitalista los que motivaron el proceso que, en última instancia,
desmembró a la Unión Soviética.
El intento de golpe de estado de agosto de 1991 y sus consecuencias
Se intentó lograr la derrota final de Gorbachev, del proyecto de reforma socialista y del
estado de la Unión Soviética, a partir del intento de golpe de estado de agosto de 1991.
El golpe fallido fortaleció a Yeltsin y la coalición pro-capitalista. Esto impulsó a todas
las repúblicas de la Unión, la mayoría de los cuales no había solicitado previamente la
independencia, en un camino hacia dicha meta.
El 19 de agosto, mientras Gorbachev se encontraba vacacionando en Crimea, ocho de
los máximos líderes del gobierno soviético formaron un comité de emergencia que
anunció que Gorbachev era relevado de sus funciones. Silenciosamente se puso a
Gorbachev bajo arresto domiciliario y se impuso el estado de emergencia en algunas
partes de la Unión Soviética. Boris Yeltsin y los líderes del parlamento ruso desafiaron
el golpe. En unos pocos días el golpe colapsó y Gorbachev regresó a Moscú. Sin
embargo, el poder había pasado así de manera decisiva de Gorbachev y el gobierno de
la Unión a Yeltsin. Cuatro meses más tarde, el estado soviético fue abolido y Rusia
emergió como un estado independiente, así como lo hicieron también las otras catorce
repúblicas restantes.
Durante la primavera, el verano y los comienzos del otoño de 1990, Gorbachev y su
proyecto de reforma socialista no estaban yendo bien. Boris Yeltsin había crecido y
concentrado poder. Yeltsin y su séquito demandaban que la Unión Soviética adoptara el
Plan de 500 Días, el cual bregaba por el fin del socialismo. El poder del gobierno de la
Unión se estaba erosionando. La economía se estaba hundiendo en el caos.
En respuesta a estos acontecimientos adversos, Gorbachev decidió en octubre cambiar
sus alianzas políticas. Se opuso al Plan de 500 Días. Parecía abandonar a sus asesores
más liberales, como Yakovlev y Shevardnadze, desplazándose hacia colaboradores que
parecían ser partidarios más tradicionales de las instituciones socialistas, de la
preservación de la Unión Soviética y del mantenimiento del orden social.65 Nombró en
diciembre a Boris Pugo como ministro del Interior y a Gennady Yanaev como vice-
presidente. Cuando el Primer Ministro Ryzhkov tuvo un infarto en diciembre,
Gorbachev lo reemplazó por Valentin Pavlov. Estos tres nuevos nombramientos fueron
vistos como favorables a una “línea dura”. El ministro del Interior Shevardnadze
respondió con su renuncia y advirtió sobre una inminente dictadura. El 10 de enero de
1991, Gorbachev advirtió al parlamento lituano que podría imponer el gobierno
presidencial de la República, alegando que Lituania se había dirigido hacia la
“restauración del orden burgués”.66 Poco después, las tropas del Ministerio del Interior
tomaron los edificios de los parlamentos de Lituania y Letonia, acciones que Gorbachev
ni apoyó ni denunció con claridad.
A comienzos de marzo de 1991, Gorbachev arremetió contra la reunión de las fuerzas
pro-capitalistas. Atacó a los “demócratas” como “una típica oposición del ala derecha”
y los acusó de abogar por “la capitalización de la sociedad”.67 De todas formas, como
hemos visto, en marzo la situación de Gorbachev se debilitó aún más. Una segunda
oleada huelguística de los mineros socavó la legitimidad de su mandato. El intento de
remover a Yeltsin como presidente del parlamento ruso fracasó, dejándolo en una
posición más fuerte. El único punto brillante para Gorbachev fue el pasaje del
referéndum de la Unión en ese mes. Advirtiendo que estaba perdiendo la batalla con
Yeltsin, en abril Gorbachev cambió nuevamente de tácticas, esta vez moviéndose hacia
una postura más acomodaticia con Yeltsin.
Ahora en una posición de fuerza, teniendo quizás presente el apoyo público al
referéndum de marzo, Yeltsin ofreció entablar negociaciones con Gorbachev y los
mandatarios de las otras repúblicas para diseñar un nuevo tratado de la Unión.
Gorbachev aceptó y comenzaron las negociaciones del grupo llamado “9 más 1”. 68 Los
líderes de las nueve repúblicas firmaron el 23 de abril un acuerdo por el cual se
convocaba la aprobación legislativa para un nuevo tratado de la Unión Soviética, que
otorgaría sustanciales derechos a las repúblicas en tanto que se preservaba una suerte de
unidad entre ellas.69 Yeltsin hizo a un lado sus anteriores críticas sobre Gorbachev.
Gorbachev cambió ahora su ataque a los “demócratas” por las advertencias contra la
“línea dura”. En julio impulsó un nuevo proyecto de programa liberal para el Partido
Comunista a través de una reunión del Comité Central, lo que enfureció a los
tradicionalistas del partido.70 Más tarde durante ese mes, las negociaciones por el tratado
de la Unión alcanzaron un acuerdo sobre las especificaciones pertinentes. Armenia, una
de las seis repúblicas no participantes, anunció su intención de volver a estar presente en
las negociaciones. El nuevo tratado fue firmado el 20 de agosto.
La causa inmediata del intento de golpe de estado de agosto de 1991 fue impedir que se
firmara el tratado de la Unión. Aparentemente quienes planearon el golpe comenzaron a
reunirse tan sólo dos días antes de que éste fuera anunciado.71 Estos veían el tratado
como la abolición final del estado de la Unión Soviética. Entre los cabecillas del golpe
se incluyeron prácticamente todos los oficiales máximos de la administración de
Gorbachev, con la excepción de Gorbachev mismo. entre los participantes se hallaban el
Vice-Presidente Yanaev, el Primer Ministro Pavlov, el jefe de la KGB Vladimir
Kryuchkov, el Ministro de Defensa Dmitry Yazov, el Comandante en Jefe de las
Fuerzas Armadas Soviéticas, General Valentin Varennikov, y hasta el jefe de gabinete
de Gorbachev, Valery Boldin.
Además de preservar un gobierno central fuerte, los líderes del golpe también indicaron
que detendrían la marcha hacia el capitalismo. Denunciaron “el florecimiento de la
especulación” e insistieron en que la “gente debe decidir qué sistema social debe existir,
pero se estaban haciendo intentos para privarla de este derecho”. Los líderes del golpe
reclamaron la protección de los derechos al trabajo, a la educación, a la salud y a la
vivienda para los trabajadores. No obstante, no hicieron ninguna referencia al Partido
Comunista.72 Actuaron en nombre del gobierno, no del partido. Todos estos líderes
golpistas eran oficiales del gobierno antes que del partido.
En la declaración oficial de los líderes del golpe, así como en sus declaraciones en una
conferencia de prensa en el primer día del golpe de estado, trató de asegurar a la opinión
pública soviética que iban a preservar al menos algunas de las reformas que se habían
introducido con Gorbachev. Se comprometieron a apoyar la diversidad económica,
incluyendo un papel para la “empresa privada”. Uno de los líderes golpistas, Alexander
Tizyakov, cabeza de una asociación de empresas estatales, insistió en que “la política de
reformas hacia una economía de mercado no sería revertida”. El Vicepresidente Yanaev
aseguró a los periodistas que “la política que fue iniciada en 1985 por Mikhail
Gorbachev será continuada”.73
Sin embargo, independientemente de la imagen que los líderes golpistas pueden haber
procurado proyectar, el intento de golpe fue entendido en la Unión Soviética como una
última tentativa de resucitar el viejo sistema de pre-perestroika. Puesto que ellos habían
apartado al principal promotor de un socialismo reformado y democratizado, el
presidente Gorbachev, no podían reclamar el manto reformista de este último. La fuerte
representación de oficiales militares y de fuerzas de seguridad en la dirección del golpe
de estado reforzó la impresión de que se trataba de un intento de traer de vuelta el
antiguo régimen.
Los acontecimientos que siguieron al intento de tomar el poder muestran claramente el
equilibrio de fuerzas que existió entre los partidarios de las tres direcciones principales
de desarrollo para la Unión Soviética en agosto de 1991. Los defensores de la vuelta al
viejo sistema hicieron su movimiento decisivo, a pesar de que contaban con un magro
apoyo tanto entre la población como dentro de la elite política. Mientras en la mayor
parte de la Unión Soviética, fuera de Moscú y San Petersburgo, el golpe encontró poca
oposición activa al principio, tampoco esto movilizó ningún tipo de apoyo activo. Los
líderes de la segunda y la cuarta repúblicas más grandes de la Unión Soviética, la
Ucrania de Leonid Kravchuk y el Kazajstán de Nursultan Nazarbaev, adoptaron la
actitud de esperar y observar. Tan pronto como una activa y determinada oposición
apareció en Moscú, se hizo evidente la vacilación de los golpistas para tomar medidas
enérgicas, y el golpe colapsó rápidamente. El fracaso total del golpe para reunir a la
elite política en torno de la causa por la recuperación del viejo sistema fue la
confirmación final de la deserción masiva del sistema.
Los partidarios activos de un socialismo reformado y democratizado, a pesar de las
pruebas de que tal dirección del cambio era la más popular de todos entre el común de
la gente, se encontraron, sin embargo, tan marginados como los partidarios del viejo
régimen. Los esfuerzos de reforma de Gorbachev no lograron nunca ir más allá de la
cumbre. Se había fallado a la hora de movilizar a las masas de trabajadores ordinarios
en cuyo nombre las reformas habían sido emprendidas. Estos permanecieron como
observadores pasivos. Con Gorbachev bajo arresto domiciliario, no hubo aumento de la
oposición a los planificadores del golpe por ese lado.
De todas formas, Yeltsin y la coalición pro-capitalista se opusieron inmediatamente al
golpe desde sus fortalezas en la capital de la nación. Parado sobre un camión blindado,
Yeltsin declaró que el golpe era un acto ilegal y reclamó un justo castigo para sus
arquitectos.74 Convocó a una huelga general en oposición al golpe.75 Una multitud se
reunión rápidamente alrededor de la “Casa Blanca”, el edificio que alojaba al
parlamento ruso. Unas pocas unidades militares llegaron al lugar para proteger el
parlamento. La multitud que defendían la “Casa Blanca” fue estimada inicialmente en
torno de las 20.000 personas, muy por debajo del tamaño de las demostraciones
anteriores que habían tenido lugar en Moscú.76 Parecía ser la confrontación final acerca
de qué sistema habría de prevalecer en el país. El Vicepresidente ruso Alexandr Rutskoi
dijo a los manifestantes que “o empezamos a vivir como el resto del mundo, o seguimos
autoproclamándonos como ‘la opción socialista’ y ‘la perspectiva comunista’ y vivimos
como cerdos”.77 El ex-colaborador de Gorbachev, Alexander Yakovlev, y su ex-ministro
de Relaciones Exteriores, Shevardnadze, se unieron a la multitud en la Casa Blanca. 78
Un hombre de negocios ruso manifestó que algunos de los nuevos capitalistas de Rusia
se unieron a la lucha, junto con algunos corredores de bolsa que estaban ayudando a
organizar las demostraciones de fuerza fuera de la Casa Blanca el 19 de agosto. 79 La
situación de doble poder que existía en latencia desde la elección de Yeltsin en mayo de
1990 como presidente del parlamento ruso ahora emergía como una realidad. La Vieja
Guardia se había apoderado de las riendas del estado soviético, mientras Yeltsin y la
coalición pro-capitalista defendían desafiantemente la República rusa. Gorbachev y los
socialistas reformistas quedaban fuera de la confrontación.
Los líderes golpistas fueron incapaces de tomar alguna acción decisiva ante el desafío
que planteaban Yeltsin y sus seguidores. No arrestaron a Yeltsin al inicio del golpe, ni
tampoco montaron un ataque contra el edificio del parlamente en donde se hallaba
encerrado. Ni siquiera tomaron el control de todas las comunicaciones en el país,
permitiendo a los opositores organizarse en contra de ellos. Algunos observadores
atribuyeron estos lapsus a la inoperancia. De todas maneras, resulta difícil creer que un
grupo de líderes máximo del gobierno, del ejército y del aparato de seguridad del
superpoder soviético fueran totalmente incapaces de realizar tareas organizativas
relativamente simples que se requerían para hacer efectivo el golpe.
Parece, en realidad, que los líderes golpistas cayeron rápidamente en la cuenta de que
contaban con un pequeño apoyo dentro de la elite política. Es probable que fueran
incluso vagamente conscientes de esta situación antes de actuar, pese a lo cual pudieron
haber considerado que no podían rendirse sin hacer al menos algún movimiento para
detener el desmantelamiento del sistema. Aparentemente esperaban que, o bien
Gorbachev se les uniera, prestándoles legitimidad, o bien el Congreso de los Diputados
del Pueblo pudiera aprobar su acción. Sus problemas no radicaban en una falta de
competencia sino en la ausencia de todo apoyo político activo más allá de su pequeño
círculo. En cuanto advirtieron la magnitud del aislamiento en que se encontraban,
simplemente se rindieron. Pugo se suicidó y los demás fueron arrestados sin oponer
resistencia.
Cuando el golpe de estado fracasó, Gorbachev fue liberado de su arresto domiciliario en
Crimea y retornó a Moscú para asumir el control, o eso era lo que él esperaba.
Gorbachev condenó a los organizadores del golpe y agradeció a Yeltsin y a los
diputados rusos por haberlos detenido. También reafirmó su compromiso con el
socialismo y se comprometió a purgar al Partido Comunista de “fuerzas
reaccionarias”.80
No obstante, la rápida derrota del intento golpista demostró lo débil que era el apoyo
dentro de la elite política tanto hacia la Vieja Guardia como hacia el proyecto reformista
de Gorbachev. Yeltsin y sus aliados, habiendo vencido a la Vieja Guardia, se daban
cuenta ahora de que podían hacer a un lado a Gorbachev y a la Unión. Sin una base
legal mayor de la que poseían los líderes golpistas, Yeltin firmó un decreto transfiriendo
a Rusia la propiedad de todos los bienes que se hallaban en territorio ruso. Hizo arriar la
bandera soviética e izar la bandera tradicional de Rusia. Suspendió al Partido Comunista
y sus periódicos dentro de Rusia.81 En pocos días Gorbachev fue forzado a renunciar
como líder del Partido Comunista y a convocar al comité central del partido para
disolverlo. Poco después, Yeltsin empujó a Gorbachev a destituir al Congreso Soviético
de los Diputados del Pueblo y transferir la autoridad central a los presidentes de la
República y un consejo legislativo designado.82 En realidad, ya no quedaba del gobierno
de la Unión nada excepto una persona, el presidente Gorbachev.
Gorbachev pasó los meses siguientes intentado en vano conservar algún tipo de unión
entre las repúblicas. Pero tan pronto como Yeltsin tomó el control de las instituciones y
bienes soviéticos, ya no había más ninguna unión a la cual pudieran pertenecer. Sin
querer ser parte de un imperio abiertamente ruso, el deseo de abandonar la Unión fue
apoderándose de casi todas las repúblicas, y una a una fueron declarando su
independencia.83 Aquellos líderes republicanos que habían retenido el papel de jefe del
Partido Comunista siguieron el ejemplo de Rusia, proscribiendo al Partido Comunista
en sus territorios y adoptando de una identidad nacionalista. Por ejemplo, el presidente
de Uzbekistán, Islam Karimov, simplemente cambió el nombre del Partido Comunista
por el de Partido Democrático Popular, el cual adquirió todas las posesiones del ex-
Partido Comunista de Uzbekistán y fue conducido por el mismo dirigente.84
Yeltsin enterró finalmente los últimos esfuerzos que pretendían concretar una nueva
Unión a principios de diciembre. Él mismo se hizo cargo de las finanzas de las
burocracias del Kremlin. Entonces se unió con los líderes de las otras dos repúblicas
eslavas, Ucrania y Bielorrusia, para anunciar la disolución final de la Unión Soviética y
la formación de una lábil “Comunidad de Estados Independientes”, abierta a todas las
ex-repúblicas soviéticas pero sin ningún papel para el presidente soviético Gorbachev.
El 25 de diciembre de 1991, Gorbachev renunció como presidente soviético, y el día 31
la Unión Soviética cesó formalmente de existir.
La revolución desde arriba
El sistema soviético fue barrido en un proceso que involucró poca violencia real o
derramamiento de sangre. Un sistema socioeconómico entero fue desmantelado y uno
de los dos estados-nación más poderosos del mundo fue desmembrado, de manera
relativamente pacífica, mientras el mundo perdía el aliento en la incredulidad. Este
proceso califica sin ninguna duda como una revolución, aunque una revolución de un
tipo especial.
Muchas veces en la historia los sistemas socioeconómicos fueron derrumbados por
revoluciones producidas desde abajo. En una revolución clásica, las víctimas de escasos
recursos de un sistema social se levantan, derrotan al viejo grupo dirigente, derrocan el
sistema por el cual el grupo gobernante se había pronunciado, y comienza la difícil tarea
de construir un nuevo sistema para reemplazar al viejo. La Revolución Francesa es el
prototipo de semejante acontecimiento histórico en el mundo moderno y la Revolución
Rusa de 1917 es el ejemplo del siglo XX.
Aunque el sistema de estado socialista en la Unión Soviética fue anulado por una
revolución de clase, no resultaba en nada comparable con el tipo clásico de revolución.
La caída de este sistema formó parte de un proceso social muy diferente. Se trató de una
revolución desde arriba. Una parte decisiva del viejo grupo gobernante tomó distancia
respecto de sus lealtades previas y atacó el sistema por medio del cual había gobernado.
La elite política tuvo aliados en esta revolución -toda revolución implica alianzas de
grupos y clases-. La coalición pro-capitalista contó también con el apoyo de la
intelligentsia, los economistas y la nueva clase de propietarios de empresas privadas
-todos los cuales eran grupos privilegiados dentro de la sociedad soviética, en prestigio
o en riqueza material-. La intelligentsia y los economistas sobre todo jugaron un papel
crítico en el proceso revolucionario, como hemos visto.85 De todos modos, la elite
política fue el actor decisivo en esta coalición. La elite política suministró las figuras
centrales del gobierno de la República de Rusia que emergió como el poder
representativo dual de la coalición pro-capitalista. La nueva clase capitalista surgió
predominantemente de la elite política. Y fue el apoyo de la elite política para la
transición al capitalismo lo que permitió al final desarmar y derrotar a las otras dos
facciones.
Es difícil encontrar un suceso histórico reciente que se asemeje a la Revolución Rusa de
1991. La Restauración Meiji en Japón durante 1868 guarda cierta semejanza con ella.
Consistió en la toma del poder por un grupo dentro de la clase feudal dominante de
Japón como consecuencia de la humillación japonesa por el poderío militar superior de
Occidente. Los nuevos gobernantes estaban determinados a reemplazar el sistema
feudal con el capitalismo dinámico establecido en Occidente. Así fue como abolieron
las instituciones clave del viejo sistema, incluyendo los privilegios de clase y el sistema
feudal de tenencia de la tierra. Sentaron las bases para el desarrollo capitalista usando el
estado para construir rieles y telégrafos y para emprender la construcción de industrias
nuevas.86
No obstante, la Restauración Meiji presenta importantes diferencias con el rechazo de la
elite soviética hacia el estado socialista en favor del capitalismo. Un grupo disidente
dentro de la elite feudal de Japón, compuesto por una mezcla de samurais, cortesanos y
grandes terratenientes, tuvo que luchar en una guerra durante dos años para ganar el
poder durante 1866-1868, lo cual contrasta con la transición esencialmente pacífica en
la Unión Soviética. Además, Japón hizo su giro radical en respuesta a la humillación
política y militar a manos de poderes extranjeros, en tanto que la Unión Soviética era
una de las dos superpotencias mundiales, libre de cualquier amenaza de conquista
militar.
La singularidad del derrumbe soviético reside en la peculiar naturaleza del sistema
socialista de estado. Otros sistemas sociales poderosos de la historia tuvieron grupos
gobernantes que poseían los medios de producción del sistema y los empleaban más o
menos abiertamente para el beneficio del grupo dominante. El socialismo de estado fue
diferente a este respecto. Su grupo gobernante no era propietario de los medios de
producción y su legitimidad radicaba enteramente en la afirmación de que el sistema
servía a la gente ordinaria. Este grupo gobernante estaba vinculado a su sistema
solamente por vínculos históricos, culturales y sentimentales que resultaron débiles
cuando confrontaron con el autointerés material.
Hemos visto que una serie de factores puramente coyunturales, de factores accidentales
desempeñaron un papel en el derrumbe soviético. El pobre diseño de las reformas
económicas de Gorbachev fue uno de esos factores. Otro factor fue la peculiar
estructura multinacional del estado soviético, que fomentó el mismo nacionalismo que
buscaba domesticar. Un factor más fue la ambición personal y los talentos personales de
una persona, Boris Yeltsin.
Si la Unión Soviética no hubiera sido un estado multinacional basado en muchas
repúblicas nacionales diferentes -como, por ejemplo, no lo fue China, el otro estado
gigante gobernado por un Partido Comunista-, entonces el colapso de este sistema
socioeconómico podría no haber envuelto una desintegración de su estado. La
desintegración del estado soviético fue un subproducto de la ubicación dentro de la
República rusa del núcleo de la coalición pro-capitalista que se levantó en los años de la
perestroika y del hecho accidental de que el camino más seguro al poder para aquella
coalición requería desmantelar al estado soviético.87
Los múltiples factores accidentales que estuvieron involucrados en el derrumbe
soviético ocurrieron dentro de un proceso sistemático que tomó lugar durante 1985-
1991. Ese fue el proceso de liberar a la elite soviética de la estricta disciplina jerárquica
en la que había existido desde la formación del sistema soviético, un
desencadenamiento que era requerido por el proceso de reforma democrática de
Gorbachev. Una vez liberada, la elite política rápidamente se percató de que no tenía
nada para ganar con la preservación del sistema socioeconómico existente, en tanto que
tenía todo para ganar a partir de su desmantelamiento.
Sin embargo, las elites no siempre se salen con la suya. En la primavera de 1991, la
mayoría del pueblo soviético expresó, en encuestas de opinión pública y referéndum, su
oposición a vivir bajo el capitalismo y su deseo de conservar el estado de la Unión. Pero
las encuestas y el referéndum generalmente no determinan la dirección de las
transformaciones sociales profundas. Más allá de la óptica que el individuo promedio
pudiera tener sobre el futuro deseado para el país, el sistema soviético había engendrado
pasividad en los ciudadanos soviéticos comunes y ninguna tradición de participación
política activa había sobrevivido entre ellos. A pesar de aquellos dichos en que
Gorbachev se había referido a la perestroika como una “revolución”, nunca fue capaz de
movilizar a la gente corriente a la cual en 70 años de gobierno jerárquico del Partido
Comunista se le había enseñado a mantenerse al margen de la política y a desconfiar de
los líderes. El estilo de operar de Gorbachev fue la maniobra burocrática, no la
movilización de masas. Su intento de reformar y democratizar el socialismo utilizando
el Partido Comunista como instrumento, con su larga historia de altibajos y desgobierno
burocrático, probablemente hicieron imposible la movilización de los individuos
corrientes en un apoyo activo del socialismo reformista que predicaba, por más que sus
objetivos podían haber apelado a ellos.
Esto dejó a la elite política, junto con sus aliados entre la intelligentsia, en posición de
determinar el destino del sistema soviético en 1991. Una vez que estas características
estructurales del sistema soviético fueron comprendidas, el final sorpresivo hacia el que
fue conducido por la perestroika, así como la rapidez sorpresiva y pacífica del
desenlace, dejaron de parecer sorpresivos.
Cuando la Unión Soviética fue desintegrada, Yeltsin y la coalición pro-capitalista se
encontraron en libertad para abolir las instituciones remanentes del estado socialista y
comenzar con seriedad la tarea de construir el capitalismo en Rusia. A pesar de ello, sin
que lo supieran los nuevos líderes triunfantes de Rusia, enormes obstáculos los
esperaban en el camino elegido.
11. Conflicto político
Pocos meses después de su emergencia como estado nacional independiente, Rusia se
convirtió en un escenario de conflictos políticos incesantes. Estos últimos fueron
producidos por las consecuencias directas e indirectas de la decisión de construir un
sistema capitalista en Rusia, y particularmente por la adopción de una terapia de choque
para lograr ese objetivo. El rol de la elite política en este proceso contribuye a explicar
el curso de las políticas rusas en el período inmediatamente posterior a la caída
soviética. Este capítulo examina varios desarrollos importantes en Rusia en dicho
momento desde la siguiente perspectiva: (1) la emergencia de la llamada posición
centrista y la respuesta a ella del gobierno de Yeltsin; (2) el cambio en el equilibrio del
poder dentro de la oposición desde los centristas a los comunistas; (3) la tendencia hacia
un régimen crecientemente autoritario en Rusia. Tal vez el desarrollo más destacable en
esos años sea el resurgimiento del Partido Comunista como serio contendiente por el
poder.
La oposición centrista
Inicialmente, el plan de la “terapia de choque”* en Rusia no fue enfrentado por una
oposición significativa. En noviembre de 1991, el Congreso Ruso de los Diputados del
Pueblo decidió, por una abrumadora mayoría, la aprobación de la estrategia económica
de Yeltsin y la concesión a su promotor de poderes especiales para llevarla a cabo. Sin
embargo, dado que el viceprimer ministro Gaidar y su grupo de economistas liberales
occidentalistas comenzaron a trabajar en los planes específicos para la liberalización de
los precios y fuertes recortes en el gasto estatal y en los créditos, algunos funcionarios
empezaron a preocuparse. El vicepresidente Alexandr Rutskoi realizó en diciembre una
aguda crítica a la inexperiencia juvenil de Gaidar y su equipo, y los ridiculizó al
referirse a ellos como “un pequeño grupo de niños en pantalones cortos rosados y botas
amarillas”.88
Cuando los precios fueron liberados el 2 de enero de 1992, los rusos quedaron
impactados por los enormes saltos de los precios y la caída correspondiente de su poder
de compra. Dos semanas más tarde Ruslan Khasbulatov, presidente del parlamento
criticó al gobierno por “el incremento de precios incontrolado, anárquico, sin
regulación”, agregando que la forma en que las reformas iniciales habían sido llevadas
adelante era “completamente imprudente y muy apartada de la realidad”. En este punto
la crítica Khasbulatov no se aventuraba más allá del marco de la terapia de choque,
quejándose de que el gobierno no había logrado alcanzar una verdadera liberalización
de los precios.89
A pesar de estas críticas tempranas, la terapia de choque había disfrutado una suerte de
luna de miel en los primeros tres meses de 1992.90 Pero en abril muchos directores de
empresa de Rusia comenzaron a preocuparse por los efectos de largo plazo que la
terapia de choque podía generar en sus industrias. En junio se formó una nueva
organización, la Unión Cívica, bajo el liderazgo de Arkady Volsky.91 Volsky tenía
contactos cercanos con varios directores de empresa, y fue así como llegó a ser
conocida como el representante de las preocupaciones de los directores de empresas
acerca de la dirección de la política económica. Esta se convirtió en la organización más
influyente en una nueva oposición “centrista” a la política económica del gobierno, así
llamada por posicionarse a sí misma entre los defensores de la terapia de choque y la
oposición marginada de los comunistas y nacionalistas.
La oposición centrista no se opuso a los objetivos de construir un sistema capitalista.
Antes bien, objetó el recurso de la terapia de choque como herramienta adecuada para
alcanzar esas metas. Los centristas argumentaban que la terapia de choque estaba
destruyendo la industria rusa y empobreciendo a la población. Propusieron en su lugar
una estrategia gradualista que retendría un rol fuerte para el estado en la estabilización
de la economía, dirigiendo el proceso de transición y protegiendo los niveles de vida de
la población.
Los economistas de la Unión Cívica desarrollaron una serie de planes económicos
alternativos que asemejaba a la estrategia china en muchos aspectos.92 Clamaron por una
reintroducción de los órdenes estatales para revertir el colapso de la producción estatal;
el apoyo estatal a las grandes empresas para ayudarlas a reestructurarse y hacerse más
competitivas; una privatización gradual antes que rápida, con énfasis en la conversión
de administradores y obreros en propietarios; gran apoyo del estado a los pensionados y
trabajadores con salarios bajos; controles de precios y salarios en reemplazo de una
política monetaria de ajuste para frenar la inflación.93
Durante 1992 los centristas atrajeron gran atención de los medios, tanto en Rusia como
en Occidente. Como Rusia experimentaba una rápida inflación, un declive de la
producción y una caída real de los ingresos para la mayoría durante aquel año, el apoyo
a la posición centrista creció en el parlamento. En la víspera de una reunión importante
del Congreso de Diputados del Pueblo en diciembre, los centristas se convirtieron en un
bloque poderoso dentro del Congreso, recibiendo el apoyo de alrededor del 40 por
ciento de los diputados. Los apoyos del Partido Comunista y de las posiciones
nacionalistas también crecieron, rondando el 30 por ciento entre ambos, en tanto que los
sostenedores de la terapia de choque se vieron reducidos a alrededor del 20 por ciento
de los diputados.94 A finales de 1992, el presidente del parlamento, Khasbulatov, migró
hacia una posición centrista. Khasbulatov buscó utilizar los dos bloques opositores
principales, los centristas y los comunistas y nacionalistas, que en conjunto constituían
una amplia mayoría del parlamento, para presionar a Yeltsin, comprometiéndolo en un
cambio de la política económica del gobierno que tomara las líneas propuestas por los
centristas.
El ascenso de la oposición centrista refleja una división en la anteriormente unida
coalición pro-capitalista. Mientras que la mayor parte de la elite política apoyó la
construcción del capitalismo, nunca había habido entre ellos ninguna certeza acerca de
cuál era la mejor manera de proceder. Una vez que la terapia de choque comenzó a
imponer costos pesados sobre la industria rusa, la mayor parte de la otrora unida
coalición -particularmente los directores de empresa más preocupados por la
declinación industrial- empezaron a desafiar, no las metas del capitalismo, sino los
mecanismos que se habían adoptado para construirlo.
También parece que existió un componente ideológico en la división que representó la
oposición centrista. El estudio de Kullberg sobre la ideología de la elite moscovita en
junio de 1991, encontró que más de las tres cuartas partes de la misma estaban a favor
del capitalismo. Esta autora también advirtió que la mayoría pro-capitalista se escindió
en dos grupos diferentes, que pasaron a ser conocidos como “Occidentalistas” y
“Reformistas Moderados”. El primero de estos grupos estaba a favor tanto de una rápida
construcción del capitalismo como de una imitación de determinadas instituciones
occidentales. El segundo grupo, en tanto que también deseaba un sistema capitalista,
expresó mayor prudencia acerca de la velocidad con la cual debía hacerse la transición,
considerando que había que poner algo de atención a las características específicas de la
historia rusa para el diseño de la transición al capitalismo. 95 Kullberg señaló que
solamente la cuarta parte de los pro-capitalistas en su muestra eran occidentalistas,
mientras que los tres cuartos restantes eran reformistas moderados. El gobierno de
Yeltsin estuvo dominado por un grupo ideológico minoritario dentro de la elite pro-
capitalista, por lo que no resulta sorprendente que emergiera una división en su interior
una vez que la política de transformación veloz empezó a generar elevados costos
económicos.96
La respuesta del presidente Yeltsin a la oposición centrista
La respuesta del presidente Yeltsin al crecimiento de la oposición centrista tuvo varias
facetas. Primero, Yeltsin y Gaidar condenaron las propuestas de los nuevos centristas,
así como a aquellos que las hacían. Los centristas fueron caracterizados como
acosadores por un retorno al pasado soviético, una mirada que fue tomada rápidamente
por los medios occidentales. Los centristas fueron agrupados junto con la oposición
comunista y nacionalista, viendo en ellos la intención de realizar un trabajo conjunto
para traer de regreso el viejo sistema soviético. Esto significó una seria tergiversación
de la posición centrista. El programa de la Unión Cívica apoyó la continuación de la
privatización y la mercantilización. Estos no se opusieron a un futuro capitalista para
Rusia, sino que se opusieron a los métodos adoptados por Yeltsin y Gaidar.
En tanto que denunciaba las perspectivas de los centristas, Yeltsin incorporó al gobierno
durante 1992-94 una serie de administradores industriales y figuras políticas centristas.
Al comenzar el mes de junio de 1992, Yeltsin nombró a tres ex directores industriales,
que eran bien vistos por los círculos de la Unión Cívica, en altas posiciones del
gobierno. Vladimir Shumeiko, ex director de una gran fábrica de instrumentos de
medición en Krasnodar, fue nombrado como viceprimer ministro, y Viktor
Chernomyrdin y Georgi Khiza fueron nombrados como viceprimer ministros. En julio
Yeltsin designó para la presidencia del banco central a Viktor V. Gerashchenko, quien
parecía guardar simpatías con la crítica centristas a la terapia de choque. En diciembre
de ese año, enfrentando una creciente presión del parlamento, Yeltsin despidió al primer
ministro Gaidar y en su reemplazo designó a Chernomyrdin.
La designación de Chernomyrdin como primer ministro fue abrumadoramente aprobada
por el Congreso de los Diputados del Pueblo, dominado por los centristas. Antes que su
papel como economista académico, era su trayectoria como administrador y más tarde
ministro en la industria soviética de gas lo que complacía a los centristas. Chernomyrdin
expresó su apoyo por la economía de mercado, pero “sin empobrecer a nuestra gente…
Ninguna reforma funcionará si destruimos completamente la industria… Deberíamos…
centrar seriamente la atención en la producción”.97 Tales fueron los temas en los que los
centristas hicieron hincapié.
Gaidar regresó al gobierno como viceprimer ministro a cargo de la economía en
septiembre de 1993, mientras la disputa de Yeltsin con el parlamento estaba escalando
hacia la confrontación armada de octubre. Pero en enero de 1994, a continuación de la
victoria de la oposición en las elecciones parlamentarias de diciembre de 1993, Yeltsin
arrastró nuevamente su gobierno en favor de los ex directores industriales que parecían
simpatizar con la posición centrista. Gaidar volvió a dejar el gobierno, junto con el
ministro de finanzas Boris Fyodorov, quien había sido un defensor de la adhesión
estricta a los lineamientos de la terapia de choque.98 El ex ministro soviético de
metalurgia, Oleg Soskovets, fue nombrado viceprimer ministro. Parecía entonces que el
único dirigente que continuó defendiendo la terapia de choque fue el viceprimer
ministro Anatoly Chubais, el principal arquitecto del programa de privatización.
Chernomyrdin, quien sirvió como primer ministro desde diciembre de 1992, pareció
emerger con un poder mucho mayor en enero de 1994. El 20 de enero, Chernomyrdin
dio un discurso muy publicitado que parecía indicar un cambio drástico de la política.
Chernomyrdin anunció que “el período del romanticismo con el mercado había
terminado”. Mientras declaraba que “Rusia no volverá al pasado” y no “se alejará de
una economía de mercado”, observaba que “la transferencia mecánica de los métodos
económicos occidentales en suelo ruso habían hecho más daño que bien”.
Chernomyrdin prometió una política activa para combatir el colapso en la producción y
en los niveles de vida.99
Algunos cambios ocurrieron en las políticas de gobierno de aquellos años. En el área de
la política exterior, Yeltsin se encaminó hacia una retórica más nacionalista, después
una demostración de fuerza de los nacionalistas en las elecciones parlamentarias de
diciembre. Yeltsin se volvió mucho más crítico respecto de la propuesta de extender la
afiliación de la OTAN a las naciones de Europa del este. También pasó a estar menos
dispuesto a asentir de manera automática a las demandas políticas de Occidente.
La política económica del gobierno experimentó algunos ajustes menores después de
mediados de 1992.100 Pero a pesar de los principales cambios de personal y los anuncios
de políticas nuevas, no hubo ningún distanciamiento significativo de la estrategia de la
terapia de choque durante 1992-95. Tampoco fue modificada de manera significativa la
terapia de choque, y mucho menos abandonada, después de que Chernomyrdin se
convirtiera en primer ministro en diciembre de 1992, ni aún después de que la posición
de éste fuera fortalecida en enero de 1994. No hubo grandes cambios en política
monetaria o fiscal. No hubo expansión de la inversión pública ni tuvo lugar un apoyo a
la industria. No se introdujeron controles de precios y salarios. El gobierno continuó
rehusándose a pagar gran parte de su propia deuda a las empresas. No fue instituida la
extensión de los programas de protección social para socorrer a los trabajadores y
pensionados. Y en lugar de disminuir la privatización, en 1994, a pesar del dramático
discurso de Chernomyrdin parecía criticar la terapia de choque, la mayor parte de las
empresas estatales grandes y medianas fueron privatizadas. A fines de 1994, Gaidar y
Fyodorov concluyeron que Chernomyrdin, a quien una vez habían visto como un
enemigo a muerte de la transformación económica capitalista, no era tan malo después
de todo.
¿Por qué el gobierno ruso sostuvo la terapia de choque?
¿Por qué continuó en su sitio la terapia de choque a pesar de los cambios de personal en
el gobierno de Yeltsin? Una explicación posible es que Yeltsin retuvo el poder real.
Mientras el parlamento poseyó un poder potencial significativo durante 1992-93 bajo la
vieja constitución, Yeltsin gestionó para retener el control de la confección de la política
económica.101 Luego de que el parlamento fue disuelto en octubre de 1993, Yeltsin
gobernó sin ser desafiado durante algunos meses, hasta que la nueva constitución fue
aprobada y el nuevo parlamento fue electo en diciembre. Como explicaremos a
continuación, la nueva constitución otorgó casi todo el poder real a la oficina del
presidente.
En consecuencia, puede ser que Yeltsin haya respondido a la presión pública para que
se introdujeran cambios en la política económica haciendo algunas modificaciones
puramente cosméticas en el gabinete y haciendo pequeños cambios en la retórica,
evitando al mismo tiempo que Chernomyrdin realizara algún cambio sustancial. Esta
puede ser parte de la explicación, pero se requiere una respuesta a la pregunta de por
qué Yeltsin quiso seguir adhiriendo a la terapia de choque de cara a los problemas
económicos que ésta estaba causando y de su creciente impopularidad.
Una segunda interpretación explica la continuidad de la política económica al afirmar
que no existió una política alternativa viable. Mientras algunos de los que abogaban por
la terapia de choque, como Anders Åslund, insistían en que funcionaba bastante bien,
otros de sus defensores admitieron que había causado algunos problemas, pero
insistieron en que una alternativa sería todavía peor. Por lo tanto, según este argumento,
una vez formado el nuevo gobierno, siendo realistas, no tenía más remedio que
continuar con la terapia de choque.
Pero los críticos centristas insistieron en que una alternativa política de transición
gradual era posible e implicaría costos sociales más bajos. Tal alternativa fue seguida en
China con mucho éxito, aunque no puede conocerse con certeza si una política similar
habría funcionado en Rusia.102 El hecho de que nada se había intentado, a pesar de los
cambios de personal y las promesas de nuevas políticas, sugieren que el gobierno de
Chernomyrdin no estaba realmente dispuesto a hacer semejantes cambios, o bien que
fue imposibilitado de hacerlo por Yeltsin.
Aunque Yeltsin parecía no tener puntos de vista propios profundamente arraigados en
materia económica, fue su adopción temprana de la estrategia de una transformación
rápida al capitalismo lo que originalmente lo catapultó al poder. A pesar de sus efectos
negativos para la mayor parte del pueblo ruso y del peligro que suponía para la industria
rusa, la terapia de choque benefició altamente a una pequeña pero influyente parte de la
población, que tenía un fuerte interés en la continuación de la política asumida. Los
banqueros hicieron fortunas a través de la especulación en las condiciones creadas por
la terapia de choque.103 Los exportadores de materias primas hicieron lo mismo. Tanto
los operadores legales como los operadores ilegales en el entorno creado por la terapia
de choque temieron que las condiciones las bases de su enriquecimiento podían
desaparecer si Rusia cambiaba desde la dirección del estado por un curso de desarrollo
económico más gradual. Asimismo, las principales potencias occidentales,
particularmente los Estados Unidos, estaban dispuestas a pasar por alto cualquier
transgresión, siempre y cuando Yeltsin mantuviera firmemente el enfoque de la terapia
de choque.
En consecuencia, no resulta sorprendente que Yeltsin se rehusara a abandonar la terapia
de choque durante este período, a pesar de los problemas que estaba causando. Su
supresión habría significado el abandono de los nuevos ricos y de las potencias
occidentales, que constituían el apoyo central de Yeltsin.104 ¿Pero por qué los directores
industriales con vínculos en la coalición centrista aceptaron servir y permanecer en un
gobierno cuyas políticas eran rechazadas públicamente por ellos?
Los directores de empresas, que eran la base del desafío centrista en la oposición contra
la terapia de choque, parecían experimentar una creciente división a lo largo del tiempo.
Cuando los líderes centristas convocaron grandes reuniones de directores de empresas
durante 1992, estos demostraron estar lejos de conformar una oposición unificada para
la terapia de choque.105 La terapia de choque no afectó a todos los directores de
empresas de la misma manera. Las industrias del petróleo, gas, minerales y sectores del
metal, aunque perjudicados en la corta existencia de la terapia de choque, todavía
ofrecían un futuro prometedor. E incluso para los administradores industriales en
aquellos sectores en los que el futuro parecía sombrío, pesaba todavía la atracción de la
privatización rápida. Dado que la privatización procedió durante 1993 y 1994, y los
directores de empresas encontraron que las adquisiciones eran raras y los gerentes de
mayor edad se estaban convirtiendo en los nuevos amos independientes de la industria,
la oposición de muchos de ellos pareció menguar.106
Habiendo convocado a los industrialistas para que formaran parte del gobierno, Yeltsin
empleó una estrategia efectiva de elegir individuos de aquellas secciones de la industria
rusa a las que no les estaba yendo mal bajo la terapia de choque. Mientras la gran
mayoría de la industria rusa declinaba severamente, unos pocos sectores se reducían en
un grado menor.107 La producción de gas natural, que era la base de Chernomyrdin, cayó
sólo el 7 por ciento durante 1991-95,108 y la familia del primer ministro ganó la
reputación de haberse convertido en una familia muy adinerada a partir de la
privatización de Gazprom, el monopolio de gas natural.109 El viceprimer ministro, Oleg
Soskovets, provenía de la industria del acero. A algunos sectores de esta industria les
había ido relativamente bien mediante la venta de acero barato y de buena calidad en los
mercados internacionales.
La influencia de la oposición centrista se basó siempre más en la posición de poder
institucional de su base política principal, en los directores de las grandes empresas, que
en un apoyo amplio de los votantes comunes. Las elecciones de diciembre de 1993 y
diciembre de 1995 demostraron la debilidad de los centristas en las urnas (esto será
discutido más adelante). Yeltsin encontró posible ganarse a algunos de los líderes
centristas ofreciéndoles posiciones de confort y poder dentro del gobierno. Incluso
Arkady Volsky terminó integrando el gobierno de Yeltsin.110
La cambiante oposición política
Las políticas rusas pronto dieron nacimiento a un gran número de partidos políticos,
movimientos y coaliciones. Sus posiciones políticas cubrieron todos los puntos de vista
imaginables. De todas formas, la mayoría de las organizaciones políticas rusas fueron
pequeñas, y muchas de ellas se extinguieron poco tiempo después de su aparición.
Tres corrientes políticas centrales emergieron durante 1992. Una fue la que apoyó a
Yeltsin y Gaidar, un grupo que a menudo fue llamado en los medios como “reformistas
radicales” o “demócratas”. Los centristas, descriptos más arriba, fueron el segundo
agrupamiento importante. El tercer grupo fue una coalición de comunistas y
nacionalistas.
Al principio, los centristas parecían ser el sector más fuerte de la oposición política. Los
comunistas cayeron abiertamente en el descrédito a raíz de los errores del antiguo
régimen y unos pocos analistas pensaron que tenían algún futuro político. Sus
demostraciones fueron encabezadas en gran parte por personas de edad avanzada que se
hallaban disgustadas por la desaparición de la Unión Soviética. Los comunistas fueron
debilitados aun más por la escisión del Partido Comunista. La rama rusa del Partido
Comunista de la Unión Soviética había sido proscripta en Rusia, y varios partidos
diferentes rivalizaron por el manto político del socialismo. 111 Varias organizaciones
nacionalistas se volvieron también activas, aunque, como los comunistas, fueron
políticamente marginales.112
A pesar de que los comunistas y los nacionalistas habían sido tradicionalmente
adversarios, en 1992 muchos individuos y grupos de los dos campos comenzaron a
celebrar manifestaciones conjuntas, y fue así como se formó una alianza. Aunque
guardaban muchas diferencias, fueron unidos por su oposición a las políticas pro-
Occidente del gobierno de Yeltsin, el colapso de la base industrial de Rusia bajo el
impacto de la terapia de choque, y la pérdida del status de superpotencia.113 Esta
coalición, que con el tiempo tomó una variedad de formas organizativas, era conocida
entre sus oponentes como la alianza “roja-marrón”.
En febrero de 1993, tras el levantamiento de la prohibición del ex Partido Comunista en
Rusia, éste fue revivido bajo el nombre de Partido Comunista de la Federación Rusa
(PCFR). Dirigido por Gennady Zyuganov, devino rápidamente en la organización de
izquierda dominante, reclamando lealtad a los miembros más antiguos del PCUS en
Rusia que querían integrar el Partido Comunista. En el curso de 1993, el PCFR se corrió
desde la alianza con los nacionalistas hacia una posición más tradicionalmente
izquierdista, dando lugar a una mezcla de patriotismo moderado y apelaciones
socialistas.114 El PCFR se impuso pronto como el partido político más grande de Rusia,
contando con cientos de miles de miembros repartidos a lo largo de todo el país.
El primer año de la terapia de choque había propulsado a los centristas al papel de líder
en la oposición política, con los comunistas y nacionalistas decididamente como
compañeros menores. Pero después de un año más de la terapia de choque, los papeles
de los dos sectores principales de la oposición se invirtieron. Puede ser que los
centristas nunca hayan tenido una base popular numerosa entre los votantes, tal como
proponían algunos analistas. Parece ser que, como los años de una economía en rápido
declive avanzaba, la población llegó a mostrarse cada vez más favorable al ala más
radical de la oposición. Cuando el 12 de diciembre tuvieron lugar en la Rusia
independiente sus primeras elecciones parlamentarias, los centristas fueron empujados a
un lado por el resurgimiento de comunistas y nacionalistas. Dos años después, el 17 de
diciembre de 1995, los centristas continuaron descendiendo en tanto que los comunistas
se consolidaban como la fuerza política dominante en el parlamento.
Un número muy elevado de partidos participó en las elecciones de 1995, pero en ambas
elecciones hubo solamente cinco agrupamientos destacables. Uno fue el conformado
por los partidos pro-gobierno, que apoyaban la política económica de terapia de choque
y la política exterior pro-Occidente del gobierno de Yeltsin. Un solo partido importante
representó esta posición en los comicios de 1993, La Opción de Rusia, de Gaidar,
mientras que en la elección de 1995 un segundo partido pro-gobierno, Nuestra Casa es
Rusia, dirigido por el primer ministro Chernomyrdin, también participó en los comicios.
Un segundo grupo representó la posición centrista. En la elección de 1993, el Partido
Democrático de Rusia y el Partido de las Mujeres tuvieron programas centristas; para la
elección de 1995, el Congreso de las Comunidades Rusas se situó como el partido
centrista más publicitado.
Una tercera posición, entre los partidos pro-gobierno y centristas, fue ocupado por
Griogory Yavlinsky y sus seguidores en ambas elecciones. El partido “Yabloko” de
Yavlinsky criticó varios aspectos de las políticas del gobierno, pero fue más cauto que
los centristas al proponer alternativas claras.115 El PCFR fue el principal partido
comunista, pero existieron otros partidos cercanos aliados a él en ambas elecciones. El
Partido Agrario era visto como la rama rural del PCFR, y el partido Poder al Pueblo
había sido formado en 1995 por conocidas figuras cercanas al PCFR, incluyendo al ex
primer ministro soviético, Nikolai Ryzhkov. En ambas elecciones el mal llamado
Partido Demócrata Liberal de Vladimir Zhirinovsky ofreció al electorado un
nacionalismo extremo y una posición anti-occidental.
En las dos elecciones la mitad de las 450 bancas en la cámara baja del nuevo
parlamento, denominado Duma, fueron ocupadas en base a votos para los partidos
políticos.116 Las 225 bancas restantes fueron ocupadas por distritos electorales
geográficos, que podían ser concursadas por miembros de un partido o por
independientes. La figura 11.1 muestra cómo le fue a cada uno de estos cinco
agrupamientos en las elecciones. La parte (a) muestra los resultados de los votos por
partidos políticos, y la parte (b) señala la asignación del total de las 450 bancas de la
Duma entre las cinco agrupaciones.117
Figura 11.1 Resultados de las elecciones para la Duma, diciembre de 1993 y
diciembre de 1995.
Fuente: Comisión Electoral Central (Informe final preliminar del 29 de diciembre de 1995).
En 1993, Opción de Rusia; en 1995 Nuestra Casa es Rusia y Opción Democrática de Rusia
En 1993, bloque Yavlinsky-Boldyrev-Lukin; en 1995, Yabloko.
En 1993, Partido Democrático y Mujeres de Rusia; en 1995, Congreso de las Comunidades Rusas y
Mujeres de Rusia.
En 1993, PCFR y Partido Agrario; en 1995, PCFR, Partido Agrario, Comunistas Obreros de Rusia.
Para voto de partido, otros partidos; para las bancas en la Duma, otros partidos e independientes.
Antes de la elección de 1993, los medios habían predicho una victoria del partido de
Gaidar, La Opción de Rusia. Sin embargo, éste obtuvo tan solo el 15.4 por ciento del
voto de partido y el 16.9 por ciento de los asientos en la Duma. La sorpresa fue la
victoria del extremista nacionalista Zhirinovsky, cuyo Partido Demócrata Liberal
desafió las predicciones y ganó el 22.8 por ciento del voto de partido. Zhirinovsky
animó la campaña con una serie de afirmaciones escandalosamente beligerantes y
resultó premiado con el mayor número de votos.118 El PCFR y sus aliados del Partido
Agrario también tuvieron un buen desempeño, ganando el 12.4 por ciento y el 7.9 por
ciento del voto de partido respectivamente, con un total del 20.3 por ciento. Los partidos
centristas no tuvieron tan buenos resultados como se esperaba, ganando solamente 13.6
por ciento del voto de partido y el 9.3 por ciento de los asientos de la Duma. El partido
de Yavlinski obtuvo un pequeño pero respetable porcentaje. 119
La nueva Duma estuvo dominada por oponentes del gobierno, pero los comunistas y los
nacionalistas emergieron como fuerzas poderosas dentro de la oposición, con los
centristas decididamente debilitados. No obstante, las alianzas fueron complejas y
cambiantes. A pesar de la retórica rimbombante de Zhirinovsky, su partido a menudo a
apoyó al gobierno en cuestiones presupuestarias, y él mismo fue uno de los pocos que
en la Duma defendieron la campaña militar en Chechenia que Yeltsin puso en marcha
en diciembre de 1994.
En 1995, el presidente Yeltsin instruyó a su primer ministro, Viktor Chernomyrdin, para
que construyera el nuevo partido pro-gobierno, Nuestra Casa es Rusia. Así, en las
elecciones de diciembre de 1995, los rusos se encontraron con dos grandes partidos
oficialistas entre los que podían optar, La Opción de Rusia, de Gaidar, y el nuevo
partido de Chernomyrdin.120 A medida que la elección se aproximaba, con la
popularidad de Yeltsin descendiendo a causa de la crisis económica y la guerra en
Chechenia, los medios auspiciaron esta vez una fuerte presencia del nuevo partido
centrista, el Congreso de las Comunidades Rusas, encabezado por Yuri Skokov. Este
contó con la aprobación del popular general ruso Alexander Lebed, quien solía ser
mencionado como posible contendiente presidencial.
La campaña de Rusia es Nuestra Casa gastó dinero libremente en diciembre en
publicidad televisiva, Zhirinovsky reapareció con nuevas declaraciones escandalosas, y
los medios siguieron refiriéndose a las fuertes probabilidades del centrista Congreso de
las Comunidades Rusas. Los comunistas gastaron poco dinero, confiando en su
poderosa organización para difundir su mensaje. El resultado fue una pronunciada
victoria del PCFR, que ganó por sí solo el 22.3 por ciento del voto del partido y el 34.9
por ciento de las bancas. Como demuestra la figura 11.1, combinado con sus dos aliados
cercanos y con el grupo comunista más radical, los comunistas obtuvieron cerca de un
tercio del voto del partido y poco más del 40 por ciento de las bancas de la Duma.
Cuando las fracciones oficiales de la Duma se formaron tras la elección, la fracción del
PCFR, junto con las fracciones aliadas formadas por el Partido Agrario y Poder al
Pueblo, reunieron 221 diputados, pasando a estar a sólo cinco diputados de obtener la
mayoría entre los 450 diputados.121
En 1995 solamente cuatro partidos ganaron suficientes votos para pasar el 5 por ciento
de la cuota pautada para acceder a las bancas de la Duma a partir del voto de partido -el
PCFR (22.3 por ciento), el Partido Demócrata Liberal (11.2 por ciento), Nuestra Casa es
Rusia (10.1 por ciento), y Yabloko (6.9 por ciento). Opción Democrática de Gaidar
obtuvo solamente el 3.9 por ciento del voto de partido. Ningún partido centrista logró
pasar el umbral del 5 por ciento.
Los partidos centristas prácticamente desaparecieron en la nueva Duma, cosechando
menos del 2 por ciento de las bancas. Como muestra la figura 11.1, los dos partidos pro-
gobierno obtuvieron juntos menos votos y menos bancas en 1995 que los logrados por
Opción de Rusia en solitario en 1993. El Partido Demócrata Liberal de Zhirinovsky no
se extinguió, como algunos esperaban, pero sus votos se redujeron drásticamente a
partir de los niveles de 1993. El partido de Yavlinsky, que había criticado amargamente
a Yeltsin sobre Chechenia, apareció algo más fuerte en la Duma que en elecciones
pasadas. Pero los comunistas se convirtieron en la fuerza más poderosa de la política
rusa, bien posicionados en la carrera presidencial programada para junio de 1996.
Cuatro años de terapia de choque habían dividido la anteriormente unificada elite rusa y
había deprimido los niveles de vida de la mayoría de la población rusa. Estos
desarrollos, junto con otros efectos propios de la terapia de choque, condujeron a una
parte importante del electorado a votar por los comunistas, quienes habían sido tan
decisivamente rechazados tan sólo cinco años antes.
La tendencia al gobierno autoritario
La creación de unas instituciones democráticas en el último año de la Unión Soviética
jugó un rol crítico en el derrumbe del sistema. El intento de golpe de estado de agosto
de 1991 fue derrotado por el presidente electo de Rusia, Boris Yeltsin, y los líderes del
parlamento electo ruso. Estas instituciones democráticas dieron legitimidad política a
los oponentes del golpe. La defensa de la casa del parlamento, la Casa Blanca rusa, se
transformó en el símbolo de la derrota del viejo orden por el nuevo. Este último
proclamó la victoria de la democracia sobre el gobierno autoritario.
Tan sólo dos años más tarde, en septiembre de 1993, el mismo parlamento ruso, con los
mismos diputados que habían estado en funciones dos años antes, fue disuelto por orden
de la rama ejecutiva del gobierno -pero esta vez fue Boris Yeltsin quien ordenó la
disolución-. Los tanques atacaron la Casa Blanca el mes siguiente, y a continuación los
diputados que resistieron la disolución del parlamento fueron arrestados. Una vez más
un asalto a la Casa Blanca se convertía en el símbolo de un cambio de dirección en la
evolución política -pero esta segunda vez simbolizaba un regreso hacia el gobierno
autoritario.
La evolución política de Rusia desde 1992 hasta 1995, pese a algunos zigzags, siguió un
curso de constricción del rol de las instituciones democráticas en los niveles nacional y
local, y un movimiento de poder político hacia el Kremlin, el asiento tradicional de la
autoridad centralizada tanto en tiempos del zarismo como en tiempos del comunismo.
Este proceso se inició en 1992, tan pronto como los efectos de la terapia de choque
dividieron la otrora unificada elite rusa y provocaron el crecimiento de un significativo
movimiento de oposición.
A mediados de 1992, el parlamento ruso se hallaba reflejando el crecimiento de la
preocupación pública hacia los efectos de la terapia de choque -un papel que se espera
juegue un órgano legislativo elegido en un sistema democrático-. El parlamento acordó
con el presidente Yeltsin limitar el poder para gobernar por decreto, que éste había
empleado para llevar a cabo la terapia de choque. En la elección de 1991 que llevó a
Yeltsin a la presidencia a través del voto del electorado ruso entero le brindó una gran
legitimidad.122 Pero la constitución también garantizaba al parlamento un poder
significativo. Su cámara más grande, el Congreso de Diputados del Pueblo, fue en
muchos aspectos la rama suprema del gobierno bajo la constitución. El Congreso tenía
el derecho de enmendar la constitución e incluso de abolir el cargo de presidente. Podía
también, menos drásticamente, rescindir el derecho limitado gobernar por decreto, que
había sido extendido por Yeltsin en noviembre de 1991.
Durante la segunda mitad de 1992 el conflicto entre el parlamento y el presidente,
principalmente sobre política económica, creció con cada vez más fuerza. Yeltsin
comenzó a acusar al parlamento de ser un obstáculo para la reforma económica. Lanzó
la idea de un referéndum para decidir quién debía ser el supremo, si el presidente o el
Congreso de Diputados del Pueblo. La batalla entre el presidente y el parlamento llegó
a un punto límite en el mitin del Congreso de Diputados del Pueblo de diciembre de
1992. Con los poderes extraordinarios de Yeltsin prontos a expirar, los riesgos eran
altos. Después de que una medida para transferir la autoridad sobre los nombramientos
claves del gobierno desde el presidente al Parlamento falló por un solo voto, se alcanzó
un acuerdo. El Congreso permitió a Yeltsin mantener sus poderes para gobernar por
decreto por el momento, y un referéndum popular sobre cuestiones constitucionales que
deseaba Yeltsin estaba previsto para abril de 1993. En cambio, Yeltsin acordaba
reemplazar a Gaidar por Chernomyrdin como primer ministro.
Pero no hubo ningún cambio en la política económica posterior al cambio de gabinete, y
con el continuo declive de la industria rusa, las relaciones entre el presidente y el
parlamento volvieron a deteriorarse. En marzo de 1993, Yeltsin anunció repentinamente
un “orden especial de gobierno” que parecía implicar la disolución del parlamento pero
rápidamente dio marcha atrás a causa de la crítica generalizada y de la incertidumbre
respecto de qué harían las fuerzas armadas en caso de una confrontación entre el
presidente y el parlamento. En respuesta a la acción de Yeltsin, se realizó una sesión de
emergencia del Congreso en el mismo mes. Esta removió algunos de los poderes de
Yeltsin y quedó a 72 votos (de aproximadamente 1.000 diputados) de elevar un juicio
político al presidente. Después de la votación fallida por el juicio político, el diputado
nacionalista Sergei Baburin destacó en los pasillos que el Congreso acababa de
“cometer suicidio”, observación que sería probada seis meses más tarde. 123
Después de marzo de 1993 las relaciones entre Yeltsin y el parlamento se deterioraron
aun más. Existieron disputas sobre numerosos temas, incluyendo la política exterior y
las cuestiones constitucionales, así como también la política económica. Un comité del
parlamento estuvo preparando un nuevo borrador de la constitución basado sobre una
forma parlamentaria de gobierno similar a la que tenía Gran Bretaña, en tanto que
Yeltsin y sus seguidores favorecían una república presidencial fuerte. La mayoría
parlamentaria quiso realizar cambios en la política y trató de defender su derecho
constitucional para desempeñar un papel mayor en el gobierno, mientras Yeltsin
consideraba sus aseveraciones como intolerables.
El referéndum de abril de 1993, que Yeltsin había querido hacer originalmente para
consensuar sobre cuestiones constitucionales, se convirtió en cambio en un concurso de
popularidad entre el presidente y el parlamento. En la boleta se presentaban cuatro
cuestiones, consultando a los votantes del estado si ellos (1) tenían “confianza” en el
presidente; (2) “aprueban las políticas socioeconómicas” del gobierno; (3) querían
elecciones anticipadas para presidente; (4) querían elecciones anticipadas para el
parlamento. Yeltsin parecía creer que el referéndum podía resolver su problema con el
parlamento.
Yeltsin tenía confianza en que podía salir ganando en el referéndum. El presidente tuvo
poder significativo sobre los medios, a los que utilizó agresivamente para promocionar
su voto de “da, da, nyet, da”, convertido en un jingle que dominó las señales. Yeltsin
buscó persuadir al pueblo de que las dificultades asociadas con los cambios económicos
eran una deuda de la obstrucción del parlamento a sus planes, y que el estancamiento
podía ser quebrado, pues las reformas iban a funcionar. Las encuestas demostraron que,
a pesar de la caída que había sufrido la popularidad de Yeltsin con el correr del tiempo,
todavía retenía una significativa popularidad personal, derivada de su liderazgo en la
batalla contra el PCUS y su resistencia al intento golpista de agosto de 1991. El
amargamente divido y rebelde parlamento era decididamente menos popular ante el
público.
La tabla 11.1 señala los resultados del referéndum. Los cuatro puntos del referéndum
obtuvieron una avalancha de votos por el “sí”, aunque la participación no fue
suficientemente alta para hacer vinculantes los votos sobre las consultas 3 o 4. La
posición del presidente ganó sobre tres de las consultas; solamente perdió en el punto 3
(elecciones presidenciales anticipadas).
Yeltsin tomó los resultados como una victoria, pero no eran tan claros como él sugería.
Mientras las consultas 1 y 2 dieron a Yeltsin un fuerte apoyo en Moscú y San
Petersburgo, donde vivía la mayor parte de los beneficiarios del nuevo orden, el apoyo
era mucho más débil en cualquier otra parte de Rusia. Yeltsin perdió en esas dos
mismas consultas en más de la mitad de las regiones de Rusia.124 El referéndum mostró
una profunda división pública en su visión del presidente y de su política económica.
Tabla 11.1: Resultados del referéndum del 25 de abril de 1993
Fuente: Sakwa (1993, p. 428)
Quizás el resultado del referéndum persuadió a Yeltsin de que podía moverse con
decisión para poner fin a las tablas. Yeltsin no tenía medios constitucionales para
librarse por sí mismo del parlamento o para ponerlo bajo su control. Tras el fin del
período de vacaciones tradicional de agosto, Yeltsin actuó. El 2 de septiembre de 1993
suspendió al vicepresidente Rutskoi, recurriendo al pretexto de cargos de corrupción
que una comisión designada por Yeltsin había elevado en su contra.125 El 18 de
septiembre, Yeltsin nombró a Gaidar viceprimer ministro a cargo de la economía. El 21
de septiembre anunció la disolución del parlamento, estableciendo que las elecciones
debían ser celebradas el 12 de diciembre para elegir un nuevo parlamento y ratificar una
nueva constitución.
La historia de la confrontación entre el presidente y el parlamento que siguió fue
contada con eficacia en otros lugares.126 La confrontación terminó el 4 de octubre con
los tanques disparando a la Casa Blanca, casa del parlamento, y continuó con el arresto
de los diputados que se había rehusado a abandonar el edificio. Yeltsin había triunfado.
Mientras hay acuerdo en que Yeltsin carecía de bases constitucionales o legales para sus
acciones, defendió su procedimiento afirmando que era el único camino para resolver
las tablas y derrotar finalmente las fuerzas remanentes del bolchevismo en Rusia. Los
gobiernos occidentales, incluyendo la administración de Clinton, lo apoyaron,
argumentando que el parlamento ruso representaba el último respiro del viejo régimen
soviético mientras que Yeltsin representaba la reforma democrática y económica.
El predominio de las fuerzas centristas en el parlamento en 1992-93 hizo que esta
interpretación fuera difícil de sostener. La coalición roja-marrón tenía el apoyo de una
minoría definida de los diputados. La oposición del parlamento a Yeltsin no se planteó
desde un deseo de instaurar de nuevo el viejo régimen. El parlamento reflejaba el
creciente descontento en una gran parte de la población con los efectos de la terapia de
choque. El bloque mayoritario en la posición parlamentaria quería en 1992-93 la
adopción instrumentos diferentes, más graduales, para la construcción del sistema
capitalista, y su propósito era presionar a Yeltsin para que modificara la política en
aquella dirección. Yeltsin violó la constitución y aplastó al primer parlamento
genuinamente democrático que tuvo Rusia con el fin de hacer a un lado las críticas
sobre sus políticas -las cuales, como lo demostró el referéndum de abril, reflejaban las
miradas de una parte sustancial de la población.127
En los dos meses siguientes a la disolución del parlamento, Yeltsin estaba cerca de tener
el poder absoluto en Rusia. Suspendió la corte constitucional, dejando su oficina como
el único recurso de la autoridad política a nivel federal. Yeltsin suspendió las
legislaturas locales y regionales, muchas de las cuales se habían opuesto a su disolución
del parlamento. Removió a los administradores regionales que se habían opuesto a él y
nombró reemplazantes dóciles. Forzó a renunciar al líder de la federación de sindicatos
de Rusia, Igor Klochkov, y le advirtió a la federación que se mantuviera fuera de la
política si quería sobrevivir. Prohibió 18 organizaciones comunistas y nacionalistas y
cerró 15 periódicos.128
En esta atmósfera casi de poder presidencial absoluto, Yeltsin abandonó los esfuerzos
anteriores de elaborar una nueva constitución para Rusia a través de un proceso de
discusión abierta, debate y compromiso. En cambio, un pequeño círculo de sus más
cercanos asesores escribió un nuevo borrador de la constitución rusa, sin participación
pública en el proceso. El borrador de la constitución debía ser aprobado o rechazado en
la elección de diciembre de 1993.
Mientras que antes Yeltsin había clamado por una constitución que creara una república
democrática con una presidencia fuerte, sobre el modelo francés o norteamericano, el
borrador de la nueva constitución fue muy diferente. Este creaba un sistema
presidencial, con una legislatura muy débil, en gran medida con funciones de
asesoramiento, diferente de cualquier sistema fundado en países considerados
democráticos. La cámara baja de la nueva legislatura fue igualmente llamada “Duma”,
que recordaba el cuerpo sin poder bajo el régimen zarista antes de la revolución.
La nueva constitución otorgaba al presidente el derecho de dictar decretos vinculantes,
siempre y cuando no entrara en conflicto con las disposiciones constitucionales o las
leyes aprobadas por la legislatura.129 Pero a la nueva legislatura (la Asamblea Federal)
no le resultaría fácil aprobar ninguna ley, ya que ésta debía ser apoyada no solamente
por una mayoría de aquellos que se presentaban y votaban en cada cámara de la
legislatura -el procedimiento normal en los cuerpos legislativos democráticos-, sino por
una mayoría del total de los miembros de cada cámara. Este nuevo giro tuvo el efecto de
hacer muy difícil aprobar leyes, dejando el campo abierto para los decretos
presidenciales.
De manera similar, la derogación de un veto presidencial requería del voto de dos
tercios del total de los miembros, no solamente de aquellos que estaban presentes y
votaban. Esto hacía que la derogación de los vetos fuera prácticamente imposible, a
menos que la legislatura fuera casi unánime en este sentimiento. El único poder
significativo otorgado al nuevo parlamento fue la aprobación del presupuesto. Una
disposición particularmente nueva estableció que si la cámara baja pasaba un voto de
desconfianza al gobierno dos veces, entonces, antes de que dimitiera el gobierno, el
presidente podría disolver el parlamento.
En consecuencia, el desenlace de la victoria de Yeltsin sobre el Congreso de Diputados
del Pueblo, incorporado en el nuevo borrador de la constitución, era un régimen
presidencial autoritario con unas pocas características democráticas. Para ser adoptado
bajo las reglas dispuestas por Yeltsin, la nueva constitución debió ser aprobada por una
mayoría de los votantes en las elecciones de diciembre de 1993, con al menos el 50 por
ciento del electorado elegible que concurría a votar. Un voto negativo o una baja
participación hubieran dejado la nueva constitución en el limbo.
El 25 de diciembre de 1993, el gobierno anunció que la constitución había sido
aprobada por el 58.4 por ciento de los votantes, con un 54.8 por ciento de
participación.130 De todas formas, existió una fuerte impresión de que se había cometido
fraude. Ya que los resultados se comunicaban después de la jornada electoral, la
Comisión Electoral Central mantuvo reducida de la cifra oficial del electorado.131 En
Rusia se creía ampliamente que la participación en realidad había estado por debajo del
50 por ciento.
La mayoría de los partidos de la oposición, tanto el centrista como el comunista,
denunciaron el propósito de la nueva constitución como antidemocrática. Incluso
muchos críticos moderados y algunos defensores tradicionales de Yeltsin expresaron su
preocupación. Irónicamente, sólo un partido principal de la oposición dio su apoyo a la
aprobación de la nueva constitución durante la elección -el Partido Democrático Liberal
de Zhirinovsky-. Zhirinovsky defendió por completo el régimen presidencial dictatorial.
Dado el monopolio del poder en manos de Yeltsin en los meses previos a la elección de
diciembre de 1993 -y la dominación del gobierno de los medios de comunicación,
particularmente la televisión-, resulta destacable que la oposición fuera capaz de obtener
una victoria tan abrumadora en la votación parlamentaria. Parece que entre el voto del
referéndum de abril y el voto parlamentario de diciembre, el apoyo público a las
políticas de Yeltsin y Gaidar decayó significativamente. Pero bajo la nueva
constitución, el rechazo popular a aquellas políticas tuvo un efecto pequeño. El nuevo
parlamento tuvo un poder limitado para cambiar las políticas del gobierno.
Esto se hizo evidente cuando Yeltsin decidió en diciembre de 1994 usar las fuerzas
armadas para reprimir la reivindicación de independencia de la república de Chechenia
respecto de Rusia. Mientras algunos rusos eran favorables a permitir que Chechenia
abandonara la Federación Rusa, hubo poco apoyo popular a la acción militar de Yeltsin
contra la república rupturista.132 Esto fue reflejado en el parlamento, donde la oposición
fue expresada no sólo por los diputados centristas y comunistas y muchos nacionalistas,
sino también por aquellos que antes habían constituido el núcleo del apoyo a Yeltsin. El
ex primer ministro Gaidar condenó bruscamente el asalto, rompiendo efectivamente
relaciones con Yeltsin.133 Pero la oposición parlamentaria tuvo escaso impacto sobre los
eventos. Al contrario, cuando Yeltsin declaró el estado de emergencia en Chechenia en
noviembre de 1991, la oposición del ex parlamento lo obligó a renunciar rápidamente a
ello.134
La decisión de Yeltsin de emprender la acción militar en Chechenia fue anulada por el
parlamento, pero también por el primer ministro Chernomyrdin y su gabinete. En
cambio, Yeltsin tomó la decisión a través de un órgano presidencial, el Consejo
Nacional de Seguridad, en el cual los llamados “ministros de poder” (las cabezas de
seguridad interna, inteligencia exterior y el Ministerio de Defensa) creían ejercer una
gran influencia.135 Algunos vincularon este cuerpo a un nuevo “politburó”, manteniendo
encuentros secretos donde se tomaban decisiones cruciales que afectaban el destino de
Rusia. Como la guerra en Chechenia se prolongó, cobrándose muchas vidas y
destruyendo las ciudades centrales de Chechenia, la popularidad de Yeltsin se hundió a
cifras de un solo dígito en las encuestas de opinión pública.136 Yeltsin apareció en
público con cada vez menor frecuencia.137
El aparato presidencial creció continuamente con mayor fuerza desde la independencia
de Rusia. Alexander Korzhakov, un ex agente de la KGB que encabezaba la guardia de
la seguridad armada del presidente, se convirtió en uno de los asesores más influyentes
de Yeltsin.138 El 2 de diciembre de 1994, una unidad de la guardia presidencial atacó la
oficina central del grupo financiero Most, golpeando al jefe de sus fuerzas de seguridad.
El grupo Most controlaba NTV, la red de televisión independiente de Rusia, que
transmitía programas críticos y sátiras sobre el gobierno de Yeltsin. Los trabajadores de
los medios rusos consideraron este ataque como una amenaza para aquellos que
criticaban al gobierno.139
Por qué la democracia se estancó en Rusia
Se puede explicar la marcha hacia el gobierno autoritario emprendida de inmediato tras
el derrumbe soviético por el peso del pasado ruso. Rusia tuvo un millar de años de
autocracia, bajo los zares y el Partido Comunista. Sin embargo, el pueblo ruso parecía
rechazar esta herencia de manera decisiva durante 1985-91. La Rusia independiente
comenzó su vida en 1992, con jóvenes pero saludables y prometedoras instituciones
democráticas. Citar la historia no es suficiente como explicación, pues la historia no
consiste enteramente en continuidades. Algunas de las democracias industriales de hoy,
como Francia y Alemania, tuvieron una larga tradición autoritaria en el pasado. Se debe
explicar qué presiones específicas condujeron a Rusia de vuelta hacia tradiciones
políticas previas a 1985.
En Occidente se cree comúnmente que el capitalismo y la democracia se hallan
inseparablemente unidos. En efecto, hay un caso que puede tomarse como ejemplo de
tal vinculación. Históricamente, la democracia parlamentaria moderna se desarrolló a lo
largo de Europa conjuntamente con el capitalismo moderno. Uno puede argumentar que
las instituciones de propiedad privada y trabajo libre que constituyen la base del
capitalismo y un sistema político de elecciones libres y derechos civiles individuales
funcionaron efectivamente juntos en Europa occidental, Norteamérica y algunas otras
partes del mundo durante un prolongado período de tiempo.140 Pero esta vinculación no
es no es absoluta. El capitalismo ha prosperado en algunos países con estados
autoritarios, como en Singapur, Corea del Sur, Brasil y Chile. Rusia parece estar en un
lugar en el cual el capitalismo y la democracia no van de la mano.
La democratización en la Unión Soviética y Rusia emergió primero en los años ochenta,
no a partir del desarrollo del capitalismo, sino del proyecto de reforma de Gorbachev.
Las instituciones que fueron genuinamente democráticas, aunque imperfectas, fueron
desarrolladas en la Unión Soviética durante 1989-91. La democracia era vista por
Gorbachev y sus asociados como el elemento perdido en el socialismo soviético, cuya
ausencia había impedido que el socialismo llegara a su verdadero potencial. La
democratización fue perseguida, no como un fin en sí mismo, sino como un instrumento
para construir un socialismo que pudiera finalmente cumplir la promesa que había
atraído a tanta gente hacia la causa socialista a través de los años: la promesa de una
sociedad en la cual el pueblo pudiera ejercer su soberanía no sólo en el estado sino
también en la economía.
La derrota de Gorbachev y la asunción de Yeltsin marcaron un cambio desde la reforma
del socialismo hacia la construcción del capitalismo. Este fue un giro enorme en la
agenda económica. El asunto ahora era privatizar los bienes del estado y renunciar a la
responsabilidad colectiva del bienestar individual. La propiedad de los bienes de
producción fue rápidamente transferida de la propiedad pública a la propiedad de una
nueva clase de capitalistas adinerados. Mientras Yeltsin defendía la democracia como la
vía para llegar al poder, una vez que hubo logrado el poder, aquella entró
crecientemente en conflicto con su proyecto central de construir el capitalismo -y
particularmente con el esfuerzo de construir el capitalismo con los instrumentos de la
terapia de choque-.
Durante 1992-95, este enfrentamiento se hizo cada vez más evidente. El parlamento
ruso de 1990-93, cuyo poder institucional rivalizaba con el del presidente, y el cual
reflejaba las reacciones de diversos grupos de la población que fueron perjudicados por
la terapia de choque, devino un obstáculo para el proceso de construcción rápida del
capitalismo -y Yeltsin fue barrido a un lado-. Toda institución que permitía la expresión
del poder popular se convirtió en un impedimento para la transformación que la
dirección estaba tratando de efectuar. La democracia otorgaría a la mayoría el poder
potencial para detener el proceso de su desposesión y empobrecimiento. Mientras que
un estado democrático puede ser consistente con un capitalismo maduro y establecido,
el mismo presenta varios problemas para el proceso de construcción rápida del
capitalismo en un ex estado de sociedad socialista, tal como era Rusia.
Esto explica por qué Yeltsin, a pesar de un deseo probablemente genuino de reproducir
en Rusia la democracia como se conformaron a través de las instituciones capitalistas de
Occidente, fue conducido al establecimiento de elementos democráticos
progresivamente restringidos en el nuevo sistema ruso. Algunos intelectuales rusos
discutieron abiertamente este problema y ofrecieron apoyo hacia aquello a lo que se
referían como la opción “Pinochet”, que simbolizaba para ellos el uso de un
autoritarismo indiscriminado del poder estatal para imponer una rápida transición al
capitalismo.141
Bibliografía
Abalkin, Leonid (1991) “The Market in a Socialist Economy,” in Anthony Jones and
William Moskoff (eds) The Great Market Debate in Soviet Economics, Armonk,
NY: M. E. Sharpe.
Albert, Michael and Hahnel, Robin (1991a) Looking Forward: Participatory
Economics for the Twenty-First Century, Boston: South End Press.
—— (1991b) The Political Economy of Participatory Economics, Princeton, NJ:
Princeton University Press.
—— (1992) “Socialism As It Was Always Meant To Be,” Review of Radical Political
Economics 24, 3–4: 46–66.
Alter, J. (1994) “Not-So-Smart Intelligence,” Newsweek 7 March.
Amsden, Alice (1989) Asia’s Next Giant: South Korea and Late Industrialization,
Oxford: Oxford University Press.
Amsden, Alice, Kochanowicz, Jacek, and Taylor, Lance (1994) The Market Meets Its
Match: Restructuring the Economies of Eastern Europe, Cambridge, Mass.: Harvard
University Press.
Androshin, Alexandr (1992) “Hermes Takes on the World,” Delovie lyudi (Business
People), February.
Åslund, Anders (1990) “How Small Is Soviet National Income?’ in Henry S. Rowen
and Charles Wolf, Jr. (eds) The Impoverished Superpower: Perestroika and the Soviet
Military Burden, San Francisco: Institute for Contemporary Studies Press.
—— (1991) “The Making of Economic Policy in 1989 and 1990,” in Hewett and
Winston (1991a).
—— (1995) How Russia Became a Market Economy, Washington, DC: Brookings.
Bardhan, Pranab and Roemer, John E. (1992) “Market Socialism: A Case for
Rejuvenation,” Journal of Economic Perspectives 6, 3: 101–16.
Barnett, Vincent (1991) “Conceptions of the Market among Russian Economists: A
Survey,” Soviet Studies 44, 6: 1087–98.
Batsanova, Galina (1992) “Mikhail Gura’s American Dream,” Delovie lyudi (Business
People), June.
—— (1994) “Yakov Dubenetsky: Not the Average Banker,” Delovie lyudi (Business
People), April.
Becker, Abraham C. (1994) “Intelligence Fiasco or Reasoned Accounting?: CIA
Estimates of Soviet GNP,” Post-Soviet Affairs 10, 4: 291–329.
Bergson, Abram (1961) The Real National Income of Soviet Russia since 1928,
Cambridge, Mass.: Harvard University Press.
Berliner, Joseph S. (1976) The Innovation Decision in Soviet Industry, Cambridge,
Mass.: The MIT Press.
—— (1992) “The Pace of Privatization,” in U.S. Congress Joint Economic Committee
The Economies of the Former Soviet Union, Washington DC: US Government Printing
Office.
Bettelheim, Charles (1976) Class Struggles in the USSR, volumes 1 and 2, New York:
Monthly Review Press.
Bilenkin, Vladimir (1995) “The Ideology of Russia’s Rulers in 1995: Westernizers and
Eurasians,” Monthly Review 47, 5: 24–36.
Bivens, Matt and Bernstein, Jonas (1999) “The Russia You Never Met, Part 2,”
Johnson’s Russia List, No. 3068, 24 February. Online: http://www.cdi.org/russia/
johnson/3068.html (accessed 13 April 2006).
Blasi, Joseph R., Kroumova, Maya, and Kruse, Douglas (1997) Kremlin Capitalism:
The Privatization of the Russian Economy, Ithaca and London: Cornell University
Press.
Boretsky, Michael (1987) “The Tenability of the CIA Estimates of Soviet Economic
Growth,” Journal of Comparative Economics 11: 517–42.
—— (1990) “Reply: CIA’s Queries about Boretsky’s Criticism of Its Estimates of
Soviet Economic Growth,” Journal of Comparative Economics 14: 315–26.
Bowles, Samuel and Gintis, Herbert (1987) Democracy and Capitalism: Property,
Community, and the Contradictions of Modern Social Thought, New York: Basic
Books.
Bowles, Samuel, Gordon, David M., and Weisskopf, Thomas E. (1990) After the
Wasteland: A Democratic Economics for the Year 2000, Armonk, NY: M. E. Sharpe.
Brudny, Yitzhak M. (1991) “The Heralds of Opposition to Perestroyka,” in Hewett and
Winston (1991b).
—— (1993) “The Dynamics of ‘Democratic Russia’, 1990–1993,” Post Soviet Affairs
9, 2: 141–70.
Bush, Keith (1991) “El’tsin’s Economic Reform Program,” Report on the USSR 3, 46:
1–6.
Chamberlin, William Henry (1965) The Russian Revolution 1917–1921, volume 1, New
York: Grosset and Dunlap.
Chang, Ha-Joon (2002) Kicking Away the Ladder: Development Strategy in Historical
Perspective, London: Anthem.
Chiesa, Giulietto (1990) “The 28th Congress of the CPSU,” Problems of Communism
39, 4: 24–38.
Clarke, Simon, Fairbrother, Peter, Burawoy, Michael, and Krotov, Pavel (1993) What
about the Workers? Workers and the Transition to Capitalism in Russia, London:
Verso.
Cliff, Tony (1988 [1948]) State Capitalism in Russia, London: Bookmarks.
Cohen, Stephen F. (1985) Rethinking the Soviet Experience: Politics and History since
1917, New York: Oxford University Press.
Communist Party of the Russian Federation (1995) Programma kommunisticheskoi
partii Rossiiskoi Federatsii, Moscow, 22 April.
Compendium of Social Statistics and Indicators (1988), New York: United Nations,
Department of International Economic and Social Affairs, Statistical Office.
Conquest, Robert (1968) The Great Terror: Stalin’s Purge of the Thirties, London: The
Macmillan Company.
Dallin, Alexander (1992) “Causes of the Collapse of the USSR,” Post Soviet Affairs 8,
4: 279–302.
Daniels, Robert V. (1993) The End of the Communist Revolution, London: Routledge.
Davies, R. W. (1991) “Soviet Economic Reform in Historical Perspective,” in Catherine
Merridale and Chris Ward (eds) Perestroika: The Historical Perspective, London:
Edward Arnold.
Davies, R. W., Harrison, Mark, and Wheatcroft, S. G. (eds) (1994) The Economic
Transformation of the Soviet Union 1913–1945, Cambridge: Cambridge University
Press.
Dawisha, Karen and Parrott, Bruce (1994) Russia and the New States of Eurasia: The
Politics of Upheaval, Cambridge: Cambridge University Press.
Devine, Pat (1988) Democracy and Economic Planning, Cambridge: Polity Press.
—— (1992) “Market Socialism or Participatory Planning,” Review of Radical Political
Economics 24, 3–4: 67–89.
Di Leo, Rita (1991) “The Soviet Union 1985–1990: After Communist Rule the
Deluge?,” Soviet Studies 43, 3: 429–49.
Directorate of Intelligence (1988a) Handbook of Economic Statistics: 1988,
Washington, DC: Central Intelligence Agency.
—— (1988b) Revisiting Soviet Economic Performance under Glasnost: Implications
for CIA Estimates, SOV 88–10068, Washington, DC: Central Intelligence Agency,
September.
Djilas, Milovan (1957) The New Class: An Analysis of the Communist System, London:
Thames and Hudson.
Dobb, Maurice (1963) Studies in the Development of Capitalism, New York:
International Publishers.
Economic Commission for Europe (1995) Economic Survey of Europe in 1994–1995,
New York and Geneva: United Nations.
Economic Report of the President Washington, DC: United States Government Printing
Office, various years.
Ellman, Michael (1986) “The Macro-economic Situation in the USSR – Retrospect and
Prospect,” Soviet Studies 38, 4: 530–42.
—— (1993) “Russia: The Economic Program of the Civic Union,” RFE/RL Research
Report 2, 11–12: 34–45.
—— (2000) “The Russian Economy under El’tsin,” Europe-Asia Studies 52, 8: 1417
32.
Ellman, Michael and Kontorovich, Vladimir (eds) (1992a) The Disintegration of the
Soviet Economic System, London and New York: Routledge.
—— (1992b) “Overview,” in Ellman and Kontorovich (1992a).
—— (1998) The Destruction of the Soviet System: An Insiders’ History, Armonk, NY:
M.E. Sharpe.
Embree, Gregory J. (1991) “RSFSR Election Results and Roll Call Votes,” Soviet
Studies 43, 6: 1065–84.
Eurasian Commonwealth and Eastern Europe: Monthly Report, private subscription
newsletter by Professor Stanislav Menshikov, Economics Department, Academy of
Sciences, Moscow, email: [email protected].
European Bank for Reconstruction and Development (2002) Transition Report Update
2002, London: European Bank for Reconstruction and Development
Farmer, Kenneth C. (1992) The Soviet Administrative Elite, New York: Praeger.
Field, Mark G., Kotz, David M., and Bukhman, Gene (2000) “Neoliberal Economic
Policy, State Desertion, and the Russian Health Crisis,” in J.Y. Kim, J.V. Millen, A.
Irwin, and J. Gershman (eds) Dying for Growth: Global Inequality and the Health of
the Poor, Monroe, ME: Common Courage Press.
Filtzer, Donald (1994) Soviet Workers and the Collapse of Perestroika: The Soviet
Labour Process and Gorbachev’s Reforms, 1985–1991, Cambridge: Cambridge
University Press.
Folbre, Nancy (1995) The New Field Guide to the U.S. Economy: A Compact and
Irreverent Guide to Economic Life in America, New York: The New Press.
Forbes (2005) “The Forbes Global 2000,” 31 March. Online: http://www.forbes.com/
lists/2005/03/30/05f2000land.html (accessed 10 April 2006).
Freeland, Chrystia (2000) Sale of the Century: Russia’s Wild Ride from Communism to
Capitalism, New York: Crown Business.
“From Destruction to Construction. Russia’s Road to the 21st Century: Main Provisions
of the Social and Economic Program of G.A. Zyuganov, Candidate for President of
Russia from the Popular Patriotic Forces” (2006) unpublished campaign document.
Fukuyama, Francis (1993) “The Modernizing Imperative: The USSR as an Ordinary
Country,” The National Interest special issue, 31: 10–18.
Galbraith, John Kenneth (1990) “Revolt in Our Time: The Triumph of Simplistic
Ideology,” in Gwyn Prins (ed.) Spring in Winter: The 1989 Revolutions, Manchester:
Manchester University Press.
Garraty, John A. and Gay, Peter (eds) (1985) The Columbia History of the World, New
York: Harper and Row.
Gellner, Ernst (1983) Nations and Nationalism, Ithaca, NY: Cornell University Press.
Goldman, Marshall I. (1994) Lost Opportunity: Why Economic Reforms in Russia Have
Not Worked, New York: W. W. Norton.
—— (2003) The Piratization of Russia: Russian Reform Goes Awry, London and New
York: Routledge.
Gorbachev, Mikhail (1987) “On the Party’s Tasks in Fundamentally Restructuring
Management of the Economy,” Reprints from the Soviet Press 45, 2–3: 3–65.
—— (1988) Perestroika: New Thinking for Our Country and the World, New York:
Harper and Row.
—— (1991) “On the Draft of the New CPSU Program,” report to the Plenary Session of
the CPSU Central Committee on 25 July 1991. The Current Digest of the Soviet Press
43, 30: 2–6.
—— (1996) Memoirs, New York: Doubleday.
Gordon, David M., Edwards, Richard, and Reich, Michael (1982) Segmented Work,
Divided Workers: The Historical Transformation of Labor in the United States,
Cambridge: Cambridge University Press.
Gregory, Paul R. and Stuart, Robert C. (1990) Soviet Economic Structure and
Performance, fourth edition, New York: Harper and Row.
Guriev, Sergei, and Rachinsky, Andrei (2005) “The Role of Oligarchs in Russian
Capitalism,” Journal of Economic Perspectives 19, 1: 131–50.
Gustafson, Thane (1985) “The Origins of the Soviet Oil Crisis, 1970–1985,” Soviet
Economy 1, 2: 103–35.
Gwertzman, Bernard and Kaufman, Michael T. (eds) (1992) The Decline and Fall of
the Soviet Empire [selected articles from The New York Times], New York: Times
Books.
Hahn, Gordon M. (1994) “Opposition Politics in Russia,” Europe–Asia Studies 46, 2:
305–35.
Handelman, Stephen (1995) Comrade Criminal: Russia’s New Mafiya, New Haven:
Yale University Press.
Hanson, Philip (1990) “Property Rights in the New Phase of Reforms,” Soviet Economy
6, 2: 95–124.
Harrison, Mark (1993) “Soviet Economic Growth since 1928: The Alternative Statistics
of G. I. Khanin”, Europe–Asia Studies 45, 1: 141–67.
Hauslohner, Peter A. (1991) “Gorbachev’s Social Contract,” in Hewett and Winston
(1991b).
Hayek, F. A. (1944) The Road to Serfdom, Chicago: University of Chicago Press.
Hersh, Seymour M. (1994) “The Wild East,” The Atlantic Monthly June: 61–80.
Hewett, Ed A. (1988) Reforming the Soviet Economy: Equality versus Efficiency,
Washington DC: The Brookings Institution.
—— (1991a) “Gorbachev’s Economic Strategy: A Preliminary Assessment,” in Hewett
and Winston (1991a).
—— (1991b) “Radical Perceptions of Perestroyka,” in Hewett and Winston (1991a).
Hewett, Ed A. and Winston, Victor H. (eds) (1991a) Milestones in Glasnost and
Perestroyka: The Economy, Washington, DC: The Brookings Institution.
—— (1991b) Milestones in Glasnost and Perestroyka: Politics and People,
Washington, DC: The Brookings Institution.
Hobsbawm, E. J. (1990) Nations and Nationalism since 1780: Programme, Myth,
Reality, Cambridge: Cambridge University Press.
Horvat, Branko (1982) The Political Economy of Socialism: A Marxist Social Theory,
Oxford: Martin Robertson.
Hough, Jerry F. (1987) “Gorbachev Consolidating Power,” Problems of Communism
36, 4: 21–43.
—— (1991) “The Politics of Successful Economic Reform”, in Hewett and Winston
(1991b).
—— (1994) “Russia – On the Road to Thermidor,” Problems of Post-Communism 41,
Fall: 26–32.
—— (1997) Democratization and Revolution in the USSR, 1985–1991, Washington,
DC: Brookings Institution Press.
Hough, Jerry F. and Fainsod, Merle (1979) How the Soviet Union Is Governed,
Cambridge, Mass.: Harvard University Press.
International Monetary Fund (1992a), Economic Review: The Economy of the Former
USSR in 1991, Washington, DC: The International Monetary Fund.
—— (1992b) Economic Review: Russian Federation, Washington DC: The
International Monetary Fund.
—— (1993) Economic Reviews 1993: Russian Federation, Washington DC: The
International Monetary Fund.
—— (1995a) Economic Reviews 1994: Russian Federation, Washington DC: The
International Monetary Fund.
—— (1995b) Russian Federation – Statistical Appendix, IMF Staff Country Report
95/107, Washington DC: International Monetary Fund.
Istoriia Kommunisticheskoi Partii Sovetskogo Soiuza (1977), second edition, Institut
Marksizma–Leninizma pri TsK KPSS, Glavnoe upravlenie geodezii i kartografii pri
Sovete Ministrov SSSR, Moscow: GUGK.
Jamestown Foundation (2000) Fortnight in Review 6, 13. Online:
http://www.jamestown.org/publications_details.php?
volume_id=32&issue_id=2475&article_id=19712 (accessed 5 April 2006).
Johnson, Simon and Kroll, Heidi (1991) “Managerial Strategies for Spontaneous
Privatization,” Soviet Economy 7, 4: 281–316.
Joint Economic Committee, US Congress (1982) USSR: Measures of Economic Growth
and Development, 1950–1980, Washington DC: US Government Printing Office,
December.
—— (1990) Measures of Soviet Gross National Product in 1982 Prices, Washington
DC: US Government Printing Office, November.
—— (1993) The Former Soviet Union in Transition, volume 1, Washington DC: US
Government Printing Office.
Jones, Anthony and Moskoff, William (1989) “New Cooperatives in the USSR,”
Problems of Communism 38, 6: 27–39.
Josephson, Matthew (1962) The Robber Barons: The Great American Capitalists,
1861–1901, New York and London: Harcourt Brace Jovanovich.
Kagarlitsky, Boris (1992) The Disintegration of the Monolith, trans. Renfrey Clarke,
London: Verso.
—— (1996) “Russia Chooses – and Loses,” Current History, October. Online:
http://www.currenthistory.com/archiveoct96/Kagarlitsky.html.
—— (2002) Russia Under Yeltsin and Putin, London: Pluto Press.
Karasik, Theodore W. (1992) USSR Facts and Figures Annual, volume 17, Gulf
Breeze, Fla: Academic International Press.
Karklins, Rasma (1994) “Explaining Regime Change in the Soviet Union,” Europe–
Asia Studies 4, 1: 29–45.
Khanin, G. I. and Seliunin, V. (1987) “Lukavayay tsifra,” Novyi mir 2.
Kim, Younkyoo (2003) The Resource Curse in a Post-Communist Regime: Russia in
Comparative Perspective, Hants (UK) and Burlington (USA): Ashgate.
Klebnikov, Paul (2000) Godfather of the Kremlin: Boris Berezovsky and the Looting of
Russia, New York: Harcourt.
Koen, Vincent (1994) “Measuring the Transition: A User’s View on National Accounts
in Russia,” IMF Working Paper, January.
Kontorovich, Vladimir (1992a) “The Railroads,” in Ellman and Kontorovich (1992a).
—— (1992b) “Technological Progress and Research and Development,” in Ellman and
Kontorovich (1992a).
—— (1993) “The Economic Fallacy,” The National Interest special edition, 31: 35–45.
Kotz, David M. (1978) Bank Control of Large Corporations in the United States,
Berkeley: University of California Press.
—— (1992) “Alternativa shokovoi terapii: postepennyi reguliruemyi perekhod k
pynochnoi ekonomike” (“An Alternative to Shock Therapy: Gradual Transition to the
Market”), Voprocy ekonomiki (Problems of Economics) December: 130–6.
—— (2003) “Sources and Features of the ‘Uzbek Growth Puzzle,’ ” in Giovanni
Andrea Cornia (ed.) Growth and Poverty Reduction in Uzbekistan: United Nations
Development Programme Report. Online: http://www.undp.org/poverty/docs-
propoor/uzbekistan-report/uzbekistan-contents.htm (accessed 29 April 2006).
—— (2005) “The Role of the State in Economic Transformation: Comparing the
Transition Experiences of Russia and China,” in Chinese in Issues of Contemporary
World Socialism September: 3–14; and in Russian as “Gosudarstvo i ekonomicheckaya
transformatsiia: rossiiskii i kitaiskii opyt perekhoda k pynku,” in Vestnik Sankt-
Peterburgskogo universiteta (Bulletin of St. Petersburg University) 5, 2: 1–16.
Kotz, David M., McDonough, Terrence, and Reich, Michael (eds) (1994) Social
Structures of Accumulation: The Political Economy of Growth and Crisis, Cambridge:
Cambridge University Press.
Kotz, David M. with Weir, Fred (1997) Revolution from Above: The Demise of the
Soviet System, London and New York: Routledge.
Kozlov, Nicholas N. (1996) “Financial Reform in the Former USSR,” in A. Ugrinsky
and J. Hickey Government Structures in the USA and the Sovereign States of the
Former USSR, Westport, Conn.: Greenwood Press.
Kregel, Jan A. and Matzner, Egon (1992) “Agenda for Reconstruction of Central and
Eastern Europe,” Challenge September–October: 33–40.
Kryshtanovskaya, Olga (1994a) “Transformatsiia staroi nomenklatury v novuiu
rossiiskuiu elitu: Doklad,” (Transformation of the Old Nomenklatura into a New
Russian Elite: Report) unpublished conference paper: Moscow, November.
—— (1994b) “Transformatsiia staroi nomenklatury v novuiu rossiiskuiu elitu: Tezisy
doklada,” (Transformation of the Old Nomenklatura into the New
Russian Elite: Thesis of the Report) unpublished paper: Moscow, May.
Kto est’ kto v Rossii (1993) Moscow, Izdatel’skii Dom “Novoe Vremia.”
Kullberg, Judith S. (1994) “The Ideological Roots of Elite Political Conflict in Post-
Soviet Russia,” Europe–Asia Studies 46, 6: 929–53.
Kuznets, Simon (1963) “A Comparative Appraisal,” in Abram Bergson and Simon
Kuznets (eds) Economic Trends in the Soviet Union, Cambridge, Mass.: Harvard
University Press.
Laibman, David (1992) “Market and Plan: Socialist Structures in History and Theory”,
Science and Society 56, 1: 60–91.
Lane, David (1970) Politics and Society in the USSR, London: Weidenfeld and
Nicolson.
—— (1988) “Ruling Class and Political Elites: Paradigms of Socialist Societies,” in
David Lane (ed.) Elites and Political Power in the USSR, Aldershot, Hants: Edward
Elgar.
Lane, David and Ross, Cameron (1994a) “The Composition of the Politburo of the
CPSU: 1966 to 1991,” Coexistence 31: 29–61.
—— (1994b) “Limitations of Party Control: The Government Bureaucracy in the
USSR,” Communist and Post-Communist Studies 27, 1: 19–38.
Lange, Oskar (1938 [1936–37]) “On the Economic Theory of Socialism,” in Oskar
Lange and Fred M. Taylor On the Economic Theory of Socialism, New York: McGraw-
Hill.
Leijonhufvud, A. (1993) “Depression in Russia,” New Left Review 199: 120–6.
Levine, Herbert S. (1983) “Possible Causes of the Deterioration of Soviet Productivity
Growth in the Period 1976–1980,” in Joint Economic Committee, United States
Congress Soviet Economy in the 1980’s: Problems and Prospects, part 1, Washington
DC: US Government Printing Office.
Levy, M. (1994a) “The Legislative Bodies: Who Takes Precedence?,” Moscow Times 2
January: 9.
—— (1994b) “Lawmaking Loopholes: Who Takes Precedence?,” Moscow Times 19
January: 9.
Lewin, Moshe (1985) The Making of the Soviet System: Essays in the Social History of
Interwar Russia, New York: Pantheon Books.
—— (1991) The Gorbachev Phenomenon, Berkeley: University of California Press.
—— (1995) Russia/USSR/Russia: The Drive and Drift of a Superstate, New York: The
New Press.
Ligachev, Yegor (1993) Inside Gorbachev’s Kremlin: The Memoirs of Yegor Ligachev,
New York: Pantheon Books.
Litchfield, Gideon (2004) “Having It Both Ways: A Survey of Russia,” The Economist,
special report, 22 May.
Lohr, Eric (1993) “Arkadii Volsky’s Political Base,” Europe–Asia Studies 45, 5: 811–
29.
McAuley, Alastair (1977) “The Distribution of Earnings and Incomes in the Soviet
Union,” Soviet Studies 29, 2, April: 214–37.
—— (1979) Economic Welfare in the Soviet Union, Madison: University of Wisconsin
Press.
McAuley, Mary (1992) “Politics, Economics, and Elite Realignment in Russia: A
Regional Perspective,” Soviet Economy 8, 1: 46–88.
McFaul, Michael and Markov, Sergei (eds) (1993) The Troubled Birth of Russian
Democracy, Stanford, Calif.: The Hoover Institution Press.
Malia, Martin (1994) The Soviet Tragedy: A History of Socialism in Russia, 1917–1991,
New York: The Free Press.
Marx, Karl (1967) Capital, Volume I, New York: International Publishers.
Matthews, Mervyn (1978) Privilege in the Soviet Union: A Study of Elite Life-Styles
under Communism, London: George Allen and Unwin.
Medvedev, Roy (1989) Let History Judge: The Origins and Consequences of Stalinism,
New York: Columbia University Press.
Menshikov, Stanislav (1969) Millionaires and Managers, Moscow: Progress Publishers.
—— (1990) Catastrophe or Catharsis: The Soviet Economy Today, Moscow and
London: Inter-Verso.
—— (2004a) Anatomia rossiiskovo kapitalizma, Moscow: Mezhdunarodnye
Otnosheniia Publishers.
—— (2004b) “Nash kapitalizm: mezhdu oligarkhicheskim i biurokraticheskim,”
Svobodnaia Mysl’ – XXI, Teorticheskii i politicheskii zhurnal: 10, 1548: 25–32. Online:
http://www.fastcenter.ru/smenshikov/NashKapitalism.htm (accessed 22 April 2006).
Millar, James R. (1994) “The Failure of Shock Therapy,” Problems of Post-
Communism 41, Fall: 21–5.
Millar, James R., Berkowitz, Daniel M., Berliner, Joseph S., Gregory, Paul R., and
Linz, Susan J. (1993) “An Evaluation of the CIA’s Analysis of Soviet Economic
Performance, 1970–90,” Comparative Economic Studies 35, 2, Summer: 33–57.
Miller, John (1993) Mikhail Gorbachev and the End of Soviet Power, London: St
Martin’s Press.
Mises, Ludwig von (1935 [1920]) “Economic Calculation in the Socialist
Commonwealth,” in F.A. Hayek (ed.) Collectivist Economic Planning, London:
Routledge.
Morris, Cynthia Taft (1992) “Insights from Early Capitalism for Eastern Europe
Today,” unpublished paper.
Moses, Joel C. (1992) “Soviet Provincial Politics in an Era of Transition and
Revolution, 1989–91,” Soviet Studies 44, 3: 479–509.
Murrell, Peter (1993) “What Is Shock Therapy? What Did It Do in Poland and
Russia?,” Post-Soviet Affairs 9, 2: 111–40.
Narodnoe khoziaistvo SSSR, statisticheskii ezhegodnik, Tsentralnoe Statisticheskoe
Upravlenie SSSR, Moscow: Finansy i statistika, various years.
Narodnoe khoziaistvo SSSR za 70 let (1987), statisticheskii ezhegodnik, Tsentralnoe
Statisticheskoe Upravlenie SSSR, Moscow: Finansy i statistika.
National Bureau of Statistics of China, China Statistical Yearbook, various years.
Noren, James H. (1990) “The Economic Crisis: Another Perspective,” Soviet Economy
6, 1: 3–55.
Nove, Alec (1975) “Is there a Ruling Class in the USSR?,” Soviet Studies 17, 4: 615–
38.
—— (1983) The Economics of Feasible Socialism, London: Allen and Unwin.
—— (1986) The Soviet Economic System, third edition, Boston: Allen and Unwin.
—— (1989) An Economic History of the USSR, London: Penguin Books.
—— (1991) The Economics of Feasible Socialism Revisited, London: Harper-Collins
Academic.
OECD (1995) Short-Term Economic Indicators: Transition Economies, Paris: Centre
for Co-Operation with the Economies in Transition, various issues.
Ofer, Gur (1987) “Soviet Economic Growth: 1928–1985,” Journal of Economic
Literature 15, 4: 1767–1833.
Pitzer, John S. (1990) “The Tenability of CIA Estimates of Soviet Economic Growth: A
Comment,” Journal of Comparative Economics 14: 301–14.
Pitzer, John S. and Baukol, Andrew P. (1991) “Recent GNP and Productivity Trends,”
Soviet Economy 7, 1: 46–82.
Popkova, Larisa (1987) “Gde pyshneye pirogi,” (Where the Pies are More Scrumptious)
Novyi mir 63, 5: 239–41.
Postan, M. and Rich, E. E. (1952) The Cambridge Economic History of Europe: Trade
and Industry in the Middle Ages, volume 2, Cambridge: Cambridge University Press.
“The Pulse of Europe: A Survey of Political and Social Values and Attitudes” (1991)
Washington, DC: Times Mirror Center for the People and the Press.
Rabkina, N. E. and Rimashevskaia, N. M. (1978) “Raspredelitel’nye otnosheniia i
sotsial’noe razvitie,” Economika i organizatisiia promyshlennogo proizvodstva 5.
Radaev, V. (1993) “Novoe predprinimatel’stvo v rossii” (New Entrepreneurs in Russia),
Moscow: Institute of Economics of the Russian Academy of Sciences.
Reddaway, Peter (1993) “The Role of Popular Discontent,” The National Interest 31,
special issue: 57–63.
Riasanovsky, Nicholas V. (1977) A History of Russia, third edition, New York: Oxford
University Press.
Rigby, T. H. (1988) “Staffing USSR Incorporated: The Origins of the Nomenklatura
System,” Soviet Studies 40, 4: 523–37.
—— (1992) “The Government in the Soviet Political System,” in Eugene Huskey (ed.)
Executive Power and Soviet Politics: The Rise and Decline of the Soviet State, Armonk,
NY: M. E. Sharpe.
Robinson, Neil (1992) “Gorbachev and the Place of the Party in Soviet Reform, 1985–
91,” Soviet Studies 44, 3: 423–43.
Roemer, John E. (1994) A Future for Socialism, Cambridge, Mass.: Harvard University
Press.
Rossiiskii statisticheskii ezhegodnik (1994) Moscow: Goskomstat rossii.
Rossiiskii statisticheskii ezhegodnik (1999) Moscow: Goskomstat rossii.
Russia in Figures, Moscow: Goskomstat rossii, various years.
Rutland, Peter (1991) “Labor Unrest and Movements in 1989 and 1990,” in Hewett and
Winston (1991b).
Rutland, Peter (2003) “Putin and the Oligarchs,” in Dale R. Herspring (ed.) Putin’s
Russia: Past Imperfect, Future Uncertain, Boulder and New York: Rowman &
Littlefield.
Sakwa, Richard (1993) Russian Politics and Society, London: Routledge.
Satter, David (2003) Darkness at Dawn: The Rise of the Russian Criminal State, New
Haven: Yale University Press.
Sawyer, M. (1976) “Income Distribution in OECD Countries,” OECD Economic
Outlook: Occasional Studies July.
Schapiro, Leonard (1960) The Communist Party of the Soviet Union, New York:
Random House.
Schroeder, Gertrude E. (1985) “The Slowdown in Soviet Industry, 1976–1982,” Soviet
Economy 1: 42–74.
—— (1987) “Anatomy of Gorbachev’s Economic Reform,” Soviet Economy 3, 3: 219–
41.
—— (1990) “Crisis in the Consumer Sector: A Comment,” Soviet Economy 6, 1: 56–
64.
—— (1991) “Perestroyka in the Aftermath of 1990,” Soviet Economy 7, 1: 3–13.
—— (1992) “Soviet Consumption in the 1990s: A Tale of Woe,” in Ellman and
Kontorovich (1992a).
Schweickart, David (1992) “Economic Democracy: A Worthy Socialism that Would
Really Work,” Science and Society 56, 1: 9–38.
Shevtsova, Lilliia Fedorovna (1999) Yeltsin’s Russia: Myths and Reality, Washington,
DC: Carnegie Endowment for International Peace.
Statistical Abstract of the United States, Washington DC: US Government Printing
Office, various years.
Statisticheskoe obozrenie, Goskomstat rossii, various issues.
Steele, Jonathan (1994) Eternal Russia: Yeltsin, Gorbachev, and the Mirage of
Democracy, Cambridge, Mass.: Harvard University Press.
Suny, Ronald Grigor (1993) The Revenge of the Past: Nationalism, Revolution, and the
Collapse of the Soviet Union, Stanford, Calif.: Stanford University Press.
Surovell, Jeffery (1991) “Ligachev and Soviet Politics,” Soviet Studies 43, 2: 355–74.
—— (1994) “Gorbachev’s Last Year: Leftist or Rightist?,” Europe–Asia Studies 46, 3:
465–87.
Sweezy, Paul M. (1980) Post-Revolutionary Society: Essays, New York: Monthly
Review Press.
Tarasulo, Issac J. (ed.) (1989) Gorbachev and Glasnost: Viewpoints from the Soviet
Press, Wilmington, Del.: Scholarly Resources Books.
Teague, Elizabeth (1992) “Splits in the Ranks of Russia’s ‘Red Directors’,” RFE/RL
Research Report 1, 35: 6–10.
Thomas, Timothy L. (1995) “Fault Lines and Factions in the Russian Army,” Orbis 39,
4: 531–48.
Ticktin, Hillel (1992) Origins of the Crisis in the USSR: Essays on the Political
Economy of a Disintegrating System, Armonk, NY: M. E. Sharpe.
Tikhomirov, Vladimir (2000) The Political Economy of Post-Soviet Russia, New York:
St. Martin’s Press.
Tolz, Vera and Newton, Melanie (eds) (1990) The USSR in 1989: A Record of Events,
Boulder, Colo.: Westview Press.
Truscott, Peter (2004) Putin’s Progress: A Biography of Russia’s Enigmatic President,
Vladimir Putin. London and New York: Simon and Schuster.
Tsyganov, Yuri (2001) “Farewell to Oligarchs? Presidency and Business Tycoons in
Contemporary Russia,” in Vladimir Tikhomirov (ed.) Russia After Yeltsin, Burlington,
Singapore, and Sydney: Ashgate.
Tucker, Robert C. (ed.) (1978) The Marx–Engels Reader, second edition, New York:
W. W. Norton.
Unger, A. L. (1991) “The Travails of Intra-Party Democracy in the Soviet Union: The
Elections to the 19th Conference of the CPSU,” Soviet Studies 43, 2: 329–54.
Urban, Michael E. (1992) “Boris El’tsin, Democratic Russia and the Campaign for he
Russian Presidency,” Soviet Studies 44, 2: 187–207.
US Bureau of the Census (1961) Historical Statistics of the United States: Colonial
Times to 1957, statistical abstract supplement, Washington DC: US Government
Printing Office.
US Bureau of Economic Analysis, National Income and Product Accounts, various
years. Online: http://www.bea.gov (accessed 3 September 2005).
US Federal Reserve System, Statistical Release H.6, various years. Online:
http://www.federalreserve.gov/releases/h6/ (accessed 5 September 2005).
Varese, Federico (2001) The Russian Mafia: Private Protection in a New Market
Economy, Oxford and New York: Oxford University Press.
Vinokur, Aaron and Ofer, Gur (1986) “Inequality of Earnings, Household Income and
Wealth in the Soviet Union in the 70’s,” Soviet Interview Project, Working Paper 25,
University of Illinois at Urbana-Champaign.
Volkov, Vadim (2002) Violent Entrepreneurs: The Use of Force in the Making of
Russian Capitalism, Ithaca, NY: Cornell University Press.
Ward, Benjamin N. (1967) The Socialist Economy: A Study of Organizational
Alternatives, New York: Random House.
Weir, Fred (1993) “Interview: Fred Weir in Russia,” Covert Action 45: 54–60.
—— (1993–94) “Russia in the Winter of Democracy,” Covert Action 47: 10–64.
Weisskopf, Thomas E. (1992a) “Russia in Transition: Perils of the Fast Track to
Capitalism,” Challenge 35, 6: 28–37.
—— (1992b) “Toward a Socialism for the Future, in the Wake of the Demise of the
Socialism of the Past,” Review of Radical Political Economics 24, 3–4: 1–28.
—— (1994) “Myths and Realities of Privatization in Russia,” Review of Radical
Political Economics 26, 3: 32–40.
White, Stephen (1990) “ ‘Democratization’ in the USSR,” Soviet Studies 42, 1: 3–25.
—— (1992) Gorbachev and After, Cambridge: Cambridge University Press.
White, Stephen, McAllister, Ian, and Kryshtanovskaya, Olga (1994) “El’tsin and his
Voters: Popular Support in the 1991 Russian Presidential Elections and After,” Europe–
Asia Studies 46, 2: 285–303.
Whitesell, Robert S. (1985) “The Influence of Central Planning on the Economic.
Slowdown in the Soviet Union and Eastern Europe: A Comparative Production
Function Analysis,” Econometrica 52: 235–44.
The World Bank (1995) World Development Report 1995: Workers in an Integrating
World, Oxford: Oxford University Press.
—— (1996) World Development Report 1996: From Plan to Market, Oxford: Oxford
University Press.
—— (2002) Transition: The First Ten Years: Analysis and Lessons for Eastern Europe
and the Former Soviet Union, Washington, DC: The World Bank.
—— (2004) “Ownership Concentration in the Russian Economy”, a dataset constructed
by The World Bank. Online: http://ns.worldbank.org.ru/cem/eng/index.htm (accessed
April 27, 2006).
—— (2005) From Transition to Development: A Country Economic Memorandum for
the Russian Federation, March, Washington, DC: The World Bank.
Yavlinsky, G., Fedorov, B., Shatalin, S., Petrakov, N., Aleksashenko, S., Vavilov, A.,
Grigoriev, L., Zadornov, M., Machits, V., Mikhailov, A., and Yasin, E. (1991) 500
Days: Transition to the Market, New York: St Martin’s Press.
Yeltsin, Boris (1990) Against the Grain: An Autobiography, trans. Michael Glenny,
London: Jonathan Cape.
Zaslavskaya, Tatyana (1990) The Second Socialist Revolution: An Alternative Soviet
Strategy, trans. S. M. Davies, Bloomington and Indianapolis: Indian University Press.
Zimbalist, Andrew, Sherman, Howard J., and Brown, Stuart (1989) Comparing
Economic Systems: A Political-Economic Approach, second edition, New York:
Harcourt Brace Jovanovich.
NOTAS
1
Existen algunas disputas en torno de la salida de Yeltsin de la máxima dirección. Yeltsin pronunció un discurso no
programada en el cierre del meeting del comité central de octubre de 1987 que provocó escándalo. Hay acuerdo en que en el
discurso Yeltsin criticó el modo en que la perestroika estaba siendo llevada a cabo, criticando con especial dureza al
destacado diputado del partido Yegor Ligachev. El mes siguiente Yeltsin fue removido de la dirección. Dos temas están en
discusión a este respecto. Uno es que denuncia concernía a la implementación de la perestroika. Se informó en el momento
en que Yeltsin había objetado que el ritmo de cambio era demasiado lento (Gwertzman and Kaufman, 1992, pp. 75-6, 79).
En los años siguientes este punto devino un tema fundamental para Yeltsin. Sin embargo, en un libro reciente, Jonathan
Steele estimó que en el meeting del comité central Yeltsin “reclamó una mayor ralentización” de las reformas (Steele, 1994,
p. 237). El texto oficial del discurso, publicado por Yeltsin (1990, pp. 144-7) admite cualquier interpretación. En relación al
segundo tema, la discusión gira alrededor del problema de si Yeltsin renunció voluntariamente o si fue expulsado en contra
de sus intenciones. Hay consenso de que Yeltsin ofreció su renuncia al jefe del partido en Moscú un mes antes del meeting
del comité central y que en esa reunión ofreció su renuncia al politburó. Pero su discurso fue fuertemente denunciado tanto
por el comité central como por el comité del partido en Moscú, y la percepción pública fue que Yeltsin había sido eyectado
por la dirección.
2
Se emplea aquí el término “ruso” antes que “soviético” debido a que Yeltsin se convirtió en una figura política
específicamente rusa, cuya imagen y popularidad fuera de Rusia era muy distinta que en el territorio ruso.
3
Gwertzman and Kaufman (1992, pp. 31-2). Más tarde, cuando Yeltsin se convirtió en el presidente de la Rusia
independiente, sus críticos contrastaron sus discursos tempranos con su amor por el lujo y su tolerancia hacia la corrupción.
4
Como veremos en el capítulo 11, las credenciales de Yeltsin como demócrata se fueron empañando severamente tras dos
años como presidente de Rusia.
5
Cuando tenía lugar la campaña por las elecciones parlamentarias rusas de marzo de 1990, Yeltsin dijo que “Debemos
hacer a Rusia y a todas las repúblicas más independientes” (Gwertzman and Kaufman, 1992, p. 245).
6
Se hizo un acuerdo por medio del cual uno de los más nuevos diputados del Soviet Supremo renunció para dale lugar a
Yeltsin. Alexei I. Kazannik, un profesor universitario de Omsk, le ofreció su banca a Yeltsin. Gorbachev, que presidía el
Congreso, concertó apresuradamente una votación para aprobar esta sustitución mediante la cual Yeltsin se sumó al Soviet
Supremo (Gwertzman and Kaufman, 1992, pp. 182-3).
7
Al igual que el nuevo parlamento soviético, el reformado parlamento ruso tuvo dos cámaras, un Congreso de Diputados
del Pueblo y una legislatura permanente llama Soviet Supremo. El término “parlamento” es utilizado aquí para mayor
facilidad, excepto en aquellos casos en que es necesario distinguir entre los dos cuerpos parlamentarios.
8
Gwertzman and Kaufman (1992, pp. 244-6).
9
Brudny (1993, pp. 143-4)
10
A comienzos de 1991, Rusia Democrática reclamaba abiertamente la disolución de la Unión Soviética. Este partido trató
sin éxito de persuadir a Yeltsin para que promocionara el voto negativo en el referéndum de ese año sobre la conservación
de la Unión Soviética (Brudny, 1993, pp. 151-2).
11
Brudny estimó que los “demócratas” representaban “en el mejor de los casos el treinta por ciento” de los diputados de la
República rusa electos en marzo de 1990 (Brudny, 1993, p. 145). Otro estudio estima que los candidatos asociados a Rusia
Democrática obtuvieron “más del 20 por ciento de las bancas” (White et al., 1994, p. 285). Partiendo de que Rusia
Democrática no era un partido político formal con una lista de afiliados, se vuelve difícil determinar con precisión cuántos
diputados parlamentarios estuvieron asociados a él.
12
Brudny (1993, p. 146)
13
Gwertzman and Kaufman (1992, pp. 232-3). Algunos conteos posteriores estimaron una participación de más de 300.000
personas (Hewett and Winston, 1991b, p. 518).
14
Miller (1993, p. 152).
15
Sakwa (1993, p. 6).
16
Brudny (1993, p. 146).
17
Gwertzman and Kaufman (1992, pp. 343-4). En los meses anteriores, Gorbachev pareció alejarse de su alianza con los
mercantilistas de su entorno y acercarse hacia los partidarios de una reforma más lenta y de pasos firmes para preservar la
Unión.
18
Se trató de la cámara alta del parlamento ruso, el Congreso Ruso de Diputados del Pueblo, que tenían la autoridad para
reemplazar al presidente del Soviet Supremo.
19
Gwertzman and Kaufman (1992, pp. 351-2). Rusia Democrática tenía la capacidad para organizar demostraciones a favor
de Yeltsin en las ciudades alrededor de Rusia, pero su fuerza era limitada fuera de Moscú y Leningrado. En Yaroslavl y
Volgogrado se estimaron 10.000 manifestantes, en Tula 6.000 y en Smolensk 1.500 (Brudny, 1993, p. 151).
20
Gwertzman and Kaufman (1992, pp. 354)
21
El plan para crear una República rusa presidencialista directamente electa al principio no generó controversias, siendo
originada en junio de 1990 con el apoyo de todas las facciones del parlamento ruso. El plan fue aprobado por casi el 70 por
ciento de los votantes usos en un referéndum realizado en marzo de 1991 (White et al., 1994, pp. 285, 287).
22
Urban (1992, p. 192)
23
White et al. (1994, p. 288). En la sesión crítica del parlamento ruso en el mes de marzo de 1991, Rutskoi lideró un grupo
que había abandonado la facción de comunistas contrarios a Yeltsin y se había unido al campo pro-Yeltsin en el parlamento
(Urban, 1992, p. 189)
24
En abril de 1991, Rusia Democrática declaraba tener 1.3 millones de miembros alrededor de Rusia (Urban, 1992, p. 191)
25
Brudny (1993, p. 152), White et al. (1994, pp. 288-90).
26
Entrevista con Nikolai Ryzhkov, 27 de octubre de 1992. Gennady Burbulis, jefe de la campaña de Yeltsin y quizás su
consejero más cercano y más importante estratega, fue entrevistado en televisión por el popular comentarista Vladimir
Pozner. Según Ryzhkov, cuando Pozner le preguntó a Burbulis si Yeltsin estaba a favor del capitalismo, Burbulis evitó dar
una respuesta directa.
27
Yeltsin no fue el primer revolucionario de la historia en ser prudente con su agenda completa. Fidel Castro inicialmente
prometió a los cubanos una revolución reformista y nacionalista. A menudo el éxito de los revolucionarios a la hora de
ganar el apoyo del público para su programa completo consistió en la realización inicial de un programa limitado.
28
El nombre de la segunda ciudad de la Unión Soviética, Leningrado, cambió por el de San Petersburgo en junio de 1991.
29
La encuesta representó a los residentes de Moscú y San Petersburgo (ex Leningrado). Los votos demostraron
consistentemente que la población de aquellas dos ciudades era mucho más favorable al libre mercado y la privatización que
la población de cualquier otro lugar de Rusia. La encuesta excluyó la porción asiática de Rusia, donde la población era
generalmente más tradicionalista en sus puntos de vista.
30
White (1992, pp. 249-50) cita una encuesta realizada en abril de 1991 en donde encontró que solamente el 3 por ciento se
hallaba a favor de un “capitalismo sin disfraz” para Rusia. Las respuestas de la encuesta varían dependiendo de su
redacción, pero nadie ha informado un estudio de la población general rusa que otorgara un apoyo mayoritario al
capitalismo en aquel tiempo.
31
“The Pulse of Europe” (1991, pp. 88-90, 120, 139).
32
Si el público se hubiera dado cuenta de la dirección que últimamente Yeltsin pensaba tomar para Rusia, probablemente
habrían votado de manera diferente en la elección de junio de 1991. Un estudio de caso sobre los votantes rusos 18 meses
después de la elección, en diciembre de 1992, señaló que solamente la mitad de aquellos que habían votado por Yeltsin para
presidente originalmente votarían de nuevo por él. En diciembre de 1992 los rusos habían pasado 12 meses de un intento de
transición hacia el capitalismo. Una de las características de aquellos que quitaron su apoyo a Yeltsin, según el estudio, fue
la oposición a un sistema en el cual se permitía la acumulación de bienes privados (White et al., 1994, pp. 294-5).
33
White et al., (1994, p. 290).
34
Rutland (1991, p. 291).
35
Gwertzman and Kaufman (1992, p. 190).
36
Un líder huelguista de Prokopyevsk declaró que “nuestro mayor problema es que no tenemos precios adecuados por la
venta al por mayor de nuestro carbón. Por lo tanto, estamos dando la parte del león de nuestro beneficio al estado”, lo que
significaba que los mineros “se mantenían en un nivele de subsistencia”. Agregaba que “cuando consigamos un precio
decente por la venta al por mayor de nuestro carbón, sin pasar por los órganos estatales, entonces podemos empezar a hablar
acerca de la independencia real”. (Canadian Tribune, 4 September 1989, p. 12).
37
El gobierno soviético acordó esta transferencia unos días más tarde (Gwertzman and Kaufman, 1992, pp. 360-1).
38
Rutland (1991, p. 311), Filtzer (1994, pp. 101-8), Clarke et al. (1993, c. 7). A pesar de la alianza formada entre varios de
los líderes mineros y Yeltsin, no todos los primeros apoyaron a este último. En mayo de 1991, los mineros en Keremovo
realizaron una manifestación bajo el slogan “Yeltsin y Gorbachev, dos botas del mismo par” (Urban, 1992, pp. 203-4). En
las elecciones presidenciales de junio, Yeltsin obtuvo más votos en el Kuzbass que otro candidato, A. Tuleev, la cabeza del
soviet regional y minero él mismo. (Clarke et al., 1993, p. 167, White et al, 1994, p. 290).
39
Clarke et al., (1993, p. 163), Gwertzman and Kaufman (1992, p. 361).
40
El análisis en esta sección fue influenciada por el trabajo seminal de Ronald Suny sobre la cuestión nacional en la Unión
Soviética (Suny, 1993).
41
En 1989 los rusos eran el 38 por ciento de la población de soviética de Kazajstán, comparado con el 40 por ciento de
aquellos de aquellos de nacionalidad kazaja. En Letonia los rusos eran el 34 por ciento comparado con el 52 por ciento de
los letones.
42
Lewin (1995, p. 271).
43
Hobsbawm (1990, c. 1), Suny (1993), Gellner (1983).
44
Suny (1993, c. 3).
45
La República rusa misma tenía una forma federativa, contando con 16 “repúblicas autónomas” étnicamente definidas en
su interior. Suny (1993) argumenta que la forma federativa del estado soviético fue en realidad una violación al pensamiento
más temprano de los bolcheviques sobre las nacionalidades, el cual sostenía que, mientras las nacionalidades minoritarias
debían tener el derecho de escindirse del estado, un estado socialista debería tener un carácter unitario antes que federativo
para aquellas nacionalidades que decidieran seguir formando parte del mismo.
46
Incluso Estonia y Letonia carecieron de estados independientes antes de 1917.
47
En 1897, los hablantes bielorrusos constituían solamente el 9 por ciento de la población de Minsk, la cual sería la capital
de la República Soviética de Bielorrusia. La mayoría hablaba yiddish. En la vecina Lituania de aquella época, el 40 por
ciento de la población de Vilna eran judíos y el 31 por ciento eran polacos. (Suny, 1993, pp. 31, 36).
48
Suny, (1993, pp. 40, 43).
49
Muchos armenios se resintieron con el fracaso de las autoridades soviéticas en su reclamo a Nagorno-Karabakh.
50
La demanda de soberanía implicaba la devolución de un significativo poder de estado al nivel de la república mientras se
mantenía como parte de la federación soviética.
51
Además de las repúblicas bálticas, en las elecciones republicanas de marzo de 1990 también se formaron parlamentos con
mayorías pro-independencia en Armenia, Georgia y Moldavia (Miller, 1993, p. 157).
52
El Soviet Supremo de la Unión Soviética aprobó una ley en abril de 1990 que exigía dos tercios de los votos del
electorado para que una república pudiera separarse (Miller, 1993, pp. 157, 235 nota 36). Gorbachev insistió en que el voto
de una legislatura de la república era insuficiente.
53
Las otras tres repúblicas que se inclinaban hacia la independencia a ese punto -Armenia, Georgia y Moldavia- tenían un
total del 4.6 por ciento de la población soviética.
54
Entrevista con el ex primer ministro Nkolai Ryzhkov, 27 de octubre de 1992.
55
Brudny (1993, p. 145).
56
Gwertzman and Kaufman (1992, pp. 274-6).
57
El este de Ucrania se hallaba muy rusificado, en tanto que la parte oeste lo estaba en una proporción mucho menor. Partes
de Ucrania occidental habían sido en el pasado una parte de Polonia.
58
New York Times, 30 de agosto 1991, pp. A1, A11.
59
Gwertzman and Kaufman (1992, p. 299).
60
Gwertzman and Kaufman (1992, p. 332).
61
La redacción de la pregunta era la siguiente: “¿Apoya usted la preservación de la unión como una federación renovada de
repúblicas soberanas en donde los derechos de una persona de cualquier nacionalidad están plenamente garantizados?”
(Gwertzman and Kaufman, 1992, p. 348; Suny, 1993, p. 150). La campaña activa en contra del referéndum llevada a cabo
por Rusia Democrática en Moscú y Leningrado produjo votos de solo el 50.0 por ciento y 50.5 por ciento a favor
respectivamente en esas ciudades (Brudny, 1993, p. 152).
62
Karasik (1992, p. 400). El voto “sí” fue del 70.2 por ciento en Ucrania, 71.3 por ciento en Rusia, 82.7 por ciento en
Bielorrusia y más del 90 por ciento en Azerbaiyán y en cada una de las repúblicas de Asia central.
63
Miller (1993, p. 186).
64
Esto mismo era cierto en algunas direcciones de otras repúblicas, particularmente las de Báltico y Georgia, en donde los
movimientos nacionalistas buscaban no solo la independencia, sino también una economía capitalista.
65
Surovell (1994) provee un análisis interesante del “giro a la derecha” de Gorbachev en este período.
66
Miller (1993, p. 173).
67
Pravda, 1 de marzo de 1991, p. 2.
68
El “9 más 1” refería a las cabezas de las nueve repúblicas que estaban dispuestas a negociar un tratado de unión nuevo,
más el presidente del Soviet, Gorbachev. Las seis repúblicas restantes -los tres estados del Báltico y Armenia, Georgia y
Moldavia- no participaron.
69
Hewett and Winston (1991b, p. 531). El acuerdo implicaba también la aceptación del derecho de las seis repúblicas no-
participantes de abandonar la Unión.
70
En esta presentación del proyecto del programa para el Congreso del Partido, Gorbachev buscó pacificar a los
tradicionalistas afirmando que “el Partido debe expresar y proteger los intereses de los trabajadores” y asegurando a los
delegados que “nosotros hemos sido y seguiremos siendo adherentes a una estructura socialista para la vida de la sociedad”.
Sin embargo, echó por la borda muchas posiciones comunistas tradicionales que habían sobrevivido hasta entonces al
proceso de la perestroika. Por ejemplo, admitiendo que el comunismo era apenas mencionado en el proyecto del programa,
negó que la meta del comunismo “es realmente alcanzable en un futuro previsible” (Gorbachev, 1991).
71
No obstante, algunos analistas creen que comenzaron a discutir el golpe varios meses antes (Miller, 1993, pp. 176-7).
72
New York Times, 20 de agosto de 1991, p. A13. A pesar de su clara oposición al capitalismo, la declaración era muy cauta
y no mencionó en realidad la palabra “socialismo”.
73
New York Times, 20 de agosto de 1991, pp. A12, A13
74
Las primeras noticias informaban la identificación del vehículo, un camión blindado sobre el cual Yeltsin presentó su
desafiante discurso anti-golpista.
75
Sin embargo, Yeltsin ya no era capas de movilizar a la clase obrera que en este momento era partidaria de la reforma
socialista. No se llevó a cabo ninguna huelga general. Los obreros de Rusia permanecieron como observadores pasivos de
esta coyuntura.
76
New York Times, 20 de agosto de 1991, p. A10. Como sucedió en otras manifestaciones de Moscú entre 1989 y 1991, las
cifras aumentaron en los relatos posteriores.
77
New York Times, 22 de agosto de 1991, p. A14.
78
Miller (1993, p. 181).
79
Entrevista con Konstantin Borovoi, líder de la Bolsa de Valores de Rusia, el 12 de enero de 1994. de acuerdo al
especialista americano-soviético Marshall Goldman, “un sorprendente número de nuevos empresarios” estaba presente entre
la multitud fuera de la Casa Blanca (Goldman, 1994, p. 27).
80
New York Times, 23 de agosto de 1991, pp. A1, A12.
81
No existe ironía en esto, el golpe fue llevado a cabo por funcionarios del estado soviético, no por funcionarios del partido.
Yeltsin sustituyó a la suspensión temporal del Partido Comunista con una prohibición permanente el 6 de noviembre de
1991 (Sakwa, 1993, p. 419).
82
Gwertzman and Kauffman (1992, p. 446).
83
El 1 de diciembre de 1991, casi el 90 por ciento de los votantes ucranianos aprobó la independencia en un referéndum
(New York Times, 3 de diciembre de 1991, p. A1). Sin Ucrania, la segunda república más poblada y la fuente de gran parte
de la producción de cereales de la Unión Soviética, esta última no era viable.
84
New York Times, 18 de septiembre de 1991, p. A1.
85
Sin embargo, a la intelligentsia no le fue bien con el nuevo sistema que muchos de ellos habían luchado por llevar a cabo.
86
Garraty and Gay (1985, pp. 1028-31).
87
Mientras la agenda política de la coalición pro-capitalista era, en nuestra opinión, el factor primordial que condujo a la
ruptura soviética, otras fuerzas centrífugas operaron también en Europa del este y en la ex Unión Soviética durante el
período bajo consideración. Para que un gran estado-nación moderno sea estable se requiere la presencia de un tipo de
sistema económico que pueda obligar a los estados-nación a mantenerse unidos. Tanto el capitalismo como en el socialismo
de estado probaron ser capaces de servir a esta fundón. Como el socialismo de estado fue desmantelado en Europa del este y
la Unión Soviética, y un sistema capitalista un sistema capitalista no se desarrolló de inmediato, el resultado fue la ausencia
de todo tipo de sistema económico cohesivo y la promoción de tendencias hacia la fragmentación regional de los estados-
nación.
88
* Con este concepto se denominó el traspaso de la economía planificada hacia una economía de mercado por medio de una
reforma radical que incluía liberalización, estabilización y privatización. La “terapia de choque” fue anunciada por Yeltsin
en octubre de 1991, momentos antes de la disgregación de la Unión Soviética. (Nota del traductor)
Financial Times, 19 de diciembre de 1991, p. 1.
89
New York Times, 14 de enero de 1992, p. A3.
90
En febrero de 1992, Rutskoi intensificó su crítica al programa económico del gobierno, entregando un discurso
condenatorio en una convención de nacionalistas extremos los días 8 y 9 de febrero (Hahn, 1994, pp. 314-15). De todos
modos, estos ataques encontraron pequeño apoyo fuera de nacionalistas aislados y grupos políticos comunistas.
91
Arkady Voslky había sido un ex jerarca del apparatchik del PCUS que se convirtió en un defensor de Yeltsin en 1991. La
Unión Cívica estuvo formada originalmente por tres partidos políticos: la Unión de Todos los Rusos “Renovación”, liderado
por Volsky; el Partido Democrático de Rusia, liderado por Nikolai Travkin; y el Partido Nacional de Rusia Libre, conducido
por el vicepresidente Rutskoi y por V. Lapitsky (Hahn, 1994, p. 314).
92
Algunos líderes de la Unión Cívica, incluyendo a Volsky, hablaron abiertamente sobre las ventajas del “modelo chino”.
Estos argumentaron que la estrategia económica china podía ser llevada adelante en Rusia dentro del marco de instituciones
políticas democráticas.
93
Para una discusión del programa económico de la Unión Cívica, véase Ellman (1993). Ninguna de las múltiples versiones
de este programa económico fueron nunca formalmente adoptadas por la Unión Cívica, incluso cuando jugaron un papel
más destacado en los debates sobre política económica en 1992.
94
Weir (1993-94, p. 14).
95
Los Reformistas Moderados “eran significativamente menos optimistas acerca de la factibilidad de un cambio rápido, e
instaron a que se prestara atención a las peculiaridades del contexto soviético en la formulación de reformas” (Kullberg,
1994, p. 943).
96
Kullberg (1994) argumenta que esta era una razón mayor para la división que surgió entre el parlamento y el presidente.
97
New York Times, 15 de diciembre de 1992, p. A16.
98
Fyodorov exigió que Yeltsin demostrara su compromiso hacia la terapia de choque con el despido del presidente Viktor
Gerashchenko, amenazando con renunciar si su demanda no era atendida. Yeltsin aceptó en cambio la renuncia de
Fyodorov.
99
Moscow Times, 21 de enero de 1994, p. 1, y New York Times, 22 enero de 1994, p. 4. El consejero económico occidental
Anders Åslund remarcó que “Rusia realmente abandonó ahora el curso de las reformas fundamentales” (New York Times,
ibid.).
100
Después de julio de 1992, Gerashchenko alivió de alguna manera la política monetaria modificando aquella otra
extremadamente rígida que había tenido vigencia durante la primera mitad de 1992, pero igualmente la política monetaria
continuó estando relativamente controlada. La política fiscal también fue asimismo relajada, aunque permaneció cerca de
los objetivos del FMI.
101
La única excepción fue la privatización, que no pudo ser completada sin la cooperación del parlamento. Solamente
después de que el parlamento fue disuelto la privatización pudo ser completada.
102
Rusia difiere de China en cierto número de aspectos que son aquí relevantes. Las críticas de los centralistas se basaron en
el reclamo por un modelo similar al chino, notando que Rusia ya no disponía de un partido político fuerte para guiar el
estado y la economía, su población es mayoritariamente urbana que rural, y no tiene una gran oferta de mano de obra rural
barata a la que puedan recurrir las nuevas industrias. Los defensores de tal dirección para Rusia argumentan que, a pesar de
estas diferencias, una versión de transformación gradual a medida de las condiciones de Rusia funcionaría con eficiencia.
103
Gaidar recibió apoyo financiero y político de varios banqueros importantes. Uno de ellos fue Oleg Boyko, el jefe
ejecutivo de la compañía financiera Konsern Olbi y presidente del Bank Natsionalni Kredit. Boyko
104
En 1995 Grigory Yavlinsky, un economista liberal y aspirante a candidato presidencial, criticó al gobierno de Yeltsin por
“su capitulación ante una pequeña elite empresaria que se está enriqueciendo con sus políticas económicas” (New York
Times, 14 de septiembre de 1995, p. A27).
105
Teague (1992).
106
Poco después de que Yeltsin nombró al ex director de empresa Vladimir Shumeiko en el puesto de viceprimer ministro
en junio de 1992, Shumeiko remarcó que “Hay una necesidad de una clase de propietarios y… todos aquellos que están
ahora preocupados por la producción tienen derecho a un alto rango en esta clase” (Hahn, 1994, p. 315, citando Moscow
News, 24, 15-22 de junio de 1992, p. 6). Parte de la oposición de los industrialistas al programa de Gaidar pudo haber sido
el resultado del temor, probablemente bien fundado, de que Gaidar intentara que la nueva clase de capitalistas en Rusia
debía excluir en gran parte a los directores de empresa. Mientras la Unión Cívica hizo un llamamiento por una estrategia
completamente diferente para la construcción del capitalismo, parte del apoyo de los directores de empresa quizás estuvo
basado principalmente en la preocupación de que fueran incluidos en la nueva clase capitalista, en lugar de una oposición
profundamente arraigada a la terapia de choque.
107
Un economista ruso bien posicionado, Anatoly I. Miliukov, estimó que el 10 por ciento de la industria rusa había actuado
“relativamente bien” en los años de la terapia de choque, principalmente al buscar mercados de exportación en los cuales
pudieran competir con eficacia. Miliukov fue la cabeza del Servicio Analítico Experto del Soviet Supremo en 1992-93 y
más tarde se convirtió en vicepresidente del Mosbiznesbank (entrevista, 15 de junio de 1994).
108
Ver Figura 10.3.
109
El primer ministro Chernomyrdin “reporta que posee una participación financiera de gran tamaño” en Gazprom (New
York Times, 9 de septiembre de 1995, p. 3).
110
Algunos argumentan que los ex industrialistas en el gobierno fueron, en la práctica, más efectivos al implementar la
terapia de shock que los economistas liberales. Los economistas rusos y el ex primer ministro del Soviet de Diputados
Leonid Abalkin remarcó que, en los hechos, Chernomyrdin fue un monetarista más estricto que Fyodorov (entrevista, 14 de
junio de 1995). Se dice que tanto Gaidar y Fyodorov hablaron con severidad, pero a menudo cedieron a la presión para
obtener más créditos de la industria y la agricultura, en tanto que Chernomyrdin habló de la necesidad de apoyar a la
industria mientras resiste incondicionalmente las demandas por subsidios.
111
Inicialmente, los dos más grandes fueron el Partido Comunista Obrero Ruso, una organización leninista, y el Partido
Socialista de los Trabajadores, que tenía un programa reformista y apelaciones similares a las del PCUS en el final del
período de la Perestroika.
112
Los dos más influyentes al principio fueron la Unión de Todo el Pueblo Ruso, de Sergei Baburin, y la más extrema
Asamblea Nacional Rusa (o Sobor, como era llamada).
113
Las dos partes de esta alianza estaban en desacuerdo sobre el socialismo, el cual fue, por supuesto, favorecido por los
comunistas pero no por muchos de los nacionalistas, y sobre el internacionalismo, en el cual muchos comunistas todavía
creían. Tal vez el tema unificador más importante fue el llamamiento a la conformación de un estado ruso fuerte.
114
De acuerdo con Ludmilla Vartazarova, una de las líderes del Partido Socialista de los Trabajadores, el PCFR tuvo tres
facciones principales en ese período: una facción patriótica-estatista, una facción comunista ortodoxa y una facción
democrático-socialista. (Entrevista con Ludmilla Vartazarova, 13 de junio de 1995).
115
Yavlinsky criticó varias políticas del gobierno de Yeltsin, pero su grupo mantuvo una fuerte orientación pro-Occidente y
pareció tener solamente diferencias menores sobre la política económica con el gobierno. Después del comienzo de la
guerra en Chechenia en 1994, las críticas de Yavlinsky al gobierno devinieron mucho más nítidas.
116
Para obtener algunas bancas en el voto por partidos políticos, un partido debía recibir al menos el 5 por ciento del total de
votos emitidos para los partidos.
117
Cada partido que superaba el umbral del 5 por ciento en el voto para partido recibía un número proporcional de asientos
en la Duma a partir de su lista de partidos, y los partidos podían también lograr asientos para la Duma por la entrada de
candidatos en los 225 concursos de la circunscripción geográfica. La parte (b) de la Figura 11.1 muestra el porcentaje total
de las bancas de la Duma ganadas a través de ambos mecanismos.
118
Zhirinovsky recibió un gran cobertura en la televisión controlada por el estado, provocando en algunos analistas la
especulación de que Yeltsin esperaba que Zhirinovsky se apoyaría en el voto comunista, dividiendo y debilitando a la
oposición.
119
Resultados finales de la Comisión Central de Elección reportados en el New York Times, 26 de diciembre de 1993, p. 18.
120
Mientras Gaidar, el líder de Opción Democrática, fue un crítico abierto de la guerra en Chechenia, sobre otros temas fue
un férreo defensor del gobierno.
121
Reporte del Servicio de Prensa de la Duma, febrero de 1996.
122
A menudo se ha dicho que Yeltsin era la única figura electa por el electorado ruso entero, los diputados parlamentarios
habían sido elegidos en distritos electorales individuales. Sin embargo, hablando estrictamente eso no era cierto. Yeltsin fue
electo presidente como parte de un equipo de dos candidatos: Yeltsin para presidente y el oficial militar popular Rutskoi
para vicepresidente. Cuando Rutskoi se volcó hacia la dirección del parlamento contra las políticas de Yeltsin, esto debilitó
el reclamo de Yeltsin por una mayor legitimidad democrática.
123
Observación hecha por Fred Weir.
124
Weir (1993, p. 56).
125
Una comisión presidencial anti-corrupción acusó a Rutskoi de poner millones de dólares de fondos del estado en una
cuenta de un banco suizo (New York Times, 19 de agosto de 1993, p. A15). La Oficina del Procurador de Moscú desestimó
los cargos por considerarlos infundados, concluyendo que estaban basaos a partir de documentos falsos (OMRI Resumen
Diario, parte I, No. 242, 14 de diciembre de 1995).
126
Ver, por ejemplo, Weir (1993-94).
127
Los medios occidentales se referían regularmente al parlamento como el “parlamento de la era soviética”, aun cuando
éste ya no era una institución soviética desde la presidencia de Yeltsin El parlamento fue el primero en Rusia seleccionado
en su totalidad por concursos con varios candidatos en distritos electorales de igual tamaño.
128
Weir (1993-94, p. 62).
129
Las disposiciones de la nueva constitución rusa descriptas aquí son tomadas de Levy (1994ª) y (1994b). Levy es un
abogado radicado en Moscú.
130
Rossiiskie vesti, 25 de diciembre de 1993, p. 1.
131
New York Times informó que el electorado, tal como notificaba la Comisión Central de Elección, pasó de 107 millones a
106.3 millones, y de allí a 105.284 millones unos pocos días antes de la elección (New York Times, 15 de diciembre de
1993, p. A18).
132
New York Times reportó que la encuesta de opinión en Izvestia mostraba un pequeño apoyo a la acción militar en
Chechenia (24 de diciembre de 1994, p. 4).
133
Gaidar se quejó de que, tras sus críticas a la acción militar, no pudo más conversar con Yeltsin por teléfono (New York
Times, 16 de diciembre de 1994, p. A16).
134
Dawisha y Parrot (1994, p. 68).
135
New York Times, 10 de diciembre de 1994, p. 4, informa que el decreto del presidente Yeltsin autorizando el uso de
“todas las medidas disponibles del estado” para terminar con la insurgencia chechena fue la formalización de una decisión
del Consejo Nacional de Seguridad.
136
En una encuesta a escala nacional realizada a 1.035 personas en Rusia llevada a cabo en abril de 1995 por la revista U.S.
News and World Report, solamente el 9 por ciento de los encuestados pensaba que Yeltsin merecía ser reelecto como
presidente (Associated Press, 28 de abril de 1995, Washington).
137
Cuando comenzó la guerra de Chechenia, Yeltsin ingresó en un hospital para realizarse una cirugía en la nariz. Se
mantuvo aislado allí por varias semanas.
138
New York Times, 24 de diciembre de 1994, p. 4. El ex fiscal federal Alexei Kazannik (la misma persona que había
renunciado a su banca en el Soviet Supremo de la URSS para hacer lugar a Yeltsin en 1989) destacó que “Todos saben que
tienes que ir al Gen. Korzhakov, si deseas que se tome una decisión dudosa o que se firme un decreto ilegal”. Se informó
que la oposición de Korzhakov hundió un plan apoyado por el Banco Mundial para liberalizar las cuotas de exportación de
petróleo de Rusia. (Associated Press, 23 de diciembre de 1994, Moscú).
139
New York Times, 20 de diciembre de 1994, p. A14.
140
Sin embargo, existían también conflictos entre la economía capitalista y el estado democrático en el Oeste. La
desigualdad económica del capitalismo corre contra la igualdad política de los ciudadanos que debe ser la base de toda
democracia genuina. Y una economía capitalista permite a los jefes de las grandes empresas para tomar decisiones
importantes que afectan a la población sin demasiado interés para las instituciones políticas democráticas. Algunos
argumentan que, en el capitalismo actual, los conflictos entre el capitalismo y la democracia probablemente crezcan
(Bowles and Gintis, 1987).
141
Esto refiere al golpe militar en Chile dado en 1973 por el general Augusto Pinochet. Pinochet derrocó el gobierno
socialista electo de Salvador Allende y procedió a implementar un programa económico diseñado por los monetaristas del
conservador Departamento Económico de la Universidad de Chicago. Pinochet llevó adelante su golpe de estado con
enorme violencia y represión; decenas de cientos de partidarios del gobierno de Allende fueron asesinados por los militares.
No está claro si los defensores rusos de la opción “Pinochet” están defendiendo la supresión despiadada y una violencia
similar a la que tuvo lugar en Chile, o más bien una forma más leve de autoritarismo dirigido a la creación rápida de
instituciones capitalistas en Rusia.